A?Festejar o conmemorar la RevoluciA?n?

Eugenia Meyer

Revista BiCentenario #10

Revista de revistas

Las fechas en que el pasado se hace presente en rituales pA?blicos activan sentimientos e interrogan razones. Se construyen y reconstruyen las memorias del pasado, se significan finalmente los momentos y las circunstancias que los diferentes actores eligen para expresar y confrontar en el escenario nacional los sentidos que otorgan a los quiebres institucionales que unosAi??impulsaron y otros padecieron. Celebrar o conmemorar parecen un binomioAi??indisoluble en la acciA?n de hurgar en los diversos escenarios en los que se despliegan los conflictos entre las diferentes interpretaciones y significados del pasado: cA?mo se transforma a lo largo del tiempo, por quAi?? algunas fechas pueden cobrar mayor importancia hasta convertirse en emblemA?ticas o ser sA?lo hitos locales o regionales. Recuerdo e historia van de la mano en la construcciA?n de las memorias sociales: establecen, a travAi??s de prA?cticas, marcas y celebraciones, los rituales pA?blicos, las inscripciones simbA?licas, los monumentos. Las diferentes interpretaciones sociales del pasado, las efemAi??rides nacionales, se tornan objeto de disputas y conflictos. A?QuiAi??nesAi??celebran o conmemoran? A?Por quAi?? lo hacen? Es difAi??cil lograr consenso al respecto, pues las mismas fechas pueden tener acepciones diferentes para los diversos actores en todos los niveles y estratos de la vida social del paAi??s, empezando por la esfera polAi??tica. La operaciA?n del recuerdo y la del olvido ocurren siempre de acuerdo con las temporalidades subjetivas; remiten a hechos y procesos del pasado, que a su vez cobran sentidoAi??al vincularse con la proyecciA?n del futuro. TambiAi??n es cierto que la temporalidad se dirige al maAi??ana, al paso del tiempo y a las transformaciones de los procesos sociales a lo largo de la historia. Por ello quizA? es menester insistir en historizar la memoria para analizar las transformaciones y los cambios en los actores que recuerdan y olvidan los hechos del ayer, o bien que celebranAi??y conmemoran esos procesos. En medio de tantos avatares ai???celebratoriosai???,Ai??habrAi??a que reconocer que el tAi??rmino revoluciA?n ha quedado fuera del vocabulario polAi??tico. Luego de tantas dAi??cadas de construir el discurso del estado mexicano alrededor de la gesta de 1910, parece que todo ello pertenece a una historia vieja, an- quilosada. En su lugar se encauza la propuesta de la modernizaciA?n y el cambio por los que tantos mexicanos han apostado su futuro.

Hasta hace unos aAi??os, desde que los legAi??timos herederos de la RevoluciA?n perdieron el poder, la misma parecAi??a estar ya en el olvido. Sin embargo, con el bullicio del centenario, de repente nos encontramos con que la RevoluciA?n, por arte y magia de los calendarios, ha logrado ponerse de moda nuevamente. Inmersos como estamos ahora en la vorA?gine y la borrachera colectiva de las conmemoraciones, que no logran ocultar o disfrazar la torpeza y la miopAi??a del gobierno ai??i??o los gobiernosai??i??, se pone de manifiesto la falta de imaginaciA?n y desorientaciA?n en el asunto de losAi??festejos; en parte, debido a que el partido en el poder no entiende ni se identifica (y porque le son ajenas) con la Independencia y la RevoluciA?n. Como hechos extraAi??os, son atendidos de mil for- mas, y sin meditarlo a conciencia les han dado un tratamiento de sacralizaciA?n piadosa.

La RevoluciA?n ai??i??que parece haber renacido de sus cenizasai??i?? es un proceso distante con el que es casi imposible esperar empatAi??a de parte del Parti- do AcciA?n Nacional. El movimiento que echA? raAi??ces con la construcciA?n de un partido surgido de la lucha armada (el Partido Nacional Revolucionario, luego Partido de la RevoluciA?n Mexicana y finalmente Partido Revolucionario Institucional) quedA? atrA?s con lo que algunos despistados y hasta optimistas definieron como el triunfo de la democracia, con la alternancia partidista y el ya distante ai??i??aunque no aAi??oradoai??i?? gobierno de Vicente Fox.

No resulta estAi??ril, por ende, hacer el esfuerzo por reflexionar sobre lo que la RevoluciA?n fue y el significado que hoy tiene. Con sus cien aAi??os a cuestas, la revoluciA?n es ai??i??como dijera de manera insistente desde los aAi??os cuarenta JesA?s Silva Herzogai??i?? un hecho histA?rico. Se perdiA? la reverencia, se debilitA? o anquilosA? la mitologAi??a y, en consecuencia, se dio paso a una visiA?n mA?s madura, quizA? tambiAi??n mA?s real y objetiva, del periodo que transformA? la vida nacional, el ser y el hacer de MAi??xico.

En los sesenta, cuando nuestra RevoluciA?n empezA? a ser entendida como la preferida ai??i??en especial por los ideA?logos estadunidensesai??i??, luego del sobresalto causado por la revoluciA?n cubana y la declaraciA?n de su carA?cter socialista, la atenciA?n hacia el proceso mexicano fue mayor. Los estudios y centros acadAi??micos dedicados a nosotros crecieron de manera significativa, muy especialmente en Estados Unidos. Esto es coincidente con la polAi??ticas implantadas y desarrolladas por la Alianza para el Progreso, el programa de ayuda econA?mica y social destinado a AmAi??rica Latina gestado por John F. Kennedy, que habrAi??a de estar vigente casi una dAi??cada.

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