Archivo de la etiqueta: Emiliano Zapata

El clarín tocó tres veces. Llamada de honor…

María Eugenia Arias Gómez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 48.

A través de las siguientes páginas, los lectores hallarán el caso histórico de Emiliano Zapata, quien murió víctima de una traición; cómo e incluso por qué, antes y después de ocurrir ese hecho, tuvo una metamorfosis al generarse un ser mítico y legendario.

Gente observa el cadáver de Emiliano Zapata, abril de 1919, inv. 567627, SINAFO. Secretaría de Cultura-INAH-Méx. Reproducción autorizada por el INAH.

Gente observa el cadáver de Emiliano Zapata, abril de 1919, inv. 567627, SINAFO. Secretaría de Cultura-INAH-Méx. Reproducción autorizada por el INAH.

I

Emiliano Zapata Salazar fue asesinado el 10 de abril de 1919 en Chinameca, Morelos. Al otro día y hasta mayo, las noticias de los principales periódicos que circulaban en la Ciudad de México fueron encabezadas con expresiones sugerentes: “Emiliano Zapata fue muerto en combate”, “Cómo fue la muerte del Atila del Sur”, “Los zapatistas tienen imitadores en Rusia”, “Murió Emiliano Zapata: el zapatismo ha muerto”, “La muerte de […] Zapata no es la muerte de la rebelión”, “Emiliano Zapata, ya es tipo de leyenda”.

Se publicaron fotografías del caudillo, tanto en vida como ya fallecido, así como de varios familiares y partidarios suyos. Además, en son de burla, se intercalaron elocuentes caricaturas. Casi todos los reporteros dedicaron extensas líneas al terrible acontecimiento, con alabanzas y adulaciones para el autor intelectual y los ejecutores, y enseguida dieron a estos el fallo a favor. Otros, los menos, corrieron la pluma para expresar la protesta y otorgaron un reconocimiento al caudillo sureño y su causa.

Desde entonces, y durante años, se difundió de boca en boca y a través de escritos que Zapata no había muerto, que un primo parecido ocupó su lugar y que se vio que no tenía el lunar en la cara, ni “la manita grabada en la espalda”, con lo que se identificaba a “Miliano”. Se mencionó que él “se había ido a las montañas” o que se fue a vivir a Arabia…. Se dijeron y escribieron otras, muchas otras cosas, que narraron tanto sus simpatizantes como sus detractores, quienes contribuyeron al mito y la leyenda, acarreando con ello un fenómeno singular del individuo… Algunos apuntaron que al tiempo le correspondía juzgar los hechos, el tribunal de la historia.

Si bien el periódico Omega protestó contra el gobierno y dejó un concepto trascendental: Apóstol, Mártir o Bandido, para la opinión pública “el movimiento sin cabeza perecería”. Pero a pesar de que aumentaron las rendiciones zapatistas, los pueblos de Morelos siguieron apoyando a la resistencia encabezada por otros jefes locales, como Genovevo de la O, Francisco Mendoza, Gabriel Mariaca y Fortino Ayaquica, quienes días después de la muerte manifestaron a la nación que sus propósitos eran consumar la obra del caudillo, vengar la sangre del mártir, seguir el ejemplo del héroe e ir contra la dictadura de Venustiano Carranza. Otros, estando lejos del país, arremetieron con la pluma desde el exilio. Por ejemplo, la Revista Mexicana, publicada en San Antonio, Texas, aún sin estar a favor de Zapata, atacó al presidente como director intelectual del crimen y lanzó el “Yo Acuso…”.

La muerte de Emiliano fue un tema relevante desde abril de 1919. Pero no se generó entonces su figura mítica y legendaria. Años antes había sido acosado y denigrado: primero, al aproximarse la caída de don Porfirio, y luego, durante la revolución, cuando lo desprestigiaron junto a sus partidarios conforme se propagaba la causa zapatista. A la par de los denuestos, las campañas de las autoridades nacionales, salvo las convencionistas, continuaron firmes contra “el rebelde” y quienes lo apoyaran con o sin las armas.

II

La imagen extraordinaria del hombre de Anenecuilco surgió a partir de 1911 y fue por obra principalmente de sus difamadores. La prensa, la caricatura, la opinión pública y la oficial, los escritos nacionales e incluso extranjeros crearon una leyenda negra, convirtiendo al hombre en “bestia”, “chacal”, “moderno Atila” y “Gengis Kan”, y a sus seguidores en una “horda terrible”. En la cámara, “se convocó […] a la campaña de la ´civilización contra la barbarie´. Surgieron los peores denuestos y calumnias [contra] el líder”. Fue cuando relució el mayor encono de los conservadores: “Emiliano Zapata es la aparición del subsuelo que quiere borrar todas las luces de la superficie; os convocamos [...] a la eterna tragedia de Ormuz contra Arimán”. Se dijo: “es más que un bandido, un reivindicador; el libertador del esclavo de los campos. Asume las proporciones de un Espartaco; es un símbolo, pero [también] un peligro social”.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Para saber más

  • LÓPEZ Y FUENTES, GREGORIO, Tierra. La revolución agraria en México, México, Editorial México, 1933.
  • Escuchar el corrido “Un recuerdo al general Zapata”. Se encuentra en: https://cutt.ly/9rn4K8I
  • Escuchar la obra sinfónica de Arturo Márquez: “Leyenda de Miliano”, dirigida por Alondra de la Parra. Se encuentra en: https://cutt.ly/Lrn4LVP
  • Fernando de Fuentes (dir.), El Compadre Mendoza, México, 1934, en: https://cutt.ly/Trn4XAC

Los hermanos Rousset y su compromiso revolucionario

Christine Rousset

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  40.

La revolución que acabaría con el régimen porfirista tuvo abundantes casos heroicos. Uno de ellos, y aún desconocido, es el de los cinco hermanos de origen francés que apoyaron a sus vecinos los Serdán Alatriste, en Puebla, en la lucha antirreeleccionista, y que luego de exiliarse por un corto tiempo. salvaron a Francisco I. Madero de una primera conspiración y se unieron a los ideales de Emiliano Zapata y la causa constitucionalista.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Si hay unos hermanos famosos y reconocidos como mártires y próceres de la revolución en la ciudad de Puebla son los Serdán Alatriste. Pero existe otra fratria cuya historia bien merece ser conocida: los hermanos Rousset Montoya: Filomena, Rafael, Guillermo, Benito y Antonio, siendo Guillermo mi abuelo.

Respecto de sus orígenes, sé que eran nietos de Guillaume Rousset, oriundo de un minúsculo pueblo del suroeste de Francia, llamado Livinhac-le-Haut, atravesado a su largo y ancho por el río Lot, y que a lo largo de su vida fue campesino, cantinero y zapatero. Se casó con Anne Cambatalade, originaria de la misma villa, en el año de 1814. La pareja tuvo siete hijos: Jean-Baptiste, Antoine, Christine, Marie-Rose, Marie-Jeanne, Benoit y el menor Pierre-Jean. Los hermanos Rousset, a su vez, eran hijos de Antoine, ingeniero de minas según algunos, de puentes y caminos, según otros. En todo caso, nació en la ciudad minera de Decazeville, en el departamento del Aveyron de la región de los Mediodía-Pirineos.

Mi bisabuelo Antoine llegó al puerto de Veracruz, México, en 1849, a la edad de 30 años, a bordo del barco “El Cecilia”. No se convirtió en millonario, pero sí logró con el pasar de los años constituirse un pequeño capital que le permitió gozar de una confortable posición económica en la comarca poblana. Era propietario de algunas haciendas y ranchos en la región: en Cholula, Tepeaca y cerca del estado de Tlaxcala, en la comunidad de San Lorenzo Almecatla. Además, fue dueño de una cantera de mármol. Se casó con Josefa Montoya Cortez, originaria de Tepeaca, Puebla.

Tuvieron varios hijos en la capital poblana, entre 1866 y 1877, quienes crecieron en el centro de la Angelópolis, a unas cuadras de la Catedral, en la casa familiar de la calle de la Puerta Falsa de los Gallos. De hecho, muy cerca de la propia casa de los Serdán que se ubicaba a unos metros, en la famosa calle de Santa Clara. Los hermanos varones realizaron sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios mientras tanto Filomena, la hermana mayor, se dedicó a las labores del hogar, como se acostumbraba en aquellos tiempos.

Al fallecer Antoine de una conmoción cerebral a causa de una mala caída en 1887, los hermanos quedaron bajo la tutela de Miguel Bernal, padrino de Benito y director del Colegio del Estado. Poco a poco, la vida retomó su curso y cada quien empezó a emprender su propio camino. Rafael, el mayor de los varones, después de haber trabajado algún tiempo como empleado en la quincallería de un amigo francés de su padre, el señor Carlos J. Charles, puso su propio negocio, una ladrillera, que tuvo bastante éxito. Los otros tres concentraron sus esfuerzos como comisionistas de granos, en especial, de trigo, cebada y maíz en el área de Chalchicomula, ciudad que limita con
el estado de Veracruz.

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El legado fotogrA?fico de Cruz SA?nchez

Paulina Michel
Archivo HistA?rico de la UNAM-IISUE

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

La revoluciA?n mexicana tuvo abundantes fotA?grafos, aunque pocos pudieron dar a conocer sus trabajos. Entre los que permanecen menos visibles estA? este alcalde de Yautepec, quien se tomA? su tiempo para dejar algunas huellas revolucionarias en imA?genes de varios de sus lAi??deres como Zapata, algunos de sus enemigos y la cotidianidad de la Ai??poca. MA?s de medio centenar de sus trabajos se encuentra resguardado en la UNAM.

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Cruz SA?nchez, Retrato de grupo en el que aparece (al centro, sentado) el general sinaloense Juan M. Banderas, quien fuera delegado zapatista a la ConvenciA?n de Aguascalientes, como integrante de la ComisiA?n del EjAi??rcito Libertador, Yautepec, Morelos, 1914. IISUE, Fondo Gildardo y Octavio MagaAi??a, ColecciA?n GrA?fica y HemerogrA?fica.

El Archivo HistA?rico de la Universidad NacionalAi??AutA?noma de MAi??xico (AHUNAM) resguardaAi??138 fondos y colecciones de muy distintaAi??procedencia entre los que se encuentranAi??aquellos relacionados con personajes de laAi??revoluciA?n mexicana como Heriberto Jara,Ai??Roque Estrada Reynoso, Juan BarragA?n, BlasAi??Corral, Jacinto Blas TreviAi??o, Amado Aguirre,Ai??Francisco L. Urquizo y Gildardo MagaAi??a,entre otros. Este A?ltimo archivo contiene,Ai??entre una gran cantidad de documentos, aproximadamenteAi??mil imA?genes sobre la revoluciA?n,Ai??particularmente sobre el movimientoAi??encabezado por el general Emiliano ZapataAi??en el estado de Morelos. Cabe seAi??alar queAi??este fondo ha sido llamado ahora ArchivoAi??Gildardo y Octavio MagaAi??a Cerda, ya queAi??reA?ne documentos coleccionados por ambosAi??hermanos, ademA?s de imA?genes de la gestiA?nAi??de Gildardo MagaAi??a como gobernador deAi??MichoacA?n entre 1936 y 1939. En esta ocasiA?nAi??solamente me referirAi?? a un pequeAi??o grupo deAi??fotografAi??as que se encuentran en este archivo,Ai??especAi??ficamente alrededor de las imA?genes firmadasAi??o atribuidas al fotA?grafo Cruz SA?nchez,Ai??oriundo de Yautepec, Morelos, quien registrA?Ai??este acontecimiento en una de las sedes delAi??cuartel general de Zapata.

Con la revoluciA?n mexicana comenzA? tambiAi??nAi??la proliferaciA?n de fotA?grafos, los cualesAi??dieron a conocer el movimiento armado aAi??travAi??s de las imA?genes en la prensa, tanto enAi??el paAi??s como en el extranjero. Destacaron enAi??esta labor autores como JesA?s H. Abitia, ManuelAi??Ramos, Hugo Brehme y Samuel Tinoco,Ai??entre otros, asAi?? como las agencias fotogrA?ficasAi??de AgustAi??n VAi??ctor Casasola y los prestigiadosAi??trabajos de Heliodoro Juan GutiAi??rrez EscobarAi??en los estudios FotografAi??a H. J. GutiAi??rrez yAi??The Chicago Photo Studio.

AdemA?s de las tradicionales fotografAi??as deAi??gabinete, el desarrollo tecnolA?gico de entoncesAi??les permitiA? realizar tomas instantA?neas de sucesosAi??cotidianos y militares, los cuales fueronAi??documentados exhaustivamente al seguir losAi??pasos de los lAi??deres revolucionarios, quienesAi??a su vez utilizaban estas imA?genes para promoverAi??su causa y su persona.

En el caso de Emiliano Zapata, la prensaAi??porfirista, conservadora y crAi??tica con el movimiento revolucionario (El Imparcial o El PaAi??s,Ai??por ejemplo), se encargA? de presentar en susAi??pA?ginas al lAi??der agrarista y a sus seguidoresAi??como un grupo de bandidos y rebeldes, conAi??intenciones de arrasar a la poblaciA?n urbana.Ai??Fue entonces cuando se acuAi??A? el tAi??rmino deAi??ai???Atila del Surai??? para descalificar a Zapata yAi??alertar del supuesto peligro que representabaAi??un ejAi??rcito de campesinos.

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Villa-Zapata un encuentro con dos miradas

Guadalupe Villa Guerrero
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En diciembre de 1914, Francisco Villa y Emiliano Zapata se reunieron en una escuela pública de Xochimilco. El objetivo: establecer una alianza de colaboración mutua y en contra de Venustiano Carranza, dado el fracaso de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes. De aquella conversación dieron cuenta León Canova y Gonzalo Atayde.

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León Canova acompañado de Álvaro Obregón y Antonio I. Villarreal en la Convención de Aguascalientes, octubre 1914.
Archivo Casasola, inv. 39123. SINAFO, CONACULTA-INAH- MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

A mediados de 1914 se hicieron evidentes, en el panorama político nacional, las crecientes diferencias entre Francisco Villa y Venustiano Carranza, agravadas cuando el primero decidió contravenir las órdenes del segundo y marchar con todo su ejército en pos del importante bastión federal de Zacatecas. La victoria de Villa dio como resultado, en el mediano plazo, la derrota de Victoriano Huerta, su renuncia a la presidencia y su huida del país.

Los intentos por tratar de solucionar los problemas existentes entre aquellos jefes y evitar a toda costa la ruptura entre revolucionarios se tradujeron en el Pacto de Torreón. Carranza convocaría a una convención de revolucionarios cuya labor estaría encaminada, entre otras cosas, “a implantar el régimen democrático en nuestro país”. No obstante, lejos estaba el primer jefe de permitir se obstaculizara su llegada a la presidencia de la república. El aislamiento en el que mantuvo a Villa, sin abastecerlo de armas y combustible para sus trenes, y graves problemas surgidos con Obregón, provocaron que el jefe de la División del Norte emitiera, en septiembre, el Manifiesto y documentos que justifican el desconocimiento del C. Venustiano Carranza como Primer Jefe de la Revolución en el que, en resumen, acusaba al líder del constitucionalismo de querer instaurar una nueva dictadura, y de oponerse a los acuerdos de Torreón. Invitaba a los ciudadanos a exigir la separación de Carranza de la jefatura del Ejército Constitucionalista y del poder ejecutivo; a nombrar a un presidente interino que adoptara medidas para garantizar la resolución del problema agrario y convocara a elecciones.

Al no prosperar la convención revolucionaria convocada por Carranza en la ciudad de México, se llegó al acuerdo de convocar a una convención de jefes revolucionarios en la ciudad de Aguascalientes para encontrar la solución a los problemas del país, ratificándose en gran medida el Pacto de Torreón que el Primer Jefe había desconocido. El 10 de octubre se inauguraron las sesiones en el Teatro Morelos.

Desafortunadamente, lejos de lograrse un consenso en cuanto al tipo de gobierno que el país necesitaba, las controversias entre partidarios de la Convención y de Carranza llegaron a la ruptura definitiva: zapatistas y villistas contra constitucionalistas.

Zapata antes de la visita de Villa en Xochimilco La IustraciA?n Semanal, dciembre 1914 (640x585)

Emiliano Zapata y Mr. Carothers en Cuernavaca, 1914. Archivo Casasola, inv. 6165. SINAFO, CONACULTA-INAH-
MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Eulalio Gutiérrez, presidente provisional elegido en Aguascalientes, se estableció en la ciudad de México bajo el amparo del Ejército Convencionista acaudillado por Villa. En este marco tendría lugar el encuentro de los ejércitos populares del norte y del sur. Las avanzadas de la antigua División del Norte, convertida en Ejército Convencionista, llegaron al pueblo de Tacuba el 28 de noviembre de 1914, al tiempo que las tropas del Ejército Libertador del Sur, ocuparon la capital de la república.

El histórico encuentro entre Francisco Villa y Emiliano Zapata ocurrió en Xochimilco. En la escuela pública del pueblo fueron recibidos con flores y fue ahí donde tuvieron su primera reunión preservada para la posteridad por al menos dos personas de las que sabemos sus nombres: León Canova, representante del Departamento de Estado estadunidense, y Gonzalo Atayde, secretario particular del coronel Roque González Garza.

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Sólo ustedes lo saben

Silvia L. Cuessy

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

 

Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambiA? tu suerte. A?Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la naciA?n te lo dijo: ese hombre sA?lo te traerA? dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querAi??as saber. Cuando te topaste con Ai??l, tu lAi??nea del destino quedA? trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quiAi??n era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metiA? en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivA? una extraAi??a mirada sA?lo entendida por los que sabAi??an tus secretos. TA? que entonces manipulabas la CA?mara a tu antojo; tA? que poseAi??as innumerables tierras y eras dueAi??o del destino de tantas personas, tenAi??as que acercA?rtele. Los caballos sirvieron de pretexto. TA? tenAi??as los mA?s finos del paAi??s; Ai??l era el mejor arrendador de la regiA?n.

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman’s Sons, 1910

Hoy sAi?? piensas en Amada, A?verdad? EstA?s agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora sAi?? la llamas. Maldito. OjalA? tambiAi??n te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. AAi??o tras aAi??o la dejaste sola en Navidades y aniversarios, ademA?s de los otros 355 dAi??as del aAi??o, si descontamos los ocho en que quizA? la llevaste al teatro o a algA?n baile porque asAi?? te convenAi??a hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus oAi??dosai??i?? Nacho, ya no quiero que me miren con lA?stima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detrA?s de las copas de cognac o los abanicosai??i?? Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. RehuAi??as las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolvAi??a las entraAi??as. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitaciA?n y no abriste ni siquiera para un buenas noches. A?QuAi?? te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merecAi??a por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devociA?n, y tA? le devolviste penas y vergA?enza. Ya no tendrA? otra opciA?n que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vacAi??os.

Ni el azA?car producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el carA?cter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un sportman de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de kA?iser mexicano, chaqueta de tweed, pantalA?n golf y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. A?Ah! quAi?? diferencia A?verdad? Y ahora, mAi??rate ahAi?? tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que tA? tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. EspAi??rate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde MAi??xico. Llevaba meses buscA?ndote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le llegA? la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo cA?mo habAi??a sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. VendiA? las alhajas que le diste en lugar de amor despuAi??s de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia tenAi??a; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorizaciA?n para que los mAi??dicos te sometan a una cirugAi??a. SorteA? obstA?culos y lA?grimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cadA?ver, quiAi??n sabe si aguantes. Por lo menos dale ese A?nico gusto. EspAi??rala vivo, infeliz.

Utilizabas a la gente. La movAi??as a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, decAi??as. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu chofer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevarAi??a al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traiciA?n y la muerte, junto a la penitenciarAi??a de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volverAi??a a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estarAi??an a salvo.

 

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Miradas extranjeras

Revista BiCentenario #10

El fenómeno de la Revolución llamó la atención de diversos extranjeros que por alguna razón estuvieron en México. Las grandes movilizaciones populares despertaron su interés y curiosidad por entender lo que estaba pasando en nuestro país. Periodistas, políticos, diplomáticos e inmigrantes, entre otros, describieron a los protagonistas en distintos momentos de la lucha. Sus testimonios son singulares pues presenciaron los sucesos en que aquellos participaron y subrayan la simpatía o antipatía que sintieron.

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero

Manuel Márquez Sterling, embajador de Cuba en México a partir de enero de 1913, fue testigo de los aciagos días de la Decena Trágica que culminaron con el derrocamiento y la muerte de Madero, a quien retrata en las siguientes líneas extraídas de su libro Los últimos días del Presidente Madero (1917):

Al fondo, en el centro de su Consejo de Ministros, D. Francisco I. Madero, de frac, pequeño y redondo, con la banda presidencial sobre la tersa pechera de su camisa, me aguarda en la verde y sedosa alfombra. Reacciona mi espíritu, y asoma a los ojos, todo él en mis pupilas, dispuesto a interpretar, a su manera, la inquietud nerviosa, amable y regocijada, en mezcla extraña y única, del magistrado que saborea la victoria [...]

El nuevo mandatario, pese a sus enemigos, era un hombre virtuoso [...] traía su fe en el régimen democrático, su fe en el pueblo, su fe en la Constitución, hasta entonces, por ningún gobierno practicada; sentía, como nunca, además, la mano directora de la Providencia sobre su hombro; sentía la divinidad en su alma pura y cristalina; y en su política, suave, indulgente, paternal, vibraban las grandes afirmaciones de un sincero apostolado [...].

La presencia de Madero ya no despertaba [meses después] el entusiasmo de antes en las clases inferiores, en el siervo a quien había redimido; y su aura popular, un tiempo extraordinaria, se esfumaba, lánguida y triste, en cielos de tormenta. La oposición había inculcado a sus antiguos adoradores la desconfianza y el recelo.

[...] La noche del 18 de febrero [de 1913] fue noche muy triste para quienes, amando profundamente a la patria mexicana, comprendieron que [Victoriano Huerta] era presa del furor de la ambición… Resolvimos ir a la Intendencia del Palacio a ver a los vencidos. El mismo oficial nos condujo hasta la puerta. Pino Suárez, escribía en un bufete rodeado de soldados. En un cuarto contiguo, varias personas, en estrado, acompañaban a Madero. [...] Me hizo sentar en el sofá y a mi izquierda ocupó una butaca. Pequeño de estatura, complexión robusta, ni gordo ni delgado, el Presidente rebosaba juventud. Se movía con ligereza, sacudido por los nervios; y los ojos redondos y pardos brillaban con esplendente fulgor. Redonda la cara, gruesas las facciones, tupida y negra la barba, cortada en ángulo, sonreía con indulgencia y con dignidad. Reflejaba en el semblante sus pensamientos que buscaban, de continuo, medios diversos de expresión. Según piensa, habla o calla, camina o se detiene, escucha o interrumpe; agita los brazos, mira con fijeza o mira en vago; y sonríe siempre; invariablemente sonríe. Pero, su sonrisa es buena, franca, generosa [...] Era como el gesto del régimen que con él se extinguía [...]

Era la una de la mañana [...] Madero, en es- tos instantes inolvidables, de tres sillas forja un lecho para el Ministro de Cuba, rogándole que se acueste. De una maleta… saca varias frazadas y mantas que suplieron sábanas y almohadas; y revela [...], en el semblante, la divertida gentileza de quien afronta, dichoso, las peripecias de una cacería feliz en la montaña profunda [...] Eran rasgo de su carácter el orden, la simetría, la regularidad [...]

A las diez de la mañana todavía me hallaba en la Intendencia del Palacio Nacional de México. El dormitorio recobró sus preeminencias de “sala de recibo” y Madero, en el remanso de su dulce optimismo, formulaba planes de romántica defensa. Desde luego, no concebía que tuviese Huerta deseos de matarle; ni aceptaba la sospecha de que Félix (Díaz) permitiese el bárbaro sacrificio de su vida, siéndole deudor de la suya. Pero, a ratos, la idea del prolongado cautiverio le inquieta; y sonríe compadecido de sí mismo. Educado al aire libre, admirable jinete, gran nadador y, además, amante de la caza, la tétrica sombra del calabozo le afligía.

[...] el 22 de febrero [...] mediada la noche, al parecer tranquila, me di blandamente al sueño [...] Un sirviente llama desde fuera de la alcoba [...] avisa que la señora de Madero quiere hablar por el teléfono [...] Son las siete de una fría mañana. Corre mi esposa al receptor y escucha el desolado ruego: “¡Señora, por Dios; al Ministro que averigüe si anoche hirieron a mi marido! A?Es preciso que yo lo sepa, señora!” [...] Y no podía consolarla, desmintiendo aquella versión, piadoso anticipo de la dolorosa realidad, porque, en ese instante, su doncella le mostraba, a todo el ancho del periódico. El Imparcial, en grandes letras rojas, la noticia del martirio.

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Venustiano Carranza: entre la historia y la imaginaciA?n

Luis BarrA?n
CIDE
Revista BiCentenario #10
el-senador-venustiano-carranza-1890-10 A 100 aAi??os del inicio de la RevoluciA?n, todavAi??a prevalecen muchos mitos alrededor del llamado VarA?n de Cuatro CiAi??negas y las fotografAi??as que usualmente se difunden han fijado en nuestra imaginaciA?n colectiva la efigie de un polAi??tico gris, poco carismA?tico, autoritario… casi la de una estatua inhumana. Venustiano Carranza fue, sin lugar a dudas, la figura pA?blica mA?s importante en MAi??xico durante la violenta dAi??cada de la RevoluciA?n (1910-1920); el A?nico de sus protagonistas principales que viviA? y sostuvo su influencia polAi??tica durante toda la dAi??cada y el A?nico lAi??der que logrA? articular un movimiento militar con un plan polAi??tico nacional: dentro de lo que podrAi??a llamarse ai???constitucionalismoai???, logrA? incorporar varias de las propuestas de los diferentes lAi??deres y grupos revolucionarios. No es que compartiera las demandas ni los proyectos, mucho mA?s radicales, de Francisco Villa o Emiliano Zapata; tampoco que fuese un demA?crata, como lo habAi??a sido el presidente Francisco I. Madero; o que se considerara a sAi?? mismo heredero de grupos precursores de la RevoluciA?n, como los hermanos Flores MagA?n y los militantes del Partido Liberal Mexicano, por dar algunos ejemplos. Sin embargo, desde antes de que comenzara la RevoluciA?n, Carranza era ya un polAi??tico profesional con amplia experiencia, que poseAi??a las habilidades necesarias para integrar en un proyecto nacional muchas de las demandasAi??que surgirAi??an durante la lucha armada.

Algunos historiadores han hecho contribucio- nes valiosas, pero no han analizado cuidadosamente la vida temprana ni la carrera de Carranza antes de la RevoluciA?n, y aunque la historiografAi??a sobre el tema es abundante, prevalece la idea de que fue un rico hacendado del norte, un polAi??tico conservador que nunca apoyA? a Madero, que asesinA? a Zapata, que traicionA? a Villa y que impidiA? que se aplicaran las disposiciones mA?s radicales de la ConstituciA?n. Prevalece tambiAi??n la imagen de que su gobierno constitucional (1917-1920) fue o bien anA?rquico, o sA?lo un interludio conservador entre la lucha democrA?tica de Madero y los regAi??menes revolucionarios de los aAi??os veinte y treinta. En la historiografAi??a de la RevoluciA?n, Carranza es, en un extremo, el conservador oportunista que aprovechA? la revoluciA?n de Madero para establecer su liderazgo y que hizo a un lado los proyectos mA?s populares de Villa y Zapata; en el otro extremo, el revolucionario nacionalista que ai???salvA?ai??? la fallida revoluciA?n de Madero.
carranza-10 El hecho es que ni fue hacendado, ni tampoco miembro distinguido ai??i??ni siquiera importanteai??i?? de la Ai??lite econA?mica de Coahuila durante el Porfiriato; pero tampoco era un revolucionario. Fue un polAi??tico formado durante el Porfiriato, aunque no un seguidor incondicional de Porfirio DAi??az, como sAi?? eran el general Bernardo Reyes, el ministro de Hacienda JosAi?? Yves Limantour o go- bernadores como PrA?spero Cahuantzi de Tlaxcala o Teodoro Dehesa de Veracruz ai??i??que llegaron al poder gracias a DAi??az y que se fueron con Ai??lai??i??. Carranza fue un polAi??tico porfiriano que no se distinguiA? por buscar la transformaciA?n revolucionaria de la sociedad o del sistema polAi??tico en MAi??xico. En lo que sAi?? resultA? excepcional fue en su visiA?n para aprovechar las circunstancias extraordinarias, que primero le permitieron entrar a la polAi??tica local en Cuatro CiAi??negas; despuAi??s convertirse en un lAi??der regional y, finalmente, en el jefe mA?ximo e indiscutible de la RevoluciA?n despuAi??s del golpe de Estado que costA? la vida a Madero.

Algunos historiadores han asumido que Carranza fue ai???derrotadoai??? por el Congreso Constituyente de 1916-1917, que Ai??l mismo convocA? y que, como resultado, se negA? a poner en prA?ctica las clA?usulas mA?s radicales de la ConstituciA?n, como los artAi??culos 27 y 123. Pero si se analizan su juventud, su educaciA?n liberal y su participaciA?n polAi??tica antes de 1910, se entiende mejor su programa de gobierno en Coahuila, la propuesta de reformas a la constituciA?n local y a la ConstituciA?n de 1857 y el por quAi?? no se puede decir que rechazA? la puesta en prA?ctica de la legislaciA?n radical agraria y del trabajo. Es errA?neo decir que se opuso a que se redistribuyera la tierra cuando Ai??l promulgA? la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, en la que reconocAi??a el problema como una cau- sa fundamental de la RevoluciA?n y establecAi??a como acto de elemental justicia devolver a los pueblos los terrenos que los terratenientes les habAi??an despojado: se trata, decAi??a, de dar la ai???tierra a la poblaciA?n rural miserable que hoy carece de ella, para que pueda desarrollar plenamente su derecho a la vida y librarse de la servidumbreai???. En cuanto a la ConstituciA?n, les dijo a los diputados constituyentes en QuerAi??taro: ai???Del Ai??xito o fracaso de esta ConstituciA?n seremos responsables tanto us- tedes como yo, asAi?? como los constituyentes de 1857ai???, aunque aceptA? que, en su visiA?n, en algunos puntos se habAi??a ido mA?s allA? de las fronteras de nuestro medio social.

En nuestra imaginaciA?n colectiva ai??i??y en la imagen que se tiene de MAi??xico en el mundoai??i?? Emiliano Zapata y Francisco Villa son las figuras centrales de la RevoluciA?n. Venustiano Carranza es un personaje relativamente menor en esa historia. No obstante, si se analizan frAi??amente los resultados de lo que hoy llamamos RevoluciA?n mexicana, veremos que lo que se obtuvo no fue lo que Zapata o Villa hubieran deseado, sino que, de hecho, todo lo que se logrA? despuAi??s de 1920 fue posible gracias a lo que Ai??l construyA?. A?Por quAi?? entonces se da esta contradicciA?n?

A pesar de que Isidro Fabela, por ejemplo, uno de los polAi??ticos y diplomA?ticos mA?s distinguidos de MAi??xico en el siglo XX, decAi??a que don Venus ai??i??como lo llamaban sus colaboradores y amigos mA?s cercanosai??i?? era un hombre moral, honrado, con una inteligencia sagaz que le hacAi??a ver las cosas, las circunstancias y los hombres con nitidez, para Zapata se trataba de un individuo arbitrario y de personalidad mezquina.