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Correo del Lector #26

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

02. Imagen nA?m. 24 (356x480)Cartas

Hermanas revolucionarias
Mi abuelo, el general Pablo González Garza, nativo de Lampazos, Nuevo León, era primo del general Antonio I. Villarreal y de las hermanas Andrea y Teresa Villarreal, tema del artículo de Griselda Zárate.

Ricardo González Miller

Familias de ferrocarrileros

José Juan Saldaña: –Disfruté toda una época por mi familia ferrocarrilera, empezando por mi abuelo Miguel Saldaña Santander. Un mar de historias. Y por ahí queda un maquinista aferrado a un tren de carga: mi primo Martín Saldaña. Lulú Saldaña: –Mi abuelo Vidal Saldaña Santander también participó. Miguel Saldaña: –¡Qué chistoso! Yo llevo nueve años trabajando en la fabricación de equipos para la industria ferroviaria.

01. Imagen nA?mero 24 (480x359)José Juan Saldaña: Es verdad, también el tío Vidal fue ferrocarrilero y también los tíos Lázaro, Dolores y Fidel. A este último le hicieron un homenaje en Apizaco antes de fallecer pues fue el último ferrocarrilero de la primera red de vía “El Mexicano”, que corrió de México a Veracruz. La verdad es que viajar en tren era toda una experiencia, sobre todo para quienes sabían tener paciencia pues los traslados llevaban mucho tiempo

Del costurero de la abuela

09. Costurero de la abuela (294x480)

03. Voladores de Papantla (640x480)¿Sabías qué…?

La Danza de los Voladores es una ceremonia que se efectúa desde tiempos prehispánicos, surgida al parecer entre los pueblos nahuas, huastecos y otomíes de la sierra de Veracruz y Puebla.

Consiste en el ascenso de varios participantes a un palo de madera de unos 30 metros de altura, del que se lanzan cuatro o cinco de ellos atados con cuerdas hasta descender al suelo, mientras uno permanece arriba, danzando y tocando la flauta y un tambor. En 2009, la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. Para protegerla, se fundó la Escuela de Niños Voladores y se efectúa cada año un Encuentro de Voladores.

Por amor a la historia

En San Rafael, Veracruz, existe un mu- seo que alberga instrumentos de trabajo, periódicos, libros, relojes de pared, ropa, entre otros valiosos objetos aportados por los descendientes de los franceses que en el siglo XIX se establecieron en esa población. Su objetivo es impulsar y dar a conocer la identidad y herencia entre sus habitantes y el resto del país, además de desarrollar un atractivo turístico.

Sin tAi??tulo

Reloj de arena

Gran_Sello_del_Supremo_Gobierno_Mexicano.svg21 de octubre de 1814
El doctor José María Cos, diputado en el Congreso de Chilpancingo por la provincia de Zacatecas e integrante de la comisión redactora de la Constitución de Apatzingán, propone la paz a los españoles habitantes de América, invitándolos a unirse a los insurgentes, garantizándoles el respeto a sus personas y propiedades igual que verlos como hermanos.

Central Pacific Railroad Photographic History Museum29 de diciembre de 1864
Ante los rumores de que tropas francesas atraviesan el istmo de Panamá rumbo a San Francisco, Matías Romero, ministro de la república mexicana en Washington, pide al secretario de Estado William H. Seward que ponga remedio a los hechos que resulten ciertos –que de Estados Unidos pasan a México– y no sean conformes con la neutralidad proclamada.

07. Reloj de Arena 1914 (480x283)23 de noviembre de 1914
Las tropas estadunidenses, a las órdenes del general Frederick Funston, desocupan el puerto de Veracruz. La población, entusiasmada, contempla a las 5:30 a. m. cómo la bandera mexicana es izada junto a los acordes del himno nacional. El general Cándido Aguilar, quien ocupa de in- mediato la ciudad, recibe la banda tricolor que le obsequia una comisión de señoritas, cuenta el reportero del periódico El Liberal. Fuera de la bahía permanecen los acorazados Minnesota y Texas.

08. Huelga de MAi??dicos 1964 (480x328)26 de noviembre de 1964
Los médicos residentes e internos del hospital 20 de Noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) inician un paro de labores, debido a que se les anunció que no percibirán tres meses de sueldo y aguinaldo. De inmediato reciben el apoyo del sistema de salud pública del país y se constituye la Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos, que elabora un pliego con tres peticiones: mejorar el nivel económico, seguridad en el empleo y participación en los programas de enseñanza.

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El Gran Torino

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

Probando un automóvil 1912q

Probando un automóvil, 1912. Colección GAC.

 

La fantasía de lo nuevo, de estrenar, de tener lo que otros no pueden o no han podido alcanzar aún, subyace en el inconsciente aunque pasen los siglos. Nos regimos por las diferencias. A veces por imitación, otras por oposición y las menos por creatividad. Pero queremos llegar a lo mismo: tratar de ser distintos. Las diferencias se alimentan de cuanta riqueza podamos llegar a acumular. Material o intangible, muy al estilo consumista de estos tiempos, aunque decirlo pueda resultar una perogrullada. Riqueza en una pintura, en el reloj que adorna la muñeca, los libros de la biblioteca personal, el linaje familiar, el valor de unos muebles, las amistades que cultivamos, los lugares en que vacacionamos. En el pasado tuvo lo suyo también. Durante el Renacimiento era muy valioso contar con un cassone, un arcón decorado por los mejores artesanos para guardar la dote de la hija que aspiraba al mejor postor de la aristocracia. A mayor dote, mayores aspiraciones.

La riqueza se validaba también por el número de esclavos en una hacienda o la cantidad de caballos. El automóvil ha sido un imán de esas riquezas que primero llegó a manos de los más acaudalados y luego se popularizó. El sueño del auto propio ha seguido al de la casa propia. O viceversa. Pocos relatarían que recorrieron Europa o Estados Unidos en tren, o recordarían en qué tipo de avión durmieron toda una noche. Pero no dejarían de contar que su bisabuelo tenía un Ford T 1925 o que un tío alguna vez lo subió a un Torino 1970 como el que Clint Eastwood glorificó hace algunos años. El automóvil tiene ese no se qué de lo inexplicable que seduce a todos por igual. La versión misógina del auto con chicas platinadas y de piernas largas también atrapó a la mujer aunque a ellas no se los vendan con modelos George Clooney incorporados.

En los primeros años del siglo XX, la mayor parte de las calles de la ciudad de México se transitaban sobre el polvo. Comenzaban a transitar los Ford, Hupmobile, Oakland, Fiat, Reo, Oldsmobile o Stutz. En Tacubaya, el conductor de esta postal capitalina, y seguramente propietario del automóvil, sabe que está en un momento cumbre y que debe quedar re- gistrado. En esa calle ancha e infinita no tiene competencia, signo de ser único y original. Raro. Pocas máquinas como la suya recorrían en 1912 la colonia, aunque su estado, como se aprecia, no fuera ideal. Pero a algunos de sus acompañantes no les motiva la fotografía. Uno de ellos al que la bata camufla una barriga construida a base de buen diente, podría ser el mecánico o hasta el chofer. Pero no. Don Carlos Cozzi, quien representaba a la Fiat en la ciudad por entonces, está en lo suyo, la venta y la mecánica. Una mujer en el asiento trasero, fiel reflejo de la época, alcanza a asomar su cabeza para el fotógrafo. Pero quien se ve que se lleva la peor parte es el muchacho que se limpia el sudor. Acalorado, cansado, hastiado, se ve ajeno a todo. Seguramente pasó un buen rato dando vuelta a la manivela que ayudaba a encender el motor. Sabe que los carros son un lujo de otros. Quién podría imaginar que un siglo después, en calles como esa pulularían los autos… junto a franeleros y parquímetros.

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Arnaldo Coen: el espectador legitima al artista

David Fuente Adrian y Pablo G. Ascencio

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En la obra de este artista polifacético reina la geometría. Reina la mujer y su tropa de monstruos encantadores, diría Octavio Paz. En entrevista exclusiva con BiCentenario, Coen habla de sus inicios en la pintura, el aprendizaje con Gordon Jones y Lawrence Calcagno, la búsqueda de nuevos espacios creativos como el efímero salón independiente, su crítica mordaz a la pintura entendida como negocio y de la interacción reciente entre arte y otras disciplinas.

1. Arnaldo Coen (640x480)

Foto Personal, Mtro. Arnaldo Coen. Colección de Arnaldo Coen.

El pasado mes de octubre, el artista plástico Arnaldo Coen recibió el reconocimiento del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2014. Desde entonces, a la enorme cantidad de entrevistas otorgadas previamente, se han sumado muchas otras. Conscientes de esto, nos reunimos con él poco después de la entrega del premio. Como investigadores, nuestra intención era la de invitarle a platicar y a compartir vivencias y percepciones distintas de las ya publicadas, acercarnos a esos detalles que en ocasiones quedan ocultos detrás de la cortina de las preguntas obligadas.

Aquí se rescata parte del trabajo de aquella larga sesión de cinco horas de conversación con el pintor. Hemos seleccionado ciertos aspectos atípicos que ayuden a comprender la complejidad de este gran artista y que, además, sirvan para abrir una de tantas ventanas desde las cuales asomarse a la historia reciente del arte mexicano.

Entrelazado el tiempo, 200 x 100 cms. 12 (394x800)

Ai?? Arnaldo Coen, Entrelazado el tiempo, 2010, mixta sobre madera. Lourdes Sosa GalerAi??a.

Ante todo, situemos brevemente a Arnaldo Coen en esta historia. Nació en 1940, dentro de un linaje polifacético gracias al cual desde joven afrontó con naturalidad la oportunidad de conocer a creadores e intelectuales. Este caudal del arte que le acompañó en la primera etapa de su vida marcó su propio camino.

Coen participó en la denominada generación de La ruptura, concepto que hoy en día se pone en cuestión desde diferentes ámbitos, y que al pintor mismo no parece resultarle del todo fidedigno. Más que como una ruptura, el artista entiende aquella etapa como una revolución por la libertad. Una libertad que, como nos ha hecho ver, hoy en día no está exenta de razones para reivindicarse.

La obra de Coen ha tenido presencia en museos nacionales e internacionales: el Museo de Arte Moderno, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el San Francisco Museum of Art, el Museo de Arte Moderno de Tokio, el Museo Carrillo Gil, y el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Recientemente, el Museo del Palacio de Bellas Artes incluyó algunas obras suyas en En esto ver aquello, exposición conmemorativa del centenario del nacimiento de Octavio Paz. Un permanente ímpetu de curiosidad lo ha motivado a participar en proyectos interdisciplinarios con destacados creadores: Mario Lavista, Francisco Serrano, Octavio Paz, Eduardo Terrazas, Alejandro Jodorowsky, Juan José Gurrola, entre otros.

En cualquier caso, nadie mejor que el artista para explicarnos cómo se inició en el mundo del arte.

I

Siempre tuve duda de qué iba a ser. Una de las
preocupaciones de mi madre, a pesar de que yo
vivía en un medio artístico junto a mi abuela,
era cómo iba a vivir con el arte. Vas a ir directo
al fracaso, decía.

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De orden suprema

Ana Suárez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

guillermo prieto

Su maldad ha convertido a la patria en un vasto cuartel

Guillermo Prieto (Fidel)

Santa Anna presumirá de generoso por haberte arraigado en este pueblo, Francisco, sin más celadores que el cura y el juez de paz, pero el exilio en el extranjero habría sido mejor.

El rebozo verde y la falda roja de doña Lupe ondean junto a la cerca; a la nívea blusa sólo le faltan el águila y la serpiente. ¿Por qué vestirá así? Malhaya, cierra ahora el libro, se inquietará si descubre que lees versos y no las vidas de santos que el cura ordenó. ¡Vaya que debe de creerse lo que este dice sobre los malos instintos que excita la poesía! ¿Sabrá esta mujer de amor? Pregúntale… ¡Vamos, si tiene marido! Para enfadarla es mejor que le cuentes de cómo santa María Egipciaca vagó desnuda por el desierto durante sesenta años incitando a un pobre eremita.

Buen día, don Pancho. ¿Despertó al fin? Je je, el señor cura y el señor juez le mandan sus saluditos. ¿Tiene hambre? Ahorita le alisto el almuerzo y si quiere luego converso. Dice mi Pedro que soy una liosa, pero yo digo que a veces sirve ¿no lo piensa así?

Escucha cómo los pasos de doña Lupe andan ya en la cocina, Francisco. ¿Cómo será su Pedro? Si la recua que este posee llega muy lejos, rara vez vendrá. ¡Ojalá que llegara pronto para recibir noticias frescas! La mejor sería que el dictador cayó, así regresarías a la imprenta y al café del Bazar y la Alameda. ¡El cuaderno! ¡Corre! No sea que la doña lo vea sobre el buró. Ponlo arriba del ropero, allí nunca sacude. Si lo llega a leer, la asustarán tus opiniones a favor de la revuelta y si se lo lleva al cura y este lo pasa al juez y el juez al jefe de distrito, ¡quién sabe la que te espera! Y de seguro que es secuaz de Santa Anna: ¿por qué si no te alojan en su casa? Versa bien Fidel: ¡verdugos de los pueblos son de su señor esclavos! Buscarán la suprema orden para devolverte a Ulúa y de allí se sale… con los pies por delante. Tu existencia valdrá menos que un grano de anís.

Basta, tampoco vivas en víspera. Mejor recuerda el escrito de anoche, es bueno, es firme, es convincente. Si tu editor lo leyera, lo pondría en la primera plana. Aunque si cerraron el diario… ¡Malhaya con la ley de prensa! Bien dice el poeta que la palabra se ha vuelto sorda, sin ímpetu, sosegada. Aunque si consiguieran imprimirlo en un taller clandestino, y circulase como hoja suelta, ¡con suerte llega a Quinzuñas y a sus sicarios y les da chorrillo!

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Villa-Zapata un encuentro con dos miradas

Guadalupe Villa Guerrero
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En diciembre de 1914, Francisco Villa y Emiliano Zapata se reunieron en una escuela pública de Xochimilco. El objetivo: establecer una alianza de colaboración mutua y en contra de Venustiano Carranza, dado el fracaso de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes. De aquella conversación dieron cuenta León Canova y Gonzalo Atayde.

Canova 39123

León Canova acompañado de Álvaro Obregón y Antonio I. Villarreal en la Convención de Aguascalientes, octubre 1914.
Archivo Casasola, inv. 39123. SINAFO, CONACULTA-INAH- MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

A mediados de 1914 se hicieron evidentes, en el panorama político nacional, las crecientes diferencias entre Francisco Villa y Venustiano Carranza, agravadas cuando el primero decidió contravenir las órdenes del segundo y marchar con todo su ejército en pos del importante bastión federal de Zacatecas. La victoria de Villa dio como resultado, en el mediano plazo, la derrota de Victoriano Huerta, su renuncia a la presidencia y su huida del país.

Los intentos por tratar de solucionar los problemas existentes entre aquellos jefes y evitar a toda costa la ruptura entre revolucionarios se tradujeron en el Pacto de Torreón. Carranza convocaría a una convención de revolucionarios cuya labor estaría encaminada, entre otras cosas, “a implantar el régimen democrático en nuestro país”. No obstante, lejos estaba el primer jefe de permitir se obstaculizara su llegada a la presidencia de la república. El aislamiento en el que mantuvo a Villa, sin abastecerlo de armas y combustible para sus trenes, y graves problemas surgidos con Obregón, provocaron que el jefe de la División del Norte emitiera, en septiembre, el Manifiesto y documentos que justifican el desconocimiento del C. Venustiano Carranza como Primer Jefe de la Revolución en el que, en resumen, acusaba al líder del constitucionalismo de querer instaurar una nueva dictadura, y de oponerse a los acuerdos de Torreón. Invitaba a los ciudadanos a exigir la separación de Carranza de la jefatura del Ejército Constitucionalista y del poder ejecutivo; a nombrar a un presidente interino que adoptara medidas para garantizar la resolución del problema agrario y convocara a elecciones.

Al no prosperar la convención revolucionaria convocada por Carranza en la ciudad de México, se llegó al acuerdo de convocar a una convención de jefes revolucionarios en la ciudad de Aguascalientes para encontrar la solución a los problemas del país, ratificándose en gran medida el Pacto de Torreón que el Primer Jefe había desconocido. El 10 de octubre se inauguraron las sesiones en el Teatro Morelos.

Desafortunadamente, lejos de lograrse un consenso en cuanto al tipo de gobierno que el país necesitaba, las controversias entre partidarios de la Convención y de Carranza llegaron a la ruptura definitiva: zapatistas y villistas contra constitucionalistas.

Zapata antes de la visita de Villa en Xochimilco La IustraciA?n Semanal, dciembre 1914 (640x585)

Emiliano Zapata y Mr. Carothers en Cuernavaca, 1914. Archivo Casasola, inv. 6165. SINAFO, CONACULTA-INAH-
MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Eulalio Gutiérrez, presidente provisional elegido en Aguascalientes, se estableció en la ciudad de México bajo el amparo del Ejército Convencionista acaudillado por Villa. En este marco tendría lugar el encuentro de los ejércitos populares del norte y del sur. Las avanzadas de la antigua División del Norte, convertida en Ejército Convencionista, llegaron al pueblo de Tacuba el 28 de noviembre de 1914, al tiempo que las tropas del Ejército Libertador del Sur, ocuparon la capital de la república.

El histórico encuentro entre Francisco Villa y Emiliano Zapata ocurrió en Xochimilco. En la escuela pública del pueblo fueron recibidos con flores y fue ahí donde tuvieron su primera reunión preservada para la posteridad por al menos dos personas de las que sabemos sus nombres: León Canova, representante del Departamento de Estado estadunidense, y Gonzalo Atayde, secretario particular del coronel Roque González Garza.

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Luis Buñuel, el cineasta que quería pintar y escribir

Anuar Fernando González Amaya
Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

Venerado y aplaudido, incomprendido también, el vanguardista que llevó como ningún otro el surrealismo al cine, nunca pasó desapercibido. Llegó a México por casualidad y en un momento clave: la época de oro de la cinematografía local. “Cantinflas” le abrió las puertas, y después,su propia originalidad y creatividad lo convertirían en un director de culto.

retrato de Luis Buñuel, Salvador DalÃ-, 1924 Museo Reina SofÃ-a (546x640)

Salvador Dalí, Retrato de Luis Buñuel, 1924, óleo sobre tela, inv. AS10530. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

En poesía, la vanguardia europea inició en Francia en 1857 con Las flores del mal (Les fleurs du mal), de Charles Baudelaire. En efecto, desde la antigüedad hasta el romanticismo el arte había coincidido siempre con la realidad; pero ahora, por primera vez en la historia, podía faltar dicha coincidencia. Por ejemplo, en el poema lxxviii, Baudelaire habla de una multitud muda de infames arañas que vienen a tender sus redes en el fondo del cerebro, y de que largos cortejos fúnebres, sin tambores ni música, desfilan lentamente por el alma: visiones que significan angustia y congoja.

A partir de esa época los poetas se valen de estas imágenes, irreales, y acaso consideradas disparates, que son una forma de expresión. Junto con tal giro de 180 grados, ocurrió otro en el concepto de belleza. En el siglo XIX prendió la idea del arte por el arte, el cual se volvió superior a la vida. Por lo tanto, se podía desairar a las convicciones dominantes: nacen la rareza y los temas poco afines a lo virtuoso, lo decoroso o lo aceptable socialmente.

En su tránsito de la objetividad a la subjetividad, el progresivo abandono de la tradición da otro paso. Considerándolo carente de gusto, mediocre, los artistas desprecian al gran público, la burguesía. Así, ya no se dirigieron a ninguna clase sino a sus propios colegas o a quienes lograran comprender sus extrañas cosmovisiones.

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Entrevista a Luis Buñuel, ca. 1945. Archivo Casasola, inv. 93001. SINAFO, CONACULTA-INAH-
MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La vanguardia y su serie de rupturas tocaron su punto más alto en el surrealismo: no se podía ir más lejos en el repudio del materialismo burgués ni en la inconexión lógica y emocional de las imágenes. De este modo, en 1924 Max Morise escribió: El color de las medias de una mujer no es forzosamente igual al de sus ojos, lo que ha hecho decir a un filósofo, cuyo nombre no vale la pena mencionar: Los cefalópodos tienen más motivos que los cuadrúpedos para odiar el progreso. Los poetas que nacieron a principios del siglo XX serían influidos por este último trecho de la revolución empezada por Baudelaire. Uno de ellos es conocido principalmente por sus películas.

Años de formación

Luis Buñuel Portolés, primogénito de María Portolés Cerezuela y Leonardo Buñuel González, nació el 22 de febrero de 1900 en Calanda, España. Su padre tomó parte en la guerra contra Estados Unidos en Cuba; al final montó un negocio de quincallería en la isla. De regreso en la península se casó y adquirió tierras de labranza con el cuantioso capital amasado. Tal condición, más la profunda devoción de su esposa, define los estudios de Luis, que asiste a colegios religiosos fraguando un sentimiento de amor y repulsión por la fe católica. Un encuentro de la adolescencia se extenderá al imaginario del futuro cineasta: paseando con su padre por un olivar vio a unos metros de ellos a un burro muerto, hinchado, del que se alimentaban una docena de buitres.

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El jarabe tapatío

Adriana Catarí Castillo Morales
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

Hijo de la seguidilla y el fandango, danzas zapateadas que trajeron los españoles, en algún momento llegó a estar prohibido y fue considerado obsceno. Pero rápidamente comenzó a popularizarse en Jalisco donde tomó mayor fuerza durante el primer tercio del siglo XIX. Si en la etapa independentista del país el jarabe sirvió como identificador de la identidad, hoy es un símbolo de la tradición musical mexicana.

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Charro y china poblana bailan el jarabe tapatío, ca. 1920. Archivo Casasola, inv. 114637. SSINAFO, CONACULTA-INAH-MÉX.
Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Uno de los elementos más recurrentes en las creaciones vernáculas mexicanas es el azúcar y sus derivados. El jarabe tapatío recibió su nombre debido a la relación con este producto de la naturaleza y le hace gran honor porque este bello baile represen- ta un festín para los sentidos del espectador. Actualmente constituye un estereotipo de la nación mexicana gracias al cuadro de características que presenta y que definen el ser mexicano ante la mirada del foráneo. En el cuadro se aprecian dos personajes típicos del folclore nacional: la china y el charro, que  con sus motivos y colores patrióticos realzan el sentir nacional. Con el tiempo el jarabe tapatío fue empleado como un símbolo nacionalista, convirtiéndose en una referencia del carácter festivo mexicano.

Fue así que en el bello estado de Jalisco surgió este baile tan particular que desde los principios del siglo XIX sirvió para identificar a las culturas criolla y mestiza que habrían de devenir la mexicana. A pesar de no ser el único jarabe dentro del saber popular, el tapatío llegó a ser el más representativo de todos pues tanto música como baile y personajes hablan del folclore nacional de una manera única. Sin embargo, antes de llegar a formarse como tal, tuvo lugar un proceso de asimilación de algunas danzas zapateadas y del mismo género en nuestro territorio. De manera que se entiende que el jarabe jalisciense fue parte de una evolución de otros modos bailables y musicales, mismos que veremos a continuación.

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Manuel Serrano, El jarabe, 1858, óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia. CONACULTA-INAH-MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Los principios

El género del jarabe surgió como un derivado de las danzas zapateadas españolas, como la seguidilla y el fandango. Los albores de estas danzas datan del siglo XVI cuando fueron traídas al territorio americano por los colonizadores. Con el tiempo, las clases media y baja de la sociedad novohispana las adoptaron debido a su alegre música así como a las coplas y versos que develaban mucho ingenio y picardía. Con la adopción de estos bailables españoles se dio también su incorporación a la tradición popular y sufrieron modificaciones, de manera que para finales del siglo XVIII comenzaron a surgir nuevas composiciones de este estilo en el pueblo, las cuales pasó a denominar como jarabe.

Los primeros jarabes de los que  se sabe y que son considerados los antecedentes del tapatío son los mencionados en los documentos del Santo Oficio por haber sido denunciados ante esta autoridad debido a su obscenidad tanto lírica como coreográfica. Y es que debe tomarse en cuenta que el ritmo de la música invitaba a que el baile estuviera compuesto por movimientos muy marcados, además de que esta cuestión atendía a la tradición de los zapateados españoles. Las prohibiciones continuaron hasta principios del siglo XIX cuando las denuncias ya hacían referencia a diversos jarabes de los que el pueblo gozaba y entre los cuales los más conocidos eran el jarabe gatuno y el pan de jarabe. Del primero se extrae un verso que dice así:

Veinte reales he de dar
Contados uno por uno,
Sólo por verte bailar
El jarabito gatuno.

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El exilio de Marietta Blau en México

Pilar Baptista Lucio
Universidad Panamericana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En una Austria tomada por los nazis, la científica judía no podía sobrevivir. Fue Albert Einstein quien la salvó de una muerte segura consiguiéndole trabajo en un México donde poco se hacía aún en investigación científica. Durante los seis años que permaneció en el IPN, poco pudo avanzar en su especialidad, la aplicación del método fotográfico para el registro de partículas nucleares. La actividad profesional en un área dominada por los hombres y con escasos recursos resultó compleja. Su contribución a la formación de investigadores en física ha sido su gran legado para el país.

Profesores de ESIME (800x449)

Personal docente de la ESIME en su 25 aniversario, 25 de noviembre de 1941. Marietta Blau sentada en el costado izquierdo. IPN, Archivo Histórico de la ESIME.

Marietta Blau es un talento desperdiciado en su país
Albert Einstein a Francisco Castillo Nájera, 24 de junio de 1941

Pequeña de estatura, tímida, con mirada intensa e inteligente, son los adjetivos que coinciden en las descripciones de quienes conocieron  a la gran científica austriaca Marietta Blau, quien vivió en la ciudad de México de 1938 a 1944. Una fotografía tomada en 1940 confirma esta narrativa. En la imagen, Marietta se asoma por una esquinita del retrato de grupo. Aparece con otros 57 profesores –todos ellos varones– del Instituto Politécnico Nacional. Pese a esta impresión, lo que sobresale en su vida es gran valentía y tenacidad, ya que pese a los múltiples obstáculos que enfrentó, no abandonó su carrera científica.

Marietta Blau RecorteMarietta Blau nació en Viena el 29 de abril de 1894, en el seno de una familia acomoda- da, judía e intelectual. Su padre Markus era abogado y su madre Florentine Goldenzweig se dedicó al hogar y a sus cuatro hijos: Fritz, Otto, Marietta y Ludwig. El primero murió de pequeño, y tanto Otto como Ludwig fueron llamados al ejército cuando empezó la Gran Guerra en 1914. En ese mismo año Marietta comenzaría el pregrado en física y matemáticas. Se matrícula en la Universidad de Viena junto con otras 22 compañeras del bachillerato. Ante la falta de hombres jóvenes quienes habían decidido defender al imperio austrohúngaro de los Habsburgo en frentes muy lejanos se abrieron puertas para que las mujeres tuvieran nuevas oportunidades profesionales, pero también altas probabilidades de soltería. Como a otras chicas de su generación, ambas cosas marcarían a Marietta. Sus hermanos sobrevivieron la guerra y regresaron tardíamente a terminar sus carreras cuando Marietta ya se doctoraba en Física en 1919.

Después de un par de estancias de trabajo en Alemania, Marietta vuelve en 1923 a una Viena desesperanzada. Imaginemos a una ciudad devastada por las pérdidas humanas, en continua crisis política y económica y, sobre todo, con la humillación de transitar en tan sólo cuatro años de ser la capital del orgulloso imperio austrohúngaro con casi 50 000 000 de personas, a serlo de una nueva república con 6 000 000 de habitantes. Con la desin- tegración del imperio austrohúngaro –dice la historiadora Maureen Healy en su libro sobre la vida cotidiana en Viena después de la Gran Guerra–, se pierde también un sistema de identificación que cohesionaba a los diferentes grupos y etnias. Sin aquel, pocos eran verdaderamente austriacos y se tachaba a los judíos de traidores, a los checos de cobardes, a los marxistas de ilusos y a los católicos de egoístas y convenencieros.Todos contra todos. En la posguerra, o más bien en el periodo de entreguerras, Austria careció de unión ante la desgracia común. Divisiones, odios y tensiones se intensificaban cada día y, sin embargo, el interés por el conocimiento, las artes y la investigación científica –anclado en el siglo XIX– no parecía menguarse.

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Miguel Agustín Pro, el sacerdote mártir que festejaba la vida

María Gabriela Aguirre Cristiani
Universidad Autónoma Metropolitana, X.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

El padre jesuita pasó algunos años en Europa, fortaleciendo su formación educativa y afrontando problemas de salud. Su regreso a México lo tomó por sorpresa, en un momento en que la actividad religiosa era perseguida por el gobierno de Calles. La convivencia con su colega John J. Druhan muestra la personalidad alegre, entusiasta y comprometida con sus creencias de un hombre que seis décadas después de su fusilamiento fue beatificado por el Vaticano.

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John J. Druhan, Padre Miguel Agustín Pro Juárez, diciembre de 1925, Bélgica.
Fotografía cortesía de “Archives of the New Orleans Province of the Society of Jesus, Loyola University New Orleans Monroe Library”.

A finales de diciembre de 1924, en plenas fiestas navideñas, dos jesuitas iniciaron una corta pero significativa amistad cuyo punto de encuentro fue la casa de estudios de Maison St. Augustin, en Enghien, Bélgica. Se trataba del padre mexicano Miguel Agustín Pro y del estadunidense John J. Druhan.

Siete años después de aquella fecha, con cierta dosis de nostalgia, y tal vez como una forma de consuelo ante la muerte de un amigo, el padre Druhan se dio a la tarea de escribir una especie de memorias a las que tituló Detalles anecdóticos relacionados con el padre Miguel Agustín Pro, S. J. (Side lights on father Miguel Pro, S. J.).

Movido probablemente por la trascendencia que tuvo el fusilamiento de su compañero y amigo, ocurrido el 23 de noviembre de 1927, Druhan dejó evidencias de su relación con Pro. El escrito se encuentra en el Archivo Histórico de la Provincia de la Compañía de Jesús, en Nueva Orleans, jurisdicción a la cual perteneció.

Sobre la primera impresión que el padre Miguel le provocó, comenta: fue la de ser un hombre bromista y alegre que con gran prontitud mereció el título de bufón de Dios (God’s jester); sobresalía del resto de los hermanos por su indiscutible jovialidad y buen humor, características que hicieron imposible sospechar que padecía intestino ulcerado que afectaba sobremanera su salud. Con gran destreza –continúa–, el religioso mexicano jugaba billar, fumaba y entretenía a los compañeros recién llegados al colegio, como lo fue su propio caso. En su opinión, valíaJohn Druhan (2) (503x640) la pena recordarlo como el jovial mexicano que alegró la navidad a un ciudadano estadunidense en un día invernal de Bélgica. Para entonces, Miguel Agustín estaba cerca de cumplir los 34 años. Él tenía 32.

Un año después de haberse conocido, en el mismo mes de diciembre, pero ahora de 1925, ambos jesuitas volverían a coincidir. Antes de este segundo encuentro, el hermano Pro había conseguido su ordenación sacerdotal. El 30 de agosto de ese año recibió el presbiterado de manos de monseñor Charles-Albert Lecomte, obispo de Amíens. No obstante, Druhan refiere que este logro no cambió el carácter humilde y de servicio ya detectado por él y mucho menos ayudó a evitar sus problemas de salud, cada vez más intensos. Ahora más que nunca, expresa y reitera, el padre Miguel Agustín era un enfermo alegre que fue obligado a someterse a una seria y dolorosa operación, una gastroenterostomía, de acuerdo con los términos médicos. No obstante, su personalidad jocosa y entusiasta no desapareció.

El lugar del reencuentro fue la Clínica Saint Rémi, en Bruselas, Bélgica, un hospital privado bajo la administración de unas hermanas francesas que contaba, en opinión de Druhan, con un magnífico médico alemán como director del lugar. El padre Pro no hablaba alemán, pero dominaba el francés al igual que el doctor, así que su comunicación fue menos difícil que la de otros pacientes que tenían problemas con el idioma. En su narración, el jesuita estadunidense insiste: el sarcasmo, las bromas y el contagioso buen humor del padre Pro se transmitían en todos los idiomas con la misma fluidez.

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La guerra que Carranza no quiso comprar

Harim Benjamín Gutiérrez Márquez
Universidad Autónoma Metropolitana, X.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En momentos en que la primera guerra mundial entraba en la etapa de definiciones, Alemania planificó una jugada para evitar la confrontación con Estados Unidos. La idea involucraba a México y Japón, pero la intercepción y desencriptación de un telegrama enviado por el ministro del exterior alemán Arthur Zimmermann tiró toda la operación por la borda. Woodrow Wilson sí entró en guerra y Venustiano Carranza mantuvo su neutralidad filogermana.

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The Temptation, caricatura del ofrecimiento de Zimmermann, en The Dallas Morning
News, 2 de marzo de 1917.

Era 1916. La primera guerra mundial desangraba a Europa. La alianza de Gran Bretaña, Francia, Rusia e Italia luchaba contra los imperios centrales: Alemania, Austria-Hungría y Turquía. Parecía que nadie podía lograr una victoria decisiva.

En el mar, el imperio británico tenía una ventaja: su flota de guerra, la Royal Navy, la más grande y poderosa del mundo. Había bloqueado el paso a los barcos germanos y cercenado la mayoría de las rutas comercia- les marinas del Reich alemán. Pero los ale- manes tenían submarinos que podían burlar el bloqueo y atacar en alta mar, por lo que esperaban que tarde o temprano cortaran o redujeran las rutas de abastecimiento y obligasen a Gran Bretaña a rendirse. Para asegurar esa estrategia urdieron un plan que parecía brillante: provocar una guerra entre México y Estados Unidos.

Para entender lo anterior, hay que recordar que al principio de la guerra los beligerantes atacaban por lo general a los barcos enemigos, respetando las naves neutrales. Pero los alemanes se dieron cuenta de que así no ganarían. Por eso, en 1915 declararon la guerra submarina ilimitada (GSI); es decir, ordenaron a sus submarinos destruir cualquier barco que se acercara a las costas de Gran Bretaña o Francia (solo dejaron abierto un pequeño corredor en el Atlántico para naves neutrales). Eso provocó la protesta de Estados Unidos, que defendía su derecho de comerciar con quien quisiera. Los alemanes sabían que la neutralidad de ese país favorecía a los Aliados, pues era un importantísimo proveedor y prestamista de Gran Bretaña y Francia, así que continuaron con la GSI. En ese mismo año hundieron al transatlántico británico Lusitania, matando a 1 198 pasajeros, entre ellos a 128 estadounidenses.

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Submarino U-14, 1914. Library of Congress, Washington, Estados Unidos.

El gobierno de Washington, presidido por Woodrow Wilson, protestó enérgicamente por esas muertes. Sin embargo, no declaró la guerra, pues tenía la esperanza de promover negociaciones de paz entre los beligerantes. Además, gran parte de los estadounidenses eran aislacionistas, persuadidos de que no debían involucrarse en una guerra europea. Asimismo, Wilson pensaba reelegirse en 1916, objetivo que logró ostentándose como el hombre que había salvado a su país de la guerra. Sin embargo, el hundimiento del Lusitania y otros incidentes similares aumentaron el tono de sus protestas, por lo que en septiembre de 1915 Alemania suspendió la GSI. Una parte de sus gobernantes comprendía que si Estados Unidos les declaraba la guerra, su enorme capacidad financiera y productiva podría dar la victoria a los aliados.

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