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Correo del Lector #25

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

CARTAS

El cuento “Estreno de residencia” (BiCentenario número 8), que habla de la inauguración de La Castañeda, llevó a Francisco J. Vázquez a recapitular sobre su cierre, que dice conocer bien. La desaparición de este centro de salud tuvo lugar durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Toda la operación financiera de construcción de un desarrollo habitacional en los terrenos de La Castañeda estuvo a cargo de la Asociación  Hipotecaria Mexicana, dirigida por Antonio Esperón Unzueta, quien además de poblano, era cuñado del presidente. Castañeda 296475 (640x450)El desarme, traslado y reconstrucción del edificio no generaron problema alguno: lo hizo Ingenieros Civiles Asociados (ICA), gracias a que el dueño del desarrollo era Arturo Quintana, hermano de Bernardo Quintana, a su vez dueño de ICA.

La obra, que generó millones de pesos al patrimonio de los familiares directos e indirectos de Díaz Ordaz, se guardó en el más preclaro de los silencios. En cuanto a los enfermos, afirma Vázquez, fueron llevados a granjas muy cerca de la carretera a Puebla y ahí se quedaron a morir, la mayoría en gran soledad. Concluye que casi todos perdieron: enfermos, afanadores, médicos, enfermeros y familiares de los residentes. Otros no tanto, porque Díaz Ordaz y sus huestes disfrutaron el banquete.

Cross Jahern relacionó el artículo “Los arcos triunfales en las fiestas del Centenario” (BiCentenario número 9) con el desfile cívico militar que cada 3 de octubre se hace en su pueblo, Miahuatlán, Oaxaca, para conmemorar el aniversario de la batalla librada allí por Porfirio Díaz contra los franceses en 1866. El desfile pasa por arcos de ese tipo.

Espacios de hospedaje en el S. XIX (500x467)

El artículo “Los espacios de hospedaje en el siglo XIX” (BiCentenario número 23) le hizo recordar a Yolanda Margarita Sandoval Rivera que en los años sesenta del siglo pasado fue con su familia a Talpa de Allende, Jalisco, a la visita anual a la Virgen del Rosario. Allí se hospedaron en un hotel o mesón, donde en vez de puertas y ventanas los cuartos tenían cortinas, el piso era de tierra, las camas consistían en una especie de bancos con un colchón de carrizo encima, y el baño, que estaba al final del pasillo, lo compartían todos los huéspedes. Para Yolanda fue toda una aventura, diferente si se piensa que hoy en día los hoteles son de muy buena calidad y la carretera que lleva hasta Talpa de Allende es una autopista de cuatro carriles.

Museo Costumbrista, Álamos, SonoraPOR AMOR A LA HISTORIA

En la ciudad sonorense de Álamos, que fue una estación de paso importante del Camino Real entre la capital novohispana y Santa Fe, Nuevo México, se abrió el Museo Costumbrista de Sonora, cuya propuesta es fomentar la conciencia de la identidad estatal. Las salas instaladas en una antigua casa del siglo XVII exhiben los usos, tradiciones y costumbres del estado.

DEL COSTURERO DE LA ABUELA

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¿SABÍAS QUÉ?

Tres municipios, Querétaro, Aguascalientes y Nuevo Laredo, obtuvieron el Premio Escoba de Platino 2014, por la limpieza de sus calles e industrias así como por sus buenos proyectos de reciclaje, manejo de residuos, administración de la basura, entre otros. El premio es entregado cada año en Madrid por la Asociación Técnica para la Gestión de Residuos y Medio Ambiente (ATEGRUS), que propone recompensar esfuerzos y realizaciones, a fin de estimular los avances tecnológicos y de concientización e innovación social que sirvan para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

RELOJ DE ARENA

17 de agosto de 1814
Virrey_Félix_María_CallejaAnte el anuncio de la restauración de la monarquía absoluta,  el virrey Félix María Calleja decreta que ninguna persona hable ni fomente de modo alguno especies que ataquen o contradigan directa ni indirectamente los derechos y prerrogativas del tronodivulgue o guarde papeles que conspiren contra la autoridad de Fernando VII, propendan al liberalismo exaltado y fanático con que los enemigos del Estado encubren sus miras subversivas y revolucionarias o empleen el lenguaje de la constitución. Ordena a todos conformarse con prestar una ciega obediencia al rey.

15 de septiembre de 1864
Maximiliano (500x499)En su primer viaje por México, el emperador Maximiliano se detiene en la humilde casa del cura Hidalgo y a las 11 de la noche, desde la ventana del piso superior, se dirige a los mexicanos haciéndoles ver cómo ha pasado más de medio siglo desde que allí resonó la independencia. Dice que se han sucedido años de guerras entre hermanos hasta que llegó el magnánimo auxilio, que muestra el camino de la moderación y de la ley. Invita desde allí a juntar el germen de la independencia de Hidalgo con el de la unión.

23 de septiembre de 1914
Convención de Aguascalientes SINAFO-33412 (500x258)Después de las declaraciones de Venustiano Carranza en las que se niega a formar una Convención sobre bases democráticas, y ante la certeza de que será imposible obligarlo a entregar oportunamente el poder al que la voluntad popular designara, Francisco Villa lo desconoce como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo. Llama al pueblo mexicano a hacer un nuevo sacrificio para que la revolución pueda definitivamente realizar sus más caros ideales. 

26 de julio de 1964
Sede de la Organización de los Estados Americanos 3 (500x332)En la Novena Reunión de Consulta de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en Washington, México vota en contra de la exclusión de Cuba del organismo, junto con sus pares de Chile, Bolivia y Uruguay. De todos modos, estos tres países sudamericanos no mantendrían la posición por mucho tiempo. En las semanas siguientes acabaron por romper sus vínculos diplomáticos con el gobierno que encabezaba Fidel Castro.

Si desea contribuir al correo del lector, mándenos sus escritos a: bicentenario@institutomora.edu.mx

Ilusiones

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

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Niños en la vía del tren, [s.f.]. Colección de Graziella Altamirano Cozzi.

La escenografía ha cambiado, pero el presente y el pasado de los niños que piden ayuda –seguramente unas monedas – se mantienen en su lugar. Manos alzadas que imploran por algo que llevar a casa. Del otro lado de las vías entonces, o del otro lado de una vereda, un camellón, una avenida, en la actualidad. Sólo pueden ofrecer a cambio la bondad de sus rostros aún inocentes. Son solidarios con las necesidades de quienes los arropan todos los días, les aportan unos bocados y los duermen en las noches. Detrás de ellos hay quienes están fuera del mercado laboral, que seguramente pasaron por situaciones similares a sus edades, que por poco rato fueron a la escuela y no les quedó más que aprovechar las oportunidades de hacer los trabajos más duros. Los tiempos cambian y la humanidad hace sus progresos, pero la pobreza no deja de regenerarse. La esperanza de vida de ellos no era la misma de sus contemporáneos de hoy, que por necesidad los evocan. Ahora podemos hablar de 75 años de expectativas de vida, aunque para ellos –sean los niños de la foto o los que vemos hoy en nuestras calles–, quizá las cifras se mantengan en los 35 años de principios del siglo XX, cuando fue tomada la imagen. La actual no deja de ser una realidad más dura.

Los niños de la calle habitan las calles. Y hasta alcantarillas. Muchos han perdido familias. Sus familias son otros como ellos, de la misma edad. Con suerte y caen en manos generosas de casas-hogar donde pueden comer, bañarse y compartir un colchón. Es el lujo de cada día. Si los tratan con respeto, se habrán sacado la lotería. Los niños de nuestra foto vivían en poblaciones que por su tamaño aún se fundían con el campo. Alimentarse, al menos, estaba más al alcance de la mano. Las milpas cercanas proveían del maíz, el nopal o los frijoles, y hasta frutas. Y era posible criar una gallina o un cerdo en un terreno vecino. Sufrir es un concepto que en la marginalidad los niños deben aprenden demasiado pronto. Nunca regales dinero, deben aprender el esfuerzo del trabajo, decimos muchos. ¿Pero se les puede inculcar si los adultos no podemos ofrecerles la educación, el alimento o la compensación de un juguete? Seis de los niños que nos miran desde la fotografía están distraídos en la curiosidad de ser retratados o atentos a algún truco del fotógrafo. Pero dos –semioculta aparece lo que sus cabellos largos y vestimentas denotan una niña–, permanecen imperturbables en su objetivo: el sombrero y las manos se alzan para pedir. Arriba del vagón un adulto que no vemos posiblemente se preste a entregar algo. O a permanecer indiferente y esperar a que el tren se mueva para dejarlos allí con sus esperanzas truncas. ¿Acaso no es esa la imagen que podemos descubrir en algunas de nuestras calles de hoy?

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Regino Hernández Llergo, el office boy que se hizo periodista

Graziella Altamirano Cozzi – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Un colega del Colegio Militar lo salvó de un pelotón de fusilamiento y a partir de allí cambió radicalmente la vida de este tabasqueño. Sólo por sobrevivir llegó a las puertas de un periódico y aprovechó la primera oportunidad que le dieron para comenzar el recorrido que lo haría leyenda. Fundó diarios y revistas que hicieron historia. Villa, Calles y Cárdenas contestaron a sus preguntas. Sabía dónde estaba parado: la libertar de prensa no existe si se le teme a los presidentes, decía.

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Regino Hernández en entrevista, fotografía, ca. 1940. Archivo Casasola, inv. 228569. SINAFO, CONACULTA-INAH-MÉX.

El periodismo del siglo XX en México tuvo en Regino Hernández Llergo (1894-1976) a uno de sus principales exponentes, como fundador y director de publicaciones de contenido político y social, y como partícipe en el impulso innovador que se dio al fotoperiodismo en nuestro país.

Sus primeros pasos periodísticos los dio en el diario El Universal y luego en La Opinión de Los Ángeles, California, del cual fue fundador y que llegó a ser considerado como un baluarte del periodismo mexicano en los Estados Unidos.

Junto con su primo José Pagés Llergo recorrió una larga ruta profesional desde la década de los treinta trabajando en La Opinión y después, ya en México, al fundar la revista Hoy, que tuvo como principal objetivo cubrir la demanda social de información que hacía falta en el medio editorial mexicano. Regino ocupó la dirección y José la jefatura de redacción.

Los primos Llergo, como se los conocía, empezaron a cambiar la política editorial que hasta entonces existía en México al invitar como redactores a los mejores periodistas y articulistas de la época, de distintas tendencias políticas, no sólo con la intención de crear polémica sino de lograr equilibrio informativo y evitar caer en alguna tendencia ideológica. Una de las principales innovaciones de la revista Hoy fue dar una mayor importancia a las imágenes, con la integración de caricaturas políticas y numerosas fotografías que la hicieron más atractiva, llegando a ocupar un lugar importante entre las revistas de circulación nacional. En la lista de sus principales colaboradores destacaban Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Rosario Sansores, José Barros Sierra y Nemesio García Naranjo, entre otros, así como José Vasconcelos, Narciso Bassols y Félix F. Palavicini, entre articulistas y ensayistas.

Regino Hernández Llergo fundó otras publicaciones de tinte político como MañanaImpacto que tuvieron larga vida, y algunas de orientación popular y populista como Alarma, un periódico sensacionalista y de nota roja que le valió el mote de amarillista.

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Portada del periódico El Universal del miércoles 22 de junio de 1922. Fotografía: ©Agencia El Universal.

Lo que dio fama a Hernández Llergo desde sus primeros pasos en el periodismo fue la entrevista que le hizo a Pancho Villa en la hacienda de Canutillo y que publicó por entregas en El Universal, entre el 12 y el 18 de junio de 1922, la cual fue considerada como el impacto periodístico del momento.

El texto que a continuación presentamos contiene la edición de dos entrevistas que se le hicieron en momentos distintos de su vida y que forman parte del Archivo de la Palabra del Instituto Mora: la entrevista realizada por Jaime Alexis Arroyo en noviembre de 1960 (PHO/1/10) y la realizada por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer el 4 de octubre de 1972 (PHO/4/7).

18142 (2) (539x640)EL ENTREVISTADOR

Nací en Cunduacán, Tabasco, y estudié mi educación primaria en Balancán, donde mi padre fue maestro. De ahí me mandaron a Villahermosa para continuar mis estudios y a los quince años mi padre me llevó al Colegio Militar de Chapultepec cuando era presidente Victoriano Huerta. Ahí lo conocí porque él vivía allí mismo en el castillo, y me acuerdo que en esos tiempos hubo una invasión de soldados gringos en Veracruz y decidimos casi todos los alumnos ir a hablar con él para decirle que nosotros teníamos muchas ganas de irnos a Veracruz a pelear contra los gringos. Huerta nos dijo: No muchachos, ustedes son muy jóvenes todavía, tienen la obligación de estar aquí en México en el colegio, por si acaso ocurriera algo, que no lo creo, toda esa labor que ustedes están diciendo es para nosotros los que ya sabemos cómo pelear con ellos, quizá en el mismo Veracruz se acaba todo. Como en efecto así fue.

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Amaneceres de junio

Silvia L. Cuesy – El Colegio de México.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Once días después de la coronación de Franz Joseph como rey de Hungría, asesinaron a Max. Así terminó su imperio en un país de fanáticos conservadores monárquicos y de taimados indígenas republicanos.

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Ludwig Angerer, Familia imperial de Austria, fotografía, ca. 1860.

De mi calendario desprendo la última hoja de mayo. Los sentimientos se arremolinan… ¿Ha pasado un año?, ¿dos?, ¿una década?, ¿un siglo acaso? El corazón de una madre no distingue tiempo. Los hijos son nuestro eterno presente; así, el sufrimiento de antaño me persigue ahora. En especial junio me estremece trayendo imágenes de irónicas jugarretas de los hados, lejanas a todo entendimiento… El deseo de vivir no existe más en mí. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué momento el designio de la Providencia bifurcó por tan diferentes sendas los destinos de mis dos bien amados hijos? Ocurrió en sus mocedades, supongo, en el transcurso de unas cuantas horas. Épocas turbulentas aquellas.

¡Ah!, la avanzada tecnología de la era ferrocarrilera y telegráfica había esparcido la explosión revolucionaria iniciada en París. Llegó hasta Viena cimbrando los cimientos de la monarquía; la violencia trastocó lo establecido. Por doquier se pretendía tumbar gobiernos. ¡Dios mío!, Praga y Berlín bombardeados. Las monarquías, aquí y allá, sacudidas por la nueva ideología. Dinamarca y Holanda prometían reformas, era impensable; en Londres hubo manifestaciones. Mis hijos, los dos hermanos adolescentes, huyeron de Viena. En Europa se reprimía a los rebeldes a sangre y fuego.

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Johann Höfelich, Francisco José, Fernando Maximiliano y Carlos Ludwin, litografía, 1844.

En Austria se precisó un cambio de mando. La sucesión designaba al inútil archiduque Francisco Carlos, ese estúpido que en mala hora me tocó por marido; estorbo inservible, por lo que me convertí en el hombre de la casa, mote con el que pronto fui conocida en la corte. ¡Válgame si no he sido el hombre de la casa! Gracias a mi carácter salvé al imperio al obligar a mi cónyuge a abdicar a favor de Franz Joseph. ¡Adiós días de mi juventud!, suspiró desconcertado mi primogénito, a sus 18 años. Su majestad, musitó Max, inclinándose ante su hermano, apenas dos años mayor. Era el 1 de diciembre de 1848.

Sólo Dios y yo sabemos que la inteligencia y apostura de mis dos primeros hijos no se deben a la rémora a la que me uní para formar una familia… ¡Ah!, los santos del cielo y yo no podemos engañarnos: claramente vemos en ellos las virtudes de aquel tierno mozuelo, amante mío, a quien la parca alzó en brazos y huyó robándomelo. En cuanto al resto de mi descendencia, la imbecilidad de mi esposo se refleja en las costumbres y el temperamento de que a diario dan muestra. Si estuviera en mí volver a vivir, a diferencia de ayer, hoy imploraría que mi entrañable Max no quisiera levantarse y dejar atrás su lecho. Imagino ese lecho, tal vez ahuecado por su silueta fetal, y quiero rescatar su forma y con desesperación ponerlo a salvo en el vientre mío donde otrora se escanció el amor. Anhelaría que la luz tempranera no se filtrara por la carcelaria ventana hiriendo de nuevo sus azules ojos con falsas promesas de vida. Que no se diera cuenta del encierro al que esa puerta y sus cómplices paredes lo confinaban. No más visitas, no más escritura de cartas, no más consejos. ¡No más trajín y llanto en los cuartos vecinos, por piedad!

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Joaquín Sorolla y los pintores españoles en la otra América

Roberto Fernández Castro – Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Para la primera década del siglo XX en desarrollo de la pintura en México encontró un impulso relevante en la Exposición Española de Artes e Industrias Decorativas de 1910. Sorolla fue el más encumbrado de los autores españoles, pero allí estaban también las obras de Ignacio Zuloaga, un artista de fuerte influencia en figuras emergentes como Ángel Zárraga y Juan Téllez Hellín.

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Joaquín Sorolla, Playa de Valencia, sol de mañana, óleo sobre tela, 1901. ©Colección Pérez Simón.

Las celebraciones del primer centenario de la independencia de los países hispanoamericanos brindaron la oportunidad de organizar diferentes actos con fines culturales y económicos en Chile, México, Venezuela, Colombia y Argentina. Entre los actos oficiales y otros organizados por sociedades particulares, las exposiciones nacionales e internacionales de arte celebradas en México y Argentina figuran entre las más importantes de principios del siglo XX, pues en ellas se encontraron obras de los artistas españoles más destacados de su tiempo y a quienes la mayoría de los americanos, incluyendo jóvenes artistas, sólo entonces tuvieron ocasión de apreciar por primera vez en persona y no sólo a través de las revistas ilustradas que llegaban desde Europa. Aunque cercanos por una historia y cultura compartidas durante centurias, a finales del siglo XIX los pueblos iberoamericanos se encontraban separados por el mar y distanciados aún más por motivos políticos, pero encontraron un camino para reducir las divergencias nacidas de la leyenda negra que pesaba sobre la historia de la conquista española en América, reconocer de manera oficial las independencias e interpretar el hispanoamericanismo como un concepto histórico que, enriquecido con el concepto de la raza, ofreció entonces un firme baluarte como reacción al creciente imperialismo estadunidense.

Aunque parece contradictorio que precisamente la celebración de las independencias hispanoamericanas haya servido para volver a acercarlas a España, las paradojas de aquella empresa que culminó en 1910 están presentes en todos los ámbitos de nuestra historia; también en la historia del arte mexicano. A pesar de que ha trascurrido ya más de un siglo, por varias razones sigue siendo muy poco lo que se sabe acerca de la Exposición Española de Arte e Industrias Decorativas que se realizó en México en septiembre de 1910 como parte de los festejos del primer centenario de la independencia.

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Joaquín Sorolla, Bueyes en la playa, gouache sobre papel, 1894. ©Colección Pérez Simón.

La idea original de Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes desde 1905, apuntó hacia una posible exposición organizada y patrocinada por la República Francesa y su colonia radicada en México, misma que tendría como propósito dar a conocer al pueblo mexicano el espíritu artístico de la Francia contemporánea, e incluiría para tal efecto, la construcción sobre la avenida Juárez de un edificio al estilo del Petit Palais o del Grand Trianon. Sin embargo, la falta de acuerdos entre los miembros de la colonia francesa, y de estos con el representante oficial de Francia en México, obligó a Sierra a dirigirse entonces al embajador español Bernardo Cólogan. Lo importante era que una exposición de arte e industrias de España, que contara con el patrocinio de la colonia española y el subsidio del gobierno mexicano, se difundiera públicamente como iniciativa de la propia colonia.

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