La boda de la abuela

Diana GuillAi??n
Instituto Mora
Revista BiCentenario #10
Isabel CastaAi??A?n 1912

Isabel CastaAi??A?n, 1912

La historia de las familias estA? llena de anAi??cdotas que se transmiten de generaciA?n en generaciA?n; aderezadas con ciertas dosisAi??de humorismo o de tragedia que ocasionalmente hacen dudar de su veracidad, buena parte de ellas se transforman en relatos que nos conectan con la vida de nuestros antepasados. Vista a la distancia la boda de mis abuelos entra en esa categorAi??a; se trata de un acontecimiento archivado en el cajA?n familiar de los recuerdos, que de niAi??a escuchAi?? en voz de mi padre y que de adulta narrAi?? a mis hijos.

Pero ademA?s de su importancia para el nacimiento de una rama genealA?gica y de sus implicaciones sentimentales entre los descendientes de esa lAi??nea, la uniA?n de Flavio GuillAi??n e Isabel CastaAi??A?n tuvo tintes novelescos derivados de las circunstancias polAi??ticas que se vivAi??an en Chiapas durante la segunda dAi??cada del siglo XX. El abuelo era gobernador de la entidad y todos sus actos, incluidos los privados, se enmarcaban en pugnas de larga data que la revoluciA?n iniciada en 1910 vino a acentuar.

Para entender lo sucedido el dAi??a en que Flavio e Isabel se casaron, es necesario remontarse en el tiempo y recuperar, asAi?? sea de manera fugaz, un proceso previo que marcA? a la sociedad local durante el rabasismo (con ese nombre se ha bautizado en Chiapas a la etapa que va de 1891 a 1911): el ascenso de grupos que desplazaron a los hacendados establecidos al amparo de la antigua Ciudad Real, hoy San CristA?bal de las Casas. Si bien desde la colonia estos A?ltimos habAi??an establecido su poder, la ampliaciA?n de la actividad econA?mica hacia los valles centrales favoreciA? el surgimiento de otra Ai??lite y a mediano plazo significA? la conformaciA?n de un nuevo centro polAi??tico-administrativo.

Con el traslado de la capital estatal hacia Tuxtla GutiAi??rrez en 1892, Emilio Rabasa rubricA? la consolidaciA?n de ese grupo en ascenso al que Ai??l mismo pertenecAi??a. La historiografAi??a ha tendido a identificar con la corriente conservadora a los alteAi??os (nombre coloquial de quienes vivAi??an en San CristA?bal) y con la liberal a los habitantes de los valles centrales, pero mA?s que una distinciA?n de fondo, ambas etiquetas reflejan filiaciones pasajeras hacia los bandos que durante el siglo XIX se enfrentaron para controlar la presidencia de la repA?blica.

TambiAi??n dan cuenta de ciertos matices en tAi??r- minos de su concepciA?n sobre la actividad agraria: tradicional-cerrada para los primeros o empresarial-progresista para los segundos. AquAi?? conviene recordar que por encima de tales diferencias prevalecAi??a el espAi??ritu de ganancia y por ello tanto en Los Altos como en Los Valles las Ai??lites tendieron a asegurar que el trabajo indAi??gena fluyera hacia las haciendas. Lo mismo pasA? con la propiedad de la tierra; bajo el influjo rabasista las comunidades perdieron independencia, los ranchos y haciendas crecieron y la gran propiedad cobrA? fuerza por igual entre hacendados con mentalidad empresarial, que entre hacendados con mentalidad tradicional.

ParecerAi??a que las convergencias eran mayores que las divergencias, pero estas A?ltimas se magnificaron frente a aAi??ejas rivalidades fraguadas en la lucha por el poder; el predominio econA?mico yAi??polAi??tico de las Ai??lites que se formaron y crecieron al amparo de la antigua Ciudad Real, se encontraba disminuido para 1892, lo que no implicaba que sus integrantes estuviesen dispuestos a aceptar que un grupo de ai???advenedizosai??? les arrebatara el control sobre la capital; fue en tal contexto que el conflicto se impregnA? de tintes regionales y el escenario para un enfrentamiento de mayores proporciones quedA? delineado.

Isabel CastaAi??A?n y su padre hacia la iglesia en Chiapa de Corzo

Isabel CastaAi??A?n y su padre hacia la iglesia en Chiapa de Corzo

A partir de entonces San CristA?bal y TuxtlaAi??se convirtieron en el espacio simbA?lico de la disputa. Un texto de la Ai??poca resume claramente el sentimiento de despojo de quienes se identificaban con la primera; sus argumentos en contra de que la segunda se convirtiera en la nueva capital del estado, se remontaban a la fundaciA?n de la Ciudad Real (1528) y resaltaban el papel que la misma habAi??a jugado en el proceso de poblamiento de los valles que la circundaban.

MA?s allA? de las quejas o de las adhesiones que suscitA?, el cambio de sede reflejaba el poder de un nuevo grupo y tambiAi??n una nueva orientaciA?n geogrA?fica para la entidad: mientras San CristA?bal se encontraba en la ruta comercial hacia Guatemala, Tuxtla abrAi??a la puerta que conducAi??a a MAi??xico. Para los antiguos depositarios del poder, elloAi??sin embargo no bastaba y en septiembre de 1911, al tiempo que LeA?n de la Barra encabezaba un gobierno federal interino, se formaron grupos armados en ambas ciudades.

El pretexto fueron los resultados en las votaciones para integrar la legislatura local y para elegir al gobernador constitucional de la entidad; desde San CristA?bal se desconocieron los poderes estatales, dA?ndose un plazo de veinticuatro horas para disolver el Congreso y para que el ejAi??rcito quedara a disposiciA?n de los insurrectos.

Un pensamiento en “La boda de la abuela

  1. Carlos

    Yo so tataranieto de Maria Salazar y Gutierrez Marroquin casada con Bonifacio Guillen hermano de Flávio Guillen

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