Archivo de la etiqueta: cardenismo

Los elegidos del exilio cardenista

MartAi??n Manzanarez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31

La solidaria polAi??tica mexicana de recibir a miles de desterrados extranjeros tuvo en su gran impulsor, el gobierno de LA?zaro CA?rdenas, acciones y actitudes selectivas vinculadas a cercanAi??as polAi??ticas con los exiliados, motivaciones raciales y otras claramente discrecionales.

Los niAi??os y el Presidente, 1937. AGN, Archivo fotogrA?fico Enrique DAi??az Delgado y GarcAi??a, caja 61-12, archiveros 15, gaveta 6.

Los niAi??os y el Presidente, 1937. AGN.

A lo largo del siglo XX, nuestro paAi??s dio refugioAi??a los perseguidos polAi??ticos de distintas latitudes del mundo. La presencia mA?s numerosaAi??de exiliados, en el transcurso de laAi??primera mitad de la centuria, fue la de cercaAi??de 20 000 refugiados espaAi??oles que debido aAi??la guerra civil (1936-1940) se instalaron en elAi??paAi??s. Durante los gobiernos de LA?zaro CA?rdenasAi??y su sucesor Manuel A?vila CamachoAi??se brindA? asilo a otros actores polAi??ticos desterrados,Ai??entre ellos LeA?n Trotsky, organizadorAi??clave de la revoluciA?n rusa, y desde la muerteAi??de Lenin, lAi??der de la oposiciA?n de izquierdaAi??y rival polAi??tico e ideolA?gico de JosAi?? Stalin.Ai??Asimismo, aquellos que huAi??an por el ascensoAi??del fascismo en Europa, entre ellos alemanesAi??y austriacos. El asilo ofrecido a estos actoresAi??sociales configurA? una imagen de MAi??xico frenteAi??a la comunidad internacional de apertura,Ai??fronteras abiertas y calidez. Sin embargo, esaAi??imagen es cuestionable en tanto la polAi??tica deAi??asilo mexicana presentA? una especial predisposiciA?nAi??por ciertos migrantes. El propA?sitoAi??de las siguientes pA?ginas es demostrar cuA?lesAi??fueron los elementos que dotaron de un carA?cterAi??selectivo y discrecional al derecho deAi??asilo en nuestro paAi??s.

Llegada a MAi??xico de los niAi??os espaAi??olesEl Cardenismo

El gobierno de LA?zaro CA?rdenas (1934-1940)Ai??ha sido calificado de populista por sus polAi??ticas sociales y econA?micas, entre las que destacanAi??la reparticiA?n agraria de 20 000 000 de hectA?reas que afectaron la propiedad de losAi??grandes terratenientes ai??i??la cifra mA?s alta de los regAi??menes posrevolucionariosai??i??; el impulso aAi??la educaciA?n bA?sica enmarcado en el proyectoAi??de la educaciA?n socialista; la promociA?n de programasAi??de salud destinados a las poblacionesAi??mA?s desprotegidas del paAi??s; la nacionalizaciA?nAi??de la industria petrolera y ferroviaria; laAi??inversiA?n en infraestructura urbana y rural; yAi??la reforma, o en su defecto, conformaciA?n deAi??sindicatos y confederaciones de trabajadoresAi??obreros y campesinos.

AdemA?s, el gobierno de CA?rdenas es reconocidoAi??por la acciA?n diplomA?tica, en el contexto previo y durante a la segunda guerra mundial.Ai??Los diplomA?ticos mexicanos denunciaron acontecimientos como la invasiA?n de EtiopAi??aAi??por parte de las tropas de Mussolini en 1934,Ai??la intrusiA?n de JapA?n en el territorio chino,Ai??el triunfo de Francisco Franco en EspaAi??a yAi??la ocupaciA?n nazi en Europa central. En esteAi??contexto se ha destacado la intensa actividadAi??de Gilberto Bosques, embajador en Francia,Ai??quien brindA? asilo a los perseguidos porAi??el nazismo y el fascismo. Estos son algunosAi??ejemplos notables de la participaciA?n polAi??ticaAi??de las autoridades mexicanas en el planoAi??internacional durante el gobierno cardenista.

En medio de ese contexto de violencia yAi??persecuciA?n en Europa central, se dio la expulsiA?n de amplios sectores de la poblaciA?n.Ai??De EspaAi??a, miles de hombres, mujeres y niAi??os arribaron a nuestro paAi??s con ayuda de lasAi??autoridades mexicanas, encabezadas por el poder ejecutivo.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

10. Las utopAi??as agrAi??colas de MichoacA?n desde la colonia hasta el siglo XX: Una historia con tres momentos

Alfredo Pureco Ornelas /Ai??Instituto Mora
Revista BiCentenario #10

Pareciera que MichoacA?n es un lugar predilecto para las utopAi??as. Y es que ellas se han intentado en tres momentos que, aunque terminaron sin frutos perdurables luego de la muerte de sus promotores, sAi?? dejaron una huella importante en el espAi??ritu humano que, a la fecha, podemos apreciar y recuperar. El primer momento se dio a finales del sigloAi??XVI, cuando algunos europeos de buena voluntad miraron al continente americano como un espacio de regeneraciA?n. Un ejemplo de ello fueron los misioneros llegados a estas tierras que, como el primer obispo de MichoacA?n, Vasco de Quiroga, suponAi??an que la colonizaciA?n del Nuevo Mundo era una oportunidad que Dios otorgaba a los hombres para empezar de nuevo, para renacer. La evangelizaciA?n de los nativos representaba tambiAi??n la oportunidad de formar al hombre nuevo, de modelar un tipo de conciencia alejada de los vicios. Para el humanismo espaAi??ol aquel siglo XVI fue una Ai??poca que ofrecAi??a la posibilidad de hacer experimentos novedosos en aras de la perfecciA?n espiritual. El obispo Quiroga, recuperando el planteamiento de dos grandes renacentistas ai??i??TomA?s Moro y Tomasso Campanellaai??i??, jugA? a dar vida a su propia utopAi??a en los pueblos-hospital de MichoacA?n.

Vasco de Quiroga

Vasco de Quiroga

La pretensiA?n de Quiroga era fundar pueblos agrAi??colas que, con apego a las ordenanzas monA?rquicas, permitiesen aprovechar la humildad y sencillez de los indAi??genas para reivindicar los valores de la iglesia cristiana en su etapa prAi??stina. AdemA?s, buscaba promover la especializaciA?n productiva de cada poblado en aquello en lo que tenAi??a mayores posibilidades y aptitudes, con lo que se darAi??a un intercambio benAi??fico para todo el entorno. AsAi??, los prototAi??picos hospitales-pueblo de Santa Fe, de la Laguna y del RAi??o en MichoacA?n y la Santa Fe de MAi??xico, en las cercanAi??as de Cuajimalpa, nacieron en la dAi??cada de los aAi??os 1530. Aunque el empeAi??o por sostener el proyecto transformador fue arduo, en el largo plazo era difAi??cil de sostenerse financieramente. A la muerte del incansable Quiroga, su aspiraciA?n no tuvo heredero y feneciA?.

Esta experiencia colonial precediA? a otrasAi??dos, ocurridas de forma muy distinta aunque en el mismo escenario. La segunda aconteciA? en el Porfiriato, cuando se tratA? de proyectar la imagen de un MAi??xico moderno, con un amplio progreso material. La tercera ocurrirAi??a despuAi??s de la RevoluciA?n, como producto del arraigo del ideario cardenista encaminado a abrir el desarrollo social en el campo. Sobre estas dos A?ltimas experiencias, nos extenderemos un poco mA?s.

Antes de referirnos a ellas, quisiAi??ramos precisar que el sentido etimolA?gico de la palabra utopAi??a es el noai??i??lugar. Es decir, la utopAi??a es un artificio de la mente, de una abstracciA?n, un proyecto, por lo cual nace en el A?mbito de lo individual e Ai??ntimo. Su hechura responde a los ideales de su sujetoai??i??creador y por lo mismo responde a sus aspiraciones, las cuales, sin duda, estarA?n determinadas por la Ai??poca en que le toca vivir. De tal modo, una utopAi??a puede ser de orden Ai??tico, social, polAi??tico y hasta econA?mico y aun llegar a ser programas de trans- formaciA?n de gran aceptaciA?n social y entonces perdurar o bien limitarse al aislamiento de quien las sueAi??a y morir cuando Ai??ste muere.

La utopAi??a empresarial privada

El espacio idA?neo para realizar una utopAi??a es aquel que, para quien la proyecta, se encuentra vacAi??o. Es un territorio inmaculado, desprovisto de identidad por creer que no pertenece a nadie; sin embargo, tal espacio es posible de colmarse con lo ajeno, con lo anhelado, que allAi?? puede florecer. Esta descripciA?n se ajusta relativamente bien a lo ocurrido en el campo de los negocios y la empresa agrAi??cola moderna que pretendiA? arraigar el rAi??gimen porfiriano en MAi??xico por conducto de extranjeros. Y es que en las A?ltimas dos dAi??cadas del siglo XIX el general Porfirio DAi??az invitA?, por medio de su ministerio de Fomento, a colonizarAi??MAi??xico. IdAi??licamente se pretendAi??a romper con la tradiciA?n y el provincianismo que se pensaban como la cara del atraso para hacer progresar al paAi??s, modernizarlo y volverlo cosmopolita. Sin embargo, sA?lo en casos muy excepcionales pudo lograrse este modelo del “buen” colono y uno de ellos lo representA? el italiano Dante Cusi, quien se establaciA? con su familia en la Tierra Caliente de MichoacA?n en 1884 para construir una utopAi??a agrAi??cola y empresarial privada.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 16.11.49

El emigrado llegaba de MilA?n pensando, como muchos otros italianos de su Ai??poca, que AmAi??rica era un continente abierto a las oportunidades de Ai??xito econA?mico individual. Lo que encontrA? fue un territorio muy distinto al que dejA? atrA?s; uno aislado, casi desierto y agobiantemente tA?rrido. Su plan original no habAi??a sido establecerse en MichoacA?n, sino en Estados Unidos, donde pretendAi??a convertirse en productor y comercializador de algodA?n. No se pudo, asAi?? que tuvo que conformarse con la idea de que, si en algA?n lugar iba a convertirse en un hombre de fortuna, serAi??a en MAi??xico.

El lugar que los recibiA? fue ParA?cuaro, pequeAi??o paraje cerca de ApatzingA?n. Al inicio, Cusi y su familia se contentaron con poder sobrevivir a la ruina en que estaban. Se asociaron con otros italianos que arrendaban propiedades por la zona y con ellos, si bien no mucho despuAi??s de forma autA?noma, se hicieron agricultores, comerciantes, arrieros y hasta prestamistas en pequeAi??o. De arrendatarios pasaron a pequeAi??os propietarios y su carA?cter de extranjeros y trabajadores les dio buena reputaciA?n y el aprecio del gobernador Aristeo Mercado y mA?s tarde del mismo don Porfirio.

La zona a donde llegaron Cusi y su familia seAi??habAi??a ocupado desde la Ai??poca colonial en el cultivoAi??de aAi??il, algodA?n, arroz y, sobre todo, comoAi??enorme pastizal para la crianza de ganado bovino.Ai??Sin embargo, aunque las propiedades eran deAi??gran extensiA?n, las pocas haciendas que continuabanAi??en funcionamiento se hallaban en profundaAi??crisis derivada del estado que las habAi??a dejado,Ai??por un lado la guerra de Reforma y por otro, laAi??resistencia al imperio francAi??s. En cambio, las unidadesAi??productivas mA?s pequeAi??as, los ranchos, gozabanAi??de cierta bonanza relativa y fue desde ellosAi??que Dante Cusi comenzA? a despegar junto con elAi??naciente sigloAi?? XX.

En la medida en que creciA? el poder econA?micoAi??de la familia, el entorno de los valles soleadosAi??en que quedaron sus propiedades fue siendoAi??objeto de una gran transformaciA?n geogrA?fica yAi??social. Ese plan transformador respondAi??a a los deseosAi??de Porfirio DAi??az y sus ministros de FomentoAi??de poblar el campo con emigrados europeos queAi??vertieran su saber innovador, introdujesen nuevasAi??tecnologAi??as agrAi??colas, cultivos comerciablesAi??que se impusieran sobre los de autoconsumo ai??i??loAi??cual llevarAi??a a la especializaciA?n y por lo mismo alAi??monocultivoai??i?? y, finalmente, alentaran ai??i??aunqueAi??sin mayor compromisoai??i?? la mediana y pequeAi??aAi??propiedad individual al estilo de las granjas.

Dante Cusi y sus hijos lograron alcanzar esasAi??metas en la primera dAi??cada del sigloAi?? XX, al adquirirAi??una extensiA?n de 62,000 hectA?reas en losAi??valles de TamA?cuaro y AntA?nez por la vAi??a de prAi??stamosAi??hipotecarios que les concediA? la Caja deAi??PrAi??stamos para Obras de IrrigaciA?n y Fomento aAi??la Agricultura. En aquellos lugares fundaron lasAi??haciendas siamesas de LombardAi??a y Nueva Italia.Ai??En ambas, los cascos de las haciendas se edificaronAi??prA?cticamente en medio de la nada, pues desdeAi??hacAi??a mucho tiempo los pequeAi??Ai??simos caserAi??osAi??en que se ubicaron se encontraban en ruinas yAi??casi despoblados.

La tarea mA?s importante para hacer productivasAi??aquellas llanuras era proveerles de una fuenteAi??de agua para convertir los semidesiertos en planiciesAi??fAi??rtiles. AquAi?? entrA? en escena la pericia y saberAi??de los italianos, quienes, familiarizados con laAi??ingenierAi??a hidrA?ulica de su tierra de origen, LombardAi??a,Ai??lograron sacar el agua del rAi??o Cupatitzio,Ai??la que iba por el lecho de un caAi??A?n muy profundoAi??por abajo del nivel del terreno que se querAi??aAi??irrigar. Esto se logrA? mediante la introducciA?n deAi??nuevos materiales como la tuberAi??a y el remachadoAi??de acero, asAi?? como del empleo de fuentes novedosas de energAi??a en la comarca como la tAi??rmica y laAi??elAi??ctrica. Las tareas de nivelaciA?n y construcciA?nAi??de nuevos canales de conducciA?n del agua fueronAi??otras obras que llamaron la atenciA?n.

Justo al inicio de la RevoluciA?n mexicana, paraAi??1910, los Cusi continuaban ampliando hacia elAi??sur la frontera agrAi??cola de MichoacA?n, rumbo aAi??los linderos de la rivera norte del rAi??o Tepalcatepec.Ai??Para ello no sA?lo se habAi??an especializado enAi??la producciA?n de arroz, sino que estaban prestosAi??a incorporar las innovaciones en materia de mejoramientoAi??genAi??tico del ganado y de las semillasAi??agrAi??colas que empleaban. Experimentaban conAi??simientes, con la adaptaciA?n de especies frutales yAi??pecuarias, e importaban tanto de Estados UnidosAi??como de Europa maquinaria para hacer funcionarAi??la parte agroindustrial de la refinaciA?n del arroz.

Aquel despegue econA?mico tendrAi??a grandesAi??implicaciones sociales y, aunque muchas de estosAi??cambios fueron eclipsados por la RevoluciA?n,Ai??su trascendencia vale la pena recuperarse. PorAi??ejemplo: si en 1910, reciAi??n fundada la haciendaAi??de Nueva Italia, contaba con 700 habitantes, alAi??mediar el sigloAi?? XX alcanzarAi??a una poblaciA?n deAi??4,700 personas. Este crecimiento demogrA?ficoAi??se presentarAi??a de forma ininterrumpida, a pesarAi??incluso de la misma RevoluciA?n. En la especializaciA?nAi??del cultivo del arroz se demandA? de formaAi??estacional, sobre todo para el periodo de cosechas,Ai??una amplia mano de obra que, desocupada de susAi??propias labores agrAi??colas, llegaba de las regionesAi??altas de MichoacA?n e incluso de los vecinos estadosAi??de Jalisco y Guerrero.

Lejos de que los Cusi pensaran en susAi??haciendas como sitios que les investirAi??anAi??automA?ticamente de prestigio social, y enAi??concordancia con la imagen seAi??orial delAi??terrateniente tradicional, aquellas fueronAi??contempladas desde su origen con unaAi??mentalidad moderna, burguesa, dirAi??aAi??Werner Sombart ai??i??el famoso sociA?logo yAi??economista alemA?n. Se trataba de unidadesAi??econA?micas hechas para la producciA?nAi??de excedentes y por consiguiente eranAi??entendidas como fuente para la obtenciA?nAi??de ganancias. El cA?lculo econA?micoAi??y tAi??cnico, del que Dante Cusi estaba muyAi??al tanto desde que en suAi??juventud fue empleadoAi??bancario en MilA?n, yAi??como hijo de campesinosAi??en su natal Brescia, pudoAi??ser aplicado con pruritoAi??en la Tierra Caliente michoacana.

NivelaciA?n de terrenos,Ai??apertura de canalesAi??de riego, encauzar corrientesAi??de agua por desnivelesAi??de suelo e introducciA?n de fuentes alternasAi??y novedosas de energAi??a como la elAi??ctrica fueronAi??algunos de sus grandes logros. Aquellos italianosAi??veAi??an materializada en sus haciendas michoacanasAi??la AmAi??rica que habAi??an soAi??ado al salir de su patriaAi??cisalpina. Era su anhelo personal realizado y unAi??ejemplo de progreso muy al estilo del plan modernizadorAi??del campo que el general Porfirio DAi??azAi??deseaba para la repA?blica. La utopAi??a pA?blica y laAi??privada convergAi??an en una sola e idAi??ntica.

La utopAi??a campesina socializante

La RevoluciA?n no impidiA? que aquellos negociosAi??capitalistas siguieran funcionando a pesar de losAi??coletazos que la revuelta armada infringiA? a MichoacA?n.Ai??La coyuntura cambiante obligA? a queAi??lo que era un negocio familiar se constituyese enAi??sociedades anA?nimas, de las cuales la mA?s importanteAi??fue la NegociaciA?n AgrAi??cola del Valle delAi??MarquAi??s, S.A. Si bien las gavillas de bandoleros,Ai??revolucionarios y efectivos del ejAi??rcito constitucionalistaAi??impusieron prAi??stamos o despedazaronAi??la infraestructura agrAi??cola, ello no impidiA? queAi??LombardAi??a y Nueva Italia pudieran sortear el escenarioAi??adverso.

SerAi??a hasta la dAi??cada de los aAi??os 1920 cuandoAi??las relaciones entre jornaleros y hacendados entraronAi??en una larga fase de fractura que resultA?Ai??imposible de superar. Los intereses de clase noAi??pudieron contenerse mA?s dentro de la matrizAi??paternalista que Dante Cusi quiso imponer porAi??mucho tiempo en el manejo de las relaciones laboralesAi??y en 1938, luego de numerosas huelgas,Ai??el presidente LA?zaro CA?rdenas decidiA? que NuevaAi??Italia y LombardAi??a fueran intervenidas por el gobiernoAi??para dejarlas, de manera Ai??ntegra, con todoAi??y su infraestructura, en manos de sus trabajadoresAi??bajo la forma de un ejido colectivo. El anhelo delAi??general CA?rdenas no era sA?lo entregar la tierra yAi??dejar a su suerte a las clases rurales indigentes,Ai??sino establecer en ella un prototipo de ai???haciendaAi??sin hacendadosai???. Luego de la entrega formalAi??a poco mA?s de 2,000 campesinos, ocurrida en elAi??mes de noviembre, se iniciA? una segunda fase deAi??transformaciA?n del espacio terracalentano, ahoraAi??por obra del ideario social del cardenismo; otroAi??ideal, otra utopAi??a.

El ejido comenzA? a operar en las parcelas dadasAi??a los jefes de familia radicados en las comunidadesAi??de las ex haciendas. De los terrenos para usoAi??agropecuario, se apartA? en cada una un espacioAi??para la educaciA?n agrAi??cola de niAi??os y jA?venes.

Para ese entonces, las haciendas eran generadorasAi??de 13,500 toneladas de arroz, 2,000Ai??de limA?n y poseAi??an 17,000 cabezas de ganado.Ai??Mantener aquel ritmo de producciA?n exigAi??aAi??recursos financieros que sA?lo se lograron obtenerAi??mediante la constituciA?n de SociedadesAi??Colectivas de CrAi??dito, una por cada nA?cleoAi??productivo anterior a la expropiaciA?n. LaAi??idea planificadora del presidente CA?rdenasAi??se imponAi??a como esquema para la marcha deAi??aquellas unidades de producciA?n cuya inspiraciA?nAi??habrAi??a abrevado en los experimentosAi??colectivistas rurales de los koljoses soviAi??ticos.

LA?zaro CA?rdenas, el otro utopista.

LA?zaro CA?rdenas, el otro utopista.

Al igual que se vieron afectadas las antiguasAi??propiedades de los Cusi, asAi?? tambiAi??n seAi??transformA? la propiedad agraria de toda la riveraAi??norte del rAi??o Tepalcatepec, prA?cticamente desdeAi??los lAi??mites con el estado de Jalisco en el extremoAi??poniente, hasta el rAi??o del MarquAi??s por el oriente.Ai??De 1936 a 1959, en aquella extensa regiA?nAi??se fundaron una treintena de ejidos, que en otroAi??sentido representA? un cambio poblacional abruptoAi??para la zona debido a que los asentamientos seAi??establecieron allAi?? donde anteriormente existAi??a unaAi??bajAi??sima densidad demogrA?fica.

En relaciA?n a la planeaciA?n urbana de los nA?cleosAi??ejidales, llama la atenciA?n el cuidado conAi??que se pretendiA? dar satisfacciA?n a sus habitantesAi??en tAi??rminos, no sA?lo en su desarrollo material,Ai??sino humano en general. La traza urbanAi??stica deAi??los nA?cleos ejidales estaba planeada de forma escrupulosamenteAi??reticular, al centro de la cual seAi??encontraba a menudo una plazuela en forma deAi??glorieta a la que convergAi??an cuatro anchas avenidas.Ai??Dentro de esos nA?cleos se disponAi??an, a priori,Ai??lugares para escuelas, los servicios de los distintosAi??A?rdenes de gobierno, el mercado, la biblioteca,Ai??una sala de espectA?culos, un asilo para ancianos yAi??otro para huAi??rfanos, parques deportivos, refrigeradorAi??comunal y escuelas tAi??cnicas agropecuarias yAi??de artes y oficios. En la teorAi??a, el proyecto de losAi??ejidos terracalentanos y su planeaciA?n no dejabaAi??un cabo suelto.

En tAi??rminos de infraestructura las disposicionesAi??fueron integrar aquella comarca al resto deAi??MichoacA?n y del paAi??s, pues si bien los Cusi habAi??anAi??hecho hasta lo imposible para ser competitivosAi??con su arroz en mercados de mediana y largaAi??distancia, siempre tuvieron el obstA?culo del relativoAi??aislamiento entre sus haciendas y Uruapan,Ai??el puerto ferroviario mA?s cercano y desdeAi??donde desplegaban su potencial comercializadorAi??de productos agrAi??colas. Sin embargo,Ai??en 1940 quedA? construida la vAi??a del ferrocarrilAi??de 80 kilA?metros entre Uruapan yAi??ApatzingA?n, a travAi??s de los ejidos de LombardAi??aAi??y Nueva Italia y a poca distancia deAi??muchas otras propiedades ejidales.

No obstante que en 1940 LA?zaro CA?rdenasAi??dejA? la presidencia de la repA?blica,Ai??su interAi??s por la zona de Tierra Caliente deAi??MichoacA?n permaneciA?. La comandanciaAi??de las operaciones militares en la costa delAi??PacAi??fico que le fue asignada durante la segundaAi??guerra mundial lo mantuvo apartado deAi??sus proyectos de fomento rural, pero en 1947,Ai??cuando el presidente Miguel AlemA?n lo designA?Ai??Vocal Ejecutivo de la reciAi??n creada ComisiA?n delAi??RAi??o Tepalcatepec, los retomA?. Con nuevos brAi??osAi??buscA? ampliar la superficie de riego en esos feracesAi??valles y desarrollar a un nivel insospechadoAi??el sistema hidrA?ulico y de presas que los italianosAi??Cusi habAi??an inaugurado en el Porfiriato.

EpAi??logo

El MichoacA?n del sigloAi?? XVI, lo mismo queAi??todo el continente americano, era visto por losAi??humanistas europeos, como una tabla rasa enAi??la cual podAi??a crecer un proyecto de humanidadAi??diferente. Para el obispo Quiroga no se tratabaAi??solamente de emplear la fuerza laboral indAi??gena al estilo que pensaron muchos conquistadores,Ai??sino de hacer de ella la columna vertebral de laAi??que nacerAi??a una sociedad nueva. Su utopAi??a era deAi??carA?cter Ai??tico y econA?mico; pero justamente porAi??tener esa doble mira pereciA? con facilidad ante lasAi??fuerzas contrarias cuando Ai??l muriA?. Por su parte,Ai??la utopAi??a porfiriana modernizadora expresada enAi??la empresa agrAi??cola de la familia Cusi casi se llevA?Ai??a cabo, pues transformA? fAi??sicamente un desiertoAi??en tierras altamente productivas. A ellas concurrieronAi??cientos de personas en busca de trabajo oAi??refugio durante la insurrecciA?n, pero el problemaAi??llegA? cuando la acumulaciA?n demogrA?fica rebasA?Ai??los requerimientos de fuerza laboral de las haciendasAi??y esto las hizo quebrar. En forma posterior,Ai??el presidente CA?rdenas tuvo gran interAi??s en queAi??las conquistas de la RevoluciA?n se entregaran aAi??las masas desposeAi??das que habAi??an participadoAi??en ella y, por tanto, procurA? para los pobres unAi??proyecto de sociedad igualmente diferente; regenerada,Ai??A?til para la naciA?n y capaz de reproducirAi??valores surgidos de la RevoluciA?n. Su gobiernoAi??otorgA? oportunidad de crecimiento comunitarioAi??a los ejidos, pero desafortunadamente tampocoAi??se pudo lograr la utopAi??a socializante en el campoAi??michoacano a plenitud, esta vez porque la semillaAi??de la corrupciA?n administrativa creciA? en las unidadesAi??colectivas de producciA?n y el impulso queAi??dio nacimiento a Ai??stas se agotA? poco a poco.

Tanto la utopAi??a de Vasco de Quiroga en el sigloAi??XVI como los proyectos porfiriano y posrevolucionarioAi??de transformaciA?n de la Tierra CalienteAi??de MichoacA?n, terminaron como ensoAi??acionesAi??surgidas de valores individuales, que se perdieronAi??a medio camino entre lo ideal y lo posible. UtopAi??as,Ai??al fin, pero ligadas siempre e inexorablementeAi??a un impulso vital muy humano y, por lo mismo,Ai??tambiAi??n a la historia.

PARA SABER MA?S:

FERNANDO BENA?TEZ, LA?zaro CA?rdenas y la revoluciA?nAi??mexicana, MAi??xico, FCE, 2004.

EZIO CUSI, Memorias de un colono, Morelia, Morevallado,Ai??2004.

LUIS GONZA?LEZ Y GONZA?LEZ, Los dAi??as del presidenteAi??CA?rdenas, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico, 2005Ai??(Historia de la RevoluciA?n Mexicana, vol. 15).

MAURICIO MAGDALENO, Cabello de elote, MAi??xico,Ai??PorrA?a, 1986 (ai???Escritores Mexicanosai???, 85).

Surcar con luz y abonar con miradas: Filmando el campo mexicano

Abe Yillah RomA?n Alvarado
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 11.

Ai??
Desierto adentro, Rodrigo Pla

Si consideramos que los materiales fAi??lmicos son documentos que revelan cA?mo se ha visto e interpretado un tema en diversos momentos y espacios socio-culturales, en el cine mexicano se advirtiA? durante varias dAi??cadas la intenciA?n de construir un imaginario social del agro desde la visiA?n de las clases en el poder, las cuales veAi??an con recelo y reserva las demandas de los de abajo. Por ello, desde sus inicios, la producciA?n cinematogrA?fica nacional ocultA? con un halo romA?ntico el anhelo agrAi??cola social de la RevoluciA?n, que buscA? un cambio completo en la tenencia de la tierra tanto como los esfuerzos de redistribuirla que se alcanzarAi??an con la reforma agraria cardenista.

Tras la RevoluciA?n armada, se produjeron relatos rudimentarios con el campo como escenario (por ejemplo En la hacienda, de Ernesto Vollrath y El caporal, de Miguel Contreras), que inauguraron el ambiente idAi??lico campirano y sus personajes arquetipo (campesinos heroicos, caciques malvados, indias sumisas, etcAi??tera). Fueron antecedentes directos de cAi??lebres filmes posteriores. AsAi??, dado que el campo era tan cercano y a la vez tan desconocido para las clases en el poder, se engrandecAi??a la belleza del paisaje e idealizA? la pureza y lealtad de los campesinos al instaurar en la pantalla grande argumentos dramA?ticos que evidenciaran el maltrato a los peones y defendieran la hacienda como una importante instituciA?n econA?mico-social amenazada por la insensible y obstinada exigencia de hacer ejidos.

Los herederos, Rodrigo Polgovsky

El cine posrevolucionario de tema rural tomA? asAi?? tres vertientes: la primera contempla las imA?genes de postal, resultantes del exagerado gusto por las luces y sombras erigido por el cineasta ruso Sergei Eisenstein en la dAi??cada de 1930, influyendo en pelAi??culas apegadas a un nacionalismo a ultranza, con cierto contenido crAi??tico, como Janitzio, de Navarro y Redes, de Zinnemann (ambas de 1934). En esta lAi??nea, hubo interesantes esfuerzos gubernamentales de producciA?n cinematogrA?fica, algunos patrocinados por la SecretarAi??a de agricultura y fomento e incluso por el Partido Nacional Revolucionario, en el marco de la Reforma Agraria, pero ninguna de estas cintas se pudo vincular con la polAi??tica cardenista. De allAi?? que el tA?pico virarAi??a a las historias ingenuas y taquilleras de la comedia ranchera.

Esta segunda vertiente, impulsada por grupos opuestos a LA?zaro CA?rdenas, desarrollA? el estereotipo de una provincia mexicana mA?s prA?xima al siglo XIX que al XX; la intenciA?n era que los reveses que el estado propiciaba a las clases acomodadas pudieran ser revocados en la pantalla grande mediante un falso gusto campirano, tal y como sucede en AllA? en el rancho grande, de Fernando de Fuentes (1936). Entonces los ambientes fueron haciendas dichosas y pueblos impecables y festivos, que dejaban los del campo propiamente dicho, generando todos los arquetipos de lo mexicano: sarapes, sombreros, un amplio repertorio de trajes tAi??picos, canciones populares, mariachis, tequila, cantinas, juegos de azar, muchachas enamoradas y algunas valentonas.

DefiniA? a la tercera vertiente la mancuerna de Emilio ai???El Indioai??? FernA?ndez y Gabriel Figueroa, guiados por el auge del indigenismo y la antropologAi??a cAi??vica en nuestro paAi??s. Mientras el primero dirigAi??a escenas agobiadas de dramas protagonizados por indias bonitas y nobles campesinos, cuya fatalidad los volvAi??a indomables, estoicos e impasibles, a travAi??s de sus imA?genes el segundo desarrollaba un estilo sensible, plagado de encuadres e inspirado en el claroscuro del paAi??s rural registrado por el muralismo. Este cine iniciA? el mito del campo y los campesinos envueltos por la tragedia, en sitios entre estancados y heroicos, territorios desconocidos de topografAi??a infinita y pueblos abandonados o adoloridos por la gesta revolucionaria. Fue un estilo fulminante que impuso la Ai??poca de oro del cine mexicano ai??i??caracterizada por actrices-divas como Dolores del RAi??o, MarAi??a FAi??lix y Columba DomAi??nguezai??i??, que encasillA? toda capacidad expresiva y sirviA? de modelo hasta los aAi??os 1990 (El cometa, de Marise Sistach y JosAi?? Bull, 1998).

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Los niAi??os mexicanos de las escuelas elementales socialistas 1934-1940

Eliva Montes de Oca Nava
Sociedad Mexicana de Historia de la EducaciA?n
Revista BiCentenario #10
NiAi??o en escuela

NiAi??o en escuela

Hoy que son tan inciertos los rumbos que sigue el sistema educativo mexicano y que ademA?s se reclama por una pAi??rdida general de valores, resulta A?til revisar los modelos que se han puesto en prA?cticaAi??en nuestro pasado. Y un caso poco conocido es el de la escuela socialista que se implantA? en el paAi??s durante el gobierno de LA?zaro CA?rdenas (1934- 1940), de sumo interAi??s por los valores democrA?ticos y de responsabilidad social, asAi?? como por los sentimientos nacionales que se propuso transmitir a la niAi??ez. Enseguida intentaremos un acercamiento, a travAi??s de su programa de estudios y de varios de los libros de texto que se publicaron de acuerdo con este programa.

El modelo de enseAi??anza socialista ai??i??seguido, por lo demA?s, en otros lugares del mundoai??i?? defendAi??a la educaciA?n laica dentro y fuera de las aulas y criticaba a la educaciA?n liberal del siglo XIX y principios del XX por aceptar que los niAi??os re- cibieran explicaciones basadas en la religiA?n. El propA?sito fundamental era crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y la vida social, para lo cual era preciso excluir toda doctrina religiosa y combatir fanatismos y prejuicios no sustentados en las ciencias y la razA?n.

El proyecto se llevA? a la prA?ctica, pese a la oposiciA?n del clero catA?lico y muchos padres de familia, que la calificaron, entre otros, de impAi??a e inmoral. Pero el gobierno intervino en casi todos los niveles de la enseAi??anza pA?blica y privada ai??i??salvo en la Universidad Nacional de MAi??xico que se pronunciA? por la libertad de cA?tedraai??i??, a travAi??s de inspectores que aplicaron una estrecha vigilancia.

Sin embargo, los valores que se impulsaban no eran ni impAi??os ni inmorales pues se pretendAi??a alcanzar, mediante su enseAi??anza, el Programa de estudios y de acciA?n de la escuela socialista, donde se planteaba que la educaciA?n impartida por el estado debAi??a promover el sentido de servicio a los demA?s, despertar un espAi??ritu de solidaridad humana, entender la cultura como un producto comunitario y social y e impulsar, a travAi??s de las ciencias y la investigaciA?n, que los alumnos adquirieran un concepto racional de su sitio en el mundo natural y en la sociedad asAi?? como conciencia de las posibilidades de cambiarlo.

Esta educaciA?n tendrAi??a que dar al trabajo honrado un valor fundamental para el sano desarrollo de los seres humanos en lo individual y de la sociedad en su conjunto. Las labores manuales gozarAi??an del mismo reconocimiento que las intelectuales, por ser ambas A?tiles y productivas y de importancia igual en hombres y mujeres. Para conseguirlo, se alentarAi??a la formaciA?n de cooperativas escolares de producciA?n, venta y consumo.

La escuela socialista practicarAi??a la igualdad ai??i??a travAi??s de la educaciA?n mixtaai??i??, a fin de que ni- Ai??os y niAi??as fueran vistos como iguales, independientemente de sus diferencias sexuales, raciales, econA?micas, religiosas, etcAi??tera; serAi??a integral, es decir, tenderAi??a a la formaciA?n equilibrada de los alumnos en todos los elementos y facultades que componen al ser humano; ai???desfanatizanteai???, librando con esto a las escuelas y a la sociedad en su conjunto de toda forma de idolatrAi??a y supersticiA?n, que hasta entonces habAi??an fomentado la sumisiA?n y el conformismo en el pueblo mexicano; emancipadora, es decir, se eliminarAi??a todo aquello que favoreciera el acatamiento y la explotaciA?n de unos hombres por otros; y vitalista, en el sentido de pedir que la prA?ctica acompaAi??ara a la teorAi??a y el escolar participase activamente en la obtenciA?n de conocimientos que satisficieran sus intereses y que les fueran A?tiles para mejorar la condiciA?n de sus familias y su comunidad, en par- ticular a los sectores mA?s necesitados.

NiAi??os

NiAi??os

La reforma educativa hizo necesaria la elaboraciA?n de libros de texto que, en cuanto a mAi??todos y contenidos, respondieran al nuevo programa. Se trazA? un plan editorial e integrA? una comisiA?n con ai???escritores revolucionariosai???, a quienes se les dio la tarea de escribir y dictaminar los nuevos textos, mismos que, desde luego, habrAi??an de seguir los lineamientos trazados, sin descuidar las estipulaciones de la enseAi??anza moderna. AdemA?s de ser ideolA?gica y pedagA?gicamente distintos, los nuevos libros tendrAi??an que estar al alcance de todas las posibilidades econA?micas y, si era posible, serAi??an gratuitos.

Una recomendaciA?n fue retirar de las escuelas los libros que se estuvieran usando en ellas, en especial los de lectura y literatura ai??i??como la serie titulada Rosas de la infancia de MarAi??a Enriqueta Camarillo. Se argumentA? que estos libros estaban llenos de personajes fantA?sticos que ai???domesticabanai??? a los lectores, inculcA?ndoles sentimientos de resignaciA?n frente a la situaciA?n en que vivAi??an. Representaban una sociedad ideal en la que la armonAi??a reinaba entre las clases y los trabajadores recibAi??an salarios justos de los patrones y se ocupaban alegremente en sus labores. Asimismo, los hijos de los hacendados eran amigos de los hijos de los campesinos y los hijos de los obreros de los hijos de los empresarios. La religiA?n tenAi??a un peso definitivo; de acuerdo con ella, los ricos se mostraban caritativos con los pobres, obsequiA?ndoles sus sobrantes.

Libro de lectura de primer grado

Libro de lectura de primer grado

Para sustituir estos textos, el maestro Rafael RamAi??rez escribiA? la serie llamada Plan SexenalAi??Infantil. AquAi?? nos referiremos al Libro de Lectura para el Ciclo Intermedio de las Escuelas Rurales, que ilustra con claridad acerca de la formaciA?n de los niAi??os en las escuelas socialistas. En este libro, destinado al tercero y cuarto aAi??o de primaria, el autor se propuso impulsar a la acciA?n a sus pequeAi??os lectores, sumarlos a las inquietudes de los mayores e incorporar la escuela a la comunidad, de forma que dejara de verse como una instituciA?n separada del resto social.

La trama del libro se desarrolla en un pequeAi??o pueblo campesino llamado ai???El porvenirai???, que evidentemente representaba la sociedad que, a juicio de los educadores socialistas, se tenAi??a que construir. El trabajo en la escuela era siempre en grupo, el maestro instruAi??a a los niAi??os, pero tambiAi??n se encargaba de alfabetizar y dirigir a los padres en sus demandas sociales, entre ellas la tierra y el ejido. Se discutAi??an y solucionaban los problemas en asambleas de distinto tipo ai??i??por toda la poblaciA?n, o los padres, o los alumnos, o un grado o grupo escolarai??i??, en las que se oAi??an y valoraban todas las opiniones. Tarea central acordada en estas reuniones para los niAi??os fue que lucharan contra la injusticia y la explotaciA?n humana. Para el profesor RamAi??rez, se trataba de es- cuelas efectivas de organizaciA?n social futura.

La escuela socialista mexicana

La escuela socialista mexicana

PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO,Ai??SUSCRIBASE A BICENTENARIO.