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“Venían muy redotados… Pero con mucha violencia”

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  41.

El capitán de caballería Gregorio Martínez cuenta aquí las duras vivencias como combatientes junto al general Francisco Villa entre 1917 y 1919 antes de deponer las armas. Transformados en gavilleros dispuestos únicamente a sobrevivir, afrontaron el final de la lucha revolucionaria en medio del hambre, el saqueo, las deserciones y la irracional brutalidad.

Luz Corral

A fines de 1915 la otrora poderosa División del Norte había desaparecido. Con la derrota a cuestas, el general Francisco Villa decidió seguir una guerra de guerrillas en contra de Venustiano Carranza y, a partir de entonces, con tan sólo un pequeño contingente constitutido por hombres que habían militado bajo sus órdenes, comenzó a operar en el estado de Chihuahua, haciendo extensivo su movimiento a los vecinos estados de Durango y Coahuila.

Pequeños destacamentos, divididos en facciones, hostilizaron al gobierno y resistieron durante cuatro años todo intento de pacificación. Estas gavillas al movilizarse en sus lugares de origen mantuvieron contacto con la población, lo cual les facilitó organizarse, incrementar sus contingentes, conseguir provisiones e informarse de los movimientos del ejército federal. El arraigo popular que mantuvieron los villistas en numerosas poblaciones facilitó sus acciones.

En corto tiempo Villa consiguió reunir un respetable contingente armado que, durante los años siguientes, mantuvo sucesivos encuentros con los distintos jefes de operaciones militares enviados a combatirlo. Las guerrillas villistas llegaron a obtener algunas victorias logrando tener en jaque a Carranza y a su ejército a lo largo de casi cinco años. Sin embargo, aunque se fueron engrosando los contingentes guerrilleros, también se empezaron a rendir algunas facciones. Muchos villistas se amnistiaron y se pasaron a las filas carrancistas combatiendo a sus antiguos compañeros, lo que Villa nunca les perdonaría. Ante las represalias ejercidas y la táctica de leva forzosa que implementó, el caudillo empezó a perder apoyo popular, al tiempo que provocó continuos reacomodos en las jefaturas militares del Ejército federal y la formación de numerosos cuerpos de voluntarios y defensas sociales en diversas poblaciones cuya finalidad era proteger propiedades y familias de los ataques guerrilleros.

Después de tantos años de guerra, la guerrilla empezó a declinar y el movimiento se debilitó; apareció el cansancio y la desmoralización entre las tropas. Aumentaron las deserciones en masa porque se intensificó el miedo y empezaron a perder la fe. Muchos que habían sido fieles al ex jefe de la División del Norte y que llevaban años levantados en armas no pudieron resistir más y se fueron retirando de la lucha.

Tras la sublevación del grupo sonorense contra el gobierno, la adhesión de numerosos generales y el asesinato del presidente Venustiano Carranza en mayo de 1920, Villa estuvo dispuesto a pactar con el gobierno provisional de Adolfo de la Huerta. El 31 de agosto de 1920, en la hacienda de Tlahualilo, Durango, los villistas depusieron las armas.

El texto que ahora se presenta es una edición de la entrevista que realicé al capitán de caballería Gregorio Martínez, los días 8 de septiembre de 1983 y 29 de septiembre de 1984 en la ciudad de Camargo, Chihuahua (pho/1/228). Se han seleccionado los relatos que recuerdan algunos pasajes de su participación de 1917 a 1919 en la guerrilla villista, años en los que se escribió uno de los capítulos más cruentos de la revolución, cuando a salto de mata y ocultas en las serranías, las gavillas hicieron de la guerrilla su modus operandi, abasteciéndose del saqueo y el robo, subsistiendo de lo que podían obtener en forma voluntaria o forzosa en los poblados aledaños y cazando al enemigo para matarlo, a riesgo de ser ellos los victimados. Hasta el fin de sus días, Gregorio Martínez mantuvo vivo el recuerdo de esos años de lucha y sobrevivencia al lado del general Villa, a quien ya no conoció como el líder admirado y carismático de otros tiempos, sino como el caudillo derrotado, despiadado y vengativo.

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Editorial

 En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 39.

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Cuatro décadas atrás, una reforma política y electoral, a la que luego seguirían otras diez de distinto tipo que dieron lugar a modificaciones constitucionales y legales, para establecer cuotas de género, nuevos requisitos para los partidos políticos y el voto de mexicanos en el extranjero, sentaría las bases para la transición a la democracia en el país y daría lugar al anhelado pluralismo político acotado por las elecciones condicionadas y amañadas.

La reforma de diciembre de 1977 tiene mucho de fecha toral, un hito que marca el antes y el después de la incipiente democracia mexicana, precedida por las constantes luchas por la participación de la sociedad civil y organizaciones políticas frustradas por la maquinaria de la censura, la proscripción (en el caso del Partido Comunista Mexicano) y la represión donde no se pueden olvidar los encarcelamientos por razones políticas y las muertes que ocasionó.

Más centrada en la gradualidad de los cambios que en la radicalidad, porque en realidad se daba en un contexto político que no miraba a largo plazo ni en establecer una verdadera república, sino en generar parches ante una creciente crisis económica y de legitimidad del gobierno de José López Portillo, la reforma de aquel 6 de diciembre permitió canalizar la lucha política a una arena más o menos pacífica como la del sufragio, no obstante la permanencia de los enormes problemas sociales y económicos.

A pesar de las imperfecciones durante estas cuatro décadas –denuncias de fraudes, manipulaciones o inequidad–, diseccionar cómo fue concebida la reforma de 1977 y las vicisitudes por las que atravesó en ese año hasta su concreción –recordemos que algunos sectores políticos y sociales no la aceptaban–, ayuda a comprender el lento proceso que ha recorrido la democratización de la participación electoral.

Este aporte de BiCentenario para analizar los inicios de un momento clave de la vida política contemporánea de México, quizá poco recordada –no hemos visto que fuera motivo de análisis o debates–, se da en el contexto de un año electoral que también puede ser un parteaguas ante la incertidumbre de hacia dónde dirigirá la ciudadanía sus preferencias electorales.

Pero también BiCentenario se alimenta de otros tiempos históricos mexicanos, menos políticos en algunos casos, y más ubicados en el terreno de las contribuciones personales e institucionales.

Qué fue, por ejemplo, de la protección de los mexicanos que después del Tratado de Guadalupe Hidalgo quedaron a merced de las leyes estadunidenses en los territorios perdidos hace 170 años. La diplomacia de Luis de la Rosa, Miguel Atristáin, Bernardo Couto y Luis G. Cuevas intentó que aquellos compatriotas tuvieran igualdad, no sólo los derechos civiles, políticos y religiosos sino también que se respetaran sus propiedades. El Protocolo de Querétaro, en la última etapa de las negociaciones, puso acento en aquella preocupación. Si la estrategia negociadora del presidente James K. Polk los contemplaba o no, nos habla el texto de la doctora Ana Rosa Suárez Argüello.

La lucha por la emancipación, como en gran parte de nuestros números, tienen un espacio de atención especial. En este caso nos adentramos a revisar el destacado papel que tuvo la gestión del virrey Félix María Calleja, como el militar avezado que pondría freno, por algunos años, a los sueños de libertad. Calleja resucitó a Nueva España del “cadáver político” que era por entonces, según sus propias palabras, y al ejército “desnudo, mal armado y en la miseria” lo reorganizó para sostener al régimen. José María Morelos moriría frente a un pelotón de fusilamiento del virrey y la causa de independencia tendría que reforzarse y su triunfo postergarse, aquel militar vendría a reordenar todo el sistema defensivo español, optimizaría los cuerpos armados y los reacomodaría.

La independencia política debería estar acompañada de su similar en cuestiones económicas. Pero esto pocas veces se corresponde, y menos para una nación en formación a mediados del siglo XVIII. En medio de las crisis continuas en la construcción del Estado-nación, y las disputas entre liberales y conservadores, las deudas se comenzaron a acumular y por allí se pudieron ir colando banqueros y agiotistas que a cambio de préstamos en bonos y la especulación hundían a los gobiernos en deudas impagables. La Casa Jecker, comandada por el suizo Jean-Baptiste Jecker, supo usufructuar para su beneficio, nos relata Noé Ibáñez Martínez, aquellos años de incertidumbre política y económica. Jecker moriría en Francia a manos de los comuneros, pero el daño a las finanzas mexicanas ya estaba hecho.

Desde el terreno de la cultura abordamos en este número la explosión del uso de la imagen en el siglo xx. La imagen de un héroe o un santo laico, nos preguntamos acerca de la mutación de la figura de Pancho Villa, personaje singular de la revolución mexicana, icono incluso en el extranjero del culto por la justicia social, que lo mismo se refleja en monumentos institucionales que en el rostro incrustado a colores en bolsas de ixtle, veladoras o souvenirs. ¿Debemos tomarnos con superficialidad a quiénes dieron la vida por una causa social o es la única manera de que perduren en el imaginario popular?

Pero también desde la imagen, BiCentenario 39 recupera el trabajo que nos dejara el fotógrafo Ricardo Salazar, un profesional que entre los años cuarenta y ochenta del siglo pasado, fundamentalmente, retratara a los autores de la llamada Generación de Medio Siglo (Inés Arredondo, Ricardo Garibay, Margarita Michelena, Juan José Arreola, Jorge Ibargüengoitia, Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo y José Emilio Pacheco, entre otros), y la vida del país, en especial de la UNAM, quien ha resguardado su legado.

La cultura de la imagen, de fuerte impronta en México, como en pocos países latinoamericanos, nos trae también al análisis al dibujante Julio Ruelas, un extraordinario ilustrador que en pocos años de trabajos dejó un legado artístico que aún es motivo de estudio por una admirable e inacabada capacidad de imaginación y fantasía.

Estas propuestas de lecturas quedan al sometimiento de la opinión de cada lectora y lector. Hasta el próximo número.

Darío Fritz

Columbus 1916. El destino de los prisioneros villistas

Guadalupe Villa
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

Las razones por las que el ex jefe de la DivisiA?n del Norte incursionA? en aquella poblaciA?n estadunidense siguen siendo, un siglo despuAi??s, materia de hipA?tesis antes que de conclusiones. Francisco Villa se ganA? un poderoso enemigo que lo persiguiA? infructuosamente en MAi??xico, pero terminA? por generarle importantes pAi??rdidas.

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Villa bandits captures at Columbus and Ascencion Mexico, ca. 1916. Image 62540, Charles Poe Photograph Collection. CortesAi??a de New Mexico State Records Center and Archives.

Hace ya 100 aAi??os, el 9 de marzo de 1916, unaAi??fuerza armada encabezada por Pancho VillaAi??atacA? la poblaciA?n estadunidense de Columbus,Ai??Nuevo MAi??xico. La periodista EileenAi??Welsome la describe como:

Un pueblo sin importancia, feo, en elAi??que no habAi??a ni un solo A?rbol ni pastosAi??que pudieran contener las resecasAi??tierras levantadas por las tormentasAi??de viento. Las tiendas y casas, cubiertasAi??de polvo, parecAi??an un espejismo.Ai??Un lugar donde, en lo mA?s intensoAi??de la primavera, el calor lo inmovilizaba todo; donde el vacAi??o recorrAi??a losAi??cuatro horizontes, sA?lo roto por cactus,Ai??zarzas de mezquite y magueyes, y lasAi??tres montaAi??as en forma de cono ubicadasAi??al noroeste de la ciudad, conocidas como Tres Hermanas.

Las causas por las que el antiguo jefe de laAi??DivisiA?n del Norte atacA? tal poblado siguenAi??siendo materia de controversia entre los estudiososAi??de la revoluciA?n mexicana, cuyo anA?lisisAi??no acaba de arrojar del todo respuestasAi??satisfactorias: A?SerAi??a quizA? la represalia porAi??el reconocimiento a Venustiano CarranzaAi??como gobierno de facto y el apoyo estadunidenseAi??dado a los constitucionalistas paraAi??el traslado de tropas a travAi??s de su territorio,Ai??que ocasionA? la derrota en Sonora y, conAi??ella, la disoluciA?n del ejAi??rcito villista?, A?fue, talAi??vez, el convencimiento de la existencia de unAi??pacto secreto entre Carranza y el gobiernoAi??de Estados Unidos que comprometAi??a la soberanAi??a
nacional con gravosas concesiones? A?oAi??el deseo de Villa de provocar una reacciA?nAi??nacionalista que congregara a los mexicanosAi??en contra de Carranza? A?fue parte de un planAi??del gobierno alemA?n para propiciar una intervenciA?nAi??armada de Estados Unidos a MAi??xicoAi??y asAi?? evitar su ingreso a la gran guerra? A?posiblementeAi??una venganza personal de Villa paraAi??castigar a Sam Ravel, un traficante de armasAi??que lo habAi??a estafado?

Las pistas

Es posible encontrar algunas respuestas en una carta de Villa a Emiliano Zapata del 8 de enero de 1916. En ella describe las fatigas y penalidades que sufrieron sus fuerzas durante la travesAi??a por la Sierra Madre, teniendo que enfrentar en Agua Prieta, Sonora, a 5 000 carrancistas que el gobierno estadunidense habAi??a permitido pasar por su territorio. Villa decAi??a estar convencido de que Estados Unidos era enemigo de MAi??xico y que la integridad e independencia del paAi??s se perderAi??an si los mexicanos no se unAi??an para impedir, con las armas, la venta de la patria. Le aseguraba a Zapata la existencia de un pacto secreto entre Carranza y Woodrow Wilson, por el que cederAi??a BahAi??a Magdalena por el tAi??rmino de 99 aAi??os, los ferrocarriles del istmo de Tehuantepec y Nacionales y las concesiones solicitadas en la zona petrolAi??fera, a cambio de lo cual el gobierno de MAi??xico recibirAi??a un prAi??stamo de 500 000 000 de dA?lares.

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Convencido de que la soberanAi??a nacional estaba gravemente comprometida, Villa habAi??a tomado la decisiA?n de ai???no quemar un cartucho mA?s [en contra] de los mexicanos y [organizarse] debidamente para atacar a los americanos en sus propias madriguerasai???. La carta terminaba invitando a Zapata a emprender juntos la reconstrucciA?n y engrandecimiento de MAi??xico.

Al sentirse traicionado por el gobierno de Estados Unidos, Villa lo declarA? enemigo de MAi??xico y de los mexicanos. El ataque a Columbus provocA? un gran escA?ndalo internacional y el envAi??o de una fuerza armada en persecuciA?n de los agresores, lo que, como era de esperarse, despertA? unAi??fuerte sentimiento nacionalista en el pueblo mexicano.

Sobre la embestida a la poblaciA?n fronteriza y la ExpediciA?n Punitiva existe una extensa bibliografAi??a estadunidense, sin embargo, prA?cticamente es nulo el anA?lisis desde el punto de vista de los mexicanos. A?QuiAi??nes fueron los hombres que participaron en el ataque? A?QuAi?? consiguieron los villistas tras el asalto a Columbus? A?CuA?ntos fueron apresados y juzgados? A?QuAi?? adujeron a lo largo de los interrogatorios? A?CuA?l fue su destino? La que sigue es una aproximaciA?n a esta historia.

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La División del Norte. Traiciones que llevaron al ocaso

Guadalupe Villa
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 29-30

Tres hombres fueron clave en la derrota de las tropas villistas en Celaya, al restringir su fuerza militar. Los negocios personales de Lázaro de la Garza, Félix Sommerfeld y George Carothers limitaron o nulificaron el abastecimiento de armas que tanto necesitaba la división del norte para enfrentar a los carrancistas.

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Félix Sommerfeld, Francisco Villa y Raúl Madero. Cortesía de El Paso Public Library, McGaw Photograph Collection

Las derrotas sufridas por la División del Norte entre abril y junio de 1915 en el centro del país han dado pie a infinidad de discusiones sobre lo que le ocurrió a Villa y su gente. En lo que coinciden es en la importancia que revistió para ellos la falta de municiones; sin estas era imposible ganar ninguna batalla, por más ge­nialidad táctica y estratégica que tuvieran. El problema fue que Pancho Villa decidió com­batir sin ellas pensando que podría surtirse del propio enemigo. Se han considerado, además, errores estratégicos cometidos, entre ellos: desoír el consejo del general Felipe Ángeles de atacar Veracruz y cortar las comunicaciones carrancistas en vista de la ineficiencia de los zapatistas que, no obstante haberse compro­metido, nunca pudieron o quisieron cortar la línea de abastecimiento de Álvaro Obregón; haber dividido sus fuerzas y combatir en di­versos frentes en lugar de presentar batalla con todos sus hombres y, en consecuencia, no haber previsto soldados de reserva.

No obstante los desaciertos, es necesa­rio subrayar que la traición fue el ingredien­te principal en la derrota de la División del Norte en Celaya. Sin duda entre las preocu­paciones que inquietaron a Villa, luego de la escisión revolucionaria, fue allegarse un flujo constante de materiales bélicos. Hasta antes del estallido de la primera guerra mundial, la compra de armas y municiones era fácil, pudiéndose adquirir a precios accesibles sin que el general tuviera que enfrentar proble­mas de aprovisionamiento, pero en 1915 la historia fue distinta.

Villa, como otros jefes revolucionarios, se valió de agentes confidenciales y repre­sentantes que desempeñaron diversas comi­siones en Estados Unidos, entre ellos Lázaro de la Garza, Félix Sommerfeld y George C. Carothers. Estos intermediarios, empleados por él, no procedían de las filas revolucionarias y aunque al principio resultaron eficientes y mostraron una aparente lealtad, fue cuestión de tiempo para que evidenciaran sus verda­deras intenciones: el robo y la traición en los momentos más críticos del enfrentamiento entre convencionistas y constitucionalistas.

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General Villa, Coronel Michie y el Sr. Carothers, ca. 1914,

¿Quiénes fueron estos hombres y qué papel desempeñaron??

Lázaro de la Garza

Originario de Laredo, Texas, De la Garza había sido colaborador del general Bernar­do Reyes durante su gubernatura al frente del estado de Nuevo León. Posteriormente se avecindó en Torreón, Coahuila, y en 1913 entró en contacto con Villa, quien lo nombró su agente comercial y financiero. Un testigo presencial narró así el encuentro entre am­bos: En la entrada triunfal de los soldados de la División del Norte, ese día 1° de octubre de 1913 […] el general Villa penetró a la plaza montando [su caballo] Sangre Linda. Frente al fastuoso Hotel Salvador salió a su encuentro un hombre corpulento y alto, elegantemente vestido, que se descubrió respetuoso para saludarlo y con su ade­mán de aristócrata, nos deslumbró el espejo de su clava. Aquel individuo dijo llamarse Lázaro de la Garza, declaró que iba a ponerse en manos del comandante en jefe de la División del Norte, y ofreció una larga lista de todos los hacendados y ricos de La Laguna, algodoneros y próceres con datos sobre sus posibilidades de aportar fuertes sumas a la Revolución, en calidad de préstamos forzosos. Lázaro no tenía miedo de sufrir errores en sus apreciaciones […] apelando a sus conoci­mientos adquiridos como alto empleado del banco de la plaza capturada.

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Le decían Jack

Guadalupe Villa Guerrero
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Estuvo tan sólo cuatro meses en México, pero le fueron suficientes para explicar los complejos personajes que dieron vida a la revolución mexicana. Escritor comprometido con sus ideas, temperamental y carismático, John Reed iba a contracorriente. Escribía tanto sobre la represión a obreros en su natal Estados Unidos como sobre la revolución bolchevique en Rusia. Así abrió los ojos de muchos a través de reportajes y libros que mostraban otras perspectivas del mundo

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Quizá como ningún otro, Reed nos dejó el registro de la rica y compleja gama de personajes que de muy diversas maneras se integraron a los ejércitos revolucionarios. Él mismo se consideró, temporalmente, un revolucionario más entre las fuerzas de la División del Norte, al unirse a las tropas del general Tomás Urbina en su marcha a Torreón. La colección de reportajes que actualmente es posible disfrutar en el libro México Insurgente, nos adentra en sus experiencias: Esto era la tropa cuando la vi por primera vez. Eran como un centenar de sol- dados, cubiertos de harapos pintorescos; algunos vestían ropas de obrero, de mezclilla; otros, las chaquetillas charras de los peones; en tanto que uno o dos alardeaban de sus pantalones pegados de vaqueros. Sólo unos cuantos llevaban zapatos; los más de ellos huaraches, y el resto iba descalzo. […] los rifles colgaban de sus monturas, llevaban cuatro o cinco cananas de cartuchos cruzados sobre el pecho, altos sombreros de flotantes alas; inmensas espuelas que tintineaban al cabalgar; sarapes de brillantes colores, amarrados atrás de la silla. Todo esto constituía su equipo.

Otros combatientes retratados por el reportero fueron los soldados de fortuna o mercenarios, algunos de ellos habían combatido en el ejército maderista y estaban de regreso en el país para ofrecer sus servicios, aun sin hablar el español: El capitán canadiense Treston tenía su vivac y su batería de ametralladoras bajo la sombra de los álamos […] habían descargado los cañones y sus pesados trípodes, de las mulas, veíanse regados en todo el contorno los útiles de campaña. Los animales pastaban en la rica y verde pradera. Los hombres estaban acuclillados o tira- dos a lo largo de las orillas del canal. Treston nos saludó agitando una tortilla llena de ceniza que comía y gritó: ¡Oiga, Reed! ¡Por favor, venga acá a traducirme! ¡No puedo hallar a mis intérpretes, y si entramos en acción, estaré en un aprieto! No sé hablar el condenado idioma; cuando vine aquí, Villa contrató los servicios de dos intérpretes para que me acompañaran siempre. seq-5 (388x640)Y ahora no los encuentro […] ¡siempre se ausentan y me dejan en un atolladero!

Tan solo fueron cuatro meses los que Reed permaneció en nuestro país y, no obstante, los pintorescos relatos recogidos a lo largo de su travesía, muestran al socialista comprometido que intentó desentrañar el alma de los mexicanos y el porqué de la lucha fratricida. Este vivaz e infatigable periodista no regresaría más a México, pero estaría presente en muchos de los escenarios de protesta social en su tierra y en las guerras internacionales que caracterizaron al siglo XX

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Villa-Zapata un encuentro con dos miradas

Guadalupe Villa Guerrero
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

En diciembre de 1914, Francisco Villa y Emiliano Zapata se reunieron en una escuela pública de Xochimilco. El objetivo: establecer una alianza de colaboración mutua y en contra de Venustiano Carranza, dado el fracaso de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes. De aquella conversación dieron cuenta León Canova y Gonzalo Atayde.

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León Canova acompañado de Álvaro Obregón y Antonio I. Villarreal en la Convención de Aguascalientes, octubre 1914.
Archivo Casasola, inv. 39123. SINAFO, CONACULTA-INAH- MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

A mediados de 1914 se hicieron evidentes, en el panorama político nacional, las crecientes diferencias entre Francisco Villa y Venustiano Carranza, agravadas cuando el primero decidió contravenir las órdenes del segundo y marchar con todo su ejército en pos del importante bastión federal de Zacatecas. La victoria de Villa dio como resultado, en el mediano plazo, la derrota de Victoriano Huerta, su renuncia a la presidencia y su huida del país.

Los intentos por tratar de solucionar los problemas existentes entre aquellos jefes y evitar a toda costa la ruptura entre revolucionarios se tradujeron en el Pacto de Torreón. Carranza convocaría a una convención de revolucionarios cuya labor estaría encaminada, entre otras cosas, “a implantar el régimen democrático en nuestro país”. No obstante, lejos estaba el primer jefe de permitir se obstaculizara su llegada a la presidencia de la república. El aislamiento en el que mantuvo a Villa, sin abastecerlo de armas y combustible para sus trenes, y graves problemas surgidos con Obregón, provocaron que el jefe de la División del Norte emitiera, en septiembre, el Manifiesto y documentos que justifican el desconocimiento del C. Venustiano Carranza como Primer Jefe de la Revolución en el que, en resumen, acusaba al líder del constitucionalismo de querer instaurar una nueva dictadura, y de oponerse a los acuerdos de Torreón. Invitaba a los ciudadanos a exigir la separación de Carranza de la jefatura del Ejército Constitucionalista y del poder ejecutivo; a nombrar a un presidente interino que adoptara medidas para garantizar la resolución del problema agrario y convocara a elecciones.

Al no prosperar la convención revolucionaria convocada por Carranza en la ciudad de México, se llegó al acuerdo de convocar a una convención de jefes revolucionarios en la ciudad de Aguascalientes para encontrar la solución a los problemas del país, ratificándose en gran medida el Pacto de Torreón que el Primer Jefe había desconocido. El 10 de octubre se inauguraron las sesiones en el Teatro Morelos.

Desafortunadamente, lejos de lograrse un consenso en cuanto al tipo de gobierno que el país necesitaba, las controversias entre partidarios de la Convención y de Carranza llegaron a la ruptura definitiva: zapatistas y villistas contra constitucionalistas.

Zapata antes de la visita de Villa en Xochimilco La IustraciA?n Semanal, dciembre 1914 (640x585)

Emiliano Zapata y Mr. Carothers en Cuernavaca, 1914. Archivo Casasola, inv. 6165. SINAFO, CONACULTA-INAH-
MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Eulalio Gutiérrez, presidente provisional elegido en Aguascalientes, se estableció en la ciudad de México bajo el amparo del Ejército Convencionista acaudillado por Villa. En este marco tendría lugar el encuentro de los ejércitos populares del norte y del sur. Las avanzadas de la antigua División del Norte, convertida en Ejército Convencionista, llegaron al pueblo de Tacuba el 28 de noviembre de 1914, al tiempo que las tropas del Ejército Libertador del Sur, ocuparon la capital de la república.

El histórico encuentro entre Francisco Villa y Emiliano Zapata ocurrió en Xochimilco. En la escuela pública del pueblo fueron recibidos con flores y fue ahí donde tuvieron su primera reunión preservada para la posteridad por al menos dos personas de las que sabemos sus nombres: León Canova, representante del Departamento de Estado estadunidense, y Gonzalo Atayde, secretario particular del coronel Roque González Garza.

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Las caras del dinero villista

Alfonso Milán
UAM-A

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Entre 1913 y 1915 Francisco Villa ordenó la creación y circulación de monedas y billetes para hacer frente a los padecimientos económicos de su gobierno en Chihuahua o de la lucha revolucionaria. Algunas de aquellas piezas de papel son ya una leyenda y las monedas hechas en oro, plata o cobre tienen hoy un valor superlativo para los coleccionistas.

$1 Peso Dos caritas FRENTE

Sabemos que en los tiempos de la lucha armada más de 126 autoridades estatales, municipales, regionales, civiles y militares, tanto federales como rebeldes e incluso particulares –haciendas, fábricas y comercios–, emitieron grandes cantidades de dinero para financiar sus gastos. Cada facción revolucionaria también emitía su propio dinero, algunos en metal, pero la mayoría en papel o cartón, sin ningún respaldo económico. La consecuencia era que se depreciaba pronto y mucho, además de ser rechazado entre los bandos contrarios

Durante su periodo como gobernador de Chihuahua, a finales de 1913, Francisco Villa enfrentó graves problemas financieros como la ausencia de dinero circulante, lo que hundió los mercados y trajo como consecuencia hambre entre la población más pobre del estado. Después de haber escuchado varias propuestas para subsanar esta situación, Villa respondió: Si lo que falta es dinero, pues vamos haciéndolo. Así, para hacerse de recursos, expropió bienes de los enemigos de la revolución. Los fondos obtenidos se emplearon, según sus propias palabras, para garantizar pensiones a viudas y huérfanos, defensores de la causa revolucionaria desde 1910. Los fondos se utilizaron también para crear el Banco del Estado de Chihuahua. Su capital inicial fue de 10 000 000 de pesos, garantizado por la emisión de papel moneda cuya circulación fue forzosa, sin otra garantía que la promesa de pago que había en sus leyendas. El circulante fue lanzado principalmente para reanimar al pequeño comercio del Estado, a fin de que la gente pobre pudiera adquirir víveres. Por otra parte, el dinero villista fue de mucha utilidad para reclutar gente, uniformarla, pagarle y homogeneizar el armamento, convirtiendo a la División del Norte en un ejército profesional.

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La primera emisión de monedas villistas de plata y cobre se registró en el importante centro minero de Hidalgo del Parral, Chihuahua, en octubre de 1913. Se hicieron piezas de dos y 50 centavos en cobre y de un peso en plata. Las dos primeras llevan la leyenda fuerzas constitucionalistas, en alusión a la alianza todavía existente entre Villa y Carranza. De las emisiones de plata en denominación de un peso se conoce un ejemplar muy particular: el llamado peso de bolita. Muestra en el anverso, en tres renglones, la leyenda H. del Parral, dentro de media guirnalda y medio circulo de pequeños anillos. En el centro del reverso se observa y se siente al tacto una protuberancia circular sobrepuesta o bolita, la cual $1 Peso Muera Huerta (4)nadie supo con precisión cuál era su función

Se conocen otras monedas villistas con las leyendas ejército del norte y ejército constitucionalista, en su mayoría en denominaciones menores. De estas últimas existe una famosa moneda, de un peso en plata, acuñada en 1914 en Cuencamé, Durango. En el anverso se aprecia un gorro frigio, símbolo del triunfo, delante de un resplandor. En el reverso se lee un anatema que dice muera Huerta. Existe la versión no confirmada de que para troquelar esta moneda se usaron 122 barras de plata, botín de un tren asaltado por Villa en San Andrés, Chihuahua. Esta moneda es muy rara y altamente apreciada por la comunidad numismática, pero no sólo por la leyenda escrita, también por una…

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Los hombres de la DivisiA?n del Norte

Guadalupe Villa Guerrero – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

El 29 de septiembre de 1913 quedA? formada en La Loma, Durango, la DivisiA?n del Norte. Esta fuerza militar, encabezada por Francisco Villa y conformada por hombres de Chihuahua, Durango y La Laguna, obtuvo para el ejAi??rcito constitucionalista los mA?s sonados triunfos de la revoluciA?n y a ella se debiA? la derrota de Victoriano Huerta.Ai??

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Gral. Francisco Villa pasa revista a las tropas de la DivisiA?n del Norte, ca. 1914. Library of Congress, Washington D. C. Estados Unidos.

Durante la primera etapa de la revoluciA?n, Francisco Villa habAi??a adquirido prestigio como organizador y estratega militar y habAi??a dejado en claro su admiraciA?n y lealtad por Francisco I. Madero. En 1912, el flamante mandatario lo habAi??a llamado para combatir a un antiguo aliado que se habAi??a vuelto en su contra, PasAi??cual Orozco. Cuando el lAi??der norteAi??o ai??i??hasta entonces dedicado a la vida privadai??i?? retomA? las armas, prestA? sus servicios como fuerza auxiliar bajo las A?rdenes de Victoriano Huerta.

Poco despuAi??s de haberse incorporado al ejAi??rAi??cito federal, afloraron las diferencias entre los militares de carrera y aquellos que habAi??an conquistado sus grados en la lucha revoluAi??cionaria. El choque entre Huerta y Villa fue inevitable, y Villa fue acusado de insubordiAi??naciA?n, desobediencia y robo, y puesto frente al paredA?n, sentencia a muerte conmutada por cA?rcel en la ciudad de MAi??xico; primero en la PenitenciarAi??a de Lecumberri y despuAi??s en la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolco, de donAi??de huyA? para establecerse en Estados Unidos. De allA? volverAi??a para vengar las muertes de sus admirados amigos, el presidente Francisco I. Madero y el gobernador de Chihuahua, Abraham GonzA?lez.

Tras su regreso al paAi??s en marzo de 1913, Villa fue incrementando el exiguo grupo de ocho hombres con los que cruzA? el Bravo hasta transformarlo en un importante contingente al frente del cual se convirtiA? en uno de los jefes de operaciones en el estado de ChiAi??huahua. En tan sA?lo seis meses, su carisma y don de mando convertirAi??an al controvertido duranguense en lAi??der de uno de los mayores y mA?s exitosos ejAi??rcitos revolucionarios: la DivisiA?n del Norte.

ESCRUTINIO DE LIDERAZGO

Pancho Villa, Toribio Ortega y Juan Medina - 68106 (532x640)

Generales Francisco Villa, Toribio Ortega y el coronel Juan Medina.

Lograr acaudillar a los insurrectos de ChiAi??huahua no fue empresa fA?cil, pues muchos rehusaban subordinarse a mandos superiores; unAi??an, sAi??, temporalmente sus fuerzas para lograr determinados objetivos militares, pero no tenAi??an interAi??s en perder el poder que ejercAi??an en sus territorios. Entre los sublevados que se sumaron a Villa estaban Toribio Ortega, lAi??der agrario de Cuchillo Parado, veterano de la revoluciA?n maderista, cuyo nA?mero de efectivos ascendAi??a a 500 hombres; y Juan Medina, un antiguo oficial federal que durante su permaAi??nencia en el ejAi??rcito habAi??a participado en 1903 en la guerra contra los yaquis. La inhumana campaAi??a lo indujo a darse de baja como miliAi??tar y avecindarse en Chihuahua, donde se incorporA? a la luAi??cha maderista. Al triunfo de la revoAi??luciA?n y con AbraAi??ham GonzA?lez como gobernador, desempeAi??A? el carAi??go de jefe polAi??tico del Distrito Bravos. Cuando Victoriano Huerta asumiA? el poder, fue perseguido por sus antiguos comAi??paAi??eros de armas y tuvo que huir a Estados Unidos, de donde volviA? para unirse a Villa. Medina prestarAi??a grandes servicios a su superior, pues serAi??a el encargado ai??i??como jefe de Estado Mayorai??i??, de entrenar, disciplinar y dar cohesiA?n a los heterogAi??neos grupos armados.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

Gilberto Nava Presa. Memorias de un militar villista

Guadalupe Villa Guerrero / Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 23.

Yo les puedo relatar toda la campaña del general Villa, dice este hombre orgulloso de estar junto al caudillo en momentos clave de su lucha revolucionaria. La sangrienta batalla por Zacatecas, el paso por la tensa convención de Aguascalientes y la derrota en Celaya forman parte de la riqueza histórica de su narración.

Fot. H. J. Gutierrez,Fuerzas revolucionarias de la DivisiA?n del Norte, La IlustraciA?n Semanal, 2 de noviembre de 1914. (800x439)

Escolta que acompañó al Gral. Francisco Villa durante su viaje a Aguascalientes, en La Ilustración Semanal, México, 1914. Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”/Instituto Mora.

En este 2014 se conmemoran varios centenarios que dan cuenta del agitado año que se vivió en el México revolucionario: las grandes batallas de la División del Norte encabezadas por Francisco Villa; la invasión de Veracruz por la armada estadunidense; la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes y el encuentro de Villa y Emiliano Zapata en la ciudad capital.

El testimonio que aquí se presenta es el de un hombre que –deduzco-, se unió a Villa en 1913 y permaneció a su lado hasta la derrota de 1915. La entrevista con el teniente coronel Gilberto Nava Presa transcurrió 46 años después, por lo que el personaje incurre en algu- nos olvidos comprensibles. No obstante, sus recuerdos sobre la toma de Zacatecas (23 de junio de 1914) y su participación en la Convención de Aguascalientes (octubre) destacan por su importancia; en el primer caso, la crudeza de la batalla y la gran mortandad; en el segundo, la ruptura con Venustiano Carranza y la escisión revolucionaria.

Diversos autores han considerado que, durante el constitucionalismo, la batalla de Zacatecas fue la más sangrienta de todas las que tuvieron lugar en la lucha contra el go- bierno de Victoriano Huerta. Los testimonios de testigos y partícipes –revolucionarios, fe- derales y civiles, nacionales y extranjeros- dan cuenta de ello. Algo que llama poderosamen- te la atención es la poca información que, en ese momento, se produjo sobre la batalla de Zacatecas. En los días en que estaba por resolverse la victoria a favor de los revolucionarios no hubo periódicos, ni siquiera el oficial del gobierno del estado, que brindaran amplia información. Victoriano Huerta ejerció control absoluto sobre la prensa nacional y en Zacatecas hubo una cuidadosa supervisión para que no se supiera de las derrotas fede- rales. Pero, por otra parte, la atención estaba centrada en un hecho que ocasionó una tensa situación diplomática: la ocupación del Puerto de Veracruz por marinos de la armada de Estados Unidos. Su estancia se prolongaría por espacio de siete meses (21 de abril al 23 de noviembre). El comandante Frank Fletcher impedía el desembarco de armas destinadas a Victoriano Huerta; el alarde de fuerza (44 barcos de guerra) persuadió a las tropas fe- derales de retirarse, en tanto que la defensa de Veracruz estaba a cargo de los cadetes de la Escuela Naval y de voluntarios civiles.

Con este panorama como telón de fondo, transcurrió la Convención de Aguascalientes a la que el teniente coronel Gilberto Nava Presa concurrió como uno de los observado- res del general Villa, subrayando el hecho de la tensión ocasionada por la elección de Eulalio Gutiérrez como presidente provisional y el desconocimiento de la primera jefatura de Carranza. El entrevistado concluye la narración de sus recuerdos con la derrota del ejército villista en Celaya, fracaso atribuido al suministro de parque falsificado.

A continuación se presenta una selección de la entrevista realizada por Alexis Arroyo y Daniel Casez, al teniente coronel Nava Presa, el 19 de enero de 1961, en la ciudad de México, catalogada en el Archivo de Historia Oral bajo el registro (PHO/1).

Relatos de más de una batalla

Alexis Arroyo y Daniel Casez

… En Chihuahua me incorporé como capitán a un regimiento que se llamaba Hidalgo. En ese tiempo se estaba organizando la División del Norte, ya se oía la División del Norte, entonces ese regimiento se quedó con el nombre de Segundo Regimiento de la Primera Brigada Villa. Yo les puedo relatar toda la campaña del general Villa… Tengo el más grande honor de haber participado con él en los más grandes combates de la revolución… la parte medular, las principales tomas.

39253-Tropas constitucionalistas durante la batalla de Celaya

Combate en Celaya, abril de 1915, SINAFO.

[De Chihuahua] venimos en trenes con el general Villa, yo ya como oficial del Segundo Regimiento de la Primera Brigada Villa, y desembarcamos en una estación que se llama el Bote [en] Zacatecas. Ya habíamos sabido de que íbamos a tomar Zacatecas porque Pánfilo Natera y todos esos generales… [no] habían podido tomar Zacatecas donde estaban reu- nidos. Pero nosotros, la División del Norte, éramos pura chamacada de allá del norte, de Durango y todos esos… pues gente que estábamos impuestos a tirar balazos. Luego me acuerdo que llegamos a un rancho que se llama Morelos [cercano a] las inmediaciones de Zacatecas, [donde] hay… muy buenas tunas, por cierto. Ya no me acuerdo cuántos días estuvimos ahí, pero sí… que llegó el general Villa en la mañana, el día precisamente del ataque, estábamos con una bola de generales ahí comiendo… Fierro… José Rodríguez, el coronel José Ordóñez, y no me acuerdo cuantos. Creo que hasta don Raúl Madero, me parece. Estábamos comiendo tunas cuando se soltó la balacera por el lado de Guadalupe, ahí se vino prendiendo, prendiendo, cuando le llegó un correo ahí al general Villa y le dije que el combate pues ya se había echado encima. Me acuerdo que textualmente dijo el general Villa: Bueno hijos, si quieren entrarle a los trancazos, pues vamos a tomar Zacatecas y, diciendo eso, ya ni comió tunas, sino que se fue para donde venían los trancazos, donde venía prendiéndose la mecha, y empezaron a funcionar las ametralladoras, empezaron a funcionar los cañones del cerro del Bote…

Nos ordenaron… que organizáramos nuestros contingentes para entrarle a los balazos, yo… ya era mayor, en Torreón me habían dado el grado de mayor. Y entonces, el mismo general Villa me dio a mí el nombramiento de coronel, después del combate de Zacatecas. Le entramos muy duro, por cierto que estaba tan limpio como donde acampamos nosotros con todo el cuerpo, nadie se separaba, nos dieron la contraseña y ¡vámonos! No recuerdo cómo era la contraseña que me dio el general, y ahí vamos, ¡éntrele! y ¡éntrele! hasta que llegamos, para la una de la tarde estábamos adentro de la ciudad de Zacatecas. Pero era un combate ¡terrible, terrible! Me acuerdo que llegamos a las trincheras de la federación y los agarramos al hilo, nosotros de un solo balazo podíamos matar cuatro o cinco.

Nada más volteadera y volteadera, hubo una mortandad ¡horrible! Pues… acabamos con aquellos pobres, también nosotros tuvimos algunas bajas y entramos a Zacatecas; luego recibimos la orden de mandar quemar todas las cantinas, mandar quebrar todas las botellas de vino que hubiera en las cantinas, porque era una de las cosas que más recomendaba el general Villa, tan pronto entrábamos a una ciudad, inmediatamente a destruir todo lo que hubiera de licor, esa fue una orden terminante del general Villa en toda la campaña… Era una orden que se cumplía y ¡cuidado el que no la cumpliera! El general Villa era un hombre ignorante, pero era un hombre, que era, no sé qué, pues sabía pensar y sabía calcular, calcular todo… tenía una intuición tan terrible. Yo veía que cualquier cosa que le iba a hacer un mal, inmediatamente él lo percibía y lo percibía por ese conocimiento propio que él tenía de las personas…

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El cine como propaganda

HAi??ctor Luis Zarauz LA?pez
Facultad de EconomAi??a, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La Ai??poca revolucionaria fue clave en el desarrollo de un cine documental que informaba pero a su vez estaba muy influenciado por promover la figura de los lAi??deres polAi??ticos. Francisco Villa fue uno de los que mejor provechA? le sacA?. Los intentos por hacer un cine menos politizado hallaban escaso eco

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Como si fuera un set cinematogrA?fico, el paAi??s estaba listo en noviembre de 1910 para ser filmado. Entonces, el largo gobierno de Porfirio DAi??az era cuestionado por la vAi??a armada, Madero y sus seguidores habAi??an decidido explorar un nuevo guiA?n despuAi??s de las fallidas elecciones de ese aAi??o. La trama, el escenario, las luces y los actores, toda parecAi??a preparado para escuchar el llamado a cA?mara.

La revoluciA?n mexicana fue la primera que se dio en los albores del siglo XX. Su desarrollo coincidiA? con el establecimiento del cinematA?grafo en el mundo y en MAi??xico adonde apareciA? desde 1896 cuando llegaron los primeros representantes de la casa LumiA?re y de la casa Edison, considerados como los inventores del cine.

Como el cine ya habAi??a dado sus primeros pasos en nuestro paAi??s, la revoluciA?n fue un proceso histA?rico razonablemente bien filmado para su tiempo. Sin embargo, gran parte de los materiales fAi??lmicos que se hicieron entre 1910 y 1920 desaparecieron, ya sea porque fueron mutilados, fragmentados o destruidos. Aun asAi?? ha quedado suficiente de Ai??l para utilizarlo como un elemento reconstructivo de la historia de la revoluciA?n y de esa Ai??poca.

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Actualidad revolucionaria

Al haber sido depuesta la dictadura de DAi??az, las temA?ticas que habAi??an interesado al cine de ese tiempo desaparecieron (hasta entonces, don Porfirio y su comitiva aristA?crata habAi??an sido uno de los imanes de taquilla) y en lo sucesivo el cinematA?grafo se centrA? en el movimiento revolucionario. El espectador dejA? de observar imA?genes de concordia y abundancia de esa supuesta belle Ai??poque que el cine se empeAi??aba en captar. Ahora el espectA?culo serAi??a ver al pueblo mismo en la pantalla y el enfrentamiento armado en contra del dictador y entre las facciones en rebeliA?n.

Durante los aAi??os de la RevoluciA?n (considerando la dAi??cada de 1910 a 1920), predominaron dos corrientes en la producciA?n nacional: por una parte, el documental sobre la RevoluciA?n, y por otra, las piezas del cine argumental que ya se venAi??an realizando.

Casi la totalidad de filmaciones que se hicieron en estos aAi??os fueron documentales-reportajes. Por el contrario, se realizaron muy pocas ficciones, lo cual es interesante si tomamos en cuenta que en el mismo periodo en Estados Unidos se filmaron mA?s de cien dramatizaciones sobre el tema revolucionario. Esto podrAi??a responder primero al hecho de que en MAi??xico la industria no habAi??a alcanzado un desarrollo pleno que permitiera hacer este tipo de cine, y segundo a que muy probablemente el pA?blico demandaba materiales de carA?cter informativo que consideraba mA?s fidedignos por ser el retrato de la realidad revolucionaria. De manera que estas cintas son muy cercanas a un trabajo periodAi??stico. Sin embargo, no debe perderse de vista que muchos de estos documentales fueron auspiciados por los propios caudillos que vieron en la filmaciA?n un vehAi??culo de promociA?n de sus figuras.

Dentro de los documentales habAi??a dos fines fundamentales. El primero fue el periodAi??stico, por lo cual las temA?ticas estaban evidentemente ligadas a los eventos de actualidad. Se trataba de filmar aquello que acababa de suceder en torno a las movilizaciones armadas a fin de que el espectador estuviera enterado. Entre estas se pueden citar: Las conferencias de paz en el norte y toma de Ciudad JuA?rez (1911), Viaje triunfal del jefe de la revoluciA?n don Francisco I. Madero desde Ciudad JuA?rez hasta la Ciudad de MAi??xico (1911), La revoluciA?n orozquista (1912), La revoluciA?n en Veracruz (1912), La revoluciA?n felicista (1913). AdemA?s, el camarA?grafo JesA?s H. Abitia filmA? campaAi??as militares de ObregA?n y Carranza, Francisco Villa contaba con camarA?grafos de la Mutual Film Corporation, que filmaron la toma de Ojinaga, TorreA?n y GA?mez Palacios, y los zapatistas tuvieron tambiAi??n camarA?grafos que editaron La revoluciA?n zapatista (1914). Las huestes huertistas llegaron a hacer uso del cinematA?grafo al filmar Sangre hermana (1914). Asimismo, fue registrada la invasiA?n estadunidense por Salvador Toscano, bajo el tAi??tulo de Sucesos de Veracruz (1914).

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

El otro uso importante que tuvo el documental en estos aAi??os fue el propagandAi??stico, ya que los documentos cinematogrA?ficos, fotogrA?ficos, periodAi??sticos, etcAi??tera, eran parte de la lucha de los distintos bandos de la RevoluciA?n. Estamos pues ante pelAi??culas vinculadas a una causa especAi??fica y que, en consecuencia, no son piezas desinteresadas y meramente testimoniales que se limitaban a registrar los sucesos del paAi??s.

Para saber mA?s

LEAL, JUAN FELIPE. El documental nacional de la RevoluciA?n mexicana. FilmografAi??a: 1915-1921. MAi??xico, Juan Pablos Editores, 2012.

MIKELAJA?UREGUI, JOSAi?? RAMAi??N. La historia en la mirada. MAi??xico, Filmoteca de la UNAM.

MIQUEL, A?NGEL.Ai?? ai???Las historias completas de la RevoluciA?n de Salvador Toscanoai???, Fragmentos. NarraciA?n cinematogrA?fica compilada y arreglada por Salvador Toscano, 1900-1930. MAi??xico, Imcine-Conaculta, 2010.

____________. En tiempos de RevoluciA?n. El cine en la ciudad de MAi??xico. 1910-1916. MAi??xico, UNAM, 2012.

ROSAS, ENRIQUE. El automA?vil gris. MAi??xico, 1919, dvd. Filmoteca de la UNAM.

TOSCANO, SALVADOR. Memorias de un mexicano. MAi??xico, 1950, dvd. FundaciA?n Carmen Toscano.

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