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Editorial

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 38.

BiC 38 Portada (949x1280)

Ya no sA?lo documentos, archivos, expedientes, cartas, manuscritos,Ai??papeles. Ya no mA?s tinta ni lecturas. En paraleloAi??al registro impreso, voces, tonalidades, timbres, gritos, aullidos,Ai??risas y llantos. La oralidad tiene su espacio propio comoAi??otra manera de recuperar y construir la historia. Desde antesAi??incluso de que la imprenta plasmara con testimonios aquelloAi??que la memoria hilvanaba, su registro estaba acotado aAi??la impresiA?n en piedra, papel o tela. Presa de lo que letrasAi??y pinceles quisieran transmitir de ella. SA?lo la imaginaciA?nAi??que cada uno quisiera hacer volar le colocaba tonalidad yAi??timbre a sus testimonios. Era su A?nico arrojo de liberaciA?n.Ai??CA?mo habrA? sido la tonalidad de voz de Miguel HidalgoAi??anunciando la independencia, Guerrero lanzA?ndose a unaAi??batalla, Moctezuma en diA?logo con CortAi??s, el sonido deAi??las descargas de los fusiles que acabaron con Maximiliano.Ai??A?SerA? cercana a como lo imaginaron directores de pelAi??culasAi??o actores que las interpretaron? La historia oral es hija de laAi??tecnologAi??a y socia de las herramientas sonoras que comenzA?Ai??a construir el hombre en el siglo XX para ya no recurrirAi??a la imaginaciA?n como interpretaciA?n de diA?logos, A?rdenes,Ai??anuncios, y todo aquello que la voz registra. Esas voces deAi??las que se han tomado notas, capturadas en una cinta magnetofA?nica,Ai??y desde pocos aAi??os atrA?s en soportes digitales,Ai??relatan distintos episodios histA?ricos, leyendas y creencias,Ai??que en este nA?mero de BiCentenario nos hemos propuestoAi??recuperar en algunos ejemplos.

El sismo de 1985 en la Ciudad de MAi??xico, rememoradoAi??recientemente por las generaciones que lo sufrieron con laAi??tragedia de septiembre pasado, y que permite entender su alcanceAi??a los que no estA?bamos aquAi?? tres dAi??cadas atrA?s, se relataAi??a travAi??s de las palabras de quienes lo vivieron en la coloniaAi??Condesa, una de las varias zonas devastadas, y donde se manifiestaAi??tanto el dolor como la solidaridad, el vacAi??o y el silencioAi??por los fallecidos y estructuras habitacionales derrumbadas,Ai??pero, sobre todo, por el temor y el miedo que decidiA? a muchosAi??a salir de la colonia para buscar en otras delegaciones oAi??ciudades la seguridad que ya no tenAi??an. La soledad se apropiA?Ai??de la Condesa por un largo tiempo, hasta convertirse en unaAi??zona de oficinas y a la que la propia gentrificaciA?n la hizo unAi??lugar para jA?venes profesionales. Recuerdos indelebles queAi??sA?lo el tiempo permite cicatrizar.

Xochimilco tuvo un impacto relevante en el sismo recienteAi??de 2017, relacionado con los espacios fluviales que la urbanidadAi??desplazA? en el A?ltimo siglo. A principios de 1900, con su tejidoAi??de canales de 33 kilA?metros de longitud ai??i??abarcaban tambiAi??nAi??TlA?huac y Milpa Altaai??i??, las vAi??as de agua eran el centro de unAi??comercio vivaz en el que se movAi??an los habitantes de los barriosAi??y pueblos ubicados a sus orillas. El hijo de uno de susAi??navegantes mA?s asiduos relata, gracias a la memoria heredadaAi??de su padre, la vida diaria de entonces, del ganado que bebAi??aAi??de aquellos canales y de los recorridos hasta el mercado deAi??Jamaica en anchas canoas conducidas por dos o tres remerosAi??para trasladar a los pobladores o transportar hortalizas, verduras,Ai??forrajes y flores destinadas a la venta. Las descripcionesAi??de don ZacarAi??as SantamarAi??a dan cuenta de ai???los rasgosAi??de identidad de los pueblos del sur de la Ciudad de MAi??xicoAi??a partir de la relaciA?n con el recurso del aguaai???.

Las historias orales que se conjugan en este nA?mero de laAi??revista se trasladan a 10 000 kilA?metros de distancia y hastaAi??el aAi??o 1976, para acercarnos a uno de los momentos mA?sAi??trA?gicos de una sociedad, para la cual MAi??xico se convertirAi??aAi??en un oasis de vida consumado en el exilio. En ese aAi??o, elAi??sangriento golpe militar argentino que se extenderAi??a por casiAi??ocho aAi??os obligA? a polAi??ticos, familias, militantes e intelectualesAi??a buscar refugio en la embajada mexicana en Buenos Aires.Ai??Sobrevivieron a una muerte casi segura en la sede diplomA?ticaAi??hasta lograr el salvoconducto que los trajera hasta aquAi??.Ai??Fueron 68, pero algunos de ellos tardaron hasta seis aAi??os enAi??salir de aquel encierro obligatorio. MAi??xico uniA? a muchos deAi??ellos no sA?lo por sobrevivir en espacios reducidos, relatan lasAi??vAi??ctimas de la persecuciA?n, sino por aprender a convivir peseAi??a las profundas diferencias polAi??ticas, econA?micas y sociales.Ai??La protecciA?n y el amparo de la embajada era la diferenciaAi??entre la vida y la muerte.

La transmisiA?n oral de mitos y leyendas ancestrales permiteAi??tambiAi??n construir una oralidad a partir de las remembranzasAi??de viejos pobladores del Soconusco, en municipios chiapanecos.Ai??Son tres leyendas entrelazadas a partir de fragmentosAi??de relatos inspirados en textos que publicara el arqueA?logoAi??Carlos Navarrete.

Otro personaje ubicado en el mito, mA?s cercano a la idolatrAi??aAi??que a la denostaciA?n es la de Ernesto Che Guevara.Ai??Recurrimos a los testimonios de jA?venes mexicanos, muyAi??alejados generacionalmente de las cinco dAi??cadas transcurridasAi??desde su ejecuciA?n en la selva boliviana, para conocerAi??cA?mo ven ellos al personaje que se ha ido construyendo, yAi??quAi?? tanto sigue influyendo como insignia y bandera de unAi??pensamiento Ai??tico y polAi??tico o en todo caso como mercancAi??aAi??intrascendente de consumo.

A?QuAi?? mA?s queda por leer y analizar de este BiCentenarioAi??nA?mero 38? Seguramente mucho.

A quienes se interesan por revisar el proceso de emancipaciA?nAi??pueden recorrer un periodo notable en la vida delAi??general navarro Xavier Mina, que alentado por el encuentroAi??con SimA?n BolAi??var, en HaitAi??, llega a lo que es hoy TamaulipasAi??para iniciar un proceso de reconfiguraciA?n en el A?nimo derrotistaAi??independentista, luego del fusilamiento de JosAi?? MarAi??aAi??Morelos. Con varios triunfos sobre el mejor pertrechado yAi??mA?s numeroso ejAi??rcito virreinal, se convirtiA? en un estandarteAi??para las tropas trigarantes que entrarAi??an libertadoras a laAi??ciudad de MAi??xico en 1821.

Hacia 1898 nacAi??a un hospital que aA?n hoy es cuna de formaciA?nAi??de oftalmA?logos mexicanos y latinoamericanos. ElAi??Hospital de la Luz mantiene viva una historia de excelenciaAi??que da gusto conocer, no sA?lo como centro de aprendizajeAi??de especialistas, sino tambiAi??n por mantener una tradiciA?nAi??de igualdad social para sus pacientes, en la que no importa elAi??sector social al que pertenezcan.

Hasta aquAi?? estas pinceladas por descubrir un nuevo BiCentenario. Tan diverso como completo, se encontrarA?n enAi??estas pA?ginas con un pintor chiapaneco que echarAi??a raAi??ces enAi??la Aguascalientes del porfiriato, la narcocultura de nuestra vidaAi??diaria de la que no podemos evadirnos y hasta un fantasmaAi??con mA?s de un siglo de vida.

DarAi??o Fritz

Editorial #37

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 37.

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En un MAi??xico como el de la mitad del siglo XIX en el que dominaban los privilegios de las corporaciones militares y eclesiA?sticas, aunado al poder econA?mico de comerciantes y grandes propietarios, la emergente clase media de pequeAi??os propietarios y profesionales encontrA? en hombres clave para ese momento como el jalisciense Mariano Otero, figuras visionarias en la construcciA?n y direcciA?n de un paAi??s con mayores igualdades, federalista y en el que los derechos individuales fueran respetados.

Hace 170 aAi??os, este brillante jurista y polAi??tico impulsA? y logrA? incorporar en las discusiones que dieron lugar al Acta Constitutiva y de Reforma de 1847, el Juicio de Amparo, plasmado como un instrumento del liberalismo jurAi??dico decimonA?nico para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, y que hasta el dAi??a de hoy representa el principal recurso jurAi??dico al que han recurrido diversos sectores sociales para obtener una aplicaciA?n de la norma acorde con los principios de la ConstituciA?n.

Aunque puesto en vigencia seis aAi??os antes en la ConstituciA?nAi??PolAi??tica de YucatA?n, por el jurista Manuel Crescencio RejA?n, elAi??amparo tuvo alcance nacional a partir del Congreso ConstituyenteAi??y Extraordinario de 1846-1847 que debAi??a elaborar una nuevaAi??carta magna, y en el que Otero, representante por Jalisco, fue suAi??principal impulsor. Desde entonces, ha sido un medio constitucionalAi??por excelencia dentro de la estructura jurAi??dica, abarcandoAi??temas tan diversos como la materia civil, penal, administrativaAi??y laboral. En la actualidad es uno de los recursos legales mA?sAi??socorridos y que contribuye a que el poder judicial se considereAi??uno de los pilares mA?s confiables de las instituciones mexicanas.

BiCentenario dedica este nA?mero especial a Mariano Otero como hombre indispensable para entender la consolidaciA?n de las instituciones a partir de aquel documento constitucional queredactA? junto a un grupo de legisladores que entendAi??an que en MAi??xico la distribuciA?n del poder se debAi??a ampliar y ya no podAi??a ser propiedad de unos pocos sectores. Que los estados recobraran la soberanAi??a interna, asociados bajo la forma federativa, y que se incorporaran los derechos individuales, en los cuales el de amparo serAi??a su garantAi??a fundamental, eran pasos concretos establecidos en la ConstituciA?n promulgada en 1857.

Que Otero fuera una de esas figuras prominentes de la transformaciA?n polAi??tica del paAi??s, tenAi??a que ver con su formaciA?n en una Guadalajara entonces liberal y federalista, renuente a los privilegios sociales, que sAi?? se veAi??an en la ciudad de MAi??xico. Jurista estudioso y profundamente crAi??tico, fue la cara quizA? mA?s visible, o la que ha logrado perdurar a lo largo del tiempo, de un grupo de personalidades ai??i??Mariano Riva Palacio, Ignacio Cumplido, Juan Manuel GonzA?lez UreAi??a, Manuel MarAi??a Gaxiola, Francisco Elorriaga o Luis de la Rosa, entre otrosai??i??, que luchaban contra el antiguo conservadurismo y pretendAi??a darle otro rumbo al paAi??s. Otero consideraba imperioso introducir orden y uniA?n en la polAi??tica, mejorar la economAi??a y la recaudaciA?n, aplicar justicia en la reparticiA?n de los impuestos, reorganizar la fuerza militar con buenos cuadros de jefes y oficiales, disciplinados y fieles. Pregonaba por el fin de las ideas monA?rquicas y antiindependentistas, a las que el clero contribuAi??a con su poder intocable y criticaba a la prensa servil a esos intereses.

El joven legislador mostraba su desazA?n, se aislaba, segA?n decAi??a un aAi??o antes de morir, para no mezclarse con la mala polAi??tica de entonces. PreferAi??a limitar su actividad polAi??tica a votar en el Senado a conciencia. Pero ese desA?nimo circunstancial era propio de su compromiso. Otero se interesaba en el rumbo polAi??tico de MAi??xico, aunque tambiAi??n era un hombre que formaba parte del ambiente intelectual de la Ai??poca, asiduo a las discusiones y debates en tertulias, miembro de la Academia de LetrA?n, creador de un A?rgano polAi??tico como El Siglo Diez y Nueve. ai???Nos hemos propuesto publicar el presente diario, cuyo objeto mA?s esencial serA? el de calmar las pasiones agitadas con tantos aAi??os de inquietudes, promover la uniA?n de todos los mexicanos e indicar lo que creamos conveniente a nuestra regeneraciA?n polAi??ticaai???, escribAi??a en su primer nA?mero de octubre de 1841. AsAi?? como el Congreso serAi??a el foro desde el cual defenderAi??a sus principios, el periodismo fue el vehAi??culo para dar a conocer su particular visiA?n del MAi??xico de entonces.

El Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestiA?n social y polAi??tica que se agita en la repA?blica mexicana, que escribiera en 1842, serAi??a un texto fundamental para entender cA?mo analizaba el momento polAi??tico y econA?mico. AllAi?? hablaba de la clase media que debAi??a emerger como ai???el principal elemento de la sociedadai??i?? el verdadero germen del progreso y el ingrediente polAi??tico mA?s natural y favorable que pudiera desearse para la futura ConstituciA?n de la RepA?blica.ai???

A Mariano Otero se le recuerda por su paso como congresista, las controversias y argumentos por contar con un rAi??gimen legal orientado a defender las garantAi??as y derechos de los ciudadanos, ante las injusticias y abusos de los funcionarios pA?blicos. Tuvo tambiAi??n un breve paso en la administraciA?n pA?blica como secretario de Relaciones Exteriores del presidente JosAi?? JoaquAi??n de Herrera. Fue en un momento crAi??tico para el paAi??s, cuando la derrota en la guerra contra Estados Unidos marcaba el A?nimo general, la economAi??a estaba en mal estado, el ejAi??rcito desbaratado y la reconciliaciA?n entre los mexicanos era indispensable. Los asuntos a los que se enfrentA? no fueron menores como el retiro de las tropas estadunidenses de la aduana de Veracruz y la problemA?tica de los mexicanos que se quedaron en los territorios comprendidos en el tratado de paz.

En el recuerdo de Mariano Otero y su legado vale precisar cuA?nto sacrificio le implicA? tambiAi??n, aA?n y a pesar de su bA?squeda pacAi??fica y conciliatoria por la unidad nacional y un cambio de mentalidad, que sus ideas progresistas lo condujeran a la cA?rcel en 1842. AllAi?? aprenderAi??a cA?mo se podAi??an violar leyes y derechos civiles sobre las personas. De cA?mo abusa una autoridad sin lAi??mites, especialmente sobre el ciudadano comA?n y corriente. Ese encarcelamiento serAi??a el origen de una permanente dedicaciA?n por diseAi??ar un cA?digo de garantAi??as y derechos que defendieran al ciudadano, y resultar su herencia fundamental para generaciones de mexicanos: el Juicio de Amparo.

La primera sentencia de un juicio de este tipo, tras su incorporaciA?n a la carta magna de 1857, se resolviA? en una hoja. En la actualidad contienen centenares de pA?ginas. Se ha vuelto una instancia jurAi??dica compleja, a tono tambiAi??n con los cambios sociales de los A?ltimos 170 aAi??os. El peligro de transformarse en elitista, alejado de los conocimientos mayoritarios de la poblaciA?n, comienza a ser seAi??alado por algunos estudiosos. Este homenaje de BiCentenario a Mariano Otero trata de recuperar las vicisitudes de un hombre visionario, pero tambiAi??n es una invitaciA?n a atesorar y cuidar aquello que se considera imprescindible para nuestra convivencia diaria y una garantAi??a de igualdad ciudadana.

DarAi??o Fritz

Editorial # 35

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

La historia lineal de los vAi??nculos entre las naciones parece necesitar de algunos nudos y enredos que las paralizan por un tiempo hasta encontrar quiAi??nes los desaten para inyecAi??tarle mayor energAi??a y volver a avanzar sin piedras ni lodos que la atoren. En ese lapso de maraAi??as abunda el griterAi??o y el desentendimiento, la amenaza de la fuerza y el golpeteo incesante de la descalificaciA?n. Desde una de las trincheras se lanzan fuegos artificiales que obligan a agazaparse del otro lado, hasta que la pA?lvora deje de iluminar el cielo por cansancio de los artilleros o pAi??rdida de eficiencia. Juegan al lAi??mite pero en el fondo la pA?lvora sirve para intentar imponer condiciones aunque no caerA? a tierra. PodrA? haber daAi??os, pero no destrucciA?n. Las necesidades de convivir estA?n implAi??citas y terminan por imponerse. Que de la noche a la maAi??ana una parte quiera hacer responsable a la otra de sus propias carencias o imponerse, habla de una estrategia antigua y repetida. DespuAi??s de varias dAi??cadas de vivir en una vecindad en armonAi??a, MAi??xico se encuentra con que el vecino estadunidense ya no quiere que las hojas del A?rbol que los divide le caigan a Ai??l y de paso pretende tirarle por encima de la barda lo que no le sirve. El nudo y los enredos han vuelto a instalarse. En la dAi??cada de 1920 pasA? algo similar. Y el discurso y la vocinglerAi??a fueron bastante semejantes a los de hoy. HabAi??a xenofobia, racismo, prejuicio y desconfianza. Los factores polAi??ticos y econA?micos alimentaban el distanciamiento. El polAi??tico se llamaba anticomunismo; el econA?mico, petrA?leo y tierras. Se criticaban el atraso y la pobreza, la capacidad de gobernar, los orAi??genes Ai??tnicos y la falta de justicia. Hoy se habla de robo de mano de obra, se criminaliza a migrantes y hasta se proponen militares extranjeros para combatir el narcotrA?fico. La diplomacia de Washington alucinaba con una confabulaciA?n mexicano-soviAi??tica que instalarAi??a el comunismo aquAi?? y por ende en LatinoamAi??rica, una amenaza para la Doctrina Monroe. La mirada de entonces era la de hombres anglosajones y protestantes, una vieja guardia republicana convencida de la superioridad moral, cultural y econA?mica de Estados Unidos, nos dice MarAi??a del Carmen Collado, lo cual no dista demasiado de la que se ve en estos dAi??as en Washington. El conflicto se resolviA? cuando se avizorA? una guerra innecesaria y las voces mA?s moderadas pudieron imponerse. Aquella experiencia que abre la portada de esta ediciA?n de BiCentenario ameniza el anA?lisis del presente y puede servir de proyecciA?n de una vecindad seguramente distante para los prA?ximos cuatro aAi??os.

DespuAi??s de aquellos desencuentros vino una crisis econA?Ai??mica como la de 1929, que ubicA? como uno de sus blancos a los migrantes mexicanos que llegaron en grandes cantidades tras la primera guerra mundial para trabajar en la agricultura, el tendido del ferrocarril y la industria. La prisiA?n y fuertes multas fueron las dos armas que se esgrimieron para despojarse de ellos. Su economAi??a ya no los necesitaba. La participaciA?n de un cA?nsul en Los A?ngeles con sensibilidad para afrontar el problema y creatividad para resolverlo fue relevante aquel aAi??o. Rafael de la Colina organizA? la repatriaciA?n de mA?s de 30 000 mexicanos que vivAi??an en California para llevarlos hasta Guadalajara, Guanajuato y la Ciudad de MAi??xico. Su testimonio agudo describe las mismas dificultades del migrante de hoy en Estados Unidos o en tantas partes del mundo: discriminaciA?n, explotaciA?n laboral, desconocimiento, indefensiA?n y olvido.

Como contraposiciA?n, en la otra punta de cualquier esAi??cala comparativa, estaban actrices y actores mexicanos que intentaban destacar en Hollywood por esas fechas. Dolores del RAi??o, Guadalupe VAi??lez y RamA?n Novarro pudieron dar cuenta de una migraciA?n exitosa, aunque temporal, y a la que a pocos se le ocurrAi??a reprochar. Una muestra de que el tema migratorio es un fenA?meno de la pobreza.

A la mirada exterior le sigue el espejo propio. En MAi??xico hubo en el A?ltimo siglo poblaciones migrantes que recibieron un trato similar al que se ha documentado para los mexicanos al norte del rAi??o Bravo. Lo vivieron los chinos en la primera dAi??cada del siglo xx y ahora los centroamericanos. Sin embargo, esto no es lineal. Otros inmigrantes como los hA?ngaros, que llegaban hacia fines del siglo XIX y principio del XX, pudieron establecerse sin inconvenientes y aprovechar el desconocimiento que se tenAi??a de MAi??xico en su paAi??s para promocionarlo, aunque implicara ocultar una realidad abundante en inequidades.

Los aAi??os de la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siguiente han sido ricos en circunstancias y hechos que fueron moldeando cambios relevantes. A partir de historias personales relatamos en este nA?mero de BiCentenario el aporte a la medicina militar que dio el mAi??dico Francisco Montes de Oca con su insistencia en ofrecer una mejor atenciA?n de las enfermedades y avances en la salubridad, hasta llegar a crear en 1881 la Escuela PrA?ctico MAi??dico Militar (EPMM). Otro caso a destacar se sitA?a en YucatA?n y lleva el nombre de Pedro Guerra. La casa de fotografAi??a que abriA? en 1877, a la que se sumarAi??a su familia posteriormente, retratA? durante 90 aAi??os a generaciones de yucatecos y los acontecimientos de la penAi??nsula. Hoy es parte de un acervo que lleva su nombre con mA?s de 500 mil imA?genes.

En esos aAi??os se fue enraizando una prA?ctica gubernamental que se ha convertido en uno de los fenA?menos mA?s lacerantes para el paAi??s. Una descripciA?n de cA?mo era la corrupciA?n en el siglo XIX muestra que desde el Estado se podAi??an generar fortunas, en tanto la impunidad protegAi??a su prA?ctica. MA?s que un rasgo genAi??tico, se trata de una relaciA?n con las instituciones que perdura por dAi??cadas, argumenta el autor.

En este nA?mero 35 hay otras narraciones por descubrir: el compromiso de Gustavo Garmendia con la causa revolucionaria, la figura del charro en la cultura nacional, la tradiciA?n tan acendrada de festejar a nuestras madres o la historia de una mujer independentista, tambiAi??n madre, traicionada por el confort de su marido. Hasta la prA?xima.

Editorial

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

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Un lugar pensado para formar generaciones de profesionales que no pretendAi??a competir con el molde de lo que otras instituciones ya trabajaban. Un centro que entendiera a la historia como integrada y parte de las ciencias sociales, pero nunca aislada. De investigadores adaptados a esa concepciA?n. Un lugar con una biblioteca sui generis donde el acervo general y su fondo antiguo le dan un toque de exclusividad. Un centro de formaciA?n y conocimiento asentado sobre la que fue la casa de un hombre liberal y A?nico, que estableciA? las bases de la separaciA?n del Estado del poder monacal. La identidad se construye con el tiempo y en ella confluyen historias personales de aspiraciones y utopAi??as, la herencia de valores y tradiciones, la pertenencia a un territorio.

El Instituto de Investigaciones Dr. JosAi?? MarAi??a Luis Mora llega a los 35 aAi??os de vida y el sello de su identidad que lo hace reconocible se identifica tambiAi??n con la pertenencia al espacio donde estA? enraizado. NaciA? en el barrio de Mixcoac, alguna vez considerado pueblo risueAi??o y florido de aire saludable, que lo ha hecho suyo como parte de sus esquinas, su arquitectura de fachadas centenarias, de haciendas, ranchos y terrenos baldAi??os devenidos en centros universitarios y culturales, colegios de origen espaAi??ol o inglAi??s, parques hundidos, estadios para el futbol y los toros, habitado un siglo atrA?s por indAi??genas y migrantes europeos.

Este nA?mero 33 de BiCentenario, casi en concordancia con los siete lustros de vida del Instituto, da cuenta del trajinar de esta instituciA?n acadAi??mica desde 1981, pero tambiAi??n de la riqueza de su pertenencia a un barrio de calles empedradas o de barro transformadas en grandes avenidas, de cauces de agua y A?reas verdes devoradas por la explosiA?n urbana, de iglesias sobrevivientes y de viviendas donde se oficiaba misa en tiempos en que se perseguAi??a la bendiciA?n desde el atrio, de personajes que la habitaron porque encontraron allAi?? un remanso frente a la agitada vida en el centro capitalino, que huAi??an de los jaloneos de la polAi??tica o comenzaron a ilustrar aquAi?? una vida de intelectuales.

El Instituto Mora naciA? en una casa a la que la vicisitud de la polAi??tica, la economAi??a, la religiA?n y hasta las creencias esotAi??ricas la tornaron un lugar peculiar. Fue vivienda de ValentAi??n GA?mez FarAi??as cuando el vicepresidente jacobino se escabullAi??a de las amenazas catA?licas a sus A?rdenes de quitar poder a los prelados, y donde morirAi??a y serAi??a enterrado ante la negativa de la vecina iglesia de San Juan Evangelista de darle morada final en su cementerio. TambiAi??n tropas estadunidenses la ocuparAi??an en 1847. Algunas creencias dirAi??an que el espAi??ritu de don ValentAi??n recorrerAi??a la casa durante varias dAi??cadas, para temor de sus descendientes y visitantes, hasta ser llevado a la Rotonda de las Personas Ilustres. Del mismo ValentAi??n se relatan aquAi?? las idas y vueltas que tuvo el intento de recuperaciA?n de una pintura que lo retrataba en Palacio Nacional y que finalmente por esas historias repetidas en el mundo del arte, quedarAi??a en manos privadas, y se tendrAi??an que hacer copias, una de las cuales el Instituto adquiriA?.

La pintura de ValentAi??n GA?mez FarAi??as no es un hecho aislado dentro de la vocaciA?n cultural del Instituto Mora. Las esculturas, principalmente, forman parte de su paisaje en exposiciones individuales y colectivas al aire libre, como se relata en esta ediciA?n. Otro elemento distintivo en el mundo acadAi??mico.

La gran perla de la instituciA?n ha sido su biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai???, nacida cinco aAi??os antes que el Instituto y que cumple a cabalidad con el objetivo de ser reconocida en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, tanto por su acervo como por su fondo antiguo con algo mA?s de 10 000 volA?menes. RamA?n Aureliano, quien la conoce desde sus entraAi??as desde hace algunos aAi??os, nos pone en manos de dos testimonios clave: uno que habla sobre JosAi?? Ignacio Conde y DAi??az RubAi??n, el inspirador de la biblioteca, y la inquietante historia de su acervo personal que tuvo que vender forzado por el gobierno; y el segundo, las palabras del propio Ernesto de la Torre Villar, su primer director. ai???Podemos decir que es paradA?jico, pero pienso que de una Biblioteca saliA? el Instituto Moraai???, dice orgulloso durante una charla que data de 2002.

Pero a dA?nde nos lleva esa vocaciA?n de identidad del Instituto Mora con su vecindad, con ser parte tambiAi??n de ese pueblo, municipio y hoy colonia Mixcoac. EstA?n vivos la parroquia de la AsunciA?n de MarAi??a o de Santa MarAi??a Nonoalco, edificada en el siglo XVI, los restos de la que fuera la Hacienda de Nonoalco,hoy convertida en vecindad, las huellas exteriores de la casa morisca de la familia Serralde, el Parque Hundido en la zona de ladrilleras. Como parte ya del imaginario colectivo, La CastaAi??eda, el mAi??tico hospital que Porfirio DAi??az presentA? como una revoluciA?n en la salud mental y seis dAi??cadas despuAi??s serAi??a demolido. Una manera de explicarnos el antes y el despuAi??s de las transformaciones de un lugar son las fotografAi??as, dibujos y material fAi??lmico. El trabajo de Lourdes Roca nos ayuda a descifrar y explicar esos cambios de Mixcoac.

Los personajes que habitan el barrio y enorgullecen a sus habitantes generan un halo de admiraciA?n, misterio y mito, que se va transmitiendo por generaciones. Para Mixcoac llevan un mismo apellido: Ireneo Paz, el escritor, periodista, editor y polAi??mico defensor en algA?n tiempo de Porfirio DAi??az; Octavio, su hijo, abanderado de la causa zapatista, escritor tambiAi??n, pero sobre todo activista social, de muerte trA?gica y vida desafortunada; y quien seguramente genera mayor reconocimiento, fortalecido por su contemporaneidad, Octavio, el nieto e hijo, poeta y escritor. El Premio Nobel de Literatura dice en un relato que aquAi?? reproducimos, que en Mixcoac alguna vez se sintiA? ai???centro del mundoai???. Entre nubes y un cielo azul, descubriA? el entusiasmo y tal vez la poesAi??a.

Justamente lo que podemos sentir cuando nos consideramos parte de un lugar.

DarAi??o Fritz

Editorial

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

BiCentenario 31 (1466x2000)

La inseguridad, el temor a ser vAi??ctimas de una agresiA?n, delAi??robo, el ultraje, el daAi??o fAi??sico o psAi??quico, es tan antiguo comoAi??la guerra. En cada momento de la historia de la humanidad seAi??pueden hallar en forma de terror, persecuciA?n, fobias o simpleAi??sobresalto. Ni es de estos dAi??as ni de tiempos cercanos, aunqueAi??las experiencias personales son las que nos marcan. Pero enAi??los aAi??os posteriores a la independencia de la corona espaAi??olaAi??los aventurados viajeros que cruzaban el paAi??s en diligenciasAi??o carruajes marchaban como alma en pena, marcados por laAi??incertidumbre, con el corazA?n pegado a la garganta, porqueAi??sabAi??an que podAi??an ser vAi??ctimas de atracos en el momento mA?sAi??inesperado. Subirse al A?nico transporte que por entonces lesAi??permitAi??a cruzar valles y montaAi??as tenAi??a altos riesgos pese aAi??contar siempre con guardias que los protegAi??an mientras queAi??los propios viajeros se aprovisionaban de pistolas o cuchillosAi??para la autodefensa. Para la delincuencia, clAi??rigos y extranjerosAi??solAi??an estar a salvo de los ataques personales. Pero estoAi??no siempre se correspondAi??a en el caso de las mujeres queAi??eran objeto de secuestros y abusos. El linchamiento de losAi??ladrones o su ejecuciA?n sumaria por los propios guardias deAi??los carruajes para ser exhibidos en los caminos como ejemploAi??de escarmiento ya se conocAi??an. Pero tambiAi??n los delincuentesAi??tenAi??an su aura de Robin Hood. No eran mal vistos como seAi??pudiera creer, algo que nos asemeja con el presente de mA?s deAi??un narcotraficante. HabAi??a una red clientelar que los protegAi??aAi??y a su vez mA?s de una situaciA?n Ai??pica de los maleantes queAi??los convertAi??a en objeto de fascinaciA?n. Las leyes benAi??volas enAi??muchos casos propiciaban la libertad antes que la sentencia,Ai??pero detrA?s habAi??a un contexto de crisis polAi??tica y econA?micaAi??que lo explicaba.

Esa incertidumbre que se vivAi??a en los caminos de Veracruz,Ai??Puebla o Zacatecas en los aAi??os 30 y 40 del siglo XIX tambiAi??nAi??la vivAi??an aA?n a fines de esa centuria los habitantes de lasAi??grandes ciudades que en las noches a falta de luz artificial seAi??veAi??an obligados a refugiarse en sus casas. La vida en las callesAi??no se extendAi??a mA?s allA? de las 20 A? 21 horas, como mA?ximoAi??las 22, y siempre que la luna reflejara algo de luminosidad. ElAi??calendario de fases lunares era clave para programar fiestas yAi??reuniones. Las velas y el ocote fueron los aliados de los mA?sAi??animosos, y luego las lA?mparas de gas, pero hasta que noAi??llegA? la luz elAi??ctrica, la penumbra reinA? y la costumbre de estar en casa desde temprano fue la norma. A esas horas, lasAi??calles eran dominio de la supersticiA?n, de aparecidos y almasAi??fantasmales, leyendas urbanas y rurales de las que mejor era protegerse con puertas y ventanas bien cerradas.

AsAi?? se va desentraAi??ando este nA?mero 31 de BiCentenario.Ai??En toda aventura revolucionaria, la seguridad es quizA? loAi??que menos cuenta. Las convicciones, la ideologAi??a, la apuestaAi??por las ideas se llevan al extremo, y la vida, la familia, losAi??proyectos profesionales pasan a ocupar un lugar secundario.Ai??A los hermanos Benavides, de Coahuila, poco les importA?Ai??poner en juego hasta su sA?lida economAi??a personal. CreyeronAi??en el movimiento maderista y a Ai??l se incorporaron sin dudarlo.Ai??Como asesores jurAi??dicos, secretarios privados, diputado oAi??empuAi??ando las armas y dirigiendo la tropa, las historiasAi??de AdriA?n, Luis y Eugenio Benavides retratan sus certezasAi??polAi??ticas por una causa. No esperA?bamos recompensa, recordabaAi??uno de ellos al final de su vida: pactamos recorrer juntos laAi??aventura revolucionaria, decAi??a, segA?n nos cuenta el texto deAi??Javier Romo Aguirre.

Esos aAi??os de inestabilidad polAi??tica y social se complementanAi??en este segundo ejemplar del aAi??o de BiCentenario con el legadoAi??fotogrA?fico de Cruz SA?nchez, un inquieto polAi??tico de YautepecAi??que ademA?s de ser alcalde retratA? al zapatismo. Su trabajo, pocoAi??conocido y conservado en el archivo de la UNAM, se apreciaAi??por su calidad y por las circunstancias que le tocaron vivir:Ai??residAi??a donde se concentraba el principal cuartel del generalAi??Emiliano Zapata y, entre ellos, los militares de su confianza.

Pero no son pA?ginas las de esta ediciA?n que A?nicamenteAi??nos petrifican con el sobresalto de cruzar los caminos y callesAi??citadinas de hace siglo y medio o que desmenuzan aspectos pocoAi??conocidos de la revoluciA?n de 1910 y 1913. Un joven e ilustradoAi??JosAi?? Antonio Alzate y RamAi??rez dejaba que la imaginaciA?n seAi??desplegara y con base en la experimentaciA?n se mostraba comoAi??un Leonardo Da Vinci mexicano del siglo XVIII. Hijo de unaAi??familia que le ayudA? a financiar sus publicaciones de avancesAi??cientAi??ficos y las de otros colegas, Alzate dejA? testimonio de laAi??actividad ilustrada en MAi??xico, sin importar autores ni temA?ticas.Ai??La medicina, la construcciA?n o la astrologAi??a, a pedido de clAi??rigosAi??o autoridades, lo hicieron un baluarte de la divulgaciA?n, comoAi??nos hace saber Mauricio SA?nchez.

En tiempos mA?s cercanos contamos las vicisitudes vividasAi??por el exilio, principalmente europeo, que llegA? a MAi??xicoAi??en los aAi??os 40 del siglo pasado, alentado por las polAi??ticas,Ai??en algunos aspectos selectivas, de los gobiernos de LA?zaroAi??CA?rdenas y Manuel A?vila Camacho.

TambiAi??n nos adentramos en recuperar los avataresAi??culturales del Hotel del Prado, un edificio Ai??pico que porAi??esos mismos aAi??os se levantaba sobre avenida JuA?rez y que eraAi??un ejemplo de las transformaciones del paAi??s, especialmenteAi??porque sobre sus paredes desfilaron las pinturas de varios deAi??los artistas mA?s reconocidos en esos aAi??os.

El centenar de pA?ginas que configuran cada nA?meroAi??de BiCentenario se complementa en esta ediciA?n 31 conAi??un nostA?lgico recuerdo de los cafAi??s ubicados en los bordesAi??limAi??trofes del Centro HistA?rico de la ciudad de MAi??xico y queAi??aA?n sobreviven a la tecnologAi??a del siglo XXI.

Empezamos describiendo en estas lAi??neas los temores a laAi??inseguridad de hace mA?s de siglo y medio y lo cerramos conAi??un destello anecdA?tico de los controles propios de la guerra frAi??aAi??que reinaban en MAi??xico hace seis dAi??cadas. La zafra cubana,Ai??unos estudiantes en trA?nsito en el aeropuerto capitalino y losAi??espAi??as de entonces sirven de anzuelo para la lectura.

No se asusten, regresamos en el prA?ximo nA?mero.

DarAi??o Fritz