Archivo de la etiqueta: historia militar

Un paseo por el Archivo Histórico de la Secretaria de la Defensa Nacional

Antonio Campuzano Rosales
Mayor historiador retirado, Secretaría de la Defensa Nacional

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46.

El legado que resguarda el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional es una fuente obligada para la investigación y el conocimiento de la historia militar de México, pero también de la historia nacional.

208El Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional custodia la documentación que da cuenta de la experiencia en el manejo de las fuerzas armadas a lo largo de la historia de México. En las secciones que lo componen pueden encontrarse expedientes que reseñan algunos hechos de armas, sobre todo aquellos que refieren las guerras e intervenciones que el país padeció, si bien otros expedientes evidencian la carrera militar de diversos personajes y algunos más refieren el fortalecimiento de los organismos militares.

La memoria institucional que resguarda es fuente primaria para comprender el proceso de construcción nacional ligado con la historia militar; a través del diálogo entre la documentación y el investigador que lo desee, se permite la comprensión del pasado y valora la participación del instituto armado en la construcción de la historia nacional.

Creación e integración del Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional

La urgencia de poner fin al caos imperante en los archivos militares desde la creación de la Secretaría de Guerra y Marina en 1821, agudizado por las diferentes emergencias nacionales que tuvieron lugar durante casi todo el siglo XIX, así como la incipiente conciencia histórica institucional, se volvieron una realidad cada vez más tangible a medida que transcurrían los años y se sucedían los gobiernos. Por esta razón, el Archivo General de la Secretaría de Guerra y Marina nació de la mano con la institución y fue integrado con la documentación producida por los diferentes cuerpos y organismos que componían al ejército y la armada mexicanos en el siglo XIX, siendo albergado en Palacio Nacional.

205Los documentos que hoy constituyen su parte sustancial sufrieron un proceso similar al de los que componen otros grandes archivos. Como ellos, sufrieron diversas mudanzas hasta llegar a su actual repositorio. El acervo se abrigó de tal manera en el antiguo palacio de los Virreyes, la Ciudadela, en la Secretaría de Guerra y Marina en Palacio Nacional; en el antiguo templo de la Encarnación; el cuartel militar de San Ildefonso; el templo de Jesús María, en donde, como menciona Vito Alessio Robles en el prólogo de la Guía del Archivo Histórico Militar de México, los legajos permanecieron simplemente apilados durante varios año; en la planta baja del edificio actual de la Secretaría de la Defensa Nacional hasta llegar, finalmente, a la Dirección General de Archivo e Historia, ubicada en el Campo Militar núm. 1-J, Predio Reforma, Ciudad de México, donde logró establecerse y constituir un verdadero Archivo Militar. Este archivo histórico es fruto del esfuerzo de muchas generaciones de militares dedicados a la organización y conservación de los testimonios documentales de la institución, tarea nada sencilla, ya que el repositorio también ha sido víctima directa de las circunstancias políticas y militares de la historia de México. Refiere un ejemplo el capitán primero historiador retirado, Antonio Aguilar Razo, en el artículo publicado en la Memoria del 1/er. Congreso de Historia Militar de México, a través de los Archivos Históricos, al mencionar que, durante la guerra entre México y Estados Unidos de 1846 a 1848, los archivos militares que no fueron trasladados junto con el gobierno nacional a la ciudad de Querétaro y, por lo tanto, se quedaron en Palacio Nacional durante la ocupación de la ciudad de México en el mes de septiembre de 1847, fueron saqueados por las tropas extranjeras. Algo parecido sucedió durante los conflictos derivados de la revolución de Ayutla iniciada en 1853, cuando el archivo acompañó a los combatientes provocando la pérdida de un gran porcentaje de su contenido.

La consulta pública de los documentos que se resguardan en el acervo es también una victoria del instituto armado en la lucha por preservar, no sólo su propia memoria, sino la nacional. Las fuentes para el estudio de la historia de México que reúne son imprescindibles para la reconstrucción del pasado de este país, un pasado definido por sus guerras y revoluciones constantes, por lo que no resulta posible explicarlo a cabalidad sin el uso de las fuentes militares.

El acervo está organizado en tres secciones: Operaciones Militares del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos con 6 373 expedientes, Cancelados, así como Veteranos de la Revolución Reconocidos y no Reconocidos, las dos últimas secciones compuestas por 152 348 expedientes. La primera sección está constituida por informes de operaciones, campañas, proclamas, relaciones de personal, entre otros documentos relacionados con acciones de guerra.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Una publicación sobre saberes militares en México (1906-1914)

Víctor Salazar Velázquez
Facultad de Filosofía y Letras

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46.

La Revista del Ejército y Marina registró la vida intelectual de una generación de militares que sentía tener la misión de modernizar el ejército; sin embargo, con la revolución mexicana sus derroteros cambiaron.

176La Revista del Ejército y Marina (REM) fue una publicación especializada en temas castrenses. En sus páginas aparecieron textos concernientes a distintas áreas del ejército; sus colaboradores, la mayoría pertenecientes a los departamentos de Ingenieros, Artillería y Estado Mayor, constituían el sector intelectual de la Secretaría de Guerra: tenían en común haberse formado en el Colegio Militar y varios gozaron de la oportunidad de realizar estudios de especialización en Europa. Eran los encargados de la enseñanza en los planteles castrenses, incluso algunos sirvieron como sus directores; por ejemplo, Felipe Ángeles en el Colegio Militar y Miguel Ruelas en la Escuela Militar de Aspirantes. Asimismo, efectuaban comisiones técnicas cuyo ejercicio se plasmó parcialmente en las páginas de la publicación periódica. Cabe recordar los trabajos de construcción del hospital militar de Monterrey que llevó a cabo Vito Alessio Robles.

Enseguida explicaremos a grandes rasgos la relación de algunas prácticas profesionales militares con la REM entre 1906 y 1914. Comenzaremos por describir y contextualizar el surgimiento del impreso; después, señalaremos la manera en que autores como Felipe Ángeles, Eduardo Paz y Vito Alessio Robles vincularon sus actividades intelectuales y su desempeño profesional en sus contribuciones a la revista.

Nos enfocaremos en la primera etapa del órgano informativo (1906-1914) debido a que los autores de ese momento estudiaron en el Colegio Militar, centro de estudio empeñado en la preparación científica de sus alumnos, quizá por influencia del positivismo, y que tenía como objetivo principal la modernización del ejército a principios del siglo xx, objetivo que se vio interrumpido con el triunfo del constitucionalismo.

Una perspectiva de la REM

Apareció en 1906, impresa en los talleres del departamento de Estado Mayor de la Secretaría de Guerra, área que se encargó de su edición a lo largo de dos décadas, y que desempeñaba una relevante función técnica para el ejército: diseñar las reformas que se implementarían en distintos sectores del instituto armado, redactar los reglamentos a que debían sujetarse los militares y marinos, y establecer las normas bajo las cuales los comandantes de las armas del ejército debían realizar sus maniobras tácticas, tanto con fines de instrucción como para combatir a un enemigo.

178Al quedar bajo la responsabilidad de un área técnica, la REM encomendó su dirección a militares con méritos académicos sobresalientes y conocedores del Estado Mayor. El primero fue el mayor Fortino Dávila, que era profesor de matemáticas superiores en el Colegio Militar desde 1900, pero sólo duró un año al frente del impreso (1906-1907), pues se le comisionó como agregado militar de México en Washington. Su sucesor, el teniente coronel Luis G. Palacios, permaneció de 1907 a 1914. Era un experto en los asuntos desarrollados en el departamento de Estado Mayor, pues desde su egreso del Colegio Militar, de 1882 hasta 1914, colaboró en esta área.

El propósito del órgano informativo consistía en “ser útil a la oficialidad instruyéndola y a la vez despertar en ella una emulación noble, recogiendo en sus páginas el pensamiento y trabajo de aquellos de sus miembros más perseverantes y laboriosos”. Sobresalen dos puntos; por un lado, se estipulaba ser un medio de actualización para los mandos medios, a saber, los oficiales que estaban en contacto directo con las tropas; y, por el otro, pretendía convertirse en un espacio de interacción intelectual; ya en sus páginas se plasmaría el producto del trabajo académico y las experiencias profesionales de militares connotados.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Carl Khevenhüller. El príncipe austriaco desconocido

Ana Karen Hernández Hernández
Universidad Autónoma Metropolitana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  41

Una deuda de juventud trajo por casualidad a México a este conde que se transformaría en uno de los hombres de confianza en la seguridad de Maximiliano de Habsburgo. Luchó contra Porfirio Díaz y fue derrotado, aunque supo negociar para escapar de una posible muerte. Luego se convertirían en amigos. México tuvo una impronta tan fuerte en su vida que atesoró objetos en su castillo en Austria, convertidos tras su muerte en piezas de museo.

Johann Carl Von Khevenhüller-Metsch

Johann Carl Von Khevenhüller-Metsch

Uno de los aristócratas que llegó a México como consecuencia de la intervención francesa fue el conde Carl Khevenhüller. La huella del paso por el país de este austriaco de noble cuna es poco conocida, a pesar de que fue una de las figuras sobresalientes del segundo imperio. José Luis Blasio, secretario particular del emperador Maximiliano, lo describió así:

Era el conde Khevenhüller un guapo mozo de 25 años, recién llegado al país, y desde los primeros días de su llegada, llamó la atención por su elegancia, su distinción y varonil postura. En muy pocos días fue héroe de varios lances amorosos, de varios duelos y de otros acontecimientos ruidosos que demostraban su alma aficionada al género de aventuras, pero siempre muy estricto en el cumplimiento de sus deberes militares.

Johannes Franz Carl von Khevenhüller-Metsch nació en Ladendorf, al norte de Viena en 1840. Fue el hijo primogénito del príncipe Rikard von Khevenhüller-Metsch y de Antoine  Lichnowsky. Sus tempranos talentos para la esgrima y la equitación lo llevaron a alistarse en el ejército imperial austriaco. Gracias a su apellido logró convertirse en capitán de caballería a los 24 años. En febrero de 1863 participó en el carrusel de equitación en Viena; para dicho evento compró un traje al sastre de la corte imperial Vincenz Harapatt y un caballo al tratante Herman Herscheless. Al año siguiente, el adeudo por esas compras ascendía a 150 000 florines. Pero los ingresos de Carl eran de 162 florines al mes, por lo que dicho monto era impagable y, como consecuencia, fue demandado.

Ante ello, la madre de Carl acudió a su tío, el comandante Franz Thun, primo del conde Guido von Thun, representante de Austria ante la corte de Maximiliano, para que a su hijo se le concediera una licencia en el extranjero y así pudiera salir de Viena. Le fue concedida y el joven moroso salió rumbo a Francia en agosto de 1864. Agotadas las vías legales, no se llegó a ningún arreglo con los acreedores, por lo que la familia Khevenhüller tomó la última salida: por recomendación del general Franz von Thun Hohenstein, recién nombrado líder de las tropas que se enviarían a México, el capitán Carl Khevenhüller quedó integrado al cuerpo austriaco de voluntarios: formado por 6 500 efectivos, tropa escogida y personal de Maximiliano, así como núcleo del Ejército Nacional Imperial Mexicano que debía formarse.

[...]
Para leer el cuento completo, consulte la revista BiCentenario.

El bloqueo comercial francés de 1838

Faustino A. Aquino Sánchez
Museo Nacional de las Intervenciones

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  41.

Cualquier pacto comercial con las potencias europeas o estadunidense a principios del siglo XIX, era tan necesario como desigual. Para los franceses, reacios a conceder reconocimientos de independencia, se trataba de una imposición antes que la búsqueda de mutuos beneficios y por eso instrumentaron una intervención militar al puerto de Veracruz, la primera, y que no sería la última.

Prise du Fort de St Jean d’Uloa et de la Vera-Cruz, par la marine française, impreso, Fabrique de Pellerin, imprimeur-libraire, 1839. Biblioteca Nacional de Francia.

Prise du Fort de St Jean d’Uloa et de la Vera-Cruz, par la marine française, impreso, Fabrique de Pellerin, imprimeur-libraire, 1839. Biblioteca Nacional de Francia.

Los líderes de las recién independizadas naciones hispanoamericanas vieron en la firma de tratados de comercio con las grandes potencias una manera de integrarse al mundo occidental. En Europa, las relaciones comerciales eran consideradas una muestra del grado de “civilización” de un pueblo, por lo cual podían dar aliados y respetabilidad a las nuevas naciones independientes. Las posibilidades de expansión que el mercado mexicano ofrecía a las potencias marítimas eran tan grandes que Inglaterra y Estados Unidos decidieron pasar sobre los derechos que Fernando VII, con el apoyo de la Santa Alianza, decía conservar sobre sus colonias, y otorgaron su reconocimiento a la independencia de México e Hispanoamérica. Así, México firmó con Inglaterra su primer tratado comercial en 1825 (con Estados Unidos se firmó en 1830), no obstante que era evidente la desventaja de tratar de igual a igual con la potencia manufacturera más desarrollada del mundo.

El caso con Francia fue más complicado. Francia era parte de la Santa Alianza y el llamado Pacto de Familia de los Borbones había sido restaurado en las personas de Luis XVIII y Fernando VII. El gobierno francés estaba entonces con la corona española y se negó a conceder su reconocimiento a ninguna nación hispanoamericana. Por el contrario, intrigó en la corte española con el objetivo de imponer en las nuevas naciones una serie de monarquías borbónicas y así lograr en el mediano plazo un lugar de privilegio en el mercado americano.

Esa intriga monárquica no fructificó y Francia comenzó a perder terreno en el mercado de México y el resto de Hispanoamérica en beneficio de ingleses y estadunidenses. Sus mercancías sí penetraban en dichos mercados, pero lo hacían en condiciones desventajosas. Esto produjo el descontento de sus navieros y comerciantes, quienes presionaron a su gobierno para que reconociera la independencia de Hispanoamérica y firmara tratados. El ascenso al trono de Carlos X en 1824, sin embargo, complicó más la situación, pues se trataba de un monarca recalcitrantemente absolutista y enemigo de los regímenes republicanos de América, por lo cual la formalización de las relaciones de Francia con el Nuevo Mundo tuvo que seguir esperando.

[...]
Para leer el cuento completo, consulte la revista BiCentenario.

Anita. Recuerdos de un contraguerrillero.

H. Beaugard -Ai??Ana GarcAi??a Bergua,Ai??Nota introductoria y traducciA?n.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 2.

anita, guerrillero

Luego de dominar militarmente el centro de MAi??xico y de proclamarse el Segundo Imperio a mediados de 1863, las tropas de Francia desembarcadas en Veracruz a principios de 1862 y engrosadas poco a poco en los meses siguientes, emprendieron la conquista del resto del territorio. Las encabezaba el general Achilles Bazaine, quien de inmediato dispuso la marcha de dos columnas hacia el norte.

A travAi??s de una rA?pida ofensiva, el ejAi??rcito intervencionista ocupA? lugares lejanos, y pronto se afirmA? que dominaba el paAi??s entero. Sin embargo, la ocupaciA?n de las diversas poblaciones no resultaba definitiva; en cuanto los invasores partAi??an, las fuerzas nacionales recobraban el dominio. Las guerrillas, a
utorizadas por la repA?blica itinerante de Benito JuA?rez, los mantuvieron en alarma y movimiento constantes gracias al conocimiento que tenAi??an del territorio, a la movilidad que les era inherente, al hecho de que, con facilidad, podAi??an disolverse para volver a formarse despuAi??s y al fuerte apoyo de la poblaciA?n.

Tanto daAi??o causaban las guerrillas que las autoridades militares francesas se vieron obligadas a combatirlas de manera especial, con una tropa pequeAi??a e independiente que se estableciA? en MedellAi??n, Veracruz. Al proliferar aquAi??llas, la contra-guerrilla se puso al mando del coronel Charles Dupin, personaje controvertido a quien Juan A. Mateos, reconocido escritor mexicano (1831-1913), definiA? como ai???ese miserable, cuya vida cargada de crAi??menes lo ha hecho cAi??lebre en MAi??xico, en Europa y en todos los lugares donde los soldados de la Francia han entrado a saco y en son de guerraai???.

La contraguerrilla de Dupin se caracterizA? por sus excesos, la conducta poco militar y los atropellos cometidos. ConsistAi??a en una hueste irregular, compuesta de aventureros de diversas nacionalidades, que combatAi??a el fuego con el fuego y tuvo la peor reputaciA?n de todo el ejAi??rcito invasor. Su primera tarea, iniciada en febrero de 1863, fue asegurar la tierra veracruzana; mA?s tarde se la trasladA? al noreste del imperio y, asentada en Tampico a partir de abril de 1864, anduvo por toda la regiA?n. Es aquAi?? donde se sitA?a la trama de ai???Anita. Recuerdos de un contraguerrilleroai??? (ca. 1874).

A?QuiAi??n era su autor? A?HonorAi?? de Beaugrand? Se trataba de un francocanadiense, nacido en Saint- Joseph-de-Lanoraie, provincia de QuAi??bec, en 1848. Terminados sus estudios, habAi??a pasado unos meses en un noviciado, donde al parecer no se sintiA? a gusto, para recibir despuAi??s un breve entrenamiento en la escuela militar de MontrAi??al. En pos de aventuras, emprendiA? el viaje a MAi??xico, que entonces vivAi??a la segunda intervenciA?n francesa, y allAi?? luchA? durante aAi??o y medio en la contraguerrilla de Dupin. Al final de la guerra, en 1867, siguiA? al ejAi??rcito invasor al Viejo Mundo; allAi?? permaneciA? un tiempo antes de regresar a MAi??xico y a Estados Unidos, paAi??ses en los que practicA? varios oficios.

Se estableciA? en Nueva Inglaterra en 1871, iniciando una carrera ascendente como periodista, editor de diversos diarios, polAi??tico y narrador viajero, la cual continuA? en su paAi??s a partir de 1878. Su enAi??rgica postura liberal, que lo definiA? paulatinamente como republicano, deAi??sta y anticlerical, no cambiA? con el paso del tiempo, y lo involucrA? en polAi??micas y escA?ndalos. Los A?ltimos quince aAi??os de su vida los dedicA? a viajar y escribir. MuriA? en MontrAi??al en 1906.

[...]

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.