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Tres leyendas del Soconusco

Antonio Cruz Coutiño
Universidad Autónoma de Chiapas

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 38.

Como un rompecabezas, los mitos ancestrales se van reconfigurando siempre a partir de reconstrucciones verbales y relatos previamente escriturados. Fragmentos y retazos que a partir de un paciente trabajo de intersección pueden hilvanarse como historias. He aquí una selecciín de leyendas fantáticas del estado de Chiapas.

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Hace más o menos 35 años leí por primera vez un texto publicado por el arqueólogo maestro Carlos Navarrete, centroamericano de origen, aunque chiapaneco por adopción, relacionado con algunos mitos de origen, propios de Mesoamérica, propios del Soconusco, Guatemala y Chiapas. La versión que leí se encuentra en el número 9 de la revista del ICACH, publicada en diciembre de 1962 y se intitula Cuentos del Soconusco. Tiempo después supe que el pasaje, recortado, provenía de alguna revista llamada Lanzas y Letras y, finalmente, por esos años descubrí su versión “original” en un ejemplar de Summa Anthropologica, de 1966.

Los tres relatos principales a los que se refiere el texto son a tal grado perfectos, representativos del pensamiento mesoamericano, que desde ese tiempo decidí indagar sobre ellos y descubrir su vigencia. Hurgar en la conversación, en el recuerdo y en la rememoración de la gente del Soconusco, aunque en especial en la memoria de la gente grande, los más ancianos de los municipios de Tapachula, Tuxtla Chico y Cacahoatán.

Por esos años iniciaba mi interés por descubrir, leer, comprender la esencia de los mitos ancestrales contenidos en las leyendas contemporáneas de los pueblos de Chiapas. Emprendía la tarea de compilar leyendas previamente escrituradas, aunque incluía también, registrar por primera vez, algunas, directamente. Debido a ello con el tiempo reuní versiones varias, síntesis, trozos desfigurados y fragmentos. Todos relacionados entre sí, acordes con los relatos originalmente publicados por Navarrete. Así que “decidí” hacer con ellos labor de tru-tru: recortar, pegar, entretejer, modelar. Y por fin ahora me animo a divulgarlos. Se trata de tres leyendas: 1. El origen del volcán Tacaná y los seres humanos; 2. La historia del hombre que busca al sol; y 3. El sol, la luna y las estrellas. Expreso las gracias a mi suegro, el león cronista de mayor fama en el Soconusco, don Armando Parra Lau, por facilitarme algunos contactos.

 

El origen del tacaná y los humanos

Hace mucho, mucho tiempo, despuesito que el sol todavía ni pensaba alumbrar; cuando Dios, después de tanta preocupación por todos nosotros, terminó de hacer la tierra junto con los ríos, los animales y todas las montañas, dejó a todos los hombres. Unos por un lado y otros por otro. Para que trabajaran la tierra, para que hicieran sus milpas, consiguieran su comida y lo quisieran como un padre. Desde ese tiempo los animales y los árboles andaban de un lado para otro, sin rumbo andaban, y los hombres no tenían nombre de persona, ni les preocupaba que todo el día estuvieran trabajando; que fueran de una sola pieza para el trabajo como si todos fueran una sola mano.

Dios, de tanto trabajo para hacer la tierra y de tanta cabeza para hacer cuanto hombre que dejó en la tierra, se cansó y regresó a su casa para descansar. Bien confiado regresó al cielo, creyendo en la honradez de la gente que había dejado. Nunca más se preocupó por acordarse de ellos, no de lo que hacían, ni de lo que decían; digamos que más bien pensaba que su trabajo había sido bueno y que sería respetado.

Pero va sucediendo que de repente, un día se le ocurrió bajar a la tierra para ver cómo estaban sus hijos. Cómo les había ido en sus milpas y en su trabajo. Quería averiguar si lo sabían venerar, si todavía lo respetaban. Y así observó todo a tinta y papel, al derecho y al revés, y ya que terminó de echar su vuelta, ya que terminó de ver tantas cosas, se puso triste; tal vez nunca sería visto tan apenado como ese día y ¿Cómo no? si las milpas estaban abandonadas. La muchachada y los chamaquitos no hacían caso a los viejos, y de él casi nadie se acordaba. Contimás que lo adoraran.

 

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

El EZLN a dos dAi??cadas de su surgimiento

Diana GuillAi??n – Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 24.

Chiapas ya no es la misma entidad que el levantamiento zapatista de 1994 colocA? en las primeras planas nacionales e internacionales, por lo que a dos dAi??cadas de distancia conviene plantearse interrogantes como A?a la sociedad chiapaneca le ha dejado algo?, A?ha significado cambios importantes para las comunidades indAi??genas?, o A?tuvo alguna incidencia para la vida nacional e internacional? Aventurar posibles respuestas a estas y otras preguntas es el reto del presente artAi??culo.

Mujeres zapatistas (640x418)

Delegados zapatistas, fotografAi??a de Julian Stallabrass, 1996, www.flickr.com/creativecommons.

Antes de que el EjAi??rcito Zapatista deAi??LiberaciA?n Nacional (EZLN) colocaraAi??a Chiapas en las primeras planas de laAi??prensa nacional e internacional, propiosAi??y extraAi??os reconocAi??an en la entidad unAi??lugar de indescriptible belleza fAi??sica dondeAi??ademA?s de paisajes, edificios colonialesAi??o ruinas mayas, podAi??an encontrarseAi??las particularidades de la vida indAi??gena.Ai??HabAi??a quienes en todo ello identificaban desafiantes laboratorios cuyas puertasAi??abiertas tentaban a biA?logos, mAi??dicos, arqueA?logos, sociA?logos, antropA?logos,Ai??economistas y cuanta mirada curiosaAi??buscara acercarse a los distintos aspectosAi??de la cotidianeidad local. EstabanAi??tambiAi??n quienes desde las esferas privadaAi??o gubernamental explotaban losAi??recursos agrAi??colas, madereros, ganaderos,Ai??elAi??ctricos y petroleros que ofrecAi??a,Ai??o aquellos que consolidaban posicionesAi??polAi??ticas con el respaldo de votos ruralesAi??fA?cilmente manipulables.

El punto de partida para este textoAi??es ese mundo de contrastes que era y sigueAi??siendo Chiapas; en concreto interesaAi??ver quAi?? ha significado dentro y fueraAi??de la entidad el que con la A?ltima de lasAi??campanadas de 1993 y las uvas que apurA?bamosAi??para festejarlo, el EZLN lanzaraAi??un reto armado al gobierno mexicano.Ai??Aventurar posibles respuestas a dicha interroganteAi??es el horizonte que propongoAi??como parte del recorrido a vuelo de pA?jaroAi??por una historia reciente que sigueAi??escribiAi??ndose y dentro de la cual vale laAi??pena hurgar asAi?? sea de manera fugaz.

Hoy decimos basta…

Durante la dAi??cada de los setenta se lanzA?Ai??una campaAi??a cuya emblemA?tica fraseAi??A?Todo en Chiapas es MAi??xico! recorriA?Ai??el paAi??s entero y se convirtiA? en la invitaciA?nAi??oficial para conocer el estado. AAi??150 aAi??os de que la entidad se incorporaraAi??al pacto federal se utilizaron diversosAi??medios de comunicaciA?n para reforzarAi??la idea de que, a pesar del aislamiento yAi??abandono en los que se encontraba y deAi??lo poco que se habAi??a hecho para remediarAi??su situaciA?n, el extremo sur de MAi??xico tambiAi??n formaba parte de la naciA?n.

Al tiempo que se conmemoraba elAi??siglo y medio que cumplAi??an los chiapanecosAi??como mexicanos, el tendido deAi??puentes entre unos y otros se acompaAi??A?Ai??de una creciente dependencia federalAi??hacia el potencial petrolero e hidroelAi??ctricoAi??escondido tras sus exhuberantesAi??selvas y caudalosos rAi??os. En tAi??rminosAi??econA?micos y geopolAi??ticos, Chiapas seAi??convirtiA? en un punto neurA?lgico para elAi??conjunto del paAi??s, pero la riqueza que deAi??manera sostenida empezA? a aportar enAi??beneficio del mismo, lejos de traducirseAi??en mejores condiciones de vida paraAi??la mayorAi??a de sus pobladores, aAi??adiA?Ai??nuevas inequidades a las ancestralmenteAi??existentes.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

La migraciA?n permanente en Simojovel

Perla Shiomara del Carpio y Eduardo FernA?ndez /Ai??Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra

BiCentenario #21

La producciA?n de cafAi?? o la recolecciA?n y elaboraciA?n de artesanAi??as de A?mbar han sido insuficientes para que los habitantes de este municipio chiapaneco permanezcan en sus poblados. La mejora educativa tambiAi??n suele ser determinante para emigrar

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

A lo largo de la historia de MAi??xico, los movimientos migratorios han presentado caracterAi??sticas diversas, producto de mA?ltiples causas, y el territorio nacional ha sido testigo de desplazamientos de poblaciA?n con diferentes matices y modalidades. Por un lado, observamos un fenA?meno de migraciA?n internacional ya centenaria, que coloca a MAi??xico como el principal paAi??s exportador de recursos humanos en el mundo y a 98 por ciento de sus migrantes residiendo en Estados Unidos. Por el otro, desde la conquista espaAi??ola, el paAi??s es destino de inmigrantes de distintas partes del mundo.

Ahora bien, existen otros fenA?menos de movimiento de poblaciA?n. Sin duda, el mA?s antiguo es el de la migraciA?n interna; las mismas culturas prehispA?nicas, a travAi??s del comercio y las guerras, tuvieron una intensa movilidad. Otros fenA?menos mA?s recientes son la migraciA?n de retorno (de los migrantes internacionales) y la de trA?nsito, esto es, el paso por nuestras tierras de centroamericanos y sudamericanos, entre otros orAi??genes, con el propA?sito de llegar a Estados Unidos.

Las causas de las diferentes modalidades migratorias van de las adversas situaciones econA?micas, como la pobreza y falta de oportunidades, a las polAi??ticas: conflagraciones, persecuciones religiosas y Ai??tnicas, e inseguridad (mafias y caciquismo). No faltan tambiAi??n los desastres naturales: terremotos, sequAi??as, inundaciones, erupciones volcA?nicas y degradaciA?n del ambiente. O razones culturales: tradiciA?n e industria de la migraciA?n, redes sociales, etcAi??tera.

Si bien es cierto que hoy en dAi??a la migraciA?n internacional, la migraciA?n de retorno y la transmigraciA?n han atrapado la atenciA?n de la mayorAi??a de los estudiosos del tema en MAi??xico, el desplazamiento interno presenta aristas muy interesantes por analizar. Es el caso de la poblaciA?n de Simojovel -conocida como tierra del cafAi?? y del A?mbar-, que a lo largo de los A?ltimos siglos ha sido sacudida por eventos que la mantienen en movimiento permanente.

El siglo de la finca

El municipio de Simojovel de Allende se encuentra ubicado en la regiA?n De Los Bosques, en el estado de Chiapas, a 130 kilA?metros de Tuxtla Gutierrez Esta regiA?n, donde habitan numerosos pueblos indAi??genas, se caracteriza por la existencia de minas de A?mbar, la fabricaciA?n de joyerAi??a con esta resina y la producciA?n, recolecciA?n y venta de cafAi??.

La regiA?n estaba habitada por grupos pertenecientes a la etnia tsotsil desde mucho antes de la llegada de los espaAi??oles, grupos que fundaron pueblos de regular importancia, entre ellos Simojovel y HuitiupA?n, ambos con poblaciA?n dedicada a la agricultura y a la explotaciA?n de las minas de A?mbar. MA?s tarde, en el siglo XVI, el pueblo de Simojovel seguAi??a habitado por una mayorAi??a indAi??gena, que despuAi??s de haber sido desplazada por la conquista espaAi??ola, se convirtiA? en punto de congregaciA?n de mano de obra para la producciA?n agrAi??cola, lo cual facilitA? el pago del tributo indAi??gena a la Corona.

Simojovel y la comarca en su conjunto destacaban desde tiempos prehispA?nicos como contribuyentes de productos agrAi??colas y recursos naturales aportados por sus pobladores, a la vez que fue escenario de diversas revueltas campesinas e indAi??genas y zona de refugio de dirigentes acosados por la acciA?n punitiva de los sectores dominantes, tanto en el perAi??odo colonial como durante la Ai??poca independiente.

CafAi?? tostado. WIKICOMMONS

CafAi?? tostado. WIKICOMMONS

Es probable que antes de la entrada del cafAi?? en la regiA?n y del avance de las fincas donde comenzA? a cultivarse en la segunda mitad del siglo XIX, comenzaran a llegar de manera esporA?dica individuos no indAi??genas, pobres o medianamente acomodados, algunos de los cuales posiblemente establecieron luego las primeras haciendas dedicadas al maAi??z, el tabaco y la ganaderAi??a. ProvenAi??an de San CristA?bal de las Casas y ComitA?n, sobre todo de lugares donde la poblaciA?n se hallaba marginada del poder econA?mico y polAi??tico, y se relacionarAi??an mA?s bien con actividades como el comercio y la arrierAi??a. La importancia de la producciA?n agrAi??cola contribuirAi??a a que la zona se mantuvieraAi?? y progresase como lugar de reuniA?n y encuentro entre diferentes grupos Ai??tnicos.

Fue por entonces cuando se empezA? a consolidar el nuevo sistema de fincas, fomentado y protegido por las leyes y las disposiciones del Estado liberal, que dominarAi??a la regiA?n por alrededor de un siglo. Este tiempo fue conocido como el siglo de la finca.

El sistema se fortaleciA? propiamente a finales del siglo XIX y su tAi??rmino comenzA? a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se caracterizA? porque en Ai??l la poblaciA?n nativa constituyA? una fuerza de trabajo permanente. Para los indAi??genas de la regiA?n de Simojovel el establecimiento de fincas cafetaleras significarAi??a el acasillamiento y el baldiaje, es decir, el servicio de los trabajadores a cambio de renta, el cual los fijaba a la tierra de una manera que ha sido considerada como servidumbre.

Y es que las relaciones de producciA?n que se instauraron fueron, por un largo periodo, de Ai??ndole semifeudal y con salarios casi simbA?licos. AA?n en las postrimerAi??as del siglo XX, los peones estaban obligados a pagar renta en sus tres modalidades: trabajo, especie y dinero. Dentro de este esquema laboral y productivo, el trabajo de las mujeres y los niAi??os en las fincas era tambiAi??n importante, su condiciA?n de gAi??nero y edad favorecAi??a que no se les pagara lo correspondiente por su labor.

Este era, en suma, el panorama en que el poder de los patrones y la subordinaciA?n de los trabajadores en general gozaron de legitimidad durante mucho tiempo, casi cien aAi??os. En estas condiciones es comprensible que aconteciera un fenA?meno migratorio, pues para los pobladores resultA? necesario buscar mejores condiciones de vida y de trabajo.

Collar de A?mbar. WIKICOMMONS

Collar de A?mbar. WIKICOMMONS

Para saber mA?s

BALCA?ZAR, JORGE, Museo comunitario del A?mbar. Simojovel de Allende, Museo Comunitario del A?mbar, 2009.

DEL CARPIO OVANDO, PERLA SHIOMARA, ai???Entre el textil y el A?mbar: las funciones psicosociales del trabajo artesanal en artesanos tsotsiles de la ilusiA?n, Chiapas, MAi??xicoai???, Athenea Digital, 2012, v. 12, nA?m. 2, pp. 185-198, enAi??Ai?? http://xurl.es/j8i0w

TOLEDO,Ai?? SONIA, Fincas, poder y cultura en Simojovel, Chiapas, San CristA?bal de las Casas, PROIMMSE, 2002.

_________________, ai???La fiesta de San AndrAi??s y los espacios de poder en Simojovel, Chiapasai???, Anuario de Estudios IndAi??genas, 2009, v. 13,Ai?? pp. 265-297.

ai???Museo comunitario de A?mbarai???, en http://xurl.es/5i3xo

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Las piedras azules que cayeron del cielo Distintas miradas a la rebeliA?n chamula de 1868-1869

Elizabeth Balladares GA?mez /Ai??UAM-I
Revista BiCentenario #7

El cielo de Chiapas se encontraba cargadoAi??de nubes oscuras y presagios. Era el aAi??o de 1868 cuando el cielo arrojA? tres piedras sobre Tzajalhemel, un paraje cercano alAi??pueblo tzotzil de San Juan Chamula. Los indios tomaron las piedras por dioses, en cuyo honor ofrendaron un Cristo indio; hechizados por las revelaciones de estas piedras-dioses, desencadenaron su odio sobre los habitantes de San CristA?bal, marcando el comienzo de la llamada guerra de castas.

San CristA?bal de las Casas

Este relato se perpetuA? en el tiempo y los corazones de los habitantes de la regiA?n de los Altos de Chiapas y distintos estudiosos del tema se basa- ron en Ai??l para la recons- trucciA?n de esta historia, pero algunas voces de tiempos recientes la han desmitificado a partir del escrutinio cuidadoso de las fuentes de ese tiempo y nos ofrecen otra mira- da de la guerra de castas, situA?ndola en el contexto regional, mostrando que se halla inscrita en los procesos polAi??ticos de la naciA?n mexicana que buscaba construirse despuAi??s de la independencia, periodo en que las distintas facciones polAi??ticas y las leyes esgrimidas desde el centro hicieron posible el culto de Tzajalhemel y sus consecuencias que a continuaciA?n se narran.

La mirada en el momento

En Tzajalhemel, la indAi??gena Agustina GA?mez Checheb pastoreaba un rebaAi??o de ovejas cuando aparecieron en su camino tres piedras de color azul oscuro y de forma redonda. Al ver a su madre le dijo: ai???estas piedras bajaron del cieloai???. Siguiendo el consejo del fiscal de San Juan Chamula, Pedro DAi??az Cuscate, Agustina envolviA? las piedras caAi??das del cielo y las ocultA? en una caja de madera. Se cuenta que las piedras golpeaban la caja paraAi??poder salir, por lo que DAi??az Cuscate, valiAi??ndoseAi??del respeto que gozaba por ser el encargado de la iglesia, difundiA? la noticia de que las piedras hablaban y se autonombrA? sacerdote del nuevo culto. Y la noticia no tardA? en llegar a los pueblos aledaAi??os.

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Una gran tormenta inundarAi??a las calles de San CristA?bal en esos dAi??as. Desde un altar improvisado en Tzajalhemel, Pedro DAi??az Cuscate la interpretA? como un castigo a los ladinos ai??i??los habitantes noAi??indAi??genas de la ciudadai??i??, y una muestra de la fuerza de sus dioses que se negaban a abandonar a los primeros habitantes de estas tierras.

En medio de rezos, olor a incienso y a juncia, los indAi??genas de Chamula y pueblos cercanos adoraron a las piedras: sus dioses que volvAi??an. Que cayesen del cielo era una seAi??al de inconformidad por el olvido en que se les habAi??a tenido, era un reclamo por ser suplidos por la nueva religiA?n y asAi?? loAi??entendieron sus fieles, quienes decidieron escucharlos y redimirse otorgA?ndoles la dignidad que se merecAi??an.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 19.05.53Tzajalhemel se llenA? pronto de vida: rezos,Ai??procesiones, flores, incienso y posh ai??i??la bebida embriagante de caAi??aai??i?? se ofrecAi??an a los dioses en seAi??al de respeto. Era tanta la gente que visitaba las cuevas del lugar, que se instalA? un mercado en el que los indios comerciaban libremente por medio del trueque y sin intervenciA?n de ladinos. La noticia no tardarAi??a en llegar hasta los oAi??dos del cura de Chamula, quien ya se preguntaba el por quAi?? de la poca asistencia a la iglesia, asAi?? que decidiA? visitar Tzajalhemel. Al llegar y darse cuenta de lo que sucedAi??a, reprendiA? severamente a los indios por sus prA?cticas paganas, ante lo cual Ai??stos se mostraron sumisos y abandonaron las cuevas.

PARA SABER MA?S:

Rosario CASTELLANOS, Oficio de tinieblas, en Obras reunidas I, MAi??xico, FCE, 2005.

Flavio Paniagua , Florinda, MAi??xico, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, 2003.

JAN RUS, ai???A?Guerra de castas segA?n quiAi??n?: indios y ladinos en los sucesos de 1869ai???, en Juan Pedro Viqueira y Mario Humberto Ruz (eds.), Chiapas: los rumbos de otra historia, MAi??xico, UNAM/ CIESAS, 1995, pp. 145-174.

Indios somos con orgullo. PoesAi??a Maya-Tojolabal, recopilaciA?n, traducciA?n, notas, comentarios e introducciA?n por Carlos Lenkersdorf, MAi??xico, UNAM/ IIFL, Centro de Estudios Mayas, 1999.

PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO,Ai??SUSCRIBASE A BICENTENARIO.

La boda de la abuela

Diana GuillAi??n
Instituto Mora
Revista BiCentenario #10
Isabel CastaAi??A?n 1912

Isabel CastaAi??A?n, 1912

La historia de las familias estA? llena de anAi??cdotas que se transmiten de generaciA?n en generaciA?n; aderezadas con ciertas dosisAi??de humorismo o de tragedia que ocasionalmente hacen dudar de su veracidad, buena parte de ellas se transforman en relatos que nos conectan con la vida de nuestros antepasados. Vista a la distancia la boda de mis abuelos entra en esa categorAi??a; se trata de un acontecimiento archivado en el cajA?n familiar de los recuerdos, que de niAi??a escuchAi?? en voz de mi padre y que de adulta narrAi?? a mis hijos.

Pero ademA?s de su importancia para el nacimiento de una rama genealA?gica y de sus implicaciones sentimentales entre los descendientes de esa lAi??nea, la uniA?n de Flavio GuillAi??n e Isabel CastaAi??A?n tuvo tintes novelescos derivados de las circunstancias polAi??ticas que se vivAi??an en Chiapas durante la segunda dAi??cada del siglo XX. El abuelo era gobernador de la entidad y todos sus actos, incluidos los privados, se enmarcaban en pugnas de larga data que la revoluciA?n iniciada en 1910 vino a acentuar.

Para entender lo sucedido el dAi??a en que Flavio e Isabel se casaron, es necesario remontarse en el tiempo y recuperar, asAi?? sea de manera fugaz, un proceso previo que marcA? a la sociedad local durante el rabasismo (con ese nombre se ha bautizado en Chiapas a la etapa que va de 1891 a 1911): el ascenso de grupos que desplazaron a los hacendados establecidos al amparo de la antigua Ciudad Real, hoy San CristA?bal de las Casas. Si bien desde la colonia estos A?ltimos habAi??an establecido su poder, la ampliaciA?n de la actividad econA?mica hacia los valles centrales favoreciA? el surgimiento de otra Ai??lite y a mediano plazo significA? la conformaciA?n de un nuevo centro polAi??tico-administrativo.

Con el traslado de la capital estatal hacia Tuxtla GutiAi??rrez en 1892, Emilio Rabasa rubricA? la consolidaciA?n de ese grupo en ascenso al que Ai??l mismo pertenecAi??a. La historiografAi??a ha tendido a identificar con la corriente conservadora a los alteAi??os (nombre coloquial de quienes vivAi??an en San CristA?bal) y con la liberal a los habitantes de los valles centrales, pero mA?s que una distinciA?n de fondo, ambas etiquetas reflejan filiaciones pasajeras hacia los bandos que durante el siglo XIX se enfrentaron para controlar la presidencia de la repA?blica.

TambiAi??n dan cuenta de ciertos matices en tAi??r- minos de su concepciA?n sobre la actividad agraria: tradicional-cerrada para los primeros o empresarial-progresista para los segundos. AquAi?? conviene recordar que por encima de tales diferencias prevalecAi??a el espAi??ritu de ganancia y por ello tanto en Los Altos como en Los Valles las Ai??lites tendieron a asegurar que el trabajo indAi??gena fluyera hacia las haciendas. Lo mismo pasA? con la propiedad de la tierra; bajo el influjo rabasista las comunidades perdieron independencia, los ranchos y haciendas crecieron y la gran propiedad cobrA? fuerza por igual entre hacendados con mentalidad empresarial, que entre hacendados con mentalidad tradicional.

ParecerAi??a que las convergencias eran mayores que las divergencias, pero estas A?ltimas se magnificaron frente a aAi??ejas rivalidades fraguadas en la lucha por el poder; el predominio econA?mico yAi??polAi??tico de las Ai??lites que se formaron y crecieron al amparo de la antigua Ciudad Real, se encontraba disminuido para 1892, lo que no implicaba que sus integrantes estuviesen dispuestos a aceptar que un grupo de ai???advenedizosai??? les arrebatara el control sobre la capital; fue en tal contexto que el conflicto se impregnA? de tintes regionales y el escenario para un enfrentamiento de mayores proporciones quedA? delineado.

Isabel CastaAi??A?n y su padre hacia la iglesia en Chiapa de Corzo

Isabel CastaAi??A?n y su padre hacia la iglesia en Chiapa de Corzo

A partir de entonces San CristA?bal y TuxtlaAi??se convirtieron en el espacio simbA?lico de la disputa. Un texto de la Ai??poca resume claramente el sentimiento de despojo de quienes se identificaban con la primera; sus argumentos en contra de que la segunda se convirtiera en la nueva capital del estado, se remontaban a la fundaciA?n de la Ciudad Real (1528) y resaltaban el papel que la misma habAi??a jugado en el proceso de poblamiento de los valles que la circundaban.

MA?s allA? de las quejas o de las adhesiones que suscitA?, el cambio de sede reflejaba el poder de un nuevo grupo y tambiAi??n una nueva orientaciA?n geogrA?fica para la entidad: mientras San CristA?bal se encontraba en la ruta comercial hacia Guatemala, Tuxtla abrAi??a la puerta que conducAi??a a MAi??xico. Para los antiguos depositarios del poder, elloAi??sin embargo no bastaba y en septiembre de 1911, al tiempo que LeA?n de la Barra encabezaba un gobierno federal interino, se formaron grupos armados en ambas ciudades.

El pretexto fueron los resultados en las votaciones para integrar la legislatura local y para elegir al gobernador constitucional de la entidad; desde San CristA?bal se desconocieron los poderes estatales, dA?ndose un plazo de veinticuatro horas para disolver el Congreso y para que el ejAi??rcito quedara a disposiciA?n de los insurrectos.