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FantasAi??as y desilusiones de un inmigrante judAi??o

Tamara Gleason Freidberg / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

BiCentenario #22

La emigraciA?n a MAi??xico de judAi??os europeos estA? hecha de familias como las de RomA?n Wajsfeld y Rivke Leye Gura, dos militantes socialista bundistas y antirreligiosos a los que hasta el mismo hecho de ser patrones y no empleados les generaba contradicciA?n. El espAi??ritu liberal de la ConstituciA?n mexicana los animA? a abandonar Francia ante la llegada del nazismo a Europa. Se asentaron, formaron parte de la comunidad y fueron solidarios sin importar si se trataba de perseguidos polAi??ticos o empleados.

2. Acercamiento a la foto anterior. Primera lAi??nea al centro, principales lAi??deres del Bund.Col. Lily Sheiman.

Principales lAi??deres bundistas en MAi??xico, ca. 1940. Col. Lily Sheinman

Los judAi??os llegaron a MAi??xico de diversos paAi??ses, con tradiciones, idiomas y costumbres diferentes. Para las primeras dAi??cadas del siglo XX se encontraban en el paAi??s judAi??os que provenAi??an de Medio Oriente, los Balcanes, Europa Central y Europa del Este. La mayorAi??a llegA? a MAi??xico sin saber cA?mo era el paAi??s, debido a que en realidad deseaban ir a Estados Unidos, a pesar de que allAi?? se habAi??a establecido un sistema de cuotas que dificultaba la migraciA?n. Con el tiempo, los diversos grupos de judAi??os se establecieron en el paAi??s e inclusive buscaron que sus familiares consiguieran visas para reunirse con ellos.

Ai??Los judAi??os de Europa del Este ai??i??Polonia, Rusia, Lituania, Ucrania, etcAi??teraai??i?? eran conocidos como askenazAi?? y su lengua principal era el idish, idioma germA?nico con elementos lingA?Ai??sticos semAi??ticos y eslavos. Llegaron a MAi??xico principalmente entre 1900 y 1930, etapa durante la cual la migraciA?n no fue tan difAi??cil como lo serAi??a durante los aAi??os siguientes cuando tambiAi??n aquAi?? se comenzA? a aplicar un sistema de cuotas.

Los askenazAi??es salieron de Europa ya que perseguAi??an mejorar sus condiciones econA?micas y sociales. La pobreza y la violencia del antisemitismo eran, ademA?s, una constante en sus vidas. Inclusive algunos de ellos emigraron por la persecuciA?n que sufrieron por su filiaciA?n a movimientos polAi??ticos de izquierda democrA?tica. Por ejemplo, los grandes cambios que tuvieron lugar en Europa del Este desde fines del siglo XIX habAi??an favorecido el desarrollo de movimientos judAi??os no religiosos como el sionismo y el bundismo, este A?ltimo surgido del Bund, partido de orientaciA?n socialista y democrA?tica nacido en 1897 como la Liga de Trabajadores y con gran impacto en Polonia en el periodo de entreguerras. Sus participantes provenAi??a por lo general de hogares muy religiosos, que una vez en el partido se hicieron laicos, sin renunciar a su identidad judAi??a, aunque no sobre la base de la religiA?n sino apoyA?ndose en el idish y la reciente cultura judAi??a laica.

Los que se establecieron en MAi??xico mejoraron de manera paulatina su situaciA?n econA?mica. Pasaron de ser obreros y artesanos a convertirse en comerciantes y empresarios. Para algunos, principalmente para los socialistas, este cambio de vida representA? una contradicciA?n con su propia ideologAi??a y tuvieron que enfrentarla.

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Trabajadores judAi??os en un taller de sastrerAi??a en MAi??xico D.F., ca. 1935. Col. Lily Sheinman..

Y es aquAi?? cuando comienza la historia que vamos a contar. Es la historia de una pareja de judAi??os polacos: Roman Wajsfeld y Rivke Leye Gura, una de tantas parejas que dejA? a un lado su pasado religioso, se uniA? al partido bundista y despuAi??s, debido a las represiones en contra de los socialistas, decidiA? emigrar a Francia, donde no se quedarAi??a. Con ayuda de un amigo bundista polaco, residente en MAi??xico, Wajsfeld recibiA? en 1936 los documentos necesarios para emigrar hasta aquAi??. La situaciA?n en Europa lo asustaba cada vez mA?s, el nazismo ya estaba en el poder y el antisemitismo se olAi??a en las calles.

Una vez en MAi??xico, los Wajsfeld tuvieron que empezar desde abajo y para eso cosieron ropa y la vendieron en las calles. Con tiempo y esfuerzo lograron establecer un negocio y sufrieron las contradicciones de ser socialistas al mismo tiempo que empresarios. Para conocer esta historia con mA?s detalle su hija, Maya Wajsfeld, nos cuenta sobre la migraciA?n y vida en MAi??xico de la pareja.

Maya naciA? en ParAi??s en mayo de 1931. En su casa hablA? siempre idish, el idioma de los judAi??os de Europa del Este. Cuando tenAi??a cinco aAi??os de edad sus padres consiguieron visas para trasladarse a MAi??xico y ya en la ciudad de MAi??xico, estudiA? en escuelas pA?blicas y mA?s tarde en una judAi??a. DespuAi??s de casarse y tener hijos, decidiA? incorporarse al seminar, seminario de maestros de idish y hebreo. Desde entonces ha sido una activista del idish, duramente debilitado porque la mayorAi??a de sus hablantes murieron en el Holocausto, aunque en MAi??xico fue enseAi??ado durante dAi??cadas por la comunidad judAi??a. Durante 35 aAi??os ha dado clases de historia y literatura idish en escuelas judAi??as y hasta la fecha su grupo de conversaciA?n en idish se reA?ne cada quince dAi??as. Da tambiAi??n clases a grupos de la tercera edad.

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No mA?s culpa

Ana SuA?rez / Instituto Mora

BiCentenario #22

El ruido aumenta, las pisadas sobre la hierba y la rotura de ramas indican que el jinete no va solo. De un sA?bito muro de sombras sale una descarga de fusilerAi??a. Aparecen JuA?rez, el Gran Maestre y San Ignacio de Loyola para sonreAi??rle al presidente Comonfort.

Ignacio Comonfort; en Rivera Cambas, Los gobernantes de MAi??xico, 1872.

Ignacio Comonfort; en Rivera Cambas, Los gobernantes de MAi??xico, 1872.

Es tiempo de cosechar el maAi??z o disponer la tierra para el trigo, pero los campos que pasan a los lados de la carretela se ven solitarios y tristes y la gente se guarda en sus casas. Debe ser por el calor de las cuatro o mA?s bien por la incertidumbre reinante, ya los vecinos de Chamacuero les advirtieron de la gavilla de malhechores que merodea por las cercanAi??as. Carajo, el abandono ha hecho presa del paAi??s despuAi??s de la guerra civil que Ai??l mismo provocA?, por quAi??, aA?n no lo entiende, si Ai??l creAi??a en otra cosa, pero dio oAi??dos a quienes le decAi??an: usted es el presidente, seAi??or Comonfort, usted puede anular la ConstituciA?n. Nunca le pesarA? bastante, la culpa lo persiguiA? implacable durante sus casi cuatro aAi??os de exilio, y lo persigue aA?n, hasta en ese lugar perdido.

Nada le sirve para distraer la mente, ni descubrir el paisaje ni pensar en sus hijas, quAi?? harA?n ahora Clara y Adela, al menos en Monterrey estarA?n protegidas de las faltas de su padre. AhAi?? estA?, es la culpa otra vez, por mA?s contriciA?n que sienta o empeAi??o que ponga no consigue aliviarla. Aunque no se va a rendir. Obre Dios para que halle la forma de concluir con su misiA?n de despedir a los franchutes que avanzan sobre el territorio y de pasada perdonarse a sAi?? mismo.

Ai??Se dice que habrAi??a de darse tiempo para cavilar, asAi?? lo recomendaba el padre rector a los pupilos del Colegio Carolino cuando Ai??l era uno de ellos. Pero el sol que a esa hora pega en el valle no lo deja discurrir con inteligencia. Los rayos son fuertes en tiempo de seca y el bochorno se hace insoportable, pese a que el coronel Cerda lleva las mulas a buen paso y la brisa del arroyuelo que los viene orientando los abanica un poco. ConvendrAi??a devolverse al pueblo y esperar hasta el amanecer, pero llevan ya buen rato de haberlo dejado y retrasarAi??an mucho la llegada a Guanajuato.

Ai??Urge llegar. Tan pronto como sea posible debe reunir al ejAi??rcito para someter a los franceses, el seAi??or JuA?rez lo perdonA? y le ha otorgado su confianza, no le puede fallar. A?Es lo que mA?s desea! Eso, y un palmo de patria para establecerse con Clara y Adela y vivir en familia el dAi??a a dAi??a, Ai??l entregado a sus negocios, ellas al cuidado del hogar. Pero es Dios quien obrarA? en el futuro.

Ai??La carretela avanza ahora junto a las aguas mansas que comienzan a ensancharse, desde ahAi?? logra ver el punto donde el cauce se junta con el rAi??o de la Laja. La soledad sigue reinando, y eso lo turba, tendrAi??an al menos que haberse cruzado con algA?n arriero de los que van y vienen por el BajAi??o o avistar a una mujer agachada sobre la corriente mientras lava la ropa y vigila a los hijos que chapotean alegres. Algo raro pasa, tal vez sean los bandoleros que tienen espantada a la gente.

Ai??La comitiva se detiene ante el afamado Molino de Soria, sA?lo queda una ruina, como del paAi??s entero, quAi?? tristeza. Nadie aparece, aunque sAi??, un hombre malencarado asoma por la puerta, apenas saluda y gruAi??e ser el administrador, el coronel Cerda se aplica para arrancarle el rumbo por el que toca seguir.

El camino sin orillas se angosta despuAi??s del puente que cruza el arroyo. El puente estA? tan maltrecho que no aguantarA? el peso de la carretela, mA?s la escolta de 80 jinetes. Menos mal que los carabineros de la retaguardia se han retrasado, asAi?? pasarA?n mA?s tarde y el peligro serA? menor, si no pasan todos juntos. Eso es, lo han logrado, pero lo que viene se mira arriesgado. Con el rAi??o a la izquierda y el elevado derrumbe de la derecha sA?lo queda avanzar o volverse. Entonces que Cerda azuce a las mulas para eludir cualquier asechanza.

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Claves para legitimar el traje de charro

Faustino A. Aquino SA?nchez / Museo Nacional de las Intervenciones, INAH.

BiCentenario #22

Si hay una vestimenta que pueda identificar la imagen del hombre de campo mexicano es la del charro. El autor la defiende como tradiciA?n ecuestre de siglos, arraigada en la poblaciA?n, que le da identidad y renombre al paAi??s, en contraposiciA?n a quienes la cuestionan por su imagen esteriotipada y supuestamente artificial.

12. Eugenio Landesio, El puente de San Antonio en el camino a San A?ngel, 1855-MUNAL

Eugenio Landesio, El puente de San Antonio en el camino a San A?ngel, 1855. COL. MUNAL.

Desde tiempos antiguos se ha considerado al charro como la imagen por antonomasia de lo mexicano. Sin embargo, en las A?ltimas dAi??cadas, la legitimidad de su traje como el traje nacional de MAi??xico ha sido cuestionada por historiadores e intelectuales que consideran a los charros de hoy descendientes y representantes de las clases y regiones mA?s conservadoras del paAi??s, y a su representatividad nacional, un invento, un simple estereotipo de la polAi??tica priista de la primera mitad del siglo XX, que encontrA? en el cine un cA?mplice perfecto para difundir una identidad nacional artificial, relacionada con un tipo ridAi??culamente fanfarrA?n que nada tenAi??a que ver con el MAi??xico urbano posrevolucionario.

Al escribir lapidariamente en contra de una de las tradiciones mA?s importantes de MAi??xico, estos autores parecen olvidar que la charrerAi??a obtuvo la representaciA?n nacional desde la primera mitad del siglo XIX, no en el XX. En aquella Ai??poca, Ai??ste era un paAi??s rural y de jinetes, por lo que, a excepciA?n de los indios, desde la alta California hasta los estados sureAi??os, la mayorAi??a de los mexicanos vistieron ese traje. Con Ai??l se dieron a conocer ante el mundo cuando, luego de la apertura al contacto internacional gracias a la independencia, los viajeros extranjeros difundieron en Europa y Estados Unidos la idea de que el traje ecuestre era el traje nacional de MAi??xico.

Mexican riding costume. William E. Carson, Mexico, the wonderland of the South, NY, McMillan, 1909.

Viajeros como madame CalderA?n de la Barca y representantes diplomA?ticos de las grandes potencias escribieron cartas y diarios de viaje en los que asentaron su sorpresa al percatarse de que en MAi??xico la prA?ctica de la equitaciA?n ai??i??que en Europa era privilegio de las clases acomodadasai??i?? era tan extendida, que hasta campesinos humildes disponAi??an de caballos como medio de transporte cotidiano y vestAi??an un traje ecuestre totalmente original del paAi??s. De hecho, desde siglos anteriores se sabAi??a que la equitaciA?n mexicana era de las mejores del mundo.

El jinete mexicano era conocido con el apelativo de ranchero, equivalente a campesino o aldeano, pues la palabra rancho o rancherAi??a se refiere a un conjunto de chozas cuyos habitantes se dedican a las labores propias del campo. Un ejemplo de la admiraciA?n que su traje despertaba entre los extranjeros son las palabras del espaAi??ol Niceto de Zamacois, quien lo describiA? como ese hombre que parece que le han clavado a la silla del caballo, segA?n lo firme y bien sentado que va en ella. A?QuAi?? vestido mA?s propio para montar sobre un arrogante alazA?n que el suyo? Los extranjeros lo miran con interAi??s y gusto, y aplauden entre sAi?? la feliz idea del que lo inventA?, como la aplaudAi?? yo, cuando al venir de EspaAi??a pude admirar tan pintoresco traje.

TradiciA?n y categorAi??as

Ai??Desde fines del siglo XVIII y hasta mediados del XIX dicho traje (que podAi??a confeccionarse con cualquier tipo de tela y en cualquier color) consistAi??a en un sombrero redondo de ala ancha y copa baja llamado jarano que podAi??a estar decorado con galones y gruesa toquilla, muchas veces de plata; camisa (no necesariamente blanca); chaqueta corta llamada cotona adornada con bordados y alamares, tambiAi??n comA?nmente de plata; faja o ceAi??idor de seda roja, pantalA?n con perniles abiertos (llamado calzonera) que dejaba expuesto un ancho calzA?n blanco y que podAi??a cerrarse en el momento de montar a caballo por medio de una serie de botones (la llamada botonadura); una pieza de cuero o gamuza (que podAi??a ser decorada con bordado o repujado) enrollada en la pantorrilla y sujeta por debajo de la rodilla con cordones o tiras de cuero, a la que llamaban bota de campana o campanera, y entre Ai??sta y la pierna, un cuchillo de monte; como calzado, botines y las indispensables espuelas.

Una gran tradiciA?n ecuestre no pudo sino producir una vestimenta y unos arreos a su altura, y Zamacois no erraba al llamarlos pintorescos, pues numerosos artistas grA?ficos, nacionales y extranjeros (entre Ai??stos el italiano Claudio Linati, los alemanes Johan Moritz Rugendas y Carl Nebel, el francAi??s Edouard Pingret o el inglAi??s Daniel Thomas Egerton) ejecutaron oleos y litografAi??as que captaron la imagen del ranchero en sus mA?s mAi??nimos detalles, y en la mayorAi??a de sus paisajes, ya fueran naturales o urbanos, no dejaron de incluirla como un sello distintivo de MAi??xico.

FOTOTECA, No. 24753, c. 1922

SegA?n puede verse en la novela costumbrista Astucia. El jefe de los hermanos de la hoja o los charros contrabandistas de la rama, de Luis G. InclA?n, publicada en 1865 y ambientada en la dAi??cada de 1830, entre los rancheros existAi??a una categorAi??a particular, el charro, especie de tAi??tulo honorAi??fico que se aplicaba al ranchero que era diestro en las suertes de colear, lazar, jinetear y torear, asAi?? como en el manejo de las armas propias de la caballerAi??a: el sable, la lanza, la pistola y la carabina. Se distinguAi??a por vestir con lujo el traje antes descrito y hacer evidente con su presencia sus habilidades y dotes atlAi??ticas:

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El hijo del caudillo

Miguel A?ngel Grijalva DA?vila / Instituto Mora

Bicentenario #22

A?lvaro ObregA?n Tapia gobernA? Sonora con mano autoritaria y escaso tacto polAi??tico en la segunda mitad de los aAi??os 50. Llevaba el apellido de uno de los generales de la revoluciA?n, y eso le ayudo a sobrevivir pese al rechazo que terminA? por concitar hasta en sus colegas priistas.

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A?lvaro ObregA?n

 

Muchos fueron los cachorros que formA? la revoluciA?n, esta es la historia de uno de los menos conocidos: A?lvaro ObregA?n Tapia, hijo del caudillo A?lvaro ObregA?n Salido.

Cuando A?lvaro ObregA?n Tapia visitaba el Castillo de Chapultepec, no sA?lo iba a recorrer el museo en que se convirtiA? el inmueble, sino que volvAi??a al lugar que lo vio nacer. En una entrevista concedida al investigador Nicholas Pineda en 1992, ObregA?n Tapia le contA? que en 1916 su padre era secretario de Guerra y Marina y que por este importante puesto residAi??a en el castillo con su esposa, MarAi??a Claudia Tapia Monteverde, quien entonces esperaba su primer hijo y que por estos azares del destino Ai??l naciA? allAi??. Es de imaginarse entonces que debiA? de sentirse casi tocado por la Providencia: no sA?lo naciA? en el Castillo de Chapultepec, sino que fue el primogAi??nito de la pareja presidencial, hijo del caudillo mA?s fuerte de la revoluciA?n y heredero de su nombre.

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Hijos de ObregA?n en el Castillo de Chapultepec.

DespuAi??s de la muerte del general ObregA?n Salido, su esposa se mudA? a Huatabampo, Sonora, y con ella todos sus hijos. A?lvaro era el mayor de los siete; le seguAi??an Mayo, Alba, Francisco, MarAi??a, Cenobia y Ariel. AsAi??, el pequeAi??o A?lvaro creciA? en un medio urbano rural, rodeado de veteranos de la revoluciA?n y bajo la tutela de los compaAi??eros de su padre.

Casi no conociA? al general ObregA?n Salido ya que apenas tenAi??a once aAi??os cuando ocurriA? el atentado en La Bombilla. Por lo tanto, construyA? la imagen paterna con las historias de los veteranos, lo que le contaban sus tAi??as (las hermanas del general que residAi??an en Huatabampo), y sobre todo a partir de los recuerdos maternos.

A?lvaro ObregA?n Tapia y sus hermanos se convertirAi??an en empresarios agricultores. Es probable que la profesiA?n la aprendieran de los socios de su padre, como Ignacio P. Gaxiola, los hermanos Enrique y Fernando Torreblanca, o AarA?n SA?enz. Todos estaban encargados de atender a los asuntos de la familia ObregA?n hasta que el pequeAi??o A?lvaro fuera mayor de edad. Se ligaron a ObregA?n Salido por motivos militares, polAi??ticos, de negocios e incluso afectivos. No resulta extraAi??o pensar que jugaron un papel relevante en la formaciA?n de sus hijos, no sA?lo como guAi??as en los negocios, sino tambiAi??n como figuras paternas.Ai??

De empresario a polAi??tico

Para principios de la dAi??cada de 1950, ObregA?n Tapia habAi??a ya dedicado su vida mayoritariamente a los negocios agrAi??colas. PertenecAi??a a una clase de gobernantes que mezclaban la polAi??tica con los negocios. No ejerciA? cargo pA?blico alguno antes de 1955, aunque sAi?? habAi??a influido en la polAi??tica de manera indirecta. Asociado con Rodolfo ElAi??as Calles, hijo del presidente Plutarco ElAi??as Calles, desde su puesto de empresario agrAi??cola apoyA? los ataques que emprendiA? el gobierno callista contra la poblaciA?n china, los yaquis rebeldes, los vinateros y la jerarquAi??a catA?lica. Para ambos hombres representaron oportunidades para entrometerse en los negocios de los grupos perseguidos.

ObregA?n Tapia se postulA? como candidato del Partido Revolucionario Institucional al gobierno estatal en 1955, pero su candidatura y proceso electoral tuvieron inconvenientes. Una primera piedra con la que tropezA? fueron los antiguos aliados del general y ex presidente Abelardo L. RodrAi??guez. Capitaneados por Francisco S. ElAi??as, solAi??an dedicarse a la ganaderAi??a y tenAi??an intereses en la parte norte de Sonora. Afortunadamente, Ai??l contaba con el apoyo de Rodolfo ElAi??as Calles, quien persuadiA? a Francisco S. ElAi??as para que el grupo ganadero cesara en sus intenciones de competir por la candidatura.

Un segundo riesgo fue Manuel Z. Cubillas, un reconocido callista aunque tambiAi??n, de manera secreta, protector del clero durante la persecuciA?n religiosa. El presidente Adolfo Ruiz Cortines recibirAi??a cerca de 2 000 telegramas de adhesiA?n a la campaAi??a de Cubillas. La mayorAi??a mencionaba los beneficios que ofrecAi??a como gobernante, pero algunos tambiAi??n tenAi??an el propA?sito de desacreditar a ObregA?n Tapia. Por ejemplo, JosAi?? MarAi??a Solano (miembro de la ConfederaciA?n Nacional Campesina) aseguraba: no estarAi?? en la candidatura de Alvarito ObregA?n Tapia [por] considerarlo enemigo completo [de los] elementos organizados. Por su parte, A?ngel Bagua (residente de Ciudad ObregA?n) decAi??a: considero [la] candidatura de Alvarito ObregA?n Tapia ser producto del callismo, quiere renacer y proteger sus propios intereses y sed insaciable de mando. El intento de Cubillas terminA? cuando RuAi??z Cortines no le dio su apoyo, ya que Rodolfo ElAi??as Calles (su emisario en Sonora) lo convenciA? de favorecer a ObregA?n Tapia.

De A?ltima hora, el Partido Popular postulA? a Jacinto LA?pez Moreno, lAi??der cardenista con un largo historial como organizador de campesinos y obreros. Pero el dAi??a de las elecciones, LA?pez Moreno obtuvo muy pocos votos, quedA? lejos de ObregA?n Tapia en las urnas, aunque en la campaAi??a lo expuso en sus discursos como un hombre antirrevolucionario y protector del latifundio. Naturalmente fue el inicio de la enemistad con LA?pez Moreno, que ocasionarAi??a grandes problemas a su gobierno.

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Vicente Guerrero, un arriero independentista

JesA?s GuzmA?n UriA?stegui / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM.

Bicentenario #22

Fue la espada que se alzA? en el sur junto con varios miles de hombres, con quienes a pesar de la escasa formaciA?n militar pusieron a la defensiva a los espaAi??oles. Iturbide tuvo que acordar con aquel guerrillero valiente, y aunque firmaron una paz que sA?lo durA? dos aAi??os, el espAi??ritu independentista de Guerrero se mantendrAi??a hasta su muerte.

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IlustraciA?n de Vicente Guerrero en el Libro Rojo.

Vicente RamA?n Guerrero SaldaAi??a, al que se le bautizA? en Tixtla el 10 de agosto de 1782, se insertA? en la gesta independentista por lo menos desde octubre de 1810, figurando ya para mediados de noviembre como uno de los cabecillas que controlaban Tetela del RAi??o, en la Tierra Caliente del actual estado de Guerrero. Desde ahAi?? dotarAi??a de provisiones a las huestes de la regiA?n norte dirigidas por Francisco HernA?ndez y Manuel Vega, y a las de la Costa Grande con JosAi?? MarAi??a Teclo Morelos al mando.

Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai?? Posteriormente, quizA? en diciembre o enero, se uniA? a este A?ltimo caudillo, siendo uno de esos 2 000 hombres que con flechas, lanzas, piedras, uno que otro fusil y algA?n caAi??A?n, asediaban el puerto de Acapulco. De acuerdo a la opiniA?n del comandante realista NicolA?s de CosAi??o, eran sujetos indecentes y canallas aunque no dejA? de reconocer que eran dueAi??os de una habilidad extraordinaria y una sagacidad campestre que, sumada al mal temperamento de las tierras, lo despoblado de ellas, lo intransitable de los caminos y lo inaccesible de las montaAi??as, hacAi??a que las expediciones de las tropas del monarca resultaran trA?gicas. Ante una realidad tan apabullante, el militar le pidiA? al virrey que le enviara un regimiento de 800 a 1 000 hombres diestros e inteligentes, si de verdad querAi??a acabar con la insurrecciA?n.

Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai?? A partir de entonces, Vicente Guerrero ya no se separarAi??a de los batallones del cura Morelos, destacA?ndose siempre por su valor y por su arrojo. Esto le valiA? en octubre de 1814, ya con el grado de teniente coronel, que se le encargara mantener viva la llama de la lucha en la parte oriente de las tierras surianas y en la provincia de Oaxaca.

[35] Vicente Guerrero en, Manuel Rivera Cambas, Los gobernantes de MAi??xico, MAi??xico, J. M. Aguilar Ortiz, 1872-1873.

IlustraciA?n de Vicente Guerrero en la obra Los Gobernantes de MAi??xico.

 

Tal comisiA?n no fue fortuita. Los enfrentamientos de Tetela del RAi??o, Acapulco, Tixtla, IzA?car, por ejemplo, hacAi??an constar que era un firme seguidor de los ideales de regeneraciA?n americana, seguro como estaba de que Morelos no se habAi??a equivocado al convertir al sur en un bastiA?n rebelde de hecho y de derecho, base de la defensa y expansiA?n de la causa revolucionaria, con la creaciA?n de la provincia insurgente de Tecpan el 18 de abril de 1811.

Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai?? Y mucho menos se tratA? de una peticiA?n circunstancial, ya que obedeciA? a la necesidad que tenAi??a Morelos de reorganizar la lucha y suplir la pAi??rdida de sus dos lugartenientes principales: Matamoros y Galeana. El tixtleco no lo defraudA?. QuizA? en ese entonces era algo rA?stico y poco hA?bil con las letras, pero nadie ponAi??a en duda su astucia en la estrategia militar, en la que aprovechaba su extraordinario conocimiento del medio geogrA?fico en el que se movAi??a -era descendiente de afro mestizos dedicados a la arrierAi??a. No versaba todavAi??a en cuestiones de alta polAi??tica, pero sAi?? tenAi??a un pensamiento republicano bien definido, tal como consta en la proclama que dio desde su cuartel de Alcozauca el 30 de septiembre de 1815, aAi??o sexto de la libertad. RatificA? que habAi??a prestado juramento a la sabia ConstituciA?n del verdadero supremo gobierno americano, hecho que lo obligaba a pedirle a todos los habitantes de su jurisdicciA?n que asumieran su calidad de ciudadanos, y se organizaran mediante asamblea, no en torno a intereses particulares y sAi?? con fundamento en el beneficio comA?n de un pueblo tanto mA?s distinguido por el altAi??simo, cuanto ha querido ultrajarlo el despotismo, la soberbia y la malicia de la tiranAi??a Eugropana. TiranAi??a europea que para Ai??l no podAi??a ser otra sino la de EspaAi??a.

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