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El Universal. Una voz aliada al poder

Bernardo Masini Aguilera
ITESO

Venustiano Carranza delineó una estrategia de medios cuando llegó al poder que se basó en crear periódicos afines. El Universal fue el diario que ayudó a crear y sostener esa idea que pronto se truncó con su muerte. La vida de esta empresa casi centenaria ha estado marcada por su cercanía constante con el poder político.

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Edificio del periódico El Universal, ca. 1916. Archivo Casasola, inv. 90022.

En diciembre de 2016 se cumplirán 100 años del comienzo de los trabajos del Congreso Constituyente que dio lugar a la carta magna promulgada el 5 de febrero de 1917 en Querétaro. La nueva Constitución fue la piedra angular del proyecto político de Venustiano Carranza, quien intentó a través de ella enviar un mensaje a la ciudadanía que, por un lado, añoraba los tiempos de estabilidad del porfiriato y, por el otro, acusaba cansancio e incertidumbre a raíz del conflicto armado comenzado en 1910. El Varón de Cuatro Ciénegas había logrado controlar la mayoría de los hilos de la política nacional. Su estrategia fue bastante audaz: encabezó un equipo de personas que en sus respectivos lugares de origen eran vinculadas con la administración pública porfiriana, que a los ojos de los nostálgicos había brillado por su eficiencia, pero al mismo tiempo enarboló el discurso de la reivindicación de Francisco I. Madero y sus ideales, traicionados por Victoriano Huerta y sus secuaces desde los aciagos días de la Decena Trágica, en febrero de 1913.

Carranza fue sumamente cuidadoso de las formas y con ello logró diferenciarse de Huerta frente a la creciente opinión pública. Los años de la revolución habían fomentado mayor interés de los ciudadanos por lo que acontecía en los corrillos políticos, a diferencia de lo que acostumbraba la gente hasta hacía poco tiempo. Por eso, evitó la tentación de proclamarse presidente cuando llegó al poder, como sí lo había hecho Huerta. Antes bien, se hacía llamar Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y, aunque tomaba decisiones como encargado del poder ejecutivo, evitó usar esa etiqueta hasta que pudo legitimarla con el nuevo orden de cosas que dispuso la Constitución de 1917. Carranza entendió que uno de los principales defectos de la gestión de su antecesor había sido su abierta ilegitimidad. La traición de Huerta a Madero y a Pino Suárez era del dominio público. Si bien tenía una cantidad no pequeña de aliados –algunos de ellos con fuerte potencial para influir, como el Partido Católico– proliferaba la imagen del Huerta usurpador, del militar que había obtenido provecho de la confianza ciega que le había brindado Madero. Por ende, podía concluirse que Huerta tenía un respaldo popular mínimo.

Una voz aliada

Existieron periódicos filohuertistas como El Mañana y El País, por citar dos ejemplos capitalinos, pero su circulación y su eventual impacto eran más bien menores. Carranza entendió en cabeza ajena la pertinencia de contar con prensa aliada, cuyo alcance fuera mayor y cuyo discurso se homologara en torno a sus planes para concluir el proceso de pacificación del país y abrir una nueva etapa de la historia nacional. Auspició el nacimiento de varios periódicos a lo largo del territorio nacional, que contaron con recursos suficientes para imprimirse con tecnología de punta y con tirajes amplios para su época. De esa forma nació El Universal, que publicó su primer número el 1 de octubre de 1916 en la ciudad de México. En la misma lógica aparecieron en 1917 Excélsior, también en la capital; El Informador en Guadalajara y La Opinión en Torreón. En 1918 surgieron El Mundo de Tampico y El Porvenir de Monterrey. Estos diarios, junto a otros de menor tiraje e impacto esparcidos por el país, articularon un discurso que cerró filas tras el proyecto carrancista de una nueva Constitución.

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Sala de linotipos de El Universal, ca. 1920. Archivo Casasola, inv. 149964.

Desde el siglo XIX había quedado claro a la clase política mexicana la necesidad de contar con prensa aliada a sus causas. Sin embargo, se partía del supuesto de que los periódicos eran leídos por pocas personas, quienes generalmente ya concordaban con los planteamientos esgrimidos en sus páginas. Los adeptos al Partido Liberal leían prensa liberal y otro tanto hacían los seguidores del Partido Conservador. Por ello, más que instrumentos para informar a la sociedad de lo que ocurría, los periódicos decimonónicos eran poco más que órganos de difusión y comunicación entre camaradas. El posicionamiento relativo de la prensa crítica del gobierno durante el porfiriato marcó un puente entre ese modus operandi y el que inauguró Carranza. Destacaron entonces en ese sentido periódicos como La OrquestaEl Hijo del Ahuizote y El Diario del Hogar. Pero la aparición de El Universal estableció un orden de cosas en la relación prensa-gobierno que en buena medida prevalece hasta nuestros días.

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Regino Hernández Llergo, el office boy que se hizo periodista

Graziella Altamirano Cozzi – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

Un colega del Colegio Militar lo salvó de un pelotón de fusilamiento y a partir de allí cambió radicalmente la vida de este tabasqueño. Sólo por sobrevivir llegó a las puertas de un periódico y aprovechó la primera oportunidad que le dieron para comenzar el recorrido que lo haría leyenda. Fundó diarios y revistas que hicieron historia. Villa, Calles y Cárdenas contestaron a sus preguntas. Sabía dónde estaba parado: la libertar de prensa no existe si se le teme a los presidentes, decía.

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Regino Hernández en entrevista, fotografía, ca. 1940. Archivo Casasola, inv. 228569. SINAFO, CONACULTA-INAH-MÉX.

El periodismo del siglo XX en México tuvo en Regino Hernández Llergo (1894-1976) a uno de sus principales exponentes, como fundador y director de publicaciones de contenido político y social, y como partícipe en el impulso innovador que se dio al fotoperiodismo en nuestro país.

Sus primeros pasos periodísticos los dio en el diario El Universal y luego en La Opinión de Los Ángeles, California, del cual fue fundador y que llegó a ser considerado como un baluarte del periodismo mexicano en los Estados Unidos.

Junto con su primo José Pagés Llergo recorrió una larga ruta profesional desde la década de los treinta trabajando en La Opinión y después, ya en México, al fundar la revista Hoy, que tuvo como principal objetivo cubrir la demanda social de información que hacía falta en el medio editorial mexicano. Regino ocupó la dirección y José la jefatura de redacción.

Los primos Llergo, como se los conocía, empezaron a cambiar la política editorial que hasta entonces existía en México al invitar como redactores a los mejores periodistas y articulistas de la época, de distintas tendencias políticas, no sólo con la intención de crear polémica sino de lograr equilibrio informativo y evitar caer en alguna tendencia ideológica. Una de las principales innovaciones de la revista Hoy fue dar una mayor importancia a las imágenes, con la integración de caricaturas políticas y numerosas fotografías que la hicieron más atractiva, llegando a ocupar un lugar importante entre las revistas de circulación nacional. En la lista de sus principales colaboradores destacaban Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Rosario Sansores, José Barros Sierra y Nemesio García Naranjo, entre otros, así como José Vasconcelos, Narciso Bassols y Félix F. Palavicini, entre articulistas y ensayistas.

Regino Hernández Llergo fundó otras publicaciones de tinte político como MañanaImpacto que tuvieron larga vida, y algunas de orientación popular y populista como Alarma, un periódico sensacionalista y de nota roja que le valió el mote de amarillista.

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Portada del periódico El Universal del miércoles 22 de junio de 1922. Fotografía: ©Agencia El Universal.

Lo que dio fama a Hernández Llergo desde sus primeros pasos en el periodismo fue la entrevista que le hizo a Pancho Villa en la hacienda de Canutillo y que publicó por entregas en El Universal, entre el 12 y el 18 de junio de 1922, la cual fue considerada como el impacto periodístico del momento.

El texto que a continuación presentamos contiene la edición de dos entrevistas que se le hicieron en momentos distintos de su vida y que forman parte del Archivo de la Palabra del Instituto Mora: la entrevista realizada por Jaime Alexis Arroyo en noviembre de 1960 (PHO/1/10) y la realizada por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer el 4 de octubre de 1972 (PHO/4/7).

18142 (2) (539x640)EL ENTREVISTADOR

Nací en Cunduacán, Tabasco, y estudié mi educación primaria en Balancán, donde mi padre fue maestro. De ahí me mandaron a Villahermosa para continuar mis estudios y a los quince años mi padre me llevó al Colegio Militar de Chapultepec cuando era presidente Victoriano Huerta. Ahí lo conocí porque él vivía allí mismo en el castillo, y me acuerdo que en esos tiempos hubo una invasión de soldados gringos en Veracruz y decidimos casi todos los alumnos ir a hablar con él para decirle que nosotros teníamos muchas ganas de irnos a Veracruz a pelear contra los gringos. Huerta nos dijo: No muchachos, ustedes son muy jóvenes todavía, tienen la obligación de estar aquí en México en el colegio, por si acaso ocurriera algo, que no lo creo, toda esa labor que ustedes están diciendo es para nosotros los que ya sabemos cómo pelear con ellos, quizá en el mismo Veracruz se acaba todo. Como en efecto así fue.

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