Archivo de la categoría: Testimonios

Correspondencia sobre una paz incómoda

Norberto Nava Bonilla
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 37.

En un intercambio de cartas son su amigo José María Luis Mora, Otero manifiesta sus reticencias y críticas sobre la marcha del país a fines de 1848, sumido en la crisis económica y las peleas entre facciones políticas. Estas se concretarían tres años después de su muerte, cuando distintos sectores optaron por resolver sus diferencias políticas en nuevas batallas intestinas.

Tropas irregulares de México 1848

José Maria Gutierrez de Estrada envió una carta al presidente Anastasio Bustamante en agosto de 1840, en ella hacía una reflexión sobre “los males” ocurridos en México como nación independiente y finalizaba cuestionando la real efectividad del sistema republicano y sus constituciones. Sin recibir la respuesta deseada por parte del ejecutivo, el campechano decidió publicar su carta seguida de otros textos que aplaudían el sistema monárquico. Esto, para su mala fortuna, no fue visto con buenos ojos. Aparecieron en la prensa varias réplicas reclamándole su poco patriotismo y su nula fe en las instituciones republicanas. Fue tan grande el acoso que recibió que tuvo que exiliarse en Europa, lugar del que nunca regresó.

La propuesta monárquica quedó oculta por algún tiempo, sin embargo, el rotundo fracaso de la guerra contra Estados Unidos ocasionó que volviera a la palestra pública. Un grupo político se formó tan pronto se restauró la paz: Lucas Alamán, quien desde 1845 hacía tratos secretos para instalar una monarquía en México, reunió a personas que podían impulsar este proyecto, con las que fundó el periódico El Universal y a finales de 1849 crearon el Partido Conservador.

Durante este tiempo, Mariano Otero ocupó brevemente el ministerio de Relaciones en el gobierno de José Joaquín de Herrera, el cual tuvo la difícil tarea de reorganizar al país después de la guerra, pues a pesar de que se contaba con el dinero de la indemnización pagada por Estados Unidos, la deuda pública no era bien administrada y el ejército estaba desbaratado. Es importante señalar que la política del ejecutivo era de conciliación, es decir, que desde la presidencia Herrera buscó reunir y escuchar todas las voces de los partidos en pugna. No obstante, muchos no estaban de acuerdo con él, basándose en que opiniones tan diversas dentro del propio gobierno dificultaban la toma de decisiones. Otero fue una de estas personas; su poca confianza en solucionar los problemas nacionales con aquella administración lo llevaría a renunciar a su puesto en noviembre de 1848.

A continuación, presentamos fragmentos de tres cartas escritas por Otero a José Maria Luis Mora, ministro plenipotenciario de México en Londres. En estos documentos podemos percibir sus temores respecto al grupo conservador congregado en torno a Alamán y su influencia sobre el gobierno; el autor señala que si no se enfrentaba con mano firme a las diversas facciones, la vuelta de Santa Anna sería inminente, ya como una dictadura militar o como una monarquía absoluta.

Asimismo, puntualizaba que se debía aprovechar aquel periodo de paz para mejorar la Hacienda y organizar al ejército, de lo contrario surgirían más revoluciones patrocinadas por grupos que solo buscaban “conatos de rapiña” Cabe mencionar que él se encontraba retirado de la política en ese momento, pero advierte que tan pronto la maquinaria gubernamental marchara favorablemente, regresaría para apoyar los “Únicos principios” de salvación del país: los principios liberales y democráticos.

Solo resta decir que los temores de Otero se hicieron realidad: la paz llegó a su fin en octubre de 1852 y otra revolución azotó a la república. Las distintas facciones, fortalecidas, intentaron resolver sus diferencias en el campo de batalla. A él no le tocaría ver el fin del conflicto, pues en mayo de 1850 el cólera le arrebató la vida a la edad de 33 años.

 

Excmo. Sr. Dr. D. José María Luis Mora
Londres
México, 14 de diciembre de 1849

Muy estimado Señor y amigo:
Hasta ayer en la tarde recibimos la correspondencia del paquete inglés, que me trajo la muy grata de Usted de 31 de octubre, que contesto.

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Fototeca Pedro Guerra

Cinthya Edisa Cruz Castro y Ricardo Pat Chan
Fototeca Pedro Guerra


En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 35.

La visita a Mérida de Porfirio Díaz en 1906, la campaña de Francisco I. Madero y Pino Suárez en la región, las giras de Salvador Alvarado y el ejército constitucionalista, el arribo de Plutarco Elías Calles, movimientos políticos y sociales en el estado, así como fotografías artísticas o arqueológicas, que llegan hasta décadas recientes, forman parte de este acervo de más de 500 000 imágenes, resguardadas en la Universidad Autónoma de Yucatán.

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La historia de la fotografía en Yucatán tiene su origen en el temprano siglo XIX, a pesar del alejamiento y la condena de provinciana” que le legó su ubicación geográfica. Ese “provincialismo” le otorgó, pese a la sorpresa de algunos historiadores e investigadores de la imagen, las facilidades para que en abril de 1841 llegara el primer fotógrafo a la península yucateca: el barón Emmanuel von Friedrichsthal, agregado diplomático de la delegación austriaca en Estados Unidos, por recomendaciones de Alejandro von Humboldt y W. Hickling Prescott, quienes estaban deslumbrados por los “maravillosos” vestigios arqueológicos que existían en la península de Yucatán. Su nombre aparece citado en un artículo periodístico de El Museo Yucateco (1841) donde se explica que, atraído por la arqueología, el barón llevó consigo una cámara para hacer tomas al daguerrotipo de las “ruinas” mayas, con el propósito de “dibujar sus edificios” y posteriormente mostrar sus imágenes en la Academia de París. El barón fue el primer daguerrotipista en Yucatán, que ofreció comercialmente el trabajo de retratos, llegando a establecer un comercio fotográfico en la capital yucateca en tiempos tan tempranos como 1841. Como había comprado el diseño francés acromático y realizado pruebas con John William Draper, profesor de química en la Universidad de Nueva York, quien a su vez había experimentado con la nueva tecnología, Friedrichsthal produjo buenas imágenes, con buen dominio de la técnica, pese a sus constantes quejas por el clima y los vientos, que le causaban complicaciones en el momento de hacer tomas externas.

Otros extranjeros que visitaron Yucatán y utilizaron daguerrotipos para obtener imágenes de las ruinas mayas fueron el viajero y escritor estadunidense John Loyd Stephens y el grabador y dibujante inglés Frederick Catherwood, quienes emprendieron dos viajes a Yucatán, el primero en 1839 y el segundo en 1842. Catherwood recurrió a la cámara lúcida drawing, sistema antecesor de la fotografía con la cual numerosos viajeros, corresponsales gráficos, científicos del nuevo y el viejo mundo realizaron dibujos de gran calidad.

 

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No tardó mucho para que los yucatecos mismos comenzaran a practicar este arte, entre ellos, la familia Espinosa Rendón (1860-1863) y los Guerra (1877-1970), quienes hicieron de la fotografía una tradición que es practicada hoy en día. Los últimos perduraron más de 90 años en el mercado yucateco, siendo la fotografía de estudio la más practicada. Retrataron la fisonomía de Yucatán, cada yucateco (nos atreveríamos a decir que 80%) fue fotografiado por ellos. A la fecha se conservan poco más de 250 000 imágenes de su autoría en la Fototeca Pedro Guerra, de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Esta fototeca surgió del Estudio Guerra, fundado en 1877 por Pedro Guerra Jordán y el español José Huertas, originalmente llamado Fotografía Artística y Cía., y donde Guerra aprendió el oficio. Poco tiempo después, por motivos personales, Huertas dejaría la ciudad (anunciándolo en la prensa) y Guerra Jordán adquiriría el estudio, a cambio de enseñarle la técnica de colodión húmedo.

Guerra compartía la visión del progreso porfirista, así como una ideología tradicionalista y ortodoxa, acorde a su periodo de formación social en la segunda mitad del siglo XIX. Estos aspectos se verían reflejados en la mayor parte de su trabajo fotográfico: desde los retratos que mostraban la moda europea y los objetos que buscaban resaltar la actitud refinada de la clase “pudiente”. La fama de Guerra crecería a la par que la de la clase política, la cual compartía su visión del progreso, lo que se expresó claramente durante la visita del general Porfirio Díaz a la ciudad de Mérida en 1906, y en la que el fotógrafo cubrió la llegada del presidente al puerto de Progreso y las cenas otorgadas en las casonas de los hacendados, punto máximo del afrancesado séquito porfiriano. Guerra implementó métodos modernos y la utilización de materiales sensibles como la placa seca de gelatina, que aceleró el tiempo de la toma en la fotografía; también llegó a desarrollar la toma nocturna por medio de polvos de magnesio, hecho novedoso para la época. Después de 34 años frente al estudio, falleció el 29 de octubre de 1917 quedando a cargo del negocio familiar su hijo, Pedro Guerra Aguilar, quien seguiría en parte las prácticas, técnicas y costumbres fotográficas de su padre, logrando consolidar la fama del Estudio Guerra, incluso a través de asociaciones fotográficas para compartir técnicas y procesos para formar nuevos fotógrafos. Guerra Aguilar introdujo novedosas y rápidas técnicas de copiado como el Fotostat y complementó el taller de fotograbado mediante la inclusión de una gran imprenta. Su legado sería inmenso, puesto que a la par de los avances tecnológicos que introducía, los daba a conocer en medios fotográficos, como Yucatán Fotográfico, revista que pretendía ayudar a los aficionados y dar a conocer los nuevos avances tecnológicos, así como dar realce a la asociación que presidia y hacer accesibles los conocimientos que permitieron dar mayor impulso al auge fotográfico en la península.

 

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Ejercicio de memoria para un jardín imaginado

Octavio Paz.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33.

Octavio Paz recuerda, en una carta, sus tiempos de niño y adolescente por las calles de Mixcoac. Casas del siglo XIX, un río fétido, visitas con su abuelo Irineo, el tranvía en el que preparaba sus clases y leía novelas o tratados de filosofía, los colegios Williams y Lasalle, el lugar donde supo de la poesía y el entusiasmo. Ya adulto recorrió nuevamente aquellas calles, pero descubrió un mundo irremediablemente ajeno.

México, a 9 de mayo de 1989.

Señora Alejandra Moreno Toscano.
Querida Alejandra:

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Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.

Al final de esta carta encontrarás los breves poemas -en realidad, estrofas sueltas- que hubieran podido figurar, a manera de inscripciones, en las puertas y en algún muro del pequeño jardín que, a iniciativa tuya, las autoridades de la ciudad proyectan trazar en un terreno baldío del antiguo Mixcoac. Lo llamo antiguo porque esa localidad existe desde la época prehispánica. Yo no nací en Mixcoac, pero allá viví durante toda mi niñez y buena parte de mi juventud, salvo un año y medio que pasé en Los Ángeles (mi padre fue desterrado político y buscó asilo en los Estados Unidos).  Apenas tenía unos doce meses de edad cuando los azares de la revolución nos obligaron a dejar la ciudad de México; mi padre se unió, en el sur, al movimiento de Zapata, con Antonio Díaz Soto y Gama y otros jóvenes, mientras mi madre se refugió, conmigo, en Mixcoac, en la vieja casa de mi abuelo paterno. Llegué en 1914 y no me moví de allí sino hasta 1937, año de mi primera salida de México: casi un tercio de mi vida. Por esto, cuando me comunicaste tu idea y me pediste mi colaboración, acepté conmovido. Sin embargo, acabo de visitar la ruidosa desolación que ustedes intentan convertir en un jardín y regreso desalentado.  Mi decepción ante ese terrain vague se volvió abatimiento cuando recorrí la cercana rotonda con la estatua de cemento del Manco de Celaya, rodeada de una maltrecha tribu de fresnos y pinos. Aunque les costará trabajo, tal vez ustedes lograrán humanizar un poco ese páramo asolado por el martilleo y el tableteo de los autos. Pero me parece imposible que el futuro jardín llegue a ser ese reciento tranquilo y un poco apartado que evocan mis versos. Es un lugar condenado al ruido. Además, te lo confieso, no quiero ser intruso. No sí si me fui o me echaron: sí que ya no soy de allí. Pienso en el barrio que hoy he recorrido y en el de mi niñez y mi adolescencia: ¿en qué se parecen? Y me digo: ha sido peor que una destrucción una degradación.

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Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.

La calle de Goya, que es la prolongación del predio que ustedes quieren transformar en jardín, se llamaba la calle de las Flores. árboles corpulentos y casas severas, un poco tristes.  Animaban la soledad de la calle el blanco Colegio de las Teresianas y, a la hora de entrada y salida de las clases, los blancos uniformes de las muchachas. Voces de mujeres y piar de pájaros, revoloteo de alas y de faldas. Casi al final, la casa de los G. (hoy es una oficina pública). Eran amigos de mi familia y a veces yo acompañaba a mi abuelo en sus visitas. Se abría el portón y entrábamos en un vestíbulo amplio y un poco obscuro; nos recibía un moro de turbante y cimitarra (imposible no pensar en Venecia y el séquito de Otelo), en lo alto de la diestra una lámpara en forma de antorcha, pero el foco estaba casi siempre fundido- y que señalaba el camino. Recuerdo un corredor de altas macetas, flores blancas y rosadas (¿camelias?), un piso de ladrillo rojo y, separado por una pequeña balaustrada, un patio con limoneros y naranjos. En la sala de azules desvaídos nos esperaba la dueña de la casa, una vieja señora acompañada por algún pariente. A veces la conversación se interrumpía por la llegada de Manuelito, un sesentón hijo o sobrino de la señora de la casa, en el pecho la banda tricolor. Se acercaba con deferencia a mi abuelo, lo invitaba a la ceremonia de su inminente toma de posesión como Presidente de la República y le pedía consejo  sobre la composición de su futuro gabinete.  Nadie daba muestras de extrañeza y al poco tiempo la conversación continuaba.

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La ira sobre ValentAi??n

Norberto Nava Bonilla
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

En el proyecto polAi??tico de ValentAi??n GA?mez FarAi??as por quitarle a la Iglesia catA?lica espacios de poder y decisiA?n, la vida del propio vicepresidente de Santa Anna corriA? peligro cuando se echaron atrA?s sus decisiones. Una turba que lo buscA? quiso deshacerse hasta de un retrato personal. El cuadro no fue hallado, pero lo interesante es que la obra tuvo su sAi??mil.

Copia del A?leo original que fue robado

ValentAi??n GA?mez FarAi??as se encontraba en suAi??casa de Mixcoac acompaAi??ado de su familia.Ai??AllAi?? encontrA? el refugio ante una rebeliA?n queAi??se levantA? en su contra en la capital. Con armaAi??en mano, mA?s por precauciA?n que por miedo,Ai??proyectaba la ruta mA?s conveniente para salirAi??del paAi??s, no sin antes vender su biblioteca paraAi??hacerse de recursos. Estos sucesos no le causabanAi??sorpresa ni asombro, en el tiempo queAi??estuvo en el ejecutivo siempre hubo un sectorAi??que reprobA? su polAi??tica. A?Su culpa? Desde laAi??vicepresidencia del paAi??s decretA? varias leyes queAi??buscaban mermar el poder que la Iglesia tenAi??aAi??sobre la sociedad; hoy en dAi??a calificarAi??amosAi??estas medidas como progresistas, pero en eseAi??entonces fueron la causa de discordias entre unaAi??sociedad altamente religiosa y GA?mez FarAi??as.

Don ValentAi??n habAi??a iniciado su cuatrienioAi??como vicepresidente en abril de 1833.Ai??Con un Congreso liberal, sus leyes no encontraronAi??obstA?culos y fueron aprobadasAi??una tras otra, pero bastaron dos meses paraAi??que se escucharan las primeras protestas alAi??grito de ai???ReligiA?n y Fuerosai???; el presidenteAi??Antonio LA?pez de Santana saliA? a sofocar aAi??los rebeldes y tras un breve enfrentamientoAi??logrA? someterlos. Superado esto, la tempestadAi??continuA? cuando el cholera morbus llegA?Ai??a la capital. El clero y la sociedad mA?s conservadoraAi??culparon al vicepresidente de estaAi??epidemia, pues sus leyes, decAi??an, ai???atentabanai???Ai??contra los bienes y derechos de la Iglesia y loAi??sucedido no era mA?s que un castigo divinoAi??para la sociedad mexicana.

Con la mayor rapidez posible, el vicepresidenteAi??instruyA? A?rdenes de sanidad e higieneAi??para contrarrestar los efectos de la epidemia.Ai??AdemA?s, como mAi??dico, ayudA? a atender a losAi??enfermos en los improvisados centros de saludAi??que se colocaron en distintos puntos de laAi??capital. Para finales de 1833, la plaga que habAi??aAi??matado a 15 000 personas, entre ellas a la hijaAi??de don ValentAi??n, habAi??a sido controlada.

Mientras tenAi??a las riendas del paAi??s, GA?mezAi??FarAi??as no vacilaba en aplicar su proyecto polAi??tico,Ai??sus leyes atacaban cada vez mA?s los privilegiosAi??que la Iglesia habAi??a disfrutado porAi??centurias. Los distintos grupos conservadoresAi??continuaban organizA?ndose para frenarAi??la ai???destrucciA?nai???. A diario aparecAi??an escritosAi??pegados en las paredes de la capital que criticabanAi??al vicepresidente, lo llamaban ai???sans-culotte,Ai??ladrA?n, demagogo y orateai??? que ai???de malaAi??feai??? habAi??a roto la armonAi??a de la naciA?n con suAi??ai???gobierno demoniocrA?ticoai???.

A fin de mantener la paz en la capital,Ai??GA?mez FarAi??as armA? a un cuerpo de civiles yAi??dictA? leyes que prohibAi??an, entre otras cosas, laAi??reuniA?n de mA?s de dos hombres en las calles,Ai??el toque de campanas y que los habitantesAi??montaran a caballo; aprehendiA? a varios jefesAi??del ejAi??rcito y duplicA? la vigilancia al caer laAi??noche.

En el resto del paAi??s la situaciA?n era distinta.Ai??Grupos antagA?nicos a GA?mez FarAi??as enviabanAi??cartas a Santa Anna, quien se encontraba enAi??Veracruz, suplicando que retome la presidenciaAi??para detener al ai???destructor de la feai???. Por finAi??se decidiA? a hacerlo y en abril de 1834 echA?Ai??para atrA?s todas las leyes y disposiciones queAi??su vicepresidente habAi??a emitido, ademA?s deAi??alejarlo brevemente del teatro polAi??tico.

Copia del Segundo A?leo que se hizo BAJA

Don ValentAi??n se retirA? a su casa en MixcoacAi??mientras la situaciA?n se tranquilizaba; sinAi??embargo, en la villa de Cuernavaca, un grupoAi??conservador emitiA? un plan el 25 de mayo queAi??desconocAi??a la autoridad de todas personas queAi??habAi??an apoyado las leyes que ai???sumergieron a laAi??RepA?blica mexicana en el caos mA?s espantosoAi??de confusiA?n y desordenai??? y pedAi??an auxilio alAi??presidente. Tras dAi??as de incertidumbre, el 14Ai??de junio de 1834, el Ayuntamiento de la ciudadAi??de MAi??xico adoptA? el plan. Las injuriasAi??en contra del ex vicepresidente no se hicieronAi??esperar. Una turba deseaba confrontar a donAi??ValentAi??n, pero en vista de que este no se encontrabaAi??cerca, buscaron su retrato en PalacioAi??Nacional para descargar su ira.

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La muerte de un hAi??roe por la espalda

Laura SuA?rez de la Torre
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

Dos versiones retoman el fusilamiento de JosAi?? MarAi??a Morelos y PavA?n por A?rdenes del virrey FAi??lix MarAi??a Calleja. Carlos MarAi??a Bustamante centra la atenciA?n en el hombre valiente que no teme morir; Lucas AlamA?n lo hace desde el testimonio del padre Salazar quien acompaAi??A? al estratega militar y polAi??tico hasta los momentos finales.

Fusilamiento de Morelos (640x361)

AnA?nimo, Fusilamiento de JosAi?? MarAi??a Morelos y PavA?n, siglo XIX, acuarela. Museo HistA?rico Casa de Morelos, Morelia, MichoacA?n.

Era un frAi??o 22 de diciembre, la fecha se quedarAi??aAi??en la memoria de los novohispanos y, mA?sAi??tarde, de los mexicanos. Recordaba el fusilamientoAi??en 1815 de JosAi?? MarAi??a Morelos yAi??PavA?n, el cura que habAi??a logrado poner ordenAi??a las huestes insurgentes, el soldado que habAi??aAi??puesto a temblar al jefe militar y mA?s tardeAi??virrey, FAi??lix MarAi??a Calleja. El cura de CarA?cuaroAi??que habAi??a ganado una batalla tras otra,Ai??pero tambiAi??n la simpatAi??a de los insurgentesAi??y de los habitantes que querAi??an un cambio.Ai??OrdenA? al ejAi??rcito que acompaAi??aba a Hidalgo,Ai??ganA? territorios en el sur de la Nueva EspaAi??aAi??ai??i??Chilapa, TehuacA?n, Orizaba, Oaxaca,Ai??Acapulco, Veracruz y Puebla de los A?ngelesai??i??,Ai??y rompiA? el sitio que le habAi??an impuesto enAi??Cuautla. ConvocA? un Congreso en Chilpancingo, proclamA? la soberanAi??a y la independencia,Ai??recogiA? en los Sentimientos de la NaciA?nAi??su idea e ideal de naciA?n y en la ConstituciA?nAi??de ApatzingA?n consignA? los principios constitucionalesAi??y la forma de gobierno para el paAi??sAi??que anhelaba. Fue tambiAi??n el que enfrentA?Ai??diversas derrotas que mA?s que sumirlo en laAi??depresiA?n, le dieron brAi??o para continuar conAi??el ideal que perseguAi??a para Nueva EspaAi??a.

PreparaciA?n de Morelos para fusilar (495x640)

Fusilamiento de Morelos, litografAi??a en Vicente Riva Palacio, El libro rojo: 1520-1867, MAi??xico, Imprenta de DAi??az de LeA?n, 1870. Biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai???ai??i??Instituto Mora.

En Ai??l, como seAi??ala Fernando SerranoAi??MigallA?n, conviven el ideA?logo, el insurgente,Ai??el polAi??tico y el sacerdote. Ese hombre, segA?nAi??refiere Genaro GarcAi??a en sus Episodios de laAi??guerra de independencia, de ai???mediana estatura,Ai??robusta complexiA?n y color moreno [ai??i??] ojosAi??negros, limpios, rasgados y brillantes, [ai??i??]Ai??mirada profunda e imponente [ai??i??] A la horaAi??del combate, segA?n los que de cerca le observaron,Ai??sus ojos relampagueaban siniestros y suAi??voz adquirAi??a tonante inflexiA?n para animar aAi??las tropas [ai??i??] la prosperidad no le ensoberbecAi??a,Ai??ni el infortunio quebrantaba su altivaAi??y digna enterezaai??i??ai??? Pero ese hombre, un dAi??aAi??cayA? prisionero en manos de los realistas. SerAi??aAi??conducido como prisionero; juzgado militarAi??y eclesiA?sticamente, y encerrado en la cA?rcel.

A manos de las tropas realistas, ese hombreAi??amado por muchos y odiado por otros, cayA?Ai??fusilado, ai???por la espalda como a traidorai???, en elAi??pueblo de San CristA?bal Ecatepec. Su muerteAi??pareciA? marcar el fin de la guerra pues suAi??captura y fusilamiento eliminaba del caminoAi??al mA?s importante estratega militar y polAi??ticoAi??de la lucha, JosAi?? MarAi??a Morelos y PavA?n.

Sobre su muerte los historiadores delAi??siglo XIX escribieron sus versiones y lo hicieronAi??de acuerdo con diferentes intenciones, aAi??partir de diversos informantes y documentos.Ai??De allAi?? que en este artAi??culo se muestranAi??dos de los varios textos que corrieron sobreAi??este hecho histA?rico: el de Carlos MarAi??a deAi??Bustamante y el de Lucas AlamA?n. Dos visionesAi??distintas, centradas en el episodio de laAi??muerte. Cada uno de ellos tomA? la pluma enAi??diferentes momentos para dejar este pasajeAi??escrito para guardarlo en la memoria a travAi??sAi??de las pA?ginas de sus historias sobre la guerraAi??de Independencia. Cada uno centrA? su atenciA?nAi??en detalles especAi??ficos, dando con ello unAi??significado especial a los A?ltimos momentosAi??del hAi??roe.

Bustamante

Carlos MarAi??a de Bustamante (1774-1848)Ai??conociA? y colaborA? con el proyecto insurgente.Ai??Estuvo al lado de Morelos en distintosAi??momentos de la guerra insurgente. EscribiA? elAi??discurso con el que se inaugurA? el CongresoAi??de Chilpancingo, conocido como SentimientosAi??de la NaciA?n. Fue un incansable promotorAi??de la letra impresa a travAi??s de periA?dicosAi??Diario de MAi??xico (1805), El Juguetillo (1812), La Avispa de Chilpancingo (1822) y diversosAi??libros. EscribiA? muchas obras, entre ellas: Cuadro histA?rico de la RevoluciA?n de la AmAi??ricaAi??Mexicana, comenzado en quince de septiembre de 1810 por el ciudadano Miguel HidalgoAi??y Costilla (1823-1827); CampaAi??as del general D.Ai??FAi??lix MarAi??a Calleja, comandante en jefe delAi??EjAi??rcito Real de Operaciones llamado del CentroAi??(1828); Los tres siglos de MAi??xico durante elAi??gobierno espaAi??ol hasta la entrada del EjAi??rcito Trigarante (1836); Apuntes para la historia delAi??gobierno del general Antonio LA?pez de SantaAi??Anna (1845); El nuevo Bernal DAi??az del CastilloAi??o sea Historia de la invasiA?n anglo-americanaAi??(1847), entre otras. EditA? otras mA?s, como la deAi??Bernardino de SahagA?n. Fue un activo polAi??ticoAi??que participA? en diversos congresos desdeAi??la etapa insurgente y mA?s tarde en la Ai??pocaAi??independiente, dando voz a sus inquietudes y a las de otros.

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