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La lucha libre a dos de tres caídas

MartAi??n JosuAi?? MartAi??nez MartAi??nez
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 21.

Nacida en los cAi??rculos de la clase alta de mediados del siglo XIX, deambulA? como espectA?culo secundario durante siete dAi??cadas, hasta que en 1933 tres empresarios visionarios la popularizaron. La lucha libre viviA? su Ai??poca dorada en los aAi??os 60, pero hoy sobrevive atada al negocio televisivo, aunque con menos pA?blico

Escena de lucha libre ca. 1914-1915, Ciudad de MAi??xico. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Escena de lucha libre ca. 1914-1915, Ciudad de MAi??xico. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

En la arena los reflectores se dirigen al ring, un grito irrumpe en el aire e inicia la batalla corpA?rea: A?LucharA?n a dos de tres caAi??das sin lAi??mite de tiempo! De inmediato ambos gladiadores se prensan con brazos y manos para intentar someter al oponente. Ante el descuido del rAi??feri, los golpes prohibidos se hacen presentes y el pA?blico enojado desata una retahAi??la de insultos, el caos se instaura. La ausencia de reglas es quizA? una de las principales caracterAi??sticas de la lucha libre, lo que ha llevado a que algunos sectores la consideren hoy como innoble y vulgar. Pero no siempre fue asAi??.

Durante el segundo imperio se introdujeron diversas actividades que fueron absorbidas por las clases altas en su afA?n de mostrarse cada vez mA?s europeas. Entre ellas se encontrA? el noble arte de la lucha grecorromana, que pretendAi??a demostrar la fortaleza y el refinamiento del ejAi??rcito francAi??s. Tras aquella primera exhibiciA?n el 26 de junio de 1865, en el Palacio de Buenavista, la lucha adquiriA? gran popularidad y abandonA? los lujosos salones para invadir otros lugares de diversiA?n.

A fines del siglo XIX y durante las tres primeras dAi??cadas del siglo XX, el transitar de los atletas mexicanos que intentaban difundir el tambiAi??n llamado pancracio no fue nada fA?cil, pues aunado al pA?blico exigente se encontraron los obstA?culos que representaron los promotores de otros deportes como el boxeo, asAi?? como las caravanas de las empresas de lucha extranjeras. Poco a poco lograron colocarse como un simple relleno en las corridas de toros, como intermedio en las funciones de cine o un nA?mero mA?s en los circos, donde tuvieron que complementar sus rutinas con coreografAi??as, acrobacias y actos de verdadera fortaleza en los que hasta enfrentaban osos.

Lucha libre, Ciudad de MAi??xico, 1911-1913, Biblioteca Instituto Mora

Lucha libre, Ciudad de MAi??xico, 1911-1913, Biblioteca Instituto Mora

MAi??xico no contaba con las bases necesarias para el desarrollo del deporte-espectA?culo, los lugares dedicados a las exhibiciones, ademA?s de escasos, se hallaban en pAi??simas condiciones y los pocos luchadores que trabajaban en Estados Unidos eran presa de un boicot que buscaba terminar con sus carreras. Todo llegA? a su fin cuando el ex revolucionario empresario Salvador Lutteroth GonzA?lez se asociA? con el empresario Francisco Ahumada y el promotor Miguel Corona para adquirir un local en la calle de Rio de la Loza, nA?mero 94, en la colonia Doctores del Distrito Federal, e iniciar asAi?? los trabajos de remodelaciA?n, que concluyeron el jueves 21 de septiembre de 1933, dAi??a en que comenzA? a escribirse de manera formal la historia de la lucha libre con la inauguraciA?n de la Arena MAi??xico y la fundaciA?n de la EMLL (Empresa Mexicana de Lucha Libre). La gran cantidad de pA?blico congregado aquella noche vaticinA? lo que se esperaba.

Durante las dAi??cadas de 1940 y 1950, las arenas comenzaron a surgir en diversos barrios a lo largo y ancho de la capital. Algunas tuvieron gran renombre por su aforo, ubicaciA?n y sangrientos combates, tales como la Degollado en la colonia Guerrero, la Libertad en la Santa MarAi??a, la Nacional donde se encuentra el cine Palacio Chino, y por supuesto la Coliseo entre los barrios de la Lagunilla y Tepito, asAi?? como la RevoluciA?n que congregA? a los habitantes de las hoy delegaciones A?lvaro ObregA?n y Benito JuA?rez.

La lucha libre se vio enriquecida con la incorporaciA?n de acrobacias, saltos, atuendos llamativos y mA?scaras que escenificaron la lucha cA?smica del bien contra el mal. Durante la dAi??cada de 1960, se viviA? el boom de los enmascarados, quienes saltaron del ring a las fotonovelas y la pantalla grande, convirtiAi??ndose en verdaderos Ai??dolos, como el Santo y Blue Demon, quienes lograron derrotar a infinidad de monstruos con llaves y patadas voladoras en lo que fue un gAi??nero cinematogrA?fico A?nico en el mundo.

Mil mA?scaras, fotografAi??a tomada de un cartel guatemalteco de 1972. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Mil mA?scaras, fotografAi??a tomada de un cartel guatemalteco de 1972. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Con la muerte de estos hAi??roes comenzA? la agonAi??a de la lucha libre, que tambiAi??n se vio seriamente daAi??ada en 1990, tras las transmisiones televisivas y la llegada del wrestling estadunidense, el cual terminA? por sepultar arenas e Ai??dolos que eran adorados todos los domingos. Los intentos por volver a esa Ai??poca en que un Cavernario Galindo o un Wolf Ruvinskis encendAi??an al pA?blico han resultado vanos, pues no se ha logrado que los miles de aficionados acudan semana a semana para vociferar al unAi??sono el grito catA?rtico que pinta a estos lugares de sociabilidad: A?MA?talo! A?Queremos ver sangre!

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Fórmula Matemática

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

FotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s, Francisco Escudero, Escuela primaria NA? 7, Pachuca, Hidalgo, 1909. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

FotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s, Francisco Escudero, Escuela primaria NA? 7, Pachuca, Hidalgo, 1909. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Las matemA?ticas no puede decirse que tengan buena prensa. Desde la niAi??ez siempre han sido un quebradero de cabeza. Cuando se evalA?a la educaciA?n de los hijos en casa, en la propia escuela o el mismo paAi??s siempre estA?n allAi?? para recordarnos que son la insignia que marca el horizonte. Por eso cuesta tanto formar ingenieros, transforman en imperiosa la necesidad de los contadoresAi?? y nos dicen que sin conocerla a fondo no hay prosperidad posible. Pero siempre habrA? un imprescindible maestro Francisco Escudero Hidalgo que pueda hacernos mA?s legible el camino para domarlas y convivir con sabidurAi??a con ellas. La profesiA?n de educar ha de ser una de las mA?s nobles de las que nos rodean. Da todo sin pedir nada a cambio mA?s que atenciA?n, no persigue el dinero, desalienta la fama y deja huellas imborrables en la memoria. Se puede educar al aire libre y hasta sin necesidad de pupitre. La nobleza estA? en transmitir el conocimiento. Escudero Hidalgo daba clases como las de la imagen en el Hidalgo de 1909, y llevaba muy en las entraAi??as la enseAi??anza. DirigiA? escuelas en su estado, Tlaxcala y el Distrito Federal, participA? en debates nacionales sobre educaciA?n y tambiAi??n escribiA? textos sobre pedagogAi??a e historia. A juzgar por el porte y su actitud directriz hacia la fA?rmula matemA?tica del pizarrA?n, sin duda habrAi??a validado con creces el mA?s complejo de cualquier examen de evaluaciA?n. Y sus doce atentos y atildados alumnos, a los que ni un mosco intentarAi??a interrumpirlos, seguramente hubiesen superado con prestancia cualquier prueba ENLACE. SA?lo la ausencia de niAi??as hace imperfecto el momento que captA? el fotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s.

Entrevista. Fernando Soler

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

¡El cine es para divertir y emocionar!

En una charla de 1975 con Eugenia Mayer, el actor relata sus inicios en el teatro y el cine, las vicisitudes en la actuaciA?n y la direcciA?n, y sus discrepancias con la cinematografAi??a vista como enseAi??anza o dirigida a pA?blicos especializados

Fernando Soler, El Indiano, dirigida por F. soler, 1954. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Fernando Soler, El Indiano, dirigida por F. soler, 1954. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

A?QuiAi??n no ha visto las pelAi??culas de la Ai??poca de Oro del cine mexicano con actores como Fernando Soler en sus diversas caracterizaciones? Muchos recordarA?n al bohemio y parrandero don Chucho en un mano a mano actoral con JoaquAi??n PardavAi??; el inocente y pAi??caro don Susanito, de la comedia MAi??xico de mis recuerdos; al padre autoritario y estricto del melodrama familiar Una familia de tantas; o al padre borrachAi??n de la comedia de enredos El gran Calavera; asAi?? como al inolvidable norteAi??o irresponsable Cruz TreviAi??o MartAi??nez de la Garza, compartiendo actuaciA?n estelar con Pedro Infante, en La oveja negra.

Fernando Soler, cuyo verdadero nombre era Fernando DAi??az PavAi??a, es considerado como uno de los mejores actores que ha tenido el cine mexicano, principalmente por su calidad histriA?nica y su naturalidad interpretativa. Fue miembro de una familia de artistas -la inastAi??a Soler- vinculados al teatro y a la industria cinematogrA?fica, ocupando un lugar destacado como actores, guionistas, productores y directores.

Hijo de padres espaAi??oles, Fernando Soler naciA? en Saltillo, Coahuila, el 24 de mayo de 1903. Al inicio de la revoluciA?n la familia Soler emigrA? a California, donde Fernando estudiA? administraciA?n, al mismo tiempo que su padre formaba el Cuarteto Infantil Soler con Ai??l y tres de sus hermanos -Irene, AndrAi??s y Domingo-, empezando desde entonces, su carrera artAi??stica. Siendo mayor de edad formA? su propia compaAi??Ai??a en La Habana con la que recorriA? gran parte del continente americano hasta que se estableciA? en la ciudad de MAi??xico en donde realizarAi??a una larga y exitosa carrera artAi??stica en la industria fAi??lmica nacional, siendo protagonista de mA?s de un centenar de pelAi??culas y director de mA?s de 22 filmes. Contrajo matrimonio con la actriz Sagrario GA?mez Seco, con quien vivirAi??a hasta su muerte en 1979.

Eugenia Meyer entrevistA? a Fernando Soler el 15 de junio de 1975, para el Programa de Historia Oral del Cine Mexicano, del Departamento de EtnologAi??a y AntropologAi??a Social del INAH (PHO/2/19). La conversaciA?n fue editada y publicada, junto con el testimonio de un grupo de creadores del cine nacional, en sus diferentes especialidades, en los Cuadernos de la Cineteca Nacional. Testimonio para la historia del cine mexicano (coord. Eugenia Meyer), SecretarAi??a de GobernaciA?n, 1975.

No obstante su precaria salud, Soler estuvo dispuesto a conceder la entrevista en la que recordA? algunos momentos de su vida artAi??stica, expresA? su amor por el teatro y su experiencia en la industria cinematogrA?fica, reflexionando sobre las distintas etapas del cine en MAi??xico. A continuaciA?n, presentamos una selecciA?n de textos de aquella entrevista de Eugenia Meyer.

El teatro y el cine

Se me metieron porque sAi??; realmente nunca me he puesto a analizar las razones. Antes, lo A?nico que quise ser fue mAi??dico o aviador, despuAi??s actor; toda mi vida lo he sido, hasta la fecha. En teatro he hecho de todo y he tenido muchas satisfacciones a lo largo de mi vida. Lo que mA?s me atrae es la tragicomedia; prueba de ello es que mis mA?s grandes aciertos han sido siempre en ese gAi??nero.

En el teatro, unos dAi??as se siente uno genial y otros, un ignorante. A veces lo hace uno mejor, estA? sublime. No olvidemos que el actor no es una mA?quina sino un ser. Por eso, con una sala medio vacAi??a, el artista se desconsuela y le cuesta mucho entregarse; pero si la ve llena da todo su entusiasmo.

Tengo personajes y obras preferidas, como son Cyrano de Bergerac, que hice en Bellas Artes; Bajo el puente, El cAi??rculo de yeso y El verdugo de Sevilla.

En MAi??xico debutAi?? con mi compaAi??Ai??a en el Teatro Ideal, que estaba en las calles de Dolores. Obtuve grandes aplausos. En aquella Ai??poca trabajA?bamos todos los dAi??as y simultA?neamente montA?bamos las piezas nuevas. Hubo un momento en que cambiA?bamos de obra cada semana. Las entradas resultaban muy baratas; creo que costaba dos pesos la luneta y uno cincuenta general. Yo, como jefe de la compaAi??Ai??a, no tenAi??a sueldo fijo, a veces podAi??a sacar veinte, treinta o cuarenta pesos diarios.

En 1930 me llamaron para debutar en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid. En esa ocasiA?n me estaba jugando la carrera porque todo el mundo -los periodistas y los amigos de AmAi??rica- me decAi??an que esa era la oportunidad para consagrarme en EspaAi??a y llegar a la meta. El triunfo fue rotundo. Junto con mi propio elenco permanecAi?? allA? durante tres temporadas consecutivas. Mi esposa, Sagra del RAi??o, iba como primera actriz y yo como actor principal. Recuerdo en una ocasiA?n que Ai??bamos de gira, nos tocA? el cambio de gobierno; subimos en Albacete al tren siendo monA?rquicos y bajamos en Valencia como republicanos. Se habAi??a hecho la transformaciA?n, pero los disturbios no los aceptAi?? nunca; fueron completamente ajenos a mAi??.

En esta Ai??poca me solicitaron de ParAi??s (aA?n el cine mudo estaba en pleno apogeo) para filmar una cinta sonora que se llamA? CuA?ndo te suicidas. LlevarAi??a el papel estelar junto con la actriz espaAi??ola Imperio Argentina. Era una comedia y la Paramount decidiA? contratarme. A pesar de que antes habAi??a hecho unas cuantas pelAi??culas mudas en Hollywood junto con mi hermana Irene, al iniciar esta producciA?n en Francia sentAi?? unos nervios espantosos; no me di cuenta de lo que pasaba dentro de mAi??; era como romper un enigma.

Cartel, El Gran Calavera.

Cartel, El Gran Calavera.

RegresAi?? de Paris y empecAi?? a dedicarme en serio al cine. Fui advirtiendo la enorme variedad de tAi??cnicas que existen para expresar un mismo parlamento. Desde el principio notAi?? las diferencias entre cine y teatro. Aunque he sido un actor excesivamente natural y no me costA? gran esfuerzo pasar de un escenario a un foro cinematogrA?fico, sAi?? percibAi?? cierta modificaciA?n. En el teatro hay que utilizar el gesto, la palabra, el ademA?n para llegar hasta las A?ltimas filas; mientras que el cine es un acto de gigantes; estA?s tan grande que tienes que condensar tu presentaciA?n, si no, resultas artificial. Mis primeras intervenciones estaban un poco sobreactuadas, asAi?? las veo ahora, pero poco a poco fui tomando confianza frente a las cA?maras, como si estuviera en mi casa.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Sólo ustedes lo saben

Silvia L. Cuessy

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

 

Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambiA? tu suerte. A?Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la naciA?n te lo dijo: ese hombre sA?lo te traerA? dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querAi??as saber. Cuando te topaste con Ai??l, tu lAi??nea del destino quedA? trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quiAi??n era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metiA? en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivA? una extraAi??a mirada sA?lo entendida por los que sabAi??an tus secretos. TA? que entonces manipulabas la CA?mara a tu antojo; tA? que poseAi??as innumerables tierras y eras dueAi??o del destino de tantas personas, tenAi??as que acercA?rtele. Los caballos sirvieron de pretexto. TA? tenAi??as los mA?s finos del paAi??s; Ai??l era el mejor arrendador de la regiA?n.

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman’s Sons, 1910

Hoy sAi?? piensas en Amada, A?verdad? EstA?s agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora sAi?? la llamas. Maldito. OjalA? tambiAi??n te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. AAi??o tras aAi??o la dejaste sola en Navidades y aniversarios, ademA?s de los otros 355 dAi??as del aAi??o, si descontamos los ocho en que quizA? la llevaste al teatro o a algA?n baile porque asAi?? te convenAi??a hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus oAi??dosai??i?? Nacho, ya no quiero que me miren con lA?stima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detrA?s de las copas de cognac o los abanicosai??i?? Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. RehuAi??as las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolvAi??a las entraAi??as. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitaciA?n y no abriste ni siquiera para un buenas noches. A?QuAi?? te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merecAi??a por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devociA?n, y tA? le devolviste penas y vergA?enza. Ya no tendrA? otra opciA?n que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vacAi??os.

Ni el azA?car producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el carA?cter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un sportman de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de kA?iser mexicano, chaqueta de tweed, pantalA?n golf y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. A?Ah! quAi?? diferencia A?verdad? Y ahora, mAi??rate ahAi?? tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que tA? tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. EspAi??rate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde MAi??xico. Llevaba meses buscA?ndote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le llegA? la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo cA?mo habAi??a sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. VendiA? las alhajas que le diste en lugar de amor despuAi??s de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia tenAi??a; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorizaciA?n para que los mAi??dicos te sometan a una cirugAi??a. SorteA? obstA?culos y lA?grimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cadA?ver, quiAi??n sabe si aguantes. Por lo menos dale ese A?nico gusto. EspAi??rala vivo, infeliz.

Utilizabas a la gente. La movAi??as a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, decAi??as. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu chofer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevarAi??a al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traiciA?n y la muerte, junto a la penitenciarAi??a de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volverAi??a a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estarAi??an a salvo.

 

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El dibujo se populariza en el siglo XIX

Maria Esther PAi??rez Salas C.
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

La proliferaciA?n de la enseAi??anza del dibujo fue mucho mA?s allA? que formar a grandes artistas. Se impuso en distintos estratos sociales, y entre niAi??os y mujeres, de la mano de maestros extranjeros. Las clases personalizadas y los manuales fueron las claves para el aprendizaje.

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Tanto en Europa como en MAi??xico, se considerA? desde finales del siglo XVIII que la enseAi??anza del dibujo era fundamental para el buen ejercicio de cualquier actividad. No importaba si el alumno se interesaba por el arte o la artesanAi??a, o por estudiar medicina, abogacAi??a o ciencias. Lo transcendental era que mediante el dibujo se expresaba el gusto por la belleza el cual llevarAi??a a perseguir grandes ideales.

Desde el punto de vista escolarizado, en un principio se destacA? que mediante el dibujo se desarrollaba la capacidad de observaciA?n y el pensamiento abstracto en apoyo del conocimiento cientAi??fico, pero en poco tiempo la prA?ctica del dibujo adquiriA? una dimensiA?n mA?s amplia, al convertirse en parte de una cultura general. De ahAi?? que, ademA?s de las clases que se impartAi??an en la Academia de San Carlos, destinadas a los futuros artistas del paAi??s, empezaron a proliferar cursos y manuales para aquellos que querAi??an acercarse al dibujo de una manera menos especializada.

Una de los primeros acercamientos fue a travAi??s de los cursos impartidos por maestros que se anunciaban en los periA?dicos. La mayor parte de ellos eran artistas extranjeros que se ofrecAi??an como retratistas, pero que encontraron en la enseAi??anza del dibujo una manera de subsistencia. Para atraer mayor clientela, aseguraban que el alumnado obtendrAi??a en breve tiempo importantes avances.

En otros casos, las clases de dibujo formaban parte de un programa educativo mA?s completo, ya que se complementaba con cursos de lengua francesa, geografAi??a, historia y religiA?n cristiana. Dado que no se contaba con establecimientos especAi??ficos para la enseAi??anza, por lo general las clases se impartAi??an en los domicilios de los maestros.

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Autodidactas

Pero en el siglo XIX tambiAi??n fue posible aprender dibujo de manera autodidacta con el apoyo de manuales que comenzaron a circular a partir de 1840. SA?lo se requerAi??a tener ciertas habilidades y seguir las indicaciones puntualmente, sin necesidad de un maestro.

En sus inicios, los manuales que circulaban en MAi??xico fueron traducciones de los que circulaban en Francia, como el Manual del dibujante, de Aristide Perrot, que ofrecAi??a adquirir en tan sA?lo seis meses, las destrezas de un alumnos con dos aAi??os de estudio. Con tal aseveraciA?n, se ponAi??a de manifiesto que resultaba mucho mA?s productivo aprender el dibujo a partir de los principios fundamentales establecidos en el texto, en lugar de los mAi??todos tradicionales de copiar los modelos sin reglas que guiaban al discAi??pulo.

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Este manual fue uno de los mA?s exitosos de su Ai??poca. Estaba dividido en cuatro grandes rubros: dibujo de delineaciA?n a simple vista, dibujo natural que comprendAi??a figura humana y paisaje, dibujo de topografAi??a y mA?quinas e instrumentos para dibujar. AdemA?s de incluir dos secciones novedosas como eran el paisaje y los instrumentos de dibujo, en cada uno de los apartados de cada secciA?n habAi??a una buena cantidad de ejercicios. AdemA?s, se proporcionaba una serie de consejos como nociones sobre los huesos, mA?sculos y movimientos del cuerpo humano, cA?mo elegir el sitio para realizar un paisaje natural, o informaciA?n sobre los instrumentos, papeles, colores y elaboraciA?n de dibujos topogrA?ficos. En pocas palabras, cumplAi??a cabalmente con las caracterAi??sticas de una publicaciA?n para aprender de manera autodidacta, ya que en un solo ejemplar se contaba con la informaciA?n y ejercicios necesarios.

Tal fue el alcance de estos manuales que por todos los medios se buscA? darlos a conocer. Los Calendarios, publicaciones de formato pequeAi??o pero de tirajes muy alto que era habitual encontrar en las casas mexicanas del siglo XIX, fueron importantes para su difusiA?n. Eran la guAi??a para todas las actividades del aAi??o, desde saber los dAi??as de ayuno o los obligatorios de asistir a misa, asAi?? como para consultar el santoral y dar nombre al reciAi??n nacido. En el DAi??cimocuarto calendario de Abraham LA?pez, se incluyA? para 1852 la traducciA?n del manual Elementos de dibujo natural, publicado por el inglAi??s Rudolph Ackermann y traducido por JosAi?? de Urcullu. AdemA?s del texto, a travAi??s de quince imA?genes se mostraba paso a paso este mAi??todo de dibujo, que hacAi??a hincapiAi?? en los ejemplos de las proporciones del cuerpo y sus partes. TambiAi??n explicaba el tratamiento de las sombras y el ropaje.

Otro medio a partir del cual tambiAi??n se tuvo acceso a los distintos mAi??todos de dibujo fueron las revistas literarias, las cuales estaban dirigidas a niAi??os y mujeres de las clases medias y altas de la poblaciA?n, como Diario de los niAi??os y Semanario de las seAi??oritas mejicanas. Su principal objetivo era brindar instrucciA?n de forma amena.

PA?blico femeninoAi??

Ahora bien, a pesar de que se podrAi??a pensar que en las revistas para niAi??os fue donde mA?s se insertaron temas sobre el dibujo, en realidad ese lugar lo ocuparon las revistas femeninas que fomentaron con mayor insistencia que las lectoras jA?venes se acercaran.

En efecto, de acuerdo con el concepto de educaciA?n orientado a la mujer, se consideraba que el dibujo constituAi??a parte importante en la formaciA?n de cualquier joven, aunque no se fuera a dedicar a la pintura. En el siglo XIX estaba mal visto que una mujer acudiera a clases en las academias de arte, por lo cual se les ofrecAi??a la posibilidad de aprenderlo con maestros particulares o a travAi??s de las revistas literarias.

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

El dibujo era una herramienta muy A?til para el desarrollo de las manualidades, en especial para el bordado, de ahAi?? que en las publicaciones no faltaban artAi??culos y estampas dedicadas a este aprendizaje. Sobre todo aquellas en las que se ofrecAi??an las bases para aumentar o reducir una imagen sin perder la proporciA?n, o bien para dar volumen a una figura mediante tAi??cnicas de sombreado. A pesar del objetivo meramente prA?ctico y de adorno que se confiriA? a la instrucciA?n del dibujo entre la poblaciA?n femenina, muchas perfeccionaron sus habilidades y llegaron a convertirse en excelentes artistas.

En relaciA?n a los niAi??os, a mediados del siglo XIX quedaron establecidas dentro del A?mbito escolar las bondades del aprendizaje del dibujo, por lo que se publicaron mAi??todos y manuales para su prA?ctica en las aulas. Pero, al mismo tiempo, se editA? gran nA?mero de cuadernos de dibujo para que los infantes se acercaran a la actividad de manera lA?dica, libre y directa. Libros con temas atractivos y tonalidades vistosas atraAi??an a los pequeAi??os a colorear siluetas, copiar figuras sencillas o seguir cuidadosamente los puntos marcados en cuadernos especiales. Estos materiales fueron importantes para desarrollar en la poblaciA?n infantil el interAi??s por el dibujo, a la vez que se sentaban las bases para una enseAi??anza escolarizada.

Sea cual fuere la vAi??a a partir de la cual la sociedad decimonA?nica mexicana aprendiA? a dibujar, lo que queda claro es que en el siglo XIX prevaleciA? un interAi??s por aprender una manera grA?fica para expresarse, hacerse de una herramienta para sus actividades cotidianas, asAi?? como contar con un medio para apreciar la naturaleza. En este sentido, el dibujo fue el elemento aglutinador que permitiA? que se pudieran llevar a cabo estas premisas.

Para saber mA?s

Consultar revistas dirigidas a la mujer en el siglo XIX: http://xurl.es/tgdki

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Una revuelta estudiantil en 1858

Ana Rosa Suárez Argúello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

El Colegio de Minería fue escenario de protestas por el golpe de Estado del general Félix María Zuloaga que obligó a cerrar sus puertas durante diez días. Hubo sancionados y expulsados hasta que los estudiantes se retiraron en bloque de la institución. Sólo quedaron catorce

Felix Zuloaga. MAi??xico a travAi??s de los siglos, MAi??xico, BallescA? y compaAi??Ai??a, 1887-1889

Felix Zuloaga. MAi??xico a travAi??s de los siglos, MAi??xico, BallescA? y compaAi??Ai??a, 1887-1889

Las protestas estudiantiles han sido parte de nuestra historia. Sin embargo, conocemos poco de ellas, a excepción del movimiento universitario de 1968. Un ejemplo fue la ocurrida a raíz del golpe de Estado que en enero de 1858 entregó el Poder Ejecutivo al general conservador Félix María Zuloaga en la capital del país y obligó a los liberales presididos por Benito Juárez a refugiarse en el puerto de Veracruz.

En efecto, mientras tropas de ambos bandos combatían con denuedo en distintos puntos del territorio, en la ciudad de México muchos jóvenes procedían como quinta columna del Partido Liberal y trabajaban y urdían planes a su favor. Sabemos por Ignacio Manuel Altamirano, quien entonces era profesor en el Colegio de Letrán, y lo relataría 30 años después, de las reuniones celebradas en secreto en algunos cuartos del Colegio de Minería o la Escuela de Medicina por escritores y estudiantes. Constituían focos de conspiración en que mantenían el fuego revolucionario Francisco Prieto (hijo de Guillermo); Mariano Degollado (hijo de D. Santos); Ignacio Arriaga (hijo de Ponciano); Juan Díaz Covarrubias y Juan Mirafuentes.

Por el mismo Altamirano sabemos que los participantes se dispersaron poco a poco. Unos prefirieron ocultarse, pero otros fueron desterrados, se sumaron al ejército de Juárez o permanecieron en la capital y padecieron la falta de libertad políica que se respiraba entonces hasta en la atmósfera. Fue así que tuvieron que conformarse con la intriga, la escritura de hojas liberales y su impresión clandestina.

Pedro Gualdi, Colegio de MinerAi??a, Monumentos de MAi??xico, MAi??xico, Decaen, 1841

Pedro Gualdi, Colegio de MinerAi??a, Monumentos de MAi??xico, MAi??xico, Decaen, 1841

Cómo pudo expresarse esta protesta en el Colegio de Minería, donde reinaban un rígido orden jerárquico y gran disciplina, y donde los jóvenes no querrían arriesgarse a ser expulsados? Si bien la consumación de la independencia había significado la intervención del Poder Ejecutivo en sus asuntos internos y la pérdida de autonomía presupuestal, la institución fundada en el siglo XVII para formar peritos en la dirección y administración de las minas y haciendas de beneficio, gozaba aún de gran renombre. Egresar de allí después de seis años en sus aulas y prácticas in situ, conllevaba prestigio.

El reglamento era estricto y sometía a los alumnos a una férrea disciplina. Los directivos -el capellán, entre otros- se preocupaban por la conducta de alrededor de 300 colegiales de entre 14 y 21 años de edad, tanto como de atender a su educaciA?n cristiana y buenas costumbres, y dividían estrictamente su tiempo entre prácticas religiosas, cursos, horas de estudio, comida y descanso. Las actividades daban inicio a las seis de la mañana y terminaban alrededor de las diez de la noche. Los domingos y días de fiesta, después de cumplir con sus deberes cristianos, los jóvenes podían salir de paseo y/o reunirse con sus familiares.

Los testimonios que siguen nos ilustran al respecto y nos permiten apreciar el valor y la resolución de los revoltosos en 1858. Uno de ellos procede de los Datos para la historia del Colegio de Minería recogidos y compilados bajo la forma de efemAi??rides por el antiguo alumno, el ingeniero de minas Santiago Ramírez (1890). El otro -intercalado en letras cursivas para dar más sentido a la narración fue tomado del Libro en que constan los castigos impuestos a los alumnos del Colegio de Minería, resguardado en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.

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1858

Enero 7.- Se verifica la apertura de las clases. [...]

Marzo 1.- En la Sala de Actos, en presencia de los profesores, empleados y alumnos, toma posesión de la dirección del Colegio, el señor don Joaquín Velázquez de León, quien en breve discurso desarrolla el programa que se propone seguir, de moralidad y progreso. [...]

Mayo 31.- Comienza una tanda de ejercicios espirituales en la Casa de la Profesa, dada expresamente para los alumnos del Colegio, y dirigida por los RR. PP. don Gil Alamán y don Felipe N. de Barros. Entran, además de los alumnos en número de 68, el director don Joaquín Velázquez de León, el capellán presbitero don Patricio Pevidal y los profesores don Joaquín Mier y Terán, don Patricio Murphy, don Diego Velázquez de la Cadena y don Juan C. Barquera. [...]

Junio 1A?.- Por su conducta irreligiosa son expulsados de la Casa y del Colegio, tres alumnos. [...]

Junio 9.- Salen los alumnos de ejercicios, y son obsequiados con un banquete que se sirve en el comedor del Colegio, al que asisten todos los profesores. [...]

Julio 17.- En la hora de recreación que sigue a la última distribución de la noche, algunos alumnos hicieron una manifestación política con marcado desorden, que el vice-prefecto de estudios don Javier Stávoli se apresuró a contener, imponiendo a los cinco alumnos promotores uno de los castigos de reglamento, que se negaron a obedecer, apoyados por uno de los jefes de la sección.

[...]
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La lucha libre a dos de tres caAi??das

MartAi??n JosuAi?? MartAi??nez MartAi??nez / Ai??Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

BiCentenario #21

Nacida en los cAi??rculos de la clase alta de mediados del siglo XIX, deambulA? como espectA?culo secundario durante siete dAi??cadas, hasta que en 1933 tres empresarios visionarios la popularizaron. La lucha libre viviA? su Ai??poca dorada en los aAi??os 60, pero hoy sobrevive atada al negocio televisivo, aunque con menos pA?blico

Escena de lucha libre ca. 1914-1915, Ciudad de MAi??xico. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Escena de lucha libre ca. 1914-1915, Ciudad de MAi??xico. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

En la arena los reflectores se dirigen al ring, un grito irrumpe en el aire e inicia la batalla corpA?rea: A?LucharA?n a dos de tres caAi??das sin lAi??mite de tiempo! De inmediato ambos gladiadores se prensan con brazos y manos para intentar someter al oponente. Ante el descuido del rAi??feri, los golpes prohibidos se hacen presentes y el pA?blico enojado desata una retahAi??la de insultos, el caos se instaura. La ausencia de reglas es quizA? una de las principales caracterAi??sticas de la lucha libre, lo que ha llevado a que algunos sectores la consideren hoy como innoble y vulgar. Pero no siempre fue asAi??.

Durante el segundo imperio se introdujeron diversas actividades que fueron absorbidas por las clases altas en su afA?n de mostrarse cada vez mA?s europeas. Entre ellas se encontrA? el noble arte de la lucha grecorromana, que pretendAi??a demostrar la fortaleza y el refinamiento del ejAi??rcito francAi??s. Tras aquella primera exhibiciA?n el 26 de junio de 1865, en el Palacio de Buenavista, la lucha adquiriA? gran popularidad y abandonA? los lujosos salones para invadir otros lugares de diversiA?n.

A fines del siglo XIX y durante las tres primeras dAi??cadas del siglo XX, el transitar de los atletas mexicanos que intentaban difundir el tambiAi??n llamado pancracio no fue nada fA?cil, pues aunado al pA?blico exigente se encontraron los obstA?culos que representaron los promotores de otros deportes como el boxeo, asAi?? como las caravanas de las empresas de lucha extranjeras. Poco a poco lograron colocarse como un simple relleno en las corridas de toros, como intermedio en las funciones de cine o un nA?mero mA?s en los circos, donde tuvieron que complementar sus rutinas con coreografAi??as, acrobacias y actos de verdadera fortaleza en los que hasta enfrentaban osos.

Lucha libre, Ciudad de MAi??xico, 1911-1913, Biblioteca Instituto Mora

Lucha libre, Ciudad de MAi??xico, 1911-1913, Biblioteca Instituto Mora

MAi??xico no contaba con las bases necesarias para el desarrollo del deporte-espectA?culo, los lugares dedicados a las exhibiciones, ademA?s de escasos, se hallaban en pAi??simas condiciones y los pocos luchadores que trabajaban en Estados Unidos eran presa de un boicot que buscaba terminar con sus carreras. Todo llegA? a su fin cuando el ex revolucionario empresario Salvador Lutteroth GonzA?lez se asociA? con el empresario Francisco Ahumada y el promotor Miguel Corona para adquirir un local en la calle de Rio de la Loza, nA?mero 94, en la colonia Doctores del Distrito Federal, e iniciar asAi?? los trabajos de remodelaciA?n, que concluyeron el jueves 21 de septiembre de 1933, dAi??a en que comenzA? a escribirse de manera formal la historia de la lucha libre con la inauguraciA?n de la Arena MAi??xico y la fundaciA?n de la EMLL (Empresa Mexicana de Lucha Libre). La gran cantidad de pA?blico congregado aquella noche vaticinA? lo que se esperaba.

Durante las dAi??cadas de 1940 y 1950, las arenas comenzaron a surgir en diversos barrios a lo largo y ancho de la capital. Algunas tuvieron gran renombre por su aforo, ubicaciA?n y sangrientos combates, tales como la Degollado en la colonia Guerrero, la Libertad en la Santa MarAi??a, la Nacional donde se encuentra el cine Palacio Chino, y por supuesto la Coliseo entre los barrios de la Lagunilla y Tepito, asAi?? como la RevoluciA?n que congregA? a los habitantes de las hoy delegaciones A?lvaro ObregA?n y Benito JuA?rez.

La lucha libre se vio enriquecida con la incorporaciA?n de acrobacias, saltos, atuendos llamativos y mA?scaras que escenificaron la lucha cA?smica del bien contra el mal. Durante la dAi??cada de 1960, se viviA? el boom de los enmascarados, quienes saltaron del ring a las fotonovelas y la pantalla grande, convirtiAi??ndose en verdaderos Ai??dolos, como el Santo y Blue Demon, quienes lograron derrotar a infinidad de monstruos con llaves y patadas voladoras en lo que fue un gAi??nero cinematogrA?fico A?nico en el mundo.

Mil mA?scaras, fotografAi??a tomada de un cartel guatemalteco de 1972. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Mil mA?scaras, fotografAi??a tomada de un cartel guatemalteco de 1972. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Con la muerte de estos hAi??roes comenzA? la agonAi??a de la lucha libre, que tambiAi??n se vio seriamente daAi??ada en 1990, tras las transmisiones televisivas y la llegada del wrestling estadunidense, el cual terminA? por sepultar arenas e Ai??dolos que eran adorados todos los domingos. Los intentos por volver a esa Ai??poca en que un Cavernario Galindo o un Wolf Ruvinskis encendAi??an al pA?blico han resultado vanos, pues no se ha logrado que los miles de aficionados acudan semana a semana para vociferar al unAi??sono el grito catA?rtico que pinta a estos lugares de sociabilidad: A?MA?talo! A?Queremos ver sangre!

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

 

La migración permanente en Simojovel

Perla Shiomara del Carpio y Eduardo FernA?ndez
Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La producciA?n de cafAi?? o la recolecciA?n y elaboraciA?n de artesanAi??as de A?mbar han sido insuficientes para que los habitantes de este municipio chiapaneco permanezcan en sus poblados. La mejora educativa tambiAi??n suele ser determinante para emigrar

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

A lo largo de la historia de MAi??xico, los movimientos migratorios han presentado caracterAi??sticas diversas, producto de mA?ltiples causas, y el territorio nacional ha sido testigo de desplazamientos de poblaciA?n con diferentes matices y modalidades. Por un lado, observamos un fenA?meno de migraciA?n internacional ya centenaria, que coloca a MAi??xico como el principal paAi??s exportador de recursos humanos en el mundo y a 98 por ciento de sus migrantes residiendo en Estados Unidos. Por el otro, desde la conquista espaAi??ola, el paAi??s es destino de inmigrantes de distintas partes del mundo.

Ahora bien, existen otros fenA?menos de movimiento de poblaciA?n. Sin duda, el mA?s antiguo es el de la migraciA?n interna; las mismas culturas prehispA?nicas, a travAi??s del comercio y las guerras, tuvieron una intensa movilidad. Otros fenA?menos mA?s recientes son la migraciA?n de retorno (de los migrantes internacionales) y la de trA?nsito, esto es, el paso por nuestras tierras de centroamericanos y sudamericanos, entre otros orAi??genes, con el propA?sito de llegar a Estados Unidos.

Las causas de las diferentes modalidades migratorias van de las adversas situaciones econA?micas, como la pobreza y falta de oportunidades, a las polAi??ticas: conflagraciones, persecuciones religiosas y Ai??tnicas, e inseguridad (mafias y caciquismo). No faltan tambiAi??n los desastres naturales: terremotos, sequAi??as, inundaciones, erupciones volcA?nicas y degradaciA?n del ambiente. O razones culturales: tradiciA?n e industria de la migraciA?n, redes sociales, etcAi??tera.

Si bien es cierto que hoy en dAi??a la migraciA?n internacional, la migraciA?n de retorno y la transmigraciA?n han atrapado la atenciA?n de la mayorAi??a de los estudiosos del tema en MAi??xico, el desplazamiento interno presenta aristas muy interesantes por analizar. Es el caso de la poblaciA?n de Simojovel -conocida como tierra del cafAi?? y del A?mbar-, que a lo largo de los A?ltimos siglos ha sido sacudida por eventos que la mantienen en movimiento permanente.

El siglo de la finca

El municipio de Simojovel de Allende se encuentra ubicado en la regiA?n De Los Bosques, en el estado de Chiapas, a 130 kilA?metros de Tuxtla Gutierrez Esta regiA?n, donde habitan numerosos pueblos indAi??genas, se caracteriza por la existencia de minas de A?mbar, la fabricaciA?n de joyerAi??a con esta resina y la producciA?n, recolecciA?n y venta de cafAi??.

La regiA?n estaba habitada por grupos pertenecientes a la etnia tsotsil desde mucho antes de la llegada de los espaAi??oles, grupos que fundaron pueblos de regular importancia, entre ellos Simojovel y HuitiupA?n, ambos con poblaciA?n dedicada a la agricultura y a la explotaciA?n de las minas de A?mbar. MA?s tarde, en el siglo XVI, el pueblo de Simojovel seguAi??a habitado por una mayorAi??a indAi??gena, que despuAi??s de haber sido desplazada por la conquista espaAi??ola, se convirtiA? en punto de congregaciA?n de mano de obra para la producciA?n agrAi??cola, lo cual facilitA? el pago del tributo indAi??gena a la Corona.

Simojovel y la comarca en su conjunto destacaban desde tiempos prehispA?nicos como contribuyentes de productos agrAi??colas y recursos naturales aportados por sus pobladores, a la vez que fue escenario de diversas revueltas campesinas e indAi??genas y zona de refugio de dirigentes acosados por la acciA?n punitiva de los sectores dominantes, tanto en el perAi??odo colonial como durante la Ai??poca independiente.

CafAi?? tostado. WIKICOMMONS

CafAi?? tostado. WIKICOMMONS

Es probable que antes de la entrada del cafAi?? en la regiA?n y del avance de las fincas donde comenzA? a cultivarse en la segunda mitad del siglo XIX, comenzaran a llegar de manera esporA?dica individuos no indAi??genas, pobres o medianamente acomodados, algunos de los cuales posiblemente establecieron luego las primeras haciendas dedicadas al maAi??z, el tabaco y la ganaderAi??a. ProvenAi??an de San CristA?bal de las Casas y ComitA?n, sobre todo de lugares donde la poblaciA?n se hallaba marginada del poder econA?mico y polAi??tico, y se relacionarAi??an mA?s bien con actividades como el comercio y la arrierAi??a. La importancia de la producciA?n agrAi??cola contribuirAi??a a que la zona se mantuvieraAi?? y progresase como lugar de reuniA?n y encuentro entre diferentes grupos Ai??tnicos.

Fue por entonces cuando se empezA? a consolidar el nuevo sistema de fincas, fomentado y protegido por las leyes y las disposiciones del Estado liberal, que dominarAi??a la regiA?n por alrededor de un siglo. Este tiempo fue conocido como el siglo de la finca.

El sistema se fortaleciA? propiamente a finales del siglo XIX y su tAi??rmino comenzA? a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se caracterizA? porque en Ai??l la poblaciA?n nativa constituyA? una fuerza de trabajo permanente. Para los indAi??genas de la regiA?n de Simojovel el establecimiento de fincas cafetaleras significarAi??a el acasillamiento y el baldiaje, es decir, el servicio de los trabajadores a cambio de renta, el cual los fijaba a la tierra de una manera que ha sido considerada como servidumbre.

Y es que las relaciones de producciA?n que se instauraron fueron, por un largo periodo, de Ai??ndole semifeudal y con salarios casi simbA?licos. AA?n en las postrimerAi??as del siglo XX, los peones estaban obligados a pagar renta en sus tres modalidades: trabajo, especie y dinero. Dentro de este esquema laboral y productivo, el trabajo de las mujeres y los niAi??os en las fincas era tambiAi??n importante, su condiciA?n de gAi??nero y edad favorecAi??a que no se les pagara lo correspondiente por su labor.

Este era, en suma, el panorama en que el poder de los patrones y la subordinaciA?n de los trabajadores en general gozaron de legitimidad durante mucho tiempo, casi cien aAi??os. En estas condiciones es comprensible que aconteciera un fenA?meno migratorio, pues para los pobladores resultA? necesario buscar mejores condiciones de vida y de trabajo.

Collar de A?mbar. WIKICOMMONS

Collar de A?mbar. WIKICOMMONS

Para saber mA?s

BALCA?ZAR, JORGE, Museo comunitario del A?mbar. Simojovel de Allende, Museo Comunitario del A?mbar, 2009.

DEL CARPIO OVANDO, PERLA SHIOMARA, ai???Entre el textil y el A?mbar: las funciones psicosociales del trabajo artesanal en artesanos tsotsiles de la ilusiA?n, Chiapas, MAi??xicoai???, Athenea Digital, 2012, v. 12, nA?m. 2, pp. 185-198, enAi??Ai?? http://xurl.es/j8i0w

TOLEDO,Ai?? SONIA, Fincas, poder y cultura en Simojovel, Chiapas, San CristA?bal de las Casas, PROIMMSE, 2002.

_________________, ai???La fiesta de San AndrAi??s y los espacios de poder en Simojovel, Chiapasai???, Anuario de Estudios IndAi??genas, 2009, v. 13,Ai?? pp. 265-297.

ai???Museo comunitario de A?mbarai???, en http://xurl.es/5i3xo

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Las reformas que transformaron al ejército

Martha Beatriz Loyo
FES AcatlA?n, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

Terminada la revoluciA?n, en 1917 se emprendiA? la reorganizaciA?n de las fuerzas militares que hasta entonces no estaban unificadas y significaban un problema polAi??tico y econA?mico para la estabilidad del paAi??s. Fueron medidas graduales, aplicadas a lo largo de mA?s de una dAi??cada

PrA?cticas militares, Mx, 1917. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijeto, UIA, Ciudad de MAi??xico

PrA?cticas militares, Mx, 1917. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijeto, UIA, Ciudad de MAi??xico

El 9 de febrero de 1913, a las siete de la maAi??ana, el presidente Francisco I. Madero saliA? escoltado por los cadetes de El Colegio Militar, del AlcA?zar de Chapultepec, para dirigirse a Palacio Nacional a donde llegA? dos horas despuAi??s por el acecho de los grupos rebeldes que atacaban el recinto. La actitud de los cadetes es conocida ahora como la Marcha de la lealtad. Esa maAi??ana se iniciA? un golpe de Estado en la capital encabezado por los generales Bernardo Reyes, FAi??lix DAi??az, Manuel MondragA?n y otros, nombrado despuAi??s como Decena TrA?gica. Al ser herido el general Lauro Villar, comandante de la guarniciA?n de la plaza, Madero nombrA? en su lugar al general Victoriano Huerta, quien lo traicionarAi??a culminando con la renuncia y el posterior asesinato de Madero y del vicepresidente JosAi?? MarAi??a Pino Suarez.

El 18 de febrero los gobernadores de los estados recibieron el siguiente mensaje: Autorizado por el Senado, he asumido el Poder Ejecutivo estando preso el Presidente y su gabinete. Victoriano Huerta. De inmediato, el 19 de febrero, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, recibiA? mediante un decreto expedido por legislatura estatal, el mandato para desconocer el gobierno usurpador de Huerta y poco despuAi??s formar un ejAi??rcito para enfrentarlo. Este serAi??a el ejAi??rcito constitucionalista que Carranza dividiA? en varios cuerpos con el fin de operar a lo largo del territorio nacional hasta que se restableciera el orden constitucional interrumpido por el golpe militar.

Para algunos historiadores del ejAi??rcito, desde hace algunos aAi??os, este A?ltimo acontecimiento marcA? el momento en el que se establecieron las bases legales para el nacimiento de un nuevo ejAi??rcito popular en diferentes partes del paAi??s, acaudillado por jefes regionales que se unirAi??an a Carranza en su lucha por la legalidad. Sin embargo, no fue sino hasta junio de 1914 cuando en la batalla de Zacatecas, la divisiA?n del norte, comandada por Pancho Villa, derrotA? al A?ltimo bastiA?n del ejAi??rcito federal que habAi??a sido una instituciA?n fundamental en los regAi??menes de Porfirio DAi??az, Francisco LeA?n de la Barra, Francisco I. Madero y Victoriano Huerta. El 15 de julio de 1914 Huerta renunciA? a la presidencia y casi un mes despuAi??s, el 13 de agosto, el general del ejAi??rcito constitucionalista del noroeste, A?lvaro ObregA?n, y el general JosAi?? Refugio Velazco, jefe del ejAi??rcito federal, firmaron cerca de la capital, los tratados de Teoloyucan, donde se establecAi??a la rendiciA?n y disoluciA?n del ejAi??rcito federal asAi?? como la ocupaciA?n de la capital por las fuerzas revolucionarias.

Cadetes de la Escuela Militar de AviaciA?n posan frente al apartado, Mx, 1920. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de MAi??xico

Cadetes de la Escuela Militar de AviaciA?n posan frente al apartado, Mx, 1920. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de MAi??xico

La unilateralidad de esta acciA?n decidida por Carranza, asAi?? como la suspensiA?n del servicio del ferrocarril entre MAi??xico y Chihuahua, marginaron al ejAi??rcito villista y desde este momento las dificultades entre ellos se hicieron cada vez mA?s evidentes. Sin embargo, el enfrentamiento no se dio pues ambos esperaban imponer sus objetivos en la convenciA?n de lAi??deres militares que se iniciA? en Aguascalientes, en octubre.

La heterogeneidad de los representantes revolucionarios impidiA? que se lograra la unidad entre las distintas facciones y cuando por fin los lAi??deres se enfrentaron, los convencionistas tuvieron que tomar partido y desbandarse. ObregA?n, el mA?s importante de ellos, siguiA? a Carranza y resultA? ser el militar mA?s hA?bil de la revoluciA?n, como lo demostrA? al derrotar a Villa en Celaya, Trinidad, LeA?n y Aguascalientes, entre abril y agosto de 1915.

Carranza, ObregA?n y Maytorena con la artillerAi??a quitada a los federales, Hermosillo, Son, 1913. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de MAi??xico

Carranza, ObregA?n y Maytorena con la artillerAi??a quitada a los federales, Hermosillo, Son, 1913. Col. Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, UIA, Ciudad de MAi??xico

Carranza no sA?lo triunfA? sobre sus opositores en el campo de batalla, sino tambiAi??n en el polAi??tico gracias a una estrategia que le atrajo mA?s simpatizantes. El 19 de octubre fue reconocido porAi?? Estados Unidos, y convocA? a un nuevo Congreso Constituyente que diera legalidad y legitimidad a su mandato, promulgA?ndose una nueva ConstituciA?n el 5 de febrero de 1917. AllAi?? se asentaba el marco jurAi??dico-legal con el cual los gobiernos posrevolucionarios darAi??an forma a la nueva naciA?n.

Para saber mA?s

GUZMA?N, MARTA?N LUIS, La sombra del caudillo, MAi??xico, Castalia, 2002.

LOYO, MARTHA, JoaquAi??n Amaro y el proceso de institucionalizaciA?n del ejAi??rcito mexicano, 1917-1931, MAi??xico, FCE, IIH-UNAM-INEHRM, 2003.

PLASENCIA DE LA PARRA, ENRIQUE, Historia y organizaciA?n de las fuerzas armadas en MAi??xico 1917-1937, MAi??xico, IIH-UNAM, 2010.

Ver El general, dir. Natalia Almada, 89 min., dvd.

Ver La sombra del caudillo, dir. Julio Bracho, 120 min., http://www.youtube.com/watch?v=t2HHSuwmDJg

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El cine como propaganda

HAi??ctor Luis Zarauz LA?pez
Facultad de EconomAi??a, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La Ai??poca revolucionaria fue clave en el desarrollo de un cine documental que informaba pero a su vez estaba muy influenciado por promover la figura de los lAi??deres polAi??ticos. Francisco Villa fue uno de los que mejor provechA? le sacA?. Los intentos por hacer un cine menos politizado hallaban escaso eco

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Como si fuera un set cinematogrA?fico, el paAi??s estaba listo en noviembre de 1910 para ser filmado. Entonces, el largo gobierno de Porfirio DAi??az era cuestionado por la vAi??a armada, Madero y sus seguidores habAi??an decidido explorar un nuevo guiA?n despuAi??s de las fallidas elecciones de ese aAi??o. La trama, el escenario, las luces y los actores, toda parecAi??a preparado para escuchar el llamado a cA?mara.

La revoluciA?n mexicana fue la primera que se dio en los albores del siglo XX. Su desarrollo coincidiA? con el establecimiento del cinematA?grafo en el mundo y en MAi??xico adonde apareciA? desde 1896 cuando llegaron los primeros representantes de la casa LumiA?re y de la casa Edison, considerados como los inventores del cine.

Como el cine ya habAi??a dado sus primeros pasos en nuestro paAi??s, la revoluciA?n fue un proceso histA?rico razonablemente bien filmado para su tiempo. Sin embargo, gran parte de los materiales fAi??lmicos que se hicieron entre 1910 y 1920 desaparecieron, ya sea porque fueron mutilados, fragmentados o destruidos. Aun asAi?? ha quedado suficiente de Ai??l para utilizarlo como un elemento reconstructivo de la historia de la revoluciA?n y de esa Ai??poca.

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Actualidad revolucionaria

Al haber sido depuesta la dictadura de DAi??az, las temA?ticas que habAi??an interesado al cine de ese tiempo desaparecieron (hasta entonces, don Porfirio y su comitiva aristA?crata habAi??an sido uno de los imanes de taquilla) y en lo sucesivo el cinematA?grafo se centrA? en el movimiento revolucionario. El espectador dejA? de observar imA?genes de concordia y abundancia de esa supuesta belle Ai??poque que el cine se empeAi??aba en captar. Ahora el espectA?culo serAi??a ver al pueblo mismo en la pantalla y el enfrentamiento armado en contra del dictador y entre las facciones en rebeliA?n.

Durante los aAi??os de la RevoluciA?n (considerando la dAi??cada de 1910 a 1920), predominaron dos corrientes en la producciA?n nacional: por una parte, el documental sobre la RevoluciA?n, y por otra, las piezas del cine argumental que ya se venAi??an realizando.

Casi la totalidad de filmaciones que se hicieron en estos aAi??os fueron documentales-reportajes. Por el contrario, se realizaron muy pocas ficciones, lo cual es interesante si tomamos en cuenta que en el mismo periodo en Estados Unidos se filmaron mA?s de cien dramatizaciones sobre el tema revolucionario. Esto podrAi??a responder primero al hecho de que en MAi??xico la industria no habAi??a alcanzado un desarrollo pleno que permitiera hacer este tipo de cine, y segundo a que muy probablemente el pA?blico demandaba materiales de carA?cter informativo que consideraba mA?s fidedignos por ser el retrato de la realidad revolucionaria. De manera que estas cintas son muy cercanas a un trabajo periodAi??stico. Sin embargo, no debe perderse de vista que muchos de estos documentales fueron auspiciados por los propios caudillos que vieron en la filmaciA?n un vehAi??culo de promociA?n de sus figuras.

Dentro de los documentales habAi??a dos fines fundamentales. El primero fue el periodAi??stico, por lo cual las temA?ticas estaban evidentemente ligadas a los eventos de actualidad. Se trataba de filmar aquello que acababa de suceder en torno a las movilizaciones armadas a fin de que el espectador estuviera enterado. Entre estas se pueden citar: Las conferencias de paz en el norte y toma de Ciudad JuA?rez (1911), Viaje triunfal del jefe de la revoluciA?n don Francisco I. Madero desde Ciudad JuA?rez hasta la Ciudad de MAi??xico (1911), La revoluciA?n orozquista (1912), La revoluciA?n en Veracruz (1912), La revoluciA?n felicista (1913). AdemA?s, el camarA?grafo JesA?s H. Abitia filmA? campaAi??as militares de ObregA?n y Carranza, Francisco Villa contaba con camarA?grafos de la Mutual Film Corporation, que filmaron la toma de Ojinaga, TorreA?n y GA?mez Palacios, y los zapatistas tuvieron tambiAi??n camarA?grafos que editaron La revoluciA?n zapatista (1914). Las huestes huertistas llegaron a hacer uso del cinematA?grafo al filmar Sangre hermana (1914). Asimismo, fue registrada la invasiA?n estadunidense por Salvador Toscano, bajo el tAi??tulo de Sucesos de Veracruz (1914).

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

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El otro uso importante que tuvo el documental en estos aAi??os fue el propagandAi??stico, ya que los documentos cinematogrA?ficos, fotogrA?ficos, periodAi??sticos, etcAi??tera, eran parte de la lucha de los distintos bandos de la RevoluciA?n. Estamos pues ante pelAi??culas vinculadas a una causa especAi??fica y que, en consecuencia, no son piezas desinteresadas y meramente testimoniales que se limitaban a registrar los sucesos del paAi??s.

Para saber mA?s

LEAL, JUAN FELIPE. El documental nacional de la RevoluciA?n mexicana. FilmografAi??a: 1915-1921. MAi??xico, Juan Pablos Editores, 2012.

MIKELAJA?UREGUI, JOSAi?? RAMAi??N. La historia en la mirada. MAi??xico, Filmoteca de la UNAM.

MIQUEL, A?NGEL.Ai?? ai???Las historias completas de la RevoluciA?n de Salvador Toscanoai???, Fragmentos. NarraciA?n cinematogrA?fica compilada y arreglada por Salvador Toscano, 1900-1930. MAi??xico, Imcine-Conaculta, 2010.

____________. En tiempos de RevoluciA?n. El cine en la ciudad de MAi??xico. 1910-1916. MAi??xico, UNAM, 2012.

ROSAS, ENRIQUE. El automA?vil gris. MAi??xico, 1919, dvd. Filmoteca de la UNAM.

TOSCANO, SALVADOR. Memorias de un mexicano. MAi??xico, 1950, dvd. FundaciA?n Carmen Toscano.

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