Archivo de la etiqueta: 1910

México y los mexicanos en las páginas de National Geographic (1910-1919)

Laura Muñoz / Instituto Mora
Revista Bicentenario #17

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.33.09

México es, sin duda, uno de los países que más ha llamado la atención de la revista National Geographic a lo largo de sus más de cien años de vida. Enorme cantidad de artículos sobre nuestro país lo confirman. Si tomamos en particular el periodo que va de 1910 a 1919, encontraremos más de 20 artículos publicados como resultado de “la gran demanda de información sobre México” que recibía la revista, de acuerdo con lo dicho en el número de mayo de 1914. Estando el país en medio de una revolución, ¿qué les interesaba a los editores dar a conocer sobre México? ¿Qué tipo de información se ofrecía? ¿Qué estrategias se siguieron para ofrecer determinadas imágenes a los lectores?

México, el país vecino

El primero de los 22 artículos publicados en la década seleccionada apareció en agosto de 1910, muy cerca de las fiestas del Centenario. El último en octubre de 1919. A través de 379 fotografías y más de 500 páginas, National Geographic muestra a sus suscriptores en Estados Unidos una versión de México y los mexicanos. Dice que México es un país de contrastes. Contrastes entre lo moderno y lo antiguo; entre los distintos sectores sociales; entre los diversos grupos económicos; entre los diferentes climas y paisajes. Esta idea subyace en los relatos de textos y fotografías. No obstante, en ambos campos, pero más en las fotografías, se privilegia el deseo de mostrar lo menos cercano (para los estadounidenses), las escenas que muestran el atraso, las reliquias del pasado, como señala el número de diciembre de 1910. La imagen de los mexicanos en las fotografías es la de gente humilde y trabajadora, en su mayoría habitantes del campo, y cuando se los ve en las ciudades, son vendedores de productos artesanales. De las ciudades no se ven los edificios modernos, excepto un plano general del de Correos, más bien son escenario para enmarcar a esos habitantes pintorescos que aparecen en primer plano arreando burros cargados de bultos, o que transitan por las calles. Las mujeres casi siempre llevan rebozo. Pero las que seducen a los fotógrafos, por su belleza y joyería, son las llamativas tehuanas, ejemplo de exotismo. En las casi cuatrocientos fotografías no encontramos retratos de ningún miembro de la élite económica, ni de la política o la intelectual.

Los artículos

En todos los artículos, dedicados casi siempre a un tema particular, se manifiesta la fascinación de los viajeros y fotógrafos ante el país y su gente, la riqueza del territorio, la variedad de productos agrícolas y minerales, la diversidad de especies de aves, de climas y de vegetación (los cactus son particularmente atrayentes); la posesión de A?reas estratégicas para la comunicación (como el istmo de Tehuantepec), el potencial para el desarrollo comercial, la tierra fértil. En esos textos se advierte, también, la admiración que producen los espectaculares vestigios arqueológicos, huellas de culturas avanzadas y atractivo para los turistas. Fotografías a página completa permiten observar, en primeros planos, basamentos piramidales, estelas, restos de edificaciones en Mitla, Teotihuacán o Xochicalco. Los títulos de los artículos indican la orientación de cada uno. Con una rápida ojeada el lector percibe que los títulos se refieren, en primer lugar, a los recursos naturales y después a las maravillas del México antiguo. En correspondencia, los contenidos se centran en las posibilidades agrícolas de México, se refieren a las escenas que se desarrollan en diversas actividades económicas, detallan las características del territorio nacional, mencionan lo que se puede encontrar en él (desiertos, haciendas, jardines divididos por canales de agua), y enfatizan los distintivos de cada sitio arqueológico (las tallas en piedra, la raza olvidada de la misteriosa Chichén Itzá, el lustre del México antiguo).

México es el país vecino. Y de acuerdo con los adjetivos utilizados hasta el cansancio, es un país interesante, con tesoros maravillosos y paisajes fantásticos, o pintorescos. Es romantico, es misterioso. Pero no todo es enamoramiento, los pies de foto son el espacio utilizado para hacer comentarios de distinta índole, muchas veces insidiosos. Como el que acompaña a la imagen publicada en el número de julio de 1916 con el título “Casa en el campo cerca de Córdoba”. En ella aparecen, en primer plano, cuatro personajes, dos adultos y dos menores, de los que se dice son una familia campesina que, como buena parte de la población en México, posee muy pocas cosas. La leyenda afirma: “los bueyes bien alimentados de las haciendas no se sentirían orgullosos de que los hambrientos peones sean considerados sus iguales”. ¿A qué responde ese comentario? ¿Qué se quiere evidenciar?

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.30.31En algunos casos, encontramos en esos pies de foto comentarios de admiración. Por ejemplo, para los tarahumaras. Junto a una imagen sin autor (que ha sido atribuida a C. B. Waite), en la que un grupo de tarahumaras posan para el fotógrafo, mirando a la cámara, se les reconoce por su resistencia física y su capacidad para correr, tanto de hombres como de mujeres. También por el volumen de producción de plata que hizo de México uno de los países que más contribuyó a la producción mundial, la imagen muestra una vista de un poblado minero, La Luz, cerca de Guanajuato, que contrasta visiblemente por su pobreza. Y, en otros, se percibe la nostalgia por Porfirio Díaz, bajo cuya administración el país tenía calma y estaba en vías de progreso; o se hace referencia a la ultramoderna Ciudad de México, en la que se podía pasar del siglo XVI al XX al cruzar una calle. Esto último, es lo que dice el pie de foto que acompaña la fotografía del edificio de correos, la única que muestra algo de la modernidad de México de la que a veces se habla.

Los autores

En cuanto a los autores de los artículos, encontramos a antiguos representantes consulares de Estados Unidos en México (como E. H. Thompson o Frederick Simpich); otros eran ingenieros vinculados a compañías mineras (entre ellos Walter W. Bradley), visitantes estadounidenses que recorrían las haciendas adquiridas por compañías de connacionales (es el caso de J. E. Kirkwood), o eran funcionarios del departamento de Agricultura del país vecino (E. W. Nelson). No faltaron fotógrafos, reporteros, comerciantes, viajeros particulares, es decir, una legión de estadounidenses que se desplazaron por el territorio nacional, de norte a sur, del golfo al Pacífico, haciendo levantamientos e inventarios de lo que podía verse en él y sus instantáneas muestran un recorrido por un país rico, poco poblado y agradable tanto para turistas ávidos de conocer lugares diferentes como para inversionistas en busca de áreas atractivas para sus capitales. Entre los fotógrafos aparecen más de quince nombres (entre ellos James H. Hare, John H. Hall, C. M. Tozzer, Franklin Adams y tres mujeres: Helen Olsson-Seffer, Harriet Chalmersy Janet M. Cummings).

Esos fotógrafos qué podían ser particulares o funcionarios del gobierno estadounidense, miembros de su ejército o de compañías,como Underwood and Underwood o Galloway, reprodujeron por decenas escenas pintorescas, paisajes rurales, retratos de pobladores de diversos puntos de la República mexicana, trabajadores en sus faenas. También propagaron imágenes emblemáticas de la arquitectura antigua (Mitla, Chichén Itzá, Teotihuacán, Xochicalco). National Geographic publicó esas fotografías desplegadas a página entera en la mayor parte de los casos y distribuidas en diversos artículos, de tal suerte que un conjunto de fotografías dedicadas a un tema particular, por ejemplo, a los volcanes de México, no sólo están en el artículo específico, sino aparecen en ese y otros.

Las fotografías

En las fotografías de gran tamaño, además de las vistas rurales, bucólicas e idílicas, y de los paisajes imponentes, tomados desde cierta altura, en general vacíos de gente, pero siempre evidencia de la fertilidad de los suelos y de los diversos cultivos agrícolas, predominan los personajes típicos por su atuendo y oficio. Esos personajes eran ya conocidos por haberse difundido en las revistas ilustradas publicadas después de los años 30 del siglo XIX, producto del trabajo de artistas mexicanos. Por ejemplo en el libro titulado “Los mexicanos pintados por sí mismos” y, luego, en México y sus alrededores. Los fotógrafos extranjeros que visitaron o vivieron en México en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, se encargaron de retomar esas imágenes y de multiplicarlas y distribuirlas, a través de postales, en las que a diferencia de las litografías que les sirvieron de modelo, acentuaron los rasgos de pobreza y desaliño de muchos de los tipos mexicanos que popularizaron. Es sabido que gran parte de esas postales eran mercadeadas por la Sonora News Company. National Geographic, con su creciente circulación, contribuyó a difundir esas imágenes.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.34.11

La selección de las fotografías hecha por los editores de National Geographic parece obedecer al deseo de ilustrar los textos, utilizando las imágenes con las que contaba la revista, suministradas mediante regalos o por compra, pues en esa época la revista no contaba todavía con su propio equipo de fotógrafos. Varias de las incluidas en un artículo están relacionadas con el tema del mismo, pero otras son de lugares distantes o sin relación con el contenido. Los pies de foto, de diversa extensión, contribuyen a subrayar lo que se quiere mostrar con determinadas imágenes.

Sobre los temas de las fotografías, ya se ha dicho cuáles son los dominantes. Falta añadir que algunos asuntos que no mencionan los textos de los artículos están abordados en las imágenes, como la deportación de indios yaquis, los festejos del Centenario, la revuelta de Pascual Orozco y la expedición punitiva que perseguía a Villa. La particularidad es que si bien esos temas aparecen en las imágenes, éstas se incluyen en números cuya publicación es posterior al momento en el que ocurrieron los hechos. Las fotografías del traslado de yaquis a la península yucateca se publican en diciembre de 1910, las del desfile con motivo de las fiestas del centenario en mayo de 1911, la que muestra a las tropas de Orozco en 1914. Es decir, un año o dos después de los acontecimientos. En cambio, en julio de 1916 National Geographic incluyó fotografías que muestran al ejército estadounidense en la expedición punitiva, apenas cuatro meses después de iniciada.

El Centenario y la revolución

En torno a la celebración del centenario de la independencia de México solamente encontramos nueve fotografías. Las tres primeras son de cadetes en uniforme de gala. Son diferentes tomas de alumnos del Colegio Militar, el West Point de México. Un nutrido público en ambas aceras de una calle observa el desfile de la caballería de ese colegio en una de esas fotografías que ocupa toda la página. En las siguientes, más pequeñas, los cadetes se ven formando vallas en diferentes puntos de la ciudad. El pie de foto indica que la fama de estos “que defendieron el Castillo de Chapultepec del ejército americano es histórica”. Varias páginas más adelante el lector se encuentra con otras fotografías alusivas al desfile, la mayoría de gran tamaño, en las que varios personajes representan a los antiguos mexicanos, portando atuendos vistosos y tocados de plumas. Según los pies de foto, esos individuos eran “descendientes de aquellos a quienes representaban”.

En cuanto a las imágenes sobre la lucha armada, son muy pocas y sin explicación de por qué fueron elegidas esas en particular. La que encabeza aquellas que tocan de alguna manera el tema de la guerra es una imagen, acreditada a Aultman y Dorman, publicada en mayo de 1914, que muestra a parte de las tropas de Pascual Orozco. Después, observamos a un típico revolucionario. Se trata de una imagen atribuida a Shirley C. Hulse en la que aparece un jinete –con sombrero y cananas– posando para la cámara. El pie de foto informa que fue tomada a petición del retratado. Hulse es, asimismo, autor de varias fotografías publicadas en la revista. En una de ellas aparecen, en primer plano, dos soldaderas viendo a la cámara, que las capta caminando al lado de los soldados federales a los que acompañan. Portan sombrero y el rebozo amarrado, cargando probablemente a sus hijos.

En el mismo número de 1914 hay un par de fotografías, sin autor, en que se muestra primero una campana y, en la siguiente, un cañón. La leyenda al pie de esta segunda fotografía informa que ese cañón fue construido con el material de la campana. Es decir, no hay ningún comentario adicional, ni positivo ni negativo, de lo que ocurre en México.

De igual manera, dos años después, sin relación con el tema del artículo, de julio de 1916, se incluyen varias imágenes en que se alude a la persecución a Villa tras su incursión a territorio de Estados Unidos. Por ejemplo, encontramos dos del capitán D. H. Scott del ejército estadounidense, que muestran a las tropas de ese ejército acampando al sur de Columbus. Los pies de foto describen el paisaje donde se asientan los campamentos. Los textos aluden a las condiciones en que viven temporalmente los soldados. En ese número hay dos de la compañía Underwood and Underwood, en que vemos trenes con tropas mexicanas. La primera es una imagen dividida en dos por la vía del tren. A la izquierda las tropas de Estados Unidos esperan al borde de la vía. A la derecha, el tren estacionado en otra vía tiene su techo cubierto por tropas mexicanas. En la segunda, en primer plano aparece un tren con el techo también cubierto por tropas mexicanas. Aquí sobresalen varias mujeres, algunas viendo a la cámara. Se señala el hecho de que en todos los campamentos se encontraba siempre “una sección para que las mujeres y los niños vivieran”. En conjunto y por su número, el tema de la expedición es el central en las imágenes publicadas.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.31.15La mirada de National Geographic

El conjunto de artículos, fotografías y pies de fotos, enmarcados por los títulos escogidos, muestran cómo la revista National Geographic mantuvo su mirada en los tesoros de su vecino México, transmitiendo una imagen de tranquilidad apenas alterada, pareciera ser, por algunos acontecimientos violentos, como si estos fueran aislados y no llegaran a causar inestabilidad. La percepción prevaleciente es la de un México que se hubiera detenido en el tiempo, en el periodo previo a la revolución. En los textos no se habla de la lucha, en las fotografías escasamente se asoma y, no es, por lo tanto, suficiente para cambiar la representación de México. Cuando en octubre de 1919 se publica el último artículo analizado, México estaba cerca de cumplir una década en armas, pero National Geographic se había esmerado en no mostrar esto.

PARA SABER MÁS:

  • “La tarjeta postal” en Artes de México, número 48, México, Conaculta, 1999.
  • Arturo Guevara Escobar, Fotógrafos de la Revolución, en: http://fotografosdelarevolucion.blogspot.com/
  • National Geographic en: http://ngm.nationalgeographic.com/
  • María Esther Pérez Salas, Costumbrismo y litografía en México: un nuevo modo de ver, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas, 2005.

La caída del Coloso

Octavio Paz Solórzano, edición Regina Hernández – Instituto Mora.

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 13.

16 (500x319)

La ciudad de México en 1910 era una ciudad llena de contrastes. Como símbolo del poder, representaba a un régimen que sostenía el orden y el progreso. Las obras de urbanización, agua, drenaje, pavimentación de calles, alumbrado, servicios y nuevas comunicaciones traslapaban los contrastes entre la miseria y la riqueza y bajo el cual las diferencias entre pobres y ricos se incrementaban. Representaba asimismo a un régimen que, entre afeites, perfumes franceses, carreras de caballos, clubes hípicos, grandes salones y restaurantes, pretendía esconder su cansancio y decrepitud. Desde 1908 “después de la entrevista Díaz-Creelman”, la capital vio aparecer en sus calles, cafés, plazas, mercados, barrios y colonias voces discordantes que rompían el silencio y la apatía. Nuevos grupos políticos se sumaban a los partidarios de la No Reelección de Porfirio Díaz. El pueblo quería y buscaba un cambio.

Esperando la renuncia de DAi??az frente a la CA?mara de Diputados, junio 2, 1911

Esperando la renuncia de Díaz frente a la Cámara de Diputados, junio 2, 1911

En 1910 la ciudad de México vivía en un dilema. Por un lado, se hizo festiva, patriota, retomó el sentido nacionalista producido por el redescubrimiento de los héroes que 100 años antes habían lanzado el grito libertario. Por el otro, era cuestionadora, crítica, exigente, tomaba las calles para exigir un cambio que le permitiera obtener mejores salarios, elegir libremente a sus gobernantes e imponer la bandera del nuevo proyecto que reclamaba el Sufragio Efectivo y la No Reelección.

Por la calle de Tacuba transitaban jóvenes estudiantes, obreros, empleados, maestros, periodistas, que se dirigían al Centro Antirreleccionista a escuchar las propuestas de Emilio Vázquez Gómez, Francisco I. Madero, Luis Cabrera, Filomeno Mata y José Vasconcelos. Leían con sumo interés los artículos publicados en dos nuevos periódicos: México Nuevo y El Constitucional. Pero a la vez la población se preparaba para esconder sus inconformidades y mostrar al mundo los logros del régimen porfirista. Las fiestas del Centenario la convirtieron en escenario de los desfiles de huéspedes distinguidos. Se veían bombines, jaquís, kepis, levitas, sombreros emplumados y vestidos de seda y muselina, en contraste con los anchos sombreros de palma, los calzones de manta, los huaraches, los sacos de lana burda y corriente. El escritor y diplomático Federico Gamboa anota en su Diario: “La sociedad íntegra y el pueblo entero secundaron al gobierno con patriótica y cálida cooperación inolvidable”.

El pueblo observaba detrás de la valla de soldados y policías las inauguraciones de los edificios del manicomio de La Castañeda, la Normal para Maestros y la Asociación Cristiana de Jóvenes en la calle de Balderas, vio colocar las estatuas de Luis Pasteur, George Washington y Alejando Von Humboldt. En la Alameda aplaudió la inauguración del Hemiciclo a Juárez y desde el elegante paseo de la Reforma admiró elevarse la columna de la Independencia. Fiestas, bailes y banquetes halagaban a los invitados, pero las notas discordantes se escabullían para aparecer en el anónimo grito de apoyo a Madero y el Sufragio Efectivo, No Reelección.

Una vez que transcurrió el jolgorio, la tensión política aumentó. La oposición ganó terreno. Díaz utilizó los medios oficiales y oficialistas para declararse triunfante. El descontento recorría las calles de la ciudad. La protesta levantaba su voz. Las noticias llegaron pronto: Madero había promulgado el Plan de San Luis Potosí y llamaba a un levantamiento armado. Aquiles Serdán cayó luchando en Puebla. La misma capital de la república se enfrentó al régimen: el 18 de marzo de 1911 un grupo de intelectuales encabezado por Camilo Arriaga dio a conocer el Plan de Tacubaya, en el que se convocaba a una rebelión armada y a la toma del cuartel de San Diego. Al denunciarse la conspiración, algunos de sus participantes fueron hechos prisioneros, otros escaparon y se refugiaron en Estados Unidos. La represión aumentó, hubo delaciones y acoso. Las cárceles se llenaron.

17 (500x316)

Díaz se tardó mucho en reaccionar; cuando por fin se percató de la importancia del movimiento maderista quiso revertir la situación. Hizo renunciar al gabinete en pleno con excepción del ministro de Hacienda José Yves Limantour. El 1° de abril envió al Congreso una iniciativa de ley para restablecer el principio de no reelección y repartir algunas tierras de las grandes haciendas. Buscó también un acercamiento con el jefe revolucionario Madero pero sus emisarios se negaron a discutir acerca de la renuncia presidencial. La lucha creció, el ejército fue incapaz de dominar las sublevaciones. La ciudad de México no escondió su inconformidad y se lanzó a la calle; estudiantes y obreros unieron sus gritos y exigieron la salida de Díaz, apedrearon su casa y el taller de El imparcial, reconocido como la voz del régimen, fue incendiado. El coloso tembló, su caída era inminente.

El fragmento que reproducimos a continuación expresa de excelente forma la efervescencia que se vivió en el Distrito Federal los días previos a la renuncia de Porfirio Díaz. Procede del “Magazine Para Todos” del diario El Universal, del 10 de noviembre de 1929. Su autor, Octavio Paz Solórzano, era hijo de don Ireneo Paz, y hacia 1910 colaboraba con su padre en La Patria, el periódico que este había fundado por él. Atendamos pues a su testimonio.

Regina Hernández
Instituto Mora

[...] Los más entusiastas en los ideales [revolucionarios] por los que se combatía eran los estudiantes: Unos, decididamente después de haber estado comprometidos en las conspiraciones que se fraguaban y temiendo ser aprehendidos, se agregaron a los amigos o conocidos que tenían en la revolución. [José] Siurob marchó a Guanajuato; Enrique Estrada al norte; Rafael Cal y Mayor, que había sido comisionado por Siurob para hacer propaganda entre los estudiantes, con el objeto de conseguir adeptos al Plan de Tacubaya y que el día designado para el levantamiento debía apoderarse, en compañía de otros estudiantes, del armamento de la guardia del Hospital Militar. Al fracasar la conspiración fue a unirse con Rafael Tapia, al Estado de Veracruz.

Un grupo de estudiantes de las diversas escuelas metropolitanas, encabezados por Fandila Peña y Gonzalo Zúñiga, tuvieron la audacia de irle a pedir la renuncia al general Díaz, pero al estar en su presencia les impuso de tal manera la voz ronca de don Porfirio, que ya ni hallaban ni cómo salir, y todos aterrorizados cuando se les preguntaba qué les había respondido el presidente, no sabían ni qué contestar, pues decían que sólo habían oído un ronquido. Después de este hecho, Fandi la Peña, con un grupo de los atrevidos se fue con los revolucionarios surianos.

[...]
Para leer el artículo completo, Suscríbase a la revista BiCentenario.

La convención del Tívoli

Hector L. Zarauz LA?pez

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 12.

Madero en tarjeta postal, colecciA?n particular

La Convención del Partido Antirreeleccionista se desarrolló en el Tívoli de la vieja calle del Elíseo, ubicada en el señorial barrio de San Rafael de la capital del país, entre los días 15 y 17 de abril de 1910. Se decidió en ella que Francisco Ignacio Madero encabezara la candidatura a la presidencia de la República, primera que de manera real desafiaba a la dictadura de Porfirio Díaz.

Gran Tivoli de San Cosme

Para entonces México vivía el declive político del largo periodo presidencial de Porfirio Díaz, que se había prolongado por cerca de tres décadas, pues si bien se había logrado estabilidad y crecimiento económico, el costo social y de libertades políticas era muy alto. Es preciso recordar que en marzo de 1908 el periódico El Imparcial había publicado en sus páginas la entrevista que Díaz había concedido al periodista estadunidense James Creelman. Las declaraciones ahí vertidas tuvieron gran trascendencia pues, por primera vez, el dictador manifestaba de manera pública su deseo de dejar el poder, señalando que México se encontraba listo para la transición en su gobierno. Tales afirmaciones propiciarían una disputa entre los políticos cercanos a él: por un lado, los Científicos, y por el otro, los seguidores del general Bernardo Reyes, que decidieron contender por la vicepresidencia de la República, coincidiendo ambas agrupaciones en la necesidad de que Díaz continuara en el poder.

Pero Francisco I. Madero tomó la palabra a Díaz y, durante la segunda mitad de 1908, se dedicó a escribir un libro en el cual analizaba la historia de México, la situación del país en el contexto internacional y la necesidad de un relevo político, aunque sin dejar de reconocer los méritos del presidente. Lo publicó hacia finales de ese año con el título de La Sucesión presidencial en 1910. Así, de manera incipiente y fuera de los canales oficiales, surgió un movimiento que postulaba como bandera la democratización electoral del país y el respeto al voto.

Madero llegaría a la ciudad de México el 25 de febrero de 1909 a fin de dar resonancia a su libro y sus ideas. El texto fue enviado a políticos y periodistas, a gobiernistas y opositores, incluso el propio presidente recibió un ejemplar. Sin embargo, la respuesta social a las inquietudes surgidas no varió y el 2 de abril el Club Reeleccionista confirmó la postulación de Díaz para la presidencia y de Ramón Corral, miembro del Partido Científico, a la vicepresidencia. Quedaba claro que del dicho al hecho

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

La celebración del Centenario de la Independencia en San Ángel

Jovita Ramos
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 12.

???????????????

El gobierno del general Porfirio Díaz organizó las fiestas del primer Centenario de la Independencia de México con esmero y un amplio programa de eventos. La capital fue el marco central de las celebraciones y, tanto en ella como en las poblaciones de los alrededores, se hizo lo posible por mostrar las raíces históricas de la nación y por integrar a sus pobladores al ritual cívico y dejar huella en la memoria histórica.

Un ejemplo de estos festejos lo encontramos en la localidad de San Ángel, situada el suroeste de la ciudad de México. Bella población llena de tradiciones, costumbres y conmemoraciones en las que sus habitantes participaban con gran entusiasmo, los festejos del Centenario no se quedaron atrás. La representación de esta ceremonia cívica contenía elementos esenciales para vincularlos con ella: las autoridades, la junta patriótica, los particulares y el pueblo en general; el presupuesto para la música, los adornos, la iluminación, los fuegos artificiales y otros; el programa; el escenario; los preparativos, el acto mismo, los discursos y las obras materiales, todo servía para que adquirieran conciencia de la importancia de la fecha.

Desde luego, la municipalidad celebraba con alborozo los días 15 y 16 de septiembre. La encargada de organizar el evento era la junta patriótica, la cual preparaba el programa a seguir; reunía los fondos monetarios entre la población; elaboraba el presupuesto de gastos y, además, pedía a los vecinos que adornaran e iluminasen sus casas. El ritual se ejecutaba con gala y solemnidad para inculcar en sus habitantes el amor a la patria.

Naturalmente, la a?i??esta del Centenario se dispuso con toda anticipación y esmero. La Gran Comisión Nacional del Centenario de la Independencia, presidida por Guillermo de Landa y Escandón, envió a todas las municipalidades, desde 1907, las Bases para la Organización de los Trabajos del Centenario. Éstas acordaban que las estas deberían ofrecer el mayor lucimiento, animando el patriotismo y la buena voluntad de todos los mexicanos, y urgían a colaborar a las autoridades de la capital y los estados. Instaban a formar comisiones municipales, cuyo fin sería organizar y dirigir la conmemoración en sus localidades, de modo que incluyeran a todas las clases sociales y nombrasen un representante ante la Comisión Nacional. Pedían asimismo que se procurase inaugurar alguna mejora de carácter material o moral que pudiese perdurar una vez transcurridas fechas tan importantes.

En respuesta a la convocatoria, las autoridades de San Ángel iniciaron los preparativos para el patriótico evento. A las seis de la tarde del día 19 de octubre de 1908, y bajo la directiva de Carlos Álvarez Rul, prefecto político de la municipalidad, se dio lectura a las comunicaciones de la Gran Comisión del Centenario. Se nombró a Doroteo del Olmo como delegado de San Ángel y después se procedió a integrar a la comisión municipal, la cual sería presidida por mismo Álvarez Rul.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Manuel Castilla Brito ¿Revolución en Campeche?

José Manuel Alcocer Bernés
Cronista de la Ciudad de Campeche

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 11.

Manuel Castilla Brito

Hablar de la Revolución mexicana es hacer mención de los acontecimientos que tuvieron lugar en el centro y norte del país. Son muy pocos los testimonios que relatan lo que ocurrió en el sureste. En estas páginas me ocuparé de aquellos que tuvieron lugar de 1909 a 1913 y tienen que ver con el curso que tomó la Revolución en el espacio entonces tan alejado de Campeche (puerto y entidad), que por su situación geográfica pareció mantenerse ajeno a la turbulencia en el resto del país.

Revolucionarios campechanos

Francisco I. Madero visitó el puerto campechano durante su gira electoral, en junio de 1909. El gobernador porfirista, Tomás Aznar Cano, hizo lo posible por boicotear su presencia, impidiendo cualquier manifestación de apoyo. Los habitantes de la ciudad fueron intimidados mediante el uso de la fuerza pública, aunque el grupo maderista dirigido por Tarquino Cpardenas logró organizar un mitin nocturno en el recién inaugurado Circo Teatro Renacimiento. Aunque lamentablemente no tuvo el éxito esperado, los amedrentados campechanos no acudieron en el número esperado, los jóvenes que sí lo hicieron se entusiasmaron con el candidato, aplaudieron el discurso en el que Madero se refirió a los males de México: la larga permanencia de Porfirio Díaz en el poder y la necesidad de un cambio y lo corearon con mueras al dictador. El poeta Salvador Martínez Alomía recitó unos versos que cantaban al valor de sus coterráneos: “Campeche, tú fuiste bueno, Campeche, tú fuiste bravo y nadie te puso freno, vergonzoso del esclavo”. Entre los presentes se hallaban Calixto Maldonado, Urbano Espinosa, José de Jesús Cervera, Joaquín Mucel y Manuel Castilla Brito, quienes más adelante formarían el club de simpatizantes de Madero. La fascinación experimentada por la juventud local fue muestra de cómo los campechanos participaban del ambiente político que se respiraba en el país.

Gabinete de Castilla Brito

¿Cómo se fue dando la Revolución en Campeche? En 1907 había sido electo como gobernador Tomás Aznar Cano, hijo de uno de los fundadores del estado como entidad soberana y alumno distinguido del Instituto Campechano. Durante su gestión se sintieron los primeros vientos insurrectos que dislocarían la vida provinciana de Campeche. Al iniciarse el movimiento revolucionario que cambiaría el panorama político nacional a fines de 1910, Aznar no pudo entender o adaptarse a los nuevos tiempos que planteaban una democracia y urgían cambios. Antes de concluir el año, pidió un permiso indefinido, abandonando el estado con toda su familia rumbo a la ciudad de México, de donde nunca volvió. Su marcha trastornó la vida política; hubo varios gobernadores interinos, lo que habla de la gran inestabilidad reinante, a la par de la agitación en todo México.

El gobernador interino José García Gual convocó a elecciones en abril de 1911, para el periodo 1911-1915. Cuatro contrincantes se lanzaron a la contienda; al final sólo quedaron dos: Carlos Gutiérrez Mac Gregor, quien representaba los viejos intereses porfiristas y había sido gobernador, y Manuel Castilla Brito, que encarnaba a la nueva generación: era hijo del ex gobernador Marcelino Castilla, autor de la primera ley de educación del estado e identificado con la causa de Madero a tal grado que José María Pino Suárez le daría la comisión de organizar la revolución en Campeche; esto lo convirtió en promotor del movimiento maderista en esta ciudad y deja ver la participación local en las redes revolucionarias que existían en la república.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.