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Sumario #5

BiCentenario #5

Editorial

Correo del lector

ARTÍCULOS

ENRIQUETA QUIROZ

De cómo la gente se agolpaba para comprar carne a principios del siglo XIX

MARIANA DÍAZ ÁLVAREZ

Las pulquerías de la ciudad de México en el siglo XIX

CRISTINA SACRISTÁN

Un manicomio para celebrar la Independencia en 1910

HÉCTOR L. ZARAUZ LÓPEZ

A cien años de La sucesión Presidencial

PEDRO SALMERÓN SANGINÉS

“El más leal”: el villista Toribio Ortega

JOSÉ MANUEL ALCOCER BERNÉS

Una mirada al pasado: la ciudad de Campeche en la década de 1950

DESDE HOY

ALEJANDRO MONSIVAÍS

La representación política a debate

DESDE AYER

Sr. Carranza: “que me devuelvan la plata”

Ser niño o niña

En el siglo XIX

En el siglo XX

CUENTO

JUAN SAHAGÚN

El Código Iturbide

ARTE

MA. ESTHER PÉREZ SALAS CANTÚ

Un kiosco morisco en la Ciudad de México

ENTREVISTA

Estudiar medicina durante la revolución: entrevista al Dr. Salvador Zubirán Anchondo

Ramón Aureliano Alarcón

Editorial #5

Bienvenidos nuevamente a BiCentenario. Les presentamos nuevas facetas que recrean distintos aspectos de la vida cotidiana de los años alrededor de la Independencia y la Revolución, que se alargan hasta el México contemporáneo. Nuestra intención es mostrar cómo a pesar de los difíciles momentos que se vivían por la situación bélica nacional en cada periodo, al mismo tiempo se desarrollaron procesos sociales que permitieron entretejer el futuro de lo que hoy somos. Siguiendo este espíritu, en este número les presentamos una serie de artículos, relatos, entrevistas y cuentos que ofrecen una visión llena de detalles que no dejarán de sorprender a muchos lectores. Se habla en estas páginas, como en botica, de nutrición, salud, arquitectura y costumbres. de hombres leales a la causa revolucionaria, lo mismo que de textos de la historia política nacional.

Es así que, de una manera crítica pero completamente lúdica, se presentan dos pinceladas de la histórica médica de México a través de lo que significó la decisión de inaugurar un manicomio moderno para su época (1910), y los relatos del quehacer médico a través de la entrevista al doctor Salvador Zubirán. Otro proceso que impresiona conocer es el alto consumo de carne (res, carnero y cerdo) que había en la dieta del mexicano de hace dos siglos, lo cual declinóprecisamente por la inestabilidad política. Lo mismo ocurre con el pulque, en un relato que ubica detalladamente cómo se dio la disminución del consumo de este “bien nacional”. El artículo sobre el kiosco morisco es, tal vez, el documento que mejor vincula dos épocas y nos muestra las presencia visual del pasado en nuestras vidas. Basta darse una vuelta por la colonia Santa María la Ribera para visitar tal monumento y comprobarlo.

No faltan las estampas políticas de hombres que, sin ser los protagonistas centrales de las gestas revolucionarias, son nombres clave para entender dichos procesos, como ocurre en este caso con Toribio Ortega Ramírez, miembro de la División del Norte dirigida por Villa. También está presente el libro de Francisco I. Madero, La sucesión presidencial, editado por primera vez a fines de 1908. La mirada desde los estados se incluye en dos documentos: en Hidalgo, una súplica personal para recuperar los bienes perdidos; y las añoranzas del Campeche que fue y que se recrea con soltura. Como un pretexto para rastrear los grandes cambios sociales entre épocas basta la emotiva recreación de lo que significó ser niño en los siglos XIX y XX.

En este número no dejamos de vincular el pasado con nuestro presente. Esta vez a través de un artículo sobre el debate actual en torno a la pertinencia de redactar una nueva Carta magna para afinar los muchos nudos sueltos de la vigente, que data justamente de 1917. finalmente, un cuento para dar lugar a la imaginación. Se trata de una ficción sobre el México imperial en medio de una acción guerrillera contemporánea.

Como verán, el número 5 de BiCentenario busca mostrar sin solemnidad las complejidades de un proceso político. En estas páginas hay pasión, intriga, misterio y una buena dosis de suspenso. Queremos sorprenderlos, ustedes dirán. Sean todos bienvenidos.

Leticia Calderón Chelius

Instituto Mora

 

LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA A DEBATE

Alejandro Monsiváis / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No. 5, pág.56

Credencial elector B-5La democracia es una forma de gobierno a la que se le atribuyen numerosas virtudes. Una de las muchas razones de tan alta estima se halla en la fuente de la que emana su legitimidad: la voluntad popular. Así como una persona es libre cuando se conduce conforme a sus propios juicios y aspiraciones, así un pueblo es libre cuando se gobierna así mismo, conforme a la voluntad general de todos sus miembros. La democracia que vivimos en el México contemporáneo es producto de una historia rica en coyunturas críticas, imaginarios en disputa y episodios decisivos. Sin embargo, luego de casi dos siglos de vida independiente, la conducción de los asuntos públicos en este país conforme al principio de soberanía popular no ha cumplido todavía las dos décadas. Las dos condiciones que definen a la democracia política  sufragio universal, libre y secreto y elecciones competitivas- apenas quedaron institucionalizadas conjuntamente hasta hace poco más de diez años, como resultado de un prolongado y tenso proceso de transición política. En este contexto, surge de manera inevitable una pregunta: ¿qué ha resultado del “gobierno del pueblo” en México?

A decir verdad, se podría decir que el pueblo mexicano, en su calidad de gobernante soberano, difícilmente podría ser elogiado por su sabiduría, imaginación, decisión y firmeza en el manejo de los asuntos públicos. La pobreza y la desigualdad continúan siendo problemas acuciantes. La ley que gobierna numerosas relaciones públicas y privadas y se ejerce en extensas zonas del país, es todavía la ley del más fuerte. Las políticas recorren trayectos largos y accidentados, desde que son concebidas hasta que son adoptadas, y muchas se quedan en el camino. La “voluntad generala” tampoco ha conseguido manifestarse de manera decidida con respecto a una nueva Constitución; y uno no acaba de convencerse de que “el gobierno del pueblo” gobierne para bien de los ciudadanos. Por si fuera poco, cuando se trata de actuar, las decisiones públicas se llevan a cabo a la mexicana: de manera improvisada, inconstante, y haciendo del presupuesto la fuente que prodiga beneficios a quienes lo administran.

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Ser niño o niña

Laura Suárez de la Torre – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 5.

En el siglo XIX

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Un niño de posición acomodada recibía una educación cuidadosa y una serie de privilegios que, con el tiempo, le sumarían a los grupos rectores del país, desde un punto de vista político o económico o aun religioso. Su vida transcurría sin preocupaciones, o cuando menos eso se pretendía, para que pudiera dedicarse a forjar con denuedo una profesión de abogado, médico, maestro y, más tarde, quizá como ingeniero en los colegios establecidos para ese fin. Su infancia pasaba entre el estudio con silabarios y catecismos, libros de fábulas y máximas de buena educación. Gozaba con los juegos al aire libre y, en casa, con trompos y soldados de latón o cartulina de vivos colores, marionetas de trapo, una corneta o juguetes de madera pintada: un caballito risueño, luchadores enfrentados, un torero, el juego de la oca y la lotería. Se le enseñaba la religión con el catecismo del Padre Ripalda; en ella iban las prácticas devotas, pero además la celebración de fiestas, acompañadas por juguetes como los alfeñiques y los judas, las matracas y las calaveras.

[...]

En el siglo XX

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Niños y niñas tuvieron la posibilidad de mejorar su condición de vida, que intentó abrirles la Revolución mexicana. La educación no se enfocaría a formar buenos cristianos, sino a instaurar una educación científica y difundir los principios cívicos y nacionalistas de un Estado liberal que desde el XIX se perseguían sin gran éxito. Los niños privilegiados no fueron los únicos que pudieron aspirar a ser médicos y abogados y las niñas dejaron de tener como única opción la de ser esposas y madres o monjas.

Niños y niñas pudieron, poco a poco, asistir a escuelas primarias en todo el país y aspirar a un progreso, aunque no todos, pues las diferencias continuaron entre los niños y las niñas de los distintos sectores sociales y entre los del campo y la ciudad. Las acostumbradas y populares rondas o las canciones de Cri-Crí y los entretenimientos tradicionales que se practicaban en el hogar o al aire libre fueron desapareciendo. Por dar un ejemplo, los niños y las niñas de las ciudades salieron a las calles a disfrutar de los parques y jardines en nuevas urbanizaciones; anduvieron en bicicletas, triciclos y patines; jugaron futbol y beisbol. Asistieron a los cines y se pasaron muchas horas ante las televisiones, las computadoras y los videojuegos. Todos (unos más, otros menos) recibieron los beneficios de los avances médicos, que les permitieron traspasar los primeros años de vida, lo cual en siglos anteriores, no era común. Por último, el autoritarismo que se ejercía sobre ellos se fue perdiendo y se proclamaron abiertamente sus derechos, derechos que, lamentablemente, no se han conquistado a plenitud.

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UN MANICOMIO PARA CELEBRAR LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

Cristina Sacristán / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No.5, pág. 27

Manicomio B-5En la antesala del 2010, algunos de nuestros gobernantes han entrado en la vorágine conmemorativa para recordar las gestas de la Independencia y la Revolución. El espíritu de fiesta que nos invadirá en unos meses, alimentará al homo ludens que todos llevamos dentro, pero también tenderá un puente hacia el pasado, pues al recordar un hecho histórico hacemos conciencia del impacto que tuvo en su tiempo. Las obras arquitectónicas han sido una de las expresiones predilectas de las sociedades para dejar constancia del pasado, ya que a través de su materialidad intentan fijar la memoria histórica. Por eso, pronto se alzará sobre el Paseo de la Reforma de la ciudad de México el Arco del Bicentenario, a fin de rendir homenaje a quienes iniciaron la lucha insurgente y revolucionaria.

La edificación de obras que buscan proyectar a la nación hacia el futuro es también parte del afán conmemorativo. Fue el caso de la polémica Torre del Bicentenario, rascacielos de 70 pisos cuya construcción estaba planeada en la cercanía del Bosque de Chapultepec, pero que enfrentó problemas de orden legal para su construcción; o la línea 12 del metro que correrá por el sur oriente de la capital y ha sido ya bautizada como Línea Dorada Bicentenario por los avances tecnológicos que tendrá. [...]

En algunas cosas las mujeres y los hombres no cambiamos mucho con el tiempo, porque hace casi cien años pasó algo muy similar a lo que estamos viviendo hoy. En 1908, el gobierno de Porfirio Díaz, que llevaba casi tres décadas en el poder, se apresuró a realizar varias edificaciones imponentes con el fin de demostrar los progresos logrados por México durante su mandato, entre ellas un manicomio para albergar a más de mil pacientes, como los que existían en Europa desde principios del siglo XIX, y que estuvo en la mente de los médicos mexicanos durante mucho tiempo. Pero ¿por que en 1910 un manicomio podía ser tomado como un ejemplo de modernidad, cuando hoy en día sería un signo de atraso, ya que era separar a los enfermos de la sociedad?

Plano manicomio B-5

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EL CÓDIGO ITURBIDE

Juan Sahagún
Revista BiCentenario, No. 5, pág.71

Iturbide B-5

Entrada de Iturbide a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821

 

- No hay nadie; es hora de poner la bomba.

Cosme responde con acción a las palabras de Esteban. Se coloca el pasamontañas negro. El nerviosismo se refleja en sus manos. De por sí, siempre ha sido de manos torpes. La abertura que debe permitir la visión, ha quedado exactamente en la oreja derecha. Con un par de jalones enfadados logra corregir el error. Posteriormente, con la torpeza de un médico bisoño, se enfunda un par de guantes negros; los dedos confunden las entradas y luego de varios intentos descubren su verdadero sitio. Esteban tamborilea el volante al tiempo que mira por el retrovisor temiendo alguna presencia que frustre el plan. Cosme murmura un ametrallado “voy-voy-voy” mientras toma la mochila con los implementos necesarios. Inhala, sostiene el aire cuatro segundos, exhala dando un resoplido equino bajo la sordina de la capucha. Abre la portezuela. Como el impulso es desmedido y la oscilación de la mochila harto peligrosa, Esteban exclama un ahogado “cuidado, pendejo, llevas una bomba”. Cosme se detiene, murmura para sí un “calmado, cabrón”, sale del auto y prosigue su camino midiendo cada movimiento, eso sí, sin perder la prisa.

La madrugada es inmóvil. Impera un aletargado silencio. A lo lejos, el motor de un camión que continúa un viaje trasnochado. Más lejos, ladridos de perros insomnes y necios. Un grupo de estrellas aburridas se cubre con el paso intermitente de nubes rojizas. La calle parece la escenografía de una fracasada obra de teatro.

El revolucionario corre hacia la puerta de la sucursal bancaria como si se tratara de una enorme rata gris salida de una cloaca. Se agacha por instinto. Voltea por precaución. En realidad, podría caminar cómodamente erguido; no hay un alma. Llega hasta el portón de cristal. Se detiene al lado de un letrero. Dólar. Compra 14.30. Venta 15.45 [...]

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UN KIOSCO MORISCO EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Ma. Esther Pérez Salas C. / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No.5, pág. 79

Kiosco B-5

Hablar del kiosco morisco situado en la alameda de Santa María la Ribera en la ciudad de México nos remite de manera inmediata a la capital del Porfiriato. A esa capital que conservaba aún sus paseos y lugares de encuentro coloniales, pero a la vez luchaba por abrirse paso en el mundo moderno y cada vez más integrado de las últimasimas décadas del siglo XIX. Es justamente este kiosco el que permitirá que nos refiramos al carácter internacional que privaba en gran parte de la producción artística de la época.

Debemos señalar tres elementos que distinguen al kiosco que presentamos. El primero son los elementos formales árabes, el segundo que se construyera con los materiales más modernos y el tercero, que se concibiera como Pabellón de México para la Exposición Universal de 1884-1885, que se llevó a cabo en la ciudad de Nueva Orleáns para conmemorar el centenario del mayor envío de algodón de Estados Unidos a Inglaterra, producido en 1784.

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La Sucesión Presidencial

Héctor L. Zarauz López / Comisión para las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución en la Ciudad de México
Revista BiCentenario No.5, pág.39

Tan sólo un libro

Apenas se han cumplido cien años de la edición (diciembre de 1908) y divulgación de La Sucesión Presidencial de 1910. El Partido Nacional Democrático, el libro al que se ha considerado como uno de los principales eslabones del proceso revolucionario en 1910. Consta de siete capítulos, en los que se describe y analiza la situación política, social, económica y la historia de nuestro país. A la obra no le faltaron contradicciones pues, aunque hace una valoración positiva de Porfirio Díaz, a quien reconoce los méritos por haber logrado la pacificación, estabilidad y desarrollo nacionales, lo censura también aun cuando con cierta cautela.

Creelman B-5Las principales crítcas son contra el militarismo y la falta de democracia, la manera en que Díaz había centralizado el poder, la ausencia de partidos políticos, la falta de elecciones confiables, la persecución a la prensa libre y a los opositores, todo lo cual situaba a México como un país rezagado en términos de la democracia que se vivía en naciones como Francia y Estados Unidos (que son algunos de los modelos con los que Madero efectuó comparaciones).

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“El más leal”, el villista Toribio Ortega

Pedro Salmerón Sanginés / ENAH
Revista BiCentenario No. 5, pág. 42-43

Gral. Ortega B-5Entre los caudillos revolucionarios que, con sus hombres, constituyeron la famosa División del Norte eligiendo a Pancho villa como jefe de la misma, el general Toribio Ortega Ramírez, jefe de la Brigada Jesús Gonzáez Ortega, era conocido como “el más leal”. Pero además de eso, Toribio Ortega era uno de los generales de la Divisi9n del Norte con mayor claridad política: desde 1903 encabezó la Asociación de Habitantes de Cuchillo Parado, que tenía por objeto continuar el viejo pleito legal que los campesinos de ese pueblo sostenían contra el hacendado Carlos Muñoz, que al amparo de las leyes de terrenos baldíos y con el aval de la Compañía Deslindadora de Juan A. Creel (hermano de un influyente político del grupo de los “científicos” que fue embajador de México en Washington, secretario de Relaciones Exteriores y gobernador de Chihuahua de 1903 a 1911), se apoderó de buena parte de las tierras que el pueblo tenía amparadas por títulos de propiedad otorgados por el presidente Benito Juárez en 1865.

Durante seis años Toribio Ortega encabezó la lucha legal del pueblo contra el hacendado y el gobernador, sin obtener ningún resultado favorable, por lo que en 1909 decidió fundar un Club Antirreleccionista, corresponsal del que en la ciudad de Chihuahua dirigía don Abraham González. Ortega y sus compañeros lograron que en Cuchillo Parado y otros pueblos del desierto oriental de Chihuahua ganara Madero las elecciones de julio de 1910, a pesar de la acción y las amenazas del gobierno. Y cuando Madero llamó a la revuelta, Ortega se comprometía a levantarse puntualmente el 20 de noviembre… lo que no cumplió, pues el día 13 recibió el aviso de que gendarmes montados habían salido del pueblo de Coyame para aprehenderlo a él y a sus principales partidarios, por lo que al amanecer del día 14 se apoderó del pueblo y se retiró a la sierra del Pegüis para esperar el día 20. Desde entonces, la gente de Cuchillo Parado reclama para sí el honor de haber empezado la revolución, pues Ortega y los suyos se levantaron en armas cuatro días antes de que en Puebla cayera Aquiles Serdán.

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Villa y Toribio Ortega

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ESTUDIAR MEDICINA DURANTE LA REVOLUCIÓN ENTREVISTA AL DR. SALVADOR ZUBIRÁN ANCHONDO

Ramón Aureliano Alarcán / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No.5, págs.87-88

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Firma del acta de inauguración del Hospital de Nutrición, 12 de octubre de 1946

Forjador de una de las instituciones de medicina más prestigiadas de México, a la vez que maestro de muchas generaciones de médicos, o “médico de presidente” como alguna vez lo llamó un colega ya fallecido, Salvador Zubirán Anchondo acumuló a lo largo de su vida una gran experiencia profesional, vinculada al acontecer público. Hoy en día su nombre está ligado indisolublemente al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.

Más allá de sus logros como profesionista, al Dr. Zubirán le tocó, junto con otros médicos destacados de la primera mitad del siglo XX, participar en la institucionalización de la medicina científica mexicana. Nombres como Gastón Melo, Gustavo Baz, Raoul Fournier, Clemente Robles, Jesús González Ureña, Ignacio Chávez, Federico Gómez, Manuel Gea González, Ismael Cosío Villegas, Abraham Ayala González, Salvador González Herrejón, Manuel Velasco Suárez, entre otros, dan cuenta de ello.

Una selección de fragmentos que ilustran los primeros años de vida y la formación profesional del Dr. Zubirán, nos llevan a saber cómo se enseñaba y practicaba la medicina y a las ideas que se tenían sobre el médico y la enfermedad en México a principios del siglo XX. La voz del relato es pues de un protagonista de los hechos.

Conviene, antes de leerla, saber algo de la vida del Dr. Zubirán. Nacido en Chihuahua en 1898, murió en el DF en 1998, próximo a cumplir los cien años de edad. Estudió en la Universidad Nacional de México y obtuvo su título de médico cirujano en 1923. Hizo el posgrado en la Universidad de Harvard en 1924 y 1925. Como docente, algunas de sus actividades fueron: profesor de terapéutica (1925-1927) y de Clínica propedéutica en la Escuela Nacional de Medicina (1928-1933); profesor en la Enseñanza de Graduados en la Facultad de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (1946-1966), y de 1967 hasta su muerte profesor emérito de la misma facultad y universidad. A la vez ocupó numerosos cargos públicos y recibió amplios reconocimientos como el Premio Nacional de Ciencias (1968) o la presea “Belisario Domínguez” (1986).

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Fachada de la antigua Escuela Nacional de Medicina

La institución a la que dedicó su mayor empeño fue a la que a la fecha lleva su nombre, que tuvo como antecedente directo el Hospital de Enfermedades de la Nutrición (1946), desde 1981 pasó a ser Instituto Nacional de Nutrición, y en el año 2000 Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.

Para el estudio de la historia de la medicina en México es una fortuna contar con la serie de entrevistas hechas a distintos médicos hace varios años y que constituyen parte fundamental del Archivo de la Palabra del Instituto Mora, proyecto originado en el INAH por la Dra. Eugenia Meyer, y en varias ocasiones con el aval y participación de la Academia Nacional de Medicina. Allí se guardan los testimonios orales de muchos de sus actores, cuya formación y primeros años de ejercicio profesional coincidieron con la Revolución Mexicana, en su etapa de lucha armada y de formación de un Estado nuevo.

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