Archivo de la categoría: BiCentenario #4

La deshonra de la abuela

Cecilia Lartigue – UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

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¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Un día? ¿Dos? ¿Sólo un rato que se está haciendo eterno? En esta oscuridad es imposible calcular la hora. Tampoco estoy segura de si estoy despierta o dormida, aunque creo que mis parpadeos son reales. Sigo percibiendo ese horrible olor a gas, ni la nariz atiborrada de polvo lo detiene. ¡¿Y si se acaba el oxígeno?!

Me duele el brazo izquierdo. No sé qué lo golpeé ni en qué momento, pero tengo una herida grande, aquí, cerca del hombro. Siento algo espeso y húmedo, como una costra que no termina de secar. Es mejor no tocarla. Una sola inhalación profunda para calmar el dolor. Otra, aunque consuma más oxígeno. Así está mejor. Me pongo de lado, voy a tratar de mover el resto de mi cuerpo. Todavía me arden los dedos. De nada me sirvió rascar el cemento, empujar la loza con todas mis fuerzas. No logré moverla ni un centímetro.

06 (432x500)Y mamá Salió tan temprano que ni siquiera escuché la puerta del departamento cerrarse ni sus tacones apurados bajando la escalera. Habrá llegado al Centro Médico y tal vez desayunaba en la cafetería cuando comenzó a temblar. Estará preocupada por mí; tal vez está aquí afuera, frente al edificio derrumbado. ¿Se habrá destruido todo? No fue sólo nuestro departamento porque sentí como si me desplazara muchos metros hacia abajo.

Seguramente mamá ya organizó a varios transeúntes para que nos rescaten. La imagino con sus gritos de comandante movilizándolos en nuestra búsqueda. Eso sí, no dejaré caer una sola lágrima; quizás apriete un poco la mandíbula. ¿Y si piensa que estamos muertas? De todas maneras permanecer serena, con los ojos más abiertos para que no escurran las lágrimas, tensando la mandíbula un poco más, sólo eso.

“Abuela ¿estÁs despierta?”
Tal vez no me escuchó porque mi voz salió con poca fuerza.
“No me he ido de aquí, hijita.”
“Trata de moverte poco para que conserves tu energía.”

Aquí estamos la abuela y yo, atrapadas, después de una escena bastante melodramática. La veo saliendo del baño, secándose el cabello, vestida con su blusa de flores azules, su falda negra hasta los tobillos y sus zapatos bajos, mirando con curiosidad mi cara acusadora.

“¿¡Con Victoriano Huerta, abuela!? ¿Tu papá colaboró con el traidor más odiado de la patria?”

Me miró con asombro, yo creo que porque me creía incapaz de hurgar en sus cosas, y me contó de las penurias que pasó su padre durante la época en que vivió en Estados Unidos, expulsado por Venustiano Carranza por colaborar con Díaz.

“Te imaginas al coronel Escudero, un hombre delgado, de piel blanquísima, arrastrando unacarretilla de carbón por la ciudad de El Paso? El dueño de la Hacienda de Altapa, que comandaba a cientos de hombres en las batallas, viviendo como un mendigo.”

Estoy acostumbrada a sus desplantes de racismo y hasta había llegado a asimilar la vergüenza de tener un bisabuelo porfirista. ¡Pero un colaborador de Huerta?! Tuve ganas de encerrarme en el cuarto y gritarle que en ese momento dejara de considerarme su nieta, pero me quedé con la carta en la mano, mirando como la abuela tomaba la caja de plata, la cerraba con la llavecita, que luego guardó en su camafeo. Yo tenía aún el índice sobre esas líneas inconcebibles de la carta que le escribió su padre, fechada el día 18 de junio de 1914: “Nos expulsaron del país, pero no te preocupes, Margarita, pronto reinará la paz que teníamos con nuestro General Díaz y que, sin duda alguna, el General Huerta va a recuperar.”

[...]

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Correo del Lector #4

CARTAS

Sin títuloHago referencia al artículo de Laura Suárez de la Torre: “Y se hizo la imagen de Hidalgo” (BiCentenario 1) y le transmito la existencia de una leyenda que dice que la imagen que hoy reconocemos como del padre de la patria corresponde, en realidad, al doctor Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía. Se cuenta que a una persona que conoció a Hidalgo se le preguntó acerca de su imagen, y que luego de describirlo le mostraron algunos retratos, entre ellos uno de Hahnemann, al que le encontró parecido. ¿Qué opina la autora al respecto? ¿Habrá servido ese retrato para definir la imagen del cura de Dolores?

Arno Burkholder de la Rosa, historiador.

Se dice que Samuel Hahnemann fue el modelo; que el pintor Joaquín Ramírez basó su retrato en una escultura de madera y las pláticas que tuvo con los hermanos de Hidalgo; que no tenía esos rasgos, etcétera. Para responder a su atento señalamiento, habría que recordar que en el arte se habla de “escuelas”, en el sentido de que cada una hace las cosas a la manera de él. Para nosotros será siempre muy difícil hablar de la “verdadera” imagen del “Padre de la Patria”, lo que sí debemos aceptar es que ésta se hizo en el tiempo y que los mexicanos la identificamos sin problema, aunque quizá no corresponda al Miguel Hidalgo de carne y hueso.

LST

El cuento de Ana Suárez (BiCentenario 1) sobre las operaciones de compraventa de indios mayas entre México y Cuba me conmovió. Me gustaría saber si los “contratos” que legalizaban dichas operaciones fueron un antecedente o se relacionan con los tratos que se hacían con los indios que eran enganchados para trabajar en las haciendas mediante pagos por adelantado, que, a la postre, se convertían en una deuda impagable, que tan bien describen Ricardo Pozas en Juan Pérez Jolote y John K. Turner en México bárbaro.

Javier Romero Cortés, estudiante.

Sin título

Agradezco el gentil comentario. Es cierto: entre los contratos firmados en la península de Yucatán a mediados del siglo XIX y los descritos por Pozas y Turner en sus libros respectivos hay un claro vínculo, si bien con los matices propios de las etapas y los lugares en que se hicieron. Todos pretendían, en suma, disfrazar una forma de trabajo esclavista con un documento “voluntario”.

AS

Felicito a María Concepción Martínez por su relatoría sobre el Multifamiliar Miguel Alemán (BiCentenario 3), pues es un tema que merece el estudio de todos los profesionistas interesados en el desarrollo urbano. Es indudable que, cada vez más, las ciudades serán un conjunto de ghettos (unidades habitacionales) y que el D.F., donde ha habido varias experiencias de este tipo (Miguel Alemán, Juárez, Tlatelolco, El Rosario) no podrá escapar. Sin embargo, se ignora aún la fórmula de administración idónea para ellos. La entrevista ilustra con claridad los cambios acaecidos cuando se pasó de la gestión centralizada por el ISSSTE a la llevada por los dueños de los departamentos. Sin embargo, en mi opinión, faltó abordar un aspecto cardinal en la vida de estos conjuntos: la inseguridad causada por las pandillas que comenzaron a proliferar desde los años 1970. Me gustaría saber qué opina la autora para el caso del multifamiliar que estudia.

Raúl Lozano, Tlatelolco.

Sin títuloEn la investigación que realizamos en el Centro Urbano Presidente Alemán, se abordó, entre otros temas, y a partir de la visión de los vecinos, el de la inseguridad. Según algunos, ésta fue una de las consecuencias del retiro de la administración por parte del ISSSTE. Recomiendo al señor Lozano que revise las distintas publicaciones aparecidas en el Instituto Mora sobre el multifamiliar Alemán, donde podrá ver los diversos resultados del estudio.

CM

Sin título

CONSULTAS


A?Es cierto que antes se pensaba que los pies pequeños en las mujeres eran sensuales?

Rosa Castillo,Tacubaya.

Sí, en el siglo XIX se pensaba que los pies pequeños eran un símbolo de belleza y sensualidad. Las mujeres mexicanas gustaban de presumirlos, mostrándolos por debajo de la falda. Se trataba de un atrevimiento muy grande para la época; de allí que las faldas de picos propias del vestido de china poblana fueran juzgadas como un atuendo impropio para las “mujeres decentes”.

¿Es cierto que Joaquín de la Cantolla y Rico, nuestro famoso volador de globos aerostáticos, debe ser considerado el primer aeronauta mexicano?

Miguel Valero, aficionado a la aviación.

Muchos lo piensan así, pero al parecer el primero fue el guanajuatense Benito León Acosta (1819-1886), ingeniero egresado de la Escuela de Minería, quien 20 años antes que Cantolla construyó un globo, con el cual logró ascender desde la plaza de toros de San Pablo, en la ciudad de México, el 3 de abril de 1842.

Sin título¿Desde cuándo se celebra en México el día de las madres?

Madre sin memoria.

El día de las madres se estableció en México en 1922, durante el gobierno de Álvaro Obregón. Fue una iniciativa de la Iglesia católica, impulsada por el diario Excélsior, que realizó una campaña de varias semanas para que se organizaran homenajes y festejos el 10 de mayo. Se buscaba exaltar la maternidad y fortalecer a la familia, disgregada por la revolución reciente. También se quería poner un freno a la educación racionalista, el avance del feminismo y la liberación en el vestir y las costumbres que ya se vivía en esa década. La iniciativa fue apoyada por el arzobispo José Mora y del Río y por el secretario de Educación Pública José Vasconcelos.

¿SABÍAS QUÉ?

En Durango se descubrió el suero antialacránico

Durango ha sido siempre conocido como la tierra de los alacranes, pues en ella estos arácnidos han cobrado innumerables vidas. Pese a las distintas campañas religiosas y civiles que se emprendieron desde la época colonial y durante todo el siglo XIX para acabar con la amenaza, por muchos años se desconoció el remedio que ayudara a cancelar los efectos de su ponzoñoso aguijón. La labor se dividió entre el ayuntamiento de la ciudad de Durango, que compraba por docena los alacranes entregados vivos o muertos, y la intervención divina de San Jorge, quien se convirtió en el patrón de la ciudad para proteger a las familias del piquete de alacrán, a cuya imagen se le llevaban ofrendas año con año y se le rezaba invocando su auxilio con una oración popular: “San Jorge Bendito, amarra tu animalito”: Sin títuloSeñor san Jorge bendito,/ por tu gloria celestial/ y tu poder especial,/ líbranos de todo mal,/ de sabandijas y víboras,/ de todo bicho rabioso,/ de piquetes de alacrán/ y de animal ponzoñoso/ y de pecado mortal.

En la segunda década del siglo XX, cuando se calculaba un promedio de 44 defunciones por año causadas por las picaduras de alacrán, dos científicos de Durango desarrollaron un suero que resultó el remedio perfecto contra los efectos del mortal veneno. En la Segunda Convención Médica, celebrada en Torreón, Coahuila, en septiembre de 1931, Carlos León de la Peña Gavilán (1890-1947) e Isauro Venzor Fuedesi (1888-1943) presentaron un estudio titulado El alacrán de Durango. Clasificación y distribución geográfica en el estado. Sintomatología de la intoxicación producida por su piquete. Eficacia del tratamiento seroterópico, en el cual dieron a conocer los resultados vistos en 300 casos en que se aplicó el suero contra los alacranes. Desde entonces, se han salvado muchas vidas en México y en otras partes del mundo.

POR AMOR A LA HISTORIA

Porfirio Francisco Rodelas Álvarez trabaja en el Hotel Fortín de las Flores, como auxiliar de mantenimiento. Joven padre de familia, se ayuda económicamente dando visitas guiadas a los turistas. Y es que Porfirio es un enamorado de su pueblo natal, que gusta de mostrar a los viajeros mientras camina sin prisa, dejando ver la belleza y el colorido de los jardines y aspirando el aroma de sus flores, rumbo a la antigua estación del ferrocarril. Luego les acompaña a Córdoba, Orizaba o Coscomatepec y les cuenta la historia de cada lugar, de cada edificio, de cada monumento, que él conoce bien pues –dice– se ha puesto a estudiarlas, así logra que se aprecien mejor los lugares maravillosos que tiene su estado y que quienes lo visitan se lleven algo bonito.

Sin título

Si desea contribuir al correo del lector, mándenos sus escritos a: bicentenario@institutomora.edu.mx

Sumario #4

EDITORIAL

CORREO DEL LECTOR

ARTÍCULOS

Y todo lo que huela a esclavitud (1810-1917) / Faustino A. Aquino Sánchez

La independencia imperial: sus festejos, proyectos y monumentos (1863-1867) / Juan Pablo Ortíz Dávila

Federico Gamboa en Guatemala / Harim B. Gutiérrez

Rodolfo Gaona: Un matador sobresaliente durante la revolución mexicana / Mario Ramírez Rancaño

Dos atletas en México 68 / María José Garrido Asperó

DESDE HOY

Exilios en México: un tejido de recuerdos e historia / Silvia Dutrénit Bielous

DESDE AYER

Diario de la Decena Trágica (del 9 al 27 de febrero de 1913) escrito por Kumaichi Horigoutchi, encargado de negocios del Japón / Edición de Graciela Altamirano C.

Consejos de belleza

CUENTO HISTÓRICO

La deshonra de la abuela / Cecilia Lartigue

ARTE

El sueño de Julio Ruelas en Montparnasse / Julieta Ortíz Gaitán

ENTREVISTA

La segunda generación en el Multi: foro-entrevista / Lourdes Roca

Dos atletas en México 68

María José Garrido Aspera – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

 

En el año de 1968 se vivieron en México dos sucesos significativos y de trascendencia. Uno fue el movimiento estudiantil; el otro, los XIX Juegos Olímpicos. Estos hechos compartieron el mes y los días. El 2 de octubre sucedió la masacre de Tlatelolco ordenada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz; dos días después, el presidente abanderó a la delegación atlética mexicana. El 12 del mismo mes, a sólo 10 días de la masacre y cuando no terminaba el conflicto estudiantil se inauguraron las Olimpiadas. Coincidieron también en el espacio: la ciudad de México y sus escenarios. El hermoso estadio universitario que semanas antes había sido ocupado por el ejército fue una sede principal de la justa deportiva. Baste decir que a unos kilómetros de distancia -cuántos, 10, quizá 30- los que haya entre de la plaza de Tlatelolco y la Villa Olímpica, entre esta y el gimnasio Juan de la Barrera o cualquier otra sede, habían sido asesinados y heridos cientos de mexicanos. Ambos, el movimiento y las Olimpiadas fueron protagonizados por jóvenes, tan jóvenes mexicanos unos como los otros.

Diversas fuentes han señalado que las Olimpiadas de México fueron las primeras que se celebraron a más de 2 000 metros sobre el nivel del mar, se realizaron en un país tercer mundista o subdesarrollado, se hicieron en Latinoamérica, se transmitieron por televisión en vivo a todo el mundo, se realizaron análisis de antidopaje a los atletas. Fueron los primeros Juegos en que una mujer -Enriqueta (Queta) Basilio- portó la antorcha y prendió el pebetero olímpico en un país que seguía siendo en extremo machista. Han sido los Juegos más económicos de toda la historia de las Olimpiadas modernas gracias a la planeación acertada del Comité Olímpico Organizador que fue dirigido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Fueron también los primeros en que al construir una idea de los Juegos se proyectó una Olimpiada Cultural que duró todo el año. Los Juegos de México reunieron a más de 5 000 atletas de 113 países. 781 de ellos eran mujeres.

Ariel Rodríguez Kuri, quien prepara un libro sobre la historia política de las Olimpiadas del 68, ha planteado la sugerente propuesta de reconsiderar el lugar que ocuparon en el análisis de los acontecimientos trágicos de aquel año. No está por demás, dice, argumentar que el movimiento estudiantil de 1968 hubiese adquirido otra connotación sin la inminencia de la Olimpiada. Esta última actuó, supone, como catalizador y como caja de resonancia del conflicto.

El objetivo de este texto es presentar cómo vivieron los deportistas de alto rendimiento el 68 a partir de los testimonios de dos atletas mexicanas que formaron parte de la selección nacional de voleibol femenil: Patricia (Paty) Nava y Rogelia (Roger) Romo. ¿Cómo fueron las Olimpiadas, cómo se prepararon para ellas? ¿Qué sintieron y cuáles fueron los logros y cuáles los fracasos de esa experiencia? ¿Qué sabían del movimiento estudiantil? ¿Qué les dijeron? ¿Qué pensaban? ¿Qué deseaban?

Paty y Roger nacieron en Guadalajara, Jalisco. En 1968 tenían 20 y 24 años de edad respectivamente. Paty era una de las jugadoras centrales de la selección y Roger era una de las bandas. Las dos eran titulares. Ambas comenzaron a practicar este deporte en la primaria y la secundaria donde estudiaban. En su adolescencia participaron en campeonatos inter-escolares y después representaron a su estado en los juegos juveniles, que hoy son las Olimpiadas juveniles. Fueron reclutadas en 1965 y 1966 para el proyecto de 68, a los 17 y 22 años de edad. Desde entonces no sólo entrenaron, vivieron bajo la tutela del Comité Olímpico Mexicano (COM), es decir, del Estado mexicano. Dedicaron esos años de su vida a prepararse para las Olimpiadas.

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En Durango se descubrió el suero antialacránico

Escorpión, Siglo XIX, Col. Particular.

Escorpión, Siglo XIX, Col. Particular.

Durango ha sido siempre conocido como la tierra de los alacranes, pues en ella estos arácnidos cobraron innumerables vidas. Pese a las distintas campañas religiosas y civiles que se emprendieron desde la época colonial y durante todo el siglo XIX para acabar con la plaga, por muchos años se desconoció el remedio que ayudara a cancelar los efectos de su ponzoñoso aguijón. La labor se dividió entre el Ayuntamiento que compraba por docena los alacranes entregados vivos o muertos y la intervención divina de San Jorge, quien se convirtió en el patrón de la ciudad para proteger a las familias del piquete de alacrán, a cuya imagen se le llevaban ofrendas año con año y se le rezaba invocando su auxilio con una oración popular: San Jorge Bendito, amarra tu animalito.

En la segunda década del siglo XX, cuando se calculaba un promedio de 44 defunciones por año causadas por las picaduras de alacrán, dos hombres de ciencia de Durango unieron sus esfuerzos para encontrar la solución y desarrollaron un suero que resultó el remedio perfecto contra los efectos del mortal veneno. En la Segunda Convención Médica, celebrada en Torreón, Coahuila, en septiembre de 1931, Carlos León de la Peña Gavilán (1890-1947) e Isauro Venzor Fuedesi (1888-1943) presentaron un estudio titulado El alacrán de Durango. Clasificación y distribución geográfica en el estado. Sintomatología de la intoxicación producida por su piquete. Eficacia del tratamiento seroterópico, en el cual dieron a conocer los resultados vistos en 300 casos en que se aplicó el suero contra los alacranes. Desde entonces, se han salvado muchas vidas en México y en otras partes del mundo.

El sueño de Julio Ruelas en Montparnasse

Julieta Ortiz Gaitán – Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

Julio Ruelas Suárez

Un profundo dolor debía invadir el ámbito de la Revista Moderna de México cuando llegó la noticia de la muerte de Julio Ruelas acaecida en París, el 16 de septiembre de 1907. En un editorial, sus compañeros se declararon heridos en pleno corazón por el golpe inesperado que arrancó a su más conspicuo ilustrador, intérprete fiel del espíritu del modernismo mexicano a través de su abundante repertorio iconográfico. El vacío que deja Ruelas, afirmaron, todavía no lo podemos medir.

En aquel México de principios del siglo XX, los artistas vivían en una bohemia obligada que dio tono a la época y consumió vidas y talentos en dolorosas muertes prematuras. Pintores, escultores, músicos y literatos compartieron este destino, entre el precario medio local y la avasallante ebullición cultural de las ciudades europeas a las que viajaban, pensionados en un empeño por seguir vocaciones que dejaron, finalmente y a costa de sacrificios, grandes legados para el arte mexicano.

Tal fue el caso de Julio Ruelas, quien nació en Zacatecas el 21 de junio de 1870, cuya vida efímera y atormentada encarna la figura del artista bohemio, extraordinario dibujante de línea refinada y expresiva, quien desarrolló una obra pictórica compuesta por retratos, paisajes y temas fantásticos de una imaginación morbosa y doliente, que encontró abundante motivación en el ámbito literario del modernismo.

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Sepulcro del artista mexicano en el cementerio de Montparnasse

Antes de ingresar a la Academia de San Carlos, Ruelas cursó estudios en el Instituto Científico e Industrial de Tacubaya y posteriormente en el Colegio Militar, entonces en el Castillo de Chapultepec. José Juan Tablada quien fue su condiscípulo en el último, menciona en sus memorias diversos episodios y anécdotas que vivió con su amigo. Recuerda las visitas que le hacía en su taller de la calle del Indio Triste, una vasta pieza sobre las azoteas, desde donde se dominaba un panorama de cúpulas y campanarios, la luz entrando a ráfagas por los anchos ventanales y, en medio de la estancia, una mesa enorme, como de refectorio conventual, llena de dibujos y cartones con bocetos al óleo. Tablada evoca en sus memorias esas reuniones de contertulios, un grupo íntimo, en las que se tocaba el piano, leíamos, contemplábamos grabados o espiábamos el trabajo del pintor ensimismado y silencioso.

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Consejos de belleza

EL SIGLO XIX

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El rostro femenino recibía una atención especial. Las publicaciones periódicas prodigaban consejos y anuncios de artículos de belleza y nuestras tatarabuelas y bisabuelas debieron buscarlos y conseguirlos. En general, el ideal era que la tez luciese como de porcelana, el cabello se peinara en rizos o un moño sencillo o trenzado y recogido en una guirnalda. Se aceptaba el teñido, pues desagradaba el cabello gris o rojo. Asimismo, se veía vulgar la pintura roja en labios o mejillas y el retoque de las cejas. Los sombreros, que enmarcaban la cara, formaban parte del guardarropa y cambiaban según la moda.

Sin título5Como en el siglo XVIII

Apenas sale la señora de la cama, después de hacer dos caricias a su perrito, dar dos voces a sus criados, y olvidándose muchas veces de dar gracias a su Creador, se dirige a este paraje [el tocador], en donde se gastan las mejores horas de la mañana –entra el peluquero– la señora padece con gran gusto un martirio insufrible. Gasta tres o cuatro horas en adobar su cabello [...]. Saca luego los emplastos y salserillas, dase en el rostro, y con ellos logra, ¡qué milagro! Salir blanca de morena, colorada de descolorida, con lunares, sin haberlos tenido, y en fin con una cara sobrepuesta, adulada de mueble, lisonjeada de sus criadas, y ella muy pagada de sí.

Diario de México, 1811.

 

A las trigueñas

Lo blanco sienta bien a todas las fisonomías [...]. Pero con respecto a los demás colores, debe la trigueña consultar el buen gusto y el espejo. El azul fuerte sobre todo en pañuelos cerca de la cara, debe considerarlo como una tentación del demonio. Nada diremos del encarnado en igual caso, porque nos parece imposible que ninguna trigueñita en su juicio quiera exponer sus gracias a prueba tan terrible. En general, no conviene a su fisonomía ningún color fuerte. El de barquillo, el de paja, el de caía bajo, el azul muy suave, el rosa muy suave también, son colores que sientan bien, que aumentan la expresión de una cara trigueña.

Panorama de las señoritas mexicanas, 1842.

Para secar el cabello

El abundante cabello de una señora puede secarse inmediatamente, exponiendo al vaho o vapor del benjuí. Debe la señora reclinarse en un sofá de suerte que le cuelgue el pelo por el otro lado. Un braserillo con dos o tres pedacitos de carbón encendido se coloca después debajo del cabello y échese luego una poca de goma de benjuí en polvo en el braserillo. El espeso humo que se desprende y que está muy impregnado de ácido carbónico, absorbe rápidamente la humedad del pelo, el cual debe antes enjuagarse muy bien con una toalla de manera que conserve la menor humedad posible, y pocos minutos se tendrá el cabello perfectamente seco y aromatizado.

Semana de las señoritas mexicanas, 1851.

Vinagre aromático, cosmético y antimefítico

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Este vinagre preparado para el tocador evita y hace desaparecer los granitos, ardor, manchas ocasionadas por el sol, y las arrugas; refresca, blanquea y ablanda el cutis, hace que esté siempre terso. Se halla de venta en México en la calle de S. Agustín núm. 1.

Los espejuelos del diablo, 1865.

Vigor del cabello del Dr. Ayer

Es el mejor cosmético. Hace crecer el cabello, destruye la caspa, y con su uso el cabello gris vuelve a tomar su color primitivo [...], conservando su riqueza, exuberancia y color hasta un periodo avanzado de la vida. Cuanto más se usa, más rápidos son sus efectos. Medalla de oro en la Exposición de Barcelona.

El mundo, 1896.

01Nueva higiene del cabello

La nueva higiene del cabello que prescribe el Dr. Guelpa consiste en tratar el cabello con sustancias grasientas y proceder al masaje de la cabeza, prescribiéndose en cambio el empleo de lociones antisépticas, salvo en casos especialmente indicados. La experiencia ha demostrado que con el masaje de la cabeza los cabellos suelen crecer más rápidamente y más fuertes que con cualquier otro tratamiento.

El tiempo ilustrado, 1910.

 

EL SIGLO XX

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Fue en el decenio de 1920 cuando el arreglo del rostro femenino cambió de forma radical con hábitos nuevos como el depilado de las cejas o el uso del lápiz labial. Con el avance de la liberación femenina, este arreglo fue cada vez más atrevido y personal. La industria de los cosméticos triunfó, aunque siguieron las rutinas caseras –sugeridas muchas veces en periódicos y revistas populares. La tez blanca se defendió, aunque se aceptó darle tonos rosados y, años después, que se bronceara, el cabello se recortó, pero también se usó largo, se le tiñó pero no sólo para ocultar las canas sino para cambiar el color, y labios, mejillas, ojos, cejas, pestañas se pintaron de colores rojos o púrpuras. A partir de los años sesenta, y hasta la fecha, no hubo o hay más límites que los que cada quien se impuso o impone. Los afeites para el rostro, por lo demás, hallaron un nuevo mercado: el masculino. En cuanto a los sombreros, ineficaces en un mundo y un tiempo marcados por las multitudes y la velocidad, fueron desapareciendo.

Agua para rejuvenecer el rostro

Cuézanse dos pies de ternero en diez y ocho libras de agua de río, y cuando se haya disminuido ésta de una mitad, échese una libra de arroz, que se hará cocer asimismo con migas de pan remojado con leche, dos libras de mantequilla fresca y las claras de diez huevos también frescos con sus cortezas y telillas. Enfriada la mezcla se pasará en seguida por un lienzo fino, y el agua que resultara es la que tiene la propiedad de hermosear y rejuvenecer.

Elegancias, 1923.

 

03 (465x640)El camino más corto hacia la belleza

Indudablemente que usted lo descubre cuando se asegura de que su maquillaje es correcto. De igual manera que si sus ojos son azules usted realza su belleza con un vestido azul, el maquillaje que le corresponde es el que proporciona el uso de Lápiz Labial, Arrebol, Sombra, Máscara y Polvo Marvelous en tonto Dresden. Si sus ojos son oscuros, Parisian si café claro, Continental si verdes o grises, Patrician.

La familia, 1931

Un aspecto más juvenil

Un magnífico estimulante de la circulación sanguínea del rostro es un trozo de hielo. Envuelto en un paño delgado –pues aplicado directamente podría causar ligeras quemaduras– como si fuera una borla de polvos, pasárselo repetidas veces por la cara, pero siempre partiendo de la barbilla en dirección a la frente. Su acción beneficiosa es múltiple, pues además de activar el riego sanguíneo hace que se adquiera en seguida un aspecto más animado y juvenil. [..] Después de este pequeño masaje un poco de crema va muy bien.

Enciclopedia del hogar, 1945.

04 (320x500)Atención especial al rostro

La crema base para polvo o tónica simplemente, se aplica con los dedos haciéndose un ligero masaje. Luego se retira el excedente con una toalla suave o un kleenex, luego el polvo; se arreglan meticulosamente las pestañas, el rouge y lápiz de los labios, de acuerdo con el color del rostro, y ya está.

Excélsior, 1960.

 

ARSA

 

Rodolfo Gaona: Un matador sobresaliente en los años de la Revolución Mexicana

Mario Ramírez Rancaño -Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

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Marte R. Gómez registró una frase bastante expresiva cuando dijo que México había producido tres celebridades que estaban fuera de toda discusión: Pancho Villa, Rodolfo Gaona y la Virgen de Guadalupe. Y al parecer no erraba. Rodolfo Gaona, el llamado Sumo Pontífice de la torería, nació el 22 de enero de 1888, en León de los Aldama, Guanajuato. Como su familia era de origen humilde, al concluir su enseñanza primaria fue aprendiz de zapatero en una fábrica de la localidad. Se afirma que, allá por 1897, aún niño, asistió por primera vez a una corrida de toros en la ciudad de León. Figuraba Santiago Gil, Pimienta, y entre los banderilleros Reverte Mexicano. Luego de poner un par de banderillas, el último fue víctima de una cornada que le puso al borde de la muerte. A pesar de la tragedia, la fiesta brava cautivó de tal forma a Gaona, que decidió entrar en ella. Junto con varios mozalbetes pasó días enteros en los villorrios cercanos enfrentando a las reses que pastaban a campo abierto para aprender. Con intuición y habilidad, se volvió jefe de los novatos, quienes propagaron sus méritos en el billar al que iban. Cuando se sintió listo para debutar, actuó en una corrida de pueblo al lado del torero Braulio Díaz, famoso por haber matado a balazos al espada Lino Zamora.

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A fines del siglo XIX había llegado a México el ex banderillero Saturnino Frutos, apodado Ojitos, para comprar toros y establecer una ganadería en Cuba. Por asuntos ligados a la lucha de independencia de la isla, debía quedarse en México, donde fundó una escuela para enseñar el arte de la tauromaquia a los jóvenes mexicanos. Por el año de 1904 buscó prospectos en la zona central, y en algún momento llegó a León, donde indagó a qué jóvenes les atraía vestir el traje de luces. Allí conoció a Gaona, y durante año y medio impartió el conocimiento básico a varios muchachos indígenas, de humildes antecedentes y grandes arrestos. Juntados en la Cuadrilla Juvenil Mexicana, en la que descollaron Gaona y Fidel Dìz, los alumnos tuvieron la instrucción práctica con becerros de la hacienda de Santa Rosa y torearon sus primeras novilladas en la misma ciudad de León, así como en redondeles del Bajío, Puebla y la ciudad de México.

La plaza de toros El Toreo fue inaugurada el 22 de septiembre de 1907, en los terrenos de la ex hacienda de la Condesa. Se decía que este coso, propiedad de Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio Díaz, era el más grande del mundo, pues tenía una capacidad para 20 mil espectadores. Pese a que llegaron a la capital ecos de los triunfos de la Cuadrilla Juvenil Mexicana, el debut de Gaona en esta plaza tuvo que esperar y ese mismo año se presentó en la plaza México durante la corrida de Covadonga.

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Federico Gamboa en Guatemala

Harim B. Gutiérrez – El Colegio de México

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

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El novelista y el dictador

A las ocho de la mañana del 29 de abril de 1907, una gran explosión sacudía a la ciudad de Guatemala y abría un cráter en la 7ª Avenida. Entre la nube de humo y polvo se distinguía un carruaje con la parte delantera despedazada; el cochero yacía muerto al igual que uno de los caballos; dentro, aturdido y sucio pero ileso, se hallaba el presidente de la república, Manuel Estrada Cabrera.

Había sido un atentado. Sus autores horadaron un túnel desde el interior de una casa hasta el punto exacto donde debía pasar el carruaje presidencial; allí colocaron una bomba que activaron con un control remoto.

Estrada Cabrera no perdió tiempo: sus esbirros iniciaron una cacería  humana que no escatimó las torturas ni las detenciones de inocentes para hallar a los frustrados magnicidas. Ese mismo día, la Legación de México –en ese entonces nuestro país aún no tenía una embajada en Guatemala– recibió una carta de Juan Barrios, el ministro de Relaciones Exteriores, donde manifestaba que el gobierno de Estrada Cabrera tenía informes de que los autores del atentado habían recibido asilo en esa sede diplomática, por lo que pedía que se los entregasen.

revista para la imprenta (4)_Page_24El ministro plenipotenciario de México, Federico Gamboa Iglesias, le dio una respuesta tajante a Barrios: reconoció que en otras ocasiones había concedido asilo jubilosamente a personas honorables opuestas a la administración de Estrada Cabrera, pero recalcó que jamás había escondido a delincuentes comunes. Para demostrarlo, anunció que les daba permiso a las autoridades guatemaltecas para que catearan la Legación y comprobasen ellas mismas la falsedad de la acusación. Poco después Barrios respondió que sentía profundamente y deploraba haberle causado ese disgusto a Gamboa, y que aceptaba su palabra de que no había asilado a los prófugos.

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La Independencia imperial: sus festejos, proyectos y monumentos (1863-1866)

Juan Pablo Ortiz Dávila – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

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Franz Xaver Winterhalter. Carlota, emperatriz de México, 1864. Cat. 51

Sin duda, la década de 1860 fue una etapa promisoria para los monarquistas mexicanos del siglo XIX, pues fue en esos años que se cumplía el anhelado proyecto de traer un príncipe europeo que gobernara al país. Dicho sea de paso, para los conservadores y monarquistas, el gobierno imperial era poco menos que indispensable para el bien de la nación, pues se pensaba que cancelaría los males que el país sufría gracias a la anarquía traída por el republicanismo, en especial, el federal. Ahora bien, es sabido que la empresa imperial no estuvo exenta de dificultades y costó a la nación, nada más y nada menos, que una encarnizada guerra civil que duró casi tres años. Por lo anterior, no es de extrañar que la gran noticia del año de 1863 haya sido la aceptación del trono por un príncipe católico extranjero.

A partir de entonces, los diarios conservadores y pro-monárquicos como La Sociedad hicieron todo lo posible para celebrar la instauración del ahora llamado Segundo Imperio. Primero, sólo como un proyecto precedido por la Intervención francesa; luego como un hecho consumado con el respaldo de tropas de distintas nacionalidades europeas y, por supuesto, también de mexicanos. Dejando de lado los pormenores en torno a los acontecimientos políticos y militares del nuevo orden de cosas, el flamante gobierno imperial se ocupó no sólo de celebrarse a sí mismo –que lo hizo esmeradamente– sino de festejar lo que asimiló como una legítima herencia suya: la Independencia mexicana.

Lo anterior puede sonar paradójico, pues de entrada no se esperaría que un gobierno apoyado por las armas extranjeras –y opuesto a las huestes juaristas– celebrara como suya la independencia nacional. Pero el gobierno imperial hizo mucho de lo que le fue posible para mexicanizarse y, por lo mismo, marcarse a sí mismo como el verdadero garante de la soberanía política de la nación. De esta forma, parecía no costarle trabajo el retomar, valorar y festejar tanto a las conocidas figuras de la insurgencia así por ejemplo, los curas Miguel Hidalgo o José María Morelos– como a los hombres importantes de la consumación de la gesta libertaria– principalmente a Agustín de Iturbide.

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