Archivo de la categoría: BiCentenario #31

El arte del Hotel del Prado

Paulina MartAi??nez Figueroa
El Colegio de MAi??xico

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

Concebido como un espacio amplio y variado para el hospedaje cinco estrellas, y que sus cafeterAi??as, restaurantes y salones fueran centro de discusiA?n de la polAi??tica, espacios de reuniA?n de las Ai??lites mexicanas o pasarelas de empresario, intelectuales, estrellas de cine y deportistas, las paredes de este hotel fueron una exquisita vidriera para exhibir a varios de los mejores pintores y muralistas de los aAi??os cuarenta y cincuenta del siglo XX.

Hotel del Prado (640x631)

Exterior del Hotel del Prado, ca. 1950. AGN, Archivo fotogrA?fico Enrique DAi??az Delgado y GarcAi??a.

Uno de los edificios mA?s recordados del MAi??xicoAi??de la segunda mitad del siglo XX es elAi??Hotel del Prado. Construido por el arquitectoAi??Carlos ObregA?n Santacilia e inauguradoAi??en 1947, tras casi quince aAi??os de obra, es unoAi??de los espacios que mA?s ha perdurado en elAi??imaginario de los habitantes de la ciudad deAi??MAi??xico, incluso tras su demoliciA?n como consecuenciaAi??de los terremotos de 1985.

En su momento formA? parte de un proyectoAi??ideado por el polAi??tico y empresario AlbertoAi??J. Pani para dotar a la ciudad de espaciosAi??de hospedaje modernos y como alojamientoAi??de los visitantes que comenzaban a llegar alAi??paAi??s atraAi??dos por los nuevos programas institucionalesAi??de apoyo y fomento a la actividadAi??turAi??stica.

Pero el Prado no sA?lo tuvo aceptaciA?n entreAi??el pA?blico extranjero. Su Ai??xito fue oportunoAi??en una sociedad mexicana deslumbrada porAi??el oropel del progreso y la modernidad emanadaAi??de los acomodos polAi??ticos, econA?micos yAi??culturales tras la segunda guerra mundial. LaAi??ciudad de MAi??xico parecAi??a unirse al conciertoAi??de capitales internacionales como Madrid,Ai??ParAi??s o Nueva York. Hoteles como este formaronAi??parte de un nuevo rostro con que se buscaba presentar al paAi??s ante su poblaciA?n yAi??frente al mundo entero, empezando por losAi??estadunidenses, principales consumidores deAi??las polAi??ticas turAi??sticas implementadas con mayorAi??regularidad desde 1936.

AsAi??, el Hotel del Prado fue consideradoAi??una muestra de la modernidad capitalina deAi??entonces no sA?lo por su arquitectura vanguardista,Ai??los materiales de construcciA?n y la integraciA?nAi??de nuevos espacios, sino tambiAi??n porAi??haber sido el primero en el paAi??s en desarrollarAi??el concepto de hotel-ciudad, es decir, un lugarAi??que ademA?s de dar hospedaje y alimentos,Ai??ofrecAi??a los servicios necesarios para el viajeroAi??y los visitantes de la ciudad. Bancos, agenciasAi??de viajes, cafeterAi??as, bares, espacios deportivos,Ai??cine, salones para eventos sociales, tienda deAi??regalos y florerAi??as se instalaron en el mismoAi??edificio a fin de que los huAi??spedes no tuvieranAi??que salir de Ai??l, asAi?? como atraer a un pA?blicoAi??mucho mA?s heterogAi??neo y versA?til.

SueAi??o de una tarde dominical en la Alameda Central (640x167)

Diego Rivera, SueAi??o de una tarde dominical en la Alameda Central, mural, 1947. Museo Mural Diego Rivera, SecretarAi??a de Cultura. D.R. Ai?? 2016 Banco de MAi??xico, Fiduciaria en el Fideicomiso relativo a los Museos Diego Rivera y Frida K.

Fue el primer hotel donde se celebrA? unaAi??boda, entre sus huAi??spedes estuvieron el mA?sico Leonard Bernstein y el emperador de EtiopAi??aAi??Haile Selassie, mientras que para la clase polAi??ticaAi??y otros grupos influyentes de la sociedadAi??era el centro de banquetes y reuniones. LosAi??salones del Hotel del Prado tambiAi??n se convirtieronAi??en sede de congresos y convenciones, muchas de las cuales dieron como resultadoAi??nuevas organizaciones laborales. Sus pasillos, salones, restaurantes y bares vieron desfilar aAi??una gran cantidad de personalidades destacadas de entonces, entre otros deportistas y estrellasAi??de cine, intelectuales y empresarios. Pero tambiAi??n fue un espacio abierto a un pA?blico mA?sAi??amplio a travAi??s, por ejemplo, de su sala de cine,Ai??que comenzA? a operar con el nombre de TransAi??Lux Prado y que despuAi??s serAi??a conocido comoAi??Cine Prado.

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Los elegidos del exilio cardenista

MartAi??n Manzanarez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

La solidaria polAi??tica mexicana de recibir a miles de desterrados extranjeros tuvo en su gran impulsor, el gobierno de LA?zaro CA?rdenas, acciones y actitudes selectivas vinculadas a cercanAi??as polAi??ticas con los exiliados, motivaciones raciales y otras claramente discrecionales.

Los niAi??os y el Presidente, 1937. AGN, Archivo fotogrA?fico Enrique DAi??az Delgado y GarcAi??a, caja 61-12, archiveros 15, gaveta 6.

Los niAi??os y el Presidente, 1937. AGN.

A lo largo del siglo XX, nuestro paAi??s dio refugioAi??a los perseguidos polAi??ticos de distintas latitudes del mundo. La presencia mA?s numerosaAi??de exiliados, en el transcurso de laAi??primera mitad de la centuria, fue la de cercaAi??de 20 000 refugiados espaAi??oles que debido aAi??la guerra civil (1936-1940) se instalaron en elAi??paAi??s. Durante los gobiernos de LA?zaro CA?rdenasAi??y su sucesor Manuel A?vila CamachoAi??se brindA? asilo a otros actores polAi??ticos desterrados,Ai??entre ellos LeA?n Trotsky, organizadorAi??clave de la revoluciA?n rusa, y desde la muerteAi??de Lenin, lAi??der de la oposiciA?n de izquierdaAi??y rival polAi??tico e ideolA?gico de JosAi?? Stalin.Ai??Asimismo, aquellos que huAi??an por el ascensoAi??del fascismo en Europa, entre ellos alemanesAi??y austriacos. El asilo ofrecido a estos actoresAi??sociales configurA? una imagen de MAi??xico frenteAi??a la comunidad internacional de apertura,Ai??fronteras abiertas y calidez. Sin embargo, esaAi??imagen es cuestionable en tanto la polAi??tica deAi??asilo mexicana presentA? una especial predisposiciA?nAi??por ciertos migrantes. El propA?sitoAi??de las siguientes pA?ginas es demostrar cuA?lesAi??fueron los elementos que dotaron de un carA?cterAi??selectivo y discrecional al derecho deAi??asilo en nuestro paAi??s.

Llegada a MAi??xico de los niAi??os espaAi??olesEl Cardenismo

El gobierno de LA?zaro CA?rdenas (1934-1940)Ai??ha sido calificado de populista por sus polAi??ticas sociales y econA?micas, entre las que destacanAi??la reparticiA?n agraria de 20 000 000 de hectA?reas que afectaron la propiedad de losAi??grandes terratenientes ai??i??la cifra mA?s alta de los regAi??menes posrevolucionariosai??i??; el impulso aAi??la educaciA?n bA?sica enmarcado en el proyectoAi??de la educaciA?n socialista; la promociA?n de programasAi??de salud destinados a las poblacionesAi??mA?s desprotegidas del paAi??s; la nacionalizaciA?nAi??de la industria petrolera y ferroviaria; laAi??inversiA?n en infraestructura urbana y rural; yAi??la reforma, o en su defecto, conformaciA?n deAi??sindicatos y confederaciones de trabajadoresAi??obreros y campesinos.

AdemA?s, el gobierno de CA?rdenas es reconocidoAi??por la acciA?n diplomA?tica, en el contexto previo y durante a la segunda guerra mundial.Ai??Los diplomA?ticos mexicanos denunciaron acontecimientos como la invasiA?n de EtiopAi??aAi??por parte de las tropas de Mussolini en 1934,Ai??la intrusiA?n de JapA?n en el territorio chino,Ai??el triunfo de Francisco Franco en EspaAi??a yAi??la ocupaciA?n nazi en Europa central. En esteAi??contexto se ha destacado la intensa actividadAi??de Gilberto Bosques, embajador en Francia,Ai??quien brindA? asilo a los perseguidos porAi??el nazismo y el fascismo. Estos son algunosAi??ejemplos notables de la participaciA?n polAi??ticaAi??de las autoridades mexicanas en el planoAi??internacional durante el gobierno cardenista.

En medio de ese contexto de violencia yAi??persecuciA?n en Europa central, se dio la expulsiA?n de amplios sectores de la poblaciA?n.Ai??De EspaAi??a, miles de hombres, mujeres y niAi??os arribaron a nuestro paAi??s con ayuda de lasAi??autoridades mexicanas, encabezadas por el poder ejecutivo.

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Sombras y A?nada mA?s?

Lillian BriseAi??o Senosiain
TecnolA?gico de Monterrey, Campus Santa Fe.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

Alumbrada por velas y faroles, y tan sA?lo en algunas calles, la vida nocturna era limitada en MAi??xico antes de que el milagro de la luz elAi??ctrica se hiciera presente en el A?ltimo cuarto del siglo XIX. La vida se desarrollaba entre el amanecer y los A?ltimos rayos de luz de la tarde, pero la actividad en las noches era muy reducida. Trabajar, ir al teatro, bailes, reuniones sociales o caminar, implicaban ciertos riesgos que sA?lo algunos estaban dispuestos a correr.

Vendedora de buAi??uelos (640x533)

Manuel Serrano, Vendedora de buAi??uelos, A?leo sobre tela, ca. 1860. Museo Nacional de Historia.

La noche ha sido, de manera tradicional, unAi??espacio para el descanso y el recogimiento deAi??la poblaciA?n, aunque tambiAi??n un A?mbito deAi??relajamiento y diversiA?n tras dAi??as o semanasAi??de trabajo. Sin embargo, esto A?ltimo pareceAi??no haber sido siempre asAi??, y quizA? el uso de la noche para actividades que van mA?s allA? de laAi??preparaciA?n para dormir sea una construcciA?n de la vida moderna, resultado de la posibilidadAi??de alumbrar la oscuridad de las ciudades con la llegada de la luz elAi??ctrica en el crepA?sculoAi??del siglo XIX o principios del XX.

Es difAi??cil imaginar que la vida nocturna,Ai??como la conocemos, sea tan reciente. Pero loAi??es mA?s concebir cA?mo eran esas horas que seAi??encontraban entre el ocaso y el alba para laAi??inmensa mayorAi??a de las personas. Afortunadamente,Ai??algunos publicistas, cronistas y novelistas, recogieron en sus escritos pinceladasAi??de las noches decimonA?nicas, dejA?ndonos conAi??ello testimonios que nos permiten reconstruirAi??aquellas horas negras de los dAi??as.

A?Es posible inventar la noche? Al parecerAi??sAi??, si consideramos que antes de la llegada deAi??la luz elAi??ctrica, la vida nocturna era mA?s bienAi??escasa. Por supuesto que desde el descubrimientoAi??del fuego ha existido la posibilidad deAi??iluminar la oscuridad, ya sea con antorchas,Ai??velas, ocotes, lA?mparas de aceite, petrA?leo oAi??queroseno, e incluso de gas, pero las primerasAi??apenas dejaban ver las cosas mA?s prA?ximas yAi??las A?ltimas datan del siglo XIX, lo que en unaAi??lAi??nea del tiempo las ubica tan cercanas a nosotrosAi??como algo que sucediA? ayer, en tAi??rminosAi??histA?ricos.

Entonces, si no habAi??a luz nocturna, A?quAi?? seAi??podAi??a hacer durante la noche? A?La gente podAi??a trabajar, convivir, divertirse? De nuevo laAi??respuesta serAi??a sAi??, pero a veces. SAi??, dependiendo de si habAi??a o no luna llena; de hecho, losAi??calendarios acostumbraban a incluir las fases lunares para que se supiera cuA?ndo alumbrarAi??aAi??el astro en todo su esplendor y entonces planear alguna actividad, pues al menos elAi??camino estarAi??a iluminado. Esto, desde luego, suponiendo que hubiera buen clima y queAi??las nubes no cubriesen el cielo impidiendo elAi??paso de su luz.

Ya se me acabA? el ocote,
A?quAi?? desgraciada fortuna!
A?Para quAi?? queremos luz,
habiendo una hermosa luna?
CANCIAi??N DEL PASTELERO

Si no era con la luna, sAi?? podAi??a haber algoAi??de actividad por las calles que contaban conAi??las lA?mparas que prendAi??an los serenos cuandoAi??estos hacAi??an bien su trabajo en las ciudades.Ai??SAi??, tambiAi??n, si se salAi??a antes del toque de quedaAi??que daban las campanas. SAi??, por supuesto,Ai??para los pocos parroquianos que asistAi??an alAi??teatro y que podAi??an terminar mA?s allA? de esaAi??hora, pero que al parecer salAi??an de prisa deAi??las funciones, en busca del refugio del hogar,Ai??segA?n relata Francisco Zarco cuando referAi??aAi??Son ya las diez y se oye el toque de queda, y elAi??somnoliento alerta de los centinelas. Todo seAi??cierra y nada interrumpe el silencio de la nocheAi??hasta que se acaban las funciones de teatro.Ai??La multitud sale en masa y se dispersa en todasAi??direcciones.

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La decepciA?n de los monarquistas

VAi??ctor A. Villavicencio Navarro
ITAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

Francisco Miranda, JosAi?? MarAi??a GutiAi??rrez de Estrada, Juan N. Almonte, Ignacio Aguilar y Marocho, monseAi??or Labastida y DA?valos, y JosAi?? Manuel Hidalgo y Esnaurrizar estaban convencidos hacia 1860 que la monarquAi??a era la A?nica soluciA?n polAi??tica para la crisis de MAi??xico. Trabajaron para su instalaciA?n, pero muy pronto se sentirAi??an decepcionados.

ComisiA?n de Miramar (640x455)

ComisiA?n que viajA? a Miramar, 1863. Fondo Felipe Teixidor, inv. 451694, SINAFO. ReproducciA?n autorizada por el INAH.

Durante el siglo XIX varios mexicanos se fueronAi??convenciendo de que sA?lo la instauraciA?nAi??de un gobierno monA?rquico pondrAi??aAi??fin al caos, la inestabilidad, el desprestigioAi??internacional y los apuros econA?micos queAi??atravesaba su patria desde que consiguiA? suAi??independencia. Fue por ello que desde mediadosAi??de la centuria pusieron manos a laAi??obra para volver a levantar un trono en MAi??xico.Ai??A principios de la dAi??cada de 1860, losAi??acontecimientos convergieron de tal formaAi??que sus esfuerzos rindieron fruto: FranciaAi??otorgA? el apoyo necesario y un archiduqueAi??austriaco se mostrA? dispuesto a encabezar elAi??imperio mexicano. Sin embargo, es comA?nAi??que las cosas que se planean disten muchoAi??de las que resultan. Tal fue el caso de estosAi??personajes. En general, es mucho lo que sabemosAi??respecto a las gestiones que llevaron aAi??cabo para lograr el cambio polAi??tico, mientrasAi??que muy poco se conoce sobre sus actividadesAi??durante el segundo imperio y tras su caAi??da.Ai??Como se verA?, tarde o temprano, la realidadAi??defraudA? sus expectativas. Algunos no vivieronAi??lo suficiente para atestiguar el resultado deAi??sus empeAi??os monA?rquicos, otros, en cambio,Ai??sobrevivieron varios aAi??os al derrumbe delAi??edificio que ayudaron a construir.

Francisco Javier Miranda

Francisco Javier Miranda, 1863. Fondo Cruces y Campa, inv. 454084,SINAFO, ReproducciA?n autorizada por el INAH.

Francisco Javier Miranda, 1863. Fondo Cruces y Campa, inv. 454084,SINAFO, ReproducciA?n autorizada por el INAH.

A mediados de diciembre de 1863, FranciscoAi??Javier Miranda arribA? a las costas de Veracruz procedente de Europa. Sacerdote poblano, conservadorAi??y monarquista convencido, fue uno deAi??los hombres que mA?s colaborA? para gestionar laAi??llegada de Maximiliano de Habsburgo a MAi??xico.Ai??Dos meses antes habAi??a formado parte de laAi??diputaciA?n extraordinaria que ofreciA? la coronaAi??al archiduque en su castillo de Miramar, a lasAi??orillas del AdriA?tico; sin embargo, una fuerteAi??enfermedad estomacal, de la que sufrAi??a desdeAi??hacAi??a varios aAi??os, lo obligA? a regresar repentinamenteAi??a su paAi??s. Una vez en la ciudad deAi??MAi??xico, su salud continuA? deteriorA?ndose, aAi??tal grado que se determinA? suministrarle losAi??santos A?leos. Una gran procesiA?n, formadaAi??por obispos, canA?nigos de la catedral y de laAi??colegiata de Guadalupe, los miembros de laAi??Junta Superior de Gobierno y de la AsambleaAi??de Notables, junto con personajes de la altaAi??sociedad capitalina, llevA? el SantAi??simo hasta laAi??casa del sacerdote, donde le fue administradoAi??el sacramento.

DAi??as mA?s tarde, Miranda recuperA? algunasAi??fuerzas y decidiA? trasladarse a su tierra, sA?loAi??para resentir por A?ltima vez los padecimientosAi??de su enfermedad. Defraudado del proyecto monA?rquico por el que tanto habAi??a trabajado,Ai??molesto por la forma en que el gobierno de NapoleA?n III conducAi??a la empresa, decepcionadoAi??por la polAi??tica liberal que los mandos del ejAi??rcito de ocupaciA?n francAi??s habAi??an puestoAi??en marcha y convencido de que el archiduque austriaco no serAi??a quien restablecieraAi??los principios conservadores y devolviera a laAi??Iglesia mexicana el lugar que le correspondAi??a,Ai??el sacerdote falleciA?, rodeado de familiares yAi??amigos, el 7 de mayo de 1864, justo a tiempoAi??para evitar presenciar el establecimiento delAi??imperio mexicano.

JosAi?? MarAi??a GutiAi??rrez de EstradaJosAi?? MarAi??a GutiAi??rrez de Estrada 2 (331x640)

Otro personaje que se desligA? del proyectoAi??imperial fue JosAi?? MarAi??a GutiAi??rrez de Estrada,a quien acertadamente se le puede calificarAi??como el padre de la idea monA?rquica paraAi??MAi??xico. PolAi??tico y diplomA?tico campechano,Ai??habAi??a propuesto el cambio de rAi??gimen desdeAi??el otoAi??o de 1840, debido a lo cual sufriA?Ai??una fuerte persecuciA?n que lo obligA? a dejarAi??el paAi??s. Sin embargo, don JosAi?? MarAi??a invirtiA?Ai??buena parte de su tiempo y energAi??as en buscarAi??el apoyo europeo y un prAi??ncipe dispuestoAi??a realizar el cambio polAi??tico que, estaba convencido, regenerarAi??a a su patria. Tras mA?s deAi??20 aAi??os de esfuerzos, cuando finalmente susAi??planes estaban a punto de cristalizarse, GutiAi??rrezAi??de Estrada prefiriA? tomar distancia delAi??asunto, inconforme con el rumbo que habAi??aAi??tomado el proyecto monA?rquico bajo la direcciA?n francesa. Fue por ello que en calidadAi??de presidente de la diputaciA?n extraordinaria,Ai??luego de recibir la aceptaciA?n formal de laAi??corona por parte de Maximiliano, declinA? laAi??oferta de ministro en Viena.

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Los caminos del terror

Eduardo Flores Clair
DEH-INAH

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

Subirse a un carruaje para recorrer algunas distancias en el MAi??xico de hace mA?s de 150 aAi??os era lanzarse a la aventura de la inseguridad y el robo latente. La delincuencia no estaba mal vista y sus protectores abundaban. El lAi??mite entre legalidad e ilegalidad resultaba mA?s cercano a la impunidad.

ASALTO ALA DILIGENCIA (640x539)

Manuel Serrano, Asalto a la diligencia, A?leo sobre tela, ca. 1855. Museo Nacional de Historia, SecretarAi??a de Cultura-inah-MAi??x. ReproducciA?n autorizada por el INAH.

Este texto aborda algunos puntos sobre losAi??viajeros y sus miedos provocados por la delincuencia. Los delincuentes eran aquellasAi??personas que quebrantaban la ley, infringAi??anAi??las normas sociales y subsistAi??an graciasAi??a las prA?cticas ilAi??citas de la economAi??a ilegal.Ai??Como sabemos, existe un sinnA?mero de relatosAi??de viaje, pero sA?lo nos abocaremos a unosAi??ejemplos que describen de manera detalladaAi??la violencia, a travAi??s de las costumbres deAi??la sociedad y las instituciones de mediadosAi??del siglo XIX.

JosAi?? MarAi??a Tornel publicA? en 1843 una extensaAi??reseAi??a del libro MAi??xico. Memorias deAi??un viajero del barA?n austriaco Isidoro LAi??wenstern.Ai??En ella recriminA? agriamente al escritorAi??por sus juicios A?speros y de desprestigioAi??para la imagen del paAi??s en el extranjero. TodoAi??era causa del desconocimiento de las tierras queAi??habAi??a pisado, argumentaba. Agregaba que elAi??libro era una infame sA?tira cuyo blanco ha sidoAi??nuestra patria. En su texto, LAi??wenstern, despuAi??sAi??de quejarse de la hospitalidad mexicana,Ai??dejA? testimonio de un problema recurrenteAi??de los viajeros: el robo en los caminos, peroAi??sobre todo de las diligencias que recorrAi??an elAi??trayecto de Veracruz a la ciudad de MAi??xico.

Con todo detalle, el barA?n relataba la inseguridadAi??que existAi??a en la ruta dominadaAi??por bandidos y, en general, la incertidumbreAi??de los ciudadanos por la inestabilidad polAi??tica.Ai??Estando en Jalapa, sin reparos le pareciA?Ai??una actitud pusilA?nime que seis viajerosAi??de la diligencia de Veracruz se presentaranAi??semidesnudos por haber sido despojados deAi??sus pertenencias por dos hombres. ReseAi??A?Ai??que eran jA?venes robustos armados con unAi??fusil y un sable. Resultaba inexplicable queAi??contaran con muchas ventajas y se hubieranAi??dejado humillar por los bandidos. AprovechA?Ai??el hecho para hablar sobre la falta de valorAi??de los mexicanos y expresar que en su estadAi??aAi??habAi??a sido testigo de muchos actos deAi??cobardAi??a. Ante la inseguridad, los ciudadanosAi??eran incapaces de defenderse, mucho menosAi??confiar en que las autoridades les brindarAi??anAi??protecciA?n. ExplicA? cA?mo sucedAi??a un asalto:

El mexicano que viaja en diligencia sA?lo llevaAi??consigo objetos sin valor, envAi??a todos sus bA?rtulosAi??con los arrieros. Ligero de equipaje y con el bolsilloAi??provisto de unos cuantos pesos, se preparabaAi??para la visita de los bandidos con la mismaAi??paciencia con la que un viajante de comercioAi??se somete a las exigencias de la aduana. UnaAi??vez llegados los ladrones, es cosa de ver quiAi??nAi??salta mA?s rA?pido de la diligencia para tenderseAi??elegantemente boca bajo en el suelo; nadie debeAi??abandonar esa humilde postura salvo cuandoAi??haya que quitarse la chaqueta y otros vestidosAi??aA?n menos indispensables.

Tornel reconociA? que los carruajes pA?blicosAi??eran asaltados y que los viajeros extranjeros yAi??nacionales se enfrentaban por igual a los bandoleros,Ai??quienes organizados en cuadrillas losAi??atemorizaban. Pero intentA? restar importanciaAi??al problema a travAi??s de la comparaciA?n estadAi??sticaAi??con otras latitudes como Estados UnidosAi??y Europa. PuntualizA?: no hay mA?s que leer susAi??gacetas de los tribunales, para conocer que nosAi??llevan la ventaja en una horrible desproporciA?n.

Estando en Puebla, LAi??wenstern reflexionA?Ai??sobre las consecuencias funestas de las revoluciones respecto a la religiA?n y, siguiendo suAi??postura polAi??tica, asegurA? que el partido conservadorAi??era una garantAi??a para esta, pero el partidoAi??destructor [el liberal] codicia las riquezas queAi??en MAi??xico posee todavAi??a el clero [ai??i??] y vista laAi??audacia de este partido, y el apoyo que encuentraAi??en el desorden de las masas, sus concesiones sonAi??muy prudentes, porque estA?n en relaciA?n con elAi??estado de deterioro del paAi??s.

Cabe aAi??adir que las autoridades localesAi??proporcionaron al barA?n LAi??wenstern duranteAi??su estadAi??a una escolta para protegerlo y tenAi??aAi??permiso para portar armas. Tornel criticA?, conAi??cierta mofa, que para realizar el trayecto deAi??Puebla a Cholula, el austriaco solicitA? resguardo;Ai??segA?n Ai??l, para esa distancia tan corta no seAi??requerAi??a y sA?lo la pedAi??an los hombres miedosos.Ai??Es posible que fuera una forma de contestarAi??a la afrenta de cobardAi??a de los mexicanos. PorAi??su parte, LAi??wenstern, sin mostrar gratitud,Ai??embistiA? contra los soldados que lo cuidaronAi??y los comparA? con los degolladores de laAi??conquista. DejA? en claro que los cuerpos deAi??seguridad caminaban a lo largo de una lAi??nea muy tenue entre la legalidad y la ilegalidad.Ai??MA?s allA? de los ataques al nacionalismo, esteAi??viajero legA? un testimonio de la transgresiA?nAi??y la injusticia cuando se refiriA? a las deudasAi??ancestrales de los peones de las haciendas,Ai??entre otros muchos temas.

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