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Editorial #6

BiCentenario #6

Participar en la conmemoración del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, no sólo nos lleva a recordar las gestas que dejaron huella en el acontecer nacional y cuyos capítulos han llenado innumerables páginas de la historia mexicana, sino que nos invita a seguir hurgando en nuestro pasado, para detenernos a ver, con otras miradas y a través de nuevos primas, lo que fuimos ayer, con le propósito de explicarnos quiénes y cómo somos hoy.

De cara a las conmemoraciones, en BiCentenario mantenemos el compromiso de ofrecer a nuestros lectores fragmentos y episodios, relatos, costumbres y tradiciones; vida cotidiana, formas culturales y todo aquello que nos ha dado un rostro propio.

Entre los diversos temas tratados, en este número nos remontamos a la ciudad capital de México de los albores del siglo XX que cambia su fisonomía y modifica su espacio a partir de la ampliación de sus calzadas y la modernización del transporte, siendo escenario propicio para los tranvías eléctricos, los automóviles, los camiones y hasta las bicicletas. En esta misma época, el acontecer diario citadino se refleja en el mundo de la farándula, donde el teatro de revista alcanza su máxima expresión gracias a la presencia de exitosas mujeres empresarias que logran “mexicanizar” las tandas y forjar un género teatral de índole nacionalista. También se presentan diversas cápsulas de vida cotidiana referentes a la evolución de la urbanidad y los buenos modales en su relación con la higiene y la salud.

En otros asuntos, se recuperan pasajes que muestran cómo se celebró la consumación del movimiento libertario en diferentes lugares y momento: Cartago, la lejana capital de Costa Rica, que formó parte de México, se declara en 1823 la más firme partidaria del Imperio de Iturbide y cien años después, los niños mexicanos celebran el centenario como actores centrales de una campaña de gobierno relacionada con la salud, la protección y el bienestar de la niñez.

Como parte de nuestro pasado histórico, la literatura y el arte también están presentes. El cuento en esta ocasión nos remonta al México romántico de mediados del siglo XIX a través de un relato que pone al descubierto el amor ausente, el amor llorado en el cementerio, lugar donde en otro momento y rincón de la provincia mexicana, se habla con un lenguaje distinto del arte funerario, cuyas tallas de marmolería italiana rinden culto a la memoria de un importante personaje de la sociedad potosina.

Los años de revolución son abordados en un texto que nos narra la historia y el paradero del plan que sirvió de bandera al movimiento constitucionalista y, para etapas posteriores, es tratado el tema que pone en evidencia la frágil relación entre la Iglesia y el Estado mexicano, asunto relacionado con el documento seleccionado para la sección Desde ayer, que ofrece por primera vez la descripción del viaje misterioso que realizó un fraile estadounidense con el objeto de tener una reunión secreta con el presidente Calles, orquestada por el embajador de Estados Unidos para mediar en el conflicto religioso en México.

Con motivo del setenta aniversario de la llegada de los primeros refugiados republicanos españoles a nuestro país, la entrevista de historia oral recoge los recuerdos de un exiliado que habla de sus experiencias y su contribución a la vida intelectual mexicana, y la sección Desde hoy invita a hacer una profunda reflexión en estos tiempos en que se agotan los recursos naturales y es apremiante adquirir una conciencia ecológica que nos lleve a asumir el compromiso de cuidar estos recursos en todos los actos de nuestra vida diaria.

En los diversos asuntos aquí tratados, se ha aprovechado lo que el pasado nos brinda para generar nuevas historias, recuperar hechos poco conocidos y personajes hasta ahora olvidados, pero también para detenernos a ver nuestro presente y voltear de cara al futuro. Esperamos que estas páginas los inviten a participar en esta aventura.

Graziela Altamirano Cozzi

Instituto Mora

Correo del lector #6

BiCentenario #6

Estudio Historia en la Universidad de Sonora. El artículo de C. Sacristán me interesó mucho. Quisiera preguntarle si Díaz construyó grandes hospitales porque le preocupaba la salud del mexicano o por desear que la nación mostrara su progreso. También querría saber si el manicomio se deterioró sólo por el apoyo escaso del gobierno.

Viviana Ramírez, Hermosillo

El Porfiriato atendió la salud pública por permitírselo los avances médicos y el gran poder que concentró, pero la construcción de hospitales se debió también a las tácticas modernizadoras del Estado. El deterioro provino en parte del pobre presupuesto, pero también de la escasa eficacia médica del manicomio, de que se admitió a muchos mendigos, indigentes y “vagos” sanos y pacientes de provincia, sin familia en el DF.

Soy Fernando, acabo de entrar a 1° de secundaria en el Instituto San ángel Inn. Mis papás reciben su revista y me encanta leerla. Creo que está bien hecha pues se entiende todo. Me gustaron muchos los artículos sobre el médico y sobre las pulquerías.

Les felicito por esta revista de historia que llega a mis manos cada tres meses. Su contenido profesional y, al mismo tiempo, amable e interesante la hace de fácil lectura. Del número cinco destaco los artículos sobre las carnicerías, la democracia, el kiosco de Santa María y Campeche. La variedad temática y las ilustraciones la hacen muy atractiva. A?Enhorabuena por este proyecto editorial del Instituto Mora!

Irene S. de Castro, DF

CONSULTAS

Acabo de visitar las hermosas grutas de Cacahuamilpa, cerca de Taxco, Guerrero. Nadie me supo decir desde cuándo se conocen. ¿Ustedes saben?

Ex Girl Scout

Se dice que grupos indígenas las usaron con fines religiosos, pero el México moderno las descubrió en 1834. Se calificaron de superiores a muchas cavernas europeas y tuvieron tantas visitas que, para evitar su destrucción, Francisco Modesto de Olaguíbel, gobernador del estado de México, prohibió la entrada sin permiso. Se las abandonó hasta 1920 cuando se reabrieron al público. Desde 1936 son parque nacional.

¿Es cierto que la costumbre de mascar chicle se inició en México?

Dra. Alicia de la Vega, dentista

Sí, los indígenas mascaban el tzictli desde el periodo prehispánico. El general Santa Anna llevó esta resina del árbol de chicozapote a Nueva York, al salir derrotado de México por el triunfo de la revolución de Ayutla. Allí conoció al empresario e inventor Thomas Adams, a quien propuso comercializarla como sustituto del caucho. No se pudo, pero Mr. Adams, quien vio cómo la masticaba, la usó para fabricar goma de mascar, a la que añadió azúcar y saborizantes y patentó y produjo desde 1870, con el registro Adams New York No. 1.

Los últimos sucesos en Colonia de Le Barón en Chihuahua me hacen admirar a sus habitantes. Me pregunto desde cuando hay mormones en México. ¿Me lo podrían informar?

POSIBLE CONVERSA

Los primeros mormones llegaron a México en 1847, cuando el Valle del Lago Salado era territorio nacional; huían del maltrato sufrido en Estados Unidos por sus costumbres poligámicas. El gusto les duró poco pues, poco después, Utah pasó a poder de sus ex compatriotas. Hubo otra migración en 1870, en que se asentaron en Chihuahua y Sonora.

Sumario #6

BiCentenario #6

Editorial

Correo del lector

ARTÍCULOS

GUILLERMO BRENES TENCIO

La jura de don Agustín I en la Cartago de 1823

GABRIELA PULIDO LLANO

Empresarias y tandas

ALEJANDRINA ESCUDERO

Tranvías, automóviles, bicicletas y colonias nuevas en la ciudad de México a fines del Porfiriato

ING. VENUSTIANO CARRANZA PENICHE

¿Y dónde está el “Plan de Guadalupe”?

MERCEDES ALANÍS

Los niños en el festejo del Centenario de la Consumación de la Independencia

MARÍA GABRIELA AGUIRRE CRISTIANI

La expulsión del delegado papal en 1923

 

DESDE HOY

FERNANDO GUAL SILL

La huella ecológica que todos dejamos

 

DESDE AYER

John F. Burke: el diario de un viaje secreto

Toser, estornudar y escupir en México

En el siglo XIX

En el siglo XX

 

CUENTO HISTÓRICO

ANA SUÁREZ

Bajo las ramas del sauce llorón

 

ARTE

JOSÉ FRANCISCO GUEVARA RUIZ

Biagi Hermanos: creadores de virtudes en San Luis Potosí

 

ENTREVISTA

“Aciertos de intelecto y corazón”. Testimonio de José Puche, un exiliado español en México

Rodrigo Laguarda

Bajo las ramas del sauce llorón

Ana Suárez / Instituto Mora

BiCentenario # 6

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La mujer que amo se ha convertido en fantasma.

Yo soy el lugar de sus apariciones

Juan José Arreola

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.41.11Mis dedos acarician las curvas de tus letras, y me digo que son las comisuras de tus labios y que no importa si te despierto para hacer de nuevo el amor. Pero me digo también que me día estar aquí otro domingo, como vengo haciendo desde que los vientos enfermos aparecieron y te apartaron si bien no me siento muy seguro ni de tu ausencia ni de alejarme del camposanto. Hombre, cúrate a ti mismo, me dicen y me decían, y nunca he podido hacerlo, de ahí que cada lunes despierte llorando al verte morir, sin que nadie en casa me escuche, ni me consuele tampoco, y que estar aquí y ahora sea todo lo que tengo y soy.

¿Cómo desisto del andar matutino por la Alameda, y de los niños que ruedan sus aros, y me recuerdan a la pequeña de rizos oscuros y mejillas encendidas por la carrera que un día se acercó a abrazar a Félix, y al amigo de Félix se le presentó con un Señor, soy Lolita, y luego retornó a su juego? ¿Cómo olvidar a la vendedora de flores que es la misma de esos días, pero tiene las manos más arrugadas, como si entre ellas hubiera llevado el ramo de muchas vidas, y es que marchante, el tiempo tiene su apuro? ¿Cómo no comprar las rosas blancas que tanto amabas, y me digo que todavía te gustan, rosas como las que te di la semana anterior a tu viaje mortal, y tras de las que escondías la miel de tus ojos mientras me regalabas con el Sr, José María que sigue resonando en mis oídos?

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.42.02Las rosas blancas que colman los cuatro jarrones de mármol, me digo, son hijas de las que coloqué en la vasija de barro frente al ligero tabique de ladrillo con que esa fatídica madrugada de junio tapamos tu nicho. Era mejor allí, me dije, y no esperar a que pasara la carreta de los muertos y te echase en la fosa común, pero me juró que un día, pronto, tu sepulcro sería más digno. Recuerdo que el perfume de las flores no lograba ocultar la fetidez que aún se desprendía de tu cuerpo, y que percibí tan pronto entró en la habitación, y golpeó mi olfato en cuanto me recliné sobre ti. Tal vez por eso, el amanecer de cada lunes me sorprende con la misma angustia que sufrí entonces, y vuelvo a escuchar a tu familia decir: Se nos va Lolita, Dios santo, se nos va. Tu figura es palpable, la veo en el lecho, pálida, seca, los ojos relucidos por la fiebre, el cabello revuelto, las manos extendidas hacia mí, como si yo te fuera a salvar, como si, maldita sea, por desaparecer.

PARA SABER MÁS

  • José María Lafragua, “Ecos del corazón”, en Obras. Tomo I. Escritos literarios, Puebla, Secretaría de Cultura del Gobierno de Puebla, 2000.
  • Leo Mendoza, “El panteón de San Fernando o una revisión del siglo XIX”, http://lavida-real. com/culturaurbana/714mendoza.pdel-panteon-de-san-fernando/

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

John J. Burke: el diario de un viaje secreto

BiCentenario #6

 

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John J. Burke –fraile de la orden de San Pablo Apóstol, fundador y secretario de la National Catholic Welfare Conference, asociación del episcopado estadounidense– es el autor del diario cuyas páginas reproducimos. En ellas narra su viaje ultra secreto a México, del 1 al 5 de abril de 1928, para reunirse con Plutarco Elías Calles y buscar una solución al conflicto entre la Iglesia y el Estado. Venía con la representación del delegado apostólico para Estados Unidos y México Pietro Fumasoni Biondi. El organizador de la entrevista, celebrada en el fuerte de San Juan de Ulóa, Veracruz, el día 4, fue el embajador de Estados Unidos Dwight W. Morrow.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.32.12Eran años álgidos de la guerra sin cuartel entre el gobierno de Calles y los cristeros. Miles de campesinos católicos del centro y centro occidente del país y algunos clérigos ultramontanos, liderados por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa se incorporaron a la guerra cristera (1926-1929), que costó la vida a 80 000 hombres y mujeres. El episcopado nacional había suspendido los cultos desde 1926 con el apoyo de Roma, para presionar al gobierno y protestar contra las medidas anticlericales. En consecuencia, la mayor parte de los fieles no recibía los servicios religiosos, salvo aquellos que podían procurárselos clandestinamente en algunas casas. Se trataba de un choque entre dos proyectos de país. Por un lado, una iglesia y una feligresía que deseaban que aquella recuperara todo su poder y su influencia en la sociedad, a través de los sindicatos católicos y del control de la educación. Por otro, un gobierno que aspiraba a la consolidación de un Estado fuerte, laico y comprometido con la solución de los problemas sociales.

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Los católicos mexicanos partidarios del movimiento habían logrado movilizar a los influyentes Caballeros de Colón y a la NCWC estadounidenses a fin de presionar a la Casa Blanca para que exigiera al gobierno de México la modificación de los artículos constitucionales que limitaban a la Iglesia. Aquellos que imponían ciertas restricciones al culto exigían que los sacerdotes y las monjas se registraran en la Secretaría de Gobernación para autorizar el número de religiosos en el país y establecían la educación laica. Washington se negaba a interferir con el argumento de que se trataba de la política interna del vecino. No obstante, le interesaba la solución del conflicto para que el gobierno de México se estabilizara, prosperasen las inversiones estadounidenses y el país cumpliera con sus compromisos económicos internacionales.

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La oportunidad para buscar una salida a la guerra se presentó cuando Morrow llegó a México en octubre de 1927. El diplomático estaba convencido de que era posible un arreglo digno y aceptable para los dos bandos a través de un modus vivendi. La Casa Blanca lo autorizó para que mediara extraoficialmente en el conflicto. El representante gozaba de la confianza de Calles y su carácter de extranjero presbiteriano le daba un aura de neutralidad. Morrow se había reunido con Burke en varias ocasiones, la más reciente durante la Conferencia Panamericana en La Habana en enero de 1928. El paulino estaba interesado en la solución del conflicto armado y en la reanudación de los cultos en México, coincidía con la visión del embajador y le pidió que arreglara una entrevista con Calles.

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Los niños en el festejo del Centenario de la Consumación de la Independencia

Mercedes Alanís / Instituto Mora

BiCentenario #6

Teniendo la nación niños sanos y vigorosos, podrá contar en el futuro con ciudadanos capaces de prestarle los mayores servicios

Cada sociedad y cada época han delineado su visión acerca de los niños. Los discursos y las imágenes que nos han llegado son testimonios que dan cuenta de cómo los adultos de otro tiempo dotaron de significados a los infantes y cómo los han incorporado a la dinámica social. En las primeras décadas del siglo XX en los países occidentales se generó un creciente interés por la infancia, que se vio reflejado en buena medida por el impulso en el sistema escolar y la práctica médica; algunos de los espacios desde los cuáles se fue moldeando una concepción de la niñez.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.18.55La disminución de los altos índices de mortandad infantil, la desnutrición y el analfabetismo; la regulación del trabajo a temprana edad, mejorar las escasas condiciones salubres en que se encontraban cientos y cientos de niños, muchos de ellos abandonados a su suerte, sobre todo cuando se atravesaba por un conflicto armado; fueron preocupaciones que animaron a los gobiernos a emprender acciones que mejoraran las condiciones de vida de aquellos que se convertirían en futuros ciudadanos. Este complejo proceso se puede mirar desde el México posrevolucionario. El arribo de Álvaro Obregón a la presidencia promovió un proceso de reconstrucción nacional, una vez que se dio por acabada la lucha en armas. Una de sus inquietudes fue mejorar las condiciones de salud y alfabetización de la población desvalida, cuestiones que quedaron plasmadas en la Constitución de 1917; a la vez de que se inculcaron valores morales y cívicos, de manera particular en los niños.

En este contexto, en 1921 el gobierno de Obregón llevó a cabo los festejos del centenario de la consumación de la Independencia. Por este motivo el presidente solicitó por oficio del 7 de mayo de ese año que todas las secretarías de Estado y departamentos gubernamentales organizaran diferentes actividades que dieran forma a un amplio programa de eventos acordes a la conmemoración, que se debían destacar por tener “un carácter netamente popular y nacional”; es decir, que todas las clases sociales participaran y disfrutaran de las festividades sin distinciones. Acorde con este sentir se invitó a la población de la Ciudad de México a engalanar las fachadas de sus domicilios o establecimientos y unirse a la celebración que dio inicio el 8 de septiembre en el teatro Esperanza Iris. Acto que fue seguido por juegos florales, concursos populares como “la india bonita”; artísticos como “los volcanes de México”, e históricos como el torneo sobre Agustín de Iturbide. Esto sin dejar de lado el concurso hípico, diversas recepciones oficiales, quermeses, bailes, la inauguración de un parque de juegos para niños por parte de la colonia americana; la instalación de candelabros en la calle de capuchinas por parte de la comunidad libanesa y la del reloj monumental de Bucareli por parte de la comunidad china.

El presente relato muestra uno de los festejos “más trascendentales del programa oficial de festejos del centenario” — según testimonios de la época– y que el tiempo ha dejado en el olvido. Se trató de un evento organizado por el Departamento de Salubridad Pública en la Ciudad de México que giró en torno a la figura del niño. Tras trabajar tres meses en los preparativos de un proyecto que resultara “eficiente y económico”, que fue sometido a la consideración y aprobación del consejo de ministros, y la solicitud de un presupuesto que osciló entre 50 000 y 100 000 pesos para su realización, del domingo 11 al sábado 17 de septiembre se llevó a cabo la Semana del niño. Organizada por el Departamento de Salubridad Pública, con motivo de la celebración del primer centenario de la consumación de la Independencia. Se trataba de un evento a favor de la higiene y el bienestar de la infancia; elementos vitales si se quería que la patria contara con futuros ciudadanos saludables que velaran por su integridad.

La semana del niño

Para principios de la década de 1920, los médicos mexicanos opinaban que “en todos los países cultos, la salud y educación del niño son motivo de preferente y constante preocupación tanto para los pueblos como para los gobiernos”. La idea era que “el niño de hoy sería el hombre del mañana”; por lo tanto, al representar a las generaciones futuras, había que procurar una niñez sana que asegurara el porvenir de la humanidad. Los médicos sostenían que las sociedades que más se habían distinguido por sus adelantos eran las que más se habían preocupado por mejorar las condiciones físicas, morales e intelectuales de sus hijos; es decir, las que habían sabido acatar los principales preceptos de la higiene y, por tanto, las disposiciones sanitarias de las autoridades. Por tal razón, sustentaban la idea de que “la salud era la condición primordial para todo orden y perfeccionamiento”.

Acorde con este pensamiento, el Departamento de Salubridad Pública actuaba para que los mexicanos estuvieran sanos y con ello lograr un “país fuerte y progresista”; así que se consideró que la mejor manera de conmemorar el centenario de la consumación de la Independencia era organizar una serie de festejos que hicieran una intensa propaganda relacionada con la salud y el cuidado de los niños. La preocupación central de las autoridades del Departamento fue que trascendieran el simple festejo vistoso para dejar algo más que un recuerdo en los asistentes; el eje debía ser una campaña de educación higiénica significativa que se reflejara en el quehacer cotidiano de los asistentes.

Médicos como Gabriel Malda, jefe del Departamento de Salubridad Pública, y Alfonso Pruneda, vocal del mismo e higienista importante, se apresuraron a organizar el evento pues estaban convencidos de que era urgente trabajar en lo que consideraron la acción más importante, conseguir el bienestar del niño. El Dr. Malda expuso en su emotivo discurso inaugural de la semana del niño que: “Este número de nuestro centenario que se ha designado con el calificativo de semana del niño tiene que fijar nuestra atención, no sólo para el presente, sino en la repercusión hacia un futuro. Considero esta inauguración patrocinada por nuestro primer mandatario, como algo muy grandioso, que va a prodigar caricias a la miseria y robustez a la patria”.

El programa

Para la realización de los eventos que se llevarían a cabo en esa semana, distintas instancias gubernamentales y particulares proporcionaron los recursos necesarios para que se proyectaran en los cinematágrafos vistas fijas y películas alusivas a la infancia; además de que se consiguió que las principales casas comerciales de la ciudad arreglaran uno o más aparadores en los cuáles exhibieran objetos relacionados con el bienestar de los niños. Para la difusión del festejo, se buscaron medios de propaganda, principalmente notas relativas a la infancia que aparecieron en distintos diarios de la capital como El Universal.

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El Departamento de Salubridad Pública, en Paseo de la Reforma 93, se abrió al público de las 9:00 a las 12:00 y de las 16:00 a las 19:00 hrs. El programa comenzó el domingo 11 a las 17:00 hrs. con la solemne inauguración a cargo del Dr. Gabriel Malda, pues el presidente Obregón no pudo asistir. Entre la concurrencia al evento estaban Manuel Malbrán, embajador especial de Argentina; Luis Felipe Obregón, enviado extraordinario de Guatemala; K. T. Ouang, embajador especial de China; capitán Bartolo Klinger, attaché de la misión de Brasil; el Sr. Enrique Bordes Mangel, presidente de la Cámara de Diputados; numerosos médicos y los vocales del Consejo de Salubridad General, entre otros.

Se adaptaron diversos espacios en el local del Departamento de Salubridad para que los niños que acudieran tuvieran un lugar adecuado para jugar. Por su lado, los adultos recorrerían la exposición, en la que se mostraban los cuidados que los niños recibían en países como Nueva Zelanda, Estados Unidos e Inglaterra. También podían asistir a las conferencias dadas por los médicos, pasar por la oficina de información y a las exhibiciones para las madres y los padres; a éstos se les exhortó acerca de sus deberes como ciudadanos, sus obligaciones con respecto al bienestar de las madres y los niños y los cuidados que debían tener con sus esposas durante la gestación. Aunado a esto, se distribuyeron entre los asistentes diversos folletos informativos sobre salud infantil y calendarios para el año de 1922, por medio de los cuales se difundió propaganda relacionada con la higiene de la infancia. Uno de los folletos más difundidos fue: “El niño. Folleto para uso de las madres mexicanas sobre el cuidado que reclama la salud y perfecto desarrollo de la infancia”.

Como se puede apreciar, la higiene fue el tema principal en todas las actividades de la semana. De hecho los médicos la llamaron “la fiesta de la higiene” y algunos de ellos, como Joaquín Izquierdo, Rafael Carrillo, Ernesto A. González Tejeda, Gustavo Baz y Juan José Bada, entre otros, impartieron conferencias acerca de las condiciones en que debían estar los esposos para tener hijos sanos; los preparativos para que en un parto no corrieran peligro la vida de la madre ni del niño; cuidados con los recién nacidos, la alimentación infantil en diversas etapas; el destete, el vestido y la habitación, el llanto, el cuidado de los dientes y los cuidados que debían observarse durante enfermedades contagiosas.

Sumado a lo anterior, se realizaron pequeñas fiestas literario musicales en otros espacios, como las escuelas primarias dependientes de la Universidad y del Ayuntamiento, y se difundió un reglamento para niños en el que se explicaban las prácticas de la higiene y, además de folletos ilustrados, se les obsequiaron cepillos para el cuidado dental. También se organizaron eventos complementarios. El primero fue el “día de la bandera”, que consistió en distinguir con una bandera las casas en que se sabía que había un recién nacido para que miembros del Departamento de Salubridad acudieran y brindaran información sobre los cuidados para los recién nacidos. Otro evento fue la visita a diversos establecimientos infantiles de la Beneficencia, tales como la Casa de Cuna, la Casa de niños expósitos, la Casa amiga de la obrera y la Sociedad protectora del niño, con el fin de que diversos funcionarios, miembros de la alta sociedad y el público en general conociera las actividades que allí se desarrollaban y se interesaran por ayudarlas.

A lo anterior, se sumó el “día de los padres”, que consistió en una fiesta infantil al aire libre dedicada exclusivamente a los niños pobres, similar a la que la esposa del presidente había organizado en diciembre del año anterior. También se celebró el “día de las madres”, que consistió en la realización de una fiesta para aquellas que se encontraban recluidas en maternidades o en establecimientos de la Beneficencia. Además, se hizo una declaración sobre los derechos de los niños y un reconocimiento a las madres que llevaron a sus hijos al Departamento y los médicos los consideraron como “modelos de salud”. Eventos que intentaron abarcar a diversos sectores de la población infantil y mostrar que el gobierno estaba atendiendo a los grupos desvalidos.

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Otras dos actividades fueron apoyadas de manera especial: la campaña del registro civil y la de vacunación infantil. Se animó a los padres a que dieran importancia a la obligación que tenían de presentar a sus hijos ante el registro civil. A los niños que fueron registrados durante el evento se les otorgó un certificado especial y un diploma firmado por el presidente. Para la campaña de vacunación se necesitó de una propaganda intensa, pues a pesar de la difusión de la importancia de las vacunas para preservar la vida y la salud de los niños, la población se resistía a que sus hijos fueran inoculados.

Uno de los actos más llamativos de la celebración fue la procesión infantil, en la que los niños fueron el centro de las miradas; algo que no se había visto con anterioridad en la Ciudad de México. Para lograr una amplia difusión del “original y simpático desfile” se solicitó a la prensa que difundiera la noticia, se colocaron cartulinas en los aparadores de las principales casas comerciales de la ciudad e incluso se hicieron anuncios especiales que fueron arrojados desde varios aeroplanos de la Escuela Nacional de Aviación.

Varias secretarías, algunas instituciones, funcionarios públicos, junto con particulares, pusieron a disposición del comité organizador de la semana del niño, camiones y automóviles que se unieron a los que fueron alquilados y dieron ocasión para que “millares de chiquillos en franca y alegre promiscuidad” — tal como comentó la prensa– “pasearan en plena felicidad por las principales avenidas de la ciudad”. Así, a las 11 de la mañana del martes partió de Paseo de la Reforma 93 una procesión de cerca de 500 automóviles y camiones en los cuales iban alrededor de 5 000 niños y niñas de distintas edades de todas las clases sociales al cuidado de enfermeras de las Cruces Roja y Blanca y damas distinguidas. Algunos de los niños que tomaron parte del desfile fueron los hijos de las familias Pani, de Algara, Pruneda, Mondragón, Meneses y Malda.

Los automóviles y camiones recorrieron la ciudad acompañados de algunas bandas de música y llevaron cartelones y banderolas con inscripciones llamativas sobre el bienestar de la infancia. El desfile fue organizado por los Dr.es Malda y Pruneda, quienes personalmente dispusieron el orden de la procesión, que fue seguida de cerca por numerosas familias y curiosos. Al frente iba la caballería proporcionada por el jefe de la guarnición de la plaza, la seguía una banda de música, después una larga fila de automóviles encabezados por dos grandes camiones en los que iban los niños del Hospicio de pobres, a continuación seguía otra gran hilera de autos con una banda de música al frente y otras dos intermedias donde iban el resto de los pequeños.

La procesión que partió del tramo de Reforma que está entre la estatua de Colón y la glorieta, dio vuelta por ésta hacia la estatua de Carlos IV, siguió por las avenidas Juárez y Francisco I. Madero hasta rodear la Plaza de la Constitución, para proseguir por el lado poniente de la catedral y dar vuelta por avenida 5 de mayo, continuó por la calle del teatro nacional y entró de nuevo a la avenida Juárez, para llegar finalmente al punto de partida. Muchas familias que ocupaban los balcones de la avenida Madero, arrojaron al paso de “los graciosos chiquillos” flores, serpentinas y confeti. Al término del desfile los niños tuvieron una convivencia en las instalaciones del Departamento de Salubridad y disfrutaron de dulces, helados y pasteles ofrecidos por las autoridades y damas de la sociedad.

El creciente interés por los niños

La semana del niño había tenido una asistencia concurrida y en opinión de las autoridades del Departamento de Salubridad Pública cumplió su objetivo. Se calculó la visita de cerca de 60,000 personas, mientras que diarios como El Universal hablaron acerca del “extraordinario fenómeno social al que acudieron millares y millares de hombres y mujeres de todas las edades y clases”. El Dr. Alfonso Pruneda ofreció un discurso en la ceremonia de clausura, en el que afirmó que 1921 sería recordado como el “año del niño” pues se estaban llevando a cabo acciones en pro del bienestar de la infancia de gran trascendencia y “sin precedentes en nuestra patria”. Esta semana fue una celebración que se sumó a los trabajos que los médicos estaban realizando en su quehacer cotidiano para reflexionar y articular acciones en favor de la niñez mexicana.

En la prensa capitalina aparecieron diversas notas que elogiaron el evento. Se mencionó que “la importancia y hermosura de estos festejos patrióticos apenas si necesitan comentario”. Aún así, El Universal comentó que “entre la multitud de actos, ceremonias y fiestas destinadas a conmemorar el primer centenario de la consumación de la Independencia, no podía haberse imaginado algo tan inmediatamente útil, y a la vez tan hermosa y trascendentalmente patriótico” como la semana del niño. Señaló que en el marco del centenario de la Independencia contribuía a demostrar que la defensa y la protección de la infancia favorecerían al engrandecimiento de la nación.

Las palabras del Dr. Gabriel Malda en la clausura enfatizaron que la celebración destacó una labor primordial del Departamento de Salubridad, cuya mira fue hacer un llamado a toda la República para que se preocupara por los cuidados de los infantes. Se trataba de “sembrar hoy para que otro recoja mañana”. Concluyó expresando que: “Cuando los años pasen y se dirija una mirada retrospectiva a los libros de nuestra historia, se encontrará que en este centenario hubo un gobierno que pensó en un más allá. Se me representan en estos momentos — como una visión luminosa– los ciudadanos de esos tiempos, padres ya, con sus niños sentados en las piernas, acariciándolos y enseñándoles a prodigar al que hoy es nuestro primer mandatario, la palabra más bella que se ha escrito en el lenguaje humano: gratitud.”

Las palabras del Dr. Malda fueron aceradas. 1921 dio inicio a una serie de acciones de los gobiernos posrevolucionarios en favor de la infancia. Ese año se realizó el Primer Congreso Mexicano del Niño, patrocinado por el Ing. Félix Palavicini, director de El Universal, y que reunió a numerosos médicos, abogados y profesores a exponer su opinión sobre el estado en que vivían los niños mexicanos así como las acciones que juzgaban precisas para reducir los altos índices de mortandad, mejorar la alimentación, los hábitos de higiene y la educación y generar leyes adecuadas. Dos años después se celebró el Segundo Congreso Mexicano del Niño, y en la década de 1930 se sucedieron el VII Congreso Panamericano del Niño y el Primer Congreso Mexicano de Pediatría. En estos foros se prosiguió el intercambio de opiniones sobre la niñez y propuestas para mejorar su atención, lo cual se tradujo en campañas educativas, la formación de Centros de Higiene Infantil, la Junta Federal de Protección a la Infancia, el Departamento de Psicopedagogía e Higiene Infantil, el Tribunal para Menores y la Asociación Nacional de Protección a la Infancia.

A la vez diversas organizaciones adoptaron diversas funciones en torno al niño, como la Sociedad Mexicana de Puericultura y después la de Pediatría que difundieron sus escritos y actividades con diversas publicaciones. Esto, sin dejar de lado las acciones cotidianas en diversos establecimientos tanto del Departamento de Salubridad Pública, como de la Beneficencia Pública y la Privada, a fin de mejorar las condiciones de vida de la “niñez desvalida”, y que en muchas ocasiones fueron difundidas y elogiadas por la prensa capitalina y diversas publicaciones oficiales. Así, la semana del niño puede ser vista como el testimonio de una época de reconstrucción nacional que, entre otros rubros de interés general, prestó creciente atención a la infancia inculcándole valores cívicos que sirvieron para exaltar los momentos relevantes de la historia patria, como fue el caso del Centenario de la Independencia. Esto invita a reflexionar acerca de las condiciones actuales de nuestros niños y, si bien, podemos ver los avances en el campo de la salud o la educación, la realidad que aún falta mucho por abarcar a todos los niños mexicanos.

PARA SABER MÁS

  • Alberto del Castillo Troncoso, Conceptos, imágenes y representaciones de la niñez en la ciudad de México 1880-1920, México, Instituto Mora/ El Colegio de México, 2006.
  • Antonio Padilla Arroyo, La infancia en los siglos XIX y XX. Discursos e imágenes, espacios y prácticas, México, Casa Juan Pablos, 2008.
  • Beatriz Alcubierre y Tania Carreño, Los niños villistas. Una mirada a la historia de la infancia en México, 1900-1920, México, INEHRM, 1996.
  • Eugenia Meyer, Niños de ayer, niños de hoy, México Lumen, 2008.
  • Ignacio Ávila Cisneros et al., Historia de la pediatría en México, México, Fondo de Cultura Económica, 1997.

Toser, estornudar y escupir en México

002EN EL SIGLO XIX

Era un asunto de buenos modales para la gente de bien, cuyo deseo de igualarse a los países europeos la hacía imitar sus reglas de urbanidad, adquirir sus manuales de conducta y escribir los propios; siendo una parte importante el respeto hacia nuestros semejantes, se enseñaba a toser, estornudar y escupir. Esto cambió cuando el avance médico de la segunda mitad del siglo dio lugar a una genuina caza de microbios y el Estado porfiriano aceptó su responsabilidad sobre la salud pública y difundió entre las mayorías la importancia de la higiene por la vía de las escuelas y de la prensa.

0011844

Actos molestos a la sensibilidad de otros: Escupir el pavimento o sobre paredes y muebles. Deberes de los convidados: Toser, escupir y sonarse las narices lo menos que se pueda.

Manuel Díez de Bonilla, Código completo de urbanidad

1853

003Cuando no estando solos, nos ocurra toser o estornudar, apliquemos el pañuelo a la boca a fin de impedir que se impregne de nuestro aliento el aire que aspiran las personas que nos rodean, y aun volvímonos siempre a un lado, pues de ninguna manera está admitido ejecutar estos actos con el frente hacia nadie.

Respecto de la costumbre de llevar la mano a la boca al estornudar, toser, etc., se conseguirá, sin duda, no molestar a las personas que están delante, pero la mano quedará desaseada; y ambos males están evitados por medio del pañuelo.

Son actos asquerosos e inciviles el eructar, el limpiarse los labios con las manos después de haber escupido y sobre todo el mismo acto de escupir, que sólo las personas poco instruidas en materia de educación creen imprescindible y que no es más que un mal hábito que jamás se verá entre las personas verdaderamente cultas.

Manuel Antonio Carreño, Manual de urbanidad

1879

004¡Oh niño!
No debes nunca erutar
Y al escupir o toser
Procura el rostro volver,
Evitando molestar.
No te debes permitir
Manchar con saliva el suelo;
No escupas en el pañuelo,
Pues no es preciso escupir.
Cuando otros te estén mirando
No te suenes con estruendo,
Ni estés al pañuelo viendo,
Tus miserias publicando.

José Rosas Moreno, Nuevo manual de urbanidad

EN EL SIGLO XX

La miseria y los malos hábitos contribuían a que, en los años 1920, la salud pública dejara aún mucho que desear. Al gobierno le faltaba capacidad para atenderla bien, lo cual se hizo evidente en 1918-18 con la influenza o gripe española la más letal de las pandemias en la historia humana, que se extendía con rapidez pavorosa debido a la cercanía de los cuarteles y los traslados masivos de tropas al final de la guerra mundial (24, 000,000 decesos).

El Estado posrevolucionario no descuidó el problema de la salud y, poco a poco, con medidas educativas, de prevención, cuidado y contención y leyes de seguridad y servicios sociales, tuvo una mejor atención. Esto, más los nuevos fármacos y antibióticos; la aplicación masiva de vacunas contra la influenza (se aislaron los virus A, B y C entre 1933 y 1945) y el apoyo de los medios de comunicación, parecieron alejar el riesgo de otra tragedia y prácticas como cubrirse el rostro al estornudar y toser y no escupir en sitios públicos fueron vueltas a ver como mero asunto de urbanidad.

005

Sin embargo, los virus cambian, se combinan y recombinan. Hubo la influenza asiática en 1957-58, la gripe de Hong-Kong y los brotes de gripe aviar en 1996, 1997, 2003 y 2007 y, en abril del 2009, el virus A H1N1 se presentó en México: al 5 de septiembre la Secretaría de Salud ha confirmado 22,763 casos y 207 muertes. Una vacuna está casi lista. Mientras, debemos seguir normas de conducta que antes fueron exclusivas de la gente de bien, hoy son ley para todos.

ARSA

1905

008Siempre que un niño se presente para ser admitido en la escuela, los señores profesores le harán un minucioso examen para convencerse si no padece influenza o un aspecto enfermizo y demacrado y accesos de tos.

Las escupideras en las escuelas son de suma necesidad pues vienen a llenar una indicación higiénica demasiado importante, cual es la de evitar enfermedades que pueden ser transmitidas por los microbios contenidos en los esputos.

Sociedad Antonio Alzate, Elementos de higiene pedagógica

1919

Para librarse de la influenza española procure

  • Evitar todo enfriamiento.
  • Lavarse las manos varias veces al día.
  • Usar pañuelos limpios para el aseo de la nariz.
  • Tener su casa en perfecto aseo, sin basuras amontonadas, teniendo cuidado de tirar en la atarjea las aguas sucias, no en la vía pública, pues éstas siempre están llenas de microbios.
  • No escupir en el pavimento de su habitación o en la vía pública, sino en algún objeto que contenga agua.
  • Evitar aglomeración de personas en una pieza.
  • Si entra donde hay enfermos, permanezca allí el menor tiempo; si los toca, lávese las manos, y no se ponga frente a ellos si tosen o estornudan.
  • Al toser o estornudar, tápese la boca.

Comisión Central de Caridad de Puebla, Memoria documentada

0071960

Cuando yo diga tres, todos los presentes echarán la cabeza hasta atrás, abrirán la boca lo más que puedan y participarán en la sinfonía de estornudos. Los del grupo número uno, gritarán: ¡Jish! Los del grupo dos: ¡Jash! Y los del grupo tres: ¡Chu! Todos estornudarán al mismo tiempo y lo más fuerte que puedan. El resultado será muy divertido.

Casa Bautista de Publicaciones, Juguemos. Actividades sociales

28 de abril del 2009

Las medidas preventivas, como la suspensión de clases en los lugares críticos, son para evitar que el virus se propague y se dé una situación fuera de control, pues esta enfermedad, si no se toma en serio cuando se presentan los síntomas, si no se acude al doctor para recibir el tratamiento a tiempo, puede tener consecuencias muy graves.

Al mismo tiempo, y con apoyo de los medios de comunicación, iniciamos una campaña con recomendaciones preventivas: como evitar saludar de beso o de mano, taparse la boca al toser o al estornudar con un pañuelo y, de no ser esto posible, con la parte interna del brazo; lavarse las manos frecuentemente. Y algo muy importante, evitar concurrir a lugares masivos; usar tapabocas en el transporte público.

Presidente Felipe Calderón Hinojosa ante el Consejo Nacional de Salud

1° de mayo del 2009

La epidemia del virus porcino ha cambiado los hábitos de la capital. La transformación más evidente son los rectángulos de tela en las caras de la población, que aportan tonalidad celeste a una ciudad donde el cielo es mero polvo. Enfrentamos la catástrofe unificados por una prenda. No siempre es fácil decir “nosotros”. Una tribu adicta a la compañía atraviesa el infierno del aislamiento y la falta de aglomeraciones. ¿Quiénes somos? Los del rostro con una tela azul. Aparte de eso, sabemos poco. ¿Quiénes somos? Los del cubrebocas.

JUAN VILLORO, Cubrebocas, Reforma

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