Archivo de la categoría: BiCentenario #21

Fórmula Matemática

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

FotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s, Francisco Escudero, Escuela primaria NA? 7, Pachuca, Hidalgo, 1909. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Fotógrafo José Bustamante Valdés, Francisco Escudero, Escuela primaria NA? 7, Pachuca, Hidalgo, 1909. Col. Ramón Aureliano Alarcón

Las matemáticas no puede decirse que tengan buena prensa. Desde la niñez siempre han sido un quebradero de cabeza. Cuando se evalúa la educación de los hijos en casa, en la propia escuela o el mismo país siempre están allí para recordarnos que son la insignia que marca el horizonte. Por eso cuesta tanto formar ingenieros, transforman en imperiosa la necesidad de los contadores y nos dicen que sin conocerla a fondo no hay prosperidad posible. Pero siempre habrá un imprescindible maestro Francisco Escudero Hidalgo que pueda hacernos más legible el camino para domarlas y convivir con sabiduría con ellas.

La profesión de educar ha de ser una de las más nobles de las que nos rodean. Da todo sin pedir nada a cambio más que atención, no persigue el dinero, desalienta la fama y deja huellas imborrables en la memoria. Se puede educar al aire libre y hasta sin necesidad de pupitre. La nobleza está en transmitir el conocimiento.

Escudero Hidalgo daba clases como las de la imagen en el Hidalgo de 1909, y llevaba muy en las entrañas la enseñanza. Dirigió escuelas en su estado, Tlaxcala y el Distrito Federal, participó en debates nacionales sobre educación y también escribió textos sobre pedagogía e historia. A juzgar por el porte y su actitud directriz hacia la fórmula matemática del pizarrón, sin duda habría validado con creces el más complejo de cualquier examen de evaluación. Y sus doce atentos y atildados alumnos, a los que ni un mosco intentaría interrumpirlos, seguramente hubiesen superado con prestancia cualquier prueba ENLACE. Sólo la ausencia de niñas hace imperfecto el momento que captó el fotógrafo José Bustamante Valdés.

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Entrevista. Fernando Soler

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

¡El cine es para divertir y emocionar!

En una charla de 1975 con Eugenia Mayer, el actor relata sus inicios en el teatro y el cine, las vicisitudes en la actuación y la dirección, y sus discrepancias con la cinematografía vista como enseñanza o dirigida a públicos especializados

Fernando Soler, El Indiano, dirigida por F. soler, 1954. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Fernando Soler, El Indiano, dirigida por F. soler, 1954. Col. Ramón Aureliano Alarcón

¿Quién no ha visto las películas de la época de Oro del cine mexicano con actores como Fernando Soler en sus diversas caracterizaciones? Muchos recordarán al bohemio y parrandero don Chucho en un mano a mano actoral con Joaquín Pardavé; el inocente y pícaro don Susanito, de la comedia México de mis recuerdos; al padre autoritario y estricto del melodrama familiar Una familia de tantas; o al padre borrachín de la comedia de enredos El gran Calavera; así como al inolvidable norteño irresponsable Cruz Treviño Martínez de la Garza, compartiendo actuación estelar con Pedro Infante, en La oveja negra.

Fernando Soler, cuyo verdadero nombre era Fernando Díaz Pavía, es considerado como uno de los mejores actores que ha tenido el cine mexicano, principalmente por su calidad histriónica y su naturalidad interpretativa. Fue miembro de una familia de artistas –la dinastía Soler– vinculados al teatro y a la industria cinematográfica, ocupando un lugar destacado como actores, guionistas, productores y directores.

Hijo de padres españoles, Fernando Soler nací en Saltillo, Coahuila, el 24 de mayo de 1903. Al inicio de la revolución la familia Soler emigró a California, donde Fernando estudió administración, al mismo tiempo que su padre formaba el Cuarteto Infantil Soler con él y tres de sus hermanos –Irene, Andrés y Domingo–, empezando desde entonces, su carrera artística. Siendo mayor de edad formó su propia compañía en La Habana con la que recorrió gran parte del continente americano hasta que se estableció en la ciudad de México en donde realizaría una larga y exitosa carrera artística en la industria fílmica nacional, siendo protagonista de más de un centenar de películas y director de más de 22 filmes. Contrajo matrimonio con la actriz Sagrario Gómez Seco, con quien viviría hasta su muerte en 1979.

Eugenia Meyer entrevistó a Fernando Soler el 15 de junio de 1975, para el Programa de Historia Oral del Cine Mexicano, del Departamento de Etnología y Antropología Social del INAH (PHO/2/19). La conversación fue editada y publicada, junto con el testimonio de un grupo de creadores del cine nacional, en sus diferentes especialidades, en los Cuadernos de la Cineteca Nacional. Testimonio para la historia del cine mexicano (coord. Eugenia Meyer), Secretaría de Gobernación, 1975.

No obstante su precaria salud, Soler estuvo dispuesto a conceder la entrevista en la que recordó algunos momentos de su vida artística, expresó su amor por el teatro y su experiencia en la industria cinematográfica, reflexionando sobre las distintas etapas del cine en México. A continuación, presentamos una selección de textos de aquella entrevista de Eugenia Meyer.

El teatro y el cine

Se me metieron porque sí; realmente nunca me he puesto a analizar las razones. Antes, lo único que quise ser fue médico o aviador, después actor; toda mi vida lo he sido, hasta la fecha. En teatro he hecho de todo y he tenido muchas satisfacciones a lo largo de mi vida. Lo que más me atrae es la tragicomedia; prueba de ello es que mis más grandes aciertos han sido siempre en ese género.

En el teatro, unos días se siente uno genial y otros, un ignorante. A veces lo hace uno mejor, está sublime. No olvidemos que el actor no es una máquina sino un ser. Por eso, con una sala medio vacía, el artista se desconsuela y le cuesta mucho entregarse; pero si la ve llena da todo su entusiasmo.

Tengo personajes y obras preferidas, como son Cyrano de Bergerac, que hice en Bellas Artes; Bajo el puente, El círculo de yeso y El verdugo de Sevilla.

En México debuté con mi compañía en el Teatro Ideal, que estaba en las calles de Dolores. Obtuve grandes aplausos. En aquella época trabajábamos todos los días y simultáneamente montábamos las piezas nuevas. Hubo un momento en que cambiábamos de obra cada semana. Las entradas resultaban muy baratas; creo que costaba dos pesos la luneta y uno cincuenta general. Yo, como jefe de la compañía, no tenía sueldo fijo, a veces podía sacar veinte, treinta o cuarenta pesos diarios.

En 1930 me llamaron para debutar en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid. En esa ocasión me estaba jugando la carrera porque todo el mundo –los periodistas y los amigos de América– me decían que esa era la oportunidad para consagrarme en España y llegar a la meta. El triunfo fue rotundo. Junto con mi propio elenco permanecí allí durante tres temporadas consecutivas. Mi esposa, Sagra del Río, iba como primera actriz y yo como actor principal. Recuerdo en una ocasión que íbamos de gira, nos tocó el cambio de gobierno; subimos en Albacete al tren siendo monárquicos y bajamos en Valencia como republicanos. Se había hecho la transformación, pero los disturbios no los aceptó nunca; fueron completamente ajenos a mí.

En esta época me solicitaron de París (aún el cine mudo estaba en pleno apogeo) para filmar una cinta sonora que se llamó Cuándo te suicidas. Llevaría el papel estelar junto con la actriz española Imperio Argentina. Era una comedia y la Paramount decidió contratarme. A pesar de que antes había hecho unas cuantas películas mudas en Hollywood junto con mi hermana Irene, al iniciar esta producción en Francia sentí unos nervios espantosos; no me di cuenta de lo que pasaba dentro de mí; era como romper un enigma.

Cartel, El Gran Calavera.

Cartel, El Gran Calavera.

Regresé de París y empecé a dedicarme en serio al cine. Fui advirtiendo la enorme variedad de técnicas que existen para expresar un mismo parlamento. Desde el principio noté las diferencias entre cine y teatro. Aunque he sido un actor excesivamente natural y no me costó gran esfuerzo pasar de un escenario a un foro cinematográfico, sí, percibí cierta modificación. En el teatro hay que utilizar el gesto, la palabra, el ademán para llegar hasta las últimas filas; mientras que el cine es un acto de gigantes; estás tan grande que tienes que condensar tu presentación, si no, resultas artificial. Mis primeras intervenciones estaban un poco sobreactuadas, así las veo ahora, pero poco a poco fui tomando confianza frente a las cámaras, como si estuviera en mi casa.

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Sólo ustedes lo saben

Silvia L. Cuessy

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

 

Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambió tu suerte. ¿Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la nación te lo dijo: ese hombre sólo te traerá dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querías saber. Cuando te topaste con él, tu línea del destino quedó trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quién era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metió en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivó una extraña mirada sólo entendida por los que sabían tus secretos. TA? que entonces manipulabas la Cámara a tu antojo; tú que poseías innumerables tierras y eras dueño del destino de tantas personas, tenías que acercártele. Los caballos sirvieron de pretexto. Tú tenías los más finos del país; él era el mejor arrendador de la región.

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910

Amada Díaz de la Torre, José Francisco Godoy. Porfirio Díaz, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman’s Sons, 1910

Hoy sí piensas en Amada, ¿verdad? Estás agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora sí la llamas. Maldito. Ojalá también te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. Año tras año la dejaste sola en Navidades y aniversarios, además de los otros 355 días del año, si descontamos los ocho en que quizá la llevaste al teatro o a algún baile porque así te convenía hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus oídos “Nacho, ya no quiero que me miren con lástima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detrás de las copas de cognac o los abanicos” Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. Rehuías las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolvía las entrañas. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitación y no abriste ni siquiera para un buenas noches. ¿Qué te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merecía por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devoción, y tú le devolviste penas y vergüenza. Ya no tendrá otra opción que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vacíos.

Ni el azúcar producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el carácter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un sportman de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de káiser mexicano, chaqueta de tweed, pantalón golf y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. ¡Ah! Qué diferencia ¿verdad? Y ahora, mírate ahí tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que tú tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. Espérate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde México. Llevaba meses buscándote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le llegó la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo cómo había sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. Vendió las alhajas que le diste en lugar de amor después de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia tenía; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorización para que los médicos te sometan a una cirugía. Sorteó obstáculos y lágrimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cadáver, quién sabe si aguantes. Por lo menos dale ese único gusto. Espérala vivo, infeliz.

Utilizabas a la gente. La movías a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, decías. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu chófer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevaría al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traición y la muerte, junto a la penitenciaría de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volvería a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estarían a salvo.

 

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El dibujo se populariza en el siglo XIX

María Esther Pérez Salas C.
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

La proliferación de la enseñanza del dibujo fue mucho más allá que formar a grandes artistas. Se impuso en distintos estratos sociales, y entre niños y mujeres, de la mano de maestros extranjeros. Las clases personalizadas y los manuales fueron las claves para el aprendizaje.

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther Pérez Salas

Tanto en Europa como en México, se consideró desde finales del siglo XVIII que la enseñanza del dibujo era fundamental para el buen ejercicio de cualquier actividad. No importaba si el alumno se interesaba por el arte o la artesanía, o por estudiar medicina, abogacía o ciencias. Lo transcendental era que mediante el dibujo se expresaba el gusto por la belleza el cual llevaría a perseguir grandes ideales.

Desde el punto de vista escolarizado, en un principio se destacó que mediante el dibujo se desarrollaba la capacidad de observación y el pensamiento abstracto en apoyo del conocimiento científico, pero en poco tiempo la práctica del dibujo adquirió una dimensión más amplia, al convertirse en parte de una cultura general. De ahí que, además de las clases que se impartían en la Academia de San Carlos, destinadas a los futuros artistas del país, empezaron a proliferar cursos y manuales para aquellos que querían acercarse al dibujo de una manera menos especializada.

Una de los primeros acercamientos fue a través de los cursos impartidos por maestros que se anunciaban en los periódicos. La mayor parte de ellos eran artistas extranjeros que se ofrecían como retratistas, pero que encontraron en la enseñanza del dibujo una manera de subsistencia. Para atraer mayor clientela, aseguraban que el alumnado obtendría en breve tiempo importantes avances.

En otros casos, las clases de dibujo formaban parte de un programa educativo más completo, ya que se complementaba con cursos de lengua francesa, geografía, historia y religión cristiana. Dado que no se contaba con establecimientos específicos para la enseñanza, por lo general las clases se impartían en los domicilios de los maestros.

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de Niñas del Estado de Tlaxcala dedican esta colección a su digno fundador el señor J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Autodidactas

Pero en el siglo XIX también fue posible aprender dibujo de manera autodidacta con el apoyo de manuales que comenzaron a circular a partir de 1840. Sólo se requería tener ciertas habilidades y seguir las indicaciones puntualmente, sin necesidad de un maestro.

En sus inicios, los manuales que circulaban en México fueron traducciones de los que circulaban en Francia, como el Manual del dibujante, de Aristide Perrot, que ofrecía adquirir en tan sólo seis meses, las destrezas de un alumnos con dos años de estudio. Con tal aseveración, se ponía de manifiesto que resultaba mucho más productivo aprender el dibujo a partir de los principios fundamentales establecidos en el texto, en lugar de los métodos tradicionales de copiar los modelos sin reglas que guiaban al discípulo.

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Figuras planas, en Semanario de las señoritas mexicanas, México, Vicente García Torres, 1841-1852

Este manual fue uno de los más exitosos de su época. Estaba dividido en cuatro grandes rubros: dibujo de delineación a simple vista, dibujo natural que comprendía figura humana y paisaje, dibujo de topografía y máquinas e instrumentos para dibujar. Además de incluir dos secciones novedosas como eran el paisaje y los instrumentos de dibujo, en cada uno de los apartados de cada sección había una buena cantidad de ejercicios. Además, se proporcionaba una serie de consejos como nociones sobre los huesos, músculos y movimientos del cuerpo humano, cómo elegir el sitio para realizar un paisaje natural, o información sobre los instrumentos, papeles, colores y elaboración de dibujos topográficos. En pocas palabras, cumplía cabalmente con las características de una publicación para aprender de manera autodidacta, ya que en un solo ejemplar se contaba con la información y ejercicios necesarios.

Tal fue el alcance de estos manuales que por todos los medios se buscó darlos a conocer. Los Calendarios, publicaciones de formato pequeño pero de tirajes muy alto que era habitual encontrar en las casas mexicanas del siglo XIX, fueron importantes para su difusión. Eran la guía para todas las actividades del año, desde saber los días de ayuno o los obligatorios de asistir a misa, así como para consultar el santoral y dar nombre al recién nacido. En el Décimocuarto calendario de Abraham López, se incluyó para 1852 la traducción del manual Elementos de dibujo natural, publicado por el inglés Rudolph Ackermann y traducido por José de Urcullu. Además del texto, a través de quince imágenes se mostraba paso a paso este método de dibujo, que hacía hincapié en los ejemplos de las proporciones del cuerpo y sus partes. También explicaba el tratamiento de las sombras y el ropaje.

Otro medio a partir del cual también se tuvo acceso a los distintos métodos de dibujo fueron las revistas literarias, las cuales estaban dirigidas a niños y mujeres de las clases medias y altas de la población, como Diario de los niños y Semanario de las señoritas mejicanas. Su principal objetivo era brindar instrucción de forma amena.

Público femenino

Ahora bien, a pesar de que se podría pensar que en las revistas para niños fue donde más se insertaron temas sobre el dibujo, en realidad ese lugar lo ocuparon las revistas femeninas que fomentaron con mayor insistencia que las lectoras jóvenes se acercaran.

En efecto, de acuerdo con el concepto de educación orientado a la mujer, se consideraba que el dibujo constituía parte importante en la formación de cualquier joven, aunque no se fuera a dedicar a la pintura. En el siglo XIX estaba mal visto que una mujer acudiera a clases en las academias de arte, por lo cual se les ofrecía la posibilidad de aprenderlo con maestros particulares o a través de las revistas literarias.

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Portada libro francés de dibujo, école de dessin. Col. Ma. Esther Pérez Salas

El dibujo era una herramienta muy útil para el desarrollo de las manualidades, en especial para el bordado, de ahí que en las publicaciones no faltaban artículos y estampas dedicadas a este aprendizaje. Sobre todo aquellas en las que se ofrecían las bases para aumentar o reducir una imagen sin perder la proporción, o bien para dar volumen a una figura mediante técnicas de sombreado. A pesar del objetivo meramente práctico y de adorno que se confirió a la instrucción del dibujo entre la población femenina, muchas perfeccionaron sus habilidades y llegaron a convertirse en excelentes artistas.

En relación a los niños, a mediados del siglo XIX quedaron establecidas dentro del ámbito escolar las bondades del aprendizaje del dibujo, por lo que se publicaron métodos y manuales para su práctica en las aulas. Pero, al mismo tiempo, se editó gran número de cuadernos de dibujo para que los infantes se acercaran a la actividad de manera lúdica, libre y directa. Libros con temas atractivos y tonalidades vistosas atraían a los pequeños a colorear siluetas, copiar figuras sencillas o seguir cuidadosamente los puntos marcados en cuadernos especiales. Estos materiales fueron importantes para desarrollar en la población infantil el interés por el dibujo, a la vez que se sentaban las bases para una enseñanza escolarizada.

Sea cual fuere la vía a partir de la cual la sociedad decimonónica mexicana aprendió a dibujar, lo que queda claro es que en el siglo XIX prevaleció un interés por aprender una manera gráfica para expresarse, hacerse de una herramienta para sus actividades cotidianas, así como contar con un medio para apreciar la naturaleza. En este sentido, el dibujo fue el elemento aglutinador que permitió que se pudieran llevar a cabo estas premisas.

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Para saber más

  • Consultar revistas dirigidas a la mujer en el siglo XIX: http://xurl.es/tgdki

 

Una revuelta estudiantil en 1858

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

El Colegio de Minería fue escenario de protestas por el golpe de Estado del general Félix María Zuloaga que obligó a cerrar sus puertas durante diez días. Hubo sancionados y expulsados hasta que los estudiantes se retiraron en bloque de la institución. Sólo quedaron catorce

Felix Zuloaga. MAi??xico a travAi??s de los siglos, MAi??xico, BallescA? y compaAi??Ai??a, 1887-1889

Felix Zuloaga. México a través de los siglos, México, Ballesó y compañía, 1887-1889

Las protestas estudiantiles han sido parte de nuestra historia. Sin embargo, conocemos poco de ellas, a excepción del movimiento universitario de 1968. Un ejemplo fue la ocurrida a raíz del golpe de Estado que en enero de 1858 entregó el Poder Ejecutivo al general conservador Félix María Zuloaga en la capital del país y obligó a los liberales presididos por Benito Juárez a refugiarse en el puerto de Veracruz.

En efecto, mientras tropas de ambos bandos combatían con denuedo en distintos puntos del territorio, en la ciudad de México muchos jóvenes procedían como quinta columna del Partido Liberal y trabajaban y urdían planes a su favor. Sabemos por Ignacio Manuel Altamirano, quien entonces era profesor en el Colegio de Letrán, y lo relataría 30 años después, de las reuniones celebradas en secreto en algunos cuartos del Colegio de Minería o la Escuela de Medicina por escritores y estudiantes. Constituían focos de conspiración en que mantenían el fuego revolucionario Francisco Prieto (hijo de Guillermo); Mariano Degollado (hijo de D. Santos); Ignacio Arriaga (hijo de Ponciano); Juan Díaz Covarrubias y Juan Mirafuentes.

Por el mismo Altamirano sabemos que los participantes se dispersaron poco a poco. Unos prefirieron ocultarse, pero otros fueron desterrados, se sumaron al ejército de Juárez o permanecieron en la capital y padecieron la falta de libertad políica que se respiraba entonces hasta en la atmósfera. Fue así que tuvieron que conformarse con la intriga, la escritura de hojas liberales y su impresión clandestina.

Pedro Gualdi, Colegio de MinerAi??a, Monumentos de MAi??xico, MAi??xico, Decaen, 1841

Pedro Gualdi, Colegio de Minería, Monumentos de México, México, Decaen, 1841

Cómo pudo expresarse esta protesta en el Colegio de Minería, donde reinaban un rígido orden jerárquico y gran disciplina, y donde los jóvenes no querrían arriesgarse a ser expulsados? Si bien la consumación de la independencia había significado la intervención del Poder Ejecutivo en sus asuntos internos y la pérdida de autonomía presupuestal, la institución fundada en el siglo XVII para formar peritos en la dirección y administración de las minas y haciendas de beneficio, gozaba aún de gran renombre. Egresar de allí después de seis años en sus aulas y prácticas in situ, conllevaba prestigio.

El reglamento era estricto y sometía a los alumnos a una férrea disciplina. Los directivos –el capellán, entre otros– se preocupaban por la conducta de alrededor de 300 colegiales de entre 14 y 21 años de edad, tanto como de atender a su educación cristiana y buenas costumbres, y dividían estrictamente su tiempo entre prácticas religiosas, cursos, horas de estudio, comida y descanso. Las actividades daban inicio a las seis de la mañana y terminaban alrededor de las diez de la noche. Los domingos y días de fiesta, después de cumplir con sus deberes cristianos, los jóvenes podían salir de paseo y/o reunirse con sus familiares.

Los testimonios que siguen nos ilustran al respecto y nos permiten apreciar el valor y la resolución de los revoltosos en 1858. Uno de ellos procede de los Datos para la historia del Colegio de Minería recogidos y compilados bajo la forma de efemérides por el antiguo alumno, el ingeniero de minas Santiago Ramírez (1890). El otro -intercalado en letras cursivas para dar más sentido a la narración fue tomado del Libro en que constan los castigos impuestos a los alumnos del Colegio de Minería, resguardado en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.

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1858

Enero 7.- Se verifica la apertura de las clases. [...]

Marzo 1.- En la Sala de Actos, en presencia de los profesores, empleados y alumnos, toma posesión de la dirección del Colegio, el señor don Joaquín Velázquez de León, quien en breve discurso desarrolla el programa que se propone seguir, de moralidad y progreso. [...]

Mayo 31.- Comienza una tanda de ejercicios espirituales en la Casa de la Profesa, dada expresamente para los alumnos del Colegio, y dirigida por los RR. PP. don Gil Alamán y don Felipe N. de Barros. Entran, además de los alumnos en número de 68, el director don Joaquín Velázquez de León, el capellán presbitero don Patricio Pevidal y los profesores don Joaquín Mier y Terán, don Patricio Murphy, don Diego Velázquez de la Cadena y don Juan C. Barquera. [...]

Junio 1A?.- Por su conducta irreligiosa son expulsados de la Casa y del Colegio, tres alumnos. [...]

Junio 9.- Salen los alumnos de ejercicios, y son obsequiados con un banquete que se sirve en el comedor del Colegio, al que asisten todos los profesores. [...]

Julio 17.- En la hora de recreación que sigue a la última distribución de la noche, algunos alumnos hicieron una manifestación política con marcado desorden, que el vice-prefecto de estudios don Javier Stávoli se apresuró a contener, imponiendo a los cinco alumnos promotores uno de los castigos de reglamento, que se negaron a obedecer, apoyados por uno de los jefes de la sección.

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La lucha libre a dos de tres caídas

Martín Josué Martínez Martínez / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

BiCentenario #21

Nacida en los círculos de la clase alta de mediados del siglo XIX, deambuló como espectáculo secundario durante siete décadas, hasta que en 1933 tres empresarios visionarios la popularizaron. La lucha libre vivió su época dorada en los años 60, pero hoy sobrevive atada al negocio televisivo, aunque con menos público

Escena de lucha libre ca. 1914-1915, Ciudad de MAi??xico. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Escena de lucha libre ca. 1914-1915, Ciudad de México. Col. Ramón Aureliano Alarcón

En la arena los reflectores se dirigen al ring, un grito irrumpe en el aire e inicia la batalla corpórea: ¡Lucharán a dos de tres caídas sin límite de tiempo! De inmediato ambos gladiadores se prensan con brazos y manos para intentar someter al oponente. Ante el descuido del réferi, los golpes prohibidos se hacen presentes y el público enojado desata una retahía de insultos, el caos se instaura. La ausencia de reglas es quizás una de las principales características de la lucha libre, lo que ha llevado a que algunos sectores la consideren hoy como innoble y vulgar. Pero no siempre fue así.

Durante el segundo imperio se introdujeron diversas actividades que fueron absorbidas por las clases altas en su afán de mostrarse cada vez más europeas. Entre ellas se encontró el noble arte de la lucha grecorromana, que pretendía demostrar la fortaleza y el refinamiento del ejército francés. Tras aquella primera exhibición el 26 de junio de 1865, en el Palacio de Buenavista, la lucha adquirió gran popularidad y abandonó los lujosos salones para invadir otros lugares de diversión.

A fines del siglo XIX y durante las tres primeras décadas del siglo XX, el transitar de los atletas mexicanos que intentaban difundir el también llamado pancracio no fue nada fácil, pues aunado al público exigente se encontraron los obstáculos que representaron los promotores de otros deportes como el boxeo, así como las caravanas de las empresas de lucha extranjeras. Poco a poco lograron colocarse como un simple relleno en las corridas de toros, como intermedio en las funciones de cine o un número más en los circos, donde tuvieron que complementar sus rutinas con coreografías, acrobacias y actos de verdadera fortaleza en los que hasta enfrentaban osos.

Lucha libre, Ciudad de MAi??xico, 1911-1913, Biblioteca Instituto Mora

Lucha libre, Ciudad de México, 1911-1913, Biblioteca Instituto Mora

México no contaba con las bases necesarias para el desarrollo del deporte-espectáculo, los lugares dedicados a las exhibiciones, además de escasos, se hallaban en pésimas condiciones y los pocos luchadores que trabajaban en Estados Unidos eran presa de un boicot que buscaba terminar con sus carreras. Todo llegó a su fin cuando el ex revolucionario empresario Salvador Lutteroth González se asoció con el empresario Francisco Ahumada y el promotor Miguel Corona para adquirir un local en la calle de Río de la Loza, número 94, en la colonia Doctores del Distrito Federal, e iniciar así los trabajos de remodelación, que concluyeron el jueves 21 de septiembre de 1933, día en que comenzó a escribirse de manera formal la historia de la lucha libre con la inauguración de la Arena México y la fundación de la EMLL (Empresa Mexicana de Lucha Libre). La gran cantidad de público congregado aquella noche vaticinó lo que se esperaba.

Durante las décadas de 1940 y 1950, las arenas comenzaron a surgir en diversos barrios a lo largo y ancho de la capital. Algunas tuvieron gran renombre por su aforo, ubicación y sangrientos combates, tales como la Degollado en la colonia Guerrero, la Libertad en la Santa María, la Nacional donde se encuentra el cine Palacio Chino, y por supuesto la Coliseo entre los barrios de la Lagunilla y Tepito, así como la Revolución que congregó a los habitantes de las hoy delegaciones Álvaro Obregón y Benito Juárez.

La lucha libre se vio enriquecida con la incorporación de acrobacias, saltos, atuendos llamativos y máscaras que escenificaron la lucha cósmica del bien contra el mal. Durante la década de 1960, se vivió el boom de los enmascarados, quienes saltaron del ring a las fotonovelas y la pantalla grande, convirtiéndose en verdaderos ídolos, como el Santo y Blue Demon, quienes lograron derrotar a infinidad de monstruos con llaves y patadas voladoras en lo que fue un género cinematográfico único en el mundo.

Mil mA?scaras, fotografAi??a tomada de un cartel guatemalteco de 1972. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Mil máscaras, fotografía tomada de un cartel guatemalteco de 1972. Col. Ramón Aureliano Alarcón

Con la muerte de estos héroes comenzó la agonía de la lucha libre, que también se vio seriamente dañada en 1990, tras las transmisiones televisivas y la llegada del wrestling estadounidense, el cual terminó por sepultar arenas e ídolos que eran adorados todos los domingos. Los intentos por volver a esa época en que un Cavernario Galindo o un Wolf Ruvinskis encendían al público han resultado vanos, pues no se ha logrado que los miles de aficionados acudan semana a semana para vociferar al unísono el grito catártico que pinta a estos lugares de sociabilidad: ¡Mátalo! ¡Queremos ver sangre!

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La migración permanente en Simojovel

Perla Shiomara del Carpio y Eduardo Fernández
Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La producción de café o la recolección y elaboración de artesanías de ámbar han sido insuficientes para que los habitantes de este municipio chiapaneco permanezcan en sus poblados. La mejora educativa también suele ser determinante para emigrar

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

A lo largo de la historia de México, los movimientos migratorios han presentado características diversas, producto de múltiples causas, y el territorio nacional ha sido testigo de desplazamientos de población con diferentes matices y modalidades. Por un lado, observamos un fenómeno de migración internacional ya centenaria, que coloca a México como el principal país exportador de recursos humanos en el mundo y a 98 por ciento de sus migrantes residiendo en Estados Unidos. Por el otro, desde la conquista española, el país es destino de inmigrantes de distintas partes del mundo.

Ahora bien, existen otros fenómenos de movimiento de población. Sin duda, el más antiguo es el de la migración interna; las mismas culturas prehispánicas, a través del comercio y las guerras, tuvieron una intensa movilidad. Otros fenómenos más recientes son la migración de retorno (de los migrantes internacionales) y la de tránsito, esto es, el paso por nuestras tierras de centroamericanos y sudamericanos, entre otros orígenes, con el propósito de llegar a Estados Unidos.

Las causas de las diferentes modalidades migratorias van de las adversas situaciones económicas, como la pobreza y falta de oportunidades, a las políticas: conflagraciones, persecuciones religiosas y étnicas, e inseguridad (mafias y caciquismo). No faltan también los desastres naturales: terremotos, sequías, inundaciones, erupciones volcánicas y degradación del ambiente. O razones culturales: tradición e industria de la migración, redes sociales, etcétera.

Si bien es cierto que hoy en día la migración internacional, la migración de retorno y la transmigración han atrapado la atención de la mayoría de los estudiosos del tema en México, el desplazamiento interno presenta aristas muy interesantes por analizar. Es el caso de la población de Simojovel –conocida como tierra del café y del ámbar--, que a lo largo de los últimos siglos ha sido sacudida por eventos que la mantienen en movimiento permanente.

El siglo de la finca

El municipio de Simojovel de Allende se encuentra ubicado en la región De Los Bosques, en el estado de Chiapas, a 130 kilómetros de Tuxtla Gutierrez Esta región, donde habitan numerosos pueblos indígenas, se caracteriza por la existencia de minas de ámbar, la fabricación de joyería con esta resina y la producción, recolección y venta de café.

La región estaba habitada por grupos pertenecientes a la etnia tsotsil desde mucho antes de la llegada de los españoles, grupos que fundaron pueblos de regular importancia, entre ellos Simojovel y Huitiupán, ambos con población dedicada a la agricultura y a la explotación de las minas de ámbar. Más tarde, en el siglo XVI, el pueblo de Simojovel seguía habitado por una mayoría indígena, que después de haber sido desplazada por la conquista española, se convirtió en punto de congregación de mano de obra para la producción agrícola, lo cual facilitó el pago del tributo indígena a la Corona.

Simojovel y la comarca en su conjunto destacaban desde tiempos prehispánicos como contribuyentes de productos agrícolas y recursos naturales aportados por sus pobladores, a la vez que fue escenario de diversas revueltas campesinas e indígenas y zona de refugio de dirigentes acosados por la acción punitiva de los sectores dominantes, tanto en el periodo colonial como durante la época independiente.

CafAi?? tostado. WIKICOMMONS

Café tostado. WIKICOMMONS

Es probable que antes de la entrada del café en la región y del avance de las fincas donde comenzó a cultivarse en la segunda mitad del siglo XIX, comenzaran a llegar de manera esporádica individuos no indígenas, pobres o medianamente acomodados, algunos de los cuales posiblemente establecieron luego las primeras haciendas dedicadas al maíz, el tabaco y la ganadería. Provenían de San Cristóbal de las Casas y Comitán, sobre todo de lugares donde la población se hallaba marginada del poder económico y político, y se relacionarían más bien con actividades como el comercio y la arriería. La importancia de la producción agrícola contribuiría a que la zona se mantuviera y progresase como lugar de reunión y encuentro entre diferentes grupos étnicos.

Fue por entonces cuando se empezó a consolidar el nuevo sistema de fincas, fomentado y protegido por las leyes y las disposiciones del Estado liberal, que dominaría la región por alrededor de un siglo. Este tiempo fue conocido como el siglo de la finca.

El sistema se fortaleció propiamente a finales del siglo XIX y su término comenzó a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se caracterizó porque en él la población nativa constituyó una fuerza de trabajo permanente. Para los indígenas de la región de Simojovel el establecimiento de fincas cafetaleras significaría el acasillamiento y el baldiaje, es decir, el servicio de los trabajadores a cambio de renta, el cual los fijaba a la tierra de una manera que ha sido considerada como servidumbre.

Y es que las relaciones de producción que se instauraron fueron, por un largo periodo, de índole semifeudal y con salarios casi simbólicos. Aún en las postrimerías del siglo XX, los peones estaban obligados a pagar renta en sus tres modalidades: trabajo, especie y dinero. Dentro de este esquema laboral y productivo, el trabajo de las mujeres y los niños en las fincas era también importante, su condición de género y edad favorecia que no se les pagara lo correspondiente por su labor.

Este era, en suma, el panorama en que el poder de los patrones y la subordinación de los trabajadores en general gozaron de legitimidad durante mucho tiempo, casi cien años. En estas condiciones es comprensible que aconteciera un fenómeno migratorio, pues para los pobladores resultó necesario buscar mejores condiciones de vida y de trabajo.

Collar de A?mbar. WIKICOMMONS

Collar de ámbar. WIKICOMMONS

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Para saber más

  • BALCÁZAR, JORGE, Museo comunitario del ámbar. Simojovel de Allende, Museo Comunitario del ámbar, 2009.
  • DEL CARPIO OVANDO, PERLA SHIOMARA, “Entre el textil y el ámbar: las funciones psicosociales del trabajo artesanal en artesanos tsotsiles de la ilusión, Chiapas, México”, Athenea Digital, 2012, v. 12, núm. 2, pp. 185-198, en: http://xurl.es/j8i0w
  • TOLEDO, SONIA, Fincas, poder y cultura en Simojovel, Chiapas, San Cristóbal de las Casas, PROIMMSE, 2002.
  • _________________, “La fiesta de San Andrés y los espacios de poder en Simojovel, Chiapas”, Anuario de Estudios Indígenas, 2009, v. 13, pp. 265-297.
  • “Museo comunitario de ámbar”, en: http://xurl.es/5i3xo

Las reformas que transformaron al ejército

Martha Beatriz Loyo
FES Acatlán, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

Terminada la revolución, en 1917 se emprendió la reorganización de las fuerzas militares que hasta entonces no estaban unificadas y significaban un problema político y económico para la estabilidad del país. Fueron medidas graduales, aplicadas a lo largo de más de una década

PrA?cticas militares, Mx, 1917. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijeto, UIA, Ciudad de MAi??xico

Prácticas militares, Mx, 1917. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijeto, UIA, Ciudad de México

El 9 de febrero de 1913, a las siete de la mañana, el presidente Francisco I. Madero salió escoltado por los cadetes de El Colegio Militar, del Alcázar de Chapultepec, para dirigirse a Palacio Nacional a donde llegó dos horas después por el acecho de los grupos rebeldes que atacaban el recinto. La actitud de los cadetes es conocida ahora como la Marcha de la lealtad. Esa mañana se inició un golpe de Estado en la capital encabezado por los generales Bernardo Reyes, Félix Díaz, Manuel Mondragón y otros, nombrado después como Decena Trágica. Al ser herido el general Lauro Villar, comandante de la guarnición de la plaza, Madero nombró en su lugar al general Victoriano Huerta, quien lo traicionaría culminando con la renuncia y el posterior asesinato de Madero y del vicepresidente José María Pino Suarez.

El 18 de febrero los gobernadores de los estados recibieron el siguiente mensaje: Autorizado por el Senado, he asumido el Poder Ejecutivo estando preso el Presidente y su gabinete. Victoriano Huerta. De inmediato, el 19 de febrero, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, recibió mediante un decreto expedido por legislatura estatal, el mandato para desconocer el gobierno usurpador de Huerta y poco después formar un ejército para enfrentarlo. Este sería el ejército constitucionalista que Carranza dividió en varios cuerpos con el fin de operar a lo largo del territorio nacional hasta que se restableciera el orden constitucional interrumpido por el golpe militar.

Para algunos historiadores del ejército, desde hace algunos años, este último acontecimiento marcó el momento en el que se establecieron las bases legales para el nacimiento de un nuevo ejército popular en diferentes partes del país, acaudillado por jefes regionales que se unirían a Carranza en su lucha por la legalidad. Sin embargo, no fue sino hasta junio de 1914 cuando en la batalla de Zacatecas, la división del norte, comandada por Pancho Villa, derrotó al último bastión del ejército federal que había sido una institución fundamental en los regímenes de Porfirio Díaz, Francisco León de la Barra, Francisco I. Madero y Victoriano Huerta. El 15 de julio de 1914 Huerta renunció a la presidencia y casi un mes después, el 13 de agosto, el general del ejército constitucionalista del noroeste, Álvaro Obregón, y el general José Refugio Velazco, jefe del ejército federal, firmaron cerca de la capital, los tratados de Teoloyucan, donde se establecía la rendición y disolución del ejército federal así como la ocupación de la capital por las fuerzas revolucionarias.

Cadetes de la Escuela Militar de AviaciA?n posan frente al apartado, Mx, 1920. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de MAi??xico

Cadetes de la Escuela Militar de Aviación posan frente al apartado, Mx, 1920. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de México

La unilateralidad de esta acción decidida por Carranza, así como la suspensión del servicio del ferrocarril entre México y Chihuahua, marginaron al ejército villista y desde este momento las dificultades entre ellos se hicieron cada vez más evidentes. Sin embargo, el enfrentamiento no se dio pues ambos esperaban imponer sus objetivos en la convención de líderes militares que se inició en Aguascalientes, en octubre.

La heterogeneidad de los representantes revolucionarios impidió que se lograra la unidad entre las distintas facciones y cuando por fin los líderes se enfrentaron, los convencionistas tuvieron que tomar partido y desbandarse. Obregón, el más importante de ellos, siguió a Carranza y resultó ser el militar más hábil de la revolución, como lo demostró al derrotar a Villa en Celaya, Trinidad, León y Aguascalientes, entre abril y agosto de 1915.

Carranza, ObregA?n y Maytorena con la artillerAi??a quitada a los federales, Hermosillo, Son, 1913. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de MAi??xico

Carranza, Obregón y Maytorena con la artillería quitada a los federales, Hermosillo, Son, 1913. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de México

Carranza no sólo triunfó sobre sus opositores en el campo de batalla, sino también en el político gracias a una estrategia que le atrajo más simpatizantes. El 19 de octubre fue reconocido por  Estados Unidos, y convocó a un nuevo Congreso Constituyente que diera legalidad y legitimidad a su mandato, promulgándose una nueva Constitución el 5 de febrero de 1917. Allí se asentaba el marco jurídico-legal con el cual los gobiernos posrevolucionarios darían forma a la nueva nación.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

Para saber más

  • GUZMÁN, MARTÍN LUIS, La sombra del caudillo, México, Castalia, 2002.
  • LOYO, MARTHA, Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano, 1917-1931, México, FCE, IIH-UNAM-INEHRM, 2003.
  • PLASENCIA DE LA PARRA, ENRIQUE, Historia y organización de las fuerzas armadas en México 1917-1937, México, IIH-UNAM, 2010.
  • Ver El general, dir. Natalia Almada, 89 min., dvd.
  • Ver La sombra del caudillo, dir. Julio Bracho, 120 min., http://www.youtube.com/watch?v=t2HHSuwmDJg

El cine como propaganda

Héctor Luis Zarauz López
Facultad de Economía, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La época revolucionaria fue clave en el desarrollo de un cine documental que informaba pero a su vez estaba muy influenciado por promover la figura de los líderes políticos. Francisco Villa fue uno de los que mejor provecho le sacó. Los intentos por hacer un cine menos politizado hallaban escaso eco

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Enrique Molunini y su empresa familiar dedicada a la exhibición itinerante. Col. Ma. de Lourdes Moulini de Altamirano

Como si fuera un set cinematográfico, el país estaba listo en noviembre de 1910 para ser filmado. Entonces, el largo gobierno de Porfirio Díaz era cuestionado por la vía armada, Madero y sus seguidores habían decidido explorar un nuevo guión después de las fallidas elecciones de ese año. La trama, el escenario, las luces y los actores, toda parecía preparado para escuchar el llamado a cámara.

La revolución mexicana fue la primera que se dio en los albores del siglo XX. Su desarrollo coincidió con el establecimiento del cinematógrafo en el mundo y en México adonde apareció desde 1896 cuando llegaron los primeros representantes de la casa Lumière y de la casa Edison, considerados como los inventores del cine.

Como el cine ya había dado sus primeros pasos en nuestro país, la revolución fue un proceso histórico razonablemente bien filmado para su tiempo. Sin embargo, gran parte de los materiales fílmicos que se hicieron entre 1910 y 1920 desaparecieron, ya sea porque fueron mutilados, fragmentados o destruidos. Aun así ha quedado suficiente de él para utilizarlo como un elemento reconstructivo de la historia de la revolución y de esa época.

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revolución hasta la caída de Madero en ARCHIVO HIStÓRICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de Sigüenza y Góngora

Actualidad revolucionaria

Al haber sido depuesta la dictadura de Díaz, las temáticas que habían interesado al cine de ese tiempo desaparecieron (hasta entonces, don Porfirio y su comitiva aristócrata habían sido uno de los imanes de taquilla) y en lo sucesivo el cinematógrafo se centró en el movimiento revolucionario. El espectador dejó de observar imágenes de concordia y abundancia de esa supuesta belle époque que el cine se empeñaba en captar. Ahora el espectáculo sería ver al pueblo mismo en la pantalla y el enfrentamiento armado en contra del dictador y entre las facciones en rebelión.

Durante los años de la Revolución (considerando la década de 1910 a 1920), predominaron dos corrientes en la producción nacional: por una parte, el documental sobre la Revolución, y por otra, las piezas del cine argumental que ya se venían realizando.

Casi la totalidad de filmaciones que se hicieron en estos años fueron documentales-reportajes. Por el contrario, se realizaron muy pocas ficciones, lo cual es interesante si tomamos en cuenta que en el mismo periodo en Estados Unidos se filmaron más de cien dramatizaciones sobre el tema revolucionario. Esto podría responder primero al hecho de que en México la industria no había alcanzado un desarrollo pleno que permitiera hacer este tipo de cine, y segundo a que muy probablemente el público demandaba materiales de carácter informativo que consideraba más fidedignos por ser el retrato de la realidad revolucionaria. De manera que estas cintas son muy cercanas a un trabajo periodístico. Sin embargo, no debe perderse de vista que muchos de estos documentales fueron auspiciados por los propios caudillos que vieron en la filmación un vehículo de promoción de sus figuras.

Dentro de los documentales había dos fines fundamentales. El primero fue el periodístico, por lo cual las temáticas estaban evidentemente ligadas a los eventos de actualidad. Se trataba de filmar aquello que acababa de suceder en torno a las movilizaciones armadas a fin de que el espectador estuviera enterado. Entre estas se pueden citar: Las conferencias de paz en el norte y toma de Ciudad Juárez (1911), Viaje triunfal del jefe de la revolución don Francisco I. Madero desde Ciudad Juárez hasta la Ciudad de México (1911), La revolución orozquista (1912), La revolución en Veracruz (1912), La revolución felicista (1913). Además, el camarógrafo Jesús H. Abitia filmó campañas militares de Obregón y Carranza, Francisco Villa contaba con camarógrafos de la Mutual Film Corporation, que filmaron la toma de Ojinaga, Torreón y Gómez Palacios, y los zapatistas tuvieron también camarógrafos que editaron La revolución zapatista (1914). Las huestes huertistas llegaron a hacer uso del cinematógrafo al filmar Sangre hermana (1914). Asimismo, fue registrada la invasión estadounidense por Salvador Toscano, bajo el título de Sucesos de Veracruz (1914).

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de Sigüenza y Góngora

El otro uso importante que tuvo el documental en estos años fue el propagandístico, ya que los documentos cinematográficos, fotográficos, periodísticos, etcétera, eran parte de la lucha de los distintos bandos de la Revolución. Estamos pues ante películas vinculadas a una causa específica y que, en consecuencia, no son piezas desinteresadas y meramente testimoniales que se limitaban a registrar los sucesos del país.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

Para saber más:

  • LEAL, Juan Felipe. El documental nacional de la Revolución mexicana. Filmografía: 1915-1921. México, Juan Pablos Editores, 2012.
  • MIKELA UREGUI, José Ramón. La historia en la mirada. México, Filmoteca de la UNAM.
  • MIQUEL, Ángel. “Las historias completas de la Revolución de Salvador Toscano”, Fragmentos. Narración cinematográfica compilada y arreglada por Salvador Toscano, 1900-1930. México, Imcine-Conaculta, 2010.
  • ____________. En tiempos de Revolución. El cine en la ciudad de México. 1910-1916. México, UNAM, 2012.
  • ROSAS, Enrique. El automóvil gris. México, 1919, dvd. Filmoteca de la UNAM.
  • TOSCANO, Salvador. Memorias de un mexicano. México, 1950, dvd. Fundación Carmen Toscano.

Los pioneros de la astronomía mexicana

Rogelio Jiménez Marce
Universidad Iberoamericana-Puebla

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

Escasos de recursos económicos y de instrumentos técnicos, un grupo de astrónomos mexicanos brillaron en diciembre de 1874, en Japón, durante una observación de Venus que permitiría calcular la distancia entre el sol y la tierra. Demostraron que los científicos locales podían estar a la altura de sus pares en las naciones más avanzadas

El 5 de junio de 2012 se observó en territorio nacional el tránsito de Venus por el Sol. Este fenómeno astronómico, que ocurre cada 113 años y se puede observar en dos ocasiones con una diferencia de ocho años –el tránsito anterior sucedió en el 2004–, se considera en nuestros días como un acontecimiento espectacular, si bien carece de la importancia que se le dio en el pasado.

Observatorio de Francisco DAi??az Covarrubias, Viaje de la ComisiA?n AstronA?mica Mexicana al JapA?n para observar el trA?nsito del planeta Venus por el disco del sol el 8 de diciembre de 1874, por Francisco DAi??az Covarrubias, MAi??xico, C. Ramiro y Ponce de LeA?n, 1876

Observatorio de Francisco Díaz Covarrubias, Viaje de la Comisión Astronómica Mexicana al Japón para observar el tránsito del planeta Venus por el disco del sol el 8 de diciembre de 1874, por Francisco Díaz Covarrubias, México, C. Ramiro y Ponce de León, 1876

Los astrónomos antiguos consideraban que la contemplación de ese paso permitiría determinar la paralaje, esto es, la medida de la distancia que parece recorrer un cuerpo celeste en relación con los objetos que están detrás de él. Uno de los primeros intentos de especificarla fue hecho por el astrónomo inglés Edmund Halley, quien en 1716 presentó ante la Royal Society de Londres el trabajo titulado Un nuevo método para determinar la paralaje del sol, o su distancia desde la tierra.

Allí planteaba que para conocer la distancia entre la tierra y el sol, se requería hacer dos observaciones, a fin de obtener la paralaje con base en las diferencias del tiempo de tránsito y la exacta posición de los lugares desde donde las mismas se llevaron a cabo. Y como los tránsitos siguientes ocurrirían el 6 de junio de 1761 y el 3 de junio de 1769, dejó instrucciones precisas de los lugares en donde se deberían llevar a cabo las mediciones.

A partir de sus ideas, el mundo científico se preparó para presenciar el evento cósmico. El astrónomo francés Joseph Jerôme Le Français de Lalande preparó un mapa en el que mostraba los lugares del globo en el que éste se advertiría.

ImA?genes de las expediciones de 1874 y 1882. Publicado en MAINREVIEW

Imágenes de las expediciones de 1874 y 1882. Publicado en MAINREVIEW

La observación de 1761 movilizó a 120 observadores que se repartieron en 62 estaciones. Sin embargo, y a pesar de los buenos oficios de los astrónomos, la contemplación no fue del todo satisfactoria. El segundo tránsito reunió a 151 observadores, de los cuales 80 eran ingleses, 32 franceses, 15 suecos, trece rusos, siete españoles y cuatro alemanes. Los científicos se instalaron en 77 estaciones y una de ellas, integrada por los españoles Salvador de Medina y Vicente Doz, y el francés Chappe D’Auteroche, se estableció en la península de Baja California en Nueva España.

Los españoles calcularon que la distancia del sol a la tierra era de 98 480 020 millas, en tanto que el francés la determinó en 96 162 840 millas. Ahora bien, como estas observaciones y las de 1761 proporcionaron datos dispares, los astrónomos confiaron en obtener mejores cálculos en los tánsitos del 9 de diciembre de 1874 y el 6 de diciembre de 1882, y en que con los avances de la fotografía y el desarrollo de aparatos como el heliómetro y el espectroscopio, pudiera determinarse el valor de la paralaje con un margen de error mínimo.

Diversos países enviaron comisiones para el primer tránsito: Rusia preparó 25, Estados Unidos ocho, Inglaterra y Francia seis, Alemania cinco e Italia una. Para sorpresa de propios y extraños, México, un país carente de tradición científica, mandó a la Comisión Astronómica Mexicana, expedición dirigida por el astrónomo Francisco Díaz Covarrubias. A diferencia de otras naciones, los mexicanos contaron con poco tiempo y dinero para llevarla a cabo.

Venus collage 10 trA?nsito de Venus. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Venus collage 10 tránsito de Venus. Col. Ramón Aureliano Alarcón

Primeros pasos

Los estudios astronómicos en el México independiente estaban circunscritos, en su mayor parte, al ámbito privado. Por iniciativa de Benito Juárez y con la asesoría de Díaz Covarrubias, en enero de 1863 se estableció el primer observatorio oficial en Chapultepec, pero dejó de funcionar el 31 de mayo del mismo año debido a la ocupación de la ciudad de México por las tropas francesas. Después de la victoria sobre el segundo imperio, el gobierno de Juárez pidió al mismo Díaz Covarrubias que evaluara la situación en la que esa institución había quedado. El informe fue deprimente, decía que la mayoría de los instrumentos se habían estropeado por la falta de uso.

La situación económica y política del país impidieron que el observatorio se reinstalara. Sin embargo, en 1870, cuando los medios científicos internacionales comenzaron a discutir sobre el mejor lugar para observar el tránsito de Venus por el disco solar, el debate encontró eco entre los científicos mexicanos, que al año siguiente plantearon la posibilidad de enviar una expedición. El interés de constituirla aumentó en 1872, a raíz de un artículo que Francisco Jiménez publicó en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Un año después, se instó de manera informal en el seno de la Cámara de Diputados a preparar una comisión nacional para observar el fenómeno, pero la propuesta fue descartada por considerarse que aún faltaba mucho tiempo.

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Para saber más

  • ARGUETA ACEVEDO, José, “Introducción”, en Viaje de la Comisión Astronómica Mexicana al Japón, Francisco Díaz Covarrubias, edición facsimilar, México, Senado de la República, Mesa Directiva LX Legislatura, 2008, pp. 7-24.
  • BIRO, Susana, “La fundación del Observatorio Astronómico Nacional en México”, México, UNAM, 2010. En: http://xurl.es/v9d3c
  • DIEGO, Hugo. “Itinerario astronómico. Científicos mexicanos en Japón”, en Elementos, México, BUAP, enero-marzo del 2006, pp. 3-7. En: http://bit.ly/12qXpkQ
  • GALINDO TREJO, Jesús, “Mayapán y el tránsito de Venus de 2012″, Arqueología Mexicana, México, Ríces, 2012, pp. 43-45. En: http://bit.ly/1d6pQKJ
  • SMOOT, GEORGE F., DE LA MACORRA. AXEL y CERVANTES COTA, JORGE L. “Los misterios del Universo”, en Ciencia. Revista de la Academia Mexicana de Ciencias, México, Academia Mexicana de Ciencias, 2012, pp. 85-92. En: http://bit.ly/17LPvm2