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Vicente Eyzaguirre y Azcoyoti Un escribano de cabildo en la Junta de ZitA?cuaro

MoisAi??s GuzmA?n PAi??rez – Universidad Michoacana de San NicolA?s de Hidalgo.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m.Ai??15.

Escudo de la Suprema Junta Nacional Americana

Uno de los acontecimientos mA?s relevantes para la historia polAi??tica de la insurgencia mexicana lo constituye sinAi??duda el 19 de agosto de 1811, fecha en que fue formalmente instalada en ZitA?cuaro la Suprema Junta Nacional Americana. No obstante que ya contamos con varios estudios que se ocupan del papel desempeAi??ado por este gobierno colegiado durante los primeros aAi??os de la independencia, y se han publicado libros y ensayos sobre la vida y obra de Ignacio RayA?n, JosAi?? Sixto Berdusco y JosAi?? MarAi??a Liceaga, poco sabemos del resto de los electores que se reunieron en la villa michoacana para acordar la creaciA?n de un gobierno representativo, con carA?cter de ai???nacionalai??? e ai???independienteai???, sobre todo en lo referente a su vida pre insurgente y a las razones o motivos que los hicieron abrazar el partido de la insurrecciA?n.

Esto es importante seAi??alarlo dado que mucho se ha insistido en que la Junta no se formA? inicialmente con cinco vocales por la falta de personas con preparaciA?n; es cierto que la mayorAi??a de ellos carecAi??an de instrucciA?n, pero no todos. AdemA?s de Ignacio RayA?n, quien se recibiA? de abogado en una de las salas de la Real Audiencia; de JosAi?? Sixto Berdusco, doctor en teologAi??a por la Real y Pontificia Universidad de MAi??xico y de JosAi?? MarAi??a Liceaga que en sus aAi??os mozos habAi??a incursionado en la carrera militar, sobresalAi??a un funcionarioAi??criollo avecindado en ZitA?cuaro desde 1784 que prestarAi??a importantes servicios a la causa de la revoluciA?n: Vicente Eyzaguirre y Azcoyti.

Su vida comienza un 29 de abril de 1756 en el Cortijo, rancherAi??a cercana al pueblo de Taximaroa (hoy Ciudad Hidalgo, MichoacA?n) de la alcaldAi??a mayor de MaravatAi??o, donde vio la luz como fruto de la uniA?n de JosAi?? Francisco Eyzaguirre y Anna Agustina de Azcoyti, ambos de ascendencia vasca.Ai??Fue bautizado con el nombre de JosAi?? Vicente Mariano, siendo sus padrinos don JosAi?? de Arroyo y su esposa doAi??a Ana Gertrudis de ArAi??valo. Al parecer fue hijo A?nico, ya que en los libros de bautismos de la parroquia donde fue registrado no encontramos ningA?n otro hermano.

Hesiquio Iriarte, Heroica ZitA?cuaro (480x284)

El pequeAi??o Vicente creciA? en un ambiente fundamentalmente rural en compaAi??Ai??a de sus padres. Las actividades comerciales que estos A?ltimos desarrollaban tanto en la ciudad de MAi??xico como en la villa de ZitA?cuaro, hicieron que desde los siete aAi??os de edad el niAi??o Vicente abandonara su pueblo natal y viviera cortas temporadas tanto en la villa michoacana como en la capital del reino, ai???yendo y viniendoai??? como Ai??l mismo declarA?, hasta finales del aAi??o de 1784 en que decidiA? establecerse en ZitA?cuaro.

El motivo principal que lo habAi??a hecho tomarAi??esta decisiA?n fue su compromiso de matrimonio con la seAi??orita Genara Manuela GonzA?lez de Aguilar, vecina de la ciudad de MAi??xico e hija legAi??tima de don JosAi?? Ignacio GonzA?lez y de doAi??a Ana Micaela Morales. En mayo de 1784 se corrieron las amonestaciones y al no haber impedimento legal ni canA?nico alguno, la boda se realizA? meses despuAi??s en la ciudad de MAi??xico. De inmediato la joven pareja se trasladA? a ZitA?cuaro para radicar definitivamente en la villa y Vicente Eyzaguirre se dio a la tarea de lograr para sAi?? un cargo pA?blico que le permitiera vivir con cierta tranquilidad a Ai??l y a su futura familia.

Ya para entonces el joven Vicente habAi??a aprendido el saber de escribano en la prA?ctica, en la actuaciA?n cotidiana; lo hizo al lado de su padre JosAi?? Francisco, quien hacia 1780 se desempeAi??aba como escribano pA?blico en la jurisdicciA?n de MaravatAi??o, Taximaroa y su agregado de Tlalpujahua. AdemA?s de conocer las diferentes formas escriturales, supo lo importante que era poseer una calidad moral que lo mantuviera exento de conductas que pudieran desacreditar la fe pA?blica. Con su esposa procreA? cuatro hijos: MarAi??a Petra Alejandra (1786), Francisco Vicente de los Santos (1789), JosAi?? RamA?n (1793) y JosAi?? Victoriano Ignacio Guadalupe (1796), todos nacidos en la villa michoacana.

El 3 de septiembre de 1787 muriA? don JosAi?? Francisco Eyzaguirre y Vicente quedA? al frente de sus asuntos. Por ser uno de los pocos ai???en quienes concierne la necesaria instrucciA?nai???, Eyzaguirre llegA? a fungir como perito apreciador de oficios en diciembre de 1790, valuando el de escribano anotador de hipotecas especiales en 80 pesos. Asimismo, el 4 de enero de 1792 participA? como testigo de asistencia en los pregones para el abasto de carne de la villa de ZitA?cuaro.

Ignacio LA?pez RayA?nContaba con 39 aAi??os de edad cuando el 6 de julio de 1795, despuAi??s de un largo litigio de 8 aAi??os, le fue concedido el tAi??tulo del oficio notarial de la villa de San Juan ZitA?cuaro por la cantidad de 1000 pesos. Poco despuAi??s, cumplidos los requisitos, presentA? su examen de conocimientos ante la Real Audiencia, y ya aprobado, hizo el juramento de rigor para recibir el tAi??tulo de escribano. AsAi?? regresA? a ZitA?cuaro donde acondicionA? su oficina y comenzA? a trabajar. Los asuntos que trataba eran de la mA?s diversa Ai??ndole: testamentos, poderes especiales, certificaciA?n de avalA?os, escrituras de hipotecas, arrendamientos, etcAi??tera.

Muy pronto Eyzaguirre se convirtiA? en un personaje importante dentro del cAi??rculo social de la oligarquAi??a zitacuarense. HabAi??a estrechado lazos de compadrazgo con JosAi?? GA?mez de CosAi??o y Manuel de Obeso, regidores del ayuntamiento del lugar; tenAi??a roce cercano con otros funcionarios de la misma corporaciA?n como Juan Manuel de Echenique y Miguel Frutis; atendAi??a los negocios de notables comerciantes como JosAi?? Modesto de Angulo y Luis Gonzaga Correa, y por si fuera poco, su mismo cargo lo hacAi??a ver como una persona indispensable en los asuntos legales que se llevaban en la villa.

Los aAi??os de 1808 a 1810 estuvieron colmadosAi??de noticias y acontecimientos polAi??ticos interesantes que de una u otra forma repercutieron en la vida de los habitantes de toda la Nueva EspaAi??a, y los de ZitA?cuaro no escaparon a esa realidad. La destituciA?n del virrey JosAi?? de Iturrigaray en 1808 y la conspiraciA?n de Valladolid en 1809 fueron de su entero conocimiento; esta A?ltima le impactA? directamente, pues en dicha conjura figurA? un familiar de su amigo el regidor Manuel de Obeso, y porque ademA?s, el principal denunciante de la conspiraciA?n habAi??a sido uno de sus clientes: Luis Gonzaga Correa, administrador de correos en Tuxpan y comerciante avecindado en ZitA?cuaro.

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A?Muera el mal gobierno! ~ cuento histA?rico

Irma RamAi??rez Orozco

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.Ai??

Miguel Hidalgo y Costilla

Los campos permanecieron intactos, la fragua dejA? de rugir, el mazo no retumbA? en el yunque, las vacas fueron ordeAi??adas mA?s temprano que de costumbre. Berta, como la mayorAi??a de los habitantes de San Felipe el Real de Chihuahua, habAi??a suspendido sus labores para buscar un sitio en las dos filas paralelas que se extendAi??an a lo largo de la villa y ahAi??, entre un bullicio discreto, temeroso, esperar a los reos.

La explicaciA?n de la profesora cayA? como una piedra lanzada al fondo de una laguna quieta, cambiA?ndole la vida, trastornando los pensamientos de la pequeAi??a Evangelina. A?QuiAi??n era Miguel Hidalgo? A?QuAi?? era un calabozo? A?Por quAi?? la seAi??o Mague ponAi??a esa cara tan seria al decir: ai???El Padre de la Patriaai??? como si hablara de un santo muy milagroso?

Berta llegA? hasta la calle principal para acomodarse en la fila, tambiAi??n querAi??a observar a los reos. Su preocupaciA?n principal era que se llevaran a Federico a combatir el movimiento insurgente en la ai???SecciA?n de Provincias Internasai??? de Durango. Otra guerra no, pensA?, y tratA? de calmarse; sus movimientos nerviosos habAi??an llamado la atenciA?n de un voluntario de la CompaAi??Ai??a de Patriotas de Fernando VII, que sin casaca ni botas ni alto bicornio ni gruesas charreteras parecAi??a tomar muy en serio su tarea de mantener el orden.

La seAi??o Mague y las otras maestras, junto con la corpulenta directora de voz poderosa, los formaron de dos en dos, cada par tomado de la mano, para sacarlos de su mundo de jardAi??n, de flores, de mariposas, de fuentes juguetonas con pececitos rojos, de sus primeras letras pintadas con lA?pices de colores y nA?meros pegosteados de engrudo; para sacarlos de aquel bosque de A?lamos y sauces llorones que se extendAi??a por el inmenso Parque Lerdo; para internarlos en el mundo extraAi??o, complicado y confuso de victorias y sufrimientos.

Berta habAi??a conquistado un lugar en la aglomeraciA?n que se movAi??a en un bullicio apagado. Dos dAi??as antes, don Nemesio Salcedo y Salcido, el gobernador de las Provincias Internas, habAi??a anunciado: ai???VerA?n como reos a los ladrones y forajidos que pretenden destrozar nuestros bienes, saquear y profanar nuestros templos, atropellar la honestidad de nuestras esposas y nuestras hijas, rompiendo los vAi??nculos sagrados que nos unen a Dios, al Rey y a la Patriaai???.

Cruzaron la Plaza Hidalgo, frente al Teatro de los HAi??roes. Al llegar a la gran construcciA?n de cantera a donde funcionaba el correo y subir la escalinata, conteniendo el aliento, Evangelina alcanzA? a ver una puerta oscura, el calabozo era una cueva en un rincA?n del edificio y se dio cuenta del palpitar de su corazA?n y su estA?mago temblA? de incertidumbre.

Berta habAi??a escuchado a don Nemesio decir con gran seguridad que Chihuahua era realista, que el ganadero de las llanuras, el minero de la sierra y el ranchero comA?n no podAi??an olvidar el apoyo de las tropas del Virrey en la guerra contra los apaches y los comanches, que el respaldo militar lo recibieron por A?rdenes de la Corona. Y fue al conocer la derrota del cura Hidalgo, cuando el Ayuntamiento de la Villa ordenA? una misa cantada y que se iluminaron las calles en seAi??al de jA?bilo. Pero Berta no sabAi??a nada de la lucha que transcurrAi??a en el centro del paAi??s, ella, su madre y su abuela habAi??an padecido el eterno conflicto con los pueblos indios y la lucha de sus hombres por dominarlos, por evitar sublevaciones. Ella no estaba de acuerdo con los procedimientos de Salcedo de negociar la paz para luego reprimirlos, de prometer subsidios a los indios pacificados y de pronto suspender la entrega de raciones para obligarlos a trabajar. Con la traiciA?n se recrudecAi??a la guerra contra ellos, guerra que parecAi??a no tener fin.

Estandarte de Hidalgo, Virgen de Guadalupe

Evangelina aminorA? su caminar, apretando la mano de MarAi??a Rosa, que mantenAi??a el mismo ritmo en el paso, siguiendo a sus compaAi??eros. Faltaba poco. En la fila las pausas se hicieron mA?s frecuentes. MirA? una estrecha escalera que se torcAi??a como una trenza; cada alumno bajaba solo, aunque intentando no despegarse de su compaAi??ero.

La amenaza de una nueva guerra se sentAi??a en el aire, pero esto no parecAi??a alterar a los chihu- ahuenses, estaban tan acostumbrados a la guerra como a los veranos calurosos y secos y a los inviernos frAi??os y oscuros. Aunque Berta no la aceptaba, en el fondo de sus ojos brillantes se presentAi??a la determinaciA?n, en cada sufrimiento que callaba o vivAi??a con entereza, en ella se reafirmaba el mismo sueAi??o: vivir en paz. Por sobre todas las cosas, ella sA?lo deseaba la paz, asAi??, escueta.

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