Archivo de la categoría: Testimonios

Fototeca Pedro Guerra

Cinthya Edisa Cruz Castro y Ricardo Pat Chan
Fototeca Pedro Guerra


En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 35.

La visita a MAi??rida de Porfirio DAi??az en 1906, la campaAi??a de Francisco I. Madero y Pino SuA?rez en la regiA?n, las giras de Salvador Alvarado y el ejAi??rcito constitucionalista, el arribo de Plutarco ElAi??as Calles, movimientos polAi??ticos y sociales en el estado, asAi?? como fotografAi??as artAi??sticas o arqueolA?gicas, que llegan hasta dAi??cadas recientes, forman parte de este acervo de mA?s de 500 000 imA?genes, resguardadas en la Universidad AutA?noma de YucatA?n.

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La historia de la fotografAi??a en YucatA?n tiene su origen en el temprano siglo XIX, a pesar del alejamiento y la condena de ai???provincianaai??? que le legA? su ubicaciA?n geogrA?fica. Ese ai???provinciaAi??lismoai??? le otorgA?, pese a la sorpresa de algunos historiadores e investigadores de la imagen, las facilidades para que en abril de 1841 llegara el primer fotA?grafo a la penAi??nsula yucateca: el barA?n Emmanuel von Friedrichsthal, agregaAi??do diplomA?tico de la delegaciA?n austriaca en Estados Unidos, por recomendaciones de AleAi??jandro von Humboldt y W. Hickling Prescott, quienes estaban deslumbrados por los ai???maraviAi??llososai??? vestigios arqueolA?gicos que existAi??an en la penAi??nsula de YucatA?n. Su nombre aparece citado en un artAi??culo periodAi??stico de El Museo Yucateco (1841) donde se explica que, atraAi??do por la arqueologAi??a, el barA?n llevA? consigo una cA?mara para hacer tomas al daguerrotipo de las ai???ruinasai??? mayas, con el propA?sito de ai???dibuAi??jar sus edificiosai??? y posteriormente mostrar sus imA?genes en la Academia de ParAi??s. El barA?n fue el primer daguerrotipista en YucatA?n, que ofreciA? comercialmente el trabajo de retratos, llegando a establecer un comercio fotogrA?fico en la capital yucateca en tiempos tan tempranos como 1841. Como habAi??a comprado el diseAi??o francAi??s acromA?tico y realizado pruebas con John William Draper, profesor de quAi??mica en la Universidad de Nueva York, quien a su vez habAi??a experimentado con la nueva tecnologAi??a, Friedrichsthal produjo buenas imA?genes, con buen dominio de la tAi??cnica, pese a sus consAi??tantes quejas por el clima y los vientos, que le causaban complicaciones en el momento de hacer tomas externas.

Otros extranjeros que visitaron YucatA?n y utilizaron daguerrotipos para obtener imA?Ai??genes de las ruinas mayas fueron el viajero y escritor estadunidense John Loyd Stephens y el grabador y dibujante inglAi??s Frederick CaAi??therwood, quienes emprendieron dos viajes a YucatA?n, el primero en 1839 y el segundo en 1842. Catherwood recurriA? a la cA?mara lA?cida drawing, sistema antecesor de la fotografAi??a con la cual numerosos viajeros, corresponsales grA?ficos, cientAi??ficos del nuevo y el viejo mundo realizaron dibujos de gran calidad.

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No tardA? mucho para que los yucatecos mismos comenzaran a practicar este arte, entre ellos, la familia Espinosa RendA?n (1860-1863) y los Guerra (1877-1970), quienes hicieron de la fotografAi??a una tradiciA?n que es practicada hoy en dAi??a. Los A?ltimos perduraron mA?s de 90 aAi??os en el mercado yucateco, siendo la fotografAi??a de estudio la mA?s practicada. ReAi??trataron la fisonomAi??a de YucatA?n, cada yucaAi??teco (nos atreverAi??amos a decir que 80%) fue fotografiado por ellos. A la fecha se conservan poco mA?s de 250 000 imA?genes de su autorAi??a en la Fototeca Pedro Guerra, de la Facultad de Ciencias AntropolA?gicas de la Universidad AutA?noma de YucatA?n.

Esta fototeca surgiA? del Estudio Guerra, fundado en 1877 por Pedro Guerra JordA?n y el espaAi??ol JosAi?? Huertas, originalmente llamado FotografAi??a ArtAi??stica y CAi??a., y donde Guerra aprendiA? el oficio. Poco tiempo despuAi??s, por motivos personales, Huertas dejarAi??a la ciudad ai??i??anunciA?ndolo en la prensaai??i?? y Guerra JordA?n adquirirAi??a el estudio, a cambio de enseAi??arle la tAi??cnica de colodiA?n hA?medo.

Guerra compartAi??a la visiA?n del progreso porfirista, asAi?? como una ideologAi??a tradicionaAi??lista y ortodoxa, acorde a su periodo de forAi??maciA?n social en la segunda mitad del siglo XIX. Estos aspectos se verAi??an reflejados en la mayor parte de su trabajo fotogrA?fico: desde los retratos que mostraban la moda europea y los objetos que buscaban resaltar la actitud refinada de la clase ai???pudienteai???. La fama de Guerra crecerAi??a a la par que la de la clase poAi??lAi??tica, la cual compartAi??a su visiA?n del progreso, lo que se expresA? claramente durante la visita del general Porfirio DAi??az a la ciudad de MAi??riAi??da en 1906, y en la que el fotA?grafo cubriA? la llegada del presidente al puerto de Progreso y las cenas otorgadas en las casonas de los hacendados, punto mA?ximo del afrancesado sAi??quito porfiriano. Guerra implementA? mAi??Ai??todos modernos y la utilizaciA?n de materiales sensibles como la placa seca de gelatina, que acelerA? el tiempo de la toma en la fotografAi??a; tambiAi??n llegA? a desarrollar la toma nocturAi??na por medio de polvos de magnesio, hecho novedoso para la Ai??poca. DespuAi??s de 34 aAi??os frente al estudio, falleciA? el 29 de octubre de 1917 quedando a cargo del negocio familiar su hijo, Pedro Guerra Aguilar, quien seguirAi??a en parte las prA?cticas, tAi??cnicas y costumbres fotogrA?ficas de su padre, logrando consolidar la fama del Estudio Guerra, incluso a travAi??s de asociaciones fotogrA?ficas para compartir tAi??cnicas y procesos para formar nuevos fotA?Ai??grafos. Guerra Aguilar introdujo novedosas y rA?pidas tAi??cnicas de copiado como el Fotostat y complementA? el taller de fotograbado meAi??diante la inclusiA?n de una gran imprenta. Su legado serAi??a inmenso, puesto que a la par de los avances tecnolA?gicos que introducAi??a, los daba a conocer en medios fotogrA?ficos, como YuAi??catA?n FotogrA?fico, revista que pretendAi??a ayudar a los aficionados y dar a conocer los nuevos avances tecnolA?gicos, asAi?? como dar realce a la asociaciA?n que presidia y hacer accesibles los conocimientos que permitieron dar mayor impulso al auge fotogrA?fico en la penAi??nsula.

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Ejercicio de memoria para un jardAi??n imaginado

Octavio Paz.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

Octavio Paz recuerda, en una carta, sus tiempos de niAi??o y adolescente por las calles de Mixcoac. Casas del siglo XIX, un rAi??o fAi??tido, visitas con su abuelo Irineo, el tranvAi??a en el que preparaba sus clases y leAi??a novelas o tratados de filosofAi??a, los colegios Williams y Lasalle, el lugar donde supo de la poesAi??a y el entusiasmo. Ya adulto recorriA? nuevamente aquellas calles, pero descubriA? un mundo irremediablemente ajeno.

MAi??xico, a 9 de mayo de 1989.

SeAi??ora Alejandra Moreno Toscano.
Querida Alejandra:

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Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.

Al final de esta carta encontrarA?s los brevesAi??poemas -en realidad, estrofas sueltas- queAi??hubieran podido figurar, a manera de inscripciones,Ai??en las puertas y en algA?n muro delAi??pequeAi??o jardAi??n que, a iniciativa tuya, las autoridadesAi??de la ciudad proyectan trazar en unAi??terreno baldAi??o del antiguo Mixcoac. Lo llamoAi??antiguo porque esa localidad existe desde laAi??Ai??poca prehispA?nica. Yo no nacAi?? en Mixcoac,Ai??pero allA? vivAi?? durante toda mi niAi??ez y buenaparte de mi juventud, salvo un aAi??o y medio queAi??pasAi?? en Los A?ngeles (mi padre fue desterradoAi??polAi??tico y buscA? asilo en los Estados Unidos).Ai??Apenas tenAi??a unos doce meses de edad cuandoAi??los azares de la revoluciA?n nos obligaron aAi??dejar la ciudad de MAi??xico; mi padre se uniA?, enAi??el sur, al movimiento de Zapata, con AntonioAi??DAi??az Soto y Gama y otros jA?venes, mientrasAi??mi madre se refugiA?, conmigo, en Mixcoac, enAi??la vieja casa de mi abuelo paterno. LleguAi?? enAi??1914 y no me movAi?? de allAi?? sino hasta 1937, aAi??oAi??de mi primera salida de MAi??xico: casi un tercioAi??de mi vida. Por esto, cuando me comunicasteAi??tu idea y me pediste mi colaboraciA?n, aceptAi??Ai??conmovido. Sin embargo, acabo de visitarAi??la ruidosa desolaciA?n que ustedes intentanAi??convertir en un jardAi??n y regreso desalentado.Ai??Mi decepciA?n ante ese terrain vague se volviA?Ai??abatimiento cuando recorrAi?? la cercana rotondaAi??con la estatua de cemento del Manco deAi??Celaya, rodeada de una maltrecha tribu deAi??fresnos y pinos. Aunque les costarA? trabajo,Ai??tal vez ustedes lograrA?n humanizar un pocoAi??ese pA?ramo asolado por el martilleo y el tableteoAi??de los autos. Pero me parece imposibleAi??que el futuro jardAi??n llegue a ser ese recientoAi??tranquilo y un poco apartado que evocan misAi??versos. Es un lugar condenado al ruido. AdemA?s,Ai??te lo confieso, no quiero ser intruso. NoAi??sAi?? si me fui o me echaron: sAi?? que ya no soy deAi??allAi??. Pienso en el barrio que hoy he recorrido yAi??en el de mi niAi??ez y mi adolescencia: A?en quAi??Ai??se parecen? Y me digo: ha sido peor que unaAi??destrucciA?n ai??i??una degradaciA?n.

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Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.

La calle de Goya, que es la prolongaciA?nAi??del predio que ustedes quieren transformar enAi??jardAi??n, se llamaba la calle de las Flores. A?rbolesAi??corpulentos y casas severas, un poco tristes.Ai??Animaban la soledad de la calle el blanco ColegioAi??de las Teresianas y, a la hora de entradaAi??y salida de las clases, los blancos uniformesAi??de las muchachas. Voces de mujeres y piarAi??de pA?jaros, revoloteo de alas y de faldas. CasiAi??al final, la casa de los G. (hoy es una oficinaAi??pA?blica). Eran amigos de mi familia y a vecesAi??yo acompaAi??aba a mi abuelo en sus visitas. SeAi??abrAi??a el portA?n y entrA?bamos en un vestAi??buloAi??amplio y un poco obscuro; nos recibAi??a unAi??moro de turbante y cimitarra ai??i??imposible noAi??pensar en Venecia y el sAi??quito de Oteloai??i??, enAi??lo alto de la diestra una lA?mpara en forma deAi??antorcha ai??i??pero el foco estaba casi siempreAi??fundido- y que seAi??alaba el camino. RecuerdoAi??un corredor de altas macetas, flores blancas yAi??rosadas (A?camelias?), un piso de ladrillo rojoAi??y, separado por una pequeAi??a balaustrada, unAi??patio con limoneros y naranjos. En la sala deAi??azules desvaAi??dos nos esperaba la dueAi??a de laAi??casa, una vieja seAi??ora acompaAi??ada por algA?nAi??pariente. A veces la conversaciA?n se interrumpAi??aAi??por la llegada de Manuelito, un sesentA?nAi??hijo o sobrino de la seAi??ora de la casa, en elAi??pecho la banda tricolor. Se acercaba con deferenciaAi??a mi abuelo, lo invitaba a la ceremoniaAi??de su inminente toma de posesiA?n comoAi??Presidente de la RepA?blica y le pedAi??a consejoAi??sobre la composiciA?n de su futuro gabinete.Ai??Nadie daba muestras de extraAi??eza y al pocoAi??tiempo la conversaciA?n continuaba.

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La ira sobre ValentAi??n

Norberto Nava Bonilla
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

En el proyecto polAi??tico de ValentAi??n GA?mez FarAi??as por quitarle a la Iglesia catA?lica espacios de poder y decisiA?n, la vida del propio vicepresidente de Santa Anna corriA? peligro cuando se echaron atrA?s sus decisiones. Una turba que lo buscA? quiso deshacerse hasta de un retrato personal. El cuadro no fue hallado, pero lo interesante es que la obra tuvo su sAi??mil.

Copia del A?leo original que fue robado

ValentAi??n GA?mez FarAi??as se encontraba en suAi??casa de Mixcoac acompaAi??ado de su familia.Ai??AllAi?? encontrA? el refugio ante una rebeliA?n queAi??se levantA? en su contra en la capital. Con armaAi??en mano, mA?s por precauciA?n que por miedo,Ai??proyectaba la ruta mA?s conveniente para salirAi??del paAi??s, no sin antes vender su biblioteca paraAi??hacerse de recursos. Estos sucesos no le causabanAi??sorpresa ni asombro, en el tiempo queAi??estuvo en el ejecutivo siempre hubo un sectorAi??que reprobA? su polAi??tica. A?Su culpa? Desde laAi??vicepresidencia del paAi??s decretA? varias leyes queAi??buscaban mermar el poder que la Iglesia tenAi??aAi??sobre la sociedad; hoy en dAi??a calificarAi??amosAi??estas medidas como progresistas, pero en eseAi??entonces fueron la causa de discordias entre unaAi??sociedad altamente religiosa y GA?mez FarAi??as.

Don ValentAi??n habAi??a iniciado su cuatrienioAi??como vicepresidente en abril de 1833.Ai??Con un Congreso liberal, sus leyes no encontraronAi??obstA?culos y fueron aprobadasAi??una tras otra, pero bastaron dos meses paraAi??que se escucharan las primeras protestas alAi??grito de ai???ReligiA?n y Fuerosai???; el presidenteAi??Antonio LA?pez de Santana saliA? a sofocar aAi??los rebeldes y tras un breve enfrentamientoAi??logrA? someterlos. Superado esto, la tempestadAi??continuA? cuando el cholera morbus llegA?Ai??a la capital. El clero y la sociedad mA?s conservadoraAi??culparon al vicepresidente de estaAi??epidemia, pues sus leyes, decAi??an, ai???atentabanai???Ai??contra los bienes y derechos de la Iglesia y loAi??sucedido no era mA?s que un castigo divinoAi??para la sociedad mexicana.

Con la mayor rapidez posible, el vicepresidenteAi??instruyA? A?rdenes de sanidad e higieneAi??para contrarrestar los efectos de la epidemia.Ai??AdemA?s, como mAi??dico, ayudA? a atender a losAi??enfermos en los improvisados centros de saludAi??que se colocaron en distintos puntos de laAi??capital. Para finales de 1833, la plaga que habAi??aAi??matado a 15 000 personas, entre ellas a la hijaAi??de don ValentAi??n, habAi??a sido controlada.

Mientras tenAi??a las riendas del paAi??s, GA?mezAi??FarAi??as no vacilaba en aplicar su proyecto polAi??tico,Ai??sus leyes atacaban cada vez mA?s los privilegiosAi??que la Iglesia habAi??a disfrutado porAi??centurias. Los distintos grupos conservadoresAi??continuaban organizA?ndose para frenarAi??la ai???destrucciA?nai???. A diario aparecAi??an escritosAi??pegados en las paredes de la capital que criticabanAi??al vicepresidente, lo llamaban ai???sans-culotte,Ai??ladrA?n, demagogo y orateai??? que ai???de malaAi??feai??? habAi??a roto la armonAi??a de la naciA?n con suAi??ai???gobierno demoniocrA?ticoai???.

A fin de mantener la paz en la capital,Ai??GA?mez FarAi??as armA? a un cuerpo de civiles yAi??dictA? leyes que prohibAi??an, entre otras cosas, laAi??reuniA?n de mA?s de dos hombres en las calles,Ai??el toque de campanas y que los habitantesAi??montaran a caballo; aprehendiA? a varios jefesAi??del ejAi??rcito y duplicA? la vigilancia al caer laAi??noche.

En el resto del paAi??s la situaciA?n era distinta.Ai??Grupos antagA?nicos a GA?mez FarAi??as enviabanAi??cartas a Santa Anna, quien se encontraba enAi??Veracruz, suplicando que retome la presidenciaAi??para detener al ai???destructor de la feai???. Por finAi??se decidiA? a hacerlo y en abril de 1834 echA?Ai??para atrA?s todas las leyes y disposiciones queAi??su vicepresidente habAi??a emitido, ademA?s deAi??alejarlo brevemente del teatro polAi??tico.

Copia del Segundo A?leo que se hizo BAJA

Don ValentAi??n se retirA? a su casa en MixcoacAi??mientras la situaciA?n se tranquilizaba; sinAi??embargo, en la villa de Cuernavaca, un grupoAi??conservador emitiA? un plan el 25 de mayo queAi??desconocAi??a la autoridad de todas personas queAi??habAi??an apoyado las leyes que ai???sumergieron a laAi??RepA?blica mexicana en el caos mA?s espantosoAi??de confusiA?n y desordenai??? y pedAi??an auxilio alAi??presidente. Tras dAi??as de incertidumbre, el 14Ai??de junio de 1834, el Ayuntamiento de la ciudadAi??de MAi??xico adoptA? el plan. Las injuriasAi??en contra del ex vicepresidente no se hicieronAi??esperar. Una turba deseaba confrontar a donAi??ValentAi??n, pero en vista de que este no se encontrabaAi??cerca, buscaron su retrato en PalacioAi??Nacional para descargar su ira.

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La muerte de un hAi??roe por la espalda

Laura SuA?rez de la Torre
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

Dos versiones retoman el fusilamiento de JosAi?? MarAi??a Morelos y PavA?n por A?rdenes del virrey FAi??lix MarAi??a Calleja. Carlos MarAi??a Bustamante centra la atenciA?n en el hombre valiente que no teme morir; Lucas AlamA?n lo hace desde el testimonio del padre Salazar quien acompaAi??A? al estratega militar y polAi??tico hasta los momentos finales.

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AnA?nimo, Fusilamiento de JosAi?? MarAi??a Morelos y PavA?n, siglo XIX, acuarela. Museo HistA?rico Casa de Morelos, Morelia, MichoacA?n.

Era un frAi??o 22 de diciembre, la fecha se quedarAi??aAi??en la memoria de los novohispanos y, mA?sAi??tarde, de los mexicanos. Recordaba el fusilamientoAi??en 1815 de JosAi?? MarAi??a Morelos yAi??PavA?n, el cura que habAi??a logrado poner ordenAi??a las huestes insurgentes, el soldado que habAi??aAi??puesto a temblar al jefe militar y mA?s tardeAi??virrey, FAi??lix MarAi??a Calleja. El cura de CarA?cuaroAi??que habAi??a ganado una batalla tras otra,Ai??pero tambiAi??n la simpatAi??a de los insurgentesAi??y de los habitantes que querAi??an un cambio.Ai??OrdenA? al ejAi??rcito que acompaAi??aba a Hidalgo,Ai??ganA? territorios en el sur de la Nueva EspaAi??aAi??ai??i??Chilapa, TehuacA?n, Orizaba, Oaxaca,Ai??Acapulco, Veracruz y Puebla de los A?ngelesai??i??,Ai??y rompiA? el sitio que le habAi??an impuesto enAi??Cuautla. ConvocA? un Congreso en Chilpancingo, proclamA? la soberanAi??a y la independencia,Ai??recogiA? en los Sentimientos de la NaciA?nAi??su idea e ideal de naciA?n y en la ConstituciA?nAi??de ApatzingA?n consignA? los principios constitucionalesAi??y la forma de gobierno para el paAi??sAi??que anhelaba. Fue tambiAi??n el que enfrentA?Ai??diversas derrotas que mA?s que sumirlo en laAi??depresiA?n, le dieron brAi??o para continuar conAi??el ideal que perseguAi??a para Nueva EspaAi??a.

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Fusilamiento de Morelos, litografAi??a en Vicente Riva Palacio, El libro rojo: 1520-1867, MAi??xico, Imprenta de DAi??az de LeA?n, 1870. Biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai???ai??i??Instituto Mora.

En Ai??l, como seAi??ala Fernando SerranoAi??MigallA?n, conviven el ideA?logo, el insurgente,Ai??el polAi??tico y el sacerdote. Ese hombre, segA?nAi??refiere Genaro GarcAi??a en sus Episodios de laAi??guerra de independencia, de ai???mediana estatura,Ai??robusta complexiA?n y color moreno [ai??i??] ojosAi??negros, limpios, rasgados y brillantes, [ai??i??]Ai??mirada profunda e imponente [ai??i??] A la horaAi??del combate, segA?n los que de cerca le observaron,Ai??sus ojos relampagueaban siniestros y suAi??voz adquirAi??a tonante inflexiA?n para animar aAi??las tropas [ai??i??] la prosperidad no le ensoberbecAi??a,Ai??ni el infortunio quebrantaba su altivaAi??y digna enterezaai??i??ai??? Pero ese hombre, un dAi??aAi??cayA? prisionero en manos de los realistas. SerAi??aAi??conducido como prisionero; juzgado militarAi??y eclesiA?sticamente, y encerrado en la cA?rcel.

A manos de las tropas realistas, ese hombreAi??amado por muchos y odiado por otros, cayA?Ai??fusilado, ai???por la espalda como a traidorai???, en elAi??pueblo de San CristA?bal Ecatepec. Su muerteAi??pareciA? marcar el fin de la guerra pues suAi??captura y fusilamiento eliminaba del caminoAi??al mA?s importante estratega militar y polAi??ticoAi??de la lucha, JosAi?? MarAi??a Morelos y PavA?n.

Sobre su muerte los historiadores delAi??siglo XIX escribieron sus versiones y lo hicieronAi??de acuerdo con diferentes intenciones, aAi??partir de diversos informantes y documentos.Ai??De allAi?? que en este artAi??culo se muestranAi??dos de los varios textos que corrieron sobreAi??este hecho histA?rico: el de Carlos MarAi??a deAi??Bustamante y el de Lucas AlamA?n. Dos visionesAi??distintas, centradas en el episodio de laAi??muerte. Cada uno de ellos tomA? la pluma enAi??diferentes momentos para dejar este pasajeAi??escrito para guardarlo en la memoria a travAi??sAi??de las pA?ginas de sus historias sobre la guerraAi??de Independencia. Cada uno centrA? su atenciA?nAi??en detalles especAi??ficos, dando con ello unAi??significado especial a los A?ltimos momentosAi??del hAi??roe.

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Carlos MarAi??a de Bustamante (1774-1848)Ai??conociA? y colaborA? con el proyecto insurgente.Ai??Estuvo al lado de Morelos en distintosAi??momentos de la guerra insurgente. EscribiA? elAi??discurso con el que se inaugurA? el CongresoAi??de Chilpancingo, conocido como SentimientosAi??de la NaciA?n. Fue un incansable promotorAi??de la letra impresa a travAi??s de periA?dicosAi??Diario de MAi??xico (1805), El Juguetillo (1812), La Avispa de Chilpancingo (1822) y diversosAi??libros. EscribiA? muchas obras, entre ellas: Cuadro histA?rico de la RevoluciA?n de la AmAi??ricaAi??Mexicana, comenzado en quince de septiembre de 1810 por el ciudadano Miguel HidalgoAi??y Costilla (1823-1827); CampaAi??as del general D.Ai??FAi??lix MarAi??a Calleja, comandante en jefe delAi??EjAi??rcito Real de Operaciones llamado del CentroAi??(1828); Los tres siglos de MAi??xico durante elAi??gobierno espaAi??ol hasta la entrada del EjAi??rcito Trigarante (1836); Apuntes para la historia delAi??gobierno del general Antonio LA?pez de SantaAi??Anna (1845); El nuevo Bernal DAi??az del CastilloAi??o sea Historia de la invasiA?n anglo-americanaAi??(1847), entre otras. EditA? otras mA?s, como la deAi??Bernardino de SahagA?n. Fue un activo polAi??ticoAi??que participA? en diversos congresos desdeAi??la etapa insurgente y mA?s tarde en la Ai??pocaAi??independiente, dando voz a sus inquietudes y a las de otros.

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El legado fotogrA?fico de Cruz SA?nchez

Paulina Michel
Archivo HistA?rico de la UNAM-IISUE

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

La revoluciA?n mexicana tuvo abundantes fotA?grafos, aunque pocos pudieron dar a conocer sus trabajos. Entre los que permanecen menos visibles estA? este alcalde de Yautepec, quien se tomA? su tiempo para dejar algunas huellas revolucionarias en imA?genes de varios de sus lAi??deres como Zapata, algunos de sus enemigos y la cotidianidad de la Ai??poca. MA?s de medio centenar de sus trabajos se encuentra resguardado en la UNAM.

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Cruz SA?nchez, Retrato de grupo en el que aparece (al centro, sentado) el general sinaloense Juan M. Banderas, quien fuera delegado zapatista a la ConvenciA?n de Aguascalientes, como integrante de la ComisiA?n del EjAi??rcito Libertador, Yautepec, Morelos, 1914. IISUE, Fondo Gildardo y Octavio MagaAi??a, ColecciA?n GrA?fica y HemerogrA?fica.

El Archivo HistA?rico de la Universidad NacionalAi??AutA?noma de MAi??xico (AHUNAM) resguardaAi??138 fondos y colecciones de muy distintaAi??procedencia entre los que se encuentranAi??aquellos relacionados con personajes de laAi??revoluciA?n mexicana como Heriberto Jara,Ai??Roque Estrada Reynoso, Juan BarragA?n, BlasAi??Corral, Jacinto Blas TreviAi??o, Amado Aguirre,Ai??Francisco L. Urquizo y Gildardo MagaAi??a,entre otros. Este A?ltimo archivo contiene,Ai??entre una gran cantidad de documentos, aproximadamenteAi??mil imA?genes sobre la revoluciA?n,Ai??particularmente sobre el movimientoAi??encabezado por el general Emiliano ZapataAi??en el estado de Morelos. Cabe seAi??alar queAi??este fondo ha sido llamado ahora ArchivoAi??Gildardo y Octavio MagaAi??a Cerda, ya queAi??reA?ne documentos coleccionados por ambosAi??hermanos, ademA?s de imA?genes de la gestiA?nAi??de Gildardo MagaAi??a como gobernador deAi??MichoacA?n entre 1936 y 1939. En esta ocasiA?nAi??solamente me referirAi?? a un pequeAi??o grupo deAi??fotografAi??as que se encuentran en este archivo,Ai??especAi??ficamente alrededor de las imA?genes firmadasAi??o atribuidas al fotA?grafo Cruz SA?nchez,Ai??oriundo de Yautepec, Morelos, quien registrA?Ai??este acontecimiento en una de las sedes delAi??cuartel general de Zapata.

Con la revoluciA?n mexicana comenzA? tambiAi??nAi??la proliferaciA?n de fotA?grafos, los cualesAi??dieron a conocer el movimiento armado aAi??travAi??s de las imA?genes en la prensa, tanto enAi??el paAi??s como en el extranjero. Destacaron enAi??esta labor autores como JesA?s H. Abitia, ManuelAi??Ramos, Hugo Brehme y Samuel Tinoco,Ai??entre otros, asAi?? como las agencias fotogrA?ficasAi??de AgustAi??n VAi??ctor Casasola y los prestigiadosAi??trabajos de Heliodoro Juan GutiAi??rrez EscobarAi??en los estudios FotografAi??a H. J. GutiAi??rrez yAi??The Chicago Photo Studio.

AdemA?s de las tradicionales fotografAi??as deAi??gabinete, el desarrollo tecnolA?gico de entoncesAi??les permitiA? realizar tomas instantA?neas de sucesosAi??cotidianos y militares, los cuales fueronAi??documentados exhaustivamente al seguir losAi??pasos de los lAi??deres revolucionarios, quienesAi??a su vez utilizaban estas imA?genes para promoverAi??su causa y su persona.

En el caso de Emiliano Zapata, la prensaAi??porfirista, conservadora y crAi??tica con el movimiento revolucionario (El Imparcial o El PaAi??s,Ai??por ejemplo), se encargA? de presentar en susAi??pA?ginas al lAi??der agrarista y a sus seguidoresAi??como un grupo de bandidos y rebeldes, conAi??intenciones de arrasar a la poblaciA?n urbana.Ai??Fue entonces cuando se acuAi??A? el tAi??rmino deAi??ai???Atila del Surai??? para descalificar a Zapata yAi??alertar del supuesto peligro que representabaAi??un ejAi??rcito de campesinos.

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