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Editorial

 En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 39.

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Cuatro décadas atrás, una reforma política y electoral, a la que luego seguirían otras diez de distinto tipo que dieron lugar a modificaciones constitucionales y legales, para establecer cuotas de género, nuevos requisitos para los partidos políticos y el voto de mexicanos en el extranjero, sentaría las bases para la transición a la democracia en el país y daría lugar al anhelado pluralismo político acotado por las elecciones condicionadas y amañadas.

La reforma de diciembre de 1977 tiene mucho de fecha toral, un hito que marca el antes y el después de la incipiente democracia mexicana, precedida por las constantes luchas por la participación de la sociedad civil y organizaciones políticas frustradas por la maquinaria de la censura, la proscripción (en el caso del Partido Comunista Mexicano) y la represión donde no se pueden olvidar los encarcelamientos por razones políticas y las muertes que ocasionó.

Más centrada en la gradualidad de los cambios que en la radicalidad, porque en realidad se daba en un contexto político que no miraba a largo plazo ni en establecer una verdadera república, sino en generar parches ante una creciente crisis económica y de legitimidad del gobierno de José López Portillo, la reforma de aquel 6 de diciembre permitió canalizar la lucha política a una arena más o menos pacífica como la del sufragio, no obstante la permanencia de los enormes problemas sociales y económicos.

A pesar de las imperfecciones durante estas cuatro décadas –denuncias de fraudes, manipulaciones o inequidad–, diseccionar cómo fue concebida la reforma de 1977 y las vicisitudes por las que atravesó en ese año hasta su concreción –recordemos que algunos sectores políticos y sociales no la aceptaban–, ayuda a comprender el lento proceso que ha recorrido la democratización de la participación electoral.

Este aporte de BiCentenario para analizar los inicios de un momento clave de la vida política contemporánea de México, quizá poco recordada –no hemos visto que fuera motivo de análisis o debates–, se da en el contexto de un año electoral que también puede ser un parteaguas ante la incertidumbre de hacia dónde dirigirá la ciudadanía sus preferencias electorales.

Pero también BiCentenario se alimenta de otros tiempos históricos mexicanos, menos políticos en algunos casos, y más ubicados en el terreno de las contribuciones personales e institucionales.

Qué fue, por ejemplo, de la protección de los mexicanos que después del Tratado de Guadalupe Hidalgo quedaron a merced de las leyes estadunidenses en los territorios perdidos hace 170 años. La diplomacia de Luis de la Rosa, Miguel Atristáin, Bernardo Couto y Luis G. Cuevas intentó que aquellos compatriotas tuvieran igualdad, no sólo los derechos civiles, políticos y religiosos sino también que se respetaran sus propiedades. El Protocolo de Querétaro, en la última etapa de las negociaciones, puso acento en aquella preocupación. Si la estrategia negociadora del presidente James K. Polk los contemplaba o no, nos habla el texto de la doctora Ana Rosa Suárez Argüello.

La lucha por la emancipación, como en gran parte de nuestros números, tienen un espacio de atención especial. En este caso nos adentramos a revisar el destacado papel que tuvo la gestión del virrey Félix María Calleja, como el militar avezado que pondría freno, por algunos años, a los sueños de libertad. Calleja resucitó a Nueva España del “cadáver político” que era por entonces, según sus propias palabras, y al ejército “desnudo, mal armado y en la miseria” lo reorganizó para sostener al régimen. José María Morelos moriría frente a un pelotón de fusilamiento del virrey y la causa de independencia tendría que reforzarse y su triunfo postergarse, aquel militar vendría a reordenar todo el sistema defensivo español, optimizaría los cuerpos armados y los reacomodaría.

La independencia política debería estar acompañada de su similar en cuestiones económicas. Pero esto pocas veces se corresponde, y menos para una nación en formación a mediados del siglo XVIII. En medio de las crisis continuas en la construcción del Estado-nación, y las disputas entre liberales y conservadores, las deudas se comenzaron a acumular y por allí se pudieron ir colando banqueros y agiotistas que a cambio de préstamos en bonos y la especulación hundían a los gobiernos en deudas impagables. La Casa Jecker, comandada por el suizo Jean-Baptiste Jecker, supo usufructuar para su beneficio, nos relata Noé Ibáñez Martínez, aquellos años de incertidumbre política y económica. Jecker moriría en Francia a manos de los comuneros, pero el daño a las finanzas mexicanas ya estaba hecho.

Desde el terreno de la cultura abordamos en este número la explosión del uso de la imagen en el siglo xx. La imagen de un héroe o un santo laico, nos preguntamos acerca de la mutación de la figura de Pancho Villa, personaje singular de la revolución mexicana, icono incluso en el extranjero del culto por la justicia social, que lo mismo se refleja en monumentos institucionales que en el rostro incrustado a colores en bolsas de ixtle, veladoras o souvenirs. ¿Debemos tomarnos con superficialidad a quiénes dieron la vida por una causa social o es la única manera de que perduren en el imaginario popular?

Pero también desde la imagen, BiCentenario 39 recupera el trabajo que nos dejara el fotógrafo Ricardo Salazar, un profesional que entre los años cuarenta y ochenta del siglo pasado, fundamentalmente, retratara a los autores de la llamada Generación de Medio Siglo (Inés Arredondo, Ricardo Garibay, Margarita Michelena, Juan José Arreola, Jorge Ibargüengoitia, Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo y José Emilio Pacheco, entre otros), y la vida del país, en especial de la UNAM, quien ha resguardado su legado.

La cultura de la imagen, de fuerte impronta en México, como en pocos países latinoamericanos, nos trae también al análisis al dibujante Julio Ruelas, un extraordinario ilustrador que en pocos años de trabajos dejó un legado artístico que aún es motivo de estudio por una admirable e inacabada capacidad de imaginación y fantasía.

Estas propuestas de lecturas quedan al sometimiento de la opinión de cada lectora y lector. Hasta el próximo número.

Darío Fritz

Editorial

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 38.

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Ya no sólo documentos, archivos, expedientes, cartas, manuscritos, papeles. Ya no más tinta ni lecturas. En paralelo l registro impreso, voces, tonalidades, timbres, gritos, aullidos, risas y llantos. La oralidad tiene su espacio propio como Otra manera de recuperar y construir la historia. Desde antes incluso de que la imprenta plasmara con testimonios aquello que la memoria hilvanaba, su registro estaba acotado a la impresión en piedra, papel o tela. Presa de lo que letras y pinceles quisieran transmitir de ella. Sólo la imaginación  que cada uno quisiera hacer volar le colocaba tonalidad y  timbre a sus testimonios. Era su único arrojo de liberación. Cómo habrá sido la tonalidad de voz de Miguel Hidalgo anunciando la independencia, Guerrero lanzándose a una batalla, Moctezuma en diálogo con Cortés, el sonido de las descargas de los fusiles que acabaron con Maximiliano.  Será? cercana a como lo imaginaron directores de películas o actores que las interpretaron? La historia oral es hija de la tecnología y socia de las herramientas sonoras que comenzarán a construir el hombre en el siglo XX para ya no recurrir a la imaginación como interpretación de diálogos, Órdenes, anuncios, y todo aquello que la voz registra. Esas voces de las que se han tomado notas, capturadas en una cinta magnetofónica, y desde pocos años atrás en soportes digitales, relatan distintos episodios históricos, leyendas y creencias, que en este número de BiCentenario nos hemos propuesto recuperar en algunos ejemplos.

El sismo de 1985 en la Ciudad de México, rememorado recientemente por las generaciones que lo sufrieron con la tragedia de septiembre pasado, y que permite entender su alcance a los que no estábamos aquí tres décadas atrás, se relataría través de las palabras de quienes lo vivieron en la colonia Condesa, una de las varias zonas devastadas, y donde se manifiesta tanto el dolor como la solidaridad, el vacío y el silencio por los fallecidos y estructuras habitacionales derrumbadas, pero, sobre todo, por el temor y el miedo que decidió a muchos a salir de la colonia para buscar en otras delegaciones o ciudades la seguridad que ya no tenían. La soledad se apropió de la Condesa por un largo tiempo, hasta convertirse en una zona de oficinas y a la que la propia gentrificación la hizo un lugar para jóvenes profesionales. Recuerdos indelebles que sólo el tiempo permite cicatrizar.

Xochimilco tuvo un impacto relevante en el sismo reciente de 2017, relacionado con los espacios fluviales que la urbanidad desplazó en el Último siglo. A principios de 1900, con su tejido de canales de 33 kilómetros de longitud que abarcaban también Tláhuac y Milpa Alta, las vías de agua eran el centro de un comercio vivaz en el que se movían los habitantes de los barrios y pueblos ubicados a sus orillas. El hijo de uno de sus navegantes más asiduos relata, gracias a la memoria heredada de su padre, la vida diaria de entonces, del ganado que bebía de aquellos canales y de los recorridos hasta el mercado de Jamaica en anchas canoas conducidas por dos o tres remeros para trasladar a los pobladores o transportar hortalizas, verduras, forrajes y flores destinadas a la venta. Las descripciones de don Zacarías Santamaría dan cuenta de los rasgos de identidad de los pueblos del sur de la Ciudad de México a partir de la relación con el recurso del agua ?.

Las historias orales que se conjugan en este número de la revista se trasladan a 10 000 kilómetros de distancia y hasta el año 1976, para acercarnos a uno de los momentos más trágicos de una sociedad, para la cual México se convertiría en un oasis de vida consumado en el exilio. En ese año, el sangriento golpe militar argentino que se extendería por casi ocho años obligó a políticos, familias, militantes e intelectuales a buscar refugio en la embajada mexicana en Buenos Aires. Sobrevivieron a una muerte casi segura en la sede diplomática hasta lograr el salvoconducto que los trajera hasta aquí?. Fueron 68, pero algunos de ellos tardaron hasta seis años en salir de aquel encierro obligatorio. México unió a muchos de ellos no sólo por sobrevivir en espacios reducidos, relatan las víctimas de la persecución, sino por aprender a convivir pese a las profundas diferencias políticas, económicas y sociales. La protección y el amparo de la embajada era la diferencia entre la vida y la muerte.

La transmisión oral de mitos y leyendas ancestrales permite también construir una oralidad a partir de las remembranzas de viejos pobladores del Soconusco, en municipios chiapanecos. Son tres leyendas entrelazadas a partir de fragmentos de relatos inspirados en textos que publicara el arqueólogo Carlos Navarrete.

Otro personaje ubicado en el mito, más cercano a la idolatría que a la denostación es la de Ernesto Che Guevara. Recurrimos a los testimonios de jóvenes mexicanos, muy alejados generacionalmente de las cinco décadas transcurridas desde su ejecución en la selva boliviana, para conocer cómo ven ellos al personaje que se ha ido construyendo, y aquí tanto sigue influyendo como insignia y bandera de un pensamiento Autico y político o en todo caso como mercancía intrascendente de consumo.

¿Qué más queda por leer y analizar de este BiCentenario número 38? Seguramente mucho.

A quienes se interesan por revisar el proceso de emancipación pueden recorrer un periodo notable en la vida del general navarro Xavier Mina, que alentado por el encuentro con Simón Bolívar, en Haití?, llega a lo que es hoy Tamaulipas para iniciar un proceso de reconfiguración en el Ánimo derrotista independentista, luego del fusilamiento de Jose María Morelos. Con varios triunfos sobre el mejor pertrechado y más numeroso ejército virreinal, se convirtió en un estandarte para las tropas trigarantes que entrarían libertadoras a la ciudad de México en 1821.

Hacia 1898 nacía un hospital que aún hoy es cuna de formación de oftalmólogos mexicanos y latinoamericanos. El Hospital de la Luz mantiene viva una historia de excelencia que da gusto conocer, no solo como centro de aprendizaje de especialistas, sino también por mantener una tradición de igualdad social para sus pacientes, en la que no importa el sector social al que pertenezcan.

Hasta aquí estas pinceladas por descubrir un nuevo BiCentenario. Tan diverso como completo, se encontrarán en estas páginas con un pintor chiapaneco que echaóa raíces en la Aguascalientes del porfiriato, la narcocultura de nuestra vida diaria de la que no podemos evadirnos y hasta un fantasma con más de un siglo de vida.

Darío Fritz

 

Editorial #37

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 37.

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En un MAi??xico como el de la mitad del siglo XIX en el que dominaban los privilegios de las corporaciones militares y eclesiA?sticas, aunado al poder econA?mico de comerciantes y grandes propietarios, la emergente clase media de pequeAi??os propietarios y profesionales encontrA? en hombres clave para ese momento como el jalisciense Mariano Otero, figuras visionarias en la construcciA?n y direcciA?n de un paAi??s con mayores igualdades, federalista y en el que los derechos individuales fueran respetados.

Hace 170 aAi??os, este brillante jurista y polAi??tico impulsA? y logrA? incorporar en las discusiones que dieron lugar al Acta Constitutiva y de Reforma de 1847, el Juicio de Amparo, plasmado como un instrumento del liberalismo jurAi??dico decimonA?nico para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, y que hasta el dAi??a de hoy representa el principal recurso jurAi??dico al que han recurrido diversos sectores sociales para obtener una aplicaciA?n de la norma acorde con los principios de la ConstituciA?n.

Aunque puesto en vigencia seis aAi??os antes en la ConstituciA?nAi??PolAi??tica de YucatA?n, por el jurista Manuel Crescencio RejA?n, elAi??amparo tuvo alcance nacional a partir del Congreso ConstituyenteAi??y Extraordinario de 1846-1847 que debAi??a elaborar una nuevaAi??carta magna, y en el que Otero, representante por Jalisco, fue suAi??principal impulsor. Desde entonces, ha sido un medio constitucionalAi??por excelencia dentro de la estructura jurAi??dica, abarcandoAi??temas tan diversos como la materia civil, penal, administrativaAi??y laboral. En la actualidad es uno de los recursos legales mA?sAi??socorridos y que contribuye a que el poder judicial se considereAi??uno de los pilares mA?s confiables de las instituciones mexicanas.

BiCentenario dedica este nA?mero especial a Mariano Otero como hombre indispensable para entender la consolidaciA?n de las instituciones a partir de aquel documento constitucional queredactA? junto a un grupo de legisladores que entendAi??an que en MAi??xico la distribuciA?n del poder se debAi??a ampliar y ya no podAi??a ser propiedad de unos pocos sectores. Que los estados recobraran la soberanAi??a interna, asociados bajo la forma federativa, y que se incorporaran los derechos individuales, en los cuales el de amparo serAi??a su garantAi??a fundamental, eran pasos concretos establecidos en la ConstituciA?n promulgada en 1857.

Que Otero fuera una de esas figuras prominentes de la transformaciA?n polAi??tica del paAi??s, tenAi??a que ver con su formaciA?n en una Guadalajara entonces liberal y federalista, renuente a los privilegios sociales, que sAi?? se veAi??an en la ciudad de MAi??xico. Jurista estudioso y profundamente crAi??tico, fue la cara quizA? mA?s visible, o la que ha logrado perdurar a lo largo del tiempo, de un grupo de personalidades ai??i??Mariano Riva Palacio, Ignacio Cumplido, Juan Manuel GonzA?lez UreAi??a, Manuel MarAi??a Gaxiola, Francisco Elorriaga o Luis de la Rosa, entre otrosai??i??, que luchaban contra el antiguo conservadurismo y pretendAi??a darle otro rumbo al paAi??s. Otero consideraba imperioso introducir orden y uniA?n en la polAi??tica, mejorar la economAi??a y la recaudaciA?n, aplicar justicia en la reparticiA?n de los impuestos, reorganizar la fuerza militar con buenos cuadros de jefes y oficiales, disciplinados y fieles. Pregonaba por el fin de las ideas monA?rquicas y antiindependentistas, a las que el clero contribuAi??a con su poder intocable y criticaba a la prensa servil a esos intereses.

El joven legislador mostraba su desazA?n, se aislaba, segA?n decAi??a un aAi??o antes de morir, para no mezclarse con la mala polAi??tica de entonces. PreferAi??a limitar su actividad polAi??tica a votar en el Senado a conciencia. Pero ese desA?nimo circunstancial era propio de su compromiso. Otero se interesaba en el rumbo polAi??tico de MAi??xico, aunque tambiAi??n era un hombre que formaba parte del ambiente intelectual de la Ai??poca, asiduo a las discusiones y debates en tertulias, miembro de la Academia de LetrA?n, creador de un A?rgano polAi??tico como El Siglo Diez y Nueve. ai???Nos hemos propuesto publicar el presente diario, cuyo objeto mA?s esencial serA? el de calmar las pasiones agitadas con tantos aAi??os de inquietudes, promover la uniA?n de todos los mexicanos e indicar lo que creamos conveniente a nuestra regeneraciA?n polAi??ticaai???, escribAi??a en su primer nA?mero de octubre de 1841. AsAi?? como el Congreso serAi??a el foro desde el cual defenderAi??a sus principios, el periodismo fue el vehAi??culo para dar a conocer su particular visiA?n del MAi??xico de entonces.

El Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestiA?n social y polAi??tica que se agita en la repA?blica mexicana, que escribiera en 1842, serAi??a un texto fundamental para entender cA?mo analizaba el momento polAi??tico y econA?mico. AllAi?? hablaba de la clase media que debAi??a emerger como ai???el principal elemento de la sociedadai??i?? el verdadero germen del progreso y el ingrediente polAi??tico mA?s natural y favorable que pudiera desearse para la futura ConstituciA?n de la RepA?blica.ai???

A Mariano Otero se le recuerda por su paso como congresista, las controversias y argumentos por contar con un rAi??gimen legal orientado a defender las garantAi??as y derechos de los ciudadanos, ante las injusticias y abusos de los funcionarios pA?blicos. Tuvo tambiAi??n un breve paso en la administraciA?n pA?blica como secretario de Relaciones Exteriores del presidente JosAi?? JoaquAi??n de Herrera. Fue en un momento crAi??tico para el paAi??s, cuando la derrota en la guerra contra Estados Unidos marcaba el A?nimo general, la economAi??a estaba en mal estado, el ejAi??rcito desbaratado y la reconciliaciA?n entre los mexicanos era indispensable. Los asuntos a los que se enfrentA? no fueron menores como el retiro de las tropas estadunidenses de la aduana de Veracruz y la problemA?tica de los mexicanos que se quedaron en los territorios comprendidos en el tratado de paz.

En el recuerdo de Mariano Otero y su legado vale precisar cuA?nto sacrificio le implicA? tambiAi??n, aA?n y a pesar de su bA?squeda pacAi??fica y conciliatoria por la unidad nacional y un cambio de mentalidad, que sus ideas progresistas lo condujeran a la cA?rcel en 1842. AllAi?? aprenderAi??a cA?mo se podAi??an violar leyes y derechos civiles sobre las personas. De cA?mo abusa una autoridad sin lAi??mites, especialmente sobre el ciudadano comA?n y corriente. Ese encarcelamiento serAi??a el origen de una permanente dedicaciA?n por diseAi??ar un cA?digo de garantAi??as y derechos que defendieran al ciudadano, y resultar su herencia fundamental para generaciones de mexicanos: el Juicio de Amparo.

La primera sentencia de un juicio de este tipo, tras su incorporaciA?n a la carta magna de 1857, se resolviA? en una hoja. En la actualidad contienen centenares de pA?ginas. Se ha vuelto una instancia jurAi??dica compleja, a tono tambiAi??n con los cambios sociales de los A?ltimos 170 aAi??os. El peligro de transformarse en elitista, alejado de los conocimientos mayoritarios de la poblaciA?n, comienza a ser seAi??alado por algunos estudiosos. Este homenaje de BiCentenario a Mariano Otero trata de recuperar las vicisitudes de un hombre visionario, pero tambiAi??n es una invitaciA?n a atesorar y cuidar aquello que se considera imprescindible para nuestra convivencia diaria y una garantAi??a de igualdad ciudadana.

DarAi??o Fritz

Editorial # 35

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

La historia lineal de los vAi??nculos entre las naciones parece necesitar de algunos nudos y enredos que las paralizan por un tiempo hasta encontrar quiAi??nes los desaten para inyecAi??tarle mayor energAi??a y volver a avanzar sin piedras ni lodos que la atoren. En ese lapso de maraAi??as abunda el griterAi??o y el desentendimiento, la amenaza de la fuerza y el golpeteo incesante de la descalificaciA?n. Desde una de las trincheras se lanzan fuegos artificiales que obligan a agazaparse del otro lado, hasta que la pA?lvora deje de iluminar el cielo por cansancio de los artilleros o pAi??rdida de eficiencia. Juegan al lAi??mite pero en el fondo la pA?lvora sirve para intentar imponer condiciones aunque no caerA? a tierra. PodrA? haber daAi??os, pero no destrucciA?n. Las necesidades de convivir estA?n implAi??citas y terminan por imponerse. Que de la noche a la maAi??ana una parte quiera hacer responsable a la otra de sus propias carencias o imponerse, habla de una estrategia antigua y repetida. DespuAi??s de varias dAi??cadas de vivir en una vecindad en armonAi??a, MAi??xico se encuentra con que el vecino estadunidense ya no quiere que las hojas del A?rbol que los divide le caigan a Ai??l y de paso pretende tirarle por encima de la barda lo que no le sirve. El nudo y los enredos han vuelto a instalarse. En la dAi??cada de 1920 pasA? algo similar. Y el discurso y la vocinglerAi??a fueron bastante semejantes a los de hoy. HabAi??a xenofobia, racismo, prejuicio y desconfianza. Los factores polAi??ticos y econA?micos alimentaban el distanciamiento. El polAi??tico se llamaba anticomunismo; el econA?mico, petrA?leo y tierras. Se criticaban el atraso y la pobreza, la capacidad de gobernar, los orAi??genes Ai??tnicos y la falta de justicia. Hoy se habla de robo de mano de obra, se criminaliza a migrantes y hasta se proponen militares extranjeros para combatir el narcotrA?fico. La diplomacia de Washington alucinaba con una confabulaciA?n mexicano-soviAi??tica que instalarAi??a el comunismo aquAi?? y por ende en LatinoamAi??rica, una amenaza para la Doctrina Monroe. La mirada de entonces era la de hombres anglosajones y protestantes, una vieja guardia republicana convencida de la superioridad moral, cultural y econA?mica de Estados Unidos, nos dice MarAi??a del Carmen Collado, lo cual no dista demasiado de la que se ve en estos dAi??as en Washington. El conflicto se resolviA? cuando se avizorA? una guerra innecesaria y las voces mA?s moderadas pudieron imponerse. Aquella experiencia que abre la portada de esta ediciA?n de BiCentenario ameniza el anA?lisis del presente y puede servir de proyecciA?n de una vecindad seguramente distante para los prA?ximos cuatro aAi??os.

DespuAi??s de aquellos desencuentros vino una crisis econA?Ai??mica como la de 1929, que ubicA? como uno de sus blancos a los migrantes mexicanos que llegaron en grandes cantidades tras la primera guerra mundial para trabajar en la agricultura, el tendido del ferrocarril y la industria. La prisiA?n y fuertes multas fueron las dos armas que se esgrimieron para despojarse de ellos. Su economAi??a ya no los necesitaba. La participaciA?n de un cA?nsul en Los A?ngeles con sensibilidad para afrontar el problema y creatividad para resolverlo fue relevante aquel aAi??o. Rafael de la Colina organizA? la repatriaciA?n de mA?s de 30 000 mexicanos que vivAi??an en California para llevarlos hasta Guadalajara, Guanajuato y la Ciudad de MAi??xico. Su testimonio agudo describe las mismas dificultades del migrante de hoy en Estados Unidos o en tantas partes del mundo: discriminaciA?n, explotaciA?n laboral, desconocimiento, indefensiA?n y olvido.

Como contraposiciA?n, en la otra punta de cualquier esAi??cala comparativa, estaban actrices y actores mexicanos que intentaban destacar en Hollywood por esas fechas. Dolores del RAi??o, Guadalupe VAi??lez y RamA?n Novarro pudieron dar cuenta de una migraciA?n exitosa, aunque temporal, y a la que a pocos se le ocurrAi??a reprochar. Una muestra de que el tema migratorio es un fenA?meno de la pobreza.

A la mirada exterior le sigue el espejo propio. En MAi??xico hubo en el A?ltimo siglo poblaciones migrantes que recibieron un trato similar al que se ha documentado para los mexicanos al norte del rAi??o Bravo. Lo vivieron los chinos en la primera dAi??cada del siglo xx y ahora los centroamericanos. Sin embargo, esto no es lineal. Otros inmigrantes como los hA?ngaros, que llegaban hacia fines del siglo XIX y principio del XX, pudieron establecerse sin inconvenientes y aprovechar el desconocimiento que se tenAi??a de MAi??xico en su paAi??s para promocionarlo, aunque implicara ocultar una realidad abundante en inequidades.

Los aAi??os de la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siguiente han sido ricos en circunstancias y hechos que fueron moldeando cambios relevantes. A partir de historias personales relatamos en este nA?mero de BiCentenario el aporte a la medicina militar que dio el mAi??dico Francisco Montes de Oca con su insistencia en ofrecer una mejor atenciA?n de las enfermedades y avances en la salubridad, hasta llegar a crear en 1881 la Escuela PrA?ctico MAi??dico Militar (EPMM). Otro caso a destacar se sitA?a en YucatA?n y lleva el nombre de Pedro Guerra. La casa de fotografAi??a que abriA? en 1877, a la que se sumarAi??a su familia posteriormente, retratA? durante 90 aAi??os a generaciones de yucatecos y los acontecimientos de la penAi??nsula. Hoy es parte de un acervo que lleva su nombre con mA?s de 500 mil imA?genes.

En esos aAi??os se fue enraizando una prA?ctica gubernamental que se ha convertido en uno de los fenA?menos mA?s lacerantes para el paAi??s. Una descripciA?n de cA?mo era la corrupciA?n en el siglo XIX muestra que desde el Estado se podAi??an generar fortunas, en tanto la impunidad protegAi??a su prA?ctica. MA?s que un rasgo genAi??tico, se trata de una relaciA?n con las instituciones que perdura por dAi??cadas, argumenta el autor.

En este nA?mero 35 hay otras narraciones por descubrir: el compromiso de Gustavo Garmendia con la causa revolucionaria, la figura del charro en la cultura nacional, la tradiciA?n tan acendrada de festejar a nuestras madres o la historia de una mujer independentista, tambiAi??n madre, traicionada por el confort de su marido. Hasta la prA?xima.

Editorial

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

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Un lugar pensado para formar generaciones de profesionales que no pretendAi??a competir con el molde de lo que otras instituciones ya trabajaban. Un centro que entendiera a la historia como integrada y parte de las ciencias sociales, pero nunca aislada. De investigadores adaptados a esa concepciA?n. Un lugar con una biblioteca sui generis donde el acervo general y su fondo antiguo le dan un toque de exclusividad. Un centro de formaciA?n y conocimiento asentado sobre la que fue la casa de un hombre liberal y A?nico, que estableciA? las bases de la separaciA?n del Estado del poder monacal. La identidad se construye con el tiempo y en ella confluyen historias personales de aspiraciones y utopAi??as, la herencia de valores y tradiciones, la pertenencia a un territorio.

El Instituto de Investigaciones Dr. JosAi?? MarAi??a Luis Mora llega a los 35 aAi??os de vida y el sello de su identidad que lo hace reconocible se identifica tambiAi??n con la pertenencia al espacio donde estA? enraizado. NaciA? en el barrio de Mixcoac, alguna vez considerado pueblo risueAi??o y florido de aire saludable, que lo ha hecho suyo como parte de sus esquinas, su arquitectura de fachadas centenarias, de haciendas, ranchos y terrenos baldAi??os devenidos en centros universitarios y culturales, colegios de origen espaAi??ol o inglAi??s, parques hundidos, estadios para el futbol y los toros, habitado un siglo atrA?s por indAi??genas y migrantes europeos.

Este nA?mero 33 de BiCentenario, casi en concordancia con los siete lustros de vida del Instituto, da cuenta del trajinar de esta instituciA?n acadAi??mica desde 1981, pero tambiAi??n de la riqueza de su pertenencia a un barrio de calles empedradas o de barro transformadas en grandes avenidas, de cauces de agua y A?reas verdes devoradas por la explosiA?n urbana, de iglesias sobrevivientes y de viviendas donde se oficiaba misa en tiempos en que se perseguAi??a la bendiciA?n desde el atrio, de personajes que la habitaron porque encontraron allAi?? un remanso frente a la agitada vida en el centro capitalino, que huAi??an de los jaloneos de la polAi??tica o comenzaron a ilustrar aquAi?? una vida de intelectuales.

El Instituto Mora naciA? en una casa a la que la vicisitud de la polAi??tica, la economAi??a, la religiA?n y hasta las creencias esotAi??ricas la tornaron un lugar peculiar. Fue vivienda de ValentAi??n GA?mez FarAi??as cuando el vicepresidente jacobino se escabullAi??a de las amenazas catA?licas a sus A?rdenes de quitar poder a los prelados, y donde morirAi??a y serAi??a enterrado ante la negativa de la vecina iglesia de San Juan Evangelista de darle morada final en su cementerio. TambiAi??n tropas estadunidenses la ocuparAi??an en 1847. Algunas creencias dirAi??an que el espAi??ritu de don ValentAi??n recorrerAi??a la casa durante varias dAi??cadas, para temor de sus descendientes y visitantes, hasta ser llevado a la Rotonda de las Personas Ilustres. Del mismo ValentAi??n se relatan aquAi?? las idas y vueltas que tuvo el intento de recuperaciA?n de una pintura que lo retrataba en Palacio Nacional y que finalmente por esas historias repetidas en el mundo del arte, quedarAi??a en manos privadas, y se tendrAi??an que hacer copias, una de las cuales el Instituto adquiriA?.

La pintura de ValentAi??n GA?mez FarAi??as no es un hecho aislado dentro de la vocaciA?n cultural del Instituto Mora. Las esculturas, principalmente, forman parte de su paisaje en exposiciones individuales y colectivas al aire libre, como se relata en esta ediciA?n. Otro elemento distintivo en el mundo acadAi??mico.

La gran perla de la instituciA?n ha sido su biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai???, nacida cinco aAi??os antes que el Instituto y que cumple a cabalidad con el objetivo de ser reconocida en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, tanto por su acervo como por su fondo antiguo con algo mA?s de 10 000 volA?menes. RamA?n Aureliano, quien la conoce desde sus entraAi??as desde hace algunos aAi??os, nos pone en manos de dos testimonios clave: uno que habla sobre JosAi?? Ignacio Conde y DAi??az RubAi??n, el inspirador de la biblioteca, y la inquietante historia de su acervo personal que tuvo que vender forzado por el gobierno; y el segundo, las palabras del propio Ernesto de la Torre Villar, su primer director. ai???Podemos decir que es paradA?jico, pero pienso que de una Biblioteca saliA? el Instituto Moraai???, dice orgulloso durante una charla que data de 2002.

Pero a dA?nde nos lleva esa vocaciA?n de identidad del Instituto Mora con su vecindad, con ser parte tambiAi??n de ese pueblo, municipio y hoy colonia Mixcoac. EstA?n vivos la parroquia de la AsunciA?n de MarAi??a o de Santa MarAi??a Nonoalco, edificada en el siglo XVI, los restos de la que fuera la Hacienda de Nonoalco,hoy convertida en vecindad, las huellas exteriores de la casa morisca de la familia Serralde, el Parque Hundido en la zona de ladrilleras. Como parte ya del imaginario colectivo, La CastaAi??eda, el mAi??tico hospital que Porfirio DAi??az presentA? como una revoluciA?n en la salud mental y seis dAi??cadas despuAi??s serAi??a demolido. Una manera de explicarnos el antes y el despuAi??s de las transformaciones de un lugar son las fotografAi??as, dibujos y material fAi??lmico. El trabajo de Lourdes Roca nos ayuda a descifrar y explicar esos cambios de Mixcoac.

Los personajes que habitan el barrio y enorgullecen a sus habitantes generan un halo de admiraciA?n, misterio y mito, que se va transmitiendo por generaciones. Para Mixcoac llevan un mismo apellido: Ireneo Paz, el escritor, periodista, editor y polAi??mico defensor en algA?n tiempo de Porfirio DAi??az; Octavio, su hijo, abanderado de la causa zapatista, escritor tambiAi??n, pero sobre todo activista social, de muerte trA?gica y vida desafortunada; y quien seguramente genera mayor reconocimiento, fortalecido por su contemporaneidad, Octavio, el nieto e hijo, poeta y escritor. El Premio Nobel de Literatura dice en un relato que aquAi?? reproducimos, que en Mixcoac alguna vez se sintiA? ai???centro del mundoai???. Entre nubes y un cielo azul, descubriA? el entusiasmo y tal vez la poesAi??a.

Justamente lo que podemos sentir cuando nos consideramos parte de un lugar.

DarAi??o Fritz