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Historia de una casa solariega

Laura SuA?rez de la Torre
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

La vivienda del siglo XVIII que alguna vez fuera remanso vacacional para ValentAi??n GA?mez FarAi??as, saqueada durante la ocupaciA?n de las tropas estadunidenses y en cuyo huerto fuera enterrado tras su muerte, hoy se fragmenta en biblioteca, librerAi??a, aulas, espacios para exposiciones y conferencias, y por su puerto aquel huerto, reconvertido en jardAi??n que sigue dando el mismo sentido de tregua que buscaba el reformista liberal. Es la casa del Instituto Mora.

Foto

Siglo XIX

VivAi??a en la Calle del Indio Triste en pleno corazA?nAi??de la ciudad de MAi??xico. De ahAi?? salAi??a a trabajar comoAi??diputado por Zacatecas, senador o vicepresidente deAi??la repA?blica. Al igual que muchos otros mexicanos,Ai??buscarAi??a tener una casa de campo en los alrededores deAi??la ciudad. En Mixcoac, ese pueblo ai???risueAi??o y florido deAi??aire saludableai???, que despertaba todas las maAi??anas con lasAi??campanas de sus iglesias, la de San Juan Evangelista y laAi??de Santo Domingo, allAi??, ValentAi??n GA?mez FarAi??as comprA?Ai??un inmueble del siglo XVIII con corral y caballeriza,Ai??pozos para el agua, chimeneas que paliaban el frAi??o yAi??una huerta de hermosos A?rboles frutales que dabanAi??duraznos y peras y compartAi??an el terreno con los cedrosAi??y las magnolias. ??????????????????????????????????????????Era una ai???casa solariega para el veranoai???Ai??que habAi??a ai???adquirido por 2 750 pesosai??? y se encontrabaAi??en ai???malas condicionesai???, pero le servirAi??a de remansoAi??frente a los problemas polAi??ticos, financieros y de saludAi??que le acosaban.

Fue la casa que lo esperaba en 1845 tras su exilio enAi??Estados Unidos, entre Nueva Orleans y Filadelfia. AAi??ella se trasladA? con su esposa Isabel y sus cuatro hijos,Ai??FermAi??n, Ignacia, Benito y Casimiro. Ai??l cumplAi??a enAi??la ciudad con sus compromisos polAi??ticos, mientras laAi??familia pasaba sus dAi??as en el barrio de ManinaltongoAi??frente a la iglesia de Nuestra SeAi??oraAi??de Guadalupe, nombrada de San Juan, en elAi??pueblo de Mixcoac. AllAi?? Isabel se ocupaba deAi??ordenar todo lo necesario para que la cotidianidadAi??familiar fuera placentera.

En agosto de 1847 la vida del pueblo seAi??alterarAi??a pues las tropas estadunidenses sentaronAi??allAi?? sus reales. La casa fue saqueadaai??i??Ai??y quedaron como mudos testigos los murosAi??altos y anchos de los salones, del comedor, deAi??la cocina, de la sala y de las recA?maras. LosAi??GA?mez FarAi??as padecieron los estragos de laAi??invasiA?n y tuvieron que repararlaai??i??

ValentAi??n GA?mez FarAi??as, el impulsor de lasAi??reformas liberales que por su carA?cter laicoAi??causaron tanta inquietud en la sociedad, vioAi??su sueAi??o realizado pues apenas un aAi??o antesAi??de su muerte firmA? la ConstituciA?n de 1857.Ai??16910Fue enterrado en la huerta de la casa puesAi??no se permitiA? que sus restos descansaran enAi??la iglesia, la de San Juan Evangelista, la queAi??estaba enfrente de su vivienda de verano. LA?gico:Ai??si Ai??l habAi??a promovido los cambios queAi??atentaban contra el clero… Con el paso de losAi??aAi??os, hacia finales del siglo XIX, el MixcoacAi??pueblerino se fue abriendo a la modernidadAi??que se irAi??a instalando lentamente alrededor deAi??la plaza que alguna vez tuvo un quiosco. LosAi??maizales quedarAi??an sin siembra. El tranvAi??aAi??pasarAi??a enfrente de la plazaAi??y las calles tomarAi??an nuevosAi??nombres. El alumbradoAi??elAi??ctrico llegarAi??a poco aAi??poco; las pulquerAi??as perecerAi??anAi??ante el embate de lasAi??bebidas modernas comoAi??las cervezas. La ladrilleraAi??Noche Buena darAi??a paso alAi??Parque Hundido, la tierraAi??de las calles se convertirAi??aAi??en asfalto y los vecinos antesAi??todos conocidos ya no lo serAi??an porque lasAi??viejas y sencillas casas irAi??an desapareciendo aAi??lo largo del siglo XX, demolidas por el crecimientoAi??urbano que hizo del antiguo puebloAi??una colonia al sur de la ciudad de MAi??xicoAi??con nuevas casas y edificios. No obstante, laAi??transformaciA?n del espacio, la casa permanecerAi??aAi??como refugio veraniego para los descendientesAi??de los GA?mez FarAi??as ai??i??los UhinkAi??y los VAi??rtizai??i?? aunque con el paso de los aAi??osAi??cambiarAi??a su funciA?nai??i??

Siglo XX

Esa casa, otrora de campo, serAi??a, a partir deAi??1976, el sitio elegido para establecer la fundaciA?nAi??Bibliotecas Mexicanas, A. C. El gobiernoAi??mexicano la adquiriA? con el propA?sito inicialAi??de depositar en ella el acervo bibliogrA?fico deAi??la biblioteca JosAi?? Ignacio Conde. MA?s tarde,Ai??en 1981, por decreto presidencial de JosAi?? LA?pezAi??Portillo, se asentarAi??a en ese espacio el InstitutoAi??de Investigaciones Dr. JosAi?? MarAi??a Luis Mora,Ai??nombre de otro connotado liberal. Su misiA?n:Ai??ai???desarrollar investigaciones cientAi??ficas en el campo de lavhistoria y de otras ciencias socialesai???. Los profesores-investigadoresAi??y especialistas tendrAi??an, a partir del fondoAi??GarcAi??a Conde, una biblioteca dedicada a las cienciasAi??sociales. De esta manera, la vieja casona de la plaza deAi??San Juan albergA? al nuevo instituto. En ella se apostarAi??anAi??algunos espaciosAi??para los investigadores;Ai??el antiguo salA?n, conAi??los aAi??os, se convertirAi??aAi??en una moderna librerAi??a.Ai??La amplia huertaAi??conservarAi??a algunos deAi??sus frondosos A?rboles yAi??se transformarAi??a en unAi??bello jardAi??n que darAi??aAi??un toque especial a laAi??instituciA?nai??i??

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Para albergar a la biblioteca, a los investigadores yAi??a los alumnos, al fondo, en lo que era la huerta de losAi??GA?mez FarAi??as, se construyA? un moderno proyecto arquitectA?nicoAi??que revelaba el interAi??s por engrandecer aAi??la instituciA?n. Como parte de su programa cultural lasAi??presentaciones de libros y los exitosos ciclos de cine seAi??alternaron con las esplAi??ndidas exposiciones de renombradosAi??artistas. En el jardAi??n, los visitantes disfrutaron lasAi??obras de escultores tales como JesA?s Mayagoitia (1992),Ai??SebastiA?n (2000), Knut Pani, Gilberto Aceves NavarroAi??(2001), Juan Soriano (2005) y JosAi?? Luis Cuevas (2005).Ai??En 2016, a la vieja casona con el nuevo edificio seAi??agregarAi??a otra sede ubicada en las calles de Poussin, aAi??tan sA?lo unas cuadras al sur-oeste de la plaza de SanAi??Juan. Un convento centenario pasarAi??a a formar parteAi??del patrimonio inmueble del instituto para albergar alAi??personal acadAi??mico-administrativo. Una esplAi??ndida salaAi??de lectura se instalarAi??a en la antigua capilla en lo queAi??otrora fue espacio de recogimiento y oraciA?n.Ai??El patrimonio inmueble del Instituto Mora crece,Ai??asAi?? como el prestigio acadAi??mico de la instituciA?n queAi??guarda en su sello institucional la imagen de la casa deAi??los GA?mez FarAi??as.

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El Palacio de Correos, una joya del Centro HistA?rico

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

Declarado monumento artAi??stico de la naciA?n en 1987, la quinta casa de correos, como se le conociA? en un principio, se erigiA? sobre un amplio terreno en el que estuvo el antiguo hospital de terceros de San Francisco.

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Edificio de Correos, CompaAi??Ai??a Industrial FotogrA?fica,ca. 1922.

A las ocho de la noche del 17 de febrero deAi??1907, casi cinco aAi??os despuAi??s de que fueraAi??colocada la primera piedra, el nuevo Palacio deAi??Correos fue solemnemente inaugurado por elAi??presidente Porfirio DAi??az, con el acto simbA?licoAi??de depositar en flamantes buzones las tarjetasAi??conmemorativas del evento, mientras se escuchabanAi??las notas del Himno Nacional ejecutadasAi??por la Orquesta del Conservatorio yAi??ondeaban, como sAi??mbolo de paz y fraternidad,Ai??las banderas de las naciones que formaban laAi??UniA?n Postal Universal.

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El nuevo edificio, tambiAi??n conocido comoAi??Quinta Casa de Correos, por ser la quinta sedeAi??del correo mexicano, respondAi??a a la necesidadAi??de contar con una oficina a la alturaAi??de otros paAi??ses, y acorde con el proyecto deAi??modernizaciA?n y progreso que, al despuntarAi??el siglo XX, pretendAi??a colocar a la capital en unAi??lugar preponderante con la construcciA?n deAi??grandes obras.

El diseAi??o de la nueva casa para el sistemaAi??mexicano de correos fue encargado al italianoAi??Adamo Boari, famoso arquitecto e ingenieroAi??residente en MAi??xico desde los A?ltimosAi??aAi??os del siglo XIX, y autor de otros diseAi??osAi??importantes como el Palacio de Bellas Artes,Ai??cuya construcciA?n fue interrumpida por laAi??revoluciA?n.

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Bajo la direcciA?n del ingeniero militarAi??Gonzalo Garita, la nueva obra, calificada en suAi??Ai??poca como uno de los edificios mA?s notablesAi??por su amplitud y suntuosidad, fue edificadaAi??en un terreno de 3 730 metros cuadrados en loAi??que fuera el antiguo Hospital de Terceros deAi??San Francisco, ubicado sobre el antiguo callejA?nAi??de la Condesa y las calles de San AndrAi??s yAi??Santa Isabel, hoy Eje Central LA?zaro CA?rdenas,Ai??y Tacuba.

El estilo arquitectA?nico de este belloAi??edificio ha sido calificado como eclAi??ctico,Ai??con elementos que incluyen el gA?tico, el artAi??nouveau, el barroco, el renacimiento italiano yAi??el plateresco espaAi??ol. Al paso de los aAi??os se haAi??convertido en un sAi??mbolo conocido por algunosAi??como la joya dorada del Centro HistA?rico,Ai??cuyo exterior estA? trabajado en canteraAi??blanca de Pachuca y cuya fachada principal en pan-coupAi?? cuenta con un chaflA?n en laAi??esquina de delicada cresterAi??a y, en su A?ltimo nivel, un reloj de factura alemana. El restoAi??del exterior presenta diversos motivos ornamentalesAi??con figuras de dragones y gA?rgolasAi??inspiradas en seres mitolA?gicos, asAi?? comoAi??marquesinas, luminarias y herrerAi??a de bronceAi??dorado.

SegA?n reseAi??as de la Ai??poca, el interior seAi??diseAi??A? con todos los progresos y confort delAi??nuevo siglo, mostrando ostensiblemente lasAi??minuciosidades y detalles contemporA?neosAi??requeridos por un servicio tan importante,Ai??propio de las sociedades modernas. DestacabanAi??los pasamanos de bronce italiano paraAi??la soberbia escalera de mA?rmol mexicano delAi??vestAi??bulo principal, el cual fue cubierto por unAi??enorme domo de cristal emplomado, importadoAi??de Francia y montado en elegante armadura
metA?lica, asAi?? como la arquerAi??a interior delAi??tercer piso, rematada por los escudos de losAi??paAi??ses que formaban parte de la UniA?n PostalAi??Universal a comienzos del siglo XX.

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De igual manera, se anunciaba entoncesAi??que en la planta baja del majestuoso edificioAi??el pA?blico podAi??a circular libremente por lasAi??amplias galerAi??as destinadas en su totalidadAi??a las oficinas locales y contando, a toda hora,Ai??con cA?modos pupitres y suficiente recado deAi??escribir, bajo la vigilancia de empleados especialesAi??a fin de que la gente inculta no fueraAi??a deteriorar los muebles, ni a hacer mal uso de los A?tiles. Las diferentes secciones de estaAi??planta eran Correspondencia, Giros, ImpresosAi??y Certificados, las cuales quedaban separadasAi??por lujosos canceles de bronce soportados porAi??un zA?calo de mA?rmol negro veteado con tablerosAi??de A?nix verde. Se informaba, asimismo,Ai??que en los arquitrabes del primer cuerpo seAi??podAi??an leer las inscripciones que seAi??alan lasAi??distintas etapas del servicio postal en MAi??xico,Ai??desde 1580 hasta 1884 en que surgiA? el primerAi??cA?digo postal.

Las galerAi??as altas del edificio estuvieronAi??destinadas a conservar y custodiar los archivosAi??del ramo, clasificados por Ai??pocas y, desdeAi??el proyecto inicial, se contemplA? la instalaciA?nAi??de un Museo Postal en el que se expusieraAi??la colecciA?n de sellos de distintas Ai??pocas, asAi??Ai??como diversos objetos, como el buzA?n mA?sAi??antiguo y las cornetas que en un tiempo sirvieronAi??para anunciar la llegada y salida del correo.

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En la actualidad existe un mural mosaicoAi??hecho con unos 50 000 timbres con sellos deAi??finales del siglo XIX y principios del XX. EnAi??el segundo piso se encuentra una exposiciA?nAi??permanente de Cultura Postal y, en el A?ltimo,Ai??la sede del Museo de Historia y Cultura NavalAi??de la SecretarAi??a de Marina, inaugurado enAi??noviembre de 2004.

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La huella del Hospital General de México

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Nació para aglutinar a los hospitales de la ciudad y modernizar el servicio. A más de un siglo de su creación es referencia de la medicina y enclave de la docencia y la investigación médica.

A Marta Alicia, médica.

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Rodeado por la concurrencia más bella y elegante –como la describió el poeta Amado Nervo en El Mundo–, el presidente Porfirio Díaz inauguró el Hospital General a las 10 de la mañana del 5 de febrero de 1905.

Pabellones del Hospital General mexico (800x719)

En el acto oficial, que tuvo lugar en el pabellón de ginecología, el doctor Eduardo Liceaga, alma de la obra desde que Díaz anunció la construcción en 1888, presentó los adelantos que reunía el nuevo hospital, anunció que este trabajaría en armonía con la Escuela y los profesionistas de la medicina y coadyuvaría a que el país rescatara sus fueros médicos en el nuevo mundo. Al final invitó: Ya tenemos los útiles del trabajo… ¡Ahora a trabajar!

Luego de que Amado Nervo leyera una poesía escrita para la ocasión, el séquito presidencial y los numerosos invitados recorrieron los diversos inmuebles entre grandes elogios, pues, según El País, se trataba del primero (hospital) de América por sus condiciones higiénicas, su magnitud y demás.

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En efecto, el Hospital General, primero en México en ser erigido exprofeso, fue causa de orgullo desde su inicio. Construido en terrenos de la colonia Hidalgo (hoy Doctores) por el ingeniero Roberto Gayol –aun cuando fue terminado por el arquitecto Manuel Robleda–, costó una suma superior a los 3 000 000 de pe- sos. En una superficie de más de 124 000 metros cuadrados, contaba con 69 edificaciones, de las cuales 32 eran pabellones para enfermos, 17 estaban destinadas a servicios generales y las demás a casillas de vigilancia y portería. En ellas se reunieron todos los hospitales existentes, salvo el de los enfermos mentales, que sería el Manicomio General La Castañeda y se inauguraría en 1910. Contaba, además, con el instrumental y los aparatos más modernos.

Salida de Porfirio DAi??az del Hospital (800x540)

Nacía entonces una institución duradera, que perdura hasta nuestros días y ha dejado una huella definitiva en el desarrollo de la atención, la docencia y la investigación médica en México. No obstante las múltiples dificultades que ha enfrentado y que van desde los recursos siempre insuficientes y los problemas de índole política y burocrática, la institución ha crecido y se ha renovado, siendo la última gran transformación la ocurrida después del sismo del 19 de septiembre de 1985, que derrumbó los edificios de gineco-obstetricia y de residencia médica, y dejó decenas de muertos entre doctores, enfermeras y pacientes –muchos de ellos niños recién nacidos–.

Ha sobrevivido, sobre todo, el espíritu que en 1905 intuyó Amado Nervo:

Plano del Hospital General de MAi??xico, 1901 (800x704)

Amigo mío desheredado,
hermano mío desconsolado:
Ya tienes casa, ya tienes pan (…)
La vida es dura; mas aun existe quien al enfermo refugio da,
y a los desnudos arropa y vis te (…)
Hoy se inaugura tu noble y raro Alcázar; míralo: ¡es para tí!
Tendrás un lecho, calor, amparo, afectos, aire puro, sol claro…
Qué bien se debe vivir aquí!

A 110 años de su inauguración, el Hospital General de México sigue siendo referencia primordial de la medicina mexicana.

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Las pequeñas diferencias

Miguel Ángel Berumen Campos
Museo Nacional de la Revolución

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

A Francisco Villa y Emiliano Zapata les urgía ir a comer aquel día en que se encontraron en Palacio Nacional. La sesión fotográfica fue muy rápida y eso ha generado polémica sobre cuántas placas se hicieron. Un análisis de esos instantes procura despejar las dudas.

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Si lo que se llevó a cabo el 6 de diciembre de 1914 fue la entrada de los ejércitos de Francisco Villa y Emiliano Zapata a la ciudad de México, no se entiende por qué Zapata era el único miembro de las huestes sureñas que iba en la primera línea y tampoco por qué Otilio Montaño, con una jerarquía similar a la de Tomás Urbina, iba en la segunda. Esta desigualdad pareció enmendarse, por lo menos, frente a la cámara y para la posteridad, durante la sesión fotográfica realizada en Palacio Nacional, la tarde de ese mismo día, donde Villa y Zapata posan sentados al lado de sendos generales.

instante más publicado de la revolución, no hay muchas versiones de él, sólo he visto cinco fotografías, tomadas por tres fotógrafos: Agustín Casasola, Antonio Garduño y Manuel Ramos. La cantidad resulta ridícula si tomamos en cuenta que numerosos trabajadores de la lente se hallaban desplegados a lo largo del desfile y dentro de Palacio Nacional.

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Mi percepción parece contrastar con la versión de la mayoría de los autores que han escrito sobre las representaciones fotográficas de este momento histórico, ya que aseguran haber visto sólo dos o a lo sumo tres imágenes sobre el suceso. Y digo parece porque es muy probable que en realidad todos hayamos visto las cinco o incluso algunos hasta más, simplemente la mayoría no lo sabe. Eso se debe a que las fotografías son casi idénticas y a primera vista parecen ser las mismas. Las cinco fotografías a las que me referí anteriormente, registran dos instantes del mismo evento histórico pero con una diferencia de minutos e incluso de segundos. Es muy probable que dicha diferencia sea la misma al tiempo que tardaron en poner una segunda placa en sus cámaras. Lo curioso en los dos casos es que los fotógrafos dispararon sus cámaras al mismo tiempo, pero desde diferentes ángulos, tal y como se deduce de la comparativa de las fotografías (ver láminas 1 y 2).

Los círculos en rojo nos  muestran claramente que las fotografías fueron tomadas desde una posición distinta, por eso hay una diferencia mínima en el ángulo y por lo tanto, en estricto sentido, también una disparidad mínima en lo que vemos en cada una de ellas. En pocas palabras, gracias a esas pequeñas diferencias sabemos que ahí se tomaron varias fotografías. Esto  se deduce fácilmente si observamos que todos los personajes están exactamente en la misma postura en cada uno de los dos instantes fotográficos. El círculo en blanco en la cara de uno de los niños nos muestra ese hecho de manera contundente: en las tres aparece con los ojos cerrados.

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En este punto del análisis es fácil suponer que todos dispararon “a la de tres”, como se dice vulgarmente, debido a que la fuente de iluminación fue la misma para todos. Esto corrobora el dicho de Gustavo Casasola Salamanca, nieto de Agustín Víctor Casasola, quien contara al autor de este artículo en una entrevista el 26 de junio de 2009, que Villa advirtió a los fotógrafos que él y el general Zapata ya estaban muy cansados, y que si insistían en tomar más fotografías, “iba a haber una helada de fotógrafos”, es decir que iba a haber algunos muertos, así que es muy probable que sólo les hayan dado oportunidad de realizar dos disparos. Lo que por otro lado podría explicar la razón por la cual, no todos los fotógrafos re- accionaron con la rapidez requerida. A los generales, así lo cuenta el propio Casasola, lo que más les urgía en ese momento era comer.

a muchos en el desfile o de plano les pasa inadvertido, se enmendó en esta fotografía memorable de la silla presidencial, seguramente por Zapata quien equilibró el peso de las dos fuerzas poniendo a su izquierda a Otilo Montaño mientras que Villa, haciendo lo propio, colocó a su derecha a Tomás Urbina.

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La fortaleza de San Carlos de Perote

Jairo Eduardo Jiménez Sotero
Universidad Veracruzana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.

En más de dos siglos de vida, esta fortaleza veracruzana albergó tropas de la corona española, estudiantes militares, soldados estadunidenses, revolucionarios, alemanes, italianos y japoneses durante la segunda guerra mundial, así como presos comunes. Su historia hoy se puede apreciar como museo.

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Entrada a la fortaleza de San Carlos, 2009, Perote, fotografía de Jairo Eduardo Jiménez Sotero

 

Las estatuas de dos soldados de la corona española reciben al visitante cuando se ingresa al castillo de San Carlos de Perote. Representan a los centinelas Francisco Ferrer y Jaime Castells, quienes por abandonar la guardia en el baluarte de Figueres, Cataluña, a fin de batirse por el amor de Olalla de Clots, y pese a haber muerto ambos en el encuentro, fueron condenados a montar eterna vigilancia en ultramar.

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Murguía e hijos, Planta de la fortaleza de San Carlos de Perote, litografía, en
Manuel Rivera Cambas, Historia antigua y moderna de Jalapa, México, Imprenta de I. Cumplido, 1869. Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”-Instituto Mora

La toma de La Habana en 1762 por parte del imperio británico y el estado deplorable en que se hallaban San Juan de Ulúa y las murallas que protegían  a Veracruz llevaron al virrey Joaquín de Montserrat, marqués de Cruillas, a pedir el apoyo de la corona para la fortificación del puerto, lo cual suponía la necesidad de erigir en el pueblo de Perote, sobre el Camino Real, y a tres tránsitos regulares de tropas del puerto, un almacén para la gran cantidad de pertrechos que requerirían las tropas, y que el clima caluroso de la costa echaría a perder. El proyecto se inscribía, por lo demás, en el proceso reformista emprendido por la nueva casa reinante de los Borbones, que se proponía que el imperio español recuperara el sitio que tuvo en el concierto de las naciones europeas, e incluía la modernización de la infraestructura militar. Apenas un año después, en 1763, llegaría a Nueva España el ingeniero brigadier Manuel de Santisteban, quien pronto se ocuparía de reconocer tanto las defensas del puerto como las de tierra adentro, y decidió levantar una fortaleza en Perote, para también asegurar las ciudades de Puebla y México, y ser puesto de vigilancia, no sólo del paso de personas, sino de mercancías.

Baluarte de San Carlos Perote (800x534)Los trabajos de  construcción se aprobaron en 1769, en el virreinato de Carlos Francisco, marqués de Croix. Al año siguiente se iniciaron, a cargo de Santisteban, y concluyeron en 1777, con el virrey Antonio de María de Bucareli. La fortaleza recibió el nombre de San Carlos, en honor del entonces rey Carlos III de Borbón (1759-1788). Se trata de un recinto de planta cuadrada, cuyos ángulos terminan en baluartes, puestos bajo la advocación de San Carlos, San Antonio, San Julián y San José; con un foso protector, trincheras y troneras que rematan los muros y que son resultado de una arquitectura bélica funcional. La fortaleza de San Carlos de Perote sería sede del primer Colegio Militar de México entre 1823 y 1827, y en la guerra con Estados Unidos fue utilizada por las huestes de este país como prisión y sitio para vigilar a las guerrillas, que le causaban muchos problemas. Más tarde, el ejército republicano intentó volarlo en vísperas de la invasión francesa, en 1863, a fin de que no sirviera al enemigo, sin conseguirlo, aun cuando sí se provocó una explosión en el pueblo cercano.Ya en el siglo XX, durante la revolución mexicana, el edificio se empleó como cárcel por parte de las tropas federales y las constitucionalistas, y más tarde, durante la segunda guerra mundial, fue centro de reclusión para los ciudadanos alemanes, italianos y japoneses que permanecieron en México. A partir de agosto de 1949 se convirtió en reclusorio del estado de Veracruz, y así continuó hasta su cierre en marzo de 2007.

Vista Lateral Panoramica lateral de San Carlos - copia

Muro lateral poniente de la fortaleza de San Carlos, 2008, Perote, fotografía de pacoméxico.

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