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Aventuras de un diplomA?tico en MAi??xico

Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 14.

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DespuAi??s de la derrota de MAi??xico por Estados Unidos en 1847, el presidente James K. Polk enviA? como comisionadoAi??a Nathan Clifford, su procurador general, con la misiA?n de negociar la A?ltima etapa del tratado de paz. Si bien se ocupA? de esta tarea, el novel diplomA?tico tuvo ocasiA?n de conocer la ciudad de MAi??xico asAi?? como de escribir a su familia, residente en Newfield, Maine, a donde Ai??l habAi??a llegado en 1822, ejercido como abogado e iniciado su carrera polAi??tica en el Partido DemA?crata. De las impresiones de viaje que dejA? en estas cartas, hablaremos a continuaciA?n.

Clifford iniciA? el 19 de marzo de 1848 un viaje que apenas durA? dos semanas; la rapidez revelaba la urgencia de que entrara en vigor el Tratado de Guadalupe Hidalgo, pues el movimiento Todo MAi??xico, que exigAi??a la anexiA?n de mA?s territorio a Estados Unidos, tomaba gran fuerza. El Senado lo habAi??a ratificado y contaba con la aprobaciA?n presidencial. Faltaban ahora la ratificaciA?n y aprobaciA?n mexicanas y Polk considerA? a Clifford como el mA?s apropiado para conseguirlas:

EstA? perfectamente familiarizado con todos mis puntos de vista, tales como se han discutido frecuentemente en el gabinete, respecto al tratado y todas sus estipulaciones. Es ademA?s un hombre discreto y muy sensato. [...] no hay otra persona de mi gabinete que pudiera estar tan bien preparado para llevar a cabo mis propA?sitos [...] Es un abogado digno de confianza y capaz y he estado satisfecho con Ai??l como miembro de mi gabinete.

Pese a que le disgustaba mucho la tarea, Clifford la asumiA? como un deber. De modo que, por una ruta que de Washington se dirigiA? a Wilmington, Carolina del Norte, y luego pasA? por Charleston, Carolina del Sur; Augusta, Atlanta y Griffin, Georgia; Auburn, Montgomery y Mobile, Alabama, para finalmente llegar a Nueva OrleA?ns el 26, recorrido en el que viajA? en lancha, carruaje, ferrocarril y barco de vapor, y no le faltaron tormentas, incendios e incluso un ligero resfrAi??o, a pesar de lo cual conservA? el optimismo: Creo que estoy en el camino del deber y me apresurarAi?? confiado en la guAi??a y el apoyo de una Providencia todopoderosa.

James Polk

James Polk

El 27 abordA? el Massachusetts; esperaba desembarcar en Veracruz a las 72 horas. Pero el viento obraba en contra y el velero no pudo anclar frente al castillo de San Juan de UlA?a sino una semana despuAi??s. Sin duda, la buena recepciA?n del mando militar, que lo acogiA? con salvas de caAi??A?n y los acordes de Sweet Home y Star Spangled Banner, interpretados por una banda, le deben haber resarcido las molestias de la travesAi??a.

El puerto de Veracruz, despertado a caAi??onazos en la madrugada, estaba tranquilo y al parecer bajo perfecto control, si bien dirige a la policAi??a la autoridad mexicana, restaurada hace tres dAi??as por el nuevo armisticio. Se alojA? en casa de Louis S. Hargous, un comerciante estadunidense allAi?? radicado. La ciudad le dejA? una pAi??sima impresiA?n: ai???temerAi?? pasar por este lugar cuando regrese a casaai???. No era sA?lo el mal clima; los mexicanos se mantienen apartados de nosotros y no lamento que lo hagan porque no me agradan en lo mA?s mAi??nimo. Era Ai??sta una actitud insA?lita en el pueblo hospitalario que es el mexicano, sin duda explicada por la reciente y muy dolorosa derrota militar.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Retazos de una vida: Gertrude Duby

Diana GuillAi??n
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 14.

Gertrude Duby realizA? una A?ltima expediciA?nAi??a la Selva Lacandona a mediados deAi??agosto de 2010; cobijados con caoba artesanalmenteAi??labrada sus restos (y los de Frans Blom,Ai??el compaAi??ero de vida y de aventuras de la fotA?grafa,Ai??luchadora social, etnA?loga, protectora de las comunidades,Ai??defensora del medio ambiente y tantos otrosAi??atributos a los que se podrAi??a recurrir para hablar deAi??ella), llegaron a NahA?.

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Trudy y Pancho, como coloquialmente fueronAi??bautizados en suelo chiapaneco, cerraban asAi?? el cicloAi??que habAi??an iniciado en la dAi??cada de 1940, cuandoAi??ambos participaron en la primera expediciA?n gubernamentalAi??a aquella zona de la entidad. Su encuentroAi??con la selva marcA? el comienzo de una relaciA?nAi??afectiva e intelectual que los unirAi??a hasta la muerteAi??de Frans en 1963 y paralelamente sellA? un compromisoAi??con el mundo indAi??gena que refrendarAi??an dAi??aAi??con dAi??a a lo largo de su existencia.

Los caminos de Gertrudis Duby y FranciscoAi??Blom confluyeron porque compartAi??an valores, interesesAi??y pasiones. Tal vez el destino moviA? algunos hilosAi??y propiciA? que se cruzaran en Ocosingo, ChiapasAi??y descubrieran juntos un ambiente cultural y fAi??sicamenteAi??muy lejano de la Europa de fines del sigloAi?? XIXAi??y principios delAi?? XX en la que les habAi??a tocado nacer,Ai??pero la labor que a partir de entonces emprendieronAi??para proteger a la Selva Lacandona y a sus habitantesAi??difAi??cilmente tuvo que ver con la actividad de losAi??astros.

Oriunda de los Alpes suizos (donde naciA? enAi??1901) y de Copenhague Ai??l (1893-1963), adoptaronAi??a San CristA?bal de las Casas como lugar de residencia;Ai??la selva, su otro hogar, estuvo sin embargo presenteAi??todo el tiempo, pues terminA? colA?ndose por losAi??distintos rincones de la casa que adquirieron y a laAi??que cariAi??osamente llamaron Na Bolom (Casa delAi??Jaguar). Aun cuando la pareja se asentA? en los Altos,Ai??las referencias lacandonas eran las que ocupaban losAi??lugares centrales en su cotidianidad.

Los frutos de esa simbiosis espiritual y materialAi??que los unAi??a a la selva se prolongan hasta el presente;Ai??Na Bolom le da el nombre a una asociaciA?n civilAi??que promueve la protecciA?n del medio ambienteAi??y de los recursos naturales de la zona, asAi?? como laAi??preservaciA?n y el desarrollo de los grupos indAi??genasAi??(especialmente de los lacandones) y la conservaciA?n yAi??difusiA?n de su patrimonio cultural.

A travAi??s de proyectos de aprovechamiento sustentableAi??de los recursos, de salud y turismo comunitarioAi??y de empresas rurales consolidadas, el patronato queAi??en un primer momento fundaron los Blom-DubyAi??enfrenta con brAi??os renovados los retos que el sigloAi??Ai??XXI plantea a las comunidades indAi??genas y simbolizaAi??los frutos de la semilla a favor de estas A?ltimasAi??que sembraron y cuidaron en vida los dos europeosAi??naturalizados mexicanos.

Pero su legado rebasa los bienes materiales queAi??destinaron para apoyar a quienes, aun sin tener lazosAi??de consanguinidad con ellos, llegaron a ser parteAi??de su familia cercana; la herencia mA?s jugosa queAi??dejaron fue un profundo respeto hacia aquellas culturasAi??que resultan distintas del modelo occidental yAi??la apuesta por replantear los cA?nones que este A?ltimoAi??ha establecido para transformar a su imagenAi??y semejanza a quienes construyen otras formas deAi??sociabilidad.

Gertrude Duby con un lacandA?n en NajA?, ca. 1948

Gertrude Duby con un lacandA?n en NajA?, ca. 1948

Cuando eligieron que sus cuerpos fueran trasladadosAi??a la Selva Lacandona en un A?ltimo viajeAi??cargado de recuerdos y emociones, dejaron fiel constanciaAi??de donde habAi??a quedado atrapado su espAi??rituAi??y enviaron un mensaje de reconocimiento a quienesAi??supieron conquistar su corazA?n. Trudy muriA?Ai??en diciembre de 1993 y fue enterrada junto a suAi??marido en San CristA?bal de las Casas, pero despuAi??sAi??de mA?s de una dAi??cada y media se cumpliA? el deseoAi??que tanto ella como Ai??l habAi??an hecho explAi??cito y seAi??les permitiA? reposar en NahA?; a decir de quienes losAi??acompaAi??aron, el trayecto hacia su A?ltima morada seAi??viviA? como una autAi??ntica fiesta de despedida, mA?sAi??que como un rito funerario cargado de dolor.

Con Chan K'in Viejo, ca. 1976

Con Chan K’in Viejo, ca. 1976

El A?nico llanto fue de felicidad y lo protagonizA?Ai??el cielo que en el centro de la selva dejA? caer unAi??torrencial aguacero en el momento en el que bajoAi??la protecciA?n de HachAi??kium (el Creador), GertrudisAi??llegA? al paraAi??so de los antepasados Hach WinikAi??(Hombres Verdaderos). Por lo menos asAi?? interpretA?Ai??su amigo Kayuai??i??um Maai??i??ax lo sucedido y no soyAi??quien para contradecirlo. SA?lo agregarAi??a que antesAi??del entierro lacandA?n en NahA? hubo otros momentosAi??igualmente emotivos; vistos en conjunto recogen laAi??variedad de afectos y la mezcla de culturas que a loAi??largo de su existencia cosechA? Trudy: del cementerioAi??de San CristA?bal de las Casas sus restos pasaron a laAi??capilla de Na Bolom, porque durante tres dAi??as seAi??concentraron allAi?? personas provenientes de distintosAi??puntos de Chiapas, de la ciudad de MAi??xico e inclusiveAi??de otros paAi??ses para despedirse de ella.

MA?s tarde, las autoridades indAi??genas de OxchucAi??organizaron una ceremonia propia del sincretismoAi??religioso que prevalece en distintas partes de la entidad:Ai??el escenario fue la iglesia de Santo TomA?s yAi??las velas y los refrescos embotellados, las sonajas y lasAi??cruces, los cantos de los indios y la mA?sica del arpa yAi??de la guitarra enmarcaron el A?ltimo adiA?s a TrudyAi??por parte de fieles que practican de manera autA?ctonaAi??los dogmas de la iglesia catA?lica, apostA?lica yAi??romana.

Pero reconstruir los detalles de la aventura queAi??despuAi??s de muertos emprendieron Pancho y TrudyAi??merecerAi??a una crA?nica que rebasa el contenido de laAi??entrevista a Gertrude Duby incluida en esta entregaAi??de BiCentenario. Para confirmar que el paso deAi??nuestro personaje por Chiapas concluyA? de la mismaAi??manera novelada con que se habAi??a iniciado, puedeAi??consultarse el reportaje que publicA? Kyra NA?Ai??ez enAi??Suisslatin (http://www.swisslatin.ch/quintasuiza-Ai??1013.htm), mientras que para conocer ai???de vivaAi??vozai??? los capAi??tulos iniciales de esa novela, convieneAi??escuchar la plA?tica que sostuvo su protagonista conAi??la historiadora Eugenia Meyer en 1971.

Es un testimonio oral que forma parte del ArchivoAi??de la Palabra resguardado por el Instituto MoraAi??y del que aquAi?? recupero algunas partes. Para facilitarAi??su lectura he editado el texto, tratando en todoAi??momento de respetar los argumentos e ideas que seAi??desprenden de la entrevista y la forma de hablar y elAi??estilo de la entrevistada. Con igual idea he construidoAi??tres grandes bloques, que sirven de ejes temA?ticosAi??para recobrar fragmentos que la secuencia originalAi??de la entrevista presenta en otro orden.

Aclarados los puntos relativos al trabajo de ediciA?n,Ai??lo A?nico que resta es dejarlos en compaAi??Ai??a deAi??una mujer que viviA? y muriA? retando al mundo.

Trayectos y circunstancias:
de las montaAi??asAi??suizas a los Altos chiapanecos

NacAi?? en Innertkirchen, un pueblo de Suiza dondeAi??no habAi??a luz, ni carretera, ni nada y vivAi?? unAi??tiempo en Wiimmis, que es otro pueblo de losAi??Alpes. DespuAi??s fuimos a Berna, donde mi padreAi??era el director o inspector de instalaciones paraAi??menores, para gente que no estaba totalmente enAi??sus sentidos. AhAi?? fui a la escuela; luego de un aAi??oAi??asistAi?? a otra escuela en la parte francesa y despuAi??sAi??de esto fui al extranjero: a ParAi??s y a Londres, dondeAi??trabajAi?? en una casa como ayudante y dama deAi??compaAi??Ai??a de la dueAi??a y escribiendo para periA?dicosAi??socialistas en Suiza.

Desde el punto de vista polAi??tico era totalmenteAi??reaccionaria, nada liberal. Hasta que lleguAi?? a laAi??escuela-internado para horticultura y hubo unaAi??huelga general en Suiza, en 1918, durante la revoluciA?nAi??rusa.

El movimiento estaba en el aire A?no? La revoluciA?nAi??rusa era una cosa romA?ntica, fabulosa paraAi??la mayorAi??a de las gentes. En Suiza habAi??a muchosAi??cantones que eran socialistas. Es una Ai??poca queAi??ustedes no pueden entender; la gente que la viviA?Ai??ya es vieja como yo.

Fui despuAi??s a Italia. Hasta luchAi?? contra MussoliniAi??y me metieron a la cA?rcel. Me expulsaronAi??a Suiza donde participAi?? en el movimiento de lasAi??mujeres socialistas y lleguAi?? a ser su presidenta.Ai??Vino el tiempo del fascismo y fui a Alemania tres oAi??cuatro aAi??os, era la Ai??poca de la lucha contra Hitler.Ai??DespuAi??s hubo un congreso muy grande en FranciaAi??contra el fascismo y por la paz. AhAi?? tuvimosAi??contacto con MAi??xico, pero mi primera impresiA?nAi??de este paAi??s habAi??a sido mucho mA?s temprana. EnAi??la escuela, por la geografAi??a: hablar del PopocatAi??petlAi??me pareciA? una cosa muy romA?ntica. Un paAi??sAi??que tenAi??a nombres tan raros.

En 1939 me urgAi??a ir a ayudar a salvar a la genteAi??que estaba atrapada por Hitler, quien avanzabaAi??mA?s y mA?s rumbo a Marsella. Se necesitaba juntarAi??el dinero para conseguir la visa para los EstadosAi??Unidos. Fue asAi?? que vine con el penA?ltimo barcoAi??desde GAi??nova. Tuve muchas dificultades para salirAi??pues estaba en la lista negra de Italia.

LleguAi?? a MAi??xico durante el gobierno de CA?rdenas, como inmigrante. Era una ciudad transparente,Ai??todavAi??a se veAi??an los volcanes, no era tanAi??grande. Era una ciudad fabulosa. Yo tenAi??a muchosAi??amigos de ParAi??s, los refugiados que estaban aquAi??.Ai??Primero trabajamos con los refugiados que llegabanAi??de Europa, pero mi idea era salir de ello y laAi??primera cosa que hice fue un viaje encargado porAi??GarcAi??a TAi??llez [se refiere a Ignacio GarcAi??a TAi??llez,Ai??secretario del Trabajo y PrevisiA?n Social duranteAi??el gobierno de Manuel A?vila Camacho] para ir aAi??Jalisco, Sinaloa y Nayarit y estudiar la condiciA?nAi??atrasada de las mujeres que trabajaban en las industriasAi??del tabaco y del textil. Como trabajadoraAi??social debAi??a entregar un informe y sugerir lo queAi??debAi??a hacerse.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Sumario #14

EDITORIAL

CORREO DEL LECTOR

ARTÍCULOS

01La Diputación novohispana en las Cortes de Madrid
Carlos Cruzado Campos

02Criar hijos ajenos. Las nodrizas en México durante los siglos XVIII y XIX
Luis Ernesto Hernández Morales

03Aventuras de un diplomático en México
Ana Rosa Suárez Argüello

04Un foto-reportaje taurino en Tenango del Valle
José Francisco Coello Ugalde

05Ciudad Juárez en 1911. Un capítulo de la fotografía documental
Miguel Ángel Berumen

Fot. de Tostado, CA?rcel de BelAi??n03,  8 julio 1913 (726x800)Purgando las culpas
Martín Josué Martínez Martínez

06De cómo desde Estados Unidos se intentó llevar la Prohibición a México
Cecilia Autrique Escobar

07El Nacional Monte de Piedad: ¿una institución colonial?
Esperanza Cabrera Siles

DESDE HOY

Flota de aeronaves de AeromAi??xico (800x530)Crónica de un aeropuerto anunciado
J. Carlos Domínguez Virgen

DESDE AYER

Testimonios

6 - The Clothing Co. Fototeca Archivo Municipal de Durango (800x574)La toma de Durango: Una mirada femenina
Esperanza Rangel y López Negrete

Imágenes

08Historia de una casa
Laura Suárez de la Torre

CUENTO HISTÓRICO

Marc Chagall, birth-1910La falta de un varón
Arturo Sigüenza

ARTE

Rafael Sanzio, Spacimo di Sicilia. 1516. Museo del Prado, Madrid. (577x800)El Emmaús de Sagredo: ¿masón?
Sergio Estrada Reynoso

ENTREVISTA

Gertrude Duby, Tzotzil, San Juan Chamula Chiapas, 1946 (706x800)Retazos de una vida: Gertrude Duby
Diana Guillén

El Emmaús de Sagredo ¿masón?

Sergio Estrada Reynoso
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

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Un reducido grupo de criollos ilustrados, adheridos a la logia masónica escocesa y de filiación política conservadora, plantearon en 1843 las propuestas monetarias y culturales para poder rescatar de su inactividad a la Academia de San Carlos de México. Esta reforma estuvo sellada por una marcada inclinación religiosa; para los maestros traídos de Europa era requisito ser católico para ser contratados, pues los integrantes de la Junta de Gobierno de la Academia fueron notables políticos del partido conservador.

Otro efecto importante de la reestructuración del plantel fue que atrajo a un importante número de alumnos. Entre ellos llegó Ramón Sagredo, en el ramo de pintura, quien rápidamente se distinguió por sus buenas aptitudes en el dibujo y como una gran promesa para las artes.

Actualmente Sagredo no forma parte de las celebridades artísticas en nuestro país. Su virtual anonimato se debe a su reducida producción y a que la escuela plástica a la que perteneció fue ásperamente criticada por su marcada temática religiosa. Creemos que quizá la única manera de revalorar la producción plástica de mediados del siglo XIX sea reconocer a los artistas olvidados, desempolvar sus obras e intentar comprender su significado sin prejuicios. Es ésta la razón para analizar enseguida un interesante A?leo de Sagredo, titulado La ida a Emmaús, expuesto en el Museo Nacional de Arte.

El autor

Suele decirse que Ramón Sagredo nació en 1834 en Real del Monte, pero quizás esto no sea cierto, pues en el libro de fe bautismal que se conserva en este poblado no lo registra. Sus padres Gregorio Sagredo (empleado minero) y María del Carmen Carreño formaban un modesto matrimonio trashumante que se asentó en ese lugar y al menos engendró doce vástagos (siete mujeres y cinco varones), nacidos en diferentes poblados mineros. Creemos que Ramón vio la luz primera entre 1834 y 1837, en alguno de los muchos lugares en que sus progenitores vivieron.

La Academia de San Carlos

La Academia de San Carlos

Desde niño, Ramón manifestó gusto por la pintura. Se cuenta que antes de ingresar a la Academia de San Carlos, se instruyó en el estudio artístico que el pintor Justo Montiel montó en la ciudad de Orizaba. En Real del Monte fue amigo del famoso caricaturista masón del diario liberal La Orquesta, Constantino Escalante. Para 1852 se hallaba ya estudiando en la Academia, donde elaboró el lienzo La ida al castillo de Emmaús cinco años después, cuando tenía entre 20 y 23 años de edad. El año en que nace esta obra a la que se considera su obra maestra, fue crítico en la política mexicana; las tensiones entre liberales y conservadores eran tales que estallarían en tres años de encarnizada guerra civil, debido a la nueva Constitución política, cuya proclamación cayó como auténtico botafuego en el ánimo de ambos partidos.

Sagredo permaneció en la Academia de San Carlos durante diez años, lo que le significó un periodo de esfuerzo y estudio constantes, pues como pensionado del plantel debía cumplir con las obligaciones que le imponía su maestro Pelegrín Clavé. A él y sus compañeros les inculcó la escuela pictórica europea de los nazarenos, encabezada por el pintor alemán Johann Friederich Overbeck (1789-1869), quien junto con otros pintores aspiraban a un “renacimiento de la religión del arte”, detestaban la sensualidad en él y buscaban recrear sobre todo escenas bíblicas. Los nazarenos llevaron a tal punto sus preceptos que algunos vivieron como monjes-pintores en el convento de San Isidro de Roma. Clavé pretendía que sus alumnos fueran “sostenedores de lo moral y bello en las artes” y, en la práctica, los tenía trabajando en diversos estudios mañanas, tardes y noches. Los alumnos propiamente hacían su vida en el taller.

El ideal estético de la época era el romanticismo clasicista, el cual mezclado con los ideales nazarenos introducidos por Clavé, de origen catalán, resultaron en la escuela artística que en ese tiempo se denominó Escuela Moderna Mexicana. Ésta, que hoy en día podríamos llamar Escuela Clavelianatuvo gran aceptación por ir acorde con el pensamiento de gran parte de la sociedad de mediados del siglo XIX. Sus características formales fueron básicamente los colores crudos y brillantes, la corrección en el dibujo, el amaneramiento al estilo del pintor Dominique Ingres, las temáticas bíblicas y el sentimiento mostrado con una dulce afectación romántica que agradaba mucho a los espectadores.

Detalle de "La ida a EmmaA?s" de RamA?n Sagredo

Detalle de “La ida a Emmaús” de Ramón Sagredo

Ramón Sagredo fue esmerado en sus estudios, pero también muy inquieto. Sabemos que era cercano a los ideales liberales de la época, de familia católica, pero convertido al protestantismo, tal vez influido por los ingleses metodistas que se asentaron en Real del Monte, y que posiblemente fue masón. Tampoco permaneció ajeno a los hechos políticos de su tiempo. Por un tiempo, hubo incluso quejas asegurando que tan sólo asistía al plantel a trastornar el orden de las clases y distraer a los demás alumnos con sus pláticas. Dato curioso es que en 1857 entregara a la dirección de San Carlos un certificado médico, el cual le prescribía no asistir a clases nocturnas, pues debía reposar para que una herida en la garganta, infringida por el disparo de un fusil, le cicatrizara correctamente.

Al terminar sus estudios, no encontró fortuna como pintor, por lo que asumió el oficio de fotógrafo como medio de subsistencia. En una ocasión concursó para que le fuera otorgada la plaza de profesor de dibujo de ornato en la Academia, la cual, según él, no le fue dada debido a que tenía una forma de pensar diferente a quienes dirigían San Carlos y porque el concurso de oposición estuvo amañado por directivos y profesores, quienes eran de “ideas atrasadas”. ¿Se le habrá negado acaso por su postura religiosa protestante?

Tiempo después, su espíritu soñador y bohemio le hizo prendarse de una hermosa tapatía llamada Maura Ogazón, hermana del gobernador de Jalisco, de quien se cuenta enloqueció a más de un romántico de la época. Ambos se hallaban casados cada uno por su parte. Al taller fotográfico que Sagredo había montado en el núm. 2 de la calle de Santo Domingo, Maura acudía a diario haciéndose retratar en todas las actitudes posibles, él le ofrecía champaña y pastelillos y continuamente le amenazaba con suicidarse a sus pies, razón por la cual ella condescendía con frecuencia.

Sin embargo, el fotógrafo-pintor acabó por quitarse la vida, tras varios intentos, el 2 de junio de 1870, después de ingerir una dosis mortal de cianuro. Se dijo entonces que el motivo fue una “infausta pasión amorosa”; a decir de su íntimo amigo Manuel Ocaranza, se debió a la inagotable acumulación de infortunios, privaciones y decepciones que desbordaron el vaso lleno de los sufrimientos que eran su vida.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Historia de una casa

Laura Suárez de la Torre
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

…que ahí espantaban. Decían que don
Valentín salía todas las noches en su carruaje,
por un rincón del lado derecho de la casa….

Siglo XIX

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Vivía en la Calle del Indio Triste en pleno corazón de la ciudad de México. De ahí salía a trabajar como diputado por Zacatecas, senador o vicepresidente de la república. Al igual que muchos otros mexicanos, buscaría tener una casa de campo en los alrededores de la ciudad. En Mixcoac, ese pueblo “risueño y florido de aire saludable”, que despertaba todas las mañanas con las campanas de sus iglesias, la de San Juan Evangelista y la de Santo Domingo, allí, Valentín Gómez Farías compró un inmueble del siglo XVIII con corral y caballeriza, pozos para el agua, chimeneas que paliaban el frío y una huerta de hermosos árboles frutales que daban duraznos y peras y compartían el terreno con los cedros y las magnolias. Era una “casa solariega para el verano” que había “adquirido por 2 750 pesos” y se encontraba en “malas condiciones”, pero le serviría de remanso frente a los problemas políticos, financieros y de salud que le acosaban. Fue la casa que lo esperaba en 1845 tras su exilio en Estados Unidos, entre Nueva Orleans y Filadelfia. A ella se trasladó con su esposa Isabel y sus cuatro hijos, Fermín, Ignacia, Benito y Casimiro. Él cumplía en la ciudad con sus compromisos políticos, mientras la familia pasaba sus días en el barrio de Maninaltongo frente a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, nombrada de San Juan, en el pueblo de Mixcoac. Allí Isabel se ocupaba de ordenar todo lo necesario para que la cotidianidad familiar fuera placentera.

En agosto de 1847 la vida del pueblo se alteraría pues las tropas estadounidenses sentaron allí sus reales. La casa fue saqueada… y quedaron como mudos testigos los muros altos y anchos de los salones, el comedor, la cocina, de la sala y las recámaras. Hubo que repararla…

Valentín Gómez Farías, el impulsor de las reformas liberales que por su carácter laico causaron tanta inquietud en la sociedad, fue enterrado en la huerta de la casa en 1858.

El Mixcoac pueblerino se fue abriendo a la modernidad que se iría instalando lentamente alrededor de la plaza que alguna vez tuvo un quiosco. Los maizales quedarían sin siembra. El tranvía pasaría enfrente de la plaza y las calles tomarían nombres nuevos. El alumbrado eléctrico llegaría poco a poco; las pulquerías perecerían ante el embate de las bebidas modernas como las cervezas. La ladrillera Noche Buena daría paso al parque Hundido, la tierra de las calles se convertiría en asfalto y los vecinos antes todos conocidos ya no lo serían porque las viejas y sencillas casas irían desapareciendo a lo largo del siglo XX, demolidas por el crecimiento urbano que hizo del antiguo pueblo una colonia al sur de la ciudad de México con nuevas casas y edificios. No obstante, la transformación del espacio, la casa permanecería como refugio veraniego para los descendientes de los Gómez Farías (los Uhink y los Vártizai) aunque con el paso de los años cambiaría su función…

ViAi??eta casa de GA?mez FarAi??as  folleto Instituto Mora ca 1983 (640x556)

Siglo XX

Esa casa, otrora de campo, sería, a partir de 1976, el sitio elegido para establecer la fundación Bibliotecas Mexicanas, A.C. El gobierno mexicano la adquirió con el propósito inicial de depositar en ella el acervo bibliográfico de la biblioteca José Ignacio Conde. Más tarde, en 1981, por decreto presidencial de José López Portillo, se asentaría en ese espacio el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, nombre de otro connotado liberal. Su misión: “desarrollar investigaciones científicas en el campo de la historia y de otras ciencias sociales”. Los profesores-investigadores y especialistas tendrían, a partir del fondo José Ignacio Conde, una biblioteca dedicada a las ciencias sociales. De esta manera, la vieja casona de la plaza de San Juan albergó al nuevo instituto. En ella se instalarían algunos espacios para los investigadores; el antiguo salón, con los años, se convertiría en una moderna librería. La amplia huerta conservaría algunos de sus frondosos árboles y se transformaría en un bello jardín que daría un toque especial a la institución… Al fondo, en lo que era la huerta, se construyó un proyecto arquitectónico y académico que revelaba el interés por engrandecer a la institución.