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Tres leyendas del Soconusco

Antonio Cruz Coutiño
Universidad Autónoma de Chiapas

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 38.

Como un rompecabezas, los mitos ancestrales se van reconfigurando siempre a partir de reconstrucciones verbales y relatos previamente escriturados. Fragmentos y retazos que a partir de un paciente trabajo de intersección pueden hilvanarse como historias. He aquí una selecciín de leyendas fantáticas del estado de Chiapas.

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Hace más o menos 35 años leí por primera vez un texto publicado por el arqueólogo maestro Carlos Navarrete, centroamericano de origen, aunque chiapaneco por adopción, relacionado con algunos mitos de origen, propios de Mesoamérica, propios del Soconusco, Guatemala y Chiapas. La versión que leí se encuentra en el número 9 de la revista del ICACH, publicada en diciembre de 1962 y se intitula Cuentos del Soconusco. Tiempo después supe que el pasaje, recortado, provenía de alguna revista llamada Lanzas y Letras y, finalmente, por esos años descubrí su versión “original” en un ejemplar de Summa Anthropologica, de 1966.

Los tres relatos principales a los que se refiere el texto son a tal grado perfectos, representativos del pensamiento mesoamericano, que desde ese tiempo decidí indagar sobre ellos y descubrir su vigencia. Hurgar en la conversación, en el recuerdo y en la rememoración de la gente del Soconusco, aunque en especial en la memoria de la gente grande, los más ancianos de los municipios de Tapachula, Tuxtla Chico y Cacahoatán.

Por esos años iniciaba mi interés por descubrir, leer, comprender la esencia de los mitos ancestrales contenidos en las leyendas contemporáneas de los pueblos de Chiapas. Emprendía la tarea de compilar leyendas previamente escrituradas, aunque incluía también, registrar por primera vez, algunas, directamente. Debido a ello con el tiempo reuní versiones varias, síntesis, trozos desfigurados y fragmentos. Todos relacionados entre sí, acordes con los relatos originalmente publicados por Navarrete. Así que “decidí” hacer con ellos labor de tru-tru: recortar, pegar, entretejer, modelar. Y por fin ahora me animo a divulgarlos. Se trata de tres leyendas: 1. El origen del volcán Tacaná y los seres humanos; 2. La historia del hombre que busca al sol; y 3. El sol, la luna y las estrellas. Expreso las gracias a mi suegro, el león cronista de mayor fama en el Soconusco, don Armando Parra Lau, por facilitarme algunos contactos.

 

El origen del tacaná y los humanos

Hace mucho, mucho tiempo, despuesito que el sol todavía ni pensaba alumbrar; cuando Dios, después de tanta preocupación por todos nosotros, terminó de hacer la tierra junto con los ríos, los animales y todas las montañas, dejó a todos los hombres. Unos por un lado y otros por otro. Para que trabajaran la tierra, para que hicieran sus milpas, consiguieran su comida y lo quisieran como un padre. Desde ese tiempo los animales y los árboles andaban de un lado para otro, sin rumbo andaban, y los hombres no tenían nombre de persona, ni les preocupaba que todo el día estuvieran trabajando; que fueran de una sola pieza para el trabajo como si todos fueran una sola mano.

Dios, de tanto trabajo para hacer la tierra y de tanta cabeza para hacer cuanto hombre que dejó en la tierra, se cansó y regresó a su casa para descansar. Bien confiado regresó al cielo, creyendo en la honradez de la gente que había dejado. Nunca más se preocupó por acordarse de ellos, no de lo que hacían, ni de lo que decían; digamos que más bien pensaba que su trabajo había sido bueno y que sería respetado.

Pero va sucediendo que de repente, un día se le ocurrió bajar a la tierra para ver cómo estaban sus hijos. Cómo les había ido en sus milpas y en su trabajo. Quería averiguar si lo sabían venerar, si todavía lo respetaban. Y así observó todo a tinta y papel, al derecho y al revés, y ya que terminó de echar su vuelta, ya que terminó de ver tantas cosas, se puso triste; tal vez nunca sería visto tan apenado como ese día y ¿Cómo no? si las milpas estaban abandonadas. La muchachada y los chamaquitos no hacían caso a los viejos, y de él casi nadie se acordaba. Contimás que lo adoraran.

 

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Correspondencia sobre una paz incA?moda

Norberto Nava Bonilla
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 37.

En un intercambio de cartas son su amigo JosAi?? MarAi??a Luis Mora, Otero manifiesta sus reticencias y crAi??ticas sobre la marcha del paAi??s a fines de 1848, sumido en la crisis econA?mica y las peleas entre facciones polAi??ticas. Estas se concretarAi??an tres aAi??os despuAi??s de su muerte, cuando distintos sectores optaron por resolver sus diferencias polAi??ticas en nuevas batallas intestinas.

Tropas irregulares de MAi??xico 1848

Tropas irregulares mexicanas, 1846. The New York Public Library.

JosAi?? MarAi??a GutiAi??rrez de Estrada enviA? una carta al presidente Anastasio Bustamante en agosto de 1840, en ella hacAi??a una reflexiA?n sobre ai???los malesai??? ocurridos en MAi??xico como naciA?n independiente y finalizaba cuestionando la real efectividad del sistema republicano y sus constituciones. Sin recibir la respuesta deseada por parte del ejecutivo, el campechano decidiA? publicar su carta seguida de otros textos que aplaudAi??an el sistema monA?rquico. Esto, para su mala fortuna, no fue visto con buenos ojos. Aparecieron en la prensa varias rAi??plicas reclamA?ndole su poco patriotismo y su nula fe en las instituciones republicanas. Fue tan grande el acoso que recibiA? que tuvo que exiliarse en Europa, lugar del que nunca regresA?.

La propuesta monA?rquica quedA? oculta por algA?n tiempo, sin embargo, el rotundo fracaso de la guerra contra Estados Unidos ocasionA? que volviera a la palestra pA?blica. Un grupo polAi??tico se formA? tan pronto se restaurA? la paz: Lucas AlamA?n, quien desde 1845 hacAi??a tratos secretos para instalar una monarquAi??a en MAi??xico, reuniA? a personas que podAi??an impulsar este proyecto, con las que fundA? el periA?dico El Universal y a finales de 1849 crearon el Partido Conservador.

Durante este tiempo, Mariano Otero ocupA? brevemente el ministerio de Relaciones en el gobierno de JosAi?? JoaquAi??n de Herrera, el cual tuvo la difAi??cil tarea de reorganizar al paAi??s despuAi??s de la guerra, pues a pesar de que se contaba con el dinero de la indemnizaciA?n pagada por Estados Unidos, la deuda pA?blica no era bien administrada y el ejAi??rcito estaba desbaratado. Es importante seAi??alar que la polAi??tica del ejecutivo era de conciliaciA?n, es decir, que desde la presidencia Herrera buscA? reunir y escuchar todas las voces de los partidos en pugna. No obstante, muchos no estaban de acuerdo con Ai??l, basA?ndose en que opiniones tan diversas dentro del propio gobierno dificultaban la toma de decisiones. Otero fue una de estas personas; su poca confianza en solucionar los problemas nacionales con aquella administraciA?n lo llevarAi??a a renunciar a su puesto en noviembre de 1848.

A continuaciA?n presentamos fragmentos de tres cartas escritas por Otero a JosAi?? MarAi??a Luis Mora, ministro plenipotenciario de MAi??xico en Londres. En estos documentos podemos percibir sus temores respecto al grupo conservador congregado en torno a AlamA?n y su influencia sobre el gobierno; el autor seAi??ala que si no se enfrentaba con mano firme a las diversas facciones, la vuelta de Santa Anna serAi??a inminente, ya como una dictadura militar o como una monarquAi??a absoluta.

Asimismo, puntualizaba que se debAi??a aprovechar aquel periodo de paz para mejorar la Hacienda y organizar al ejAi??rcito, de lo contrario surgirAi??an mA?s revoluciones patrocinadas por grupos que sA?lo buscaban ai???conatos de rapiAi??aai???. Cabe mencionar que Ai??l se encontraba retirado de la polAi??tica en ese momento, pero advierte que tan pronto la maquinaria gubernamental marchara favorablemente, regresarAi??a para apoyar los ai???A?nicos principiosai??? de salvaciA?n del paAi??s: los principios liberales y democrA?ticos.

SA?lo resta decir que los temores de Otero se hicieron realidad: la paz llegA? a su fin en octubre de 1852 y otra revoluciA?n azotA? a la repA?blica. Las distintas facciones, fortalecidas, intentaron resolver sus diferencias en el campo de batalla. A Ai??l no le tocarAi??a ver el fin del conflicto, pues en mayo de 1850 el cA?lera le arrebatA? la vida a la edad de 33 aAi??os.

Excmo. Sr. Dr. D. JosAi?? MarAi??a Luis Mora
Londres
MAi??xico, 14 de diciembre de 1849

Muy estimado SeAi??or y amigo:
Hasta ayer en la tarde recibimos la correspondencia del paquete inglAi??s, que me trajo la muy grata de Usted de 31 de octubre, que contesto.

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Fototeca Pedro Guerra

Cinthya Edisa Cruz Castro y Ricardo Pat Chan
Fototeca Pedro Guerra


En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

La visita a MAi??rida de Porfirio DAi??az en 1906, la campaAi??a de Francisco I. Madero y Pino SuA?rez en la regiA?n, las giras de Salvador Alvarado y el ejAi??rcito constitucionalista, el arribo de Plutarco ElAi??as Calles, movimientos polAi??ticos y sociales en el estado, asAi?? como fotografAi??as artAi??sticas o arqueolA?gicas, que llegan hasta dAi??cadas recientes, forman parte de este acervo de mA?s de 500 000 imA?genes, resguardadas en la Universidad AutA?noma de YucatA?n.

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La historia de la fotografAi??a en YucatA?n tiene su origen en el temprano siglo XIX, a pesar del alejamiento y la condena de ai???provincianaai??? que le legA? su ubicaciA?n geogrA?fica. Ese ai???provinciaAi??lismoai??? le otorgA?, pese a la sorpresa de algunos historiadores e investigadores de la imagen, las facilidades para que en abril de 1841 llegara el primer fotA?grafo a la penAi??nsula yucateca: el barA?n Emmanuel von Friedrichsthal, agregaAi??do diplomA?tico de la delegaciA?n austriaca en Estados Unidos, por recomendaciones de AleAi??jandro von Humboldt y W. Hickling Prescott, quienes estaban deslumbrados por los ai???maraviAi??llososai??? vestigios arqueolA?gicos que existAi??an en la penAi??nsula de YucatA?n. Su nombre aparece citado en un artAi??culo periodAi??stico de El Museo Yucateco (1841) donde se explica que, atraAi??do por la arqueologAi??a, el barA?n llevA? consigo una cA?mara para hacer tomas al daguerrotipo de las ai???ruinasai??? mayas, con el propA?sito de ai???dibuAi??jar sus edificiosai??? y posteriormente mostrar sus imA?genes en la Academia de ParAi??s. El barA?n fue el primer daguerrotipista en YucatA?n, que ofreciA? comercialmente el trabajo de retratos, llegando a establecer un comercio fotogrA?fico en la capital yucateca en tiempos tan tempranos como 1841. Como habAi??a comprado el diseAi??o francAi??s acromA?tico y realizado pruebas con John William Draper, profesor de quAi??mica en la Universidad de Nueva York, quien a su vez habAi??a experimentado con la nueva tecnologAi??a, Friedrichsthal produjo buenas imA?genes, con buen dominio de la tAi??cnica, pese a sus consAi??tantes quejas por el clima y los vientos, que le causaban complicaciones en el momento de hacer tomas externas.

Otros extranjeros que visitaron YucatA?n y utilizaron daguerrotipos para obtener imA?Ai??genes de las ruinas mayas fueron el viajero y escritor estadunidense John Loyd Stephens y el grabador y dibujante inglAi??s Frederick CaAi??therwood, quienes emprendieron dos viajes a YucatA?n, el primero en 1839 y el segundo en 1842. Catherwood recurriA? a la cA?mara lA?cida drawing, sistema antecesor de la fotografAi??a con la cual numerosos viajeros, corresponsales grA?ficos, cientAi??ficos del nuevo y el viejo mundo realizaron dibujos de gran calidad.

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No tardA? mucho para que los yucatecos mismos comenzaran a practicar este arte, entre ellos, la familia Espinosa RendA?n (1860-1863) y los Guerra (1877-1970), quienes hicieron de la fotografAi??a una tradiciA?n que es practicada hoy en dAi??a. Los A?ltimos perduraron mA?s de 90 aAi??os en el mercado yucateco, siendo la fotografAi??a de estudio la mA?s practicada. ReAi??trataron la fisonomAi??a de YucatA?n, cada yucaAi??teco (nos atreverAi??amos a decir que 80%) fue fotografiado por ellos. A la fecha se conservan poco mA?s de 250 000 imA?genes de su autorAi??a en la Fototeca Pedro Guerra, de la Facultad de Ciencias AntropolA?gicas de la Universidad AutA?noma de YucatA?n.

Esta fototeca surgiA? del Estudio Guerra, fundado en 1877 por Pedro Guerra JordA?n y el espaAi??ol JosAi?? Huertas, originalmente llamado FotografAi??a ArtAi??stica y CAi??a., y donde Guerra aprendiA? el oficio. Poco tiempo despuAi??s, por motivos personales, Huertas dejarAi??a la ciudad ai??i??anunciA?ndolo en la prensaai??i?? y Guerra JordA?n adquirirAi??a el estudio, a cambio de enseAi??arle la tAi??cnica de colodiA?n hA?medo.

Guerra compartAi??a la visiA?n del progreso porfirista, asAi?? como una ideologAi??a tradicionaAi??lista y ortodoxa, acorde a su periodo de forAi??maciA?n social en la segunda mitad del siglo XIX. Estos aspectos se verAi??an reflejados en la mayor parte de su trabajo fotogrA?fico: desde los retratos que mostraban la moda europea y los objetos que buscaban resaltar la actitud refinada de la clase ai???pudienteai???. La fama de Guerra crecerAi??a a la par que la de la clase poAi??lAi??tica, la cual compartAi??a su visiA?n del progreso, lo que se expresA? claramente durante la visita del general Porfirio DAi??az a la ciudad de MAi??riAi??da en 1906, y en la que el fotA?grafo cubriA? la llegada del presidente al puerto de Progreso y las cenas otorgadas en las casonas de los hacendados, punto mA?ximo del afrancesado sAi??quito porfiriano. Guerra implementA? mAi??Ai??todos modernos y la utilizaciA?n de materiales sensibles como la placa seca de gelatina, que acelerA? el tiempo de la toma en la fotografAi??a; tambiAi??n llegA? a desarrollar la toma nocturAi??na por medio de polvos de magnesio, hecho novedoso para la Ai??poca. DespuAi??s de 34 aAi??os frente al estudio, falleciA? el 29 de octubre de 1917 quedando a cargo del negocio familiar su hijo, Pedro Guerra Aguilar, quien seguirAi??a en parte las prA?cticas, tAi??cnicas y costumbres fotogrA?ficas de su padre, logrando consolidar la fama del Estudio Guerra, incluso a travAi??s de asociaciones fotogrA?ficas para compartir tAi??cnicas y procesos para formar nuevos fotA?Ai??grafos. Guerra Aguilar introdujo novedosas y rA?pidas tAi??cnicas de copiado como el Fotostat y complementA? el taller de fotograbado meAi??diante la inclusiA?n de una gran imprenta. Su legado serAi??a inmenso, puesto que a la par de los avances tecnolA?gicos que introducAi??a, los daba a conocer en medios fotogrA?ficos, como YuAi??catA?n FotogrA?fico, revista que pretendAi??a ayudar a los aficionados y dar a conocer los nuevos avances tecnolA?gicos, asAi?? como dar realce a la asociaciA?n que presidia y hacer accesibles los conocimientos que permitieron dar mayor impulso al auge fotogrA?fico en la penAi??nsula.

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Ejercicio de memoria para un jardAi??n imaginado

Octavio Paz.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

Octavio Paz recuerda, en una carta, sus tiempos de niAi??o y adolescente por las calles de Mixcoac. Casas del siglo XIX, un rAi??o fAi??tido, visitas con su abuelo Irineo, el tranvAi??a en el que preparaba sus clases y leAi??a novelas o tratados de filosofAi??a, los colegios Williams y Lasalle, el lugar donde supo de la poesAi??a y el entusiasmo. Ya adulto recorriA? nuevamente aquellas calles, pero descubriA? un mundo irremediablemente ajeno.

MAi??xico, a 9 de mayo de 1989.

SeAi??ora Alejandra Moreno Toscano.
Querida Alejandra:

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Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.

Al final de esta carta encontrarA?s los brevesAi??poemas -en realidad, estrofas sueltas- queAi??hubieran podido figurar, a manera de inscripciones,Ai??en las puertas y en algA?n muro delAi??pequeAi??o jardAi??n que, a iniciativa tuya, las autoridadesAi??de la ciudad proyectan trazar en unAi??terreno baldAi??o del antiguo Mixcoac. Lo llamoAi??antiguo porque esa localidad existe desde laAi??Ai??poca prehispA?nica. Yo no nacAi?? en Mixcoac,Ai??pero allA? vivAi?? durante toda mi niAi??ez y buenaparte de mi juventud, salvo un aAi??o y medio queAi??pasAi?? en Los A?ngeles (mi padre fue desterradoAi??polAi??tico y buscA? asilo en los Estados Unidos).Ai??Apenas tenAi??a unos doce meses de edad cuandoAi??los azares de la revoluciA?n nos obligaron aAi??dejar la ciudad de MAi??xico; mi padre se uniA?, enAi??el sur, al movimiento de Zapata, con AntonioAi??DAi??az Soto y Gama y otros jA?venes, mientrasAi??mi madre se refugiA?, conmigo, en Mixcoac, enAi??la vieja casa de mi abuelo paterno. LleguAi?? enAi??1914 y no me movAi?? de allAi?? sino hasta 1937, aAi??oAi??de mi primera salida de MAi??xico: casi un tercioAi??de mi vida. Por esto, cuando me comunicasteAi??tu idea y me pediste mi colaboraciA?n, aceptAi??Ai??conmovido. Sin embargo, acabo de visitarAi??la ruidosa desolaciA?n que ustedes intentanAi??convertir en un jardAi??n y regreso desalentado.Ai??Mi decepciA?n ante ese terrain vague se volviA?Ai??abatimiento cuando recorrAi?? la cercana rotondaAi??con la estatua de cemento del Manco deAi??Celaya, rodeada de una maltrecha tribu deAi??fresnos y pinos. Aunque les costarA? trabajo,Ai??tal vez ustedes lograrA?n humanizar un pocoAi??ese pA?ramo asolado por el martilleo y el tableteoAi??de los autos. Pero me parece imposibleAi??que el futuro jardAi??n llegue a ser ese recientoAi??tranquilo y un poco apartado que evocan misAi??versos. Es un lugar condenado al ruido. AdemA?s,Ai??te lo confieso, no quiero ser intruso. NoAi??sAi?? si me fui o me echaron: sAi?? que ya no soy deAi??allAi??. Pienso en el barrio que hoy he recorrido yAi??en el de mi niAi??ez y mi adolescencia: A?en quAi??Ai??se parecen? Y me digo: ha sido peor que unaAi??destrucciA?n ai??i??una degradaciA?n.

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Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.

La calle de Goya, que es la prolongaciA?nAi??del predio que ustedes quieren transformar enAi??jardAi??n, se llamaba la calle de las Flores. A?rbolesAi??corpulentos y casas severas, un poco tristes.Ai??Animaban la soledad de la calle el blanco ColegioAi??de las Teresianas y, a la hora de entradaAi??y salida de las clases, los blancos uniformesAi??de las muchachas. Voces de mujeres y piarAi??de pA?jaros, revoloteo de alas y de faldas. CasiAi??al final, la casa de los G. (hoy es una oficinaAi??pA?blica). Eran amigos de mi familia y a vecesAi??yo acompaAi??aba a mi abuelo en sus visitas. SeAi??abrAi??a el portA?n y entrA?bamos en un vestAi??buloAi??amplio y un poco obscuro; nos recibAi??a unAi??moro de turbante y cimitarra ai??i??imposible noAi??pensar en Venecia y el sAi??quito de Oteloai??i??, enAi??lo alto de la diestra una lA?mpara en forma deAi??antorcha ai??i??pero el foco estaba casi siempreAi??fundido- y que seAi??alaba el camino. RecuerdoAi??un corredor de altas macetas, flores blancas yAi??rosadas (A?camelias?), un piso de ladrillo rojoAi??y, separado por una pequeAi??a balaustrada, unAi??patio con limoneros y naranjos. En la sala deAi??azules desvaAi??dos nos esperaba la dueAi??a de laAi??casa, una vieja seAi??ora acompaAi??ada por algA?nAi??pariente. A veces la conversaciA?n se interrumpAi??aAi??por la llegada de Manuelito, un sesentA?nAi??hijo o sobrino de la seAi??ora de la casa, en elAi??pecho la banda tricolor. Se acercaba con deferenciaAi??a mi abuelo, lo invitaba a la ceremoniaAi??de su inminente toma de posesiA?n comoAi??Presidente de la RepA?blica y le pedAi??a consejoAi??sobre la composiciA?n de su futuro gabinete.Ai??Nadie daba muestras de extraAi??eza y al pocoAi??tiempo la conversaciA?n continuaba.

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La ira sobre ValentAi??n

Norberto Nava Bonilla
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

En el proyecto polAi??tico de ValentAi??n GA?mez FarAi??as por quitarle a la Iglesia catA?lica espacios de poder y decisiA?n, la vida del propio vicepresidente de Santa Anna corriA? peligro cuando se echaron atrA?s sus decisiones. Una turba que lo buscA? quiso deshacerse hasta de un retrato personal. El cuadro no fue hallado, pero lo interesante es que la obra tuvo su sAi??mil.

Copia del A?leo original que fue robado

ValentAi??n GA?mez FarAi??as se encontraba en suAi??casa de Mixcoac acompaAi??ado de su familia.Ai??AllAi?? encontrA? el refugio ante una rebeliA?n queAi??se levantA? en su contra en la capital. Con armaAi??en mano, mA?s por precauciA?n que por miedo,Ai??proyectaba la ruta mA?s conveniente para salirAi??del paAi??s, no sin antes vender su biblioteca paraAi??hacerse de recursos. Estos sucesos no le causabanAi??sorpresa ni asombro, en el tiempo queAi??estuvo en el ejecutivo siempre hubo un sectorAi??que reprobA? su polAi??tica. A?Su culpa? Desde laAi??vicepresidencia del paAi??s decretA? varias leyes queAi??buscaban mermar el poder que la Iglesia tenAi??aAi??sobre la sociedad; hoy en dAi??a calificarAi??amosAi??estas medidas como progresistas, pero en eseAi??entonces fueron la causa de discordias entre unaAi??sociedad altamente religiosa y GA?mez FarAi??as.

Don ValentAi??n habAi??a iniciado su cuatrienioAi??como vicepresidente en abril de 1833.Ai??Con un Congreso liberal, sus leyes no encontraronAi??obstA?culos y fueron aprobadasAi??una tras otra, pero bastaron dos meses paraAi??que se escucharan las primeras protestas alAi??grito de ai???ReligiA?n y Fuerosai???; el presidenteAi??Antonio LA?pez de Santana saliA? a sofocar aAi??los rebeldes y tras un breve enfrentamientoAi??logrA? someterlos. Superado esto, la tempestadAi??continuA? cuando el cholera morbus llegA?Ai??a la capital. El clero y la sociedad mA?s conservadoraAi??culparon al vicepresidente de estaAi??epidemia, pues sus leyes, decAi??an, ai???atentabanai???Ai??contra los bienes y derechos de la Iglesia y loAi??sucedido no era mA?s que un castigo divinoAi??para la sociedad mexicana.

Con la mayor rapidez posible, el vicepresidenteAi??instruyA? A?rdenes de sanidad e higieneAi??para contrarrestar los efectos de la epidemia.Ai??AdemA?s, como mAi??dico, ayudA? a atender a losAi??enfermos en los improvisados centros de saludAi??que se colocaron en distintos puntos de laAi??capital. Para finales de 1833, la plaga que habAi??aAi??matado a 15 000 personas, entre ellas a la hijaAi??de don ValentAi??n, habAi??a sido controlada.

Mientras tenAi??a las riendas del paAi??s, GA?mezAi??FarAi??as no vacilaba en aplicar su proyecto polAi??tico,Ai??sus leyes atacaban cada vez mA?s los privilegiosAi??que la Iglesia habAi??a disfrutado porAi??centurias. Los distintos grupos conservadoresAi??continuaban organizA?ndose para frenarAi??la ai???destrucciA?nai???. A diario aparecAi??an escritosAi??pegados en las paredes de la capital que criticabanAi??al vicepresidente, lo llamaban ai???sans-culotte,Ai??ladrA?n, demagogo y orateai??? que ai???de malaAi??feai??? habAi??a roto la armonAi??a de la naciA?n con suAi??ai???gobierno demoniocrA?ticoai???.

A fin de mantener la paz en la capital,Ai??GA?mez FarAi??as armA? a un cuerpo de civiles yAi??dictA? leyes que prohibAi??an, entre otras cosas, laAi??reuniA?n de mA?s de dos hombres en las calles,Ai??el toque de campanas y que los habitantesAi??montaran a caballo; aprehendiA? a varios jefesAi??del ejAi??rcito y duplicA? la vigilancia al caer laAi??noche.

En el resto del paAi??s la situaciA?n era distinta.Ai??Grupos antagA?nicos a GA?mez FarAi??as enviabanAi??cartas a Santa Anna, quien se encontraba enAi??Veracruz, suplicando que retome la presidenciaAi??para detener al ai???destructor de la feai???. Por finAi??se decidiA? a hacerlo y en abril de 1834 echA?Ai??para atrA?s todas las leyes y disposiciones queAi??su vicepresidente habAi??a emitido, ademA?s deAi??alejarlo brevemente del teatro polAi??tico.

Copia del Segundo A?leo que se hizo BAJA

Don ValentAi??n se retirA? a su casa en MixcoacAi??mientras la situaciA?n se tranquilizaba; sinAi??embargo, en la villa de Cuernavaca, un grupoAi??conservador emitiA? un plan el 25 de mayo queAi??desconocAi??a la autoridad de todas personas queAi??habAi??an apoyado las leyes que ai???sumergieron a laAi??RepA?blica mexicana en el caos mA?s espantosoAi??de confusiA?n y desordenai??? y pedAi??an auxilio alAi??presidente. Tras dAi??as de incertidumbre, el 14Ai??de junio de 1834, el Ayuntamiento de la ciudadAi??de MAi??xico adoptA? el plan. Las injuriasAi??en contra del ex vicepresidente no se hicieronAi??esperar. Una turba deseaba confrontar a donAi??ValentAi??n, pero en vista de que este no se encontrabaAi??cerca, buscaron su retrato en PalacioAi??Nacional para descargar su ira.

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