Archivo de la etiqueta: diplomacia

Aventuras de un diplomA?tico en MAi??xico

Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 14.

Captura de pantalla 2013-10-25 a las 12.07.38

DespuAi??s de la derrota de MAi??xico por Estados Unidos en 1847, el presidente James K. Polk enviA? como comisionadoAi??a Nathan Clifford, su procurador general, con la misiA?n de negociar la A?ltima etapa del tratado de paz. Si bien se ocupA? de esta tarea, el novel diplomA?tico tuvo ocasiA?n de conocer la ciudad de MAi??xico asAi?? como de escribir a su familia, residente en Newfield, Maine, a donde Ai??l habAi??a llegado en 1822, ejercido como abogado e iniciado su carrera polAi??tica en el Partido DemA?crata. De las impresiones de viaje que dejA? en estas cartas, hablaremos a continuaciA?n.

Clifford iniciA? el 19 de marzo de 1848 un viaje que apenas durA? dos semanas; la rapidez revelaba la urgencia de que entrara en vigor el Tratado de Guadalupe Hidalgo, pues el movimiento Todo MAi??xico, que exigAi??a la anexiA?n de mA?s territorio a Estados Unidos, tomaba gran fuerza. El Senado lo habAi??a ratificado y contaba con la aprobaciA?n presidencial. Faltaban ahora la ratificaciA?n y aprobaciA?n mexicanas y Polk considerA? a Clifford como el mA?s apropiado para conseguirlas:

EstA? perfectamente familiarizado con todos mis puntos de vista, tales como se han discutido frecuentemente en el gabinete, respecto al tratado y todas sus estipulaciones. Es ademA?s un hombre discreto y muy sensato. [...] no hay otra persona de mi gabinete que pudiera estar tan bien preparado para llevar a cabo mis propA?sitos [...] Es un abogado digno de confianza y capaz y he estado satisfecho con Ai??l como miembro de mi gabinete.

Pese a que le disgustaba mucho la tarea, Clifford la asumiA? como un deber. De modo que, por una ruta que de Washington se dirigiA? a Wilmington, Carolina del Norte, y luego pasA? por Charleston, Carolina del Sur; Augusta, Atlanta y Griffin, Georgia; Auburn, Montgomery y Mobile, Alabama, para finalmente llegar a Nueva OrleA?ns el 26, recorrido en el que viajA? en lancha, carruaje, ferrocarril y barco de vapor, y no le faltaron tormentas, incendios e incluso un ligero resfrAi??o, a pesar de lo cual conservA? el optimismo: Creo que estoy en el camino del deber y me apresurarAi?? confiado en la guAi??a y el apoyo de una Providencia todopoderosa.

James Polk

James Polk

El 27 abordA? el Massachusetts; esperaba desembarcar en Veracruz a las 72 horas. Pero el viento obraba en contra y el velero no pudo anclar frente al castillo de San Juan de UlA?a sino una semana despuAi??s. Sin duda, la buena recepciA?n del mando militar, que lo acogiA? con salvas de caAi??A?n y los acordes de Sweet Home y Star Spangled Banner, interpretados por una banda, le deben haber resarcido las molestias de la travesAi??a.

El puerto de Veracruz, despertado a caAi??onazos en la madrugada, estaba tranquilo y al parecer bajo perfecto control, si bien dirige a la policAi??a la autoridad mexicana, restaurada hace tres dAi??as por el nuevo armisticio. Se alojA? en casa de Louis S. Hargous, un comerciante estadunidense allAi?? radicado. La ciudad le dejA? una pAi??sima impresiA?n: ai???temerAi?? pasar por este lugar cuando regrese a casaai???. No era sA?lo el mal clima; los mexicanos se mantienen apartados de nosotros y no lamento que lo hagan porque no me agradan en lo mA?s mAi??nimo. Era Ai??sta una actitud insA?lita en el pueblo hospitalario que es el mexicano, sin duda explicada por la reciente y muy dolorosa derrota militar.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Cuba libre, MAi??xico soberano

Elsa V. Aguilar Casas
INEHRM-UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.Ai??

Vista de la Habana, siglo XIX, E. Leplante (detalle)

Mientras que potencias como Gran BretaAi??a y Francia se demoraron en fijar su posiciA?n con respecto a la Independencia de MAi??xico, en 1830 el diplomA?tico mexicano Manuel Eduardo de Gorostiza escribiA? un folleto titulado An Englishman, Cuba or the policy of England. Mexico and Spain with regard to that island, que se difundiA? en espaAi??ol como Cuba o la polAi??tica de Inglaterra, MAi??xico y EspaAi??a con respecto a la isla. Esa publicaciA?n formA? parte del plan ideado por dicho personaje para obligar a aquellos gobiernos a manifestarse con respecto a la presencia de fuerzas espaAi??olas en Cuba. AquAi?? la historia.

Al consumarse la Independencia en septiembre de 1821, MAi??xico tuvo la tarea de consolidarla frente a las grandes potencias y de defenderse de una posible reconquista por parte de EspaAi??a, que no reconociA? la reciAi??n alcanzada libertad de la Nueva EspaAi??a. Cuba adquiriA? entonces una importancia fundamental: Para decirlo de manera muy general y breve, la situaciA?n geogrA?fica de la conocida como Perla del Caribe la convertAi??a en la base de operaciones militares de la metrA?poli en el Nuevo Mundo ai??i??desde la cual podAi??a tanto proveerse de suministros como desplazarse con facilidad a las costas continentales. Era, de hecho, su A?nica base en la regiA?n puesto que habAi??a perdido el resto de sus colonias americanas.

No sA?lo el gobierno mexicano estuvo muy atento a lo que allAi?? sucedAi??a, tambiAi??n las autoridades de Gran BretaAi??a y Estados Unidos observaban con particular atenciA?n los sucesos, pues el papel que la isla jugaba en la geopolAi??tica del Nuevo Mundo les era de sumo interAi??s. Desde 1823, el imperio britA?nico comunicA? al general Guadalupe Victoria su deseo de que la isla fuera libre y que en eso no tenAi??a

mA?s miras que el impedir que la ocupe una potencia extraAi??a, dejando a [suai??i??] arbitrio [ai??i??] constituirse por sAi?? misma o unirse a MAi??xico.

Ya un aAi??o antes, el ministro estadunidense en EspaAi??a, John Forsyth, habAi??a advertido a su gobierno acerca de la posibilidad de que MAi??xico y la Gran Colombia intentaran apoderarse de ella, ya que resultaba evidente que, por puro espAi??ritu de conservaciA?n, ambos paAi??ses lucharAi??an por arrebatarla al reino espaAi??ol.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Comercio y diplomacia en las riberas del Bravo: La guerra de SecesiA?n y el norte de MAi??xico

Gerardo Gurza Lavalle
Instituto Mora
Revista BiCentenario #8
Las guerras siempre cambian la vida de la gente. En la mayorAi??a de los casos, las mA?s afectadas son las poblaciones directamente involucradas en el conflicto. Sin embargo, los choques armados muchas veces tienen repercusiones capaces de alterar la forma de vida de poblaciones situadas a una distancia lejana de los lugares donde luchan los ejAi??rcitos. Eso fue lo que sucediA? en Nuevo LeA?n, Coahuila y Tamaulipas durante la Guerra Civil en Estados Unidos (1861-1865). Es bien sabido que los estados del norte y del sur de la UniA?n americana libraron una guerra larga y sangrienta en torno al problema de la esclavitud, pero el hecho de que este conflicto afectara tan hondo la regiA?n noreste de MAi??xico es menos conocido. La lucha entre el Sur esclavista y el Norte libre empezA? en abril de 1861. En noviembre del aAi??o anterior, Abraham Lincoln habAi??a resultado vencedor en las elecciones presidenciales y los estados sureAi??os no quisieron vivir bajo un gobierno dirigido por un miembro del partido Republicano, el cual estaba decidido a evitar la expansiA?n de la esclavitud hacia los territorios adquiridos como resultado de la guerra del 47.

PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO,Ai??SUSCRIBASE A BICENTENARIO.

Federico Gamboa en Guatemala

Harim B. GutiAi??rrez Ai??-Ai??El Colegio de MAi??xico

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 4.

revista para la imprenta (4)_Page_22 (640x252)

El novelista y el dictador

A las ocho de la maAi??ana del 29 de abril de 1907, una gran explosiA?n sacudiA? a la ciudad de Guatemala y abriA? un crA?ter en la 7A? Avenida. Entre la nube de humo y polvo se distinguAi??a un carruaje con la parte delantera despedazada; el cochero yacAi??a muerto al igual que uno de los caballos; dentro, aturdido y sucio pero ileso, se hallaba el presidente de la repA?blica, Manuel Estrada Cabrera.

HabAi??a sido un atentado. Sus autores horadaron un tA?nel desde el interior de una casa hasta el punto exacto donde debAi??a pasar el carruaje presidencial; allAi?? colocaron una bomba que activaron con un control remoto.

Estrada Cabrera no perdiA? tiempo: sus esbirros iniciaron una cacerAi??a humana que no escatimA? las torturas ni las detenciones de inocentes para hallar a los frustrados magnicidas. Ese mismo dAi??a, la LegaciA?n de MAi??xico ai??i??en ese entonces nuestro paAi??s aA?n no tenAi??a una embajada en Guatemala- recibiA? una carta de Juan Barrios, el ministro de Relaciones Exteriores, donde manifestaba que el gobierno de Estrada Cabrera tenAi??a informes de que los autores del atentado habAi??an recibido asilo en esa sede diplomA?tica, por lo que pedAi??a que se los entregasen.

revista para la imprenta (4)_Page_24El ministro plenipotenciario de MAi??xico, Federico Gamboa Iglesias, le dio una respuesta tajante a Barrios: reconociA? que en otras ocasiones habAi??a concedido asilo jubilosamente a personas honorables opuestas a la administraciA?n de Estrada Cabrera, pero recalcA? que jamA?s habAi??a escondido a delincuentes comunes. Para demostrarlo, anunciA? que les daba permiso a las autoridades guatemaltecas para que catearan la LegaciA?n y comprobasen ellas mismas la falsedad de la acusaciA?n. Poco despuAi??s Barrios respondiA? que sentAi??a profundamente y deploraba haberle causado ese disgusto a Gamboa, y que aceptaba su palabra de que no habAi??a asilado a los prA?fugos.

[...]

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.