Adolfo LA?pez Mateos exhuma a Madero

Harim BenjamAi??n GutiAi??rrez MA?rquez / UAM-Xochimilco

BiCentenario #20

Los festejos en 1960 por los 150 aAi??os de la independencia y medio siglo de la revoluciA?n mexicana se convirtieron en una autocelebraciA?n. HabAi??a logros polAi??ticos y econA?micos, pero a los opositores apenas se les reconocAi??a legitimidad.Ai??

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Durante muchos aAi??os los restos de Francisco I. Madero yacieron en el PanteA?n FrancAi??s de La Piedad. Su reposo terminA? el 18 de noviembre de 1960, cuando los sepultureros Vicente AlcA?ntara MartAi??nez y Fidel Reyes los exhumaron para colocarlos en una bolsa forrada de seda. Luego fueron puestos en una urna y entregados a sus familiares, quienes los llevaron a una capilla para celebrarles una misa; afuera, guardando las formas del Estado laico, permanecAi??an varios funcionarios gubernamentales. Terminada la misa, una escolta militar trasladA? los huesos a la CA?mara de Diputados, donde los instalaron al pie de la tribuna, cubiertos con la bandera nacional y una guardia de cuatro cadetes del Heroico Colegio Militar. El 20 de noviembre se celebrA? una sesiA?n solemne ante los restos del prA?cer. Luego los llevaron a la Plaza de la RepA?blica, donde el presidente Adolfo LA?pez Mateos los colocA? personalmente en una cripta en la esquina noroeste del monumento a la revoluciA?n.

Ese fue el momento mA?s solemne del aAi??o de las conmemoraciones del sesquicentenario de la independencia y el cincuentenario de la revoluciA?n mexicana. La primera fue brillante, pero la segunda tuvo un peso especial, pues fue aprovechada para celebrar el origen del rAi??gimen polAi??tico que imperaba en el paAi??s.En efecto, hay que recordar que durante la serie de luchas que comenzaron con el llamado a las armas de Madero del 20 de noviembre de 1910, el viejo rAi??gimen porfirista fue destruido, se dotA? al paAi??s de una nueva ConstituciA?n y se comenzA? a formar un nuevo Estado. Esa tarea continuA? durante la dAi??cada de 1920 y tuvo como resultado que se modificaran las instituciones y las reglas para conquistar y ejercer el poder, por lo que se desarrollA? un nuevo rAi??gimen polAi??tico, el rAi??gimen de la revoluciA?n mexicana, el cual debe su nombre al hecho de que sus gobiernos se asumAi??an como los herederos y continuadores de la revoluciA?n; es decir, se echaban a cuestas ai??i??no siempre con Ai??xitoai??i?? la tarea de hacer realidad los principios y metas surgidos a lo largo de ese proceso histA?rico, como el sufragio efectivo, la no reelecciA?n, el reparto agrario y la mejora de las condiciones de vida de los obreros, asAi?? como la reivindicaciA?n de la soberanAi??a de la naciA?n y de su propiedad sobre los recursos naturales.

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EquilibriosAi??

En su libro La ideologAi??a de la revoluciA?n mexicana, Arnaldo CA?rdoba explica que este rAi??gimen fue populista, pues se apoyA? ai??i??valga la redundanciaai??i?? en las clases populares satisfaciendo de manera limitada las demandas de obreros y campesinos; al mismo tiempo, un gran nA?mero de estos se integrA? a organizaciones rurales y sindicatos que se afiliaron al partido oficial y se convirtieron en las vAi??as preferentes para hacer peticiones o recibir beneficios del gobierno. Este rAi??gimen estaba encabezado por un gobierno paternalista y autoritario, con un presidente dotado de gran poder, pues entre otras cosas de Ai??l dependAi??a el reparto de tierras para los campesinos, y era ademA?s el A?rbitro supremo para las controversias entre trabajadores y patronos. Por A?ltimo, durante el siglo xx se fue gestando un modelo de desarrollo econA?mico capitalista vigilado y apoyado por el Estado, que defendAi??a el principio de la propiedad privada, promovAi??a a los empresarios y trataba de conciliar a las distintas clases sociales.

La naturaleza del rAi??gimen de la revoluciA?n le imponAi??a la tarea de guardar un equilibrio entre los distintos sectores de la sociedad. Por ejemplo, necesitaba a los empresarios para fomentar el crecimiento econA?mico, pero no podAi??a dejar de proporcionar beneficios a sus bases obreras y campesinas (o por lo menos darles la expectativa razonable de conseguirlos en un futuro prA?ximo). Se corrAi??a el riesgo de que, en cierto momento, el equilibrio se rompiera en favor de un sector, aumentando el descontento y comprometiendo la estabilidad del paAi??s.

Portada de la revista "PolAi??tica", diciembre, 1960.

Portada de la revista “PolAi??tica”, diciembre, 1960.

Esa tarea era muy difAi??cil, pero en 1960 los gobiernos del rAi??gimen de la revoluciA?n podAi??an presumir un balance generalmente favorable o exitoso en cuanto a estabilidad polAi??tica, crecimiento econA?mico y prestigio internacional; por consiguiente, las efemAi??rides de ese aAi??o eran una oportunidad imperdible para exhibir esos logros. El paAi??s podAi??a presumir tambiAi??n de la vitalidad de su economAi??a, su crecimiento demogrA?fico y urbano, la expansiA?n de su clase media, de avances importantes en salud y educaciA?n ai??i??a pesar de grandes rezagosai??i?? y de tener un ejAi??rcito excepcional en AmAi??rica Latina por su lealtad a las autoridades civiles. El crecimiento econA?mico ai??i??en especial el de las industriasai??i??, fue calificado con cierta exageraciA?n como el milagro mexicano.

Sin embargo tambiAi??n habAi??a cuentas pendientes y fracasos. Por ejemplo, el reparto de tierras beneficiA? a muchos campesinos con los ejidos, pero no bastA? para la creciente poblaciA?n rural ni acabA? con los latifundios.

PARA SABER MA?S:

Benjamin, Thomas, La revoluciA?n mexicana, memoria, mito e historia, MAi??xico, Taurus, 2003.

CA?rdoba, Arnaldo, La ideologAi??a de la revoluciA?n mexicana, MAi??xico, Era, 1973, reimpresiA?n 2003.

Krauze, Enrique, La presidencia imperial, MAi??xico, Tusquets, 2009.

Medina, Luis, Hacia el nuevo Estado, 1920-2000, MAi??xico, Fondo de Cultura EconA?mica, 2010.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.