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Eduardo Liceaga aplica la primer vacuna antirrábica en México

Samuel Almazán Santiago
Facultad de Medicina, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 29-30.

El médico y amigo de Porfirio Díaz, trajo del Instituto Pasteur de París el virus de la rabia, que se encontraba inoculado en el cerebro de un conejo, para poder experimentar aquí el procedimiento por el que se crearía la vacuna que ya se aplicaba en Europa. Fue uno de los procesos más  exitosos, lo mismo que en el caso de la viruela, para proteger y mejorar la salud de los mexicanos de finales del siglo XIX.

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Dr. Eduardo Liceaga, ca. 1875. Fondo Cruces y Campa, SINAFO.

Llevamos al pequeño Isidro ante el padre Ambrosio, la escena era aterradora. Estaba desesperada y durante un lapso no lo podía creer, todo era confuso. Solo recuerdo estar parada frente a mi hijo. Él estaba sucio y tenía sangre en su desgarrado pantalón, lloraba desconsolado y asustado. Milán, su perro, siempre había sido muy tranquilo y obediente, pero había estado fuera de la casa una semana y al volver no quería comer; algo estaba mal.

Días después atacó a uno de los perros que había en la casa, nunca pensé que hubiera contraído esa horrible enfermedad y mucho menos que dañaría a alguien de la familia. Inmediatamente que me avisaron los criados lo traje a la iglesia, en ese momento pensaba que la ayuda de Dios era la única esperanza posible para que no muriera. Mientras su padre lo cargaba vinieron a mi mente las imágenes de mi hermano, cuando ambos éramos niños y vivíamos en Xochimilco, cerca del convento de San Bernardino. Cuando él jugaba en el campo fue atacado por un perro que vagabundeaba por los poblados cercanos. Mi padre logró atrapar al animal después de una rápida búsqueda y lo mató, pero la sentencia de muerte ya se había dictado. Verlo morir de esa forma fue espantoso.

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Louis-Pierre Baltard, La Rabie, ca. 1800, litografía. Wellcome Image, Creative Commons.

Días después del ataque mi hermano comenzó a tener temblores y sudores muy fuertes, calenturas y mucho dolor donde fue mordido; no podíamos rozar su piel porque estallaba en gritos. Notábamos que su nerviosismo crecía poco a poco, tenía pesadillas y visiones constantes, yo lo cuidaba y lo veía despertar gritando algo sobre unos perros: todo ello era producto del mal que se apoderaba de él. Y después de eso tuve que soportar sus ataques de debilidad, el babeo y el hecho que no pudiera comer nada; incluso un poco de líquido le provocaba dolor.

Miré cómo se consumió lentamente y en una agonía inevitable. Aun ahora lo sueño babeando en su cama, hundido en los ataques; no quería eso para mi hijo. En la capilla, con las puertas cerradas, una iluminación tenue llenaba el espacio; el padre Ambrosio comenzó a rezar con gran
energía. Recuerdo la blancura de su sobrepelliz y el brillo enigmático de la cruz que sostenía en sus manos, la cual reflejaba la ardiente luz de las velas. El agua bendita y sus oraciones eran sus armas para luchar contra ese mal. Tomó del aceite de la lámpara que iluminaba el Santísimo Sacramento e hizo una cruz en el área de las mordidas que estaban en la pierna derecha, luego murmurando frases en latín, colocó pan y sal en el altar e hizo otras tres cruces sobre ellos y finalizó esparciendo el agua bendita en la cabeza de mi pequeño.

El padre nos dijo que Dios haría cumplir su voluntad y que sólo nos quedaba rezar en espera de que la providencia nos beneficiara. Después de eso lo llevamos a casa, limpiamos la herida y lo tranquilizamos. Los criados asustados nos llevaron la imagen de Santa Quiteria, que según ellos podía sanar la enfermedad y dar tranquilidad a los sufrientes. Aunque sabía que no era bueno, acepté la ayuda, ellos realizaron varios rezos y por último arrojaron el pan empapado en el aceite de la lámpara que iluminaba la imagen de la Santa. Lo hice con devoción pero sabía que sería insuficiente, pensaba que de todos modos moriría de una forma cruel. Inmediatamente mi esposo ordenó dar muerte al perro que teníamos prisionero en una jaula. Apesadumbrada por lo sucedido no logré dormir, los recuerdos del pasado se agolpaban en mi mente, mi corazón oprimido latía rápido; sólo quedaba seguir rezando una y otra vez. Inicié el día abatida, sin sospechar que Dios se manifestaría en su gran misericordia. A la hora del desayuno mi esposo leía el periódico, estaba cabizbajo, pero de pronto su rostro se iluminó al encontrar una nota, Dios no deja morir a sus hijos. Un ángel, el doctor Eduardo Liceaga, famoso y notable en la capital, había traído semanas atrás la vacuna contra la rabia desde París y llevaba algún tiempo trabajando en ella, así que fuimos a visitarlo.

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Forma de hacer la operación, litografía en George Fleming, Rabies and Hydrophobia, Londres, Chapman and Hall, 1872.

El 12 de abril de 1888, el niño Isidro Delgadillo, de 12 años de edad, originario de Texcoco, fue llevado a las instalaciones del Consejo Superior de Salubridad, ya que había sido mordido en la pierna por un perro que se presumía rabioso. El animal fue muerto por su comportamiento sospechoso, después de atacar a otros perros y a varias personas de la población. Esto era común en la época, si Isidro hubiera contraído la rabia probablemente hubiera muerto.

Según los datos publicados por Louis Pasteur a finales de la década de 1880, la probabilidad que tenía una persona de morir de rabia al ser atacada por un animal enfermo iba de un 20 hasta un 60%. Ello dependía de la cantidad y profundidad de las mordidas, del tipo de animal (lobos o perros) y de si habían existido o no mordidas en la cabeza o en áreas cercanas (entre más cerca del cerebro se inocula el virus, este es más letal). Las estrategias de curación religiosas y las de los médicos, que estaban disponibles en esos momentos, eran igualmente inefectivas. En los casos en los que aparecía la enfermedad sólo quedaba presenciar cómo la persona se consumía y moría irremediablemente.

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Erich Fromm en México

Tamara Gleason Freidberg
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

Los 25 años de trabajos en el país de este renovador de la teoría y práctica psicoanalítica fueron extremadamente fructíferos por sus investigaciones, formación de colegas, divulgaciones y creación de instituciones mexicanas e internacionales que involucraban a los profesionales del psicoanálisis.

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Erich Fromm en entrevista, ca. 1960, negativo de 35 mm. AGN, Fondo Hermanos Mayo, Alfabético General, concentrados sobre 3117.

El gran pensador y psicoanalista alemán Erich Fromm (1900-1980) llegó a México en 1949 de manera fortuita, buscando aliviar en aguas termales los dolores de la artritis reumatoide de su esposa. Fue así como el renombrado escritor de El miedo a la libertad y El arte de amar descubrió las inmensas posibilidades para seguirse desarrollando en México, así como para difundir sus propuestas y formar profesionales.

El psicoanálisis es una teoría que busca comprender de manera dinámica al ser humano a partir del inconsciente. En los primeros años del siglo XX, Freud comenzó esta teoría basándose en el conocimiento y la interpretación de los sueños, iniciando su aplicación al tratamiento de los pacientes histéricos que presentaban síntomas de ceguera o parálisis de brazos y piernas. Esa parálisis era el foco de atención para ocultar sus impulsos reales. Detrás de la sintomatología Freud descubrió una lucha de motivaciones y emociones no aceptables moral, social y racionalmente. La elaboración y aceptación de estas emociones y motivaciones constituyó el proceso terapéutico.

El psicoanálisis revolucionó la forma de entender al ser humano. Posteriormente varios pensadores en diferentes latitudes contribuyeron al enriquecimiento de la teoría psicoanalítica original desde diferentes y controvertidas perspectivas. A partir de las corrientes ideológicas surgidas en el movimiento conocido como la Escuela de Fráncfort, que dio entrada a la discusión de las condiciones históricas y sociales en las que se construye la crítica de esas condiciones, algunos psicoanalistas desarrollaron la teoría tomando en consideración las concepciones marxistas. Fromm, en particular, consideró que el inconsciente también está determinado por las condiciones materiales de existencia y no sólo por las tendencias instintivas. Y, mientras estuvo en México, propició el desarrollo humanista en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, formó un grupo de psicoanalistas y realizó una investigación psicosocial de los campesinos.

Al enterarse de que Erich Fromm se hallaba en México, un grupo de psiquiatras universitarios encabezados por los doctores Raúl González Enríquez y José Zozaya, hicieron contacto con él y lograron que diera una conferencia. Para 1950, Fromm ya había decidido permanecer en México y establecido un programa de entrenamiento para psicoanalistas en la división de graduados de la Facultad de Medicina de la unam, de la cual fue nombrado profesor emérito. Esta presencia dio pie a un proyecto de humanización de la enseñanza médica, introduciendo en los primeros años de estudios la cátedra de Psicología Médica para que los futuros profesionistas estuvieran equipados con el conocimiento emocional del paciente y de cómo la relación médico-paciente afecta la evolución del tratamiento. La cátedra se introdujo en los periodos en los que el doctor Raúl Fournier era director de la Facultad.

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La huella del Hospital General de México

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora

Nació para aglutinar a los hospitales de la ciudad y modernizar el servicio. A más de un siglo de su creación es referencia de la medicina y enclave de la docencia y la investigación médica.

A Marta Alicia, médica.

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Rodeado por la concurrencia más bella y elegante –como la describió el poeta Amado Nervo en El Mundo–, el presidente Porfirio Díaz inauguró el Hospital General a las 10 de la mañana del 5 de febrero de 1905.

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En el acto oficial, que tuvo lugar en el pabellón de ginecología, el doctor Eduardo Liceaga, alma de la obra desde que Díaz anunció la construcción en 1888, presentó los adelantos que reunía el nuevo hospital, anunció que este trabajaría en armonía con la Escuela y los profesionistas de la medicina y coadyuvaría a que el país rescatara sus fueros médicos en el nuevo mundo. Al final invitó: Ya tenemos los útiles del trabajo… ¡Ahora a trabajar!

Luego de que Amado Nervo leyera una poesía escrita para la ocasión, el séquito presidencial y los numerosos invitados recorrieron los diversos inmuebles entre grandes elogios, pues, según El País, se trataba del primero (hospital) de América por sus condiciones higiénicas, su magnitud y demás.

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En efecto, el Hospital General, primero en México en ser erigido exprofeso, fue causa de orgullo desde su inicio. Construido en terrenos de la colonia Hidalgo (hoy Doctores) por el ingeniero Roberto Gayol –aun cuando fue terminado por el arquitecto Manuel Robleda–, costó una suma superior a los 3 000 000 de pesos. En una superficie de más de 124 000 metros cuadrados, contaba con 69 edificaciones, de las cuales 32 eran pabellones para enfermos, 17 estaban destinadas a servicios generales y las demás a casillas de vigilancia y portería. En ellas se reunieron todos los hospitales existentes, salvo el de los enfermos mentales, que sería el Manicomio General La Castañeda y se inauguraría en 1910. Contaba, además, con el instrumental y los aparatos más modernos.

Salida de Porfirio Díaz del Hospital (800x540)

Nacía entonces una institución duradera, que perdura hasta nuestros días y ha dejado una huella definitiva en el desarrollo de la atención, la docencia y la investigación médica en México. No obstante las múltiples dificultades que ha enfrentado y que van desde los recursos siempre insuficientes y los problemas de índole política y burocrática, la institución ha crecido y se ha renovado, siendo la última gran transformación la ocurrida después del sismo del 19 de septiembre de 1985, que derrumbó los edificios de gineco-obstetricia y de residencia médica, y dejó decenas de muertos entre doctores, enfermeras y pacientes –muchos de ellos niños recién nacidos–.

Ha sobrevivido, sobre todo, el espíritu que en 1905 intuyó Amado Nervo:

Plano del Hospital General de México, 1901 (800x704)

Amigo mío desheredado,
hermano mío desconsolado:
Ya tienes casa, ya tienes pan (…)
La vida es dura; mas aun existe
quien al enfermo refugio da,
y a los desnudos arropa y viste (…)
Hoy se inaugura tu noble y raro
Alcázar; míralo: ¡es para tí!
Tendrás un lecho, calor, amparo,
afectos, aire puro, sol claro…
¡Qué bien se debe vivir aquí!

A 110 años de su inauguración, el Hospital General de México sigue siendo referencia primordial de la medicina mexicana.

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Conrado Zuckermann, el inicio de una vocación médica

Ramón Aureliano – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.

Su llegada a la medicina estuvo precedida por otras aficiones estudiantiles como el derecho y la ingeniería. Pero cuando le dijeron que sólo podría ser médico, ya nunca dejaría la profesión, de la mano de otras tres preferencias personales: los viajes, los libros y las mujeres. Empezó muy de abajo, trabajando de bibliotecario o empleado administrativo, hasta llegar a ser una de las figuras más destacadas entre los galenos de la ciudad de México.

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Personaje multifacético, gran conversador, escritor, polemista y destacado alumno de la Facultad de Medicina de la Universidad de México –durante sus seis años de estudios universitarios obtuvo calificación de diez. En 60 años de vida profesional Conrado Zuckermann fue un reconocido oncólogo, cirujano y ginecólogo obstetra. Nació el 7 de noviembre de 1900 en Mérida, Yucatán, y murió el 7 de agosto de 1984 en la ciudad de México. De figura recia e imponente, como lo definían quienes lo conocieron, dejó una profunda huella en pacientes, colegas y estudiantes, aunque también algunas animadversiones entre políticos y médicos.

A continuación presentamos algunos fragmentos de la entrevista que se le hizo a fines de 1977, disponible con la clasificación PHO/8/29, y en la que Zuckermann habla ampliamente de los primeros años de su larga vida profesional.

La entrevista forma parte del Archivo de la Palabra del Instituto Mora, que cuenta con varias conversaciones con médicos mexicanos que se formaron y trabajaron en las principales instituciones médicas del país después de la revolución de 1910, y que en su mayoría hoy son importantes centros asistenciales y de investigación como el Hospital General, el Instituto Nacional de Cancerología –ligado a la vida de Conrado Zuckerman–, el Instituto de Investigaciones en Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán o el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez.

La familia

Antes de contestar la pregunta que ustedes me hacen, sobre mi origen en mi vida terrestre –ojalá que haya vida después de esta–, quiero señalar que el concepto que nosotros tenemos de existir en este planeta, la mitad es tragedia, y el que se dedica más a la tragedia lo único que hace es precisamente entristecer su vida y ver todo en fase de pesimismo, y el que la ve exclusivamente como comedia entonces se vuelve, como se comprende, un cómico y eso no es la realidad de la vida. Entonces mitad y mitad, comedia y tragedia. La pregunta yo quisiera contestarla con un poquito de detalle. Empezaré por la familia de mi madre: el apellido es de origen español, de la cercanía entre España y Portugal. Los Duarte vinieron primero a Santo Domingo, uno de los próceres de la historia de Santo Domingo es pariente lejano mío. Después pasaron a Cuba, y de Cuba a Yucatán, a Mérida y a una población al sur de esta, a la mitad del estado, que se llama Tekax. La rama Zuckermann es también una mezcla. Mi padre nació en Budapest, su papá en Viena y su abuelo en Berlín.

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La mamá de mi papá era polaca, de la Polonia austriaca de aquella época, de la ciudad de Lemberg, luego también por ahí hay mezcla de alemán con eslava. El apellido Zuckermann quiere decir hombre dulce, hombre de azúcar. Algunos creen que es de origen israelí, cierto que hay Zuckermann israelí, pero hay Zuckermann católicos, como hay Weismanns tan católicos que llegaron a cardenales, y hay Weismanns judíos. Además, no tiene nada de malo; el primer judío importante del mundo es precisamente Jesucristo, de manera que yo me siento muy contento de que en mi rama desde el punto de vista religioso haya tanto católicos como israelíes. Ese es el origen de mi familia.

Y estando mis padres en Yucatán nací yo, el 7 de noviembre de 1900, en la ciudad de Mérida en una parte que se llamaba Chuminopolis, y fui bautizado días después de nacido.

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UN MANICOMIO PARA CELEBRAR LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

Cristina Sacristán / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No.5, pág. 27

Manicomio B-5En la antesala del 2010, algunos de nuestros gobernantes han entrado en la vorágine conmemorativa para recordar las gestas de la Independencia y la Revolución. El espíritu de fiesta que nos invadirá en unos meses, alimentará al homo ludens que todos llevamos dentro, pero también tenderá un puente hacia el pasado, pues al recordar un hecho histórico hacemos conciencia del impacto que tuvo en su tiempo. Las obras arquitectónicas han sido una de las expresiones predilectas de las sociedades para dejar constancia del pasado, ya que a través de su materialidad intentan fijar la memoria histórica. Por eso, pronto se alzará sobre el Paseo de la Reforma de la ciudad de México el Arco del Bicentenario, a fin de rendir homenaje a quienes iniciaron la lucha insurgente y revolucionaria.

La edificación de obras que buscan proyectar a la nación hacia el futuro es también parte del afán conmemorativo. Fue el caso de la polémica Torre del Bicentenario, rascacielos de 70 pisos cuya construcción estaba planeada en la cercanía del Bosque de Chapultepec, pero que enfrentó problemas de orden legal para su construcción; o la línea 12 del metro que correrá por el sur oriente de la capital y ha sido ya bautizada como Línea Dorada Bicentenario por los avances tecnológicos que tendrá. [...]

En algunas cosas las mujeres y los hombres no cambiamos mucho con el tiempo, porque hace casi cien años pasó algo muy similar a lo que estamos viviendo hoy. En 1908, el gobierno de Porfirio Díaz, que llevaba casi tres décadas en el poder, se apresuró a realizar varias edificaciones imponentes con el fin de demostrar los progresos logrados por México durante su mandato, entre ellas un manicomio para albergar a más de mil pacientes, como los que existían en Europa desde principios del siglo XIX, y que estuvo en la mente de los médicos mexicanos durante mucho tiempo. Pero ¿por qué en 1910 un manicomio podía ser tomado como un ejemplo de modernidad, cuando hoy en día sería un signo de atraso, ya que era separar a los enfermos de la sociedad?

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