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“Venían muy redotados… Pero con mucha violencia”

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  41.

El capitán de caballería Gregorio Martínez cuenta aquí las duras vivencias como combatientes junto al general Francisco Villa entre 1917 y 1919 antes de deponer las armas. Transformados en gavilleros dispuestos únicamente a sobrevivir, afrontaron el final de la lucha revolucionaria en medio del hambre, el saqueo, las deserciones y la irracional brutalidad.

Luz Corral

A fines de 1915 la otrora poderosa División del Norte había desaparecido. Con la derrota a cuestas, el general Francisco Villa decidió seguir una guerra de guerrillas en contra de Venustiano Carranza y, a partir de entonces, con tan sólo un pequeño contingente constitutido por hombres que habían militado bajo sus órdenes, comenzó a operar en el estado de Chihuahua, haciendo extensivo su movimiento a los vecinos estados de Durango y Coahuila.

Pequeños destacamentos, divididos en facciones, hostilizaron al gobierno y resistieron durante cuatro años todo intento de pacificación. Estas gavillas al movilizarse en sus lugares de origen mantuvieron contacto con la población, lo cual les facilitó organizarse, incrementar sus contingentes, conseguir provisiones e informarse de los movimientos del ejército federal. El arraigo popular que mantuvieron los villistas en numerosas poblaciones facilitó sus acciones.

En corto tiempo Villa consiguió reunir un respetable contingente armado que, durante los años siguientes, mantuvo sucesivos encuentros con los distintos jefes de operaciones militares enviados a combatirlo. Las guerrillas villistas llegaron a obtener algunas victorias logrando tener en jaque a Carranza y a su ejército a lo largo de casi cinco años. Sin embargo, aunque se fueron engrosando los contingentes guerrilleros, también se empezaron a rendir algunas facciones. Muchos villistas se amnistiaron y se pasaron a las filas carrancistas combatiendo a sus antiguos compañeros, lo que Villa nunca les perdonaría. Ante las represalias ejercidas y la táctica de leva forzosa que implementó, el caudillo empezó a perder apoyo popular, al tiempo que provocó continuos reacomodos en las jefaturas militares del Ejército federal y la formación de numerosos cuerpos de voluntarios y defensas sociales en diversas poblaciones cuya finalidad era proteger propiedades y familias de los ataques guerrilleros.

Después de tantos años de guerra, la guerrilla empezó a declinar y el movimiento se debilitó; apareció el cansancio y la desmoralización entre las tropas. Aumentaron las deserciones en masa porque se intensificó el miedo y empezaron a perder la fe. Muchos que habían sido fieles al ex jefe de la División del Norte y que llevaban años levantados en armas no pudieron resistir más y se fueron retirando de la lucha.

Tras la sublevación del grupo sonorense contra el gobierno, la adhesión de numerosos generales y el asesinato del presidente Venustiano Carranza en mayo de 1920, Villa estuvo dispuesto a pactar con el gobierno provisional de Adolfo de la Huerta. El 31 de agosto de 1920, en la hacienda de Tlahualilo, Durango, los villistas depusieron las armas.

El texto que ahora se presenta es una edición de la entrevista que realicé al capitán de caballería Gregorio Martínez, los días 8 de septiembre de 1983 y 29 de septiembre de 1984 en la ciudad de Camargo, Chihuahua (pho/1/228). Se han seleccionado los relatos que recuerdan algunos pasajes de su participación de 1917 a 1919 en la guerrilla villista, años en los que se escribió uno de los capítulos más cruentos de la revolución, cuando a salto de mata y ocultas en las serranías, las gavillas hicieron de la guerrilla su modus operandi, abasteciéndose del saqueo y el robo, subsistiendo de lo que podían obtener en forma voluntaria o forzosa en los poblados aledaños y cazando al enemigo para matarlo, a riesgo de ser ellos los victimados. Hasta el fin de sus días, Gregorio Martínez mantuvo vivo el recuerdo de esos años de lucha y sobrevivencia al lado del general Villa, a quien ya no conoció como el líder admirado y carismático de otros tiempos, sino como el caudillo derrotado, despiadado y vengativo.

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Editorial

 En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 39.

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Cuatro décadas atrás, una reforma política y electoral, a la que luego seguirían otras diez de distinto tipo que dieron lugar a modificaciones constitucionales y legales, para establecer cuotas de género, nuevos requisitos para los partidos políticos y el voto de mexicanos en el extranjero, sentaría las bases para la transición a la democracia en el país y daría lugar al anhelado pluralismo político acotado por las elecciones condicionadas y amañadas.

La reforma de diciembre de 1977 tiene mucho de fecha toral, un hito que marca el antes y el después de la incipiente democracia mexicana, precedida por las constantes luchas por la participación de la sociedad civil y organizaciones políticas frustradas por la maquinaria de la censura, la proscripción (en el caso del Partido Comunista Mexicano) y la represión donde no se pueden olvidar los encarcelamientos por razones políticas y las muertes que ocasionó.

Más centrada en la gradualidad de los cambios que en la radicalidad, porque en realidad se daba en un contexto político que no miraba a largo plazo ni en establecer una verdadera república, sino en generar parches ante una creciente crisis económica y de legitimidad del gobierno de José López Portillo, la reforma de aquel 6 de diciembre permitió canalizar la lucha política a una arena más o menos pacífica como la del sufragio, no obstante la permanencia de los enormes problemas sociales y económicos.

A pesar de las imperfecciones durante estas cuatro décadas –denuncias de fraudes, manipulaciones o inequidad–, diseccionar cómo fue concebida la reforma de 1977 y las vicisitudes por las que atravesó en ese año hasta su concreción –recordemos que algunos sectores políticos y sociales no la aceptaban–, ayuda a comprender el lento proceso que ha recorrido la democratización de la participación electoral.

Este aporte de BiCentenario para analizar los inicios de un momento clave de la vida política contemporánea de México, quizá poco recordada –no hemos visto que fuera motivo de análisis o debates–, se da en el contexto de un año electoral que también puede ser un parteaguas ante la incertidumbre de hacia dónde dirigirá la ciudadanía sus preferencias electorales.

Pero también BiCentenario se alimenta de otros tiempos históricos mexicanos, menos políticos en algunos casos, y más ubicados en el terreno de las contribuciones personales e institucionales.

Qué fue, por ejemplo, de la protección de los mexicanos que después del Tratado de Guadalupe Hidalgo quedaron a merced de las leyes estadunidenses en los territorios perdidos hace 170 años. La diplomacia de Luis de la Rosa, Miguel Atristáin, Bernardo Couto y Luis G. Cuevas intentó que aquellos compatriotas tuvieran igualdad, no sólo los derechos civiles, políticos y religiosos sino también que se respetaran sus propiedades. El Protocolo de Querétaro, en la última etapa de las negociaciones, puso acento en aquella preocupación. Si la estrategia negociadora del presidente James K. Polk los contemplaba o no, nos habla el texto de la doctora Ana Rosa Suárez Argüello.

La lucha por la emancipación, como en gran parte de nuestros números, tienen un espacio de atención especial. En este caso nos adentramos a revisar el destacado papel que tuvo la gestión del virrey Félix María Calleja, como el militar avezado que pondría freno, por algunos años, a los sueños de libertad. Calleja resucitó a Nueva España del “cadáver político” que era por entonces, según sus propias palabras, y al ejército “desnudo, mal armado y en la miseria” lo reorganizó para sostener al régimen. José María Morelos moriría frente a un pelotón de fusilamiento del virrey y la causa de independencia tendría que reforzarse y su triunfo postergarse, aquel militar vendría a reordenar todo el sistema defensivo español, optimizaría los cuerpos armados y los reacomodaría.

La independencia política debería estar acompañada de su similar en cuestiones económicas. Pero esto pocas veces se corresponde, y menos para una nación en formación a mediados del siglo XVIII. En medio de las crisis continuas en la construcción del Estado-nación, y las disputas entre liberales y conservadores, las deudas se comenzaron a acumular y por allí se pudieron ir colando banqueros y agiotistas que a cambio de préstamos en bonos y la especulación hundían a los gobiernos en deudas impagables. La Casa Jecker, comandada por el suizo Jean-Baptiste Jecker, supo usufructuar para su beneficio, nos relata Noé Ibáñez Martínez, aquellos años de incertidumbre política y económica. Jecker moriría en Francia a manos de los comuneros, pero el daño a las finanzas mexicanas ya estaba hecho.

Desde el terreno de la cultura abordamos en este número la explosión del uso de la imagen en el siglo xx. La imagen de un héroe o un santo laico, nos preguntamos acerca de la mutación de la figura de Pancho Villa, personaje singular de la revolución mexicana, icono incluso en el extranjero del culto por la justicia social, que lo mismo se refleja en monumentos institucionales que en el rostro incrustado a colores en bolsas de ixtle, veladoras o souvenirs. ¿Debemos tomarnos con superficialidad a quiénes dieron la vida por una causa social o es la única manera de que perduren en el imaginario popular?

Pero también desde la imagen, BiCentenario 39 recupera el trabajo que nos dejara el fotógrafo Ricardo Salazar, un profesional que entre los años cuarenta y ochenta del siglo pasado, fundamentalmente, retratara a los autores de la llamada Generación de Medio Siglo (Inés Arredondo, Ricardo Garibay, Margarita Michelena, Juan José Arreola, Jorge Ibargüengoitia, Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo y José Emilio Pacheco, entre otros), y la vida del país, en especial de la UNAM, quien ha resguardado su legado.

La cultura de la imagen, de fuerte impronta en México, como en pocos países latinoamericanos, nos trae también al análisis al dibujante Julio Ruelas, un extraordinario ilustrador que en pocos años de trabajos dejó un legado artístico que aún es motivo de estudio por una admirable e inacabada capacidad de imaginación y fantasía.

Estas propuestas de lecturas quedan al sometimiento de la opinión de cada lectora y lector. Hasta el próximo número.

Darío Fritz

Columbus 1916. El destino de los prisioneros villistas

Guadalupe Villa
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

Las razones por las que el ex jefe de la DivisiA?n del Norte incursionA? en aquella poblaciA?n estadunidense siguen siendo, un siglo despuAi??s, materia de hipA?tesis antes que de conclusiones. Francisco Villa se ganA? un poderoso enemigo que lo persiguiA? infructuosamente en MAi??xico, pero terminA? por generarle importantes pAi??rdidas.

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Villa bandits captures at Columbus and Ascencion Mexico, ca. 1916. Image 62540, Charles Poe Photograph Collection. CortesAi??a de New Mexico State Records Center and Archives.

Hace ya 100 aAi??os, el 9 de marzo de 1916, unaAi??fuerza armada encabezada por Pancho VillaAi??atacA? la poblaciA?n estadunidense de Columbus,Ai??Nuevo MAi??xico. La periodista EileenAi??Welsome la describe como:

Un pueblo sin importancia, feo, en elAi??que no habAi??a ni un solo A?rbol ni pastosAi??que pudieran contener las resecasAi??tierras levantadas por las tormentasAi??de viento. Las tiendas y casas, cubiertasAi??de polvo, parecAi??an un espejismo.Ai??Un lugar donde, en lo mA?s intensoAi??de la primavera, el calor lo inmovilizaba todo; donde el vacAi??o recorrAi??a losAi??cuatro horizontes, sA?lo roto por cactus,Ai??zarzas de mezquite y magueyes, y lasAi??tres montaAi??as en forma de cono ubicadasAi??al noroeste de la ciudad, conocidas como Tres Hermanas.

Las causas por las que el antiguo jefe de laAi??DivisiA?n del Norte atacA? tal poblado siguenAi??siendo materia de controversia entre los estudiososAi??de la revoluciA?n mexicana, cuyo anA?lisisAi??no acaba de arrojar del todo respuestasAi??satisfactorias: A?SerAi??a quizA? la represalia porAi??el reconocimiento a Venustiano CarranzaAi??como gobierno de facto y el apoyo estadunidenseAi??dado a los constitucionalistas paraAi??el traslado de tropas a travAi??s de su territorio,Ai??que ocasionA? la derrota en Sonora y, conAi??ella, la disoluciA?n del ejAi??rcito villista?, A?fue, talAi??vez, el convencimiento de la existencia de unAi??pacto secreto entre Carranza y el gobiernoAi??de Estados Unidos que comprometAi??a la soberanAi??a
nacional con gravosas concesiones? A?oAi??el deseo de Villa de provocar una reacciA?nAi??nacionalista que congregara a los mexicanosAi??en contra de Carranza? A?fue parte de un planAi??del gobierno alemA?n para propiciar una intervenciA?nAi??armada de Estados Unidos a MAi??xicoAi??y asAi?? evitar su ingreso a la gran guerra? A?posiblementeAi??una venganza personal de Villa paraAi??castigar a Sam Ravel, un traficante de armasAi??que lo habAi??a estafado?

Las pistas

Es posible encontrar algunas respuestas en una carta de Villa a Emiliano Zapata del 8 de enero de 1916. En ella describe las fatigas y penalidades que sufrieron sus fuerzas durante la travesAi??a por la Sierra Madre, teniendo que enfrentar en Agua Prieta, Sonora, a 5 000 carrancistas que el gobierno estadunidense habAi??a permitido pasar por su territorio. Villa decAi??a estar convencido de que Estados Unidos era enemigo de MAi??xico y que la integridad e independencia del paAi??s se perderAi??an si los mexicanos no se unAi??an para impedir, con las armas, la venta de la patria. Le aseguraba a Zapata la existencia de un pacto secreto entre Carranza y Woodrow Wilson, por el que cederAi??a BahAi??a Magdalena por el tAi??rmino de 99 aAi??os, los ferrocarriles del istmo de Tehuantepec y Nacionales y las concesiones solicitadas en la zona petrolAi??fera, a cambio de lo cual el gobierno de MAi??xico recibirAi??a un prAi??stamo de 500 000 000 de dA?lares.

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Convencido de que la soberanAi??a nacional estaba gravemente comprometida, Villa habAi??a tomado la decisiA?n de ai???no quemar un cartucho mA?s [en contra] de los mexicanos y [organizarse] debidamente para atacar a los americanos en sus propias madriguerasai???. La carta terminaba invitando a Zapata a emprender juntos la reconstrucciA?n y engrandecimiento de MAi??xico.

Al sentirse traicionado por el gobierno de Estados Unidos, Villa lo declarA? enemigo de MAi??xico y de los mexicanos. El ataque a Columbus provocA? un gran escA?ndalo internacional y el envAi??o de una fuerza armada en persecuciA?n de los agresores, lo que, como era de esperarse, despertA? unAi??fuerte sentimiento nacionalista en el pueblo mexicano.

Sobre la embestida a la poblaciA?n fronteriza y la ExpediciA?n Punitiva existe una extensa bibliografAi??a estadunidense, sin embargo, prA?cticamente es nulo el anA?lisis desde el punto de vista de los mexicanos. A?QuiAi??nes fueron los hombres que participaron en el ataque? A?QuAi?? consiguieron los villistas tras el asalto a Columbus? A?CuA?ntos fueron apresados y juzgados? A?QuAi?? adujeron a lo largo de los interrogatorios? A?CuA?l fue su destino? La que sigue es una aproximaciA?n a esta historia.

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La DivisiA?n del Norte. Traiciones que llevaron al ocaso

Guadalupe Villa
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 29-30

Tres hombres fueron clave en la derrota de las tropas villistas en Celaya, al restringir su fuerza militar. Los negocios personales de LA?zaro de la Garza, FAi??lix Sommerfeld y George Carothers limitaron o nulificaron el abastecimiento de armas que tanto necesitaba la divisiA?n del norte para enfrentar a los carrancistas.

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FAi??lix Sommerfeld, Francisco Villa y RaA?l Madero. ai???CortesAi??a de El Paso Public Library, McGaw Photograph Collectionai???

Las derrotas sufridas por la DivisiA?n del NorteAi??entre abril y junio de 1915 en el centro del paAi??s,Ai??han dado pie a infinidad de discusiones sobreAi??lo que le ocurriA? a Villa y su gente. En lo queAi??coinciden es en la importancia que revistiA?Ai??para ellos la falta de municiones; sin Ai??stas eraAi??imposible ganar ninguna batalla, por mA?s genialidadAi??tA?ctica y estratAi??gica que tuvieran. ElAi??problema fue que Pancho Villa decidiA? combatirAi??sin ellas pensando que podrAi??a surtirse delAi??propio enemigo. Se han considerado, ademA?s,Ai??errores estratAi??gicos cometidos, entre ellos:Ai??desoAi??r el consejo del general Felipe A?ngelesAi??de atacar Veracruz y cortar las comunicacionesAi??carrancistas en vista de la ineficiencia de losAi??zapatistas que, no obstante haberse comprometido,Ai??nunca pudieron o quisieron cortar laAi??lAi??nea de abastecimiento de A?lvaro ObregA?n;Ai??haber dividido sus fuerzas y combatir en diversosAi??frentes en lugar de presentar batallaAi??con todos sus hombres y, en consecuencia, noAi??haber previsto soldados de reserva.

No obstante los desaciertos, es necesarioAi??subrayar que la traiciA?n fue el ingredienteAi??principal en la derrota de la DivisiA?n delAi??Norte en Celaya. Sin duda entre las preocupacionesAi??que inquietaron a Villa, luego de laAi??escisiA?n revolucionaria, fue allegarse un flujoAi??constante de materiales bAi??licos. Hasta antesAi??del estallido de la primera guerra mundial,Ai??la compra de armas y municiones fue fA?cil,Ai??pudiAi??ndose adquirir a precios accesibles sinAi??que el general tuviera que enfrentar problemasAi??de aprovisionamiento, pero en 1915 laAi??historia fue distinta.

Villa, como otros jefes revolucionarios, seAi??valiA? de agentes confidenciales y representantesAi??que desempeAi??aron diversas comisionesAi??en Estados Unidos, entre ellos LA?zaro de laAi??Garza, FAi??lix Sommerfeld y George C. Carothers.Ai??Estos intermediarios, empleados porAi??Ai??l, no procedAi??an de las filas revolucionariasAi??y aunque al principio resultaron eficientes yAi??mostraron una aparente lealtad, fue cuestiA?nAi??de tiempo para que evidenciaran sus verdaderasAi??intenciones: el robo y la traiciA?n en losAi??momentos mA?s crAi??ticos del enfrentamientoAi??entre convencionistas y constitucionalistas.

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General Villa, Coronel Michie y el Sr. Carothers, ca. 1914,

A?QuiAi??nes fueron estos hombres y quAi?? papelAi??desempeAi??aron?

LA?zaro de la Garza

Originario de Laredo, Texas, De la GarzaAi??habAi??a sido colaborador del general BernardoAi??Reyes durante su gubernatura al frenteAi??del estado de Nuevo LeA?n. PosteriormenteAi??se avecindA? en TorreA?n, Coahuila, y en 1913Ai??entrA? en contacto con Villa, quien lo nombrA?Ai??su agente comercial y financiero. Un testigoAi??presencial narrA? asAi?? el encuentro entreAi??ambos: En la entrada triunfal de los soldadosAi??de la DivisiA?n del Norte, ese dAi??a 1Ai?? de octubreAi??de 1913 [ai??i??] el general Villa penetrA? a la plazaAi??montando [su caballo] Sangre Linda. Frente alAi??fastuoso Hotel Salvador saliA? a su encuentro unAi??hombre corpulento y alto, elegantemente vestido,Ai??que se descubriA? respetuoso para saludarlo y con suAi??ademA?n de aristA?crata, nos deslumbrA? el espejo deAi??su clava. Aquel individuo dijo llamarse LA?zaroAi??de la Garza, declarA? que iba a ponerse en manosAi??del comandante en jefe de la DivisiA?n del Norte,Ai??y ofreciA? una larga lista de todos los hacendadosAi??y ricos de La Laguna, algodoneros y prA?ceres conAi??datos sobre sus posibilidades de aportar fuertesAi??sumas a la RevoluciA?n, en calidad de prAi??stamosAi??forzosos. LA?zaro no tenAi??a miedo de sufrir erroresAi??en sus apreciaciones [ai??i??] apelando a sus conocimientosAi??adquiridos como alto empleado del bancoAi??de la plaza capturada.

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Le decAi??an Jack

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

Guadalupe Villa Guerrero
Instituto Mora

Estuvo tan sA?lo cuatro meses en MAi??xico, pero le fueron suficientes para explicar los complejos personajes que dieron vida a la revoluciA?n mexicana. Escritor comprometido con sus ideas, temperamental y carismA?tico, John Reed iba a contracorriente. EscribAi??a tanto sobre la represiA?n a obreros en su natal Estados Unidos como sobre la revoluciA?n bolchevique en Rusia. AsAi?? abriA? los ojos de muchos a travAi??s de reportajes y libros que mostraban otras perspectivas del mundo.Ai??John Reed, poeta, escritor, periodista y activistaAi??social llegA? a MAi??xico a principios de 1914 como reportero de la revista neoyorkina Metropolitan.Ai??Sus escritos sobre la revoluciA?n mexicana, convertidos mA?s tarde en libros, proveyeron alAi??pA?blico estadunidense noticias frescas sobre la guerra civil, el pueblo en armas y sus lAi??deres.Ai??

John Reed sepia (617x800)

QuizA? como ningA?n otro, Reed nos dejA? elAi??registro de la rica y compleja gama de personajesAi??que de muy diversas maneras se integraronAi??a los ejAi??rcitos revolucionarios. Ai??l mismo seAi??considerA?, temporalmente, un revolucionarioAi??mA?s entre las fuerzas de la DivisiA?n del Norte,Ai??al unirse a las tropas del general TomA?s UrbinaAi??en su marcha a TorreA?n. La colecciA?n de reportajesAi??que actualmente es posible disfrutarAi??en el libro MAi??xico Insurgente, nos adentra enAi??sus experiencias: Esto era la tropa cuando la viAi??por primera vez. Eran como un centenar de soldados,Ai??cubiertos de harapos pintorescos; algunosAi??vestAi??an ropas de obrero, de mezclilla; otros, lasAi??chaquetillas charras de los peones; en tanto queAi??uno o dos alardeaban de sus pantalones pegadosAi??de vaqueros. SA?lo unos cuantos llevaban zapatos;Ai??los mA?s de ellos huaraches, y elAi??resto iba descalzo. [ai??i??] los riflesAi??colgaban de sus monturas, llevaban cuatro o cinco cananas de cartuchos cruzados sobreAi??el pecho, altos sombreros de flotantes alas; inmensasAi??espuelas que tintineaban al cabalgar; sarapesAi??de brillantes colores, amarrados atrA?s de la silla.Ai??Todo esto constituAi??a su equipo.

Otros combatientes retratados por el reporteroAi??fueron los soldados de fortuna o mercenarios, algunos de ellos habAi??an combatidoAi??en el ejAi??rcito maderista y estaban de regresoAi??en el paAi??s para ofrecer sus servicios, aun sinAi??hablar el espaAi??ol: El capitA?n canadiense TrestonAi??tenAi??a su vivac y su baterAi??a de ametralladoras bajoAi??la sombra de los A?lamos [ai??i??] habAi??an descargadoAi??los caAi??ones y sus pesados trAi??podes, de las mulas,Ai??veAi??anse regados en todo el contorno los A?tiles deAi??campaAi??a. Los animales pastaban en la rica y verdeAi??pradera. seq-5 (388x640)Los hombres estaban acuclillados o tiradosAi??a lo largo de las orillas del canal. Treston nosAi??saludA? agitando una tortillaAi??llena de ceniza que comAi??a y gritA?:Ai??A?Oiga, Reed! A?Por favor, venga acA? aAi??traducirme! A?No puedo hallar a mis intAi??rpretes,Ai??y si entramos en acciA?n, estarAi?? en un aprieto!Ai??No sAi?? hablar el condenado idioma; cuandoAi??vine aquAi??, Villa contratA? los servicios de dosAi??intAi??rpretes para que me acompaAi??aran siempre.Ai??Y ahora no los encuentro [ai??i??] A?siempre seAi??ausentan y me dejan en un atolladero!

Tan solo fueron cuatro meses los que ReedAi??permaneciA? en nuestro paAi??s y, no obstante, los pintorescos relatos recogidos a lo largo de suAi??travesAi??a, muestran al socialista comprometidoAi??que intentA? desentraAi??ar el alma de losAi??mexicanos y el porquAi?? de la lucha fratricida.Ai??Este vivaz e infatigable periodista no regresarAi??aAi??mA?s a MAi??xico, pero estarAi??a presente enAi??muchos de los escenarios de protesta social enAi??su tierra y en las guerras internacionales que caracterizaron al siglo XX.

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