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El Bello Sexo

DarAi??o Fritz – Revista BiCentenario.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Festejos durante la IV exposiciA?n regional de la ciudad de Durango, 1908. Col. Francisco DurA?n.

Festejos durante la IV exposiciA?n regional de la ciudad de Durango, 1908. Col. Francisco DurA?n.

Se puede decir que esta es una foto de usurpadores. Y me refiero a los hombres, que deberAi??an haber quedado fuera de la imagen. Porque era un dAi??a dedicado al culto y entusiasta bello sexo, segA?n relata una crA?nica de la Ai??poca. En mayo de 1908 los duranguenses tiraron la casa por la ventana. Todo el mes fue de exhibiciA?n y tambiAi??n de fiesta. Sus orgullosos 26 000 habitantes mostraban sobre mesas, estantes y vitrinas desde lo mA?s comA?n a lo mA?s exA?tico de la producciA?n estatal: aguas minerales, coches carruajes, artAi??culos de cuero, las vacas mA?s redondas y los caballos mA?s lustrosos, los trajes locales que copiaban la moda en ParAi??s o Nueva York, el oro de las minas de Tamazula y la plata de Santiago Papasquiaro. A mitad de mes, el dAi??a 16, las seAi??oritas de la mejor sociedad se dedicaron a ofrecer las bebidas elaboradas en el estado, asAi?? como flores, dulces y confetis. Tuvieron su dAi??a especial dentro de aquella IV ExposiciA?n Regional de Durango, realizada dentro del edificio aA?n en construcciA?n del futuro Hospital Civil de la ciudad. Claro que las damas no estaban solas. Los miembros de la junta organizadora se sumaban a sus esposas, hijas o familiares en la atenciA?n a los asistentes. Aquellos hombres, encabezados por Ignacio GA?mez Palacio y Francisco AsA?nsolo habAi??an convencido desde ochos meses atrA?s al gobernador Esteban FernA?ndez, de la necesidad de la exposiciA?n y de que las mujeres no podAi??an quedar fuera. De allAi??, el lugar que finalmente se ganaron para la foto. Muy serias, aunque felices, las damas exhibAi??an la mejor moda de esos aAi??os. Sus sombreros remarcan la ubicaciA?n social de cada una de ellas. Ellos, con su levita, a tono con el estilo francAi??s porfiriano. Aquel dAi??a dedicado al culto y entusiasta bello sexo ai??i??eufemismo que podrAi??a hacer referencia a ellos, A?por quAi?? no?ai??i?? se cerrA? con una kermAi??s de cuatro horas donde una orquesta y una banda le regalaron su dAi??a a seAi??oras y seAi??oritas. Por supuesto hubo lluvia de serpentinas y confetis que como queda claro cayeron sobre aquellos atildados integrantes de la alta sociedad duranguense.

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JosAi?? Revueltas. Luces y sombras de un andar apasionado

Diana GuillAi??n – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

En noviembre de 1975, Eugenia Meyer entrevisto al intelectual de origen duranguense para el Programa de Historia Oral del Cine Mexicano, del INAH. Del testimonio respectivo a continuaciA?n se rescatan algunos extractos en los que habla de su infancia, de cA?mo se hizo autodidacta, de sus profundas inquietudes por la polAi??tica, y del cine y la escritura.

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JosAi?? Revueltas, ca. 1945. Archivo General de la NaciA?n, fondo Hermanos Mayo, Revueltas JosAi??, sobre 75331.

Hombre tAi??mido y modesto a pesar de la luciAi??dez que acompaAi??A? su apasionado andar, JosAi?? Revueltas no buscA? el reconocimiento que al paso del tiempo propios y extraAi??os le conceAi??den. Su presencia autodidacta en las esferas polAi??tica y cultural de un MAi??xico que dejaba atrA?s la vida decimonA?nica para incursionar en las modernidades asociadas con el siglo xx, se materializA? en obras literarias y adapAi??taciones cinematogrA?ficas de primer nivel. Aun si hay quienes sA?lo lo recuerdan por sus posturas crAi??ticas frente al rAi??gimen que emergiA? de la revoluciA?n de 1910 y cuya construcciA?n acompaAi??A? como una piedra incrustada en el zapato de manera cuasi cabalAi??stica, pues su nacimiento en Durango el 20 de noviembre de 1914, se adelantA? a las conmemoraciones que hasta el dAi??a de hoy se realizan para festejar el inicio de la gesta revolucionaria.

Su actitud indA?mita hacia el poder instiAi??tuido tambiAi??n se manifestA? a la hora de comAi??batir ortodoxias de una izquierda a la que se adscribAi??a y en la que desde muy temprana edad habAi??a militado. QuizA? por ello con la misma facilidad que cosechaba amistades en andanzas bohemias prolongables por dAi??as, generaba animadversiones que cruzaban desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda del espectro polAi??tico nacional. Entre las luces y sombras que iluminaron u obscurecieron una existencia marcada por el anhelo de cambio y el compromiso para alcanzarlo a costa incluso del aislamiento, se delineA? asAi?? un personaje que mA?s allA? de sus tintes polAi??micos dejA? un importante legado artAi??stico y contribuyA? a escribir parte de la historia de nuestro paAi??s.

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JosAi?? Revueltas, ca. 1945. Archivo General de la NaciA?n, fondo Hermanos Mayo, Revueltas JosAi??, sobre 75331.

Desde tal perspectiva, la entrevista que le concediA? a Eugenia Meyer a fines de 1975 nos permite acercarnos a un testimonio en sAi?? mismo valioso, pues a pesar de que las respuestas por momentos parecAi??an fluir a cuenta gotas, quedan en ellas los restos del balance que tiende a hacerse cuando se acerca el final del camino. Menos de seis meses despuAi??s JosAi?? Revueltas se llevarAi??a consigo desde los recuerdos de la niAi??ez vivida en Durango durante los primeros aAi??os de la revoluciA?n, hasta los tatuajes personales que le dejA? el movimiento estudiantil de 1968, pasando por sus experiencias en la ciudad de MAi??xico durante una juventud que rayando en la adolescencia conociA? los rigores de la cA?rcel.

El encuentro entre Meyer y Revueltas se realizA? como parte del Programa de Historia Oral del Cine Mexicano diseAi??ado por el DeAi??partamento de EtnologAi??a y AntropologAi??a Social del inah, en el modestAi??simo apartamento arrendado por el entrevistado en la ciudad de MAi??xico. El interAi??s central era, por lo tanto, la faceta cinematogrA?fica del duranguense, pero ademA?s de la informaciA?n que en tal sentido aportA?, y que sin duda constituye una buena veta para los estudiosos del tema, el oficio de la entrevistadora abriA? la puerta para que se colaran otros temas. Es asAi?? que nos enteramos de los sinsabores del familiA?n al estilo proAi??vinciano que en la dAi??cada de los veinte saliA? de Durango buscando mejores horizontes o de las satisfacciones que la vena artAi??stica de Silvestre, FermAi??n y Rosaura, ademA?s del propio JosAi??, produjeron en padres con enorme sensibilidad y gusto por las ramas que los hijos contribuyeron a engrandecer. O, en fin, de inAi??numerables detalles de su trayectoria personal que a manera de instantA?neas fotogrA?ficas nos acercan a escenarios ya idos.

A continuaciA?n se incluye una pequeAi??a proAi??bada de todo ello, con la invitaciA?n a consultar la plA?tica completa en el Archivo de la Palabra que resguarda el Instituto Mora: Entrevista a JosAi?? Revueltas realizada por Eugenia Meyer el 18 de noviembre de 1975, Archivo de la Palabra, Instituto Mora, PHO/2/42.

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Emilio “El Indio” FernA?ndez, Olivia Peralta y JosAi?? Revueltas, 1943. Archivo General de la NaciA?n.

Mientras se tiene acceso a dicha versiA?n, el texto que ofrece este nA?mero especial de BiCenAi??tenario ha sido editado para facilitar la lectura y aun cuando en todo momento se respetaron los argumentos e ideas que se desprenden de las mA?s de 100 pA?ginas en que quedA? transcrita la entrevista, en algunos casos la secuencia original debiA? modificarse atendiendo a los cuatro ejes temA?ticos utilizados para recuperar los fragmentos elegidos: Un familiA?n al viejo estilo provinciano, Una educaciA?n abrupta, La cA?rcel, sombra reincidente y De las pelAi??culas por metro a la adaptaciA?n cinematogrA?fica.

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SA?lo una idea

Ana SuA?rez – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

La guerra ya se huele. Casi se palpita. El paAi??s puede desaparecer. QuAi?? hacer para impedirla. Hay que desatar antes de romper, dice alguien en tono diplomA?tico. A?Una carta que en su ambigA?edad ayude a ganar tiempo?

L. GarcAi??s, Palacio Nacional, ca. 1855. Col. RAA.

L. GarcAi??s, Palacio Nacional, ca. 1855. Col. RAA.

Arista se pregunta si destapa la jaula, pero piensa que mejor no, apenas pasan de las seis y, aunque haya llegado abril, el canarito puede coger frAi??o. Por su parte es inA?til que se acueste de nuevo, como suele decirse nomA?s darAi??a vueltas y todo lo verAi??a peor. Y si por suerte lograra conciliar el sueAi??o sentirAi??a otra vez la angustia de la derrota, no de cualquier derrota, sino de la A?ltima, la final.

Se dice que no es posible seguir de esa manera, tiene que hacer algo, organizar sus ideas, tomar decisiones, sA?lo asAi?? recuperarA? el sosiego. Y reniega: Si por mAi?? fuera carajo ya me encontrarAi??a yo en MinatitlA?n, listo para combatir y caer junto a los defensores del fuerte. Pero no, su posiciA?n se lo impide, se ha convertido en el primer prisionero de la naciA?n y no le resta mA?s que permanecer en palacio y aguardar allAi?? las noticias que logren remitir quienes estAi??n al cargo. Respira profundo y murmura: Debo calmarme, el paAi??s continA?a en paz, mientras yo viva, algo podrAi?? hacer. Ordena que le lleven el traje de general, con todas sus medallas y hasta la banda de presidente. SacarA? fuerzas de donde sea, y el rango y las condecoraciones le ayudarA?n, son suyas despuAi??s de todo, sudor, y sangre, e incluso lA?grimas sellaron su posesiA?n, y en este mundo y en el otro son muchos quienes pueden dar testimonio de ello.

DespuAi??s de arreglarse con cuidado, Arista da un trago al cafAi?? que le acaban de poner sobre la mesilla de noche, elige un bizcocho del cesto colocado junto a la taza, lo muerde, es inA?til, no pasa bocado, y murmura A?puta madre, yo nunca he dejado de comer! Acaso es porque que en esta ocasiA?n a Ai??l le corresponde el principal deber. No queda mA?s que enfrentar el problema, pero resuelve sacar antes la jaula del cuarto y, con ella en brazos, poco a poco para no asustar a su huAi??sped, recorre galerAi??as y pasillos guardados por soldados y, ya en su despacho, la cuelga de otra percha, allAi??, junto a la ventana, a donde mA?s tarde pegarA? el sol.

jose fernando ramirez. Mil personajes en el MAi??xico del siglo XIX, 1840-1870-Editorial Extinta (453x640)

JosAi?? Fernando RamAi??rez (1804-1871).

Se arrellana en seguida en una butaca, reclina la cabeza contra el respaldo y ahora sAi?? da espacio a sus reflexiones. Es claro que no hay remedio, la cA?mara dio su dictamen, en verdad que Ai??l podrAi??a anular el decreto y contentar de esa manera a los gringos de mierda, pero no, no quiere, no va a actuar como un dictador. Una cosa es que en el pasado hiciera sus negocitos, todos extraen ventajas de sus puestos y Ai??l tambiAi??n ha tenido sus necesidades, otra dar un golpe de Estado, eso sAi?? serAi??a demasiado. No importa que los pinches diputados hayan metido la pata, tuvieron que haber pospuesto el rechazo del tratado para permitirle ganar tiempo, pues lo que quisieron impedir sucederA? de todas maneras, y por la mala: los americanos van a ocupar el istmo en cuanto se enteren de que la votaciA?n fue en su contra, y construirA?n sin tardar el ferrocarril transoceA?nico.

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Recuerdos de JosAi?? Vasconcelos

Graziella Altamirano Cozzi – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

El escritor oaxaqueAi??o viviA? unos pocos meses en Durango cuando ya abogado fue designado allAi?? fiscal federal. En algunos tramos de su autobiografAi??a, de la cual extraemos aquAi?? algunos pA?rrafos, da cuenta de sus pasos por el estado siendo niAi??o y, luego, desde la mirada analAi??tica del joven funcionario relata sus observaciones sobre la vida rutinaria de provincia, los contrastes del porfiriato y un enamoramiento sin voluntades de converger.

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JosAi?? Vasconcelos, ca. 1914. Library of Congress, Washington, D. C. Estados Unidos.

JosAi?? Vasconcelos es estimado como uno de los mejores escritores mexicanos de la priAi??mera mitad del siglo XX, por su obra autoAi??biogrA?fica Ulises Criollo, la cual lo sitA?a como novelista de su propia vida, de su niAi??ez y su juventud, en un MAi??xico de transiciA?n a los aAi??os revolucionarios. Hombre de una comAi??pleja personalidad cuya obra refleja hondos contrastes de fe, misticismo y sensualidad ai??i??elementos muy comentados por sus crAi??ticosai??i??, ademA?s de su extraordinaria pluma literaria, Vasconcelos es considerado como uno de los fundadores y constructores de la polAi??tica, la cultura, la educaciA?n y el pensamiento del MAi??xico que le tocA? vivir. Nacido en Oaxaca el 28 de febrero de 1882, JosAi?? MarAi??a Albino fue el segundo de los nueve hijos que procrearon Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen CalAi??derA?n Conde. PasA? su infancia en diferentes partes del paAi??s, en razA?n del trabajo de su paAi??dre como inspector de aduanas: en la ciudad fronteriza de Piedras Negras, realizando sus primeros estudios en Eagle Pass; en Toluca, en Campeche y, finalmente, en la ciudad de MAi??xico, donde ingresA? a la Escuela Nacional Preparatoria y a la Escuela Nacional de JuAi??risprudencia, obteniendo en 1907 el tAi??tulo de abogado. TrabajA? como pasante en una noAi??tarAi??a y en un juzgado, y ocupA? el puesto de fiscal federal en la ciudad de Durango, en la que viviA? por unos meses. Ulises Criollo es el primer tomo de las memorias de VasconceAi??los (1935), las cuales empezA? a escribir en el exilio, cuando ya saboreaba con nostalgia sus recuerdos y evocaba con honda emociA?n los aAi??os de su niAi??ez, sus primeras inquietudes y despertares de juventud, sus vivencias y senAi??timientos de entonces, asAi?? como el inicio de sus actividades intelectuales y polAi??ticas (MAi??Ai??xico, UNAM, 2008, Nuestros ClA?sicos, 100).

CAMINO A DURANGO

JosAi?? Vasconcelos. Texto tomado de sus memorias en Ulises Criollo.

Hemos seleccionado de esta obra el relato de dos momentos de la vida de Vasconcelos que convergen en Durango. El primero exhuma los recuerdos del niAi??o que obtuvo su ai???primeAi??ra lecciA?n de bellezaai??? al conocer esta ciudad, recorrer sus calles, presenciar sus tradiciones, percibir sus sonidos y descubrir sus colores con el asombro y ai???la alegrAi??a que le prestaron los ojos de la infanciaai???. El segundo, evoca la mirada analAi??tica del joven que volviA? varios aAi??os despuAi??s y percibiA? mA?s lento el transAi??currir cotidiano de la misma ciudad, lo que le permitiA? detenerse a contemplarla, a seguir el ritmo de su gente, a recorrer sus cercanAi??as para guardar las imA?genes de hermosos paisajes que rescatarAi??a de su memoria y los plasmarAi??a con una gran fuerza descriptiva. VasconceAi??los recuerda al Durango porfiriano, el de los claroscuros y los contrastes que ya presagiaAi??ban el estallido social de 1910; el Durango en el que ai??i??confiesaai??i??, dejA? un poco de corazA?n.

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Palacio de Gobierno de Durango, ca. 1910. Library of Congress, Washington, D. C. EUA.

Ai??A mi padre le habAi??an asegurado que DuranAi??go se parecAi??a a Oaxaca. Esto bastA? a decidirlo. AdemA?s, yAi??ndose a Durango, contrariaba la corriente de los que empleaban las vacaciones en San Antonio, Texas. Tomando la ruta del sur, le volvAi??a la espalda ostentosamente al progreso, a lo yanqui. A fuer de entendido, Ai??l se iba adonde la verdadera civilizaciA?n. La piedra labrada siempre valdrAi??a mA?s que el ceAi??mento, por mA?s que se lo dieran superpuesto en pisos. Con mi padre iba yo por derecho de mayorAi??a. El viaje le hubiera correspondido enseguida a Concha, pero no quiso separarse de mi madre y cediA? el lugar a Lola, que ahoAi??ra completaba el terceto. QuedA? mi madre al cuidado de su prole, aumentada ya con el naAi??cimiento de la pequeAi??a Chole[ai??i??] En los ocios forzados del vagA?n mi padre explicaba por anticipado lo que verAi??amos; nos describAi??a las ceremonias de la Semana Santa; el porquAi?? de los altares enlutados; la seAi??a y los maitines; el Stabat Mater y la Misa de Gloria. No era iglesiero ni rezador, sino mA?s bien un creyente tibio. Sin embargo, adoraba el rito, que era para Ai??l la mejor forma de arte.

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Tierra de alacranes. Entre leyenda y realidad

Gloria Estela Cano Cooley – Instituto de Investigaciones HistA?ricas de la UJED.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Se ganaron el respeto a golpe de coletazos, mA?s en una tierra donde abundan desde los temidos gA?eros a los pululantes negros. Varias dAi??cadas atrA?s le pusieron letra de mA?sica, un primer paso para que los escorpiones pasaran a formar parte del orgullo duranguense.

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Desde tiempo inmemorial los escorpiones pueblan muchas regiones de MAi??xico, sin embargo, fue Durango el que se ganA? el mote de tierra de los alacranes por la variedad, cantidad, tamaAi??o y ponzoAi??a de sus arA?cnidos.

A diferencia de otros tipos, los alacranes de Durango son de los que sAi?? se introAi??ducen en las casas (sin afA?n de picar hasta no verse agredidos), por lo que los habitantes tuvieron que acostumAi??brarse a coexistir con ellos y a reconoAi??cerlos principalmente por el color de su tegumento, vinculado con el grado de toxicidad.

P1120047El color de los alacranes duranguenAi??ses va desde las tonalidades claras hasta las mA?s oscuras. Los amarillos, bautiAi??zados popularmente con el nombre de gA?eritos o aceitosos, son los mA?s venenosos y abundantes en la ciudad, de particular manera en las casas antiguas construidas de adobe y/o de piedra de los barrios de Tierra Blanca, el Calvario y Analco; en las calles de Nogal, Florida y De la Cruz, asAi?? como en el cerro de Los ReAi??medios. Los canelos son numerosos; su matiz rojizo los distingue de los cafAi??s, cuyo tono mA?s oscuro llega hasta los alacranes negros, que se dice habitaban por montA?n en el Cerro de Mercado.

La picadura del alacrA?n ha sido siempre muy temida. EstA? escrito que para el aAi??o 1749 la ciudad habAi??a juraAi??do como su patrono contra esta plaga a San Jorge y, aunque este no existiA?, por muchos aAi??os los niAi??os acostumAi??braban rezarle a san Jorge bendito anAi??tes de acostarse, para que amarrara a sus animalitos con su cordA?n bendito. En la actualidad, el 23 de abril de cada aAi??o se celebra en la catedral de Durango una romerAi??a en la que, con flores y velas, se invoca la protecciA?n del santo.

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Los mayores recuerdan que en su inAi??fancia, cuando no habAi??a tantos juguetes y aparatos distractores, se entretenAi??an largas horas examinando el comportaAi??miento de los alacranes atrapados con tenazas en los huertos de sus casas y meAi??tidos con rapidez en un frasco de vidrio. Puestos despuAi??s en un aguamanil para que no escaparan, observaban sus danAi??zas ai??i??a lo mejor luchas de sobrevivencia o apareamiento. Gustaban de provocar su enojo soplA?ndoles o tocA?ndolos en el lomo con algA?n objeto para observar sus coletazos en todas direcciones, pero nunca vieron que uno se suicidaraAi?? picA?ndose a sAi?? mismo, lo cual es un mito, como igual es que los alacrancitos se comen a la madre.

P1120082Se educaba en el temor y respeto a los alacranes. La gente conocAi??a bien sus costumbres y tomaba medidas preAi??ventivas dAi??a a dAi??a. Antes de acostarse se revisaban las sA?banas, y antes de ponerse los zapatos tambiAi??n, para que no tuvieAi??ran un alacrA?n escondido. De modo casi instintivo, antes de recargarse o de poner la mano en la pared, en las puertas de madera o en los marcos de cantera, se descartaba su posible presencia. Al agua con que se trapeaban los pisos y lavaban las paredes de las casas se le echaba un poco de creolina, pues se creAi??a que su olor los ahuyentaba, y lo mismo se preAi??tendAi??a al tirar los cascarones de huevo en las cenizas ardientes de las estufas de leAi??a o quemar con alcohol y fuego a los alacranes muertos.

A partir de 1943, cuando Miguel A?ngel Gallardo escribiA? Yo soy de la tieAi??rra de los alacranesai??i?? en la primera lAi??nea del popular ai???Corrido de Durangoai???, y este se cantA? por el mundo, el animal pasA? a ser imagen del orgullo duranAi??guense. De allAi?? que en los diferentes clubes deportivos haya existido siempre un equipo que lleve el nombre de los o las Alacranes(as) de Durango. Hay conAi??juntos musicales norteAi??os formados por duranguenses, cuyos integrantes visten camisas, sombreros, botas y cinturones con un alacrA?n grabado; probablemente lo lleven tatuado en el cuerpo y, por la letra de sus canciones nostA?lgicas, llevan un alacrA?n grabado en el corazA?n.

Asimismo, sin dejar de ser una ameAi??naza real, los alacranes se han convertido en recuerdo y recuerditos, siendo estos A?ltimos parte notable de la artesanAi??a popular de Durango. Los puestos de vendedores de recuerditos abarcan un A?rea importante del mercado de la ciudad, y para los niAi??os y jA?venes que no hayan visto un alacrA?n vivo, se exhiben varios gA?eritos trepando piedras volcA?nicas y leAi??os viejos en su cautiverio de vidrio. Al preguntar de dA?nde sale tanto alaAi??crA?n, los locatarios ocultan la existencia de criaderos y responden que en la sierra existen aA?n muchos paninos de alacrA?n.

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La labor de los alacraneros es aA?n fundamental, pues no sA?lo surten de materia prima al Centro AntialacrA?niAi??co, tambiAi??n a los artesanos que elaboAi??ran ceniceros, llaveros, relojes de pared, servilleteros, licoreras, hebillas, anillos, etc. Hasta el muy apreciado jamoncillo de leche es presentado en la forma del alacrA?n.

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El puente sobre el espinazo del diablo

Antonio Avitia HernA?ndez.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Temida por su altura y precipicios, esta zona montaAi??osa entre Durango y MazatlA?n siempre fue el reto a vencer para los ingenieros y constructores de caminos y vAi??as ferroviarias. Desde 2013, el Puente Baluarte permite cruzarla y admirarla con otra mirada.

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Puente Baluarte, vista aAi??rea, con licencia Creative Commons.

En su novela El hombre nuevo, Rafael Ceniceros y Villarreal narra los mA?lAi??tiples problemas que pasaba un viajero de finales del siglo XIX para viajar de Durango a MazatlA?n: Ricardo emprendiA? su marcha (ai??i??) hasta la ciudad de DuAi??rango. DetA?vose allAi?? algunos dAi??as para aprovechar la salida de algunos arrieros con quienes acompaAi??arse para no hacer solo un viaje molesto, pues de Durango a MazatlA?n no hay mA?s que camino de herradura, peligroso porque las veredas que atraviesan la Sierra Madre, trepan frecuentemente por elevadas montaAi??as y serpentean por precipicios donde mA?s de una vez han rodado los jinetes. En ese caAi??mino ascendente de la Sierra Madre se llega hasta un punto llamado La Cumbre, y de allAi?? descendente, en tierra cA?lida hasta la costa, hay senderos peligrosAi??simos, sobre todo la cuesta conocida con el nombre de El Espinazo del Diablo.

Pese a este panorama orogrA?fico, hubo intentos por resolver el problema que significA? la comunicaciA?n hacia la costa del PacAi??fico. Entre ellos figuran los deAi??cretos emitidos por el presidente Antonio LA?pez de Santa Anna, el 17 de mayo de 1843, en los que ai??i??sin mayor consecuenAi??ciaai??i??, ordenA? la apertura de un camino entre el puerto de MazatlA?n, Sinaloa, y la ciudad de Durango.

Durante la guerra de Reforma, el general y gobernador de la entidad, Domingo CajAi??n, organizA? en 1860 una expediciA?n militar desde la ciudad de Durango en contra de los liberales reAi??publicanos para ocupar el puerto de MazatlA?n. En el sinuoso camino por la Sierra Madre Occidental, fue emboscaAi??do y derrotado en el famoso accidente orogrA?fico de El Espinazo del Diablo.

Apenas el 31 de diciembre de 1869, los ingenieros Banda y Aguado entreAi??garon sus proyectos de trazo del camino de la sierra hacia el mar, que nunca se concretaron. Durante todo el resto del siglo xix el camino serrano sA?lo pudo ser transitado hasta el punto llamado NeverAi??a. En la primera dAi??cada del siAi??glo xx se firmaron cuatro contratos, aunque nunca se concretaron, entre diAi??versas instancias particulares y oficiales para tender una vAi??a fAi??rrea que cruzara la Sierra Madre Occidental para unir las ciudades de Durango y MazatlA?n.

Por fin, el 19 de octubre de 1909 la Sierra Lumber Company y FerrocarriAi??les Nacionales de MAi??xico firmaron otro contrato con el gobierno federal y el esAi??tatal para tender la vAi??a ferroviaria desde la capital a Llano Grande, municipio de Durango, de modo que al finalizar la Ai??poca porfirista, casi se habAi??a termiAi??nado el proyecto. La Lumber Company utilizA? el ferrocarril para sacar los pinos talados en la sierra y seccionados en los aserraderos de su propiedad.

El gobierno maderista continuA? la construcciA?n del ferrocarril de Llano Grande a MazatlA?n en 1912. Para princiAi??pios del aAi??o siguiente, los 105 kilA?metros entre Durango y Llano Grande estaban prA?cticamente terminados; el tramo fue considerado como el primer segmento de la vAi??a Durango-MazatlA?n. En 1919, Ferrocarriles Constitucionalistas de MAi??Ai??xico, bajo la direcciA?n de Felipe Pescador, terminA? los 67 kilA?metros del tramo de la PurAi??sima a CiAi??nega de los Caballos, municipio de Durango y, en la lAi??nea a MazatlA?n, se avanzaron 20 kilA?metros mA?s hasta El Salto, municipio de PueAi??blo Nuevo, en los terrenos propiedad de Pescador y la Lumber Company. DuAi??rante el periodo presidencial de A?lvaro ObregA?n, los errores de diseAi??o llevaron el ramal de PurAi??sima a CiAi??nega de los Caballos hasta Regocijo.

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Entre 1926 y 1929, la primera rebeAi??liA?n cristera, bajo el mando de Trinidad Mora, hizo de los tramos Durango-El Salto y PurAi??sima-Regocijo el objetivo de varias de sus acciones guerrilleras, como la del 16 de febrero de 1927, en estaciA?n NeverAi??a, donde los cristeros descarrilaron el tren y dieron muerte a varios oficiales federales.

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MA?ltiples voces del Cerro de Mercado

Enrique Mijares VerdAi??n.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Mitos, leyendas, sueAi??os y desilusiones se cuecen a su alrededor. Nadie puede hacer la crA?nica del valle de Guadiana mejor que Ai??l porque ya estaba ahAi?? cuando los tepehuanes se defendAi??an de los colonizadores espaAi??oles. Su hierro parecAi??a inagotable, pero no era asAi??. Se sucedieron quienes lo explotaron hasta que no fue negocio. Pero hay quienes no desfallecen aA?n por exprimir un poco mA?s de sus entraAi??as.

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“FundiciA?n del Cerro de Mercado”, Durango, ca. 1890. Tarjeta perteneciente al fondo pictogrA?fico de Colecciones Especiales de la Universidad AutA?noma de Ciudad JuA?rez.

Para niAi??os acostumbrados al asfalto urbano, explorar la tarde del domingo el Cerro de Mercado constituAi??a una aventura parecida a visitar Marte, por lo rojizo del paisaje. Era el A?nico dAi??a de la semana que se podAi??a entrar al lugar sin riesgo de derrumbes porque, al descansar los mineros, no retumbaban en el aire las explosiones de dinamita con que los barrenadores removAi??an la corteza, los crestones, las entraAi??as de ese cuerpo mineral, inerme, indefenso ante la explotaciA?n inmisericorde de que estaba siendo objeto.

Los hallazgos se sucedAi??an ante nuestros ojos maravillados. Provistos de sendas lA?mAi??paras de mano, entrA?bamos a la cueva de la marmaja donde el polvo especular permanecAi??a flotando, moviAi??ndose, enviando lancetadas de luz hacia las paredes rugosas, luciAi??rnagas borAi??dando de lentejuela la oscuridad. A la caverna de piedra imA?n llevA?bamos tachuelas, clavos y rondanas sA?lo para sentir cA?mo la fuerza de atracciA?n nos las arrebataba de las manos y luego verlas en la techumbre titilando cual minA?sculas estalactitas, dejando constancia de que habAi??amos estado allAi??.

Nunca dimos con la cueva del Diablo, donde decAi??an que Pancho Villa guardaba el caudaloso botAi??n de sus mA?ltiples correrAi??as de bandido, y cada aniversario de su muerte hace temblar la tierra, su caballo relincha y Ai??l se aparece en medio de una nube de polvo. Tal vez nunca ha existido esa cueva, lo misAi??mo que deben de ser falsas las innumerables leyendas que oAi??mos acerca del origen de esa montaAi??a hecha de una especie de oro y plata que se ha herrumbrado con el tiempo hasta cobijarse bajo esa zalea amoratada que en Ai??poca de lluvia se cubre de verdAi??n y hasta le brotan arbustos a los que acuden algunas aves y muchas mariposas. Han dicho que el cerro es un meteorito que cayA? del espacio hacienAi??do mucho ruido. Que apareciA? de pronto en el horizonteai??i?? Que parecAi??a una vaca echada allAi?? desde antes del diluvio. Que habAi??a tesoros fabulosos en su vientre. Otros aseguran que en Ai??l hay puros esqueletos de murciAi??lagos y tejones. Asltimamente, suponen que es una enorme fosa clandestina con un montA?n de cadA?veres adentro. Que era el crestA?n de una veta de oro, con mA?s de veinte millones de pies cuadrados de mineral. Que en el fondo de una inmensa galerAi??a central brota una fuente, un manantial, un rAi??o que corre subterrA?neo, se entierra a gran profundidad y no vuelve a salir por ningA?n lado.

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Cerro de Mercado. FotografAi??a de Luz RodrAi??guez Robles.

Son tantas las versiones que corren y muAi??chas mA?s las que se van inventando, que desde pequeAi??o empecAi?? no sAi?? si a soAi??ar o a imaginar la voz del Cerro, percibo clarito que me habla, que me confAi??a sus secretos, sus anhelos, sus temores. Desde entonces hasta la fecha no he dejado de conversar con Ai??l.

Mi nacimiento se remonta a una eterniAi??dad mineral sin memoria. Mi existencia es una larga sucesiA?n de accidentes meteorolA?gicos. Entonces apareciA? el capitA?n GinAi??s VA?zquez de Mercado, y mi cuenta del tiempo se dividiA? en antes de su llegada y despuAi??s de su partida. Todos creen que se fue de aquAi?? desengaAi??ado y que muriA? en desgracia. Nadie sabe que me dejA? a cargo del tesoro que el destino le habAi??a prometido. Desde entonces vigilo su recuerdo, mantengo viva su memoria y espero su regreso.

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Con la música por dentro

Ingrid S. Bivián
Instituto Mora.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México/Durango 450 años de historia, edición especial.

Nombres como Revueltas, Fournier, Alvarado, Castro o Baca, sobresalen como autores de las destacadas obras filarmónicas que ha dado México.

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Ricardo Castro tocando el piano en Composiciones de Ricardo Castro, México, A. Wagner y Levien Socs. 1a Capuchmas 21, [s. f.]. Colección particular.

Al hablar de la historia de la música en México es indispensable dirigir nuestra atención hacia Durango, tierra fértil que ha acunado a intérpretes y compositores que han dejado una huella indeleble en el cultivo del arte de Euterpe en nuestro país. Este texto se referirá a cinco destacados filarmónicos durangueños: Luis Baca, Ricardo Castro, Alberto M. Alvarado, Francisco Fournier y Silvestre Revueltas, quienes, no obstante representar solo una parte del talento musical del que ha dado muestra el estado, tienen el suficiente peso e importancia para permitirnos atisbar a través de sus trayectorias y composiciones algunos de los rasgos que caracterizaron a la música en México durante la segunda y primera mitad de los siglos XIX y XX, respectivamente. Periodo durante el cual el predominio de la ópera italiana y de los bailes de salón fue quedando poco a poco atrás, acercándose el gusto musical hacia otras formas de composición como las sinfonías.

Baca, un compositor en París

Nuestro recorrido comienza cronológicamente con Luis Baca Elorriaga, quien vino al mundo el 15 de diciembre de 1826. A la edad de siete años comenzó sus estudios musicales en su natal Durango con Vicente Guardado, maestro de capilla de la catedral, y, posteriormente, los continuó en la ciudad de México, donde asistió a las clases del Conservatorio de la Gran Sociedad Filarmónica, recién inaugurado en 1839. Allí fue instruido por José Antonio Gómez, de quien seguiría recibiendo lecciones después de la desaparición del centro de enseñanza en 1843.

Tan grande era la inclinación del joven Luis hacia la música que declinó continuar la carrera de derecho que cursaba en la capital; sin embargo, su familia no estuvo de acuerdo con su proceder y en 1844 lo instó a viajar a París para estudiar medicina. Ni qué decir que accedió de buen grado, pero no por el gusto de hacerse un galeno, sino por el de aprovechar su estancia en la Ciudad Luz para dedicarse de lleno a la composición; convirtiéndose así en el primer mexicano en hacer estudios musicales en Europa.

Baca se inscribió en el Conservatorio de París como alumno de asignatura libre y asistió a la cátedra de composición para la cual habría de escribir una serie de polkas de salón como ejercicios de clase. Los frutos de su residencia parisina no se hicieron esperar: en 1850, con motivo de las fiestas de Nuestra Señora de Loreto, compuso su Ave María, que logró tan buena aceptación que fue lujosamente impresa, y se inició en la composición de ópera italiana con Leonor y Giovanna di Castiglia.

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Alberto M. Alvarado, “Palomita consentida”, partitura, fox trot para piano.

Tras visitar Italia, Bélgica e Inglaterra, finalmente retornó a México en 1852, donde fue recibido con beneplácito por sus coterráneos; sin embargo, ante las dificultades para presentar sus óperas, resolvió hacer un nuevo viaje al Viejo Mundo. Por desgracia, este propósito se vio truncado en 1855, al morir repentinamente atacado de cólico.

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De mezcales y sotoles. Aguas de las verdes matas

Miguel Vallebueno G. -Ai??Instituto de Investigaciones HistA?ricas, Universidad JuA?rez del Estado de Durango.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

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Agua de las verdes matas,

tA? me tumbas, tA? me matas,

tA? me haces andar a gatas.

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Magueyes masparrillos de Nombre de Dios, Durango. FotografAi??a de Daniel Quezada.

La palabra mezcal proviene del nA?huatl metl: maguey y calli: cocido, maguey cocido. Se utiliza para designar a la bebida alcohA?lica destilada que se produce con el zumo ferAi??mentado, rico en azA?cares de las agavA?ceas y nolinA?ceas que crecen espontA?neamente en las estribaciones de ambos lados de la Sierra Madre Occidental. El mezcal del sur de DuAi??rango pertenece a las variedades cenizo (agave duranguensis), tepemete (agave angustifolia) y masparrillo (agave maximiliana). Se produce especialmente en los ranchos El Venado, TiAi??naja, Chachacuastle, El Paso Real y la Joya, en Nombre de Dios asAi?? como la Boca y TemoAi??haya, del municipio del Mezquital. En el otro flanco de la sierra tambiAi??n se produce mezcal en Chacala, cerca de TamazuAi??la, mientras que en la sierra de Tepehuanes se encuentra la nolinA?cea duranguensis, que no es un agave pero que tambiAi??n produce mezcal. Una bebida muy semejante es el sotol, que se produce en los terrenos mA?s A?ridos del interior de la altiplanicie.

Los oai??i??dam (tepehuanes, tepehuanos) que habitaban el territorio del actual estado de Durango, antes de la conquista de los espaAi??Ai??oles, acostumbraban tatemar los corazones de los magueyes para extraer de las pencas un jugo dulce, algo purgante si se toma en exceso. Para sacar este jugo se necesita masAi??ticar un pedazo de penca repetidamente hasta que solamente queda el bagazo de una forma parecida al quiote del maguey del centro del paAi??s.

Cabezas de mezcal tatemadas en el Venado, municipio de Nombre de Dios FotografiA?A?a- Daniel Quezada (640x480)

Cabezas de mezcal tatemadas en El Venado, municipio de Nombre de Dios, Durango. FotografAi??a de Daniel Quezada.

A la llegada de los espaAi??oles comenzA? un proceso artesanal para extraer mayores cantidaAi??des de jugo de mezcal con la fuerza de tracciA?n de mulas que mueven las pesadas piedras de las tahonas y asAi?? mismo poderlo destilar meAi??diante alambiques de madera. De esta manera dio inicio una incipiente industria que alcanzA? ciertos niveles de importancia en Nombre de Dios, Mezquital, Tepehuanes, Tamazula, para el caso del mezcal; y de CuencamAi?? y MapiAi??mAi??, para los sotoles. Los tepehuanes pronto se aficionaron al destilado, que llamaron diAi?? y lo incorporaron al mitote o xiotal, celebraAi??ciA?n simbA?lica que permea el ciclo agrAi??cola y social a lo largo del aAi??o. El hecho de poder beber mezcal marca especialmente el rito de paso mediante el cual los jA?venes alcanzan la edad adulta.

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Los hombres de la DivisiA?n del Norte

Guadalupe Villa Guerrero – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

El 29 de septiembre de 1913 quedA? formada en La Loma, Durango, la DivisiA?n del Norte. Esta fuerza militar, encabezada por Francisco Villa y conformada por hombres de Chihuahua, Durango y La Laguna, obtuvo para el ejAi??rcito constitucionalista los mA?s sonados triunfos de la revoluciA?n y a ella se debiA? la derrota de Victoriano Huerta.Ai??

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Gral. Francisco Villa pasa revista a las tropas de la DivisiA?n del Norte, ca. 1914. Library of Congress, Washington D. C. Estados Unidos.

Durante la primera etapa de la revoluciA?n, Francisco Villa habAi??a adquirido prestigio como organizador y estratega militar y habAi??a dejado en claro su admiraciA?n y lealtad por Francisco I. Madero. En 1912, el flamante mandatario lo habAi??a llamado para combatir a un antiguo aliado que se habAi??a vuelto en su contra, PasAi??cual Orozco. Cuando el lAi??der norteAi??o ai??i??hasta entonces dedicado a la vida privadai??i?? retomA? las armas, prestA? sus servicios como fuerza auxiliar bajo las A?rdenes de Victoriano Huerta.

Poco despuAi??s de haberse incorporado al ejAi??rAi??cito federal, afloraron las diferencias entre los militares de carrera y aquellos que habAi??an conquistado sus grados en la lucha revoluAi??cionaria. El choque entre Huerta y Villa fue inevitable, y Villa fue acusado de insubordiAi??naciA?n, desobediencia y robo, y puesto frente al paredA?n, sentencia a muerte conmutada por cA?rcel en la ciudad de MAi??xico; primero en la PenitenciarAi??a de Lecumberri y despuAi??s en la prisiA?n militar de Santiago Tlatelolco, de donAi??de huyA? para establecerse en Estados Unidos. De allA? volverAi??a para vengar las muertes de sus admirados amigos, el presidente Francisco I. Madero y el gobernador de Chihuahua, Abraham GonzA?lez.

Tras su regreso al paAi??s en marzo de 1913, Villa fue incrementando el exiguo grupo de ocho hombres con los que cruzA? el Bravo hasta transformarlo en un importante contingente al frente del cual se convirtiA? en uno de los jefes de operaciones en el estado de ChiAi??huahua. En tan sA?lo seis meses, su carisma y don de mando convertirAi??an al controvertido duranguense en lAi??der de uno de los mayores y mA?s exitosos ejAi??rcitos revolucionarios: la DivisiA?n del Norte.

ESCRUTINIO DE LIDERAZGO

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Generales Francisco Villa, Toribio Ortega y el coronel Juan Medina.

Lograr acaudillar a los insurrectos de ChiAi??huahua no fue empresa fA?cil, pues muchos rehusaban subordinarse a mandos superiores; unAi??an, sAi??, temporalmente sus fuerzas para lograr determinados objetivos militares, pero no tenAi??an interAi??s en perder el poder que ejercAi??an en sus territorios. Entre los sublevados que se sumaron a Villa estaban Toribio Ortega, lAi??der agrario de Cuchillo Parado, veterano de la revoluciA?n maderista, cuyo nA?mero de efectivos ascendAi??a a 500 hombres; y Juan Medina, un antiguo oficial federal que durante su permaAi??nencia en el ejAi??rcito habAi??a participado en 1903 en la guerra contra los yaquis. La inhumana campaAi??a lo indujo a darse de baja como miliAi??tar y avecindarse en Chihuahua, donde se incorporA? a la luAi??cha maderista. Al triunfo de la revoAi??luciA?n y con AbraAi??ham GonzA?lez como gobernador, desempeAi??A? el carAi??go de jefe polAi??tico del Distrito Bravos. Cuando Victoriano Huerta asumiA? el poder, fue perseguido por sus antiguos comAi??paAi??eros de armas y tuvo que huir a Estados Unidos, de donde volviA? para unirse a Villa. Medina prestarAi??a grandes servicios a su superior, pues serAi??a el encargado ai??i??como jefe de Estado Mayorai??i??, de entrenar, disciplinar y dar cohesiA?n a los heterogAi??neos grupos armados.

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