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El 20 de noviembre en el siglo XX y el XXI

JuliA?n GonzA?lez de LeA?n Heiblum / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

BiCentenario #10

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.22.32El primer aniversario de la RevoluciA?nAi??iniciada el 20 de noviembre de 1910Ai??no tuvo grandes festejos, aunque sAi?? seAi??aclamA? al nuevo presidente Francisco I.Ai??Madero y al movimiento triunfador. NoAi??fue sino hasta 1912 que hubo una ceremoniaAi??oficial, con un banquete en PalacioAi??Nacional en el que los invitados eranAi??sobre todo parte de los tres poderes yAi??hubo discursos apologistas. El momentoAi??clAi??max fue la alocuciA?n presidencial sobreAi??la justicia, la ley y la libertad.

La crisis econA?mica, entre otros factores,Ai??impidiA? los festejos muy elaboradosAi??para ese dAi??a, pero habAi??a funcionesAi??especiales de cine, teatro, mA?sica yAi??oratoria, promovidas por laAi??AsociaciA?n pro-Madero.

El ComitAi?? Oficial de ConmemoracionesAi??Patrias se hizoAi??cargo de la celebraciA?n duranteAi??el gobierno de A?lvaroAi??ObregA?n (1920-1924), peroAi??no fue sino hasta 1929, conAi??el presidente Emilio PortesAi??Gil, que tuvo mayores dimensiones.Ai??Se inaugurA? elAi??Campo Deportivo Militar,Ai??aprovechando un festivalAi??preparado por la secretarAi??aAi??de Guerra y Marina, con entregaAi??de medallas y concurso de carrosAi??alegA?ricos que sobre todo representabanAi??los deportes propios de los militares, como polo, equitaciA?nAi??nataciA?n y otros.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.24.03Desfiles deportivos y militares cruzaron el centro de la capital hacia PalacioAi??Nacional en los siguientes aAi??os y por variosAi??sexenios, el presidente participabaAi??con discursos cortos y/o rituales patriA?ticos.Ai??A partir de que se decretA? en 1946Ai??como fiesta nacional, brigadas de deportistasAi??representaron a las instituciones deAi??gobierno, educaciA?n y militares; asociacionesAi??deportivas y laborales y gruposAi??extranjeros en los carros. La cifra de participantesAi??creciA? con los aAi??os; de 8,000Ai??en 1930 pasA? a 50,000 en 1934. LuegoAi??variA? el nA?mero, siendo a veces mA?s alto,Ai??otras menos. Se redujo en los A?ltimosAi??lustros, quizA? por la gradual separaciA?n del discurso revolucionario, sobre todoAi??con el ascenso del Partido AcciA?n NacionalAi??al Ejecutivo.

Con el tiempo, se introdujo la prA?cticaAi??de celebrar, antes del 20 de noviembre,Ai??torneos a los que se llamA? Juegos DeportivosAi??Nacionales de la RevoluciA?n. SeAi??aAi??adAi??an y quitaban espectA?culos siempreAi??numerosos: demostraciones de la FuerzaAi??AAi??rea, tablas gimnA?sticas, bailes, actosAi??de malabarismo, el relevo del Fuego SimbA?licoAi??de la RevoluciA?n Mexicana ai??i??unaAi??antorcha iba de mano en mano hastaAi??encender una llama fija en el MonumentoAi??del mismo nombreai??i?? y aun la recreaciA?nAi??de la llegada de Madero, Zapata y VillaAi??a la capital.

El desfile perdiA? a veces suAi??espAi??ritu alegre, como muestra de lutoAi??por tragedias nacionales.Ai??Fue asAi?? en 1984 con lasAi??explosiones petrolerasAi??en San Juan IxhuatepecAi??y en 1985 por el terremoto.Ai??Hubo aAi??os enAi??que los festejos fueronAi??muy elaboradosAi??y otros mA?s bienAi??sencillos, como en elAi??2000, A?ltimo aAi??o delAi??gobierno de ErnestoAi??Zedillo y del PartidoAi??Revolucionario InstitucionalAi??en la presidencia.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.24.57El aniversario solAi??a acompaAi??arse deAi??eventos paralelos, como entrega de galardonesAi??a veteranos de la RevoluciA?n,Ai??asAi?? como banquetes, mAi??tines, conciertos,Ai??lecturas u obras de teatro. Los presidentesAi??pronunciaban discursos legitimadoresAi??de sus gobiernos e inauguraban obrasAi??pA?blicas en el DF o los estados. CasosAi??especiales fueron la Sala deAi??la RevoluciA?n en el MuseoAi??Nacional (1935) y el MuseoAi??de la RevoluciA?n (1986). EnAi??el 50A? aniversario, los restosAi??fA?nebres de Madero seAi??llevaron al Monumento, conAi??una gran ovaciA?n al iniciadoAi??del movimiento revolucionario.

La solemnidad perdiA?Ai??fuerza en 2004, cuando elAi??presidente Vicente Fox laAi??redujo a su visita personal para ponerAi??flores ante la estatua de Madero. DosAi??aAi??os despuAi??s la cancelA?, aunque el gobiernoAi??del DF se encargA?. El presidenteAi??Felipe CalderA?n restaurA? el desfile enAi??2009, dA?ndole una Ai??ndole militar.

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Miradas extranjeras

Revista BiCentenario #10

El fenA?meno de la RevoluciA?n llamA? la atenciA?n de diversos extranjeros que por alguna razA?n estuvieron en MAi??xico. Las grandes movilizaciones populares despertaron suAi??interAi??s y curiosidad por entender lo que estaba pasando en nuestro paAi??s. Periodistas, polAi??ticos, diplomA?ticos e inmigrantes, entre otros, describieron a los protagonistas en distintos momentos de la lucha. Sus testimonios son singulares pues presenciaron los sucesos en que aquAi??llos participaron y subrayan la simpatAi??a o antipatAi??a que sintieron.

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero

Manuel MA?rquez Sterling, embajador de Cuba en MAi??xico a partir de enero de 1913, fue testigo de los aciagos dAi??as de la Decena TrA?gica que culminaron con el derrocamiento y la muerte de Madero, a quien retrata en las siguientes lAi??neas extraAi??das de su libro Los A?ltimos dAi??as del Presidente Madero (1917):

Al fondo, en el centro de su Consejo de Minis- tros, D. Francisco I. Madero, de frac, pequeAi??o y redondo, con la banda presidencial sobre la tersa pechera de su camisa, me aguarda en la verde y sedosa alfombra. Reacciona mi espAi??ritu, y asoma a los ojos, todo Ai??l en mis puplas, dispuesto a interpretar, a su manera, la inquietud nerviosa, amable y regocijada, en mezcla extraAi??a y A?nica, del magistrado que saborea la victoria [...]

El nuevo mandatario, pese a sus enemigos, era un hombre virtuoso [...] traAi??a su fe en el rAi??gimen democrA?tico, su fe en el pueblo, su fe en la ConstituciA?n, hasta entonces, por ningA?n gobierno practicada; sentAi??a, como nunca, ademA?s, la mano directora de la Providencia sobre su hombro; sentAi??a la divinidad en su alma pura y cristalina; y en su polAi??tica, suave, indulgente, paternal, vibraban las grandes afirmaciones de un sincero apostolado [...].

La presencia de Madero ya no despertaba [meses despuAi??s] el entusiasmo de antes en las clases inferiores, en el siervo a quien habAi??a redimido; y su aura popular, un tiempo extraordinaria, se esfumaba, lA?nguida y triste, en cielos de tormenta. La oposiciA?n habAi??a inculcado a sus antiguos adoradores la desconfianza y el recelo.

[...] La noche del 18 de febrero [de 1913] fue noche muy triste para quienes, amando profundamente a la patria mexicana, comprendieron que [Victoriano Huerta] era presa del furor de la ambiciA?n… Resolvimos ir a la Intendencia del Palacio a ver a los vencidos. El mismo oficial nos condujo hasta la puerta. Pino SuA?rez, escribAi??a en un bufete rodeado de soldados. En un cuarto contiguo, varias personas, en estrado, acompaAi??aban a Madero. [...] Me hizo sentar en el sofA? y a mi izquierda ocupA? una butaca. PequeAi??o de estatura, complexiA?n robusta, ni gordo ni delgado, el Presidente rebosaba juventud. Se movAi??a con ligereza, sacudido por los nervios; y los ojos redondos y pardos brillaban con esplendente fulgor. Redonda la cara, gruesas las facciones, tupida y negra la barba, cortada en A?ngulo, sonreAi??a con indulgencia y con dignidad. Reflejaba en el semblante sus pensamientos que buscaban, de continuo, medios diversos de expresiA?n. SegA?n piensa, habla o calla, camina o se detiene, escucha o interrumpe; agita los brazos, mira con fijeza o mira en vago; y sonrAi??e siempre; invariablemente sonrAi??e. Pero, su sonrisa es buena, franca, generosa [...] Era como el gesto del rAi??gimen que con Ai??l se extinguAi??a [...]

Era la una de la maAi??ana [...] Madero, en es- tos instantes inolvidables, de tres sillas forja un lecho para el Ministro de Cuba, rogA?ndole que se acueste. De una maleta… saca varias frazadas y mantas que suplieron sA?banas y almohadas; y revela [...], en el semblante, la divertida gentileza de quien afronta, dichoso, las peripecias de una cacerAi??a feliz en la montaAi??a profunda [...] Eran rasgo de su carA?cter el orden, la simetrAi??a, la regularidad [...]

A las diez de la maAi??ana todavAi??a me hallaba en la Intendencia del Palacio Nacional de MAi??xico. El dormitorio recobrA? sus preeminencias de ai???sala de reciboai??? y Madero, en el remanso de su dulce op- timismo, formulaba planes de romA?ntica defensa. Desde luego, no concebAi??a que tuviese Huerta deseos de matarle; ni aceptaba la sospecha de que FAi??lix (DAi??az) permitiese el bA?rbaro sacrificio de suAi??vida, siAi??ndole deudor de la suya. Pero, a ratos, la idea del prolongado cautiverio le inquieta; y sonrAi??e compadecido de sAi?? mismo. Educado al aire libre, admirable jinete, gran nadador y, ademA?s,Ai??amante de la caza, la tAi??trica sombra del calabozo le afligAi??a.

[...] el 22 de febrero [...] mediada la noche, al parecer tranquila, me di blandamente al sueAi??o [...] Un sirviente llama desde fuera de la alcoba [...] avisa que la seAi??ora de Madero quiere hablar por el telAi??fono [...] Son las siete de una frAi??a maAi??ana. Corre mi esposa al receptor y escucha el desolado ruego: ai???A?SeAi??ora, por Dios; al Ministro que averigA?e si anoche hirieron a mi marido! A?Es preciso que yo lo sepa, seAi??ora!ai??? [...] Y no podAi??a consolarla, desmintiendo aquella versiA?n, piadoso anticipo de la dolorosa realidad, porque, en ese instante, su doncella le mostraba, a todo el ancho del periA?dicoAi??El Imparcial, en grandes letras rojas, la noticia del martirio.

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A?Festejar o conmemorar la RevoluciA?n?

Eugenia Meyer

Revista BiCentenario #10

Revista de revistas

Las fechas en que el pasado se hace presente en rituales pA?blicos activan sentimientos e interrogan razones. Se construyen y reconstruyen las memorias del pasado, se significan finalmente los momentos y las circunstancias que los diferentes actores eligen para expresar y confrontar en el escenario nacional los sentidos que otorgan a los quiebres institucionales que unosAi??impulsaron y otros padecieron. Celebrar o conmemorar parecen un binomioAi??indisoluble en la acciA?n de hurgar en los diversos escenarios en los que se despliegan los conflictos entre las diferentes interpretaciones y significados del pasado: cA?mo se transforma a lo largo del tiempo, por quAi?? algunas fechas pueden cobrar mayor importancia hasta convertirse en emblemA?ticas o ser sA?lo hitos locales o regionales. Recuerdo e historia van de la mano en la construcciA?n de las memorias sociales: establecen, a travAi??s de prA?cticas, marcas y celebraciones, los rituales pA?blicos, las inscripciones simbA?licas, los monumentos. Las diferentes interpretaciones sociales del pasado, las efemAi??rides nacionales, se tornan objeto de disputas y conflictos. A?QuiAi??nesAi??celebran o conmemoran? A?Por quAi?? lo hacen? Es difAi??cil lograr consenso al respecto, pues las mismas fechas pueden tener acepciones diferentes para los diversos actores en todos los niveles y estratos de la vida social del paAi??s, empezando por la esfera polAi??tica. La operaciA?n del recuerdo y la del olvido ocurren siempre de acuerdo con las temporalidades subjetivas; remiten a hechos y procesos del pasado, que a su vez cobran sentidoAi??al vincularse con la proyecciA?n del futuro. TambiAi??n es cierto que la temporalidad se dirige al maAi??ana, al paso del tiempo y a las transformaciones de los procesos sociales a lo largo de la historia. Por ello quizA? es menester insistir en historizar la memoria para analizar las transformaciones y los cambios en los actores que recuerdan y olvidan los hechos del ayer, o bien que celebranAi??y conmemoran esos procesos. En medio de tantos avatares ai???celebratoriosai???,Ai??habrAi??a que reconocer que el tAi??rmino revoluciA?n ha quedado fuera del vocabulario polAi??tico. Luego de tantas dAi??cadas de construir el discurso del estado mexicano alrededor de la gesta de 1910, parece que todo ello pertenece a una historia vieja, an- quilosada. En su lugar se encauza la propuesta de la modernizaciA?n y el cambio por los que tantos mexicanos han apostado su futuro.

Hasta hace unos aAi??os, desde que los legAi??timos herederos de la RevoluciA?n perdieron el poder, la misma parecAi??a estar ya en el olvido. Sin embargo, con el bullicio del centenario, de repente nos encontramos con que la RevoluciA?n, por arte y magia de los calendarios, ha logrado ponerse de moda nuevamente. Inmersos como estamos ahora en la vorA?gine y la borrachera colectiva de las conmemoraciones, que no logran ocultar o disfrazar la torpeza y la miopAi??a del gobierno ai??i??o los gobiernosai??i??, se pone de manifiesto la falta de imaginaciA?n y desorientaciA?n en el asunto de losAi??festejos; en parte, debido a que el partido en el poder no entiende ni se identifica (y porque le son ajenas) con la Independencia y la RevoluciA?n. Como hechos extraAi??os, son atendidos de mil for- mas, y sin meditarlo a conciencia les han dado un tratamiento de sacralizaciA?n piadosa.

La RevoluciA?n ai??i??que parece haber renacido de sus cenizasai??i?? es un proceso distante con el que es casi imposible esperar empatAi??a de parte del Parti- do AcciA?n Nacional. El movimiento que echA? raAi??ces con la construcciA?n de un partido surgido de la lucha armada (el Partido Nacional Revolucionario, luego Partido de la RevoluciA?n Mexicana y finalmente Partido Revolucionario Institucional) quedA? atrA?s con lo que algunos despistados y hasta optimistas definieron como el triunfo de la democracia, con la alternancia partidista y el ya distante ai??i??aunque no aAi??oradoai??i?? gobierno de Vicente Fox.

No resulta estAi??ril, por ende, hacer el esfuerzo por reflexionar sobre lo que la RevoluciA?n fue y el significado que hoy tiene. Con sus cien aAi??os a cuestas, la revoluciA?n es ai??i??como dijera de manera insistente desde los aAi??os cuarenta JesA?s Silva Herzogai??i?? un hecho histA?rico. Se perdiA? la reverencia, se debilitA? o anquilosA? la mitologAi??a y, en consecuencia, se dio paso a una visiA?n mA?s madura, quizA? tambiAi??n mA?s real y objetiva, del periodo que transformA? la vida nacional, el ser y el hacer de MAi??xico.

En los sesenta, cuando nuestra RevoluciA?n empezA? a ser entendida como la preferida ai??i??en especial por los ideA?logos estadunidensesai??i??, luego del sobresalto causado por la revoluciA?n cubana y la declaraciA?n de su carA?cter socialista, la atenciA?n hacia el proceso mexicano fue mayor. Los estudios y centros acadAi??micos dedicados a nosotros crecieron de manera significativa, muy especialmente en Estados Unidos. Esto es coincidente con la polAi??ticas implantadas y desarrolladas por la Alianza para el Progreso, el programa de ayuda econA?mica y social destinado a AmAi??rica Latina gestado por John F. Kennedy, que habrAi??a de estar vigente casi una dAi??cada.

Los niAi??os mexicanos de las escuelas elementales socialistas 1934-1940

Eliva Montes de Oca Nava
Sociedad Mexicana de Historia de la EducaciA?n
Revista BiCentenario #10
NiAi??o en escuela

NiAi??o en escuela

Hoy que son tan inciertos los rumbos que sigue el sistema educativo mexicano y que ademA?s se reclama por una pAi??rdida general de valores, resulta A?til revisar los modelos que se han puesto en prA?cticaAi??en nuestro pasado. Y un caso poco conocido es el de la escuela socialista que se implantA? en el paAi??s durante el gobierno de LA?zaro CA?rdenas (1934- 1940), de sumo interAi??s por los valores democrA?ticos y de responsabilidad social, asAi?? como por los sentimientos nacionales que se propuso transmitir a la niAi??ez. Enseguida intentaremos un acercamiento, a travAi??s de su programa de estudios y de varios de los libros de texto que se publicaron de acuerdo con este programa.

El modelo de enseAi??anza socialista ai??i??seguido, por lo demA?s, en otros lugares del mundoai??i?? defendAi??a la educaciA?n laica dentro y fuera de las aulas y criticaba a la educaciA?n liberal del siglo XIX y principios del XX por aceptar que los niAi??os re- cibieran explicaciones basadas en la religiA?n. El propA?sito fundamental era crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y la vida social, para lo cual era preciso excluir toda doctrina religiosa y combatir fanatismos y prejuicios no sustentados en las ciencias y la razA?n.

El proyecto se llevA? a la prA?ctica, pese a la oposiciA?n del clero catA?lico y muchos padres de familia, que la calificaron, entre otros, de impAi??a e inmoral. Pero el gobierno intervino en casi todos los niveles de la enseAi??anza pA?blica y privada ai??i??salvo en la Universidad Nacional de MAi??xico que se pronunciA? por la libertad de cA?tedraai??i??, a travAi??s de inspectores que aplicaron una estrecha vigilancia.

Sin embargo, los valores que se impulsaban no eran ni impAi??os ni inmorales pues se pretendAi??a alcanzar, mediante su enseAi??anza, el Programa de estudios y de acciA?n de la escuela socialista, donde se planteaba que la educaciA?n impartida por el estado debAi??a promover el sentido de servicio a los demA?s, despertar un espAi??ritu de solidaridad humana, entender la cultura como un producto comunitario y social y e impulsar, a travAi??s de las ciencias y la investigaciA?n, que los alumnos adquirieran un concepto racional de su sitio en el mundo natural y en la sociedad asAi?? como conciencia de las posibilidades de cambiarlo.

Esta educaciA?n tendrAi??a que dar al trabajo honrado un valor fundamental para el sano desarrollo de los seres humanos en lo individual y de la sociedad en su conjunto. Las labores manuales gozarAi??an del mismo reconocimiento que las intelectuales, por ser ambas A?tiles y productivas y de importancia igual en hombres y mujeres. Para conseguirlo, se alentarAi??a la formaciA?n de cooperativas escolares de producciA?n, venta y consumo.

La escuela socialista practicarAi??a la igualdad ai??i??a travAi??s de la educaciA?n mixtaai??i??, a fin de que ni- Ai??os y niAi??as fueran vistos como iguales, independientemente de sus diferencias sexuales, raciales, econA?micas, religiosas, etcAi??tera; serAi??a integral, es decir, tenderAi??a a la formaciA?n equilibrada de los alumnos en todos los elementos y facultades que componen al ser humano; ai???desfanatizanteai???, librando con esto a las escuelas y a la sociedad en su conjunto de toda forma de idolatrAi??a y supersticiA?n, que hasta entonces habAi??an fomentado la sumisiA?n y el conformismo en el pueblo mexicano; emancipadora, es decir, se eliminarAi??a todo aquello que favoreciera el acatamiento y la explotaciA?n de unos hombres por otros; y vitalista, en el sentido de pedir que la prA?ctica acompaAi??ara a la teorAi??a y el escolar participase activamente en la obtenciA?n de conocimientos que satisficieran sus intereses y que les fueran A?tiles para mejorar la condiciA?n de sus familias y su comunidad, en par- ticular a los sectores mA?s necesitados.

NiAi??os

NiAi??os

La reforma educativa hizo necesaria la elaboraciA?n de libros de texto que, en cuanto a mAi??todos y contenidos, respondieran al nuevo programa. Se trazA? un plan editorial e integrA? una comisiA?n con ai???escritores revolucionariosai???, a quienes se les dio la tarea de escribir y dictaminar los nuevos textos, mismos que, desde luego, habrAi??an de seguir los lineamientos trazados, sin descuidar las estipulaciones de la enseAi??anza moderna. AdemA?s de ser ideolA?gica y pedagA?gicamente distintos, los nuevos libros tendrAi??an que estar al alcance de todas las posibilidades econA?micas y, si era posible, serAi??an gratuitos.

Una recomendaciA?n fue retirar de las escuelas los libros que se estuvieran usando en ellas, en especial los de lectura y literatura ai??i??como la serie titulada Rosas de la infancia de MarAi??a Enriqueta Camarillo. Se argumentA? que estos libros estaban llenos de personajes fantA?sticos que ai???domesticabanai??? a los lectores, inculcA?ndoles sentimientos de resignaciA?n frente a la situaciA?n en que vivAi??an. Representaban una sociedad ideal en la que la armonAi??a reinaba entre las clases y los trabajadores recibAi??an salarios justos de los patrones y se ocupaban alegremente en sus labores. Asimismo, los hijos de los hacendados eran amigos de los hijos de los campesinos y los hijos de los obreros de los hijos de los empresarios. La religiA?n tenAi??a un peso definitivo; de acuerdo con ella, los ricos se mostraban caritativos con los pobres, obsequiA?ndoles sus sobrantes.

Libro de lectura de primer grado

Libro de lectura de primer grado

Para sustituir estos textos, el maestro Rafael RamAi??rez escribiA? la serie llamada Plan SexenalAi??Infantil. AquAi?? nos referiremos al Libro de Lectura para el Ciclo Intermedio de las Escuelas Rurales, que ilustra con claridad acerca de la formaciA?n de los niAi??os en las escuelas socialistas. En este libro, destinado al tercero y cuarto aAi??o de primaria, el autor se propuso impulsar a la acciA?n a sus pequeAi??os lectores, sumarlos a las inquietudes de los mayores e incorporar la escuela a la comunidad, de forma que dejara de verse como una instituciA?n separada del resto social.

La trama del libro se desarrolla en un pequeAi??o pueblo campesino llamado ai???El porvenirai???, que evidentemente representaba la sociedad que, a juicio de los educadores socialistas, se tenAi??a que construir. El trabajo en la escuela era siempre en grupo, el maestro instruAi??a a los niAi??os, pero tambiAi??n se encargaba de alfabetizar y dirigir a los padres en sus demandas sociales, entre ellas la tierra y el ejido. Se discutAi??an y solucionaban los problemas en asambleas de distinto tipo ai??i??por toda la poblaciA?n, o los padres, o los alumnos, o un grado o grupo escolarai??i??, en las que se oAi??an y valoraban todas las opiniones. Tarea central acordada en estas reuniones para los niAi??os fue que lucharan contra la injusticia y la explotaciA?n humana. Para el profesor RamAi??rez, se trataba de es- cuelas efectivas de organizaciA?n social futura.

La escuela socialista mexicana

La escuela socialista mexicana

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Vientos de cambio en el sureste: YucatA?n y la RevoluciA?n mexicana

Marisa PAi??rez DomAi??nguez
Instituto Mora
Revista Bicentenario #10
PlantaciA?n de henequAi??n

A diferencia de otras regiones de MAi??xico, la RevoluciA?n llegA? a YucatA?n de la mano del constitucionalismo,Ai??cuando Venustiano Carranza, como Primer Jefe de este movimiento, se estableciA? en Veracruz, mientras sus tropas combatAi??an al gobierno de la ConvenciA?n defendido por Francisco Villa y Emiliano Zapata. Desde el puerto designA? al general de divisiA?n Salvador Alvarado gobernador y comandante militar de la entidad en 1915. Esta fecha tardAi??a no significA? que la poblaciA?n hubiera permanecido inmA?vil ante los sucesos iniciados en 1910, pues desde tiempo antes, se daban manifestaciones de descontento en el campo yucateco. No lograron articularse, sin embargo, en una lucha armada, como ocurriA? en algunos estados del norte del paAi??s y por eso la historiografAi??a afirma que ai???la RevoluciA?n llegA? desde afueraai??? a la penAi??nsula.

La Ai??lite yucateca habAi??a enfrentado nuevos desafAi??os en la primera dAi??cada del siglo XX, planteados por el cambio que sufrAi??a el mercado del henequAi??n. La crisis econA?mica mundial de 1907 sacudiA? el sistema regional, pero fue insuficiente para cambiar los parA?metros productivos y comerciales y agravA?, por el contrario, los problemas de YucatA?n, que afloraron finalmente en el debate polAi??tico.

La sociedad tambiAi??n experimentA? importantes transformaciones. La participaciA?n polAi??tica de los campesinos y trabajadores rurales y urbanos aumentA?, si bien al mismo tiem- po hubo un revelador ascenso de la clase media, con lo cual se sumA? un componente social a la divisiA?n tradicional entre la Ai??lite y la poblaciA?n rural maya y mestiza.

La tormenta revolucionaria de 1910-1911 sorprendiA? a esta Ai??lite, cuyas divisiones internas se acentuaron, debilitando su liderazgo de clase, la que fue sustituida por una clase media en as- censo, cuyas aspiraciones encontraron un terreno fAi??rtil para expresarse.

Caricatura de Olegario Molina

Caricatura de Olegario Molina

Los primeros cambios significativos se produjeron entre 1911 y 1914: la participaciA?n de la clase media en la lucha por el poder, la politizaciA?n de las clases populares y la apariciA?n de un nuevo marco ideolA?gico para la acciA?n del estado. Los tradicionales grupos dirigentes se vieron en la necesidad de ceder importantes espacios de poder, a veces aceptando lo ya inevitable y en otras de sumarse aun a la RevoluciA?n.

Al arribar a tierras yucatecas en marzo de 1915, el general Alvarado pudo constatar que la sociedad se hallaba en manos de un reducido nA?mero de personas que tenAi??a el dominio econA?mico, junto con los monopolios extranjeros, cuyo agente era Avelino Montes, de origen espaAi??ol y yerno y socio de Olegario Molina, el rey del henequAi??n en el estado y ademA?s ex gobernador y ex secretario de Fomento de Porfirio DAi??az. Montes y Molina, en contubernio con unos cuantos productores del conocido como oro verde y que constituAi??an lo que la gente denominaba la casta divina, dominaban en el gobierno, los bancos, los ferrocarriles, la educaciA?n, la beneficencia, la iglesia y, desde luego, las fiestas de sociedad. Quien no pertenecAi??a a la casta era excluido de todo: ai???no se movAi??a la hoja del A?rbol sin la voluntad de la casta divinaai???, escribiA? Alvarado en su libro Mi actuaciA?n revolucionaria en YucatA?n.

Alvarado, en aras de cumplir con los ideales revolucionarios, se dio a la tarea de transformar sustantivamente los A?mbitos econA?mico, polAi??tico y social. RealizA? una serie de reformas sin precedente en YucatA?n. Las leyes relativas a los peones, los niAi??os y las mujeres fueron primero: destacan la de liberaciA?n de los peones acasillados, terminando asAi?? el sistema de deudas; la educaciA?n primaria, en adelante obligatoria, laica y gratuita; y la que impulsaba la incorporaciA?n de las mujeres a las actividades pA?blicas, dA?ndoles igualdad ju- rAi??dica, emancipaciA?n a los 21 aAi??os y la separa- ciA?n a travAi??s del divorcio. Se empeAi??A? en acabar con el monopolio de la International Harvester,Ai??formando la ComisiA?n Reguladora del Mercado de HenequAi??n y procediA? a la incautaciA?n de los ferrocarriles y a modificar a fondo el sistema hacendario. EmitiA? una Ley de Cultos para contra- rrestar la poderosa presencia de la iglesia catA?lica y llevA? a cabo una campaAi??a ai???desfanatizadoraai???, necesaria a su juicio para ai???sanearai??? a la sociedad.

Entre las medidas y estrategias centrales de su programa de gobierno, merece especial atenciA?n la fundaciA?n de un nuevo partido oficial. AsAi?? intentA? centralizar y coordinar ai???desde arribaai??? la actividad polAi??tica. El llamado Partido Socialista Obrero operA? para manejar el proceso de integraciA?n ciudadana; fue fundado por decreto, para que se convirtiera en el organismo encargado de desarrollar la polAi??tica oficial del gobierno militar constitucionalista. Por eso se convirtiA?, para todos los efectos, en un partido de estado que integraba todas las redes de poder en el territorio.

No se hicieron esperar las reacciones positivas y negativas, de entusiasmo en unos y chasco y resentimiento en otros. La creciente participaciA?n de los trabajadores rurales y urbanos en la vida polAi??tica les proveyA? de armas para la lucha laboral que desconocAi??an. El sindicato, la ai???liga de resistenciaai??? (unidad bA?sica del partido), las leyes laborales y el discurso ideolA?gico fueron algunos de los tantos medios de combate ahora en sus manos, que los fortalecieron y animaron como enemigos de una clase calificada de explotadora y reaccionaria, segA?n el vocabulario revolucionario empleado en la penAi??nsula desde 1915.

Arco de San Juan en MAi??rida

Arco de San Juan en MAi??rida

El poder se habAi??a salido de manos de la Ai??lite para caer en las de una clase antes marginada y despreciada. Los nuevos polAi??ticos agitabanAi??a las masas con un discurso socialista, amenazando con desencadenar su furia si los miembros de la casta divina no cumplAi??an con sus deseos, esto es, pagar fuertes contribuciones, ceder a las demandas laborales y llevan- do a cabo todo loAi??estipulado por el nuevo Estado. Muchos lograron adaptarse. Otros, por elAi??contrario, apostaron al desgaste de este nuevo estado. Dejaron de invertir en las actividades productivas, tratando de obtener el mA?ximo provecho inmediato de sus haciendas y empresas, y trasladaron sus ganancias al extranjero. Algunos, vinculados con el viejo rAi??gimen y temerosos de represalias, se embarcaron con sus familias rumbo a Estados Unidos y La Habana y esperaron a que la tormenta pasara.

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