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La ocupación estadunidense. Convivencia y diversión

Cristóbal A. Sánchez Ulloa
CIESAS Peninsular

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  40.

Durante los nueve meses en que las tropas del general Winfield Scott se instalaron en la ciudad de México entre 1847 y 1848, hubo una relativa armonía con la población a pesar de tratarse de una fuerza invasora. Carreras de caballo, paseos fuera y dentro de la ciudad, obras de teatro, corridas de toros, espectáculos de magia y ópera formaron parte de diferentes entretenimientos que compartieron en mayor o menor medida, aunque hubiese desconfianzas.

Interior del Teatro Nacional de México, en Julio Michaud y Thomas, Álbum pintoresco de la República Mexicana, México, Antigua Casa de Correo, 1850. Colección Particular.

Interior del Teatro Nacional de México, en Julio Michaud y Thomas, Álbum pintoresco de la República Mexicana, México, Antigua Casa de Correo, 1850.

Que tenía un pacto con el diablo. Era lo que se rumoraba en la ciudad. Y el aire de misterio que lo rodeaba, su mirada incisiva, su voz y ese acento peculiar abonaban a la palabrería. Por esos decires, algunos habitantes de la capital mexicana decidieron no ir a verlo, a pesar de que sus trucos eran algo insólito.

La reticencia de algunos, de cualquier modo, no impidió que la noche del jueves 6 de abril de 1848, una multitud de mexicanos y de soldados estadunidenses, quienes en ese momento ocupaban la ciudad, llenara el patio, los palcos, las lunetas y la galería del Teatro Nacional, como en las diez ocasiones anteriores en que se había presentado.

El escenario se iluminó con un centenar de velas y se decoró como el gabinete de un antiguo alquimista, con frascos, matraces, vasijas, candeleros y otros tantos instrumentos para realizar experimentos. Finalmente, apareció el mago alemán, vestido con una túnica de terciopelo negro, y comenzó su última función en la ciudad. En el punto culminante de la misma, Herr Alexander se hizo acompañar en el escenario de un niño de doce años. Instantes después, este se encontraba suspendido sobre el suelo, ante la mirada de asombro de todos los ahí presentes.

Fue en ese momento cuando se pudieron admirar los dos más grandes “trucos” que el mago Alexander Heimbürger hizo en México: en el escenario, hacer levitar al niño; y entre la audiencia, haber convocado a mexicanos y mexicanas, quienes habían evitado concurrir al teatro desde que inició la ocupación de la capital por el ejército estadunidense.

Muchos militares visitaron sitios de interés en la ciudad, como la catedral, la universidad y otros tantos que les llamaron la atención. Igualmente, se aventuraron a las afueras. Un grupo, por ejemplo, llegó hasta la cima del Popocatépetl. También organizaron carreras de caballos en el Peñón de los Baños y alguna que otra en el Paseo de la Viga, en la Alameda y hasta en la Plaza Mayor. En ellas, los soldados apostaban y hacían competir a los animales más veloces de su ejército, en un ambiente similar al del campo de batalla. Ahí podían alejarse de la sociedad mexicana y de la urbe, estar entre compatriotas y sentir que no habían abandonado la vida militar.

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17. MAi??xico y los mexicanos en las pA?ginas de National Geographic (1910-1919)

Laura MuAi??oz /Ai??Instituto Mora
Revista Bicentenario #17

Ai??Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.33.09

MAi??xico es, sin duda, uno de los paAi??ses que mA?s ha llamado la atenciA?n de la revista National Geographic a lo largo de susAi??mA?s de cien aAi??os de vida. Enorme cantidad de artAi??culos sobre nuestro paAi??s lo confirman. Si tomamos en particular el periodo que va de 1910 a 1919, encontraremos mA?s de 20 artAi??culos publicados como resultado de ai???la gran demanda de informaciA?n sobre MAi??xicoai??? que recibAi??a la revista, de acuerdo con lo dicho en el nA?mero de mayo de 1914. Estando el paAi??s en medio de una revoluciA?n, A?quAi?? les interesaba a los editores dar a conocer sobre MAi??xico? A?QuAi?? tipo de informaciA?n se ofrecAi??a? A?QuAi?? estrategias se siguieron para ofrecer determinadas imA?genes a los lectores?

MAi??xico, el paAi??s vecino

El primero de los 22 artAi??culos publicados en la dAi??cada seleccionada apareciA? en agosto de 1910, muy cerca de las fiestas del Centenario. El A?ltimo en octubre de 1919. A travAi??s de 379 fotografAi??as y mA?s de 500 pA?ginas, National Geographic muestra a sus suscriptores en Estados Unidos una versiA?n de MAi??xico y los mexicanos. Dice que MAi??xico es un paAi??s de contrastes. Contrastes entre lo moderno y lo antiguo; entre los distintos sectores sociales; entre los diversos grupos econA?micos; entre los diferentes climas y paisajes. Esta idea subyace en los relatos de textos y fotografAi??as. No obstante, en ambos campos, pero mA?s en las fotografAi??as, se privilegia el deseo de mostrar lo menos cercano (para los estadunidenses), las escenas que muestran el atraso, las reliquias del pasado, como seAi??ala el nA?mero de diciembre de 1910. La imagen de los mexicanos en las fotografAi??as es la de gente humilde y trabajadora, en su mayorAi??a habitantes del campo, y cuando se los ve en las ciudades, son vendedores de productos artesanales. De las ciudades no se ven los edificios modernos, excepto un plano general del de Correos, mA?s bien son escenario para enmarcar a esos habitantes pintorescos que aparecen en primer plano arreando burros cargados de bultos, o que transitan por las calles. Las mujeres casi siempre llevan rebozo. Pero las que seducen a los fotA?grafos, por su belleza y joyerAi??a, son las llamativas tehuanas, ejemplo de exotismo. En las casi cuatrocientos fotografAi??as no encontramos retratos de ningA?n miembro de la Ai??lite econA?mica, ni de la polAi??tica o la intelectual.

Los artAi??culos

En todos los artAi??culos, dedicados casi siempre a unAi??tema particular, se manifiesta la fascinaciA?n de losAi??viajeros y fotA?grafos ante el paAi??s y su gente, la riquezaAi??del territorio, la variedad de productos agrAi??colasAi??y minerales, la diversidad de especies de aves, de climasAi??y de vegetaciA?n (los cactus son particularmenteAi??atrayentes); la posesiA?n de A?reas estratAi??gicas paraAi??la comunicaciA?n (como el istmo de Tehuantepec),Ai??el potencial para el desarrollo comercial, la tierraAi??fAi??rtil. En esos textos se advierte, tambiAi??n, la admiraciA?nAi??que producen los espectaculares vestigios arqueolA?gicos,Ai??huellas de culturas avanzadas y atractivoAi??para los turistas. FotografAi??as a pA?gina completaAi??permiten observar, en primeros planos, basamentosAi??piramidales, estelas, restos de edificaciones enAi??Mitla, TeotihuacA?n o Xochicalco. Los tAi??tulos de losAi??artAi??culos indican la orientaciA?n de cada uno. ConAi??una rA?pida ojeada el lector percibe que los tAi??tulos se refieren, en primer lugar, a los recursos naturalesAi??y despuAi??s a las maravillas del MAi??xico antiguo.Ai??En correspondencia, los contenidos se centran enAi??las posibilidades agrAi??colas de MAi??xico, se refieren aAi??las escenas que se desarrollan en diversas actividadesAi??econA?micas, detallan las caracterAi??sticas del territorioAi??nacional, mencionan lo que se puede encontrar enAi??Ai??l (desiertos, haciendas, jardines divididos por canalesAi??de agua), y enfatizan los distintivos de cada sitioAi??arqueolA?gico (las tallas en piedra, la raza olvidadaAi??de la misteriosa ChichAi??n ItzA?, el lustre del MAi??xicoAi??antiguo).

MAi??xico es el paAi??s vecino. Y de acuerdo con losAi??adjetivos utilizados hasta el cansancio, es un paAi??sAi??interesante, con tesoros maravillosos y paisajes fantA?sticos,Ai??o pintorescos. Es romA?ntico, es misterioso.Ai??Pero no todo es enamoramiento, los pies de fotoAi??son el espacio utilizado para hacer comentarios deAi??distinta Ai??ndole, muchas veces insidiosos. Como elAi??que acompaAi??a a la imagen publicada en el nA?meroAi??de julio de 1916 con el tAi??tulo ai???Casa en el campoAi??cerca de CA?rdobaai???. En ella aparecen, en primer plano,Ai??cuatro personajes, dos adultos y dos menores,Ai??de los que se dice son una familia campesina que,Ai??como buena parte de la poblaciA?n en MAi??xico, poseeAi??muy pocas cosas. La leyenda afirma: ai???los bueyesAi??bien alimentados de las haciendas no se sentirAi??anAi??orgullosos de que los hambrientos peones sean consideradosAi??sus igualesai???. A?A quAi?? responde ese comentario?Ai??A?QuAi?? se quiere evidenciar?

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.30.31En algunos casos, encontramos en esos pies deAi??foto comentarios de admiraciA?n. Por ejemplo, paraAi??los tarahumaras. Junto a unaAi??imagen sin autor (que ha sidoAi??atribuida a C. B. Waite), en laAi??que un grupo de tarahumarasAi??posan para el fotA?grafo, mirandoAi??a la cA?mara, se les reconoceAi??por su resistencia fAi??sica y suAi??capacidad para correr, tantoAi??de hombres como de mujeres.Ai??TambiAi??n por el volumen deAi??producciA?n de plata que hizoAi??de MAi??xico uno de los paAi??sesAi??que mA?s contribuyA? a la producciA?nAi??mundial ai??i??la imagenAi??muestra una vista de un pobladoAi??minero, La Luz, cerca de Guanajuato, queAi??contrasta visiblemente por su pobreza. Y, en otros,Ai??se percibe la nostalgia por Porfirio DAi??az, bajo cuyaAi??administraciA?n el paAi??s tenAi??a calma y estaba en vAi??asAi??de progreso; o se hace referencia a la ultramodernaAi??ciudad de MAi??xico, en la que se podAi??a pasar del sigloAi??XVI al XX al cruzar una calle. Esto A?ltimo, es lo queAi??dice el pie de foto que acompaAi??a la fotografAi??a delAi??edificio de correos, la A?nica que muestra algo de laAi??modernidad de MAi??xico de la que a veces se habla.

Los autores

En cuanto a los autores de los artAi??culos, encontramosAi??a antiguos representantes consulares de EstadosAi??Unidos en MAi??xico (como E. H. Thompson o FrederickAi??Simpich); otros eran ingenieros vinculados aAi??compaAi??Ai??as mineras (entre ellos Walter W. Bradley),Ai??visitantes estadunidenses que recorrAi??an las haciendasAi??adquiridas por compaAi??Ai??as de connacionales (esAi??el caso de J. E. Kirkwood), o eran funcionarios delAi??departamento de Agricultura del paAi??s vecino (E. W.Ai??Nelson). No faltaron fotA?grafos, reporteros, comerciantes,Ai??viajeros particulares, es decir, una legiA?n deAi??estadunidenses que se desplazaron por el territorioAi??nacional, de norte a sur, del golfo al PacAi??fico, haciendoAi??levantamientos e inventarios de lo que podAi??aAi??verse en Ai??l y sus instantA?neas muestran un recorridoAi??por un paAi??s rico, poco poblado y agradable tantoAi??para turistas A?vidos de conocer lugares diferentesAi??como para inversionistas en busca de A?reas atractivasAi??para sus capitales. Entre los fotA?grafos aparecenAi??mA?s de quince nombres (entre ellos James H. Hare,Ai??John H. Hall, C. M. Tozzer,Ai??Franklin Adams y tresAi??mujeres: Helen Olsson-Ai??Seffer, Harriet ChalmersAi??y Janet M. Cummings).

Esos fotA?grafos queAi??podAi??an ser particulares oAi??funcionarios del gobiernoAi??estadunidense, miembrosAi??de su ejAi??rcito o de compaAi??Ai??as,Ai??como UnderwoodAi??and Underwood o Galloway,Ai??reprodujeron porAi??decenas escenas pintorescas, paisajes rurales, retratosAi??de pobladores de diversos puntos de la RepA?blicaAi??mexicana, trabajadores en sus faenas. TambiAi??nAi??propagaron imA?genes emblemA?ticas de la arquitecturaAi??antigua (Mitla, Chichen ItzA?, TeotihuacA?n,Ai??Xochicalco). National Geographic publicA? esas fotografAi??asAi??desplegadas a pA?gina entera en la mayor parteAi??de los casos y distribuidas en diversos artAi??culos,Ai??de tal suerte que un conjunto de fotografAi??as dedicadasAi??a un tema particular, por ejemplo, a los volcanesAi??de MAi??xico, no sA?lo estA?n en el artAi??culo especAi??fico,Ai??sino aparecen en ese y otros.

Las fotografAi??as

En las fotografAi??as de gran tamaAi??o, ademA?s de lasAi??vistas rurales, bucA?licas e idAi??licas, y de los paisajesAi??imponentes, tomados desde cierta altura, en generalAi??vacAi??os de gente, pero siempre evidencia de la fertilidadAi??de los suelos y de los diversos cultivos agrAi??colas,Ai??predominan los personajes tAi??picos por su atuendoAi??y oficio. Esos personajes eran ya conocidos por haberseAi??difundido en las revistas ilustradas publicadasAi??despuAi??s de los aAi??os 30 del siglo XIX, productoAi??del trabajo de artistas mexicanos. Por ejemplo en elAi??libro titulado Los mexicanos pintados por sAi?? mismosAi??y, luego, en MAi??xico y sus alrededores. Los fotA?grafosAi??extranjeros que visitaron o vivieron en MAi??xico enAi??la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX,Ai??se encargaron de retomar esas imA?genes y de multiplicarlasAi??y distribuirlas, a travAi??s de postales, en lasAi??que a diferencia de las litografAi??as que les sirvieronAi??de modelo, acentuaron los rasgos de pobreza y desaliAi??oAi??de muchos de los tipos mexicanos que popularizaron.Ai??Es sabido que gran parte de esas postalesAi??eran mercadeadas por la Sonora News Company.Ai??National Geographic, con su creciente circulaciA?n,Ai??contribuyA? a difundirAi??esas imA?genes.

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La selecciA?nAi??de las fotografAi??asAi??hecha por losAi??editores de NationalAi??GeographicAi??parece obedecerAi??al deseo de ilustrarAi??los textos,Ai??utilizando lasAi??imA?genes con lasAi??que contaba laAi??revista, suministradasAi??mediante regalos o por compra, pues en esa Ai??poca la revistaAi??no contaba todavAi??a con su propio equipo de fotA?grafos.Ai??Varias de las incluidas en un artAi??culo estA?nAi??relacionadas con el tema del mismo, pero otras sonAi??de lugares distantes o sin relaciA?n con el contenido.Ai??Los pies de foto, de diversa extensiA?n, contribuyen aAi??subrayar lo que se quiere mostrar con determinadasAi??imA?genes.

Sobre los temas de las fotografAi??as, ya se ha dichoAi??cuA?les son los dominantes. Falta aAi??adir que algunosAi??asuntos que no mencionan los textos de los artAi??culosAi??estA?n abordados en las imA?genes, como la deportaciA?nAi??de indios yaquis, los festejos del Centenario,Ai??la revuelta de Pascual Orozco y la expediciA?n punitivaAi??que perseguAi??a a Villa. La particularidad es queAi??si bien esos temas aparecen en las imA?genes, Ai??stas seAi??incluyen en nA?meros cuya publicaciA?n es posteriorAi??al momento en el que ocurrieron los hechos. LasAi??fotografAi??as del trasladoAi??de yaquis a la penAi??nsulaAi??yucateca se publicanAi??en diciembre de 1910,Ai??las del desfile con motivoAi??de las fiestas delAi??centenario en mayo deAi??1911, la que muestraAi??a las tropas de OrozcoAi??en 1914. Es decir, unAi??aAi??o o dos despuAi??s deAi??los acontecimientos.Ai??En cambio, en julio deAi??1916 National GeographicAi??incluyA? fotografAi??asAi??que muestran al ejAi??rcito estadunidenseAi??en la expediciA?n punitiva,Ai??apenas cuatro meses despuAi??s deAi??iniciada.

El Centenario y la revoluciA?n

En torno a la celebraciA?n del centenarioAi??de la independencia deAi??MAi??xico solamente encontramosAi??nueve fotografAi??as. Las tres primerasAi??son de cadetes en uniformeAi??de gala. Son diferentes tomas deAi??alumnos del Colegio Militar, elAi??West Point de MAi??xico. Un nutridoAi??pA?blico en ambas aceras de una calle observa elAi??desfile de la caballerAi??a de ese colegio en una de esasAi??fotografAi??as que ocupa toda la pA?gina. En las siguientes,Ai??mA?s pequeAi??as, los cadetes se ven formandoAi??vallas en diferentes puntos de la ciudad. El pie deAi??foto indica que la fama de estos ai???que defendieronAi??el Castillo de Chapultepec del ejAi??rcito americano esAi??histA?ricaai???. Varias pA?ginas mA?s adelante el lector seAi??encuentra con otras fotografAi??as alusivas al desfile, laAi??mayorAi??a de gran tamaAi??o, en las que varios personajesAi??representan a los antiguos mexicanos, portandoAi??atuendos vistosos y tocados de plumas. SegA?n losAi??pies de foto, esos individuos eran ai???descendientes deAi??aquellos a quienes representabanai???.

En cuanto a las imA?genes sobre la lucha armada,Ai??son muy pocas y sin explicaciA?n de por quAi?? fueronAi??elegidas esas en particular. La que encabeza aquellasAi??que tocan de alguna manera el tema de la guerraAi??es una imagen, acreditada a Aultman y Dorman,Ai??publicada en mayo de 1914, que muestra a parte deAi??las tropas de Pascual Orozco. DespuAi??s, observamosAi??a un tAi??pico revolucionario. Se trata de una imagenAi??atribuida a Shirley C. Hulse en la que aparece unAi??jinete ai??i??con sombrero y cananasai??i?? posando para laAi??cA?mara. El pie de foto informa que fue tomada aAi??peticiA?n del retratado. Hulse es, asimismo, autor deAi??varias fotografAi??as publicadas en la revista. En unaAi??de ellas aparecen, en primer plano, dos soldaderasAi??viendo a la cA?mara, que las capta caminando al ladoAi??de los soldados federales a los que acompaAi??an. PortanAi??sombrero y el rebozo amarrado, cargando probablementeAi??a sus hijos.

En el mismo nA?mero de 1914 hay un par de fotografAi??as,Ai??sin autor, en que se muestra primero unaAi??campana y, en la siguiente, un caAi??A?n. La leyenda alAi??pie de esta segunda fotografAi??a informa que ese caAi??A?nAi??fue construido con el material de la campana.Ai??Es decir, no hay ningA?n comentario adicional, niAi??positivo ni negativo, de lo que ocurre en MAi??xico.

De igual manera, dos aAi??os despuAi??s, sin relaciA?nAi??con el tema del artAi??culo, de julio de 1916, se incluyenAi??varias imA?genes en que se alude a la persecuciA?nAi??a Villa tras su incursiA?n a territorio de Estados Unidos.Ai??Por ejemplo, encontramos dos del capitA?n D.Ai??H. Scott del ejAi??rcito estadunidense, que muestranAi??a las tropas de ese ejAi??rcito acampando al sur de Columbus.Ai??Los pies de foto describen el paisaje dondeAi??se asientan los campamentos. Los textos aludenAi??a las condiciones en que viven temporalmente losAi??soldados. En ese nA?mero hay dos de la compaAi??Ai??aAi??Underwood and Underwood, en que vemos trenesAi??con tropas mexicanas. La primera es una imagendividida en dos por la vAi??a del tren. A la izquierdaAi??las tropas de Estados Unidos esperan al borde deAi??la vAi??a. A la derecha, el tren estacionado en otra vAi??aAi??tiene su techo cubierto por tropas mexicanas. En la segunda, en primer plano aparece un tren conAi??el techo tambiAi??n cubierto por tropas mexicanas.Ai??AquAi?? sobresalen varias mujeres, algunas viendo a laAi??cA?mara. Se seAi??ala el hecho de que en todos los campamentosAi??se encontraba siempre ai???una secciA?n paraAi??que las mujeres y los niAi??os vivieranai???. En conjunto yAi??por su nA?mero, el tema de la expediciA?n es el centralAi??en las imA?genes publicadas.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.31.15La mirada de National Geographic

El conjunto de artAi??culos, fotografAi??as y pies de fotos,Ai??enmarcados por los tAi??tulos escogidos, muestranAi??cA?mo la revista National Geographic mantuvo suAi??mirada en los tesoros de su vecino MAi??xico, transmitiendoAi??una imagen de tranquilidad apenas alterada,Ai??pareciera ser, por algunos acontecimientos violentos,Ai??como si estos fueran aislados y no llegaran aAi??causar inestabilidad. La percepciA?n prevalecienteAi??es la de un MAi??xico que se hubiera detenido en elAi??tiempo, en el periodo previo a la revoluciA?n. En losAi??textos no se habla de la lucha, en las fotografAi??as escasamenteAi??se asoma y, no es, por lo tanto, suficienteAi??para cambiar la representaciA?n de MAi??xico. CuandoAi??en octubre de 1919 se publica el A?ltimo artAi??culoAi??analizado, MAi??xico estaba cerca de cumplir una dAi??cadaAi??en armas, pero National Geographic se habAi??aAi??esmerado en no mostrar esto.

PARA SABER MA?S:

ai???La tarjeta postalai??? en Artes de MAi??xico, nA?mero 48, Conaculta,Ai??1999.

Arturo Guevara Escobar, FotA?grafos de la RevoluciA?n,Ai??http://fotografosdelarevolucion.blogspot.com/

National Geographic en http://ngm.nationalgeographic.com/

MarAi??a Esther PAi??rez Salas, Costumbrismo y litografAi??a enAi??MAi??xico: un nuevo modo de ver, MAi??xico, UNAM-Instituto deAi??Investigaciones EstAi??ticas, 2005.

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Revistas de difusión de la historia

 

Vídeo del Media Campus de la UNAM donde se habla de la Revista BiCentenario

 

¿Sabías qué…? Revista BiCentenario #16

Las figuras de cera que se hacen en Salamanca, Guanajuato, continA?an una tradiciA?n introducida a principios del siglo XIX por una familia española que se estableció en esa ciudad y hoy en día es ejercida por artesanos con gran calidad artística. Las imágenes elaboradas, que por un bueno tiempo tuvieron un objeto religioso y eran destinadas a los altares y nacimientos, y actualmente pueden ser también ser meramente decorativas, varían de dimensiones, desde las más pequeñas hasta las de tamaño natural. Se trabajan con cera pura de abeja, a la cual se aplican dos técnicas: la maciza y la modelada sobre madera. Las figuras son vestidas con textiles de algodón, lino, seda, organdí o brocado, llevan encajes y galones y a veces bordados a mano o tienen incrustaciones de pedrería. Se recurre también al latón y el estaño repujado para los resplandores, corazas, aureolas, espadas, balanzas, etc. y a veces se utiliza pasta para algunos detalles.

www.revistabicentenario.com.mx

El entramado de la Historia

La revista reseñada en Milenio Semanal:

La intriga estadounidense contra Madero y la edición neoyorquina de la novela de Azuela Los de Abajo (The under dogs) ilustrada por Orozco. Las ideas en pro de la independencia americana del hispano conde Aranda y los disfraces de carnaval de mediados del XIX. Los efectos de la Guerra de Secesión estadunidense en México y la fiesta político-guadaluapana de 1920. Los inicios de la pelota vasca en nuestro país y la primera de tantas derrotas mundialistas del futbol nacional, en 1930. Los estudiantes contra Porfirio Díaz y la destrucción de La Castañeda. Leves historias tejidas en el entramado de la gran Historia. En su tránsito de la política a la vida cotidiana, del hecho histórico al suceder deportivo, de lo colectivo a lo individual, esta publicación continúa enriqueciendo nuestra percepción de México.

REVISTA BICENTENARIO. EL AYER Y HOY DE MÉXICO (VOL. 3, NO. 13 JULIO-SEPTIEMBRE) INSTITUTO MORA, 96 PP. MÉXICO 2011

Alejandro de la Garza aladelagarza@yahoo.com.mx

Una aventura distinta

La revista BiCentenario es reseñada en CRIBA en el periódico MILENIO:

Jesús Anaya Rosique

Una aventura distinta

Circula desde hace varias semanas el número 12 de BiCentenario, la revista trimestral de divulgación histórica que edita desde 2008 el Instituto Mora. Diana Guillén, integrante de su consejo editorial, lo presenta así: Desde su nacimiento como país independiente, múltiples historias se han entretejido para delinear los contornos físicos y sociales de un México que día a día sigue construyéndose. Su pasado y su presente están marcados por procesos y actores diversos que la revista se ha propuesto recuperar a partir de situaciones y escenarios concretos.

Espléndidamente ilustrados a todo color, en quince textos se despliega una amena narrativa escrita por investigadores adscritos al Mora y a otras instituciones académicas. Abre el número un texto de Dolores Ballesteros sobre los “insurgentes de color quebrado”, descendientes de una mezcla de africanos, indígenas y españoles. Sobre el telón de fondo de una discriminación que ha persistido a lo largo del tiempo, Sofía Crespo escribe sobre la “Casa del estudiante indígena”, efímera iniciativa gubernamental que nos permite ver cómo se concebía y se trataba oficialmente a los indígenas entre 1926 y 1932. Por los rumbos de la historia política, Elsa Aguilar describe los “artilugios diplomáticos desarrollados en la primera década de vida independiente para conseguir el reconocimiento internacional de la soberanía mexicana, así fuese a costa de Cuba”; Faustino Aquino se refiere a la batalla de Cerro Gordo en 1847, que podría haber perdido intencionalmente Santa Anna frente a los invasores yanquis; Héctor Zarauz hace la crónica de la Convención del Partido Antirreeleccionista celebrada en abril de 1910 en la capital del país; y el cuento histórico escrito por Irma Ramírez Orozco narra el encuentro imaginario de una joven estudiante que desde el presente grita “¡Muera el mal gobierno!”, con una mujer que fue testigo presencial del cautiverio de Miguel Hidalgo en 1811.

Hurgar en la vida cotidiana de nuestra historia nacional y describir los espacios públicos donde han convivido simbólicamente los poderes terrenales y eclesiásticos, es otra vertiente de este número de BiCentenario. A partir de un conocido óleo en tela, Blanca Azalia Rosas lanza una mirada a la Plaza Mayor de la capital novohispana en el siglo XVIII. Dos textos muestran otras caras del pasado del Distrito Federal: Jovita Ramos rememora la celebración del Centenario de la Independencia en San Ángel; y a través del testimonio de Guadalupe Martínez de Ritz (editado por Graziella Altamirano Cozzi), conocemos cómo era Mixcoac en los años veinte.

Erika Adán Morales revela una historia desconocida: la primera expedición científica mexicana entre 1827 y 1832, encabezada por el general Manuel Mier y Terán y el botánico francés Jean Louis Berlandier, que recorrió la frontera norte del país; la “Memoria de mi infancia”, escrita por un personaje anónimo nacido en Veracruz al inicio del siglo XIX y presentado por Ana Rosa Suárez Argüello; un breve recuento histórico de la ópera en México a cargo de Ingrid S. Bivián; y el artículo de Hilda Saucedo sobre las experiencias en las que se basa la propuesta “Formar lectores: una labor cotidiana”; además de la acostumbrada sección “Correo del lector”.

BiCentenario 12 ofrece a sus lectores “descubrir la riqueza que encierra cada uno de sus artículos y disfrutar un fugaz paseo por el ayer y hoy de México”, que confirman el lema inscrito en la portada: “el pasado y el presente son nuestros”.

anaya.jess@gmail.com

BiCentenario. El ayer y hoy de México, vol. 3, número 12, abril-junio 2011 (México), revista trimestral del Instituto Mora, $80, 96 pp. ISSN 20110012

Lo que llegó para quedarse: asomos de la publicidad en el Porfiriato

Lillian Briseño Senosiain
ITESM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 11.

Coca Cola, tA?mese el refresco

“No hay nada que cause tanto placer, a tanta gente, por tan largo tiempo, con tan poco gasto, como un gramófono Columbia”. “¿Desea usted vestirse al estilo americano y que sus trajes le cuesten menos que si se los confeccionara un sastre de su país?” Así aparecían dos de los cientos de anuncios publicados en La Hacienda. Obra mensual ilustrada sobre asuntos campestres y populares, revista que llegó a México durante los últimos años del Porfiriato e incluía noticias útiles para los agricultores, ganaderos y público en general.

Con un costo anual de tres pesos oro americanos, La Hacienda ofrecía a sus lectores las últimas novedades en diversos temas, como la calidad del maíz, la forma de cosechar el tabaco o el precio del café, pero también anuncios sobre los más variados productos que dan cuenta de lo que la burguesía porfiriana, a la cual estaba dirigida la revista, podía consumir en el crepúsculo del régimen.

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La publicación, que contenía ilustraciones, gráficos y fotografías, empezó a editarse mes a mes en la ciudad de Buffalo, N. Y., en 1906, con unas 30 páginas foliadas de manera consecutiva de fascículo en fascículo. Se adquiría mes a mes, pero también se podía comprar en dos tomos con los primeros 24 números: “encuadernados con lujo inusitado [...] en edición uniforme, precisamente similares a los que existen en las bibliotecas privadas del Presidente Díaz de Méjico [sic], Rey Alfonso de España y Presidente Reyes de Colombia”, rezaba el número 7 correspondiente a las Pascuas de 1908.

La distribución de La Hacienda nos interesa particularmente, pues se trataba de un impreso para un público latino que se distribuía en varios países hispanoamericanos, pero cuya característica principal era que se elaboraba e imprimía en Estados Unidos, lo que deja ver la importancia que ese mercado tenía para un sector de aquella nación. Contenía, además, una sección de preguntas y respuestas, en la que lectores de países como Puerto Rico, Santo Domingo, Ecuador, Perú, Colombia y, por supuesto, México, expresaban sus dudas sobre temas distintos.

Acompañando a los artículos de fondo se insertaban, al principio y al final de la revista, unas 60 páginas de anuncios que ofrecían un panorama general de las novedades tecnológicas y la moda. En suma, la publicación constaba de cerca de 100 páginas por fascículo, de las que casi dos terceras partes se destinaban a la comercialización de productos que prometían hacer la vida más fácil, cómoda y disfrutable.

Podemos encontrar en La Hacienda publicidad acerca de objetos que “llegaron para quedarse”, que vemos hasta nuestros días, como las máquinas de rasurar Gillete o los rifles Remington, que son, en esencia, la idea o la versión pionera de productos que sobreviven con diseños más desarrollados y complejos.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.