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“Madre coraje” y la familia Prestes en México, 1938-1945

Ana Buriano - Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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La prensa mexicana del 15 de junio de 1943 se vio desbordada de noticias y avisos fúnebres alusivos a la muerte de Leocadia Felizardo Prestes. La madre del líder comunista brasilero Luis Carlos Prestes, apresado por el gobierno de Getulio Vargas, expiró en su domicilio de Luz Saviñon núm. 10, de la colonia Del Valle, la madrugada del 14, donde vivía junto con su hija Ligia y su nieta Anita Leocadia de siete años de edad. Inmediatamente se hicieron presentes en la casa Alfonso Reyes, Vicente Lombardo Toledano, Amalia Solórzano de Cárdenas y Gabriel Leyva Velázquez. Poco después llegó el comité nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) encabezado por Fidel Velázquez. En la tarde, el cuerpo fue embalsamado en espera de la respuesta del gobierno de Brasil a las peticiones que le hicieran personalidades y organizaciones políticas y sociales mexicanas. Los telegramas pedían a Getulio Vargas que permitiera el viaje de Luis Carlos a México para presidir los funerales de su madre. La más impresionante de estas solicitudes, según recuerda la memoria familiar, fue el cable que envió Lázaro Cárdenas, entonces secretario de Defensa del gobierno de Manuel Ávila Camacho, al presidente de Brasil, ofreciendo enviar un avión militar para trasladar al preso y su persona como garantía y rehén de que Prestes regresaría a prisión una vez que se produjeran las exequias fúnebres.

Se abrió entonces una larga espera de cuatro días en vigilia junto al cuerpo de Leocadia. La capilla ardiente fue instalada en el salón de la Unión de Empleados de Restaurantes, Cafés y Pastelerías del D.F., en la calle Orozco y Berra núm. 80, permanentemente rodeado por guardias de honor en las que se turnaban dirigentes y primeras figuras de la CTM, la Universidad Obrera, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), la Confederación Nacional Campesina (CNC), el Partido Comunista Mexicano (PCM) y la Confederación de Trabajadores de América Latina, así como representantes del exilio antifascista. Getulio no respondió. Lo hizo en su lugar la Embajada de Brasil en México a través de una declaración que transcribe El Universal del 18 de junio de 1943. Frente a la conmocionada opinión pública mexicana la Embajada puntualizó que “Luis Carlos Prestes fue el primer condenado por el Tribunal de Seguridad Nacional como culpable del crimen de sedición y levantamiento en armas contra el gobierno constituido”, responsable de un asesinato y por lo tanto “prisionero por crimen común”. Negó así toda entidad política a su detención, siete años atrás.

Perdidas las esperanzas fue necesario proceder al sepelio en ausencia del hijo. El Comité Antifascista de México convocó a todas las agrupaciones obreras y democráticas a participar. Las honras fúnebres fueron apoteóticas según da cuenta una “Crónica gráfica” de El Nacional. El entierro, celebrado el 18 de junio, contó lo más significativo del mundo político y sindical mexicano: todos los secretarios y subsecretarios de Estado encabezados por el general Cárdenas, los sindicatos mexicanos, el exilio y las organizaciones civiles. A las 10:30 de la mañana la caja mortuoria, cubierta por la bandera de Brasil, fue llevada en hombros 10 km por un cortejo fúnebre que se encaminó por el jardín de San Fernando hacia las calles de Rosales para tomar después Paseo de la Reforma, el Bosque de Chapultepec y llegar al Panteón Civil de Dolores. Precedido por la banda de guerra de las milicias obreras caminó lentamente durante dos horas hacia las lomas de Tacubaya, rodeado por una guardia de honor que llevaba las banderas de las naciones aliadas que luchaban contra el nazifascismo.

Pablo Neruda. En ese momento cA?nsul de Chile en MAi??xico, lee su "Dura elegAi??a" dedicada a la 'Madre herA?ica'. A su izq. el lAi??der sindical chileno Salvador Ocampo

Pablo Neruda. En ese momento cónsul de Chile en México, lee su “Dura elegía” dedicada a la ‘Madre heróica’. A su izq. el líder sindical chileno Salvador Ocampo

Al pie de la tumba la despidieron Manuel Luzardo por el exilio brasilero, el senador Vicente Aguirre por la CNC, Vicente Lombardo Toledano por la CTM, Dionisio Encinas por el PCM, Salvador Ocampo por la Confederación de Trabajadores de Chile y Adelina Zendejas por la mujer revolucionaria. Aguirre expresó que “aquí en México los revolucionarios cuentan con un regazo acogedor y un ambiente de simpatía sincera”; Vicente Lombardo exaltó la figura de Prestes entre los luchadores de América Latina y dijo “Doña Leocadia, hasta luego”. La voz de Adelina vibró con una encendida arenga sobre la ideología del hijo de la desaparecida. En su carácter de cónsul general de Chile en México, Pablo Neruda leyó su poema “Dura elegía”. El gran poeta dijo en sus estrofas: “Señora hiciste grande, más grande, a nuestra América”. Y a Vargas le apostrofó: “una madre recorre la casa del tirano, una madre de llanto, de venganza, de flores, una madre de luto, de bronce, de victoria, mirará eternamente los ojos del tirano, hasta clavar en ellos nuestro luto mortal”. La lectura del famoso poema fue “mi suicidio diplomático”, recordó Neruda luego. Considerado injurioso, el gobierno de Brasil le acusó de infringir la neutralidad diplomática. Las grandes presiones que Neruda recibió desde el ministerio de Relaciones Exteriores de su país precipitaron una renuncia que evitó la destitución. Declaró ante la prensa mexicana que los “escritores chilenos tenemos una tradición: al aceptar un cargo público… no acostumbramos a hipotecar nuestra libertad ni nuestra dignidad de hombres libres.”

Cerrada la tumba con la inscripción A la madre heroica, fue cubierta por coronas fúnebres, cuya enumeración ocupó una columna y media del periódico. Entre quienes las enviaron destacaban el presidente de la república Ávila Camacho, los secretarios de estado CÁrdenas, Heriberto Jara, Miguel AlemÁn, Maximino Ávila Camacho y Javier Rojo Gómez, Jefe del Departamento del D.F. Pese a que el gobierno mexicano se deslindó oficialmente de haber tomado una posición, las declaraciones a la prensa del embajador de Brasil generaron un incidente diplomático y reclamos ante Itamaraty.

Madre coraje

El mundo conocía a Leocadia Prestes como “Madre coraje”, en un símil algo forzado con la obra teatral de Bertold Brecht, Madre coraje y sus hijos. Nacida en Porto Alegre, capital de Río Grande do Sul, en 1874, fue una maestra de primeras letras que casó con Antonio Pereira Prestes, un ingeniero militar con quien procreó cinco hijos en Río de Janeiro. Muerto tempranamente el esposo, enfrentó su viudez solventando la vida como maestra nocturna de adultos en las escuelas de las favelas de Río, hecho que la aproximó a la realidad social de Brasil. Madre devota, se mantuvo unida a las inquietudes de Luis Carlos, su hijo mayor. ¡Y vaya que esas inquietudes fueron muchas! El joven Prestes nació en 1898 en la república recién establecida (1889). Estudió ingeniería en la Escuela Militar de Realengo en Río de Janeiro, trabajó como ingeniero ferroviario y con el grado de teniente fue destinado al estado de Río Grande.

La República, conocida como Vieja pese a su juventud, era esencialmente oligárquica. Su nuevo producto de exportación, el café, tenían gran potencial económico y atraía migraciones europeas, alemana e italiana principalmente. El país cambiaba aceleradamente y la república era extraordinariamente restrictiva del acceso a los derechos políticos. Las primeras manifestaciones de descontento se expresaron entre la oficialidad baja del ejército en consonancia con una crisis deflacionaria. La irritación de los tenientes tenían una difusa base social y política. Como en otros países del continente, los reclamos de la joven oficialidad se enfocaban preferentemente hacia las reformas políticas: deseaban transformaciones en el régimen electoral y en la educación pública. Entre 1922 y 1924 se produjeron rebeliones en San Pablo y Río Grande. Los oficiales paulistas insurrectos unieron sus fuerzas con los riograndenses levantados bajo el mando del teniente Luis Carlos Prestes. Conformaron entonces un enorme contingente guerrillero de 1,500 hombres, conocido como la Columna Prestes, que recorrió trece estados y más de 25,000 km durante casi tres años, sin haber sido derrotada pero sin llegar tampoco a una rebelión generalizada contra la República Vieja. La Columna y su jefe acabaron el periplo asilándose en Bolivia. Prestes entró  a la historia latinoamericana bautizado por los sectores populares de Brasil como Caballero de la Esperanza, nombre que inmortalizó Jorge Amado cuando escribió su biografía novelada, en 1942.

Captura de pantalla 2013-10-25 a las 12.38.26Impedido de regresar a Brasil, Prestes se refugió en Argentina a fines de 1928. Ahí tomó contacto con el marxismo y el movimiento comunista internacional. La madre le siguió con sus hijas y compartió las difíciles condiciones de este exilio. El golpe de estado de José Uriburu contra Hipólito Irigoyen en Argentina supuso su encarcelamiento y expulsión del país. Prestes debió asilarse en Uruguay. Todos los países de la región sufrían los efectos de la crisis del 29. En el muy afectado Brasil un mal acuerdo entre las oligarquías regionales derivó en una crisis política. Ambos conflictos generaron el clima propicio para la revolución de 1930, liderada desde Río Grande por Getulio Vargas, un abogado vinculado a la política “gaúcha”. Getulio aspiró sumar a su asonada al muy popular teniente Prestes. La historia registra dos encuentros entre ambos personajes incompatibles. En mayo de 1930 se produjo la ruptura definitiva. Prestes proclamó en un manifiesto la necesidad de una revolución popular, agraria y antiimperialista, de perfil socialista. Su retorno a Brasil no era ya posible.

En 1931 viajó a la URSS y poco después le siguieron su madre y hermanas. Desde 1934 se sumó formalmente al partido comunista y asumió responsabilidades importantes en la Komintern. A fines de año inició un viaje clandestino Brasil, una larga travesía en barco, para liderar la oposición al gobierno de Getulio que coqueteaba abiertamente con el nazifascismo. Prestes viajó con una falsa identidad y acompañado por quien fungiría como asistente y responsable de su seguridad, la comunista alemana Olga Beário, radicada desde tiempo atrás en la URSS y perseguida en su país. Durante el viaje surgió un romance entre ambos que incorporaría nuevos lazos a los políticos y daría mayor realismo a la cobertura clandestina.

A su arribo a Brasil, el Caballero de la Esperanza impulsó la política de formación de frentes populares que promovería el movimiento comunista internacional a partir de su VII Congreso. Brasil era un verdadero eje en la política hitleriana de formación de una zona de influencia germana en América del Sur. Para detener esta ofensiva, a principios de 1935 se conformó la Alianza Nacional Libertadora, un frente político con un programa antifascista, agrario y antiimperialista, sintetizado en la consigna Pan, tierra y libertad. La Alianza encontró un gran apoyo de masas pero fue perseguida por Vargas, quien cerró sus locales y aprobó una temible ley de seguridad nacional. En respuesta, la Alianza dirigida por Prestes radicalizó sus posiciones, se insurreccionó en noviembre de 1935 y fue rápidamente derrotada.

La represión que lanzó Vargas fue terrible. Prestes y Olga fueron detenidos en marzo de 1936. Él fue condenado a largos años de prisión. Olga, en su séptimo mes de embarazo, fue deportada a la Alemania hitleriana. Los medios nazifascistas la presentaron ante la opinión pública como la imagen de la judeocomunista. Recluida inicialmente en la prisión de mujeres de Berlín, dio a luz una niña, el 27 de noviembre de 1936, a la que llamó Anita Leocadia. La niña permaneció junto a la madre durante su primer año de vida y luego fue separada de ella por la Gestapo. Olga fue enviada a un campo de trabajo forzado y luego transferida al hospital psiquiátrico de Bernburg, vuelto centro de exterminio. Pereció en una cámara de gas con apariencia de ducha, en febrero de 1942.

La campaña internacional por la libertad de Prestes, para recuperar a Anita Leocadia y salvar a Olga

Las mujeres de la familia Prestes permanecían en Moscú hasta que llegó la noticia de la detención de Luis Carlos. Entonces la madre junto a Ligia, una de las hermanas, abandonó la URSS para encabezar una campaña de solidaridad que obligara a la liberación de su hijo. Inició su cruzada en la España republicana. Acompañada por María, “la del Socorro Rojo”, como se conocía entonces a Tina Modotti, hizo una gira de encendidos actos por el país. Pronto inició la Guerra Civil y Leocadia viajó a Francia e Inglaterra.

Esta mujer sexagenaria logró levantar un movimiento internacional de solidaridad con Prestes que fue la mayor campaña por la liberación de un preso político de su época. Incansable, visitaba periódicos, sindicatos, partidos, parlamentos y jefes de estado. Una verdadera lluvia de telegramas llegaba a Brasil. Provenían de intelectuales de la talla de Romain Rolland, André?Malraux, Pablo Neruda, de líderes políticos como Dolores Ibarruri, Lázaro Cárdenas, César Uribe y de todo tipo de organizaciones. Comités de solidaridad con Prestes surgieron en Estados Unidos, América Latina, Australia y Nueva Zelanda. Con la deportación de Olga a Alemania la campaña se intensificó. Leocadia y Ligia viajaron a Ginebra para obtener ayuda de la Sociedad de las Naciones y de la Cruz Roja Internacional. Las gestiones de estos organismos les permitieron conocer el nacimiento de la niña. En tres ocasiones fueron a Alemania a gestionar ante la Gestapo la libertad de madre e hija. Finalmente, lograron que el 21 de enero de 1938 la Gestapo les entregaría Anita Leocadia. Obtuvieron también la vaga promesa de que Olga, a la que nunca pudieron conocer, sería liberada más adelante.

México y Prestes

El caso Prestes, como bien señala Guillermo Palacio en su estudio sobre las relaciones entre ambos países, fue un permanente foco de tensión entre México y Brasil. Pese al importante papel que jugaba el petróleo mexicano en las importaciones brasileras desde el periodo de Calles y el Maximato, los dos países grandes del continente no sólo tenían modelos políticos enfrentados, sino una diferente concepción de la política exterior y las cuestiones religiosas. Las relaciones no habían sido tersas y el caso Prestes las agravó más aún. Aunque la llegada al gobierno de Cárdenas abrió tímidas esperanzas de mejoría, muy pronto los diplomáticos brasileros lo catalogaron como una “escalada comunista” y la mutua animadversión se intensificó.

DoAi??a Leocadia con su nieta Anita y la periodista argentina MarAi??a Luisa Cernelli en MAi??xico (1940)

Doña Leocadia con su nieta Anita y la periodista argentina María Luisa Cernelli en México (1940)

La prisión de Prestes provocó una reacción inmediata de la intelectualidad mexicana que hizo llegar el 26 de marzo de 1936 una carta a Vargas en la que se exaltaba la figura del encarcelado, lo comparaban con Batlle y Ordóñez de Uruguay, Irigoyen de Argentina, y Madero en su esfuerzo por sintetizar las aspiraciones nacionales de las clases medias, los campesinos y los obreros. Fue la avanzada de una gran cantidad de telegramas presionando por su liberación. Carlos Alves de Souza, el encargado de negocios interino de Brasil en México, un nazifascista y antisemita confeso, no encontraba descanso en sus protestas ante la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana por la injerencia de personalidades del gobierno en la campaña Prestes. En tanto, las manifestaciones se sucedían frente a la embajada de Brasil, que pidió protección de una guardia armada. Aun más, en junio, el sindicato de la educación mexicana envió una carta a Vargas en la que le anunciaba que los 30 mil maestros de primaria de México se encargarían de hacer conocer a sus alumnos en cada escuela “el régimen de terror y de falta de libertad que se vivía en Brasil”.

La situación se volvió aún más grave en 1937, una vez instaurado el Estado Novo en Brasil con su Constitución totalitaria y corporativista. El nuevo embajador mexicano en Río, José Rubén Romero, catalogado en los círculos diplomáticos brasileros como un recién llegado del “ambiente rojo de España”, recibió varias solicitudes de asilo de militares, periodistas y profesionales vinculados con Prestes. La cancillería mexicana a cargo de Eduardo Hay no fue muy receptiva, ni deseó exponer aún más las relaciones. Aconsejó a Romero que lograra que los asilados abandonaran la sede diplomática, ya que el gobierno de Vargas le ofrecía garantías de respetar sus derechos. Romero actuó con un alto sentido humanitario y se rebeló, en lo posible, contra las instrucciones que recibió. Trató de embarcarlos en un navío que llevaba a asilados de la embajada argentina hacia Buenos Aires, pero sus protegidos se negaron a ser objeto de una deportación disfrazada. Debió solicitar apoyo policial para defender la embajada mexicana pues Acción Integralista, un agrupamiento político fascista, amenazaba asaltarla. En respuesta, la embajada de Brasil en México solicitó la protección correspondiente para defenderse de los manifestantes del 20 de noviembre en la ciudad de México. El gobierno de Cárdenas desprotegió totalmente la embajada de Brasil. Retiró el único policía que la custodiaba, para desacreditar la acusación. El alto control que ejercía sobre el movimiento sindical y popular hizo que, durante las celebraciones del aniversario de la revolución, la sede brasilera no fuera siquiera molestada. Cuando Romero dejó el cargo a principios de 1938, quedaba un solo asilado en la embajada de México en Río. Los demás se habían reintegrado al país y la protección mexicana fue suficiente para que no fueran detenidos por la temible policía varguista. Claro que en Brasil habían cambiado algo las cosas. Vargas abandonó sus efluvios fascistizantes y se alineó con la neutralidad que impulsaba Roosevelt, más adelante declaró la guerra y envió tropas a luchar contra el Eje.

Captura de pantalla 2013-10-25 a las 12.29.35México estaba decidido a distender las relaciones entre ambos países. Leocadia y Ligia solicitaron, en julio de 1936 visa en la embajada de México en París para promover la campaña. Se les negó entonces el ingreso. La Secretaría argumentó que su presencia era inútil dado que las gestiones para liberar a Prestes estaban a cargo del propio gobierno. En marzo de 1937, el general Francisco Mújica insistió ante la cancillería solicitando el ingreso de la familia. La inminencia de la derrota española y el palpable clima bélico europeo deben haber activado la decisión. Ellas sentirían seguramente urgencia por abandonar París y les aterrorizaba la suerte que pudiera correr la niña recién rescatada de la Alemania nazi. Aunque no se conocen las circunstancias exactas, por la correspondencia se sabe que en octubre de 1938, madre, hija y nieta encontraron refugio en México, asiladas por el gobierno de Cárdenas. Aunque los aires cambiaron a partir de la llegada de Manuel Ávila Camacho, la presencia de las Prestes en el país activó la solidaridad del gobierno mexicano. Hacia 1941 el Ejecutivo y la Cámara de Diputados se plantearon solicitar a Vargas que permitiera el traslado a México de Luis Carlos, en calidad de asilado. Lo hacían sin embargo con cautela, ya que la Secretaría instruyó al embajador para que el tema no generara la impresión de una intromisión en los asuntos internos de Brasil.

Poco conocemos de la vida de esa familia en el México cardenista y avilacamachista. Ellas continuaron la campaña por la liberación del Caballero de la Esperanza aunque limitada al ámbito latinoamericano. La guerra en Europa hizo que doña Leocadia perdiera contacto con las tres hijas que habían quedado en la Unión Soviética invadida y con Olga, prisionera en Alemania. Aunque tenía una confianza inconmovible en la derrota del nazifascismo, que finalmente no alcanzaría a ver, temía en cambio por la suerte de su nuera.Las Prestes vivieron rodeadas del mundo intelectual, político y sindical mexicano. El exilio español recién llegado fue también su medio. Mantuvieron una amistad estrecha con Tina Modotti quien frecuentaba su casa, al punto que Doña Leocadia presidió el velorio de la fotógrafa. Este amplio círculo social debe haber menguado en algo las angustias e incertidumbres que padecían. Ligia reconoció que no hubo alegrías durante su estancia en México, sino una larga espera de correspondencia y noticias. Los peligros que corría la familia obsesionaban a la madre. Por eso, entre marzo-abril de 1942, Leocadia consultó dos videntes. Ambas le aseguraron que su nuera había muerto. Según contó Neruda a un círculo de amigos, le envió un cable mientras el poeta visitaba Cuba diciéndole: “Dile a Prestes que Olga murió”. Neruda no encontró forma de hacerle llegar la noticia pero guardó el cable y se lo entregó a Luis Carlos luego de su liberación.

Una vez muerta la madre, Ligia y Anita Leocadia permanecieron en México. La hermana de Prestes recibió el ofrecimiento que le hicieron llegar el general Cárdenas y su esposa de adoptar  la niña. En consulta con su hermano preso ambos tomaron la determinación de mantenerla junto a la familia. Ligia fue su madre adoptiva. Ambas regresaron a Brasil el 28 de octubre de 1945. Aunque el embajador de México en Brasil sugirió a la cancillería que costeara los gastos de traslado, obtuvo una negativa ante el temor de que fuera considerada una actitud injerencista. Se inició en México una colecta privada para financiar el traslado, que finalmente fue costeado desde Brasil por los partidarios de Prestes. Luis Carlos había sido liberado por las amnistías de Vargas y conoció entonces a su hija Anita Leocadia de nueve años. Fue un encuentro fugaz, porque al día siguiente se produjo un golpe de estado que derribó a Getulio y se inició una nueva persecución contra los comunistas. Prestes debió pasar a la clandestinidad. Prisión, clandestinidad y exilio siguieron acompañando a los Prestes durante gran parte de su futura vida. Con muchas luces y algunas sombras sobre la política mexicana de asilo, el caso Prestes se cerró en 1945. La distensión y las buenas relaciones predominaron entre ambos países hasta el golpe de estado de 1964, cuando una nueva ola de asilo político se derramó sobre la sede diplomática mexicana en Brasil. Entonces México había acuñado una amplia experiencia que sustentaría su política en años posteriores. De ella y de la sensibilidad social del país se favorecerían las nuevas oleadas del exilio sur y centroamericano del último tercio del siglo XX.

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PARA SABER MÁS:

  • Fernando Morais, Olga, Caracas, Monte Ávila, 2008.
  • Guillermo Palacios , Intimidades, conflictos y reconciliaciones: México-Brasil, 1822-1993, México, SRE Acervo Histórico Diplomático, 2001.
  • Olga, Brasil, 2004. Dirección: Jayme Monjardin. Guión: Rita Buzzar, sobre la novela de Fernando Morais.
  • En DVD y en la red:

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Retos de la diplomacia mexicana: la coyuntura del golpe de Estado en Chile en 1973

Silvia Dutrénit Bielous – Instituto Mora / Entrevista a Gonzalo Martínez Corbalá

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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Este país austral de América Latina transitó entre 1970 y 1973 por la “vía chilena al socialismo”. Así se conoció la experiencia de gobierno de Salvador Allende. En una región con muy distintos acontecimientos y en un contexto internacional de guerra fría, Chile destacó por buscar un modelo de país radicalmente alternativo mediante los mecanismos de un régimen democrático. Fueron pocos años en los que el gobierno de Allende osciló entre cambios propuestos y ejercidos y ataques internos o externos. La experiencia socialista despertó simpatía y apoyo de numerosos gobiernos del mundo. Su caída, provocada por el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 encabezado por el general Augusto Pinochet, produjo una fuerte reacción y encono internacional; al mismo tiempo en Chile los allendistas enfrentaban una creciente represión.

Las circunstancias acaecidas en esos años y en especial a partir de 1973, obligaron a definiciones diplomáticas de otros estados. Chile obligó a enfrentar fuertes desafíos a los embajadores que tenían a su cargo la representación de diversos países. Como es natural, no todos reaccionaron de igual forma. México y su embajador, el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, dejaron grabados algunos hechos dignos y solidarios en el respaldo a las instituciones sostenidas por el gobierno de Allende y a partir del 11 de septiembre, en la protección a los perseguidos políticos.

Fuentes de distinto orden contribuyen a recrear lo sucedido. En estas páginas se recurre al relato del principal protagonista: el embajador mexicano. En algunos momentos, sus recuerdos son acompañados de aquellos que compartió Isabel Allende, política y legisladora chilena, una de las hijas del presidente.

Silvia Dutrénit Bielous /Instituto Mora

El embajador mexicano en Chile, Gonzalo MartAi??nez Corbala presenta credenciales al presidente Salvador Allende el 1 de septiembre de 1972

Presentación de credenciales,
inicio de una actividad diplomática poco habitual

El embajador Martínez Corbalá llegó a Santiago a mediados de 1972 y el 1° de septiembre presentó credenciales. No era un diplomático de carrera y su nombramiento, como representante de México en Chile, era el primero que había recibido de ese tipo. Nada sencillas fueron las circunstancias en las que se estrenó como embajador.

A pesar de que ese momento inaugural en la diplomacia distó por algo más de un año de aquel en el que se instaló el golpe militar, Martínez Corbalá recuerda que:

[...] ya se había producido un “boche” como dicen los chilenos. Esa mañana todavía [la del 1° de septiembre de 1972 en la que presentó credenciales] se sentía en el ambiente el efecto de los gases lacrimógenos, de modo que ya había agitación y problemas en las calles de Santiago, nosotros vimos venir el problema desde mucho antes quizá que los propios chilenos, sino todos algunos. [El ambiente político que se vivía era] una suerte de indefinición acerca de las tres áreas de la economía, el área social, la mixta y la privada. En la constitución chilena solamente existía, y entiendo que hasta ahora es lo mismo, la definición del área privada, y no es el caso de México verdad, que como bien sabemos tenemos el artículo 27 de la Constitución de la República que establece la legitimidad de las tres áreas de la economía.

Allende había expropiado las empresas transnacionales del cobre, de las comunicaciones como lo era la ITT; se trataba de empresas estratégicas para la economía nacional y con la nacionalización se las ponía en manos de los trabajadores. No obstante, como lo recuerda el mismo embajador, “la propiedad no se transmitía, el Consejo de Administración permanecía como estaba constituido respetando los intereses de los dueños legales, digamos jurídicamente calificados”. Estas medidas y otras del programa de Allende desataron reacciones que hicieron del último año de su gobierno, un lapso muy agitado, de confrontación verbal y física en las calles.

28El embajador mexicano siguió de manera cercana lo que sucedía e incluso tuvo varios encuentros con el presidente Allende. Los une una relación amigable que también la tenía el presidente de México, Luis Echeverría Álvarez. Ello sin duda incidió en la privilegiada relación bilateral de ambos estados, en medio de acontecimientos que hacían insostenible la estabilidad institucional. Pero por sobre todo, México apoyó a quien luego sería depuesto porque en su tradicional política exterior:

…siempre estaba muy claro que no ha habido ningún embajador mexicano que participe nunca en una asonada, en un motín, en una conspiración, en una conjuración en contra de un presidente legítimo y democráticamente electo e instaurado. Y tan fue legítimo, y tan fue democrático, que Allende gana las elecciones por mayoría relativa y en cumplimiento de la Constitución chilena México no era ni en Chile entonces, ni en ningún otro país lo ha sido, quien iba a desconocer o a poner en duda una decisión del pueblo chileno sancionada por el propio Congreso… Nosotros estábamos pues con Allende– cuenta el embajador.

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS:

  • Archivo Salvador Allende, 1908-1973 en http://www.marxists.org/espanol/allende/
  • Ana Buriano, Silvia Dutrénit Bielous y Guadalupe Rodríguez de Ita (coord.), Tras la memoria: el asilo diplomático en tiempos de la Operación Cóndor,A México, Instituto Mora/ICC-Gobierno del Distrito Federal, 2000.
  • Silvia Dutrénit, Carlos Hernández y Guadalupe Rodríguez de Ita, De dolor y esperanza. El asilo un pasado presente, México, Instituto Mora/Conacyt, 2002.
  • Gonzalo Martínez Corbalá, Instantes de decisión. Chile 1972-1973, México, Grijalbo,1998.
  • Eugenia Meyer y Eva Salgado, Un exilio en la memoria, México, UNAM-Océano, 2002.
  • * La batalla de Chile, Patricio Guzmán, dir., varios países,1972-1979.
  • * El clavel negro, Ulf Hultberg, dir., Suecia, 2007.

Sumario #15

EDITORIAL

CORREO DEL LECTOR

ARTÍCULOS

01Vicente Eyzaguirre y Azcoyti un escribano de cabildo en la Junta de Zitácuaro por Moisés Guzmán Pérez

Dos - copiaPonciano Arriaga: sus años formativos por Sergio A. Cañedo Gamboa

03Antonio Carbaja ¿héroe o bandido? La olvidada batalla de Atlixco por Rosalía Martha Pérez

04Gozo contra hastío: diversiones en Durango por Guadalupe Villa G.

05El trabajo propagandístico de los profesores carrancistas durante la revolución mexicana: el caso de Santiago Pacheco por Jaime Eduardo Figueroa Daza

13“Madre coraje” y la familia Prestes en México, 1938-1945 por Ana Buriano

06El Heraldo de México: la historia de periódico que impuso la modernidad industrial por Mario Ortiz Murillo

DESDE HOY

07Una vecindad enorme donde vive La Familia Burrón: homenaje a Gabriel Vargas (1915-2010) por Agustín Sánchez González

DESDE AYER

08Viajando con Manuel Payno por Antonia Pi-Suñer Llorens

14El rebozo en México durante los siglos XIX y XX por Adriana Marínez Otero

CUENTO

099 de abril, la víspera por Silvia L. Cuesy

ARTE

10Diego Rivera y los frescos del Instituto Nacional de Cardiología por Ingrid S. Bivián

ENTREVISTA

12Retos de la diplomacia mexicana: la coyuntura del golpe de estado en chile en 1973. Entrevista a Gonzalo Martínez por Silvia Dutrenit Bielous

Diego Rivera y los frescos del Instituto Nacional de Cardiología

Ingrid S. Bivián - Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.


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Sin la aportación de los hombres del ayer nada nos quedaría a los de hoy, nada que no fuera la voluntad ciega y la razón perdida en la ignorancia.

Ignacio Chávez

 

Rivera, muralista

A pesar de que la obra de Diego Rivera incluye una notable variedad de estilos, entre los que podemos distinguir a grandes rasgos el clasicista, impresionista y cubista, su nombre, junto con los de David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, es sinónimo del muralismo mexicano puesto que, tras su regreso a México después de una residencia de 14 años en Europa, la tónica de la producción artística fue, hasta el día de su muerte, la pintura mural. De ella hizo, como él mismo refirió, su propia expresión.

Diego tomó de los pintores italianos del Renacimiento la técnica del fresco y en ella hizo confluir tanto sus ideas de lucha y reivindicación social como una estática muy propia en la que privilegiaba la sencillez de las formas, sin sacrificar por ello el realismo de lo representado; y una variedad de temas, aunque disímbolos, siempre tendientes a plasmar grandes multitudes trabajadoras enfrascadas en sus faenas cotidianas, ya fuera en el campo o la ciudad, de las que hizo los héroes máximos de su obra plástica.

En poco más de dos décadas, la incansable obra del muralista mexicano se extendió por numerosos edificios públicos que albergaron desde entonces su interpretación de la historia patria y de la realidad social que vivió. De esa época destacan sus frescos en la Secretaria de Educación Pública, Chapingo y Palacio Nacional, y otros que realizó en California, Detroit y Nueva York en Estados Unidos. Entre su producción menos conocida de ese tiempo están los dos frescos que pintó para el Instituto Nacional de Cardiología sobre la historia de esta especialidad (1943-1944).

25El Instituto Nacional de Cardiología

La creación de los primeros servicios de especialidades médicas, cardiología y gastroenterología, en el Hospital General de la ciudad de México en 1924, abrió un parteaguas en la historia de la medicina nacional; con ellos se abrazó institucionalmente la corriente de especialización que, desde el siglo anterior, se apuntalaba como la tendencia general que habría de seguir el desarrollo de la ciencia médica. El principal promotor de la especialidad en cardiología fue el doctor Ignacio Chávez Sánchez, entonces joven galeno de 27 años, oriundo de Michoacán, de mente inquieta y voluntad férrea, que a lo largo de su vida no habría de conocer descanso en su afán de guiar a sus colegas hacia la excelencia de su profesión, ya fuera como docente o a la cabeza de alguna institución o asociación médica. Veinte años después de que se abriera el servicio de cardiología, en 1944, Ignacio Chávez vería concretado uno de sus proyectos más caros: el Instituto Nacional de Cardiología, primero en su tipo en todo el mundo. Su establecimiento formó parte del magno programa de construcción de hospitales que dirigió el doctor Gustavo Baz desde la Secretaria de Asistencia Pública; éste también incluyó la construcción del Centro Médico Nacional, el Hospital Infantil y el de Enfermedades de la Nutrición, así como el Instituto Nacional de Cardiología. El proyecto arquitectónico del Instituto corrió a cargo de José Villagrán García, a quien se debe en buena parte la modernización de la arquitectura nosocomial en México.

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Viajando con Manuel Payno

Antonia Pi-Suñer Llorens – Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

 

19th century London

Manuel Payno y Cruzado fue un hombre de mundo. Lo fue no sólo por sus intereses intelectuales y políticos sino también porque se interesó y viajó por el mundo, cosa que no era tan fácil en aquellos tiempos. Su elegante y fluida pluma conforma una literatura de viaje que se puede considerar como única en el México decimonónico, pues don Manuel se distinguió por ser un gran observador y un excelente narrador. Basándome en sus propios relatos “prácticamente transcribiéndolos” los invito a que lo acompañemos en dos de sus viajes, el uno en 1851 a Inglaterra y el otro a España, en 1888.

ImA?genes integradas 2En el primero, iremos a Veracruz en diligencia, puesto que todavía faltan muchos años para que se concluya la construcción del ferrocarril que unirá a la ciudad de México con aquel puerto y que tanto impulsa Payno. La diligencia consistirá en un coche pesado tirado por ocho o diez mulas flacas y macilantes, y cargado hasta el techo de cuanto puede imaginarse necesario para el servicio de una casa. En él, nos encontraremos en la amable y desconocida compañía de nueve individuos, entre los cuales habrá un párvulo y dos hembras. Por ello será menester acuñarse pierna con pierna, brazo con brazo, espalda con espalda, pues de otra suerte no será posible ir en un carruaje de seis asientos, donde el empresario [habrá] acomodado a nueve gordos o flacos, además del cochero y del postillón en el pescante, el correo y dos o tres más que irán en el techo. Después de hacer dilatadas jornadas y pasar por esos caminos llenos de rocas, montañas y precipicios, cuando no de lodazales y ciénagas y pararnos en unos mesones de una fisonomía tan particular, donde los mejor acomodados serán los caballos, llegaremos a Veracruz. Allí nos embarcaremos hacia Southampton, a bordo de un enorme buque de vapor perteneciente a una transatlántica británica, al que Manuel le gusta llamar el paquete inglés.

ImA?genes integradas 3La travesía durará un mes y nuestra vida cotidiana se desarrollará de la siguiente manera: A las tres y media o cuatro, cuando apenas comience la luz dudosa de los primeros albores de la mañana a penetrar por entre los vidrios gruesos y opacos de los camarotes, nos despertará una batahola infernal que alarmará sobremanera al que no está acostumbrado a ella. El segundo capitán, y tres o cuatro guardias marinos descalzos, en pechos de camisa y seguidos de doce o catorce marineros, recorrerán toda la embarcación, arrojando cubetas de agua por todas direcciones, barriendo y limpiando la cubierta, los gallineros, las escaleras, las puertas de los camarotes, todo en una palabra, no siendo nada extraño el que despertemos todos mojados, pues suele caer una cubeta entera de agua sobre el desgraciado pasajero que no tiene la precaución de cerrar bien la vidriera de su camarote.

A las siete de la mañana, el mozo entrará a dejar una taza de té o café, tan detestablemente confeccionados, que igualarán en el mal sabor al medicamento más desagradable de una farmacia. A las diez, el sonido de una campana indicará la hora del almuerzo. Los pasajeros, aseados y rasurados, que han estado esperando con impaciencia el sonido de la campana, se precipitarán por las escaleras como si se tratara de acudir a un pronunciamiento o de apagar un incendio, y se apoderaran inmediatamente de los mejores platos devorando cuanto está al alcance de su mano. Notaremos que es verdaderamente prodigiosa el hambre de que se encuentran atracados muchos de los que navegan. Otros por el contrario, pálidos, extenuados y macilentos con el mareo, apenas podrán mantenerse en pie. Será un contraste verdaderamente notable el que forman en la mesa esta especie de pasajeros que parecen unos esqueletos salidos de la tumba, que todo les repugna y que todo les molesta, con el de algunos ingleses rojizos, encarnados como el sol, que de cada sorbo se vacían en el estómago una botella de cerveza y en cada bocado hacen desaparecer un cuarto de pollo o una rebanada de jamón.

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El San Luis de Ponciano Arriaga

Toda la región, desde la hacienda de La Pila hasta San Luis es cultivada como un jardín, pero las cabañas de adobe y los cercados de cactos dan al traste con su belleza. La ciudad en sí ofrece buen aspecto: las iglesias son altas, y algunas muy bellas, y las casas son de piedra y construidas con cuidado. La casa de gobierno en la plaza aún no está terminada, aunque la parte delantera, que es de piedra labrada y a la que decoran pilastras jónicas, sería digna de crédito en cualquier ciudad de Europa. El convento carmelita es extenso y espacioso, con un amplio jardín, que se cultiva con mucho cuidado y es mantenido en excelentes condiciones: los paseos son sombreados por vides y los claustros están adornados con naranjos y limoneros. Las ventanas del convento ofrecen una hermosa perspectiva de la fértil llanura, que acaba en un audaz perfil de las montañas [...] La gente de San Luis parecía mejor vestida y con mejor aspecto que en cualquier otra población por la que el autor haya pasado y había pocos mendigos en las calles. Humboldt asegura que la población es de 12,000 personas. [...Nosotros estimamos] que es de 15,000 y, si se añade la de las inmediaciones, se multiplica por tres.

 

Josiah Conder, The Modern Traveller, a popular description, geographical, historical, of the various countries of the globe, 1830.

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Ponciano Arriaga: sus años formativos

Sergio A. Cañedo Gamboa – El Colegio de San Luis

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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A pesar de sus valiosas contribuciones a la vida política y constitucional de México, Ponciano Arriaga Leija es un personaje poco conocido por los mexicanos y de menor interés para nuestra historiografía mexicana. Tal desconocimiento y desinterés es injusta pues él contribuyó a la instauración por el gobierno, en 1846, de las Procuradurías de Pobres, las cuales defendían a los desvalidos y demandaban la reparación de cualquier exceso, agravio o maltrato que los poderes judicial, político o militar o cualquier autoridad, funcionario o agente público cometiera en su contra, y en 1857, en el marco del Congreso Constituyente, su voto particular sobre la propiedad de la tierra promovió, entre otros aspectos, la división de los latifundios, la prohibición de las adjudicaciones de tierra a las corporaciones religiosas, cofradías o manos muertas, e insistió en que el fruto del trabajo de la tierra debiera pertenecer a los trabajadores, siendo fundamental para la integración y el enfoque que se le dio en la Constitución proclamada en ese mismo año y tuvo incluso influencia importante en la de 1917.

Dado que en 2011 se celebran los 200 años de su nacimiento, este texto propone contribuir a su conmemoración, centrándose en sus años formativos más que en sus ya conocidas aportaciones. Nuestro interés por explicar las tres primeras d´wcadas de la vida de Ponciano Arriaga, décadas fundamentales en su carrera como abogado, político e intelectual, así como sus acciones en el escenario potosino deriva de que en este tiempo adquirió el conocimiento, la experiencia y las habilidades que lo impulsaron del escenario público de su ciudad natal a escenarios de transcendencia nacional. En efecto, hacia finales de la década de 1840, Ponciano Arriaga dejaría San Luis Potosí con destino a la ciudad de México, si bien residiría también en otras ciudades del país donde ocupó posiciones de importancia e, incluso sus opiniones políticas lo forzaron al exilio por unos meses, en Estados Unidos, durante la década de 1850. Regresó a México, donde reanudaría su carrera pública, y a su patria chica en 1865, año en que adquirió una pequeña casa en la céntrica calle del Arenal, donde murió el día 12 de julio.

John Phillips, San Luis Potosí, Londres, 1848 (480x315)

El momento en que se dio su nacimiento y su vocación y filiación política ubican a Ponciano Arriaga temporal e ideológicamente dentro de la llamada generación de la Reforma. La mayoría de los integrantes de esta generación nacieron, como él, pocos años antes o después del principio de la guerra de Independencia de 1810, y hacia el final de la década de 1820 e inicios de la siguiente recibieron su educación en los recién fundados colegios de estudios mayores, tales como el Guadalupano Josefino en San Luis Potosí y el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, entre otros. Aquellos estudiantes que fueron más inquietos y con mejores dotes para la vida pública se incorporaron muy pronto y en forma decidida como actores del proceso de formación del estado mexicano, participando en la vida política e intelectual de algunas ciudades provinciales mexicanas desde los ayuntamientos y los congresos de los estados. Con el paso de los años, hacia las décadas de 1840 y 1850, todos ellos, en su edad madura, es decir, entre sus 30 y 40 años de edad, comenzaron a trascender a nivel nacional.

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Una vecindad enorme donde vive la familia Burrón Homenaje a Gabriel Vargas (1915-2010)

Agustín Sánchez González – CENIDIAP, INBA

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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Si México no existiera, Gabriel Vargas lo habría inventado.

Vargas vivió 95 años; dedicó casi ochenta al oficio de dibujante, de humorista gráfico. Fue un niño precoz que desde los 16 años ya estaba en los principales diarios mexicanos.

Fue el creador de un grandioso universo, una comedia humana: La Familia Burrón, una de las más expresivas crónicas gráficas, que expresa y refleja la vida cotidiana mexicana a través de una número vecindad ubicada en el callejón del Cuajo.

La Familia Burrón es un fenómeno dentro de la historieta universal; durante más de treinta años, llegó a tirar medio millón de ejemplares y cada uno de ellos era leído por cuatro personas y así, dos millones de mexicanos se deleitaban con estas historias.

Desde niño, Vargas no soñaba otra cosa más que en dibujar. Autodidacta, sólo terminó la educación básica. Apenas entró al primer año, lo pasaron al tercer grado; era un niño lector que devoraba libros, gracias a que su mamá le inculcó ese amor por las letras. Antes de los diez años había leído El Quijote y muchas otras lecturas clásicas.

A los trece años ganó un premio mundial de dibujo en Osaka, Japón; a los quince realizó un esplendido dibujo, el desfile que conmemoraba el “Día del Tráfico”, donde captó más de 5,000 personajes. No es una caricatura de la ciudad, es un dibujo inusual que aun denota los trazos nerviosos e inocentes, pero que ya recogen la aguda observación del cronista visual, del hombre que va a retratar a la sociedad mexicana del siglo XX. El dibujo original es una larga tira que mide 60 centímetros de ancho por ciento sesenta de largo.

Su obra puede entenderse mejor con ese dibujo. Emociona el trazo inocente de un joven que durante varias décadas ha influido en la sociedad mexicana. La historia, y la vida, también, pueden entenderse mejor con la caricatura. A los 17 años comenzó a trabajar profesionalmente en el periódico Excélsior, el decano de la prensa mexicana, y a los 21 realizó su primera historieta: La vida de Cristo. Un año después debutó como humorista gráfico con una tira llamada Virola y Piolita. Su mayor éxito ocurrió con Los Superlocos, cuyo protagonista, Jilemón Metralla y Bomba, se convirtió en el antihéroe ideal por excelencia. Es un vividor, un cínico que logra generar un humor fresco, en donde alcanza un momento de clímax en la historieta mexicana que, al igual que el cine de entonces, entra en su mejor época.

Jilemón Metralla y Bomba forma parte de una historieta para iniciados pues pocos mexicanos la conocieron ya que, tras la aparición de La Familia Burrón, jamás volvió a imprimirse. En 1948, le apostaron a Vargas realizar una historieta en la que una mujer fuera la protagonista. Quien lo hizo, perdió, entre otras cosas, porque no conocía la obra de Vargas, que tenía historietas como Purita Vaca o Las del doce, en donde las mujeres tienen un destacado papel. Así nació La Familia Burrón, una peculiar historieta compuesta por el matrimonio de un peluquero pobre, don Regino Burrón, y su esposa, la aristócrata venida a menos, Borola Tacuche, así como sus dos tlaconetes: el Tejocote, Regino chico, Macuca y Foforito Cantarranas, hijo adoptivo, a quien recibieron de manos de don Susano Cantarranas.

El apellido Burrón se debe a que Vargas pensaba que los personajes nunca lograban realizar lo que querían a pesar de no ser tontos; esté batalle y batalle y nunca prospera, es un burro, es un burrón. Así, don Regino no es tonto, pero como siguió la misma cosa de su papá, peluquero y peluquero, es un burro, relató en una entrevista a la escritora Elena Poniatowska.

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El Heraldo de México: la historia del periódico que impuso la modernidad industrial

Mario Ortiz Murillo – Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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El nacimiento de El Heraldo de México irrumpió en los esquemas del periodismo industrial del último tercio del siglo XX. Conocer su legado puede ayudar a entender la génesis en la renovación del diseño y calidad en la impresión de la gran prensa capitalina contemporánea, en que se privilegia la imagen sobre el texto. El Heraldo fue el germen del diarismo visual que hoy impera en México. A fines de 1965, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz capitalizaba el último tramo del desarrollo estabilizador y el “milagro mexicano” y las promesas de los regímenes posrevolucionarios: estabilidad económica y paz social. La prensa en los sesenta era condescendiente y reproducía el autoritario discurso de los gobiernos emanados de la revolución mexicana sin contrapesos de opinión. En realidad, predominaba una prensa muy homogénea entre sí.

El Heraldo de MAi??xico

Justo durante los primeros meses del arribo de Díaz Ordaz a la presidencia, surgieron nuevos diarios en la capital de la república que muy pronto marcarían la diferencia respecto al formato monocromático dominante hasta entonces: El Sol de México y El Heraldo de México. Eran la manifestación de la modernidad tecnológica en la prensa nacional, el comienzo de una tendencia de la prensa industrial presente hasta nuestros días, en que la imagen gradualmente se impone sobre el texto. Ambos medios impresos pertenecieron, coincidentemente, a empresarios poblanos, durante el nacimiento del régimen de un presidente oriundo de Puebla.

El Heraldo de México, en particular, irrumpió en el mercado diarístico nacional como uno de los líderes en innovaciones tecnológicas, coberturas informativas y diseño editorial. Su circulación fue ininterrumpida, del 9 de noviembre de 1965 al 19 de noviembre de 2003. Destacó como una empresa editorial a la que sus propietarios inyectaron un gran capital, lo que permitió la construcción de un edificio en la colonia Doctores, la contratación de recursos humanos y servicios informativos, la adquisición de la tecnología más vanguardista en el mundo, entre la que destaca la compra de rotativas Goss-Urbanite, especializadas en procesos de impresión en offset a color.

De taquillero a voceador

Los antecedentes de El Heraldo son peliculescos, pues del negocio de vender las entradas al cine provenía la fortuna que, años después, permitiría a Gabriel Alarcón Chargoy, empresario poblano (aunque nacido en Tianguistengo, Hidalgo), hacerse de un periódico. EL FIN DEL COMUNISMO (375x500)En 1938 se asoció con William Óscar Jenkins para construir la primera sala de su cadena: el cine Reforma, en la capital de Puebla. Durante las décadas de la llamada Aépoca de oro de la cinematografía nacional, luego de que su Cadena de Oro, la más importante de América Latina, y sus 385 salas, ubicadas en las mejores plazas a nivel nacional, concentró con la Compañía Operadora de Teatros (COTSA), operada por Manuel Espinosa Iglesias, la mayor parte del mercado de los cines en México.

En 1960, el gobierno de Adolfo López Mateos decretó la expropiación de estas empresas privadas que habían convertido en monopolio la exhibición, propiciando que Espinosa Iglesias y Alarcón, discípulos y socios del multimillonario William O. Jenkins, cuando éste era el mandamás de los dos grupos de exhibición cinematográfica en México, buscaran refugio en otras actividades. El primero, ya con antecedentes en el sector bancario, optó por concentrarse en la actividad financiera, en tanto que el segundo, sin resignarse a estar lejos del mundo de la farándula, la vida social y el contacto directo con el poder, consideró la idea de hacer su propio diario.

Había varios factores que hacían viable este proyecto. Tras el revés de la expropiación, un clima político más favorable se aproximaba. Resultaba insoslayable desaprovechar la coyuntura política en que Díaz Ordaz, poderoso secretario de Gobernación, amigo y paisano, se perfilaba como el aspirante con mayores posibilidades para llegar a la silla presidencial. Eran condiciones idóneas para que Alarcón se sintiera alentado a erigir su periódico, especialmente cuando el cuarto poder ejercía influencia significativa en amplios sectores de la opinión pública; concentrarse en una empresa que restituyera su liderazgo en el sector y lo acercara a las crápulas del poder. De esta forma podría reivindicarse ante la opinión pública del amargo recuerdo de que se le hubiera señalado como el autor intelectual de la muerte del líder del Sindicato de Trabajadores de la Cinematografía, Alfonso Mascaría, el 10 de agosto de 1954. Justo entonces Gabriel Alarcón había conocido de cerca el poder de la prensa; así, según diversas fuentes, una vez absuelto de aquel proceso judicial, que gracias a los periódicos sembró la sospecha de su responsabilidad, prometió a los reporteros que habían dado seguimiento al caso que algún día sería el dueño de un periódico. Con el propósito de limpiar su nombre y además, ejercer el poder a través de un medio de comunicación, el otrora magnate de las salas cinematográficas no escatimó en gastos y apostó una cuantiosa inversión de siete millones de pesos para materializar el sueño de poseer un periódico. Alarcón no era un hombre improvisado si se trataba de invertir su capital y tomó sus previsiones para alcanzar la rentabilidad de un negocio tan inestable en el corto plazo y en teoría constituía una verdadera aventura, considerando que su experiencia de vender entradas de cine y palomitas era muy distinta a editar diarios.

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Criba: Episodios mexicanos

Jesús Anaya Rosique
Portada de la revista Bicentenario 15 del Instituto Mora

BiCentenario,

revista trimestral de divulgación histórica del Instituto Mora, continúa abriendo ventanas al pasado mexicano… sin dejar a un lado asuntos relevantes de nuestro presente. En el editorial, la historiadora Graziella Altamirano Cozzi asienta que este número 15 recorre los claroscuros del siglo XIX… y en episodios distintos nos encontramos con personajes poco conocidos y nuevas facetas de algunos protagonistas cuyos nombres nos son familiares: el texto de Moisés Guzmán Pérez refiere la historia de Vicente Eyzaguirre y Azcoyti, escribano de cabildo en Zitácuaro que se adhirió a la lucha insurgente, participó en la instalación de la Suprema Junta Nacional Americana y murió en defensa de sus ideales; Sergio Cañedo Gamboa conmemora los 200 años del nacimiento de Ponciano Arriaga a través de la recreación de los años juveniles del prócer potosino de la Reforma y férreo partidario del federalismo; la controvertida figura de Antonio Carvajal, un guerrillero tlaxcaltelca distinguido por Juárez por su contribución al triunfo sobre las tropas imperiales francesas el 5 de mayo de 1862 en Puebla, es el tema investigado por Rosalía Martha Pérez.

En este recorrido, la historiadora Antonia Pi-Suñer Llorens nos lleva a acompañar al escritor Manuel Payno en su travesía hasta el otro lado del Atlántico; y Guadalupe Villa Guerrero reconstruye cómo eran las diversiones en el Durango porfiriano (el teatro, la ópera y la opereta, las corridas de toros y las peleas de gallos, las funciones de circo y títeres, el novedoso cinematógrafo).

Ya en el siglo XX, los textos se refieren al periodo revolucionario: en el momento de la escisión de los principales caudillos, Jaime Figueroa Daza cuenta la historia de Santiago Pacheco, un maestro campechano que visita los poblados mayas de Yucatán para difundir el programa carrancista. El cuento histórico, escrito por Silvia L. Cuesy, narra los últimos momentos de Emiliano Zapata y sus amargas reflexiones en torno a la experiencia revolucionaria que culminaría trágicamente.

La diplomacia mexicana encuentra su espacio en el relato que hace Ana Buriano sobre el exilio en México en los años cuarenta de la familia del líder comunista brasileño Luis Carlos Prestes, el célebre “Caballero de la Esperanza”, que combatió a la dictadura de Getulio Vargas y perdió a su compañera en los campos nazis de exterminio; y en la entrevista a Gonzalo Martínez Corbaló, quien fuera el embajador mexicano en Chile en el momento del golpe de estado contra el presidente Salvador Allende, editada por Silvia Dutrénit Bielous. En otro texto, escrito por Mario Ortiz Murillo, se describe la trayectoria de El Heraldo, uno de los diarios capitalinos que encabezó a partir de los años sesenta la modernización tecnológica de la prensa mexicana.

En la sección “Desde hoy”, con un artículo de Agustín Sánchez González se hace un homenaje a Gabriel Vargas, el autor de la popular historieta La familia Burrón, que deleitó durante más de 60 años a varias generaciones de lectores mexicanos. Ingrid S. Bivián cuenta la historia de los dos frescos que pintó Diego Rivera en el Instituto Nacional de Cardiología (uno de los cuales ilustra la portada de este número). La reminiscencia de nuestras tradiciones populares está dedicada al rebozo en los siglos XIX y XX. Destaca también la iconografía histórica (en color y en blanco y negro) que acompaña cada uno de los textos.

[Consultar http://www.revistabicentenario.com.mx para saber dónde se puede adquirir la revista]

anaya.jess@gmail.com

BiCentenario. El ayer y hoy de México, vol. 4, número 15, enero-marzo 2012 (México), revista trimestral del Instituto Mora, $80, 96 pp. ISSN 20110015