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Correo del lector # 35

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

Del muro de Facebook

Carro alegA?rico de la colonia japonesa en MAi??xico

Carro alegA?rico de la colonia japonesa en MAi??xico, ca. 1930.

Ai?? ai???Testimonio de un japonAi??s radicado en MAi??xico durante la segunda guerra mundialai???, por Teiji Sekiguchi (nA?m. 7) Entiendo que Tatsugoro Matsumoto diAi??seAi??A? y construyA? un jardAi??n en la hacienda de San Juan Hueyapan, Hidalgo. No tuve el gusto de conocerlo pero cuando fue hotel y me hospedAi?? allAi??, por las noches reconocAi?? su espAi??ritu en ese jardAi??n, como el de un fantasma benAi??fico que ha aleAi??grado mucho mi existencia.

CAi??sar CA?rdova

Es una historia triste. Mi bisabuelo, JorAi??ge Furasawa, fue uno de los japoneses enviados a la Ciudad de MAi??xico y mi abuela me platica todo el sufrimiento y las carencias que pasaron, y les camAi??biaron la vida.

Ana Luisa DA?vila

Fernando Soler, fotograma de Fernando Soler, El Indiano, 1954.

Fernando Soler, fotograma de Fernando Soler, El Indiano, 1954.

Ai?? ai???Entrevista. Fernando Solerai???, por GraAi??ziella Altamirano (nA?m. 21) Los descendientes de la dinastAi??a Soler siguen trabajando, ahAi?? tenemos a CasAi??sandra Ciangherotti, hija del gran FerAi??nando LujA?n, quien a su vez fue sobrino de don Fernando Soler. A?Muchas gracias por la nota!

 

A?SabAi??as quAi???

En el Estado de MAi??xico hay una poAi??blaciA?n de origen otomAi?? llamada San Francisco MagA? que podrAi??a definirse como ai???un paraAi??so fiscalai???. En efecto, el Ayuntamiento no percibe impuestos desAi??de el siglo XVIII cuando ai??i??se cuentaai??i?? el virrey Juan Antonio de BizarrA?n los exentA? de su pago por haberse alojado ahAi??, siendo esto ratificado por Benito JuA?rez y Luis EcheverrAi??a. A la fecha, la poblaciA?n contribuye con un pago anual y mano de obra para las obras pA?blicas.

Parroquia de San Francisco MagA?, Estado de MAi??xico. FotografAi??a de Ana Rosa SuA?rez, 2016.

Parroquia de San Francisco MagA?, Estado de MAi??xico. FotografAi??a de Ana Rosa SuA?rez, 2016.

Cartas

Todos los ejemplares de la revista me gusAi??tan por los temas variados que abordan. A veces no he estado de acuerdo con el criterio o punto de vista de algA?n autor, pero es raro. Sin embargo, el nA?mero que tratA? de Mixcoac con Octavio Paz y el Instituto Mora como ejes, me encantA?ai??i??

Por amor a la historia

La Casa de la Memoria Metropolitana, alojada en la conocida como Casa de las Ajaracas, rescata las fotografAi??as que relatan la transformaciA?n de la Ciudad de MAi??xico a travAi??s de la imagen. CuenAi??ta para eso con un archivo de casi dos millones de ejemplares.

Fachada de la Casa de la Memoria Metropolitana. FotografAi??a de Ana Rosa SuA?rez, 2016.

Fachada de la Casa de la Memoria Metropolitana. FotografAi??a de Ana Rosa SuA?rez, 2016.

Reloj de arena

General RamA?n RayA?n, litografAi??a.

General RamA?n RayA?n

2 de enero de 1817

El fuerte de CA?poro, en MichoacA?n, defendido por RamA?n LA?pez RayA?n desde 1814, se rinde ante el terrible asedio a que lo someten las tropas realistas y sin esperanza de recibir ayuda del exterior.

 

 

Retrato de Miguel MiramA?n, ca. 1859. Library of Congress, EUA.

Retrato de Miguel MiramA?n

27 de enero de 1867

Miguel MiramA?n ocupa la ciudad de Zacatecas con el objetivo de aprehender a Benito JuA?rez y sus ministros, pero estos se salvan mediante una estratagema: el carruaje del presidente toma una direcciA?n, mientras ellos como jinetes se van por otra.

 

Anuncio de la pelAi??cula Pershingai??i??s Crusaders.

Anuncio de la pelAi??cula Pershingai??i??s Crusaders.

5 de febrero de 1917

DespuAi??s de un aAi??o, la expediciA?n estadunidense encabezada por el general John J. Pershing abandona el territorio mexicano por el punto llamado Palomas, en el noroeste de Chihuahua.

 

 

Vista del edificio de la SecretarAi??a de Relaciones Exteriores en Tlatelolco. FotografAi??a de Ana Rosa SuA?rez, 2005.

Vista del edificio de la SecretarAi??a de Relaciones Exteriores en Tlatelolco.

14 de febrero del 1967

En el edificio de la SecretarAi??a de Relaciones Exteriores, de la Plaza de las Tres Culturas, se firma el Tratado de Tlatelolco, por el cual las naciones de AmAi??rica Latina y el Caribe se obligan a impedir la fabricaciA?n, reAi??cepciA?n y almacenamiento de armas nucleares asAi?? como a la realizaciA?n de pruebas nucleares en sus territorios. Para velar por su cumplimiento, se formA? el llamado Organismo para la ProscripciA?n de las Armas NuAi??cleares en AmAi??rica Latina (OPANAL).

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bicentenario@institutomora.edu.mx

Editorial # 35

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

La historia lineal de los vAi??nculos entre las naciones parece necesitar de algunos nudos y enredos que las paralizan por un tiempo hasta encontrar quiAi??nes los desaten para inyecAi??tarle mayor energAi??a y volver a avanzar sin piedras ni lodos que la atoren. En ese lapso de maraAi??as abunda el griterAi??o y el desentendimiento, la amenaza de la fuerza y el golpeteo incesante de la descalificaciA?n. Desde una de las trincheras se lanzan fuegos artificiales que obligan a agazaparse del otro lado, hasta que la pA?lvora deje de iluminar el cielo por cansancio de los artilleros o pAi??rdida de eficiencia. Juegan al lAi??mite pero en el fondo la pA?lvora sirve para intentar imponer condiciones aunque no caerA? a tierra. PodrA? haber daAi??os, pero no destrucciA?n. Las necesidades de convivir estA?n implAi??citas y terminan por imponerse. Que de la noche a la maAi??ana una parte quiera hacer responsable a la otra de sus propias carencias o imponerse, habla de una estrategia antigua y repetida. DespuAi??s de varias dAi??cadas de vivir en una vecindad en armonAi??a, MAi??xico se encuentra con que el vecino estadunidense ya no quiere que las hojas del A?rbol que los divide le caigan a Ai??l y de paso pretende tirarle por encima de la barda lo que no le sirve. El nudo y los enredos han vuelto a instalarse. En la dAi??cada de 1920 pasA? algo similar. Y el discurso y la vocinglerAi??a fueron bastante semejantes a los de hoy. HabAi??a xenofobia, racismo, prejuicio y desconfianza. Los factores polAi??ticos y econA?micos alimentaban el distanciamiento. El polAi??tico se llamaba anticomunismo; el econA?mico, petrA?leo y tierras. Se criticaban el atraso y la pobreza, la capacidad de gobernar, los orAi??genes Ai??tnicos y la falta de justicia. Hoy se habla de robo de mano de obra, se criminaliza a migrantes y hasta se proponen militares extranjeros para combatir el narcotrA?fico. La diplomacia de Washington alucinaba con una confabulaciA?n mexicano-soviAi??tica que instalarAi??a el comunismo aquAi?? y por ende en LatinoamAi??rica, una amenaza para la Doctrina Monroe. La mirada de entonces era la de hombres anglosajones y protestantes, una vieja guardia republicana convencida de la superioridad moral, cultural y econA?mica de Estados Unidos, nos dice MarAi??a del Carmen Collado, lo cual no dista demasiado de la que se ve en estos dAi??as en Washington. El conflicto se resolviA? cuando se avizorA? una guerra innecesaria y las voces mA?s moderadas pudieron imponerse. Aquella experiencia que abre la portada de esta ediciA?n de BiCentenario ameniza el anA?lisis del presente y puede servir de proyecciA?n de una vecindad seguramente distante para los prA?ximos cuatro aAi??os.

DespuAi??s de aquellos desencuentros vino una crisis econA?Ai??mica como la de 1929, que ubicA? como uno de sus blancos a los migrantes mexicanos que llegaron en grandes cantidades tras la primera guerra mundial para trabajar en la agricultura, el tendido del ferrocarril y la industria. La prisiA?n y fuertes multas fueron las dos armas que se esgrimieron para despojarse de ellos. Su economAi??a ya no los necesitaba. La participaciA?n de un cA?nsul en Los A?ngeles con sensibilidad para afrontar el problema y creatividad para resolverlo fue relevante aquel aAi??o. Rafael de la Colina organizA? la repatriaciA?n de mA?s de 30 000 mexicanos que vivAi??an en California para llevarlos hasta Guadalajara, Guanajuato y la Ciudad de MAi??xico. Su testimonio agudo describe las mismas dificultades del migrante de hoy en Estados Unidos o en tantas partes del mundo: discriminaciA?n, explotaciA?n laboral, desconocimiento, indefensiA?n y olvido.

Como contraposiciA?n, en la otra punta de cualquier esAi??cala comparativa, estaban actrices y actores mexicanos que intentaban destacar en Hollywood por esas fechas. Dolores del RAi??o, Guadalupe VAi??lez y RamA?n Novarro pudieron dar cuenta de una migraciA?n exitosa, aunque temporal, y a la que a pocos se le ocurrAi??a reprochar. Una muestra de que el tema migratorio es un fenA?meno de la pobreza.

A la mirada exterior le sigue el espejo propio. En MAi??xico hubo en el A?ltimo siglo poblaciones migrantes que recibieron un trato similar al que se ha documentado para los mexicanos al norte del rAi??o Bravo. Lo vivieron los chinos en la primera dAi??cada del siglo xx y ahora los centroamericanos. Sin embargo, esto no es lineal. Otros inmigrantes como los hA?ngaros, que llegaban hacia fines del siglo XIX y principio del XX, pudieron establecerse sin inconvenientes y aprovechar el desconocimiento que se tenAi??a de MAi??xico en su paAi??s para promocionarlo, aunque implicara ocultar una realidad abundante en inequidades.

Los aAi??os de la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siguiente han sido ricos en circunstancias y hechos que fueron moldeando cambios relevantes. A partir de historias personales relatamos en este nA?mero de BiCentenario el aporte a la medicina militar que dio el mAi??dico Francisco Montes de Oca con su insistencia en ofrecer una mejor atenciA?n de las enfermedades y avances en la salubridad, hasta llegar a crear en 1881 la Escuela PrA?ctico MAi??dico Militar (EPMM). Otro caso a destacar se sitA?a en YucatA?n y lleva el nombre de Pedro Guerra. La casa de fotografAi??a que abriA? en 1877, a la que se sumarAi??a su familia posteriormente, retratA? durante 90 aAi??os a generaciones de yucatecos y los acontecimientos de la penAi??nsula. Hoy es parte de un acervo que lleva su nombre con mA?s de 500 mil imA?genes.

En esos aAi??os se fue enraizando una prA?ctica gubernamental que se ha convertido en uno de los fenA?menos mA?s lacerantes para el paAi??s. Una descripciA?n de cA?mo era la corrupciA?n en el siglo XIX muestra que desde el Estado se podAi??an generar fortunas, en tanto la impunidad protegAi??a su prA?ctica. MA?s que un rasgo genAi??tico, se trata de una relaciA?n con las instituciones que perdura por dAi??cadas, argumenta el autor.

En este nA?mero 35 hay otras narraciones por descubrir: el compromiso de Gustavo Garmendia con la causa revolucionaria, la figura del charro en la cultura nacional, la tradiciA?n tan acendrada de festejar a nuestras madres o la historia de una mujer independentista, tambiAi??n madre, traicionada por el confort de su marido. Hasta la prA?xima.

Terrorismo

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

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Terroristas hay por todos lados. DetrA?s de una burAi??ka o de unos rasgos de piel oscura. De un boleto de aviA?n que diga TeherA?n, SanA? o Kabul, por tener un tatuaje que identifica a cualquiera con alguna tribu urAi??bana de un barrio marginal, por el acento extranjero o la dificultad al pronunciar, por llevar tenis gastados o por el simple hecho de escribir o comentar posicioAi??nes pA?blicas crAi??ticas. Porque no acredita una estancia legal o porque no trae tarjeta de crAi??dito ni mA?s pesos que los necesarios para pagarse una comida mAi??nima y continuar con hambre. Por subirse a un bote hasta casi hundirlo con otras decenas de iguales o recorrer asfixiado un desierto a 45 grados centAi??grados. Por teAi??ner pasaporte de un paAi??s paria o por pasarse el alto de un semA?foro. Terroristas hay por todos lados, al menos de eso intentan convencernos. La nueva ola mundial xenA?foba toca muchas puertas. Y la asociaciA?n terroAi??rismo-migrantes la define. Si bien la migraciA?n ha heAi??cho al mundo mA?s integrado y multifacAi??tico, algunos no parecen entenderlo asAi??, cuando tocan a sus puertas pasan a la amnesia los retratos de sus padres, abuelos o bisabuelos bajando de un barco apenas con lo que llevaban puesto. A?Y cA?mo les habrAi??a ido a estos seAi??ores de bigote? En sus rasgos mexicanos o sirio-libaneses, el mostacho top de 1910 los podrAi??a haber delatado, heAi??cho sospechosos o puestos en la mira. El estilo italiaAi??no o turco de esos pelos cincelados a mano lo usaban tambiAi??n los anarquistas, los terroristas de entonces. Razones para desconfiar habAi??a. Hacia mediados y fiAi??nes del siglo XIX la pauperizaciA?n econA?mica trajo a YucatA?n a los migrantes sirio-libaneses, atraAi??dos por el oro verde del henequAi??n. Con la ley de ExtranjeAi??rAi??a y NaturalizaciA?n de 1886, el atractivo creciA? y los inmigrantes tambiAi??n. Tuvieron mejor suerte que los chinos. Se asentaron junto a mercados y en las zonas cAi??ntricas para ofrecer su principal portento comercial: la venta de textiles, asociada al financiamiento de las compras que tantos rAi??ditos les darAi??a. Los hermanos Borge fueron unos de ellos. En MAi??rida abrieron dos establecimientos que perdurarAi??an por largo tiempo en la memoria peninsular: La Moda Real y La Ninfa. Se adaptaron a un nuevo mundo y utilizaron la publicidad como esta imagen, posada para seguir ganA?ndose un luAi??gar entre los yucatecos. La migraciA?n, hija de la pobreAi??za, les dio nombre y dignidad. Justo lo que se les quiere quitar un siglo despuAi??s a quienes siguen sus pasos.

Rafael de la Colina Riquelme. El buen cA?nsul en Estados Unidos.

Graciela de Garay
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

Los momentos conflictivos para los migrantes mexicanos radicados entre los vecinos del norte han sido diversos. La recesiA?n de 1929 dio lugar a una fuerte oleada de compatriotas a los que les convino salir del paAi??s antes que ser deportados. Las acciones de este diplomA?tico fueron destacadas en california donde pudo convencer y repatriar a miles de ellos. Su testimonio da cuenta de las dificultades para armonizar las necesidades de personas que buscan mejores condiciones de vida que no obtienen en MAi??xico y las necesidades de los gobiernos estadunidenses vinculadas a sus procesos econA?micos y legales.

Al llegar como cA?nsul de MAi??xico a Los A?nAi??geles, California, Rafael de la Colina se enAi??contrA? con dos problemas: primero, la crisis econA?mica mundial de 1929, producto de la caAi??da de las acciones en la bolsa de valores de Nueva York, y, segundo, el gran desafAi??o de repatriar a los miles de compatriotas que habAi??an quedado desempleados en Estados Unidos a raAi??z del desastre financiero. Muchos de ellos habAi??an emigrado a este paAi??s, antes de la recesiA?n, atraAi??dos por las oportunidaAi??des laborales en la agricultura, el tendido de vAi??as de ferrocarril y, sobre todo, para abasteAi??cer de mano de obra las fA?bricas que dejaron los obreros locales para pelear en la primera guerra mundial. En 1931 De la Colina devolAi??viA? a mA?s de 30 mil mexicanos, y gracias a sus labores de protecciA?n en Los A?ngeles se le llamA? ai???el buen cA?nsulai???.

Dado que la crisis afectA? mA?s a las naciones industrializadas, estas redujeron sus importaAi??ciones, entre ellas a MAi??xico, en particular de petrA?leo y de productos agrAi??colas y mineros. La situaciA?n ocasionA? un dAi??ficit en los inAi??gresos del gobierno federal que dependAi??a del comercio exterior. Ahora bien, no obstante la severidad de la crisis internacional, esta perAi??judicA? en menor medida a nuestro paAi??s dado que su base industrial era exigua y su poblaciA?n mayoritariamente rural. De cualquier manera, los balances negativos de la dependencia de los mercados internacionales evidenciaron la necesidad de desarrollar una industria propia.

En el contexto de la crisis, el gobierno esAi??tadunidense intensificA? el rigor de su polAi??tica migratoria para garantizar la efectividad de las deportaciones de los mexicanos que se encontraban en su territorio; por ejemplo, se incrementA? de uno a dos aAi??os la pena de prisiA?n y se fijA? en 1 000 dA?lares la multa a quienes volvieran a entrar ilegalmente al paAi??s.

El historiador MoisAi??s GonzA?lez Navarro apunta que los especialistas estadunidenses distinguieron tres grupos entre los repatriaAi??dos mexicanos: 1) los que regresaban volunAi??tariamente, 2) los que lo hacAi??an ai???under polite coerciA?nai???, es decir, cuando las autoridades o las instituciones pA?blicas de beneficencia les pagaban los gastos por transporte hasta la frontera y 3) los deportados.

De acuerdo con las Memorias de la SeAi??cretarAi??a de GobernaciA?n, se deportA? a 9 265 mexicanos de Estados Unidos, 85% acusados de violaciones a las disposiciones migratoAi??rias. A partir de 1929 se suspendiA? casi en su totalidad la emigraciA?n mexicana a Estados Unidos. En ese mismo aAi??o se repatriaron 25 782 trabajadores, y de julio de 1930 a junio de 1931 un total de 91 972, la gran mayorAi??a procedente de Texas y California. El punto mA?ximo del proceso ocurriA? en 1931 sumanAi??do un total de 124 990 repatriados. Los gastos fueron cubiertos por el gobierno mexicano, los comitAi??s de beneficencia organizados por los consulados y los donativos de particulares mexicanos. En 1932 se repatriaron 115 705, y el gobierno erogA? 73 404 sA?lo por alimentos.

Muchos regresaron prA?cticamente sin recurAi??sos, aunque trajeron un modesto menaje de casa y algunas pertenencias.

La entrevista que a continuaciA?n se preAi??senta constituye la versiA?n abreviada del conAi??junto de doce entrevistas que le realicAi?? al emAi??bajador Rafael de la Colina en la ciudad de Reston, Virginia, Estados Unidos, en noAi??viembre de 1986, para el proyecto de Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, patrocinado por la SecretarAi??a de Relaciones Exteriores de MAi??xico con el apoyo del Instituto Mora. La versiA?n extensa fue publicada por la propia SecretarAi??a de Relaciones y el Banco de CoAi??mercio Exterior en 1989.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Negrita linda

Silvia L. Cuesy

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

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Eras una mariposa al vuelo, Josefa. Combinabas desparpajo, doAi??naire, frescura. A travAi??s de los aAi??os tus aleteos fueron perdiendo gracia, pero el amor que sentAi??a por ti superaba cualquier merma en tu belleza. La jovialidad que esparcAi??as a tu paso era tanta que, al verte, yo me alegraba de ser tu eterno y feliz enamoradoai??i?? Catorce preAi??eces le restaron esbeltez al primor de tu cintura, redondearon tu cA?lido cuerpo y aflojaron tu carne aceitunada. Catorce crAi??os te enloquecieron por turnos con llantos y alboroAi??zo infantil; corrAi??as de aquAi?? para allA?, jugabas con uno, altercabas con otro, los animabas al baile tocando alguna tonadilla con la flauta; si habAi??a enfermitos velabas junto a su cama o, tristemente, diste el adiA?s a alguno en el camposanto. Sin embargo, ninguna gravidez logrA? hacerte renunciar a las ideas libertarias que fuisAi??te madurando con el correr de la vida; ideas tan poco comunes en una dama consagrada a su hogar como lo pretendiste ser tA?, mujer. Yo te exhortaba a guardarte la lengua frente a la gente, ya fuera en pA?blico o en privado. Prudencia y cautela te implorabaai??i?? RespondAi??as que ademA?s de darle a la Nueva EspaAi??a tantos hijos como Dios quisiera, tambiAi??n estabas para infundir valor en los hombres nacidos en este reino. Hombres que habrAi??an de luchar algA?n dAi??a por erradicar de este suelo la opresiA?n y petulancia de los espaAi??oles. A?Ah, esos espaAi??oles que despertaban en ti tanta animadversiA?nai??i??!

A?Ay, Josefa! Eras casi una niAi??a. TenAi??as la edad de nuestra CarAi??men Camila. No, miento, eras dos aAi??os menor. Si mi memoria no es traicionera, cuando entrelazamos miradas por primera vez rondabas los dulces 16, mA?s o menos. No imaginAi?? en ese momenAi??to la vida de amor y tortura que serAi??as capaz de darmeai??i?? No me arrepiento. AliAi??aste mi rutinaria existencia, y mA?s que una maAi??dre fuiste una hermana mayor para mis hijas, pues ni siquiera les doblabas la edad. Gracias a ti dejAi?? atrA?s mi lA?brega viudez y tA?, pAi??cara, resucitaste mi hombrAi??a y a MarAi??a Guadalupe y a MarAi??a Josefa, mis dos hijas, les arrancaste carcajadas a raudales con tus juegos y ocurrencias. Supiste darles el mismo cobijo de madre que a ti te dieron en el colegio.

Recuerdo nuestra duda hace ya tiempo, acurrucados en el lecho. AA?n insisto en que, persiguiAi??ndome, te ocultabas tras una columna del imponente patio del Colegio de VizcaAi??nas. TA? alegabas haber entrado a ofrecerme un vaso de horchata fresca a la oficina del director; como colegiala una de tus tareas era atender a los patronos y cofrades cuando llegaran de visita igual que si estuvieras en tu propia casa. No importa cA?mo haya sido el encuentro, lo que sAi?? es preciso es agradecerlo. Si la sapiencia divina juntA? a dos almas tan opuestas, muy a pesar de todas las crAi??ticas y seAi??alamientos, por algo fue… Eras atrevida, Josefa, y yo un irredento pecador.

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Para leer el cuento completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.