Archivo de la etiqueta: entretenimiento

La A?pera en MAi??xico del siglo XIX al siglo XXI

Ingrid S. BiviA?n
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Ai??Vestido de A?pera

Estimado pA?blico, esta es la tercera llamada, tercera llamada. A?Comenzamos! Un silencio se apodera del teatro. La orquesta comienza a tocar y el telA?n se abre para mostrar el soberbio escenario. AnteAi??nosotros aparecen los protagonistas de esta historia que hoy en dAi??a seguimos escribiendo.

Adelina PattiPrimer acto

La acciA?n se sitA?a en los albores del MAi??xico independiente, cuando en la ciudad de MAi??xico son estrenadas una tras otra las A?peras de Rossini. Un pA?blico de clase media y alta se aficiona al divino arte y tararea divertido la obertura del Barbero de Sevilla. Es tal el Ai??xito del tenor espaAi??ol Manuel GarcAi??a (1827-1828), que lo seguirA?n los mA?s brillantesAi??cantantes del siglo, y otros muchos no tan famosos. Los aficionados aplauden hasta el delirio a Henriette Sontag (1854), Enrico Tamberlick (1871) y Adelina Patti (1887), mientras que los poetas les dedican odas enteras. MenciA?n especial merece A?ngela Peralta (1845-1883), el RuiseAi??or mexicano, la primera cantatriz que muestra al mundo que su paAi??s tambiAi??n sabe cantar A?pera.Adelaide Ristori

El gusto nacional se inclina por la A?pera italiana. Los aficionados escuchan, duranteAi??largas temporadas, ya sea en el Gran Teatro Nacional, el Principal, el Arbeu o el Coliseo Viejo, las grandes obras de Rossini, Bellini,Ai??Donizetti y Verdi, pero tambiAi??n las de Mozart, Offenbach y Wagner. Y la A?pera no se oye sA?lo en la capital. Los habitantes de QuerAi??taro, Jalisco, Guanajuato, Sinaloa y otros estados asisten a teatrosAi??reciAi??n estrenados para disfrutar de LucAi??a de Lammermoor o AAi??da.

Los compositores mexicanos tambiAi??n se hacen presentes en los escenarios: Melesio Morales, Cenobio Paniagua, Miguel Meneses y Aniceto Ortega son losAi??principales; en algunos casos, Jenny Lind en La Sonnambulaenfrentan grandes dificultades, pues pA?blico y empresarios, en su mayorAi??a, carecen de interAi??s por las obras nacionales. Fue el caso de Morales, con Ildegonda.

Hay A?pera en el teatro, la tertulia, los domingos en la Alameda,Ai??la clase de mA?sica, la literatura, los periA?dicos y revistas. El pA?blico rAi??e, llora, sufre y maldice junto con los cantantes; y, aunque a veces se niegue a asistir al teatro, las compaAi??Ai??as de A?pera no dejan de ofrecer estrenos cada vez conAi??mayor presteza, pues la escena mexicana era entonces una de las mA?s importantes del continente.

Se acerca el final de siglo, nuestros cantantes, teatros, compositores y aficionados se despiden.

Poster Turandot, 1926, Mushii

Segundo acto

Comenzamos el siglo XX y… A?y el teatro?, A?quAi?? fue del Gran Teatro Nacional (1844-1901)? Don Porfirio DAi??az tuvo por buena la idea de deshacerse de Ai??l, no importando que aA?n no estuviera listo el Palacio de Bellas Artes (1934). Pero el que es buen gallo, donde quiera canta, y la A?pera sigue presentA?ndose en el Arbeu, el Esperanza Iris, el Circo Teatro OrrAi??n y, cuando la ocasiA?n lo amerita, el mismo Toreo (Caruso, 1919). Los mexicanos siguen yendo a la A?pera a deleitarse con las voces de sopranos, tenores, barAi??tonos y contraltos. Se interpretan notas distintas: de Puccini, Massenet, Leoncavallo y Tchaikovsky. Es el tiempo de Madame Butterfly y hayAi??A?peras mexicanas como Atzimba (Ricardo Castro).

Llegan los aAi??os treinta y transcurren hasta los setenta. El mundo cambia con rapidez; las nuevas tecnologAi??as ai??i??cine, radio y televisiA?nai??i?? se convierten en sinA?nimo de entretenimiento. Si las tempo- radas de A?pera de principios de siglo no se comparaban en cantidad con las del XIX, Ai??stas menos. No obstante, las grandes figuras del arte lAi??rico siguen visitA?ndonos: la Callas (1950) y, mA?s tarde, PlA?cidoAi??Domingo, a la fecha de apariciA?n constante.

Manuel Garcia as Otello in Paris from Gallica, c. 1821 (532x640)

Los mA?sicos mexicanos siguen componiendo A?peras. Carlos JimAi??nez Mabarak, Luis Sandi, Alicia Urreta y Daniel CatA?n, por referir algunos, contribuyen a formar todo un corpus de A?pera nacional. A fines de siglo, la A?pera parece recuperar popularidad entre cAi??rculos mA?s amplios de la sociedad.

Opera_ViennaTercer acto

El siglo XXI inicia con atisbos de progreso. Los medios de comunicaciA?n no dejan de revolucionarAi??la relaciA?n entre la A?pera y el pA?blico: cualquiera que cuente con una computadora y tenga acceso a internet puede disfrutar de A?peras completas sin salir de casa. Y quiAi??n iba a pensar que se podAi??a dedicar un fin de semana para ir al Auditorio Nacional a escuchar las representaciones del Metropolitan de Nueva York. Sin duda alguna, MAi??xico tiene interAi??s por la A?pera; lo prueba el Ai??xito del reality show Ai??pera prima yAi??los llenos en el Auditorio, Bellas Artes y el Esperanza Iris.

El siglo adelanta con la esperanza de que el divino arte siga siendo revalorado en nuestro paAi??s y cause el mismo embeleso que a nuestros abuelos, para que su historia no termine en tragedia.

Cae el telA?n.

Lo que llegA? para quedarse: asomos de la publicidad en el porfiriato

Lillian BriseAi??oAi??Senosiain
ITESM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

Ai??
Coca Cola, tA?mese el refresco

ai???No hay nada que cause tanto placer, a tanta gente, por tan largo tiempo, con tan poco gasto, como un gramA?fono Columbiaai???. ai???A?Desea usted vestirse al estilo americano y que sus trajes le cuesten menos que si se los confeccionara un sastre de su paAi??s?ai??? AsAi?? aparecAi??an dos de los cientos de anuncios publicados en La Hacienda. Obra mensual ilustrada sobre asuntos campestres y populares, revista que llegA? a MAi??xico durante los A?ltimos aAi??os del Porfiriato e incluAi??a noticias A?tiles para los agricultores, ganaderos y pA?blico en general.

Con un costo anual de tres pesos oro americanos, La Hacienda ofrecAi??a a sus lectores las A?ltimas novedades en diversos temas, como la calidad del maAi??z, la forma de cosechar el tabaco o el precio del cafAi??, pero tambiAi??n anuncios sobre los mA?s variados productos que dan cuenta de lo que la burguesAi??a porfiriana, a la cual estaba dirigida la revista, podAi??a consumir en el crepA?sculo del rAi??gimen.

constantino-columbia-11

La publicaciA?n, que contenAi??a ilustraciones, grA?ficos y fotografAi??as, empezA? a editarse mes a mes en la ciudad de Buffalo, N. Y., en 1906, con unas 30 pA?ginas foliadas de manera consecutiva de fascAi??culo en fascAi??culo. Se adquirAi??a mes a mes, pero tambiAi??n se podAi??a comprar en dos tomos con los primeros 24 nA?meros: ai???encuadernados con lujo inusitado [ai??i??] en ediciA?n uniforme, precisamente similares a los que existen en las bibliotecas privadas del Presidente DAi??az de MAi??jico [sic], Rey Alfonso de EspaAi??a y Presidente Reyes de Colombiaai???, rezaba el nA?mero 7 correspondiente a las Pascuas de 1908.

La distribuciA?n de La Hacienda nos interesa particularmente, pues se trataba de un impreso para un pA?blico latino que se distribuAi??a en varios paAi??ses hispanoamericanos, pero cuya caracterAi??stica principal era que se elaboraba e imprimAi??a en Estados Unidos, lo que deja ver la importancia que ese mercado tenAi??a para un sector de aquella naciA?n. ContenAi??a, ademA?s, una secciA?n de preguntas y respuestas, en la que lectores de paAi??ses como Puerto Rico, Santo Domingo, Ecuador, PerA?, Colombia y, por supuesto, MAi??xico, expresaban sus dudas sobre temas distintos.

AcompaAi??ando a los artAi??culos de fondo se insertaban, al principio y al final de la revista, unas 60 pA?ginas de anuncios que ofrecAi??an un panorama general de las novedades tecnolA?gicas y la moda. En suma, la publicaciA?n constaba de cerca de 100 pA?ginas por fascAi??culo, de las que casi dos terceras partes se destinaban a la comercializaciA?n de productos que prometAi??an hacer la vida mA?s fA?cil, cA?moda y disfrutable.

Podemos encontrar en La Hacienda publicidad acerca de objetos que ai???llegaron para quedarseai???, que vemos hasta nuestros dAi??as, como las mA?quinas de rasurar Gillete o los rifles Remington, que son, en esencia, la idea o la versiA?n pionera de productos que sobreviven con diseAi??os mA?s desarrollados y complejos.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

El gran circo Chiarini

Osiris Arista
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

EL CIRCO CHIARINI EN JAPAi??N

El Segundo Imperio Mexicano llegaba a su fin. Mientras el ejAi??rcito liberal dirigido por el general Porfirio DAi??az sitiaba la capital a mediados de 1867, los espectA?culos trataban vanamente de sobrevivir. Los asistentes eran tan pocos que todos acabaron por cerrar, menos el Gran Circo Chiarini que permaneciA? abierto, y el mismo 15 de julio, dAi??a de la entrada triunfal del presidente Benito JuA?rez, ofreciA? una funciA?n de gala en su honor.

Fue con la llegada en 1864 de Giuseppe Chiarini, un italiano nacido en Roma, quien habAi??a hecho varias giras por Europa, Argentina y el Caribe y que soAi??aba con recorrer todo el continente americano, cuando empezaron los ai???aAi??os doradosai??? del circo en MAi??xico. Un buen dAi??a, muy a tono con el espAi??ritu circense que lo apremiaba a visitar lugares insospechados, se le ocurriA? venir a nuestro paAi??s. A su arribo, se topA? con el reciAi??n proclamado Segundo Imperio, encabezado por Maximiliano de Habsburgo.

Jules Leotard

Su empresa presentabaAi??espectA?culos de categorAi??aAi??y muy refinados, sobreAi??todo si se les comparaba con los que hasta entoncesAi??se habAi??an presentado enAi??MAi??xico. Siendo ChiariniAi??el A?ltimo descendiente deAi??una importante dinastAi??aAi??circense italiana (de la queAi??existen noticias desde elAi??siglo XVI), quiso levantarAi??en el mismo zA?calo deAi??la capital mexicana unaAi??carpa de madera ai??i??firme,Ai??pero a la vez desmontableai??i??Ai??e izar en ella el pabellA?nAi??imperial; inclusoAi??proyectA? una decoraciA?nAi??interna sencilla y eleganteAi??que contemplaba la instalaciA?nAi??de un palco especialAi??para la pareja real. NoAi??consiguiA? sus propA?sitos,Ai??pero acabA? por instalarseAi??en la calle de San AgustAi??nAi??(hoy esquina de UruguayAi??e Isabel la CatA?lica), dondeAi??harAi??a una temporada.

El gran debut fue elAi??17 de octubre de 1864.Ai??La ai???crema y nataai??? de la sociedad mexicana dejA?Ai??de lado las funciones en los teatros mA?s lujosos eAi??importantes para presenciar el nuevo espectA?culo.Ai??Ese dAi??a, cientos de personas se quedaron afueraAi??por no obtener lugar. Estuvieron en el programaAi??Josephine y Katie, hija y esposaAi??de Giuseppe, quienesAi??realizaban ejercicios ecuestres; Palmyra HollowayAi??como amazona; los OrozcoAi??Brothers, gimnastas espaAi??oles;Ai??BenoAi??t Tourniaire, el primer malabarista hAi??picoAi??que contemplaron los mexicanos,Ai??y Verbut, trapecista.Ai??El Ai??xito fue arrollador.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.