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El dibujo se populariza en el siglo XIX

Maria Esther PAi??rez Salas C. /Ai??Instituto Mora

BiCentenario #21

La proliferaciA?n de la enseAi??anza del dibujo fue mucho mA?s allA? que formar a grandes artistas. Se impuso en distintos estratos sociales, y entre niAi??os y mujeres, de la mano de maestros extranjeros. Las clases personalizadas y los manuales fueron las claves para el aprendizaje

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Tanto en Europa como en MAi??xico, se considerA? desde finales del siglo XVIII que la enseAi??anza del dibujo era fundamental para el buen ejercicio de cualquier actividad. No importaba si el alumno se interesaba por el arte o la artesanAi??a, o por estudiar medicina, abogacAi??a o ciencias. Lo transcendental era que mediante el dibujo se expresaba el gusto por la belleza el cual llevarAi??a a perseguir grandes ideales.

Desde el punto de vista escolarizado, en un principio se destacA? que mediante el dibujo se desarrollaba la capacidad de observaciA?n y el pensamiento abstracto en apoyo del conocimiento cientAi??fico, pero en poco tiempo la prA?ctica del dibujo adquiriA? una dimensiA?n mA?s amplia, al convertirse en parte de una cultura general. De ahAi?? que, ademA?s de las clases que se impartAi??an en la Academia de San Carlos, destinadas a los futuros artistas del paAi??s, empezaron a proliferar cursos y manuales para aquellos que querAi??an acercarse al dibujo de una manera menos especializada.

Una de los primeros acercamientos fue a travAi??s de los cursos impartidos por maestros que se anunciaban en los periA?dicos. La mayor parte de ellos eran artistas extranjeros que se ofrecAi??an como retratistas, pero que encontraron en la enseAi??anza del dibujo una manera de subsistencia. Para atraer mayor clientela, aseguraban que el alumnado obtendrAi??a en breve tiempo importantes avances.

En otros casos, las clases de dibujo formaban parte de un programa educativo mA?s completo, ya que se complementaba con cursos de lengua francesa, geografAi??a, historia y religiA?n cristiana. Dado que no se contaba con establecimientos especAi??ficos para la enseAi??anza, por lo general las clases se impartAi??an en los domicilios de los maestros.

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Autodidactas

Pero en el siglo XIX tambiAi??n fue posible aprender dibujo de manera autodidacta con el apoyo de manuales que comenzaron a circular a partir de 1840. SA?lo se requerAi??a tener ciertas habilidades y seguir las indicaciones puntualmente, sin necesidad de un maestro.

En sus inicios, los manuales que circulaban en MAi??xico fueron traducciones de los que circulaban en Francia, como el Manual del dibujante, de Aristide Perrot, que ofrecAi??a adquirir en tan sA?lo seis meses, las destrezas de un alumnos con dos aAi??os de estudio. Con tal aseveraciA?n, se ponAi??a de manifiesto que resultaba mucho mA?s productivo aprender el dibujo a partir de los principios fundamentales establecidos en el texto, en lugar de los mAi??todos tradicionales de copiar los modelos sin reglas que guiaban al discAi??pulo.

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Este manual fue uno de los mA?s exitosos de su Ai??poca. Estaba dividido en cuatro grandes rubros: dibujo de delineaciA?n a simple vista, dibujo natural que comprendAi??a figura humana y paisaje, dibujo de topografAi??a y mA?quinas e instrumentos para dibujar. AdemA?s de incluir dos secciones novedosas como eran el paisaje y los instrumentos de dibujo, en cada uno de los apartados de cada secciA?n habAi??a una buena cantidad de ejercicios. AdemA?s, se proporcionaba una serie de consejos como nociones sobre los huesos, mA?sculos y movimientos del cuerpo humano, cA?mo elegir el sitio para realizar un paisaje natural, o informaciA?n sobre los instrumentos, papeles, colores y elaboraciA?n de dibujos topogrA?ficos. En pocas palabras, cumplAi??a cabalmente con las caracterAi??sticas de una publicaciA?n para aprender de manera autodidacta, ya que en un solo ejemplar se contaba con la informaciA?n y ejercicios necesarios.

Tal fue el alcance de estos manuales que por todos los medios se buscA? darlos a conocer. Los Calendarios, publicaciones de formato pequeAi??o pero de tirajes muy alto que era habitual encontrar en las casas mexicanas del siglo XIX, fueron importantes para su difusiA?n. Eran la guAi??a para todas las actividades del aAi??o, desde saber los dAi??as de ayuno o los obligatorios de asistir a misa, asAi?? como para consultar el santoral y dar nombre al reciAi??n nacido. En el DAi??cimocuarto calendario de Abraham LA?pez, se incluyA? para 1852 la traducciA?n del manual Elementos de dibujo natural, publicado por el inglAi??s Rudolph Ackermann y traducido por JosAi?? de Urcullu. AdemA?s del texto, a travAi??s de quince imA?genes se mostraba paso a paso este mAi??todo de dibujo, que hacAi??a hincapiAi?? en los ejemplos de las proporciones del cuerpo y sus partes. TambiAi??n explicaba el tratamiento de las sombras y el ropaje.

Otro medio a partir del cual tambiAi??n se tuvo acceso a los distintos mAi??todos de dibujo fueron las revistas literarias, las cuales estaban dirigidas a niAi??os y mujeres de las clases medias y altas de la poblaciA?n, como Diario de los niAi??os y Semanario de las seAi??oritas mejicanas. Su principal objetivo era brindar instrucciA?n de forma amena.

PA?blico femeninoAi??

Ahora bien, a pesar de que se podrAi??a pensar que en las revistas para niAi??os fue donde mA?s se insertaron temas sobre el dibujo, en realidad ese lugar lo ocuparon las revistas femeninas que fomentaron con mayor insistencia que las lectoras jA?venes se acercaran.

En efecto, de acuerdo con el concepto de educaciA?n orientado a la mujer, se consideraba que el dibujo constituAi??a parte importante en la formaciA?n de cualquier joven, aunque no se fuera a dedicar a la pintura. En el siglo XIX estaba mal visto que una mujer acudiera a clases en las academias de arte, por lo cual se les ofrecAi??a la posibilidad de aprenderlo con maestros particulares o a travAi??s de las revistas literarias.

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

El dibujo era una herramienta muy A?til para el desarrollo de las manualidades, en especial para el bordado, de ahAi?? que en las publicaciones no faltaban artAi??culos y estampas dedicadas a este aprendizaje. Sobre todo aquellas en las que se ofrecAi??an las bases para aumentar o reducir una imagen sin perder la proporciA?n, o bien para dar volumen a una figura mediante tAi??cnicas de sombreado. A pesar del objetivo meramente prA?ctico y de adorno que se confiriA? a la instrucciA?n del dibujo entre la poblaciA?n femenina, muchas perfeccionaron sus habilidades y llegaron a convertirse en excelentes artistas.

En relaciA?n a los niAi??os, a mediados del siglo XIX quedaron establecidas dentro del A?mbito escolar las bondades del aprendizaje del dibujo, por lo que se publicaron mAi??todos y manuales para su prA?ctica en las aulas. Pero, al mismo tiempo, se editA? gran nA?mero de cuadernos de dibujo para que los infantes se acercaran a la actividad de manera lA?dica, libre y directa. Libros con temas atractivos y tonalidades vistosas atraAi??an a los pequeAi??os a colorear siluetas, copiar figuras sencillas o seguir cuidadosamente los puntos marcados en cuadernos especiales. Estos materiales fueron importantes para desarrollar en la poblaciA?n infantil el interAi??s por el dibujo, a la vez que se sentaban las bases para una enseAi??anza escolarizada.

Sea cual fuere la vAi??a a partir de la cual la sociedad decimonA?nica mexicana aprendiA? a dibujar, lo que queda claro es que en el siglo XIX prevaleciA? un interAi??s por aprender una manera grA?fica para expresarse, hacerse de una herramienta para sus actividades cotidianas, asAi?? como contar con un medio para apreciar la naturaleza. En este sentido, el dibujo fue el elemento aglutinador que permitiA? que se pudieran llevar a cabo estas premisas.

Para saber mA?s

Consultar revistas dirigidas a la mujer en el siglo XIX: http://xurl.es/tgdki

 

 

Un pastizal dorado

Irma RamAi??rez Orozco

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 2.

InterioresBicentenario 2_Page_39

A?Quieres que te cuente cA?mo vivAi?? mi juventud? A?QuAi?? vas a escribir? A?un artAi??culo para una revista?

TA? lo sabes, de nuestra generaciA?n, el que no era hippie o revolucionario, no fue joven; vivimos los sueAi??os y las fantasAi??as, los delirios y las angustias del tiempo de la guerra frAi??a y en Chihuahua esas tensiones se amalgamaron con nuestra historia y nuestra tAi??pica forma de ser.

A?Que no me ponga tan docta? A?Pues entonces quAi?? es lo que quieres que te platique? A?Algo mA?s cotidiano?

La vida de los jA?venes de mi barrio ahora resulta muy convencional; tardeadas, twist, rock and roll, sodas y, como un reto a lo establecido, las escandalosas pelAi??culas de Elizabeth Taylor. aunque estA?bamos un poco aislados, nos llegaban las noticias sobre los triunfos de la RevoluciA?n cubana y nos estremecimos con el asalto al cuartel de Ciudad madera por un grupo guerrillero.

A?Algo mA?s personal? Ay, conversaciA?n a la carta y toda la cosa. bueno, va.

A?Te acuerdas de haberme oAi??do mencionar a Teo, mi vecino? Fue mi novio. un sA?bado en que venAi??amos del cine, vimos algunos carros desconocidos frente a la casa. Me preguntAi?? quiAi??nes serAi??an y si estA?bamos presentables. SentAi?? que mis cejas se estiraban al darme cuenta de que Teo traAi??a las huellas de mis labios por toda la cara y su respiraciA?n aA?n subAi??a en grandes oleadas a pesar de sus esfuerzos por normalizarla. Con un paAi??uelo borrAi?? mis besos de su frente y sus mejillas y el bilAi?? desparramado alrededor de mi boca. una vez mA?s, Ai??l me habAi??a pedido que dejara la secundaria nocturna. naturalmente, me neguAi??. nos enojamos. la reconciliaciA?n se dio, arrecholados, en un rincA?n oscuro de la calle. Quiero decirte que para mAi?? asistir a la secundaria nocturna resultaba muy importante, no sA?lo por las clases y el certificado para seguir estudiando, tambiAi??n porque era como subir a una loma y desde allAi?? ver las cosas de otra manera. En la escuela escuchamos por primera vez a los Beatles; oAi??mos grabado en una cinta uno de los mA?s bellos discursos por la paz y la igualdad entre los seres humanos de Martin Luther King; tambiAi??n se vendieron carteles de Angela Davis, expulsada de la universidad de California por su forma de pensar, ostentando con orgullo su negritud, su ropa africana, su libre y natural melena encrespada, al punto que pronto se convirtiA? en el sAi??mbolo sexual de los chavos de la escuela.

[...]

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

Una mujer peculiar: La China Poblana en el siglo XIX

Anabel Olivares ChA?vez -Ai??UNAM.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 2.

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La china poblana

Cuando pensamos en la china poblana imaginamos a una mujer con dos grandes trenzas, vestida con una blusa blanca con bordados en las mangas, un rebozo que rodea los brazos, una faja roja que sostiene una falda adornada con chaquiras, con las cuales se forma la bandera nacional, incluidos el A?guila y el nopal, unas puntas blancas sobresalen de la colorida falda y los zapatos son bajos de color negro, a veces adorna su cabeza con el sombrero del charro. Por lo general, no estA? sola, a su lado se encuentra un charro o jinete, con el cual baila alegremente un jarabe tapatAi??o. En las fiestas cAi??vicas como el 15 y 16 de septiembre, la china aparece orgullosa y nos hace sentir un gran amor por lo nuestro, sin embargo la historia de este traje es muy diferente de lo que se ha dicho. Hubo una Ai??poca en la que el uso de esa indumentaria no era bien visto, por el contrario, fue criticado y descalificado. sin embargo, conforme fue pasando el tiempo la china comenzA? a transformarse en una figura muy importante, hasta que se convirtiA? en una de las representantes de nuestro paAi??s.

La China Poblana

A?QuiAi??nes eran las chinas?

Durante el siglo XIX, se denominA? chinas poblanas a unas mujeres, mestizas o indias, que tenAi??an una forma peculiar de vestir. Realizaban diversas actividades tales como vender comida, fruta o aguas, ser lavanderas, costureras, sirvientas o, incluso, dueAi??as de pequeAi??os negocios. Otra caracterAi??stica de las chinas era que, en su mayorAi??a, vivAi??an en las ciudades de MAi??xico, Puebla, Guadalajara, QuerAi??taro, incluso en Oaxaca; podAi??an ser solteras o casadas. Su ropa estaba integrada por una blusa, por lo general blanca y bordada en las orillas, un rebozo o una mascada que no cubrAi??a por completo el escote ni los brazos y cuya manera de lucirse dependAi??a de la mujer que los usaba. La falda era de castor, una tela que semejaba el pelo de ese animal, con o sin bordados de chaquira o hilos de seda y habAi??a otra enagua por debajo que asomaba unos picos (ya fueran bordados o de encaje) conocidos como ai???puntas enchiladasai???. Entre los accesorios que complementaban el atuendo estaban los collares, la faja que ceAi??Ai??a la cinturaai??i??

[...]

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

Isidro Fabela, la fotografAi??a y la RevoluciA?n mexicana

Alberto del Castillo Troncoso /Ai??Instituto Mora
Revista BiCentenario #10
Para Carlos Del Castillo Venegas, el "capi", en sus primeros 90 aAi??os

Para Carlos Del Castillo Venegas, el “capi”, en sus primeros 90 aAi??os

Los pasos de Fabela

Isidro Fabela es uno de los intelectuales mA?s importantes de la RevoluciA?n mexicana. Su participaciA?n al lado de las fuerzas constitucionalistas en Coahuila y Sonora en 1913 y su intervenciA?n como encargado de la SecretarAi??a de Relaciones Exteriores de Venustiano Carranza durante la invasiA?n estadunidense a Veracruz en 1914, sus mA?ltiples gestiones como diplomA?tico en Europa y AmAi??rica del Sur durante el gobierno del mismo don Venustiano y como representante de MAi??xico ante la Liga de las Naciones en administraciones posteriores lo convirtieron en uno de los artAi??fices del nacionalismo revolucionario que dio cauce institucional a la violencia de la gesta armada asAi?? como el sentido histA?rico de ser parte de uno deAi??los mA?s importantes imaginarios polAi??ticos y culturales del siglo XX.

A lo largo de varios decenios, don Isidro representA? con gran dignidad y decoro a un discreto paAi??s latinoamericano capaz de enfrentar por la vAi??a diplomA?tica a varias de las grandes potencias de la Ai??poca, desde Estados Unidos con Woodrow Wilson hasta Alemania con Adolfo Hitler, pasando por la Italia de Benito Mussolini y la EspaAi??a de Franco.

Isidro Fabela hizo a lo largo de su vida varios diagnA?sticos de la RevoluciA?n. Primero en diversas crA?nicas, luego en una historia diplomA?tica, mA?s tarde en sus memorias, describiA? con lujo de detalles su participaciA?n al lado de personajes como Abraham GonzA?lez, JosAi?? Maytorena, A?lvaro ObregA?n, Manuel DiAi??guez, CA?ndido Aguilar, Eduardo Hay y muchos otros, siempre bajo la Ai??gida de Carranza, el Primer Jefe, lAi??der indiscutible a quien prodigA? una lealtad a toda prueba. En todo momento argumentA? su preocupaciA?n por documentar los hechos y asAi?? poder escribir narrativas verosAi??miles, capaces de dar cuenta de una realidad tan compleja como la que sin duda fue el levantamiento armado con sus distintos profetas, desde los hombres fuertes del norte del paAi??s hasta los caudillos del sur, todos convertidos en poco tiempo en personajes de leyenda.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.05.19

Su sobrevivencia a todos los jefes revolucionarios y su posterior intervenciA?n como diplomA?tico en varios gobiernos emanados de la gesta armada le dieron la distancia precisa para aquilatar el valor de su archivo de documentos y fotografAi??as y vislumbrar la necesidad de apoyar su testimonio personal en ellos, para dotarlo de cierta objetividad y verosimilitud.

La colecciA?n fotogrA?fica

Una faceta poco conocida de don Isidro es la de coleccionista de fotografAi??as de la RevoluciA?n. No formA? una crA?nica visual que pretenda sustentar todos los hechos en forma global o exhaustiva,Ai??sino que, por el contrario, es el registro personal de una trayectoria polAi??tica y militar al lado de Carranza en los aAi??os A?lgidos del levantamiento contra Victoriano Huerta. Una visiA?n tan acotada y precisa resulta todo menos obra de la casualidad. Por el contrario, es un indicador de su participaciA?n, toda vez que, a la usanza de los diarios Ai??ntimos, su presencia gravita en una buena suma de fotografAi??as.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.06.26La colecciA?n fotogrA?fica de nuestro personaje consta de cerca de 1,000 imA?genes que comienzan con su arribo en 1913 al ejAi??rcito revolucionario dirigido por Pablo GonzA?lez y JesA?s Carranza en Coahuila e incluyen su incorporaciA?n posterior a las fuerzas constitucionalistas en Sonora, una parte significativa de la campaAi??a del PacAi??fico, con la caAi??da de MazatlA?n y la apertura consecuente del camino a la ciudad de MAi??xico para A?lvaro ObregA?n, la devoluciA?n del puerto de Veracruz por los ocupantes estadunidenses y la gira triunfal de Venustiano Carranza por el interior del paAi??s a fines de 1915 eAi??inicios de 1916.

Una ruta como Ai??sta contiene omisiones importantes que deben ser vistas como parte del conflicto que surgiA? entre las distintas fracciones revolucionarias. De tal modo, el Ai??nfasis en don Venustiano y algunos de sus oficiales contrasta con el vacAi??o existente en torno a las figuras de Francisco Villa y Emiliano Zapata. La disputa del constitucionalismo con estos dos jefes halla viva expresiA?n en el acervo fotogrA?fico de Fabela.

A pesar de las ausencias, la diversidad de firmas que aparecen en el acervo, que van de JosAi?? MarAi??a ChA?vez en Piedras Negras a W. Roberts y Alberto Lohn en CuliacA?n, pasando por los itinerarios regionales de JesA?s H. Avitia y los Hermanos Men- doza, permite asomarse a la compleja representaciA?n iconogrA?fica de la RevoluciA?n mexicana que, durante dAi??cadas, pretendiA? reducirse a la visiA?n monolAi??tica de la memoria oficial y su expresiA?n emblemA?tica a travAi??s de la firma A?nica de AgustAi??n VAi??ctor Casasola.

Dos hermanas revolucionarias Andrea y Teresa Villarreal

Griselda ZA?rate
TecnolA?gico de Monterrey
Revista BiCentenario #10

teresa-villareal-10 Mujeres somos,Ai??pero no hemos sentido flaquezas que nos empujen a abandonar la pelea. Mientras mA?s punzante era el dolor que nos herAi??a, mA?s se acrecentaba el cariAi??o que profesamos a la causa de laAi??libertad.

Andrea y Teresa Villarreal, ai???A?QuAi?? hacAi??is aquAi?? hombres? Volad, volad al campo de batalla.ai??? enero de 1911.

Hace algunos aAi??os supe de la existencia de dos valientes mujeres mexicanas: las hermanas Andrea y Teresa Villarreal GonzA?lez. Originarias de Lampazos, Nuevo LeA?n, formaron parte de una generaciA?n revolucionaria que luchA? por los ideales de justicia e igualdad social en una Ai??poca tumultuosa y de grandes cambios para nuestro paAi??s. Fueron miembros activos del grupo magonista durante su exilio en Estados Unidos. Desconocidas en la actualidad, y, sin reconocimiento por su importante labor contra la dictadura de Porfirio DAi??az, ambas escritoras revolucionarias firmaron su nombre en la historia de MAi??xico con letras de oro. El presente escrito pretende honrar su memoria y dar a conocer a las generaciones contemporA?neas sus ideas y algunos de los puntos mA?s relevantes de su vida revolucionaria.

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Andrea Villareal, circa 80 aAi??os

Situada aproximadamente a 170 km al norte de Monterrey, la actual ciudad de Lampazos de Naranjo sirviA? desde su fundaciA?n en 1698 como un enclave estratAi??gico para salvaguardar el avance militar en la frontera de la entonces Nueva EspaAi??a. Durante los siglos XVIII y XIX, Lampazos se convirtiA? en un gran centro ganadero y minero, lo que llevA? abundancia y prosperidad a sus habitantes. A partir del siglo XIX se le reconociA? como tierra de hombres ilustres por el gran nA?mero de personajes que nacieron en ella, entre otros Juan Ignacio RamA?n y Juan Zuazua ai??i??antepasado de la familia Villarreal GonzA?lezai??i??, quienes participaron en la lucha por la independencia de MAi??xico, y Francisco Naranjo, hAi??roe de la guerra de Reforma y de la IntervenciA?n francesa, a quien se le otorgA? el honor de poner su apellido al pueblo. TambiAi??n Antonio I. Villarreal, hermano de las escritoras.

Provenientes de una familia de hondo arraigo en la regiA?n lampacense desde finales del sigloAi??XVIII, Andrea (1881) y Teresa (1883), al igual que sus hermanos Antonio Irineo (1879), PrA?spero (1882) y Alfonso (1886), estuvieron expuestas durante su niAi??ez y temprana juventud a un ambiente cultural pleno de principios liberales y progresistas, como por ejemplo la peticiA?n del voto femenino que proclamaba el ingeniero Francisco Naranjo, hijo, a travAi??s del periA?dico El Lampacense, en noviembre de 1891. La participaciA?n en 1887 de su padre, PrA?spero Villarreal Zuazua, en la fundaciA?n de la Sociedad de Obreros de Lam- pazos sentA? en parte las bases del futuro activismo polAi??tico de Andrea y Teresa Villarreal, al igual que su hermano Antonio Irineo, debido al temprano contacto que tuvieron con los problemas sociales, que incluAi??an, entre otros, el derecho de los obreros a condiciones de trabajo mA?s justas y el cuestionamiento del orden imperante, en especial del gobierno federal.

Este tipo de ideas de avanzada tendieron un lazo hacia ideas similares en otras partes de MAi??xico, como por ejemplo, en San Luis PotosAi?? donde Camilo Arriaga denunciA? en agosto de 1900, a travAi??s del manifiesto ai???InvitaciA?n al Partido Liberalai???, el clericalismo del rAi??gimen de Porfirio DAi??az que contravenAi??a las leyes de Reforma. Este hecho originA? la formaciA?n de clubes liberales en muchos puntos del paAi??s, y tambiAi??n su represiA?n por constituirse en foros de oposiciA?n al gobierno de DAi??az. El Club Liberal de Lampazos fue disuelto en abril de 1901, sus lAi??deres encarcelados y per- seguidos sus integrantes por A?rdenes del general Bernardo Reyes.

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Antonio I. Villareal

Estas medidas represivas llevaron a Andrea y Teresa, a su padre y a sus hermanos al exilio en Estados Unidos. Tras una breve estancia en San Antonio, Texas, se instalaron en febrero de 1905 en St. Louis, Missouri, aprovechando la coyuntura de la ExposiciA?n Universal y debido tambiAi??n a que el hermano menor, Alfonso, se encontraba allA?. El 10 de septiembre de 1905, el periA?dico St. Louis Post Dispatch menciona que en esa ciudad habAi??a un numeroso grupo de revolucionarios de diferentes nacionalidades, chinos, polacos, irlandeses, alemanes, ademA?s de turcos, espaAi??oles y latinoamericanos, a los que se sumaba la comunidad mexicana de exiliados y, entre ellos, la familia Villarreal GonzA?lez, los hermanos Ricardo y Enrique Flores MagA?n y otros disidentes polAi??ticos. Esta atmA?sfera propiciA? las relaciones amistosas con organizaciones estadunidenses con las cuales compartAi??an intereses, tales como el Partido Socialista, la FederaciA?n Americana del Trabajo (AFL) y los Traba-

jadores Industriales del Mundo (IWW). Los miembros de la Junta Revolucionaria Mexicana ai??i??nombre con que se conociA? a la comunidad de refugiados polAi??ticosai??i?? tenAi??an conocimiento de las publicaciones de estos organismos, como la revista Appeal to Reason, de donde probablemente Andrea Villarreal tomA? el artAi??culo ai???Liberty for the Refugees who are Prisonersai??? (ai???Libertad para los refugiados que estA?n prisionerosai???) de Eugene V. Debs, presidente del Partido Socialista estadu- nidense y lo tradujo al espaAi??ol para los lectores del periA?dico La Estrella, de San Antonio, en 1909.

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Ficha policiaca de Juan Sarabia

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Ficha policiaca de Ricardo Flores MagA?n

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