Archivo de la etiqueta: Emiliano Zapata

El legado fotogrA?fico de Cruz SA?nchez

Paulina Michel
Archivo HistA?rico de la UNAM-IISUE

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

La revoluciA?n mexicana tuvo abundantes fotA?grafos, aunque pocos pudieron dar a conocer sus trabajos. Entre los que permanecen menos visibles estA? este alcalde de Yautepec, quien se tomA? su tiempo para dejar algunas huellas revolucionarias en imA?genes de varios de sus lAi??deres como Zapata, algunos de sus enemigos y la cotidianidad de la Ai??poca. MA?s de medio centenar de sus trabajos se encuentra resguardado en la UNAM.

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Cruz SA?nchez, Retrato de grupo en el que aparece (al centro, sentado) el general sinaloense Juan M. Banderas, quien fuera delegado zapatista a la ConvenciA?n de Aguascalientes, como integrante de la ComisiA?n del EjAi??rcito Libertador, Yautepec, Morelos, 1914. IISUE, Fondo Gildardo y Octavio MagaAi??a, ColecciA?n GrA?fica y HemerogrA?fica.

El Archivo HistA?rico de la Universidad NacionalAi??AutA?noma de MAi??xico (AHUNAM) resguardaAi??138 fondos y colecciones de muy distintaAi??procedencia entre los que se encuentranAi??aquellos relacionados con personajes de laAi??revoluciA?n mexicana como Heriberto Jara,Ai??Roque Estrada Reynoso, Juan BarragA?n, BlasAi??Corral, Jacinto Blas TreviAi??o, Amado Aguirre,Ai??Francisco L. Urquizo y Gildardo MagaAi??a,entre otros. Este A?ltimo archivo contiene,Ai??entre una gran cantidad de documentos, aproximadamenteAi??mil imA?genes sobre la revoluciA?n,Ai??particularmente sobre el movimientoAi??encabezado por el general Emiliano ZapataAi??en el estado de Morelos. Cabe seAi??alar queAi??este fondo ha sido llamado ahora ArchivoAi??Gildardo y Octavio MagaAi??a Cerda, ya queAi??reA?ne documentos coleccionados por ambosAi??hermanos, ademA?s de imA?genes de la gestiA?nAi??de Gildardo MagaAi??a como gobernador deAi??MichoacA?n entre 1936 y 1939. En esta ocasiA?nAi??solamente me referirAi?? a un pequeAi??o grupo deAi??fotografAi??as que se encuentran en este archivo,Ai??especAi??ficamente alrededor de las imA?genes firmadasAi??o atribuidas al fotA?grafo Cruz SA?nchez,Ai??oriundo de Yautepec, Morelos, quien registrA?Ai??este acontecimiento en una de las sedes delAi??cuartel general de Zapata.

Con la revoluciA?n mexicana comenzA? tambiAi??nAi??la proliferaciA?n de fotA?grafos, los cualesAi??dieron a conocer el movimiento armado aAi??travAi??s de las imA?genes en la prensa, tanto enAi??el paAi??s como en el extranjero. Destacaron enAi??esta labor autores como JesA?s H. Abitia, ManuelAi??Ramos, Hugo Brehme y Samuel Tinoco,Ai??entre otros, asAi?? como las agencias fotogrA?ficasAi??de AgustAi??n VAi??ctor Casasola y los prestigiadosAi??trabajos de Heliodoro Juan GutiAi??rrez EscobarAi??en los estudios FotografAi??a H. J. GutiAi??rrez yAi??The Chicago Photo Studio.

AdemA?s de las tradicionales fotografAi??as deAi??gabinete, el desarrollo tecnolA?gico de entoncesAi??les permitiA? realizar tomas instantA?neas de sucesosAi??cotidianos y militares, los cuales fueronAi??documentados exhaustivamente al seguir losAi??pasos de los lAi??deres revolucionarios, quienesAi??a su vez utilizaban estas imA?genes para promoverAi??su causa y su persona.

En el caso de Emiliano Zapata, la prensaAi??porfirista, conservadora y crAi??tica con el movimiento revolucionario (El Imparcial o El PaAi??s,Ai??por ejemplo), se encargA? de presentar en susAi??pA?ginas al lAi??der agrarista y a sus seguidoresAi??como un grupo de bandidos y rebeldes, conAi??intenciones de arrasar a la poblaciA?n urbana.Ai??Fue entonces cuando se acuAi??A? el tAi??rmino deAi??ai???Atila del Surai??? para descalificar a Zapata yAi??alertar del supuesto peligro que representabaAi??un ejAi??rcito de campesinos.

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Villaai??i??Zapata un encuentro con dos miradas

Guadalupe Villa Guerrero – Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 26.

En diciembre de 1914, Francisco Villa y Emiliano Zapata se reunieron en una escuela pA?blica de Xochimilco. El objetivo: establecer una alianza de colaboraciA?n mutua y en contra de Venustiano Carranza. dado el fracaso de la convenciA?n Revolucionaria de Aguascalientes. De aquella conversaciA?n dieron cuenta LeA?n Canova y Gonzalo Atayde.

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LeA?n Canova acompaAi??ado de A?lvaro ObregA?n en la ConvenciA?n de Aguascalientes, octubre 1914. SINAFO-INAH

A mediados de 1914 se hicieron evidentes, enAi??el panorama polAi??tico nacional, las crecientes diferencias entre Francisco Villa y VenustianoAi??Carranza, agravadas cuando el primero decidiA? contravenir las A?rdenes del segundo y marcharAi??con todo su ejAi??rcito en pos del importanteAi??bastiA?n federal de Zacatecas. La victoria deAi??Villa dio como resultado, en el mediano plazo,Ai??la derrota de Victoriano Huerta, su renunciaAi??a la presidencia y su huida del paAi??s.

Los intentos por tratar de solucionar losAi??problemas existentes entre aquellos jefes yAi??evitar a toda costa la ruptura entre revolucionariosAi??se tradujeron en el Pacto de TorreA?n.Ai??Carranza convocarAi??a a una convenciA?n de revolucionariosAi??cuya labor estarAi??a encaminada,Ai??entre otras cosas, ai???a implantar el rAi??gimen democrA?ticoAi??en nuestro paAi??sai???. No obstante, lejosAi??estaba el primer jefe de permitir se obstaculizara su llegada a la presidencia de la repA?blica.Ai??El aislamiento en el que mantuvo a Villa, sin abastecerlo de armas y combustible para susAi??trenes, y graves problemas surgidos con ObregA?n,Ai??provocaron que el jefe de la DivisiA?n delAi??Norte emitiera, en septiembre, el ManifiestoAi??y documentos que justifican el desconocimiento delAi??C. Venustiano Carranza como Primer Jefe deAi??la RevoluciA?n en el que, en resumen, acusabaAi??al lAi??der del constitucionalismo de querer instaurarAi??una nueva dictadura, y de oponerse aAi??los acuerdos de TorreA?n. Invitaba a los ciudadanosAi??a exigir la separaciA?n de Carranza de laAi??jefatura del EjAi??rcito Constitucionalista y delAi??poder ejecutivo; a nombrar a un presidenteAi??interino que adoptara medidas para garantizarAi??la resoluciA?n del problema agrario y convocaraAi??a elecciones.

Al no prosperar la convenciA?n revolucionariaAi??convocada por Carranza en la ciudad deAi??MAi??xico, se llegA? al acuerdo de convocar a unaAi??convenciA?n de jefes revolucionarios en la ciudadAi??de Aguascalientes para encontrar la soluciA?nAi??a los problemas del paAi??s, ratificA?ndose en gran medida el Pacto de TorreA?n que el Primer JefeAi??habAi??a desconocido. El 10 de octubre se inauguraronAi??las sesiones en el Teatro Morelos.

Desafortunadamente, lejos de lograrseAi??un consenso en cuanto al tipo de gobiernoAi??que el paAi??s necesitaba, las controversias entreAi??partidarios de la ConvenciA?n y de CarranzaAi??llegaron a la ruptura definitiva: zapatistas yAi??villistas contra constitucionalistas.

Zapata antes de la visita de Villa en Xochimilco La IustraciA?n Semanal, dciembre 1914 (640x585)

Emiliano Zapata y Mr. Carothers en Cuernavaca, 1914. SINAFO-INAH

Eulalio GutiAi??rrez, presidente provisionalAi??elegido en Aguascalientes, se estableciA? en laAi??ciudad de MAi??xico bajo el amparo del EjAi??rcitoAi??Convencionista acaudillado por Villa. EnAi??este marco tendrAi??a lugar el encuentro de losAi??ejAi??rcitos populares del norte y del sur. LasAi??avanzadas de la antigua DivisiA?n del Norte,Ai??convertida en EjAi??rcito Convencionista, llegaronAi??al pueblo de Tacuba el 28 de noviembreAi??de 1914, al tiempo que las tropas del EjAi??rcitoAi??Libertador del Sur, ocuparon la capital de laAi??repA?blica.

El histA?rico encuentro entre Francisco VillaAi??y Emiliano Zapata ocurriA? en Xochimilco.Ai??En la escuela pA?blica del pueblo fueron recibidosAi??con flores y fue ahAi?? donde tuvieron suAi??primera reuniA?n preservada para la posteridadAi??por al menos dos personas de las que sabemosAi??sus nombres: LeA?n Canova, representanteAi??del Departamento de Estado estadunidense,Ai??y Gonzalo Atayde, secretario particular delAi??coronel Roque GonzA?lez Garza.

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SA?lo ustedes lo saben

Silvia L. Cuessy

BiCentenario #21 Ai?? Ai??

Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambiA? tu suerte. A?Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la naciA?n te lo dijo: ese hombre sA?lo te traerA? dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querAi??as saber. Cuando te topaste con Ai??l, tu lAi??nea del destino quedA? trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quiAi??n era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metiA? en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivA? una extraAi??a mirada sA?lo entendida por los que sabAi??an tus secretos. TA? que entonces manipulabas la CA?mara a tu antojo; tA? que poseAi??as innumerables tierras y eras dueAi??o del destino de tantas personas, tenAi??as que acercA?rtele. Los caballos sirvieron de pretexto. TA? tenAi??as los mA?s finos del paAi??s; Ai??l era el mejor arrendador de la regiA?n.

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman’s Sons, 1910

Hoy sAi?? piensas en Amada, A?verdad? EstA?s agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora sAi?? la llamas. Maldito. OjalA? tambiAi??n te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. AAi??o tras aAi??o la dejaste sola en Navidades y aniversarios, ademA?s de los otros 355 dAi??as del aAi??o, si descontamos los ocho en que quizA? la llevaste al teatro o a algA?n baile porque asAi?? te convenAi??a hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus oAi??dosai??i?? Nacho, ya no quiero que me miren con lA?stima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detrA?s de las copas de cognac o los abanicosai??i?? Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. RehuAi??as las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolvAi??a las entraAi??as. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitaciA?n y no abriste ni siquiera para un buenas noches. A?QuAi?? te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merecAi??a por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devociA?n, y tA? le devolviste penas y vergA?enza. Ya no tendrA? otra opciA?n que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vacAi??os.

Ni el azA?car producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el carA?cter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un sportman de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de kA?iser mexicano, chaqueta de tweed, pantalA?n golf y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. A?Ah! quAi?? diferencia A?verdad? Y ahora, mAi??rate ahAi?? tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que tA? tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. EspAi??rate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde MAi??xico. Llevaba meses buscA?ndote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le llegA? la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo cA?mo habAi??a sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. VendiA? las alhajas que le diste en lugar de amor despuAi??s de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia tenAi??a; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorizaciA?n para que los mAi??dicos te sometan a una cirugAi??a. SorteA? obstA?culos y lA?grimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cadA?ver, quiAi??n sabe si aguantes. Por lo menos dale ese A?nico gusto. EspAi??rala vivo, infeliz.

Utilizabas a la gente. La movAi??as a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, decAi??as. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu chofer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevarAi??a al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traiciA?n y la muerte, junto a la penitenciarAi??a de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volverAi??a a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estarAi??an a salvo.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Miradas extranjeras

Revista BiCentenario #10

El fenA?meno de la RevoluciA?n llamA? la atenciA?n de diversos extranjeros que por alguna razA?n estuvieron en MAi??xico. Las grandes movilizaciones populares despertaron suAi??interAi??s y curiosidad por entender lo que estaba pasando en nuestro paAi??s. Periodistas, polAi??ticos, diplomA?ticos e inmigrantes, entre otros, describieron a los protagonistas en distintos momentos de la lucha. Sus testimonios son singulares pues presenciaron los sucesos en que aquAi??llos participaron y subrayan la simpatAi??a o antipatAi??a que sintieron.

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero

Manuel MA?rquez Sterling, embajador de Cuba en MAi??xico a partir de enero de 1913, fue testigo de los aciagos dAi??as de la Decena TrA?gica que culminaron con el derrocamiento y la muerte de Madero, a quien retrata en las siguientes lAi??neas extraAi??das de su libro Los A?ltimos dAi??as del Presidente Madero (1917):

Al fondo, en el centro de su Consejo de Minis- tros, D. Francisco I. Madero, de frac, pequeAi??o y redondo, con la banda presidencial sobre la tersa pechera de su camisa, me aguarda en la verde y sedosa alfombra. Reacciona mi espAi??ritu, y asoma a los ojos, todo Ai??l en mis puplas, dispuesto a interpretar, a su manera, la inquietud nerviosa, amable y regocijada, en mezcla extraAi??a y A?nica, del magistrado que saborea la victoria [...]

El nuevo mandatario, pese a sus enemigos, era un hombre virtuoso [...] traAi??a su fe en el rAi??gimen democrA?tico, su fe en el pueblo, su fe en la ConstituciA?n, hasta entonces, por ningA?n gobierno practicada; sentAi??a, como nunca, ademA?s, la mano directora de la Providencia sobre su hombro; sentAi??a la divinidad en su alma pura y cristalina; y en su polAi??tica, suave, indulgente, paternal, vibraban las grandes afirmaciones de un sincero apostolado [...].

La presencia de Madero ya no despertaba [meses despuAi??s] el entusiasmo de antes en las clases inferiores, en el siervo a quien habAi??a redimido; y su aura popular, un tiempo extraordinaria, se esfumaba, lA?nguida y triste, en cielos de tormenta. La oposiciA?n habAi??a inculcado a sus antiguos adoradores la desconfianza y el recelo.

[...] La noche del 18 de febrero [de 1913] fue noche muy triste para quienes, amando profundamente a la patria mexicana, comprendieron que [Victoriano Huerta] era presa del furor de la ambiciA?n… Resolvimos ir a la Intendencia del Palacio a ver a los vencidos. El mismo oficial nos condujo hasta la puerta. Pino SuA?rez, escribAi??a en un bufete rodeado de soldados. En un cuarto contiguo, varias personas, en estrado, acompaAi??aban a Madero. [...] Me hizo sentar en el sofA? y a mi izquierda ocupA? una butaca. PequeAi??o de estatura, complexiA?n robusta, ni gordo ni delgado, el Presidente rebosaba juventud. Se movAi??a con ligereza, sacudido por los nervios; y los ojos redondos y pardos brillaban con esplendente fulgor. Redonda la cara, gruesas las facciones, tupida y negra la barba, cortada en A?ngulo, sonreAi??a con indulgencia y con dignidad. Reflejaba en el semblante sus pensamientos que buscaban, de continuo, medios diversos de expresiA?n. SegA?n piensa, habla o calla, camina o se detiene, escucha o interrumpe; agita los brazos, mira con fijeza o mira en vago; y sonrAi??e siempre; invariablemente sonrAi??e. Pero, su sonrisa es buena, franca, generosa [...] Era como el gesto del rAi??gimen que con Ai??l se extinguAi??a [...]

Era la una de la maAi??ana [...] Madero, en es- tos instantes inolvidables, de tres sillas forja un lecho para el Ministro de Cuba, rogA?ndole que se acueste. De una maleta… saca varias frazadas y mantas que suplieron sA?banas y almohadas; y revela [...], en el semblante, la divertida gentileza de quien afronta, dichoso, las peripecias de una cacerAi??a feliz en la montaAi??a profunda [...] Eran rasgo de su carA?cter el orden, la simetrAi??a, la regularidad [...]

A las diez de la maAi??ana todavAi??a me hallaba en la Intendencia del Palacio Nacional de MAi??xico. El dormitorio recobrA? sus preeminencias de ai???sala de reciboai??? y Madero, en el remanso de su dulce op- timismo, formulaba planes de romA?ntica defensa. Desde luego, no concebAi??a que tuviese Huerta deseos de matarle; ni aceptaba la sospecha de que FAi??lix (DAi??az) permitiese el bA?rbaro sacrificio de suAi??vida, siAi??ndole deudor de la suya. Pero, a ratos, la idea del prolongado cautiverio le inquieta; y sonrAi??e compadecido de sAi?? mismo. Educado al aire libre, admirable jinete, gran nadador y, ademA?s,Ai??amante de la caza, la tAi??trica sombra del calabozo le afligAi??a.

[...] el 22 de febrero [...] mediada la noche, al parecer tranquila, me di blandamente al sueAi??o [...] Un sirviente llama desde fuera de la alcoba [...] avisa que la seAi??ora de Madero quiere hablar por el telAi??fono [...] Son las siete de una frAi??a maAi??ana. Corre mi esposa al receptor y escucha el desolado ruego: ai???A?SeAi??ora, por Dios; al Ministro que averigA?e si anoche hirieron a mi marido! A?Es preciso que yo lo sepa, seAi??ora!ai??? [...] Y no podAi??a consolarla, desmintiendo aquella versiA?n, piadoso anticipo de la dolorosa realidad, porque, en ese instante, su doncella le mostraba, a todo el ancho del periA?dicoAi??El Imparcial, en grandes letras rojas, la noticia del martirio.

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Venustiano Carranza: entre la historia y la imaginaciA?n

Luis BarrA?n
CIDE
Revista BiCentenario #10
el-senador-venustiano-carranza-1890-10 A 100 aAi??os del inicio de la RevoluciA?n, todavAi??a prevalecen muchos mitos alrededor del llamado VarA?n de Cuatro CiAi??negas y las fotografAi??as que usualmente se difunden han fijado en nuestra imaginaciA?n colectiva la efigie de un polAi??tico gris, poco carismA?tico, autoritario… casi la de una estatua inhumana. Venustiano Carranza fue, sin lugar a dudas, la figura pA?blica mA?s importante en MAi??xico durante la violenta dAi??cada de la RevoluciA?n (1910-1920); el A?nico de sus protagonistas principales que viviA? y sostuvo su influencia polAi??tica durante toda la dAi??cada y el A?nico lAi??der que logrA? articular un movimiento militar con un plan polAi??tico nacional: dentro de lo que podrAi??a llamarse ai???constitucionalismoai???, logrA? incorporar varias de las propuestas de los diferentes lAi??deres y grupos revolucionarios. No es que compartiera las demandas ni los proyectos, mucho mA?s radicales, de Francisco Villa o Emiliano Zapata; tampoco que fuese un demA?crata, como lo habAi??a sido el presidente Francisco I. Madero; o que se considerara a sAi?? mismo heredero de grupos precursores de la RevoluciA?n, como los hermanos Flores MagA?n y los militantes del Partido Liberal Mexicano, por dar algunos ejemplos. Sin embargo, desde antes de que comenzara la RevoluciA?n, Carranza era ya un polAi??tico profesional con amplia experiencia, que poseAi??a las habilidades necesarias para integrar en un proyecto nacional muchas de las demandasAi??que surgirAi??an durante la lucha armada.

Algunos historiadores han hecho contribucio- nes valiosas, pero no han analizado cuidadosamente la vida temprana ni la carrera de Carranza antes de la RevoluciA?n, y aunque la historiografAi??a sobre el tema es abundante, prevalece la idea de que fue un rico hacendado del norte, un polAi??tico conservador que nunca apoyA? a Madero, que asesinA? a Zapata, que traicionA? a Villa y que impidiA? que se aplicaran las disposiciones mA?s radicales de la ConstituciA?n. Prevalece tambiAi??n la imagen de que su gobierno constitucional (1917-1920) fue o bien anA?rquico, o sA?lo un interludio conservador entre la lucha democrA?tica de Madero y los regAi??menes revolucionarios de los aAi??os veinte y treinta. En la historiografAi??a de la RevoluciA?n, Carranza es, en un extremo, el conservador oportunista que aprovechA? la revoluciA?n de Madero para establecer su liderazgo y que hizo a un lado los proyectos mA?s populares de Villa y Zapata; en el otro extremo, el revolucionario nacionalista que ai???salvA?ai??? la fallida revoluciA?n de Madero.
carranza-10 El hecho es que ni fue hacendado, ni tampoco miembro distinguido ai??i??ni siquiera importanteai??i?? de la Ai??lite econA?mica de Coahuila durante el Porfiriato; pero tampoco era un revolucionario. Fue un polAi??tico formado durante el Porfiriato, aunque no un seguidor incondicional de Porfirio DAi??az, como sAi?? eran el general Bernardo Reyes, el ministro de Hacienda JosAi?? Yves Limantour o go- bernadores como PrA?spero Cahuantzi de Tlaxcala o Teodoro Dehesa de Veracruz ai??i??que llegaron al poder gracias a DAi??az y que se fueron con Ai??lai??i??. Carranza fue un polAi??tico porfiriano que no se distinguiA? por buscar la transformaciA?n revolucionaria de la sociedad o del sistema polAi??tico en MAi??xico. En lo que sAi?? resultA? excepcional fue en su visiA?n para aprovechar las circunstancias extraordinarias, que primero le permitieron entrar a la polAi??tica local en Cuatro CiAi??negas; despuAi??s convertirse en un lAi??der regional y, finalmente, en el jefe mA?ximo e indiscutible de la RevoluciA?n despuAi??s del golpe de Estado que costA? la vida a Madero.

Algunos historiadores han asumido que Carranza fue ai???derrotadoai??? por el Congreso Constituyente de 1916-1917, que Ai??l mismo convocA? y que, como resultado, se negA? a poner en prA?ctica las clA?usulas mA?s radicales de la ConstituciA?n, como los artAi??culos 27 y 123. Pero si se analizan su juventud, su educaciA?n liberal y su participaciA?n polAi??tica antes de 1910, se entiende mejor su programa de gobierno en Coahuila, la propuesta de reformas a la constituciA?n local y a la ConstituciA?n de 1857 y el por quAi?? no se puede decir que rechazA? la puesta en prA?ctica de la legislaciA?n radical agraria y del trabajo. Es errA?neo decir que se opuso a que se redistribuyera la tierra cuando Ai??l promulgA? la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, en la que reconocAi??a el problema como una cau- sa fundamental de la RevoluciA?n y establecAi??a como acto de elemental justicia devolver a los pueblos los terrenos que los terratenientes les habAi??an despojado: se trata, decAi??a, de dar la ai???tierra a la poblaciA?n rural miserable que hoy carece de ella, para que pueda desarrollar plenamente su derecho a la vida y librarse de la servidumbreai???. En cuanto a la ConstituciA?n, les dijo a los diputados constituyentes en QuerAi??taro: ai???Del Ai??xito o fracaso de esta ConstituciA?n seremos responsables tanto us- tedes como yo, asAi?? como los constituyentes de 1857ai???, aunque aceptA? que, en su visiA?n, en algunos puntos se habAi??a ido mA?s allA? de las fronteras de nuestro medio social.

En nuestra imaginaciA?n colectiva ai??i??y en la imagen que se tiene de MAi??xico en el mundoai??i?? Emiliano Zapata y Francisco Villa son las figuras centrales de la RevoluciA?n. Venustiano Carranza es un personaje relativamente menor en esa historia. No obstante, si se analizan frAi??amente los resultados de lo que hoy llamamos RevoluciA?n mexicana, veremos que lo que se obtuvo no fue lo que Zapata o Villa hubieran deseado, sino que, de hecho, todo lo que se logrA? despuAi??s de 1920 fue posible gracias a lo que Ai??l construyA?. A?Por quAi?? entonces se da esta contradicciA?n?

A pesar de que Isidro Fabela, por ejemplo, uno de los polAi??ticos y diplomA?ticos mA?s distinguidos de MAi??xico en el siglo XX, decAi??a que don Venus ai??i??como lo llamaban sus colaboradores y amigos mA?s cercanosai??i?? era un hombre moral, honrado, con una inteligencia sagaz que le hacAi??a ver las cosas, las circunstancias y los hombres con nitidez, para Zapata se trataba de un individuo arbitrario y de personalidad mezquina.