El dibujo se populariza en el siglo XIX

Maria Esther PAi??rez Salas C. /Ai??Instituto Mora

BiCentenario #21

La proliferaciA?n de la enseAi??anza del dibujo fue mucho mA?s allA? que formar a grandes artistas. Se impuso en distintos estratos sociales, y entre niAi??os y mujeres, de la mano de maestros extranjeros. Las clases personalizadas y los manuales fueron las claves para el aprendizaje

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Tanto en Europa como en MAi??xico, se considerA? desde finales del siglo XVIII que la enseAi??anza del dibujo era fundamental para el buen ejercicio de cualquier actividad. No importaba si el alumno se interesaba por el arte o la artesanAi??a, o por estudiar medicina, abogacAi??a o ciencias. Lo transcendental era que mediante el dibujo se expresaba el gusto por la belleza el cual llevarAi??a a perseguir grandes ideales.

Desde el punto de vista escolarizado, en un principio se destacA? que mediante el dibujo se desarrollaba la capacidad de observaciA?n y el pensamiento abstracto en apoyo del conocimiento cientAi??fico, pero en poco tiempo la prA?ctica del dibujo adquiriA? una dimensiA?n mA?s amplia, al convertirse en parte de una cultura general. De ahAi?? que, ademA?s de las clases que se impartAi??an en la Academia de San Carlos, destinadas a los futuros artistas del paAi??s, empezaron a proliferar cursos y manuales para aquellos que querAi??an acercarse al dibujo de una manera menos especializada.

Una de los primeros acercamientos fue a travAi??s de los cursos impartidos por maestros que se anunciaban en los periA?dicos. La mayor parte de ellos eran artistas extranjeros que se ofrecAi??an como retratistas, pero que encontraron en la enseAi??anza del dibujo una manera de subsistencia. Para atraer mayor clientela, aseguraban que el alumnado obtendrAi??a en breve tiempo importantes avances.

En otros casos, las clases de dibujo formaban parte de un programa educativo mA?s completo, ya que se complementaba con cursos de lengua francesa, geografAi??a, historia y religiA?n cristiana. Dado que no se contaba con establecimientos especAi??ficos para la enseAi??anza, por lo general las clases se impartAi??an en los domicilios de los maestros.

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Autodidactas

Pero en el siglo XIX tambiAi??n fue posible aprender dibujo de manera autodidacta con el apoyo de manuales que comenzaron a circular a partir de 1840. SA?lo se requerAi??a tener ciertas habilidades y seguir las indicaciones puntualmente, sin necesidad de un maestro.

En sus inicios, los manuales que circulaban en MAi??xico fueron traducciones de los que circulaban en Francia, como el Manual del dibujante, de Aristide Perrot, que ofrecAi??a adquirir en tan sA?lo seis meses, las destrezas de un alumnos con dos aAi??os de estudio. Con tal aseveraciA?n, se ponAi??a de manifiesto que resultaba mucho mA?s productivo aprender el dibujo a partir de los principios fundamentales establecidos en el texto, en lugar de los mAi??todos tradicionales de copiar los modelos sin reglas que guiaban al discAi??pulo.

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Este manual fue uno de los mA?s exitosos de su Ai??poca. Estaba dividido en cuatro grandes rubros: dibujo de delineaciA?n a simple vista, dibujo natural que comprendAi??a figura humana y paisaje, dibujo de topografAi??a y mA?quinas e instrumentos para dibujar. AdemA?s de incluir dos secciones novedosas como eran el paisaje y los instrumentos de dibujo, en cada uno de los apartados de cada secciA?n habAi??a una buena cantidad de ejercicios. AdemA?s, se proporcionaba una serie de consejos como nociones sobre los huesos, mA?sculos y movimientos del cuerpo humano, cA?mo elegir el sitio para realizar un paisaje natural, o informaciA?n sobre los instrumentos, papeles, colores y elaboraciA?n de dibujos topogrA?ficos. En pocas palabras, cumplAi??a cabalmente con las caracterAi??sticas de una publicaciA?n para aprender de manera autodidacta, ya que en un solo ejemplar se contaba con la informaciA?n y ejercicios necesarios.

Tal fue el alcance de estos manuales que por todos los medios se buscA? darlos a conocer. Los Calendarios, publicaciones de formato pequeAi??o pero de tirajes muy alto que era habitual encontrar en las casas mexicanas del siglo XIX, fueron importantes para su difusiA?n. Eran la guAi??a para todas las actividades del aAi??o, desde saber los dAi??as de ayuno o los obligatorios de asistir a misa, asAi?? como para consultar el santoral y dar nombre al reciAi??n nacido. En el DAi??cimocuarto calendario de Abraham LA?pez, se incluyA? para 1852 la traducciA?n del manual Elementos de dibujo natural, publicado por el inglAi??s Rudolph Ackermann y traducido por JosAi?? de Urcullu. AdemA?s del texto, a travAi??s de quince imA?genes se mostraba paso a paso este mAi??todo de dibujo, que hacAi??a hincapiAi?? en los ejemplos de las proporciones del cuerpo y sus partes. TambiAi??n explicaba el tratamiento de las sombras y el ropaje.

Otro medio a partir del cual tambiAi??n se tuvo acceso a los distintos mAi??todos de dibujo fueron las revistas literarias, las cuales estaban dirigidas a niAi??os y mujeres de las clases medias y altas de la poblaciA?n, como Diario de los niAi??os y Semanario de las seAi??oritas mejicanas. Su principal objetivo era brindar instrucciA?n de forma amena.

PA?blico femeninoAi??

Ahora bien, a pesar de que se podrAi??a pensar que en las revistas para niAi??os fue donde mA?s se insertaron temas sobre el dibujo, en realidad ese lugar lo ocuparon las revistas femeninas que fomentaron con mayor insistencia que las lectoras jA?venes se acercaran.

En efecto, de acuerdo con el concepto de educaciA?n orientado a la mujer, se consideraba que el dibujo constituAi??a parte importante en la formaciA?n de cualquier joven, aunque no se fuera a dedicar a la pintura. En el siglo XIX estaba mal visto que una mujer acudiera a clases en las academias de arte, por lo cual se les ofrecAi??a la posibilidad de aprenderlo con maestros particulares o a travAi??s de las revistas literarias.

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

El dibujo era una herramienta muy A?til para el desarrollo de las manualidades, en especial para el bordado, de ahAi?? que en las publicaciones no faltaban artAi??culos y estampas dedicadas a este aprendizaje. Sobre todo aquellas en las que se ofrecAi??an las bases para aumentar o reducir una imagen sin perder la proporciA?n, o bien para dar volumen a una figura mediante tAi??cnicas de sombreado. A pesar del objetivo meramente prA?ctico y de adorno que se confiriA? a la instrucciA?n del dibujo entre la poblaciA?n femenina, muchas perfeccionaron sus habilidades y llegaron a convertirse en excelentes artistas.

En relaciA?n a los niAi??os, a mediados del siglo XIX quedaron establecidas dentro del A?mbito escolar las bondades del aprendizaje del dibujo, por lo que se publicaron mAi??todos y manuales para su prA?ctica en las aulas. Pero, al mismo tiempo, se editA? gran nA?mero de cuadernos de dibujo para que los infantes se acercaran a la actividad de manera lA?dica, libre y directa. Libros con temas atractivos y tonalidades vistosas atraAi??an a los pequeAi??os a colorear siluetas, copiar figuras sencillas o seguir cuidadosamente los puntos marcados en cuadernos especiales. Estos materiales fueron importantes para desarrollar en la poblaciA?n infantil el interAi??s por el dibujo, a la vez que se sentaban las bases para una enseAi??anza escolarizada.

Sea cual fuere la vAi??a a partir de la cual la sociedad decimonA?nica mexicana aprendiA? a dibujar, lo que queda claro es que en el siglo XIX prevaleciA? un interAi??s por aprender una manera grA?fica para expresarse, hacerse de una herramienta para sus actividades cotidianas, asAi?? como contar con un medio para apreciar la naturaleza. En este sentido, el dibujo fue el elemento aglutinador que permitiA? que se pudieran llevar a cabo estas premisas.

Para saber mA?s

Consultar revistas dirigidas a la mujer en el siglo XIX: http://xurl.es/tgdki