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Entrevista. Fernando Soler

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

¡El cine es para divertir y emocionar!

En una charla de 1975 con Eugenia Mayer, el actor relata sus inicios en el teatro y el cine, las vicisitudes en la actuaciA?n y la direcciA?n, y sus discrepancias con la cinematografAi??a vista como enseAi??anza o dirigida a pA?blicos especializados

Fernando Soler, El Indiano, dirigida por F. soler, 1954. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Fernando Soler, El Indiano, dirigida por F. soler, 1954. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

A?QuiAi??n no ha visto las pelAi??culas de la Ai??poca de Oro del cine mexicano con actores como Fernando Soler en sus diversas caracterizaciones? Muchos recordarA?n al bohemio y parrandero don Chucho en un mano a mano actoral con JoaquAi??n PardavAi??; el inocente y pAi??caro don Susanito, de la comedia MAi??xico de mis recuerdos; al padre autoritario y estricto del melodrama familiar Una familia de tantas; o al padre borrachAi??n de la comedia de enredos El gran Calavera; asAi?? como al inolvidable norteAi??o irresponsable Cruz TreviAi??o MartAi??nez de la Garza, compartiendo actuaciA?n estelar con Pedro Infante, en La oveja negra.

Fernando Soler, cuyo verdadero nombre era Fernando DAi??az PavAi??a, es considerado como uno de los mejores actores que ha tenido el cine mexicano, principalmente por su calidad histriA?nica y su naturalidad interpretativa. Fue miembro de una familia de artistas -la inastAi??a Soler- vinculados al teatro y a la industria cinematogrA?fica, ocupando un lugar destacado como actores, guionistas, productores y directores.

Hijo de padres espaAi??oles, Fernando Soler naciA? en Saltillo, Coahuila, el 24 de mayo de 1903. Al inicio de la revoluciA?n la familia Soler emigrA? a California, donde Fernando estudiA? administraciA?n, al mismo tiempo que su padre formaba el Cuarteto Infantil Soler con Ai??l y tres de sus hermanos -Irene, AndrAi??s y Domingo-, empezando desde entonces, su carrera artAi??stica. Siendo mayor de edad formA? su propia compaAi??Ai??a en La Habana con la que recorriA? gran parte del continente americano hasta que se estableciA? en la ciudad de MAi??xico en donde realizarAi??a una larga y exitosa carrera artAi??stica en la industria fAi??lmica nacional, siendo protagonista de mA?s de un centenar de pelAi??culas y director de mA?s de 22 filmes. Contrajo matrimonio con la actriz Sagrario GA?mez Seco, con quien vivirAi??a hasta su muerte en 1979.

Eugenia Meyer entrevistA? a Fernando Soler el 15 de junio de 1975, para el Programa de Historia Oral del Cine Mexicano, del Departamento de EtnologAi??a y AntropologAi??a Social del INAH (PHO/2/19). La conversaciA?n fue editada y publicada, junto con el testimonio de un grupo de creadores del cine nacional, en sus diferentes especialidades, en los Cuadernos de la Cineteca Nacional. Testimonio para la historia del cine mexicano (coord. Eugenia Meyer), SecretarAi??a de GobernaciA?n, 1975.

No obstante su precaria salud, Soler estuvo dispuesto a conceder la entrevista en la que recordA? algunos momentos de su vida artAi??stica, expresA? su amor por el teatro y su experiencia en la industria cinematogrA?fica, reflexionando sobre las distintas etapas del cine en MAi??xico. A continuaciA?n, presentamos una selecciA?n de textos de aquella entrevista de Eugenia Meyer.

El teatro y el cine

Se me metieron porque sAi??; realmente nunca me he puesto a analizar las razones. Antes, lo A?nico que quise ser fue mAi??dico o aviador, despuAi??s actor; toda mi vida lo he sido, hasta la fecha. En teatro he hecho de todo y he tenido muchas satisfacciones a lo largo de mi vida. Lo que mA?s me atrae es la tragicomedia; prueba de ello es que mis mA?s grandes aciertos han sido siempre en ese gAi??nero.

En el teatro, unos dAi??as se siente uno genial y otros, un ignorante. A veces lo hace uno mejor, estA? sublime. No olvidemos que el actor no es una mA?quina sino un ser. Por eso, con una sala medio vacAi??a, el artista se desconsuela y le cuesta mucho entregarse; pero si la ve llena da todo su entusiasmo.

Tengo personajes y obras preferidas, como son Cyrano de Bergerac, que hice en Bellas Artes; Bajo el puente, El cAi??rculo de yeso y El verdugo de Sevilla.

En MAi??xico debutAi?? con mi compaAi??Ai??a en el Teatro Ideal, que estaba en las calles de Dolores. Obtuve grandes aplausos. En aquella Ai??poca trabajA?bamos todos los dAi??as y simultA?neamente montA?bamos las piezas nuevas. Hubo un momento en que cambiA?bamos de obra cada semana. Las entradas resultaban muy baratas; creo que costaba dos pesos la luneta y uno cincuenta general. Yo, como jefe de la compaAi??Ai??a, no tenAi??a sueldo fijo, a veces podAi??a sacar veinte, treinta o cuarenta pesos diarios.

En 1930 me llamaron para debutar en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid. En esa ocasiA?n me estaba jugando la carrera porque todo el mundo -los periodistas y los amigos de AmAi??rica- me decAi??an que esa era la oportunidad para consagrarme en EspaAi??a y llegar a la meta. El triunfo fue rotundo. Junto con mi propio elenco permanecAi?? allA? durante tres temporadas consecutivas. Mi esposa, Sagra del RAi??o, iba como primera actriz y yo como actor principal. Recuerdo en una ocasiA?n que Ai??bamos de gira, nos tocA? el cambio de gobierno; subimos en Albacete al tren siendo monA?rquicos y bajamos en Valencia como republicanos. Se habAi??a hecho la transformaciA?n, pero los disturbios no los aceptAi?? nunca; fueron completamente ajenos a mAi??.

En esta Ai??poca me solicitaron de ParAi??s (aA?n el cine mudo estaba en pleno apogeo) para filmar una cinta sonora que se llamA? CuA?ndo te suicidas. LlevarAi??a el papel estelar junto con la actriz espaAi??ola Imperio Argentina. Era una comedia y la Paramount decidiA? contratarme. A pesar de que antes habAi??a hecho unas cuantas pelAi??culas mudas en Hollywood junto con mi hermana Irene, al iniciar esta producciA?n en Francia sentAi?? unos nervios espantosos; no me di cuenta de lo que pasaba dentro de mAi??; era como romper un enigma.

Cartel, El Gran Calavera.

Cartel, El Gran Calavera.

RegresAi?? de Paris y empecAi?? a dedicarme en serio al cine. Fui advirtiendo la enorme variedad de tAi??cnicas que existen para expresar un mismo parlamento. Desde el principio notAi?? las diferencias entre cine y teatro. Aunque he sido un actor excesivamente natural y no me costA? gran esfuerzo pasar de un escenario a un foro cinematogrA?fico, sAi?? percibAi?? cierta modificaciA?n. En el teatro hay que utilizar el gesto, la palabra, el ademA?n para llegar hasta las A?ltimas filas; mientras que el cine es un acto de gigantes; estA?s tan grande que tienes que condensar tu presentaciA?n, si no, resultas artificial. Mis primeras intervenciones estaban un poco sobreactuadas, asAi?? las veo ahora, pero poco a poco fui tomando confianza frente a las cA?maras, como si estuviera en mi casa.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.