Archivo de la etiqueta: Entrevistas

“Venían muy redotados… Pero con mucha violencia”

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  41.

El capitán de caballería Gregorio Martínez cuenta aquí las duras vivencias como combatientes junto al general Francisco Villa entre 1917 y 1919 antes de deponer las armas. Transformados en gavilleros dispuestos únicamente a sobrevivir, afrontaron el final de la lucha revolucionaria en medio del hambre, el saqueo, las deserciones y la irracional brutalidad.

Luz Corral

A fines de 1915 la otrora poderosa División del Norte había desaparecido. Con la derrota a cuestas, el general Francisco Villa decidió seguir una guerra de guerrillas en contra de Venustiano Carranza y, a partir de entonces, con tan sólo un pequeño contingente constitutido por hombres que habían militado bajo sus órdenes, comenzó a operar en el estado de Chihuahua, haciendo extensivo su movimiento a los vecinos estados de Durango y Coahuila.

Pequeños destacamentos, divididos en facciones, hostilizaron al gobierno y resistieron durante cuatro años todo intento de pacificación. Estas gavillas al movilizarse en sus lugares de origen mantuvieron contacto con la población, lo cual les facilitó organizarse, incrementar sus contingentes, conseguir provisiones e informarse de los movimientos del ejército federal. El arraigo popular que mantuvieron los villistas en numerosas poblaciones facilitó sus acciones.

En corto tiempo Villa consiguió reunir un respetable contingente armado que, durante los años siguientes, mantuvo sucesivos encuentros con los distintos jefes de operaciones militares enviados a combatirlo. Las guerrillas villistas llegaron a obtener algunas victorias logrando tener en jaque a Carranza y a su ejército a lo largo de casi cinco años. Sin embargo, aunque se fueron engrosando los contingentes guerrilleros, también se empezaron a rendir algunas facciones. Muchos villistas se amnistiaron y se pasaron a las filas carrancistas combatiendo a sus antiguos compañeros, lo que Villa nunca les perdonaría. Ante las represalias ejercidas y la táctica de leva forzosa que implementó, el caudillo empezó a perder apoyo popular, al tiempo que provocó continuos reacomodos en las jefaturas militares del Ejército federal y la formación de numerosos cuerpos de voluntarios y defensas sociales en diversas poblaciones cuya finalidad era proteger propiedades y familias de los ataques guerrilleros.

Después de tantos años de guerra, la guerrilla empezó a declinar y el movimiento se debilitó; apareció el cansancio y la desmoralización entre las tropas. Aumentaron las deserciones en masa porque se intensificó el miedo y empezaron a perder la fe. Muchos que habían sido fieles al ex jefe de la División del Norte y que llevaban años levantados en armas no pudieron resistir más y se fueron retirando de la lucha.

Tras la sublevación del grupo sonorense contra el gobierno, la adhesión de numerosos generales y el asesinato del presidente Venustiano Carranza en mayo de 1920, Villa estuvo dispuesto a pactar con el gobierno provisional de Adolfo de la Huerta. El 31 de agosto de 1920, en la hacienda de Tlahualilo, Durango, los villistas depusieron las armas.

El texto que ahora se presenta es una edición de la entrevista que realicé al capitán de caballería Gregorio Martínez, los días 8 de septiembre de 1983 y 29 de septiembre de 1984 en la ciudad de Camargo, Chihuahua (pho/1/228). Se han seleccionado los relatos que recuerdan algunos pasajes de su participación de 1917 a 1919 en la guerrilla villista, años en los que se escribió uno de los capítulos más cruentos de la revolución, cuando a salto de mata y ocultas en las serranías, las gavillas hicieron de la guerrilla su modus operandi, abasteciéndose del saqueo y el robo, subsistiendo de lo que podían obtener en forma voluntaria o forzosa en los poblados aledaños y cazando al enemigo para matarlo, a riesgo de ser ellos los victimados. Hasta el fin de sus días, Gregorio Martínez mantuvo vivo el recuerdo de esos años de lucha y sobrevivencia al lado del general Villa, a quien ya no conoció como el líder admirado y carismático de otros tiempos, sino como el caudillo derrotado, despiadado y vengativo.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

Julia LA?pez. La modelo mulata que deslumbraba a pintores y escultores

Laura SuA?rez de la Torre – Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 20.

A los 13 aAi??os supo que querAi??a labrar su propio futuro. DejA? el campo para enAi??poco tiempo llegar al D.F. y ganarse la vida. Primero fue modelo para bodasAi??en una tienda hasta que Frida Kahlo la recomendA? para posar. AprendiA? a pintar junto a sus maestros y se ganA? un lugar entre ellos. AquAi?? relata pasajes de aquellos tiempos de esfuerzos y alegrAi??as.

Captura de pantalla 2013-09-02 a las 19.32.24

Julia LA?pez modelando para Carlos Orozco Romero

Nunca se imagina uno lo que existe detrA?s de un cuadro y menos aA?n saber quiAi??n pudo servir de modelo para que los grandes pintores aprendieran a dibujar o a recrear la figura humana. Precisamente de esto se trata esta entrevista que realicAi?? a Julia LA?pez en 2012. AllAi?? platica cA?mo una chica de campo, nacida en 1936, dejA? su pueblo y su familia para asentarse en la gran ciudad. Sus primeros pasos como modelo los dio en una escuela para veteranos de guerra, en la colonia Roma.

El toro de petate

El toro de petate

DeslumbrA? comoAi??una mulata preciosaAi??que servirAi??a de modelo a los pintores y a los escultores que se formaron en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda y la Academia de San Carlos. AllAi?? estudiaron Antonio Ruiz,Ai??El orcito, Francisco ZA?Ai??iga, Carlos Orozco Romero, RaA?l Anguiano, Ai??Francisco Corzas, Lauro LA?pez, AgustAi??n Lazo, Pedro y Rafael Coronel. CuA?ntas veces dibujaron su cuerpo, su rostro y sus cabellos ensortijados; cuA?ntas veces estuvo enfrente de ellos posando en su desnudez; cuA?ntas veces su imagen delgada se volviA? dibujo, acuarela, A?leo, escultura.

Los recuerdos que guarda Julia de esa etapa son muchos, estA?n salpicados de anAi??cdotas y muestran cA?mo nunca imaginA? que una chicaAi??tan silvestre,Ai??como ella misma se define, llegara a ser parte de aquel grupo de artistas emblemA?tico para el arte mexicano del siglo xx. Con los aAi??os, se convirtiA? en amiga, formA? parte del grupo de artistas y aprendiA? su arte con el solo hecho de verlos pintar. Se volviA? pintora autodidacta. Los colores estaban en su mente y los pasA? al papel, a la tela, al acrAi??lico. Los niAi??os, las flores, los animales, los A?rboles de Ometepec volvieron a su mente, fueron su inspiraciA?n, se convirtieron en los temas de sus pinturas.

Julia LA?pez, retrato de Mallard

En la GalerAi??a Prisse, espacio alternativo para promover a jA?venes pintores, expuso sus primeros cuadros, apoyada por un entusiasta grupo de artistas ai??i??Enrique EcheverrAi??a, Alberto Gironella, HAi??ctor Xavier, Joseph Bartoli y Valdyai??i?? que se oponAi??a a la hegemonAi??a pictA?rica de Siqueiros, Rivera y Orozco, exponentes mA?ximos de la llamada Escuela de Pintura Mexicana.

La niAi??ez trepada a los A?rboles

Me da mucho orgullo y estoy muy feliz porque tuve una niAi??ez preciosa que no la hubiera yo tenido aquAi?? (en el Distrito Federal). Soy de la costa chica de Guerrero, de Ometepec, y mi papA? y mi mamA? eran campesinos. Ellos sembraban algodA?n, chiles, tabaco, ajonjolAi??, plA?tanoai??i?? AllAi?? se dan los palmares muy frondosos, preciosos, y abajo de las palmas de coco se da el cafAi?? y el cacao. AsAi?? que eran unas huertas prodigiosas, maravillosas, y nosotros nos trepA?bamos a los A?rboles a bajar el coco, la guayabaai??i?? todas las frutas, ciruelas, almendras. La pasAi?? de maravilla. VivAi??amos arriba de una pirA?mide en el pueblo, en las cuadrillas donde estA?n las huertas. Y tenAi??amos el rAi??o Santa Catarina cerca. Cada cA?ntaro de agua que acarreA?bamos era cosa que primero Ai??bamos a nadar y luego llevA?bamos el agua. Me quedAi?? en tercero de primaria. En ese tiempo, en el pueblo ocupaban a los niAi??os para trabajar. Yo querAi??a otra vida, por eso me fui del pueblo a los 13 aAi??os.

Vendedora de frutas, Julia LA?pez

Vendedora de frutas, Julia LA?pez

Mucama en Ocotepec

Mi hermana mayor, Berta, me decAi??a: A?Ay vive aquAi??, aquAi?? estA? muy bonito, no necesitamos nada! Pero mi otra hermana, Natividad, se fue a vivir a Ometepec, y me fui con ella. Nosotros vivAi??amos en un pueblito chiquito. Ometepec era el pueblo grande, donde se iban a casar las gentes, donde iban a rezar. AhAi?? habAi??a un hotel que se llamaba la Casa Verde. Era un mesA?n que tenAi??a cine, tienda de corte por metros, tenAi??a para arar la tierra. Era un tendajA?nai??i?? que vendAi??a de todo, y tenAi??an cuartos para hotel.

No fui a Ometepec para estar ahAi?? encerrada y hacer mandaditos de a peso. No. En un mandado que me mandA? mi hermana, me encuentro a don Fidel. Parece que Dios me lo puso. El dueAi??o de la Casa Verde, un caciqueai??i?? Entonces le dije: A?Ay, don Fidel, quAi?? usted no me darAi??a trabajo en este hotel? No asAi?? chica, me dijo. A?Y tA?, quAi?? sabes hacer? ai??i??A?Uuy, sAi?? hacer muchas cosasA?ai??i?? A?Sabes barrer?ai??i?? SAi??. ai??i??A?Sabes tender camas?ai??i?? SAi??. ai??i??A?Sabes tender estoai??i???ai??i?? SAi??. No sabAi??a yo hacer esas cosas, pero a todo decAi??a que sAi??. Si digo que no, me iba a decir que no y Julia iba a perder. Esas eran ganas de superaciA?nai??i?? Y me dijo: Bueno, sAi??, presentate maAi??ana. Y que le digo a mi hermana. Casi me mata: A?CA?mo que te vas a ir a trabajar ahAi?? con don Fidel? Pues sAi??, me voy a trabajarai??i?? A?Y sabe cuA?nto me pagaban al mes? 20 pesos. Era en el 50.

Estaba don Miguel AlemA?n de presidente. Y me fui a trabajar ahAi??, entonces conocAi?? allAi?? a los viajeros del Nuevo Mundo, del Palacio de Hierro, del D. F. Los valijeros les decAi??amos nosotros, llevaban todos los perfumes que se usaban en esa Ai??poca: el PA?jaro Azul, unos perfumes que ahora son rarAi??simos. Los valijeros existen todavAi??a, son los que llevan las cosas que venden las tiendotas grandes para las ciudades chicas o los pueblos pequeAi??os. Entonces, pues, vi a mi comadre, que era la hija de la cocinera de allAi??. Era una gA?era casi albina, lindAi??sima, muy linda persona. Yo veAi??a cA?mo hacAi??a ella y le hacAi??a igual.

Acapulco Fugaz

Rosa, una seAi??ora que hacAi??a pan y que trabajaba en la Casa Verde me dijo: VA?monos para Acapulco. Su mamA? vivAi??a en Acapulco. Y le dije: Pues vA?monos. Y le dije a don Fidel: Don Fidel, pues fAi??jese que me voy a ir, ya no voy a trabajar. Y nos fuimos a Acapulco. Mi hermana Natividad me fue a llevar. Dice mi mamA? que prefiere meterte a la cA?rcel antes de que te vayas a otro lugar, me dijo. Que me meta a la cA?rcel. No me interesa que me metan a la cA?rcel. Me salgo, le dije. Y ya nos fuimos.

Los tAi??os del actual gobernador, don A?ngel Aguirre, eran los que mandaban allAi??, eran los comisariados, presidentes municipales, y Zaira era esposa de uno de ellos. Zaira venAi??a aquAi?? a MAi??xico. No estaba mucho tiempo allA?. Un dAi??a me la encontrAi??, y le dije: Oiga doAi??a Zaira, A?no necesita usted una compaAi??Ai??a? Y volvAi?? a pasar por ahAi?? y me dijo: Oye tA?, muchacha, ven, pues siempre sAi?? quiero una compaAi??Ai??a. Yo me voy tal dAi??a a MAi??xico. Uy, le dije, ahora sAi?? deme un tiempo para decirle a mi familia y a don Fidel para que busque otra gente.

HabAi??a una lAi??nea de aviA?n que se llamaba Rojas y la seAi??ora me dejA? para el pasaje. Me habAi??a dicho me mandas un telegrama y yo te espero. AsAi?? lo hice. Dije: Ahora me voy mA?s lejos, porque mA?s lejos no van a encontrarme. (Risas.) Y ya me vine para acA?. DoAi??a Zaira era mi madrina de confirmaciA?n.

El descubridor americano

Me vine para acA? y le dije: No, no me pague, yo quiero estar aquAi?? en la casa como si fuera de la familia, que no soy, pero supongo que asAi?? le ayudo en lo que hace. Y aquAi?? tenAi??a un taller de costura en las calles de MedellAi??n, casi enfrente del estacionamiento de Sears, y en la calle de San Luis PotosAi?? habAi??a una escuela para veteranos de la guerra mundial. Entonces llegaban al hotel Roosevelt. Era interesante, yo salAi??a a barrer la calle temprano y temprano iban a dibujar a una mujer oaxaqueAi??a.

Un dAi??a me llevA? con John Muller, el que me descubriA?. Aquella era una mujer hermosa, una seAi??ora grande, medio rolliza, con unas trenzas que le arrastraban. Preciosa. Esas imA?genes las tengo en mi mente, en mis recuerdos. Y Ai??l me dijo: Mira, eso es lo que tA? vas a hacer, como la seAi??ora de las trenzas A?no quieres hacerlo? Ay, pues dije: Mira no tengo mucho de haber llegado, y eso no le va a caer nada bien a mi madrina. Y bueno, yo seguAi?? con mi madrina para todos lados. El seAi??or John Muller era un gringo que habAi??a ido a la guerra y a todos los mandaba a estudiar pintura, escultura, poesAi??a y todas esas cosas en el museo de la calle mA?s importante de CoyoacA?n: Francisco Sosa. AllAi?? habAi??a otra escuela de veteranos de la guerra. Y entonces, no sAi??, hubo un lAi??o con mi madrina y tuve que salir. Madrinita, pues muchas gracias por haberme traAi??do. Como mi madrina me mandaba todas las tardes a comprar el pan a la Espiga ai??i??ya existAi??a la Espigaai??i??, y pasaba yo y siempre veAi??a a una seAi??ora tambiAi??n muy robusta, y me decAi??a: AdiA?s morena. Era la dueAi??a del edificio Guardiola que estA? en el Centro

Cada vez que pasaba me decAi??a adiA?s. Hasta que un dAi??a le preguntAi?? su nombre: Josefina Guardiola. Entonces me habla la seAi??ora Guardiola: Oye morena, A?por quAi?? no te vienes aquAi?? a la tienda? Ay, le decAi??a yo, bueno, no sAi?? si pueda manejar esta tienda. Mire, pero si usted me enseAi??a, yo aprendo, tengo mucho interAi??s, yo aprendo.

AllAi?? hacAi??an vestidos de novia, vestidos de coctel, vestidos de noche, vestidos de todo. Entonces sacaban a las Reinas de la Primavera. Y me fui a trabajar con la seAi??ora Guardiola. Andaba con un montA?n de perritos chiquitos como chihuahueAi??os (risas) que les ponAi??a moAi??os, les ponAi??a collares Yo los baAi??aba y ella los secaba, y andaba yo con ella para todo eso. AprendAi?? muchas cosas que si te pones a ver son bonitas. Hay que saber de todo, y eso es muy importante en la vida, aprender, porque la vida da muchas vueltas.

Hasta que un dAi??a me dijo: Oye, Julia, sA?bete allA? a las mesas porque van a recortar los vestidos de las novias. Me ponAi??an llena de alfileres y cortaban los vestidos con la mano. Eso era lo que hacAi??a y ya, ese era mi trabajo, estar parada y darme vueltas para que me fueran recortando. La cola y el velo, y todo eso. Era muy bonito, tan diferente; en poco tiempo aprendAi?? muchas cosas. Y por mis necesidades y por lo que yo querAi??a hacer, eso me llevA? a muchas cosas. Entonces, la seAi??ora Guardiola cometiA? el error de comprarle un coche convertible a su hijo. Pues este chico, A?quAi?? crees que hizo? Le metiA? garras hasta donde daba y allA? en la Pera que se cae con todo y carro, y se muere. A?Ay, yo estaba tan triste! A?QuAi?? voy a hacer ahora? La seAi??ora, llora y llora, y yo consolA?ndola. No llore tanto, seAi??ora, mire, que esto y el otro. Si no le hubiera comprado ese carro tan lujoso, tan costoso en esa Ai??poca, pues el muchacho hubiera andado con su coche normal. No soy yo la que tengo que decir, pero para consolarlaai??i?? Lo que yo le decAi??a, pues, era tan silvestre, que ella lo tomaba de esa manera, A?no? La hija vivAi??a en Estados Unidos y se fue la seAi??ora Guardiola con su hija.

La recomendaciA?n de Frida

Me quedAi?? sin trabajo y busquAi?? a John Muller. Le digo: Oye, ahora sAi?? ya le puedo posar allA? en la calle de San Luis PotosAi??. Ah, sAi??. Ah, bueno. Y allAi?? conocAi?? a un montA?n de gente que eran amigas, y yo tan silvestre, pues les encantaba que yo anduviera con ellas pai??i??arriba y pai??i??abajo.

AhAi?? conocAi?? a una seAi??ora que se llama Carmen ZA?Ai??iga, amiga de Aurora Reyes y sobrina de don Alfonso Reyes, el escritor. VivAi??a acA? en CoyoacA?n, en la calle de Hornos. Carmen era muy amiga de Aurora y Aurora de Frida Kahlo. Entonces, Aurora era muy pachanguera, le gustaban las fiestas, tener siempre mucha gente en su casa. Era muralista y daba clases junto al edificio de ExcAi??lsior, en Reforma. Entonces, Aurora le dijo a doAi??a Frida, pues comAi??an cada 15 dAi??as en su casa: Oye, tengo una mulata, una modelo mulata preciosa. Te va a fascinarai??i?? Entonces llegA? el dAi??a de la comida y por eso yo conocAi?? a doAi??a Frida.

Posando con Rafael Coronel (con corbata( y amigos

Posando con Rafael Coronel (con corbata( y amigos

Estaba yo muy delgada y el pelo lo tenAi??a ensortijado, chino, y me daba hasta la cintura. Se juntaban a pintar, a dibujar, doAi??a Frida y Aurora, en la casa de Aurora. Un dAi??a doAi??a Frida sacA? una tarjeta, me la dio y me dijo: Con esta tarjeta te presentas en la escuela La Esmeralda y buscas al director que se llama Antonio Ruiz, le dicen el Corcito, preguntas por Ai??l. Me fui a la escuela La Esmeralda, don Antonio Ruiz, el Corcito, Ai??l me presentA? con el maestro ZA?Ai??iga, un gran escultor maravilloso, dibujante precioso. El maestro ZA?Ai??iga muy atento, muy amable, muy cariAi??oso. Y entonces en esa Ai??poca habAi??a muchos generales ya retirados que Ai??l les daba clases de escultura. Ay, me dijo: Inmediatamente vente al taller de escultura. Y ya me dejaba ahAi?? con los tenientes, capitanes, generales, ya retirados, ya grandes. Y por eso empezamos el maestro ZA?Ai??iga y yo,Ai??yo a posarles y Ai??l era el maestro. Ya de ahAi?? me fue a ver el maestro Carlos Orozco Romero y le fui a posar. TenAi??a de alumnos a Francisco Corzas, a Rafael Coronel. De estar con el maestro Carlos Orozco Romero me fui al salA?n de RaA?l Anguiano, estaba Lauro LA?pez, el que me hizo un retrato. Salieron muchos otros, Mario Orozco Rivera y otros que ya fallecieron. Estaban tambiAi??n los dos Coronel, Pedro y Rafael, los que salieron triunfantes de La Esmeralda. Se hizo muy conocida la escuela, sacA? buenos pintores porque los maestros eran muy exigentes.

En el espejo, Julia LA?pez

En el espejo, Julia LA?pez

De a diez centavos

En las clases de acuarela ponAi??an una jarra con flores o frutas abajo o un periquito de esos disecados. Yo modelaba todo el dAi??a. De un salA?n pasaba a otro y a otro. Al acabar nos daban diez minutos de descanso. Era pesado. Pero si usted tiene una meta la tiene que cumplir. Y si no, A?cA?mo fuera yo pintora? En esa Ai??poca daban un quintito, diez centavos para pagar a la modelo. Nada. Pero era un alguito. Estamos hablando del aAi??o 52. DurAi?? hasta que tuve a mi hija, Julianita, que vive en Italia, en el 66. Fueron muchos aAi??os. Y me fueron recomendando entre ellos, y yo lleguAi?? a posar al general [Ignacio M.] Beteta que le gustaba la pintura. El general Beteta tenAi??a el estudio en frente de los juzgados en la colonia de los Doctores. TambiAi??n yo era modelo para hacer escultura, sAi??. Como modelo era de la Esmeralda y en la Academia de San Carlos tambiAi??n, en los dos lados. Como modelo quedAi?? en una escultura enorme que estA? en el malecA?n de Veracruz. Los pescadores. Es del maestro ZA?Ai??iga. Soy yo y Melchor, un bailarAi??n contorsionista de un lugar que se llamaba El TAi??voli.

Captura de pantalla 2013-09-04 a las 20.28.30Pasar la escoba

TambiAi??n estuve en la GalerAi??a Prisse [Londres 163] y estaba allAi?? un ruso, Vlady, que vivAi??a allAi??, en la parte de atrA?s. Estaba JosAi?? Luis Cuevas, estaba el Gallo Gironella que tenAi??a su estudio hasta allA? arriba y era un dandy, andaba con gasnAi?? y un bastA?n. Eran los que manejaban la galerAi??a. Luego a mAi?? me tocaba barrer la galerAi??a, otro dAi??a le tocaba a JosAi?? Luis, otro dAi??a le tocaba a la mujer de Vlady, Isabel. Ah, pero el Gallo, no. Era muy catrAi??n, pero debAi??a de haber visto cA?mo acabA?.

HacAi??an exposiciones de amigos. AllAi?? no era estudio. Era galerAi??a. El estudio lo tenAi??an en el cuarto de la azotea y lo rentaban. Como le decAi??a, cuando empiezan a mostrar su obra, pues nadie los conoce, no les compra nadie. Son muchos aAi??os de trabajo para que te conozcan.

Otro pintor de entonces era Chucho Reyes. VivAi??a a un ladito de la GalerAi??a de InAi??s Amor, en frente del Cine Versalles. Era a todo dar, Chucho. Ai??l pintaba con anilina, no pintaba con colores. Los demA?s pintaban con colores.

Las barrigonas

A mAi?? los pintores luego me preguntaban Oye, morena A?cA?mo lo ves. Ay, puesai??i?? mire, aquAi?? estA? corto, aquAi?? estA? barrigA?n, muy barrigona, esos pechos que usted le hizo, no existen. Mire los tengo chiquitos, A?CA?mo me hace esos globos tan grandes? Mire, esta pierna estA? mA?s chica que la otra. Oye, A?Pero cA?mo encuentras defectos! Ah, pues A?no me estA? diciendo usted que le diga yo? Si le digo que estA? bien, me regaAi??a. Si le digo la verdad, me estA? diciendo que lo critico. No, puesai??i?? a mAi?? tambiAi??n me dan ganas de pintar. Y me decAi??an: Te vas a morir de hambre si pintas. Mmm. A lo mejor, a lo mejor. RompAi??a yo unas bolsas de papel de estraza, donde venAi??a el pan, las estiraba, las ponAi??a debajo del colchA?n y ya me quedaban lisitas, lisitas. En ellas pintaba santos, caballitos, caballitos de mar. Iba con el maestro Orozco, que era con el que yo posaba mucho y su esposa era cuAi??ada del maestro Diego, se llamaba MarAi??a MarAi??n.

Julia LA?pez en 2013. Foto: Laura SuA?rez de la Torre

Julia LA?pez en 2013. Foto: Laura SuA?rez de la Torre

La pintora

Y luego ya seguAi?? con la pinturaai??i?? Todos me querAi??an, todos los maestros me querAi??an. Les hacAi??a yo mandaditos y esto y lo otro, me llevaban dulces, paletas y yo les iba a comprar las tortas y entonces dijeron, No, a la prieta le vamos a hacer entre todos una exposiciA?n. Y me la hicieron en una galerAi??a de la Zona Rosa y fue un Ai??xito lo que habAi??a hecho. Esto serAi??a por el aAi??o 55. Hice de muchos temas, de diferentes temas. Todos ellos me compraron pintura y bueno, otra gente que no tenAi??a nada que ver con los maestros, tambiAi??n me compraron. Y de ahAi?? palai??i?? real seguAi?? pintando.

Yo nunca voy a dejar mi estilo. Mi inspiraciA?n es el campo, los niAi??os, los cerros, los perros, los gatos, los animalitos, lo que veAi??a yo cuando era chica. No tengo un cuadro favorito. Todos son favoritos, porque si no, los borro. Si no me gusta a mAi?? A?CA?mo le puede gustar a otra persona? No, yo lo borro y a otra cosa.

Julia LA?pez posando en clase para Mario Orozco Rivera

Julia LA?pez posando en clase para Mario Orozco Rivera

Ai??SuscrAi??base a la Revista BiCentenario.

ESTUDIAR MEDICINA DURANTE LA REVOLUCIAi??N ENTREVISTA AL DR. SALVADOR ZUBIRA?N ANCHONDO

RamA?n Aureliano AlarcA?n / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No.5, pA?gs.87-88

A. Camacho Hptl NutriciA?n B-5

Firma del acta de inauguraciA?n del Hospital de NutriciA?n, 12 de octubre de 1946

Forjador de una de las instituciones de medicina mA?s prestigiadas de MAi??xico, a la vez que maestro de muchas generaciones de mAi??dicos, o ai???mAi??dico de presidentesai???, como alguna vez lo llamA? un colega ya fallecido, Salvador ZubirA?n Anchondo acumulA? a lo largo de su vida una gran experiencia profesional, vinculada al acontecer pA?blico. Hoy en dAi??a su nombre estA? ligado indisolublemente al Instituto Nacional de Ciencias MAi??dicas y NutriciA?n ai???Salvador ZubirA?nai???.

MA?s allA? de sus logros como profesionista, al Dr. ZubirA?n le tocA?, junto con otros mAi??dicos destacados de la primera mitad del siglo XX, participar en la institucionalizaciA?n de la medicina cientAi??fica mexicana. Nombres como GastA?n Melo, Gustavo Baz, Raoul Fournier, Clemente Robles, JesA?s GonzA?lez UreAi??a, Ignacio ChA?vez, Federico GA?mez, Manuel Gea GonzA?lez, Ismael CosAi??o Villegas, Abraham Ayala GonzA?lez, Salvador GonzA?lez HerrejA?n, Manuel Velasco SuA?rez, entre otros, dan cuenta de ello.

Una selecciA?n de fragmentos que ilustran los primeros aAi??os de vida y la formaciA?n profesional del Dr. ZubirA?n, nos llevan a saber cA?mo se enseAi??aba y practicaba la medicina y a las ideas que se tenAi??an sobre el mAi??dico y la enfermedad en MAi??xico a principios del siglo XX. La voz del relato es pues de un protagonista de los hechos.

Conviene, antes de leerla, saber algo de la vida del Dr. ZubirA?n. Nacido en Chihuahua en 1898, muriA? en el DF en 1998, prA?ximo a cumplir los cien aAi??os de edad. EstudiA? en la Universidad Nacional de MAi??xico y obtuvo su tAi??tulo de mAi??dico cirujano en 1923. Hizo el posgrado en la Universidad de Harvard en 1924 y 1925. Como docente, algunas de sus actividades fueron: profesor de terapAi??utica (1925-1927) y de ClAi??nica propedAi??utica en la Escuela Nacional de Medicina (1928-1933); profesor en la EnseAi??anza de Graduados en la Facultad de Medicina en la Universidad Nacional AutA?noma de MAi??xico (1946-1966), y de 1967 hasta su muerte profesor emAi??rito de la misma facultad y universidad. A la vez ocupA? numerosos cargos pA?blicos y recibiA? amplios reconocimientos como el Premio Nacional de Ciencias (1968) o la presea ai???Belisario DomAi??nguezai??? (1986).

Esc Nac Medicina B-5

Fachada de la antigua Escuela Nacional de Medicina

La instituciA?n a la que dedicA? su mayor empeAi??o fue a la que a la fecha lleva su nombre, que tuvo como antecedente directo el Hospital de Enfermedades de la NutriciA?n (1946), desde 1981 pasA? a ser Instituto Nacional de NutriciA?n, y en el aAi??o 2000 Instituto de Ciencias MAi??dicas y NutriciA?n ai???Salvador ZubirA?nai???.

Para el estudio de la historia de la medicina en MAi??xico es una fortuna contar con la serie de entrevistas hechas a distintos mAi??dicos hace varios aAi??os y que constituyen parte fundamental del Archivo de la Palabra del Instituto Mora, proyecto originado en el INAH por la Dra. Eugenia Meyer, y en varias ocasiones con el aval y participaciA?n de la Academia Nacional de Medicina. AllAi?? se guardan los testimonios orales de muchos de sus actores, cuya formaciA?n y primeros aAi??os de ejercicio profesional coincidieron con la RevoluciA?n Mexicana, en su etapa de lucha armada y de formaciA?n de un Estado nuevo.

PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO, SUSCRIBASE A BICENTENARIO