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Sumario #10

EDITORIAL

Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello

CORREO DEL LECTOR

ARTA?CULOS

Dos hermanas revolucionarias: Andrea y Teresa Villarreal.

por Griselda ZA?rate

Venustiano Carranza: entre la historia y la imaginaciA?n.

por Luis Barron

Claves secretas de la RevoluciA?n.

por JosAi?? de JesA?s A?ngel

Un zapatista de Mixcoac.

por Javier Rico Moreno

La boda de la abuela…

por Diana GuillAi??n

Isidro Fabela, la fotografAi??a y la RevoluciA?n mexicana.

por Alberto del Castillo Troncoso

Vientos de cambio en el Sureste: YucatA?n y la RevoluciA?n mexicana.

por Marisa PAi??rez DomAi??nguez

Las utopAi??as agrAi??colas de MichoacA?n desde la colonia hasta el siglo XX: una historia con tres momentos.

por Alfredo Pureco Ornelas

Los niAi??os de las escuelas elementales socialistas, 1934-1940.

por Elvia Montes de Oca Navas

DESDE HOY

A?Festejar o conmemorar la RevoluciA?n?.

por Eugenia Meyer

DESDE AYER

Miradas extranjeras.

El 20 de noviembre en el siglo XX y el XXI.

CUENTO

La celada.

por Alfredo Vargas

ARTE

Diego Rivera y el cubismo del AnA?huac.

por Laura GonzA?lez Matute

TESTIMONIO

Zapata en la memoria de su gente Proyecto de Historia Oral del Instituto Mora.

Entrevistas seleccionadas por Eva Salgado Andrade

10. Las utopAi??as agrAi??colas de MichoacA?n desde la colonia hasta el siglo XX: Una historia con tres momentos

Alfredo Pureco Ornelas /Ai??Instituto Mora
Revista BiCentenario #10

Pareciera que MichoacA?n es un lugar predilecto para las utopAi??as. Y es que ellas se han intentado en tres momentos que, aunque terminaron sin frutos perdurables luego de la muerte de sus promotores, sAi?? dejaron una huella importante en el espAi??ritu humano que, a la fecha, podemos apreciar y recuperar. El primer momento se dio a finales del sigloAi??XVI, cuando algunos europeos de buena voluntad miraron al continente americano como un espacio de regeneraciA?n. Un ejemplo de ello fueron los misioneros llegados a estas tierras que, como el primer obispo de MichoacA?n, Vasco de Quiroga, suponAi??an que la colonizaciA?n del Nuevo Mundo era una oportunidad que Dios otorgaba a los hombres para empezar de nuevo, para renacer. La evangelizaciA?n de los nativos representaba tambiAi??n la oportunidad de formar al hombre nuevo, de modelar un tipo de conciencia alejada de los vicios. Para el humanismo espaAi??ol aquel siglo XVI fue una Ai??poca que ofrecAi??a la posibilidad de hacer experimentos novedosos en aras de la perfecciA?n espiritual. El obispo Quiroga, recuperando el planteamiento de dos grandes renacentistas ai??i??TomA?s Moro y Tomasso Campanellaai??i??, jugA? a dar vida a su propia utopAi??a en los pueblos-hospital de MichoacA?n.

Vasco de Quiroga

Vasco de Quiroga

La pretensiA?n de Quiroga era fundar pueblos agrAi??colas que, con apego a las ordenanzas monA?rquicas, permitiesen aprovechar la humildad y sencillez de los indAi??genas para reivindicar los valores de la iglesia cristiana en su etapa prAi??stina. AdemA?s, buscaba promover la especializaciA?n productiva de cada poblado en aquello en lo que tenAi??a mayores posibilidades y aptitudes, con lo que se darAi??a un intercambio benAi??fico para todo el entorno. AsAi??, los prototAi??picos hospitales-pueblo de Santa Fe, de la Laguna y del RAi??o en MichoacA?n y la Santa Fe de MAi??xico, en las cercanAi??as de Cuajimalpa, nacieron en la dAi??cada de los aAi??os 1530. Aunque el empeAi??o por sostener el proyecto transformador fue arduo, en el largo plazo era difAi??cil de sostenerse financieramente. A la muerte del incansable Quiroga, su aspiraciA?n no tuvo heredero y feneciA?.

Esta experiencia colonial precediA? a otrasAi??dos, ocurridas de forma muy distinta aunque en el mismo escenario. La segunda aconteciA? en el Porfiriato, cuando se tratA? de proyectar la imagen de un MAi??xico moderno, con un amplio progreso material. La tercera ocurrirAi??a despuAi??s de la RevoluciA?n, como producto del arraigo del ideario cardenista encaminado a abrir el desarrollo social en el campo. Sobre estas dos A?ltimas experiencias, nos extenderemos un poco mA?s.

Antes de referirnos a ellas, quisiAi??ramos precisar que el sentido etimolA?gico de la palabra utopAi??a es el noai??i??lugar. Es decir, la utopAi??a es un artificio de la mente, de una abstracciA?n, un proyecto, por lo cual nace en el A?mbito de lo individual e Ai??ntimo. Su hechura responde a los ideales de su sujetoai??i??creador y por lo mismo responde a sus aspiraciones, las cuales, sin duda, estarA?n determinadas por la Ai??poca en que le toca vivir. De tal modo, una utopAi??a puede ser de orden Ai??tico, social, polAi??tico y hasta econA?mico y aun llegar a ser programas de trans- formaciA?n de gran aceptaciA?n social y entonces perdurar o bien limitarse al aislamiento de quien las sueAi??a y morir cuando Ai??ste muere.

La utopAi??a empresarial privada

El espacio idA?neo para realizar una utopAi??a es aquel que, para quien la proyecta, se encuentra vacAi??o. Es un territorio inmaculado, desprovisto de identidad por creer que no pertenece a nadie; sin embargo, tal espacio es posible de colmarse con lo ajeno, con lo anhelado, que allAi?? puede florecer. Esta descripciA?n se ajusta relativamente bien a lo ocurrido en el campo de los negocios y la empresa agrAi??cola moderna que pretendiA? arraigar el rAi??gimen porfiriano en MAi??xico por conducto de extranjeros. Y es que en las A?ltimas dos dAi??cadas del siglo XIX el general Porfirio DAi??az invitA?, por medio de su ministerio de Fomento, a colonizarAi??MAi??xico. IdAi??licamente se pretendAi??a romper con la tradiciA?n y el provincianismo que se pensaban como la cara del atraso para hacer progresar al paAi??s, modernizarlo y volverlo cosmopolita. Sin embargo, sA?lo en casos muy excepcionales pudo lograrse este modelo del “buen” colono y uno de ellos lo representA? el italiano Dante Cusi, quien se establaciA? con su familia en la Tierra Caliente de MichoacA?n en 1884 para construir una utopAi??a agrAi??cola y empresarial privada.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.11.49

El emigrado llegaba de MilA?n pensando, como muchos otros italianos de su Ai??poca, que AmAi??rica era un continente abierto a las oportunidades de Ai??xito econA?mico individual. Lo que encontrA? fue un territorio muy distinto al que dejA? atrA?s; uno aislado, casi desierto y agobiantemente tA?rrido. Su plan original no habAi??a sido establecerse en MichoacA?n, sino en Estados Unidos, donde pretendAi??a convertirse en productor y comercializador de algodA?n. No se pudo, asAi?? que tuvo que conformarse con la idea de que, si en algA?n lugar iba a convertirse en un hombre de fortuna, serAi??a en MAi??xico.

El lugar que los recibiA? fue ParA?cuaro, pequeAi??o paraje cerca de ApatzingA?n. Al inicio, Cusi y su familia se contentaron con poder sobrevivir a la ruina en que estaban. Se asociaron con otros italianos que arrendaban propiedades por la zona y con ellos, si bien no mucho despuAi??s de forma autA?noma, se hicieron agricultores, comerciantes, arrieros y hasta prestamistas en pequeAi??o. De arrendatarios pasaron a pequeAi??os propietarios y su carA?cter de extranjeros y trabajadores les dio buena reputaciA?n y el aprecio del gobernador Aristeo Mercado y mA?s tarde del mismo don Porfirio.

La zona a donde llegaron Cusi y su familia seAi??habAi??a ocupado desde la Ai??poca colonial en el cultivoAi??de aAi??il, algodA?n, arroz y, sobre todo, comoAi??enorme pastizal para la crianza de ganado bovino.Ai??Sin embargo, aunque las propiedades eran deAi??gran extensiA?n, las pocas haciendas que continuabanAi??en funcionamiento se hallaban en profundaAi??crisis derivada del estado que las habAi??a dejado,Ai??por un lado la guerra de Reforma y por otro, laAi??resistencia al imperio francAi??s. En cambio, las unidadesAi??productivas mA?s pequeAi??as, los ranchos, gozabanAi??de cierta bonanza relativa y fue desde ellosAi??que Dante Cusi comenzA? a despegar junto con elAi??naciente sigloAi?? XX.

En la medida en que creciA? el poder econA?micoAi??de la familia, el entorno de los valles soleadosAi??en que quedaron sus propiedades fue siendoAi??objeto de una gran transformaciA?n geogrA?fica yAi??social. Ese plan transformador respondAi??a a los deseosAi??de Porfirio DAi??az y sus ministros de FomentoAi??de poblar el campo con emigrados europeos queAi??vertieran su saber innovador, introdujesen nuevasAi??tecnologAi??as agrAi??colas, cultivos comerciablesAi??que se impusieran sobre los de autoconsumo ai??i??loAi??cual llevarAi??a a la especializaciA?n y por lo mismo alAi??monocultivoai??i?? y, finalmente, alentaran ai??i??aunqueAi??sin mayor compromisoai??i?? la mediana y pequeAi??aAi??propiedad individual al estilo de las granjas.

Dante Cusi y sus hijos lograron alcanzar esasAi??metas en la primera dAi??cada del sigloAi?? XX, al adquirirAi??una extensiA?n de 62,000 hectA?reas en losAi??valles de TamA?cuaro y AntA?nez por la vAi??a de prAi??stamosAi??hipotecarios que les concediA? la Caja deAi??PrAi??stamos para Obras de IrrigaciA?n y Fomento aAi??la Agricultura. En aquellos lugares fundaron lasAi??haciendas siamesas de LombardAi??a y Nueva Italia.Ai??En ambas, los cascos de las haciendas se edificaronAi??prA?cticamente en medio de la nada, pues desdeAi??hacAi??a mucho tiempo los pequeAi??Ai??simos caserAi??osAi??en que se ubicaron se encontraban en ruinas yAi??casi despoblados.

La tarea mA?s importante para hacer productivasAi??aquellas llanuras era proveerles de una fuenteAi??de agua para convertir los semidesiertos en planiciesAi??fAi??rtiles. AquAi?? entrA? en escena la pericia y saberAi??de los italianos, quienes, familiarizados con laAi??ingenierAi??a hidrA?ulica de su tierra de origen, LombardAi??a,Ai??lograron sacar el agua del rAi??o Cupatitzio,Ai??la que iba por el lecho de un caAi??A?n muy profundoAi??por abajo del nivel del terreno que se querAi??aAi??irrigar. Esto se logrA? mediante la introducciA?n deAi??nuevos materiales como la tuberAi??a y el remachadoAi??de acero, asAi?? como del empleo de fuentes novedosas de energAi??a en la comarca como la tAi??rmica y laAi??elAi??ctrica. Las tareas de nivelaciA?n y construcciA?nAi??de nuevos canales de conducciA?n del agua fueronAi??otras obras que llamaron la atenciA?n.

Justo al inicio de la RevoluciA?n mexicana, paraAi??1910, los Cusi continuaban ampliando hacia elAi??sur la frontera agrAi??cola de MichoacA?n, rumbo aAi??los linderos de la rivera norte del rAi??o Tepalcatepec.Ai??Para ello no sA?lo se habAi??an especializado enAi??la producciA?n de arroz, sino que estaban prestosAi??a incorporar las innovaciones en materia de mejoramientoAi??genAi??tico del ganado y de las semillasAi??agrAi??colas que empleaban. Experimentaban conAi??simientes, con la adaptaciA?n de especies frutales yAi??pecuarias, e importaban tanto de Estados UnidosAi??como de Europa maquinaria para hacer funcionarAi??la parte agroindustrial de la refinaciA?n del arroz.

Aquel despegue econA?mico tendrAi??a grandesAi??implicaciones sociales y, aunque muchas de estosAi??cambios fueron eclipsados por la RevoluciA?n,Ai??su trascendencia vale la pena recuperarse. PorAi??ejemplo: si en 1910, reciAi??n fundada la haciendaAi??de Nueva Italia, contaba con 700 habitantes, alAi??mediar el sigloAi?? XX alcanzarAi??a una poblaciA?n deAi??4,700 personas. Este crecimiento demogrA?ficoAi??se presentarAi??a de forma ininterrumpida, a pesarAi??incluso de la misma RevoluciA?n. En la especializaciA?nAi??del cultivo del arroz se demandA? de formaAi??estacional, sobre todo para el periodo de cosechas,Ai??una amplia mano de obra que, desocupada de susAi??propias labores agrAi??colas, llegaba de las regionesAi??altas de MichoacA?n e incluso de los vecinos estadosAi??de Jalisco y Guerrero.

Lejos de que los Cusi pensaran en susAi??haciendas como sitios que les investirAi??anAi??automA?ticamente de prestigio social, y enAi??concordancia con la imagen seAi??orial delAi??terrateniente tradicional, aquellas fueronAi??contempladas desde su origen con unaAi??mentalidad moderna, burguesa, dirAi??aAi??Werner Sombart ai??i??el famoso sociA?logo yAi??economista alemA?n. Se trataba de unidadesAi??econA?micas hechas para la producciA?nAi??de excedentes y por consiguiente eranAi??entendidas como fuente para la obtenciA?nAi??de ganancias. El cA?lculo econA?micoAi??y tAi??cnico, del que Dante Cusi estaba muyAi??al tanto desde que en suAi??juventud fue empleadoAi??bancario en MilA?n, yAi??como hijo de campesinosAi??en su natal Brescia, pudoAi??ser aplicado con pruritoAi??en la Tierra Caliente michoacana.

NivelaciA?n de terrenos,Ai??apertura de canalesAi??de riego, encauzar corrientesAi??de agua por desnivelesAi??de suelo e introducciA?n de fuentes alternasAi??y novedosas de energAi??a como la elAi??ctrica fueronAi??algunos de sus grandes logros. Aquellos italianosAi??veAi??an materializada en sus haciendas michoacanasAi??la AmAi??rica que habAi??an soAi??ado al salir de su patriaAi??cisalpina. Era su anhelo personal realizado y unAi??ejemplo de progreso muy al estilo del plan modernizadorAi??del campo que el general Porfirio DAi??azAi??deseaba para la repA?blica. La utopAi??a pA?blica y laAi??privada convergAi??an en una sola e idAi??ntica.

La utopAi??a campesina socializante

La RevoluciA?n no impidiA? que aquellos negociosAi??capitalistas siguieran funcionando a pesar de losAi??coletazos que la revuelta armada infringiA? a MichoacA?n.Ai??La coyuntura cambiante obligA? a queAi??lo que era un negocio familiar se constituyese enAi??sociedades anA?nimas, de las cuales la mA?s importanteAi??fue la NegociaciA?n AgrAi??cola del Valle delAi??MarquAi??s, S.A. Si bien las gavillas de bandoleros,Ai??revolucionarios y efectivos del ejAi??rcito constitucionalistaAi??impusieron prAi??stamos o despedazaronAi??la infraestructura agrAi??cola, ello no impidiA? queAi??LombardAi??a y Nueva Italia pudieran sortear el escenarioAi??adverso.

SerAi??a hasta la dAi??cada de los aAi??os 1920 cuandoAi??las relaciones entre jornaleros y hacendados entraronAi??en una larga fase de fractura que resultA?Ai??imposible de superar. Los intereses de clase noAi??pudieron contenerse mA?s dentro de la matrizAi??paternalista que Dante Cusi quiso imponer porAi??mucho tiempo en el manejo de las relaciones laboralesAi??y en 1938, luego de numerosas huelgas,Ai??el presidente LA?zaro CA?rdenas decidiA? que NuevaAi??Italia y LombardAi??a fueran intervenidas por el gobiernoAi??para dejarlas, de manera Ai??ntegra, con todoAi??y su infraestructura, en manos de sus trabajadoresAi??bajo la forma de un ejido colectivo. El anhelo delAi??general CA?rdenas no era sA?lo entregar la tierra yAi??dejar a su suerte a las clases rurales indigentes,Ai??sino establecer en ella un prototipo de ai???haciendaAi??sin hacendadosai???. Luego de la entrega formalAi??a poco mA?s de 2,000 campesinos, ocurrida en elAi??mes de noviembre, se iniciA? una segunda fase deAi??transformaciA?n del espacio terracalentano, ahoraAi??por obra del ideario social del cardenismo; otroAi??ideal, otra utopAi??a.

El ejido comenzA? a operar en las parcelas dadasAi??a los jefes de familia radicados en las comunidadesAi??de las ex haciendas. De los terrenos para usoAi??agropecuario, se apartA? en cada una un espacioAi??para la educaciA?n agrAi??cola de niAi??os y jA?venes.

Para ese entonces, las haciendas eran generadorasAi??de 13,500 toneladas de arroz, 2,000Ai??de limA?n y poseAi??an 17,000 cabezas de ganado.Ai??Mantener aquel ritmo de producciA?n exigAi??aAi??recursos financieros que sA?lo se lograron obtenerAi??mediante la constituciA?n de SociedadesAi??Colectivas de CrAi??dito, una por cada nA?cleoAi??productivo anterior a la expropiaciA?n. LaAi??idea planificadora del presidente CA?rdenasAi??se imponAi??a como esquema para la marcha deAi??aquellas unidades de producciA?n cuya inspiraciA?nAi??habrAi??a abrevado en los experimentosAi??colectivistas rurales de los koljoses soviAi??ticos.

LA?zaro CA?rdenas, el otro utopista.

LA?zaro CA?rdenas, el otro utopista.

Al igual que se vieron afectadas las antiguasAi??propiedades de los Cusi, asAi?? tambiAi??n seAi??transformA? la propiedad agraria de toda la riveraAi??norte del rAi??o Tepalcatepec, prA?cticamente desdeAi??los lAi??mites con el estado de Jalisco en el extremoAi??poniente, hasta el rAi??o del MarquAi??s por el oriente.Ai??De 1936 a 1959, en aquella extensa regiA?nAi??se fundaron una treintena de ejidos, que en otroAi??sentido representA? un cambio poblacional abruptoAi??para la zona debido a que los asentamientos seAi??establecieron allAi?? donde anteriormente existAi??a unaAi??bajAi??sima densidad demogrA?fica.

En relaciA?n a la planeaciA?n urbana de los nA?cleosAi??ejidales, llama la atenciA?n el cuidado conAi??que se pretendiA? dar satisfacciA?n a sus habitantesAi??en tAi??rminos, no sA?lo en su desarrollo material,Ai??sino humano en general. La traza urbanAi??stica deAi??los nA?cleos ejidales estaba planeada de forma escrupulosamenteAi??reticular, al centro de la cual seAi??encontraba a menudo una plazuela en forma deAi??glorieta a la que convergAi??an cuatro anchas avenidas.Ai??Dentro de esos nA?cleos se disponAi??an, a priori,Ai??lugares para escuelas, los servicios de los distintosAi??A?rdenes de gobierno, el mercado, la biblioteca,Ai??una sala de espectA?culos, un asilo para ancianos yAi??otro para huAi??rfanos, parques deportivos, refrigeradorAi??comunal y escuelas tAi??cnicas agropecuarias yAi??de artes y oficios. En la teorAi??a, el proyecto de losAi??ejidos terracalentanos y su planeaciA?n no dejabaAi??un cabo suelto.

En tAi??rminos de infraestructura las disposicionesAi??fueron integrar aquella comarca al resto deAi??MichoacA?n y del paAi??s, pues si bien los Cusi habAi??anAi??hecho hasta lo imposible para ser competitivosAi??con su arroz en mercados de mediana y largaAi??distancia, siempre tuvieron el obstA?culo del relativoAi??aislamiento entre sus haciendas y Uruapan,Ai??el puerto ferroviario mA?s cercano y desdeAi??donde desplegaban su potencial comercializadorAi??de productos agrAi??colas. Sin embargo,Ai??en 1940 quedA? construida la vAi??a del ferrocarrilAi??de 80 kilA?metros entre Uruapan yAi??ApatzingA?n, a travAi??s de los ejidos de LombardAi??aAi??y Nueva Italia y a poca distancia deAi??muchas otras propiedades ejidales.

No obstante que en 1940 LA?zaro CA?rdenasAi??dejA? la presidencia de la repA?blica,Ai??su interAi??s por la zona de Tierra Caliente deAi??MichoacA?n permaneciA?. La comandanciaAi??de las operaciones militares en la costa delAi??PacAi??fico que le fue asignada durante la segundaAi??guerra mundial lo mantuvo apartado deAi??sus proyectos de fomento rural, pero en 1947,Ai??cuando el presidente Miguel AlemA?n lo designA?Ai??Vocal Ejecutivo de la reciAi??n creada ComisiA?n delAi??RAi??o Tepalcatepec, los retomA?. Con nuevos brAi??osAi??buscA? ampliar la superficie de riego en esos feracesAi??valles y desarrollar a un nivel insospechadoAi??el sistema hidrA?ulico y de presas que los italianosAi??Cusi habAi??an inaugurado en el Porfiriato.

EpAi??logo

El MichoacA?n del sigloAi?? XVI, lo mismo queAi??todo el continente americano, era visto por losAi??humanistas europeos, como una tabla rasa enAi??la cual podAi??a crecer un proyecto de humanidadAi??diferente. Para el obispo Quiroga no se tratabaAi??solamente de emplear la fuerza laboral indAi??gena al estilo que pensaron muchos conquistadores,Ai??sino de hacer de ella la columna vertebral de laAi??que nacerAi??a una sociedad nueva. Su utopAi??a era deAi??carA?cter Ai??tico y econA?mico; pero justamente porAi??tener esa doble mira pereciA? con facilidad ante lasAi??fuerzas contrarias cuando Ai??l muriA?. Por su parte,Ai??la utopAi??a porfiriana modernizadora expresada enAi??la empresa agrAi??cola de la familia Cusi casi se llevA?Ai??a cabo, pues transformA? fAi??sicamente un desiertoAi??en tierras altamente productivas. A ellas concurrieronAi??cientos de personas en busca de trabajo oAi??refugio durante la insurrecciA?n, pero el problemaAi??llegA? cuando la acumulaciA?n demogrA?fica rebasA?Ai??los requerimientos de fuerza laboral de las haciendasAi??y esto las hizo quebrar. En forma posterior,Ai??el presidente CA?rdenas tuvo gran interAi??s en queAi??las conquistas de la RevoluciA?n se entregaran aAi??las masas desposeAi??das que habAi??an participadoAi??en ella y, por tanto, procurA? para los pobres unAi??proyecto de sociedad igualmente diferente; regenerada,Ai??A?til para la naciA?n y capaz de reproducirAi??valores surgidos de la RevoluciA?n. Su gobiernoAi??otorgA? oportunidad de crecimiento comunitarioAi??a los ejidos, pero desafortunadamente tampocoAi??se pudo lograr la utopAi??a socializante en el campoAi??michoacano a plenitud, esta vez porque la semillaAi??de la corrupciA?n administrativa creciA? en las unidadesAi??colectivas de producciA?n y el impulso queAi??dio nacimiento a Ai??stas se agotA? poco a poco.

Tanto la utopAi??a de Vasco de Quiroga en el sigloAi??XVI como los proyectos porfiriano y posrevolucionarioAi??de transformaciA?n de la Tierra CalienteAi??de MichoacA?n, terminaron como ensoAi??acionesAi??surgidas de valores individuales, que se perdieronAi??a medio camino entre lo ideal y lo posible. UtopAi??as,Ai??al fin, pero ligadas siempre e inexorablementeAi??a un impulso vital muy humano y, por lo mismo,Ai??tambiAi??n a la historia.

PARA SABER MA?S:

FERNANDO BENA?TEZ, LA?zaro CA?rdenas y la revoluciA?nAi??mexicana, MAi??xico, FCE, 2004.

EZIO CUSI, Memorias de un colono, Morelia, Morevallado,Ai??2004.

LUIS GONZA?LEZ Y GONZA?LEZ, Los dAi??as del presidenteAi??CA?rdenas, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico, 2005Ai??(Historia de la RevoluciA?n Mexicana, vol. 15).

MAURICIO MAGDALENO, Cabello de elote, MAi??xico,Ai??PorrA?a, 1986 (ai???Escritores Mexicanosai???, 85).

Zapata en la memoria de su gente

Proyecto de Historia Oral del Instituto Mora

Entrevistas seleccionadas por Eva Salgado Andrade / CIESAS

BiCentenario #10

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“Zapata” de Adolfo Best Maugard (1954)

Con las palabras preservadas en el tiempo, volvemosAi??a traer a nuestra memoria las voces de la genteAi??de Emiliano Zapata, de aquellos que lo siguieron oAi??que al menos lo trataron un poco. Nacen de testimoniosAi??que forman parte del Proyecto de Historia OralAi??del Instituto Mora y que se reunieron mediante unAi??trabajo impresionante de rescate y preservaciA?n deAi??diA?logos, cuyo objetivo era dar voz a los protagonistasAi??o testigos anA?nimos de la historia de MAi??xico.

Estas voces comparten con nosotros la imagen delAi??jefe revolucionario sureAi??o, el del traje de charro, botonaduraAi??de plata y sombrero ancho; el que conocAi??aAi??caballos, los curaba y los trataba discreto y sencillo;Ai??el que hablaba con picardAi??a, sin elegancia, pero aAi??todos saludaba campechano, sin parar mientes enAi??rangos y que, como tenAi??a un deber con el pueblo, seAi??comprometiA? a plenitud con la cuestiA?n de la tierra.Ai??

Son testimonio, ademA?s, de las emociones queAi??Emiliano ai??i??como le decAi??anai??i?? despertaba entre su gente,Ai??que le tenAi??a gran cariAi??o y le daba toda la ayudaAi??posible; entre quienes pelearon a su lado convencidosAi??de que iban a redimir sus tierras; entre las mujeresAi??que seguAi??an a sus hombres que a su vez seguAi??an a suAi??general, a dA?nde Ai??ste lo pidiese. Nos cuentan de laAi??tristeza que llenA? sus espAi??ritus cuando intuyeron queAi??Zapata iba a morir o supieron que ya habAi??a muerto.Ai??AsAi??, los recuerdos del personaje y las vivenciasAi??de quienes lo conocieron viajan a travAi??s del tiempoAi??para refrescar nuestra memoria, para decirnosAi??de dA?nde venimos y, tal vez, ayudarnos a imaginarAi??hacia dA?nde iremos. Pues es Ai??ste, a fin de cuentas, elAi??propA?sito A?ltimo de la historia.

Eva Salgado Andrade

Emiliano y Eufemio Zapata con sus esposas

Emiliano y Eufemio Zapata con sus esposas

 

ai??i??PlatAi??quenos de su primer encuentro con Zapata.

[ai??i??] un dAi??a me dijo Everardo GonzA?lez: ai???VamosAi??a AtizapA?nai???, y aAi?? vamos hasta AtizapA?n, y en unaAi??casa de AtizapA?n, que llamaban cuartel general,Ai??estaba en un corredor Zapata y otros seAi??ores enAi??unai??i??, sentados en cajones, y otro cajA?n sirviendoAi??de mesa y unas cuantas botellas de aguardiente deAi??caAi??a, jugando baraja. Cuando entrA? Everardo yAi??enfilA? por el corredor, le dijo: ai???A?Emiliano!ai??? ai???QuAi??Ai??hubo, Everardo, A?quAi?? te trae?ai??? ai???Te vengo a verai???.Ai??LlegA? y lo saludA?, y me dijo Everardo: ai???EspAi??rameAi??aquAi?? tantitoai???. Se fueron a otro rincA?n y hablaron,Ai??y no supe lo que habAi??an hablado. Lo que sAi??Ai??supe era cA?mo estaba Zapata: un hombre de ojosAi??dulces, bigote mA?s o menos grande, moreno aceitunado,Ai??vestido de charroai??i?? completo vestido deAi??charro, con botonadura de plata. De cuerpo medioAi??delgado, agradable, pero no dominante.

ai??i??La primera vez que lo vio, A?cA?mo iba vestido?

Precisamente de camisa y blusa blanca [sic], pantalA?nAi??de charro, su botonadura de plata y su sombreroAi??ancho.

[...] Pues, no tuve ocasiA?n mA?s que de ver un indioAi??respetuoso, como en general eran aquellosAi??caballerangos, era un seAi??or que conocAi??a de caballo,Ai??los curaba, los atendAi??a, recibAi??a a las visitas, losAi??ayudaba a montar, a otros los enseAi??aba, en fin.Ai??Era ya una categorAi??a un tanto superior a la delAi??campesino comA?n y corriente, verdad, del queAi??trabajaba la tierra. Hablaba muy poco, lo usual:Ai??ai???CA?mo estA? el caballoai???, etcAi??tera; nos decAi??a: ai???NiAi??osai??i??ai???,Ai??en lugar deai??i??, ya Ai??ramos hombrecitos,Ai??A?verdad? ai???NiAi??o, quAi?? tal el caballo; la pata del ladoAi??derechoai??i??ai??? En fin, dA?ndonos consejos de cA?moAi??debAi??amos tratar el caballo; muy sencillo, muy discreto.

"Emiliano", de Alberto Gironella

“Emiliano”, de Alberto Gironella

ai??i??A?CA?mo era Zapata?

[...] No era ni muy chaparro, ni muy alto, de unAi??cuerpo regular, con sus bigotes; tenAi??a un lunar,Ai??no me acuerdo si en este ojo derecho o izquierdo,Ai??en el mero pA?rpado del ojo tenAi??a un lunar. Y noAi??era chino, era lacio, y era muy misterioso, yo no sAi??Ai??cA?mo le fueron a ganar ahora que lo mataron, siAi??era rete hA?bil para eso.

[...]Pues, era delgadito, ojo grande, bigotA?n, sAi??, sAi??,Ai??me tocA? conocerlo [ai??i??] Pues, era buena personaAi??con nosotros, era amable, sincero.

[...]Nos trataba a gusto, era cariAi??oso, A?verdad?,Ai??aunque cuando se enojaba era dAi??spota, bueno,Ai??cariAi??oso; luego se le quitaba la muina y nos platicabaAi??Ai??l.

[...]Pues era un hombre muy fornido, alto. Por laAi??buena era un buen cristiano, muy buen hombre,Ai??A?verdad?, con todos. Era un hombre muy pasadoAi??por todo el mundo, muy decente.

[...]Muy amable, muy amable, muy gente, muyAi??respetuoso, le hablaba a usted con una sinceridad, con los que no tenAi??a confianza se ponAi??a mA?sAi??bien renuente, pero asAi?? hablando con usted, puesAi??nosotros los muchachos, con los que tenAi??a confianza,Ai??se ponAi??a hasta a reAi??rse y a jugar.

[...]Ai??se no quiso dinero, no, dice: ai???yo sigo peleando,Ai??yo quiero las tierras, porque ese compromisoAi??lo tengo con los pobres, que tanto sufrenai???.

[...]Zapata entendiA? el problema agrario, A?verdad?,Ai??de acuerdo con los conceptos histA?ricos.

[...]Era el que (por A?i han de ver la estatua, cuandoAi??pasen) querAi??a que repartieran las haciendas deAi??aquAi?? del estado de Morelos, que eran de espaAi??olesAi??o de mexicanos ricos.

[...]Pues era un hombreai??i?? La historia de ZapataAi??es buen [sic], mucho muy buena, tambiAi??n. NoAi??puedo hablar mal de Zapata, porque Zapata fueAi??el primero en la cuestiA?n del reparto de tierras.Ai??[...] segA?n su plA?tica que nos hizo a sus mA?s amigosAi??[ai??i??] nos narrA? que Ai??l cuando era joven suAi??padre tenAi??a terrenos de una hacienda y cultivabaAi??para su sostAi??n de la vida; pero cuando llegA? elAi??dAi??a en que el dueAi??o de esa finca le recogiA? lasAi??tierras a su papA?, Ai??l ya tenAi??a, pues si no sobradaAi??experiencia, pero se daba cuenta que comenzabaAi??a ver la vida de sufrimiento y Ai??l mismo nos dijoAi??que dijo al padre: ai???Si Dios no me quita la vida,Ai??yo tengo que vengar estoai???. Ya su mente le avisabaAi??las cosas.

En Xochimilco (1914), Sentados: BenjamAi??n Argumedo, Zapata y Manuel Palafox: atrA?s Ignacio Ocampo, George Carothers y Amador Salazar

En Xochimilco (1914), Sentados: BenjamAi??n Argumedo, Zapata y Manuel Palafox: atrA?s Ignacio Ocampo, George Carothers y Amador Salazar

ai??i??A?Por quAi?? hizo Zapata el Plan de Ayala?

Porque era el compromiso que tenAi??a con el pueblo,Ai??para que creyera en Ai??l, que Ai??l no iba a pelearAi??por dinero, que iba a pelear para defender las tierras;Ai??que Ai??l querAi??a las tierras de aquAi?? de MorelosAi??para su pueblo. Con eso iba a pelear, por eso fueAi??a pelear Ai??l, para darle vida al pueblo, porque elAi??pueblo no tenAi??a, sufrAi??a, porque el hacendado,Ai??puesai??i??, era pura caAi??a, no los dejaban que sembraranAi??milpa para comer maAi??z.

En 1913, antes de que mataran a Madero, nosAi??llegA? un Plan de Ayala, en una forma pues, incA?gnita,Ai??A?verdad?, escondiditos. Entonces vimosAi??y dijimos: ai???aquAi?? estA? nuestra salvaciA?nai???. Y ya nosAi??empezamos a platicar entre los muchachos y nosAi??juntamos 26 y nos fuimos a presentar (ai??i??) Por laAi??cuestiA?n de las tierras, A?no?, porque nosotros noAi??podAi??amos sembrar sin permiso del hacendado.Ai??Entonces dijimos: ai???Bueno, pues aquAi?? estA? nuestraAi??salvaciA?nai???.

[...]Pues, el pueblo sAi?? lo querAi??a, porque, porqueai??i??Ai??A?Bueno!, ya Zapata no hacAi??a cosas malas. Y losAi??pueblos lo querAi??an y allAi?? lo protegAi??an con maAi??z,Ai??con zacate para las bestias, y les daban de comer yAi??todo eso, A?verdad?

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Diego Rivera y el cubismo del AnA?huac

Laura GonzA?lez Matute / Cenidiap. INBA

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Diego Rivera y las imA?genesAi??de la RevoluciA?n mexicanaAi??estA?n indisolublementeAi??unidos. El sinfAi??n deAi??escenas que el pintor recreA?Ai??sobre los pasajes de eseAi??movimiento aparecen en sus dibujos, grabados,Ai??trabajos de caballete y en los muros de varios deAi??los edificios mA?s importantes del Distrito FederalAi??y de ciudades de provincia como los de la SecretarAi??aAi??de EducaciA?n PA?blica, las escaleras de PalacioAi??Nacional, el Museo Mural Diego Rivera, laAi??capilla de Chapingo y el Palacio de CortAi??s enAi??Cuernavaca, por indicar los mA?s reseAi??ados.

Ante el prA?ximo festejo por el Centenario deAi??la RevoluciA?n, es importante dar a conocer unaAi??obra menos divulgada y quizA? desconocida, sobreAi??la misma temA?tica, que el artista desarrollA? justoAi??durante los aAi??os que durA? la contienda armada,Ai??cuando vivAi??a en Europa, muy influido por los cA?nonesAi??de la pintura en boga en ese momento.Ai??Rivera habAi??a viajado al Viejo Continente al inicioAi??de 1907, con la pensiA?n que Teodoro Dehesa,Ai??gobernador de Veracruz, le otorgA? para el tiempoAi??que allA? residiera, con la A?nica obligaciA?n deAi??enviar un cuadro cada seis meses, a fin de poderAi??apreciar sus progresos. AsAi?? lo hizo hasta 1921,Ai??lapso en el que residiA? en ParAi??s y Madrid, sobreAi??todo, con un breve parAi??ntesis motivado por la visitaAi??que en 1910 hizo a su paAi??s. Entonces dio unAi??giro pictA?rico, cuando se volcA? a la creaciA?n deAi??una multitud de pinturas y murales de carA?cterAi??realista.

Al llegar a Europa, el joven pintor llevaba consigoAi??la buena formaciA?n que recibiA? en la AcademiaAi??de San Carlos de MAi??xico. El plan de estudiosAi??que siguiA? estrictamente poseAi??a una tendencia conAi??bases cientAi??ficas acorde a las teorAi??as positivistas deAi??la Ai??poca y, por lo mismo, hizo de Ai??l un pintorAi??muy diestro. Siendo alumno en las clases de paisajeAi??de su maestro JosAi?? MarAi??a Velasco, sentAi??a granAi??inquietud por plasmar la perspectiva A?ptica en laAi??recreaciA?n de paisajes con enormes horizontes alAi??igual que por los aspectos geomAi??tricos.

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Una vez en Europa, Rivera tuvo innumerablesAi??experiencias plA?sticas, que lo impulsaron a producirAi??un gran nA?mero de cuadros que remitenAi??a su paso por los senderos de los movimientosAi??artAi??sticos de mayor relevancia. De manera A?gilAi??y positiva desarrollA? su gran disposiciA?n para laAi??pintura en todas las corrientes estilAi??sticas que conociA?.Ai??El joven artista madurA? bajo la influenciaAi??de obras de pintores espaAi??oles reconocidos, comoAi??El Greco, Sorolla y ZurbarA?n, y tambiAi??n, en granAi??medida impulsado por su maestro, Eduardo Chicharro.Ai??ProbA? asAi?? distintas corrientes pictA?ricas deAi??moda, lo cual le dio una experiencia que repercutiA?Ai??positivamente en su formaciA?n.

Esto se hizo evidente cuando, en su viaje aAi??MAi??xico en 1910 con motivo de las fiestas del CentenarioAi??de la Independencia, presentA? una exposiciA?nAi??pictA?rica individual en la Escuela NacionalAi??de Bellas Artes, justo el 20 de noviembre, dAi??a enAi??que debAi??a estallar el movimiento revolucionarioAi??convocado por Francisco I. Madero. Los comentariosAi??respecto a su obra fueron muy elogiosos yAi??Ai??l regresA? a Francia, de donde un poco despuAi??s seAi??trasladA? a EspaAi??a. AllAi?? continuA? explorando otrasAi??tendencias pictA?ricas.

No fue sino hasta 1913, cuando le llamA? laAi??atenciA?n la pintura cubista de Pablo Picasso yAi??Georges Braque. El cubismo se distingue por suAi??gusto de las formas geomAi??tricas, el empleo de coloresAi??tenues, poco estridentes y el concepto de laAi??imagen simultA?nea, es decir, el crear los objetosAi??y personajes desde diversos A?ngulos y perspectivas.Ai??No se pretende representar a la naturaleza oAi??a los objetos como se ven, sino ai??i??como decAi??a Picassoai??i??Ai??con todas sus vistas de manera sincrA?nica eAi??incluso en movimiento. La atracciA?n para DiegoAi??fue tal que acudiA? a la manipulaciA?n geomAi??tricaAi??y al punto de vista panorA?mico elevado para recrearAi??paisajes, retratos y naturalezas muertas. SusAi??mejores obras ese aAi??o fueron La AdoraciA?n de laAi??virgen, La joven con alcachofas, La mujer del pozoAi??o El joven de la estilogrA?fica (todas de 1914), y ElAi??arquitecto (de 1915).

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La primera guerra mundial lo sorprendiA? enAi??ParAi??s con su esposa, Angelina Beloff, una pintoraAi??de origen ruso, por lo que tuvieron que emigrarAi??a la isla de Mallorca. Al poco tiempo dejaron lasAi??bellas playas espaAi??olas y se instalaron en Madrid.Ai??AllAi??, desde 1915, el artista entrA? en contacto conAi??varios intelectuales mexicanos, entre otros, los escritores MartAi??n Luis GuzmA?n y Alfonso Reyes, elAi??pintor A?ngel ZA?rraga y el arquitecto JesA?s AcevedoAi??y, sobre todo por el primero, se enterA? en detalleAi??de los A?ltimos acontecimientos en MAi??xico.

Ai??PARA SABER MA?S:

LUIS MARTA?N LOZANO, Diego Rivera y el cubismo,Ai??MAi??xico, Conaculta, 2005.

OCTAVIO PAZ, ai???Re/visiones: Orozco, Rivera, Siqueirosai???Ai??en http://letraslibres.com/pdf/1255.pdf

RAQUEL TIBOL, Diego Rivera. Luces y sombras, MAi??xico,Ai??Lumen, 2007.

ai???Diego Riveraai??? enAi??http://www.youtube.com/watch?v=hL9JLugE8s8&p=51880E89D09955D7&playnext=1&index=31

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

La celada

Alfredo Vargas

Mural inconcluso de Juan de O'Gorman (detalle)

Mural inconcluso de Juan de O’Gorman (detalle)

Todos los recuerdos se abren en suAi??mente mientras se acomoda, junto aAi??sus fieles colaboradores, en el DodgeAi??Brother que inicia su marcha en esa frescaAi??maAi??ana del 20 de julio de 1923.

El paisaje de aquel dAi??a lo atrapA? deAi??nuevo, sordo y mudo bajo el golpe brutalAi??del sol A?spero y metA?lico, espacio marchito yAi??polvoriento, crepA?sculo ambarino. Un escalofrAi??oAi??le habAi??a recorrido el cuerpo al volver la mirada alAi??resto de sus hombres, ese grupo maltrecho, pelotA?nAi??de un cementerio ambulante que parecAi??aAi??haber sido arrojado desde las entraAi??as de la tierra.Ai??Las pieles yermas, quemadas y sedientas porAi??la falta de agua, metidas en esas ropas cenizas deAi??tanto trasegar en medio de esas gredas tan muertasAi??como ellos mismos. Hombres impulsados porAi??su propia historia, con hijos, padres o mujeres queAi??esperaban su regreso con ansia e ilusiA?n. SoldadosAi??valientes, fieles guerrilleros, motivados por la feAi??en alcanzar un ideal de justicia en un paAi??s divididoAi??y confuso, atrapado en una lucha cruel que losAi??reducAi??a a objetos dejados en el desamparo.

La huAi??da seAi??alaba su camino, como a los animalesAi??salvajes cuando son perseguidos y terminanAi??acorralados, sin posibilidades reales de sobrevivir.Ai??Bajo el cielo traslA?cido de aquel paisaje desAi??rtico,Ai??sin ataduras pero prisioneros de la sorda batallaAi??por alcanzar una libertad que les arrebatA? un poderAi??inflexible y un entorno incierto.

Y Ai??l, Francisco Villa, tan mortal como cualquierAi??otro bajo la presiA?n de un frA?gil destino,Ai??aA?n se preguntaba entonces quAi?? palabras debAi??aAi??utilizar para levantar el A?nimo de los suyos, paraAi??que de su garganta saliese la respuesta salvadora,Ai??como aquAi??llas que en el pasado le sirvieron paraAi??alentar arduos enfrentamientos e infundirles valorAi??frente al enemigo. A?Con quAi?? mano acariciarAi??su noble devociA?n y decir, sin el menor asomo deAi??duda, que la paz estaba segura?

HabAi??a levantado la mirada, pero las aves deAi??rapiAi??a que volaban sobre sus cabezas le hicieronAi??pensar que podAi??an ser un augurio maligno, unAi??sAi??mbolo nefasto que su mente edificaba en medioAi??de aquella opresiA?n viva. La muerte pareciA? mirarloAi??de frente. Aunque se trata del destino inevitable y se halla acechando, a punto de caer encima,Ai??imaginarla cuando el miedo asoma, cuando elAi??temor ronda la conciencia, es una tortura. QuizA?Ai??estos pensamientos, suspendidos del desasosiego,Ai??como detenidos en el tiempo, marcan el tAi??rminoAi??de la propia vida.

Tras la firma del armisticio en 1920

Tras la firma del armisticio en 1920

Una voz lo habAi??a sacado de aquellas ideas. ElAi??sonido fue una invocaciA?n salvadora. Hizo un esfuerzoAi??por voltear, pero el polvo metido entre elAi??abultado bigote le hizo estornudar. Un acto involuntario,Ai??una seAi??al de su cuerpo que lo clavabaAi??a la vida. SacA? su paAi??uelo y limpiA? el sudor queAi??bajaba por la frente.

ai??i??Mi general, el prisionero no da mA?sai??i??ai??i?? aquellasAi??palabras parecAi??an salir de un pesado sueAi??o.

EntornA? los ojos e intentA? reconocer al oficial;Ai??le pareciA? que una luminosidad extraAi??a lo circundaba,Ai??quizA? fuera por el cansancio. Su miradaAi??finalmente quedA? puesta sobre Miguel Trillo, suAi??brazo derecho y fiel amigo.

ai??i??Ese hombre no aguanta una legua mA?s, miAi??general-. Aquel rostro ajado con los ojos hundidosAi??y la voz reseca quedaron en espera de unaAi??respuesta.

Villa lo habAi??a mirado casi ausente, como siAi??fuera la primera vez que lo mirara.

ai??i??Mi generalai??i??ai??i?? volviA? a escuchar como si seAi??tratara de una voz venida de un lejano recuerdo.

Se habAi??an reagrupado luego de querer evitarAi??un enfrentamiento con un cuartel menor del ejAi??rcito.Ai??No hubiera querido tener un choque con eseAi??asentamiento castrense. No tenAi??a sentido, lo sabAi??aAi??bien. Cualquier escaramuza podrAi??a echar por losAi??suelos la tregua que se negociaba con el gobiernoAi??federal. Pero estaba en la mitad del caminoAi??y cuando su gente ya se habAi??a alejado de aquelAi??peligro, hubo un avance sorpresivo de las fuerzasAi??allAi?? estacionadas, que los atacaron y obligaronAi??a responder. Las balas silbaron inevitablemente.Ai??Aquella celada fue hecha con premeditaciA?n, conAi??el claro designio de alborotar el avispero y causA?Ai??la caAi??da de varios de sus hombres. El resto se internA?Ai??a galope y en pleno descenso de la noche enAi??lo profundo del desierto. Fueron perdiendo el camino,Ai??quedando atrapados en un mar de polvo. YAi??la A?nica explicaciA?n de ese ataque imprevisto habAi??aAi??sido la infiltraciA?n en sus planes, la traiciA?n deAi??alguien metido dentro de sus tropas, no le cupoAi??la menor duda.

Ai??Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.