Archivo de la categoría: BiCentenario #27

Robert Capa, mensajero del tiempo

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

Rebeca Monroy Nasr
DEH-INAH

Centenares de negativos de la guerra civil espaAi??ola se perdieron durante casi siete dAi??cadas. Por extraAi??as coincidencias ese tesoro apareciA? en MAi??xico hace ocho aAi??os. Sus autores, Robert Capa, Gerda Taro y su amigo David Chim Seymur, murieron sin saber de ellos. Capa pasA? por MAi??xico durante las elecciones presidenciales de 1940 donde dejA? una huella tan invaluable como lo fueron sus coberturas de guerra o los retratos de los personajes de aquellos tiempos.

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Robert Capa en NormandAi??a, 1944. Ai??Robert Capa/Magnum Photos/Latinstock MAi??xico.

El fotorreportero hA?ngaro Endre ErnAi?? Friedmann,Ai??mejor conocido por el seudA?nimo RobertAi??Capa, llegA? a MAi??xico, maleta en mano,Ai??en abril de 1940. Su visita no fue sA?lo unaAi??casualidad del destino. La necesidad de salirAi??de Estados Unidos para tramitar su visa deAi??residente lo llevA? a lo que fue una cita con laAi??vida, como dijera Jorge Luis Borges.

En esos aAi??os, MAi??xico tenAi??a cierta resonanciaAi??en el exterior. La revoluciA?n de 1910Ai??estaba aA?n cercana, y el rAi??gimen de LA?zaroAi??CA?rdenas habAi??a desatado las pasiones deAi??los empresarios extranjeros al nacionalizar elAi??petrA?leo y su industria. Pero tambiAi??n estabaAi??muy presente la polAi??tica de puertas abiertasAi??para cientos de refugiados que escapaban deAi??la guerra civil espaAi??ola, despuAi??s de un periodoAi??de regocijo y alegrAi??a republicana, como lo haAi??mostrado Dolores Pla en sus estudios. TodoAi??ello habAi??a mostrado una nueva cara de MAi??xicoAi??en el entorno internacional del periodoAi??de entreguerras en Europa. SerAi??a una huellaAi??irrepetible y profunda.

El joven Capa llegA? a MAi??xico a los 27 aAi??osAi??con materiales fotogrA?ficos vAi??rgenes y frescos,Ai??y una gran experiencia en la cobertura de guerra.Ai??Ya habAi??a estado en el conflicto chinoai??i??japonAi??s,Ai??asAi?? como en la resistencia y derrumbeAi??de la repA?blica espaAi??ola. En esas tierras captA?Ai??a los combatientes vencidos, a sus mujeres yAi??niAi??os caminando en 1939 hacia los campos deAi??refugio en Francia, que con el tiempo se convirtieronAi??en campos de concentraciA?n por lasAi??pAi??simas condiciones de vida que tuvieron allAi??.Ai??Es importante mencionar que Capa arribA? aAi??MAi??xico despuAi??s de sufrir una de las pAi??rdidasAi??mA?s dolorosas, su esposa y colega, la fotA?grafaAi??alemana Gerda Taro.

Gerda Taro y Robert Capa, ParAi??s 1936. Ai??Corbis / Latinstock MAi??xico.

Gerda Taro y Robert Capa, ParAi??s 1936. Ai??Corbis / Latinstock MAi??xico.

Mujer de talante audaz, Gerda PohorylleAi??habAi??a nacido en Stuttgart el 1 de agosto deAi??1910, y se darAi??a a conocer por el seudA?nimoAi??de Gerda Taro. Fue creadora de temas fotogrA?ficosAi??poco trabajados anteriormente enAi??materia de fotoperiodismo y vida cotidiana,Ai??aunado al uso de formas poco convencionalesAi??en sus imA?genes. Ella le inventA? el seudA?nimoAi??de Robert Capa a Endre ErnAi?? Friedmann yAi??le ayudA? a vender sus trabajos a precios exorbitantes, dada su supuesta exclusividad, conAi??lo que lograron insertar las imA?genes en laAi??revista Vu. Eran grandes cA?mplices que compartieronAi??los rollos, las cA?maras, las lentes, laAi??pijama y la vida.

Gerda Taro morirAi??a de forma accidentalAi??en El Escorial, el 26 de julio de 1937, despuAi??sAi??de hacer un gran fotorreportaje de la batallaAi??de Brunete, ganada por los republicanos, yAi??que le darAi??a una importante presencia en elAi??medio editorial de la Ai??poca. A tan sA?lo unaAi??semana de cumplir 27 aAi??os, cuando se retirabaAi??del frente de guerra un tanque republicano laAi??atropellA? al caerse del estribo del coche en elAi??que viajaba. Fue un golpe terrible para el fotoperiodismoAi??y especialmente para Capa, quienAi??nunca se sobrepuso a su pAi??rdida. Se consideraAi??que Taro fue la primera mujer fotorreportera que muriA? en un frente de guerra.

Ante la avanzada de las fuerzas franquistasAi??y el temor de perder sus trabajos de la guerraAi??civil, los jA?venes Capa y Taro junto con otroAi??colega, el polaco David Seymur, mejor conocidoAi??como Chim (nacido en Varsovia el 20Ai??de noviembre de 1911 y fallecido en Qantara,Ai??Egipto, el 10 de noviembre de 1956), preservaronAi??los negativos de 35 mm. en cajas de cartA?nAi??a las que les hicieron divisiones internasAi??para evitar que se rayaran y confundieran. AAi??cada uno de los rollos lo registraron con datos,Ai??nombres y fechas, y los colocaron en perfectoAi??orden para que fueran resguardados por algA?nAi??colega, amigo o compaAi??ero de ruta. El valiosoAi??material nunca se supo a quiAi??n fue entregado. Durante casi 70 aAi??os aquel tesoro estuvoAi??perdido, a pesar de las incansables bA?squedas que hicieron en vida los propios Capa y Chim,Ai??sobrevivientes de la guerra, estudiosos, curadoresAi??e historiadores de las imA?genes. SerAi??a enAi??MAi??xico donde fue hallado el material en 2007.

Robert Capa 937

Manifestantes durante la campaAi??a presidencial de Manuel A?vila Camacho, MAi??xico 1940. Ai??Robert Capa/Magnum Photos/Latinstock MAi??xico.

A MAi??xico fueron a dar, de manera extraAi??a,Ai??de mano en mano: de un combatiente republicanoAi??a un militante, de un embajador de laAi??cultura a un cineasta. Los 126 rollos cuidadosamenteAi??guardados, anotados y seAi??alados queAi??estuvieron perdidos desde 1939, se conocieronAi??como la Maleta Mexicana, por su residenciaAi??insospechada de dAi??cadas.

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DAi??as entre cafAi??s

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

Maximino MartAi??nez Ocampo.
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM.

A Fernando Orozco y Berra le entretiene mA?s la escritura que la medicina. Le han pedido un artAi??culo y cavila sobre quAi?? escribir. En los cafAi??s encontrarA? un mundo por descubrir y retratar. TambiAi??n hallarA? el A?ltimo golpe de frAi??o que se pueda contar.

Interior del CafAi?? Progreso (800x544)

Interior del cafAi?? del Progreso, litografAi??a en La IlustraciA?n Mexicana, MAi??xico, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851. Biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villaai??? ai??i?? Instituto Mora.

Una buena maAi??ana en la ciudad de MAi??xico de mitad deAi??1850, un mAi??dico convertido en escritor camina preocupadoAi??a lo largo de su estudio. Su nombre es Fernando Orozco yAi??Berra y hace poco mA?s de un aAi??o llegA? a la ciudad de MAi??xicoAi??procedente de Puebla buscando otra atmA?sfera y otros goces. A pesar de tener dos pequeAi??as arrugas en su entrecejo,Ai??es evidente su juventud, pues con 29 aAi??os la vida le sonrAi??eAi??avariciosa, haciAi??ndole entrever horizontes sin lAi??mites. Y noAi??podAi??a ser de otra manera, pues en julio de ese aAi??o acababaAi??de publicar una novela: La guerra de treinta aAi??os, dedicada aAi??su hermano mayor, el historiador Manuel Orozco y Berra.Ai??El libro fue bien recibido por los letrados debido a las interesantesAi??escenas que describAi??a. La turbaciA?n de este novel autorAi??se debe a que tiene que entregar para dentro de tres dAi??as unAi??escrito al editor de La IlustraciA?n Mexicana. Menos mal queAi??con Ignacio Cumplido no tengo problemas ai??i??piensaai??i??, A?haceAi??poco apareciA? uno de mis artAi??culos en El siglo xix!

fERNADO Orozco y Berra El Renacimiento (1000x1280)El joven Fernando decide que quizA? una pequeAi??a incursiA?nAi??al TAi??voli de San Cosme, ubicado en las afueras de la ciudad,Ai??le ayude pensar mejor sobre quAi?? escribir. Pues ahAi?? sabe queAi??se busca la fortaleza y se siente que la sangre circula con mA?sAi??velocidad, activando las funciones del cerebro. Desayuna unaAi??costilla y un par de huevos, todo un desayuno francAi??s, aunqueAi??claro, esto le pesa mA?s a su bolsillo que un tAi??pico almuerzoAi??local. Vale la pena ai??i??afirma el jovenai??i?? mientras no sea todos los dAi??as. Un breve paseo a lo largo de los jardines, de lo queAi??aAi??os despuAi??s Ignacio Manuel Altamirano llamarAi??a Tebaida delAi??amor y de la gastronomAi??a, probablemente le permitan obtenerAi??un tema del quAi?? hablar. Pero no, lo A?nico que ve son floresAi??que parecen mA?s zacates y matorrales, ademA?s de un jovenAi??que lleva un ramito de violetas para su dA?mina. Herido porAi??el recuerdo de aquella mujer poblana a quien abriA? su corazA?nAi??sin vacilar, sin reserva y sin aliAi??o, Orozco y Berra decideAi??abandonar el lugar.

El dAi??a pasa y la inspiraciA?n no aparece, tampoco sus lecturasAi??le dan un tema del que escribir. Cansado y con la noche encima,Ai??Orozco decide tomar una taza de cafAi??, una bebida fuerte, estimulante y deliciosa. A?Eso es! ai??i??dice decididoai??i??, escribirAi?? sobreAi??los cafAi??s de esta noble ciudad, cosa que pocos han hechoAi??antes. Conforme, camina a su habitaciA?n para emprender laAi??siesta, sabe que el prA?ximo dAi??a serA? largo y tiene que recorrerAi??parte de la ciudad para recordar tantos lugares.

Cinco y media de la maAi??ana y nuestro escritor ya estA?Ai??listo para abandonar su hogar, en la calle de San AndrAi??s. ElAi??frAi??o azota a la ciudad de MAi??xico que para la Ai??poca cuenta conAi??unos 200 000 habitantes y unas 4 100 casas, segA?n una guAi??a deAi??forasteros escrita por Juan Nepomuceno Almonte. Se dirigeAi??a El Progreso, en la esquina de las calles de Coliseo Viejo yAi??Coliseo Nuevo. La forma mA?s rA?pida de arribar al cafAi?? serAi??aAi??que nuestro autor llegara a la esquina y bajase por la calle deAi??Vergara. Demasiado fA?cil ai??i??piensaai??i?? ademA?s de que insuficienteAi??para ver la multitud de establecimientos del gAi??nero que meAi??interesa. AsAi?? que decide enfilarse en direcciA?n a la Catedral.Ai??Al cruzar por la calle de Santa Clara, una cuadra adelante, seAi??encuentra con cafAi??s ambulantes donde unos albaAi??iles desayunanAi??atole y tamales para aguantar la dura jornada que lesAi??espera. Ni pensar en tomar un bocado ahAi??. Para Ai??l, la simpleAi??menciA?n de esa comida le parece grosera y anticonstitucional.

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Sepia

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

DarAi??o Fritz

Primera ComuniA?n (800x535)

Ai?? Primera comuniA?n, QuerAi??taro, 1919. ColecciA?n Laura SuA?rez de la Torre.

Tanta seriedad apabulla. Nadie se sale aquAi?? del libreto.Ai??Todos bien planchados, las manos en sus lugares, losAi??calzados lustrosos, las miradas concentradas, ni unaAi??pestaAi??a alebrestada, ningA?n cabello que se aparte de suAi??sitio. No importan edades, sexo, ni jerarquAi??a familiar.Ai??Una obediencia ciega ante los flashazos del fotA?grafo.Ai??AquAi?? no se mueve una hoja. Nada dirAi??a que despuAi??s de terminada la sesiA?n, esas niAi??as y niAi??os convertirAi??an elAi??lugar en un jolgorio. Uno se atreverAi??a a creer que el patriarcaAi??dirAi??a vamos a casa, y todos saldrAi??an en fila detrA?sAi??de Ai??l en busca de la calle. Silenciosos, disciplinados yAi??respetuosos. De allAi?? a la iglesia, posiblemente, para queAi??la niAi??a Guadalupe SuA?rez recibiera su primera comuniA?n.Ai??Miradas, formas de pararnos, vestimenta, dicen mucho de nosotros para explicar lo que somos. NadaAi??harAi??a suponer que de las gemelas Teresa y ConcepciA?n,Ai??aupadas por su madre y su abuela, o de los niAi??os estiloAi??marinero JosAi?? y Ricardo, serAi??an jA?venes algunos aAi??osAi??despuAi??s que romperAi??an con los cA?nones conservadoresAi??en los que se los criaba allA? por 1919. Mucho menos deAi??Ignacio, el mayor, con mA?s porte por lo que se ve para ser uno de los tantos profesionales de carreras tradicionalesAi??entre las familias de abolengo de QuerAi??taro. La revoluciA?nAi??de Villa y Zapata habAi??a pasado de refilA?n porAi??el estado y aquellos niAi??os mA?s grandes, como GuadalupeAi??e Ignacio, poco supieron en esos momentos de laAi??guerra intestina que sacudiA? a las familias mexicanas.Ai??Cuidados al extremo de la contaminaciA?n que podrAi??a significar la violenta realidad polAi??tica y social del paAi??s.

AA?n y cuando el abuelo Adolfo era el prominenteAi??Director del Colegio Civil de QuerAi??taro, que a tono con las investiduras de largo aliento de la Ai??poca permaneciA?Ai??18 aAi??os en el cargo. Lo dejA? en 1911 para ser nadaAi??menos que gobernador. A la par de que Porfirio DAi??azAi??abandonaba la presidencia eterna, tambiAi??n lo hacAi??a enAi??el estado Francisco GonzA?lez de CosAi??o, otro longevoAi??en aquello de atarse a la silla: 24 aAi??os continuados gobernando.Ai??Don Adolfo poco pudo hacer. DurA? algunos meses apenas. Se iniciaban los gobiernos estatales que alAi??cabo de unos cuatro meses terminaban quitados. PeroAi??esa es otra historia. El principio de la familia siempreAi??unida no queda duda que se habrA? preservado hastaAi??nuestros dAi??as en el linaje que el ingeniero Adolfo de laAi??Isla heredA? y supo fortalecer y extender.

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JesA?s Reyes Heroles. El ideA?logo que explicA? al PRI

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

HAi??ctor Zarauz LA?pez
Instituto Mora

Hombre crAi??tico, contestatario y de fuertes convicciones, estuvo cerca de varios presidentes sin por ello dejar de marcar sus diferencias. AA?n asAi??, se mantuvo siempre dentro de los mA?rgenes oficiales. Se le considera no sA?lo el “cerebro” detrA?s del partido, sino tambiAi??n quien reformA? el sistema polAi??tico mexicano. Presentamos aquAi?? extractos de una entrevista publicada en 1966 donde habla de un tema que nos traen tambiAi??n hasta el presente.

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JesA?s Reyes Heroles en su oficina. ColecciA?n de JesA?s Reyes Heroles GonzA?lez Garza.

JesA?s Reyes Heroles es considerado como unoAi??de los mA?s influyentes polAi??ticos mexicanos deAi??la segunda mitad del siglo XX. NaciA? en Tuxpan,Ai??Veracruz, el 3 de abril de 1921. AbogadoAi??de formaciA?n, estudiA? en la Universidad NacionalAi??AutA?noma de MAi??xico, de donde egresA?Ai??en 1944, para despuAi??s realizar estudios de posgradoAi??en Argentina. A su regreso desempeAi??A?Ai??varios cargos pA?blicos que le dieron, en consonanciaAi??con su sA?lida preparaciA?n acadAi??mica,Ai??una especial sapiencia de la polAi??tica nacional.

Entre otros puestos fue secretario generalAi??del Instituto Mexicano del Libro (1949-1953),Ai??asesor de la Presidencia de la RepA?blica (1952-1958), diputado (1961-1964), director general deAi??PetrA?leos Mexicanos en el sexenio de GustavoAi??DAi??az Ordaz (1964-1970), periodo en el queAi??se continuA? con la expansiA?n de la empresaAi??y se mantuvo el orden productivo, ademA?sAi??de confrontar diferencias con el sindicato deAi??petroleros. Por su eficiencia fue nombradoAi??director de otras paraestatales como Diesel Nacional (1970-1972), Constructora NacionalAi??de Carros de Ferrocarriles (1970-1972) yAi??SiderA?rgica Nacional (1970-1972).

AdemA?s, fue director del IMSS (1975-1976),Ai??secretario de GobernaciA?n (1976-1979) desdeAi??donde pudo dar impulso a la reforma polAi??ticaAi??de ese momento y de EducaciA?n PA?blica (1982-1985), en la que iniciA? una reforma educativa.Ai??Por si fuera poco, ostentA? nombramientos internacionalesAi??como presidente del VII CongresoAi??Mundial del PetrA?leo (1967) y del ComitAi??Ai??Interamericano de Seguridad Social (1976).

Su carrera como funcionario no siempreAi??fue tersa pues, a decir de la historiadora EugeniaAi??Meyer, su temperamento lo inclinA? como crAi??tico,Ai??como contestatario, a renunciar a la comodidadAi??y los privilegios que le brindaba el poder polAi??tico,Ai??en defensa de sus convicciones intelectuales, y su incuestionable defensa de la libertad.

Al fin hombre del sistema, estuvo cercaAi??de varios presidentes y no obstante sus diferenciasAi??con alguno de ellos, nunca saliA? de los mA?rgenes oficiales. Muchos lo consideran elAi??gran ideA?logo del priAi??smo y del sistema polAi??ticoAi??mexicano. Rara avis de la polAi??tica nacional,Ai??fue conocedor de Maquiavelo, Locke,Ai??Hobbes, Montesquieu, igual que de Marx oAi??Gramsci, pero tambiAi??n estudioso del pensamientoAi??mexicano como se muestra en susAi??estudios sobre JosAi?? MarAi??a Luis Mora, Benito JuA?rez, Melchor Ocampo o Ignacio RamAi??rez.

Entre las distintas obras de su autorAi??a destacan:Ai??Tendencia actuales del Estado (1945), El Liberalismo mexicano (obra publicada en cuatroAi??tomos entre 1957 y 1961), En busca de la razA?n de Estado (1981). Otras mA?s son: La industria de laAi??transformaciA?n y sus perspectivas (1951), ComentariosAi??a la revoluciA?n industrial en MAi??xico (1951),Ai??RestauraciA?n, revisiA?n y tercer camino (1952), ContinuidadAi??del liberalismo mexicano (1954), La IglesiaAi??y el Estado (1960), El liberalismo social de IgnacioAi??RamAi??rez (1961), Rousseau y el liberalismo mexicanoAi??(1962), La idea del Estado de derecho (1964).

MuriA? el 18 de marzo de 1985, poco antesAi??de cumplir 64 aAi??os de edad.

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Aniceto Ortega: un mAi??dico multifacetico

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

Olivia Moreno Gamboa.
Instituto de Investigaciones FilolA?gicas, UNAM.

Reconocido por sus ideas eclAi??cticas en la medicina, Aniceto Ortega destacA? en el MAi??xico de la segunda mitad del siglo XIX por su formaciA?n enciclopAi??dica. escribAi??a tanto sobre los efectos terapAi??uticos de la mA?sica, como de tratados acerca de terremotos y erupciones. Pero en la memoria mexicana trascendAi??o como uno de los compositores mA?s originales de su generaciA?n. Un relato de aquellos aAi??os nos da cuenta de ese discurrir por los hospitales y los escenarios musicales.

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Dr. Aniceto Ortega, profesor de clAi??nica de obstetricia, ca. 1860, litografAi??a.

La crA?nica musical que se presenta en las prA?ximasAi??pA?ginas fue publicada en El Siglo Diez yAi??Nueve, uno de los diarios liberales de mayorAi??circulaciA?n nacional del MAi??xico independiente,Ai??y tambiAi??n uno de los mA?s longevos. El autorAi??de la crA?nica, publicada el 25 de septiembre deAi??1871, fue el periodista francAi??s Alfredo BablotAi??(1827-1892), emigrado a MAi??xico a mediadosAi??del siglo, quien en poco tiempo conquistA? a laAi??Ai??lite artAi??stica e intelectual de la capital por susAi??amplios conocimientos musicales que, aunadosAi??a sus buenas relaciones polAi??ticas, le valdrAi??anAi??en 1881 el nombramiento como director del Conservatorio Nacional de MA?sica y DeclamaciA?n,Ai??por el presidente Manuel GonzA?lez.

Bablot se valiA? del seudA?nimo de ProteoAi??para publicar una crA?nica de la A?ltima representaciA?nAi??de la compaAi??Ai??a de A?pera italiana deAi??la cAi??lebre A?ngela Peralta, que actuA? en el TeatroAi??Nacional del 6 de mayo al 13 de septiembreAi??de ese 1871. Para la quinta y A?ltima entrega,Ai??habAi??a prometido a sus lectores ocuparse de laAi??A?pera Guatimotzin, estrenada justamente en laAi??clausura de la temporada lAi??rica, pero en lugarAi??de la prometida crA?nica musical, entregA? alAi??diario una curiosa conversaciA?n que supuestamenteAi??sostuvo con el autor de Guatimotzin,Ai??Aniceto Ortega.

Partitura Aniceto Ortega AGN (590x800)

Aniceto Ortega, La luna de Miel, Mazurca de SalA?n (portada), ca. 1870, partitura para piano. AGN, Propiedad ArtAi??stica y Literaria, caja 1343, Exp. 18.

Aniceto Ortega del Villar naciA? en 1825 enAi??Tulancingo en el seno de una familia culta,Ai??aficionada a la ciencia y las bellas letras. JuntoAi??a su hermano mayor Francisco (1822-1886),Ai??recibiA? una educaciA?n que inculcaba una moralAi??severa, el gusto por la literatura y la mA?sica.Ai??Con frecuencia la familia recibAi??a en su casaAi??la visita de intelectuales y artistas. AsAi??, losAi??jA?venes Aniceto y Francisco crecieron en unAi??ambiente estimulante, privilegio de laAi??clase acomodada en nuestro paAi??s.

Aniceto y su hermanoAi??cursaron estudios enAi??la Escuela de Medicina,Ai??reciAi??n fundada enAi??1842. Se especializA?Ai??en obstetricia, y unaAi??vez concluido sus estudiosAi??en diciembreAi??de 1849, realizA? unAi??viaje de perfeccionamientoAi??por Europa.Ai??En un lapso de cinco aAi??seis meses visitA? EspaAi??a,Ai??Francia, Italia y GranAi??BretaAi??a.

A su regreso a MAi??xico se incorporA?Ai??a su alma mater como profesorAi??de medicina y cirugAi??a. No obstante, elAi??desempeAi??o de importantes cargos administrativosAi??le obligaba a dejar la cA?tedra por largasAi??temporadas. Durante el segundo imperioAi??formA? parte del Consejo Superior de Salubridad (encargado de regular la prA?ctica mAi??dicaAi??y preservar la salud pA?blica) y fue nombradoAi??director del Hospital de Maternidad e Infancia,Ai??inaugurado en 1861 con el fin de atender aAi??mujeres y niAi??os pobres y a madres reservadas, es decir, jA?venes solteras que guardaban enAi??secreto su embarazo y parto. Estuvo al frenteAi??del hospital hasta su muerte, ocurrida en 1875.

Ortega retomA? la enseAi??anza en 1868 como catedrA?tico de clAi??nica de obstetricia en la EscuelaAi??de Medicina que dirigAi??a JosAi?? MarAi??a VAi??rtiz,Ai??aunque a los pocos meses solicitA? licenciaAi??por dos aAi??os, alegando motivos familiares.

A decir de sus contemporA?neos, fue unAi??mAi??dico de pensamiento eclAi??ctico, pues si bienAi??era fiel a la escuela francesa, a veces se inclinabaAi??por la inglesa y la alemana. Entre otrosAi??aciertos, sus amigos galenos le reconocAi??anAi??haber divulgado y multiplicadoAi??los usos de la reciAi??nAi??inventada inyecciA?n hipodAi??rmica,Ai??y aplicado conAi??buenos resultados maniobrasAi??atrevidas en laAi??cirugAi??a ginecolA?gica.

Ortega gozA? deAi??una posiciA?n econA?micaAi??estable graciasAi??a su cargos pA?blicosAi??y quizA?, sobre todo, a
la prA?ctica privada de laAi??medicina entre una clientelaAi??escogida y numerosa. NoAi??por ello abandonA? su altruismo con los enfermos pobres, aAi??los que atendAi??a desinteresadamente,Ai??como narra Proteo.

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