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La formación del adolescente mexicano

Ivonne Meza Huacuja
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 44.

Con objetivos diferentes, durante el porfiriato y el proceso posrevolucionario los jóvenes pasaron a ocupar un lugar preponderante de caras al futuro de un país que apostaba por insertarse en el mundo. Las pedagogías estadounidense y francesa fueron el punto de encuentro que propició su despegue.

Alumnos de secundaria del Colegio Francés, 1928. Colección particular de Laura Suárez de la Torre.

Alumnos de secundaria del Colegio Francés, 1928. Colección particular de Laura Suárez de la Torre.

Aunque el término adolescencia puede encontrarse desde la antigüedad, no gozó de gran difusión sino hasta mediados del siglo xix, cuando fue redefinida a partir de los “descubrimientos” realizados por médicos, psicólogos y pedagogos estadunidenses. A grandes rasgos, el nuevo concepto resaltaba, como propios de los individuos de entre 11, 12 hasta 18 o incluso hasta 25 años (el rango de la edad cronológica variaba entre los autores), algunas características consideradas peligrosas para el orden social. Además de las transformaciones fisiológicas de la edad, la adolescencia fue descrita como un periodo de alteraciones, donde la rebeldía, el instituto gregario, el impulso sexual, así como la propensión al vicio justificaban su subordinación a la autoridad adulta y a instituciones especializadas en su tratamiento. A pesar de que esta nueva definición fue producto de la ideología protestante, de las transformaciones sociales y de la expansión de las ciudades en los Estados Unidos, fue recogida por autoridades y especialistas en otros países, y adaptadas a las expectativas, necesidades políticas y sociales de sus nuevos contextos.

Prototipos

Los esfuerzos por la reconfiguración de México como una nación moderna durante el porfiriato y los gobiernos de la posrevolución tuvieron efectos decisivos en la adopción y configuración de las nociones de adolescencia y de los prototipos de adolescentes en el país. Varios actores nacionales e internacionales intervinieron, con distintos significados sobre la adolescencia y los adolescentes, en profunda concordancia con nociones de ciudadanía propias de sus respectivas comunidades. Ministros católicos, normalistas, educadores, psicólogos, médicos y jóvenes estudiantes respondieron a los ideales de sus grupos de afiliación y sus proyectos religiosos, sociales y políticos a futuro. Posteriormente, juristas, partidos políticos, empresarios y medios de comunicación configuraron nuevos significados que coadyuvaron a la constitución de una vasta gama de significados sobre los adolescentes en nuestro país.

Aunque el término moderno y científico de adolescencia fue introducido en México por diversas vías, el papel de los misioneros protestantes resultó fundamental para su adopción y aplicación en el ámbito educativo a finales del siglo XIX y principios del XX. Además de pretender la adhesión de nuevos feligreses (y constituirse como fuerza que pudiera contener al catolicismo), a través de las misiones se buscó la regeneración de la sociedad mexicana por medio de la educación y la introducción de valores democráticos. Los adolescentes, constituyeron un sector que capturó la atención de estas congregaciones. Uno de los ejes fundamentales de su doctrina era el de la consciencia individual (individuos autónomos capaces por si mismos de decidir e intervenir en su propio destino) el cual concordaba (o incluso había inspirado) con algunos postulados de la psicología experimental con respecto a la adolescencia considerada como un periodo de autoexploración y formación de una identidad propia.

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Alumnas del colegio Franco-mexicano, ca. 1929. Colección particular de Laura Suárez de la Torre.

Para alcanzar su cometido las agrupaciones protestantes se empaparon con las investigaciones psicológicas, pedagógicas y médicas sobre los adolescentes y crearon instituciones especializadas en su formación física e intelectual como la YMCA, que ganó popularidad en México incluso entre jóvenes de familias católicas. De igual forma, destacados pedagogos como Andrés Osuna, Moisés Sáenz, José U. Escobar practicaron el protestantismo y fueron educados en escuelas normalistas de México y Estados Unidos. El gobierno de Porfirio Díaz recibió aquellas con beneplácito, pues constituían un símbolo de modernidad y cosmopolitismo para el país que proyectaba.

No resulta una coincidencia que, en la capital del país, la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), formadora de los futuros dirigentes del país, constituyera una de las primeras instituciones de educación formal que adoptara los conocimientos científicos sobre la adolescencia para transformar los programas de estudio. Desde su fundación en 1868, su orientación privilegiaba la enseñanza de las ciencias sobre las disciplinas humanísticas y desterraba los temas religiosos.

Posrevolución

Durante las siguientes décadas, como parte de la reorganización gubernamental posrevolucionaria, resurgió un creciente y paulatino interés por los adolescentes y la adolescencia
que incitó una serie de querellas por parte de distintos grupos antagónicos por el control de la formación de los futuros ciudadanos, observados como actores, líderes y defensores de los distintos proyectos de nación. La jurisdicción sobre la ENP, de los contenidos y la (in)disciplina de sus alumnos fue objeto de disputa entre las autoridades de la Secretaría de Instrucción Pública y luego, en 1921, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), con los directivos y alumnos de la Universidad Nacional, discrepantes de la intromisión gubernamental en decisiones consideradas de dominio propio. Los gobiernos posrevolucionarios consideraron a la ENP como reducto de la élite porfirista, la falta de apoyo de la mayoría de sus alumnos a la lucha revolucionaria e incluso su oposición a algunos proyectos culturales posrevolucionarios, como la destrucción de algunos murales en 1923 en el edificio de la preparatoria, contribuyeron a los fallidos intentos gubernamentales por su sujeción. Fue en 1926 cuando la ENP fue dividida en dos instituciones, los primeros tres años pertenecieron a la recién fundada escuela secundaria administrada por la SEP, mientras que los últimos dos permanecieron en manos de la Universidad.

Autoridades de la SEP, como el subdirector Moisés Sáenz, justificaron la creación de las secundarias argumentando la necesidad de establecer una escuela que respondiera a las capacidades intelectuales de los adolescentes. Basándose en pedagogos estadounidenses y franceses, así como en las junior high school del vecino país del norte, maestros y psicólogos mexicanos advertían preocupados el cambio abrupto entre los contenidos de la denominada escuela primaria superior y de la ENP y la alta exigencia de esta última, situación que representaba un estrés excesivo en los adolescentes que podría tener consecuencias en su correcto desarrollo físico y en la estabilidad emocional durante su adultez. Finalmente, se argumentó la falta de control de los maestros sobre los adolescentes de la ENP, así como los constantes abusos de los alumnos de mayor edad hacia los pequeños para justificar la mencionada separación.

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María Conesa encandila a la política mexicana

Andrea Chong Muñoz
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 44.

Desde Porfirio Díaz hasta Pancho Villa fueron deslumbrados por la artista española. A pesar de amenazas e intimidaciones, y la necesidad de ausentarse del país en algunas temporadas, logró preservar su espectáculo, sin importar las filias políticas.

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Retrato de María Conesa, fotografía en Teatros en México, Arte y Letras, 1911. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar–Instituto Mora.

Caos. Es la primera palabra que se formula en los labios de cualquiera que escuche hablar de la revolución mexicana. Sin embargo, en medio de las idas y venidas de los ejércitos, del miedo y de las balas que rozaban las cabezas de los incrédulos, los teatros estaban llenos de vida. Ya fuera el Colón, el Lírico o el Principal, ya fueran los oficiales o los soldados rasos, había una artista que nadie podía perderse, una pícara española que derrochaba alegría y podía salvar una vida con su sonrisa. Su nombre era María Conesa, “La gatita blanca”.

Corría el año 1910. María Conesa contaba apenas con 20 años y su popularidad en la ciudad de México desbordaba los teatros; nadie se le comparaba en la zarzuela del género chico, que incorporaba crítica política y social a la parodia y la picardía. Al mismo tiempo, las elecciones presidenciales estaban a la vuelta de la esquina. Porfirio Díaz se enfrentaba a Francisco I. Madero, a un contendiente que realizaba una campaña política en las poblaciones más importantes del país, algo antes nunca visto. Así que, mientras los tacones danzaban y las multitudes aplaudían, Madero era encarcelado en San Luis Potosí y la paz se restablecía. Por ello, no resulta extraño que Díaz, junto con su gabinete, asistiera dos veces al Teatro Principal para ver a aquella española de la que todo el mundo hablaba.

La primera ocasión ocurrió con motivo de la función organizada por estudiantes de preparatoria que buscaban obtener fondos para organizar un congreso y la segunda por el festejo de la independencia de México. Como el lector sabrá, la Constitución de 1857, lo mismo que la actual, prohibía realizar modificaciones a la bandera del país. Sin embargo, ya fuera por su simpatía, por su belleza o su habilidad artística, Conesa, quien vistió un traje de china poblana con el escudo nacional, en vez de ser regañada, recibió una foto autografiada por el presidente Díaz.

Como todos sabemos, la paz no fue eterna. Después de que se declarara a Díaz reelecto en octubre, Madero huiría de la cárcel y publicaría en Texas el Plan de San Luis, el cual llamaba al pueblo a tomar las armas el 20 de noviembre. María Conesa tenía su propio problema con el cual lidiar. Se la amenazaba con sisear durante sus funciones si no pagaba una suma de dinero mensualmente, se la intimidaba con manchar su reputación artística con el fin de conseguir unos cuantos pesos. Así que, mientras Madero pugnaba por la democracia y pedía el apoyo de sus conciudadanos, “La gatita blanca” debía defender quién era por medio de la policía.

Marzo de 1911. El movimiento maderista estallaba en todo el país, Pascual Orozco, Francisco Villa y Emiliano Zapata son solo los nombres de algunos de los combatientes más destacados. Dos meses después, tanto Madero como la Conesa triunfaban. El primero firmaba los Tratados de Ciudad Juárez el 21 de mayo y el pueblo tomaba la galería de la Cámara de Diputados tres días después, es decir, su victoria era completa. La segunda, con la ópera Aires de Primavera, con la que debutaba en el teatro Lírico, demostraba a todos, incluso a ella misma, que no era solo una artista que sabía cantar cuplés o bailar.

María Conesa con traje tradicional español, postal iluminada, ca. 1910. Tarjeta perteneciente al fondo pictográfico de Colecciones Especiales de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

María Conesa con traje tradicional español, postal iluminada, ca. 1910. Tarjeta perteneciente al fondo pictográfico de Colecciones Especiales de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Con Francisco León de la Barra como presidente interino (26 de mayo-6 de noviembre), el 7 de junio del mismo año hizo su entrada triunfal a la capital Francisco I. Madero. Es probable que el primer encuentro entre ambos personajes, de trayectorias distintas, ocurriera el 2 de julio, día en que en el palco del Principal, en medio de las actuaciones de Conesa, Madero le dedicara una fotografía a la artista. Durante ese año, el optimismo cundía en los corazones de los escritores, actores y espectadores del teatro. Porque, además, fue en ese momento cuando el Estado perdió el control sobre el teatro frívolo y, por fin, apareció la revista política de forma libre y sin censuras.

Basta con mencionar que, en septiembre, después de que en las semanas anteriores se crearan numerosos partidos políticos, la postulación de Bernardo Reyes por el Republicano se volvería tema de cuplé. Por ello, no es tampoco de extrañar que El Ahuizote del 16 de septiembre tuviera las siguientes letras impresas: “Ahora son los labios rojos de la Conesita que derraman sobre la derrumbada formalidad del divisionario candidato coplas de burlas y sarcasmos suaves como rasguñones de gatita”.

Las obras que se presentaban exhibían la creencia y el entusiasmo por la revolución; por ejemplo, la obra de teatro El surco, escrita por José F. Elizondo y José Rafael Rubio, que se estrenó en el Principal el 15 de septiembre y en la que actuó María Conesa, contaba con frases como: “Me gusta tu demócrata actitud” o “Acerque usted la urna de sus besos, que con los votos esos trastorna mi casilla electoral.” En una ciudad en que las prácticas democráticas se distinguían por el abstencionismo, el teatro servía ahora como portavoz de esa nueva fe o emoción en el proceso electoral.

¡Si tan solo la felicidad fuera eterna…! En noviembre, entre que Madero asumía su cargo el 6 y el 28, en que se enfrentaba al movimiento zapatista y a la publicación del Plan de Ayala, María Conesa tenía ante ella el teatro Principal prácticamente desierto por los levantamientos en contra del gobierno federal. Tanto para el presidente como para la artista, las cosas no iban bien y serían cada vez peores.

Sin posibilidades reales de realizar reformas sociales, unos meses después, en marzo de 1912, el ejército federal, liderado por Victoriano Huerta, tendría que enfrentarse al levantamiento norteño de Pascual Orozco y, el 21 de junio, Conesa viajaría a su tierra natal, España. En principio, la razón se debió al abandono de su público por los movimientos armados y a los reventadores que la obligaron a dejar el escenario el tres del mismo mes, pero también por la presión de Manuel Sanz, su esposo, dueño de haciendas pulqueras quien, a pesar de haberse enamorado de ella en el teatro, ya no aceptaba su permanencia en el mismo.

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Mariana Yampolsky. Los caminos por México

Arjen van der Sluis

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 41.

El México rural, su gente, sus tradiciones y cultura fueron el gran motor de la obra fotográfica de esta artista que desde su llegada al país a los 19 años lo hizo propio. Libros y exposiciones atestiguan varias décadas de trabajo centrados en mostrar y revelar el arte popular mexicano.

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Hay artistas cuya identidad creativa se forma y se fragua en medio de su propia cultura y raíces. Pero hay otras cuya sensibilidad gana empuje con la salida de su país de origen. Ese fue el caso de Mariana Yampolsky (1925-2002) quien nació en Chicago, Illinois, pero que a los 19 años –justo después de la muerte de su padre– decidió viajar a México para conocer de cerca a los artistas y corrientes artísticas de vanguardia para nunca más dejar al país. Se enamoró de la gente, del campo, los colores, las flores y la vida en México. Se integró tanto a su país de elección que decidió naturalizarse mexicana en 1958. Muy joven, y atraída por el muralismo mexicano y los movimientos artísticos progresistas, se integró al Taller de Gráfica Popular (TGP), un colectivo de artistas muy comprometidos con las causas populares y sociales mexicanas. La sensibilidad artística la cultivó desde sus estudios de literatura e historia del arte en Chicago y en México los continuó en La Esmeralda y en San Carlos. Fue una gran grabadora e ilustradora, sobre todo de libros para niños. A partir de los años sesenta, Mariana Yampolsky se dedicó por completo a la fotografía: su tema favorito era el campo mexicano y sus habitantes, muchas veces olvidados.

Siempre le cautivó viajar a lo largo y ancho de México. Acaso esta fascinación tenía que ver con los años de su infancia en la finca de sus abuelos, en Crystal Lake, ambiente rural, rodeado de ganado, sembradíos y trabajadores agrícolas. Durante los años cuarenta y cincuenta, Mariana emprendió largos viajes con amigos y colegas del Taller de Gráfica Popular, en tren, autobús, caballo o a pie. Durante los cinuenta, ella y sus colegas del Taller hicieron una caminata de varias semanas por las mixtecas de Oaxaca –Alta y Baja– desde el frío de Chicahuaxtla hasta el calor de Pinotepa Nacional. A partir de los años 1960, mejoraron las condiciones para viajar por el país, principalmente por la ampliación de la red carretera y el incremento de las líneas de autobuses. Mientras tanto, Mariana aprendió a manejar, compró su primer auto –un inglés, de marca Singer, de segunda mano– para el traslado en la ciudad y, sobre todo, para visitar las poblaciones cercanas. En esos mismos años, hizo un viaje en avioneta a Olinalá, población guerrerense enclavada en plena sierra, de muy difícil acceso por carretera…, siempre con su cámara fotográfica Rolleiflex. Tomó una gran cantidad de fotos de la muy reconocida artesanía de laca de Olinalá: baúles, charolas, platones, platos, vasijas, cajas, etc. Este viaje fue muy importante ya que el material recopilado sirvió de base para un gran libro encargado por el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, proyecto en el cual trabajó como asistente del editor. Fue asi que se publicó Lo efímero y eterno del Arte Popular Mexicano, en dos tomos. Tuvo dos ediciones, una en 1971 y la otra en 1974.

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El asistencialismo del segundo imperio para las viudas mexicanas

Ángela León Garduño
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 41.

Una mujer de familia rica que perdía a su marido joven a mediados del siglo XIX era seguro que pudiera sobrevivir. Pero para la mayoría de las mujeres pobres implicaba profundizar sus carencias. La búsqueda de apoyos de estas viudas desamparadas encontró en el régimen de Maximiliano algunos paliativos.

Los Mexicanos Pintados por sí mismos pp.226

En plena influencia de los Chicago Boys, la dictadura militar de Augusto Pinochet impuso al pueblo chileno en 1980 el Sistema Individual de Retiro. Este modelo, aún vigente, sustituyó al Estado como administrador de los ahorros de millones de personas, a través de instancias privadas llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Si bien se argumentó que la contribución de los trabajadores al Estado sería más eficiente al sustituir su papel por las AFP, siendo que estas captarían un porcentaje del salario de forma individual y aumentarían su rendimiento a partir de la inversión, el paso del tiempo demostró la incompatibilidad entre la forma operativa de las empresas y el manejo de los fondos de ahorro para el retiro.

En México, donde dicho sistema se estableció hacia 1990 con el nombre de Afores (Administradoras de Fondos para el Retiro), sus resultados siguen siendo tema de confrontación. Sin embargo, el problema se replica, aunque con diferencias, en países europeos como España, donde recientemente se realizó una gran manifestación para denunciar los intentos del gobierno de privatizar las pensiones y recortar su financiamiento público. Así, desde hace más de diez años, organismos internacionales como la cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) han alertado sobre lo que consideran un problema mundial para los trabajadores y las finanzas públicas. Advierten que la capacidad financiera de los Estados para subsidiar el sistema de seguridad social está siendo rebasada. Pero también señalan que el monto que los ciudadanos reciben por su jubilación, viudez o incapacidad, mediante entidades privadas, se ha vuelto insuficiente para cubrir necesidades básicas.

Aunque no pueden hacerse comparaciones con el sistema de ayuda social del siglo XIX, es interesante constatar que se trata de una problemática histórica que pocos a lo largo de los siglos, la idea de una supuesta incapacidad del género femenino para valerse por sí mismo fundamentó el dictamen de normas cuyo contenido buscaba limitar sus derechos y controlar su comportamiento. Así, durante el periodo colonial y la primera mitad del siglo XIX, las mujeres generalmente mantuvieron una relación de subordinación cimentada en una base legal y de tradición. Por ello, se administraban sus propiedades, se les prohibía adoptar conductas “indecentes” y se obstaculizaban sus posibilidades para ocupar cargos de gobierno.

A pesar de su situación, la mayoría de las mujeres se enfrentó a circunstancias que las dirigieron hacia otras opciones de vida, como la incorporación al mundo del trabajo y la administración de pequeños y grandes negocios. Además, el grado de dominación que se ejercía sobre ellas era determinado por su estado civil y condición socio económica, por lo cual las solteras, casadas y viudas recibían un trato distinto.

En el contexto colonial y durante el siglo XIX, las viudas fueron quienes aparentemente gozaron de mayor autonomía al quedar al margen de la autoridad patriarcal y ganar honorabilidad, pero, con excepción de quienes vivían de sus herencias o la ayuda de un pariente rico, las mujeres solas debían enfrentarse a constantes adversidades. Muchas veces ello significó buscar asilo en casas de recogimiento, depender de sus hijos o familiares, trabajar toda una vida como empleadas domésticas, costureras, lavanderas o cocineras y, en casos desesperados, ejercer la prostitución. En este contexto, recibir una pensión constituía un golpe de suerte para aliviar ciertas necesidades, pero en ese tiempo, como ahora, esta clase de transferencias económicas se limitaban a atender grupos muy específicos de la sociedad, desprotegiendo a la mayoría de quienes laboraban en sectores informales.

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Rubén Gámez y los gérmenes del cine experimental mexicano

Alejandro Gracida Rodríguez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  41

Un concurso que pretendía generar nuevos valores en la dirección del cine mexicano a mediados de los años sesenta permitió al público descubrir a este director sonorense. Severo consigo mismo, inconformista, creador solitario, su carrera profesional no pudo hacer pie después de que fuera premiado con La fórmula secreta. La profunda crítica social que reflejaban sus trabajos, mal vista en círculos gubernamentales y rechazada por las casas productoras, le terminó por cerrar puertas.

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El Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) lanzó la convocatoria al I Concurso de Cine Experimental de Largometraje el 8 de agosto de 1964. El objetivo del certamen radicaba en inyectar algo de vitalidad a una industria fílmica en franca crisis. Lejos se veía la pujanza productiva que había caracterizado a la llamada “época de oro” del cine nacional.

Las causas que habían llevado al estancamiento eran múltiples y profundas. Circunstancias como la corrupción de líderes sindicales, la reducción en presupuestos de producción por película, la asfixia que el monopolio del recién fallecido William O’Jenkins mantuvo sobre la exhibición, así como la creciente presencia de la televisión en los hogares, hacían que el panorama de la cinematografía mexicana, en conjunto, fuera prácticamente desolador.

Ante esta situación, las expectativas generadas por el concurso fueron elevadas ya que significaba, sobre todo, la inusual oportunidad de formar parte del hermético círculo de creadores cinematográficos, así como la posibilidad de explorar narrativas diferentes.

Entre las catorce producciones que fueron inscritas ante el jurado, La fórmula secreta, de Rubén Gámez, resultó la película ganadora del concurso. La decisión fue reñida y sorpresiva. Hasta entonces la imagen de Gámez no sobresalía en el medio cinematográfico ni en el intelectual, de hecho apenas contaba con un cortometraje medianamente exitoso. Sin embargo, su película sorprendía por ser una visión muy crítica y sui generis de las condiciones sociales del país, así como de la poderosa filtración del imperialismo cultural estadounidense.

El más sorprendido de todos fue el mismo vencedor. El nombre de Rubén Gámez cobraba una insospechada fama tras vencer a quienes él denominaba sarcásticamente como “los universitarios”, entre quienes se encontraban los directores Alberto Isaac, Juan Ibáñez, Juan José Gurrola y Manuel Michel, entre otros.

En sentido estricto, el filme de Gámez ganó porque fue el que mejor respondía al calificativo de “experimental” enarbolado por la convocatoria. Las imágenes que llenaron los 45 minutos de La fórmula secreta no sólo eran originales en técnica y narrativa para el cine nacional, sino que el ensayo resultó tan radical y sombrío que generó la incomodidad de muchas personalidades en los mundos de la cultura y la política, al grado de que algunos miembros del jurado decidieron dar a conocer los resultados antes de la premiación, por miedo a que las autoridades, tanto gubernamentales como sindicales, presionaran para revertir el veredicto final.

Pese a todas las vicisitudes y polémicas, el premio fue entregado a Rubén Gámez, quien de inmediato pasó a formar parte del selecto grupo de directores con licencia para filmar.

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Lucidez

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

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Cuando yo tenía sus edades muchachas, la palabra de un hombre ante una mujer era letra escrita, ni se olvidaba ni marchitaba, simplemente se cumplía, y si alguno quitaba el dedo del renglón y se apartaba, pasaba a ocupar el puesto de los irredimibles, irrecuperables y gruñones. A sus edades las puertas de las casas estaban abiertas porque nadie se atrevería a entrar sin antes pedir permiso. Los juguetes eran de madera o hechos a mano, llegaban una vez al año y debían durar hasta el próximo día de Reyes. Teníamos un solo par de tenis que no se cambiaba hasta que la suela tuviera más de tres hoyos, y una muda de ropa era la misma para cada fiesta. Escuchar radio era obligatorio, no había otra comunicación, a excepción del cine que lo veíamos en la carpa móvil los domingos y teníamos que cuidarnos de algunos que llegaban armados y hacían disparos al aire cuando alguna escena les gustaba. Con mis hermanos nos podíamos bañar en el agua de algún río, una cañada o bajo la lluvia porque nos quitaba lo sucio. A mi edad, y les hablo de más de cuatro veces la que ustedes llevan en su piel, los papás regañaban con la mirada, la voz alzada, un cinturón amenazante y quizá un buen tirón de oreja; en casa había alguien que nos esperaba con comida sabrosa a la salida de la escuela; los maestros tenían conocimiento de lenguaje, álgebra, geografía o matemáticas y usaban una varita, que no era para hacer magia, sino para aplicarnos un coscorrón cuando no prestábamos atención; se desayunaba café con leche, jugo o agua, y el refresco estaba prohibido; las chicas por entonces practicaban baloncesto y voleibol, o nadaban, aunque pocas. Al futbol o al tenis no le entraban. Si había algún amigo de lo ajeno no tardaba en disfrutar de su autorregalo que ya caía preso. Las noches por entonces tenían estrellas, lospájaros gorjeaban en las mañanas y al atardecer nuestras madres nos mandaban a llamar a gritos para que regresáramos de la calle. El tranvía o el camión pasaba por casa, nos llevaba y traía, y echábamos relajo con otros compañeros mientras el chofer nos miraba con desgano y ordenaba ubicarnos en el fondo del vehículo. Pero algún día vi que eso cambiaba, que la palabra de los hombres sí se marchitaba, que hubo que ponerle triple cerrojo a las puertas, que los Reyes Magos no llegaban, que la televisión pretendía sustituir al cine y hasta el agua de lluvia venía sucia. Cuando descubrí que nadie se inmuta si te desvalijan en la calle, que sólo el reloj despertador canta en las mañanas, el camión a veces ni se detiene y nuestros papás ya se fueron; yo, solito, tomé mis bártulos y quedé encerrado entre las paredes de este manicomio, para que el tiempo no me atrapara y mis hermanos que me trajeron hasta aquí disfrutaran de la herencia paterna. Prometí una sola cosa, muchachas, que sólo saldría al patio para contarles a ustedes estas locuras.

Recuerdos de infancia. Manicomio La Castañeda

Francisco Javier Castellanos Cervantes
Ciencias Odontológicas, Médica y de la Salud, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

Dos vivencias de la niñez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblemático en la atención de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva.

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Cincuenta y ocho años habían sido suficientes para que el Manicomio General La Castañeda pudiera lograr que la psiquiatría se profesionalizara en nuestro país. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida más llevadera. Sin embargo, también podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes convivían con los pacientes de forma cotidiana.

La Castañeda fungió por muchos años como una institución de beneficencia. Si bien es cierto que contaba con población pensionista que pagaba para recibir un trato mejor al de los demás, la mayor parte no podía hacerlo. Una gran parte de los internos eran llevados por sus familiares y la mayoría no volvía a salir de ahí y, aunque se sabe poco sobre los niños abandonados en este manicomio, fue un fenómeno relativamente común a mediados del siglo XX. El abandono se debía más que a un problema mental a una cuestión que hoy entra en el terreno de la teratología, esto es, a que algunos niños que nacían con malformaciones encontraban su destino dentro de los muros de La Castañeda.

El carácter de asistencia social del manicomio, acorde con un aparato de beneficencia que duró algunas décadas, también resuelve la interrogante de por qué muchas personas terminaban ahí dentro, pues la carga económica era un aspecto fundamental para que los familiares encontraran un alivio para sus bolsillos y para los malestares físicos de sus enfermos. Sin embargo, la carga social pesaba más que otros aspectos. El abandono era muy recurrente sin consideraciones de género o edad. En este contexto, los niños con malformaciones eran un peso que soportar y que motivaba a sus parientes a dejarlos en el hospital para que pudieran recibir algún tipo de tratamiento.

La infancia no escapó a la mirada eugenésica ni de higiene mental que seguía presente dentro de este tipo de instituciones, ni desde luego de muchas prácticas como la psicometría que se orientó a marcar un cambio en quienes serían futuros ciudadanos. La higiene mental fue la principal herramienta con la que se trabajaba en la psique del niño para poder prevenir desviaciones y desequilibrios, los que se pensaba derivarían en una persona perversa, alienada o criminal. La misma situación se podía ver en la población adulta: desde el retraso mental hasta la imbecilidad o idiotez eran nombres con los que se designaba a varias “enfermedades” mentales y eran motivo de reclusión.

Los textos que se presentan a continuación constituyen una visión poco usual. Son los recuerdos de dos personas que crecieron en el manicomio y para quienes este espacio era algo natural; con personas que catalogan como “diferentes” pero nada más, pues en su momento no comprendían la magnitud de sus padecimientos. Sin embargo, al ser entrevistados, sí mostraron mucha reserva para hablar del que llaman el pabellón de niños, donde la mayoría de sus habitantes no pasaba de los dos años de edad, siendo algunos recién nacidos y su problema un impedimento físico.

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17. MAi??xico y los mexicanos en las pA?ginas de National Geographic (1910-1919)

Laura MuAi??oz /Ai??Instituto Mora
Revista Bicentenario #17

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MAi??xico es, sin duda, uno de los paAi??ses que mA?s ha llamado la atenciA?n de la revista National Geographic a lo largo de susAi??mA?s de cien aAi??os de vida. Enorme cantidad de artAi??culos sobre nuestro paAi??s lo confirman. Si tomamos en particular el periodo que va de 1910 a 1919, encontraremos mA?s de 20 artAi??culos publicados como resultado de ai???la gran demanda de informaciA?n sobre MAi??xicoai??? que recibAi??a la revista, de acuerdo con lo dicho en el nA?mero de mayo de 1914. Estando el paAi??s en medio de una revoluciA?n, A?quAi?? les interesaba a los editores dar a conocer sobre MAi??xico? A?QuAi?? tipo de informaciA?n se ofrecAi??a? A?QuAi?? estrategias se siguieron para ofrecer determinadas imA?genes a los lectores?

MAi??xico, el paAi??s vecino

El primero de los 22 artAi??culos publicados en la dAi??cada seleccionada apareciA? en agosto de 1910, muy cerca de las fiestas del Centenario. El A?ltimo en octubre de 1919. A travAi??s de 379 fotografAi??as y mA?s de 500 pA?ginas, National Geographic muestra a sus suscriptores en Estados Unidos una versiA?n de MAi??xico y los mexicanos. Dice que MAi??xico es un paAi??s de contrastes. Contrastes entre lo moderno y lo antiguo; entre los distintos sectores sociales; entre los diversos grupos econA?micos; entre los diferentes climas y paisajes. Esta idea subyace en los relatos de textos y fotografAi??as. No obstante, en ambos campos, pero mA?s en las fotografAi??as, se privilegia el deseo de mostrar lo menos cercano (para los estadunidenses), las escenas que muestran el atraso, las reliquias del pasado, como seAi??ala el nA?mero de diciembre de 1910. La imagen de los mexicanos en las fotografAi??as es la de gente humilde y trabajadora, en su mayorAi??a habitantes del campo, y cuando se los ve en las ciudades, son vendedores de productos artesanales. De las ciudades no se ven los edificios modernos, excepto un plano general del de Correos, mA?s bien son escenario para enmarcar a esos habitantes pintorescos que aparecen en primer plano arreando burros cargados de bultos, o que transitan por las calles. Las mujeres casi siempre llevan rebozo. Pero las que seducen a los fotA?grafos, por su belleza y joyerAi??a, son las llamativas tehuanas, ejemplo de exotismo. En las casi cuatrocientos fotografAi??as no encontramos retratos de ningA?n miembro de la Ai??lite econA?mica, ni de la polAi??tica o la intelectual.

Los artAi??culos

En todos los artAi??culos, dedicados casi siempre a unAi??tema particular, se manifiesta la fascinaciA?n de losAi??viajeros y fotA?grafos ante el paAi??s y su gente, la riquezaAi??del territorio, la variedad de productos agrAi??colasAi??y minerales, la diversidad de especies de aves, de climasAi??y de vegetaciA?n (los cactus son particularmenteAi??atrayentes); la posesiA?n de A?reas estratAi??gicas paraAi??la comunicaciA?n (como el istmo de Tehuantepec),Ai??el potencial para el desarrollo comercial, la tierraAi??fAi??rtil. En esos textos se advierte, tambiAi??n, la admiraciA?nAi??que producen los espectaculares vestigios arqueolA?gicos,Ai??huellas de culturas avanzadas y atractivoAi??para los turistas. FotografAi??as a pA?gina completaAi??permiten observar, en primeros planos, basamentosAi??piramidales, estelas, restos de edificaciones enAi??Mitla, TeotihuacA?n o Xochicalco. Los tAi??tulos de losAi??artAi??culos indican la orientaciA?n de cada uno. ConAi??una rA?pida ojeada el lector percibe que los tAi??tulos se refieren, en primer lugar, a los recursos naturalesAi??y despuAi??s a las maravillas del MAi??xico antiguo.Ai??En correspondencia, los contenidos se centran enAi??las posibilidades agrAi??colas de MAi??xico, se refieren aAi??las escenas que se desarrollan en diversas actividadesAi??econA?micas, detallan las caracterAi??sticas del territorioAi??nacional, mencionan lo que se puede encontrar enAi??Ai??l (desiertos, haciendas, jardines divididos por canalesAi??de agua), y enfatizan los distintivos de cada sitioAi??arqueolA?gico (las tallas en piedra, la raza olvidadaAi??de la misteriosa ChichAi??n ItzA?, el lustre del MAi??xicoAi??antiguo).

MAi??xico es el paAi??s vecino. Y de acuerdo con losAi??adjetivos utilizados hasta el cansancio, es un paAi??sAi??interesante, con tesoros maravillosos y paisajes fantA?sticos,Ai??o pintorescos. Es romA?ntico, es misterioso.Ai??Pero no todo es enamoramiento, los pies de fotoAi??son el espacio utilizado para hacer comentarios deAi??distinta Ai??ndole, muchas veces insidiosos. Como elAi??que acompaAi??a a la imagen publicada en el nA?meroAi??de julio de 1916 con el tAi??tulo ai???Casa en el campoAi??cerca de CA?rdobaai???. En ella aparecen, en primer plano,Ai??cuatro personajes, dos adultos y dos menores,Ai??de los que se dice son una familia campesina que,Ai??como buena parte de la poblaciA?n en MAi??xico, poseeAi??muy pocas cosas. La leyenda afirma: ai???los bueyesAi??bien alimentados de las haciendas no se sentirAi??anAi??orgullosos de que los hambrientos peones sean consideradosAi??sus igualesai???. A?A quAi?? responde ese comentario?Ai??A?QuAi?? se quiere evidenciar?

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.30.31En algunos casos, encontramos en esos pies deAi??foto comentarios de admiraciA?n. Por ejemplo, paraAi??los tarahumaras. Junto a unaAi??imagen sin autor (que ha sidoAi??atribuida a C. B. Waite), en laAi??que un grupo de tarahumarasAi??posan para el fotA?grafo, mirandoAi??a la cA?mara, se les reconoceAi??por su resistencia fAi??sica y suAi??capacidad para correr, tantoAi??de hombres como de mujeres.Ai??TambiAi??n por el volumen deAi??producciA?n de plata que hizoAi??de MAi??xico uno de los paAi??sesAi??que mA?s contribuyA? a la producciA?nAi??mundial ai??i??la imagenAi??muestra una vista de un pobladoAi??minero, La Luz, cerca de Guanajuato, queAi??contrasta visiblemente por su pobreza. Y, en otros,Ai??se percibe la nostalgia por Porfirio DAi??az, bajo cuyaAi??administraciA?n el paAi??s tenAi??a calma y estaba en vAi??asAi??de progreso; o se hace referencia a la ultramodernaAi??ciudad de MAi??xico, en la que se podAi??a pasar del sigloAi??XVI al XX al cruzar una calle. Esto A?ltimo, es lo queAi??dice el pie de foto que acompaAi??a la fotografAi??a delAi??edificio de correos, la A?nica que muestra algo de laAi??modernidad de MAi??xico de la que a veces se habla.

Los autores

En cuanto a los autores de los artAi??culos, encontramosAi??a antiguos representantes consulares de EstadosAi??Unidos en MAi??xico (como E. H. Thompson o FrederickAi??Simpich); otros eran ingenieros vinculados aAi??compaAi??Ai??as mineras (entre ellos Walter W. Bradley),Ai??visitantes estadunidenses que recorrAi??an las haciendasAi??adquiridas por compaAi??Ai??as de connacionales (esAi??el caso de J. E. Kirkwood), o eran funcionarios delAi??departamento de Agricultura del paAi??s vecino (E. W.Ai??Nelson). No faltaron fotA?grafos, reporteros, comerciantes,Ai??viajeros particulares, es decir, una legiA?n deAi??estadunidenses que se desplazaron por el territorioAi??nacional, de norte a sur, del golfo al PacAi??fico, haciendoAi??levantamientos e inventarios de lo que podAi??aAi??verse en Ai??l y sus instantA?neas muestran un recorridoAi??por un paAi??s rico, poco poblado y agradable tantoAi??para turistas A?vidos de conocer lugares diferentesAi??como para inversionistas en busca de A?reas atractivasAi??para sus capitales. Entre los fotA?grafos aparecenAi??mA?s de quince nombres (entre ellos James H. Hare,Ai??John H. Hall, C. M. Tozzer,Ai??Franklin Adams y tresAi??mujeres: Helen Olsson-Ai??Seffer, Harriet ChalmersAi??y Janet M. Cummings).

Esos fotA?grafos queAi??podAi??an ser particulares oAi??funcionarios del gobiernoAi??estadunidense, miembrosAi??de su ejAi??rcito o de compaAi??Ai??as,Ai??como UnderwoodAi??and Underwood o Galloway,Ai??reprodujeron porAi??decenas escenas pintorescas, paisajes rurales, retratosAi??de pobladores de diversos puntos de la RepA?blicaAi??mexicana, trabajadores en sus faenas. TambiAi??nAi??propagaron imA?genes emblemA?ticas de la arquitecturaAi??antigua (Mitla, Chichen ItzA?, TeotihuacA?n,Ai??Xochicalco). National Geographic publicA? esas fotografAi??asAi??desplegadas a pA?gina entera en la mayor parteAi??de los casos y distribuidas en diversos artAi??culos,Ai??de tal suerte que un conjunto de fotografAi??as dedicadasAi??a un tema particular, por ejemplo, a los volcanesAi??de MAi??xico, no sA?lo estA?n en el artAi??culo especAi??fico,Ai??sino aparecen en ese y otros.

Las fotografAi??as

En las fotografAi??as de gran tamaAi??o, ademA?s de lasAi??vistas rurales, bucA?licas e idAi??licas, y de los paisajesAi??imponentes, tomados desde cierta altura, en generalAi??vacAi??os de gente, pero siempre evidencia de la fertilidadAi??de los suelos y de los diversos cultivos agrAi??colas,Ai??predominan los personajes tAi??picos por su atuendoAi??y oficio. Esos personajes eran ya conocidos por haberseAi??difundido en las revistas ilustradas publicadasAi??despuAi??s de los aAi??os 30 del siglo XIX, productoAi??del trabajo de artistas mexicanos. Por ejemplo en elAi??libro titulado Los mexicanos pintados por sAi?? mismosAi??y, luego, en MAi??xico y sus alrededores. Los fotA?grafosAi??extranjeros que visitaron o vivieron en MAi??xico enAi??la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX,Ai??se encargaron de retomar esas imA?genes y de multiplicarlasAi??y distribuirlas, a travAi??s de postales, en lasAi??que a diferencia de las litografAi??as que les sirvieronAi??de modelo, acentuaron los rasgos de pobreza y desaliAi??oAi??de muchos de los tipos mexicanos que popularizaron.Ai??Es sabido que gran parte de esas postalesAi??eran mercadeadas por la Sonora News Company.Ai??National Geographic, con su creciente circulaciA?n,Ai??contribuyA? a difundirAi??esas imA?genes.

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La selecciA?nAi??de las fotografAi??asAi??hecha por losAi??editores de NationalAi??GeographicAi??parece obedecerAi??al deseo de ilustrarAi??los textos,Ai??utilizando lasAi??imA?genes con lasAi??que contaba laAi??revista, suministradasAi??mediante regalos o por compra, pues en esa Ai??poca la revistaAi??no contaba todavAi??a con su propio equipo de fotA?grafos.Ai??Varias de las incluidas en un artAi??culo estA?nAi??relacionadas con el tema del mismo, pero otras sonAi??de lugares distantes o sin relaciA?n con el contenido.Ai??Los pies de foto, de diversa extensiA?n, contribuyen aAi??subrayar lo que se quiere mostrar con determinadasAi??imA?genes.

Sobre los temas de las fotografAi??as, ya se ha dichoAi??cuA?les son los dominantes. Falta aAi??adir que algunosAi??asuntos que no mencionan los textos de los artAi??culosAi??estA?n abordados en las imA?genes, como la deportaciA?nAi??de indios yaquis, los festejos del Centenario,Ai??la revuelta de Pascual Orozco y la expediciA?n punitivaAi??que perseguAi??a a Villa. La particularidad es queAi??si bien esos temas aparecen en las imA?genes, Ai??stas seAi??incluyen en nA?meros cuya publicaciA?n es posteriorAi??al momento en el que ocurrieron los hechos. LasAi??fotografAi??as del trasladoAi??de yaquis a la penAi??nsulaAi??yucateca se publicanAi??en diciembre de 1910,Ai??las del desfile con motivoAi??de las fiestas delAi??centenario en mayo deAi??1911, la que muestraAi??a las tropas de OrozcoAi??en 1914. Es decir, unAi??aAi??o o dos despuAi??s deAi??los acontecimientos.Ai??En cambio, en julio deAi??1916 National GeographicAi??incluyA? fotografAi??asAi??que muestran al ejAi??rcito estadunidenseAi??en la expediciA?n punitiva,Ai??apenas cuatro meses despuAi??s deAi??iniciada.

El Centenario y la revoluciA?n

En torno a la celebraciA?n del centenarioAi??de la independencia deAi??MAi??xico solamente encontramosAi??nueve fotografAi??as. Las tres primerasAi??son de cadetes en uniformeAi??de gala. Son diferentes tomas deAi??alumnos del Colegio Militar, elAi??West Point de MAi??xico. Un nutridoAi??pA?blico en ambas aceras de una calle observa elAi??desfile de la caballerAi??a de ese colegio en una de esasAi??fotografAi??as que ocupa toda la pA?gina. En las siguientes,Ai??mA?s pequeAi??as, los cadetes se ven formandoAi??vallas en diferentes puntos de la ciudad. El pie deAi??foto indica que la fama de estos ai???que defendieronAi??el Castillo de Chapultepec del ejAi??rcito americano esAi??histA?ricaai???. Varias pA?ginas mA?s adelante el lector seAi??encuentra con otras fotografAi??as alusivas al desfile, laAi??mayorAi??a de gran tamaAi??o, en las que varios personajesAi??representan a los antiguos mexicanos, portandoAi??atuendos vistosos y tocados de plumas. SegA?n losAi??pies de foto, esos individuos eran ai???descendientes deAi??aquellos a quienes representabanai???.

En cuanto a las imA?genes sobre la lucha armada,Ai??son muy pocas y sin explicaciA?n de por quAi?? fueronAi??elegidas esas en particular. La que encabeza aquellasAi??que tocan de alguna manera el tema de la guerraAi??es una imagen, acreditada a Aultman y Dorman,Ai??publicada en mayo de 1914, que muestra a parte deAi??las tropas de Pascual Orozco. DespuAi??s, observamosAi??a un tAi??pico revolucionario. Se trata de una imagenAi??atribuida a Shirley C. Hulse en la que aparece unAi??jinete ai??i??con sombrero y cananasai??i?? posando para laAi??cA?mara. El pie de foto informa que fue tomada aAi??peticiA?n del retratado. Hulse es, asimismo, autor deAi??varias fotografAi??as publicadas en la revista. En unaAi??de ellas aparecen, en primer plano, dos soldaderasAi??viendo a la cA?mara, que las capta caminando al ladoAi??de los soldados federales a los que acompaAi??an. PortanAi??sombrero y el rebozo amarrado, cargando probablementeAi??a sus hijos.

En el mismo nA?mero de 1914 hay un par de fotografAi??as,Ai??sin autor, en que se muestra primero unaAi??campana y, en la siguiente, un caAi??A?n. La leyenda alAi??pie de esta segunda fotografAi??a informa que ese caAi??A?nAi??fue construido con el material de la campana.Ai??Es decir, no hay ningA?n comentario adicional, niAi??positivo ni negativo, de lo que ocurre en MAi??xico.

De igual manera, dos aAi??os despuAi??s, sin relaciA?nAi??con el tema del artAi??culo, de julio de 1916, se incluyenAi??varias imA?genes en que se alude a la persecuciA?nAi??a Villa tras su incursiA?n a territorio de Estados Unidos.Ai??Por ejemplo, encontramos dos del capitA?n D.Ai??H. Scott del ejAi??rcito estadunidense, que muestranAi??a las tropas de ese ejAi??rcito acampando al sur de Columbus.Ai??Los pies de foto describen el paisaje dondeAi??se asientan los campamentos. Los textos aludenAi??a las condiciones en que viven temporalmente losAi??soldados. En ese nA?mero hay dos de la compaAi??Ai??aAi??Underwood and Underwood, en que vemos trenesAi??con tropas mexicanas. La primera es una imagendividida en dos por la vAi??a del tren. A la izquierdaAi??las tropas de Estados Unidos esperan al borde deAi??la vAi??a. A la derecha, el tren estacionado en otra vAi??aAi??tiene su techo cubierto por tropas mexicanas. En la segunda, en primer plano aparece un tren conAi??el techo tambiAi??n cubierto por tropas mexicanas.Ai??AquAi?? sobresalen varias mujeres, algunas viendo a laAi??cA?mara. Se seAi??ala el hecho de que en todos los campamentosAi??se encontraba siempre ai???una secciA?n paraAi??que las mujeres y los niAi??os vivieranai???. En conjunto yAi??por su nA?mero, el tema de la expediciA?n es el centralAi??en las imA?genes publicadas.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.31.15La mirada de National Geographic

El conjunto de artAi??culos, fotografAi??as y pies de fotos,Ai??enmarcados por los tAi??tulos escogidos, muestranAi??cA?mo la revista National Geographic mantuvo suAi??mirada en los tesoros de su vecino MAi??xico, transmitiendoAi??una imagen de tranquilidad apenas alterada,Ai??pareciera ser, por algunos acontecimientos violentos,Ai??como si estos fueran aislados y no llegaran aAi??causar inestabilidad. La percepciA?n prevalecienteAi??es la de un MAi??xico que se hubiera detenido en elAi??tiempo, en el periodo previo a la revoluciA?n. En losAi??textos no se habla de la lucha, en las fotografAi??as escasamenteAi??se asoma y, no es, por lo tanto, suficienteAi??para cambiar la representaciA?n de MAi??xico. CuandoAi??en octubre de 1919 se publica el A?ltimo artAi??culoAi??analizado, MAi??xico estaba cerca de cumplir una dAi??cadaAi??en armas, pero National Geographic se habAi??aAi??esmerado en no mostrar esto.

PARA SABER MA?S:

ai???La tarjeta postalai??? en Artes de MAi??xico, nA?mero 48, Conaculta,Ai??1999.

Arturo Guevara Escobar, FotA?grafos de la RevoluciA?n,Ai??http://fotografosdelarevolucion.blogspot.com/

National Geographic en http://ngm.nationalgeographic.com/

MarAi??a Esther PAi??rez Salas, Costumbrismo y litografAi??a enAi??MAi??xico: un nuevo modo de ver, MAi??xico, UNAM-Instituto deAi??Investigaciones EstAi??ticas, 2005.

Ai??

LA CAPIROTADA EN MÉXICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX


Entre pucheros anda el Señor

Santa Teresa de Jesús

Dentro de la tradición religiosa mexicana se señalan las épocas en que ciertos platillos deben de elaborarse. Esta costumbre, severamente regida por la iglesia, ha marcado con claridad lo que se debe comer durante la Cuaresma: caldos de habas y lentejas y dada la prohibición de consumir carne: pescado y mariscos. Para los postres había también una especie de legislación; por ser una época de contrición tenían que ser humildes, aunque no por eso menos ricos. La capirotada fue así el postre por excelencia y a diferencia de hoy en día, considerada como un guiso de pobres.

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Con el nombre de capirotada se distinguían en el siglo XIX diversas variantes de sopa, cuyo ingrediente común era el pan tostado. Había, de acuerdo al Nuevo Cocinero Mexicano: capirotada de menudo; francesa (puerco, carnero y jamón); de calabacitas; nabos; papas y de dulce, de la que proporcionamos la receta:

Se fríen en manteca unos ajos picados; y al dorarse se hacen a un lado; en la misma manteca se fríe cebolla picada: se echa después jitomate molido y se fríe también revuelto con la cebolla y el ajo; en seguida se añade el agua suficiente con pimienta, clavo y cominos molidos, y un poco de azúcar, según el gusto de los convidados. En otra cazuela con manteca, se fríe el pan y se van acomodando capas de tostadas de pan, que se humedecen con el caldillo que se hizo aparte, revolviéndolo bien para echarlo, y cubriéndose el pan con unas ramitas de perejil y apio, picadas muy menudas, pasas, almendras, nueces, piñones y queso rallado, siendo la última cama de pan. Se deja hervir hasta que la sopa quede de una consistencia regular, y se aparta: cuando se aplaque el hervor, se cubre todo con queso rallado, que no deberá hacer una capa gruesa, y se le pone encima un comal con lumbre para que se dore.

La capirotada, un postre para la Cuaresma, se siguió preparando en el siglo XX y es hoy un complemento culinario muy sabroso. Tenemos aquí una receta del siglo XX:

Ingredientes: A? de kilo de pan blanco duro; A? de kilo de piloncillo; 100 gramos de queso añejo; manteca (la necesaria); 1 raja de canela; nueces, cacahuates y pasas al gusto. El pan se rebana y dora en manteca. En una taza de agua se pone el piloncillo y la canela y deja hervir para obtener un almíbar. En un recipiente refractario se ponen rebanadas de pan y cubren con el almíbar, el queso desmoronado, las pasas, los cacahuates y los trozos de nuez. Se pueden alternar varias capas. Se mete el recipiente en el horno a calor medio, para que se dore, de 15 a 20 minutos aproximadamente. Se sirve caliente o fría, según se prefiera.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.16.40En la actualidad se sustituye la manteca por mantequilla o margarina. En el norte de México hay capirotada hecha con patoles (frijol blanco o alubia) y otra con garbanzos. Ambos tipos cobran en aquella región una peculiar personalidad.

Ingredientes: A? de patoles o garbanzos, 1 lata de leche condensada, ron, whiskey o coñac, piñones, nueces o coco rallado. Los demás ingredientes son los mismos que en la receta anterior, suprimiendo el almíbar de piloncillo. Se cuecen los patoles o garbanzos, se enfrían y muelen con leche condensada hasta hacer una pasta no muy espesa. En un molde se coloca el pan blanco frito y rocía con el alcohol, luego se vierte la pasta de los patoles o garbanzos, se les añade un puño de piñones, nueces y coco rallado. Se coloca otra capa de pan y se realiza la misma operación, se deja enfriar y mete al refrigerador.

Así que para esta época de Cuaresma: ¡buen apetito!

Francisco Durán, Guadalupe Villa
 

El Heraldo de México: la historia del periódico que impuso la modernidad industrial

Mario Ortiz Murillo – Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 15.

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El nacimiento de El Heraldo de México irrumpió en los esquemas del periodismo industrial del último tercio del siglo XX. Conocer su legado puede ayudar a entender la génesis en la renovación del diseño y calidad en la impresión de la gran prensa capitalina contemporánea, en que se privilegia la imagen sobre el texto. El Heraldo fue el germen del diarismo visual que hoy impera en México. A fines de 1965, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz capitalizaba el último tramo del desarrollo estabilizador y el “milagro mexicano” y las promesas de los regímenes posrevolucionarios: estabilidad económica y paz social. La prensa en los sesenta era condescendiente y reproducía el autoritario discurso de los gobiernos emanados de la revolución mexicana sin contrapesos de opinión. En realidad, predominaba una prensa muy homogénea entre sí.

El Heraldo de MAi??xico

Justo durante los primeros meses del arribo de Díaz Ordaz a la presidencia, surgieron nuevos diarios en la capital de la república que muy pronto marcarían la diferencia respecto al formato monocromático dominante hasta entonces: El Sol de México y El Heraldo de México. Eran la manifestación de la modernidad tecnológica en la prensa nacional, el comienzo de una tendencia de la prensa industrial presente hasta nuestros días, en que la imagen gradualmente se impone sobre el texto. Ambos medios impresos pertenecieron, coincidentemente, a empresarios poblanos, durante el nacimiento del régimen de un presidente oriundo de Puebla.

El Heraldo de México, en particular, irrumpió en el mercado diarístico nacional como uno de los líderes en innovaciones tecnológicas, coberturas informativas y diseño editorial. Su circulación fue ininterrumpida, del 9 de noviembre de 1965 al 19 de noviembre de 2003. Destacó como una empresa editorial a la que sus propietarios inyectaron un gran capital, lo que permitió la construcción de un edificio en la colonia Doctores, la contratación de recursos humanos y servicios informativos, la adquisición de la tecnología más vanguardista en el mundo, entre la que destaca la compra de rotativas Goss-Urbanite, especializadas en procesos de impresión en offset a color.

De taquillero a voceador

Los antecedentes de El Heraldo son peliculescos, pues del negocio de vender las entradas al cine provenía la fortuna que, años después, permitiría a Gabriel Alarcón Chargoy, empresario poblano (aunque nacido en Tianguistengo, Hidalgo), hacerse de un periódico. EL FIN DEL COMUNISMO (375x500)En 1938 se asoció con William Óscar Jenkins para construir la primera sala de su cadena: el cine Reforma, en la capital de Puebla. Durante las décadas de la llamada Aépoca de oro de la cinematografía nacional, luego de que su Cadena de Oro, la más importante de América Latina, y sus 385 salas, ubicadas en las mejores plazas a nivel nacional, concentró con la Compañía Operadora de Teatros (COTSA), operada por Manuel Espinosa Iglesias, la mayor parte del mercado de los cines en México.

En 1960, el gobierno de Adolfo López Mateos decretó la expropiación de estas empresas privadas que habían convertido en monopolio la exhibición, propiciando que Espinosa Iglesias y Alarcón, discípulos y socios del multimillonario William O. Jenkins, cuando éste era el mandamás de los dos grupos de exhibición cinematográfica en México, buscaran refugio en otras actividades. El primero, ya con antecedentes en el sector bancario, optó por concentrarse en la actividad financiera, en tanto que el segundo, sin resignarse a estar lejos del mundo de la farándula, la vida social y el contacto directo con el poder, consideró la idea de hacer su propio diario.

Había varios factores que hacían viable este proyecto. Tras el revés de la expropiación, un clima político más favorable se aproximaba. Resultaba insoslayable desaprovechar la coyuntura política en que Díaz Ordaz, poderoso secretario de Gobernación, amigo y paisano, se perfilaba como el aspirante con mayores posibilidades para llegar a la silla presidencial. Eran condiciones idóneas para que Alarcón se sintiera alentado a erigir su periódico, especialmente cuando el cuarto poder ejercía influencia significativa en amplios sectores de la opinión pública; concentrarse en una empresa que restituyera su liderazgo en el sector y lo acercara a las crápulas del poder. De esta forma podría reivindicarse ante la opinión pública del amargo recuerdo de que se le hubiera señalado como el autor intelectual de la muerte del líder del Sindicato de Trabajadores de la Cinematografía, Alfonso Mascaría, el 10 de agosto de 1954. Justo entonces Gabriel Alarcón había conocido de cerca el poder de la prensa; así, según diversas fuentes, una vez absuelto de aquel proceso judicial, que gracias a los periódicos sembró la sospecha de su responsabilidad, prometió a los reporteros que habían dado seguimiento al caso que algún día sería el dueño de un periódico. Con el propósito de limpiar su nombre y además, ejercer el poder a través de un medio de comunicación, el otrora magnate de las salas cinematográficas no escatimó en gastos y apostó una cuantiosa inversión de siete millones de pesos para materializar el sueño de poseer un periódico. Alarcón no era un hombre improvisado si se trataba de invertir su capital y tomó sus previsiones para alcanzar la rentabilidad de un negocio tan inestable en el corto plazo y en teoría constituía una verdadera aventura, considerando que su experiencia de vender entradas de cine y palomitas era muy distinta a editar diarios.

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