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Ernest Gruening: la herencia revolucionaria de MAi??xico

MarAi??a del Carmen Collado (ediciA?n) / Instituto Mora

BiCentenario # 8

Ernest H. Gruening, ca. 1955

Ernest H. Gruening, ca. 1955

Ernest H. Gruening (1887-1974) fue un periodista y polAi??tico nacido en Nueva York, quien dirigiA? y fue editor de varios periA?dicos y participA? como funcionario del gobierno de Franklin D. Roosevelt en la dAi??cada de 1930. Fue gobernador de Alaska y, mA?s tarde, senador por el Partido DemA?crata. A lo largo de su vida, se opuso al intervencionismo estadunidense y, por ello, dio su voto en contra de la ai???ResoluciA?n del golfo de Tonkin,ai??? aprobada por el Senado en 1964, resolutivo que autorizA? el aumento de la injerencia militar estadunidense en el sudeste asiA?tico, que terminA? en el desastre de la guerra de Vietnam.Ai??

Gruening estudiA? medicina en Harvard, pero nunca la ejerciA? y optA? por el periodismo desde muy joven. Como director del semanario The Nation de 1920 a 1923, se interesA? por los acontecimientos mexicanos y viajA? al paAi??s con su esposa y sus hijos en 1922. Como fruto de esta visita, publicA? varios reportajes criticando al gobierno estadunidense por no dar el reconocimiento diplomA?tico a la administraciA?n de A?lvaro ObregA?n y tambiAi??n glorificA? las reformas emprendidas por este gobierno, que eran resultado de la RevoluciA?n. Gruening formA? parte de una corriente de intelectuales y artistas estadunidenses que viajaron a MAi??xico y simpatizaron con su gobierno, sus artesanAi??as, su historia, sus indAi??genas, al tiempo que admiraron la vitalidad y novedades del muralismo durante los aAi??os veinte. Casi todos ellos reivindicaron a la RevoluciA?n mexicana y sus reformas en artAi??culos y libros, contradiciendo la visiA?n del MAi??xico salvaje, caA?tico, plagado de bandoleros y personajes sanguinarios que privaba en la mirada de diplomA?ticos, algunos miembros del Departamento de Estado y de la prensa antimexicana de Randolph Hearst.Ai??

Gruening se distinguiA? del resto de los propagandistas del MAi??xico posrevolucionario, porque mantuvo una visiA?n mA?s equilibrada y crAi??tica, como se aprecia en su Mexico and Its Heritage (1928). Este texto fue el primero escrito con una perspectiva informada y que profundizA? en las raAi??ces histA?ricas de MAi??xico y su RevoluciA?n. Por ello marcA? una ruptura respecto a la leyenda negra revolucionaria, y su interpretaciA?n ha ejercido una gran influencia en los extranjeros interesados en el paAi??s hasta la fecha. El gobierno mexicano le concediA? la condecoraciA?n de la Orden del A?guila Azteca en 1964 ai??i??el mA?ximo galardA?n conferido a los extranjerosai??i?? en reconocimiento a su obra pionera que difundiA? la importancia de la RevoluciA?n y los cambios promovidos por ObregA?n y Calles.Ai??

Ernest H. Gurening, ca. 1940

Ernest H. Gurening, ca. 1940

MAi??xico y su herencia es producto de una investigaciA?n realizada durante tres estancias en el paAi??s a lo largo de 1924 y 1927, en las cuales contA? con la ayuda de la entonces joven Anita Brenner ai??i??una de las grandes difusoras de la cultura y la historia mexicanas en Estados Unidosai??i??, quien colaborA? en la recolecciA?n de material para el estudio. Se trata de un libro basado en entrevistas, visitas de campo y archivos nacionales, que muestra al paAi??s como resultado de una herencia secular, con una vida indAi??gena depositaria de tradiciones y portadora de nuevos valores, y presenta a la RevoluciA?n como consecuencia de malestares sociales y polAi??ticos de vieja data. Al mismo tiempo, Gruening fue partidario de ObregA?n y Plutarco ElAi??as Calles, alabA? las reformas agraria y laboral, los logros materiales y educativos de sus gobiernos, al tiempo que criticA? al militarismo, la c o r r up c i A?n , la oposiciA?n de la iglesia catA?lica a los cambios, la insalubridad y la miseria. RegresA? a MAi??xico en la dAi??cada de 1960 como senador, huAi??sped de honor del gobierno mexicano e invitado a la Tercera ReuniA?n de Historiadores Mexicanos- Norteamericanos celebrada en Oaxtepec, Morelos en 1969.Ai??

El testimonio de Ernest Gruening que reproducimos, recupera secuencias de una entrevista grabada cuatro dAi??cadas despuAi??s de la publicaciA?n de su influyente libro. En los fragmentos de la conversaciA?n que presentamos ai??i??realizada en inglAi??s por Eugenia Meyer durante la citada reuniA?n de Oaxtepecai??i??, encontramos cA?mo se iniciA? su interAi??s por MAi??xico, cuA?les fueron sus impresiones sobre el paAi??s, sus actores, pero sobre todo quAi?? pensaba sobre ObregA?n, Calles, la iglesia y Morones, entre otros. Cabe advertir que el entrevistado tenAi??a una especial admiraciA?n por Calles, a quien consideraba pieza crucial del MAi??xico posrevolucionario.Ai??

A cien aAi??os de la RevoluciA?n mexicana, es pertinente presentar la percepciA?n de este norteamericano, que simpatizA? con las reformas emprendidas como resultado de la lucha armada de 1910, que defendiA? el derecho de MAi??xico a darse leyes y gobiernos propios, al tiempo que subrayA? lastres como la corrupciA?n y la falta de democracia.Ai??

MarAi??a del Carmen Collado

En 1920, cuando la RevoluciA?n habAi??a llegado a una fase evolutiva, cuando la lucha habAi??a terminado y A?lvaro ObregA?n ocupA? el poder; la administraciA?n de [Warren C.] Harding, que contaba con Charles Evans Hughes como secretario de Estado, se negA? a reconocer el gobierno de ObregA?n. InsistAi??a en que el gobierno obregonista diese garantAi??as para que al llevarse a cabo los postulados de la RevoluciA?n, no [se afectaran] las propiedades norteamericanas. HabAi??a enormes latifundios en manos extranjeras, especialmente en las de William Randoph Hearst en el estado de Chihuahua, que sobrepasaban el millA?n de hectA?reasai??i??

El general A?lvaro ObregA?n, 1917.

El general A?lvaro ObregA?n, 1917.

ObregA?n, claro, no podAi??a y no querAi??a, como buen patriota mexicano, abolir los postulados de la RevoluciA?n que habAi??an sido establecidos en la ConstituciA?n de 1917, asAi?? que por ello, no se le habAi??a otorgado el reconocimiento y nosotros en The Nation, simpatizA?bamos mucho con su posiciA?n y estA?bamos en absoluto desacuerdo con la tomada por nuestro Departamento de Estado. Esta fue la razA?n que me llevA? a escribir un buen nA?mero de vAi??vidos artAi??culos editoriales insistiendo en que se reconociera a ObregA?nai??i?? que el gobierno mexicano tenAi??a todo el derecho de llevar a cabo las promesas de la RevoluciA?n. Pero, nada sucediA?.

Entonces se me ocurriA? proporcionar al pA?blico una informaciA?n mA?s amplia de lo que habAi??a estado ocurriendo en MAi??xico. Nada se habAi??a publicado, nada con autoridad sobre la RevoluciA?n en los Estados Unidos. Ni una sola obra habAi??a sido escrita en inglAi??s haciendo referencia a la RevoluciA?nai??i?? La mayor parte de la informaciA?n que se obtenAi??a eraAi??de fuentes tendenciosas antimexicanas. Todos los periA?dicos Hearst, que tenAi??an enorme circulaciA?n, de millones de ejemplares, propagaban constantemente la idea de que MAi??xico estaba infestado de bandidos; que la vida no era segura; que la RevoluciA?n no servAi??a para nada; que el bueno de Porfirio DAi??az era el hombre que sabAi??a manejar MAi??xico y que era una lA?stima que lo hubiesen derrocado. Apoyaron a Victoriano Huerta, y la aplastante informaciA?n que se le estaba proporcionando al pueblo norteamericano era negativa para MAi??xico.

PARA SABER MA?S:

ALICIA AZUELA y GUILLERMO PALACIOS (coords.), La mirada mirada. Transculturalidad e imaginarios del MAi??xico revolucionario, 1910-1945, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico/UNAM, 2009.

NICOLA?S CA?RDENAS GARCA?A, ai???La incA?moda herencia de Gruening a MAi??xicoai??? en Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, nA?m. 69, septiembre-diciembre 2007.

MARIANA FIGARELLA, Edward Weston y Tina Modotti en MAi??xico; su inserciA?n dentro de las estrategias del arte posrevolucionario, MAi??xico, UNAM, 2002.

EUGENIA MEYER, Conciencia histA?rica norteamericana sobre la RevoluciA?n de 1910, MAi??xico, INAH, 1970.

ELENA PONIATOWSKA, TinAi??sima, MAi??xico, Era, 1992.

* Ver Frida, de Julie Taymor, 120 minutos, 2002.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Villa y Zapata. Metamorfosis de una fotografAi??a

Guadalupe Villa G. / Instituto Mora

BiCentenario # 8

 

Entre las miles de imA?genes que se tomaron a lo largo de la revoluciA?n mexicana, sA?lo unas pocas se convirtieron en Ai??conos o referentes de un momento histA?rico trascendental. Es el caso de la fotografAi??a de Francisco Villa y Emiliano Zapata, tomada en Palacio Nacional en diciembre de 1914 cuando, rodeados de colaboradores y simpatizantes, el primero se arrellanA? sobre uno de los sAi??mbolos mA?s emblemA?ticos del poder polAi??tico en MAi??xico: la silla presidencial.

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Luego del asesinato de Francisco I. Madero, Villa se adhiriA? al movimiento constitucionalista. Zapata, por su parte, no reconociA? el Plan de Guadalupe, manteniAi??ndose como jefe del EjAi??rcito Libertador del Sur. Tras las victoriosas batallas de la DivisiA?n del Norte que determinaron la derrota del ejAi??rcito federal, las relaciones entre Villa y Venustiano Carranza se volvieron tensas, por lo que ai??i??en busca de un avenimiento-, los generales de la DivisiA?n del Noreste, al mando de Pablo GonzA?lez, promovieron las conferencias de TorreA?n, proponiAi??ndose una convenciA?n de generales y gobernadores revolucionarios. Del 1Ai?? al 5 de octubre se celebraron reuniones en la capital del paAi??s; y a partir del 10 de octubre en el teatro Morelos de la ciudad de Aguascalientes se iniciaron las sesiones preliminares de la convenciA?n en la que todos los grupos revolucionarios estarAi??an representados. Lejos de llegar a un avenimiento, se agudizaron las contradicciones entre villistas, zapatistas y Venustiano Carranza. Roto todo vAi??nculo, la ConvenciA?n Revolucionaria nombrA? presidente provisional a Eulalio GutiAi??rrez y acordA? el cese de Carranza como primer jefe del EjAi??rcito Constitucionalista y de Villa como jefe de la DivisiA?n del Norte, no obstante, Ai??ste A?ltimo fue designado jefe del EjAi??rcito Convencionista. Con tal investidura emprendiA? la marcha rumbo a la Ciudad de MAi??xico, cuya vanguardia llegA? al pueblo de Tacuba el 28 de noviembre de 1914. Cuatro dAi??as antes habAi??an arribado los zapatistas, quienes establecieron su cuartel general en Xochimilco. El general Villa se uniA? a sus avanzadas el 2 de diciembre y paulatinamente fueron incorporA?ndose a la ciudad capital los miembros de la comisiA?n permanente convencionista, entre ellos, el presidente provisional Eulalio GutiAi??rrez.

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El primer encuentro entre Villa y Zapata ocurriA? en Xochimilco. La escuela municipal dio cabida a estos lAi??deres. Un testigo describe asAi?? el suceso:

En la habitaciA?n no habAi??a mA?s que pocas sillas; los generales Villa y Zapata se sentaron ante una gran mesa oval, y pudo verse el marcado contraste entre ellos [ai??i??] Villa, alto, robusto, con unos noventa kilos de peso, tez casi roja como la de un alemA?n, tocado conAi??casco inglAi??s, un grueso suAi??ter cafAi??, pantalones color caqui, polainas y gruesos zapatos de montar. Zapata [ai??i??] con un inmenso sombrero que por momentos daba sombra a sus ojos de modo que no era posible distinguirlos, piel oscura, rostro delgado, mucho mA?s bajo que Villa y con unos sesenta y cinco kilos de peso. Llevaba un saco negro, una gran paAi??oleta de seda azul claro anudada al cuello, una camisa de intenso color turquesa, y usaba alternativamente un paAi??uelo blanco con ribetes verdes y otro con todos los colores de las flores. VestAi??a pantalones de charro negros, muy ajustados, con botones de plata en la costura exterior de cada pierna. Villa no llevaba ningA?n tipo de joya ni color alguno en sus prendas [ai??i??] fue interesante y divertido ver a Villa y Zapata tratando de hacer amistad. Durante media hora se quedaron sentados en un incA?modo silencio, ocasionalmente roto por algA?n comentario insignificante, como novios de pueblo.Ai??

 

PARA SABER MA?S:Ai??

ARNOLD BELKIN, Para disfrutar el infinito: homenaje a Arnold Belkin, MAi??xico, Museo Universitario del Chopo, 1998.

JOHN REED, MAi??xico insurgente, MAi??xico, Grupo Editorial Tomo, MAi??xico, 2007.

* Ver Reed, MAi??xico insurgenteai???, MAi??xico, 1972. Dir. Paul Leduc (video).

* Visitar el Museo Nacional de Historia, donde se encuentra la pintura de Belkin en gran formato.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Correo del Lector #8

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El cuento Bajo las ramas del sauce llorA?n me gustA? mucho: plasma el dolor de JosAi?? MarAi??a Lafragua, quien, como todo hombre, sintiA? la ausencia de su amadaai??i?? del amor que se llevA? ai???la pelonaai???, pero vivirA? siempre… Me causA? melancolAi??a.

Guillermo Brenes, Costa RicaAi??

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 20.02.46Les escribo del Centro Cultural de EspaAi??a, donde pude leer un nA?mero de su revista y he quedado sorprendida por su bello contenido. A?Me pueden indicar cA?mo suscribirme? TambiAi??n quisiera comprar los nA?meros anteriores.

Ana MarAi??a GarcAi??a Ugalde, Embajada de EspaAi??aAi??

Gracias por sus halagos. Por lo pronto, le rogamos que escriba y haga su solicitud al Sr. RaA?l Zepeda: rzepeda@mora.edu.mx.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 20.03.24LlamA? mi atenciA?n la presencia de doAi??a Carmelita Romero Rubio en el cuento Abuelo grande. Me gustarAi??a saber si ella fue la primera dama de MAi??xico con un papel distinto al de esposa y madre.

Feminista chismosaAi??

La primera consorte que tuvo ese papel fue la emperatriz Carlota, quien destacA? por su labor de ayuda social y beneficencia. MA?s aA?n, cuando el emperador estaba ausente, ella se encargaba de las tareas de estado.

CONSULTASAi??

Estudio historia del arte en la UIA. Hice un trabajo sobre JosAi?? Clemente Orozco y supe asAi?? que la A?ltima obra del muralista estaba en el Multifamiliar Miguel AlemA?n, cerca de casa. Fui a verlo y me inquietA? su deterioro, tal que noAi??pude apreciar bien el tema. SAi?? que en el Mora se sabe mucho del ai???Multiai???. A?Pueden decirme algo sobre Ai??l?

Universitaria curiosaAi??

La Dra. Graciela de Garay, investigadora del instituto, nos dijo que el tema del mural es La Primavera, representada por una mujer yacente que, de algA?n modo, es la rAi??plica femenina del Prometeo pintado por Orozco en el Hospicio CabaAi??as. Como Prometeo que se transforma en tea para dar fuego a los hombres, la Primavera se hace semillero para dar las flores. La pincelada verde del mural la trazA? el maestro en un rapto de ira por hallar la pared rugosa. Como muriA? al otro dAi??a, la obra se dejA? como estaba

Sumario #8

BiCentenario # 8

Editorial

Correo del lector

 

ARTÍCULOS

JOSÉ MARTÍN HURTADO GALVES

Poesía y guerra: Querétaro en 1808 y 1810

GERARDO GURZA LAVALLE

Comercio y diplomacia en las riberas del Bravo: la guerra de Secesión y el norte de México

CECILIA ALFARO GÓMEZ

La historia de Pepita Aguilar, una Dama de Palacio

CARLOS ALCALÁ FERRÁEZ

Vacuna, cataplasmas y vasijas de agua hirviendo: enfermedades y remedios en el Yucatán del siglo XIX

JOSEFINA MOGUEL FLORES

Almazán y el corazón de Aquiles Serdán: La fuerza de un símbolo

MANUEL OLIMÁN NOLASCO

Desde mi sótano: un peculiar periódico clandestino (1926-1927)

 

DESDE HOY

J. CARLOS DOMÍNGUEZ

Historia trágica del recurso del agua en la Ciudad de México

 

DESDE AYER

LEONIDES AFENDEFULIS GARCÍA

1975: el año en que Chicago vino a México

OSIRIS ARISTA

El circo en México

En el siglo XIX

En el siglo XX

 

CUENTO

ARTURO SIGÜENZA

Estreno de residencia

 

ARTE

GUADALUPE VILLA G.

Villa y Zapata: metamorfosis de una fotografía

 

ENTREVISTA

Ernest Gruening: la herencia revolucionaria de México

María del Carmen Collado

8. Comercio y diplomacia en las riberas del Bravo. La guerra de SecesiA?n y el norte de MAi??xico

Gerardo Gurza Lavalle / Instituto Mora

BiCentenario # 8

Las guerras siempre cambian la vida de la gente. En la mayorAi??a de los casos, las mA?s afectadas son las poblaciones directamente involucradas en el conflicto. Sin embargo, los choques armados muchas veces tienen repercusiones capaces de alterar la forma de vida de poblaciones situadas a una distancia lejana de los lugares donde luchan los ejAi??rcitos. Eso fue lo que sucediA? en Nuevo LeA?n, Coahuila y Tamaulipas durante la Guerra Civil en Estados Unidos (1861-1865). Es bien sabido que los estados del norte y del sur de la UniA?n americana libraron una guerra larga y sangrienta en torno al problema de la esclavitud, pero el hecho de que este conflicto afectara tan hondo la regiA?n noreste de MAi??xico es menos conocido.

La lucha entre el Sur esclavista y el Norte libre empezA? en abril de 1861. En noviembre del aAi??o anterior, Abraham Lincoln habAi??a resultado vencedor en las elecciones presidenciales y los estados sureAi??os no quisieron vivir bajo un gobierno dirigido por un miembro del partido Republicano, el cual estaba decidido a evitar la expansiA?n de la esclavitud hacia los territorios adquiridos como resultado de la guerra del 47. AsAi??, como en una hilera de fichas de dominA?, entre diciembre de 1860 y abril de 1861 once de los quince estados esclavistas declararon disuelto el pacto federal y establecieron una nueva organizaciA?n polAi??tica: los Estados Confederados de AmAi??rica, segA?n su tAi??tulo oficial, o sA?lo ai???la ConfederaciA?n,ai??? como suele llamA?rsele.

Al empezar la Guerra Civil, el gobierno de la UniA?n ordenA? un bloqueo marAi??timo a la reciAi??n fundada ConfederaciA?n. La finalidad era impedir su comercio con el exterior. Los estados del Sur eran muy inferiores al norte en cuanto a su capacidad industrial y resultaba claro que se verAi??an en la necesidad de importar gran parte de sus armas y pertrechos. Asimismo, la mayor fuente de riqueza en el Sur eran sus enormes exportaciones de algodA?n a Europa, de modo que el bloqueo tambiAi??n tenAi??a por objeto privar al Sur de esa fuente de ingresos. En este contexto, los lAi??deres confederados no tardaron en darse cuenta de la posibilidad de mantener abierta una avenida para el comercio exterior en la frontera sur de Texas. A travAi??s del rAi??o Bravo y los estados del norte de MAi??xico era posible introducir todo tipo de mercancAi??as y abastecimientos, y por supuesto tambiAi??n exportar el algodA?n. De este modo dio inicio un comercio que significA? una transformaciA?n del entorno econA?mico de los estados ribereAi??os, especialmente de Tamaulipas, Nuevo LeA?n y Coahuila.

Los confederados evacuando Brownsville, 1864

Los confederados evacuando Brownsville, 1864

El gobierno confederado decidiA? enviar un agente especial a Monterrey y eligiA? para esta misiA?n a JosAi?? AgustAi??n Quintero, un periodista y poeta cubano exiliado en Texas, debido a sus simpatAi??as por la causa independentista de la isla. Quintero demostrA? ser un diplomA?tico hA?bil y tambiAi??n un diligente promotor del comercio. En esa Ai??poca, Monterrey era la cabecera del gran cacicazgo regional de Santiago Vidaurri, el cual incluAi??a a Coahuila, unificada con Nuevo LeA?n como un solo estado desde 1857. La influencia de Vidaurri tambiAi??n se dejaba sentir en Tamaulipas y otros estados del norte. En los hechos, Quintero se convirtiA? en una especie de embajador ante Vidaurri, quien a su vez habAi??a aprovechado el creciente flujo comercial para aumentar sus ingresos aduanales, los que manejaba y gastaba con toda independencia, pese a las protestas del gobierno federal, que constantemente le solicitaba la remisiA?n de los ingresos.

Quintero, Vidaurri y muchos empresarios del A?rea, como Evaristo Madero y Patricio Milmo, lograron poner en marcha un comercio enorme (generador de fortunas que duran hasta nuestros dAi??as). Desde mediados de 1861, cientos de carretas llevaban pA?lvora, plomo, cobre, hoja de lata, salitre, azufre, tela cruda de algodA?n, cobijas, cueros y tambiAi??n toneladas de harina de trigo y maAi??z, cafAi?? y azA?car, a lo que se sumaban muchos otros productos llevados por buques europeos aAi??Matamoros en trA?nsito para ser importados en Texas. La atracciA?n del insaciable mercado texano se sintiA? en todos los estados limAi??trofes y mA?s allA?, alcanzando incluso a Durango y Zacatecas.

Los confederados texanos, por su parte, pagaban todos estos abastecimientos con algodA?n, el cual tenAi??a un precio alto en el mercado internacional debido a la escasez provocada por el bloqueo. Los principales centros de almacenamiento para el algodA?n texano fueron Matamoros y Brownsville. El trayecto desde las plantaciones hasta estos pueblos ribereAi??os distaba de ser fA?cil: Texas era un estado con pocos ferrocarriles (la extensiA?n total de las vAi??as no sumaba mA?s de 550 km), y ninguna de las lAi??neas existentes llegaba al lAi??mite con MAi??xico. Fue preciso transportar en carretas el algodA?n y las mercancAi??as con las que se compraba, por grandes extensiones de tierra desAi??rtica. Una viajera que hizo el recorrido lo describiA? ai???tan A?rido que lo A?nico que crecAi??a eran cactus y mezquiteai???, mientras que otro dejA? testimonio de haber observado ai???centenares de animales muertos, con la piel seca sobre los huesosai??? a lo largo del trayecto. El transporte por tierra de algodA?n y demA?s mercancAi??as involucrA? cientos de carretas, miles de mulas y otras bestias de tiro y cientos de arrieros, muchos de ellos mexicanos.

Una vez en Matamoros o Brownsville, el algodA?n se cargaba en pequeAi??os barcos de vapor adecuados para la navegaciA?n fluvial y era llevado hasta el puerto de Bagdad, localizado en la costa tamaulipeca, al sur de la desembocadura del rAi??o. El algodA?n esperarAi??a allAi?? su embarque en buques que lo llevarAi??an a Europa o al norte de Estados Unidos, donde existAi??a una demanda enorme de la fibra. Bagdad, casi sobra decirlo, no era un puerto adecuado para este volumen de comercio. La desembocadura del Bravo estaba surcada por una barra de arena, por lo que los navAi??os grandes no podAi??an acercarse mucho. MA?s aA?n, los vapores que transportaban el algodA?n sA?lo podAi??an salir al golfo cuando la marea era alta, cosa que no sucedAi??a todos los dAi??as. Debido a esto, los buques mercantes anclados frente a la costa tenAi??an que esperar con frecuencia varios dAi??as, incluso semanas, antes de desembarcar todos sus efectos y recibir su carga de algodA?n. AsAi??, segA?n algunos testigos, en ocasiones se llegaron a juntar 180 o hasta 200 barcos en la desembocadura del rAi??o, esperando por el cotizado insumo textil. Pese a estos problemas, el comercio siguiA? siendo redituable gracias a los altos precios del algodA?n en el mercado internacional y a la enorme demanda de pertrechos y mercancAi??as por parte de la ConfederaciA?n.

Vista del sur de Texas y la frontera con MAi??xico

Vista del sur de Texas y la frontera con MAi??xico

Los efectos de este intercambio transformaron queAi??as y aletargadas, no estaban preparadas para recibir. La poblaciA?n de Matamoros pronto saltA? a mA?s de 40,000 habitantes, mientras que la de Bagdad aumentA? a 15,000. Los precios de las rentas se dispararon, a la vez que fue necesario construir con rapidez nuevas viviendas y bodegas. Tal como seAi??alA? un viajero contemporA?neo, Matamoros se habAi??a convertido en una especie de ai???Nueva Yorkai??? para ai???los rebeldes al oeste del Mississippi, su gran centro financiero y comercial, que los alimenta y viste, los arma y equipaai???. El comercio fue importante para el esfuerzo de guerra confederado, aunque hay que seAi??alar que la ausencia de lAi??neas ferroviarias que conectaran adecuadamente a Texas con el resto de los estados rebeldes hizo que los efectos de las provisiones abundantes tuvieran un radio limitado. A simple vista, el volumen de las importaciones parecAi??a tan grande como ai???para aprovisionar a todo el ejAi??rcito rebeldeai???. Sin embargo, segA?n opinA? el cA?nsul estadounidense en Monterrey, la mayor parte de los pertrechos no rebasA?, en realidad, los lAi??mites de Texas, mA?s algunas zonas de Luisiana y Arkansas.

La colindancia con la ConfederaciA?n no sA?lo llevA? actividad y abundancia inusitadas al noreste mexicano, sino que tambiAi??n provocA? movimientos insA?litos de poblaciA?n. PrA?cticamente desde el inicio de la guerra, un flujo considerable de texanos empezA? a cruzar el rAi??o Bravo hacia Tamaulipas y Nuevo LeA?n en busca de refugio. Se trataba de personas que se mantenAi??an fieles a la UniA?n y temAi??an ser perseguidas por sus opiniones polAi??ticas. Muchos eran inmigrantes alemanes que deseaban mantener una actitud neutral en el conflicto civil y preferAi??an dejar sus hogares y comunidades antes que verse obligados a servir en el ejAi??rcito confederado, en especial despuAi??s de que el gobierno sureAi??o aprobA? una ley de conscripciA?n muy estricta en 1862. No contamos con cifras, ni siquiera aproximadas, pero al parecer los refugiados llegaron a ser mA?s de 1,000. Los cA?nsules de la UniA?n en MAi??xico hicieron lo posible por ayudarlo, pues muchas veces llegaron hambrientos, sin dinero y sin mA?s pertenencias que la ropa que vestAi??an. Como la gran mayorAi??a de estos expatriados permaneciA? cerca de la lAi??nea fronteriza, la zona se convirtiA? en escenario de vivas tensiones. Tal como informA? el cA?nsul de la UniA?n en Monterrey a su gobierno, estos hombres deseaban estar a una distancia conveniente de Texas y no con intenciones pacAi??ficas: ai???En estos momentos la poblaciA?n de americanos en esta ciudad es muy grande y aumenta a diario. Sucede lo mismo en cada pueblo y villa de estos estados fronterizos. La mayorAi??a de ellos son hombres fieles a la UniA?n que han sido sacados de Texas contra su voluntad y que esperan aquAi?? calladamente una invasiA?n de ese estado para regresar a sus casas y, si es necesario, ayudar al gobierno federal de la manera que sea.ai???

En Matamoros, en particular, una concentraciA?n numerosa de refugiados estaba separada tan sA?lo por unas cuantas decenas de metros de la guarniciA?n confederada de Brownsville, lo cual aumentaba la probabilidad de que se produjeran incidentes. Leonard Pierce, el cA?nsul de la UniA?n en Matamoros, aprovechA? su llegada para formarAi??una pequeAi??a milicia, la cual ansiaba un ataque del ejAi??rcito de la UniA?n al sur de Texas para salvar el rAi??o y asistir en el desalojo de las fuerzas confederadas (Pierce habAi??a insistido con frecuencia en sus informes al departamento de Estado sobre la necesidad de un ataque que cortara el comercio). Esta situaciA?n originA? varios incidentes limAi??trofes que arriesgaron la paz y tambiAi??n la continuaciA?n del negocio. A fines de 1862, algunosAi?? grupos armados cruzaron el rAi??o desde el lado mexicano para realizar depredaciones en Texas. Aunque en mucho se trataba de incursiones de rapiAi??a comunes y corrientes, las autoridades mexicanas y los confederados sospechaban que los refugiados estaban involucrados, especialmente aquellos reclutados por el cA?nsul. DespuAi??s de una de estas incursiones, tropas confederadas cruzaron al lado mexicano sin autorizaciA?n para perseguir a los salteadores, matando a varios de ellos en un combate. Otro grupo de soldados confederados cruzA? mA?s tarde a la ribera sur y secuestrA? a un colaborador cercano de Pierce, provocando una airada protesta de las autoridades tamaulipecas. De modo que la presencia de los refugiados estuvo a punto de inducir una situaciA?n de violencia en la regiA?n, la cual podAi??a terminar con el comercio y el buenAi??entendimiento de Vidaurri y la ConfederaciA?n.

En estas circunstancias, Quintero, el agente confederado en Monterrey, viajA? a Matamoros paraAi?? entrevistarse con el gobernador de Tamaulipas, Albino LA?pez, y con el comandante de las tropas confederadas acantonadas en Brownsville, Hamilton P. Bee, y logrA? reunir a ambos personajes en varias ocasiones durante febrero de 1863 para negociar un arreglo encaminado a preservar el orden y la tranquilidad. El resultado fue un acuerdo general dirigido a eliminar la impunidad ofrecida por la lAi??nea divisoria y a evitar que los refugiados abusaran del asilo que les concedAi??an las autoridades mexicanas. El convenio estipulaba la extradiciA?n de criminales comunes, asegurando asAi?? que los culpables de delitos fueran remitidos a las autoridades del lugar en donde los hubiesen cometido. TambiAi??n se establecAi??a un principio de reciprocidad en la persecuciA?n de criminales; es decir, las autoridades de cada paAi??s tendrAi??an la facultad de cruzar la frontera para apresarlos, siempre que se encontraran muy cerca de la lAi??nea. Estos convenios carecAi??an de validez legal, pues eran fruto de un acuerdo entre funcionarios locales, sin ninguna autorizaciA?n para hacerlo y que por tanto operarAi??an con base en la buena voluntad de las partes. Pero, aunque no cortaron de tajo los desA?rdenes fronterizos, sAi?? los redujeron y coadyuvaron a la continuaciA?n del comercio.

Conviene subrayar que el espacio fronterizo no estaba aislado de los procesos que tenAi??an lugar en el plano nacional, tanto del lado estadunidense como del mexicano. En el primer caso, el comercio mismo era resultado de la Guerra Civil y estaba sujeto a lo que sucediera en los campos de batalla; en el caso de MAi??xico, de manera simultA?nea al desarrollo del intercambio, el gobierno de Benito JuA?rez enfrentaba una dura crisis, tanto en el A?mbito interno como en el internacional. La victoria militar de los liberales sobre el bando conservador a fines de 1860 no habAi??a sido definitiva ni mucho menos. Por el contrario, aunque desplazados del poder, los conservadores continuaban en pie de lucha, si bien con una capacidad militar muy reducida. El Ejecutivo, por su parte, carecAi??a de recursos econA?micos suficientes para consolidar su posiciA?n, pues sus magros ingresos provenAi??an de la recaudaciA?n aduanal y en su mayor parte Ai??sta se encontraba comprometida en el servicio de la deuda contraAi??da con varias naciones europeas. Estos hechos llevaron al gobierno federal a suspender el pago de intereses hasta nuevo aviso en julio de 1861, lo cual fue el disparador de una intervenciA?n a cargo de Inglaterra, Francia y EspaAi??a, principales acreedores del Estado mexicano. Las tres potencias firmaron un acuerdo para exigir al deudor el complimiento de sus obligaciones y en diciembre del mismo aAi??o enviaron buques de guerra y fuerzas de desembarco a Veracruz. Como es bien sabido, al cabo de unos meses Inglaterra y EspaAi??a se retiraron, mientras que Francia intentA? fundar una monarquAi??a con ayuda del partido conservador.

JuA?rez se vio forzado a abandonar la ciudad de MAi??xico en mayo de 1863, ante el avance de las tropas francesas y empezA? la que serAi??a una larga marcha hacia el norte, deteniAi??ndose unos meses en San Luis PotosAi??, para proseguir despuAi??s a Saltillo y por fin a Monterrey. En esta ciudad, Vidaurri vio su proximidad como una amenaza. Celoso de su autonomAi??a, sin el menor deseo de ceder la facultad de retener los ingresos aduanales en las cajas del estado, el caudillo regiomontano se habAi??a negado con obstinaciA?n a ayudar en la defensa contra el invasor, ya fuera con hombres o dinero. La inminente llegada de JuA?rez lo puso en el dilema de plegarse, haciendo buenas sus declaraciones previas de lealtad o dejarse de disimulos y rebelarse, como ocurriA? finalmente. JuA?rez fue muy mal recibido en Monterrey; tuvo a su llegada una breve y tensa conferencia con Vidaurri. Al poco uno de los hijos de Ai??ste se levantA? en armas y el presidente debiA? huir a Saltillo, donde le aguardaba el grueso de las tropas federales. Consciente de la inferioridad de sus fuerzas, Vidaurri optA? por dejar Monterrey y refugiarse en Texas. RegresA? en septiembre de 1864, poco despuAi??s de que los franceses ocuparan Monterrey, y se puso al servicio de Maximiliano. Cuando las fuerzas liberales reconquistaron la ciudad de MAi??xico en 1867,
fue fusilado por su colaboraciA?n con el Imperio.

La llegada del gobierno federal a la zona limAi??trofe no implicA? ningA?n cambio para el comercio entre la ConfederaciA?n y el noreste de MAi??xico. Pese a sus claras simpatAi??as por la UniA?n desde el inicio de la Guerra Civil, el gobierno de JuA?rez dependAi??a ahora de los ingresos aduanales derivados del intercambio para sostener su resistencia y, por tanto, no puso el menor obstA?culo a su continuaciA?n. Por otra parte, aun antes de que Vidaurri saliera de escena, Quintero habAi??a obtenido seguridades en ese sentido por parte de su compatriota Pedro Santacilia, a quien conocAi??a de tiempo atrA?s. Santacilia era yerno de Don Benito y gozaba de gran influencia sobre Ai??l.

Prensando algodA?n en la frontera con MAi??xico para su transportaciA?n en pacas, 1864.

Prensando algodA?n en la frontera con MAi??xico para su transportaciA?n en pacas, 1864.

El comercio y sus efectos sobre los estados fronterizos se prolongaron despuAi??s de la ocupaciA?n francesa de Matamoros a fines de 1864. Seguro de que los franceses serAi??an los mejores vecinos de Texas, Quintero escribiA? jubiloso a su gobierno sobre la posibilidad de que las nuevas autoridades concedieran mayores ventajas al comercio, en especial una rebaja en el arancel que el algodA?n pagaba al pasar en trA?nsito por territorio mexicano, que Ai??l juzgaba oneroso y cuya disminuciA?n habAi??a tratado de obtener, sin Ai??xito, de Vidaurri. Anticipaba tambiAi??n que el arribo francAi??s allanarAi??a el camino para la entrada de mA?s armas, municiones y pertrechos. A miles de kilA?metros de las zonas en las que retrocedAi??an los ejAi??rcitos confederados, Ai??l se mostraba todavAi??a muy optimista, cuando la derrota era ya sA?lo cuestiA?n de tiempo. El general Robert E. Lee se rindiA? en Virginia en abril de 1865, con lo cual se desvanecieron las esperanzas de que el Sur se convirtiera en una naciA?n independiente. El fin de la Guerra Civil dio tambiAi??n tAi??rmino al auge comercial de los estados fronterizos. El comercio desarrollado durante la Guerra Civil estadunidense propiciA? la creaciA?n de fortunas, negocios, movimientos de poblaciA?n y vAi??nculos importantes entre el sur de Texas y el noreste de MAi??xico. Las condiciones que lo nutrAi??an desaparecieron con la guerra, pero perduraron varios vAi??nculos de diverso tipo, que irAi??an en aumento gradual a partir de 1870. En este sentido, el acercamiento vivido entre 1861 y 1865 prefigurA? la gestaciA?n de un espacio mA?s compacto y de intercambios intensos en las orillas del Bravo, en el que los principales actores no serAi??an siempre los gobiernos, sino agentes privados como los comerciantes, los migrantes y aun los criminales. AsAi??, el comercio y la diplomacia fronteriza de los aAi??os que van de 1860 a 1865 no sA?lo son un episodio importante en la formaciA?n de Estados Unidos y MAi??xico por haber influido sobre sus respectivas guerras civiles, sino que constituyen una versiA?n anticipada del surgimiento de un espacio binacional en el lAi??mite de Texas con el noreste mexicano.

PARA SABER MA?S:

MANUEL CEBALLOS RAMA?REZ, Encuentro en la frontera: mexicanos y norteamericanos en un espacio comA?n, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico/Universidad AutA?noma de Tamaulipas, 2001.
GERARDO GURZA LAVALLE, Una vecindad efAi??mera: Los Estados Confederados de AmAi??rica y su polAi??tica exterior hacia MAi??xico 1861-1865, MAi??xico, Instituto Mora, 2001.
JESAsS HERNA?NDEZ, Norte contra Sur: Historia de la guerra de SecesiA?n, Barcelona, InAi??dita Editores, 2008.
RONNIE C. TYLER, Santiago Vidaurri y la ConfederaciA?n sureAi??a, Monterrey, Archivo General del Estado de Nuevo LeA?n, 2002.