Archivo de la categoría: BiCentenario #12

Sumario #12

Editorial

Correo del lector

ARTÍCULOS

Figura 5. Eduard Pingret, MA?sico de Veracruz, c. 1850, Banco Nacional de MAi??xico, Mx. (99x100)Insurgentes de color quebrado
por Dolores Ballesteros

Perico, Berlandier Jean Louis, Journey to Mexico, Universidad de Texas Austin, 1980.  (100x99) Una historia desconocida: la primera expedición científica mexicana (1827-1832)
por Erika Adán Morales

Marquilla cigarro 1, NA?Ai??ez JimAi??nz Antonio, Marquillas cigarreras cubanas, 1989 (100x100) Cuba libre, México soberano
por Elsa V. Aguilar Casas

RendiciA?n de Veracruz-Grabado anA?nimo (100x100) La batalla de Cerro Gordo (1847)
por Faustino A. Aquino Sánchez

Eugenio Landesio, Puente de Chimalistac, 1855, MUNAL (100x100) La celebración del Centenario de la Independencia en San Ángel
por Jovita Ramos

Gran TAi??voli de San Cosme, Valle-Arizpe Artemio, Por la vieja calzada de tlacopan, 1937. (100x100) La Convención del Tívoli (1910)
por Héctor L. Zarauz López

Explorar0028 copia (100x100) La Casa del Estudiante Indígena (1926-32): un “experimento psicológico-social”?
por Sofía Crespo Reyes

DESDE HOY

William-Adolphe_Bouguereau_(1825-1905)_-_The_Difficult_Lesson_(1884) (99x100) Formar lectores: una labor cotidiana
por Hilda Salcedo LA?pez

DESDE AYER

Puebla, PopocatAi??petl, Iztaccihuatl, Egerton D. T., Views in Mexico, 1840 (99x100) Memoria de mi infancia: Joaquín Moreno
por Ana Rosa Suárez A.

Vestido de A?pera (72x73)La ópera en México
por Ingrid S. Bivián

CUENTO

posbib91 - copia (2) (100x100) ¡Muera el mal gobierno!
por Irma Ramírez Orozco

ARTE

Plaza mayor (98x100) Una mirada a la Plaza Mayor de México en el siglo XVIII
por Blanca Azalia Rosas

ENTREVISTA

J.Ramos C ., Ladrillera 3 (Fot.Laura SuA?rez de la Torre) (100x100) “El Mixcoac de mis recuerdos”
por Graziella Altamirano Cozzi

“El Mixcoac de mis recuerdos…”

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Las reminiscencias de la seAi??ora Guadalupe MartAi??nez de Ritz sobre su infancia en el Mixcoac de los aAi??os veinte del siglo pasado, comprenden la entrevista que presentamos a continuaciA?n. Se refieren al pueblo de los apacibles callejones y nuevas calzadas; el de los establos y huertas de A?rboles frutales; el de los jardines e iglesias; el que ya era recorrido por los nuevos tranvAi??as elAi??ctricos y en el que se detenAi??an los trenes que iban a los pueblos mA?s alejados que rodeaban la ciudad. El Mixcoac del legendario barrio de San Juan con su placita llena de plantas, su Santuario de la Virgen de Guadalupe y la vieja y adusta casona decimonA?nica que fuera hogar del prA?cer liberal ValentAi??n GA?mez FarAi??as, y que ahora alberga al Instituto Mora.

El relato estA? salpicado de anAi??cdotas y vivencias, a veces con un asomo de nostalgia por los tiempos idos, y a la vez con ese entusiasmo vivaz y esa frescura de la memoria no inmediata, que a menudo permite viajar por los recuerdos de los primeros aAi??os y evocar nAi??tidamente los lugares, las personas y los hechos que dejaron huella y que se observaron a tra- vAi??s de los prismas de la niAi??ez.

AsAi??, doAi??a Guadalupe MartAi??nez nos transporta por el tiempo al barrio de San Juan y nos muestra el devenir cotidiano de una familia de clase media que vivAi??a muy cerca de la plaza, enfrente de la casa de don Irineo Paz, el abuelo porfiriano de Octavio Paz y junto a la huerta donde fuera sepultado don ValentAi??n GA?mez FarAi??as porque la iglesia impidiA? su inhumaciA?n en el camposanto.

Es un conjunto de recuerdos que nos permite vi- sualizar un rincA?n de los alrededores de la ciudad; un espacio donde transcurre el devenir cotidiano del Mixcoac aA?n campirano y en el que se refleja la problemA?tica polAi??tica encarnada en la persecuciA?n religiosa que viviA? la ciudad en los aAi??os posrrevolucionarios. Encuentran tambiAi??n un lugar los fantasmas, las leyendas del barrio y las festividades, asAi?? como las calles, las plazas y las escuelas, mucho de lo cual ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, a pesar de los cambios vertiginosos sufridos por la gran ciudad.

Ladrillera en Mixcoac

Ladrillera en Mixcoac

NacAi?? el 4 de octubre de 1918 en la colonia San Rafael. Mi padre fue el abogado Juan MartAi??nez y mi madre, Victoria Meana, dedicada al hogar, como en aquAi??l entonces. Llegamos a Mixcoac porque mi papA? tuvo un accidente, al poco tiempo muriA?, mi mamA? quedA? viuda y en Mixcoac vivAi??an mi abuelita con sus otros hijos que eran solteros. Mis tAi??os y mi abuelita ya no quisieron que mi mamA? regresara hasta la colonia San Rafael, que entonces estaba muy distante y le dijo: ai???no, tA? ya no te vasai???, porque yo tenAi??a un aAi??o de nacida. Dijo: ai???quAi?? vas a hacer con la niAi??aai???, entonces ya nos quedamos en Mixcoac.

Uno de mis tAi??os rentA? una casa de ahAi??, enfrente a la casa de Octavio Paz, era el nA?mero 72 de la calle que se llamaba en esa Ai??poca avenida CuauhtAi??moc, ahora se llama Rubens, entonces, rentA? esa casa muy grande que tenAi??a huerta, un corral, una alberca, estaba muy bien esa casa. AhAi?? vivimos muy bien, se casA? otra de mis tAi??as, se casA? uno de mis tAi??os, entonces ya quedamos nosotros ahAi?? con mi abuelita. Vivimos hasta que tenAi??a yo once aAi??os de edad. De ahAi?? nos cambiamos a la calle de la Empresa, que es tambiAi??n paralela a Rubens. Casi vivAi??amos en la esquina de Augusto Rodin. Es el mismo rumbo, pero yo de lo que mA?sAi??me acuerdo es de cuando vivAi?? en Rubens porque, A?cA?mo le dirAi???, entre mA?s chica es una, como que recuerda con mA?s claridad que cuando ya es una mA?s grande.

Mi casa era… una casa muy grande, tenAi??a siete ventanas. El zaguA?n y siete ventanas, entonces, adentro, tenAi??amos un jardAi??n. Primero… ya ve cA?mo eran los corredores para las puertas de las recA?maras y de la sala y todo, era una sala enorme. El corredor y unas escalerillas y el jardAi??n. AtrA?s del jardAi??n estaba la huerta, una huerta enorme, tenAi??amos hasta chirimoyas y casi todas las frutas conocidas, tenAi??amos A?rboles frutales. DespuAi??s, mi tAi??o comoAi??hobbieAi??puso su estadAi??a, puso un establo, entonces empezaron a poner los macheros y acondicionar para el establo. HabAi??a en la zona varios establos. HabAi??a uno muy grande hacia adelante, para avenida RevoluciA?n.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Aventuras en la historia

Aparecimos en Milenio Semanal:

Revista BiCentenario 12

Tres aventuras centrales rigen esta entrega. La primera indaga en la discriminaciA?n: la presencia de afronovohispanos en la lucha independentista, La Casa del Estudiante IndAi??gena de los aAi??os veinte-treinta y la marginaciA?n por analfabetismo. La segunda resalta claves de la historia polAi??tica: las primeras actividades diplomA?ticas del paAi??s independiente, la derrota (A?intencional por parte de Santa Anna?) de la batalla de Cerro Gordo en 1847, la ConvenciA?n Antirreeleccionista de 1910. La tercera traza los avatares de la vida cotidiana en la Ciudad de MAi??xico en algunos periodos de los siglos XVIII y XX. Otros ejes laterales, como la primera expediciA?n cientAi??fica mexicana para trazar la frontera con EU en 1827, mA?s la riqueza de las ilustraciones, reiteran gusto y cuidado en la ediciA?n de esta publicaciA?n.
REVISTAAi??BICENTENARIO. EL AYER Y HOY DE MAi??XICOAi??(VOL. 3, NO. 12). INSTITUTO MORA, 96 PP. ABRIL-JUNIO 2011

Alejandro de la Garza

Una aventura distinta

La revista BiCentenario es reseAi??ada en CRIBA en el periA?dico MILENIO:

Ai??JesA?s Anaya Rosique

Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai??Ai?? Una aventura distinta

Circula desde hace varias semanas el nA?mero 12 deAi??BiCentenario, la revista trimestral de divulgaciA?n histA?rica que edita desde 2008 el Instituto Mora. Diana GuillAi??n, integrante de su consejo editorial, lo presenta asAi??: ai???Desde su nacimiento como paAi??s independiente, mA?ltiples historias se han entretejido para delinear los contornos fAi??sicos y sociales de un MAi??xico que dAi??a a dAi??a sigue construyAi??ndose. Su pasado y su presente estA?n marcados por procesos y actores diversos que la revista se ha propuesto recuperar a partir de situaciones y escenarios concretosai???.

Ai??Ai?? EsplAi??ndidamente ilustrados a todo color, en quince textos se despliega una amena narrativa escrita por investigadores adscritos al Mora y a otras instituciones acadAi??micas. Abre el nA?mero un texto de Dolores Ballesteros sobre los ai???insurgentes de colorAi??quebradoai???, descendientes de una mezcla de africanos, indAi??genas y espaAi??oles. Sobre el telA?n de fondo de una discriminaciA?n que ha persistido a lo largo del tiempo, SofAi??a Crespo escribe sobre la ai???Casa del estudianteAi?? indAi??genaai???, efAi??mera iniciativa gubernamental que nos permite ver cA?mo se concebAi??a y se trataba oficialmente a los indAi??genas entre 1926 y 1932. Por los rumbos de la historia polAi??tica, Elsa Aguilar describe los ai???artilugios diplomA?ticos desarrollados en la primera dAi??cada de vida independiente para conseguir el reconocimiento internacional de la soberanAi??a mexicana, asAi?? fuese a costa de Cubaai???; Faustino Aquino se refiere a la batalla de Cerro Gordo en 1847, que podrAi??a haber perdido intencionalmente Santa Anna frente a los invasores yanquis; HAi??ctor Zarauz hace la crA?nica de la ConvenciA?n del Partido Antirreeleccionista celebrada en abril de 1910 en la capital del paAi??s; y el cuento histA?rico escrito por Irma RamAi??rez Orozco narra el encuentro imaginario de una joven estudiante que desde el presente grita ai???A?Muera el mal gobierno!ai???, a dA?o con una mujer que fue testigo presencial del cautiverio de Miguel Hidalgo en 1811.

Ai??Ai?? Hurgar en la vida cotidiana de nuestra historia nacional y describir los espacios pA?blicos donde han convivido simbA?licamente los poderes terrenales y eclesiA?sticos, es otra vertiente de este nA?mero deAi??BiCentenario. A partir de un conocido A?leo en tela, Blanca Azalia Rosas lanza una mirada a la Plaza Mayor de la capital novohispana en el siglo XVIII. Dos textos muestran otras caras del pasado del Distrito Federal: Jovita Ramos rememora la celebraciA?n del Centenario de la Independencia en San A?ngel; y a travAi??s del testimonio de Guadalupe MartAi??nez de Ritz (editado por Graziella Altamirano Cozzi), conocemos cA?mo era Mixcoac en los aAi??os veinte.

Ai??Ai??Ai?? Erika AdA?n Morales revela una historia desconocida: la primera expediciA?n cientAi??fica mexicana entre 1827 y 1832, encabezada por el general Manuel Mier y TerA?n y el botA?nico francAi??s Jean Louis Berlandier, que recorriA? la frontera norte del paAi??s; la ai???Memoria de mi infanciaai???, escrita por un personaje anA?nimo nacido en Veracruz al inicio del siglo XIX y presentado por Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello; un breve recuento histA?rico de la A?pera en MAi??xico a cargo de Ingrid S. BiviA?n; y el artAi??culo de Hilda Saucedo sobre las experiencias enAi?? las que se basa la propuesta ai???Formar lectores: una labor cotidianaai???; ademA?s de la acostumbrada secciA?n ai???Correo del lectorai???.

Ai??Ai??Ai??BiCentenarioAi??12 ofrece a sus lectores ai???descubrir la riquezaAi?? que encierra cada uno de sus artAi??culos y disfrutar un fugaz paseo por el ayer y hoy de MAi??xicoai???, que confirman el lema inscrito en la portada: ai???el pasado y el presente son nuestrosai???.

anaya.jess@gmail.com

*Ai??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, vol. 3, nA?mero 12, abril-junio 2011 (MAi??xico), revista trimestral del Instituto Mora, $80, 96 pp. ISSN 20110012

La A?pera en MAi??xico del siglo XIX al siglo XXI

Ingrid S. BiviA?n
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Ai??Vestido de A?pera

Estimado pA?blico, esta es la tercera llamada, tercera llamada. A?Comenzamos! Un silencio se apodera del teatro. La orquesta comienza a tocar y el telA?n se abre para mostrar el soberbio escenario. AnteAi??nosotros aparecen los protagonistas de esta historia que hoy en dAi??a seguimos escribiendo.

Adelina PattiPrimer acto

La acciA?n se sitA?a en los albores del MAi??xico independiente, cuando en la ciudad de MAi??xico son estrenadas una tras otra las A?peras de Rossini. Un pA?blico de clase media y alta se aficiona al divino arte y tararea divertido la obertura del Barbero de Sevilla. Es tal el Ai??xito del tenor espaAi??ol Manuel GarcAi??a (1827-1828), que lo seguirA?n los mA?s brillantesAi??cantantes del siglo, y otros muchos no tan famosos. Los aficionados aplauden hasta el delirio a Henriette Sontag (1854), Enrico Tamberlick (1871) y Adelina Patti (1887), mientras que los poetas les dedican odas enteras. MenciA?n especial merece A?ngela Peralta (1845-1883), el RuiseAi??or mexicano, la primera cantatriz que muestra al mundo que su paAi??s tambiAi??n sabe cantar A?pera.Adelaide Ristori

El gusto nacional se inclina por la A?pera italiana. Los aficionados escuchan, duranteAi??largas temporadas, ya sea en el Gran Teatro Nacional, el Principal, el Arbeu o el Coliseo Viejo, las grandes obras de Rossini, Bellini,Ai??Donizetti y Verdi, pero tambiAi??n las de Mozart, Offenbach y Wagner. Y la A?pera no se oye sA?lo en la capital. Los habitantes de QuerAi??taro, Jalisco, Guanajuato, Sinaloa y otros estados asisten a teatrosAi??reciAi??n estrenados para disfrutar de LucAi??a de Lammermoor o AAi??da.

Los compositores mexicanos tambiAi??n se hacen presentes en los escenarios: Melesio Morales, Cenobio Paniagua, Miguel Meneses y Aniceto Ortega son losAi??principales; en algunos casos, Jenny Lind en La Sonnambulaenfrentan grandes dificultades, pues pA?blico y empresarios, en su mayorAi??a, carecen de interAi??s por las obras nacionales. Fue el caso de Morales, con Ildegonda.

Hay A?pera en el teatro, la tertulia, los domingos en la Alameda,Ai??la clase de mA?sica, la literatura, los periA?dicos y revistas. El pA?blico rAi??e, llora, sufre y maldice junto con los cantantes; y, aunque a veces se niegue a asistir al teatro, las compaAi??Ai??as de A?pera no dejan de ofrecer estrenos cada vez conAi??mayor presteza, pues la escena mexicana era entonces una de las mA?s importantes del continente.

Se acerca el final de siglo, nuestros cantantes, teatros, compositores y aficionados se despiden.

Poster Turandot, 1926, Mushii

Segundo acto

Comenzamos el siglo XX y… A?y el teatro?, A?quAi?? fue del Gran Teatro Nacional (1844-1901)? Don Porfirio DAi??az tuvo por buena la idea de deshacerse de Ai??l, no importando que aA?n no estuviera listo el Palacio de Bellas Artes (1934). Pero el que es buen gallo, donde quiera canta, y la A?pera sigue presentA?ndose en el Arbeu, el Esperanza Iris, el Circo Teatro OrrAi??n y, cuando la ocasiA?n lo amerita, el mismo Toreo (Caruso, 1919). Los mexicanos siguen yendo a la A?pera a deleitarse con las voces de sopranos, tenores, barAi??tonos y contraltos. Se interpretan notas distintas: de Puccini, Massenet, Leoncavallo y Tchaikovsky. Es el tiempo de Madame Butterfly y hayAi??A?peras mexicanas como Atzimba (Ricardo Castro).

Llegan los aAi??os treinta y transcurren hasta los setenta. El mundo cambia con rapidez; las nuevas tecnologAi??as ai??i??cine, radio y televisiA?nai??i?? se convierten en sinA?nimo de entretenimiento. Si las tempo- radas de A?pera de principios de siglo no se comparaban en cantidad con las del XIX, Ai??stas menos. No obstante, las grandes figuras del arte lAi??rico siguen visitA?ndonos: la Callas (1950) y, mA?s tarde, PlA?cidoAi??Domingo, a la fecha de apariciA?n constante.

Manuel Garcia as Otello in Paris from Gallica, c. 1821 (532x640)

Los mA?sicos mexicanos siguen componiendo A?peras. Carlos JimAi??nez Mabarak, Luis Sandi, Alicia Urreta y Daniel CatA?n, por referir algunos, contribuyen a formar todo un corpus de A?pera nacional. A fines de siglo, la A?pera parece recuperar popularidad entre cAi??rculos mA?s amplios de la sociedad.

Opera_ViennaTercer acto

El siglo XXI inicia con atisbos de progreso. Los medios de comunicaciA?n no dejan de revolucionarAi??la relaciA?n entre la A?pera y el pA?blico: cualquiera que cuente con una computadora y tenga acceso a internet puede disfrutar de A?peras completas sin salir de casa. Y quiAi??n iba a pensar que se podAi??a dedicar un fin de semana para ir al Auditorio Nacional a escuchar las representaciones del Metropolitan de Nueva York. Sin duda alguna, MAi??xico tiene interAi??s por la A?pera; lo prueba el Ai??xito del reality show Ai??pera prima yAi??los llenos en el Auditorio, Bellas Artes y el Esperanza Iris.

El siglo adelanta con la esperanza de que el divino arte siga siendo revalorado en nuestro paAi??s y cause el mismo embeleso que a nuestros abuelos, para que su historia no termine en tragedia.

Cae el telA?n.