Archivo de la etiqueta: Francisco I. Madero

Los hermanos Rousset y su compromiso revolucionario

Christine Rousset

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  40.

La revolución que acabaría con el régimen porfirista tuvo abundantes casos heroicos. Uno de ellos, y aún desconocido, es el de los cinco hermanos de origen francés que apoyaron a sus vecinos los Serdán Alatriste, en Puebla, en la lucha antirreeleccionista, y que luego de exiliarse por un corto tiempo. salvaron a Francisco I. Madero de una primera conspiración y se unieron a los ideales de Emiliano Zapata y la causa constitucionalista.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Si hay unos hermanos famosos y reconocidos como mártires y próceres de la revolución en la ciudad de Puebla son los Serdán Alatriste. Pero existe otra fratria cuya historia bien merece ser conocida: los hermanos Rousset Montoya: Filomena, Rafael, Guillermo, Benito y Antonio, siendo Guillermo mi abuelo.

Respecto de sus orígenes, sé que eran nietos de Guillaume Rousset, oriundo de un minúsculo pueblo del suroeste de Francia, llamado Livinhac-le-Haut, atravesado a su largo y ancho por el río Lot, y que a lo largo de su vida fue campesino, cantinero y zapatero. Se casó con Anne Cambatalade, originaria de la misma villa, en el año de 1814. La pareja tuvo siete hijos: Jean-Baptiste, Antoine, Christine, Marie-Rose, Marie-Jeanne, Benoit y el menor Pierre-Jean. Los hermanos Rousset, a su vez, eran hijos de Antoine, ingeniero de minas según algunos, de puentes y caminos, según otros. En todo caso, nació en la ciudad minera de Decazeville, en el departamento del Aveyron de la región de los Mediodía-Pirineos.

Mi bisabuelo Antoine llegó al puerto de Veracruz, México, en 1849, a la edad de 30 años, a bordo del barco “El Cecilia”. No se convirtió en millonario, pero sí logró con el pasar de los años constituirse un pequeño capital que le permitió gozar de una confortable posición económica en la comarca poblana. Era propietario de algunas haciendas y ranchos en la región: en Cholula, Tepeaca y cerca del estado de Tlaxcala, en la comunidad de San Lorenzo Almecatla. Además, fue dueño de una cantera de mármol. Se casó con Josefa Montoya Cortez, originaria de Tepeaca, Puebla.

Tuvieron varios hijos en la capital poblana, entre 1866 y 1877, quienes crecieron en el centro de la Angelópolis, a unas cuadras de la Catedral, en la casa familiar de la calle de la Puerta Falsa de los Gallos. De hecho, muy cerca de la propia casa de los Serdán que se ubicaba a unos metros, en la famosa calle de Santa Clara. Los hermanos varones realizaron sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios mientras tanto Filomena, la hermana mayor, se dedicó a las labores del hogar, como se acostumbraba en aquellos tiempos.

Al fallecer Antoine de una conmoción cerebral a causa de una mala caída en 1887, los hermanos quedaron bajo la tutela de Miguel Bernal, padrino de Benito y director del Colegio del Estado. Poco a poco, la vida retomó su curso y cada quien empezó a emprender su propio camino. Rafael, el mayor de los varones, después de haber trabajado algún tiempo como empleado en la quincallería de un amigo francés de su padre, el señor Carlos J. Charles, puso su propio negocio, una ladrillera, que tuvo bastante éxito. Los otros tres concentraron sus esfuerzos como comisionistas de granos, en especial, de trigo, cebada y maíz en el área de Chalchicomula, ciudad que limita con
el estado de Veracruz.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

Los desvelos de Raúl

Silvia L. Cuesy

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 28.

Madero MAi??dico (768x1024)

La Consulta, pluma y pincel, en El Ahuizote, Semanario Político de Caricaturas, 5 de agosto de 1911.

La situación se ha vuelto insostenible, es como si las reco­mendaciones dadas se tomaran al revés. Raúl siente que sus ya de por sí escasas horas de sueño se ven ahora reducidas y turbadas por los desaciertos de su hermano mayor; hay que estar a las vivas a cada rato y cuidar del adelantamien­to moral inculcado con perseverancia y disciplina. Si por lo menos el ingrato se acordara de acudir a él, la vigilia valdría la pena; a últimas fechas ya no le presta la atención acos­tumbrada tiempo atrás. Y la verdad es que una tarea de tal envergadura no es como para echársela a cuestas sin atender una indicación diaria, por lo menos. ¿Qué hacer si Pancho ya no lo evoca, si ya hizo a un lado el reglamento? ¿Habrá perdido sus facultades al apartarse de las serenas regiones de las ideas? Y al presagiar lo que ha de venir, todo su ser se cimbra como si se repitiera el accidente que le quitó la vida cuando, de niño, trató de alcanzar una lámpara de keroseno, y esta se le vino encima, prendida, y su cuerpecito se incendió como antorcha sin que ser humano o sobrenatural alguno pudiera salvarlo…

A Pancho se le ha metido en la cabeza que él solo puede hacer frente a la misión redentora de buscar el bien de sus semejantes y sacar de la pobreza a unos y del materialismo mundano a otros, de sanar las llagas morales de sus compa­triotas. Y eso está bien, de eso se trataba tanto consejo… Lo preocupante es ver que ha equivocado la manera; de no co­rregir el rumbo, el precipicio les pesará a los dos. Raúl ya no sabe dónde meterse. Su vergüenza no tiene freno ni control por haber sido el primero en darle ese consejo a su amado hermano. ¿Qué se pensará de él al verse tanta torpeza de Pancho? ¿Cómo deslindar responsabilidades si continúa dor­mido en sus laureles?

No puede creer que Pancho tan metódico antes, tan com­prometido con los espíritus, ahora se muestra nervioso, irrita­ble y tartamudea más de lo acostumbrado; otras veces, todo lo contrario: su mente se va hasta el final del universo que no tiene final y por eso se aleja más y más inexorablemente…, ha pasado de la desobediencia a la apatía y el abandono. En cambio hay ocasiones que parece un chiquitín que de pronto tira un juguete por agarrar otro que se le antoja más atractivo. Sin embargo, la niñez queda casi en el olvido de tan remota… En esta empresa y en estos momentos hay que portarse como hombres, demostrar valor y firmeza, claridad y congruencia.

[...]
Para leer el artículo completo, suscríbase a la revista BiCentenario.

Los autores del magnicidio de Madero y Pino Suárez

Edgar Sáenz López
ENAH

En revista Bicentenario. El ayer y hoy de México, núm. 23.

Con la caída del gobierno de Victoriano Huerta se pudo dilucidar con detalles, lo que era un secreto a voces: el ex presidente y su ex vicepresidente fueron víctimas de una operación planificada con el fin de que ya muertos no fueran un obstáculo para las pretensiones de la dictadura huertista de permanecer en el poder.

AprehensiA?n de Madero y Pino SuA?rez (800x503)

F. Dené, Aprehensión de Madero y Pino Suárez, oleo. Museo Nacional de Historia. Conaculta-INAH- MEX. Reproducción Autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Sobre el periodo conocido como la Decena Trágica no todo está dicho, hay pasajes que todavía se encuentran cubiertos. Del asesinato de Francisco I. Madero, incluso, se discute quién tomó la decisión de acabar con la vida del coahuilense, ¿el gabinete emanado del cuartelazo, que inclinaba su postura para favorecer a Félix Díaz, o Victoriano Huerta y su gente? Considero que la decisión de liquidar a Madero fue de éste último, apoyado por el general Aureliano Blanquet, aunque otros golpistas, como Félix Díaz, Manuel Mondragón y Rodolfo Reyes, seguramente aprobaron los magnicidios..

El plan fue finamente tejido por los genera- les Huerta y Blanquet, quienes se encargaron de conseguir gente de su entera confianza para realizar cada una de las tareas que culminarían con la muerte del hombre que derrocó a Porfirio Díaz. Huerta instruyó a Blanquet para aprehender al presidente el 18 de febrero de 1913, cuando ya se había llegado a un arreglo con quienes, en primer lugar, habían encabezado el golpe militar del día 9 (Díaz, Mondragón y Reyes) pues calculó que Madero sería un obstáculo para su planeada permanencia en el poder. Había que eliminarlo, así que, cuidadosamente, determinó desaparecerlo.

Capturadores

El teniente coronel Teodoro Jiménez Riveroll fue el hombre designado por Aureliano Blanquet para capturar a Francisco I. Madero el 18 de febrero. Sus antecedentes lo evidencian como un elemento de conducta y actividades condenables, ya que contaba en su historial con castigos por su afición a las bebidas embriagantes, irrespetuoso y abusos de autoridad, motivos que lo llevaron a estar más de una vez detenido en la prisión militar. Su designación en el 29° batallón de infantería, comandado por Blanquet significó una mejor posición como soldado, pues se convirtió en uno de los hombres de confianza del general, quien lo calificaba de excelentes aptitudes, conducta e instrucción. Esta cercanía fue determinante para la comisión que se le encomendó y que, al final, le costaría la vida. Durante la balacera que se desató entre su gente y los leales a Madero, murió Marcos Hernández, primo del mandatario; y Jiménez Riveroll cayó víctima de una bala disparada por Gustavo Garmendia, miembro del Estado Mayor presidencial. Blanquet lloró la muerte del teniente coronel, a quien se le declaró muerto en acción de guerra. El propio general tomó prisionero al ex presidente.

Los custodios

Los hombres encargados de custodiar a Madero fueron el coronel Joaquín Chicarro Bernal y el coronel Luis Ballesteros, primero durante su detención en Palacio Nacional, y después en la penitenciaría de la ciudad de México (Lecumberri), en caso de que el ex mandatario llegara con vida. Chicarro había sido compañero del general Victoriano Huerta en la campaña contra la rebelión encabezada por el general Canuto A. Neri en el estado de Guerrero, en 1893, donde muy probablemente entabló amistad con él, y quizá por esto fue designado para cuidar a Madero, encargándose de que el reo no tuviera contacto con el exterior. Después del triunfo de Huerta, ocupó cargos importantes en la Escuela Militar de Aspirantes, fue parte del Estado Mayor y llegó a ser gobernador de Querétaro. En poco más de un año logró ascender hasta general de brigada.

Gral Joaquin Chicarro (Diario El País) (634x800)

Gral. Joaquín Chícarro, retrato. Col. Particular Edgar Sáenz López.

Por su parte, el coronel Luis Ballesteros fue nombrado por Huerta director de la penitenciaría de la ciudad de México, con la aparente función de resguardar la seguridad del ex presidente Madero y del ex vicepresidente Pino Suárez. Sin embargo, la verdadera razón era dar fe del supuesto asalto que daría muerte a los ex mandatarios y de esta forma ocultar la verdad.

Ballesteros gozaba de la entera confianza de Victoriano Huerta, ya que había sido subordinado suyo en las campañas militares de 1901 frente a la rebelión de Rafael Castillo Calderón, en el estado de Guerrero, y contra los mayas en el estado de Yucatán. Poco después del magnicidio, su lealtad resultó recompensada; en marzo de 1913 fue ascendido a general brigadier y, para diciembre, a general de brigada. Solicitó licencia por enfermedad el 12 de agosto de 1914, justo antes de la disolución del ejército federal. En septiembre de 1922 pidió ser considerado para la reserva del ejército nacional, argumentando haber desempeñado empleos subalternos en el gobierno de Álvaro Obregón. Su petición fue rechazada, seguramente por sus nexos con el huertismo, lo mismo que la solicitud de re- tiro y jubilación que gestionó en diciembre de 1924, ante el gobierno de Plutarco Elías Calles.

Los magnicidas

El hombre designado como autor material del magnicidio fue el mayor de rurales Francisco Cárdenas, quien había formado parte de la columna del general Blanquet, recién llegado a la capital después de haber hecho campaña contra los zapatistas en el estado de México. Su historial –nada pulcro– lo presentaba como alguien que había participado en la represión de movimientos sociales, e incurrido en abusos de autoridad en contra de la población civil. Sus mayores logros habían sido ultimar al famoso bandido y rebelde magonista, veracruzano, Santana Rodríguez Palafox Santanón, en 1910, y contribuir en la captura del revolucionario michoacano Benito Canales, en 1912.

Fco. CA?rdenas No. de inventario 11831 (579x800)

Francisco Cárdenas, Fondo Casasola, inv. 11831, SINAF

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

El cine como propaganda

HAi??ctor Luis Zarauz LA?pez
Facultad de EconomAi??a, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La Ai??poca revolucionaria fue clave en el desarrollo de un cine documental que informaba pero a su vez estaba muy influenciado por promover la figura de los lAi??deres polAi??ticos. Francisco Villa fue uno de los que mejor provechA? le sacA?. Los intentos por hacer un cine menos politizado hallaban escaso eco

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Como si fuera un set cinematogrA?fico, el paAi??s estaba listo en noviembre de 1910 para ser filmado. Entonces, el largo gobierno de Porfirio DAi??az era cuestionado por la vAi??a armada, Madero y sus seguidores habAi??an decidido explorar un nuevo guiA?n despuAi??s de las fallidas elecciones de ese aAi??o. La trama, el escenario, las luces y los actores, toda parecAi??a preparado para escuchar el llamado a cA?mara.

La revoluciA?n mexicana fue la primera que se dio en los albores del siglo XX. Su desarrollo coincidiA? con el establecimiento del cinematA?grafo en el mundo y en MAi??xico adonde apareciA? desde 1896 cuando llegaron los primeros representantes de la casa LumiA?re y de la casa Edison, considerados como los inventores del cine.

Como el cine ya habAi??a dado sus primeros pasos en nuestro paAi??s, la revoluciA?n fue un proceso histA?rico razonablemente bien filmado para su tiempo. Sin embargo, gran parte de los materiales fAi??lmicos que se hicieron entre 1910 y 1920 desaparecieron, ya sea porque fueron mutilados, fragmentados o destruidos. Aun asAi?? ha quedado suficiente de Ai??l para utilizarlo como un elemento reconstructivo de la historia de la revoluciA?n y de esa Ai??poca.

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Actualidad revolucionaria

Al haber sido depuesta la dictadura de DAi??az, las temA?ticas que habAi??an interesado al cine de ese tiempo desaparecieron (hasta entonces, don Porfirio y su comitiva aristA?crata habAi??an sido uno de los imanes de taquilla) y en lo sucesivo el cinematA?grafo se centrA? en el movimiento revolucionario. El espectador dejA? de observar imA?genes de concordia y abundancia de esa supuesta belle Ai??poque que el cine se empeAi??aba en captar. Ahora el espectA?culo serAi??a ver al pueblo mismo en la pantalla y el enfrentamiento armado en contra del dictador y entre las facciones en rebeliA?n.

Durante los aAi??os de la RevoluciA?n (considerando la dAi??cada de 1910 a 1920), predominaron dos corrientes en la producciA?n nacional: por una parte, el documental sobre la RevoluciA?n, y por otra, las piezas del cine argumental que ya se venAi??an realizando.

Casi la totalidad de filmaciones que se hicieron en estos aAi??os fueron documentales-reportajes. Por el contrario, se realizaron muy pocas ficciones, lo cual es interesante si tomamos en cuenta que en el mismo periodo en Estados Unidos se filmaron mA?s de cien dramatizaciones sobre el tema revolucionario. Esto podrAi??a responder primero al hecho de que en MAi??xico la industria no habAi??a alcanzado un desarrollo pleno que permitiera hacer este tipo de cine, y segundo a que muy probablemente el pA?blico demandaba materiales de carA?cter informativo que consideraba mA?s fidedignos por ser el retrato de la realidad revolucionaria. De manera que estas cintas son muy cercanas a un trabajo periodAi??stico. Sin embargo, no debe perderse de vista que muchos de estos documentales fueron auspiciados por los propios caudillos que vieron en la filmaciA?n un vehAi??culo de promociA?n de sus figuras.

Dentro de los documentales habAi??a dos fines fundamentales. El primero fue el periodAi??stico, por lo cual las temA?ticas estaban evidentemente ligadas a los eventos de actualidad. Se trataba de filmar aquello que acababa de suceder en torno a las movilizaciones armadas a fin de que el espectador estuviera enterado. Entre estas se pueden citar: Las conferencias de paz en el norte y toma de Ciudad JuA?rez (1911), Viaje triunfal del jefe de la revoluciA?n don Francisco I. Madero desde Ciudad JuA?rez hasta la Ciudad de MAi??xico (1911), La revoluciA?n orozquista (1912), La revoluciA?n en Veracruz (1912), La revoluciA?n felicista (1913). AdemA?s, el camarA?grafo JesA?s H. Abitia filmA? campaAi??as militares de ObregA?n y Carranza, Francisco Villa contaba con camarA?grafos de la Mutual Film Corporation, que filmaron la toma de Ojinaga, TorreA?n y GA?mez Palacios, y los zapatistas tuvieron tambiAi??n camarA?grafos que editaron La revoluciA?n zapatista (1914). Las huestes huertistas llegaron a hacer uso del cinematA?grafo al filmar Sangre hermana (1914). Asimismo, fue registrada la invasiA?n estadunidense por Salvador Toscano, bajo el tAi??tulo de Sucesos de Veracruz (1914).

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

El otro uso importante que tuvo el documental en estos aAi??os fue el propagandAi??stico, ya que los documentos cinematogrA?ficos, fotogrA?ficos, periodAi??sticos, etcAi??tera, eran parte de la lucha de los distintos bandos de la RevoluciA?n. Estamos pues ante pelAi??culas vinculadas a una causa especAi??fica y que, en consecuencia, no son piezas desinteresadas y meramente testimoniales que se limitaban a registrar los sucesos del paAi??s.

Para saber mA?s

LEAL, JUAN FELIPE. El documental nacional de la RevoluciA?n mexicana. FilmografAi??a: 1915-1921. MAi??xico, Juan Pablos Editores, 2012.

MIKELAJA?UREGUI, JOSAi?? RAMAi??N. La historia en la mirada. MAi??xico, Filmoteca de la UNAM.

MIQUEL, A?NGEL.Ai?? ai???Las historias completas de la RevoluciA?n de Salvador Toscanoai???, Fragmentos. NarraciA?n cinematogrA?fica compilada y arreglada por Salvador Toscano, 1900-1930. MAi??xico, Imcine-Conaculta, 2010.

____________. En tiempos de RevoluciA?n. El cine en la ciudad de MAi??xico. 1910-1916. MAi??xico, UNAM, 2012.

ROSAS, ENRIQUE. El automA?vil gris. MAi??xico, 1919, dvd. Filmoteca de la UNAM.

TOSCANO, SALVADOR. Memorias de un mexicano. MAi??xico, 1950, dvd. FundaciA?n Carmen Toscano.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

Adolfo López Mateos exhuma a Madero

Harim BenjamAi??n GutiAi??rrez MA?rquez
UAM-Xochimilco

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  20.

Los festejos en 1960 por los 150 aAi??os de la independencia y medio siglo de la revoluciA?n mexicana se convirtieron en una autocelebraciA?n. HabAi??a logros polAi??ticos y econA?micos, pero a los opositores apenas se les reconocAi??a legitimidad.Ai??

Ai??Captura de pantalla 2013-09-04 a las 13.56.45

Durante muchos aAi??os los restos de Francisco I. Madero yacieron en el PanteA?n FrancAi??s de La Piedad. Su reposo terminA? el 18 de noviembre de 1960, cuando los sepultureros Vicente AlcA?ntara MartAi??nez y Fidel Reyes los exhumaron para colocarlos en una bolsa forrada de seda. Luego fueron puestos en una urna y entregados a sus familiares, quienes los llevaron a una capilla para celebrarles una misa; afuera, guardando las formas del Estado laico, permanecAi??an varios funcionarios gubernamentales. Terminada la misa, una escolta militar trasladA? los huesos a la CA?mara de Diputados, donde los instalaron al pie de la tribuna, cubiertos con la bandera nacional y una guardia de cuatro cadetes del Heroico Colegio Militar. El 20 de noviembre se celebrA? una sesiA?n solemne ante los restos del prA?cer. Luego los llevaron a la Plaza de la RepA?blica, donde el presidente Adolfo LA?pez Mateos los colocA? personalmente en una cripta en la esquina noroeste del monumento a la revoluciA?n.

Ese fue el momento mA?s solemne del aAi??o de las conmemoraciones del sesquicentenario de la independencia y el cincuentenario de la revoluciA?n mexicana. La primera fue brillante, pero la segunda tuvo un peso especial, pues fue aprovechada para celebrar el origen del rAi??gimen polAi??tico que imperaba en el paAi??s.En efecto, hay que recordar que durante la serie de luchas que comenzaron con el llamado a las armas de Madero del 20 de noviembre de 1910, el viejo rAi??gimen porfirista fue destruido, se dotA? al paAi??s de una nueva ConstituciA?n y se comenzA? a formar un nuevo Estado. Esa tarea continuA? durante la dAi??cada de 1920 y tuvo como resultado que se modificaran las instituciones y las reglas para conquistar y ejercer el poder, por lo que se desarrollA? un nuevo rAi??gimen polAi??tico, el rAi??gimen de la revoluciA?n mexicana, el cual debe su nombre al hecho de que sus gobiernos se asumAi??an como los herederos y continuadores de la revoluciA?n; es decir, se echaban a cuestas ai??i??no siempre con Ai??xitoai??i?? la tarea de hacer realidad los principios y metas surgidos a lo largo de ese proceso histA?rico, como el sufragio efectivo, la no reelecciA?n, el reparto agrario y la mejora de las condiciones de vida de los obreros, asAi?? como la reivindicaciA?n de la soberanAi??a de la naciA?n y de su propiedad sobre los recursos naturales.

Ai??

EquilibriosAi??

En su libro La ideologAi??a de la revoluciA?n mexicana, Arnaldo CA?rdoba explica que este rAi??gimen fue populista, pues se apoyA? ai??i??valga la redundanciaai??i?? en las clases populares satisfaciendo de manera limitada las demandas de obreros y campesinos; al mismo tiempo, un gran nA?mero de estos se integrA? a organizaciones rurales y sindicatos que se afiliaron al partido oficial y se convirtieron en las vAi??as preferentes para hacer peticiones o recibir beneficios del gobierno. Este rAi??gimen estaba encabezado por un gobierno paternalista y autoritario, con un presidente dotado de gran poder, pues entre otras cosas de Ai??l dependAi??a el reparto de tierras para los campesinos, y era ademA?s el A?rbitro supremo para las controversias entre trabajadores y patronos. Por A?ltimo, durante el siglo xx se fue gestando un modelo de desarrollo econA?mico capitalista vigilado y apoyado por el Estado, que defendAi??a el principio de la propiedad privada, promovAi??a a los empresarios y trataba de conciliar a las distintas clases sociales.

La naturaleza del rAi??gimen de la revoluciA?n le imponAi??a la tarea de guardar un equilibrio entre los distintos sectores de la sociedad. Por ejemplo, necesitaba a los empresarios para fomentar el crecimiento econA?mico, pero no podAi??a dejar de proporcionar beneficios a sus bases obreras y campesinas (o por lo menos darles la expectativa razonable de conseguirlos en un futuro prA?ximo). Se corrAi??a el riesgo de que, en cierto momento, el equilibrio se rompiera en favor de un sector, aumentando el descontento y comprometiendo la estabilidad del paAi??s.

Portada de la revista "PolAi??tica", diciembre, 1960.

Portada de la revista “PolAi??tica”, diciembre, 1960.

Esa tarea era muy difAi??cil, pero en 1960 los gobiernos del rAi??gimen de la revoluciA?n podAi??an presumir un balance generalmente favorable o exitoso en cuanto a estabilidad polAi??tica, crecimiento econA?mico y prestigio internacional; por consiguiente, las efemAi??rides de ese aAi??o eran una oportunidad imperdible para exhibir esos logros. El paAi??s podAi??a presumir tambiAi??n de la vitalidad de su economAi??a, su crecimiento demogrA?fico y urbano, la expansiA?n de su clase media, de avances importantes en salud y educaciA?n ai??i??a pesar de grandes rezagosai??i?? y de tener un ejAi??rcito excepcional en AmAi??rica Latina por su lealtad a las autoridades civiles. El crecimiento econA?mico ai??i??en especial el de las industriasai??i??, fue calificado con cierta exageraciA?n como el milagro mexicano.

Sin embargo tambiAi??n habAi??a cuentas pendientes y fracasos. Por ejemplo, el reparto de tierras beneficiA? a muchos campesinos con los ejidos, pero no bastA? para la creciente poblaciA?n rural ni acabA? con los latifundios.

PARA SABER MA?S:

Benjamin, Thomas, La revoluciA?n mexicana, memoria, mito e historia, MAi??xico, Taurus, 2003.

CA?rdoba, Arnaldo, La ideologAi??a de la revoluciA?n mexicana, MAi??xico, Era, 1973, reimpresiA?n 2003.

Krauze, Enrique, La presidencia imperial, MAi??xico, Tusquets, 2009.

Medina, Luis, Hacia el nuevo Estado, 1920-2000, MAi??xico, Fondo de Cultura EconA?mica, 2010.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario