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Correo del Lector

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33.

???????????????Cartas

¿Podrían contar algo sobre el plan de Benito Juárez para acabar con la inseguridad en los caminos?
Mónica Orozco

Para combatir la inseguridad en los caminos y zonas rurales, el presidente Juárez formó el Cuerpo de Policía Rural, a mediados de 1861, pero los problemas económicos y de orden impidieron que se hiciera algo más allá de los alrededores de la capital. Sus integrantes se ganaron fama de represores, preferían eliminar a los delincuentes antes que llevarlos ante un juez.

1. Luis Aguirre a lado derecho de Pancho Villa (356x500)¿Es cierto que Luis Aguirre Benavides fue secretario-tesorero de Francisco Villa?
Alfredo Villarreal

Fue secretario particular de Villa, de noviembre de 1913 a enero de 1915. Se conocieron durante la revolución maderista cuando Luis era proveedor general del ejército en Ciudad Juárez. Luego sirvió como secretario de varios jefes revolucionarios y cumplió comisiones relativas a la entrega de fondos para comprar armamento, pero no tuvo el cargo específico de tesorero.

¿Sabías qué?

El lobo gris mexicano, cuyo hábitat se extendía en el pasado desde el centro de México hasta Arizona y Nuevo México, es una subespecie del lobo en peligro de extinción. Sin embargo, en los zoológicos mexicanos se ha logrado su reproducción y su número ha aumentado en los últimos años.

3. Lobo gris Mexicano

Por amor a la historia

Paola Rivera Estrada, guía del Nuevo Museo del Origen de la isla de Mexcaltitán, Nayarit, se muestra orgullosa de sus orígenes al plantear a los visitantes la hipótesis de que allí estaba Aztlán, el lugar de donde partieron los mexicas para fundar la Gran Tenochtitlan. El turista puede llevarse de su explicación la idea de lo que es hoy la vida cotidiana y el entorno ecológico de los pescadores que habitan la isla.

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Reloj de arena

5. Preparación de Morelos para fusilar (500x315)27 de julio de 1816

Pedro José de Fonte y Hernández de Miravete, arzobispo de México, explica a Fernando VII que no se ejecutó al “cabecilla Morelos” en la capital porque nadie del clero deseaba ver a “un individuo suyo en el patíbulo” y se temió que “los adictos a la rebelión” quisieran “libertar a toda costa a su humillado héroe”. De ahí que se decidiera hacerlo en el cercano pueblo de Ecatepec.

6. Carlota de México 451769 (282x460)

2 de agosto de 1866

La emperatriz Carlota se entrevista con Napoleón III en el Palacio de St. Cloud en París y le exige sin éxito seguir apoyando al imperio mexicano. A raíz de su visita, el emperador francés escribe a Maximiliano que, en adelante, no dará a México “ni un escudo ni un hombre más”.

7. Salvador Alvarado (383x500)26 de septiembre de 1916

Salvador Alvarado, gobernador de Yucatán, informa a Venustiano Carranza, primer Jefe del Ejército Constitucionalista, que para “cimentar” la unidad del estado con el resto de la república ha procurado ganar el apoyo de “los de abajo” con leyes que los favorecen y reprimir con energía todo desmán de la clase privilegiada.

8. Observatorio San Pedro Mártir (375x500)Agosto de 1966

Con ayuda de estudios meteorológicos y satelitales, además de la exploración in situ, la unam encuentra en la cima de la sierra de San Pedro Mártir, Baja California, las condiciones que se requieren para la observación astronómica y emprende la construcción de un observatorio, hoy uno de los cuatro mejores del mundo.

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Vientos de cambio en el sureste: Yucatán y la Revolución mexicana

Marisa Pérez Domínguez
Instituto Mora
Revista Bicentenario #10
Plantación de henequén

A diferencia de otras regiones de México, la Revolución llegó a Yucatán de la mano del constitucionalismo, cuando Venustiano Carranza, como Primer Jefe de este movimiento, se estableció en Veracruz, mientras sus tropas combatían al gobierno de la Convención defendido por Francisco Villa y Emiliano Zapata. Desde el puerto designó al general de división Salvador Alvarado gobernador y comandante militar de la entidad en 1915. Esta fecha tardía no significó que la población hubiera permanecido inmóvil ante los sucesos iniciados en 1910, pues desde tiempo antes, se daban manifestaciones de descontento en el campo yucateco. No lograron articularse, sin embargo, en una lucha armada, como ocurrió en algunos estados del norte del país y por eso la historiografía afirma que “la Revolución llegó desde afuera” a la península.

La élite yucateca había enfrentado nuevos desafíos en la primera década del siglo XX, planteados por el cambio que sufría el mercado del henequén. La crisis económica mundial de 1907 sacudió el sistema regional, pero fue insuficiente para cambiar los parámetros productivos y comerciales y agravó, por el contrario, los problemas de Yucatán, que afloraron finalmente en el debate político.

La sociedad también experimentó importantes transformaciones. La participación política de los campesinos y trabajadores rurales y urbanos aumentó, si bien al mismo tiem- po hubo un revelador ascenso de la clase media, con lo cual se sumó un componente social a la división tradicional entre la élite y la población rural maya y mestiza.

La tormenta revolucionaria de 1910-1911 sorprendió a esta élite, cuyas divisiones internas se acentuaron, debilitando su liderazgo de clase, la que fue sustituida por una clase media en as- censo, cuyas aspiraciones encontraron un terreno fértil para expresarse.

Caricatura de Olegario Molina

Caricatura de Olegario Molina

Los primeros cambios significativos se produjeron entre 1911 y 1914: la participación de la clase media en la lucha por el poder, la politización de las clases populares y la aparición de un nuevo marco ideológico para la acción del estado. Los tradicionales grupos dirigentes se vieron en la necesidad de ceder importantes espacios de poder, a veces aceptando lo ya inevitable y en otras de sumarse aun a la Revolución.

Al arribar a tierras yucatecas en marzo de 1915, el general Alvarado pudo constatar que la sociedad se hallaba en manos de un reducido número de personas que tenía el dominio económico, junto con los monopolios extranjeros, cuyo agente era Avelino Montes, de origen español y yerno y socio de Olegario Molina, el rey del henequén en el estado y además ex gobernador y ex secretario de Fomento de Porfirio Díaz. Montes y Molina, en contubernio con unos cuantos productores del conocido como oro verde y que constituían lo que la gente denominaba la casta divina, dominaban en el gobierno, los bancos, los ferrocarriles, la educación, la beneficencia, la iglesia y, desde luego, las fiestas de sociedad. Quien no pertenecía a la casta era excluido de todo: “no se movía la hoja del árbol sin la voluntad de la casta divina”, escribió Alvarado en su libro Mi actuación revolucionaria en Yucatán.

Alvarado, en aras de cumplir con los ideales revolucionarios, se dio a la tarea de transformar sustantivamente los ámbitos económico, político y social. Realizó una serie de reformas sin precedente en Yucatán. Las leyes relativas a los peones, los niños y las mujeres fueron primero: destacan la de liberación de los peones acasillados, terminando así el sistema de deudas; la educación primaria, en adelante obligatoria, laica y gratuita; y la que impulsaba la incorporación de las mujeres a las actividades públicas, dándoles igualdad ju- rídica, emancipación a los 21 años y la separa- ción a través del divorcio. Se empeñó en acabar con el monopolio de la International Harvester, formando la Comisión Reguladora del Mercado de Henequén y procedió a la incautación de los ferrocarriles y a modificar a fondo el sistema hacendario. Emitió una Ley de Cultos para contra- rrestar la poderosa presencia de la iglesia católica y llevó a cabo una campaña “desfanatizadora”, necesaria a su juicio para “sanear” a la sociedad.

Entre las medidas y estrategias centrales de su programa de gobierno, merece especial atención la fundación de un nuevo partido oficial. Así intentó centralizar y coordinar “desde arriba” la actividad política. El llamado Partido Socialista Obrero operó para manejar el proceso de integración ciudadana; fue fundado por decreto, para que se convirtiera en el organismo encargado de desarrollar la política oficial del gobierno militar constitucionalista. Por eso se convirtió, para todos los efectos, en un partido de estado que integraba todas las redes de poder en el territorio.

No se hicieron esperar las reacciones positivas y negativas, de entusiasmo en unos y chasco y resentimiento en otros. La creciente participación de los trabajadores rurales y urbanos en la vida política les proveyó de armas para la lucha laboral que desconocían. El sindicato, la “liga de resistencia” (unidad básica del partido), las leyes laborales y el discurso ideológico fueron algunos de los tantos medios de combate ahora en sus manos, que los fortalecieron y animaron como enemigos de una clase calificada de explotadora y reaccionaria, según el vocabulario revolucionario empleado en la península desde 1915.

Arco de San Juan en Mérida

Arco de San Juan en Mérida

El poder se había salido de manos de la élite para caer en las de una clase antes marginada y despreciada. Los nuevos políticos agitaban a las masas con un discurso socialista, amenazando con desencadenar su furia si los miembros de la casta divina no cumplían con sus deseos, esto es, pagar fuertes contribuciones, ceder a las demandas laborales y llevan- do a cabo todo lo estipulado por el nuevo Estado. Muchos lograron adaptarse. Otros, por el contrario, apostaron al desgaste de este nuevo estado. Dejaron de invertir en las actividades productivas, tratando de obtener el máximo provecho inmediato de sus haciendas y empresas, y trasladaron sus ganancias al extranjero. Algunos, vinculados con el viejo régimen y temerosos de represalias, se embarcaron con sus familias rumbo a Estados Unidos y La Habana y esperaron a que la tormenta pasara.

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