Archivo de la categoría: BiCentenario #32

Sedentarismo

Darío Fritz.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

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Todas las profesiones se asocian a los cinco sentidos. Pero en algunas se fortalecen más. El olfato en el político, el gusto en el sommelier, el tacto en el masajista, la vista en el guardaespaldas, el oído en el adulador. Hay profesiones atribuíbles a las manos como la de los artesanos o a los pies en el caso de los desaparecidos pisadores de uvas. A los brazos en el campesino. Están las del sexto sentido, si es que eso existe: espiritistas, tarotistas, chamanes o apostadores. Profesionales de la suerte como los alpinistas, de la muerte como los taxidermistas o de la vida como los paramédicos. Y hay también profesiones asociadas al sedentarismo. Qué podían hacer ante eso empleados de comercio como los de la imagen si pretendían combatir la rutina detrás de un escritorio haciendo cálculos, revisando estados bancarios, haberes y deberes, o atendiendo a sus clientes.

Los empleados de la foto rompieron la rutina cierto domingo de 1909 para admirar la musculatura del especialista en lucha grecorromana. Sin abandonar el saco, la corbata, el sombrero ni el zapato de charol de la semana “la elegancia no siempre se relaciona con la practicidad”, sacaban boleto para echar el ojo en las luchitas que se daban en los desaparecidos jardines del Tívoli del Eliseo, donde en la actualidad se cruzan Insurgentes y Puente de Alvarado. La asistencia a las luchas era todo un acontecimiento en tiempos de élites porfirianas y también un servicio de la Sociedad Mutualista de Empleados de Comercio para sus agremiados, que alentaba a disfrutar del espectáculo, pero escasamente a su práctica en momentos en los que hacer deportes era cosa de rara avis.

De todos modos, los espectadores no parecen muy emocionados por el concentrado luchador que hace gala de fuertes bíceps, su pantalón de malla ajustado con cinturón de cuero, borceguíes y una axila devoradora de desodorante. Eran los comienzos de un deporte obviamente amateur en el país, que no estaba aún para olimpiadas ni para plantarle cara al más benjamín de los luchadores japoneses de sumo. Según las expresiones de los parcos integrantes del público, no parece que aquello de levantar 125 libras (casi 57 kilos) sea lo suyo. Su pasión estaba por otro lado. Nada que los asociara con la “vuelta de cadera”, la “cabeza a tierra” o el “puente”, como se conocían algunas de las técnicas de la lucha grecorromana. Sólo el joven semi-agazapado parece tomarse en serio la demostración. Al menos para salvar el pellejo ante una eventual debacle del luchador.

Ramón Pereda Saro. Una vida en el cine

Ramón Aureliano
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

En los tiempos del cine mudo Ramón Pereda Saro se fue a Hollywood, cuando todavía empezaba su carrera y allí se hacían películas en español. Casi tres años de trabajo y 18 películas fueron un aprendizaje acelerado para convertirse en una de las figuras destacadas de los inicios del cine mexicano. Si bien preferiría la actuación y dirección, destacó por la producción de films de rápida manufactura y con temáticas populares.

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Ra     Ramón Pereda en una escena de la película El médico de las locas, 1944.

Actor, guionista, director y productor de cine de origen español, Ramón Pereda Saro nació en el seno de una familia de campesinos. Al parecer, influido por consejos de parientes que vivían en México, se embarcó en el puerto de Santander en 1910 para probar fortuna en tierras mexicanas.

Tuvo diversos empleos en los que destacó, entre ellos como representante en México para América Latina, de una compañía canadiense de seguros. En 1929 pudo costearse un viaje a Los Ángeles, California, y aprovechar la coyuntura favorable de los estudios de cine hollywoodenses que incorporaban actores de origen latino. En 1932 regresó como actor a México y a partir de 1937 también trabajó como guionista y director de películas con su propia compañía, la S. A. Pereda Films. Fue un cineasta conocido también por manufacturar películas de manera rápida y barata. Ramón Pereda se divorció de la actriz Gloria Rubio, enviudó de la actriz Adriana Lamar y se casó con la afamada rumbera y actriz cubana María Antonieta Pons. Muy prolífico como actor y director, se retiró en 1965 y falleció en la ciudad de México el 20 de junio de 1986.

En las siguientes páginas presentamos una edición de la entrevista que le hiciera Ximena Sepúlveda en su domicilio particular, el 22 de septiembre de 1975, la cual forma parte del Archivo de la Palabra de la Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar” del Instituto Mora (PHO)/2/37.

???????????????????????????????????????????El Debut

Nací en Esles de Cayón, en Santander, España, el 30 de agosto de 1897. Vine a México muy joven, después me fui a Monterrey. Trabajé en un rancho en Matamoros y después en Estados Unidos; regresé a México, me dediqué a comisionista y agente de bolsa. Pero se formó una compañía minera y me fui a la sierra de Guerrero a buscar minas, no las encontré. Regresé a México y me dediqué a vender seguros de la compañía El Sol de Canadá.

Un día vi un anuncio en un periódico en el que solicitaban artistas para trabajar en una película, Conspiración. Fui, me encontré con un señor que me dijo que tenía que inscribirme y pagar tres pesos, no sé si a la semana o al mes. Yo le dije que quería trabajar en la película que estaban haciendo, que yo no iba a estudiar, que si servía para el papel que tenían, muy bien; y si no, pues nada. El señor inmediatamente vio a otro que estaba a su lado y exclamó: “¡El marqués!” El que estaba a su lado afirmó con entusiasmo. Total, que hicimos un contrato en el que yo trabajaba, o mejor dicho, cobraba mi trabajo, con la oportunidad que me daban de trabajar en la película. No había dinero. Se hacía o se filmaba, cuando los productores conseguían un rollo de negativo, aunque fuera de 500 pies. En resumidas cuentas, se filmó la película. Trabajaron en ella Luis Márquez, María Luisa Zea, Eva de la Fuente; un muchacho, Enrique de Broki; un actor de carácter, Max Langler y otros. El fotógrafo fue el señor Eugenio Lezama, muy buen fotógrafo. Todavía está por aquí.

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Las tres sopas

Irma Ramírez

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

La sopa de sapo es asquerosa, pero si se aprende a comerla de un solo jalón, y sin que se note el asco en los ojos o en la cara, puede sacar de muchos aprietos.

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Se puede hacer más desde adentro que desde afuera y se lo puedo apostar. Bueno, está bien, compañerita, me voy a sincerar con usted, al cabo después de la asamblea delegacional, ya ni modo, ni cómo sacar el sapo que sigue ahí, brincoteando en mis dentros.

No sé si fue porque ya estaba cansado de andar siempre en la vil chilla, de quedar mal con mis viejos, que por cierto no estuvieron muy de acuerdo con que estudiara la Normal, que porque luego tendría los ojos puestos en la ciudad, sin querer meter las manos en el trabajo rudo del campo. Y eso de que anduve en las extranjias, en lugar de ayudar en algo, al contrario, es pretexto para echarme más tierra encima y acusarme de tener la ideología metida hasta el tuétano. También pue’que me amilan eso de no verle futuro a andar a tiro por viaje con los güevos hasta el pescuezo, nomás pensando: y si me agarran, una tranquiza sería lo de menos, pero ¿si me torturan?, ¿de qué ha servido que los compas hayan aguantado esa friega? Entonces me dije que ya no iba a pensar que el trabajo vale igual que el capital, para qué creer que la luna es de queso, si eso nada más en los libros es verdad. Que iba a olvidar la sonsera de querer cambiar el mundo así nomás, juntándole la gente al gobierno, se la damos peladita y en la boca, nomás para arrasar con ella en un sólo aleteo de halcón. Que iba a ver la manera de entrar al mero ajo, donde se cocina el pastel. Porque en la mesa del cambio, sólo vi de dos sopas, a cual más de chiruleras, una bien caliente, hirviendo, diría yo, irme con los compas de la guerrilla, pero la mera verdad, para morirme no tengo ninguna prisa; aunque dicen que cuando te toca aunque te quites, y cuando no te toca aunque te arrimes, para qué ponerme en el mero tocadero. Además, si se está dispuesto a morir, también se está dispuesto a matar y ahí sí paso, de puro pensado se me enchina el cuero. La otra sopa es seguir siendo comunista muerto de hambre toda la renga vida, batallando por un empleo, siempre ninguneado y sirviendo sepa la bola a qué negras motivaciones, pues. ¿no dicen que uno de los fundadores del PCM era agente de la CIA? Para qué seguir así, harto de sudar la gota gorda para lograr cualquier cosa. Y ya me cansó esa onda de presionar, presionar y nunca ver desde arriba; es como escarbar el tiro de una mina, cuesta mucho tiempo y trabajo y al primer error se derrumba todo y uno puede quedarse aplastado, mientras otros sacan la riqueza. A, ¡no!, miento, hay otra sopa, la sopa de sapo; es asquerosa, pero si se aprende a comerla de un solo jalón, y sin que se note el asco en los ojos o en la cara, puede sacar de muchos aprietos y pue’que ayude a treparse bien arriba.

Bueno compañerita, sin darle más vueltas, ¿sabe qué? Me metí a esa onda del nuevo partido, ese dizque partido de los estudiantes. No hay que tener más de dos dedos de frente para saber que no es de derecha ni de izquierda, sino de arriba y adelante, pero para qué nos hacemos güeyes, los meros meros que deciden el triunfo o la derrota de las luchas sindicales y el avance, aunque sea a cuentagotas de la lucha antiimperialista, son el PRI y el gobierno, que no es lo mismo, pero es igual. Ahí está la fuerza, hay que apoyar al gobierno de Echeverría. Por eso me metí a esas ondas. Nos dieron clases de oratoria. Don Álfego era nuestro maestro.

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Correo del Lector #32

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Del muro de Facebook

???????????????????Los secretos de un elevador, de Graziell Altamirano Cozzi (núm. 28).

Me gustaron las fotos de la pareja Porfirio Díaz-Carmen Romero Rubio. ¿Sabían que la población de Candela, Coahuila, se llamó hasta 1921 Ciudad Romero Rubio, en honor de Manuel Romero Rubio, el padre de Carmelita?

Jaime Tijerina

BiC-29, La revoluciA?n y el tiburA?n (356x480)La revolución y el tiburón martillo, de Javier Rico (núm. 29-30).

Me encantó el cuento del Dr. Javier Rico. Alguna vez, en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, nos contó la historia que ahora pude leer en la revista. Muchas gracias.

Martín Josué Martínez

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La boda de la abuela, de Diana Guillén (núm. 10).

Saludos. Soy tataranieto de María Salazar y Gutiérrez Marroquín, casada con Bonifacio Guillén, hermano de Flavio Guillén.

Carlos

¿Sabías qué?

El aguacate, hoy muy apreciado en todo el mundo, es originario de Mesoamérica, donde dejó rastros desde 16 000 años a.C. Se le valoraba no sólo por su buen sabor y valor nutritivo, sino por que sirvió como mercancía de intercambio y para el pago de tributos. Fray Bernardino de Sahagún, uno de los primeros cronistas, describió así estos frutos: “Son muy buenos de comer. Son preciosos.”

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Por amor a la historia

La Quinta Montes Molina, que se localiza en el Paseo Montejo de Mérida, se conserva como la dejó uno de sus primeros propietarios, Avelino Montes, nacido en Santander, España, quien llegó a Yucatán a principios del siglo XX. Empezó a trabajar como mandadero de una tienda, para sumarse al negocio del henequén al percatarse de que este prometía. Residió en esta casa con la familia que formó con María, hija del gobernador Olegario Molina. La construcción tiene un estilo ecléctico y es representativa del Porfiriato y el auge henequenero.

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Reloj de arena

José Mariano Abasolo14 de abril de 1816
José Mariano de Abasolo muere de tuberculosis pulmonar a los 27 años, en el castillo de Santa Catalina, Cádiz. Fue uno de los militares que luchó al lado del cura Miguel Hidalgo, e inició la guerra de Independencia. Después de la derrota insurgente en Acatita de Bajón, fue capturado y condenado a cadena perpetua. Le perdonaron la vida gracias a la intervención de su esposa, cuya familia gozaba de gran influencia.

PALACIO DE GOBIERNO DE CHIHUAHUA17 de junio de 1866
Benito Juárez es recibido por las autoridades y la población de Chihuahua, entre vítores a “la independencia y la libertad”. El entusiasmo es grande pues ya se prevé el fin de la guerra de intervención francesa y el segundo imperio, y así se escucha en los múltiples brindis con champaña que se hacen en el banquete que se le ofrece junto a su gabinete en el patio del Palacio de Gobierno.

Álvaro Obregón19 de junio de 1916
Ante una multitud reunida frente a Palacio Nacional, el general Álvaro Obregón informa que el primer jefe Venustiano Carranza lo nombró general en jefe de las fuerzas que marcharon contra los invasores estadounidenses en caso de guerra, comprometiéndose a formar la vanguardia e invitando a quienes lo escuchan a encargarse de la retaguardia.

Estadio Azteca29 de mayo de 1966
El presidente Gustavo Díaz Ordaz, en presencia de Stanley Rous, presidente de la FIFA, y de Ernesto P. Uruchurtu, regente del Departamento del Distrito Federal, entre otros, da el puntapié inaugural del Estadio Azteca, ante 110 000 asistentes. América y Torino, sendos campeones de la liga mexicana e italiana, empataron luego en el primer encuentro de fútbol que se jugó en el Coloso de Santa Úrsula.

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La Ruta de la Amistad

Ethel Herrera Moreno
Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Concebida como una manifestación cultural de escultores de diversos países durante las olimpiadas de 1918, pero que trascendiera al evento deportivo, las 19 obras de artistas de los cinco continentes han sobrevivido a pesar del abandono. Una iniciativa ciudadana trata de recuperarlas del olvido, aunque con resultados dispares.

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Los Juegos Olímpicos de 1968 en México fueron los primeros en América Latina. Y si ahora que llegaron otra vez a la región, 48 años más tarde, el mundo es otro y la tecnologías han transformado su alcance y visión, en aquel caso el país hizo un aporte que quedaría como único dentro de las actividades que rodean cada cuatro años los juegos: la Olimpiada Cultural. Se pensó como un año de actividades que no se limitaron a las dos semanas de competencias, y que incluyeron 20 eventos, abarcando, entre otros, la danza, la música, la poesía, la pintura y la ciencia. La idea se enriqueció con la participaron de artistas de la mayor parte de los países del orbe.

13Muro Articulado (428x640)Dentro de la propuesta, el escultor Mathias Goeritz concibió la creación de un gran corredor escultórico de 17 kilómetros de largo ubicado en el sur de la ciudad y cerca de la Villa Olímpica y de los lugares de la competencia, para que pudieran ser vistos por los deportistas y el público asistente. Con el apoyo del reconocido arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el mismo que construyó la actual Basílica de Guadalupe, crearon la denominada Ruta de la Amistad en la que cada 1 500 metros se ubicó una escultura, hasta sumar 19 de siete a 18 metros de alturas, en las cuales participaron artistas de todos los continentes. El recorrido a lo largo del Anillo Periférico, entre San Jerónimo y Cuemanco, era un camino de geometrías y colores que llevaba a los distintos escenarios de las competencias. Así, el arte moderno podía ser apreciado tanto en una zona de piedra volcánica con 200 000 años de antigüedad como sobre los campos y lagunas de Xochimilco. Hoy día, la iniciativa de Goeritz tiene la proeza de permanecer viva para regocijo de la ciudad y de los amantes de la cultura. Sin embargo, la Ruta de la Amistad quedó en total abandono durante 25 años, por la falta de mantenimiento, las agresiones de grafiteros, la contaminación y el acelerado crecimiento urbano.

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En años recientes, un grupo de hombres y mujeres preocupados por su situación crearon el Patronato Ruta de la Amistad A. C., con el objeto de restaurar las esculturas y asegurar su conservación. Con el proyecto Adopte una Obra de Arte, en el que se invitó a participar a instituciones públicas y privadas, las obras han comenzado a recuperar su originalidad en varios de los casos. Once de ellas ya fueron ubicadas en nuevos espacios para que puedan estar visibles.

Ruta 15 (424x640)Es loable que gran parte de las esculturas de la Ruta de la Amistad se hayan restaurado y que se continúe con el proyecto de su rescate; sin embargo, al cambiarlas de lugar se perdió definitivamente el sentido original del recorrido. Actualmente es muy difícil verlas a todas por el tráfico permanente de vehículos lo cual hace casi imposible detenerse para apreciarlas, incluso en el caso de las que se colocaron en el trébol de Insurgentes Sur y Periférico. Los cambios no han logrado su finalidad, en parte por el poco interés de las autoridades por preservar el patrimonio artístico y, por otra, por el desinterés de los particulares por valorarlas.

Desde luego que hay aspectos muy positivos como admirarlas desde diversos ángulos, tal el caso de la austriaca “Muro articulado”, en la que ahora sí puede verse el gran movimiento que tiene en cada uno de sus ángulos. Un gran número de personas han visto las esculturas, posiblemente sin detenerse a pensar de dónde provienen y el valor cultural que en conjunto e individualmente tuvieron como parte de la Ruta de la Amistad. De ahí que sea importante que las conozcamos y sepamos su origen. Para ello, recomendamos documentarnos sobre la historia de las obras y programar el recorrido completo muy temprano en domingo o en día feriado, cuando la merma del tráfico de vehículos permite observarlas y valorarlas.

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La muerte de un héroe por la espalda

Laura Suárez de la Torre
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Dos versiones retoman el fusilamiento de José María Morelos y Pavón por órdenes del virrey Félix María Calleja. Carlos María Bustamante centra la atención en el hombre valiente que no teme morir; Lucas Alamán lo hace desde el testimonio del padre Salazar quien acompañó al estratega militar y político hasta los momentos finales.

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Anónimo, Fusilamiento de José María Morelos y Pavón, siglo XIX, acuarela. Museo Histórico Casa de Morelos, Morelia, Michoacán.

Era un frío 22 de diciembre, la fecha se quedaría en la memoria de los novohispanos y, más tarde, de los mexicanos. Recordaba el fusilamiento en 1815 de José María Morelos y Pavón, el cura que había logrado poner ordenó a las huestes insurgentes, el soldado que había puesto a temblar al jefe militar y más tarde virrey, Félix María Calleja. El cura de Carácuaro que había ganado una batalla tras otra, pero también la simpatía de los insurgentes y de los habitantes que querían un cambio. Ordenó al ejército que acompañaba a Hidalgo, ganó territorios en el sur de la Nueva España –Chilapa, Tehuacán, Orizaba, Oaxaca, Acapulco, Veracruz y Puebla de los Ángeles–, y rompió el sitio que le habían impuesto en Cuautla. Convocó un Congreso en Chilpancingo, proclamó la soberanía y la independencia, recogió en los Sentimientos de la Nación su idea e ideal de nación y en la Constitución de Apatzingán consignó los principios constitucionales y la forma de gobierno para el país que anhelaba. Fue también el que enfrentó diversas derrotas que más que sumirlo en la depresión, le dieron brío para continuar con el ideal que perseguía para Nueva España.

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Fusilamiento de Morelos, litografía en Vicente Riva Palacio, El libro rojo: 1520-1867, México, Imprenta de Díaz de León, 1870. Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar” Instituto Mora.

En él, como señala Fernando Serrano Migallón, conviven el ideólogo, el insurgente, el político y el sacerdote. Ese hombre, según refiere Genaro García en sus Episodios de la guerra de independencia, de “mediana estatura, robusta complexión y color moreno [...] ojos negros, limpios, rasgados y brillantes, [...] mirada profunda e imponente [...] A la hora del combate, según los que de cerca le observaron, sus ojos relampagueaban siniestros y su voz adquiría tonante inflexión para animar a las tropas [...] la prosperidad no le ensoberbecía, ni el infortunio quebrantaba su altiva y digna entereza”. Pero ese hombre, un día cayó prisionero en manos de los realistas. Sería conducido como prisionero; juzgado militar y eclesiásticamente, y encerrado en la cárcel.

A manos de las tropas realistas, ese hombre amado por muchos y odiado por otros, cayó fusilado, “por la espalda como a traidor”, en el pueblo de San Cristóbal Ecatepec. Su muerte pareció marcar el fin de la guerra pues su captura y fusilamiento eliminaba del camino al más importante estratega militar y político de la lucha, José María Morelos y Pavón.

Sobre su muerte los historiadores del siglo XIX escribieron sus versiones y lo hicieron de acuerdo con diferentes intenciones, a partir de diversos informantes y documentos. De allí que en este artículo se muestran dos de los varios textos que corrieron sobre este hecho histórico: el de Carlos María de Bustamante y el de Lucas Alamán. Dos visiones distintas, centradas en el episodio de la muerte. Cada uno de ellos tomó la pluma en diferentes momentos para dejar este pasaje escrito para guardarlo en la memoria a través de las páginas de sus historias sobre la guerra de Independencia. Cada uno centró su atención en detalles específicos, dando con ello un significado especial a los últimos momentos del héroe.

Bustamante

Carlos María de Bustamante (1774-1848) conoció y colaboró con el proyecto insurgente. Estuvo al lado de Morelos en distintos momentos de la guerra insurgente. Escribió el discurso con el que se inauguró el Congreso de Chilpancingo, conocido como Sentimientos de la Nación. Fue un incansable promotor de la letra impresa a través de periódicos Diario de México (1805), El Juguetillo (1812), La Avispa de Chilpancingo (1822) y diversos libros. Escribió muchas obras, entre ellas: Cuadro histórico de la Revolución de la América Mexicana, comenzado en quince de septiembre de 1810 por el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla (1823-1827); Campañas del general D. Félix María Calleja, comandante en jefe del Ejército Real de Operaciones llamado del Centro (1828); Los tres siglos de México durante el gobierno español hasta la entrada del Ejército Trigarante (1836); Apuntes para la historia del gobierno del general Antonio López de Santa Anna (1845); El nuevo Bernal Díaz del Castillo o sea Historia de la invasión anglo-americana (1847), entre otras. Editó otras más, como la de Bernardino de Sahagún. Fue un activo político que participó en diversos congresos desde la etapa insurgente y más tarde en la época independiente, dando voz a sus inquietudes y a las de otros.

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El Palacio de Correos, una joya del Centro Histórico

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Declarado monumento artístico de la nación en 1987, la quinta casa de correos, como se le conoció en un principio, se erigió sobre un amplio terreno en el que estuvo el antiguo hospital de terceros de San Francisco.

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Edificio de Correos, Compañía Industrial Fotográfica,ca. 1922.

A las ocho de la noche del 17 de febrero de 1907, casi cinco años después de que fuera colocada la primera piedra, el nuevo Palacio de Correos fue solemnemente inaugurado por el presidente Porfirio Díaz, con el acto simbólico de depositar en flamantes buzones las tarjetas conmemorativas del evento, mientras se escuchaban las notas del Himno Nacional ejecutadas por la Orquesta del Conservatorio y ondeaban, como símbolo de paz y fraternidad, las banderas de las naciones que formaban la Unión Postal Universal.

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El nuevo edificio, también conocido como Quinta Casa de Correos, por ser la quinta sede del correo mexicano, respondía a la necesidad de contar con una oficina a la altura de otros países, y acorde con el proyecto de modernización y progreso que, al despuntar el siglo XX, pretendía colocar a la capital en un lugar preponderante con la construcción de grandes obras.

El diseño de la nueva casa para el sistema mexicano de correos fue encargado al italiano Adamo Boari, famoso arquitecto e ingeniero residente en México desde los últimos años del siglo XIX, y autor de otros diseños importantes como el Palacio de Bellas Artes, cuya construcción fue interrumpida por la revolución.

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Bajo la dirección del ingeniero militar Gonzalo Garita, la nueva obra, calificada en su época como uno de los edificios más notables por su amplitud y suntuosidad, fue edificada en un terreno de 3 730 metros cuadrados en lo que fuera el antiguo Hospital de Terceros de San Francisco, ubicado sobre el antiguo callejón de la Condesa y las calles de San Andrés y Santa Isabel, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas, y Tacuba.

El estilo arquitectónico de este bello edificio ha sido calificado como ecléctico, con elementos que incluyen el gótico, el art nouveau, el barroco, el renacimiento italiano y el plateresco español. Al paso de los años se ha convertido en un símbolo conocido por algunos como la joya dorada del Centro Histórico, cuyo exterior está trabajado en cantera blanca de Pachuca y cuya fachada principal en pan-coupé cuenta con un chaflín en la esquina de delicada crestería y, en su último nivel, un reloj de factura alemana. El resto del exterior presenta diversos motivos ornamentales con figuras de dragones y gárgolas inspiradas en seres mitológicos, así como marquesinas, luminarias y herrería de bronce dorado.

Según reseñas de la época, el interior se diseñó con todos los progresos y confort del nuevo siglo, mostrando ostensiblemente las minuciosidades y detalles contemporáneos requeridos por un servicio tan importante, propio de las sociedades modernas. Destacaban los pasamanos de bronce italiano para la soberbia escalera de mármol mexicano del vestíbulo principal, el cual fue cubierto por un enorme domo de cristal emplomado, importado de Francia y montado en elegante armadura
metálica, así como la arquería interior del tercer piso, rematada por los escudos de los países que formaban parte de la Unión Postal Universal a comienzos del siglo XX.

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De igual manera, se anunciaba entonces que en la planta baja del majestuoso edificio el público podía circular libremente por las amplias galerías destinadas en su totalidad a las oficinas locales y contando, a toda hora, con cómodos pupitres y suficiente recado de escribir, bajo la vigilancia de empleados especiales a fin de que la gente inculta no fuera a deteriorar los muebles, ni a hacer mal uso de los útiles. Las diferentes secciones de esta planta eran Correspondencia, Giros, Impresos y Certificados, las cuales quedaban separadas por lujosos canceles de bronce soportados por un zócalo de mármol negro veteado con tableros de ónix verde. Se informaba, asimismo, que en los arquitrabes del primer cuerpo se podían leer las inscripciones que señalan las distintas etapas del servicio postal en México, desde 1580 hasta 1884 en que surgió el primer código postal.

Las galerías altas del edificio estuvieron destinadas a conservar y custodiar los archivos del ramo, clasificados por épocas y, desde el proyecto inicial, se contempló la instalación de un Museo Postal en el que se expusiera la colección de sellos de distintas épocas, así como diversos objetos, como el buzón más antiguo y las cornetas que en un tiempo sirvieron para anunciar la llegada y salida del correo.

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En la actualidad existe un mural mosaico hecho con unos 50 000 timbres con sellos de finales del siglo XIX y principios del XX. En el segundo piso se encuentra una exposición permanente de Cultura Postal y, en el último, la sede del Museo de Historia y Cultura Naval de la Secretaría de Marina, inaugurado en noviembre de 2004.

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Los estudios afroamericanos y el indigenismo

Cynthia García Martínez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

El antropólogo Manuel Gamio y el médico Gonzalo Aguirre Beltrán tuvieron un papel destacado en estudiar a las poblaciones indígenas y afromexicana para ser integradas al concepto de nación.

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Winfield Scott, Mujeres istmeñas con cántaros sobre la cabeza, ca. 1902. Fondo C.B. Waite / W. Scott, núm. inv. 122602.

La Asamblea General de la ONU declaró al periodo de 2015 al 2024 “Decenio Internacional para los Afrodescendientes”, con la finalidad de que los Estados miembros, las organizaciones y la sociedad civil llevemos a cabo actividades a favor del reconocimiento, la justicia y el desarrollo de este grupo que ha sido históricamente marginado. Sirva esto para reflexionar en torno al surgimiento de as primeras investigaciones sobre la población de origen o con ascendencia africana en México, de dónde provino el interés en el tema y cuáles eran las ideas que se tenían en torno a esta población.

El primer estudio sobre la esclavitud de personas africanas en nuestro país fue realizado por Gonzalo Aguirre Beltrán, nacido en el municipio de Tlacotalpan, Veracruz, en 1908. Desde joven mostró interés por la historia, la literatura y la filosofía. Luego de estudiar medicina en la Ciudad de México se incorporó a los servicios de salud en su estado y realizó una investigación sobre el despojo agrario en la región. Entre 1942 y 1943 exploró documentos del Archivo General de la Nación y escribió un primer esbozo sobre la población africana en México, que mostró al antropólogo francés Alfred Métraux, quien lo puso en contacto con el estadounidense Melville J. Herskovits, uno de los afroamericanistas más importantes de la época.

Herskovits estaba formando un grupo de estudiosos latinoamericanos para que investigaran algunos aspectos del “negro” en el continente, de ahí que decidiera dirigir las pesquisas de Aguirre y que lo apoyara para conseguir una beca de la Fundación Rockefeller para finalizar su investigación. Si bien aquí pareciera que el interés en el tema sólo surgió de las preocupaciones académicas de Aguirre Beltrán y que se insertó en la corriente antropológica del vecino país del norte, quien en realidad encomendó la elaboración del estudio fue Manuel Gamio, el padre del indigenismo en México, que en aquella época era jefe del Departamento Demográfico de la Secretaría de Gobernación. En pocas palabras, el trabajo de Aguirre también formó parte de un proyecto institucional con una tendencia ideológica de viejo raigambre.

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Olimpiadas de París 1924. Un debut con tropezones

Miguel Esparza
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Los orígenes del olimpismo mexicanos están atravesados por disputas de organizaciones y liderazgo. La convocatoria internacional para asistir a las olimpiadas parisinas ayudó a establecer la conformación de un equipo. Los resultados no fueron los esperados, pero la participación fue un parteaguas para el deporte amateur.

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Las olimpiadas son uno de los eventos que a nivel mundial generan mayor impacto social y captan gran atención mediática. Cada cuatro años, las naciones del mundo se preparan para disputarse la hegemonía deportiva en todas y cada una de las competencias. México no ha sido ajeno al movimiento olímpico y en la actualidad existen instituciones como el Comité Olímpico Mexicano (COM) y la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE), que fueron creadas con el objetivo de administrar y fomentar el desarrollo de las diversas disciplinas deportivas y que cuentan con enormes sumas de dinero para financiar la formación y preparación de los deportistas que representan al país.

Los inicios

Los deportes se practican en México desde el porfiriato, pero no fue sino hasta 1924 cuando por primera vez nuestro país participó en unas olimpiadas. Las razones que retrasaron su integración al movimiento olímpico fueron, en primer lugar, que los deportes más populares entre los mexicanos durante el porfiriato (el boxeo y el beisbol) no formaban parte del programa olímpico, porque su práctica era profesional y no amateur. Además, el deporte que en el Porfiriato cubría el requisito del amateurismo era el atletismo, sin embargo, era administrado y fomentado, principalmente, por estadounidenses, quienes no deseaban ni tampoco podían representar al país en las olimpiadas.

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Tras el estallido de la revolución maderista en 1910, la práctica deportiva celebrada en público decayó significativamente, pues los extranjeros dejaron de administrarla (volviéndose improvisada, disgregada y desorganizada).

En 1916 se inició la recuperación y reorganización de las actividades deportivas y a partir de 1920 se logró un considerable crecimiento, incluso la prensa señalaba que todos los deportes se habían convertido en una fiebre que había contagiado a un gran número de individuos, pues semana a semana, muchos mexicanos practicaban alguno y un tanto más era asiduo a presenciarlo en los diversos campos y llanos de la Ciudad de México.

Sin embargo, a pesar de la existencia de un gran número de practicantes y espectadores, no había un gran nivel competitivo ni un significativo progreso en cuanto a las marcas y récords realizados, ya que cada club realizaba sus competencias por separado. Nuestro país carecía de instituciones (federaciones) que a nivel nacional se encargaran de administrar, fomentar y extender la práctica deportiva, organizando competencias donde los mejores deportistas de cada estado o región se eliminaran entre sí, para con ello conocer quiénes eran los mejores atletas, lo que finalmente haría posible que México pudiera participar en las olimpiadas.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Columbus 1916. El destino de los prisioneros villistas

Guadalupe Villa
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Las razones por las que el ex jefe de la División del Norte incursionó en aquella población estadounidense siguen siendo, un siglo después, materia de hipótesis antes que de conclusiones. Francisco Villa se ganó un poderoso enemigo que lo persiguió infructuosamente en México, pero terminó por generarle importantes pérdidas.

Prisioneros de Colombus (640x373)

“Villa bandits captures at Columbus and Ascencion Mexico”, ca. 1916. Image 62540, Charles Poe Photograph Collection. Cortesía de New Mexico State Records Center and Archives.

Hace ya 100 años, el 9 de marzo de 1916, una fuerza armada encabezada por Pancho Villa atacó la población estadounidense de Columbus, Nuevo México. La periodista Eileen Welsome la describe como:

Un pueblo sin importancia, feo, en el que no había ni un solo árbol ni pastos que pudieran contener las resecas tierras levantadas por las tormentas de viento. Las tiendas y casas, cubiertas de polvo, parecían un espejismo. Un lugar donde, en lo más intenso de la primavera, el calor lo inmovilizaba todo; donde el vacío recorría los cuatro horizontes, sólo roto por cactus, zarzas de mezquite y magueyes, y las tres montañas en forma de cono ubicadas al noroeste de la ciudad, conocidas como Tres Hermanas.

Las causas por las que el antiguo jefe de la División del Norte atacó tal poblado siguen siendo materia de controversia entre los estudiosos de la revolución mexicana, cuyo análisis no acaba de arrojar del todo respuestas satisfactorias: ¿Sería quizá la represalia por el reconocimiento a Venustiano Carranza como gobierno de facto y el apoyo estadounidense dado a los constitucionalistas para el traslado de tropas a través de su territorio, que ocasionó la derrota en Sonora y, con ella, la disolución del ejército villista?, ¿fue, tal vez, el convencimiento de la existencia de un pacto secreto entre Carranza y el gobierno de Estados Unidos que comprometía la soberanía nacional con gravosas concesiones? ¿O el desdeo de Villa de provocar una reacción nacionalista que congregara a los mexicanos en contra de Carranza? ¿Fue parte de un plan del gobierno alemán para propiciar un intervención armada de Estados Unidos a México y así evitar su ingreso a la Gran Guerra? ¿Posiblemente una venganza personal de Villa para castigar a Sam Ravel, un traficante de armas que lo había estafado?

Las pistas

Es posible encontrar algunas respuestas en una carta de Villa a Emiliano Zapata del 8 de enero de 1916. En ella describe las fatigas y penalidades que sufrieron sus fuerzas durante la travesía por la Sierra Madre, teniendo que enfrentar en Agua Prieta, Sonora, a 5 000 carrancistas que el gobierno estadounidense había permitido pasar por su territorio. Villa decía estar convencido de que Estados Unidos era enemigo de México y que la integridad e independencia del país se perderían si los mexicanos no se unían para impedir, con las armas, la venta de la patria. Le aseguraba a Zapata la existencia de un pacto secreto entre Carranza y Woodrow Wilson, por el que cedería Bahía Magdalena por el término de 99 años, los ferrocarriles del istmo de Tehuantepec y Nacionales y las concesiones solicitadas en la zona petrolífera, a cambio de lo cual el gobierno de México recibiría un préstamo de 500 000 000 de dólares.

Portada de Se busca Villa (510x640)

Convencido de que la soberanía nacional estaba gravemente comprometida, Villa había tomado la decisión de “no quemar un cartucho más [en contra] de los mexicanos y [organizarse] debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras”. La carta terminaba invitando a Zapata a emprender juntos la reconstrucción y engrandecimiento de México.

Al sentirse traicionado por el gobierno de Estados Unidos, Villa lo declaró enemigo de México y de los mexicanos. El ataque a Columbus provocó un gran escándalo internacional y el envío de una fuerza armada en persecución de los agresores, lo que, como era de esperarse, despertó un fuerte sentimiento nacionalista en el pueblo mexicano.

Sobre la embestida a la población fronteriza y la Expedición Punitiva existe una extensa bibliografía estadounidense, sin embargo, prácticamente es nulo el análisis desde el punto de vista de los mexicanos. ¿Quiénes fueron los hombres que participaron en el ataque? ¿Qué consiguieron los villistas tras el asalto a Columbus? ¿Cuántos fueron apresados y juzgados? ¿Qué adujeron a lo largo de los interrogatorios? ¿Cuál fue su destino? La que sigue es una aproximación a esta historia.

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