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Lucidez

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

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Cuando yo tenía sus edades muchachas, la palabra de un hombre ante una mujer era letra escrita, ni se olvidaba ni marchitaba, simplemente se cumplía, y si alguno quitaba el dedo del renglón y se apartaba, pasaba a ocupar el puesto de los irredimibles, irrecuperables y gruñones. A sus edades las puertas de las casas estaban abiertas porque nadie se atrevería a entrar sin antes pedir permiso. Los juguetes eran de madera o hechos a mano, llegaban una vez al año y debían durar hasta el próximo día de Reyes. Teníamos un solo par de tenis que no se cambiaba hasta que la suela tuviera más de tres hoyos, y una muda de ropa era la misma para cada fiesta. Escuchar radio era obligatorio, no había otra comunicación, a excepción del cine que lo veíamos en la carpa móvil los domingos y teníamos que cuidarnos de algunos que llegaban armados y hacían disparos al aire cuando alguna escena les gustaba. Con mis hermanos nos podíamos bañar en el agua de algún río, una cañada o bajo la lluvia porque nos quitaba lo sucio. A mi edad, y les hablo de más de cuatro veces la que ustedes llevan en su piel, los papás regañaban con la mirada, la voz alzada, un cinturón amenazante y quizá un buen tirón de oreja; en casa había alguien que nos esperaba con comida sabrosa a la salida de la escuela; los maestros tenían conocimiento de lenguaje, álgebra, geografía o matemáticas y usaban una varita, que no era para hacer magia, sino para aplicarnos un coscorrón cuando no prestábamos atención; se desayunaba café con leche, jugo o agua, y el refresco estaba prohibido; las chicas por entonces practicaban baloncesto y voleibol, o nadaban, aunque pocas. Al futbol o al tenis no le entraban. Si había algún amigo de lo ajeno no tardaba en disfrutar de su autorregalo que ya caía preso. Las noches por entonces tenían estrellas, lospájaros gorjeaban en las mañanas y al atardecer nuestras madres nos mandaban a llamar a gritos para que regresáramos de la calle. El tranvía o el camión pasaba por casa, nos llevaba y traía, y echábamos relajo con otros compañeros mientras el chofer nos miraba con desgano y ordenaba ubicarnos en el fondo del vehículo. Pero algún día vi que eso cambiaba, que la palabra de los hombres sí se marchitaba, que hubo que ponerle triple cerrojo a las puertas, que los Reyes Magos no llegaban, que la televisión pretendía sustituir al cine y hasta el agua de lluvia venía sucia. Cuando descubrí que nadie se inmuta si te desvalijan en la calle, que sólo el reloj despertador canta en las mañanas, el camión a veces ni se detiene y nuestros papás ya se fueron; yo, solito, tomé mis bártulos y quedé encerrado entre las paredes de este manicomio, para que el tiempo no me atrapara y mis hermanos que me trajeron hasta aquí disfrutaran de la herencia paterna. Prometí una sola cosa, muchachas, que sólo saldría al patio para contarles a ustedes estas locuras.

Recuerdos de infancia. Manicomio La Castañeda

Francisco Javier Castellanos Cervantes
Ciencias Odontológicas, Médica y de la Salud, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39.

Dos vivencias de la niñez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblemático en la atención de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva.

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Cincuenta y ocho años habían sido suficientes para que el Manicomio General La Castañeda pudiera lograr que la psiquiatría se profesionalizara en nuestro país. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida más llevadera. Sin embargo, también podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes convivían con los pacientes de forma cotidiana.

La Castañeda fungió por muchos años como una institución de beneficencia. Si bien es cierto que contaba con población pensionista que pagaba para recibir un trato mejor al de los demás, la mayor parte no podía hacerlo. Una gran parte de los internos eran llevados por sus familiares y la mayoría no volvía a salir de ahí y, aunque se sabe poco sobre los niños abandonados en este manicomio, fue un fenómeno relativamente común a mediados del siglo XX. El abandono se debía más que a un problema mental a una cuestión que hoy entra en el terreno de la teratología, esto es, a que algunos niños que nacían con malformaciones encontraban su destino dentro de los muros de La Castañeda.

El carácter de asistencia social del manicomio, acorde con un aparato de beneficencia que duró algunas décadas, también resuelve la interrogante de por qué muchas personas terminaban ahí dentro, pues la carga económica era un aspecto fundamental para que los familiares encontraran un alivio para sus bolsillos y para los malestares físicos de sus enfermos. Sin embargo, la carga social pesaba más que otros aspectos. El abandono era muy recurrente sin consideraciones de género o edad. En este contexto, los niños con malformaciones eran un peso que soportar y que motivaba a sus parientes a dejarlos en el hospital para que pudieran recibir algún tipo de tratamiento.

La infancia no escapó a la mirada eugenésica ni de higiene mental que seguía presente dentro de este tipo de instituciones, ni desde luego de muchas prácticas como la psicometría que se orientó a marcar un cambio en quienes serían futuros ciudadanos. La higiene mental fue la principal herramienta con la que se trabajaba en la psique del niño para poder prevenir desviaciones y desequilibrios, los que se pensaba derivarían en una persona perversa, alienada o criminal. La misma situación se podía ver en la población adulta: desde el retraso mental hasta la imbecilidad o idiotez eran nombres con los que se designaba a varias “enfermedades” mentales y eran motivo de reclusión.

Los textos que se presentan a continuación constituyen una visión poco usual. Son los recuerdos de dos personas que crecieron en el manicomio y para quienes este espacio era algo natural; con personas que catalogan como “diferentes” pero nada más, pues en su momento no comprendían la magnitud de sus padecimientos. Sin embargo, al ser entrevistados, sí mostraron mucha reserva para hablar del que llaman el pabellón de niños, donde la mayoría de sus habitantes no pasaba de los dos años de edad, siendo algunos recién nacidos y su problema un impedimento físico.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

17. MAi??xico y los mexicanos en las pA?ginas de National Geographic (1910-1919)

Laura MuAi??oz /Ai??Instituto Mora
Revista Bicentenario #17

Ai??Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.33.09

MAi??xico es, sin duda, uno de los paAi??ses que mA?s ha llamado la atenciA?n de la revista National Geographic a lo largo de susAi??mA?s de cien aAi??os de vida. Enorme cantidad de artAi??culos sobre nuestro paAi??s lo confirman. Si tomamos en particular el periodo que va de 1910 a 1919, encontraremos mA?s de 20 artAi??culos publicados como resultado de ai???la gran demanda de informaciA?n sobre MAi??xicoai??? que recibAi??a la revista, de acuerdo con lo dicho en el nA?mero de mayo de 1914. Estando el paAi??s en medio de una revoluciA?n, A?quAi?? les interesaba a los editores dar a conocer sobre MAi??xico? A?QuAi?? tipo de informaciA?n se ofrecAi??a? A?QuAi?? estrategias se siguieron para ofrecer determinadas imA?genes a los lectores?

MAi??xico, el paAi??s vecino

El primero de los 22 artAi??culos publicados en la dAi??cada seleccionada apareciA? en agosto de 1910, muy cerca de las fiestas del Centenario. El A?ltimo en octubre de 1919. A travAi??s de 379 fotografAi??as y mA?s de 500 pA?ginas, National Geographic muestra a sus suscriptores en Estados Unidos una versiA?n de MAi??xico y los mexicanos. Dice que MAi??xico es un paAi??s de contrastes. Contrastes entre lo moderno y lo antiguo; entre los distintos sectores sociales; entre los diversos grupos econA?micos; entre los diferentes climas y paisajes. Esta idea subyace en los relatos de textos y fotografAi??as. No obstante, en ambos campos, pero mA?s en las fotografAi??as, se privilegia el deseo de mostrar lo menos cercano (para los estadunidenses), las escenas que muestran el atraso, las reliquias del pasado, como seAi??ala el nA?mero de diciembre de 1910. La imagen de los mexicanos en las fotografAi??as es la de gente humilde y trabajadora, en su mayorAi??a habitantes del campo, y cuando se los ve en las ciudades, son vendedores de productos artesanales. De las ciudades no se ven los edificios modernos, excepto un plano general del de Correos, mA?s bien son escenario para enmarcar a esos habitantes pintorescos que aparecen en primer plano arreando burros cargados de bultos, o que transitan por las calles. Las mujeres casi siempre llevan rebozo. Pero las que seducen a los fotA?grafos, por su belleza y joyerAi??a, son las llamativas tehuanas, ejemplo de exotismo. En las casi cuatrocientos fotografAi??as no encontramos retratos de ningA?n miembro de la Ai??lite econA?mica, ni de la polAi??tica o la intelectual.

Los artAi??culos

En todos los artAi??culos, dedicados casi siempre a unAi??tema particular, se manifiesta la fascinaciA?n de losAi??viajeros y fotA?grafos ante el paAi??s y su gente, la riquezaAi??del territorio, la variedad de productos agrAi??colasAi??y minerales, la diversidad de especies de aves, de climasAi??y de vegetaciA?n (los cactus son particularmenteAi??atrayentes); la posesiA?n de A?reas estratAi??gicas paraAi??la comunicaciA?n (como el istmo de Tehuantepec),Ai??el potencial para el desarrollo comercial, la tierraAi??fAi??rtil. En esos textos se advierte, tambiAi??n, la admiraciA?nAi??que producen los espectaculares vestigios arqueolA?gicos,Ai??huellas de culturas avanzadas y atractivoAi??para los turistas. FotografAi??as a pA?gina completaAi??permiten observar, en primeros planos, basamentosAi??piramidales, estelas, restos de edificaciones enAi??Mitla, TeotihuacA?n o Xochicalco. Los tAi??tulos de losAi??artAi??culos indican la orientaciA?n de cada uno. ConAi??una rA?pida ojeada el lector percibe que los tAi??tulos se refieren, en primer lugar, a los recursos naturalesAi??y despuAi??s a las maravillas del MAi??xico antiguo.Ai??En correspondencia, los contenidos se centran enAi??las posibilidades agrAi??colas de MAi??xico, se refieren aAi??las escenas que se desarrollan en diversas actividadesAi??econA?micas, detallan las caracterAi??sticas del territorioAi??nacional, mencionan lo que se puede encontrar enAi??Ai??l (desiertos, haciendas, jardines divididos por canalesAi??de agua), y enfatizan los distintivos de cada sitioAi??arqueolA?gico (las tallas en piedra, la raza olvidadaAi??de la misteriosa ChichAi??n ItzA?, el lustre del MAi??xicoAi??antiguo).

MAi??xico es el paAi??s vecino. Y de acuerdo con losAi??adjetivos utilizados hasta el cansancio, es un paAi??sAi??interesante, con tesoros maravillosos y paisajes fantA?sticos,Ai??o pintorescos. Es romA?ntico, es misterioso.Ai??Pero no todo es enamoramiento, los pies de fotoAi??son el espacio utilizado para hacer comentarios deAi??distinta Ai??ndole, muchas veces insidiosos. Como elAi??que acompaAi??a a la imagen publicada en el nA?meroAi??de julio de 1916 con el tAi??tulo ai???Casa en el campoAi??cerca de CA?rdobaai???. En ella aparecen, en primer plano,Ai??cuatro personajes, dos adultos y dos menores,Ai??de los que se dice son una familia campesina que,Ai??como buena parte de la poblaciA?n en MAi??xico, poseeAi??muy pocas cosas. La leyenda afirma: ai???los bueyesAi??bien alimentados de las haciendas no se sentirAi??anAi??orgullosos de que los hambrientos peones sean consideradosAi??sus igualesai???. A?A quAi?? responde ese comentario?Ai??A?QuAi?? se quiere evidenciar?

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.30.31En algunos casos, encontramos en esos pies deAi??foto comentarios de admiraciA?n. Por ejemplo, paraAi??los tarahumaras. Junto a unaAi??imagen sin autor (que ha sidoAi??atribuida a C. B. Waite), en laAi??que un grupo de tarahumarasAi??posan para el fotA?grafo, mirandoAi??a la cA?mara, se les reconoceAi??por su resistencia fAi??sica y suAi??capacidad para correr, tantoAi??de hombres como de mujeres.Ai??TambiAi??n por el volumen deAi??producciA?n de plata que hizoAi??de MAi??xico uno de los paAi??sesAi??que mA?s contribuyA? a la producciA?nAi??mundial ai??i??la imagenAi??muestra una vista de un pobladoAi??minero, La Luz, cerca de Guanajuato, queAi??contrasta visiblemente por su pobreza. Y, en otros,Ai??se percibe la nostalgia por Porfirio DAi??az, bajo cuyaAi??administraciA?n el paAi??s tenAi??a calma y estaba en vAi??asAi??de progreso; o se hace referencia a la ultramodernaAi??ciudad de MAi??xico, en la que se podAi??a pasar del sigloAi??XVI al XX al cruzar una calle. Esto A?ltimo, es lo queAi??dice el pie de foto que acompaAi??a la fotografAi??a delAi??edificio de correos, la A?nica que muestra algo de laAi??modernidad de MAi??xico de la que a veces se habla.

Los autores

En cuanto a los autores de los artAi??culos, encontramosAi??a antiguos representantes consulares de EstadosAi??Unidos en MAi??xico (como E. H. Thompson o FrederickAi??Simpich); otros eran ingenieros vinculados aAi??compaAi??Ai??as mineras (entre ellos Walter W. Bradley),Ai??visitantes estadunidenses que recorrAi??an las haciendasAi??adquiridas por compaAi??Ai??as de connacionales (esAi??el caso de J. E. Kirkwood), o eran funcionarios delAi??departamento de Agricultura del paAi??s vecino (E. W.Ai??Nelson). No faltaron fotA?grafos, reporteros, comerciantes,Ai??viajeros particulares, es decir, una legiA?n deAi??estadunidenses que se desplazaron por el territorioAi??nacional, de norte a sur, del golfo al PacAi??fico, haciendoAi??levantamientos e inventarios de lo que podAi??aAi??verse en Ai??l y sus instantA?neas muestran un recorridoAi??por un paAi??s rico, poco poblado y agradable tantoAi??para turistas A?vidos de conocer lugares diferentesAi??como para inversionistas en busca de A?reas atractivasAi??para sus capitales. Entre los fotA?grafos aparecenAi??mA?s de quince nombres (entre ellos James H. Hare,Ai??John H. Hall, C. M. Tozzer,Ai??Franklin Adams y tresAi??mujeres: Helen Olsson-Ai??Seffer, Harriet ChalmersAi??y Janet M. Cummings).

Esos fotA?grafos queAi??podAi??an ser particulares oAi??funcionarios del gobiernoAi??estadunidense, miembrosAi??de su ejAi??rcito o de compaAi??Ai??as,Ai??como UnderwoodAi??and Underwood o Galloway,Ai??reprodujeron porAi??decenas escenas pintorescas, paisajes rurales, retratosAi??de pobladores de diversos puntos de la RepA?blicaAi??mexicana, trabajadores en sus faenas. TambiAi??nAi??propagaron imA?genes emblemA?ticas de la arquitecturaAi??antigua (Mitla, Chichen ItzA?, TeotihuacA?n,Ai??Xochicalco). National Geographic publicA? esas fotografAi??asAi??desplegadas a pA?gina entera en la mayor parteAi??de los casos y distribuidas en diversos artAi??culos,Ai??de tal suerte que un conjunto de fotografAi??as dedicadasAi??a un tema particular, por ejemplo, a los volcanesAi??de MAi??xico, no sA?lo estA?n en el artAi??culo especAi??fico,Ai??sino aparecen en ese y otros.

Las fotografAi??as

En las fotografAi??as de gran tamaAi??o, ademA?s de lasAi??vistas rurales, bucA?licas e idAi??licas, y de los paisajesAi??imponentes, tomados desde cierta altura, en generalAi??vacAi??os de gente, pero siempre evidencia de la fertilidadAi??de los suelos y de los diversos cultivos agrAi??colas,Ai??predominan los personajes tAi??picos por su atuendoAi??y oficio. Esos personajes eran ya conocidos por haberseAi??difundido en las revistas ilustradas publicadasAi??despuAi??s de los aAi??os 30 del siglo XIX, productoAi??del trabajo de artistas mexicanos. Por ejemplo en elAi??libro titulado Los mexicanos pintados por sAi?? mismosAi??y, luego, en MAi??xico y sus alrededores. Los fotA?grafosAi??extranjeros que visitaron o vivieron en MAi??xico enAi??la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX,Ai??se encargaron de retomar esas imA?genes y de multiplicarlasAi??y distribuirlas, a travAi??s de postales, en lasAi??que a diferencia de las litografAi??as que les sirvieronAi??de modelo, acentuaron los rasgos de pobreza y desaliAi??oAi??de muchos de los tipos mexicanos que popularizaron.Ai??Es sabido que gran parte de esas postalesAi??eran mercadeadas por la Sonora News Company.Ai??National Geographic, con su creciente circulaciA?n,Ai??contribuyA? a difundirAi??esas imA?genes.

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La selecciA?nAi??de las fotografAi??asAi??hecha por losAi??editores de NationalAi??GeographicAi??parece obedecerAi??al deseo de ilustrarAi??los textos,Ai??utilizando lasAi??imA?genes con lasAi??que contaba laAi??revista, suministradasAi??mediante regalos o por compra, pues en esa Ai??poca la revistaAi??no contaba todavAi??a con su propio equipo de fotA?grafos.Ai??Varias de las incluidas en un artAi??culo estA?nAi??relacionadas con el tema del mismo, pero otras sonAi??de lugares distantes o sin relaciA?n con el contenido.Ai??Los pies de foto, de diversa extensiA?n, contribuyen aAi??subrayar lo que se quiere mostrar con determinadasAi??imA?genes.

Sobre los temas de las fotografAi??as, ya se ha dichoAi??cuA?les son los dominantes. Falta aAi??adir que algunosAi??asuntos que no mencionan los textos de los artAi??culosAi??estA?n abordados en las imA?genes, como la deportaciA?nAi??de indios yaquis, los festejos del Centenario,Ai??la revuelta de Pascual Orozco y la expediciA?n punitivaAi??que perseguAi??a a Villa. La particularidad es queAi??si bien esos temas aparecen en las imA?genes, Ai??stas seAi??incluyen en nA?meros cuya publicaciA?n es posteriorAi??al momento en el que ocurrieron los hechos. LasAi??fotografAi??as del trasladoAi??de yaquis a la penAi??nsulaAi??yucateca se publicanAi??en diciembre de 1910,Ai??las del desfile con motivoAi??de las fiestas delAi??centenario en mayo deAi??1911, la que muestraAi??a las tropas de OrozcoAi??en 1914. Es decir, unAi??aAi??o o dos despuAi??s deAi??los acontecimientos.Ai??En cambio, en julio deAi??1916 National GeographicAi??incluyA? fotografAi??asAi??que muestran al ejAi??rcito estadunidenseAi??en la expediciA?n punitiva,Ai??apenas cuatro meses despuAi??s deAi??iniciada.

El Centenario y la revoluciA?n

En torno a la celebraciA?n del centenarioAi??de la independencia deAi??MAi??xico solamente encontramosAi??nueve fotografAi??as. Las tres primerasAi??son de cadetes en uniformeAi??de gala. Son diferentes tomas deAi??alumnos del Colegio Militar, elAi??West Point de MAi??xico. Un nutridoAi??pA?blico en ambas aceras de una calle observa elAi??desfile de la caballerAi??a de ese colegio en una de esasAi??fotografAi??as que ocupa toda la pA?gina. En las siguientes,Ai??mA?s pequeAi??as, los cadetes se ven formandoAi??vallas en diferentes puntos de la ciudad. El pie deAi??foto indica que la fama de estos ai???que defendieronAi??el Castillo de Chapultepec del ejAi??rcito americano esAi??histA?ricaai???. Varias pA?ginas mA?s adelante el lector seAi??encuentra con otras fotografAi??as alusivas al desfile, laAi??mayorAi??a de gran tamaAi??o, en las que varios personajesAi??representan a los antiguos mexicanos, portandoAi??atuendos vistosos y tocados de plumas. SegA?n losAi??pies de foto, esos individuos eran ai???descendientes deAi??aquellos a quienes representabanai???.

En cuanto a las imA?genes sobre la lucha armada,Ai??son muy pocas y sin explicaciA?n de por quAi?? fueronAi??elegidas esas en particular. La que encabeza aquellasAi??que tocan de alguna manera el tema de la guerraAi??es una imagen, acreditada a Aultman y Dorman,Ai??publicada en mayo de 1914, que muestra a parte deAi??las tropas de Pascual Orozco. DespuAi??s, observamosAi??a un tAi??pico revolucionario. Se trata de una imagenAi??atribuida a Shirley C. Hulse en la que aparece unAi??jinete ai??i??con sombrero y cananasai??i?? posando para laAi??cA?mara. El pie de foto informa que fue tomada aAi??peticiA?n del retratado. Hulse es, asimismo, autor deAi??varias fotografAi??as publicadas en la revista. En unaAi??de ellas aparecen, en primer plano, dos soldaderasAi??viendo a la cA?mara, que las capta caminando al ladoAi??de los soldados federales a los que acompaAi??an. PortanAi??sombrero y el rebozo amarrado, cargando probablementeAi??a sus hijos.

En el mismo nA?mero de 1914 hay un par de fotografAi??as,Ai??sin autor, en que se muestra primero unaAi??campana y, en la siguiente, un caAi??A?n. La leyenda alAi??pie de esta segunda fotografAi??a informa que ese caAi??A?nAi??fue construido con el material de la campana.Ai??Es decir, no hay ningA?n comentario adicional, niAi??positivo ni negativo, de lo que ocurre en MAi??xico.

De igual manera, dos aAi??os despuAi??s, sin relaciA?nAi??con el tema del artAi??culo, de julio de 1916, se incluyenAi??varias imA?genes en que se alude a la persecuciA?nAi??a Villa tras su incursiA?n a territorio de Estados Unidos.Ai??Por ejemplo, encontramos dos del capitA?n D.Ai??H. Scott del ejAi??rcito estadunidense, que muestranAi??a las tropas de ese ejAi??rcito acampando al sur de Columbus.Ai??Los pies de foto describen el paisaje dondeAi??se asientan los campamentos. Los textos aludenAi??a las condiciones en que viven temporalmente losAi??soldados. En ese nA?mero hay dos de la compaAi??Ai??aAi??Underwood and Underwood, en que vemos trenesAi??con tropas mexicanas. La primera es una imagendividida en dos por la vAi??a del tren. A la izquierdaAi??las tropas de Estados Unidos esperan al borde deAi??la vAi??a. A la derecha, el tren estacionado en otra vAi??aAi??tiene su techo cubierto por tropas mexicanas. En la segunda, en primer plano aparece un tren conAi??el techo tambiAi??n cubierto por tropas mexicanas.Ai??AquAi?? sobresalen varias mujeres, algunas viendo a laAi??cA?mara. Se seAi??ala el hecho de que en todos los campamentosAi??se encontraba siempre ai???una secciA?n paraAi??que las mujeres y los niAi??os vivieranai???. En conjunto yAi??por su nA?mero, el tema de la expediciA?n es el centralAi??en las imA?genes publicadas.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.31.15La mirada de National Geographic

El conjunto de artAi??culos, fotografAi??as y pies de fotos,Ai??enmarcados por los tAi??tulos escogidos, muestranAi??cA?mo la revista National Geographic mantuvo suAi??mirada en los tesoros de su vecino MAi??xico, transmitiendoAi??una imagen de tranquilidad apenas alterada,Ai??pareciera ser, por algunos acontecimientos violentos,Ai??como si estos fueran aislados y no llegaran aAi??causar inestabilidad. La percepciA?n prevalecienteAi??es la de un MAi??xico que se hubiera detenido en elAi??tiempo, en el periodo previo a la revoluciA?n. En losAi??textos no se habla de la lucha, en las fotografAi??as escasamenteAi??se asoma y, no es, por lo tanto, suficienteAi??para cambiar la representaciA?n de MAi??xico. CuandoAi??en octubre de 1919 se publica el A?ltimo artAi??culoAi??analizado, MAi??xico estaba cerca de cumplir una dAi??cadaAi??en armas, pero National Geographic se habAi??aAi??esmerado en no mostrar esto.

PARA SABER MA?S:

ai???La tarjeta postalai??? en Artes de MAi??xico, nA?mero 48, Conaculta,Ai??1999.

Arturo Guevara Escobar, FotA?grafos de la RevoluciA?n,Ai??http://fotografosdelarevolucion.blogspot.com/

National Geographic en http://ngm.nationalgeographic.com/

MarAi??a Esther PAi??rez Salas, Costumbrismo y litografAi??a enAi??MAi??xico: un nuevo modo de ver, MAi??xico, UNAM-Instituto deAi??Investigaciones EstAi??ticas, 2005.

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LA CAPIROTADA EN MAi??XICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX


Entre pucheros anda el SeAi??or

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Dentro de la tradiciA?n religiosa mexicana se seAi??alan las Ai??pocas en que ciertos platillos deben de elaborarse. Esta costumbre, severamente regida por la iglesia, ha marcado con claridad lo que se debe comer durante la Cuaresma: caldos de habas y lentejas y dada la prohibiciA?n de consumir carne: pescado y mariscos. Para los postres habAi??a tambiAi??n una especie de legislaciA?n; por ser una Ai??poca de contriciA?n tenAi??an que ser humildes, aunque no por eso menos ricos. La capirotada fue asAi?? el postre por excelencia y a diferencia de hoy en dAi??a, considerada como un guiso de pobres.

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Con el nombre de capirotada se distinguAi??an en el siglo xix diversas variantes de sopa, cuyo ingrediente comA?n era el pan tostado. HabAi??a, de acuerdo al Nuevo Cocinero Mexicano: capirotada de menudo; francesa (puerco, carnero y jamA?n); de calabacitas; nabos; papas y de dulce, de la que proporcionamos la receta:

Se frAi??en en manteca unos ajos picados; y al dorarse se hacen a un lado; en la misma manteca se frAi??e cebolla picada: se echa despuAi??s jitomate molido y se frAi??e tambiAi??n revuelto con la cebolla y el ajo; en seguida se aAi??ade el agua suficiente con pimienta, clavo y cominos molidos, y un poco de azA?car, segA?n el gusto de los convidados. En otra cazuela con manteca, se frAi??e el pan y se van acomodando capas de tostadas de pan, que se humedecen con el caldillo que se hizo aparte, revolviAi??ndolo bien para echarlo, y cubriAi??ndose el pan con unas ramitas de perejil y apio, picadas muy menudas, pasas, almendras, nueces, piAi??ones y quesoAi?? rallado, siendo la A?ltima cama de pan. Se deja hervir hasta que la sopa quede de una consistencia regular, y se aparta: cuando se aplaque el hervor, se cubre todo con queso rallado, que no deberA? hacer una capa gruesa, y se le pone encima un comal con lumbre para que se dore.

La capirotada, un postre para la Cuaresma, se siguiA? preparando en el siglo XX y es hoy un complemento culinario muy sabroso. Tenemos aquAi?? una receta del siglo XX:

Ingredientes: A? de kilo de pan blanco duro; A? de kilo de piloncillo; 100 gramos de queso aAi??ejo; manteca (la necesaria); 1 raja de canela; nueces, cacahuates y pasas al gusto. El pan se rebana y dora en manteca. En una taza de agua se pone el piloncillo y la canela y deja hervir para obtener un almAi??bar. En un recipiente refractario se ponen rebanadas de pan y cubren con el almAi??bar, el queso desmoronado, las pasas, los cacahuates y los trozos de nuez. Se pueden alternar varias capas. Se mete el recipiente en el horno a calor medio, para que se dore, de 15 a 20 minutos aproximadamente. Se sirve caliente o frAi??a, segA?n se prefiera.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.16.40En la actualidad Ai??se sustituye la manteca por mantequilla o margarina. En el norte de MAi??xico hay capirotada hecha con patoles (frijol blanco o alubia) y otra con garbanzos. Ambos tipos cobran en aquella regiA?n una peculiar personalidad.

Ingredientes: A? de patoles o garbanzos, 1 lata de leche condensada, ron, whiskey o coAi??ac, piAi??ones, nueces o coco rallado. Los demA?s ingredientes son los mismos que en la receta anterior, suprimiendo el almAi??bar de piloncillo. Se cuecen los patoles o garbanzos, se enfrAi??an y muelen con leche condensada hasta hacer una pasta no muy espesa. En un molde se coloca el pan blanco frito y rocAi??a con el alcohol, luego se vierte la pasta de los patoles o garbanzos, se les aAi??ade un puAi??o de piAi??ones, nueces y coco rallado. Se coloca otra capa de pan y se realiza la misma operaciA?n, se deja enfriar y mete al refrigerador.

AsAi?? que para esta Ai??poca de Cuaresma: A?buen apetito!

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Francisco DurA?n, Guadalupe Villa

 

 

 

 

El Heraldo de MAi??xico: la historia del periA?dico que impuso la modernidad industrial

Mario Ortiz Murillo -Ai??Facultad de Ciencias PolAi??ticas y Sociales, UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m.Ai??15.

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El nacimientoAi??de El Heraldo de MAi??xicoAi??irrumpiA? en los esquemas del periodismo industrial del A?ltimo tercio del siglo XX. Conocer su legado puede ayudar a entender la gAi??nesis en la renovaciA?n del diseAi??o y calidad en la impresiA?n de la gran prensa capitalina contemporA?nea, en que se privilegia la imagen sobre el texto. El Heraldo fue el germen del diarismo visual que hoy impera en MAi??xico. A fines de 1965, el gobierno de Gustavo DAi??az Ordaz capitalizaba el A?ltimo tramo del desarrollo estabilizador y el ai???milagro mexicanoai??? y las promesas de los regAi??menes posrevolucionarios: estabilidad econA?mica y paz social. La prensa en los sesenta era condescendiente y reproducAi??a el autoritario discurso de los gobiernos emanados de la revoluciA?n mexicana sin contrapesos de opiniA?n. En realidad, predominaba una prensa muy homogAi??nea entre sAi??.

El Heraldo de MAi??xico

Justo durante los primeros meses del arribo de DAi??az Ordaz a la presidencia, surgieron nuevos diarios en la capital de la repA?blica que muy pronto marcarAi??an la diferencia respecto al formato monocromA?tico dominante hasta entonces: El Sol de MAi??xico y El Heraldo de MAi??xico. Eran la manifestaciA?n de la modernidad tecnolA?gica en la prensa nacional, el comienzo de una tendencia de la prensa industrial presente hasta nuestros dAi??as, en que la imagen gradualmente se impone sobre el texto. Ambos medios impresos pertenecieron, coincidentemente, a empresarios poblanos, durante el nacimiento del rAi??gimen de un presidente oriundo de Puebla.

El Heraldo de MAi??xico, en particular, irrumpiA? en el mercado diarAi??stico nacional como uno de los lAi??deres en innovacionesAi??tecnolA?gicas, coberturas informativas y diseAi??o editorial. Su circulaciA?n fue ininterrumpida, del 9 de noviembre de 1965 al 19 de noviembre de 2003. DestacA? como una empresa editorial a la que sus propietarios inyectaron un gran capital, lo que permitiA? la construcciA?n de un edificio en la colonia Doctores, la contrataciA?n de recursos humanos y servicios informativos, la adquisiciA?n de la tecnologAi??a mA?s vanguardista en el mundo, entre la que destaca la compra de rotativas Goss-Urbanite, especializadas en procesos de impresiA?n en offset a color.

De taquillero a voceador

Los antecedentes de El Heraldo son peliculescos, pues del negocio de vender las entradas al cine provenAi??a la fortuna que, aAi??os despuAi??s, permitirAi??a a Gabriel AlarcA?n Chargoy, empresario poblano (aunque nacido en Tianguistengo, Hidalgo), hacerse de un periA?dico. EL FIN DEL COMUNISMO (375x500)En 1938 se asociA? con William Ai??scar Jenkins para construir la primera sala de su cadena: el cine Reforma, en la capital de Puebla. Durante las dAi??cadas de la llamada Ai??poca de oro de la cinematografAi??a nacional, luego de que su Cadena de Oro, la mA?s importante de AmAi??rica Latina, y sus 385 salas, ubicadas en las mejores plazas a nivel nacional, concentrA? con la CompaAi??Ai??a Operadora de Teatros (COTSA), ope- rada por Manuel Espinosa Iglesias, la mayor parte del mercado de los cines en MAi??xico.

En 1960, el gobierno de Adolfo LA?pez Mateos decretA? la expropiaciA?n de estas empresas privadas que habAi??an convertido en monopolio la exhibiciA?n, propiciando que Espinosa Iglesias y AlarcA?n, discAi??pulos y socios del multimillonario William O. Jenkins, cuando Ai??ste era el mandamA?s de los dos grupos de exhibiciA?n cinematogrA?fica en MAi??xico, buscaran refugio en otras actividades. El primero, ya con antecedentes en el sector bancario, optA? por concentrarse en la actividad financiera, en tanto que el segundo, sin resignarse a estar lejos del mundo de la farA?ndula, la vida social y el contacto directo con el poder, considerA? la idea de hacer su propio diario.

HabAi??a varios factores que hacAi??an viable este proyecto. Tras el revAi??s de la expropiaciA?n, un clima polAi??tico mA?s favorable se aproximaba. Resultaba insoslayable desaprovechar la coyuntura polAi??tica en que DAi??az Ordaz, poderoso secretario de GobernaciA?n, amigo y paisano, se perfilaba como el aspirante con mayores posibilidades para llegar a la silla presidencial. Eran condiciones idA?neas para que AlarcA?n se sintiera alentado a erigir su periA?dico, especialmente cuando el cuarto poder ejercAi??a influencia significativa en amplios sectores de la opiniA?n pA?blica; concentrarse en una empresa que restituyera su liderazgo en el sector y lo acercara a las cA?pulas del poder. De esta forma podrAi??a reivindicarse ante la opiniA?n pA?blica del amargo recuerdo de que se le hubiera seAi??alado como el autor intelectual de la muerte del lAi??der del Sindicato de Trabajadores de la CinematografAi??a, Alfonso MascarA?a, el 10 de agosto de 1954. Justo entonces Gabriel AlarcA?n habAi??a conocido de cerca el poder de la prensa; asAi??, segA?n diversas fuentes, una vez absuelto de aquel proceso judicial, que gracias a los periA?dicos sembrA? la sospecha de su responsabilidad, prometiA? a los reporteros que habAi??an dado seguimiento al caso que algA?n dAi??a serAi??a el dueAi??o de un periA?dico. Con el propA?sito de limpiar suAi??nombre y ademA?s, ejercer el poder a travAi??s de un medio de comunicaciA?n, el otrora magnate de las salas cinematogrA?ficas no escatimA? en gastos y apostA? una cuantiosa inversiA?n de siete millones de pesos para materializar el sueAi??o de poseer un periA?dico. AlarcA?n no era un hombre improvi- sado si se trataba de invertir su capital y tomA? sus previsiones para alcanzar la rentabilidad de un negocio tan inestable en el corto plazo y en teorAi??a constituAi??a una verdadera aventura, considerando que su experiencia de vender entradas de cine y palomitas era muy distinta a editar diarios.

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