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La deshonra de la abuela

Cecilia Lartigue – UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 4.

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A?CuA?nto tiempo llevo aquAi??? A?Un dAi??a? A?Dos? A?SA?loAi??un rato que se estA? haciendo eterno? En esta oscuridadAi??es imposible calcular la hora. Tampoco estoyAi??segura de si estoy despierta o dormida, aunqueAi??creo que mis parpadeos son reales. Sigo percibiendoAi??ese horrible olor a gas, ni la nariz atiborrada deAi??polvo lo detiene. A?A?Y si se acaba el oxAi??geno?!

Me duele el brazo izquierdo. No sAi?? quAi?? lo golpeA?Ai??ni en quAi?? momento, pero tengo una heridaAi??grande, aquAi??, cerca del hombro. Siento algo espesoAi??y hA?medo, como una costra que no termina de secar.Ai??Es mejor no tocarla. Una sola inhalaciA?n profundaAi??para calmar el dolor. Otra, aunque consumaAi??mA?s oxAi??geno. AsAi?? estA? mejor. Me pongo de lado,Ai??voy a tratar de mover el resto de mi cuerpo. TodavAi??aAi??me arden los dedos. De nada me sirviA? rascarAi??el cemento, empujar la loza con todas mis fuerzas.Ai??No logrAi?? moverla ni un centAi??metro.

06 (432x500)A?Y mamA?? SaliA? tan temprano que ni siquieraAi??escuchAi?? la puerta del departamento cerrarse ni susAi??tacones apurados bajando la escalera. HabrA? llegadoAi??al Centro MAi??dico y tal vez desayunaba en laAi??cafeterAi??a cuando comenzA? a temblar. EstarA? preocupadaAi??por mAi??; tal vez estAi?? aquAi?? afuera, frente alAi??edificio derrumbado. A?Se habrA? destruido todo? NoAi??fue sA?lo nuestro departamento porque sentAi?? comoAi??si me desplazara muchos metros hacia abajo.

Seguramente mamA? ya organizA? a varios transeA?ntesAi??para que nos rescaten. La imagino con susAi??gritos de comandante movilizA?ndolos en nuestraAi??bA?squeda. Eso sAi??, no dejarA? caer una sola lA?grima;Ai??quizA?s apriete un poco la mandAi??bula. A?Y si piensaAi??que estamos muertas? De todas maneras permanecerAi??aAi??serena, con los ojos mA?s abiertos para que noAi??escurran las lA?grimas, tensando la mandAi??bula unAi??poco mA?s, sA?lo eso.

ai??i??Abuela A?estA?s despierta?
Tal vez no me escuchA? porque mi voz saliA? conAi??poca fuerza.
ai??i??No me he ido de aquAi??, hijita.
ai??i??Trata de moverte poco para que conserves tuAi??energAi??a.

AquAi?? estamos la abuela y yo, atrapadas, despuAi??sAi??de una escena bastante melodramA?tica. La veo saliendoAi??del baAi??o, secA?ndose el cabello, vestida conAi??su blusa de flores azules, su falda negra hasta losAi??tobillos y sus zapatos bajos, mirando con curiosidadAi??mi cara acusadora.

ai??i??A?A?Con Victoriano Huerta, abuela!? A?Tu papA?Ai??colaborA? con el traidor mA?s odiado de la patria?

Me mirA? con asombro, yo creo que porque meAi??creAi??a incapaz de hurgar en sus cosas, y me contA?Ai??de las penurias que pasA? su padre durante la Ai??pocaAi??en que viviA? en Estados Unidos, expulsado por VenustianoAi??Carranza por colaborar con DAi??az.

ai??i??A?Te imaginas al coronel Escudero, un hombreAi??delgado, de piel blanquAi??sima, arrastrando unaAi??carretilla de carbA?n por la ciudad de El Paso? ElAi??dueAi??o de la Hacienda de Altapa, que comandaba aAi??cientos de hombres en las batallas, viviendo comoAi??un mendigo.

Estoy acostumbrada a sus desplantes de racismoAi??y hasta habAi??a llegado a asimilar la vergA?enzaAi??de tener un bisabuelo porfirista. A?A?Pero un colaboradorAi??de Huerta?! Tuve ganas de encerrarme en elAi??cuarto y gritarle que en ese momento dejara deAi??considerarme su nieta, pero me quedAi?? con la cartaAi??en la mano, mirando como la abuela tomaba laAi??caja de plata, la cerraba con la llavecita, que luegoAi??guardA? en su camafeo. Yo tenAi??a aA?n el Ai??ndice sobreAi??esas lAi??neas inconcebibles de la carta que le escribiA?Ai??su padre, fechada el dAi??a 18 de junio de 1914:Ai??ai???Nos expulsaron del paAi??s, pero no te preocupes,Ai??Margarita, pronto reinarA? la paz que tenAi??amos conAi??nuestro General DAi??az y que, sin duda alguna, elAi??General Huerta va a recuperar.ai???

Ai??[...]

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

Pancho Villa en prisiA?n (1912)

Revista BiCentenario # 18

Guadalupe Villa G.Ai?? /Ai?? Instituto Mora

Apenas iniciado su gobierno, Francisco I. Madero tuvo que hacer frente a una oleada deAi??rebeliones que buscaban su derrocamiento. El 16 de noviembre de 1911 el general Bernardo Reyes lo desconociA? como presidente, siguiAi??ndole pocos dAi??as despuAi??s Emiliano Zapata; cuatro meses mA?s tarde Emilio VA?zquez GA?mez y Pascual Orozco y, en octubre de 1912, FAi??lix DAi??az. Madero, no obstante, subestimA? a sus enemigos al considerar que neutralizando a los dirigentes, el problema quedaba resuelto.

Bernardo Reyes
El general Reyes habAi??a gozado del apoyo y la confianza de Porfirio DAi??az por varias razones, entre ellas mantener el control polAi??tico y social en el estado de Nuevo LeA?n durante sus diversas gestiones gubernamentales; tambiAi??n estuvo temporalmente al frente de la secretarAi??a de Guerra y Marina y fue elegido por los opositores de DAi??az, para disputarle a Ai??ste la primera magistratura a travAi??s del Partido DemocrA?tico, aunque acabA? por no aceptar la postulaciA?n. En cambio, cuando DAi??az habAi??a partido ya al destierro, contendiA? en las elecciones presidenciales contra Madero, logrando el apoyo de hacendados y empresarios en diversas zonas del paAi??s.

Efectuadas las elecciones, triunfA? la fA?rmula Maderoai??i??Pino SuA?rez, aunque a nivel nacional pronto circularon fuertes rumores de un nuevo movimiento armado iniciado por elementos reyistas, defraudados en sus esperanzas de elevar al poder al general.

En el estado de Morelos, Zapata y muchos otros que tambiAi??n habAi??an brindado su apoyo a la revoluciA?n maderista se sintieron decepcionados por la polAi??tica agraria del presidente y en lo sucesivo se mantendrAi??an en pie de lucha para lograr la devoluciA?n de las tierras arrebatadas por la Ley de Terrenos BaldAi??os invocada por el lAi??der demA?crata.

Pascual Orozco
En Chihuahua Orozco, quien se adhiriA? a la lucha democrA?tica encabezada por Madero, se sintiA? humillado cuando el lAi??der ordenA? el licenciamiento de las tropas revolucionarias y le negA? la posibilidad de gobernar su estado natal, relegA?ndolo al cargo de jefe de la Primera Zona Rural. Por otra parte, los proyectos de reforma agraria que el gobernador Abraham GonzA?lez pretendAi??a implantar, con el respaldo del ejecutivo federal, alarmaron a la Ai??lite local que, sintiendo amenazados sus intereses, cooptA? al antiguo arriero haciAi??ndolo el instrumento mediante
el cual derrocarAi??an a Madero.

El gobierno intentA? suprimir la revuelta antes de que cobrara fuerza mA?s allA? de sus fronteras. El general JosAi?? GonzA?lez Salas fue el encargado de combatir a Orozco, pero fracasA? en su cometido. Fue entonces cuando Francisco Villa, a instancias de Madero, se uniA? a la DivisiA?n del Norte Federal comandada por Victoriano Huerta. En sus memorias, aquel seAi??alA? que el presidente le habAi??a dado la orden para que se pusiera a las A?rdenes del general Huerta. ai???No era ese mi programaai??? ai??i??dice Villaai??i??, ai???pero ante todo estaba mi obediencia al seAi??or Maderoai???.

El resultado es conocido: acusado por Huerta de insubordinaciA?n y robo, Villa fue puesto frente al paredA?n, perdonado y enviado a la PenitenciarAi??a de la ciudad de MAi??xico. El 5 de junio de 1912 Huerta telegrafiA? a Madero:
En este momento parte el tren que lleva con el carA?cter de procesado, debidamente escoltado hasta esa capital, al general Villa. El motivo que he tenido para mandarlo con el carA?cter de preso a disposiciA?n del ministerio de la Guerra, es el hecho de haber cometido faltas graves en la divisiA?n de mi mando [ai??i??] A Villa le he perdonado la vida ya estando dentro del cuadro que debAi??a ejecutarlo, por razA?n de haberme suplicado lo oyera antes de ser pasado por las armas, de cuya entrevista resultA? el que yo resolviera abrir una averiguaciA?n previa y remitirlo con dicha averiguaciA?n, poniAi??ndolo a la disposiciA?n de la secretarAi??a de Guerra.

Lecumberri

FAi??lix DAi??az
El sobrino de don Porfirio declarA?, a mediados de mayo de 1912, al periA?dico neoyorkino The Sun que la popularidad de Madero estaba perdida, acrecentA?ndose dAi??a con dAi??a la opiniA?n pA?blica en su contra, debido a que muchos pensaban que una vez obtenido el triunfo, Ai??ste sA?lo habAi??a servido para el medro personal y egoAi??sta de la familia Madero, dejando incumplidas las promesas hechas.
DAi??az conspiraba activamente a pesar de la nube de agentes que lo vigilaban de cerca en Veracruz. El 15 de octubre, el jefe supremo del movimiento militar efectuA? el pronunciamiento, cuyo propA?sito era ai???restablecer la paz por medio de la justiciaai???.

Contra todo vaticinio, el movimiento fue rA?pidamente sofocado y su dirigente capturado, hecho que causA? gran sorpresa en todo el paAi??s. Por instrucciones de Madero, se formA? un Consejo de Guerra Extraordinario que habrAi??a de juzgar a los principales implicados en el movimiento. El tribunal sentenciA? a DAi??az a la pena mA?xima, sin embargo se logrA? que la Suprema Corte de Justicia lo amparara puesto que ya no pertenecAi??a al ejAi??rcito. DespuAi??s de haber pasado un tiempo en la prisiA?n de San Juan de UlA?a, fue trasladado a la ciudad de MAi??xico e internado en la PenitenciarAi??a el 24 de enero de 1913.

Los grupos contrarios a Madero, se multiplicaron desde el interior del propio gobierno; miembros del ejAi??rcito federal bajo las A?rdenes de Victoriano Huerta se sumaron a la rebeliA?n; Alberto GarcAi??a Granados, secretario de GobernaciA?n, aseguraba tener pruebas de que el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, estaba preparado para iniciar la revuelta contra el mandatario y de que Miguel M. Acosta, secretario de Comunicaciones y Obras PA?blicas era el encargado de recaudar fondos para dicho movimiento. El descontento general pronto se extendiA? por todo el paAi??s.

La lealtad puesta a prueba
La estancia de Villa en la PenitenciarAi??a fue prolongada y difAi??cil y a tres meses de su confinamiento aA?n no se le juzgaba. Estaba consciente de que su encarcelamiento era polAi??tico y que habAi??a gente trabajando para evitar su liberaciA?n. En una carta enviada a Madero el 21 de septiembre, escribiA?: ai???A muchos de sus enemigos les cae como anillo al dedo que yo estAi?? preso, pues he tenido ofrecimientos innumerables, pero si yo soy fiel, el tiempo se lo dirA?ai???.

Es interesante subrayar que uno de los mitos relacionados con Villa es que no sabAi??a leer ni escribir y que durante su estancia en prisiA?n aprendiA? gracias a las enseAi??anzas del ideA?logo zapatista, Gildardo MagaAi??a. Lo cierto es que sAi?? sabAi??a leer y escribir, las cartas escritas en prisiA?n son muestra fehaciente de ello. Obviamente su redacciA?n tanto como su ortografAi??a eran deficientes, pero es claro que habAi??a tenido una rudimentaria enseAi??anza escolar y en el caso de que hubiera conocido a MagaAi??a ai??i??hay discrepancias al respectoai??i??, lo mA?s que pudo hacer fue darle a conocer las razones de la lucha zapatista y tal vez ayudarle a mejorar su escritura y su lectura.

En la correspondencia enviada por Villa a Madero desde la penitenciarAi??a, nunca obtuvo ninguna respuesta directa del presidente; Ai??ste se dirigiA? en dos ocasiones al reo a travAi??s de su secretario Juan SA?nchez Azcona y no intervino para conseguir su excarcelaciA?n.

El 7 de octubre Villa habAi??a suplicado al mandatario trasladarlo a ai???algA?n cuartel de esta ciudad, toda vez que causas muy poderosAi??simas, que a su tiempo explicarAi??, me obligan a solicitar esa graciaai???. Es posible que otros reos polAi??ticos estuvieran intentando atraerlo al movimiento que se estaba preparando para derrocar al gobierno constitucional. Los abogados JosAi?? Bonales Sandoval y Antonio Castellanos, a quienes Villa comisionA? para hablar con Madero, formaban respectivamente parte del proyecto de FAi??lix DAi??az y Bernardo Reyes sin que, hasta ese momento, Ai??l lo supiera.

Un mes mA?s tarde, SA?nchez Azcona comunicA? al general Villa que ai???obsequiando los deseos expresados por su defensor el Sr. Bonales Sandoval [el seAi??or presidente ha dispuesto] que sea trasladado a la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolcoai???.

En su nueva prisiA?n, Villa tuvo oportunidad de conocer al general Bernardo Reyes y quizA? de enterarse de sus planes subversivos. Luz Corral escribiA? despuAi??s que ella acompaAi??aba a su esposo todo el dAi??a y algunas veces, Reyes comiA? con ellos.

En la prisiA?n militar, Pancho Villa escribiA? detalladamente los servicios que prestA?, a lo largo de la revoluciA?n maderista, hasta la caAi??da de Ciudad JuA?rez en mayo de 1911. SegA?n cuenta en las Memorias, el documento lo realizA? como parte de un ejercicio mecanogrA?fico, ai???sin otro maestro que su firme deseo de aprenderai???.

Ante los oAi??dos sordos de Madero, a sus reiteradas sA?plicas de justicia y auxilio, Villa optarAi??a por fugarse de Santiago Tlatelolco y trasponer la frontera mexicana. No obstante que el general protestA? lealtad al mandatario, permaneciA? fiel a su causa y siempre le mostrA? su admiraciA?n y respeto, no encontrA? reciprocidad en Madero, fue, como bien seAi??ala el historiador Friedrich Katz, un amor no correspondido.

Carta Villa-Madero

Carta de Villa a Madero (1912)

Las hojas de servicio

Es necesario aclarar que una versiA?n de lo contenido en los papeles escritos a mA?quina fue recogida por Manuel Bauche Alcalde, quien se encargarAi??a de escribir las memorias de Villa a principios de 1914. El manuscrito de Bauche tiene bA?sicamente la misma informaciA?n de las hojas de servicio, pero estA? mA?s completo porque se subsana lo que al reo le fue difAi??cil recordar y que ya en calma, seguramente auxiliado por compaAi??eros y amigos, pudo corregir. TambiAi??n estA? mA?s pulido porque Bauche era un hombre culto, habAi??a ejercido el periodismo y hablaba varios idiomas. Las hojas de servicios son reveladoras de la personalidad de Villa, de sus sentimientos, maneraAi??de ser y expresarse.

Como Chihuahua fue el territorio en el que Villa operA? durante la revoluciA?n maderista, en suAi??hoja de servicios se destaca su relaciA?n con Abraham GonzA?lez, su encuentro con Francisco I. Madero, los hechos de armas en los que participA? y todas las dificultades que tuvo que superar para hacerse respetar y ganar adeptos.

El relato comienza prA?cticamente el 17 de noviembre de 1910, cuando GonzA?lez acudiA? a comerAi??a casa de Villa para definir el plan que consistiA? en el reclutamiento de tropas: el primero en el norte del estado y el segundo en el sur.

Sin duda, la asombrosa facilidad con la que Villa reuniA? 375 hombres en cinco dAi??as admira aAi??cualquiera. A?QuAi?? impulsA? a estos hombres a dejar hogar y familia para embarcarse en una aventura incierta? Cada uno de ellos tenAi??a una historia detrA?s. A?Era gente conocida con anterioridad? A?Estaban en deuda con Ai??l? A?Deseaban proteger sus tierras? A?Hacerse de ellas? A?TenAi??an esperanzas de acabar con la oligarquAi??a terrateniente y elegir libremente a las autoridades? A?Ganar acceso a puestos de elecciA?n popular? A?Les faltaba el trabajo? Es seguro que hubo una combinaciA?n de todo esto.

En los primeros enfrentamientos, Villa recibiA? su primera herida como revolucionario y tuvoAi??que enfrentarse a los problemas que le planteaba su nuevo status: garantizar la paga a sus hombres y el continuo suministro de armamento, vituallas y vestimenta, asAi?? como la curaciA?n de los heridos en combate.

El escrito nos hace imaginar las vicisitudes por las que pasaron los revolucionarios en estos incipientes meses de lucha en los que la organizaciA?n fue primordial. Los hombres que formaban el contingente revolucionario de Chihuahua eran todos buenos jinetes, avezados en el manejo de armamento, pero sin experiencia en enfrentar a un ejAi??rcito de lAi??nea.

La improvisaciA?n de los primeros tiempos de lucha propinA? varios reveses a los revolucionarios pues en la Sierra Azul, donde tenAi??an su refugio, pasaron no sA?lo hambre, sino mucho frAi??o por falta de ropa adecuada y cobijas para soportar las intensas nevadas. HabAi??a que aprender a no dejarse sorprender por el enemigo y a no dejar armas ni municiones expuestas a pAi??rdida o abandono. La necesidad de contar con buena caballada podAi??a tambiAi??n hacer toda la diferencia entre la vida y la muerte.

En esta Ai??poca descrita por Villa, uno de los problemas mayores fue tratar de unificar el armamento pues lo habAi??a de diferentes marcas y calibres, lo que complicaba el correcto abastecimiento de cartuchos y municiones. Las haciendas consideradas propiedad de los enemigos de la RevoluciA?n, sirvieron tambiAi??n para abastecer a los revolucionarios. Tampoco faltaron administradores a favor de la causa que pusieron a su disposiciA?n trojes repletas de maAi??z para la caballada, ganado para alimentar a la tropa y tortillas hechas por mujeres en las casas de cuadrillas. Pero hubo ocasiones en que Villa tuvo necesidad de entrar subrepticiamente a Chihuahua, para proveerse de artAi??culos de primera necesidad como azA?car y cafAi?? para sus hombres. Estar pendiente de las necesidades de su gente lo convirtieron en una figura paternal.

Uno de los episodios destacados por Villa en las hojas de servicio, fue su primer encuentro con Francisco I. Madero en la hacienda de Bustillos: ai???Nombre Pancho Villa que muchacho eres, yo que te creAi??a tan viejo, pues querAi??a conocerte para darte un abrazo por lo mucho que se habla de ti y lo bien que te has portado, A?quAi?? tanta gente tienes?ai??? Para entonces Villa habAi??a aumentado su contingente en 700 hombres, pero como Ai??l mismo dijo estaban ai???mal armadosai???.

En abril de 1911 durante la marcha hacia Ciudad JuA?rez, plaza fronteriza que los revolucionarios esperaban tomar y controlar, ocurriA? el primer connato de sublevaciA?n de la gente de Pascual Orozco en contra del presidente provisional, cuando los jefes JosAi?? InAi??s Salazar, Luis A. GarcAi??a y LA?zaro AlanAi??s trataron de desconocer a Madero. Orozco habAi??a rehusado acatar las A?rdenes dadas por el mandatario para que desarmara a sus hombres, argumentando que podrAi??a haber un alto costo en vidas.

Por A?rdenes de Madero, Villa controlA? la insubordinaciA?n ai???sin que hubiera habido un solo muerto y sAi?? uno que otro golpeado, de los que trataban de oponer resistenciaai???. TambiAi??n de acuerdo con el mandatario, entregA? el armamento y parque a Orozco. Estas fueron las inconsistencias del presidente provisional, conservar a su lado a hombres levantiscos, sin medir los riesgos futuros.

Los revolucionarios llegaron al rancho de Flores, cerca de Ciudad JuA?rez, situado a orillas del RAi??oAi??Bravo, donde segA?n el escrito fueron recibidos cariAi??osamente por las familias del lugar: Madero ai???caminaba a pie al igual de todas las fuerzas. Parte de estas hicieron jornadas mA?s cortas para servirle de escolta y hacerle menos penosa la travesAi??a. Ai??l iba tapado con un sarape pinto que le hacAi??a confundirse entre el grueso de la tropa, entre la cual se le podAi??a haber tomado por un simple soldado y no por el C. presidente de la RepA?blicaai???.

La opiniA?n del general BenjamAi??n J. Viljoen de que era imposible tomar Ciudad JuA?rez dada la fortificaciA?n de la plaza decidiA? a Madero retirar las tropas hacia el sur para evitar complicaciones internacionales. Villa y Orozco insistieron en que, por dignidad, se deberAi??a procurar el asalto ai???pues era vergonzoso retirarnos sin siquiera haber intentado dicho ataqueai???. El 8 de mayo ocurriA? una inesperada ofensiva a JuA?rez; Madero ordenA? cesar el fuego pero su mandato no fue escuchado, dado que existAi??a el acuerdo entre Pascual Orozco y Francisco Villa para tomar la plaza. Al dAi??a siguiente los revolucionarios empezaron a tomar posiciones para el asalto final. El 10 con los cuarteles federales rodeados, exhaustos por el cansancio, el hambre y la sed, los defensores se rindieron. Villa describe la magnitud de la sorpresa de Madero cuando se enterA? de que Ciudad JuA?rez habAi??a caAi??do en manos de los revolucionarios.

Uno de los problemas que tuvo que resolver Villa, despuAi??s de recoger a sus muertos y darles sepultura, fue procurar alimento para los vencidos y para su propia gente: Y aunque comprendAi??a que mis fuerzas estaban en iguales condiciones de hambre que ellos, creAi?? de mi deber como vencedor, procurar primero a los vencidos, quienes al verme entrar con dicho comestible [costalesAi??de pan] me aclamaron llenos de gratitud. De ahAi?? me fui a hacer igual operaciA?n con mis soldados, mA?s como no alcanzara el pan para todos, organicAi?? escoltas con sus respectivos oficiales y clases, con orden de salir a buscar alimentos.

Lo mA?s increAi??ble de la narraciA?n es que Villa se dirigiA? al cuartel general donde estaban prisioneros los oficiales y se llevA? a nueve de ellos a El Paso, Texas, ai???donde comimos con la mayor fraternidadai???. Lo inconcebible no fue que los hubiera invitado a comer, sino que los oficiales vencidos en campaAi??a regresaran a territorio mexicano. Era una Ai??poca en que la palabra de honor valAi??a y se respetaba.

Villa cierra las hojas de servicio tocando dos aspectos mA?s: el connato de sublevaciA?n que intentaron Ai??l y Orozco en contra de Madero, por haberse opuesto al fusilamiento del generalAi??Juan N. Navarro. Tarde descubriA? Villa el ardid de Orozco quien habiAi??ndole ordenado desarmar a la guardia de Madero, ignorA? el hecho en el momento mismo, haciAi??ndolo aparecer como el instigador de la insurrecciA?n.

Por considerarse ai???hombre de sentimientos y vergA?enzaai???, Villa puso punto final a su actuaciA?n revolucionaria, en esa primera etapa, entregando a RaA?l Madero el mando de sus tropas.

El epAi??logo
De la sencillez de Madero, de su carA?cter bondadoso, de su desprendimiento, surgieron la admiraciA?n, el respeto y la lealtad que Villa le profesarAi??a hasta su muerte. El hecho de que Madero fuera rico terrateniente y empresario y arriesgara su comodidad y su fortuna en una empresa que se antojaba titA?nica le valiA? su incondicionalidad.

Abraham GonzA?lez jamA?s dudA? de la lealtad de Pancho Villa y es posible que Madero tampoco dudara, sin embargo, cabe preguntarse A?quAi?? orillA? al mandatario a distanciarse de su antiguo aliado? A?CA?mo fue que Villa cayA? en desgracia? Aquella felicitaciA?n que enviA? Madero luego de sus triunfos sobre Orozco, poco antes de que Huerta intentara fusilarlo en JimAi??nez, Chihuahua, habAi??a perdido todo sentido: ai???Estoy verdaderamente satisfecho de tu conducta y te aseguro que ademA?s de la legAi??tima satisfacciA?n que has de sentir de servir una causa justa y de ser leal conmigo, harAi?? de modo de recompensar debidamente los servicios que has prestado a la RepA?blicaai???.

Abraham GonzA?lez tratA? de hacer valer su influencia con Madero para ayudar a Villa y pusoAi??todo lo que estuvo de su parte para liberarlo. La actitud del presidente fue distinta, pues confiA? mA?s en el ejAi??rcito federal que en aquellos que lo habAi??an llevado al poder.

Villa escapA? de la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolco y mantuvo con firmeza su lealtad alAi??presidente y al gobernador de Chihuahua, quienes poco despuAi??s fueron traicionados por Victoriano Huerta y asesinados por A?rdenes suyas. En adelante, Villa se empeAi??A? en una lucha, la constitucionalista, para vengar la muerte de aquellos benefactores y amigos suyos.

PARA SABER MA?S:

  • Francisco L. Urquizo, La ciudadela quedA? atrA?s, MAi??xico,Ai??Summa mexicana, 2009.
  • Guadalupe Villa y Rosa Helia Villa, Pancho Villa. RetratoAi??autobiogrA?fico 1878-1914, MAi??xico, Taurus, 2005.
  • Cuartelazo, Alberto Isaac, dir. Imcine, dvd.

Manuel Castilla Brito A?RevoluciA?n en Campeche?

JosAi?? Manuel Alcocer BernAi??s
Cronista de la Ciudad de Campeche

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

Manuel Castilla Brito

Hablar de la RevoluciA?n mexicana es hacer menciA?n de los acontecimientos que tuvieron lugar en el centro y norte del paAi??s. Son muy pocos los testimonios que relatan lo que ocurriA? en el sureste. En estas pA?ginas me ocuparAi?? de aquellos que tuvieron lugar de 1909 a 1913 y tienen que ver con el curso que tomA? la RevoluciA?n en el espacio entonces tan alejado de Campeche ai??i??puerto y entidadai??i??, que por su situaciA?n geogrA?fica pareciA? mantenerse ajeno a la turbulencia en el resto del paAi??s.

Revolucionarios campechanos

Francisco I. Madero visitA? el puerto campechano durante su gira electoral, en junio de 1909. El gobernador porfirista, TomA?s Aznar Cano, hizo lo posible por boicotear su presencia, impidiendo cualquier manifestaciA?n de apoyo. Los habitantes de la ciudad fueron intimidados mediante el uso de la fuerza pA?blica, aunque el grupo maderista dirigido por Tarquino CA?rdenas logrA? organizar un mitin nocturno en el reciAi??n inaugurado Circo Teatro Renacimiento. Aunque lamentablemente no tuvo el Ai??xito esperado, los amedrentados campechanos no acudieron en el nA?mero esperado, los jA?venes que sAi?? lo hicieron se entusiasmaron con el candidato, aplaudieron el discurso en el que Madero se refiriA? a los males de MAi??xico: la larga permanencia de Porfirio DAi??az en el poder y la necesidad de un cambio y lo corearon con mueras al dictador. El poeta Salvador MartAi??nez AlomAi??a recitA? unos versos que cantaban al valor de sus coterrA?neos: Campeche, tA? fuiste bueno, Campeche, tA? fuiste bravo y nadie te puso freno, vergonzoso del esclavoai??i??. Entre los presentes se hallaban Calixto Maldonado, Urbano Espinosa, JosAi?? de JesA?s Cervera, JoaquAi??n Mucel y Manuel Castilla Brito, quienes mA?s adelante formarAi??an el club de simpatizantes de Madero. La fascinaciA?n experimentada por la juventud local fue muestra de cA?mo los campechanos participaban del ambiente polAi??tico que se respiraba en el paAi??s.

Gabinete de Castilla Brito

A?CA?mo se fue dando la RevoluciA?n en Campeche? En 1907 habAi??a sido electo como gobernador TomA?s Aznar Cano, hijo de uno de los fundadores del estado como entidad soberana y alumno distinguido del Instituto Campechano. Durante su gestiA?n se sintieron los primeros vientos insurrectos que dislocarAi??an la vida provinciana de Campeche. Al iniciarse el movimiento revolucionario que cambiarAi??a el panorama polAi??tico nacional a fines de 1910, Aznar no pudo entender o adaptarse a los nuevos tiempos que planteaban una democracia y urgAi??an cambios. Antes de concluir el aAi??o, pidiA? un permiso indefinido, abandonando el estado con toda su familia rumbo a la ciudad de MAi??xico, de donde nunca volviA?. Su marcha trastornA? la vida polAi??tica; hubo varios gobernadores interinos, lo que habla de la gran inestabilidad reinante, a la par de la agitaciA?n en todo MAi??xico.

El gobernador interino JosAi?? GarcAi??a Gual convocA? a elecciones en abril de 1911, para el periodo 1911-1915. Cuatro contrincantes se lanzaron a la contienda; al final sA?lo quedaron dos: Carlos GutiAi??rrez Mac Gregor, quien representaba los viejos intereses porfiristas y habAi??a sido gobernador, y Manuel Castilla Brito, que encarnaba a la nueva generaciA?n: era hijo del ex gobernador Marcelino Castilla, autor de la primera ley de educaciA?n del estado e identificado con la causa de Madero a tal grado que JosAi?? MarAi??a Pino SuA?rez le darAi??a la comisiA?n de organizar la revoluciA?n en Campeche; esto lo convirtiA? en promotor del movimiento maderista en esta ciudad y deja ver la participaciA?n local en las redes revolucionarias que existAi??an en la repA?blica.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Rodolfo Gaona: Un matador sobresaliente en los aAi??os de la RevoluciA?n Mexicana

Mario RamAi??rez RancaAi??o -Ai??Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 4.

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Marte R. GA?mez registrA? una frase bastante expresiva cuando dijo que MAi??xico habAi??a producido tres celebridades que estaban fuera de toda discusiA?n: Pancho Villa, Rodolfo Gaona y la Virgen de Guadalupe. Y al parecer no erraba. Rodolfo Gaona, el llamado ai???sumo PontAi??fice de la torerAi??aai???, naciA? el 22 de enero de 1888, en LeA?n de los Aldama, Guanajuato. Como su familia era de origen humilde, al concluir su enseAi??anza primaria fue aprendiz de zapatero en una fA?brica de la localidad. Se afirma que, allA? por 1897, aA?n niAi??o, asistiA? por primera vez a una corrida de toros en la ciudad de LeA?n. Figuraba Santiago Gil, ai???Pimientaai???, y entre los banderilleros ai???Reverte Mexicanoai???. Luego de poner un par de banderillas, el A?ltimo fue vAi??ctima de una cornada que le puso al borde de la muerte. A pesar de la tragedia, la fiesta brava cautivA? de tal forma a Gaona, que decidiA? entrar en ella. Junto con varios mozalbetes pasA? dAi??as enteros en los villorrios cercanos enfrentando a las reses que pastaban a campo abierto para aprender. Con intuiciA?n y habilidad, se volviA? jefe de los novatos, quienes propagaron sus mAi??ritos en el billar al que iban. Cuando se sintiA? listo para debutar, actuA? en una corrida de pueblo al lado del torero Braulio DAi??az, famoso por haber matado a balazos al espada Lino Zamora.

Ai??revista para la imprenta (4)_Page_35 (202x640)A fines del siglo XIX habAi??a llegado a MAi??xico el ex banderillero Saturnino Frutos, apodado ai???Ojitosai???, para comprar toros y establecer una ganaderAi??a en Cuba. Por asuntos ligados a la lucha de independencia de la isla, debiA? quedarse en MAi??xico, donde fundA? una escuela para enseAi??ar el arte de la tauromaquia a los jA?venes mexicanos. Por el aAi??o de 1904 buscA? prospectos en la zona central, y en algA?n momento llegA? a LeA?n, donde indagA? a quAi?? jA?venes les atraAi??a vestir el traje de luces. AllAi?? conociA? a Gaona, y durante aAi??o y medio impartiA? el conocimiento bA?sico a varios muchachos indAi??genas, de humildes antecedentes y grandes arrestos. Juntados en la Cuadrilla Juvenil Mexicana, en la que descollaron Gaona y Fidel DAi??az, los alumnos tuvieron la instrucciA?n prA?ctica con becerros de la hacienda de Santa Rosa y torearon sus primeras novilladas en la misma ciudad de LeA?n, asAi?? como en redondeles del BajAi??o, Puebla y la ciudad de MAi??xico.

La plaza de toros El Toreo fue inaugurada el 22 de septiembre de 1907, en los terrenos de la ex hacienda de la Condesa. Se decAi??a que este coso, propiedad de Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio DAi??az, era el mA?s grande del mundo, pues tenAi??a una capacidad para 20 mil espectadores. Pese a que llegaron a la capital ecos de los triunfos de la Cuadrilla Juvenil Mexicana, el debut de Gaona en esta plaza tuvo que esperar y ese mismo aAi??o se presentA? en la plaza MAi??xico durante la corrida de Covadonga.

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Diario de la Decena TrA?gica (del 9 al 27 de febrero de 1913)

Escrito por Kumaichi Horigoutchi, encargado de negocios del JapA?n en MAi??xico.

EdiciA?n Graziella Altamirano Cozzi – Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 4.

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La Decena TrA?gica es uno de los capAi??tulos mA?s cruentos de la historia de MAi??xico, cuya culminaciA?n fue la caAi??da del gobierno de Francisco I. Madero y el asesinato del presidente y el vicepresidente JosAi?? MarAi??a Pino SuA?rez.

SegA?n el plan fraguado por un puAi??ado de conservadores y algunos miembros del ejAi??rcito federal, la madrugada del 9 de febrero de 1913, el general Manuel MondragA?n, al frente de una fuerza militar, logrA? liberar a los generales Bernardo Reyes y FAi??lix DAi??az, encarcelados en distintas prisiones de la ciudad por haberse levantado en armas contra el gobierno y desde donde habAi??an preparado otro alzamiento, que iniciarAi??an con el ataque al Palacio Nacional. AsAi?? fue; pero el general Reyes muriA? en el asalto y, al mando de DAi??az, los demA?s insurrectos se atrincheraron en el edificio de la Ciudadela, a la vez almacAi??n de armas y cuartel.

El presidente Madero, quien se hallaba en el Castillo de Chapultepec, se dirigiA? al centro de la ciudad y, en vista de que el comandante de la plaza habAi??a resultado herido en el ataque, nombrA? jefe de las operaciones contra los rebeldes al general Victoriano Huerta. Desde entonces, la ciudad de MAi??xico se paralizA?. Un buen nA?mero de calles y avenidas se convirtieron en campo de batalla, la vida civil se detuvo, el combustible y los alimentos escasearon, se suspendieron los servicios municipales y la vigilancia policAi??aca, faltA? la luz elAi??ctrica y la prensa dejA? de aparecer.

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Al paso de los dAi??as, la situaciA?n se tornA? mA?s difAi??cil. La poblaciA?n tuvo que soportar el ruido incesante de los caAi??ones y presenciA? el resplandor producido por las fogatas que incineraban a los cadA?veres en descomposiciA?n y la basura acumulada durante los dAi??as de lucha para evitar una epidemia, asAi?? como el acarreo incesante de heridos por las ambulancias de las cruces Roja y Blanca.

El bombardeo indiscriminado sobre las calles mA?s cAi??ntricas atemorizA? a las legaciones extranjeras, que solicitaron al gobierno las seguridades necesarias para proteger a sus familiares y sus conciudadanos en las zonas de mayor peligro. Pero al embajador de los Estados Unidos, Henry L. Wilson, le movAi??an tambiAi??n otros intereses; pretendAi??a la renuncia de Madero, que juzgaba la A?nica respuesta a la grave situaciA?n, de modo que aumentA? las amenazas de intervenciA?n militar por parte de su paAi??s y coadyuvA? al derrocamiento del gobierno mexicano, al provocar alarma, desacuerdos y divisiones entre sus integrantes.

Como jefe de operaciones militares, el general Huerta no desarrollA? una estrategia ni tampoco atacA? a los rebeldes de la Ciudadela. Por el contrario, se hizo su cA?mplice para dar el golpe final al gobierno. El 18 de febrero mandA? aprehender al presidente y al vicepresidente y, a invitaciA?n de Wilson, se reuniA? en la embajada estadunidense con el general DAi??az para firmar el conocido como Pacto de la Embajada, que desconocAi??a al Poder Ejecutivo.

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Ante la amenaza de una intervenciA?n extranjera y con la idea de no ensangrentar mA?s al paAi??s, Madero y Pino SuA?rez, presos en la intendencia de Palacio Nacional, firmaron su renuncia, con lo cual Huerta logrA? sus fines y procediA? a justificar el cuartelazo y su ascenso al poder. AsAi??, el Congreso de la UniA?n aceptA? las renuncias, luego de lo cual Pedro LascurA?in, secretario de Relaciones Exteriores, protestA? como presidente provisional por unos minutos, para renunciar despuAi??s de nombrar a Huerta secretario de GobernaciA?n. De forma que Huerta asumiA? la presidencia con el respaldo del ejAi??rcito y el apoyo del embajador de Estados Unidos.

El domingo 23 de febrero la ciudad de MAi??xico amaneciA? con la noticia de que Madero y Pino SuA?rez habAi??an muerto. La versiA?n oficial, dispuesta por Huerta, y que se publicA? en los periA?dicos, fue que la noche anterior, durante el traslado de los prisioneros a la PenitenciarAi??a, un grupo de hombres armados les habAi??a atacado. Se aseguraba que quisieron fugarse aprovechando el tiroteo y que los mataron al salir de los automA?viles.

Con estos dramA?ticos sucesos llegA? a su fin el gobierno de Madero, cuya fragilidad era cada vez mA?s evidente, debido sobre todo a las crAi??ticas y los ataques de quienes abusaron de las libertades que el mismo rAi??gimen les dio; a las rebeliones en su contra; a las divisiones y desacuerdos entre sus colaboradores; a la actitud del gobierno estadunidense y la traiciA?n de sus antiguos seguidores.

En el cuerpo diplomA?tico acreditado en esos dAi??as, figuraba Kumaichi Horigoutchi, representante de JapA?n, llegado a MAi??xico a finales de 1909, quien habAi??a tenido una participaciA?n relevante en las fiestas del Centenario de la Independencia, al presidir, junto con Yasuya Uchida, enviado especial de su paAi??s, y el presidente Porfirio DAi??az, la inauguraciA?n de la ExposiciA?n Japonesa en el ai???Palacio de Cristalai???, en la calle del Chopo, donde se exhibieron maravillosas muestras del arte e industria niponas.

Tras la caAi??da del gobierno porfirista, Horigoutchi estuvo a cargo de los negocios de su paAi??s durante los quince meses del gobierno de Madero. En los aciagos dAi??as de la Decena TrA?gica anotA? dAi??a a dAi??a sus impresiones sobre los sucesos que sacudAi??an a la ciudad, dejando asAi?? testimonio del apoyo que Ai??l y muchos residentes japoneses otorgaron al presidente Madero, al dar refugio en la legaciA?n en la colonia Roma a sus familiares y prestarles toda clase de ayuda y consuelo.

G.A.C.

Domingo 9 de febrero de 1913. Un dAi??a primaveralAi??y esplAi??ndido, como los de esa Ai??poca en laAi??ciudad de MAi??xico. Ya en los dAi??as anteriores se rumorabaAi??con mucha insistencia que iba haber algA?n levantamiento, pero como amaneciera aquella maAi??anaAi??tan limpia y serena, la impresiA?n del tiempoAi??me imponAi??a tanto que ni siquiera pasaba por miAi??mente la idea de que iba a pasar algo grave. A esoAi??de las 7 de la maAi??ana se acercA? apresuradamenteAi??a la legaciA?n…

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