Archivo de la categoría: BiCentenario #25

Correo del Lector #25

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

CARTAS

El cuento “Estreno de residencia” (BiCentenario número 8), que habla de la inauguración de La Castañeda, llevó a Francisco J. Vázquez a recapitular sobre su cierre, que dice conocer bien. La desaparición de este centro de salud tuvo lugar durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Toda la operación financiera de construcción de un desarrollo habitacional en los terrenos de La Castañeda estuvo a cargo de la Asociación Hipotecaria Mexicana, dirigida por Antonio Esperón Unzueta, quien además de poblano, era cuñado del presidente. CastaAi??eda 296475 (640x450)El desarme, traslado y reconstrucción del edificio no generaron problema alguno: lo hizo Ingenieros Civiles Asociados (ICA), gracias a que el dueño del desarrollo era Arturo Quintana, hermano de Bernardo Quintana, a su vez dueño de ICA.

La obra, que generó millones de pesos al patrimonio de los familiares directos e indirectos de Díaz Ordaz, se guardó en el más preclaro de los silencios. En cuanto a los enfermos, afirma Vázquez, fueron llevados a granjas muy cerca de la carretera a Puebla y ahí se quedaron a morir, la mayoría en gran soledad. Concluye que casi todos perdieron: enfermos, afanadores, médicos, enfermeros y familiares de los residentes. Otros no tanto, porque Díaz Ordaz y sus huestes disfrutaron el banquete.

Cross Jahern relacionó el artículo “Los arcos triunfales en las fiestas del Centenario” (BiCentenario número 9) con el desfile cívico militar que cada 3 de octubre se hace en su pueblo, Miahuatlán, Oaxaca, para conmemorar el aniversario de la batalla librada allí por Porfirio Díaz contra los franceses en 1866. El desfile pasa por arcos de ese tipo.

Espacios de hospedaje en el S. XIX (500x467)

El artículo “Los espacios de hospedaje en el siglo XIX” (BiCentenario número 23) le hizo recordar a Yolanda Margarita Sandoval Rivera que en los años sesenta del siglo pasado fue con su familia  a Talpa de Allende, Jalisco, a la visita anual a la Virgen del Rosario. Allí se hospedaron en un hotel o mesón, donde en vez de puertas y ventanas los cuartos tenían cortinas, el piso era de tierra, las camas consistían en una especie de bancos con un colchón de carrizo encima, y el baño, que estaba al final del pasillo, lo compartían todos los huéspedes. Para Yolanda fue toda una aventura, diferente si se piensa que hoy en día los hoteles son de muy buena calidad y la carretera que lleva hasta Talpa de Allende es una autopista de cuatro carriles.

Museo Costumbrista, A?lamos, SonoraPOR AMOR A LA HISTORIA

En la ciudad sonorense de Álamos, que fue una estación de paso importante del Camino Real entre la capital novohispana y Santa Fe, Nuevo México, se abrió el Museo Costumbrista de Sonora, cuya propuesta es fomentar la conciencia de la identidad estatal. Las salas instaladas en una antigua casa del siglo XVII exhiben los usos, tradiciones y costumbres del estado.

DEL COSTURERO DE LA ABUELA

Postal Mujercitas (500x325)

¿SABÍAS QUÉ?

Tres municipios, Querétaro, Aguascalientes y Nuevo Laredo, obtuvieron el Premio Escoba de Platino 2014, por la limpieza de sus calles e industrias así como por sus buenos proyectos de reciclaje, manejo de residuos, administración de la basura, entre otros. El premio es entregado cada año en Madrid por la Asociación Técnica para la Gestión de Residuos y Medio Ambiente (Ategrus), que propone recompensar esfuerzos y realizaciones, a fin de estimular los avances tecnológicos y de concientización e innovación social que sirvan para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

RELOJ DE ARENA

17 de agosto de 1814
Virrey_FAi??lix_MarAi??a_CallejaAnte el anuncio de la restauración de la monarquía absoluta, el virrey Félix María Calleja decreta que ninguna persona hable ni fomente de modo alguno especies que ataquen o contradigan directa ni indirectamente los derechos y prerrogativas del trono, divulgue o guarde papeles que conspiren contra la autoridad de Fernando VII, propendan al liberalismo exaltado y fanático con que los enemigos del Estado encubren sus miras subversivas y revolucionarias o empleen el lenguaje de la constitución. Ordena a todos conformarse con prestar una ciega obediencia al rey.

15 de septiembre de 1864
Maximiliano (500x499)En su primer viaje por México, el emperador Maximiliano se detiene en la humilde casa del cura Hidalgo y a las 11 de la noche, desde la ventana del piso superior, se dirige a los mexicanos haciéndoles ver cómo ha pasado más de medio siglo desde que allí resonó la independencia. Dice que se han sucedido años de guerras entre hermanos hasta que llegó el magnánimo auxilio, que muestra el camino de la moderación y de la ley. Invita desde allí a juntar el germen de la independencia de Hidalgo con el de la unión.

23 de septiembre de 1914
ConvenciA?n de Aguascalientes SINAFO-33412 (500x258)

Después de las declaraciones de Venustiano Carranza en las que se niega a formar una Convención sobre bases democráticas, y ante la certeza de que será imposible obligarlo a entregar oportunamente el poder al que la voluntad popular designara, Francisco Villa lo desconoce como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo. Llama al pueblo mexicano a hacer un nuevo sacrificio para que la revolución pueda definitivamente realizar sus más caros ideales.

26 de julio de 1964
Sede de la OrganizaciA?n de los Estados Americanos 3 (500x332)

En la Novena Reunión de Consulta de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en Washington, México vota en contra de la exclusión de Cuba del organismo, junto con sus pares de Chile, Bolivia y Uruguay. De todos modos, estos tres países sudamericanos no mantendrían la posición por mucho tiempo. En las semanas siguientes acabaron por romper sus vínculos diplomáticos con el gobierno que encabezaba Fidel Castro.

Si desea contribuir al correo del lector, mándenos sus escritos a: bicentenario@institutomora.edu.mx

Ilusiones

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

img687 (640x397)

Niños en la vía del tren, [s.f.]. Colección de Graziella Altamirano Cozzi.

La escenografía ha cambiado, pero el presente y el pasado de los niños que piden ayuda –seguramente unas monedas– se mantienen en su lugar. Manos alzadas que imploran por algo que llevar a casa. Del otro lado de las vías entonces, o del otro lado de una vereda, un camellón, una avenida, en la actualidad. Sólo pueden ofrecer a cambio la bondad de sus rostros aún inocentes. Son solidarios con las necesidades de quienes los arropan todos los días, les aportan unos bocados y los duermen en las noches. Detrás de ellos hay quienes es- tán fuera del mercado laboral, que seguramente pasaron por situaciones similares a sus edades, que por poco rato fueron a la escuela y no les quedó más que aprovechar las oportunidades de hacer los trabajos más duros. Los tiempos cambian y la humanidad hace sus progresos, pero la pobreza no deja de regenerarse. La esperanza de vida de ellos no era la misma de sus contemporáneos de hoy, que por necesidad los evocan. Ahora podemos hablar de 75 años de expectativas de vida, aunque para ellos –sean los niños de la foto o los que vemos hoy en nuestras calles–, quizá las cifras se mantengan en los 35 años de principios del siglo XX, cuando fue tomada la imagen. La actual no deja de ser una realidad más dura.

Los niños de la calle habitan las calles. Y hasta alcantarillas. Muchos han perdido familias. Sus familias son otros como ellos, de la misma edad. Con suerte y caen en manos generosas de casas-hogar donde pueden comer, bañarse y compartir un colchón. Es el lujo de cada día. Si los tratan con respeto, se habrán sacado la lotería. Los niños de nuestra foto vivían en poblaciones que por su tamaño aún se fundían con el campo. Alimentarse, al menos, estaba más al alcance de la mano. Las milpas cercanas proveían del maíz, el nopal o los frijoles, y hasta frutas. Y era posible criar una gallina o un cerdo en un terreno vecino. Sufrir es un concepto que en la marginalidad los niños deben aprenden demasiado pronto. Nunca regales dinero, deben aprender el esfuerzo del trabajo, decimos muchos. ¿Pero se les puede inculcar si los adultos no podemos ofrecerles la educación, el alimento o la compensación de un juguete? Seis de los niños que nos miran desde la cámara están distraídos en la curiosidad de ser retratados o atentos a algún truco del fotógrafo. Pero dos –semioculta aparece lo que sus cabellos largos y vestimentas denotan una niña–, permanecen imperturbables en su objetivo: el sombrero y las manos se alzan para pedir. Arriba del vagón un adulto que no vemos posiblemente se preste a entregar algo. O a permanecer indiferente y esperar a que el tren se mueva para dejarlos allí con sus esperanzas truncas. ¿Acaso no es esa la imagen que podemos descubrir en algunas de nuestras calles de hoy?

Suscríbase a la Revista BiCentenario.

Regino Hernández Llergo, el office boy que se hizo periodista

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Un colega del Colegio Militar lo salvó de un pelotón de fusilamiento y a partir de allí cambió radicalmente la vida de este tabasqueño. Sólo por sobrevivir llegó a las puertas de un periódico y aprovechó la primera oportunidad que le dieron para comenzar el recorrido que lo haría leyenda. Fundó diarios y revistas que hicieron historia. Villa, Calles y Cárdenas contestaron a sus preguntas. Sabía dónde estaba parado: la libertad de prensa no existe si se le teme a los presidentes, decía.

228569 (640x457)

Regino Hernández en entrevista, fotografía, ca. 1940. Archivo Casasola, inv. 228569. Sinafo, Conaculta-INAH-Méx. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

El periodismo del siglo XX en México tuvo en Regino Hernández Llergo (1894-1976) a uno de sus principales exponentes, como fundador y director de publicaciones de contenido po- lítico y social, y como partícipe en el impulso innovador que se dio al fotoperiodismo en nuestro país.

Sus primeros pasos periodísticos los dio en el diario El Universal y luego en La Opinión de Los Ángeles, California, del cual fue fundador y que llegó a ser considerado como un baluarte del periodismo mexicano en los Estados Unidos.

Junto con su primo José Pagés Llergo re- corrió una larga ruta profesional desde la dé- cada de los treinta trabajando en La Opinión y después, ya en México, al fundar la revista Hoy, que tuvo como principal objetivo cubrir la demanda social de información que hacía falta en el medio editorial mexicano. Regino ocupó la dirección y José la jefatura de redacción.

Los primos Llergo, como se los conocía, empezaron a cambiar la política editorial que hasta entonces existía en México al invitar como redactores a los mejores periodistas y articulistas de la época, de distintas tendencias políticas, no sólo con la intención de crear polémica sino de lograr equilibrio informativo y evitar caer en alguna tendencia ideológica. Una de las principales innovaciones de la revista Hoy fue dar una mayor importancia a las imágenes, con la integración de caricaturas políticas y numerosas fotografías que la hicieron más atractiva, llegando a ocupar un lugar importante entre las revistas de circulación nacional. En la lista de sus principales colaboradores destacaban Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Rosario Sansores, José Barros Sierra y Nemesio García Naranjo, entre otros, así como José Vasconcelos, Narciso Bassols y Félix F. Palavicini, entre articulistas y ensayistas.

Regino Hernández Llergo fundó otras publicaciones de tinte político como Mañana e Impacto que tuvieron larga vida, y algunas de orientación popular y populista como Alarma, un periódico sensacionalista y de nota roja que le valió el mote de amarillista.

14_junio_1922 PP 2da SecciA?n0001 (2) (800x666)

Portada del periódico El Universal del miércoles 22 de junio de 1922. Fotografía: ©Agencia El Universal.

Lo que dio fama a Hernández Llergo desde sus primeros pasos en el periodismo fue la entrevista que le hizo a Pancho Villa en la hacienda de Canutillo y que publicó por entregas en El Universal, entre el 12 y el 18 de junio de 1922, la cual fue considerada como el impacto periodístico del momento.

El texto que a continuación presentamos contiene la edición de dos entrevistas que se le hicieron en momentos distintos de su vida y que forman parte del Archivo de la Palabra del Instituto Mora: la entrevista realizada por Jaime Alexis Arroyo en noviembre de 1960 (PHO/1/10) y la realizada por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer el 4 de octubre de 1972 (PHO/4/7).

18142 (2) (539x640)EL ENTREVISTADOR

Nací en Cunduacán, Tabasco, y estudié mi educación primaria en Balancán, donde mi padre fue maestro. De ahí me mandaron a Villahermosa para continuar mis estudios y a los quince años mi padre me llevó al Colegio Militar de Chapultepec cuando era presidente Victoriano Huerta. Ahí lo conocí porque él vivía allí mismo en el castillo, y me acuerdo que en esos tiempos hubo una invasión de soldados gringos en Veracruz y decidimos casi todos los alumnos ir a hablar con él para decirle que nosotros teníamos muchas ganas de irnos a Veracruz a pelear contra los gringos. Huerta nos dijo: No muchachos, ustedes son muy jóvenes todavía, tienen la obligación de estar aquí en México en el colegio, por si acaso ocurriera algo, que no lo creo, toda esa labor que ustedes están diciendo es para nosotros los que ya sabemos cómo pelear con ellos, quizá en el mismo Veracruz se acaba todo. Como en efecto así fue.

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

Amaneceres de junio

Silvia L. Cuesy
El Colegio de México.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Once días después de la coronación de Franz Joseph como rey de Hungría, asesinaron a Max. Así terminó su imperio en un país de fanáticos conservadores monárquicos y de taimados indígenas republicanos.

Familia Imperial (Maximiliano, Carlota, SofAi??a, Franz Joseph) 1

Ludwig Angerer, Familia imperial de Austria, fotografía, ca. 1860.

De mi calendario desprendo la última hoja de mayo. Los sentimientos se arremolinan… ¿Ha pasado un año?, ¿dos?, ¿una década?, ¿un siglo acaso? El corazón de una madre no distingue tiempo. Los hijos son nuestro eterno presente así, el sufrimiento de antaño me persigue ahora. En especial junio me estremece trayendo imágenes de irónicas jugarretas de los hados, lejanas a todo entendimiento… El deseo de vivir no existe más en mí. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué momento el designio de la Providencia bifurcó por tan diferentes sendas los destinos de mis dos bien amados hijos? Ocurrió en sus mocedades, supongo, en el transcurso de unas cuantas horas. Épocas turbulentas aquellas.

¡Ah!, la avanzada tecnología de la era ferrocarrilera y telegráfica había esparcido la explosión revolucionaria iniciada en París. Llegó hasta Viena cimbrando los cimientos de la monarquía; la violencia trastocó lo establecido. Por doquier se pretendía tumbar gobiernos. ¡Dios mío!, Praga y Berlín bombardeados. Las monarquías, aquí y allá, sacudidas por la nueva ideología. Dinamarca y Holanda prometían reformas, era impensable; en Londres hubo manifestaciones. Mis hijos, los dos hermanos adolescentes, huyeron de Viena. En Europa se reprimía a los rebeldes a sangre y fuego.

Franz Joseph, Maximiliano y Carlos de Habsburgo (652x800)

Johann Höfelich, Francisco José, Fernando Maximiliano y Carlos Ludwin, litografía, 1844. Wikimedia Commons

En Austria se precisó un cambio de mando. La sucesión designaba al inútil archiduque Francisco Carlos, ese estúpido que en mala hora me tocó por marido; estorbo inservible, por lo que me convertí en el hombre de la casa, mote con el que pronto fui conocida en la corte. ¡Válgame si no he sido el hombre de la casa! Gracias a mi carácter salvé al imperio al obligar a mi cónyuge a abdicar a favor de Franz Joseph. ¡Adiós días de mi juventud!, suspiró desconcertado mi primogénito, a sus 18 años. Su majestad, musitó Max, inclinándose ante su hermano, apenas dos años mayor. Era el 1 de diciembre de 1848.

Sólo Dios y yo sabemos que la inteligencia y apostura de mis dos primeros hijos no se deben a la rémora a la que me uní para formar una familia… ¡Ah!, los santos del cielo y yo no podemos engañarnos: claramente vemos en ellos las virtudes de aquel tierno mozuelo, amante mío, a quien la parca alzó en brazos y huyó robándomelo. En cuanto al resto de mi descendencia, la imbecilidad de mi esposo se refleja en las costumbres y el temperamento de que a diario dan muestra.

Si estuviera en mí volver a vivir, a diferencia de ayer, hoy imploraría que mi entrañable Max no quisiera levantarse y dejar atrás su lecho. Imagino ese lecho, tal vez ahuecado por su silueta fetal, y quiero rescatar su forma y con desesperación ponerlo a salvo en el vientre mío donde otrora se escanció el amor. Anhelaría que la luz tempranera no se filtrara por la carcelaria ventana hiriendo de nuevo sus azules ojos con falsas promesas de vida. Que no se diera cuenta del encierro al que esa puerta y sus cómplices paredes lo confinaban. No más visitas, no más escritura de cartas, no más consejos. ¡No más trajín y llanto en los cuartos vecinos, por piedad!

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

Joaquín Sorolla y los pintores españoles en la otra América

Roberto Fernández Castro
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Para la primera década del siglo XX el desarrollo de la pintura en México encontró un impulso relevante en la Exposición Española de Artes e Industrias Decorativas de 1910. Sorolla fue el más encumbrado de los autores españoles, pero allí estaban también las obras de Ignacio Zuloaga, un artista de fuerte influencia en figuras emergentes como Ángel Zárraga y Juan Téllez Hellín.

35 (2) (800x500)

Joaquín Sorolla, Playa de Valencia, sol de mañana, óleo sobre tela, 1901. Colección Pérez Simón

Las celebraciones del primer centenario de la independencia de los países hispanoamericanos brindaron la oportunidad de organizar diferentes actos con fines culturales y económicos en Chile, México, Venezuela, Colombia y Argentina. Entre los actos oficiales y otros organizados por sociedades particulares, las exposiciones nacionales e internacionales de arte celebradas en México y Argentina figuran entre las más importantes de principios del siglo XX, pues en ellas se encontraron obras de los artistas españoles más destacados de su tiempo y a quienes la mayoría de los americanos, incluyendo jóvenes artistas, sólo entonces tuvieron ocasión de apreciar por primera vez en persona y no sólo a través de las revistas ilustradas que llegaban desde Europa. Aunque cercanos por una historia y cultura compartidas durante centurias, a finales del siglo XIX los pueblos iberoamericanos se encontraban separados por el mar y distanciados aún más por motivos políticos, pero encontraron un camino para reducir las divergencias nacidas de la leyenda negra que pesaba sobre la historia de la conquista española en América, reconocer de manera oficial las independencias e interpretar el hispanoamericanismo como un concepto histórico que, enriquecido con el concepto de la raza, ofreció entonces un firme baluarte como reacción al creciente imperialismo estadunidense.

Aunque parece contradictorio que precisamente la celebración de las independencias hispanoamericanas haya servido para volver a acercarlas a España, las paradojas de aquella empresa que culminó en 1910 están presentes en todos los ámbitos de nuestra historia; también en la historia del arte mexicano. A pesar de que ha trascurrido ya más de un siglo, por varias razones sigue siendo muy poco lo que se sabe acerca de la Exposición Española de Arte e Industrias Decorativas que se realizó en México en septiembre de 1910 como par- te de los festejos del primer centenario de la independencia.

29822 (2) (800x528)

Joaquín Sorolla, Bueyes en la playa, gouache sobre papel, 1894. Colección Pérez Simón

La idea original de Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes desde 1905, apuntó hacia una posible exposición organizada y patrocinada por la República Francesa y su colonia radicada en México, misma que tendría como propósito dar a conocer al pueblo mexicano el espíritu artístico de la Francia contemporánea, e incluiría para tal efecto, la construcción sobre la avenida Juárez de un edificio al estilo del Petit Palais o del Grand Trianon. Sin embargo, la falta de acuerdos entre los miembros de la colonia francesa, y de estos con el representante oficial de Francia en México, obligó a Sierra a dirigirse entonces al embajador español Bernardo Cólogan. Lo importante era que una exposición de arte e industrias de España, que contara con el patrocinio de la colonia española y el subsidio del gobierno mexicano, se difundiera públicamente como iniciativa de la propia colonia.

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

Relatos de un monarquista mexicano desde el castillo de Maximiliano

Norberto Nava Bonilla
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

En octubre de 1863 una comisión mexicana se presentó en Trieste ante el archiduque de Habsburgo para convencerlo de que encabezara una monarquía. Uno de aquellos enviados, el padre Francisco Miranda, da cuenta en una carta publicada después de la reunión acerca de las vivencias de la estadía de varios días, su admiración por los anfitriones y el castillo de Miramar, así como los lujos de la nobleza.

ComisiA?n de Miramar (640x455)

Comisión que viajó a Miramar, fotografía, 1863. Fondo Felipe Teixidor, inv. 451694. Sinafo, Conaculta-inah-Méx. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Francisco Javier Miranda y Morfi fue un sacerdote poblano que tuvo una participación prolífica durante la dictadura de Antonio López de Santa Anna, la guerra de reforma y la intervención francesa, siempre desde las trincheras del Partido Conservador.

Doctor en sagrados cánones, político, ideó- logo y algunas veces guerrillero, Miranda fue un acérrimo opositor de las reformas liberales, en especial de las que desamortizaron y nacionalizaron conventos, monasterios y tierras agrícolas de la Iglesia. Siempre se negó a llegar a cualquier arreglo con el partido liberal, opinaba que la lucha iniciada desde 1854 –con la revolución de Ayutla– era una guerra santa y por tanto sólo debía sobrevivir un combatiente.

Panchito, como le decían sus amigos, había nacido en Puebla el 2 de diciembre de 1816 y estudió teología en el colegio palafoxiano, ordenándose como sacerdote en 1840. A partir de esa fecha comenzó a escribir en algunos diarios de la ciudad de México y en Puebla, llamando la atención de Lucas Alamán, quien lo invitó a participar en el periódico El Tiempo, espacio donde se hacían los primeros señalamientos de la monarquía como sistema de gobierno para México.

Junto con Alamán, el padre Miranda fue de los fundadores del Partido Conservador en 1848, plataforma que lo ayudó a ingresar a la política y a ocupar algunos puestos públicos. Apoyó el regreso de Santa Anna en 1853 y formó parte de su Consejo de Estado. Al finalizar la dictadura se le desterró con lujo de violencia a Nueva Orleans. Padre Miranda 454084 (388x640)Regresó disfrazado a México y se mantuvo activo en las conspiraciones en contra del gobierno de Ignacio Comonfort. Cuando los conservadores se hicieron del poder en enero de 1858, regresó al escenario político como ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos para el gobierno de Félix María Zuloaga.

Derrotado nuevamente el Partido Conservador en diciembre de 1860, el padre Miranda cruzó el Atlántico para entrevistarse con el grupo de mexicanos que llevaban tiempo tra- bajando en Europa para la entronización de un monarca que dirigiera México..

Entre tanto, en México, el gobierno liberal de Benito Juárez decidió suspender el pago de la deuda pública debido a la bancarrota que presentaban las arcas nacionales. Esta decisión motivó que los gobiernos de Francia, Inglaterra y España celebraran una convención en Londres en la que se acordó enviar ejércitos de las tres naciones para exigir el pago de dicha deuda. Esta coyuntura fue aprovechada por el emperador francés Napoleón III, quien envió un fuerte contingente armado para tomar la capital del país e instalar la monarquía.

El gobierno que se asentó en la capital de México en junio de 1863, sostenido por las ar- mas francesas, decidió formar una comisión que viajaría hasta el castillo de Miramar, en la costa de Trieste (Italia) para ofrecer formalmente la corona mexicana a Maximiliano de Habsburgo. El padre Miranda fue uno de sus integrantes.

La carta que presentamos a continuación –publicada en el periódico La Sociedad el 18 de noviembre de 1863– fue escrita por él cuan- do se encontraba en esta misión diplomática. En ella se narran los momentos en que la comisión se presentó ante el archiduque y le ofreció la corona. El texto incluye interesantes descripciones del castillo de Miramar y de los asistentes en el acto, así como comentarios y opiniones respecto a la nobleza, los liberales y su propia vida.

El padre Miranda finalizó su carta con la esperanza de que Maximiliano de Habsburgo fuera el gobernador que México necesitaba para iniciar una etapa de reconstrucción y paz. Sin embargo, más adelante se decepcionaría por el carácter ligero del futuro emperador y de sus ideas liberales. No pudo confirmar sus sospechas porque falleció días antes de que el monarca arribara a Veracruz en mayo de 1864.

3c03402u (800x638)

Palacio de Miramar en Trieste, Italia, ca. 1880. Library of Congress, Washington, Estados Unidos.

Paquete francés – La Diputación Mexicana

He aquí la interesante carta del Sr. Dr. D. Francisco J. Miranda, que ayer ofrecimos publicar:
Parí, octubre 15 de 1863.
Mi estimado amigo: No había escrito a usted después de mi salida de esa capital, porque empleado el tiempo en viajar, y no habiendo asunto importante que comunicarle, no ha habido necesidad de tomar la pluma. Ahora lo verifico, suponiendo a usted lleno de ansiedad por saber los pormenores de nuestra misión

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

Más vale paso que dure y no trote que canse

Regina Hernández Franyuti
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Primero fue una estatua de madera y estuco inaugurada en diciembre de 1796, que alcanzaría el dorado del bronce en 1803. El Caballito tuvo sus mudanzas dentro de la ciudad, hoy espera la definitiva restauración.

Caballito Actualidad (4) (640x480)

El título de este artículo refleja muy bien los avatares de la estatua ecuestre de Carlos IV conocida popularmente como El Caballito. El refrán popular alude a que se deben tomar las cosas con calma y hacerlas bien, y no que salgan mal, como sucedió con la restauración hecha en 2013 cuando sin autorización del INAH se intervino el monumento para su limpieza. Desgraciadamente se aplicó un método que por agresivo ha caído en desuso, y el cual consistió en aplicar ácido nítrico al 30% afectando el bronce y la pátina de la escultura. Caballito aAi??o 1911 (492x800) (376x640)

El 20 de septiembre de 2013, el INAH suspendió la restauración. Fue un trote rápido, alocado, que no correspondía al paso lento en la historia de la escultura, que hoy en día espera pacientemente su destino.

Desde que el virrey Miguel de la Grúa Talamanca (1794-1798), marqués de Branciforte, propuso al rey Carlos IV erigirle una estatua con el único fin de congraciarse por su mala reputación su paso fue al trote, pues en menos de cuatro meses, el 15 de marzo de 1796, el rey contestó aprobando la obra.

Sin embargo, la realización del proyecto tuvo un paso lento, pero seguro, a cargo del director de Escultura de la Academia de San Carlos, Manuel Tolsá, quien propuso hacer una estatua ecuestre como la del emperador romano Marco Aurelio; la magnitud de la obra tendría un costo de 18 700 pesos cantidad que sería pagada por el mismo virrey. Una vez que el rey aceptó la propuesta, el virrey nombró a Tolsá coordinador de la monumental escultura y a Juan Antonio González Velázquez director de la Real Academia de San Carlos para que se encargara de la remodelación de la plaza.

Al trote, para obtener los recursos, el virrey organizó una serie de corridas de toros y de aportaciones que le permitieron reunir una mayor cantidad de la presupuestada en el proyecto. Así, el 18 de julio de 1796 inauguró, con bombos y platillos, el pedestal donde se colocaría la estatua, pero debido a que reunir los más de 500 quintales de bronce no era una tarea fácil, se construyó una estatua provisional hecha de madera, estuco y placas doradas que ante el regocijo popular, las salvas de artillería y el repique de campanas fue colocada el 9 de diciembre.

Caballito aAi??o 1860 (640x375)

Al paso, la obtención del metal fue muy lenta, tanto que el virrey no pudo ver concluida la escultura ya que fue retirado del cargo en 1798. Cuatro años después Tolsá, tomando como modelo un caballo percherón llamado Tambor, propiedad del marqués del Jaral y Berrio, terminó el molde. El 2 de agosto de 1802 en las huertas del colegio de San Gregorio se inició el fundido del metal en dos hornos con grandes crisoles cada uno; dos días después se hizo el vaciado y, ¡por fin!, el día 9 pudo retirarse el molde y quedó a la vista una espléndida escultura. Durante más de un año trabajó Tolsá en cortar, limar, cincelar, pulir y alcanzar la pátina deseada. El resultado fue una escultura de bronce que medía 4.88 metros de alto, 1.78 metro de ancho, 5.40 metros de largo con un peso de aproximadamente seis toneladas. Se necesitó un carro con ruedas de bronce y cuatro días para trasladarla al pedestal de la plaza. El 9 de diciembre de 1803 el virrey José de Iturrigaray inauguró la estatua y dio paso a los tres días de festejo.

Caballito aAi??o 1940, Bucareli (640x425)

Cuando aún se  escuchaba el  clamor independentista se propuso que la escultura, a pesar de su valor estético, fuera fundida para construir cañones y monedas, más necesarios que la imagen de un rey desconocido. Sin embargo, privó la cordura y la estatua fue llevada en 1823 al claustro de la Pontificia y Nacional Universidad de México. Allí estaría más de 29 años cuando, en 1852, se decidió trasladarla al poniente de la ciudad, en el sitio, cruce de la avenida Bucareli y el camino a Chapultepec, que marcaba el inicio del proceso de expansión de la ciudad. . Caballito Actualidad (2) (640x428)Lorenzo de la Hidalga fue el encargado de programar y hacer el traslado, que duró 21 días. El 24 de septiembre quedó instalada y allí permanecería hasta que el 27 de mayo de 1979 fue nuevamente trasladada a la remodelada plaza, llamada Manuel Tolsá, ubicada entre el Palacio de Comunicaciones y el Palacio de Minería.

Hoy, la magnífica escultura se encuentra cubierta, en espera de que sanen sus heridas. Esperamos que para la restauración, como en la historia de El Caballito, más vale paso que dure y no trote que canse.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

A la sombra de la luna

Susana Biro
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Seis años de trabajo le tomó a un grupo de científicos bajo la dirección de Joaquín Gallo, preparar una minuciosa expedición para observar desde dos puntos del norte mexicano el eclipse solar de 1923 que sólo duraría tres minutos y medio.

Campamento Americano en Durango 1 (800x606)

Campamento estadunidense en Durango durante el eclipse de Yerbanís, septiembre de 1923. Instituto de Astronomía, UNAM.

A las 13 horas con 35 minutos del 10 de septiembre de 1923, la luna le dio la primera mordida al sol y comenzó un eclipse que solamente fue visible en el norte de México. Durante la siguiente hora, astrónomos mexicanos y extranjeros, el presidente Álvaro Obregón con algunos funcionarios y miles de excursionistas siguieron a la sombra de la luna conforme iba tapando el disco del sol. La totalidad –cuando se pueden hacer las observaciones astronómicas importantes– duró un poco más de tres minutos, pero la preparación para este evento tomó varios años.

201565Una expedición científica implica una gran cantidad de trabajo y preparación, y en el caso del eclipse del 10 de septiembre de 1923 esto comenzó seis años antes. El impulsor fue Joaquín Gallo, entonces director del Observatorio Astronómico Nacional, quien entendió que se trataba de una gran oportunidad para mostrar a México y al mundo lo que el Observatorio podía hacer. Consiguió un apoyo económico extraordinario, organizó las expediciones mexicanas y respaldó a una docena de grupos de científicos extranjeros para instalar campamentos de observación en el norte del país.

Difundió la información de interés para el público general como la ubicación y las horas de visibilidad del espectáculo, las maneras recomendables de hacer la observación, así como una explicación científica de los eclipses en general.

Eclipse total  de sol fotografiado por J.Gallo, YerbanAi??s, Durango, 1923 (647x800)Los cálculos de la franja del territorio mexicano por la que pasaría el eclipse y la hora precisa en varias localidades importantes se hicieron en el Observatorio desde 1918. Con esta información en mano, Gallo convocó a la Sociedad Científica Antonio Alzate –la más importante en su momento– para pedir que se hiciera un registro del clima en esa región en el mes de septiembre. Para ello se usó la red de observatorios meteorológicos existentes, y además invitó a maestros rurales y funcionarios locales para que registraran la cantidad de nubes hacia mediodía en septiembre cada año.

Al mismo tiempo, con ayuda de los ingenieros geógrafos de la Secretaría de Fomento, se hizo un mapa de la república con las principales poblaciones y las vías de transporte, principalmente redes ferroviarias, sobre el cual se trazó la franja sobre la que pasaría la sombra de la luna y en la cual se podría observar el eclipse total. Este mapa se utilizó para difundir el su- ceso venidero entre especialistas y aficionados en México. Además, Gallo escribió un breve artículo en inglés que publicó en una revista estadunidense y, a partir de entonces, tuvo mucho contacto con astrónomos en todo el mundo que escribían pidiendo informes acerca de localidades, transporte y otros aspectos prácticos.

La comunidad internacional de astrónomos interesados en observar este eclipse lo invitó a formar parte de la comisión sobre eclipses de la Sociedad Estadunidense de Astronomía. En los años que siguieron, discutieron la importancia del fenómeno, las preguntas relevantes, los instrumentos necesarios y los métodos para hacer las mejores observaciones.

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS:

http://revistabicentenario.com.mx/wp-content/uploads/2014/11/Anastasio-Saravia.pdf

http://revistabicentenario.com.mx/wp-content/uploads/2014/11/Joaqu%C3%ADn-Gallo.pdf

Las caras del dinero villista

Alfonso Milán
UAM-A

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Entre 1913 y 1915 Francisco Villa ordenó la creación y circulación de monedas y billetes para hacer frente a los padecimientos económicos de su gobierno en Chihuahua o de la lucha revolucionaria. Algunas de aquellas piezas de papel son ya una leyenda y las monedas hechas en oro, plata o cobre tienen hoy un valor superlativo para los coleccionistas.

$1 Peso Dos caritas FRENTE

Sabemos que en los tiempos de la lucha armada más de 126 autoridades estatales, municipales, regionales, civiles y militares, tanto federales como rebeldes e incluso particulares –haciendas, fábricas y comercios–, emitieron grandes cantidades de dinero para financiar sus gastos. Cada facción revolucionaria también emitía su propio dinero, algunos en metal, pero la mayoría en papel o cartón, sin ningún respaldo económico. La consecuencia era que se depreciaba pronto y mucho, además de ser rechazado entre los bandos contrarios

Durante su periodo como gobernador de Chihuahua, a finales de 1913, Francisco Villa enfrentó graves problemas financieros como la ausencia de dinero circulante, lo que hundió los mercados y trajo como consecuencia hambre entre la población más pobre del estado. Después de haber escuchado varias propuestas para subsanar esta situación, Villa respondió: Si lo que falta es dinero, pues vamos haciéndolo. Así, para hacerse de recursos, expropió bienes de los enemigos de la revolución. Los fondos obtenidos se emplearon, según sus propias palabras, para garantizar pensiones a viudas y huérfanos, defensores de la causa revolucionaria desde 1910. Los fondos se utilizaron también para crear el Banco del Estado de Chihuahua. Su capital inicial fue de 10 000 000 de pesos, garantizado por la emisión de papel moneda cuya circulación fue forzosa, sin otra garantía que la promesa de pago que había en sus leyendas. El circulante fue lanzado principalmente para reanimar al pequeño comercio del Estado, a fin de que la gente pobre pudiera adquirir víveres. Por otra parte, el dinero villista fue de mucha utilidad para reclutar gente, uniformarla, pagarle y homogeneizar el armamento, convirtiendo a la División del Norte en un ejército profesional.

$1 Peso BolitaLas monedas

La primera emisión de monedas villistas de plata y cobre se registró en el importante centro minero de Hidalgo del Parral, Chihuahua, en octubre de 1913. Se hicieron piezas de dos y 50 centavos en cobre y de un peso en plata. Las dos primeras llevan la leyenda fuerzas constitucionalistas, en alusión a la alianza todavía existente entre Villa y Carranza. De las emisiones de plata en denominación de un peso se conoce un ejemplar muy particular: el llamado peso de bolita. Muestra en el anverso, en tres renglones, la leyenda H. del Parral, dentro de media guirnalda y medio circulo de pequeños anillos. En el centro del reverso se observa y se siente al tacto una protuberancia circular sobrepuesta o bolita, la cual $1 Peso Muera Huerta (4)nadie supo con precisión cuál era su función

Se conocen otras monedas villistas con las leyendas ejército del norte y ejército constitucionalista, en su mayoría en denominaciones menores. De estas últimas existe una famosa moneda, de un peso en plata, acuñada en 1914 en Cuencamé, Durango. En el anverso se aprecia un gorro frigio, símbolo del triunfo, delante de un resplandor. En el reverso se lee un anatema que dice muera Huerta. Existe la versión no confirmada de que para troquelar esta moneda se usaron 122 barras de plata, botín de un tren asaltado por Villa en San Andrés, Chihuahua. Esta moneda es muy rara y altamente apreciada por la comunidad numismática, pero no sólo por la leyenda escrita, también por una…

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

Milagros contra la calvicie y otros enjuagues

Lillian Briseño Senosiain
Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

La publicidad jugó un papel destacado a partir de las últimas décadas del siglo XIX para alentar a los hombres y mujeres de entonces a sostener un alto umbral de belleza que consistía en recuperar la mejor cabellera, alimentar melenas envidiables, colocarse postizos para conseguir marido o aplicar tónicos con el fin de permanecer jóvenes. La vanidad se potenciaba con productos europeos o estadounidenses que atraían consumidores desde las páginas de los periódicos y las vitrinas de los comercios.

PENTAX ImageDesde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yankee o francesa,
ni más bonita, ni má traviesa
que la duquesa del duque Job.

Ágil, nerviosa, blanca, delgada,
media de seda bien estirada,
gola de encaje, corsé? de !crac!,
nariz pequeña, garbosa, cuca,
y palpitantes sobre la nuca
rizos tan rubios como el coñac.

¡Ah! Tú no has visto, cuando se peina,
sobre sus hombros de rosa reina
caer los rizos en profusión.

La breve cofia de blanco encaje
cubre sus rizos, el limpio traje
aguarda encima del canapé;
altas, lustrosas y pequeñitas
sus puntas muestran las dos botitas,
abandonadas del catre al pie.

La duquesa Job
Manuel Gutiérrez Nájera

Si en esta segunda década del siglo XXI hojeamos las revistas y periódicos o vemos la televisión, podemos encontrar cientos –por no decir miles– de artículos que parecen ayudarnos a vivir en mejores condiciones: más sanos, con mejor cuerpo, atléticos, con una melena envidiable, vigorosos, un cutis impecable, sin manchas en la piel ni verrugas, celulitis, arrugas, hemorroides… y así podríamos seguir en una lista casi interminable de productos, algunos de los cuales parecen ser, por decir lo menos, milagrosos.

PENTAX Image

La profusión de la publicidad en los medios actuales no es, sin embargo, una novedad cuyos derechos de autor debamos otorgar a la mercadotecnia moderna, a la facilidad de las comunicaciones, a la producción en serie o a la globalización en la que vivimos inmersos y que parece ser responsable de todo lo que nos sucede. No, al menos, si nos atenemos a los también muy numerosos anuncios que aparecieron en los diarios mexicanos de hace más de un siglo, en los cuales, curiosamente, se ofrecían casi los mismos artículos que ahora, o una variante más sencilla de los mismos, pero cuyo objetivo era idéntico al que vemos hoy anunciado en los diferentes medios: incrementar el consumo de los productos a partir de prometer un efecto mágico para quienes lo adquieran y usen.

Y aunque seguramente el término mercadólogo no existía hace más de 100 años, los comerciantes se dieron cuenta, de manera temprana, que la vanidad de las mujeres y los hombres era un buen negocio. Tanto que en las últimas décadas del siglo XIX incluyeron en las publicaciones periódicas diversos anuncios que daban cuenta de esos productos maravillosos que podrían mejorar sustancialmente su imagen.

PENTAX Image

Resulta apasionante echarse un clavado en las inserciones comerciales de entonces y constatar que, al menos por lo que estas re- flejan, había una verdadera preocupación por la salud y apariencia de las personas.

Para el caso de las damas, podemos encontrar que hace un siglo se publicitaban cientos de productos útiles para contrarrestar los efectos de la edad, como las canas, las arrugas, los senos caídos y la pérdida de la dentadura, o bien accesorios como corsés, zapatos, abanicos o sombrillas que mejoraban también su imagen; lo mismo podemos decir de otros tantos artículos para los varones como fistoles, mancuernas, relojes, rastrillos o sombreros..

Veamos aquí ejemplos de los diversos intentos que se hicieron por hacer que ambos sexos lucieran en el pasado unas melenas envidiables. Podemos adelantar que a decir de la recurrencia de los anuncios relacionados con la coiffure, parece ser que nuestras bisabuelas tenían muy mal cabello, pues abundan los que ofrecían todo tipo de productos para contrarrestar los estragos del tiempo y la edad.

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.