Archivo de la etiqueta: Porfiriato

Descubriendo Estados Unidos

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 48.

Las plumas cercanas al porfiriato recorrieron en tren en 1885 más de una veintena de ciudades y lugares turísticos estadunidenses. Se encontraron con colegas periodistas, gobernantes, legisladores y empresarios. El objetivo de los anfitriones era ampliar y aumentar intereses comerciales. Para los mexicanos, cambiar las percepciones negativas sobre el país. Fue un viaje provechoso y de grandes resultados prácticos para el futuro, escribiría Ireneo Paz.

Adiós al valle del Anáhuac, en Alberto G. Bianchi, Los Estados Unidos, descripciones de viaje, México, N. Lugo Viña, 1887. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar-Instituto Mora.

Adiós al valle del Anáhuac, en Alberto G. Bianchi, Los Estados Unidos, descripciones de viaje, México, N. Lugo Viña, 1887. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar-Instituto Mora.

El “Fra Diavolo”, el espléndido y lujoso carro pulman destinado a la excursión de periodistas que viajarían por Estados Unidos, inició la marcha en la estación de Buenavista el 18 de junio de 1885, enganchado al tren del Ferrocarril Central Mexicano, entre los acordes del Himno Nacional y los saludos de quienes se quedaban atrás. Llegaría a las principales ciudades de ese país durante las siguientes semanas.

Viajaban de inicio 16 periodistas y luego sumarían 26 con quienes se incorporaron más adelante, además de algunos familiares. Todos eran liberales y allegados al nuevo gobierno de Porfirio Díaz. Iban provistos de gramáticas y libros de texto pues pocos hablaban inglés. Pertenecían a la Prensa Asociada, una agrupación formada el año anterior, y con la que dos meses antes E. H. Talbott, director de la revista Railway Age de Chicago, había entrado en contacto para invitar a sus integrantes a conocer Estados Unidos.

Una vez que la sociedad aprobó el viaje, una comisión se encargó de prepararlo. Se dio por sentado que Talbott dispondría todo, de forma que los viajeros tuvieran pocos gastos que hacer y, de hecho, nada más se les pidieron 150 pesos para cubrir los costos de hotel y alimentos. Es de suponerse que recibieron ayuda de los periódicos para los que trabajaban y que el resto fueron atenciones que los distintos anfitriones les fueron extendiendo. Asimismo, los excursionistas eligieron a Ireneo Paz de La Patria, como presidente; a Agustín Arroyo de Anda de La Prensa, secretario y a J. Mastella Clark de The Two Republics, tesorero especial. Se nombró cronista a Alberto G. Bianchi, también de La Prensa.

Fábrica de cerveza de Annheuser y Busch, en Alberto G. Bianchi, Los Estados Unidos, descripciones de viaje, México, N. Lugo Viña, 1887. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar-Instituto Mora.

Fábrica de cerveza de Annheuser y Busch, en Alberto G. Bianchi, Los Estados Unidos, descripciones de viaje, México, N. Lugo Viña, 1887. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar-Instituto Mora.

Los propósitos de Mr. Talbott al extender esta generosa invitación eran “ampliar y aumentar nuestros intereses comerciales en nuestra hermana república de México” y aprovechar “el gran servicio que puede hacer la prensa de ese país para alcanzar ese objeto”. Su proyecto tuvo eco inmediato pues –según The Railway Age— tan pronto se informó sobre los lugares que tocarían, los periódicos, ferrocarriles y negocios estadunidenses se dispusieron a agasajar a los viajeros, a “enterarlos de la manera más completa y práctica posible […], de las ventajas, servicios, etc., de esos puntos, para proporcionar al pueblo de México sus productos”, que conocieran no sólo a la gente, sino también “nuestras principales industrias manufactureras, nuestros grandes establecimientos mercantiles, nuestros servicios de tren superiores, nuestras instituciones educativas y otras, y los muchos otros elementos importantes de nuestra grandeza comercial”.

Por su parte, los periodistas mexicanos partían con una mira distinta. Pretendían:

ponerse en contacto con el periodismo americano, a fin de destruir antiguas y funestas preocupaciones que muchos americanos han abrigado acerca de las personas y de las cosas de nuestra patria; mira que, una vez realizada, no podrá menos que producir resultados benéficos para esta República y la vecina, para dos grandes naciones que están llamadas a ejercer gran influencia en los destinos del mundo.

             De Buenavista, el ferrocarril tomó rumbo para el norte, y por la ruta de Querétaro, Celaya, Silao, León, Lagos, Aguascalientes, Zacatecas y Chihuahua llegó a Paso del Norte, “el último pueblo de la frontera mexicana”. Los viajeros cruzaron en seguida el puente sobre el río Bravo, sin que en la aduana examinaran su equipaje, lo cual, al decir del ocurrente Paz, “agradecemos mucho a los americanos que son muy rígidos y que sabían que nos acompañaban 500 botellas de pulque conservado y algunos cientos de puros”. Fue la primera de las muchas facilidades que se les brindaron durante el recorrido.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Para saber más

  • BIANCHI, ALBERTO G., Los Estados Unidos. Descripciones de viaje, México, N. Lugo Viña, 1887, en https://cutt.ly/Brn8lLU
  • CARBALLO, EMMANUEL, ¿Qué país es este? Los Estados Unidos y los gringos vistos por escritores mexicanos de los siglos XIX y XX, México, CONACULTA, 1996.
  • QUIRARTE, VICENTE, coord., Republicanos en otro imperio. Viajeros mexicanos a Nueva York (1830-1895), México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas/Coordinación de Humanidades, UNAM, 2009.

Lucidez

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

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Cuando yo tenía sus edades muchachas, la palabra de un hombre ante una mujer era letra escrita, ni se olvidaba ni marchitaba, simplemente se cumplía, y si alguno quitaba el dedo del renglón y se apartaba, pasaba a ocupar el puesto de los irredimibles, irrecuperables y gruñones. A sus edades las puertas de las casas estaban abiertas porque nadie se atrevería a entrar sin antes pedir permiso. Los juguetes eran de madera o hechos a mano, llegaban una vez al año y debían durar hasta el próximo día de Reyes. Teníamos un solo par de tenis que no se cambiaba hasta que la suela tuviera más de tres hoyos, y una muda de ropa era la misma para cada fiesta. Escuchar radio era obligatorio, no había otra comunicación, a excepción del cine que lo veíamos en la carpa móvil los domingos y teníamos que cuidarnos de algunos que llegaban armados y hacían disparos al aire cuando alguna escena les gustaba. Con mis hermanos nos podíamos bañar en el agua de algún río, una cañada o bajo la lluvia porque nos quitaba lo sucio. A mi edad, y les hablo de más de cuatro veces la que ustedes llevan en su piel, los papás regañaban con la mirada, la voz alzada, un cinturón amenazante y quizá un buen tirón de oreja; en casa había alguien que nos esperaba con comida sabrosa a la salida de la escuela; los maestros tenían conocimiento de lenguaje, álgebra, geografía o matemáticas y usaban una varita, que no era para hacer magia, sino para aplicarnos un coscorrón cuando no prestábamos atención; se desayunaba café con leche, jugo o agua, y el refresco estaba prohibido; las chicas por entonces practicaban baloncesto y voleibol, o nadaban, aunque pocas. Al futbol o al tenis no le entraban. Si había algún amigo de lo ajeno no tardaba en disfrutar de su autorregalo que ya caía preso. Las noches por entonces tenían estrellas, lospájaros gorjeaban en las mañanas y al atardecer nuestras madres nos mandaban a llamar a gritos para que regresáramos de la calle. El tranvía o el camión pasaba por casa, nos llevaba y traía, y echábamos relajo con otros compañeros mientras el chofer nos miraba con desgano y ordenaba ubicarnos en el fondo del vehículo. Pero algún día vi que eso cambiaba, que la palabra de los hombres sí se marchitaba, que hubo que ponerle triple cerrojo a las puertas, que los Reyes Magos no llegaban, que la televisión pretendía sustituir al cine y hasta el agua de lluvia venía sucia. Cuando descubrí que nadie se inmuta si te desvalijan en la calle, que sólo el reloj despertador canta en las mañanas, el camión a veces ni se detiene y nuestros papás ya se fueron; yo, solito, tomé mis bártulos y quedé encerrado entre las paredes de este manicomio, para que el tiempo no me atrapara y mis hermanos que me trajeron hasta aquí disfrutaran de la herencia paterna. Prometí una sola cosa, muchachas, que sólo saldría al patio para contarles a ustedes estas locuras.

Recuerdos de infancia. Manicomio La Castañeda

Francisco Javier Castellanos Cervantes
Ciencias Odontológicas, Médica y de la Salud, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

Dos vivencias de la niñez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblemático en la atención de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva.

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Cincuenta y ocho años habían sido suficientes para que el Manicomio General La Castañeda pudiera lograr que la psiquiatría se profesionalizara en nuestro país. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida más llevadera. Sin embargo, también podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes convivían con los pacientes de forma cotidiana.

La Castañeda fungió por muchos años como una institución de beneficencia. Si bien es cierto que contaba con población pensionista que pagaba para recibir un trato mejor al de los demás, la mayor parte no podía hacerlo. Una gran parte de los internos eran llevados por sus familiares y la mayoría no volvía a salir de ahí y, aunque se sabe poco sobre los niños abandonados en este manicomio, fue un fenómeno relativamente común a mediados del siglo XX. El abandono se debía más que a un problema mental a una cuestión que hoy entra en el terreno de la teratología, esto es, a que algunos niños que nacían con malformaciones encontraban su destino dentro de los muros de La Castañeda.

El carácter de asistencia social del manicomio, acorde con un aparato de beneficencia que duró algunas décadas, también resuelve la interrogante de por qué muchas personas terminaban ahí dentro, pues la carga económica era un aspecto fundamental para que los familiares encontraran un alivio para sus bolsillos y para los malestares físicos de sus enfermos. Sin embargo, la carga social pesaba más que otros aspectos. El abandono era muy recurrente sin consideraciones de género o edad. En este contexto, los niños con malformaciones eran un peso que soportar y que motivaba a sus parientes a dejarlos en el hospital para que pudieran recibir algún tipo de tratamiento.

La infancia no escapó a la mirada eugenésica ni de higiene mental que seguía presente dentro de este tipo de instituciones, ni desde luego de muchas prácticas como la psicometría que se orientó a marcar un cambio en quienes serían futuros ciudadanos. La higiene mental fue la principal herramienta con la que se trabajaba en la psique del niño para poder prevenir desviaciones y desequilibrios, los que se pensaba derivarían en una persona perversa, alienada o criminal. La misma situación se podía ver en la población adulta: desde el retraso mental hasta la imbecilidad o idiotez eran nombres con los que se designaba a varias “enfermedades” mentales y eran motivo de reclusión.

Los textos que se presentan a continuación constituyen una visión poco usual. Son los recuerdos de dos personas que crecieron en el manicomio y para quienes este espacio era algo natural; con personas que catalogan como “diferentes” pero nada más, pues en su momento no comprendían la magnitud de sus padecimientos. Sin embargo, al ser entrevistados, sí mostraron mucha reserva para hablar del que llaman el pabellón de niños, donde la mayoría de sus habitantes no pasaba de los dos años de edad, siendo algunos recién nacidos y su problema un impedimento físico.

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La huella del Hospital General de México

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Nació para aglutinar a los hospitales de la ciudad y modernizar el servicio. A más de un siglo de su creación es referencia de la medicina y enclave de la docencia y la investigación médica.

A Marta Alicia, médica.

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Rodeado por la concurrencia más bella y elegante –como la describió el poeta Amado Nervo en El Mundo–, el presidente Porfirio Díaz inauguró el Hospital General a las 10 de la mañana del 5 de febrero de 1905.

Pabellones del Hospital General mexico (800x719)

En el acto oficial, que tuvo lugar en el pabellón de ginecología, el doctor Eduardo Liceaga, alma de la obra desde que Díaz anunció la construcción en 1888, presentó los adelantos que reunía el nuevo hospital, anunció que este trabajaría en armonía con la Escuela y los profesionistas de la medicina y coadyuvaría a que el país rescatara sus fueros médicos en el nuevo mundo. Al final invitó: Ya tenemos los útiles del trabajo… ¡Ahora a trabajar!

Luego de que Amado Nervo leyera una poesía escrita para la ocasión, el séquito presidencial y los numerosos invitados recorrieron los diversos inmuebles entre grandes elogios, pues, según El País, se trataba del primero (hospital) de América por sus condiciones higiénicas, su magnitud y demás.

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En efecto, el Hospital General, primero en México en ser erigido exprofeso, fue causa de orgullo desde su inicio. Construido en terrenos de la colonia Hidalgo (hoy Doctores) por el ingeniero Roberto Gayol –aun cuando fue terminado por el arquitecto Manuel Robleda–, costó una suma superior a los 3 000 000 de pe- sos. En una superficie de más de 124 000 metros cuadrados, contaba con 69 edificaciones, de las cuales 32 eran pabellones para enfermos, 17 estaban destinadas a servicios generales y las demás a casillas de vigilancia y portería. En ellas se reunieron todos los hospitales existentes, salvo el de los enfermos mentales, que sería el Manicomio General La Castañeda y se inauguraría en 1910. Contaba, además, con el instrumental y los aparatos más modernos.

Salida de Porfirio DAi??az del Hospital (800x540)

Nacía entonces una institución duradera, que perdura hasta nuestros días y ha dejado una huella definitiva en el desarrollo de la atención, la docencia y la investigación médica en México. No obstante las múltiples dificultades que ha enfrentado y que van desde los recursos siempre insuficientes y los problemas de índole política y burocrática, la institución ha crecido y se ha renovado, siendo la última gran transformación la ocurrida después del sismo del 19 de septiembre de 1985, que derrumbó los edificios de gineco-obstetricia y de residencia médica, y dejó decenas de muertos entre doctores, enfermeras y pacientes –muchos de ellos niños recién nacidos–.

Ha sobrevivido, sobre todo, el espíritu que en 1905 intuyó Amado Nervo:

Plano del Hospital General de MAi??xico, 1901 (800x704)

Amigo mío desheredado,
hermano mío desconsolado:
Ya tienes casa, ya tienes pan (…)
La vida es dura; mas aun existe quien al enfermo refugio da,
y a los desnudos arropa y vis te (…)
Hoy se inaugura tu noble y raro Alcázar; míralo: ¡es para tí!
Tendrás un lecho, calor, amparo, afectos, aire puro, sol claro…
Qué bien se debe vivir aquí!

A 110 años de su inauguración, el Hospital General de México sigue siendo referencia primordial de la medicina mexicana.

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Pedaleando en el siglo XIX

Alejandra García Vélez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

La bicicleta recupera su lugar en estos días en ciudades atestadas de automóviles. Pero hace más de 130 años cuando llegó al país junto a la electricidad y el ferrocarril, como sinónimos de modernidad, también disputaba espacios en las calles y hasta con los transeúntes. La ciudad de México tuvo que poner orden con un reglamento para su uso y dispuso un impuesto. Los clubes de ciclistas contribuyeron a darle popularidad y aceptación.

MAi??xico ca. 1912 114035

Ciclista en la ciudad de México, 1912. Archivo Casasola, inv. 114035. SINAFO, CONACULTA-INA-MEX.

De las modas que nos llegan de París y Nueva York, hay una sin igual, que nos llama la atención. Son las bicicletas que transitan por Plateros y Colón, Y por ellas han olvidado la sombrilla y el bastón.

Las bicicletas,niña hermosa,son las que andan por ahí. Ellas corren muy veloz igual que el ferrocarril, vámonos pa’ la Alameda con muchísimo placer, y ahí con más violencia las veremos ya correr.

“Las Bicicletas”, Salvador Morlet (1894)

MAi??xico ca. 1890 453121 - copia¡Perdí el equilibrio! ¡Me caí de la bici! ¡Choqué contra un árbol!… Todos tenemos anécdotas sobre el momento en el que aprendimos a usar la bicicleta. Pero, ¿cómo lo vivieron los primeros usuarios de la bicicleta en el México del siglo xix?, ¿por qué les gustó tanto a los mexicanos este invento y se popularizó tan rápido?, ¿cómo un objeto que inició principal- mente como una diversión se convirtió, con el paso del tiempo, en un elemento de entrete- nimiento, deporte y un medio de transporte alternativo y ecológico?

La primera bicicleta que rodó sus llantas en el territorio mexicano, a mediados del siglo XIX, fue la francesa llamada “Sacudehuesos”. Por su inestabilidad e incomodidad este tipo de bicicleta no prosperó en el país y rápidamente desapareció. Unos años después, en 1880, llegaron también de Francia las denominadas bicicletas ordinarias, las cuales tenían la rueda delantera más grande que la trasera, lo que provocaba que al tropezar, los ciclistas volaran por encima del manubrio antes de caer. Estas bicicletas fueron utilizadas hasta la década de 1890, cuando llegaron de Inglaterra las seguras que tenían las ruedas del mismo tamaño, lo que ayudó a disminuir los accidentes y gracias a sus neumáticos, transitar por las calles empedradas. Se popularizaron rápidamente y se utilizaron hasta bien entrado el siglo XX.Sin tAi??tulo (1280x353)


Vida Moderna

Durante el porfiriato llegaron diversas modas de Europa, que incluían diversiones y deportes, pues se buscaba que el país adquiriera una imagen europea para así reflejar un México moderno ante el mundo. En este contexto llegó la bicicleta, la cual se insertó, dentro de la modernidad tecnológica, junto al ferrocarril y la electricidad, como un elemento más que denotaba el progreso del país. El historiador William Beezley escribe: El ferrocarril señalaba el ingreso de la sociedad a la tecnología; la bicicleta señalaba el mismo fenómeno pero en el nivel individual. Al comprar una bicicleta el mexicano aprendía a manejarla, componerla, correr en ella, cambiarla. Aceptaba así, tecnología, producción masiva, desgaste y otros valores que hacen la vida moderna. Por lo tanto, tener una bicicleta hacía del mexicano un hombre moderno, con acceso a la tecnología y por lo tanto al progreso. A partir de 1890 la bicicleta se hizo cada vez más común y pasear en ella por las tardes en Reforma, la Alameda o la calle de San Francisco se volvió más frecuente.

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Sin embargo, como un nuevo artefacto, los citadinos tuvieron que aprender a utilizarla, por lo que escribieron diversos manuales que explicaban desde cómo encontrar el equilibrio y pedalear, hasta cómo alcanzar altas velocidades. José Echegaray y Eizaguirre, ingeniero, político, matemático y premio Nobel de Literatura 1904, es autor del texto

Sr. Adolfo MartAi??nez, fotografAi??a de Geegorio GA?mez, antes de 1910. col particular RamA?n Aureliano A. (459x640)La bicicleta y su teoría, en el que explica el funcionamiento del vehículo y su experiencia al aprender a montarla –incluyendo las caídas que sufrió-, y da útiles consejos para aquellos que quisieran aprender a utilizarla: La bicicleta hace muy poco por el ciclista. El ciclista no consigue el equilibrio en balde; él se lo ha de procurar. Con poquísimo trabajo es cierto, pero como él no se lo procure, a tierra va fatalmente con la máquina encima, por más que se encomiende, como yo me encomendaba al empezar, a todos los giroscopios de la física.

Echegaray y Eizaguirre encontró el lado ventajoso a la bicicleta en el ámbito social, pues señala que esta sería de gran utilidad para los sectores medios y bajos que no tenían acceso a los autos, caballos o choferes: El obrero no tendrá que vivir en cuchitriles antihigiénicos ni antiestéticos, sino a una legua o dos de la población, a veinte minutos sin fatiga. La bicicleta, entonces, representaba para la gente pobre la posibilidad de agrandar la ciudad y conseguir alcanzar una vida cómoda, sana, económica e higiénica. No sólo podía ser una diversión sino también contribuir a la solución de los problemas sociales.

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Clausell, cárcel y fuga de un periodista crítico del porfiriato

Fausta Gantús
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.

Apoyado en el poder judicial, el régimen de Porfirio Díaz persiguió a la prensa opositora. Varios periodistas terminaron encarcelados, entre ellos el campechano Joaquín Clausell, quien se destacó por su rechazo al reeleccionismo. Una mañana logró evadirse de sus carceleros y huyó a Estados Unidos. Su escape acentuó las diferencias entre la prensa proporfirista y los críticos al gobierno..

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Joaquín Clausell, Autorretrato, 1895, tinta sobre cartón, México. Tomado de Joaquín Clausell y los ecos del impresionismo en México, México, Instituto Nacional de Bellas Artes- Patronato del Museo Nacional de Arte, 1995

La mañana del 24 de octubre de 1893 los pequeños papeleros que cotidianamente recorrían el centro de la ciudad de México voceaban con entusiasmo la noticia que durante los siguientes días fue motivo de atención de los diversos representantes de la prensa: la fuga de prisión del periodista Joaquín Clausell.

Esta fuga ponía en evidencia varias de las contradicciones del régimen porfiriano. Por un lado, el ya conocido contubernio entre el poder judicial y el ejecutivo en detrimento de la labor periodística; por el otro, exhibía las debilidades del sistema de seguridad, en particular la labor de la policía. Pero también, podemos suponer, la evasión del escritor constituía un escarnio para las autoridades, lo que resultaba quizá la parte más molesta y agraviante para el gobierno. Es posible imaginar que una buena parte de la sociedad volviera su atención al suceso celebrando el escape como una especie de triunfo colectivo.

Para 1893, año de su célebre fuga, Clausell aún estaba lejos de la pintura, arte en el que sobresaldría a principios de la siguiente centuria y por el que cual continúa siendo re- conocido. Se asume que fue durante el exilio provocado por esta huida que viajó a Europa, ahí radicó un tiempo en Francia y se acercó al movimiento impresionista. Además de sus famosas obras, en particular los paisajes marinos, dejó plasmados su arte y su compleja personalidad en las paredes de su estudio, el cual quedó cubierto con cientos de imágenes que cautivan la mirada y los sentidos. Igual que cautiva la atención su azarosa vida como periodista y opositor al régimen porfirista.

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Palacio Penal de Belem, ca. 1910, ciudad de México. Library of Congress, Washington D.C

 

Clausell llegó a la ciudad de México a principios de la década de 1880 proveniente de la provincia, como tantos otros de los hombres que después ocuparían lugares destacados en la esfera pública. Nació en Campeche, lugar del cual emigró mientras cursaba estudios de bachillerato en el Instituto Campechano por los conflictos provocados por sus expresiones políticas y su actitud irreverente y contestataria ante las autoridades del propio Instituto y del gobierno del estado, en especial de los hermanos Pedro y Joaquín Baranda, importantes personajes de la vida política. Con Joaquín se encontraría de nuevo a lo largo de su vida en la capital del país, pues este ocupó por cerca de 20 años la cartera de la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública durante los gobiernos de Manuel González y Porfirio Díaz. Instalado en la gran metrópoli, Clausell pronto empezó a participar en diversas manifestaciones en contra del gobierno porfirista hasta llegar a ser uno de los principales líderes del movimiento antirreeleccionista de 1892.

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El sonado caso del ministro Joannini. Suicidio, polAi??tica y juego en la ciudad de MAi??xico, 1879-1882

Fausta GantA?sAi?? /Ai?? Instituto Mora

Revista BiCentenario # 18

Escena inicial
El sonido de un balazo atravesA? el aire. Eran las diez y media de la maAi??ana del 20 de marzo de 1882. El cuerpo de Luis Joannini Ceva, conde de San Miguel, ministro plenipotenciario de Italia en MAi??xico, yacAi??a tendido en el piso de su estudio en medio de una gran mancha de sangre que fluAi??a desde el orificio abierto en la sien derecha provocado por una bala que acababa de dispararse con la pistola que un poco antes comprA? en una armerAi??a de la ciudad.

Suicidio

Ai??doudard Manet, “El suicidio” (1877)

Arribo, presentaciA?n y Ai??xito social
El baile de mA?scaras habAi??a sido un Ai??xito rotundo. El ministro italiano y su esposa realmente se esmeraron en hacer de esa la recepciA?n mA?s elegante e importante del aAi??o, tanto asAi?? que el esplendor de la fiesta alumbrarAi??a aA?n por mucho tiempo a la sociedad mexicana y varios aAi??os mA?s tarde seguirAi??a siendo recordada en los anales de la prensa, como en los ai???Ecos dominicalesai???, de La Patria Ilustrada, en su ediciA?n del 15 de febrero de 1886.

Aunque lo cierto es que en su momento el baile de fantasAi??a no habAi??a dejado satisfechos a todos por igual, y habAi??a quien, como en el caso de Juvenal, sobrenombre de Enrique ChavA?rri, el famoso escritor de El Monitor Republicano, opinaba en su secciA?n del 22 de agosto de 1880 que el evento no satisfizo las expectativas que habAi??a generado. Aseguraba que no fue tan fastuoso como se esperaba, que el hecho de la proximidad de otro acontecimiento parecido ocasionA? que los trajes no fueran tan notables aunque, Ai??l mismo aclaraba, sAi?? fueron de buen gusto y ai???dignos de mencionarseai???. Otros, en cambio, consideraron que fue una fiesta concurrida, llena de buen gusto y elegancia y dejA? ai???gratAi??simos recuerdos y el deseo de que se repitieraai???, como anotaban los redactores de El Siglo Diecinueve unos dAi??as antes, el 16 de agosto. Lo cierto es que esa noche, la del sA?bado 14 de agosto, los anfitriones se esmeraron en atender a sus invitados, entre quienes se hallaba lo mA?s granado del mundo de la polAi??tica, asAi?? como lo mejor de la sociedad capitalina.

Ignacio Mariscal

Ignacio Mariscal

Al terminar la celebraciA?n el conde debiA? estar muy contento. La ciudad de MAi??xico era una promesa de futuros Ai??xitos, como el de la noche que reciAi??n concluAi??a. Es probable que entonces recordara el banquete diplomA?tico celebrado en Palacio Nacional unos meses atrA?s, en enero de ese mismo aAi??o de 1880, con el cual habAi??an sido obsequiados por las autoridades mexicanas los cA?nsules de BAi??lgica, Guatemala y Ai??l mismo en su carA?cter de ministro plenipotenciario del reino de Italia, y en el que conviviera con muchos de sus pares, como los de Estados Unidos, Alemania, EspaAi??a y BAi??lgica, entre varios otros. Por supuesto, ahAi?? departiA? tambiAi??n con los secretarios de estado, Eduardo Pankhurst, de GobernaciA?n, Ignacio Mariscal, de Relaciones, y Carlos Pacheco, de Guerra; estaban tambiAi??n Ignacio Vallarta, presidente de la Suprema Corte de Justicia, asAi?? como algunos gobernadores, entre ellos el del Distrito Federal, Luis Curiel. Casi todos los periA?dicos dieron cuenta de la recepciA?n diplomA?tica, durante el mes de enero, en los dAi??as posteriores al evento.

Desde su llegada a MAi??xico el conde Joannini tuvo una apretada agenda que incluAi??a la asistencia a diversos eventos sociales, entre ellos el banquete que la colonia italiana preparA? en su honor los primeros dAi??as del aAi??o de 1880 o su participaciA?n en el programa organizado por la Sociedad

Allard, al que se integrA? en la presentaciA?n pA?blica mostrando sus dotes artAi??sticas al piano; con los miembros de esa misma sociedad tambiAi??n se ocupA? de ofrecer varios conciertos en su propio domicilio. Sus aptitudes musicales pronto hicieron que fuera considerado como ai???un consumado diletantteai???, que se le apreciara como ai???un mA?sico de primer ordenai??? y fuera tenido por un notable crAi??tico musical; ademA?s de que se distinguAi??a tambiAi??n por sus cualidades como conversador. Al parecer Joannini era bien apreciado entre sus colegas del mundo de la polAi??tica tanto como por varios periodistas, como Filomeno Mata, el famoso director de El Diario del Hogar, quienes le tenAi??an cordiales deferencias.

El desenlace: un suicidio

ai???AdiA?s MarAi??a, adiA?s hijos mAi??os, perdonadme y olvidadmeai??? fueron las A?ltimas palabras que el destituido ministro escribiA? en su nota suicida para despedirse de su familia. Tras conocerse la funesta noticia, estuvieron al lado de la condesa las seAi??oras de Mariscal, cA?nyuge del ministro de Relaciones, y de Morgan, esposa esta A?ltima del embajador de Estados Unidos, Philip H. Morgan, prestA?ndole consuelo y apoyo. ai???El cortejo fA?nebre fue imponenteai???, relataba un diario, en tanto otro seAi??alaba la generosidad de las autoridades mexicanas que habAi??an asumido los gatos de la inhumaciA?n. Asistieron al velorio importantes funcionarios del gobierno mexicano, como Ignacio Mariscal, de las delegaciones extranjeras y un nutrido contingente de miembros de la colonia italiana quienes se volcaron a ofrecerle el A?ltimo adiA?s al infortunado conde.

J. G. Posada, "Corrido de la muerte de Manuel GonzA?lez", detalle (1893)

J. G. Posada, “Corrido de la muerte de Manuel GonzA?lez”, detalle (1893)

Por aquellos dAi??as en los que la atenciA?n estaba puesta en el suicidio de Joannini algunos periA?dicos registraron en una pequeAi??a nota de gacetilla, de apenas tres lAi??neas, el suicidio de un gendarme que se dio muerte en el callejA?n de Camarones ignorA?ndose los detalles del caso, como lo hizo El Nacional el 21 marzo. A diferencia de la muerte del conde, la del gendarme no causA? conmociA?n ni ocupA? las primeras pA?ginas de diario alguno. Evidentemente ocurrAi??a asAi?? porque el tema del suicidio no era una novedad y el gendarme un simple desconocido.

El suicidio era un asunto que preocupaba desde hacAi??a mucho y las noticias locales y muchas internacionales daban cuenta de ello. Por ejemplo, entre marzo de 1879 y marzo de 1882 un solo periA?dico de la capital informA? de al menos 18 casos, uno de un comerciante extranjero. Constantemente la prensa consignaba noticias sobre muertos encontrados en la capital y en otros estados de la RepA?blica, ultimados a tiro de pistola, por consumo de venenos (como la estricnina), a puAi??aladas, arrojA?ndose a las acequias, tirA?ndose al vacAi??o desde la ventana de un hotel o desde alguna de las torres de la catedral, echA?ndose a las vAi??as del tren; algunos se consumaban con Ai??xito, otros resultaban fallidos; quienes lo acometAi??an eran los mismo de origen nacional que extranjeros que residAi??an en el paAi??s o estaban de paso por alguna circunstancia.

Respecto al nivel socio-econA?mico, segA?n notas de los diarios provenAi??an de los estratos mA?s diversos, desde gente de los sectores populares (como sirvientes, obreros o soldados) hasta miembros de familias distinguidas o importantes integrantes del mundo de la polAi??tica. Las motivaciones para quitarse la vida eran muchas, se suicidaban por culpa de la pobreza, de la deshonra, de la miseria, de los celos, del abandono, de los amores no correspondidos, por malversaciA?n deAi??fondos, por enajenaciA?n mental y hasta por causa de la leva. Si los suicidas acometen el acto fatal por un egoAi??smo extremo o por una cobardAi??a insuperable, resulta difAi??cil, casi imposible de determinar. Pero sus deudos han de cargar con el pesar de la incertidumbre por el resto de sus vidas, eso es un hecho sobre el que se tiene mayor certeza.

El tema de los suicidios era una preocupaciA?n que habAi??a empezado a cobrar relevancia un par de dAi??cadas atrA?s, en la dAi??cada de 1860. Muchos intelectuales, cientAi??ficos y polAi??ticos se ocupaban del asunto en diversos escritos en los que se trataba de explicar, entender y detener la proliferaciA?n de esa prA?ctica, asociada con el A?mbito citadino y considerada por algunos una consecuencia negativa de la modernidad. La ley no estuvo ajena a las disertaciones, emisiA?n de disposiciones, e intento de regularlo, aunque el suicidio habAi??a perdido su carA?cter delictivo en el CA?digo Penal del Distrito Federal de 1871 y en tAi??rminos legales sA?lo era considerado ya como una ofensa para el propio suicida.

TambiAi??n los periA?dicos se sumaron al esfuerzo de exponer las razones que podAi??an provocar los actos suicidas y llamaban reiteradamente a la necesidad de ponerles freno mediante diversas estrategias, incluida la propuesta de suprimir publicidad a tales actos dejando para ello de consignarlos en sus pA?ginas, lo que, sin embargo, no sucediA?. El Tiempo, un periA?dico independiente en su posiciA?n polAi??tica pero francamente catA?lico en lo religioso, apuntaba en julio de 1877 que ai???el suicidio es una muerte furtiva y vergonzosa, es un robo que se hace al gAi??nero humanoai???. Por su parte, en el contexto del suicidio de Joannini, los redactores de El Diario del Hogar, reconocidos liberales, anotaban el 26 de marzo: ai???El misterio pavoroso del suicidio preocupa hondamente y sea que se compadezca o se acrimine al suicida, el corazA?n se conmueve siempre al dar su fallo [ai??i??] el suicida es digno de lA?stima porque para nosotros obra siempre en virtud de un arrebato de demenciaai???. Estas notas ilustran de manera notable dos de las posiciones mA?s importantes que imperaban en la Ai??poca, pues si bien ambas consideraban al suicidio un acto terrible, unos optaban por el franco repudio y la condena por cuestiones morales en tanto los otros, mA?s en la sintonAi??a del discurso cientAi??fico, intentaban comprender las motivaciones que conducAi??an a un hombre a optar por esa acciA?n radical.

Rumores

Las malas lenguas murmuraban que ante la deshonra que amenazaba con hacer presa de su casa y su apellido, Joannini no tuvo mA?s opciA?n que la de poner fin a sus dAi??as. Las voces maledicentes decAi??an por lo bajo que el juego habAi??a sido su perdiciA?n. Personas menos malevolentes solo apuntaban que su suicidio se debAi??a al ai???desastre financiero privadoai???. Algunas que lo apreciaban poco se encargaron de hacer saber que la verdadera razA?n era que habAi??a sido destituido de su cargo por el gobierno italiano y sintiAi??ndose afrentado por tal decisiA?n habAi??a apretado el gatillo. Pocos, los mA?s benevolentes, dirAi??an que se habAi??a matado presa de la mA?s profunda tristeza porque no fue capaz de superar la muerte del mA?s pequeAi??o de sus hijos, ocurrida meses atrA?s. Otros mA?s intentaron negar el suceso y para ello lanzaron la hipA?tesis de que lo ocurrido habAi??a sido en realidad un triste y trA?gico accidente sucedido mientras el conde examinaba su arma.

Por su parte, en un primer momento, el gobierno y parte de la prensa italiana se darAi??an a laAi??tarea de desmentir tales versiones y fortalecer la idea de que la desgracia fue consecuencia de su falta de planeaciA?n econA?mica. Sin embargo, un par de meses mA?s adelante, en Roma circularAi??a un extenso artAi??culo, mismo que serAi??a traducido y reproducido en MAi??xico en junio por El Siglo Diecinueve, en el que se seAi??alaba que ai???El conde Joannini no era rico, pero sus costumbres fueron siempre algo dispendiosas. Aquellas costumbres al fin y al cabo lo condujeron a la catA?strofe deplorabilAi??sima [sic] que se efectuA? en MAi??xicoai???. En esas pA?ginas tambiAi??n se reconocAi??a que el gobierno italiano puso en receso al conde sin haberlo prevenido y se admitAi??a que ai???el gobierno habrAi??a debido llamarlo primeramente, y despuAi??s tomar las providencias que hubiese creAi??do mA?s conformes con sus propios intereses, sin demasiado perjuicio para Joanniniai???. SegA?n este relato, al ministro se le anunciA? sorpresivamente la decisiA?n del rey de retirarlo de su encargo ai???con una pensiA?n proporcional a su sueldo de 5,500 librasai???. Sin embargo, ningA?n periA?dico explicaba por quAi?? el conde habAi??a sido de pronto notificado de su destituciA?n, cuA?les eran los verdaderos motivos que llevaron al gobierno italiano a tomar la decisiA?n y a proceder de manera poco ortodoxa, nadie se preguntA? ni aclarA? si habAi??a alguna razA?n de orden polAi??tico que hubiera afectado las relaciones entre ambos paAi??ses o si el ministro habAi??a cometido algA?n error tA?ctico en el desempeAi??o de sus funciones. A?Por quAi?? habAi??a sido destituido Joannini, un hombre de tan sA?lo 47 aAi??os de edad de los cuales 26 los habAi??a dedicado a servir a su paAi??s en la carrera diplomA?tica?

La versiA?n de la destituciA?n se reprodujo en varios periA?dicos y era evidente que para el conde esa noticia implicaba una humillaciA?n y la deshonra. Algunos afirmaban que tras abrir la carta con los sellos del ministerio de Negocios Extranjeros del gobierno de Italia y enterarse de que habAi??a sido retirado del cargo y un nuevo ministro habAi??a sido designado para sustituirle fue presa de la desesperaciA?n y no pudiendo lidiar con tal estigma adquiriA? un arma, escribiA? un par de lAi??neas para su esposa y sus hijos y se pegA? un tiro.

A?Y el asunto del juego?

Pocos, casi ninguno de los periA?dicos mencionaron o aludieron al escabroso tema del juego y el papel central que pudo haber tenido en la muerte de Joannini. SA?lo El Correo del Lunes, un impreso cuyo director, Adolfo Carrillo, no era muy bien visto por cierto sector de la propia prensa, pues se asumAi??a que tenAi??a vAi??nculos con el gobernador del Distrito, por entonces RamA?n FernA?ndez, a cuyos intereses servAi??a desde las pA?ginas de su publicaciA?n, dio cuenta de una carta firmada sA?lo con las iniciales F.P.T., en la que se denunciaban las posibles ai???causas que motivaron el lamentable suicidio del Ministro de Italia en MAi??xicoai???.

Paul Cezanne, "Jugadores de Cartas" (1893)

Paul Cezanne, “Jugadores de Cartas” (1893)

En efecto, el 27 de marzo de 1882, El Correo del Lunes reprodujo la historia que narraba una persona que declaraba haber trabajado como tallador en una casa de juego, cuyos datos precisos omitAi??a, y de donde habAi??a sido despedido apenas unos dAi??as atrA?s sin que conociera los motivos, aunque, sospechaba que el mismo estaba relacionado con la trA?gica muerte de ministro italiano.

El anA?nimo autor referAi??a como el embajador era un asiduo visitante de ese lugar, al que acudAi??a varias veces por semana, ganando unas veces y perdiendo otras; daba cuenta de que Joannini habAi??a dejado de asistir por espacio de un mes pero que en los dAi??as prA?ximos al trA?gico suceso habAi??a regresado y la noche del viernes anterior a su suicidio ai???jugA? desde las siete hasta las doce de la noche, perdiendo, segA?n yo observAi??, tres mil pesosai???. PidiA? un crAi??dito de mil pesos a la casa, que despuAi??s de concedido tambiAi??n perdiA? con ai???lama barajaai???, lo que significaba que habAi??a sido vAi??ctima de las ai???fullerAi??as y pilladasai???, de las trampas con la que en esos sitios se esquilmaba a los clientes. Asimismo, apuntaba que el ministro se retirA? del lugar comprometiAi??ndose a pagar su deuda el domingo siguiente. Para recoger los mil pesos, los dueAi??os del lugar comisionaron al denunciante, quien pasA? al domicilio del conde, puntualmente. HabiAi??ndose presentado, narraba que el diplomA?tico lo recibiA? ai???muy agitado y estru[jando] en aquellos momentos una cartaai???, pero que le entregA? la suma acordada expresA?ndole: ai???Diga vd. al Sr. *** que esto es lo A?nico que me queda. Me agrada saldar mis cuentas y no quiero que en MAi??xico se murmure contra mAi??ai???.

Cierta o falsa la versiA?n que el periA?dico reproducAi??a, tocaba un tema por demA?s A?lgido y conflictivo en la historia del gobierno del Distrito Federal: el relativo a la existencia de casas de juego que funcionaban en la clandestinidad bajo el amparo solapado de las autoridades. Los reclamos, las crAi??ticas, las exigencias de buena parte de la prensa a quienes detentaban los mandos en el municipio de MAi??xico, en el gobierno del Distrito Federal, en el ministerio de Justicia y, en ocasiones, al mismo presidente para que pusieran freno a su existencia fueron una constante que venAi??a de varios aAi??os atrA?s, continuaron en la administraciA?n de Manuel GonzA?lez y siguieron durante buena parte del periodo porfiriano sin obtener resultados favorables. Las denuncias sobre lo pernicioso que resultaban esos centros de vicio para la sociedad capitalina, los casos expuestos por los impresos en los que se daba cuenta de cA?mo el juego arruinaba a las personas y destruAi??a a las familias llenaron incontables pA?ginas. Sin embargo, al parecer, en opiniA?n de los representantes de la prensa, poco se hizo desde las altas esferas del poder para ponerle freno, al contrario Ai??pocas hubo en las que proliferaron descaradamente pues del contubernio entre los propietarios y las autoridades sacaban provecho y se enriquecAi??an unos y otros.

EpAi??logo

La polAi??tica, el juego y el suicidio se entretejen en la historia del breve paso y trA?gica muerte del ministro plenipotenciario de Italia en MAi??xico, que iniciA? en diciembre de 1879 cuando presentA? sus credenciales al presidente de la RepA?blica y concluyA? el 20 de marzo de 1882 cuando con una detonaciA?n de pistola puso fin a su existencia. Las leyes y disposiciones oficiales que a lo largo de todo el siglo XIX reiteradamente prohibAi??an la existencia de casas de juegos de azar no fueronAi??suficientes para evitar la presencia de varias que operaban en la clandestinidad. El supuesto contubernio de las autoridades polAi??ticas con los propietarios de esos centros fue una denuncia reiterada por la prensa aunque no comprobada. Lo que es cierto, al parecer, es que esos negocios operaron de manera habitual sin que nadie los clausurara.

Alexandre Benois, "En la casa de juego" (1910)

Alexandre Benois, “En la casa de juego” (1910)

El caso Joannini pone de manifiesto las consecuencias mA?s dramA?ticas a las que el vicio del juego podAi??a arrastrar a sus vAi??ctimas y muestra tambiAi??n que pobres y ricos, artesanos y ministros, plebeyos y aristA?cratas podAi??an, por igual, caer en la trampa que constituAi??an las apuestas y recurrir al suicidio como vAi??a de escape. Si Joannini corrompiA? su desempeAi??o oficial por causa de su inclinaciA?n al juego no es algo de lo que se tenga noticia pero alguna sospecha despierta el hecho de que El Foro diera cuenta, tan sA?lo un mes despuAi??s del triste suceso, de que habAi??a llegado a la aduana un paquete solicitado por el ministro de Italia, que por su contenido importaba el pago de mA?s de seis mil pesos de aranceles, siendo que una vez instalado un embajador la ley sA?lo le permitAi??a importar un mA?ximo de tres mil pesos. EnAi??atenciA?n a la viuda, el presidente Manuel GonzA?lez, aprobando la opiniA?n de Ignacio Mariscal y de JesA?s Fuentes MuAi??iz, concediA? que le fuera entregado el mismo sin cobrA?rsele los impuestos correspondientes. Sin embargo, la seAi??ora Joannini, agradecida, rechazA? la dispensa alegando que ai???los efectos no habAi??an sido pedidos por su esposoai??? y que no podAi??a aceptar las mercancAi??as para no ai???comprometerai??? la memoria de su difunto marido y devolviA? los bultos sin abrirlos.

A?QuAi?? contenAi??an esos paquetes? Imposible saberlo. A?Los habAi??a solicitado el ministro a pesar de negarlo su viuda? Todo parece indicar que sA?lo Ai??l pudo hacerlo. A?Para quAi?? fin? Si bien no podemos afirmarlo con certeza porque no contamos con fuentes para ello, si podemos suponer que el conde, orillado por su crAi??tica situaciA?n econA?mica provocada por las pAi??rdidas en el juego, probablemente se habAi??a enredado en acciones fraudulentas aprovechA?ndose de su cargo diplomA?tico y que, descubierto por las autoridades italianas, procedieron a retirarle su autoridad antes de que sus acciones empaAi??aran la reputaciA?n del gobierno que representaba.

Finalmente, si bien el suyo no es el A?nico caso de figuras sobresalientes del espacio pA?blico que optaron por matarse, pues ahAi?? estA? antes el conocido caso del poeta romA?ntico Manuel AcuAi??a, sin embargo la muerte de Joannini constituye una interesante pista para tratar de entender los razones que podAi??an conducir a un individuo a optar por el suicidio, asAi?? como observar las variadas posiciones desatadas en su entorno como reacciA?n a tal acto, mismas que iban desde el rechazo y el repudio hasta las actitudes comprensivas y solidarias. Ante la amenaza de la deshonra y el deshonor, imposibilitado para reparar sus equAi??vocos, atrapado en los valores culturales y sociales de la Ai??poca, el conde sA?lo tuvo un camino para resarcir sus errores, evadir la afrenta pA?blica, salvar el nombre de su familia y escapar al castigo de la justicia y de las leyes, aunque no al rumor y la maledicencia: el suicidio.

PARA SABER MA?S:

  • Alberto del Castillo, ai???Notas sobre la moral dominante a finales del siglo XIX en la ciudad de MAi??xico. Las mujeres suicidas como protagonistas de la nota rojaai???, en Claudia Agostoni y Elisa Speckman (eds.), Modernidad, tradiciA?n y alteridad. La Ciudad de MAi??xico en el cambio del siglo(XIX-XX), MAi??xico, UNAM, 2001, pp. 319-338.
  • Miguel A?ngel Isais Contreras, ai???Suicidio y opiniA?n pA?blica en la Guadalajara de fines del siglo XIX: representaciones y censurasai???, en Jorge Alberto Trujillo, Federico de la Torre, AgustAi??n HernA?ndez y MarAi??a Estela Guevara (eds.), Anuario 2005, MAi??xico, Universidad de Guadalajara / Centro Universitario de los Altos-Seminario de estudios regionales, 2007, pp. 107-133.
  • Vicente Morales, Gerardo, Historia de un jugador(1874), en http://www.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=368:gerardo-historia-de-un-jugador-1874&catid=93:la-matraca
  • Semo, IlA?n, (coord.), La Rueda del Azar. Juego y jugadoresen la historia de MAi??xico, MAi??xico, 2000.

10. Las utopAi??as agrAi??colas de MichoacA?n desde la colonia hasta el siglo XX: Una historia con tres momentos

Alfredo Pureco Ornelas /Ai??Instituto Mora
Revista BiCentenario #10

Pareciera que MichoacA?n es un lugar predilecto para las utopAi??as. Y es que ellas se han intentado en tres momentos que, aunque terminaron sin frutos perdurables luego de la muerte de sus promotores, sAi?? dejaron una huella importante en el espAi??ritu humano que, a la fecha, podemos apreciar y recuperar. El primer momento se dio a finales del sigloAi??XVI, cuando algunos europeos de buena voluntad miraron al continente americano como un espacio de regeneraciA?n. Un ejemplo de ello fueron los misioneros llegados a estas tierras que, como el primer obispo de MichoacA?n, Vasco de Quiroga, suponAi??an que la colonizaciA?n del Nuevo Mundo era una oportunidad que Dios otorgaba a los hombres para empezar de nuevo, para renacer. La evangelizaciA?n de los nativos representaba tambiAi??n la oportunidad de formar al hombre nuevo, de modelar un tipo de conciencia alejada de los vicios. Para el humanismo espaAi??ol aquel siglo XVI fue una Ai??poca que ofrecAi??a la posibilidad de hacer experimentos novedosos en aras de la perfecciA?n espiritual. El obispo Quiroga, recuperando el planteamiento de dos grandes renacentistas ai??i??TomA?s Moro y Tomasso Campanellaai??i??, jugA? a dar vida a su propia utopAi??a en los pueblos-hospital de MichoacA?n.

Vasco de Quiroga

Vasco de Quiroga

La pretensiA?n de Quiroga era fundar pueblos agrAi??colas que, con apego a las ordenanzas monA?rquicas, permitiesen aprovechar la humildad y sencillez de los indAi??genas para reivindicar los valores de la iglesia cristiana en su etapa prAi??stina. AdemA?s, buscaba promover la especializaciA?n productiva de cada poblado en aquello en lo que tenAi??a mayores posibilidades y aptitudes, con lo que se darAi??a un intercambio benAi??fico para todo el entorno. AsAi??, los prototAi??picos hospitales-pueblo de Santa Fe, de la Laguna y del RAi??o en MichoacA?n y la Santa Fe de MAi??xico, en las cercanAi??as de Cuajimalpa, nacieron en la dAi??cada de los aAi??os 1530. Aunque el empeAi??o por sostener el proyecto transformador fue arduo, en el largo plazo era difAi??cil de sostenerse financieramente. A la muerte del incansable Quiroga, su aspiraciA?n no tuvo heredero y feneciA?.

Esta experiencia colonial precediA? a otrasAi??dos, ocurridas de forma muy distinta aunque en el mismo escenario. La segunda aconteciA? en el Porfiriato, cuando se tratA? de proyectar la imagen de un MAi??xico moderno, con un amplio progreso material. La tercera ocurrirAi??a despuAi??s de la RevoluciA?n, como producto del arraigo del ideario cardenista encaminado a abrir el desarrollo social en el campo. Sobre estas dos A?ltimas experiencias, nos extenderemos un poco mA?s.

Antes de referirnos a ellas, quisiAi??ramos precisar que el sentido etimolA?gico de la palabra utopAi??a es el noai??i??lugar. Es decir, la utopAi??a es un artificio de la mente, de una abstracciA?n, un proyecto, por lo cual nace en el A?mbito de lo individual e Ai??ntimo. Su hechura responde a los ideales de su sujetoai??i??creador y por lo mismo responde a sus aspiraciones, las cuales, sin duda, estarA?n determinadas por la Ai??poca en que le toca vivir. De tal modo, una utopAi??a puede ser de orden Ai??tico, social, polAi??tico y hasta econA?mico y aun llegar a ser programas de trans- formaciA?n de gran aceptaciA?n social y entonces perdurar o bien limitarse al aislamiento de quien las sueAi??a y morir cuando Ai??ste muere.

La utopAi??a empresarial privada

El espacio idA?neo para realizar una utopAi??a es aquel que, para quien la proyecta, se encuentra vacAi??o. Es un territorio inmaculado, desprovisto de identidad por creer que no pertenece a nadie; sin embargo, tal espacio es posible de colmarse con lo ajeno, con lo anhelado, que allAi?? puede florecer. Esta descripciA?n se ajusta relativamente bien a lo ocurrido en el campo de los negocios y la empresa agrAi??cola moderna que pretendiA? arraigar el rAi??gimen porfiriano en MAi??xico por conducto de extranjeros. Y es que en las A?ltimas dos dAi??cadas del siglo XIX el general Porfirio DAi??az invitA?, por medio de su ministerio de Fomento, a colonizarAi??MAi??xico. IdAi??licamente se pretendAi??a romper con la tradiciA?n y el provincianismo que se pensaban como la cara del atraso para hacer progresar al paAi??s, modernizarlo y volverlo cosmopolita. Sin embargo, sA?lo en casos muy excepcionales pudo lograrse este modelo del “buen” colono y uno de ellos lo representA? el italiano Dante Cusi, quien se establaciA? con su familia en la Tierra Caliente de MichoacA?n en 1884 para construir una utopAi??a agrAi??cola y empresarial privada.

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El emigrado llegaba de MilA?n pensando, como muchos otros italianos de su Ai??poca, que AmAi??rica era un continente abierto a las oportunidades de Ai??xito econA?mico individual. Lo que encontrA? fue un territorio muy distinto al que dejA? atrA?s; uno aislado, casi desierto y agobiantemente tA?rrido. Su plan original no habAi??a sido establecerse en MichoacA?n, sino en Estados Unidos, donde pretendAi??a convertirse en productor y comercializador de algodA?n. No se pudo, asAi?? que tuvo que conformarse con la idea de que, si en algA?n lugar iba a convertirse en un hombre de fortuna, serAi??a en MAi??xico.

El lugar que los recibiA? fue ParA?cuaro, pequeAi??o paraje cerca de ApatzingA?n. Al inicio, Cusi y su familia se contentaron con poder sobrevivir a la ruina en que estaban. Se asociaron con otros italianos que arrendaban propiedades por la zona y con ellos, si bien no mucho despuAi??s de forma autA?noma, se hicieron agricultores, comerciantes, arrieros y hasta prestamistas en pequeAi??o. De arrendatarios pasaron a pequeAi??os propietarios y su carA?cter de extranjeros y trabajadores les dio buena reputaciA?n y el aprecio del gobernador Aristeo Mercado y mA?s tarde del mismo don Porfirio.

La zona a donde llegaron Cusi y su familia seAi??habAi??a ocupado desde la Ai??poca colonial en el cultivoAi??de aAi??il, algodA?n, arroz y, sobre todo, comoAi??enorme pastizal para la crianza de ganado bovino.Ai??Sin embargo, aunque las propiedades eran deAi??gran extensiA?n, las pocas haciendas que continuabanAi??en funcionamiento se hallaban en profundaAi??crisis derivada del estado que las habAi??a dejado,Ai??por un lado la guerra de Reforma y por otro, laAi??resistencia al imperio francAi??s. En cambio, las unidadesAi??productivas mA?s pequeAi??as, los ranchos, gozabanAi??de cierta bonanza relativa y fue desde ellosAi??que Dante Cusi comenzA? a despegar junto con elAi??naciente sigloAi?? XX.

En la medida en que creciA? el poder econA?micoAi??de la familia, el entorno de los valles soleadosAi??en que quedaron sus propiedades fue siendoAi??objeto de una gran transformaciA?n geogrA?fica yAi??social. Ese plan transformador respondAi??a a los deseosAi??de Porfirio DAi??az y sus ministros de FomentoAi??de poblar el campo con emigrados europeos queAi??vertieran su saber innovador, introdujesen nuevasAi??tecnologAi??as agrAi??colas, cultivos comerciablesAi??que se impusieran sobre los de autoconsumo ai??i??loAi??cual llevarAi??a a la especializaciA?n y por lo mismo alAi??monocultivoai??i?? y, finalmente, alentaran ai??i??aunqueAi??sin mayor compromisoai??i?? la mediana y pequeAi??aAi??propiedad individual al estilo de las granjas.

Dante Cusi y sus hijos lograron alcanzar esasAi??metas en la primera dAi??cada del sigloAi?? XX, al adquirirAi??una extensiA?n de 62,000 hectA?reas en losAi??valles de TamA?cuaro y AntA?nez por la vAi??a de prAi??stamosAi??hipotecarios que les concediA? la Caja deAi??PrAi??stamos para Obras de IrrigaciA?n y Fomento aAi??la Agricultura. En aquellos lugares fundaron lasAi??haciendas siamesas de LombardAi??a y Nueva Italia.Ai??En ambas, los cascos de las haciendas se edificaronAi??prA?cticamente en medio de la nada, pues desdeAi??hacAi??a mucho tiempo los pequeAi??Ai??simos caserAi??osAi??en que se ubicaron se encontraban en ruinas yAi??casi despoblados.

La tarea mA?s importante para hacer productivasAi??aquellas llanuras era proveerles de una fuenteAi??de agua para convertir los semidesiertos en planiciesAi??fAi??rtiles. AquAi?? entrA? en escena la pericia y saberAi??de los italianos, quienes, familiarizados con laAi??ingenierAi??a hidrA?ulica de su tierra de origen, LombardAi??a,Ai??lograron sacar el agua del rAi??o Cupatitzio,Ai??la que iba por el lecho de un caAi??A?n muy profundoAi??por abajo del nivel del terreno que se querAi??aAi??irrigar. Esto se logrA? mediante la introducciA?n deAi??nuevos materiales como la tuberAi??a y el remachadoAi??de acero, asAi?? como del empleo de fuentes novedosas de energAi??a en la comarca como la tAi??rmica y laAi??elAi??ctrica. Las tareas de nivelaciA?n y construcciA?nAi??de nuevos canales de conducciA?n del agua fueronAi??otras obras que llamaron la atenciA?n.

Justo al inicio de la RevoluciA?n mexicana, paraAi??1910, los Cusi continuaban ampliando hacia elAi??sur la frontera agrAi??cola de MichoacA?n, rumbo aAi??los linderos de la rivera norte del rAi??o Tepalcatepec.Ai??Para ello no sA?lo se habAi??an especializado enAi??la producciA?n de arroz, sino que estaban prestosAi??a incorporar las innovaciones en materia de mejoramientoAi??genAi??tico del ganado y de las semillasAi??agrAi??colas que empleaban. Experimentaban conAi??simientes, con la adaptaciA?n de especies frutales yAi??pecuarias, e importaban tanto de Estados UnidosAi??como de Europa maquinaria para hacer funcionarAi??la parte agroindustrial de la refinaciA?n del arroz.

Aquel despegue econA?mico tendrAi??a grandesAi??implicaciones sociales y, aunque muchas de estosAi??cambios fueron eclipsados por la RevoluciA?n,Ai??su trascendencia vale la pena recuperarse. PorAi??ejemplo: si en 1910, reciAi??n fundada la haciendaAi??de Nueva Italia, contaba con 700 habitantes, alAi??mediar el sigloAi?? XX alcanzarAi??a una poblaciA?n deAi??4,700 personas. Este crecimiento demogrA?ficoAi??se presentarAi??a de forma ininterrumpida, a pesarAi??incluso de la misma RevoluciA?n. En la especializaciA?nAi??del cultivo del arroz se demandA? de formaAi??estacional, sobre todo para el periodo de cosechas,Ai??una amplia mano de obra que, desocupada de susAi??propias labores agrAi??colas, llegaba de las regionesAi??altas de MichoacA?n e incluso de los vecinos estadosAi??de Jalisco y Guerrero.

Lejos de que los Cusi pensaran en susAi??haciendas como sitios que les investirAi??anAi??automA?ticamente de prestigio social, y enAi??concordancia con la imagen seAi??orial delAi??terrateniente tradicional, aquellas fueronAi??contempladas desde su origen con unaAi??mentalidad moderna, burguesa, dirAi??aAi??Werner Sombart ai??i??el famoso sociA?logo yAi??economista alemA?n. Se trataba de unidadesAi??econA?micas hechas para la producciA?nAi??de excedentes y por consiguiente eranAi??entendidas como fuente para la obtenciA?nAi??de ganancias. El cA?lculo econA?micoAi??y tAi??cnico, del que Dante Cusi estaba muyAi??al tanto desde que en suAi??juventud fue empleadoAi??bancario en MilA?n, yAi??como hijo de campesinosAi??en su natal Brescia, pudoAi??ser aplicado con pruritoAi??en la Tierra Caliente michoacana.

NivelaciA?n de terrenos,Ai??apertura de canalesAi??de riego, encauzar corrientesAi??de agua por desnivelesAi??de suelo e introducciA?n de fuentes alternasAi??y novedosas de energAi??a como la elAi??ctrica fueronAi??algunos de sus grandes logros. Aquellos italianosAi??veAi??an materializada en sus haciendas michoacanasAi??la AmAi??rica que habAi??an soAi??ado al salir de su patriaAi??cisalpina. Era su anhelo personal realizado y unAi??ejemplo de progreso muy al estilo del plan modernizadorAi??del campo que el general Porfirio DAi??azAi??deseaba para la repA?blica. La utopAi??a pA?blica y laAi??privada convergAi??an en una sola e idAi??ntica.

La utopAi??a campesina socializante

La RevoluciA?n no impidiA? que aquellos negociosAi??capitalistas siguieran funcionando a pesar de losAi??coletazos que la revuelta armada infringiA? a MichoacA?n.Ai??La coyuntura cambiante obligA? a queAi??lo que era un negocio familiar se constituyese enAi??sociedades anA?nimas, de las cuales la mA?s importanteAi??fue la NegociaciA?n AgrAi??cola del Valle delAi??MarquAi??s, S.A. Si bien las gavillas de bandoleros,Ai??revolucionarios y efectivos del ejAi??rcito constitucionalistaAi??impusieron prAi??stamos o despedazaronAi??la infraestructura agrAi??cola, ello no impidiA? queAi??LombardAi??a y Nueva Italia pudieran sortear el escenarioAi??adverso.

SerAi??a hasta la dAi??cada de los aAi??os 1920 cuandoAi??las relaciones entre jornaleros y hacendados entraronAi??en una larga fase de fractura que resultA?Ai??imposible de superar. Los intereses de clase noAi??pudieron contenerse mA?s dentro de la matrizAi??paternalista que Dante Cusi quiso imponer porAi??mucho tiempo en el manejo de las relaciones laboralesAi??y en 1938, luego de numerosas huelgas,Ai??el presidente LA?zaro CA?rdenas decidiA? que NuevaAi??Italia y LombardAi??a fueran intervenidas por el gobiernoAi??para dejarlas, de manera Ai??ntegra, con todoAi??y su infraestructura, en manos de sus trabajadoresAi??bajo la forma de un ejido colectivo. El anhelo delAi??general CA?rdenas no era sA?lo entregar la tierra yAi??dejar a su suerte a las clases rurales indigentes,Ai??sino establecer en ella un prototipo de ai???haciendaAi??sin hacendadosai???. Luego de la entrega formalAi??a poco mA?s de 2,000 campesinos, ocurrida en elAi??mes de noviembre, se iniciA? una segunda fase deAi??transformaciA?n del espacio terracalentano, ahoraAi??por obra del ideario social del cardenismo; otroAi??ideal, otra utopAi??a.

El ejido comenzA? a operar en las parcelas dadasAi??a los jefes de familia radicados en las comunidadesAi??de las ex haciendas. De los terrenos para usoAi??agropecuario, se apartA? en cada una un espacioAi??para la educaciA?n agrAi??cola de niAi??os y jA?venes.

Para ese entonces, las haciendas eran generadorasAi??de 13,500 toneladas de arroz, 2,000Ai??de limA?n y poseAi??an 17,000 cabezas de ganado.Ai??Mantener aquel ritmo de producciA?n exigAi??aAi??recursos financieros que sA?lo se lograron obtenerAi??mediante la constituciA?n de SociedadesAi??Colectivas de CrAi??dito, una por cada nA?cleoAi??productivo anterior a la expropiaciA?n. LaAi??idea planificadora del presidente CA?rdenasAi??se imponAi??a como esquema para la marcha deAi??aquellas unidades de producciA?n cuya inspiraciA?nAi??habrAi??a abrevado en los experimentosAi??colectivistas rurales de los koljoses soviAi??ticos.

LA?zaro CA?rdenas, el otro utopista.

LA?zaro CA?rdenas, el otro utopista.

Al igual que se vieron afectadas las antiguasAi??propiedades de los Cusi, asAi?? tambiAi??n seAi??transformA? la propiedad agraria de toda la riveraAi??norte del rAi??o Tepalcatepec, prA?cticamente desdeAi??los lAi??mites con el estado de Jalisco en el extremoAi??poniente, hasta el rAi??o del MarquAi??s por el oriente.Ai??De 1936 a 1959, en aquella extensa regiA?nAi??se fundaron una treintena de ejidos, que en otroAi??sentido representA? un cambio poblacional abruptoAi??para la zona debido a que los asentamientos seAi??establecieron allAi?? donde anteriormente existAi??a unaAi??bajAi??sima densidad demogrA?fica.

En relaciA?n a la planeaciA?n urbana de los nA?cleosAi??ejidales, llama la atenciA?n el cuidado conAi??que se pretendiA? dar satisfacciA?n a sus habitantesAi??en tAi??rminos, no sA?lo en su desarrollo material,Ai??sino humano en general. La traza urbanAi??stica deAi??los nA?cleos ejidales estaba planeada de forma escrupulosamenteAi??reticular, al centro de la cual seAi??encontraba a menudo una plazuela en forma deAi??glorieta a la que convergAi??an cuatro anchas avenidas.Ai??Dentro de esos nA?cleos se disponAi??an, a priori,Ai??lugares para escuelas, los servicios de los distintosAi??A?rdenes de gobierno, el mercado, la biblioteca,Ai??una sala de espectA?culos, un asilo para ancianos yAi??otro para huAi??rfanos, parques deportivos, refrigeradorAi??comunal y escuelas tAi??cnicas agropecuarias yAi??de artes y oficios. En la teorAi??a, el proyecto de losAi??ejidos terracalentanos y su planeaciA?n no dejabaAi??un cabo suelto.

En tAi??rminos de infraestructura las disposicionesAi??fueron integrar aquella comarca al resto deAi??MichoacA?n y del paAi??s, pues si bien los Cusi habAi??anAi??hecho hasta lo imposible para ser competitivosAi??con su arroz en mercados de mediana y largaAi??distancia, siempre tuvieron el obstA?culo del relativoAi??aislamiento entre sus haciendas y Uruapan,Ai??el puerto ferroviario mA?s cercano y desdeAi??donde desplegaban su potencial comercializadorAi??de productos agrAi??colas. Sin embargo,Ai??en 1940 quedA? construida la vAi??a del ferrocarrilAi??de 80 kilA?metros entre Uruapan yAi??ApatzingA?n, a travAi??s de los ejidos de LombardAi??aAi??y Nueva Italia y a poca distancia deAi??muchas otras propiedades ejidales.

No obstante que en 1940 LA?zaro CA?rdenasAi??dejA? la presidencia de la repA?blica,Ai??su interAi??s por la zona de Tierra Caliente deAi??MichoacA?n permaneciA?. La comandanciaAi??de las operaciones militares en la costa delAi??PacAi??fico que le fue asignada durante la segundaAi??guerra mundial lo mantuvo apartado deAi??sus proyectos de fomento rural, pero en 1947,Ai??cuando el presidente Miguel AlemA?n lo designA?Ai??Vocal Ejecutivo de la reciAi??n creada ComisiA?n delAi??RAi??o Tepalcatepec, los retomA?. Con nuevos brAi??osAi??buscA? ampliar la superficie de riego en esos feracesAi??valles y desarrollar a un nivel insospechadoAi??el sistema hidrA?ulico y de presas que los italianosAi??Cusi habAi??an inaugurado en el Porfiriato.

EpAi??logo

El MichoacA?n del sigloAi?? XVI, lo mismo queAi??todo el continente americano, era visto por losAi??humanistas europeos, como una tabla rasa enAi??la cual podAi??a crecer un proyecto de humanidadAi??diferente. Para el obispo Quiroga no se tratabaAi??solamente de emplear la fuerza laboral indAi??gena al estilo que pensaron muchos conquistadores,Ai??sino de hacer de ella la columna vertebral de laAi??que nacerAi??a una sociedad nueva. Su utopAi??a era deAi??carA?cter Ai??tico y econA?mico; pero justamente porAi??tener esa doble mira pereciA? con facilidad ante lasAi??fuerzas contrarias cuando Ai??l muriA?. Por su parte,Ai??la utopAi??a porfiriana modernizadora expresada enAi??la empresa agrAi??cola de la familia Cusi casi se llevA?Ai??a cabo, pues transformA? fAi??sicamente un desiertoAi??en tierras altamente productivas. A ellas concurrieronAi??cientos de personas en busca de trabajo oAi??refugio durante la insurrecciA?n, pero el problemaAi??llegA? cuando la acumulaciA?n demogrA?fica rebasA?Ai??los requerimientos de fuerza laboral de las haciendasAi??y esto las hizo quebrar. En forma posterior,Ai??el presidente CA?rdenas tuvo gran interAi??s en queAi??las conquistas de la RevoluciA?n se entregaran aAi??las masas desposeAi??das que habAi??an participadoAi??en ella y, por tanto, procurA? para los pobres unAi??proyecto de sociedad igualmente diferente; regenerada,Ai??A?til para la naciA?n y capaz de reproducirAi??valores surgidos de la RevoluciA?n. Su gobiernoAi??otorgA? oportunidad de crecimiento comunitarioAi??a los ejidos, pero desafortunadamente tampocoAi??se pudo lograr la utopAi??a socializante en el campoAi??michoacano a plenitud, esta vez porque la semillaAi??de la corrupciA?n administrativa creciA? en las unidadesAi??colectivas de producciA?n y el impulso queAi??dio nacimiento a Ai??stas se agotA? poco a poco.

Tanto la utopAi??a de Vasco de Quiroga en el sigloAi??XVI como los proyectos porfiriano y posrevolucionarioAi??de transformaciA?n de la Tierra CalienteAi??de MichoacA?n, terminaron como ensoAi??acionesAi??surgidas de valores individuales, que se perdieronAi??a medio camino entre lo ideal y lo posible. UtopAi??as,Ai??al fin, pero ligadas siempre e inexorablementeAi??a un impulso vital muy humano y, por lo mismo,Ai??tambiAi??n a la historia.

PARA SABER MA?S:

FERNANDO BENA?TEZ, LA?zaro CA?rdenas y la revoluciA?nAi??mexicana, MAi??xico, FCE, 2004.

EZIO CUSI, Memorias de un colono, Morelia, Morevallado,Ai??2004.

LUIS GONZA?LEZ Y GONZA?LEZ, Los dAi??as del presidenteAi??CA?rdenas, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico, 2005Ai??(Historia de la RevoluciA?n Mexicana, vol. 15).

MAURICIO MAGDALENO, Cabello de elote, MAi??xico,Ai??PorrA?a, 1986 (ai???Escritores Mexicanosai???, 85).

El proyecto de desecación del lago de Catemaco

Revista BiCentenario # 18

Rogelio Jiménez Marce / Universidad Iberoamericana-Puebla

Introducción
En la actualidad, la población de Catemaco, ubicada en el sureste de la zona central de la gran planicie costera del golfo de México, es identificada por dos factores: las referencias a las prácticas mágico-religiosas que realizan diversos personajes de la región y su lago que se ha convertido en un importante polo de atracción turística. De hecho, el lago es la primera imagen que aparece cuando se busca Catemaco en las páginas de internet. Éste se originó, de acuerdo con Gabriela Vázquez, por la formación de una cuenca a causa de derrames de lava que interceptaron el drenaje natural de un valle tectónico de rocas sedimentarias del Terciario Medio. El lago se ubica a 330 metros sobre el nivel del mar, posee 7 437 hectáreas de extensión y una profundidad que varía entre siete y once metros. Los especialistas lo consideran uno de los más productivos del país por la cantidad de peces que se pueden obtener. En la segunda mitad del siglo XIX, el lago de Catemaco comenzó a ser apreciado como un “regalo de la naturaleza” por sus habitantes y algunos viajeros que llegaron a la población, por lo que resulta curioso que en 1905 se hubiera planteado un proyecto para desecarlo, el cual no obtuvo los resultados deseados debido a que las autoridades de la población se opusieron a que se realizara.

Catemaco 1950

El proyecto
El 16 de marzo de 1905, Francis Louvier, personaje del que sólo sabemos que era ingeniero electricista, escribió una carta al secretario de Fomento para manifestarle que había realizado algunos estudios que le permitieron elaborar un proyecto para desecar el lago de Catemaco, acción que consideraba que resultaría benéfica para el estado debido a que se dispondría de una mayor extensión de tierras, con lo que se fomentaría la agricultura. Louvier solicitaba que se le otorgara la concesión para emprender las obras y en compensación a los gastos que tenía que efectuar, se le debía otorgar la propiedad de los terrenos desecados así como el derecho de utilizar el remanente de las aguas del lago para irrigación y fuerza motriz. El discurso de Louvier reproducía una parte del pensamiento de los liberales decimonónicos mexicanos que consideraban que el estancamiento del agua y las inundaciones representaban un obstáculo para la economía de los pueblos, motivo por el que propusieron diversos proyectos de desecación, desagüe y canalización de ríos, lagunas y zonas pantanosas con la intención de potenciar el desarrollo económico, a través del estímulo de la agricultura, el comercio y la repartición de las tierras drenadas.

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PARA SABER MÁS:

  • Gloria Camacho Pichardo, Agua y liberalismo. El proyecto estatal de desecación de las lagunas del Alto Lerma. 1850-1875, México, CIESAS-Archivo Histórico del Agua-Conagua, 2007.
  • Alba González Jacome, Humedales en el suroeste de Tlaxcala. Agua y agricultura en el siglo XX, México, Universidad Iberoamericana, 2008.
  • Alejandra Ojeda Sampson, Francisco Covarrubias y María Guadalupe Arceo, “El proceso de antropización del lago de Chapala”, Secuencia, núm. 71, mayo-agosto de 2008, pp. 103-129.Ai??
  • Lourdes Romero Navarrete, El río Nazas y los derechos del agua en México: conflicto y negociación en torno a la democracia, 1878-1939, México, CIESAS-Universidad Autónoma de Coahuila, 2007.
  • Cecilia Sheridan y Mario Cerutti, Usos y desusos del agua en cuencas del norte de México, MAéxico, CIESAS-Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012.

Palomar y Vizcarra, un obispo comprometido

Entrevista realizada por Alicia Olivera
Presentada por Ilse María Escobar Hoffman

Revista BiCentenario #17

 

El general cristerio Enrique Gorostieza

Es innegable que el ideario social de los militantes católicos mexicanos de principios del siglo XX estuvo presente en los movimientos y propuestas que contribuyeron al derrocamiento del régimen porfiriano y también, posteriormente, a la construcción del nuevo proyecto de nación. La historia oficial ha desdeñado la participación de este sector en las transformaciones que han beneficiado a nuestro país porque confronta la ideología imperante. Sobre esta consideración, la entrevista a Miguel Palomar y Vizcarra (1880-1968) rescata una voz representativa de los católicos convencidos de su responsabilidad colectiva y nos ofrece un enfoque distinto y complementario que equilibra el análisis de los acontecimientos del México moderno y contemporáneo.

La historiografía del catolicismo en nuestro país es relativamente reciente. Ha dado a conocer la injerencia de los católicos en hechos históricos relevantes y distinguido una variedad de posturas y reacciones entre sus filas. Nuestro entrevistado es el gran ideólogo del catolicismo social de principios del siglo XX en México. Esta corriente de pensamiento procedía de todo un proceso ideológico de la iglesia católica en respuesta a los avances de secularización de los estados modernos, a las contradicciones del sistema capitalista de producción y al desarrollo de las tendencias socialistas, concretada en la publicación de la encíclica Rerum Novarum del pontífice León XIII en 1891.

La postura de Palomar y Vizcarra se identifica con la de los católicos sociales de vanguardia, tanto laicos como sacerdotes, que se adhirieron al programa social propuesto por este papa (superación de las clases obrera y campesina, estímulo a la juventud, impulso a la educación cristiana y participación política) y lograron una relevante organización traducida en congresos nacionales, uniones obreras, asociaciones, actividades parroquiales y partidos políticos. Preocupado por la desigualdad social del régimen liberal, se mostró inconforme en cumplir con un culto religioso solo exterior y formalista, convencido de que los católicos estaban llamados, por voluntad de Dios, a la construcción de una sociedad más justa, de la cual todos resultaban responsables. Sus convicciones religiosas y su formación ideológica en dicha doctrina lo motivaron a participar incansable en los organismos que emanaron de ella en México. Este movimiento social católico tuvo que hacer frente a los cambios drásticos que surgieron en el país a principios del siglo XX: la caducidad del Porfiriato, la apertura democrática de Madero, la convulsión provocada por la usurpación de Huerta y el proyecto de nación de las facciones revolucionarias que finalmente alcanzaron el poder. Cada episodio significó para los católicos activos una constante reorganización y ajuste de su movimiento a las circunstancias anticlericales que definieron el inicio del siglo en México.

Miguel Palomar nació y estudió en Guadalajara; sus primeros estudios los llevó a cabo en el colegio laico Liceo de Varones y después ingresó a la Escuela Oficial de Jurisprudencia, instituida y dirigida por católicos conservadores donde se recibió de abogado en 1903 después de sustentar la tesis titulada “El Divorcio”. Inició la profesión en el bufete de su tío Francisco García Sancho y adquirió prestigio por sus sólidos conocimientos y favorables relaciones sociales. Logró la estimación de algunos funcionarios judiciales, situación que le permitió ser nombrado juez y más tarde magistrado.

La diócesis de Guadalajara presentaba una sólida organización eclesial, disponía de abundantes recursos económicos y contaba con un considerable número de sacerdotes, lo cual le favorecía emprender un ambicioso programa social y apuntalar su autoridad. Esta circunstancia y su propia formación familiar, estimularon al joven Palomar a ser parte activa de los proyectos propuestos por los arzobispos de su entidad: José de Jesús Ortiz, promotor de múltiples iniciativas sociales, y su sucesor, Francisco Orozco y Jiménez, considerado uno de los obispos más emblemáticos en la ejecución de la doctrina de la Rerum Novarum. Asimismo mantuvo una estrecha relación con jesuitas destacados en el movimiento social católico.

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