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El Bello Sexo

DarAi??o Fritz – Revista BiCentenario.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Festejos durante la IV exposiciA?n regional de la ciudad de Durango, 1908. Col. Francisco DurA?n.

Festejos durante la IV exposiciA?n regional de la ciudad de Durango, 1908. Col. Francisco DurA?n.

Se puede decir que esta es una foto de usurpadores. Y me refiero a los hombres, que deberAi??an haber quedado fuera de la imagen. Porque era un dAi??a dedicado al culto y entusiasta bello sexo, segA?n relata una crA?nica de la Ai??poca. En mayo de 1908 los duranguenses tiraron la casa por la ventana. Todo el mes fue de exhibiciA?n y tambiAi??n de fiesta. Sus orgullosos 26 000 habitantes mostraban sobre mesas, estantes y vitrinas desde lo mA?s comA?n a lo mA?s exA?tico de la producciA?n estatal: aguas minerales, coches carruajes, artAi??culos de cuero, las vacas mA?s redondas y los caballos mA?s lustrosos, los trajes locales que copiaban la moda en ParAi??s o Nueva York, el oro de las minas de Tamazula y la plata de Santiago Papasquiaro. A mitad de mes, el dAi??a 16, las seAi??oritas de la mejor sociedad se dedicaron a ofrecer las bebidas elaboradas en el estado, asAi?? como flores, dulces y confetis. Tuvieron su dAi??a especial dentro de aquella IV ExposiciA?n Regional de Durango, realizada dentro del edificio aA?n en construcciA?n del futuro Hospital Civil de la ciudad. Claro que las damas no estaban solas. Los miembros de la junta organizadora se sumaban a sus esposas, hijas o familiares en la atenciA?n a los asistentes. Aquellos hombres, encabezados por Ignacio GA?mez Palacio y Francisco AsA?nsolo habAi??an convencido desde ochos meses atrA?s al gobernador Esteban FernA?ndez, de la necesidad de la exposiciA?n y de que las mujeres no podAi??an quedar fuera. De allAi??, el lugar que finalmente se ganaron para la foto. Muy serias, aunque felices, las damas exhibAi??an la mejor moda de esos aAi??os. Sus sombreros remarcan la ubicaciA?n social de cada una de ellas. Ellos, con su levita, a tono con el estilo francAi??s porfiriano. Aquel dAi??a dedicado al culto y entusiasta bello sexo ai??i??eufemismo que podrAi??a hacer referencia a ellos, A?por quAi?? no?ai??i?? se cerrA? con una kermAi??s de cuatro horas donde una orquesta y una banda le regalaron su dAi??a a seAi??oras y seAi??oritas. Por supuesto hubo lluvia de serpentinas y confetis que como queda claro cayeron sobre aquellos atildados integrantes de la alta sociedad duranguense.

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JosAi?? Revueltas. Luces y sombras de un andar apasionado

Diana GuillAi??n – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

En noviembre de 1975, Eugenia Meyer entrevisto al intelectual de origen duranguense para el Programa de Historia Oral del Cine Mexicano, del INAH. Del testimonio respectivo a continuaciA?n se rescatan algunos extractos en los que habla de su infancia, de cA?mo se hizo autodidacta, de sus profundas inquietudes por la polAi??tica, y del cine y la escritura.

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JosAi?? Revueltas, ca. 1945. Archivo General de la NaciA?n, fondo Hermanos Mayo, Revueltas JosAi??, sobre 75331.

Hombre tAi??mido y modesto a pesar de la luciAi??dez que acompaAi??A? su apasionado andar, JosAi?? Revueltas no buscA? el reconocimiento que al paso del tiempo propios y extraAi??os le conceAi??den. Su presencia autodidacta en las esferas polAi??tica y cultural de un MAi??xico que dejaba atrA?s la vida decimonA?nica para incursionar en las modernidades asociadas con el siglo xx, se materializA? en obras literarias y adapAi??taciones cinematogrA?ficas de primer nivel. Aun si hay quienes sA?lo lo recuerdan por sus posturas crAi??ticas frente al rAi??gimen que emergiA? de la revoluciA?n de 1910 y cuya construcciA?n acompaAi??A? como una piedra incrustada en el zapato de manera cuasi cabalAi??stica, pues su nacimiento en Durango el 20 de noviembre de 1914, se adelantA? a las conmemoraciones que hasta el dAi??a de hoy se realizan para festejar el inicio de la gesta revolucionaria.

Su actitud indA?mita hacia el poder instiAi??tuido tambiAi??n se manifestA? a la hora de comAi??batir ortodoxias de una izquierda a la que se adscribAi??a y en la que desde muy temprana edad habAi??a militado. QuizA? por ello con la misma facilidad que cosechaba amistades en andanzas bohemias prolongables por dAi??as, generaba animadversiones que cruzaban desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda del espectro polAi??tico nacional. Entre las luces y sombras que iluminaron u obscurecieron una existencia marcada por el anhelo de cambio y el compromiso para alcanzarlo a costa incluso del aislamiento, se delineA? asAi?? un personaje que mA?s allA? de sus tintes polAi??micos dejA? un importante legado artAi??stico y contribuyA? a escribir parte de la historia de nuestro paAi??s.

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JosAi?? Revueltas, ca. 1945. Archivo General de la NaciA?n, fondo Hermanos Mayo, Revueltas JosAi??, sobre 75331.

Desde tal perspectiva, la entrevista que le concediA? a Eugenia Meyer a fines de 1975 nos permite acercarnos a un testimonio en sAi?? mismo valioso, pues a pesar de que las respuestas por momentos parecAi??an fluir a cuenta gotas, quedan en ellas los restos del balance que tiende a hacerse cuando se acerca el final del camino. Menos de seis meses despuAi??s JosAi?? Revueltas se llevarAi??a consigo desde los recuerdos de la niAi??ez vivida en Durango durante los primeros aAi??os de la revoluciA?n, hasta los tatuajes personales que le dejA? el movimiento estudiantil de 1968, pasando por sus experiencias en la ciudad de MAi??xico durante una juventud que rayando en la adolescencia conociA? los rigores de la cA?rcel.

El encuentro entre Meyer y Revueltas se realizA? como parte del Programa de Historia Oral del Cine Mexicano diseAi??ado por el DeAi??partamento de EtnologAi??a y AntropologAi??a Social del inah, en el modestAi??simo apartamento arrendado por el entrevistado en la ciudad de MAi??xico. El interAi??s central era, por lo tanto, la faceta cinematogrA?fica del duranguense, pero ademA?s de la informaciA?n que en tal sentido aportA?, y que sin duda constituye una buena veta para los estudiosos del tema, el oficio de la entrevistadora abriA? la puerta para que se colaran otros temas. Es asAi?? que nos enteramos de los sinsabores del familiA?n al estilo proAi??vinciano que en la dAi??cada de los veinte saliA? de Durango buscando mejores horizontes o de las satisfacciones que la vena artAi??stica de Silvestre, FermAi??n y Rosaura, ademA?s del propio JosAi??, produjeron en padres con enorme sensibilidad y gusto por las ramas que los hijos contribuyeron a engrandecer. O, en fin, de inAi??numerables detalles de su trayectoria personal que a manera de instantA?neas fotogrA?ficas nos acercan a escenarios ya idos.

A continuaciA?n se incluye una pequeAi??a proAi??bada de todo ello, con la invitaciA?n a consultar la plA?tica completa en el Archivo de la Palabra que resguarda el Instituto Mora: Entrevista a JosAi?? Revueltas realizada por Eugenia Meyer el 18 de noviembre de 1975, Archivo de la Palabra, Instituto Mora, PHO/2/42.

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Emilio “El Indio” FernA?ndez, Olivia Peralta y JosAi?? Revueltas, 1943. Archivo General de la NaciA?n.

Mientras se tiene acceso a dicha versiA?n, el texto que ofrece este nA?mero especial de BiCenAi??tenario ha sido editado para facilitar la lectura y aun cuando en todo momento se respetaron los argumentos e ideas que se desprenden de las mA?s de 100 pA?ginas en que quedA? transcrita la entrevista, en algunos casos la secuencia original debiA? modificarse atendiendo a los cuatro ejes temA?ticos utilizados para recuperar los fragmentos elegidos: Un familiA?n al viejo estilo provinciano, Una educaciA?n abrupta, La cA?rcel, sombra reincidente y De las pelAi??culas por metro a la adaptaciA?n cinematogrA?fica.

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SA?lo una idea

Ana SuA?rez – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

La guerra ya se huele. Casi se palpita. El paAi??s puede desaparecer. QuAi?? hacer para impedirla. Hay que desatar antes de romper, dice alguien en tono diplomA?tico. A?Una carta que en su ambigA?edad ayude a ganar tiempo?

L. GarcAi??s, Palacio Nacional, ca. 1855. Col. RAA.

L. GarcAi??s, Palacio Nacional, ca. 1855. Col. RAA.

Arista se pregunta si destapa la jaula, pero piensa que mejor no, apenas pasan de las seis y, aunque haya llegado abril, el canarito puede coger frAi??o. Por su parte es inA?til que se acueste de nuevo, como suele decirse nomA?s darAi??a vueltas y todo lo verAi??a peor. Y si por suerte lograra conciliar el sueAi??o sentirAi??a otra vez la angustia de la derrota, no de cualquier derrota, sino de la A?ltima, la final.

Se dice que no es posible seguir de esa manera, tiene que hacer algo, organizar sus ideas, tomar decisiones, sA?lo asAi?? recuperarA? el sosiego. Y reniega: Si por mAi?? fuera carajo ya me encontrarAi??a yo en MinatitlA?n, listo para combatir y caer junto a los defensores del fuerte. Pero no, su posiciA?n se lo impide, se ha convertido en el primer prisionero de la naciA?n y no le resta mA?s que permanecer en palacio y aguardar allAi?? las noticias que logren remitir quienes estAi??n al cargo. Respira profundo y murmura: Debo calmarme, el paAi??s continA?a en paz, mientras yo viva, algo podrAi?? hacer. Ordena que le lleven el traje de general, con todas sus medallas y hasta la banda de presidente. SacarA? fuerzas de donde sea, y el rango y las condecoraciones le ayudarA?n, son suyas despuAi??s de todo, sudor, y sangre, e incluso lA?grimas sellaron su posesiA?n, y en este mundo y en el otro son muchos quienes pueden dar testimonio de ello.

DespuAi??s de arreglarse con cuidado, Arista da un trago al cafAi?? que le acaban de poner sobre la mesilla de noche, elige un bizcocho del cesto colocado junto a la taza, lo muerde, es inA?til, no pasa bocado, y murmura A?puta madre, yo nunca he dejado de comer! Acaso es porque que en esta ocasiA?n a Ai??l le corresponde el principal deber. No queda mA?s que enfrentar el problema, pero resuelve sacar antes la jaula del cuarto y, con ella en brazos, poco a poco para no asustar a su huAi??sped, recorre galerAi??as y pasillos guardados por soldados y, ya en su despacho, la cuelga de otra percha, allAi??, junto a la ventana, a donde mA?s tarde pegarA? el sol.

jose fernando ramirez. Mil personajes en el MAi??xico del siglo XIX, 1840-1870-Editorial Extinta (453x640)

JosAi?? Fernando RamAi??rez (1804-1871).

Se arrellana en seguida en una butaca, reclina la cabeza contra el respaldo y ahora sAi?? da espacio a sus reflexiones. Es claro que no hay remedio, la cA?mara dio su dictamen, en verdad que Ai??l podrAi??a anular el decreto y contentar de esa manera a los gringos de mierda, pero no, no quiere, no va a actuar como un dictador. Una cosa es que en el pasado hiciera sus negocitos, todos extraen ventajas de sus puestos y Ai??l tambiAi??n ha tenido sus necesidades, otra dar un golpe de Estado, eso sAi?? serAi??a demasiado. No importa que los pinches diputados hayan metido la pata, tuvieron que haber pospuesto el rechazo del tratado para permitirle ganar tiempo, pues lo que quisieron impedir sucederA? de todas maneras, y por la mala: los americanos van a ocupar el istmo en cuanto se enteren de que la votaciA?n fue en su contra, y construirA?n sin tardar el ferrocarril transoceA?nico.

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Recuerdos de JosAi?? Vasconcelos

Graziella Altamirano Cozzi – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

El escritor oaxaqueAi??o viviA? unos pocos meses en Durango cuando ya abogado fue designado allAi?? fiscal federal. En algunos tramos de su autobiografAi??a, de la cual extraemos aquAi?? algunos pA?rrafos, da cuenta de sus pasos por el estado siendo niAi??o y, luego, desde la mirada analAi??tica del joven funcionario relata sus observaciones sobre la vida rutinaria de provincia, los contrastes del porfiriato y un enamoramiento sin voluntades de converger.

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JosAi?? Vasconcelos, ca. 1914. Library of Congress, Washington, D. C. Estados Unidos.

JosAi?? Vasconcelos es estimado como uno de los mejores escritores mexicanos de la priAi??mera mitad del siglo XX, por su obra autoAi??biogrA?fica Ulises Criollo, la cual lo sitA?a como novelista de su propia vida, de su niAi??ez y su juventud, en un MAi??xico de transiciA?n a los aAi??os revolucionarios. Hombre de una comAi??pleja personalidad cuya obra refleja hondos contrastes de fe, misticismo y sensualidad ai??i??elementos muy comentados por sus crAi??ticosai??i??, ademA?s de su extraordinaria pluma literaria, Vasconcelos es considerado como uno de los fundadores y constructores de la polAi??tica, la cultura, la educaciA?n y el pensamiento del MAi??xico que le tocA? vivir. Nacido en Oaxaca el 28 de febrero de 1882, JosAi?? MarAi??a Albino fue el segundo de los nueve hijos que procrearon Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen CalAi??derA?n Conde. PasA? su infancia en diferentes partes del paAi??s, en razA?n del trabajo de su paAi??dre como inspector de aduanas: en la ciudad fronteriza de Piedras Negras, realizando sus primeros estudios en Eagle Pass; en Toluca, en Campeche y, finalmente, en la ciudad de MAi??xico, donde ingresA? a la Escuela Nacional Preparatoria y a la Escuela Nacional de JuAi??risprudencia, obteniendo en 1907 el tAi??tulo de abogado. TrabajA? como pasante en una noAi??tarAi??a y en un juzgado, y ocupA? el puesto de fiscal federal en la ciudad de Durango, en la que viviA? por unos meses. Ulises Criollo es el primer tomo de las memorias de VasconceAi??los (1935), las cuales empezA? a escribir en el exilio, cuando ya saboreaba con nostalgia sus recuerdos y evocaba con honda emociA?n los aAi??os de su niAi??ez, sus primeras inquietudes y despertares de juventud, sus vivencias y senAi??timientos de entonces, asAi?? como el inicio de sus actividades intelectuales y polAi??ticas (MAi??Ai??xico, UNAM, 2008, Nuestros ClA?sicos, 100).

CAMINO A DURANGO

JosAi?? Vasconcelos. Texto tomado de sus memorias en Ulises Criollo.

Hemos seleccionado de esta obra el relato de dos momentos de la vida de Vasconcelos que convergen en Durango. El primero exhuma los recuerdos del niAi??o que obtuvo su ai???primeAi??ra lecciA?n de bellezaai??? al conocer esta ciudad, recorrer sus calles, presenciar sus tradiciones, percibir sus sonidos y descubrir sus colores con el asombro y ai???la alegrAi??a que le prestaron los ojos de la infanciaai???. El segundo, evoca la mirada analAi??tica del joven que volviA? varios aAi??os despuAi??s y percibiA? mA?s lento el transAi??currir cotidiano de la misma ciudad, lo que le permitiA? detenerse a contemplarla, a seguir el ritmo de su gente, a recorrer sus cercanAi??as para guardar las imA?genes de hermosos paisajes que rescatarAi??a de su memoria y los plasmarAi??a con una gran fuerza descriptiva. VasconceAi??los recuerda al Durango porfiriano, el de los claroscuros y los contrastes que ya presagiaAi??ban el estallido social de 1910; el Durango en el que ai??i??confiesaai??i??, dejA? un poco de corazA?n.

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Palacio de Gobierno de Durango, ca. 1910. Library of Congress, Washington, D. C. EUA.

Ai??A mi padre le habAi??an asegurado que DuranAi??go se parecAi??a a Oaxaca. Esto bastA? a decidirlo. AdemA?s, yAi??ndose a Durango, contrariaba la corriente de los que empleaban las vacaciones en San Antonio, Texas. Tomando la ruta del sur, le volvAi??a la espalda ostentosamente al progreso, a lo yanqui. A fuer de entendido, Ai??l se iba adonde la verdadera civilizaciA?n. La piedra labrada siempre valdrAi??a mA?s que el ceAi??mento, por mA?s que se lo dieran superpuesto en pisos. Con mi padre iba yo por derecho de mayorAi??a. El viaje le hubiera correspondido enseguida a Concha, pero no quiso separarse de mi madre y cediA? el lugar a Lola, que ahoAi??ra completaba el terceto. QuedA? mi madre al cuidado de su prole, aumentada ya con el naAi??cimiento de la pequeAi??a Chole[ai??i??] En los ocios forzados del vagA?n mi padre explicaba por anticipado lo que verAi??amos; nos describAi??a las ceremonias de la Semana Santa; el porquAi?? de los altares enlutados; la seAi??a y los maitines; el Stabat Mater y la Misa de Gloria. No era iglesiero ni rezador, sino mA?s bien un creyente tibio. Sin embargo, adoraba el rito, que era para Ai??l la mejor forma de arte.

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Tierra de alacranes. Entre leyenda y realidad

Gloria Estela Cano Cooley – Instituto de Investigaciones HistA?ricas de la UJED.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Se ganaron el respeto a golpe de coletazos, mA?s en una tierra donde abundan desde los temidos gA?eros a los pululantes negros. Varias dAi??cadas atrA?s le pusieron letra de mA?sica, un primer paso para que los escorpiones pasaran a formar parte del orgullo duranguense.

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Desde tiempo inmemorial los escorpiones pueblan muchas regiones de MAi??xico, sin embargo, fue Durango el que se ganA? el mote de tierra de los alacranes por la variedad, cantidad, tamaAi??o y ponzoAi??a de sus arA?cnidos.

A diferencia de otros tipos, los alacranes de Durango son de los que sAi?? se introAi??ducen en las casas (sin afA?n de picar hasta no verse agredidos), por lo que los habitantes tuvieron que acostumAi??brarse a coexistir con ellos y a reconoAi??cerlos principalmente por el color de su tegumento, vinculado con el grado de toxicidad.

P1120047El color de los alacranes duranguenAi??ses va desde las tonalidades claras hasta las mA?s oscuras. Los amarillos, bautiAi??zados popularmente con el nombre de gA?eritos o aceitosos, son los mA?s venenosos y abundantes en la ciudad, de particular manera en las casas antiguas construidas de adobe y/o de piedra de los barrios de Tierra Blanca, el Calvario y Analco; en las calles de Nogal, Florida y De la Cruz, asAi?? como en el cerro de Los ReAi??medios. Los canelos son numerosos; su matiz rojizo los distingue de los cafAi??s, cuyo tono mA?s oscuro llega hasta los alacranes negros, que se dice habitaban por montA?n en el Cerro de Mercado.

La picadura del alacrA?n ha sido siempre muy temida. EstA? escrito que para el aAi??o 1749 la ciudad habAi??a juraAi??do como su patrono contra esta plaga a San Jorge y, aunque este no existiA?, por muchos aAi??os los niAi??os acostumAi??braban rezarle a san Jorge bendito anAi??tes de acostarse, para que amarrara a sus animalitos con su cordA?n bendito. En la actualidad, el 23 de abril de cada aAi??o se celebra en la catedral de Durango una romerAi??a en la que, con flores y velas, se invoca la protecciA?n del santo.

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Los mayores recuerdan que en su inAi??fancia, cuando no habAi??a tantos juguetes y aparatos distractores, se entretenAi??an largas horas examinando el comportaAi??miento de los alacranes atrapados con tenazas en los huertos de sus casas y meAi??tidos con rapidez en un frasco de vidrio. Puestos despuAi??s en un aguamanil para que no escaparan, observaban sus danAi??zas ai??i??a lo mejor luchas de sobrevivencia o apareamiento. Gustaban de provocar su enojo soplA?ndoles o tocA?ndolos en el lomo con algA?n objeto para observar sus coletazos en todas direcciones, pero nunca vieron que uno se suicidaraAi?? picA?ndose a sAi?? mismo, lo cual es un mito, como igual es que los alacrancitos se comen a la madre.

P1120082Se educaba en el temor y respeto a los alacranes. La gente conocAi??a bien sus costumbres y tomaba medidas preAi??ventivas dAi??a a dAi??a. Antes de acostarse se revisaban las sA?banas, y antes de ponerse los zapatos tambiAi??n, para que no tuvieAi??ran un alacrA?n escondido. De modo casi instintivo, antes de recargarse o de poner la mano en la pared, en las puertas de madera o en los marcos de cantera, se descartaba su posible presencia. Al agua con que se trapeaban los pisos y lavaban las paredes de las casas se le echaba un poco de creolina, pues se creAi??a que su olor los ahuyentaba, y lo mismo se preAi??tendAi??a al tirar los cascarones de huevo en las cenizas ardientes de las estufas de leAi??a o quemar con alcohol y fuego a los alacranes muertos.

A partir de 1943, cuando Miguel A?ngel Gallardo escribiA? Yo soy de la tieAi??rra de los alacranesai??i?? en la primera lAi??nea del popular ai???Corrido de Durangoai???, y este se cantA? por el mundo, el animal pasA? a ser imagen del orgullo duranAi??guense. De allAi?? que en los diferentes clubes deportivos haya existido siempre un equipo que lleve el nombre de los o las Alacranes(as) de Durango. Hay conAi??juntos musicales norteAi??os formados por duranguenses, cuyos integrantes visten camisas, sombreros, botas y cinturones con un alacrA?n grabado; probablemente lo lleven tatuado en el cuerpo y, por la letra de sus canciones nostA?lgicas, llevan un alacrA?n grabado en el corazA?n.

Asimismo, sin dejar de ser una ameAi??naza real, los alacranes se han convertido en recuerdo y recuerditos, siendo estos A?ltimos parte notable de la artesanAi??a popular de Durango. Los puestos de vendedores de recuerditos abarcan un A?rea importante del mercado de la ciudad, y para los niAi??os y jA?venes que no hayan visto un alacrA?n vivo, se exhiben varios gA?eritos trepando piedras volcA?nicas y leAi??os viejos en su cautiverio de vidrio. Al preguntar de dA?nde sale tanto alaAi??crA?n, los locatarios ocultan la existencia de criaderos y responden que en la sierra existen aA?n muchos paninos de alacrA?n.

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La labor de los alacraneros es aA?n fundamental, pues no sA?lo surten de materia prima al Centro AntialacrA?niAi??co, tambiAi??n a los artesanos que elaboAi??ran ceniceros, llaveros, relojes de pared, servilleteros, licoreras, hebillas, anillos, etc. Hasta el muy apreciado jamoncillo de leche es presentado en la forma del alacrA?n.

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