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Los hermanos Rousset y su compromiso revolucionario

Christine Rousset

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  40.

La revolución que acabaría con el régimen porfirista tuvo abundantes casos heroicos. Uno de ellos, y aún desconocido, es el de los cinco hermanos de origen francés que apoyaron a sus vecinos los Serdán Alatriste, en Puebla, en la lucha antirreeleccionista, y que luego de exiliarse por un corto tiempo. salvaron a Francisco I. Madero de una primera conspiración y se unieron a los ideales de Emiliano Zapata y la causa constitucionalista.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Guillermo y Benito Rousset Montoya exiliados en San Antonio Texas, mayo de 1911. Colección particular de la familia Rousset.

Si hay unos hermanos famosos y reconocidos como mártires y próceres de la revolución en la ciudad de Puebla son los Serdán Alatriste. Pero existe otra fratria cuya historia bien merece ser conocida: los hermanos Rousset Montoya: Filomena, Rafael, Guillermo, Benito y Antonio, siendo Guillermo mi abuelo.

Respecto de sus orígenes, sé que eran nietos de Guillaume Rousset, oriundo de un minúsculo pueblo del suroeste de Francia, llamado Livinhac-le-Haut, atravesado a su largo y ancho por el río Lot, y que a lo largo de su vida fue campesino, cantinero y zapatero. Se casó con Anne Cambatalade, originaria de la misma villa, en el año de 1814. La pareja tuvo siete hijos: Jean-Baptiste, Antoine, Christine, Marie-Rose, Marie-Jeanne, Benoit y el menor Pierre-Jean. Los hermanos Rousset, a su vez, eran hijos de Antoine, ingeniero de minas según algunos, de puentes y caminos, según otros. En todo caso, nació en la ciudad minera de Decazeville, en el departamento del Aveyron de la región de los Mediodía-Pirineos.

Mi bisabuelo Antoine llegó al puerto de Veracruz, México, en 1849, a la edad de 30 años, a bordo del barco “El Cecilia”. No se convirtió en millonario, pero sí logró con el pasar de los años constituirse un pequeño capital que le permitió gozar de una confortable posición económica en la comarca poblana. Era propietario de algunas haciendas y ranchos en la región: en Cholula, Tepeaca y cerca del estado de Tlaxcala, en la comunidad de San Lorenzo Almecatla. Además, fue dueño de una cantera de mármol. Se casó con Josefa Montoya Cortez, originaria de Tepeaca, Puebla.

Tuvieron varios hijos en la capital poblana, entre 1866 y 1877, quienes crecieron en el centro de la Angelópolis, a unas cuadras de la Catedral, en la casa familiar de la calle de la Puerta Falsa de los Gallos. De hecho, muy cerca de la propia casa de los Serdán que se ubicaba a unos metros, en la famosa calle de Santa Clara. Los hermanos varones realizaron sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios mientras tanto Filomena, la hermana mayor, se dedicó a las labores del hogar, como se acostumbraba en aquellos tiempos.

Al fallecer Antoine de una conmoción cerebral a causa de una mala caída en 1887, los hermanos quedaron bajo la tutela de Miguel Bernal, padrino de Benito y director del Colegio del Estado. Poco a poco, la vida retomó su curso y cada quien empezó a emprender su propio camino. Rafael, el mayor de los varones, después de haber trabajado algún tiempo como empleado en la quincallería de un amigo francés de su padre, el señor Carlos J. Charles, puso su propio negocio, una ladrillera, que tuvo bastante éxito. Los otros tres concentraron sus esfuerzos como comisionistas de granos, en especial, de trigo, cebada y maíz en el área de Chalchicomula, ciudad que limita con
el estado de Veracruz.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

La fortaleza de San Carlos de Perote

Jairo Eduardo Jiménez Sotero
Universidad Veracruzana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.

En más de dos siglos de vida, esta fortaleza veracruzana albergó tropas de la corona española, estudiantes militares, soldados estadunidenses, revolucionarios, alemanes, italianos y japoneses durante la segunda guerra mundial, así como presos comunes. Su historia hoy se puede apreciar como museo.

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Entrada a la fortaleza de San Carlos, 2009, Perote, fotografía de Jairo Eduardo Jiménez Sotero

 

Las estatuas de dos soldados de la corona española reciben al visitante cuando se ingresa al castillo de San Carlos de Perote. Representan a los centinelas Francisco Ferrer y Jaime Castells, quienes por abandonar la guardia en el baluarte de Figueres, Cataluña, a fin de batirse por el amor de Olalla de Clots, y pese a haber muerto ambos en el encuentro, fueron condenados a montar eterna vigilancia en ultramar.

Planta de la fortaleza de San Carlos Perote (533x800)

Murguía e hijos, Planta de la fortaleza de San Carlos de Perote, litografía, en
Manuel Rivera Cambas, Historia antigua y moderna de Jalapa, México, Imprenta de I. Cumplido, 1869. Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”-Instituto Mora

La toma de La Habana en 1762 por parte del imperio británico y el estado deplorable en que se hallaban San Juan de Ulúa y las murallas que protegían  a Veracruz llevaron al virrey Joaquín de Montserrat, marqués de Cruillas, a pedir el apoyo de la corona para la fortificación del puerto, lo cual suponía la necesidad de erigir en el pueblo de Perote, sobre el Camino Real, y a tres tránsitos regulares de tropas del puerto, un almacén para la gran cantidad de pertrechos que requerirían las tropas, y que el clima caluroso de la costa echaría a perder. El proyecto se inscribía, por lo demás, en el proceso reformista emprendido por la nueva casa reinante de los Borbones, que se proponía que el imperio español recuperara el sitio que tuvo en el concierto de las naciones europeas, e incluía la modernización de la infraestructura militar. Apenas un año después, en 1763, llegaría a Nueva España el ingeniero brigadier Manuel de Santisteban, quien pronto se ocuparía de reconocer tanto las defensas del puerto como las de tierra adentro, y decidió levantar una fortaleza en Perote, para también asegurar las ciudades de Puebla y México, y ser puesto de vigilancia, no sólo del paso de personas, sino de mercancías.

Baluarte de San Carlos Perote (800x534)Los trabajos de  construcción se aprobaron en 1769, en el virreinato de Carlos Francisco, marqués de Croix. Al año siguiente se iniciaron, a cargo de Santisteban, y concluyeron en 1777, con el virrey Antonio de María de Bucareli. La fortaleza recibió el nombre de San Carlos, en honor del entonces rey Carlos III de Borbón (1759-1788). Se trata de un recinto de planta cuadrada, cuyos ángulos terminan en baluartes, puestos bajo la advocación de San Carlos, San Antonio, San Julián y San José; con un foso protector, trincheras y troneras que rematan los muros y que son resultado de una arquitectura bélica funcional. La fortaleza de San Carlos de Perote sería sede del primer Colegio Militar de México entre 1823 y 1827, y en la guerra con Estados Unidos fue utilizada por las huestes de este país como prisión y sitio para vigilar a las guerrillas, que le causaban muchos problemas. Más tarde, el ejército republicano intentó volarlo en vísperas de la invasión francesa, en 1863, a fin de que no sirviera al enemigo, sin conseguirlo, aun cuando sí se provocó una explosión en el pueblo cercano.Ya en el siglo XX, durante la revolución mexicana, el edificio se empleó como cárcel por parte de las tropas federales y las constitucionalistas, y más tarde, durante la segunda guerra mundial, fue centro de reclusión para los ciudadanos alemanes, italianos y japoneses que permanecieron en México. A partir de agosto de 1949 se convirtió en reclusorio del estado de Veracruz, y así continuó hasta su cierre en marzo de 2007.

Vista Lateral Panoramica lateral de San Carlos - copia

Muro lateral poniente de la fortaleza de San Carlos, 2008, Perote, fotografía de pacoméxico.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

El proyecto de desecaciA?n del lago de Catemaco

Revista BiCentenario # 18

Rogelio JimAi??nez MarceAi?? /Ai?? Universidad Iberoamericana-Puebla

IntroducciA?n
En la actualidad, la poblaciA?n de Catemaco, ubicadaAi??en el sureste de la zona central de la granAi??planicie costera del golfo de MAi??xico, es identificadaAi??por dos factores: las referencias a las prA?cticasAi??mA?gico-religiosas que realizan diversos personajesAi??de la regiA?n y su lago que se ha convertido en unAi??importante polo de atracciA?n turAi??stica. De hecho,Ai??el lago es la primera imagen que aparece cuando seAi??busca Catemaco en las pA?ginas de internet. Ai??ste seAi??originA?, de acuerdo con Gabriela VA?zquez, por laAi??formaciA?n de una cuenca a causa de derrames deAi??lava que interceptaron el drenaje natural de un valleAi??tectA?nico de rocas sedimentarias del Terciario Medio. El lago se ubica a 330 metros sobre el nivelAi??del mar, posee 7 437 hectA?reas de extensiA?n y unaAi??profundidad que varAi??a entre siete y once metros.Ai??Los especialistas lo consideran uno de los mA?s productivosAi??del paAi??s por la cantidad de peces que seAi??pueden obtener. En la segunda mitad del siglo XIX,Ai??el lago de Catemaco comenzA? a ser apreciado comoAi??un ai???regalo de la naturalezaai??? por sus habitantes y algunosAi??viajeros que llegaron a la poblaciA?n, por loAi??que resulta curioso que en 1905 se hubiera planteadoAi??un proyecto para desecarlo, el cual no obtuvo losAi??resultados deseados debido a que las autoridades deAi??la poblaciA?n se opusieron a que se realizara.

Catemaco 1950

El proyecto
El 16 de marzo de 1905, Francis Louvier, personajeAi??del que sA?lo sabemos que era ingeniero electricista,Ai??escribiA? una carta al secretario de Fomento para manifestarleAi??que habAi??a realizado algunos estudios queAi??le permitieron elaborar un proyecto para desecarAi??el lago de Catemaco, acciA?n que consideraba queAi??resultarAi??a benAi??fica para el estado debido a que seAi??dispondrAi??a de una mayor extensiA?n de tierras, conAi??lo que se fomentarAi??a la agricultura. Louvier solicitabaAi??que se le otorgara la concesiA?n para emprenderAi??las obras y en compensaciA?n a los gastos que tenAi??aAi??que efectuar, se le debAi??a otorgar la propiedad de losAi??terrenos desecados asAi?? como el derecho de utilizarAi??el remanente de las aguas del lago para irrigaciA?nAi??y fuerza motriz. El discurso de Louvier reproducAi??aAi??una parte del pensamiento de los liberales decimonA?nicosAi??mexicanos que consideraban que el estancamientoAi??del agua y las inundaciones representabanAi??un obstA?culo para la economAi??a de los pueblos, motivoAi??por el que propusieron diversos proyectos deAi??desecaciA?n, desagA?e y canalizaciA?n de rAi??os, lagunasAi??y zonas pantanosas con la intenciA?n de potenciarAi??el desarrollo econA?mico, a travAi??s del estAi??mulo de laAi??agricultura, el comercio y la reparticiA?n de las tierrasAi??drenadas.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

PARA SABER MA?S:

  • Gloria Camacho Pichardo, Agua y liberalismo. El proyectoAi??estatal de desecaciA?n de las lagunas del Alto Lerma.Ai??1850-1875, MAi??xico, CIESAS-Archivo HistA?rico del Agua-Conagua, 2007.
  • Alba GonzA?lez Jacome, Humedales en el suroeste de Tlaxcala.Ai??Agua y agricultura en el siglo XX, MAi??xico, UniversidadAi??Iberoamericana, 2008.
  • Alejandra Ojeda Sampson, Francisco Covarrubias yAi??MarAi??a Guadalupe Arceo, ai???El proceso de antropizaciA?nAi??del lago de Chapalaai???, Secuencia, nA?m. 71, mayo-agosto de 2008, pp. 103-129.Ai??
  • Lourdes Romero Navarrete, El rAi??o Nazas y los derechosAi??del agua en MAi??xico: conflicto y negociaciA?n en torno a la democracia,Ai??1878-1939, MAi??xico, CIESAS-Universidad AutA?nomaAi??de Coahuila, 2007.
  • Cecilia Sheridan y Mario Cerutti, Usos y desusos delAi??agua en cuencas del norte de MAi??xico, MAi??xico, CIESAS-UniversidadAi??AutA?noma de Nuevo LeA?n, 2012.

Entre Sevilla, La Habana y Orizaba Una fA?brica de caAi??ones del siglo XVIII

Entre Sevilla, La Habana y Orizaba Una fábrica de cañones del siglo XVIII

Eder Antonio de Jesús Gallegos Ruiz
Universidad Pablo de Olavide, Sevilla
Revista BiCentenario #16

El estado del armamento en la Nueva España dejó mucho que desear desde principios del siglo XVIII, pues no eran pocas las dificultades de la península para surtir al Nuevo Mundo. Los extensos territorios debían cubrirse con una Real Armada en mal estado, una burocracia ineficiente, las inclemencias del tiempo en los viajes transatlánticos y la escasez en las fundiciones de la metrópoli, que apenas podían hacer frente a sus propias exigencias.

Si a esto se suma la especulación por la abundancia y el costo de metales en América, obtendremos un resultado desastroso. Por ello, la Corona planeó la construcción de una maestranza de Indias, fábrica que dotara de artillería a la América septentrional y el Caribe, como una forma de complementar los envíos tradicionales.

El virrey Baltasar de Zúñiga había previsto desde 1717 la imperiosa necesidad de la tecnología artillera en los territorios del actual México. Por ello pidió el envío de dos fundidores expertos, a fin de erigir una maestranza para la construcción y reparación de nuevas piezas de armamento, según la disponibilidad y el bajo costo de los metales en el territorio. Su petición fue expedida dentro de una carta personal a Felipe V con fecha 11 de junio y se le respondió el 3 de enero de 1718 con la orden de envío de un operario, facultado para la edificación de una o dos fábricas de cañones.

Sin embargo, no sería sino hasta dos años des- pués que un fundidor de la maestranza de Pamplona llamado José Escartín, estaría dispuesto a ir a la Nueva España, no sin antes establecer un contrato con la Corona en el que se estipulaban las condiciones para su pago, fletes, viáticos para él y su familia, la designación de tres ayudantes y su reconocimiento como Maestro Mayor Fundidor. Tras su llegada a Veracruz, Escartín decidió peinar la zona, pues consideraba que la maes- tranza debería erigirse estratégicamente en las proximidades del puerto, escogiendo dos caseríos ubicados en la calle de Tres Cruces en la villa de Orizaba.

Fue el primer intento de la recién entronizada casa real de los Borbones por introducir una tecnología que mejoraba a pasos agigantados. Pero los beneficios para el erario público no eran muy obvios y, al parecer, el peligro aún no parecía acuciante como para generar tales gastos, estimados según los fundidores auxiliares y los maestros carpinteros en $63,197 pesos de antaño, sin incluir $2 mil pesos del costo de dos hornos de fundición y gastos posteriores, como madera para las cureñas y carbón destinado a los hornos de fundición.

De allí que en 1722 el virrey decidiera cancelar el proyecto, presionado además por una carta de José del Campillo (secretario de José Patiño, Intendente General de la Marina y el Ejército), donde éste dejaba entrever que existiría una nueva instrucción para erigir la fabrica, no en Orizaba, sino en La Habana. Posteriormente se aclararía que todo había sido un malentendido, pero la vicisitud alimentó el escepticismo sobre la viabilidad del proyecto por parte de Juan de Acuña, el nuevo virrey, quien se inclinaba más por el tradicional sistema de envíos de artillería desde Sevilla.

 

De este curioso antecedente podemos inferir que, si bien la especulación sobre la calidad, abundancia y bajo costo de metales en el territorio novohispano (cobre y estaño para fabricar artillería de bronce) desde la península eran clave para las propuestas a favor, existía en contra un aparato burocrático que, en la práctica, solo generaba confusiones y superposición de mandos, escasez de operarios españoles dispuestos a trasladarse a las Indias y segregación en los mandos militares, provocando la ausencia de auxiliares novohispanos con conocimientos previos.

ImA?genes integradas 1

La caída de La Habana en 1762 y la cesión de Florida a Inglaterra en 1763 volvió la defensa militar una empresa capital en la agenda de la Corona. Así, habiendo transcurrido 46 años de haberse descartado el primer proyecto, el virrey marqués de Croix volvería a pensar en construir una fábrica de artillería próxima al golfo de México, para auxiliar al Caribe y defender a la Nueva España de la gran invasión terrestre que se pensaba inminente.

El virrey dio la orden en 1768 al gobernador de Veracruz Félix de Terras, para prestar toda su ayuda al fundidor español Francisco de Ortúzar, a fin de que reconociera el sitio adecuado para el nuevo proyecto de maestranza en las inmediaciones del puerto de Veracruz. Tras recorrer 25 leguas alrededor de esta población, acompañado del capitán de artillería peninsular Andrés Sanz, siguieron hacia el camino de Jalapa sin examinar Orizaba y determinaron que el lugar idóneo era un sitio llamado Molino de Villa a dos leguas del Camino Real de Perote y 30 de Veracruz. Pero no se llegó a una resolución definitiva, pues sólo se les había designado para reconocer la zona.

En una nueva expedición ordenada por el virrey Antonio de Bucareli en septiembre 1776, Ortúzar, esta vez con el español Diego Ponce, di- rector de las obras de construcción de la nueva fortaleza de San Carlos en Perote, ratificaron la locación anterior. El dilema era entonces saber si se trataba de hacer una maestranza temporal o permanente. Se pensó que, de ser provisional, con situarse en Molino de Villa hubiera bastado para el traslado de las piezas de artillería. Sin embargo, en caso de ser permanente, el terreno sinuoso obligaba a trazar dos caminos, de entrada y salida, así como una vía fluvial para dar mayor facilidad al traslado de cañones al puerto de Veracruz.

 

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS:

CHRISTEN JÖRGENSEN et al., Técnicas bélicas del mundo moderno, 1500-1763. Equipamiento, técnicas y tácticas de combate, Madrid, Libsa,

2007. JUAN ORTIZ ESCAMILLA, El teatro de la guerra. Veracruz: 1750-1825, Xalapa, Universidad Veracruzana/Universitat Jaume I, 2010.

EULALIA RIBERA CARBÓ. Herencia colonial y mo- dernidad burguesa en un espacio urbano. El caso de Orizaba en el siglo XIX, México, Instituto Mora, 2002.

GUILLERMINA DEL VALLE PAVÓN, “Ocupación y especialización en la villa de Orizaba en 1791” en CARLOS CONTRERAS CRUZ y CARMEN BLÁZQUEZ DOMÍNGUEZ (coords.), De costas y valles. Ciudades de la provincia mexicana a finales de la colonia, México, Instituto Mora- Universidad Veracruzana-Conacyt-BUAP, 2003.

“Museo de la Real Fábrica de Artillería” en http://www.youtube.com/watch?v=t21ECDfVA4c&feature=related

 

 

CrA?nica de dos hermanos

Yolanda Pintos -Ai??Taller de Artificios

RevistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 13.

Valerio Trujano

Una maAi??ana luminosa de abril de 1812, un barco llegA? de EspaAi??a al puerto de Veracruz. El recibimiento corrAi??a porAi??parte de la Guardia Real y espaAi??oles notables en espera de noticias, A?rdenes y sobre todo de armamento para hacer frente a los motines insurgentes que se sucedAi??an en diferentes puntos. En el puerto no se hablaba de otra cosa. DetrA?s de ellos, en el malecA?n, una fila inmensa de curiosos no perdAi??a detalle del momento. En el barco todo era movimiento y bullicio, sA?lo dos jA?venes espaAi??oles permanecAi??an expectantes. Escondidos entre sus crecidas melenas y barbas, los ojos sombrAi??os contrastaban con la claridad del dAi??a. HabAi??an pasado la noche en vela sumergidos en sus propias cavilaciones al tiempo que oteaban el horizonte; en el aire se percibAi??a ya el olor a tierra. Las palabras de don AgustAi??n Loranca disiparon la euforia con que habAi??an abordado el barco. Su decisiA?n fue irrevocable, dejar EspaAi??a para siempre y venir a pelear brazo con brazo, codo con codo con los novohispanos. No renunciaban a EspaAi??a ni lucharAi??an jamA?s contra ella, pero sAi?? contra el despotismo de la Corona. La mirada de Rodrigo se oscureciA? como si pA?jaros negros hubieran cruzado por ella, pensaba en la muerte de su padre. Ai??l y Prisciliano se preguntaban si no se habrAi??an precipitado y la duda hizo presa de ellos.

Vicente Guerrero

Vicente Guerrero

Ai??AgustAi??n Loranca era un criollo de medianaAi??edad que habAi??a ido a EspaAi??a a conocer la tierra de sus mayores, Las noticias llegaban lentas, pero cuando supo de los levantamientos en la Nueva EspaAi??a decidiA? regresar a proteger a su familia. De esta forma coincidiA? con los hermanos en el barco. No era hombre de armas, aunque tampo- co se oponAi??a a que la Nueva EspaAi??a, despuAi??s de 300 aAi??os de sometimiento, tomase otro rumbo. Pensaba en el trato tan desigual hacia los criollos, considerados inferiores con respecto a los verdaderos espaAi??oles; por eso y mA?s no abandonarAi??a a estos muchachos. En el fondo sentAi??a un cierto orgullo por ellos que ofrendaban su juventud y su fuerza por una buena causa.

Parroquia de Tepecoacuilco, Guerrero

Parroquia de Tepecoacuilco, Guerrero

ai??i??Pero ya sabAi??is, de esto ni una sola palabra a nadie. Ah, y al bajar del barco nada de ponerse los uniformes, bajad asAi?? como estA?is con esas camisas sucias, sin escarmenar el pelo. Si antes de estar a salvo, alguien os preguntara por vuestra identidad, decid que sois sobrinos de don Felipe de Unda, quien os ha mandado llamar para ayudarle. Tened esto presente, pues de lo contrario os harAi??ais sospechosos para ambos bandos. Como traidores para unos o posibles espAi??as para los otros. En cualquier caso como corderitos listos para ser sacrificados, ya sea por los unos o los otros.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??SuscrAi??base a la revista BiCentenario.