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Lucidez

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

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Cuando yo tenía sus edades muchachas, la palabra de un hombre ante una mujer era letra escrita, ni se olvidaba ni marchitaba, simplemente se cumplía, y si alguno quitaba el dedo del renglón y se apartaba, pasaba a ocupar el puesto de los irredimibles, irrecuperables y gruñones. A sus edades las puertas de las casas estaban abiertas porque nadie se atrevería a entrar sin antes pedir permiso. Los juguetes eran de madera o hechos a mano, llegaban una vez al año y debían durar hasta el próximo día de Reyes. Teníamos un solo par de tenis que no se cambiaba hasta que la suela tuviera más de tres hoyos, y una muda de ropa era la misma para cada fiesta. Escuchar radio era obligatorio, no había otra comunicación, a excepción del cine que lo veíamos en la carpa móvil los domingos y teníamos que cuidarnos de algunos que llegaban armados y hacían disparos al aire cuando alguna escena les gustaba. Con mis hermanos nos podíamos bañar en el agua de algún río, una cañada o bajo la lluvia porque nos quitaba lo sucio. A mi edad, y les hablo de más de cuatro veces la que ustedes llevan en su piel, los papás regañaban con la mirada, la voz alzada, un cinturón amenazante y quizá un buen tirón de oreja; en casa había alguien que nos esperaba con comida sabrosa a la salida de la escuela; los maestros tenían conocimiento de lenguaje, álgebra, geografía o matemáticas y usaban una varita, que no era para hacer magia, sino para aplicarnos un coscorrón cuando no prestábamos atención; se desayunaba café con leche, jugo o agua, y el refresco estaba prohibido; las chicas por entonces practicaban baloncesto y voleibol, o nadaban, aunque pocas. Al futbol o al tenis no le entraban. Si había algún amigo de lo ajeno no tardaba en disfrutar de su autorregalo que ya caía preso. Las noches por entonces tenían estrellas, lospájaros gorjeaban en las mañanas y al atardecer nuestras madres nos mandaban a llamar a gritos para que regresáramos de la calle. El tranvía o el camión pasaba por casa, nos llevaba y traía, y echábamos relajo con otros compañeros mientras el chofer nos miraba con desgano y ordenaba ubicarnos en el fondo del vehículo. Pero algún día vi que eso cambiaba, que la palabra de los hombres sí se marchitaba, que hubo que ponerle triple cerrojo a las puertas, que los Reyes Magos no llegaban, que la televisión pretendía sustituir al cine y hasta el agua de lluvia venía sucia. Cuando descubrí que nadie se inmuta si te desvalijan en la calle, que sólo el reloj despertador canta en las mañanas, el camión a veces ni se detiene y nuestros papás ya se fueron; yo, solito, tomé mis bártulos y quedé encerrado entre las paredes de este manicomio, para que el tiempo no me atrapara y mis hermanos que me trajeron hasta aquí disfrutaran de la herencia paterna. Prometí una sola cosa, muchachas, que sólo saldría al patio para contarles a ustedes estas locuras.

Recuerdos de infancia. Manicomio La Castañeda

Francisco Javier Castellanos Cervantes
Ciencias Odontológicas, Médica y de la Salud, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

Dos vivencias de la niñez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblemático en la atención de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva.

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Cincuenta y ocho años habían sido suficientes para que el Manicomio General La Castañeda pudiera lograr que la psiquiatría se profesionalizara en nuestro país. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida más llevadera. Sin embargo, también podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes convivían con los pacientes de forma cotidiana.

La Castañeda fungió por muchos años como una institución de beneficencia. Si bien es cierto que contaba con población pensionista que pagaba para recibir un trato mejor al de los demás, la mayor parte no podía hacerlo. Una gran parte de los internos eran llevados por sus familiares y la mayoría no volvía a salir de ahí y, aunque se sabe poco sobre los niños abandonados en este manicomio, fue un fenómeno relativamente común a mediados del siglo XX. El abandono se debía más que a un problema mental a una cuestión que hoy entra en el terreno de la teratología, esto es, a que algunos niños que nacían con malformaciones encontraban su destino dentro de los muros de La Castañeda.

El carácter de asistencia social del manicomio, acorde con un aparato de beneficencia que duró algunas décadas, también resuelve la interrogante de por qué muchas personas terminaban ahí dentro, pues la carga económica era un aspecto fundamental para que los familiares encontraran un alivio para sus bolsillos y para los malestares físicos de sus enfermos. Sin embargo, la carga social pesaba más que otros aspectos. El abandono era muy recurrente sin consideraciones de género o edad. En este contexto, los niños con malformaciones eran un peso que soportar y que motivaba a sus parientes a dejarlos en el hospital para que pudieran recibir algún tipo de tratamiento.

La infancia no escapó a la mirada eugenésica ni de higiene mental que seguía presente dentro de este tipo de instituciones, ni desde luego de muchas prácticas como la psicometría que se orientó a marcar un cambio en quienes serían futuros ciudadanos. La higiene mental fue la principal herramienta con la que se trabajaba en la psique del niño para poder prevenir desviaciones y desequilibrios, los que se pensaba derivarían en una persona perversa, alienada o criminal. La misma situación se podía ver en la población adulta: desde el retraso mental hasta la imbecilidad o idiotez eran nombres con los que se designaba a varias “enfermedades” mentales y eran motivo de reclusión.

Los textos que se presentan a continuación constituyen una visión poco usual. Son los recuerdos de dos personas que crecieron en el manicomio y para quienes este espacio era algo natural; con personas que catalogan como “diferentes” pero nada más, pues en su momento no comprendían la magnitud de sus padecimientos. Sin embargo, al ser entrevistados, sí mostraron mucha reserva para hablar del que llaman el pabellón de niños, donde la mayoría de sus habitantes no pasaba de los dos años de edad, siendo algunos recién nacidos y su problema un impedimento físico.

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La huella del Hospital General de MAi??xico

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 27.

Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello
Instituto Mora

NaciA? para aglutinar a los hospitales de la ciudad y modernizar el servicio. A mA?s de un siglo de su creaciA?n es referencia de la medicina y enclave de la docencia y la investigaciA?n mAi??dica.

A Marta Alicia, mAi??dica.

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Rodeado por la concurrencia mA?sAi??bella y elegante ai??i??como la describiA? elAi??poeta Amado Nervo en El Mundoai??i??,Ai??el presidente Porfirio DAi??az inaugurA?Ai??el Hospital General a lasAi??10 de la maAi??ana del 5 de febreroAi??de 1905.

Pabellones del Hospital General mexico (800x719)

En el acto oficial, que tuvo lugarAi??en el pabellA?n de ginecologAi??a,Ai??el doctor Eduardo Liceaga, almaAi??de la obra desde que DAi??az anunciA?Ai??la construcciA?n en 1888, presentA?Ai??los adelantos que reunAi??a el nuevoAi??hospital, anunciA? que este trabajarAi??aAi??en armonAi??a con la Escuela y losAi??profesionistas de la medicina y coadyuvarAi??aAi??a que el paAi??s rescatara susAi??fueros mAi??dicos en el nuevo mundo.Ai??Al final invitA?: Ya tenemos los A?tilesAi??del trabajoai??i?? A?Ahora a trabajar!

Luego de que Amado Nervo leyeraAi??una poesAi??a escrita para la ocasiA?n,Ai??el sAi??quito presidencial y los numerososAi??invitados recorrieron losAi??diversos inmuebles entre grandes elogios,Ai??pues, segA?n El PaAi??s, se tratabaAi??del primero (hospital) de AmAi??rica porAi??sus condiciones higiAi??nicas, su magnitudAi??y demA?s.

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En efecto, el Hospital General,Ai??primero en MAi??xico en ser erigidoAi??exprofeso, fue causa de orgullo desdeAi??su inicio. Construido en terrenos deAi??la colonia Hidalgo (hoy Doctores)Ai??por el ingeniero Roberto Gayol ai??i??aunAi??cuando fue terminado por el arquitectoAi??Manuel Robledaai??i??, costA? unaAi??suma superior a los 3 000 000 de pesos.Ai??En una superficie de mA?s de 124Ai??000 metros cuadrados, contaba conAi??69 edificaciones, de las cuales 32 eranAi??pabellones para enfermos, 17 estabanAi??destinadas a servicios generales yAi??las demA?s a casillas de vigilancia yAi??porterAi??a. En ellas se reunieron todosAi??los hospitales existentes, salvo el deAi??los enfermos mentales, que serAi??a elAi??Manicomio General La CastaAi??eda y se inaugurarAi??a en 1910. Contaba,Ai??ademA?s, con el instrumental y losAi??aparatos mA?s modernos.

Salida de Porfirio DAi??az del Hospital (800x540)

NacAi??a entonces una instituciA?nAi??duradera, que perdura hasta nuestrosAi??dAi??as y ha dejado una huella definitiva en el desarrollo de la atenciA?n, laAi??docencia y la investigaciA?n mAi??dicaAi??en MAi??xico. No obstante las mA?ltiplesAi??dificultades que ha enfrentado y queAi??van desde los recursos siempre insuficientesAi??y los problemas de Ai??ndoleAi??polAi??tica y burocrA?tica, la instituciA?n ha crecido y se ha renovado, siendoAi??la A?ltima gran transformaciA?n laAi??ocurrida despuAi??s del sismo del 19 deAi??septiembre de 1985, que derrumbA?Ai??los edificios de gineco-obstetricia yAi??de residencia mAi??dica, y dejA? decenasAi??de muertos entre doctores, enfermerasAi??y pacientes ai??i??muchos de ellosAi??niAi??os reciAi??n nacidosai??i??.

Ha sobrevivido, sobre todo, elAi??espAi??ritu que en 1905 intuyA? AmadoAi??Nervo:

Plano del Hospital General de MAi??xico, 1901 (800x704)

Amigo mAi??o desheredado,
hermano mAi??o desconsolado:
Ya tienes casa, ya tienes pan (ai??i??)
La vida es dura; mas aun existe
quien al enfermo refugio da,
y a los desnudos arropa y viste (ai??i??)
Hoy se inaugura tu noble y raro
AlcA?zar; mAi??ralo: A?es para tAi??!
TendrA?s un lecho, calor, amparo,
afectos, aire puro, sol claroai??i??
A?QuAi?? bien se debe vivir aquAi??!

A 110 aAi??os de su inauguraciA?n, elAi??Hospital General de MAi??xico sigueAi??siendo referencia primordial de la medicina mexicana.

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Pedaleando en el siglo XIX

Alejandra GarcAi??a VAi??lez / Instituto Mora.
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 26.

La bicicleta recupera su lugar en estos dAi??as en ciudades atestadas de automA?viles. Pero hace mA?s de 130 aAi??os cuando llegA? al paAi??s junto a la electricidad y el ferrocarril, como sinA?nimo de modernidad, tambiAi??n disputaba espacios en las calles y hasta con los transeA?ntes. La ciudad de MAi??xico tuvo que poner orden con un reglamento para su uso y dispuso un impuesto. Los clubes de ciclistas contribuyeron a darle popularidad y aceptaciA?n.

MAi??xico ca. 1912 114035

Ciclista en la ciudad de MAi??xico, 1912. Archivo Casasola, inv. 114035. SINAFO, CONACULTA-INA-MEX.

De las modas que nos llegan de ParAi??s y Nueva York,
hay una sin igual, que nos llama la atenciA?n.
Son las bicicletas que transitan por Plateros y ColA?n,
Y por ellas han olvidado la sombrilla y el bastA?n.

Las bicicletas, niAi??a hermosa, son las que andan por ahAi??.
Ellas corren muy veloz igual que el ferrocarril,
vA?monos paai??i?? la Alameda con muchAi??simo placer,
y ahAi?? con mA?s violencia las veremos ya correr.

ai???Las Bicicletasai???, Salvador Morlet (1894)

MAi??xico ca. 1890 453121 - copiaA?PerdAi?? el equilibrio! A?Me caAi?? de la bici! A?ChoquAi??Ai??contra un A?rbol!… Todos tenemos anAi??cdotasAi??sobre el momento en el que aprendimos aAi??usar la bicicleta. Pero, A?cA?mo lo vivieron losAi??primeros usuarios de la bicicleta en el MAi??xicoAi??del siglo XIX?, A?por quAi?? les gustA? tanto a losAi??mexicanos este invento y se popularizA? tanAi??rA?pido?, A?cA?mo un objeto que iniciA? principalmenteAi??como una diversiA?n se convirtiA?, con elAi??paso del tiempo, en un elemento de entretenimiento,Ai??deporte y un medio de transporteAi??alternativo y ecolA?gico?

La primera bicicleta que rodA? sus llantasAi??en el territorio mexicano, a mediados del siglo XIX, fue la francesa llamada ai???Sacudehuesosai???.Ai??Por su inestabilidad e incomodidad este tipoAi??de bicicleta no prosperA? en el paAi??s y rA?pidamenteAi??desapareciA?. Unos aAi??os despuAi??s, en 1880,Ai??llegaron tambiAi??n de Francia las denominadasAi??bicicletas ordinarias, las cuales tenAi??an la ruedaAi??delantera mA?s grande que la trasera, lo queAi??provocaba que al tropezar, los ciclistas volaranAi??por encima del manubrio antes de caer. EstasAi??bicicletas fueron utilizadas hasta la dAi??cada deAi??1890, cuando llegaron de Inglaterra las segurasAi??que tenAi??an las ruedas del mismo tamaAi??o, loAi??que ayudA? a disminuir los accidentes y graciasAi??a sus neumA?ticos, transitar por las callesAi??empedradas. Se popularizaron rA?pidamenteAi??y se utilizaron hasta bien entrado el siglo XX.

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Sacudehuesos, bicicleta ordinaria y bicicleta segura. en The Bicycling World, 13 de mayo de 1887, Boston, Estados Unidos, The Bicycling World Company.

Vida Moderna

Durante el porfiriato llegaron diversas modasAi??de Europa, que incluAi??an diversiones y deportes,Ai??pues se buscaba que el paAi??s adquiriera unaAi??imagen europea para asAi?? reflejar un MAi??xicoAi??moderno ante el mundo. En este contextoAi??llegA? la bicicleta, la cual se insertA?, dentro deAi??la modernidad tecnolA?gica, junto al ferrocarrilAi??y la electricidad, como un elemento mA?s queAi??denotaba el progreso del paAi??s. El historiadorAi??William Beezley escribe: El ferrocarril seAi??alabaAi??el ingreso de la sociedad a la tecnologAi??a; laAi??bicicleta seAi??alaba el mismo fenA?meno pero en elAi??nivel individual. Al comprar una bicicleta elAi??mexicano aprendAi??a a manejarla, componerla,Ai??correr en ella, cambiarla. Aceptaba asAi??, tecnologAi??a,Ai??producciA?n masiva, desgaste y otros valoresAi??que hacen la vida moderna. Por lo tanto, tenerAi??una bicicleta hacAi??a del mexicano un hombreAi??moderno, con acceso a la tecnologAi??a y por loAi??tanto al progreso. A partir de 1890 la bicicletaAi??se hizo cada vez mA?s comA?n y pasear en ellaAi??por las tardes en Reforma, la Alameda o laAi??calle de San Francisco se volviA? mA?s frecuente.

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Sin embargo, como un nuevo artefacto, losAi??citadinos tuvieron que aprender a utilizarla,Ai??por lo que escribieron diversos manuales queAi??explicaban desde cA?mo encontrar el equilibrioAi??y pedalear, hasta cA?mo alcanzar altas velocidades.Ai??JosAi?? Echegaray y Eizaguirre, ingeniero,Ai??polAi??tico, matemA?tico y premio Nobel de LiteraturaAi??1904, es autor del texto La bicicleta yAi??su teorAi??a, en el que explica el funcionamientoAi??del vehAi??culo y su experiencia al aprender aAi??montarla ai??i??incluyendo las caAi??das que sufriA?-, yAi??da A?tiles consejos para aquellos que quisieranAi??aprender a utilizarla: Sr. Adolfo MartAi??nez, fotografAi??a de Geegorio GA?mez, antes de 1910. col particular RamA?n Aureliano A. (459x640)La bicicleta hace muy pocoAi??por el ciclista. El ciclista no consigue el equilibrioAi??en balde; Ai??l se lo ha de procurar. Con poquAi??simoAi??trabajo es cierto, pero como Ai??l no se lo procure, aAi??tierra va fatalmente con la mA?quina encima, pormA?s que se encomiende, como yo me encomendabaAi??al empezar, a todos los giroscopios de la fAi??sica.

Echegaray y Eizaguirre encontrA? el ladoAi??ventajoso a la bicicleta en el A?mbito social, puesAi??seAi??ala que esta serAi??a de gran utilidad para losAi??sectores medios y bajos que no tenAi??an accesoAi??a los autos, caballos o choferes: El obrero noAi??tendrA? que vivir en cuchitriles antihigiAi??nicos niAi??antiestAi??ticos, sino a una legua o dos de la poblaciA?n,Ai??a veinte minutos sin fatiga. La bicicleta,Ai??entonces, representaba para la gente pobre laAi??posibilidad de agrandar la ciudad y conseguirAi??alcanzar una vida cA?moda, sana, econA?micaAi??e higiAi??nica. No sA?lo podAi??a ser una diversiA?nAi??sino tambiAi??n contribuir a la soluciA?n de losAi??problemas sociales.

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Clausell, cA?rcel y fuga de un periodista crAi??tico del porfiriato

Fausta GantA?s / Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 24.

Apoyado en el poder judicial, el rAi??gimen de Porfirio DAi??az persiguiA? a la prensa opositora. Varios periodistas terminaron encarcelados, entre ellos el campechano JoaquAi??n Clausell, quien se destacA? por su rechazo al reeleccionismo. Una maAi??ana logro evadirse de sus carceleros y huyA? a Estados Unidos. Su escape acentuA? las diferencias entre la prensa proporfirista y los crAi??ticos al gobierno.

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JoaquAi??n Clausell, Autorretrato, 1895, tinta sobre cartA?n, MAi??xico. Tomado de JoaquAi??n Clausell y los ecos del impresionismo en MAi??xico, MAi??xico, Instituto Nacional de Bellas Artes-Patronato del Museo Nacional de Arte, 1995.

La maAi??ana del 24 de octubre de 1893 los pequeAi??osAi??papeleros que cotidianamente recorrAi??anAi??el centro de la ciudad de MAi??xico voceabanAi??con entusiasmo la noticia que durante losAi??siguientes dAi??as fue motivo de atenciA?n de losAi??diversos representantes de la prensa: la fugaAi??de prisiA?n del periodista JoaquAi??n Clausell.

Esta fuga ponAi??a en evidencia varias de lasAi??contradicciones del rAi??gimen porfiriano. PorAi??un lado, el ya conocido contubernio entre elAi??poder judicial y el ejecutivo en detrimentoAi??de la labor periodAi??stica; por el otro, exhibAi??aAi??las debilidades del sistema de seguridad, enAi??particular la labor de la policAi??a. Pero tambiAi??n,Ai??podemos suponer, la evasiA?n del escritor constituAi??aAi??un escarnio para las autoridades, lo queAi??resultaba quizA? la parte mA?s molesta y agravianteAi??para el gobierno. Es posible imaginarAi??que una buena parte de la sociedad volvieraAi??su atenciA?n al suceso celebrando el escapeAi??como una especie de triunfo colectivo.

Para 1893, aAi??o de su cAi??lebre fuga, ClausellAi??aA?n estaba lejos de la pintura, arte en elAi??que sobresaldrAi??a a principios de la siguienteAi??centuria y por el que cual continA?a siendo reconocido.Ai??Se asume que fue durante el exilioAi??provocado por esta huida que viajA? a Europa,Ai??ahAi?? radicA? un tiempo en Francia y se acercA?Ai??al movimiento impresionista. AdemA?s de susAi??famosas obras, en particular los paisajes marinos,Ai??dejA? plasmados su arte y su complejaAi??personalidad en las paredes de su estudio, elAi??cual quedA? cubierto con cientos de imA?genesAi??que cautivan la mirada y los sentidos. IgualAi??que cautiva la atenciA?n su azarosa vida comoAi??periodista y opositor al rAi??gimen porfirista.

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CA?rcel de BelAi??m, ca. 1910. Library of Congress

Clausell llegA? a la ciudad de MAi??xico a principiosAi??de la dAi??cada de 1880 proveniente de laAi??provincia, como tantos otros de los hombresAi??que despuAi??s ocuparAi??an lugares destacados enAi??la esfera pA?blica. NaciA? en Campeche, lugarAi??del cual emigrA? mientras cursaba estudios deAi??bachillerato en el Instituto Campechano porAi??los conflictos provocados por sus expresionesAi??polAi??ticas y su actitud irreverente y contestatariaAi??ante las autoridades del propio InstitutoAi??y del gobierno del estado, en especial de losAi??hermanos Pedro y JoaquAi??n Baranda, importantesAi??personajes de la vida polAi??tica. Con JoaquAi??n se encontrarAi??a de nuevo a lo largoAi??de su vida en la capital del paAi??s, pues esteAi??ocupA? por cerca de 20 aAi??os la cartera de laAi??SecretarAi??a de Justicia e InstrucciA?n PA?blicaAi??durante los gobiernos de Manuel GonzA?lezAi??y Porfirio DAi??az. Instalado en la gran metrA?poli,Ai??Clausell pronto empezA? a participarAi??en diversas manifestaciones en contra delAi??gobierno porfirista hasta llegar a ser uno deAi??los principales lAi??deres del movimiento antirreeleccionistaAi??de 1892.

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