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Sumario #11

EDITORIAL
CORREO DEL LECTOR

ARTA?CULOS

Sin tAi??tuloAi??Miedo en la capital (1810-1815)
por Regina HernA?ndez Franyutti

Sin tAi??tulo1Ai??El Gran Circo Chiarini
por Osiris Arista

Sin tAi??tulo2Ai??La identidad nacional en las novelitas mexicanas de la primera mitad del siglo XIX
por Guadalupe GA?mez-Aguado

Sin tAi??tulo3Ai??Una boda por conveniencia (DAi??az-Romero Rubio)
por Maddelyne Uribe

Sin tAi??tulo4Ai??Lo que llegA? para quedarseai??i?? Asomos de la publicidad en el Porfiriato
por Lillian BriseAi??o Senosiain

Sin tAi??tulo5Ai??El espectA?culo de los puAi??os: deportes de lucha en la ciudad de MAi??xico en el Porfiriato
por Arno Burkholder de la Rosa

Sin tAi??tulo6Ai??Manuel Castilla Brito: A?RevoluciA?n en Campeche?
por JosAi?? Manuel Alcocer BernAi??s

Sin tAi??tulo7Ai??Surcar con luz y abonar con miradas. Filmando el campo mexicano
por Abe Yillah RomA?n Alvarado

DESDE HOY

Sin tAi??tulo8Ai??La ley de Arizona: otro eslabA?n en la historia de la migraciA?n MAi??xico-Estados Unidos
por Eduardo FernA?ndez GuzmA?n

DESDE AYER

Sin tAi??tulo9Ai??Cartas de un padre a su indeciso hijo y de un suegro a su mentecata nuera. De MatAi??as Quintana a AndrAi??s Quintana Roo y a Leona Vicario
por Laura Machuca

Sin tAi??tulo10Ai??El chocolate en MAi??xico durante los siglos XIX y XX
por Meza Marcela

CUENTO

Sin tAi??tulo11Ai??Un naufragio en los Alacranes
por Lorena Careaga

ARTE

Sin tAi??tulo12Ai??Los condominios verticales: una forma moderna de vivir en la ciudad de MAi??xico (1956)
por Graciela de Garay

ENTREVISTA

Sin tAi??tulo13Ai??ai???AquAi?? nadie es jefeai??i?? aquAi?? todos Ai??bamos juntosai???. Entrevista de un migrante mexicano a EU
por Laura SuA?rez de la Torre

“AquAi?? nadie es jefe… aquAi?? todos Ai??bamos juntos”. Entrevista a un migrante mexicano a EU

Laura SuA?rez de la Torre
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

Desde hace casi cien aAi??os, la pobreza ha empujado a muchos mexicanos a buscar soluciones en Estados Unidos, que es para ellos en una tierra de esperanza. Su trabajo se hizo necesario para efectuar las tareas mA?s pesadas y desdeAi??adas por los habitantes de este paAi??s ai??i??construcciA?n, agricultura, rastros, jardinerAi??a, servicio domAi??stico, manufacturas, recolecciA?n de basuraai??i??, si bien las polAi??ticas migratorias se han endurecido y esto se refleja en la persecuciA?n y el maltrato de quienes decidieron emprender la aventura de cruzar la frontera. Todo esto ha hecho que los migrantes se organicen y luchen por obtener mejores condiciones de vida, pues sus aspiraciones se ven contrariadas por la percepciA?n estadunidense de que su llegada constante representa un problema. La posibilidad de participar en el sueAi??o americano parecerAi??a crecientemente, cada vez, mA?s lejana.

AtaA?des en la barda fronteriza

Todo intento de atravesar los lAi??mites conlleva un peligro que incluye la muerte, ademA?s del riesgo de perder los ahorros de toda una vida, propios o familiares, dinero que sirve para pagar a los polleros, a cargo de conducir a los arriesgados en su trA?nsito entre ambos paAi??ses. Muchos lo han logrado, otros mA?s se quedaron en el camino, los mA?s han sido vAi??ctimas de la policAi??a fronteriza, algunos han desistidoai??i??, a todos los caracteriza el empeAi??o de cruzar, una y otra vez, para tener la oportunidad de un mejor empleo, para mejorar sus condiciones de vida, pero no para renunciar a su identidad. DetrA?s de cada ambiciA?n estA? el interAi??s de cambiar su posiciA?n econA?mica y la de su familia en MAi??xico; de trabajar duro para lograr mejores salarios, a costa de salir de su paAi??s para ingresar en otro, diferente, a veces amable, mayoritariamente hosco.Ai??

Cruzando la frontera

Cruzando la frontera

Casi 12 millones han emigrado y se han establecido en diferentes estados de la UniA?n Americana: California, Texas, Arizona, Nuevo MAi??xico, Nevada, Illinois, Carolina, Indiana, Georgia, Arizona, Nueva York, Nebraskaai??i??, en distantes y distintos lugares del territorio de Estados Unidos. Se colocan en diversos negocios en Los A?ngeles, Austin, Chicago, Houston, Phoenix, Raleigh, IndianA?polis, Atlanta, Nueva York u Omaha. Su proveniencia es variada: son indAi??genas de la sierra de Puebla, de Oaxaca, la Huasteca, Guerrero; son mestizos de Guanajuato, MichoacA?n, Veracruz, Zacatecas, Durangoai??i??; sonAi??mujeres y hombres de mA?ltiples rincones de MAi??xico, con edades varias, que dejan todo para alcanzar una esperanza en la tierra de oportunidades, anhelo sentido por quienes se van y por quienes se quedan pues los mexicanos que trabajan en Estados Unidos envAi??an a sus parientes en MAi??xico remesas de dA?lares que suman en total unos 20 mil millones.Ai??

La entrevista que se presenta enseguida es la de uno de los tantos mexicanos que se han aventurado a cruzar la frontera, a fin de ganar dinero para su familia. Se hizo el 14 de octubre del 2009 a FAi??lix HernA?ndez, un trabajador de la construcciA?n que hoy vive entre MAi??xico y Cuernavaca y en el 2000 decidiA? irse a Estados Unidos; lo intentA? varias veces hasta lograrlo, se quedA? tres aAi??os y no volviA? a MAi??xico sino hasta que pudo construir una casa y dar mejor calidad de vida a su esposa e hijos. Su testimonio refleja ai??i??como muchos otrosai??i?? el sacrificio y la experiencia de la migraciA?n hacia el vecino del norte. El fragmento que transcribimos forma parte de la entrevista y en Ai??l se privilegia la narraciA?n acerca de los esfuerzos de FAi??lix HernA?ndez por atravesar el lAi??mite binacional asAi?? como las vicisitudes que padeciA? en su ida hacia ai???el otro ladoai???. La transcripciA?n fue hecha por Arely Villarreal.Ai??

FAi??lix HernA?ndez

Mi nombre es FAi??lix HernA?ndez. NacAi?? en el estado de Hidalgo, en un pueblito que se llama SantamarAi??a, municipio de Tlachinol, en 1970. Mi padre se llama Mansio HernA?ndez. Mi mamA? se llama Alfreda AgustAi??n. Ellos [nacieron] en el mismo lugar donde nacAi??. Se dedican a la agricultura, a la cosecha de cafAi??, maAi??z, a lo que se da.

EstudiAi?? en una telesecundaria del mismo pueblo; empecAi?? a trabajar desde muy pequeAi??o. Estudiaba lo que podAi??a y trabajaba toda la semana y en las tardes me ponAi??a a estudiar. Fui pasando hasta los 17 aAi??os que terminAi?? la secundaria. SAi??, nunca estudiAi?? bien.

Yo soy el mayor. Tengo dos hermanos varones y tres hermanas, soy el que trabajaba, los demA?s se dedicaron mA?s al estudio. Me tocA? trabajar y estudiar, ellos ya se dedicaron mA?s a la escuela.

Tengo esposa y tengo mis dos hijos; una niAi??a, de 15 aAi??os y un niAi??o de 13, estudiando en Cuernavaca, donde vivo.Me metAi?? a la construcciA?n. Me encontrAi?? una persona que era encargado de la obra, me dio chance, permiso de estudiar y trabajar al mismo tiempo una carrera corta: electrA?nica. Entrando a lo que es como peA?n, estuve medio aAi??o y despuAi??s me dieron la oportunidad de trabajar ya con la cuchara, a ser albaAi??il.

No tuve trabajo, veAi??a mis niAi??os, no me alcanzaba; me empecAi?? a desesperar, y como tengo parientes allA?, en Estados Unidos, le contAi?? a mi primo que no tenAi??a trabajo, y Ai??l me dice si quieres, yo te ayudo. Entonces pues por eso decidAi?? irme. Mis primos estaban en Atlanta en la construcciA?n. Pensaba en, pues piensas, A?pasarAi?? o no pasarAi??? y si llego A?cA?mo me irA?? Y pues primero voy a cruzar porque es muy difAi??cil cruzar, la verdad es muy difAi??cil.

Me fui a Hidalgo a donde nacAi??, allA? Ai??bamos a salir un grupo de paisanos del mismo pueblo y nos decidimos ir, un A?13?, un 8 de marzo del 2000. En Cuernavaca, dejaba a mi esposa y mis dos hijos, pequeAi??itos. Mi mamA? no querAi??a que fuera porque yo le pedAi?? tres aAi??os de permiso, cuando salAi?? del pueblo, cuando yo tenAi??a en ese tiempo 17 aAi??os. Esta vez, me dijo, por cuA?nto te vas a ir. Me voy por dos aAi??os y no me la creyA?.

A mAi?? me costA? el doble, porque en la primera ida nos fue mal, se puede decir, entonces paguAi?? el doble. Fueron como 36 mil pesos, hasta que lleguAi?? hasta allA?, porque me cobraban 1,800, bueno, 1,500 dA?lares en ese tiempo. Se terminA? la garantAi??a de tres pasadas. Me deportaron la primera vez en Albuquerque, nos agarraron, allA? en Amarillo y otra vez en Douglas, y otra no me acuerdo por donde, pero sAi?? nos agarraron tambiAi??n.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Los condominios verticales. Una forma moderna de vivir en la Ciudad de MAi??xico (1956)

Graciela Garay
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

Tlatelolco

Tlatelolco

En 1938, durante el XV Congreso Internacional de PlanificaciA?n y de la HabitaciA?n celebrado en la Ciudad de MAi??xico, los participantes reconocieron que el modelo propuesto de casa unifamiliar sA?lo habAi??a beneficiado a especuladores y a los que disfrutaban de crAi??dito. Por tanto, los expertos sugerAi??an levantar edificios altos que impulsaran el crecimiento vertical de la urbe y permitieran la concentraciA?n tanto de la poblaciA?n como de los servicios en un espacio perfectamente delimitado para evitar la expansiA?n horizontal de la ciudad. Al densificar el uso del suelo se multiplicaba el nA?mero de habitantes del inmueble, bajaban los costos por concepto de servicios y disminuAi??a el problema de la vivienda.

No obstante las ventajas econA?micas, sociales y urbanas atribuidas a los edificios altos, no todo el mundo estuvo de acuerdo en promover este gAi??nero arquitectA?nico. Para los crAi??ticos, los rascacielos mexicanos eran imitaciones ridAi??culas de NorteamAi??rica. Aceptar esta soluciA?n, decAi??an los escAi??pticos, implicarAi??a enormes inconvenientes por las concentraciones que acarrearAi??a a las ciudades en cuanto al trA?nsito de vehAi??culos y peatones, sobre todo en las calles del centro, donde generalmente se erigAi??an estas moles por el elevado valor del terreno y como deslumbrantes emblemas publicitarios.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando los nuevos sistemas de cimentaciA?n permitieron construir edificios altos y el suelo fangoso de la capital dejA? de ser pretexto para imaginar rascacielos como los de Nueva York o Chicago. De hecho, la primera gran torre de oficinas de diez niveles ya se habAi??a edificado en 1932 frente al Palacio de Bellas Artes para la compaAi??Ai??a de seguros La Nacional, obra del arquitecto Manuel Ortiz Monasterio. Esta construcciA?n se hizo en altura, no por falta de terreno en la ciudad sino como un gran anuncio de la empresa.

Vista desde la Alameda

Vista desde la Alameda

A su llegada a MAi??xico en 1934, Mario Pani ai??i??reciAi??n graduado de arquitectura de la Escuela de Bellas Artes de ParAi??s, la instituciA?n mA?s prestigiada del mundo desde su fundaciA?n por Luis XIV en 1671ai??i?? se iniciA? en la prA?ctica profesional con proyectos de vivienda privada, entre los que destacan sus edificios de departamentos de diez pisos, notables por su sorprendente altura en relaciA?n con las pequeAi??as dimensiones de su planta. Los crAi??ticos de Pani llamaban despectivamente a estas obras ai???rascacielitosai??? ya que no podAi??an acostumbrarse a la novedosa arquitectura que surgAi??a en la colonia CuauhtAi??moc.

Desde 1922, el arquitecto suizo francAi??s Le Corbusier recomendaba en sus escritos descongestionar los centros de las ciudades mediante el incremento de sus densidades y la multiplicaciA?n tanto de los espacios abiertos como de las vAi??as de circulaciA?n. Para superar este reto no habAi??a mA?s alternativa que edificar construcciones verticales y plurifuncionales sobre una pequeAi??a superficie de la totalidad del terreno. Sea de esto lo que fuere, las ideas del visionario arquitecto llamaron la atenciA?n de Pani, quien las reinterpretA? y probA? en MAi??xico con el propA?sito de alentar el crecimiento vertical de la capital y evitar su desmedida expansiA?n horizontal.

En sus bA?squedas, Pani no andaba solo. En 1930, y con el patrocinio de la iniciativa privada, el arquitecto Juan Segura erigiA? el edificio Ermita de ocho niveles. Se trata de una construcciA?n ai??i??aA?n en usoai??i?? que combina diversas funciones; comercios en planta baja, cine y tres tipos de departamentos en los pisos superiores con una zona comunal recreativa.

Multifamiliar Miguel AlemA?n

Multifamiliar Miguel AlemA?n

Finalmente, en 1949 se inaugurA? el Multifamiliar Miguel AlemA?n, proyecto y construcciA?n de Mario Pani con Salvador Ortega. Esta estructura representa la primera vivienda colectiva social de gran altura, ubicada en la colonia de Valle, entre las calles de Parroquia y FAi??lix Cuevas, tambiAi??n en la Ciudad de MAi??xico. El conjunto estA? integrado por seis edificios de 13 pisos de altura y seis de tres pisos, en los que 1,200 familias comparten parques, espacios abiertos, A?reas deportivas y comercios. Fue asAi?? que los ai???rascacielitosai??? de Pani, se transformaron en audaces torres de modernos departamentos aA?n en uso y muy apreciados por sus moradores.

La inflaciA?n de la posguerra provocA? el dAi??ficit en la balanza de pagos nacional, dadas las crecientes importaciones de bienes de producciA?n y capital que requerAi??a MAi??xico para continuar su desarrollo. La recesiA?n estadounidense de 1948 y el fin de la guerra de Corea en 1952 tambiAi??n golpearon severamente a la hasta entonces floreciente economAi??a del paAi??s.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Un naufragio en Los Alacranes

Lorena Careaga
Universidad del Caribe

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

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Marina (1825)

Mi nombre es Cecilia Grierson Duffy, nacAi?? en Buenos Aires en 1859, tengo 30 aAi??os y soy la primera mujer en la historia de Argentina que ha logrado titularse de doctora en medicina. No es mi culpa. Provengo de una estirpe escocesa de hembras inteligentes, recias y valientes; de varones aventureros, emprendedores y lAi??deres.

Cecilia Grierson Duffy

Cecilia Grierson Duffy

Siendo todavAi??a una niAi??a, mi padre me llevA? a conocer la tierra de nuestros ancestros: Kelso, la ciudad mA?s bella y romA?ntica de Escocia (al decir de Sir Walter Scott). En Duff Manor, la propiedad de su tAi??o, el empresario y diplomA?tico William Parish Robertson, transcurrieron dos aAi??os inolvidables de mi existencia, de aquellos que dejan una marca imborrable. AhAi?? empecAi?? a saber quiAi??n era yo y quAi?? querAi??a en la vida. O al menos, lo que no querAi??a. AhAi?? pasAi?? tardes enteras escuchando y aprendiendo de la prima de mi padre, la tAi??a H.

Nunca supe bien a bien su nombre; todos le decAi??amos ai???Prima Hai???, ai???Auntie Hai???, ai???Miss Hai???. PodrAi??a haberse llamado Harriet, Hannah, Hellen o Hope. No importa. La tAi??a H era mucho mA?s que un nombre; era una leyenda.

A los 17 aAi??os, un memorable diciembre de 1848, la tAi??a H tomA? la decisiA?n de acompaAi??ar a su padre, William, a AmAi??rica, concretamente a MAi??xico. Ai??ste habAi??a sido nombrado agente de los bonos de la deuda inglesa, con la encomienda de visitar las minas de plata de Real del Monte. Era una travesAi??a larga y peligrosa; bien lo sabAi??a William, viajero empedernido y experimentado. Pero de nada sirviA? su negativa inicial; la tAi??a H no se quedarAi??a en tierra, y no se quedA?. Su energAi??a y entusiasmo contagiaron a toda la familia, que les ayudA? a empacar, comprar los pasajes y dejar sus asuntos en orden en menos de 48 horas. El 2 de diciembre, H y su padre partieron de Southampton en el Avon, un vapor de la Royal Mail Steam Packet Company.

ai???Desde el principio, las cosas pintaron malai??? ai??i??solAi??a relatarme la tAi??a H, mientras tomA?bamos el te frente a la chimenea de la biblioteca, el pastor irlandAi??s Darach echado a sus pies-. ai???Catorce dAi??as, sin parar, de vientos y oleaje. A?No te puedes imaginar lo que implicaba vestirme con tanto bamboleo, y trastabillar, mareada y magullada, hasta el salA?n! El vendaval nos desviA? irremediablemente de nuestro curso. En vez de llegar a Bermuda, terminamos en Madeira. En vez de pasar por Nassau, acabamos dirigiAi??ndonos a St. Thomas. Pero como eran lugares desconocidos para mAi?? y tan diferentes de lo que estaba acostumbrada, me parecieron fascinantes, lo mismo que el cambio en la temperatura, la vegetaciA?n y la gente.ai???

ai???A?CuAi??ntame de St Thomas, Auntie H!ai??? ai??i??le pedAi??a yo. Eso de las ai???Islas VAi??rgenesai??? me sonaba tan lejano y exA?tico que mi imaginaciA?n volaba. Y ella me hablaba de la poblaciA?n negra ai??i??los ai???darkiesai???ai??i?? y su alegrAi??a, el control que ejercAi??a el gobierno danAi??s, el pujante comercio y el cruce de caminos caribeAi??os de aquel puerto cosmopolita que era St. Thomas, salpicando aquAi?? y allA? el relato con historias de piratas y escondites de bucaneros.

Carta de las Indias Occidentales (1796)

Carta de las Indias Occidentales (1796)

ai???En La Habana cambiamos de barco, con la peregrina idea de recuperar el tiempo perdido y llegar a Veracruz cuA?nto antes. A?Ah, si hubiAi??semos sabido lo que nos esperaba!ai???ai??i??decAi??a la tAi??a H suspirandoai??i?? . ai???Pero a nadie nos es dado anticipar el futuro, asAi?? que, esperanzados, mi padre y yo abordamos el Forth, otro vapor igual de elegante y cA?modo. TenAi??a un camarote para mi sola y pronto hice amistades entre los demA?s pasajeros, especialmente con un jovenzuelo nada feo, por cierto, pero con el ridAi??culo nombre de Agapito Jenkins.ai???

ai???Desde nuestra partida, un evento predominA? en la mente de todos nosotros: el trA?gico naufragio del Tweed, de la misma compaAi??Ai??a de paquebotes que el Avon y el Forth, acaecido en el arrecife de Los Alacranes casi dos aAi??os antes, en febrero de 1847. Unas 80 personas perdieron la vida. Con nosotros viajaba el Dr. Rowland, el mAi??dico de a bordo, quien era uno de los sobrevivientes del Tweed, y no nos cansA?bamos de pedirle que nos narrara la tragedia, aunque mi padre insistAi??a en que no escuchara aquellas descripciones de pA?nico y muerte, pues no habAi??a de quAi?? preocuparse. Sin embargo, Ai??l mismo no las tenAi??a todas consigo. Entre broma y broma, manifestA? al capitA?n Sturdee que tuviera buen cuidado de dar un gran rodeo a tan peligroso arrecife, y Ai??ste lo invitA? al puente, donde le mostrA?, en varias cartas nA?uticas, la posiciA?n que guardA?bamos en aquellos momentos y la trayectoria esperada.ai???

AquAi??, la tAi??a H solAi??a hacer una pausa dramA?tica, de la cual yo era presa irremediable. ai???A?Y quAi?? pasA? entonces, Auntie H? A?Sigue!ai???

ai???A?Ay, Cecilia querida! ai??i??exclamaba gesticulandoai??i??. ai???Me fui a dormir tan tranquila, pero a eso de las cinco de la maAi??ana, todavAi??a a oscuras, me despertA? una fuerte sacudida. No sabAi??a quAi?? habAi??a sucedido, pero el movimiento del barco y los gritos me indicaron que debAi??a ser algo terrible. En camisA?n y descalza corrAi?? al camarote de mi padre, pero lo encontrAi?? vacAi??o, porque Ai??l mismo se habAi??a dirigido de inmediato a cubierta. Cuando regresA?, vi en la palidez y expresiA?n de su cara, que estA?bamos perdidos. Nos abrazamos unos instantes. Un abrazo que era, en realidad, una despedida.ai???

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

El chocolate en MAi??xico durante los siglos XIX y XX

Marcela Meza RodrAi??guez

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

No hay duda que el sabor del chocolate, en sus muy distintas formas, es uno de los favoritos de muchos paladares. Su origen, sobre todo el cacao ai??i??el fruto originalai??i??, se sitA?a en tierras americanas y su industrializaciA?n a partir de la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo, en el Viejo Mundo. Ahora bien, A?cA?mo se desarrollA? y transformA? el consumo y la manufactura del chocolate en nuestro paAi??s?

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 21.50.05El cacao tuvo suma importancia para los mesoamericanos, tanto en el aspecto econA?mico como en el alimenticio pues por una parte les servAi??a de moneda y por otra para hacer chocolate, bebida que resultaba muy nutritiva. Se le veAi??a como un regalo divino y se destinaba a los gobernantes, aunque tambiAi??n el comA?n de la poblaciA?n lo consumAi??a.

Los espaAi??oles se percataron pronto de su importancia y se apropiaron de su cultivo. Durante la Colonia, la gran demanda propiciA? una producciA?n muy alta; muchas actividades comerciales giraron en torno suyo, convirtiAi??ndolo en un gran negocio y en parte esencial de la vida econA?mica de distintas regiones, ademA?s de ser alimento de primera necesidad y bebida tAi??pica consumida por todas las cases sociales. VariA? un poco la manera de prepararlo respecto a la Ai??poca prehispA?nica: el cacao se siguiA? moliendo en el metate, pero con otros ingredientes como canela, almendras, anAi??s y algA?n endulzante, para una vez molido y mezclado hacer barras o bolitas, que despuAi??s se disolvAi??an en agua o leche con ayuda de un molinillo.

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DespuAi??s de la guerra de Independencia y a lo largo del siglo XIX, el chocolate no dejA? de ser la bebida mA?s popular de MAi??xico. Si bien por influencia europea se impuso en la reposterAi??a y empezA? a rivalizar con el cafAi??, no tuvo aA?n un rival digno como reconfortante, digestivo y estimulante.

Los talleres para elaborar el chocolate en forma artesanal existAi??an desde el siglo XVIII. Las mA?quinas llegaron en el siglo XIX, lo que ayudA? a aumentar y a la vez reducir sus precios. La industrializaciA?n fue lenta debido, seguramente, a que una poblaciA?n experta en el proceso del chocolate (compra, elaboraciA?n y consumo) y apegada a Ai??l de modo muy personal se resistiA? a delegarlo en manos de otros. AsAi??, aunque casi toda la producciA?n llegA? a mecanizarse, sobrevivieron los talleres tradicionales que fueron la alternativa para un pA?blico tradicional. El chocolate continuA? durante mucho tiempo preparA?ndose y saboreA?ndose en casa, por mA?s que la apertura de numerosos cafAi??s ofreciA? la posibilidad de degustarlo en espacios pA?blicos.

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Se ignora cuA?ndo se fundA? laAi??primera fA?brica de chocolate en el paAi??s, pero se sabe que la llamada Diego Moreno y CompaAi??Ai??a estaba asentada en 1841 en la ciudad de MAi??xico. AquAi?? y en provincia la sucedieron otras entre 1860 y 1880, de gran capacidad, como La Concha y La Norma. Para 1900 habAi??a unas quince tan sA?lo en el Distrito Federal y habAi??a mA?s en los estados de QuerAi??taro, San Luis PotosAi??, Tabasco y Durango. Las primeras fA?bricas de golosinas de chocolate, fundadasAi??por europeos y en las que los mexicanos participaron no surgirAi??an sino despuAi??s de 1890.

La manufactura del chocolate sufrirAi??a altibajos por el alza en el precio internacional del cacao en el siglo XX, en especial en la segunda mitad. Ante la competencia del cafAi??, ademA?s del cacao africano, el gobierno federal tomA? distintas medidas para mejorar los cultivos y aumentarlos. Esto ha permitido que MAi??xico tenga un lugar importante como productor. Desde luego, la industrializaciA?n y la concentraciA?n de la vida en las ciudades han modificado las formas de consumo; el uso de nuevas tecnologAi??as hizo posible la fabricaciA?n de todo tipo de variantes: el chocolate soluble y mA?ltiples dulces, pero el Ai??xito creciente del cafAi??, el tAi??, los jugos frutales y las bebidas alcohA?licas lo desplazaron de las mesas y la preferencia del mexicano. Con todo, la publicidad de las empresas chocolateras le ha generado un gran impulso.

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El empleo del chocolate varAi??a de acuerdo con las clases sociales: en el espacio urbano, el chocolate de mesa ha desaparecido casi por completo del consumo cotidiano, si bien se le retiene como golosina, mientras que en algunos estados tiene una mayor presencia como bebida tradicional o incluso tAi??pica ai??i??como en Oaxaca para su tradicional ai???chocolate con panai???ai??i?? . El cacao posee todavAi??a, en algunas comunidades indAi??genas, el valor de moneda o de material simbA?lico de intercambio.

La transformaciA?n de las formas de producciA?n y consumo del chocolate ha influido en un cambio de su significado. La bebida que en el pasado fue perfecta para la relajaciA?n, el reposo, la digestiA?n y el convite es hoy una golosina, un regalo, un portador de calorAi??as y energAi??a, ademA?s de un medio para expresar buenos deseos e incluso amor.