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El sonado caso del ministro Joannini. Suicidio, polAi??tica y juego en la ciudad de MAi??xico, 1879-1882

Fausta GantA?sAi?? /Ai?? Instituto Mora

Revista BiCentenario # 18

Escena inicial
El sonido de un balazo atravesA? el aire. Eran las diez y media de la maAi??ana del 20 de marzo de 1882. El cuerpo de Luis Joannini Ceva, conde de San Miguel, ministro plenipotenciario de Italia en MAi??xico, yacAi??a tendido en el piso de su estudio en medio de una gran mancha de sangre que fluAi??a desde el orificio abierto en la sien derecha provocado por una bala que acababa de dispararse con la pistola que un poco antes comprA? en una armerAi??a de la ciudad.

Suicidio

Ai??doudard Manet, “El suicidio” (1877)

Arribo, presentaciA?n y Ai??xito social
El baile de mA?scaras habAi??a sido un Ai??xito rotundo. El ministro italiano y su esposa realmente se esmeraron en hacer de esa la recepciA?n mA?s elegante e importante del aAi??o, tanto asAi?? que el esplendor de la fiesta alumbrarAi??a aA?n por mucho tiempo a la sociedad mexicana y varios aAi??os mA?s tarde seguirAi??a siendo recordada en los anales de la prensa, como en los ai???Ecos dominicalesai???, de La Patria Ilustrada, en su ediciA?n del 15 de febrero de 1886.

Aunque lo cierto es que en su momento el baile de fantasAi??a no habAi??a dejado satisfechos a todos por igual, y habAi??a quien, como en el caso de Juvenal, sobrenombre de Enrique ChavA?rri, el famoso escritor de El Monitor Republicano, opinaba en su secciA?n del 22 de agosto de 1880 que el evento no satisfizo las expectativas que habAi??a generado. Aseguraba que no fue tan fastuoso como se esperaba, que el hecho de la proximidad de otro acontecimiento parecido ocasionA? que los trajes no fueran tan notables aunque, Ai??l mismo aclaraba, sAi?? fueron de buen gusto y ai???dignos de mencionarseai???. Otros, en cambio, consideraron que fue una fiesta concurrida, llena de buen gusto y elegancia y dejA? ai???gratAi??simos recuerdos y el deseo de que se repitieraai???, como anotaban los redactores de El Siglo Diecinueve unos dAi??as antes, el 16 de agosto. Lo cierto es que esa noche, la del sA?bado 14 de agosto, los anfitriones se esmeraron en atender a sus invitados, entre quienes se hallaba lo mA?s granado del mundo de la polAi??tica, asAi?? como lo mejor de la sociedad capitalina.

Ignacio Mariscal

Ignacio Mariscal

Al terminar la celebraciA?n el conde debiA? estar muy contento. La ciudad de MAi??xico era una promesa de futuros Ai??xitos, como el de la noche que reciAi??n concluAi??a. Es probable que entonces recordara el banquete diplomA?tico celebrado en Palacio Nacional unos meses atrA?s, en enero de ese mismo aAi??o de 1880, con el cual habAi??an sido obsequiados por las autoridades mexicanas los cA?nsules de BAi??lgica, Guatemala y Ai??l mismo en su carA?cter de ministro plenipotenciario del reino de Italia, y en el que conviviera con muchos de sus pares, como los de Estados Unidos, Alemania, EspaAi??a y BAi??lgica, entre varios otros. Por supuesto, ahAi?? departiA? tambiAi??n con los secretarios de estado, Eduardo Pankhurst, de GobernaciA?n, Ignacio Mariscal, de Relaciones, y Carlos Pacheco, de Guerra; estaban tambiAi??n Ignacio Vallarta, presidente de la Suprema Corte de Justicia, asAi?? como algunos gobernadores, entre ellos el del Distrito Federal, Luis Curiel. Casi todos los periA?dicos dieron cuenta de la recepciA?n diplomA?tica, durante el mes de enero, en los dAi??as posteriores al evento.

Desde su llegada a MAi??xico el conde Joannini tuvo una apretada agenda que incluAi??a la asistencia a diversos eventos sociales, entre ellos el banquete que la colonia italiana preparA? en su honor los primeros dAi??as del aAi??o de 1880 o su participaciA?n en el programa organizado por la Sociedad

Allard, al que se integrA? en la presentaciA?n pA?blica mostrando sus dotes artAi??sticas al piano; con los miembros de esa misma sociedad tambiAi??n se ocupA? de ofrecer varios conciertos en su propio domicilio. Sus aptitudes musicales pronto hicieron que fuera considerado como ai???un consumado diletantteai???, que se le apreciara como ai???un mA?sico de primer ordenai??? y fuera tenido por un notable crAi??tico musical; ademA?s de que se distinguAi??a tambiAi??n por sus cualidades como conversador. Al parecer Joannini era bien apreciado entre sus colegas del mundo de la polAi??tica tanto como por varios periodistas, como Filomeno Mata, el famoso director de El Diario del Hogar, quienes le tenAi??an cordiales deferencias.

El desenlace: un suicidio

ai???AdiA?s MarAi??a, adiA?s hijos mAi??os, perdonadme y olvidadmeai??? fueron las A?ltimas palabras que el destituido ministro escribiA? en su nota suicida para despedirse de su familia. Tras conocerse la funesta noticia, estuvieron al lado de la condesa las seAi??oras de Mariscal, cA?nyuge del ministro de Relaciones, y de Morgan, esposa esta A?ltima del embajador de Estados Unidos, Philip H. Morgan, prestA?ndole consuelo y apoyo. ai???El cortejo fA?nebre fue imponenteai???, relataba un diario, en tanto otro seAi??alaba la generosidad de las autoridades mexicanas que habAi??an asumido los gatos de la inhumaciA?n. Asistieron al velorio importantes funcionarios del gobierno mexicano, como Ignacio Mariscal, de las delegaciones extranjeras y un nutrido contingente de miembros de la colonia italiana quienes se volcaron a ofrecerle el A?ltimo adiA?s al infortunado conde.

J. G. Posada, "Corrido de la muerte de Manuel GonzA?lez", detalle (1893)

J. G. Posada, “Corrido de la muerte de Manuel GonzA?lez”, detalle (1893)

Por aquellos dAi??as en los que la atenciA?n estaba puesta en el suicidio de Joannini algunos periA?dicos registraron en una pequeAi??a nota de gacetilla, de apenas tres lAi??neas, el suicidio de un gendarme que se dio muerte en el callejA?n de Camarones ignorA?ndose los detalles del caso, como lo hizo El Nacional el 21 marzo. A diferencia de la muerte del conde, la del gendarme no causA? conmociA?n ni ocupA? las primeras pA?ginas de diario alguno. Evidentemente ocurrAi??a asAi?? porque el tema del suicidio no era una novedad y el gendarme un simple desconocido.

El suicidio era un asunto que preocupaba desde hacAi??a mucho y las noticias locales y muchas internacionales daban cuenta de ello. Por ejemplo, entre marzo de 1879 y marzo de 1882 un solo periA?dico de la capital informA? de al menos 18 casos, uno de un comerciante extranjero. Constantemente la prensa consignaba noticias sobre muertos encontrados en la capital y en otros estados de la RepA?blica, ultimados a tiro de pistola, por consumo de venenos (como la estricnina), a puAi??aladas, arrojA?ndose a las acequias, tirA?ndose al vacAi??o desde la ventana de un hotel o desde alguna de las torres de la catedral, echA?ndose a las vAi??as del tren; algunos se consumaban con Ai??xito, otros resultaban fallidos; quienes lo acometAi??an eran los mismo de origen nacional que extranjeros que residAi??an en el paAi??s o estaban de paso por alguna circunstancia.

Respecto al nivel socio-econA?mico, segA?n notas de los diarios provenAi??an de los estratos mA?s diversos, desde gente de los sectores populares (como sirvientes, obreros o soldados) hasta miembros de familias distinguidas o importantes integrantes del mundo de la polAi??tica. Las motivaciones para quitarse la vida eran muchas, se suicidaban por culpa de la pobreza, de la deshonra, de la miseria, de los celos, del abandono, de los amores no correspondidos, por malversaciA?n deAi??fondos, por enajenaciA?n mental y hasta por causa de la leva. Si los suicidas acometen el acto fatal por un egoAi??smo extremo o por una cobardAi??a insuperable, resulta difAi??cil, casi imposible de determinar. Pero sus deudos han de cargar con el pesar de la incertidumbre por el resto de sus vidas, eso es un hecho sobre el que se tiene mayor certeza.

El tema de los suicidios era una preocupaciA?n que habAi??a empezado a cobrar relevancia un par de dAi??cadas atrA?s, en la dAi??cada de 1860. Muchos intelectuales, cientAi??ficos y polAi??ticos se ocupaban del asunto en diversos escritos en los que se trataba de explicar, entender y detener la proliferaciA?n de esa prA?ctica, asociada con el A?mbito citadino y considerada por algunos una consecuencia negativa de la modernidad. La ley no estuvo ajena a las disertaciones, emisiA?n de disposiciones, e intento de regularlo, aunque el suicidio habAi??a perdido su carA?cter delictivo en el CA?digo Penal del Distrito Federal de 1871 y en tAi??rminos legales sA?lo era considerado ya como una ofensa para el propio suicida.

TambiAi??n los periA?dicos se sumaron al esfuerzo de exponer las razones que podAi??an provocar los actos suicidas y llamaban reiteradamente a la necesidad de ponerles freno mediante diversas estrategias, incluida la propuesta de suprimir publicidad a tales actos dejando para ello de consignarlos en sus pA?ginas, lo que, sin embargo, no sucediA?. El Tiempo, un periA?dico independiente en su posiciA?n polAi??tica pero francamente catA?lico en lo religioso, apuntaba en julio de 1877 que ai???el suicidio es una muerte furtiva y vergonzosa, es un robo que se hace al gAi??nero humanoai???. Por su parte, en el contexto del suicidio de Joannini, los redactores de El Diario del Hogar, reconocidos liberales, anotaban el 26 de marzo: ai???El misterio pavoroso del suicidio preocupa hondamente y sea que se compadezca o se acrimine al suicida, el corazA?n se conmueve siempre al dar su fallo [ai??i??] el suicida es digno de lA?stima porque para nosotros obra siempre en virtud de un arrebato de demenciaai???. Estas notas ilustran de manera notable dos de las posiciones mA?s importantes que imperaban en la Ai??poca, pues si bien ambas consideraban al suicidio un acto terrible, unos optaban por el franco repudio y la condena por cuestiones morales en tanto los otros, mA?s en la sintonAi??a del discurso cientAi??fico, intentaban comprender las motivaciones que conducAi??an a un hombre a optar por esa acciA?n radical.

Rumores

Las malas lenguas murmuraban que ante la deshonra que amenazaba con hacer presa de su casa y su apellido, Joannini no tuvo mA?s opciA?n que la de poner fin a sus dAi??as. Las voces maledicentes decAi??an por lo bajo que el juego habAi??a sido su perdiciA?n. Personas menos malevolentes solo apuntaban que su suicidio se debAi??a al ai???desastre financiero privadoai???. Algunas que lo apreciaban poco se encargaron de hacer saber que la verdadera razA?n era que habAi??a sido destituido de su cargo por el gobierno italiano y sintiAi??ndose afrentado por tal decisiA?n habAi??a apretado el gatillo. Pocos, los mA?s benevolentes, dirAi??an que se habAi??a matado presa de la mA?s profunda tristeza porque no fue capaz de superar la muerte del mA?s pequeAi??o de sus hijos, ocurrida meses atrA?s. Otros mA?s intentaron negar el suceso y para ello lanzaron la hipA?tesis de que lo ocurrido habAi??a sido en realidad un triste y trA?gico accidente sucedido mientras el conde examinaba su arma.

Por su parte, en un primer momento, el gobierno y parte de la prensa italiana se darAi??an a laAi??tarea de desmentir tales versiones y fortalecer la idea de que la desgracia fue consecuencia de su falta de planeaciA?n econA?mica. Sin embargo, un par de meses mA?s adelante, en Roma circularAi??a un extenso artAi??culo, mismo que serAi??a traducido y reproducido en MAi??xico en junio por El Siglo Diecinueve, en el que se seAi??alaba que ai???El conde Joannini no era rico, pero sus costumbres fueron siempre algo dispendiosas. Aquellas costumbres al fin y al cabo lo condujeron a la catA?strofe deplorabilAi??sima [sic] que se efectuA? en MAi??xicoai???. En esas pA?ginas tambiAi??n se reconocAi??a que el gobierno italiano puso en receso al conde sin haberlo prevenido y se admitAi??a que ai???el gobierno habrAi??a debido llamarlo primeramente, y despuAi??s tomar las providencias que hubiese creAi??do mA?s conformes con sus propios intereses, sin demasiado perjuicio para Joanniniai???. SegA?n este relato, al ministro se le anunciA? sorpresivamente la decisiA?n del rey de retirarlo de su encargo ai???con una pensiA?n proporcional a su sueldo de 5,500 librasai???. Sin embargo, ningA?n periA?dico explicaba por quAi?? el conde habAi??a sido de pronto notificado de su destituciA?n, cuA?les eran los verdaderos motivos que llevaron al gobierno italiano a tomar la decisiA?n y a proceder de manera poco ortodoxa, nadie se preguntA? ni aclarA? si habAi??a alguna razA?n de orden polAi??tico que hubiera afectado las relaciones entre ambos paAi??ses o si el ministro habAi??a cometido algA?n error tA?ctico en el desempeAi??o de sus funciones. A?Por quAi?? habAi??a sido destituido Joannini, un hombre de tan sA?lo 47 aAi??os de edad de los cuales 26 los habAi??a dedicado a servir a su paAi??s en la carrera diplomA?tica?

La versiA?n de la destituciA?n se reprodujo en varios periA?dicos y era evidente que para el conde esa noticia implicaba una humillaciA?n y la deshonra. Algunos afirmaban que tras abrir la carta con los sellos del ministerio de Negocios Extranjeros del gobierno de Italia y enterarse de que habAi??a sido retirado del cargo y un nuevo ministro habAi??a sido designado para sustituirle fue presa de la desesperaciA?n y no pudiendo lidiar con tal estigma adquiriA? un arma, escribiA? un par de lAi??neas para su esposa y sus hijos y se pegA? un tiro.

A?Y el asunto del juego?

Pocos, casi ninguno de los periA?dicos mencionaron o aludieron al escabroso tema del juego y el papel central que pudo haber tenido en la muerte de Joannini. SA?lo El Correo del Lunes, un impreso cuyo director, Adolfo Carrillo, no era muy bien visto por cierto sector de la propia prensa, pues se asumAi??a que tenAi??a vAi??nculos con el gobernador del Distrito, por entonces RamA?n FernA?ndez, a cuyos intereses servAi??a desde las pA?ginas de su publicaciA?n, dio cuenta de una carta firmada sA?lo con las iniciales F.P.T., en la que se denunciaban las posibles ai???causas que motivaron el lamentable suicidio del Ministro de Italia en MAi??xicoai???.

Paul Cezanne, "Jugadores de Cartas" (1893)

Paul Cezanne, “Jugadores de Cartas” (1893)

En efecto, el 27 de marzo de 1882, El Correo del Lunes reprodujo la historia que narraba una persona que declaraba haber trabajado como tallador en una casa de juego, cuyos datos precisos omitAi??a, y de donde habAi??a sido despedido apenas unos dAi??as atrA?s sin que conociera los motivos, aunque, sospechaba que el mismo estaba relacionado con la trA?gica muerte de ministro italiano.

El anA?nimo autor referAi??a como el embajador era un asiduo visitante de ese lugar, al que acudAi??a varias veces por semana, ganando unas veces y perdiendo otras; daba cuenta de que Joannini habAi??a dejado de asistir por espacio de un mes pero que en los dAi??as prA?ximos al trA?gico suceso habAi??a regresado y la noche del viernes anterior a su suicidio ai???jugA? desde las siete hasta las doce de la noche, perdiendo, segA?n yo observAi??, tres mil pesosai???. PidiA? un crAi??dito de mil pesos a la casa, que despuAi??s de concedido tambiAi??n perdiA? con ai???lama barajaai???, lo que significaba que habAi??a sido vAi??ctima de las ai???fullerAi??as y pilladasai???, de las trampas con la que en esos sitios se esquilmaba a los clientes. Asimismo, apuntaba que el ministro se retirA? del lugar comprometiAi??ndose a pagar su deuda el domingo siguiente. Para recoger los mil pesos, los dueAi??os del lugar comisionaron al denunciante, quien pasA? al domicilio del conde, puntualmente. HabiAi??ndose presentado, narraba que el diplomA?tico lo recibiA? ai???muy agitado y estru[jando] en aquellos momentos una cartaai???, pero que le entregA? la suma acordada expresA?ndole: ai???Diga vd. al Sr. *** que esto es lo A?nico que me queda. Me agrada saldar mis cuentas y no quiero que en MAi??xico se murmure contra mAi??ai???.

Cierta o falsa la versiA?n que el periA?dico reproducAi??a, tocaba un tema por demA?s A?lgido y conflictivo en la historia del gobierno del Distrito Federal: el relativo a la existencia de casas de juego que funcionaban en la clandestinidad bajo el amparo solapado de las autoridades. Los reclamos, las crAi??ticas, las exigencias de buena parte de la prensa a quienes detentaban los mandos en el municipio de MAi??xico, en el gobierno del Distrito Federal, en el ministerio de Justicia y, en ocasiones, al mismo presidente para que pusieran freno a su existencia fueron una constante que venAi??a de varios aAi??os atrA?s, continuaron en la administraciA?n de Manuel GonzA?lez y siguieron durante buena parte del periodo porfiriano sin obtener resultados favorables. Las denuncias sobre lo pernicioso que resultaban esos centros de vicio para la sociedad capitalina, los casos expuestos por los impresos en los que se daba cuenta de cA?mo el juego arruinaba a las personas y destruAi??a a las familias llenaron incontables pA?ginas. Sin embargo, al parecer, en opiniA?n de los representantes de la prensa, poco se hizo desde las altas esferas del poder para ponerle freno, al contrario Ai??pocas hubo en las que proliferaron descaradamente pues del contubernio entre los propietarios y las autoridades sacaban provecho y se enriquecAi??an unos y otros.

EpAi??logo

La polAi??tica, el juego y el suicidio se entretejen en la historia del breve paso y trA?gica muerte del ministro plenipotenciario de Italia en MAi??xico, que iniciA? en diciembre de 1879 cuando presentA? sus credenciales al presidente de la RepA?blica y concluyA? el 20 de marzo de 1882 cuando con una detonaciA?n de pistola puso fin a su existencia. Las leyes y disposiciones oficiales que a lo largo de todo el siglo XIX reiteradamente prohibAi??an la existencia de casas de juegos de azar no fueronAi??suficientes para evitar la presencia de varias que operaban en la clandestinidad. El supuesto contubernio de las autoridades polAi??ticas con los propietarios de esos centros fue una denuncia reiterada por la prensa aunque no comprobada. Lo que es cierto, al parecer, es que esos negocios operaron de manera habitual sin que nadie los clausurara.

Alexandre Benois, "En la casa de juego" (1910)

Alexandre Benois, “En la casa de juego” (1910)

El caso Joannini pone de manifiesto las consecuencias mA?s dramA?ticas a las que el vicio del juego podAi??a arrastrar a sus vAi??ctimas y muestra tambiAi??n que pobres y ricos, artesanos y ministros, plebeyos y aristA?cratas podAi??an, por igual, caer en la trampa que constituAi??an las apuestas y recurrir al suicidio como vAi??a de escape. Si Joannini corrompiA? su desempeAi??o oficial por causa de su inclinaciA?n al juego no es algo de lo que se tenga noticia pero alguna sospecha despierta el hecho de que El Foro diera cuenta, tan sA?lo un mes despuAi??s del triste suceso, de que habAi??a llegado a la aduana un paquete solicitado por el ministro de Italia, que por su contenido importaba el pago de mA?s de seis mil pesos de aranceles, siendo que una vez instalado un embajador la ley sA?lo le permitAi??a importar un mA?ximo de tres mil pesos. EnAi??atenciA?n a la viuda, el presidente Manuel GonzA?lez, aprobando la opiniA?n de Ignacio Mariscal y de JesA?s Fuentes MuAi??iz, concediA? que le fuera entregado el mismo sin cobrA?rsele los impuestos correspondientes. Sin embargo, la seAi??ora Joannini, agradecida, rechazA? la dispensa alegando que ai???los efectos no habAi??an sido pedidos por su esposoai??? y que no podAi??a aceptar las mercancAi??as para no ai???comprometerai??? la memoria de su difunto marido y devolviA? los bultos sin abrirlos.

A?QuAi?? contenAi??an esos paquetes? Imposible saberlo. A?Los habAi??a solicitado el ministro a pesar de negarlo su viuda? Todo parece indicar que sA?lo Ai??l pudo hacerlo. A?Para quAi?? fin? Si bien no podemos afirmarlo con certeza porque no contamos con fuentes para ello, si podemos suponer que el conde, orillado por su crAi??tica situaciA?n econA?mica provocada por las pAi??rdidas en el juego, probablemente se habAi??a enredado en acciones fraudulentas aprovechA?ndose de su cargo diplomA?tico y que, descubierto por las autoridades italianas, procedieron a retirarle su autoridad antes de que sus acciones empaAi??aran la reputaciA?n del gobierno que representaba.

Finalmente, si bien el suyo no es el A?nico caso de figuras sobresalientes del espacio pA?blico que optaron por matarse, pues ahAi?? estA? antes el conocido caso del poeta romA?ntico Manuel AcuAi??a, sin embargo la muerte de Joannini constituye una interesante pista para tratar de entender los razones que podAi??an conducir a un individuo a optar por el suicidio, asAi?? como observar las variadas posiciones desatadas en su entorno como reacciA?n a tal acto, mismas que iban desde el rechazo y el repudio hasta las actitudes comprensivas y solidarias. Ante la amenaza de la deshonra y el deshonor, imposibilitado para reparar sus equAi??vocos, atrapado en los valores culturales y sociales de la Ai??poca, el conde sA?lo tuvo un camino para resarcir sus errores, evadir la afrenta pA?blica, salvar el nombre de su familia y escapar al castigo de la justicia y de las leyes, aunque no al rumor y la maledicencia: el suicidio.

PARA SABER MA?S:

  • Alberto del Castillo, ai???Notas sobre la moral dominante a finales del siglo XIX en la ciudad de MAi??xico. Las mujeres suicidas como protagonistas de la nota rojaai???, en Claudia Agostoni y Elisa Speckman (eds.), Modernidad, tradiciA?n y alteridad. La Ciudad de MAi??xico en el cambio del siglo(XIX-XX), MAi??xico, UNAM, 2001, pp. 319-338.
  • Miguel A?ngel Isais Contreras, ai???Suicidio y opiniA?n pA?blica en la Guadalajara de fines del siglo XIX: representaciones y censurasai???, en Jorge Alberto Trujillo, Federico de la Torre, AgustAi??n HernA?ndez y MarAi??a Estela Guevara (eds.), Anuario 2005, MAi??xico, Universidad de Guadalajara / Centro Universitario de los Altos-Seminario de estudios regionales, 2007, pp. 107-133.
  • Vicente Morales, Gerardo, Historia de un jugador(1874), en http://www.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=368:gerardo-historia-de-un-jugador-1874&catid=93:la-matraca
  • Semo, IlA?n, (coord.), La Rueda del Azar. Juego y jugadoresen la historia de MAi??xico, MAi??xico, 2000.

Recordar para comprender: Gilberto Bosques SaldAi??var. Testimonio de un defensor de los derechos humanos (1892-1995)

El testimonio de Gilberto Bosques SaldAi??var que, presentamos a continuaciA?n, constituye una muestra de las posibilidades de la diplomacia mexicana para la defensa de los derechos humanos y la salvaguarda de la paz internacional.Ai??

Bosques merece una pA?gina en la historia, entre otras cosas, por sus valerosas acciones como cA?nsul general de MAi??xico en ParAi??s (1938-1943) y, en particular, por cumplir la palabra del presidente LA?zaro CA?rdenas (1934-1940) de auxiliar a los refugiados de la guerra civil espaAi??ola, en lo que tuvo un papel notable y es mA?s conocido (1936-1939). Los desplazados emigraron de su tierra a causa de sus ideas polAi??ticas y sociales, contrarias a la dictadura de Francisco Franco, protagonista de la embestida fascista que derribA? la Segunda RepA?blica EspaAi??ola, elegida democrA?ticamente en 1931.Ai??

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Pero los actos del diplomA?tico mexicano van mA?s allA? de su interpretaciA?n Ai??tica y moral del derecho internacional y la defensa de la libertad. Gilberto Bosques destaca tambiAi??n, de manera sobresaliente, por su voluntad de asistir a los judAi??os perseguidos durante la segunda guerra mundial, cuando la Alemania del III Reich, por razones raciales, retirA? a estas personas su nacionalidad, les limitA? sus opciones de ingreso a otros paAi??ses ya fuera como inmigrantes, refugiados o asilados polAi??ticos. Las vAi??ctimas perdieron un estado que representara sus intereses y respaldara hasta el final su solicitud de asilo. EstaAi??situaciA?n los convirtiA? en individuos no repatriables. Frente a esta anomia jurAi??dica, los tratados y las convenciones internacionales quedaron cortos en cuanto a la defensa de los derechos ciudadanos y humanos.Ai??

El Ai??xodo judAi??o, de acuerdo con la historiadora Daniela Gleizer, planteA? un problema nuevo a la polAi??tica inmigratoria mexicana porque, en esos aAi??os, no contemplaba dentro de su legislaciA?n la figura del refugio, vigente en Europa y entendida como una prA?ctica humanitaria y colectiva; incorporada en nuestra Ley General de PoblaciA?n hasta 1990, es diferente de la instituciA?n del asilo, extinta en el Viejo Continente pero propia del derecho interamericano desde 1823 y definida, por acuerdo de LA?zaro CA?rdenas, con un carA?cter polAi??tico e individual el 1A? de diciembre de 1936. El vacAi??o legal antes descrito, segA?n la especialista, propiciA? la aplicaciA?n de prA?cticas discrecionales que dependieron de las circunstancias polAi??tico-econA?micas, nacionales e internacionales del momento, e incluso de reservas ideolA?gicas de sesgo antisemita que, en muchas ocasiones, prevalecieron sobre cualquier razonamiento pragmA?tico o legal. De hecho, MAi??xico acogiA? desde 1937 hasta 1948 a 22,123 refugiados espaAi??oles, mientras que durante el periodo nazi (1933-1945) los especialistas estiman que sA?lo recibiA? un promedio de entre 1,850 y 2,250 refugiados judAi??os. La comparaciA?n evidencia que el nA?mero de estos refugiados, admitidos en tierras nacionales a lo largo del periodo cardenista y avilacamachista fue muy reducido.Ai??

En ese ambiente bAi??lico y de incertidumbre normativa, Gilberto Bosques ejerciA? facultades extraordinarias para otorgar el asilo a las personas que los estados totalitarios europeos amenazaban expulsar por causas polAi??ticas o raciales. AceptA? el riesgo a sabiendas de que al violar las disposiciones de MAi??xico y las naciones en conflicto, sus actos serAi??an duramente sancionados. No obstante, Ai??l siempre creyA? que las razones humanitarias y el derecho de gentes anteceden a cualquier impedimento legal.Ai??

El 1A? de septiembre de 1938, el poblano Gilberto Bosques, maestro, polAi??tico y periodista, ocupA? el cargo de cA?nsul general de MAi??xico en ParAi??s. El presidente LA?zaro CA?rdenas le encomendA? la misiA?n especAi??fica de procurar el asilo a los republicanos espaAi??oles que a partir de enero de 1939 se habAi??an refugiado en esa naciA?n mientras lograban salir a nuestro paAi??s para establecerse de forma temporal o definitiva. El mandato era difAi??cil de instrumentar porque el gobierno galo no recibiA? a los republicanos espaAi??oles como amigos. Por el contrario, los internA? en campos de concentraciA?n porque desconocAi??a el derecho de asilo, ademA?s de discrepar de las ideas izquierdistas de los exiliados y por considerarlos una carga econA?mica. Desde los primeros dAi??as de 1939, con el aval de la SecretarAi??a de GobernaciA?n, Narciso Bassols, jurista y ministro de la legaciA?n de MAi??xico en Francia, solicitA? a la SecretarAi??a de Relaciones Exteriores autorizaciA?n para que el Consulado General documentara, a la brevedad posible, tanto a los exiliados espaAi??oles como a los perseguidos polAi??ticos de diversas nacionalidades que huAi??an de las represalias fascistas y necesitaban de un lugar para vivir. Pero las cosas se complicaron todavAi??a mA?s cuando en abril de ese aAi??o, la RepA?blica EspaAi??ola fue reemplazada por el gobierno totalitario de Francisco Franco y el 1A? de septiembre de 1939, Alemania invadiA? Polonia para dar inicio a la segunda guerra mundial.Ai??

Albert Speer, Hitler y Arno Broker (der.) cuando ocuparon ParAi??s en 1940

Albert Speer, Hitler y Arno Broker (der.) cuando ocuparon ParAi??s en 1940

La historia de Francia cambiA? radicalmente alAi??momento que los nazis bombardearon ParAi??s. El 10 de junio de 1940, el gobierno francAi??s abandonA? esta ciudad capital e invitA? a los jefes de las representaciones diplomA?ticas a salir de la capital para instalarse en la provincia. Ese mismo dAi??a, Italia declarA? la guerra a Francia e Inglaterra.Ai??

Las tropas nazis avanzaron sobre Francia y ocuparon ParAi??s. El mariscal Philippe PAi??tain, quien se hizo cargo del gobierno francAi??s, decidiA? que ante la derrota y la posibilidad de negociar una paz menos onerosa, lo mejor era solicitar el armisticio a Alemania e Italia, lo cual hizo el 22 de junio. Mientras, desde Londres, el general Charles de Gaulle convocaba a sus compatriotas a la resistencia contra el invasor. Finalmente, el 25 de junio a la 1:35 horas las hostilidades cesaron. Francia aceptA? un armisticio que dividAi??a su territorio en dos A?reas: la Francia ocupada por el ejAi??rcito alemA?n, que comprendiA? la parte norte y la costa atlA?ntica, incluyendo ParAi??s, asAi?? como la totalidad de sus colonias, y la Francia Libre, supuestamente autA?noma, que abarcA? el resto y reconociA? como sede de sus poderes a la ciudad de Vichy, en el centro del paAi??s. AsAi?? surgiA? el rAi??gimen de Vichy o Estado FrancAi??s (Ai??tat FranAi??ais), nombre oficial del gobierno que sustituyA? a la III RepA?blica, liquidA? la democracia parlamentaria e instaurA? un sistema polAi??tico autoritario pro alemA?n. La derecha francesa, convencida de que sus compatriotas socialistas eran responsables del desastre bAi??lico, justificA? sus tendencias fascistas y su determinaciA?n de colaborar con la Alemania de Hitler.

Luis I. RodrAi??guez, sucesor de Narciso Bassols en nuestra legaciA?n, se ocupA? entonces de reanudar las relaciones de MAi??xico con Gran BretaAi??a, rotas a partir de la expropiaciA?n petrolera proclamada del 18 de marzo de 1938, asAi?? como de manifestar la solidaridad nacional con el pueblo francAi??s. Asimismo, pese a los quebrantos morales, jurAi??dicos y materiales del momento, el gobierno de MAi??xico le ordenA? solicitar al general PAi??tain autorizaciA?n para continuar con la polAi??tica de asilo ofrecida a los espaAi??oles refugiados en Francia y sus colonias. PAi??tain consintiA? aunque despreciaba a los rojos por sus ideas antifascistas y por sus vAi??nculos con la resistencia francesa en el combate al nazismo. El Ai??xito de la negociaciA?n se formalizA? con la firma del Acuerdo Franco-Mexicano el 22 de agosto de 1940. Ahora bien, no obstante la buena voluntad, el gobierno francAi??s no siempre cooperA? ni respetA? la documentaciA?n mexicana que amparaba a los republicanos. SucediA? que las autoridades locales responsables de la Francia ocupada entregaron, ya fuera a los nazis o a la policAi??a franquista decenas de exiliados espaAi??oles para realizar trabajos forzados en su paAi??s de origen o en Alemania.Ai??

Con apoyo en el Acuerdo Franco-Mexicano, Gilberto Bosques, cA?nsul general en ParAi??s desde 1938 ai??i??mA?s tarde se trasladA? a Marsellaai??i??, y ministro encargado de negocios en el periodo 1942-1944, se ocupA? entonces de evacuar de los campos de concentraciA?n franceses a republicanos y brigadistas internacionales, asAi?? como a luchadores antifascistas y antinazis para trasladarlos a los castillos de Reynade y Montgrad en Marsella. Bosques rentA? estos lugares para documentar a la gente mientras se instrumentaba su salida a MAi??xico o cualquier otro paAi??s de AmAi??rica dispuesto a recibirla. La protecciA?n del Consulado General de MAi??xico tambiAi??n se hizo extensiva a polacos, austriacos, judAi??os y alemanes antifascistas.Ai??

Los nazis invadieron la Francia de PAi??tain el 11 de noviembre de 1942. Acto seguido, las tropas de la Wehrmacht establecieron su control directo sobre todo el paAi??s, aunque mantuvieron la autoridad de PAi??tain para garantizar la colaboraciA?n de los vencidos. Ese mismo dAi??a, por instrucciones de su gobierno, Bosques entregA? la nota de ruptura de las relaciones diplomA?ticas entre MAi??xico y Francia y se preparA? para afrontar las consecuencias. El dAi??a 14, oficiales del ejAi??rcito alemA?n asaltaron la legaciA?n de MAi??xico en Vichy y aprehendieron a los diplomA?ticos mexicanos para trasladarlos el 30 de enero de 1943Ai??a la ciudad alemana de Bad Godesberg, donde permanecieron prisioneros por un aAi??o hasta que se gestionA?, a travAi??s de la Casa Blanca, su intercambio por un nA?mero de alemanes detenidos en Cofre de Perote, Veracruz y otros lugares de la RepA?blica.

Las puertas de la legaciA?n de MAi??xico en Vichy estuvieron siempre abiertas a todos aquellos que huAi??an de la barbarie fascista, pero las acciones de Gilberto Bosques reivindicaron de una manera sobresaliente la defensa del derecho de asilo. El 4 de julio de 1995 muriA? en la Ciudad de MAi??xico Gilberto Bosques: un hombre singular de reconocimiento universal.Ai??

En homenaje a la destacada labor que realizA? el diplomA?tico mexicano en la protecciA?n de los judAi??os perseguidos por el nazismo durante el Holocausto, la municipalidad de la ciudad de Viena inaugurA? el 4 de junio de 2003, en el distrito 22 (Donaustadt), una calle a la que le dio el nombre de Paseo Gilberto Bosques. Ahora, procede ofrecer al lector un episodio de la vida de un hombre que interesa a la historia de todos los hombres.

Graciela de Garay /Ai??Instituto Mora

La ayuda a los judAi??os en el exilio.Ai??Testimonio de Gilberto Bosques SaldAi??var

Antes de salir de Francia, tuve conocimiento de un plan para establecer en el paAi??s colonias agrAi??colas con inmigrantes judAi??os. Hice saber al general CA?rdenas que no podAi??a ser ni estaba fundado debidamente en la realidad ese proyecto de colonias agrAi??colas, porque normalmente los israelitas se ocupan de negocios que no los arraigan. El arraigo a la tierra, a la tierra extraAi??a, estA? fuera de la mentalidad judAi??a. Regularmente se ocupan de asuntos industriales, comerciales, de aquello en lo que, como se ha dicho, se puede levantar la tienda y volver al paAi??s de origen. Indudablemente la meta era volver, una vez terminada la guerra, si Ai??sta terminaba. Volver era entonces la mayor y mA?s honda aspiraciA?n judAi??a.

Gilberto Bosques en la avenida CanebiA?re. Marsella, 1941.

Gilberto Bosques en la avenida CanebiA?re. Marsella, 1941.

Propuse al general CA?rdenas que se hiciera un plan sobre un mapa de nuestros recursos naturales, zonas de producciA?n de materias primas, vAi??as de comunicaciA?n, es decir, de todo ese conjunto de circunstancias en donde pudiera caber un proyecto de desarrollo industrial. En esos momentos Europa era campo de refugiados israelitas. HabAi??a tAi??cnicos y elementos que podrAi??an aprovecharse con miras a un desarrollo industrial congruente, de acuerdo con nuestra realidad nacional, con la realidad potencial de nuestros recursos naturales. El presidente CA?rdenas me dijo que se darAi??an las A?rdenes a las secretarAi??as de GobernaciA?n y de Relaciones Exteriores para que yo tuviera amplias facultades y al efecto se seleccionara en Europa a tAi??cnicos y hombres capaces de venir y ofrecer una colaboraciA?n importante en nuestro desarrollo econA?mico. En esos tAi??rminos quedA? para mAi?? el problema que se presentA? en una solicitud de migraciA?n masiva de familias israelitas.

De Polonia, Austria, BAi??lgica, Rumania, etcAi??tera, emigraron familias buscando abrigo en Francia. Pero Francia fue ocupada en parte; a la otra, se le llamA? zona no ocupada. En las dos, la poblaciA?n judAi??a sumaba un grupo bastante numeroso e importante. Todos fueron objeto de una persecuciA?n enconada de parte de las autoridades alemanas de la zona ocupada. En ParAi??s la persecuciA?n se realizA? de acuerdo con lo establecido por las autoridades alemanas en leyes y disposiciones especiales.

Para establecer un mecanismo de persecuciA?n en contra de los judAi??os de la zona ocupada se formulA? en ParAi??s un estatuto que se llamA? de las cuestiones judAi??as. El primer y desgarrador espectA?culo que se produjo en ParAi??s fue cuando hubo algunos atentados en contra de los alemanes, con bombas que estallaron en el Barrio Latino. Las autoridades alemanas determinaron poner a la ciudad de ParAi??s una multa de 1,000 millones de francos franceses. Esta multa debAi??an pagarla los judAi??os. AdemA?s se enviaron a Alemania 93 judAi??os en calidad de rehenes. MA?s tarde se expidiA?, ya por el gobierno de Vichy, otro estatuto calcado del de los alemanes, y por el cual se creaba un comisariado, al frente del cual se puso a un conocido abogado antisemita.

PARA SABER MA?S:

  • Gilberto Bosques SaldAi??var, MAi??xico, ComisiA?n de Derechos Humanos del Distrito Federal, 2010, pp. 111-115 (BiogrA?ficos).
  • Daniela Gleizer, El exilio incA?modo: MAi??xico y los refugiados judAi??os, 1933-1945, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico- Centro de Estudios HistA?ricos/Universidad AutA?noma Metropolitana-Unidad Cuajimalpa, 2011.
  • Shulamit Goldsmit y Natalia Gurvich, (coord.), Sobre el judaAi??smo mexicano. Diversas expresiones de activismo comunitario, MAi??xico, Universidad Iberoamericana-Departamento de Historia-Programa de Cultura Judaica, 2009.
  • Fernando Serrano MigallA?n, ai???Duras tierras ajenasai??i??ai???: un asilo, tres exilios, MAi??xico, FCE, 2002.
  • Pablo Yankelevich (coord.), MAi??xico, paAi??s refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX, MAi??xico, INAH/Plaza y ValdAi??s, 2002.
  • * Visa al paraAi??so, documental dirigido por Liliana Liberman, MAi??xico, Producciones Nitya/Foprocine/BambA? Audiovisual/1,2,3 Producciones/ Ibermedia/ Shottama, A.C., 2010, duraciA?n 108 minutos.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

El ZA?calo de la ciudad de MAi??xico en los siglos XIX y XX

BiCentenario #18

Tania Santa Anna Saucedo / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

A?QuAi?? citadino no ha caminado por el ZA?calo capitalino?, A?quiAi??n no lo ha visto por lo menos en fotografAi??as o televisiA?n? Aunque su magnitud se puede ver opacada por la belleza de la Catedral metropolitana o la seriedad del Palacio Nacional, allAi?? estA?, siempre presente. AsAi?? lo escribiA? Madame CalderA?n de la Barca en La vida en MAi??xico: ai???Hice mi debut en MAi??xico yendo a misa a la Catedralai??i?? Pasamos por la calle de San Francisco [hoy Madero], la calle mA?s hermosa de MAi??xico, tanto por sus tiendas como por sus casas (entre ellas, el Palacio de Iturbide, ricamente labrado, pero ahora casi en ruinas), y que termina en la Plaza en donde se levantan la Catedral y el Palacioai???.

Todos tenemos en la mente la imagen de esa enorme plaza, donde en medio ondea la bandera de MAi??xico en una enorme asta, pero A?cuA?ntos conocemos su historia? Por ejemplo, que su nombre oficial es Plaza de la ConstituciA?n, y recibiA? este nombre a finales del virreinato, porque ahAi?? se jurA? la ConstituciA?n de CA?diz de 1812 en la Nueva EspaAi??a de 1813. Antes era llamada Plaza de Armas, Plaza Principal o Plaza Mayor.

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De hecho, su origen se remonta a la Ai??poca prehispA?nica, cuando era el lugar donde se realizaban las ceremonias religiosas, ya que los palacios donde habitaban los gobernantes y los templos dedicados a los diferentes dioses se encontraban a su alrededor. MA?s tarde, cuando llegaron los espaAi??oles, utilizaron esos mismos sitios para construir los edificios que representarAi??an al poder polAi??tico, civil y religioso.

A fin de conmemorar en 1843 la Independencia de MAi??xico, Antonio LA?pez de Santa Anna convocA? a un concurso para erigir una columna conmemorativa en el centro de la plaza. El ganador fue Lorenzo de la Hidalga, quienAi??ordenA? construir primero el zA?calo, es decir la base donde iba a ser colocada la futura columna. El monumento nunca fue construido y el ZA?calo siguiA? allAi?? por tantos aAi??os que los habitantes de la ciudad comenzaron a utilizar la palabra para referirse a la Plaza Mayor.

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El emperador Maximiliano retomarAi??a este proyecto encomendando a RamA?n RodrAi??guez Arangoity la remodelaciA?n del ZA?calo, lo cual incluAi??a la construcciA?n de la columna monumental del proyecto original de De la Hidalga. La columna estarAi??a rodeada con esculturas de los hAi??roes de la Independencia y coronada con una gran figura alada. Sin embargo, al ver los planos, el emperador decidiA? que en vez de una figura alada se pusiera el A?guila imperial rompiendo una cadena y remontando el vuelo; sus planes tambiAi??n quedaron inconclusos por la caAi??da del Imperio y su fusilamiento.

Poco antes, en 1866, el alcalde municipal Ignacio Trigueros habAi??a mandado a hacer los jardines de la plaza, en vista de que los citadinos tenAi??an el hA?bito de reunirse allAi??. Se plantaron A?rboles, colocaron bancas de hierro y construyeron fuentes y para dar seguridad a los paseantes, se pusieron lA?mparas de hidrA?geno. AAi??os despuAi??s, en 1878, se instalarAi??a un kiosco de hierro en el centro ai??i??hecho en ParAi??s y regalo al ayuntamiento de Antonio EscandA?nai??i??, a fin de que orquestas y bandas alegraran a los paseantes. En el Porfiriato hubo otro kiosco mA?s pequeAi??o, colocado por las empresas de tranvAi??as y desde el cual ellas ofrecAi??an sus servicios.

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Durante la Decena TrA?gica (en 1913), al ser bombardeado el Palacio Nacional, los jardines del ZA?calo fueron daAi??ados, por lo que al aAi??o siguiente se retiraron los fresnos; tambiAi??n se cambiA? la estructura trazando nuevos caminos entre las A?reas verdes, ademA?s de que en cada esquina de la plaza se plantA? una palmera.

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Los jardines permanecerAi??an allAi?? hasta 1952, cuando fueron totalmente retirados. La plaza se quedA? vacAi??a, como una gran explanada, en la que aAi??os mA?s tarde se colocA? la imponente asta bandera que todos conocemos.

SuscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Correo del lector #18

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CartasAi??

Los felicito por el nA?mero 16. A?QuedA? bellAi??simo! Me agradA? que el contenido abarcara de Texas hasta YucatA?n, lo que me parece una labor excelente de integraciA?n nacional.

RosalAi??a PAi??rez RamAi??rez, PueblaAi??

Gracias por tus comentarios.Ai??

Hola, A?en la revista han publicado algA?n artAi??culo relacionado con el golpe de 1913?

Alma L. Parra , DEH-IN AH

Recomendamos la revisiA?n del ai???Diario de la Decena TrA?gicaai???, de Kumaichi Horigoutchi, el entonces el encarga do de negocios de JapA?n en MAi??xico (BiCentenario nA?m . 4) y el artAi??culo de Graziella Altamirano: ai???El fantasma de la intervenciA?n: las argucias del embajador Henry Lane Wilsonai??? ( BiCentenario nA?m.13).Ai??

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LeAi?? ai???El juego de pelota vasca en MAi??xico en los siglos XIX y XXai???. A?PodrAi??an sugerirme algunas lecturas respecto a los padres camilos, que gustaban de jugarlo?

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Linda MorenoAi??

HAi??ctor Olivares, autor del texto, respondiA? que el juego de pelota de los padres camilos se menciona en Memorias de mis tiempos, de Guillermo Prieto, La vida en MAi??xico en 1810, de Luis GonzA?lez ObregA?n y Relajados o reprimidos; diversiones pA?blicas y vida social en la Ciudad de MAi??xico durante el Siglo de las Luces, de Juan Pedro Viqueira y que sobre los camilos, el mejor trabajo es el de MA?nica Verdugo: ai???Usos y ocupaciones del conjunto conocido como ex-convento de los padres camilosai??? (tesis de maestrAi??a de la Universidad Iberoamericana, 2006), el cual se puede consultar en internet.Ai??

Comentarios en FacebookAi??

Les transmitimos algunos comentarios que surgieron ante dos fotos aparecidas en nuestra revista y publicadas en los nA?meros 11 y 16. Una es la de Benito JuA?rez y Margarita Maza el dAi??a de su boda: ai???A?QuAi?? bA?rbaro, quAi?? interesante fotografAi??a!ai??? y ai???A?Por quAi?? serA? que el tiempo no causa estragos al BenemAi??rito y se agiganta cada vez mA?s, pese a los ataques de retrA?grados e ignorantes?ai???

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 20.47.13Otra es la foto de Carmen Romero Rubio de DAi??az, que causA? una plA?tica: ai???A?Wooow! A?La que educA? al general DAi??az!ai??? ai???Creo que no tuvo mucho Ai??xito,Ai??porque ni lo educA? ni tampoco le enseAi??A? a hablar inglAi??s, que Ai??se fue el pretexto de su padre para acercarla a DAi??azai???. ai???A?Se sabe dA?nde estA? enterrada?ai??? ai???Tengo entendido que en el PanteA?n FrancAi??s de La Piedad, aunque creo que sAi?? tuvo Ai??xito y ademA?s el inglAi??s no era primordial en su Ai??poca. Mucho del gusto francAi??s de DAi??az fue por la influencia de ella; tengo entendido que Carmen Romero tenAi??a mA?s gusto por los ai???gringosai??i?? que por los franceses, a quienes su padre detestabaai???. Un tercero agregA?: ai???Pues como seAi??orita de sociedad, le enseAi??A? algunos modales al general DAi??az; recordemos que Ai??ste ejerciA? varios oficios para mantener a su familia, que su interAi??s era sobrevivir y no ser un dechado de buenas manerasai???.

Sumario #18

Editorial

Laura Suárez de la Torre

Correo del lector

ARTÍCULOS

Un peninsular partidario de la Independencia: José María Fagoaga y Leyzaur.

por Antonio Omar Arriaga Téllez

El sonado caso del ministro Joannini. Suicidio, política y juego en la ciudad de México, 1879-1882

por Fausta Gantús

El proyecto de desecación del lago de Catemaco

por Rogelio Jiménez Marce

Pancho Villa en prisión (1912)

por Guadalupe Villa G.

Entre discriminaciones, sudor y sangre. El origen de la lucha libre en México

por Martín Josúe Martínez Martínez

Una siderúrgica en medio de un palmar

por Francisco Zapata

A lomos de la Revolución. Las portadas del semanario Siempre! En los aniversarios del 20 de noviembre (1960-1985)

por Lara Campos Pérez

DESDE HOY

Un día en los oficios de la calle

por David Israel Pérez Aznar

DESDE AYER

Testimonios

Dos miradas al sitio de Cuautla: Bustamante y Alamán

Imágenes

El Zócalo de la ciudad de México en los siglos XIX y XX

CUENTO

Por la borda

por Silvia L. Cuesy

ARTE

La ciudad que soño y proyectó Maximiliano

por Sergio Estrada Reynoso

ENTREVISTA

Recordar para comprender: Gilberto Bosques Saldívar. Testimonio de un defensor de los derechos humanos (1892-1995)

por Graciela Garay