Archivo de la categoría: BiCentenario #29-30

Balneario

DarAi??o Fritz

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30.

William Henry Jackson, BaAi??os de aguas termales iv, Aguascalientes, ca. 1888. Library of Congress, Estados Unidos.

William Henry Jackson, BaAi??os de aguas termales IV, Aguascalientes, ca. 1888. Library of Congress, Estados Unidos.

Eso de baAi??arse se agradece. Sana heridas, purifica elAi??espAi??ritu, recupera energAi??as, elimina tensiones y, sobreAi??todo, no aleja amistades ni obliga a tapar los orificiosAi??de la nariz cuando el vaho que dejamos sabe a fraganciasAi??de El Cairo, un viejo dicho ya demodAi?? que dabaAi??cuenta de la mala fama de las calles en la antigua capitalAi??de los faraones. Estos hombres y mujeres de la imagenAi??se refrescan del fuerte calor de la temporada estival deAi??Aguascalientes en una acequia de aguas termales, la aspiraciA?nAi??mAi??nima que podAi??an tener los menos agraciadosAi??por el desarrollo econA?mico en 1888, cuando fue tomadaAi??la foto. El estadunidense William Henry Jackson, unAi??amante de la naturaleza, incluso en pinturas, lo retratA?Ai??junto a otras estampas urbanas de entonces. No podAi??anAi??nadar allAi??, claro estA?, en esa larga y estrecha hendiduraAi??de la tierra que serpenteaba a los alrededores del balnearioAi??Los Arquitos, boyante en aquellos tiempos paraAi??los sectores pudientes y en la actualidad recuperadoAi??como centro cultural.

El agua del manantial que pasaba por las acequiasAi??para distribuirse entre los mil huertos urbanos, segA?nAi??una narraciA?n de la Ai??poca, reblandecAi??a los cuerpos deAi??las pieles A?ridas por el trabajo rudo y limpiaba las ropasAi??ajadas de un sector numeroso de la poblaciA?n paraAi??la cual la modernidad del grifo en sus viviendas estabaAi??aA?n muy lejana. Mientras los mA?s intrAi??pidos o menosAi??tAi??midos disfrutaban, afuera algunas mujeres, como seAi??ve en las dos indAi??genas ataviadas de cabo a rabo, quizA?Ai??espantadas por la escena de los cuerpos semidesnudosAi??y mojados, esperaban turno para lavar sus humildesAi??telas y usar los A?rboles cercanos como tendedero. AllAi??,Ai??los baAi??istas se podAi??an tomar el tiempo que quisieran.

Nadie los iba a perseguir con cronA?metro en mano,Ai??a excepciA?n de las seAi??oras lavanderas que quisieranAi??apurar el regreso a casa con la tarea hecha. Cerca deAi??allAi??, los mA?s pudientes y que sA?lo asistAi??an al balneario,Ai??apenas podAi??an estar en las aguas termales 40 minutos,Ai??segA?n precisaba un letrero de entonces. Para diferenciarAi??claramente quienes tenAi??an acceso a balneario y acequias, otro anuncio establecAi??a: El agua de estos baAi??os viene directamenteAi??de su manantial por acueducto cerrado. La acequiaAi??abierta no surte estos baAi??os. No fuera a ser que hubieseAi??contaminaciA?n de efluvios corporales.

No era aquello una Venecia en el centro mexicano,Ai??ni tampoco una copia a menor escala de TenochtitlA?n.Ai??El agua clara y ondulante corre lentamente, retrataba unAi??texto de Enrique FernA?ndez Ledesma que describAi??a aAi??la Aguascalientes de fines del siglo xix. Una imagenAi??bucA?lica para la actualidad en que las aguas termalesAi??sobreviven escasas, recluidas a tiempos vacacionales oAi??de fines de semana entre cuartos de hoteles y masajesAi??con aroma a incienso y barro.

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Heberto Castillo. Congruencia y liderazgo

Laura Itzel Castillo JuA?rez
FundaciA?n Heberto Castillo MartAi??nez

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30.

La construcciA?n de una izquierda democrA?tica en MAi??xico, sostenida sobre la persecuciA?n, el encarcelamiento y las constantes divisiones y crisis, se ha solidificado en varias personalidades como el ingeniero que combinA? su vocaciA?n por la ciencia y la innovaciA?n tecnolA?gica con claridad polAi??tica para edificar una propuesta de masas bajo el estandarte del nacionalismo revolucionario. Esa coherencia perseverante por unificar ideas y proyectos, se narra en un recorrido por su vida escrito por su hija Laura Itzel, y sus propias palabras premonitorias recuperadas de una entrevista que diera en 1977.

Heberto Castillo en un Mitin en CU (640x439)

Heberto Castillo durante un mitin en Ciudad Universitaria. ColecciA?n de la FundaciA?n Heberto Castillo MartAi??nez.

A?QuAi?? es lo que hace que un hombre controvertido,Ai??discutido por una mayorAi??a, vilipendiado primero por muchos, sea luego reconocidoAi??por todos, y sea visto incluso como un ejemploAi??para la sociedad entera?, preguntA? Luis VilloroAi??en el homenaje rendido al ingeniero HebertoAi??Castillo MartAi??nez en el Palacio de BellasAi??Artes en 1997. El filA?sofo dio la respuesta: PorAi??su capacidad para decir no a la mentira social,Ai??no a la falsedad, a la corrupciA?n y a la injusticia.

Heberto Castillo MartAi??nez pudo resistir lasAi??amenazas, la represiA?n, la tortura y la cA?rcel conAi??valentAi??a y determinaciA?n a lo largo de su vida.Ai??El jueves 29 de agosto de 1968 logrA? escaparAi??entre las rocas volcA?nicas para llegar a CiudadAi??Universitaria despuAi??s de ser brutalmenteAi??golpeado por agentes judiciales federales queAi??lo interceptaron afuera de su domicilio paraAi??tratar de aprehenderlo. Postrado en una camaAi??de la Facultad de Medicina de la UNAM, dondeAi??fue atendido solidariamente por estudiantes,Ai??declarA? ante los medios: La agresiA?n que sufrAi??Ai??es un grave error de quienes la ordenaron, yo noAi??tengo mA?s armas que mis ideas. [ai??i??] Debe restablecerseAi??la vigencia de la ConstituciA?n.

Castillo descubriA? que esta peticiA?n deAi??respeto a la ConstituciA?n era mA?s subversivaAi??que las utopAi??as socialistas. Con su caracterAi??sticaAi??ironAi??a, criticaba las estructuras de las organizaciones comunistas, a las que considerabaAi??demasiado rAi??gidas y dogmA?ticas. Cuestionaba, asimismo, sus mitos ideolA?gicos y planteaba,Ai??desde entonces, la necesidad de construir unAi??partido de masas, retomando los postulados del nacionalismo revolucionario, que enarbolaraAi??las banderas de los hAi??roes de la independencia,Ai??la reforma y la revoluciA?n: un socialismo aAi??la mexicana, decAi??a.

A diferencia de lo que pasa ahora, la izquierdaAi??tenAi??a una actitud de desprecio por laAi??iconografAi??a nacional. Cuando Heberto propusoAi??cambiar el emblema de la hoz y el martilloAi??por un nopal para la formaciA?n de lo queAi??finalmente fue el Partido Socialista UnificadoAi??de MAi??xico (PSUM), no sA?lo significA? una herejAi??aAi??para quienes se asumAi??an de izquierda, lesAi??pareciA? incomprensible y ridAi??cula la idea deAi??incorporar un elemento nacional. Este tipoAi??de discusiones, junto con algunas diferencias estratAi??gicas, llevaron a la escisiA?n del PartidoAi??Mexicano de los Trabajadores (PMT) en aquelAi??intento unificador de una parte fundamentalAi??de la izquierda mexicana. El ingeniero tambiAi??nAi??supo rechazar los mA?ltiples intentos delAi??poder para corromperlo. Fue capaz de hacerAi??frente a los afanes de cooptaciA?n del rAi??gimen.Ai??Y tuvo la capacidad y la lucidez para sobrevivirAi??a las muchas crisis de la izquierda sinAi??perder el rumbo.

Con poco mA?s de 30 aAi??os de edad participA?Ai??en la Conferencia Latinoamericana porAi??la EmancipaciA?n EconA?mica, la SoberanAi??aAi??Nacional y la Paz, en la que se constituyA? elAi??Movimiento de LiberaciA?n Nacional (MLN),Ai??del cual Castillo, al lado del general LA?zaroAi??CA?rdenas, se convirtiA? en destacado dirigente,Ai??recorriendo desde entonces incansablementeAi??el paAi??s. Esta organizaciA?n representA?Ai??la idea mA?s clara de la unidad de la izquierdaAi??mexicana con el cardenismo y el nacionalismoAi??revolucionario. En 1966 presidiA? la delegaciA?nAi??mexicana que acudiA? a La Habana, para participar en la Conferencia Tricontinental de laAi??OrganizaciA?n Latinoamericana de SolidaridadAi??(OLAS), promovida por Salvador Allende,Ai??Cheddi Jaggan y Heberto Castillo.

En 1968 participA? como dirigente del movimientoAi??estudiantil, como profesor de la FacultadAi??de IngenierAi??a de la UNAM, dentro de laAi??CoaliciA?n de Profesores de EnseAi??anza MediaAi??y Superior Pro Libertades DemocrA?ticas, juntoAi??con Luis Villoro, Eli de Gortari y JosAi?? Revueltas,Ai??entre otros importantes intelectuales.Ai??En 1971, al salir de la prisiA?n de Lecumberri,Ai??donde permaneciA? dos aAi??os a causa de suAi??participaciA?n en el movimiento estudiantil deAi??1968, Heberto decidiA? recorrer los 31 estadosAi??de la repA?blica con el propA?sito de ai???construirAi??el instrumento de lucha de los trabajadoresAi??manuales e intelectuales capaz de transformarAi??al paAi??sai???. Esta idea la mantiene a lo largo deAi??su vida como una bella e inalcanzable utopAi??a.

Desde temprana edad, Castillo templA? suAi??carA?cter con la pasiA?n y el compromiso porAi??las causas mA?s justas de su patria, que combinA?Ai??con su infatigable vocaciA?n por la ciencia,Ai??la ingenierAi??a, las matemA?ticas y la innovaciA?nAi??tecnolA?gica, singular caracterAi??stica queAi??le permitiA? la independencia econA?mica indispensableAi??para ser congruente entre el decirAi??y el actuar en un MAi??xico donde la libertad deAi??expresiA?n ha costado la muerte de decenas deAi??periodistas hasta nuestros dAi??as.

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La revoluciA?n y el tiburA?n martillo

Javier Rico M.
Facultad de FilosofAi??a y Letras

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30.

El viaje estudiantil del verano de 1975 a un lejano Puerto Escondido estaba impregnado de ideales revolucionarios. En el camino, el descubrir el MAi??xico profundo dejA? otras enseAi??anzas para aquellos jA?venes que luego se perderAi??an en sus propias bA?squedas de vida.

Vista Panoramica de Acapulco Tarjeta postal , col. RamA?n Aureliano (640x422)

Vista panorA?mica de Acapulco, tarjeta postal, ca. 1870. ColecciA?n Particular.

ai???Pero ustedes no traen nada, A?verdad?ai??? Por un instante (sA?loAi??por un instante) sus palabras fluyeron como un mero trA?miteAi??para mantener la conversaciA?n. ai???Noai??i??ai???, respondimos casiAi??a coro. Pero pasado ese momento, quizA? por una especie deAi??sA?bita revelaciA?n, nos llenamos de espanto. HabAi??a pronunciadoAi??la frase con el rostro hacia nosotros, pero en realidad suAi??mirada se perdAi??a en el camino que dejA?bamos atrA?s a bordoAi??de un vehAi??culo de carga. A?Era una pregunta como cualquierAi??otra, una sospecha o, peor aA?n, una advertencia?, A?quAi?? habAi??aAi??querido decir con ai??i??nadaai??i???, A?objetos robados, drogas, armas?Ai??Juan A., Humberto H., Guillermo S., Carlos F. y yoAi??intercambiamos una rA?faga de miradasai??i?? ai???A?Nooo?, A?cA?moAi??no, gA?ey! A?Los libros!ai???

Era el verano de 1975. El plan de viajar a Puerto EscondidoAi??(una especie de paraAi??so perdido al que imaginA?bamosAi??como un mAi??tico lugar: la playa prometida) lo urdieron losAi??dirigentes de un taller de mA?sica folclA?rica latinoamericanaAi??de Prepa 5, del cual eramos orgullosos integrantes. El dinero para el viaje saliA? de varias semanas de hacer brigadas (al salirAi??de clases subAi??amos a los camiones a tocar una pieza musicalAi??y pedAi??amos una cooperaciA?n para materiales e instrumentos para nuestro taller). Cubrimos el tramo de MAi??xico a OaxacaAi??en tren, con pasajes de segunda clase. Recuerdo que no fueAi??fA?cil abrirse paso para encontrar lugar en los asientos de madera entre aquellos pasajeros, gente del campo, que habAi??a invadidoAi??el pasillo con parte de su equipaje: gallinas, huacales,Ai??canastas, cajas de cartA?n, costales de yuteai??i?? Luego de catorceAi??horas de viaje nos trasladamos a un poblado cercano; de ahAi??Ai??iniciarAi??amos la segunda etapa larga del viaje.

Ya habAi??amos dejado atrA?s OcotlA?n, donde parientes cercanosAi??de Guillermo S. nos ofrecieron esperar en su casa al parienteAi??lejano X, chofer de un camiA?n de carga, que esa nocheAi??saldrAi??a rumbo a Pochutla. Gustosamente, el pariente lejanoAi??X nos darAi??a un aventA?n. ai???Son amigos de Memo, compaAi??erosAi??de la Prepa, allA? en MAi??xicoai???, decAi??a con orgullo alguna de lasAi??mujeres de la casa mientras extendAi??a un mantel blanco sobreAi??la mesa del comedor. No tardA? en llegar una noticia desalentadora:Ai??el pariente lejano X ai??i??nunca supimos por quAi??ai??i?? habAi??aAi??cancelado el viaje.

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Un lAi??der campesino sin tierras

Miguel Angel Grijalva DA?vila

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30.

Jacinto LA?pez Morenos fue una RARA AVIS de la lucha agraria y sindical. Estuvo preso, sufriA? persecuciones, fue diputado, le robaron elecciones y muriA? sin tener ni siquiera una casa. Los campesinos y sus organizaciones lo recuerdan en Sonora por conseguir el reparto de tierra, organizarlos gremialmente y por ser un modelo de integridad.

Jacinto LA?pez  junto con sus seguidores en 1949 AGN (800x531)

Jacinto LA?pez (al centro) con sus seguidores durante las manifestaciones de 1949. AGN, Fondo de la DirecciA?n General de Investigaciones PolAi??ticas y Sociales.

Una patrulla de policAi??as arribA? a la estaciA?nAi??de trenes de Hermosillo. Descendieron varios uniformados y un civil al que subieron a unAi??vagA?n con destino a Tepic. Los oficiales le dijeronAi??al detenido que por A?rdenes del gobernadorAi??Rodolfo ElAi??as Calles (1931-1934), tenAi??aAi??prohibido volver a poner un pie en Sonora.Ai??Se trataba de Jacinto LA?pez Moreno, jovenAi??oriundo del pueblo de BanA?michi, inquietoAi??organizador de trabajadores y por lo tantoAi??un personaje incA?modo para los empresarios y el gobierno, razA?n por la que Rodolfo ElAi??asAi??Calles (hijo del expresidente) ordenA? su destierro. Eran los comienzos de la dAi??cada deAi??1930, se acercaba el final del callismo, el inicioAi??del cardenismo y el liderazgo de Jacinto,Ai??hombre olvidado por muchos, pero jamA?s porAi??los campesinos.

Cuando LA?zaro CA?rdenas viajA? a SonoraAi??como candidato presidencial en 1934, buscA?Ai??apoyo para realizar su proyecto sexenal y susAi??propuestas encontraron eco entre los lAi??deresAi??campesinos de la regiA?n. Entre ellos estabanAi??Pascual AyA?n, carpintero y curtidor; SaturninoAi??SaldAi??var, contador; y el maestro FranciscoAi??Figueroa, entre otros; pero sin lugar a dudasAi??Jacinto fue el mA?s importante, quien habAi??aAi??regresado del destierro ai??i??durA? de dos a tresAi??mesesai??i?? y se desempeAi??aba como zapatero enAi??Ciudad ObregA?n. Tanto LA?zaro CA?rdenasAi??como Vicente Lombardo Toledano decidieronAi??pactar una alianza con Jacinto, pues tenAi??aAi??organizados a los campesinos bajo su liderazgo.Ai??Por lo mismo, fue elegido primer secretarioAi??estatal de la ConfederaciA?n de Trabajadores de MAi??xico (CTM) en 1937.

Jacinto era muy delgado y la palidez deAi??su piel exhibAi??a sus venas. Aparentaba ser unAi??hombre dAi??bil y enfermo, pero cuando hablabaAi??era un lA?tigo. PasA? muy poco tiempo en lasAi??aulas (no terminA? ni la primaria) y aquello seAi??reflejA? en el lenguaje comA?n de su oratoria,Ai??pero fue eso lo que hizo que se entendiera conAi??su gente. No encendAi??a al pA?blico con tAi??rminosAi??teA?ricos o elegantes, sino con la intensidad yAi??pasiA?n con la que hablaba. MantenAi??a un estiloAi??de vida muy humilde, gustaba beber bacanoraAi??(bebida de origen sonorense, parecida alAi??mezcal) y comer carne asada, pero su A?nicoAi??vicio era el cigarro.

Jacinto se reuniA? con CA?rdenas y le dijo queAi??su principal interAi??s era que se repartieran lasAi??tierras del Valle del Yaqui a los miembros de esaAi??tribu. Siendo presidente, CA?rdenas concediA? la expropiaciA?n y reparto, y Jacinto convenciA? aAi??la tribu para que en lugar de dividir las tierrasAi??en parcelas individuales, las mantuvieran unidasAi??en una propiedad comunal. Y los yaquisAi??accedieron, abanderaron el ejido colectivo yAi??se negaron a dividir la tierra diciendo DiosAi??nos dio el Valle del Yaqui a todos, no un pedacitoAi??a cada quien. Jacinto dejA? de ser zapatero y seAi??dedicA? de lleno a la organizaciA?n campesina.Ai??HacAi??a mAi??tines en los ejidos, hablando desde elAi??techo de una pick up, donde luego de terminarAi??sus palabras alzaba el brazo para saludar a laAi??multitud y un mar de sombreros agitA?ndose leAi??devolvAi??an el saludo. Se volviA? el protagonistaAi??del cardenismo, pero como todo lAi??der tuvo suAi??antagonista: el gobernador RomA?n YocupicioAi??(1937-1939), hombre opuesto a los proyectosAi??cardenistas. Aunque Yocupicio estaba a favorAi??del reparto agrario, apoyaba el ejido parceladoAi??y por lo tanto se oponAi??a al colectivo.

Las diferencias entre colectivistas e individualistasAi??(partidarios del ejido parcelado)Ai??alcanzaron tintes violentos y en mA?s deAi??una ocasiA?n los campesinos mancharon conAi??su propia sangre la tierra por la que luchaban.Ai??Maximiliano el Machi LA?pez, colegaAi??de Jacinto, fue arrestado arbitrariamente enAi??septiembre de 1938, lo que provocA? protestasAi??de los campesinos y enfrentamientos violentos con la autoridad. DAi??as despuAi??s, el Machi saliA?Ai??de prisiA?n y de inmediato intentaron matarloAi??en un atentado en el que resultA? herido. AlcanzA?Ai??a huir y se atrincherA? en su casa rifleAi??en mano, pero afortunadamente sus perseguidoresAi??decidieron no buscarlo en su hogarAi??y asAi?? terminA? aquel episodio. A los pocos dAi??as,Ai??Jacinto tambiAi??n fue detenido y remitido a laAi??comisarAi??a del pueblo de Yaqui (municipio deAi??Cajeme). Pero horas despuAi??s, al caer la noche,Ai??200 campesinos con rifles, Machetes y hocesAi??rodearon la comisarAi??a, desarmaron a los oficialesAi??y lo liberaron.

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Eduardo Liceaga aplica la primer vacuna antirrA?bica en MAi??xico

Samuel AlmazA?n Santiago
Facultad de Medicina, UNAM.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30.

El mAi??dico y amigo de Porfirio DAi??az, trajo del Instituto Pasteur de ParAi??s el virus de la rabia, que se encontraba inoculado en el cerebro de un conejo, para poder experimentar aquAi?? el procedimiento por el que se crearAi??a la vacuna que ya se aplicaba en Europa. Fue uno de los procesos mA?s Ai??exitosos, lo mismo que en el caso de la viruela, para proteger y mejorar la salud de los mexicanos de finales del siglo XIX.

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Dr. Eduardo Liceaga, ca. 1875. Fondo Cruces y Campa, SINAFO.

Llevamos al pequeAi??o Isidro ante el padre Ambrosio,Ai??la escena era aterradora. Estaba desesperada y durante un lapso no lo podAi??a creer, todoAi??era confuso. Solo recuerdo estar parada frente aAi??mi hijo. Ai??l estaba sucio y tenAi??a sangre en su desgarradoAi??pantalA?n, lloraba desconsolado y asustado.Ai??MilA?n, su perro, siempre habAi??a sido muyAi??tranquilo y obediente, pero habAi??a estado fuera deAi??la casa una semana y al volver no querAi??a comer;Ai??algo estaba mal.

DAi??as despuAi??s atacA? a uno de los perros queAi??habAi??a en la casa, nunca pensAi?? que hubiera contraAi??do esa horrible enfermedad y mucho menosAi??que daAi??arAi??a a alguien de la familia. InmediatamenteAi??que me avisaron los criados lo traje a laAi??iglesia, en ese momento pensaba que la ayuda deAi??Dios era la A?nica esperanza posible para que noAi??muriera. Mientras su padre lo cargaba vinieron a mi mente las imA?genes de mi hermano, cuandoAi??ambos Ai??ramos niAi??os y vivAi??amos en Xochimilco,Ai??cerca del convento de San Bernardino. CuandoAi??Ai??l jugaba en el campo fue atacado por un perroAi??que vagabundeaba por los poblados cercanos. MiAi??padre logrA? atrapar al animal despuAi??s de unaAi??rA?pida bA?squeda y lo matA?, pero la sentencia deAi??muerte ya se habAi??a dictado. Verlo morir de esa forma fue espantoso.

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Louis-Pierre Baltard, La Rabie, ca. 1800, litografAi??a. Wellcome Image, Creative Commons.

DAi??as despuAi??s del ataque mi hermano comenzA?Ai??a tener temblores y sudores muy fuertes, calenturas y mucho dolor donde fue mordido; noAi??podAi??amos rozar su piel porque estallaba en gritos.Ai??NotA?bamos que su nerviosismo crecAi??a poco aAi??poco, tenAi??a pesadillas y visiones constantes, yo loAi??cuidaba y lo veAi??a despertar gritando algo sobreAi??unos perros: todo ello era producto del mal que seAi??apoderaba de Ai??l. Y despuAi??s de eso tuve que soportarAi??sus ataques de debilidad, el babeo y el hechoAi??que no pudiera comer nada; incluso un poco deAi??lAi??quido le provocaba dolor.

MirAi?? cA?mo se consumiA? lentamente y en unaAi??agonAi??a inevitable. Aun ahora lo sueAi??o babeandoAi??en su cama, hundido en los ataques; no querAi??a esoAi??para mi hijo. En la capilla, con las puertas cerradas,Ai??una iluminaciA?n tenue llenaba el espacio;Ai??el padre Ambrosio comenzA? a rezar con gran
energAi??a. Recuerdo la blancura de su sobrepellizAi??y el brillo enigmA?tico de la cruz que sostenAi??a en sus manos, la cual reflejaba la ardiente luz deAi??las velas. El agua bendita y sus oraciones eranAi??sus armas para luchar contra ese mal. TomA? del aceite de la lA?mpara que iluminaba el SantAi??simoAi??Sacramento e hizo una cruz en el A?rea deAi??las mordidas que estaban en la pierna derecha, luego murmurando frases en latAi??n, colocA? pan yAi??sal en el altar e hizo otras tres cruces sobre ellos yAi??finalizA? esparciendo el agua bendita en la cabeza de mi pequeAi??o.

El padre nos dijo que Dios harAi??a cumplir suAi??voluntad y que sA?lo nos quedaba rezar en esperaAi??de que la providencia nos beneficiara. DespuAi??sAi??de eso lo llevamos a casa, limpiamos la herida yAi??lo tranquilizamos. Los criados asustados nos llevaronAi??la imagen de Santa Quiteria, que segA?nAi??ellos podAi??a sanar la enfermedad y dar tranquilidadAi??a los sufrientes. Aunque sabAi??a que no eraAi??bueno, aceptAi?? la ayuda, ellos realizaron variosAi??rezos y por A?ltimo arrojaron el pan empapado enAi??el aceite de la lA?mpara que iluminaba la imagenAi??de la Santa. Lo hice con devociA?n pero sabAi??a queAi??serAi??a insuficiente, pensaba que de todos modosAi??morirAi??a de una forma cruel. Inmediatamente miAi??esposo ordenA? dar muerte al perro que tenAi??amosAi??prisionero en una jaula. Apesadumbrada por loAi??sucedido no logrAi?? dormir, los recuerdos del pasadoAi??se agolpaban en mi mente, mi corazA?n oprimidoAi??latAi??a rA?pido; sA?lo quedaba seguir rezando una y otra vez. IniciAi?? el dAi??a abatida, sin sospechar queAi??Dios se manifestarAi??a en su gran misericordia.Ai??A la hora del desayuno mi esposo leAi??a el periA?dico,Ai??estaba cabizbajo, pero de pronto su rostroAi??se iluminA? al encontrar una nota, Dios no dejaAi??morir a sus hijos. Un A?ngel, el doctor EduardoAi??Liceaga, famoso y notable en la capital, habAi??aAi??traAi??do semanas atrA?s la vacuna contra la rabiaAi??desde ParAi??s y llevaba algA?n tiempo trabajandoAi??en ella, asAi?? que fuimos a visitarlo.

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Forma de hacer la operaciA?n, litografAi??a en George Fleming, Rabies and Hydrophobia, Londres, Chapman and Hall, 1872.

El 12 de abril de 1888, el niAi??o Isidro Delgadillo,Ai??de 12 aAi??os de edad, originario de Texcoco,Ai??fue llevado a las instalaciones del ConsejoAi??Superior de Salubridad, ya que habAi??a sidoAi??mordido en la pierna por un perro que seAi??presumAi??a rabioso. El animal fue muerto porAi??su comportamiento sospechoso, despuAi??s deAi??atacar a otros perros y a varias personas de laAi??poblaciA?n. Esto era comA?n en la Ai??poca, si IsidroAi??hubiera contraAi??do la rabia probablementeAi??hubiera muerto.

SegA?n los datos publicados por Louis PasteurAi??a finales de la dAi??cada de 1880, la probabilidadAi??que tenAi??a una persona de morir deAi??rabia al ser atacada por un animal enfermoAi??iba de un 20 hasta un 60%. Ello dependAi??a deAi??la cantidad y profundidad de las mordidas, delAi??tipo de animal (lobos o perros) y de si habAi??anAi??existido o no mordidas en la cabeza o en A?reasAi??cercanas (entre mA?s cerca del cerebro se inoculaAi??el virus, este es mA?s letal). Las estrategiasAi??de curaciA?n religiosas y las de los mAi??dicos,Ai??que estaban disponibles en esos momentos,Ai??eran igualmente inefectivas. En los casos enAi??los que aparecAi??a la enfermedad sA?lo quedabaAi??presenciar cA?mo la persona se consumAi??a yAi??morAi??a irremediablemente.

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