Archivo de la etiqueta: Emiliano Zapata

Los hermanos Rousset y su compromiso revolucionario

Christine Rousset

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  40.

La revolución que acabaría con el régimen porfirista tuvo abundantes casos heroicos. Uno de ellos, y aún desconocido, es el de los cinco hermanos de origen francés que apoyaron a sus vecinos los Serdán Alatriste, en Puebla, en la lucha antirreeleccionista, y que luego de exiliarse por un corto tiempo. salvaron a Francisco I. Madero de una primera conspiración y se unieron a los ideales de Emiliano Zapata y la causa constitucionalista.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Si hay unos hermanos famosos y reconocidos como mártires y próceres de la revolución en la ciudad de Puebla son los Serdán Alatriste. Pero existe otra fratria cuya historia bien merece ser conocida: los hermanos Rousset Montoya: Filomena, Rafael, Guillermo, Benito y Antonio, siendo Guillermo mi abuelo.

Respecto de sus orígenes, sé que eran nietos de Guillaume Rousset, oriundo de un minúsculo pueblo del suroeste de Francia, llamado Livinhac-le-Haut, atravesado a su largo y ancho por el río Lot, y que a lo largo de su vida fue campesino, cantinero y zapatero. Se casó con Anne Cambatalade, originaria de la misma villa, en el año de 1814. La pareja tuvo siete hijos: Jean-Baptiste, Antoine, Christine, Marie-Rose, Marie-Jeanne, Benoit y el menor Pierre-Jean. Los hermanos Rousset, a su vez, eran hijos de Antoine, ingeniero de minas según algunos, de puentes y caminos, según otros. En todo caso, nació en la ciudad minera de Decazeville, en el departamento del Aveyron de la región de los Mediodía-Pirineos.

Mi bisabuelo Antoine llegó al puerto de Veracruz, México, en 1849, a la edad de 30 años, a bordo del barco “El Cecilia”. No se convirtió en millonario, pero sí logró con el pasar de los años constituirse un pequeño capital que le permitió gozar de una confortable posición económica en la comarca poblana. Era propietario de algunas haciendas y ranchos en la región: en Cholula, Tepeaca y cerca del estado de Tlaxcala, en la comunidad de San Lorenzo Almecatla. Además, fue dueño de una cantera de mármol. Se casó con Josefa Montoya Cortez, originaria de Tepeaca, Puebla.

Tuvieron varios hijos en la capital poblana, entre 1866 y 1877, quienes crecieron en el centro de la Angelópolis, a unas cuadras de la Catedral, en la casa familiar de la calle de la Puerta Falsa de los Gallos. De hecho, muy cerca de la propia casa de los Serdán que se ubicaba a unos metros, en la famosa calle de Santa Clara. Los hermanos varones realizaron sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios mientras tanto Filomena, la hermana mayor, se dedicó a las labores del hogar, como se acostumbraba en aquellos tiempos.

Al fallecer Antoine de una conmoción cerebral a causa de una mala caída en 1887, los hermanos quedaron bajo la tutela de Miguel Bernal, padrino de Benito y director del Colegio del Estado. Poco a poco, la vida retomó su curso y cada quien empezó a emprender su propio camino. Rafael, el mayor de los varones, después de haber trabajado algún tiempo como empleado en la quincallería de un amigo francés de su padre, el señor Carlos J. Charles, puso su propio negocio, una ladrillera, que tuvo bastante éxito. Los otros tres concentraron sus esfuerzos como comisionistas de granos, en especial, de trigo, cebada y maíz en el área de Chalchicomula, ciudad que limita con
el estado de Veracruz.

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El legado fotogrA?fico de Cruz SA?nchez

Paulina Michel
Archivo HistA?rico de la UNAM-IISUE

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

La revoluciA?n mexicana tuvo abundantes fotA?grafos, aunque pocos pudieron dar a conocer sus trabajos. Entre los que permanecen menos visibles estA? este alcalde de Yautepec, quien se tomA? su tiempo para dejar algunas huellas revolucionarias en imA?genes de varios de sus lAi??deres como Zapata, algunos de sus enemigos y la cotidianidad de la Ai??poca. MA?s de medio centenar de sus trabajos se encuentra resguardado en la UNAM.

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Cruz SA?nchez, Retrato de grupo en el que aparece (al centro, sentado) el general sinaloense Juan M. Banderas, quien fuera delegado zapatista a la ConvenciA?n de Aguascalientes, como integrante de la ComisiA?n del EjAi??rcito Libertador, Yautepec, Morelos, 1914. IISUE, Fondo Gildardo y Octavio MagaAi??a, ColecciA?n GrA?fica y HemerogrA?fica.

El Archivo HistA?rico de la Universidad NacionalAi??AutA?noma de MAi??xico (AHUNAM) resguardaAi??138 fondos y colecciones de muy distintaAi??procedencia entre los que se encuentranAi??aquellos relacionados con personajes de laAi??revoluciA?n mexicana como Heriberto Jara,Ai??Roque Estrada Reynoso, Juan BarragA?n, BlasAi??Corral, Jacinto Blas TreviAi??o, Amado Aguirre,Ai??Francisco L. Urquizo y Gildardo MagaAi??a,entre otros. Este A?ltimo archivo contiene,Ai??entre una gran cantidad de documentos, aproximadamenteAi??mil imA?genes sobre la revoluciA?n,Ai??particularmente sobre el movimientoAi??encabezado por el general Emiliano ZapataAi??en el estado de Morelos. Cabe seAi??alar queAi??este fondo ha sido llamado ahora ArchivoAi??Gildardo y Octavio MagaAi??a Cerda, ya queAi??reA?ne documentos coleccionados por ambosAi??hermanos, ademA?s de imA?genes de la gestiA?nAi??de Gildardo MagaAi??a como gobernador deAi??MichoacA?n entre 1936 y 1939. En esta ocasiA?nAi??solamente me referirAi?? a un pequeAi??o grupo deAi??fotografAi??as que se encuentran en este archivo,Ai??especAi??ficamente alrededor de las imA?genes firmadasAi??o atribuidas al fotA?grafo Cruz SA?nchez,Ai??oriundo de Yautepec, Morelos, quien registrA?Ai??este acontecimiento en una de las sedes delAi??cuartel general de Zapata.

Con la revoluciA?n mexicana comenzA? tambiAi??nAi??la proliferaciA?n de fotA?grafos, los cualesAi??dieron a conocer el movimiento armado aAi??travAi??s de las imA?genes en la prensa, tanto enAi??el paAi??s como en el extranjero. Destacaron enAi??esta labor autores como JesA?s H. Abitia, ManuelAi??Ramos, Hugo Brehme y Samuel Tinoco,Ai??entre otros, asAi?? como las agencias fotogrA?ficasAi??de AgustAi??n VAi??ctor Casasola y los prestigiadosAi??trabajos de Heliodoro Juan GutiAi??rrez EscobarAi??en los estudios FotografAi??a H. J. GutiAi??rrez yAi??The Chicago Photo Studio.

AdemA?s de las tradicionales fotografAi??as deAi??gabinete, el desarrollo tecnolA?gico de entoncesAi??les permitiA? realizar tomas instantA?neas de sucesosAi??cotidianos y militares, los cuales fueronAi??documentados exhaustivamente al seguir losAi??pasos de los lAi??deres revolucionarios, quienesAi??a su vez utilizaban estas imA?genes para promoverAi??su causa y su persona.

En el caso de Emiliano Zapata, la prensaAi??porfirista, conservadora y crAi??tica con el movimiento revolucionario (El Imparcial o El PaAi??s,Ai??por ejemplo), se encargA? de presentar en susAi??pA?ginas al lAi??der agrarista y a sus seguidoresAi??como un grupo de bandidos y rebeldes, conAi??intenciones de arrasar a la poblaciA?n urbana.Ai??Fue entonces cuando se acuAi??A? el tAi??rmino deAi??ai???Atila del Surai??? para descalificar a Zapata yAi??alertar del supuesto peligro que representabaAi??un ejAi??rcito de campesinos.

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Villaai??i??Zapata un encuentro con dos miradas

Guadalupe Villa Guerrero – Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 26.

En diciembre de 1914, Francisco Villa y Emiliano Zapata se reunieron en una escuela pA?blica de Xochimilco. El objetivo: establecer una alianza de colaboraciA?n mutua y en contra de Venustiano Carranza. dado el fracaso de la convenciA?n Revolucionaria de Aguascalientes. De aquella conversaciA?n dieron cuenta LeA?n Canova y Gonzalo Atayde.

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LeA?n Canova acompaAi??ado de A?lvaro ObregA?n en la ConvenciA?n de Aguascalientes, octubre 1914. SINAFO-INAH

A mediados de 1914 se hicieron evidentes, enAi??el panorama polAi??tico nacional, las crecientes diferencias entre Francisco Villa y VenustianoAi??Carranza, agravadas cuando el primero decidiA? contravenir las A?rdenes del segundo y marcharAi??con todo su ejAi??rcito en pos del importanteAi??bastiA?n federal de Zacatecas. La victoria deAi??Villa dio como resultado, en el mediano plazo,Ai??la derrota de Victoriano Huerta, su renunciaAi??a la presidencia y su huida del paAi??s.

Los intentos por tratar de solucionar losAi??problemas existentes entre aquellos jefes yAi??evitar a toda costa la ruptura entre revolucionariosAi??se tradujeron en el Pacto de TorreA?n.Ai??Carranza convocarAi??a a una convenciA?n de revolucionariosAi??cuya labor estarAi??a encaminada,Ai??entre otras cosas, ai???a implantar el rAi??gimen democrA?ticoAi??en nuestro paAi??sai???. No obstante, lejosAi??estaba el primer jefe de permitir se obstaculizara su llegada a la presidencia de la repA?blica.Ai??El aislamiento en el que mantuvo a Villa, sin abastecerlo de armas y combustible para susAi??trenes, y graves problemas surgidos con ObregA?n,Ai??provocaron que el jefe de la DivisiA?n delAi??Norte emitiera, en septiembre, el ManifiestoAi??y documentos que justifican el desconocimiento delAi??C. Venustiano Carranza como Primer Jefe deAi??la RevoluciA?n en el que, en resumen, acusabaAi??al lAi??der del constitucionalismo de querer instaurarAi??una nueva dictadura, y de oponerse aAi??los acuerdos de TorreA?n. Invitaba a los ciudadanosAi??a exigir la separaciA?n de Carranza de laAi??jefatura del EjAi??rcito Constitucionalista y delAi??poder ejecutivo; a nombrar a un presidenteAi??interino que adoptara medidas para garantizarAi??la resoluciA?n del problema agrario y convocaraAi??a elecciones.

Al no prosperar la convenciA?n revolucionariaAi??convocada por Carranza en la ciudad deAi??MAi??xico, se llegA? al acuerdo de convocar a unaAi??convenciA?n de jefes revolucionarios en la ciudadAi??de Aguascalientes para encontrar la soluciA?nAi??a los problemas del paAi??s, ratificA?ndose en gran medida el Pacto de TorreA?n que el Primer JefeAi??habAi??a desconocido. El 10 de octubre se inauguraronAi??las sesiones en el Teatro Morelos.

Desafortunadamente, lejos de lograrseAi??un consenso en cuanto al tipo de gobiernoAi??que el paAi??s necesitaba, las controversias entreAi??partidarios de la ConvenciA?n y de CarranzaAi??llegaron a la ruptura definitiva: zapatistas yAi??villistas contra constitucionalistas.

Zapata antes de la visita de Villa en Xochimilco La IustraciA?n Semanal, dciembre 1914 (640x585)

Emiliano Zapata y Mr. Carothers en Cuernavaca, 1914. SINAFO-INAH

Eulalio GutiAi??rrez, presidente provisionalAi??elegido en Aguascalientes, se estableciA? en laAi??ciudad de MAi??xico bajo el amparo del EjAi??rcitoAi??Convencionista acaudillado por Villa. EnAi??este marco tendrAi??a lugar el encuentro de losAi??ejAi??rcitos populares del norte y del sur. LasAi??avanzadas de la antigua DivisiA?n del Norte,Ai??convertida en EjAi??rcito Convencionista, llegaronAi??al pueblo de Tacuba el 28 de noviembreAi??de 1914, al tiempo que las tropas del EjAi??rcitoAi??Libertador del Sur, ocuparon la capital de laAi??repA?blica.

El histA?rico encuentro entre Francisco VillaAi??y Emiliano Zapata ocurriA? en Xochimilco.Ai??En la escuela pA?blica del pueblo fueron recibidosAi??con flores y fue ahAi?? donde tuvieron suAi??primera reuniA?n preservada para la posteridadAi??por al menos dos personas de las que sabemosAi??sus nombres: LeA?n Canova, representanteAi??del Departamento de Estado estadunidense,Ai??y Gonzalo Atayde, secretario particular delAi??coronel Roque GonzA?lez Garza.

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SA?lo ustedes lo saben

Silvia L. Cuessy

BiCentenario #21 Ai?? Ai??

Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambiA? tu suerte. A?Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la naciA?n te lo dijo: ese hombre sA?lo te traerA? dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querAi??as saber. Cuando te topaste con Ai??l, tu lAi??nea del destino quedA? trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quiAi??n era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metiA? en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivA? una extraAi??a mirada sA?lo entendida por los que sabAi??an tus secretos. TA? que entonces manipulabas la CA?mara a tu antojo; tA? que poseAi??as innumerables tierras y eras dueAi??o del destino de tantas personas, tenAi??as que acercA?rtele. Los caballos sirvieron de pretexto. TA? tenAi??as los mA?s finos del paAi??s; Ai??l era el mejor arrendador de la regiA?n.

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman’s Sons, 1910

Hoy sAi?? piensas en Amada, A?verdad? EstA?s agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora sAi?? la llamas. Maldito. OjalA? tambiAi??n te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. AAi??o tras aAi??o la dejaste sola en Navidades y aniversarios, ademA?s de los otros 355 dAi??as del aAi??o, si descontamos los ocho en que quizA? la llevaste al teatro o a algA?n baile porque asAi?? te convenAi??a hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus oAi??dosai??i?? Nacho, ya no quiero que me miren con lA?stima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detrA?s de las copas de cognac o los abanicosai??i?? Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. RehuAi??as las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolvAi??a las entraAi??as. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitaciA?n y no abriste ni siquiera para un buenas noches. A?QuAi?? te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merecAi??a por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devociA?n, y tA? le devolviste penas y vergA?enza. Ya no tendrA? otra opciA?n que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vacAi??os.

Ni el azA?car producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el carA?cter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un sportman de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de kA?iser mexicano, chaqueta de tweed, pantalA?n golf y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. A?Ah! quAi?? diferencia A?verdad? Y ahora, mAi??rate ahAi?? tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que tA? tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. EspAi??rate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde MAi??xico. Llevaba meses buscA?ndote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le llegA? la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo cA?mo habAi??a sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. VendiA? las alhajas que le diste en lugar de amor despuAi??s de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia tenAi??a; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorizaciA?n para que los mAi??dicos te sometan a una cirugAi??a. SorteA? obstA?culos y lA?grimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cadA?ver, quiAi??n sabe si aguantes. Por lo menos dale ese A?nico gusto. EspAi??rala vivo, infeliz.

Utilizabas a la gente. La movAi??as a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, decAi??as. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu chofer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevarAi??a al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traiciA?n y la muerte, junto a la penitenciarAi??a de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volverAi??a a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estarAi??an a salvo.

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Miradas extranjeras

Revista BiCentenario #10

El fenA?meno de la RevoluciA?n llamA? la atenciA?n de diversos extranjeros que por alguna razA?n estuvieron en MAi??xico. Las grandes movilizaciones populares despertaron suAi??interAi??s y curiosidad por entender lo que estaba pasando en nuestro paAi??s. Periodistas, polAi??ticos, diplomA?ticos e inmigrantes, entre otros, describieron a los protagonistas en distintos momentos de la lucha. Sus testimonios son singulares pues presenciaron los sucesos en que aquAi??llos participaron y subrayan la simpatAi??a o antipatAi??a que sintieron.

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero

Manuel MA?rquez Sterling, embajador de Cuba en MAi??xico a partir de enero de 1913, fue testigo de los aciagos dAi??as de la Decena TrA?gica que culminaron con el derrocamiento y la muerte de Madero, a quien retrata en las siguientes lAi??neas extraAi??das de su libro Los A?ltimos dAi??as del Presidente Madero (1917):

Al fondo, en el centro de su Consejo de Minis- tros, D. Francisco I. Madero, de frac, pequeAi??o y redondo, con la banda presidencial sobre la tersa pechera de su camisa, me aguarda en la verde y sedosa alfombra. Reacciona mi espAi??ritu, y asoma a los ojos, todo Ai??l en mis puplas, dispuesto a interpretar, a su manera, la inquietud nerviosa, amable y regocijada, en mezcla extraAi??a y A?nica, del magistrado que saborea la victoria [...]

El nuevo mandatario, pese a sus enemigos, era un hombre virtuoso [...] traAi??a su fe en el rAi??gimen democrA?tico, su fe en el pueblo, su fe en la ConstituciA?n, hasta entonces, por ningA?n gobierno practicada; sentAi??a, como nunca, ademA?s, la mano directora de la Providencia sobre su hombro; sentAi??a la divinidad en su alma pura y cristalina; y en su polAi??tica, suave, indulgente, paternal, vibraban las grandes afirmaciones de un sincero apostolado [...].

La presencia de Madero ya no despertaba [meses despuAi??s] el entusiasmo de antes en las clases inferiores, en el siervo a quien habAi??a redimido; y su aura popular, un tiempo extraordinaria, se esfumaba, lA?nguida y triste, en cielos de tormenta. La oposiciA?n habAi??a inculcado a sus antiguos adoradores la desconfianza y el recelo.

[...] La noche del 18 de febrero [de 1913] fue noche muy triste para quienes, amando profundamente a la patria mexicana, comprendieron que [Victoriano Huerta] era presa del furor de la ambiciA?n… Resolvimos ir a la Intendencia del Palacio a ver a los vencidos. El mismo oficial nos condujo hasta la puerta. Pino SuA?rez, escribAi??a en un bufete rodeado de soldados. En un cuarto contiguo, varias personas, en estrado, acompaAi??aban a Madero. [...] Me hizo sentar en el sofA? y a mi izquierda ocupA? una butaca. PequeAi??o de estatura, complexiA?n robusta, ni gordo ni delgado, el Presidente rebosaba juventud. Se movAi??a con ligereza, sacudido por los nervios; y los ojos redondos y pardos brillaban con esplendente fulgor. Redonda la cara, gruesas las facciones, tupida y negra la barba, cortada en A?ngulo, sonreAi??a con indulgencia y con dignidad. Reflejaba en el semblante sus pensamientos que buscaban, de continuo, medios diversos de expresiA?n. SegA?n piensa, habla o calla, camina o se detiene, escucha o interrumpe; agita los brazos, mira con fijeza o mira en vago; y sonrAi??e siempre; invariablemente sonrAi??e. Pero, su sonrisa es buena, franca, generosa [...] Era como el gesto del rAi??gimen que con Ai??l se extinguAi??a [...]

Era la una de la maAi??ana [...] Madero, en es- tos instantes inolvidables, de tres sillas forja un lecho para el Ministro de Cuba, rogA?ndole que se acueste. De una maleta… saca varias frazadas y mantas que suplieron sA?banas y almohadas; y revela [...], en el semblante, la divertida gentileza de quien afronta, dichoso, las peripecias de una cacerAi??a feliz en la montaAi??a profunda [...] Eran rasgo de su carA?cter el orden, la simetrAi??a, la regularidad [...]

A las diez de la maAi??ana todavAi??a me hallaba en la Intendencia del Palacio Nacional de MAi??xico. El dormitorio recobrA? sus preeminencias de ai???sala de reciboai??? y Madero, en el remanso de su dulce op- timismo, formulaba planes de romA?ntica defensa. Desde luego, no concebAi??a que tuviese Huerta deseos de matarle; ni aceptaba la sospecha de que FAi??lix (DAi??az) permitiese el bA?rbaro sacrificio de suAi??vida, siAi??ndole deudor de la suya. Pero, a ratos, la idea del prolongado cautiverio le inquieta; y sonrAi??e compadecido de sAi?? mismo. Educado al aire libre, admirable jinete, gran nadador y, ademA?s,Ai??amante de la caza, la tAi??trica sombra del calabozo le afligAi??a.

[...] el 22 de febrero [...] mediada la noche, al parecer tranquila, me di blandamente al sueAi??o [...] Un sirviente llama desde fuera de la alcoba [...] avisa que la seAi??ora de Madero quiere hablar por el telAi??fono [...] Son las siete de una frAi??a maAi??ana. Corre mi esposa al receptor y escucha el desolado ruego: ai???A?SeAi??ora, por Dios; al Ministro que averigA?e si anoche hirieron a mi marido! A?Es preciso que yo lo sepa, seAi??ora!ai??? [...] Y no podAi??a consolarla, desmintiendo aquella versiA?n, piadoso anticipo de la dolorosa realidad, porque, en ese instante, su doncella le mostraba, a todo el ancho del periA?dicoAi??El Imparcial, en grandes letras rojas, la noticia del martirio.

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